35 puntos sobre las operaciones golpistas

Un repaso desde la impotencia

Por Eduardo Blaustein

(Foto de portada: Daniel Dabove)

Suceden todos los días. Operaciones, declaraciones, jugadas políticas que solo con benevolencia pueden llamarse de desgaste del Gobierno. Terminamos naturalizando que sucedan barbaridades. Este repaso, desordenado a posta, intenta dar cuenta de un estado muy grave de cosas.

Al grano, las dos más graves:

Hicieron todo lo posible para (convocar a) cagarse en la cuarentena poniendo en riesgo la salud de la población. Literalmente: matando gente. Para luego echarle la culpa al gobierno de nuestros «tristes récords» (título de Clarín) en materia de contagios o ritmo de fallecimientos.

Boicotean y legitiman la parálisis del funcionamiento del Congreso para lo mismo. Dicen/ dirán que es el Gobierno el responsable de paralizar el normal funcionamiento de las instituciones. Ya dijeron: «El Gobierno quiere cerrar el Congreso». Cuando se escriben estas líneas lo que consiguió el oficialismo es sostener al Congreso funcionando bajo raro acuerdo de renovar cada treinta días un contrato en el que la oposición se lleva una tajada a contramano del sentido común y/o de la democracia: este proyecto lo puedo discutir. Este que no me gusta, veremos.

Contra la Reforma Judicial. (Foto: Claudia Conteris).

Seguimos en desorden, sin jerarquizar la importancia de los comportamientos golpistas.

Por el amague desprolijo y fallido del oficialismo de intervenir Vicentin armaron un jaleo descomunal sosteniendo que el Gobierno quiere meterse con toda propiedad privada en Argentina, hasta el último Renault 12. Antiquísimo fantasma. Tradición, familia, propiedad.

Convocan a otro antiquísimo fantasma: el del comunismo. Editorial de La Nación juntando a Mao, Stalin y Hugo Chávez. Lo mismo sucede en «grandes países» de Occidente. Las derechas más duras y fascistas –o nuevos fascismos- se muestran como la fuerza más dinámica en democracias y sociedades anómicas, degradadas, llenas de pérdidas por la retirada del Estado de Bienestar, atacadas por la pandemia.

Cuando Duhalde habló de golpe, ¿tuvo de verdad un arranque psicótico? Puede que sí, no importa. Habló de algo que tiene un cierto o importante grado de verosimilitud, (aunque no por los datos ridículos que dio) sea el tipo de golpe que sea (recordemos hace cuántos años Eugenio Zaffaroni hablaba de golpismo desde las fuerzas policiales, recordemos el golpe judicial brasileño, el boliviano). Si les parece, podemos no hablar de golpe, pero sí de un pedido de rendición incondicional del Gobierno por desgaste. Lo curioso: Lanata, ese día en que habló el Zaratustra de Banfield, dijo «Yo comparto lo que dijo» y no hubo escándalo. Lo curioso (II): Mario Firmenich, desde el principio de las cuarentenas, fue el primero en hablar de su insostenibilidad a riesgo de algo así como insurrecciones populares. La Nación y Clarín, generosos, le cedieron espacio al terrorista montonero.

El ataque al Gobierno –al orden constitucional- es diario, sistemático, de varias operaciones conjuntas por día.

Se convocó desde los medios y las redes a varias marchas en todo el país con excusas variaditas. Tras la última, los dos principales diarios titularon gemelos: «Banderazo contra el Gobierno». Quichicientas fotos, grandes coberturas, incluido C5N.

Recordemos excusas y pasos previos del golpe en Chile: boicots patronales, cacerolazos, paro de camioneros, «avances del marxismo». Recordemos nuestros golpes. Acá las excusas y las operaciones multiplican las de los golpes mencionados y son más sofisticadas, explotando el odio, la pandemia, la crisis, el resentimiento.

En épocas de posverdad (no es necesario que gobierne Macri) se sabe que toda pelotudez o animalada puede ser dicha sin que pase naranja, salvo que sea el kirchnerismo/ peronismo el que ermita algo, algo que siempre será reproducido como autoritario o ridículo.

Ejemplo de lo anterior. Hace horas Elisa Carrió dijo que la senadora mendocina Anabel Fernández Sagasti es una «fanática», «violenta», soldado de Cristina, «es como un soldado de Hitler». Lo dijo ante Morales Solá, cuándo no. Siendo que ya hace un siglo Carrió emparentó a «los Kerner» con el nazismo (lo mismo una portada de Noticias, querido Fontevecchia) y con Ceaucescu, en cualquier momento o ya mismo Alberto se convierte en Führer. El que escribe no va a pedir disculpas por la obviedad o zoncera de refutar a Carrió. Es que es demasiado apelar a equivalencias con el nazismo (tantas cosas son demasiado, esta lastima más). Entonces, siendo que nuestra política republicana y nuestros medios republicanos se la dejan pasar a Carrió, preguntamos: ¿Alberto Fernández ya hizo incendiar el Reichstag y le echó la culpa a un agente rojo (en la Historia, un albañil que confesó bajo tortura y fue ejecutado)? ¿Alberto ya impidió el acceso a cargos públicos, la universidad u otros trabajos a los judíos argentinos? ¿Ya se produjo la Noche de los Cristales Rotos en el Once o sobre avenida Pueyrredón o en los clubes judíos de Tigre? ¿Ya anexó Austria, Alberto? ¿Ya invadió Polonia y desató la Segunda Guerra Mundial y sus cuarenta millones de muertes? ¿Ya le compró el gas a la Bayer? ¿Ya asesinó a más de seis millones de judíos? ¿A entre 220 mil y 500 mil gitanos? En romaní, la lengua de los gitanos, Shoá se dice Porajmos, que significa «devoración». ¿Ya gaseó a discapacitados, loquitos y homosexuales Fernández dentro o fuera de los campos de concentración? ¿Qué mierda de derecho a la sensatez se adjudican todos los putos periodistas y políticos argentinos que dejan pasar estas cosas? ¿Cuánto más pueden degradarse o fanatizarse los muchos paisanos soretes que son cuadros del PRO o radicales… y la dejan pasar porque les conviene?

Si el tono de este texto se puso solemne, no lo lamentamos. Más bien al contrario, las derechas duras argentina no tienen mayor drama de que en Argentina mueran los que tengan que morir por COVID-19, y vienen haciéndolo muy bien. Aunque los comportamientos son conocidos, vamos a repasar algunos para hacer memoria y para ver si funciona el efecto por acumulación.

En el Principio de la cuarentena o la pandemia hubo aquella portada conjunta de los diarios convocando a la responsabilidad social. El que escribe se siente algo nabo por haber creído y aplaudido lo sucedido, cuando sucedió.

Mientras las cosas se mantuvieron controladas, jamás se apoyó ni al esfuerzo tempranero y vertiginoso del Gobierno con medidas sanitarias, recursos y asistencia económica, ni se le reconoció el éxito inicial. Acaso se lo hizo con menciones indirectas de lo que reflejaban –y reflejan, menos- las encuestas.

Lejos de apoyar las medidas se las relativizó y cuestionó siempre citando presuntos éxitos extranjeros: Corea del Sur, Uruguay, Suecia, Chile.

En algún momento las tragedias y cifras de muertos sucedidas en infinitas naciones del mundo prácticamente desaparecieron de las coberturas.

Efectivos de la policía bonaerense rodeando la Quinta de Olivos. (Foto: Daniel Dabove).

Por cada intervención pública del Presidente junto a Larreta y Kicillof se expusieron en portada las respuestas dudosas a los datos que proporcionó AF de parte de embajadas extranjeras, políticos extranjeros, gobernadores de la oposición. Se ocultaron los reconocimientos a lo hecho por el Gobierno desde la OMS, la revista Time y otros casos bien sonoros.

Se comenzó a trabajar en sistema sobre el desgaste de la cuarentena, el cansancio social, la economía.

Se priorizó la «angustia» de los comunes, de los niños, de los runners, de los golfistas, a la angustia de los agonizantes, los enfermos graves, los familiares y amigos de los muertos. Los muertos por COVID-19 y sus seres queridos son nuestros nuevos desaparecidos.

No se habló ni se habla del cansancio infinito, los contagiados y muertos del personal de Salud.

Se rieron y se ríen en nuestras caras de las cuarentenas bien hechas, de las parciales, de las mal hechas. Se ocultan las realidades de provincias gobernadas por la oposición, Jujuy y Mendoza entre ellas.

Si no hay cumplimiento y responsabilidad social, la culpa es enteramente del Gobierno. Nunca de «la gente», que es buena por naturaleza.

Se hicieron públicos los horarios y puntos de encuentro de las marchas infecciosas, convocándolas, potenciándolas.

De la última marcha (de nuevo: «Banderazo contra el Gobierno») se trazó una épica equivalente a cien Cordobazos y unos cuantos Vietnam. Siendo que, como escribió Horacio Verbitsky, la cosa no pasó de una movilización de unos cuantos autos de alta gama. Dicho sea de paso: lo que en este texto se alarga con obviedades necesarias, es lo que Verbitsky llama operación de acoso y derribo.

Se hicieron coberturas festivas de la reapertura de bares. Antes, coberturas tristísimas sobre el sufrimiento de los comerciantes. Donde otros medios publicaron imágenes de excesos evidentísimos por la reapertura de bares (Palermo), Clarín hizo un esfuerzo colosal para mostrar fotografías en las que las mesas se aparecían solitas, como en la nada, mediando entre los comensales media Patagonia y todos con barbijo.

Balance final que se venía venir: si sube el número de contagios y muertes, la culpa es del Gobierno. Titulares sollozando y cuestionando que Argentina, hoy, ocupa tal puesto en el ránking internacional. Majul diciendo «No es que me ponga contento». Leuquito festejando otro número alto. Dijo que festejaba el rating de su programa. Fin del tema cuarentena, de pronóstico inquietante.

Se apostó al fracaso de la negociación por la deuda. Titulares, comentarios y notas fueron idénticas a las publicadas cuando la renegociación lograda por Néstor Kirchner y luego por CFK, antes de sus respectivos éxitos. El cierre final de la negociación de Guzmán-Fernández fue título principal por unas pocas horas. Asunto crucial para el futuro económico de todos. 42.500 millones de dólares a no pagar en los próximos cinco años. En la reestructuración de la deuda local se consiguió una adhesión del 98,8%. Se consiguió la evitación de juicios de los fondos buitres. Se pagaron a los bancos las comisiones más bajas de la historia por su intermediación. Pero el tema solo permaneció unas pocas horas.

Cuando se invisibiliza el acuerdo por la deuda no solo se invisibiliza un éxito de gestión, un gol, o al menos lo que se pudo dada la debilidad relativa del gobierno argentino. Al invisibilizar el tema se hace desaparecer el pecado original: el proceso de sobre endeudamiento colosal gestado por el mejor equipo de los últimos cincuenta años. Los fracasos económicos repetidos de las derechas desaparecen, por arte de magia. Desaparecer: hábito de las derechas.

Operadores periodísticos contra el gobierno

Pero las baterías mediáticas y políticas, conducidas por el poder económico concentrado, tienen otros parches que batir: no hay plan económico. ¿Se renegocia la deuda y no hay plan económico? ¿Podía haberlo antes de la negociación, sin quitarnos esa bota planetaria de la cabeza? El Gobierno es medio lenteja en el discurso. Aunque lo dijo bien Guzmán: no esperen el puro marketing de un programa económico resuelto en un Power Point. Y sin embargo (donde el Gobierno falla en el decir): ¿no forman parte de una orientación o programa económico asistir a casi nueve millones de personas mediante el Ingreso Familiar de Emergencia de diez mil pesos? ¿No es una medida económica fortísima –sin contar con recursos- sostener la mitad de los salarios argentinos (tope en los 23.300 pesos) mediante los ATP? Cuando Alberto Fernández estuvo con Marcelo Bonelli y Edgardo Alfano en A dos voces, TN, bien pudo decirles: «Muchachos, ¿ustedes cobran por el diario Clarín? ¿Saben que ahí pagamos la mitad de los sueldos?». Así, 1,8 millones de laburantes. Y créditos para las Pymes a tasa cero. O Tarjeta Alimentaria, que se sumó a la AUH, desde el principio. Hasta 12 mil pesos mensuales para 4,3 millones. Pero no hay plan económico. Eso sin hablar del fortalecimiento en emergencia del sistema de salud pública, en articulación con el de Ciencia, y tantas medidas ya tomadas o anunciadas, a veces demoradas con una lentitud que preocupa.

Toda medida de asistencia social (incluyendo el retorno de la vacunación gratuita para jubilados y todos los programas de vacunación) es una medida económica. Aunque más no sea porque esos dineros obtenidos o ahorrados dinamizan el consumo, el movimiento económico. El discurso oficial no le da potencia al asunto. Invisibilizar todo eso, dado el contexto, es una operación golpista.

Mientras tanto, y como se decía en modo 6,7,8, Todo Negativo. Creación de un clima de descontrol, crisis terminal, desorden y violencia. Villa Mascardi, según Wikipedia, tiene una población de 59 habitantes, una despensa, un destacamento policial y, según recuerda el que escribe, una estación de servicio del ACA. Con esa inmensa potencia demográfica y económica Villa Mascardi fue durante días tapa de los diarios por un intento de ocupación de tierras. Una operación símil RAM (Bullrich) de cuyas últimas tomas de regimientos, magnicidios y uso de misiles intercontinentales últimamente no sabemos nada. Vale lo mismo para la creación de la noticia según la cual miles de personas de bien de clase media alta quieren volar hacia Pinamar y Cariló para defender sus casas de veraneo del robo o la usurpación.

Más grave por cierta, histórica y estructural es la cuestión de la toma de tierras. Expresión de pobreza extrema y déficit habitacional. Caos y desorden son los imaginarios a convocar, como en las clásicas proclamas de los viejos golpes militares.

Caos, grieta, internas de un Gobierno a la deriva, el que «perdió el último tren». Se puede sostener la imposible simultaneidad de verdades contradictorias, o todo oxímoron: Alberto es el Chirolita obediente de Cristina, con quien la relación no va más. Se pudrió todo, pero Alberto es el amigable Chirolita de Cristina lo mismo. Otro modo de decirlo: son todos iguales, son todos putos (autoritarios, corruptos y Van por Todo).

El titulito berreta de cada día. Pichetto con micrófono abierto, pero sin partido ni votos ni naides. Cada gurú de la City también con micrófono abierto 24 horas. Todos fracasadores seriales en sus recetas y sus pronósticos. Tuit de Bullrich y los diarios titulan «La oposición dice». Cada lumpen político que por sí mismo no es nada, dos votos. Algunes con cierta capacidad de convocar a intendentes en reuniones de Zoom. Los 140 caracteres de Twitter escritos por gentes que representan fracciones más bien relativas de sociedad son literalmente una tragedia político-cultural, en todo el mundo.

Por fin, desde el martes, la rebelión policial (remember ahí a Zaffaroni aunque los canas sean laburantes). Veo un rato la tele. Todos los noticieros del cable siguiendo a un hombre subido a una torre. Se ve el uso político previsible de la cosa. También se ve lo que grandes tratadistas podrían decir sobre Berni: El Genio Político que Estaba en Todas Partes y Defendiendo a su Fuerza Contra Asesinos y Violadores Pero no la Vio Venir.

Patrulleros rodeando la Quinta Presidencial. Esa sola imagen vale por todo lo que este texto dejó de lado por impericia o cansancio.

Socompa. Periodismo de Frontera

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