¿A qué artistas en cuya obra prime el sarcasmo, la mordacidad, el ingenio, la acrimonia, la sorna, la causticidad… destacarías?

ZONA LITERARIA | EL TEXTO DE LA SEMANA

COMPILADO: 31 escritores argentinos responden la pregunta 15 del ‘En cuestión: un cuestionario’ de Rolando Revagliatti.

Entre diciembre de 2018 y diciembre de 2020, treinta y un escritores argentinos fueron respondiendo las treinta y cinco preguntas que conforman el ‘En cuestión: un cuestionario’ de Rolando Revagliatti‘. Estas entrevistas-cuestionarios fueron difundiéndose en la Zona Literaria de El Ortiba. Con el formato de Compilados cada una de las preguntas y respuestas se publican periódicamente en el orden establecido por el entrevistador.


15: ¿A QUÉ ARTISTAS EN CUYA OBRA PRIME EL SARCASMO, LA MORDACIDAD, EL INGENIO, LA ACRIMONIA, LA SORNA, LA CAUSTICIDAD… DESTACARÍAS?


RODOLFO A. ÁLVAREZ: Oliverio y Antonin.

FERNANDO DELGADO: Joaquín Salvador Lavado (Quino). Y su Mafalda.

JOSÉ MUCHNIK: Charles Chaplin, Héctor Malamud, Manuel Scorza, Robert Desnos.

BIBI ALBERT: George Bernard Shaw, Pocho Lapouble, Groucho Marx, Frank Sinatra.

CLAUDIA SCHVARTZ: Yo quitaría el ingenio de esa lista. Sin ingenio, no hay arte. Puro tedio. La lista cunde hacia la ironía, ¿no? Quisiera nombrar a Juan Carlos Onetti, que es un trágico, pero domina todos esos matices agudos. Lamborghini, ambos (Osvaldo y Leónidas). Alberto Ure. Susana Thénon. Y Mijaíl Bulgákov. Anita Brookner, también. Y Flannery O’Connor.

JORGE CASTAÑEDA: Por supuesto que al neerlandés Erasmo de Róterdam, los españoles Baltasar Gracián y Francisco de Quevedo, el estadounidense Truman Capote, el venezolano Rufino Blanco Fombona, el rumano Emil Cioran.

JORGE LUIS LÓPEZ AGUILAR: Usted hace preguntas jodidas de responder, Revagliatti. Puedo mencionar unos versos de «Esta noche me emborracho» de Discépolo: «Mire, si no es pa’ suicidarse / que por ese cachivache / sea lo que soy».
Ahora recuerdo una escena de la serie televisiva «Two Men and a Half», cuando el tío Charlie ya se ha muerto, y Alan y el pibe están sentados, viendo un toco de dólares que Charlie había dejado para que Jake pudiera ir a la universidad. Cómo se mataban de risa.

LUISA PELUFFO: Saki [Héctor Hugh Munro], Silvina Ocampo, Kurt Vonnegut.

RITA KRATSMAN: Nombraría a Alfred Jarry, quien usa la sátira política y el sarcasmo en «Ubú Roi» para denunciar las megalomanías de los dirigentes políticos del momento, considerando el naciente nacionalismo como una farsa.
No puedo soslayar la figura de James Joyce que con su arsenal de recursos narrativos —parodia, sorna y acritud— construye un universo provocador e irreverente y al mismo tiempo, una verdadera sinfonía de sintaxis y fonemas.
La mordacidad la encontré en el Conde de Lautréamont y también el ingenio junto a la ironía en quién más que en Miguel de Cervantes Saavedra.
En el campo del arte pictórico nombraría a Francisco de Goya como un artista de la impostura. Dice Ernst Gombrich: «¿Pensaba el artista en la suerte de su país oprimido por las garras y la sensatez humanas?» La parte de su obra que refleja la codicia y la vanidad son consideradas como una acusación contra los poderes de la estupidez y la reacción, contra la opresión y la crueldad humana que observó.

LAURA CALVO: Descubrí no hace tanto a Muriel Spark [1918-2006], una escritora inglesa de postguerra con un agudo poder de observación y un sentido del humor implacable. Voltaire supo fascinarme con «Cándido o el optimismo»; pasajes de El Quijote de Miguel de Cervantes, las novelas de Marguerite Duras, Milan Kundera; el ingenio, la mordacidad, el sarcasmo…, virtudes filosas que muchos buenos escritores comparten.

ROGELIO RAMOS SIGNES: Varios, porque ellos son mi espejo y envidia. Voltaire, sin dudas; Sarmiento, también; Lichtenberg, eternamente; en lo literario, Conrado Nalé Roxlo, sobre todo sus textos costumbristas y mordaces firmados como Chamico; las anotaciones de Adolfo Bioy Casares que, de alguna manera, son la puesta en palabras del insustituible humor de Landrú.

LUIS BENÍTEZ: Al Erasmo de Rotterdam que escribió sobre la montura de su caballo el «Elogio de la locura» y terminó de revisarlo en la casa de su amigo, Tomás Moro. En una semana dejó para siempre escrito uno de los textos más actuales… redactado en 1515.

LILIANA AGUILAR: Hay muchos y quizás desconozca a la mayoría, pero recuerdo, de los clásicos, los poemas que cruzaban Francisco de Quevedo y Luis de Góngora, Jonathan Swift y más acá, Ambrose Bierce. De los nuestros, Oliverio Girondo y Dalmiro Sáenz. Pero insisto en los muchos —y seguramente buenos-—escritores pasados y presentes que desconozco.

GUILLERMO FERNÁNDEZ: A Jorge Luis Borges por todo lo que significa comprender «El informe de Brodie», por el sarcasmo que implica revisar la consabida antinomia civilización y barbarie en la historia y literatura argentina. Julio Cortázar apeló a la mordacidad al pintar a la clase media en casi toda su obra cuentística. A Roberto Arlt lo incluyo como un autor que se valió del ingenio y también de la acrimonia. Y, por fin, es necesario acudir a Macedonio Fernández para referirnos a la sorna y a la causticidad.

MÓNICA ANGELINO: De los ya citados:
Nicanor Parra: con él he sentido en «propia sangre» que el poeta vive imaginando y que de esa imaginación poética se acrecientan las armas de la resiliencia para elaborar cuanto pueda lastimarme. Además, su acidez, su ironía, fueron el puño sin guantes de la denuncia social.
Oliverio Girondo: me lleva al onanismo cerebral, me orgasmisea, me luminiza con sus neologismos máscaracú que he leído.
Jorge Luís Estrella: un poeta que ha sabido reunir el surrealismo, la antipoesía y los neologismos para escribir desde el absurdo y el divertimento poemas profundos.

DAVID ANTONIO SORBILLE: Al Enrique Santos Discépolo de «Mordisquito», su personaje radial; los monólogos televisivos de Tato Bores y los del negro Roberto Fontanarrosa.

CARLOS NORBERTO CARBONE: Varios: destaco en primer término a alguien con quien tengo el honor de ser su amigo, Eugenio Mandrini; luego, Enrique Santos Discépolo, el gordo Osvaldo Soriano, Caloi (Carlos Loiseau), el negro Alejandro Dolina, Roberto Fontanarrosa.

LEONOR MAUVECIN: En muchos autores, pero recuerdo especialmente —y vuelvo a citar— el «Libro del desasosiego», de Fernando Pessoa. Algunos textos de José Saramago, «Las flores del mal», de Charles Baudelaire, sonetos de Francisco de Quevedo. En poemas de Almafuerte, de Alejandro Schmidt, de Oliverio Girondo, de Horacio Castillo, de Juan Gelman, de Hugo Rivella. En las obras de teatro de George Bernard Shaw.

RUBÉN SACCHI: Me vienen a la cabeza Darío Fo, Federico Fellini y Antonio Dal Masetto y caigo en la cuenta de que los tres son italianos. No creo en las casualidades.

HORACIO PÉREZ DEL CERRO: Eugène Ionesco, Raúl Damonte Botana «Copi», Francisco Gómez de Quevedo, Dalmiro Sáenz, Omar Vignole, Oliverio Girondo, Juan Filloy.

MARÍA AMELIA DÍAZ: Voy a nombrar libros: «Las aves» de Aristófanes, «El Quijote de la Mancha» de Miguel de Cervantes, «Gracias y desgracias del ojo del culo» de Francisco de Quevedo, «Cuentos completos» de Saki (Héctor Hugh Munro), «La abadía de Northanger» de Jane Austen, «Bajo el volcán» de Malcolm Lowry, «Mafalda» de Quino. El listado, obviamente, podría proseguir.

CRISTINA MENDIRY: Federico Manuel Peralta Ramos. Eduardo Sanguinetti.

SANTIAGO SYLVESTER: Entre los que no han sido amigos míos, a Quevedo, a Miguel de Cervantes en el Quijote. Entre los que han sido mis amigos, podría ser Joaquín Giannuzzi. Les aparece de pronto un punto irónico, que a veces puede llegar al sarcasmo, y que me parece propicio para el viejo latinazgo: «ridendo castigat mores» («riendo, enmendar las costumbres»).
En otro tono, deliberadamente humorístico, recuerdo las dos ‘Antologías apócrifas’ de Conrado Nalé Roxlo, que son un prodigio de «saber hacer»: impecables imitaciones de estilos, con un humor insuperable.

ROBERTO D. MALATESTA: Ingenio e ironía, me gusta más que sarcasmo: destaco al maestro Javier Adúriz, aunque no diría que la ironía prime en su obra, el ingenio sí, eso sobra. Ya más cerca de lo cáustico, y, claro está, no exento de ingenio: Joaquín Giannuzzi.

GLORIA ARCUSCHIN: Pintores (y vuelvo a citar): Francisco de Goya y Lucientes, Carlos Alonso, Antonio Berni.
Directores de cine: Mario Monicelli, Federico Fellini, Leonardo Favio.
Escritores: Antón Chéjov, Roberto Arlt, Sara Gallardo, Jack Kerouac, Oliverio Girondo, Raúl González Tuñón, Virginia Woolf, J. D. Salinger, Leonard Cohen, Boris Vian.

RAFAEL FELIPE OTERIÑO: Como le escuché decir cierta vez al poeta Alberto Girri, «De ese lado no duermo». Por lo que me cuesta destacar un artista o una obra en la que primen dichas expresiones. Exceptúo de este rechazo al «ingenio», que, por el contrario, sí me seduce, y que tiene la virtud de conducirme, inevitablemente, a un nombre y a una obra que son su paradigma: Cervantes y El Quijote.

ALEJANDRO MÉNDEZ CASARIEGO: A Shakespeare, al Miguel de Cervantes del Quijote, al Gógol de «Las almas muertas».

LILIANA DÍAZ MINDURRY: Demasiados. Resumo: Miguel de Cervantes.

CARMEN IRIONDO: A los escritores P. G. Wodehouse, Gerald Durrell, Nicanor Parra, Witold Gombrovicz y Jonathan Swift. Son los primeros que se me ocurren. A Copi («El baile de las locas»).

LUCAS MARGARIT: El Miguel de Cervantes de «Don Quijote de la Mancha» y después el «Tristram Shandy» de Laurence Sterne y muchas de las prosas de Jonathan Swift. También el ingenio de Samuel Beckett que se esconde entre los despojos.

CARLOS DARIEL: Uno de los que más admiro, entre otras cosas, también en este terreno al que me convoca la pregunta, es Borges. Él combinó como nadie la mordacidad, el sarcasmo y el ingenio, con un grado tal de sutileza que requiere del lector la mayor atención para ser beneficiado por su guiño cómplice.

Marzo 2022