¿A qué obras artísticas –espectáculos coreográficos, films, esculturas, música, pinturas, literatura, propuestas teatrales o arquitectónicas, etc.- calificarías de ‘insufribles’?

ZONA LITERARIA | EL TEXTO DE LA SEMANA

COMPILADO: 31 escritores argentinos responden la pregunta 23 del ‘En cuestión: un cuestionario’ de Rolando Revagliatti.

Entre diciembre de 2018 y diciembre de 2020, treinta y un escritores argentinos fueron respondiendo las treinta y cinco preguntas que conforman el En cuestión: un cuestionario’ de Rolando Revagliatti‘. Estas entrevistas-cuestionarios fueron difundiéndose en la Zona Literaria de El Ortiba. Con el formato de Compilados cada una de las preguntas y respuestas se publican periódicamente en el orden establecido por el entrevistador.


23: ¿A QUÉ OBRAS ARTÍSTICAS –ESPECTÁCULOS COREOGRÁFICOS, FILMS, ESCULTURAS, MÚSICA, PINTURAS, LITERATURA, PROPUESTAS TEATRALES O ARQUITECTÓNICAS, ETC.- CALIFICARÍAS DE ‘INSUFRIBLES’?


RODOLFO A. ÁLVAREZ: A Borges y toda la cría de derecha culturosa… (son varios) (y nomenclaturas abundan).

FERNANDO DELGADO: No recuerdo haber asistido a tal tipo de eventos, sin antes tener una referencia, además no soy “un gran salidor”. Sí me pasó, circunstancialmente, escuchar música, leer o escuchar algunas poesías, cuentos, insufribles. Y desde ya, dentro de los “etcéteras”, ciertas obras de teatro, novelas que son o fueron y serán trasmitidas por la TV, realmente insufribles.

JOSÉ MUCHNIK: Una película, si no la aguantamos podemos irnos o dormirnos, aunque en general las miro hasta el final; mal cine es también una forma de aprendizaje. Con novelas, ensayos o poemas es diferente: cuando me canso, me voy, a veces tomo una diagonal para escaparme, no me doy tiempo de sufrir. Con las exposiciones de arte plástico si se trata de la obra de un pintor o de un escultor, raramente tuve disgustos. El problema se me ha presentado, en ciertos casos, con obras de teatro: por ética, respeto por los actores, uno no puede irse en mitad de la obra. Agreguemos, que algunas lecturas de poemas, cuando los poetas se suceden sin fin con su narcisismo en erección, también pueden resultar insufribles. Aguantar también es sabiduría.

BIBI ALBERT: Marcelo Tinelli. Flavio Mendoza. Mirtha Legrand. Nacha Guevara. Jim Carrey. Jean-Claude Van Damme. Reggaeton. Andrés Calamaro. Fito Páez. Ricardo Arjona. Lo berreta. Lo chabacano.

CLAUDIA SCHVARTZ: …tal vez no fueran artísticas, ¿no? Tal vez fueran solo divertimentos. Prefiero la literatura, sobre todo. A veces veo cosas fundamentales. Iris Scaccheri bailando será un recuerdo hasta el último día. Si es insufrible me levanto y me voy. Por eso los clubes de teatro, con su estructura tan expuesta, me resultan claustrofóbicos. Quiero decir también que cuando no se va al fondo, no pasa nada. Por eso consumo poco.

JORGE CASTAÑEDA: Creo que toda obra de arte que nace del interior del hombre es importante. Pero no me gusta lo hermético, lo que no dice nada, ni las modas pasajeras.

JORGE LUIS LÓPEZ AGUILAR: Tengo la mente suficientemente abierta para apreciar lo destacable de cualquier obra, aunque me resultan insufribles las que pretenden “catequizar” o son emitidas como si fueran la verdad revelada.

LUISA PELUFFO: Los espectáculos de mimo.

RITA KRATSMAN: A toda forma de expresión que resultara mediocre, o de otra manera, escasa de valores, y aunque el criterio pueda parecer subjetivo, hay una medida social que marca esa apreciación.

LAURA CALVO: Algunas propuestas teatrales.

ROGELIO RAMOS SIGNES: Soy buen público para todo tipo de manifestación artística. Si hay algo que me molesta en ello no son las obras en sí, sino los presuntos entendidos y sus pavoneos que terminan convirtiendo todo en pastiche de frases huecas.
Algo que suele aburrirme es eso a lo que hoy llaman stand-up, pero que viene desde épocas inmemoriales con otro nombre o sin nombre alguno. Son, por lo general, refritos de cosas escuchadas hasta el hartazgo.

LUIS BENÍTEZ: El término “artístico”, tan tergiversado por la cultura de masas, ha terminado por albergar, para el consenso, también a las formas que implican lo paraartístico, aquello que clásicamente ubicábamos bajo la definición de kitsch: lo que está colocado en el lugar del arte sin ser el arte. Así, en nuestro tiempo, aberraciones como la paraliteratura, eso que llaman “teatro comercial”, la pseudopintura y la pseudoescultura (llevadas adelante para ganar dinero en base a un mecanismo de marketing que sobrevalúa esas supuestas “obras” en función de generar prestigio para quien posee la chequera suficiente para adquirirlas); toda esa enorme pila de basura y sus beneficiarios, intermediarios, ejecutores y burócratas me resultan insufribles y desde luego, extremadamente peligrosos para el pensamiento y la sensibilidad contemporáneos. Quien colabora directa o indirectamente con esta labilidad de los valores humanos y el sentido no es tan inocente como se excusa, diciendo —por ejemplo— que “lo mío es entretener”. Ese agente de la premeditada inducción a la idiotez a lo que aspira —objetivo que no pocas veces logra— es a ser reconocido como “literato” o “artista”. La literatura cabal hace evolucionar, amplía los horizontes de nuestra consciencia y el conocimiento de nosotros mismos; en cambio, la paraliteratura nos lleva a involucionar, a aceptar paulatinamente estrechas y convencionales nociones de la realidad, que además tienen por misión domesticar la imaginación, narcotizar el despliegue posible de la inteligencia, retrasar y adormecer las capacidades latentes de la consciencia. Eso es lo que me resulta insufrible, no el arte cabal en cualquiera de sus formas.

LILIANA AGUILAR: Puede parecer extraterrestre pero no tengo una gran cultura artística como para dar opinión valedera al respecto. Pero me gustan aquellas obras teatrales que suceden arriba del escenario —quizás haya personas que toleran bien el teatro interactivo, pero en mi caso no sucede. En música, no soporto los sonidos agudos, ya te comenté mi problema auditivo, pero más allá de cualquier dificultad física, cuando escucho al o la cantante irse de tonos, me saca.
Hasta los dieciséis años me nutrí de las películas del Hollywood Dorado. Era lo que llegaba a San Juan.
A los diecisiete me radiqué en Mendoza para estudiar Medicina en la Universidad Nacional de Cuyo y allí, por primera vez en mi vida, vi televisión y por supuesto, otro tipo de material fílmico. También colaboró el hecho de asistir regularmente a proyecciones del cine-club universitario.
Mi formación en materia de cine es, creo, rara.
Según pasaron años y sucesos, mis elecciones han sido variopintas y depende del estado de ánimo más que de las cualidades intrínsecas del film.
Definitivamente no soporto nada tendiente a nivelar hacia abajo al ser humano.

GUILLERMO FERNÁNDEZ: No me agradan las copias vulgares. Y me sucede respecto de todas las expresiones estéticas.

MÓNICA ANGELINO: Todo es “sufrible” (aun desde el placer): por eso nos gusta o nos disgusta.

DAVID ANTONIO SORBILLE: Todo lo vinculado con la banalidad en cualquier aspecto.

CARLOS NORBERTO CARBONE: Las esculturas de Fernando Botero, los best seller de las grandes librerías y sus posteriores películas, la obra de Marta Minujín y las películas de Palito Ortega y de El Club del Clan.

LEONOR MAUVECIN: Esculturas e instalaciones que me parecieron una falta de respeto al arte y al público. Algunos películas y piezas teatrales, consideradas artísticas, plagadas de lugares comunes y aburridas.

RUBÉN SACCHI: Como mi bien más escaso es el tiempo, trato de informarme antes de abordar una obra y no derrocharlo. Me sucede que, como ejerzo el periodismo cultural, alguna vez he visto alguna obra teatral abominable y leído algún libro que merecía seguir siendo árbol, pero sus títulos son olvidables. No me atrapan los films ni las obras teatrales musicales; abomino de la cumbia moderna y de esa música electrónicamente repetitiva; de la arquitectura lineal actual, tan impersonal, poco me agrada.

HORACIO PÉREZ DEL CERRO: A todas aquellas que presumen de arte y son engendros deplorables, comercialmente inflados, y publicitando para ir deformando y no formando el espíritu estético del público. Tiene mucho que ver con aquello de “para contribuir a la confusión general” de Aldo Pellegrini. O todos aquellos espectáculos, muestras, filmes, que responden a algún fin político, y que, salvando honrosas excepciones, son verdaderos pastiches mediocres, que me producen una gran tristeza.

MARÍA AMELIA DÍAZ: Una parte del arte actual me desagrada, creo que se alejó de la noción de “belleza” (aunque sea la belleza de lo feo), y también de la noción de inmortalidad que descansa en el arte y que hoy nos hace deslumbrarnos, por ejemplo, ante las pirámides y grabados de Egipto y México. Y me resulta insufrible todo lo que sea superficial como, generalmente, los best sellers, y esas películas horribles donde todo explota por los aires.

CRISTINA MENDIRY: A todo lo kitsch, a lo bizarro y a las pinturas de Florencio Molina Campos.

SANTIAGO SYLVESTER: Muchas cosas son insufribles, en todos esos terrenos. Por ejemplo, la poesía catártica, además de que oculta un abuso del yo, termina en puro narcisismo. Pero tampoco me ensaño, con no usarla me conformo.

ROBERTO D. MALATESTA: Si son insufribles yo ya me fui demasiado temprano de la función como para calificarla… Salvo que se trate de reguetón, Dios me libre.

GLORIA ARCUSCHIN: No me gustan las comedias musicales, de teatro comercial, ni en cine. Películas demasiado lentas, sin que se justifique por la trama: insufribles. Algunas creaciones visuales de arte contemporáneo que intentan ser minimalistas, o irónicas, casi al borde del chiste, con muy poquísimo trabajo, tampoco me conmueven. Producciones literarias, como microrrelatos, que no me parecen tales, sino juegos de ingenio con palabras, también al borde del chiste, o poemas que no juegan con el lenguaje poético y son “decires” de algunas ideas, o lugares comunes. Pero creo que hay propuestas para todos, después se va viendo, o cada cual elige aquello que le agrada o conmueve. Nunca diría, tal cosa no se debe hacer, salvo las películas insufriblemente lentas, claro.

RAFAEL FELIPE OTERIÑO: En primerísimo lugar: a un programa televisivo conducido por un gritón que desde hace años festeja falazmente a sus participantes y con igual énfasis se burla de ellos, antes, durante y después de sus números de danza.

ALEJANDRO MÉNDEZ CASARIEGO: Sería una larga lista, pero trato de mencionar algunas, para no desertar. Me resulta insufrible el cubismo, y la escultura no figurativa.
Al teatro no voy; soy incapaz de meterme en una trama cuya artificialidad es destrozada por un contexto, visible para mí, de butacas, escenario, actuaciones en las que los actores levantan la voz para hacerse oír. Simplemente, no puedo comprar esa ficción, no me gana.
No incursioné, en literatura, en territorios que no me fueran recomendados. Haría una sola excepción con “Adán Buenos Aires” y “El banquete de Severo Arcángelo”, de Leopoldo Marechal. Ambos libros me parecieron ampulosos, pretenciosos y de poco interés. En ambos casos me costó terminar de leerlos.
En cuanto a lo arquitectónico, no comparto, por ejemplo, la pasión por Antonio Gaudí, aunque eso no me impide admirarlo. Personalmente prefiero el gótico puro y el clásico, las formas más definidas.

LILIANA DÍAZ MINDURRY: Hay una gran cantidad de espectáculos insufribles. Como le decía Virgilio a Dante: “Non ragioniam di lor, ma guarda e passa”.

CARMEN IRIONDO: Insufrible es un calificativo que asocio directamente a mi libertad de elección. En general, a esta altura de mi vida, me es fácil no asistir a espectáculos o museos o propuestas teatrales o cinematográficas que me coloquen en posición de sufrimiento, salvo que involucren a algún amigo o familiar, en cuyo caso justifico la incomodidad circunstancial y sostengo la amistad o afecto por la persona involucrada y me hago presente para acompañarla. También es cierto que habiendo trabajado mucho en escenarios teatrales y presentado mis libros, sé lo que se puede poner en juego del orden personal en esa devastadora entrega que, a veces, provoca exhibirse.
Entonces, aunque no coincida con mi estética ni con mi definición personal de obra artística, trato de evaluarla por el esfuerzo y el trabajo que eso llevó consigo. Y lo soporto, muchas veces, sin expresar en voz alta lo que me resulta incómodo. Y si tengo que padecerlo, seguramente termina por el lado del humor.

LUCAS MARGARIT: Personalmente, no me gusta nada el ballet. Pero en cada una de las manifestaciones hay obras insufribles.

CARLOS DARIEL: Me resultan insufribles las comedias musicales, la mayoría de los espectáculos coreográficos y el reggaetón. Sobre todo, el reggaetón.

Junio 2022