Abel Bohoslavsky, inspirador y militante de primera línea revolucionaria de Chile

Por Roque de Primera Línea Revolucionaria

06/06/2021

Hay cansancio, sin duda, han sido días agitados. La lucha por la libertad de las y los presos políticos, los ataques del reformismo de todo cuño por nuestra defensa de principios éticos esenciales de las y los revolucionarios, las batallas en Colombia de un pueblo heroico por la paz y la vida. También se venían las elecciones en Perú y debía hacer un informe. Es un domingo frio y suena y suena el teléfono, trato de apurar la escritura y de pronto, todo se detiene.


Escuché esa voz querida como ido del mundo. Esa voz que no quiere darme esa noticia, esa voz que trata de mentirme diciendo la verdad y ya no la escucho casi y no sé qué vino después, solo digo gracias y corto la llamada.

Lo había conocido hace tantos años, era huraño, casi mal genio en forma aparente, pero en realidad, estaba lleno de cariño. Aquellos eran los tiempos de saber del destino de los desaparecidos del PRT-ERP y de investigar la caída de Mario Roberto Santucho, líder de los perros, y por eso llegue a él.

Cientos de diálogos, de anécdotas y personajes fantasmales llenan los momentos. En cada palabra muy bien meditada, una enseñanza, una síntesis, pensando en el futuro.

Estaba todo quieto en términos sociales, pero su mirada acuciante, sabía que algo venía. Las masas trabajadoras, una vez desilusionadas del populismo pseudo izquierdista, buscarán una alternativa, no lo dudes.


Pasaron los años y por casualidad nos volvimos a encontrar. Ahora yo buscaba una entrevista y través de ella, quería respuestas sobre el acontecer latinoamericano, y él en esa entrevista fue categórico: la revolución sigue siendo posible y necesaria.

Desde aquella vez, nunca más dejamos de hablar. Era el tiempo de la crisis del chavismo y ante ella, Abel Boholavsky, se había adelantado a su fracaso y ya tres años antes, lo había advertido con su característica sentenciosa: si te mantienes dentro del sistema, terminas defendiendo lo que ayer combatiste. Es un síndrome casi de la socialdemocracia, que solo prepara las condiciones para la vuelta al capitalismo más extremo.

Y así entre anécdotas, recuerdos e historias, surgieron Los cheguevaristas, libro fundamental para entender la otra historia, lejos de la oficial y oficiosa que llena todas las estanterías y vitrinas librescas.

Ese trabajo, tengo la impresión que lo revivió, lo hizo volar y descubrir miles de cosas nuevas que plasmaría más tarde en cientos de otros trabajos, la mayoría de los cuales, no son conocidos.

Abel entre críticas, bromas y análisis, estaba convencido que debía surgir una chispa, un algo que empujara la historia hacia adelante, que removiera la aparente quietud de esos tiempos.

Un día casi al pasar, deslizó en una conversación una idea que sonaba extraña. Si los cientos de sobrevivientes de la oleada revolucionaria, pudieran hacer una síntesis y dejaran de mirarse el ombligo y hacer política hacia adentro, y dejaran de decir que a los jóvenes les falta mucho, y se pusieran en razón de ese mucho que según ellos falta, bueno, entonces capaz que las masas trabajadoras, tuvieran una mejor oportunidad en las inevitables rebeliones que vienen y que son inevitables.

Desde ese día, empezamos una suerte de intento de sintetizar junto a otras y otros compañeros, la situación de nuestro continente entendiendo que eso solo era un inicio.

Trabajamos sobre un título ambicioso: Manifiesto Cheguevarista, que en realidad era una provocación para que viejas, viejos y jóvenes revolucionarios, asumieran el desafío de pensar la política de acuerdo a la necesidad de la revolución social.

Se dieron varios borradores, se sumaron varios compañeros, muchos de los cuales la vida cotidiana no dejó ver la urgencia de aportar y de contar, con una primera mirada a nuestro mundo, desde posiciones revolucionarias e internacionalistas en este nuevo tiempo político que se abría.

Ante los reiterados fracasos en sumar capacidades e inteligencias, (que las había), una tarde de jueves me lanzó el desafío como medio riendo: Vos estas igual como a los que te pasas criticando. Mucha palabra, pero poca acción e implementación. La crisis en Chile ya no da para más y si yo estuviera en tu lugar, me voy y junto a un grupo, aunque sea pequeño, de gente clara y decidida y formo no se… una… digamos especie de avanzada que levante las demandas que están ahí latiendo y las impulse. No se que pueda salir de eso porque no estoy allá, pero creo que algo se haría.


Pasó el tiempo y muchas cosas que aun no se pueden hacer públicas por varias razones, pero cuando ya estuvo formado aquel grupo, lo llamé y le conté las novedades y el riendo de buena gana me dijo: bueno muchacho ya empezó, ahora se juega en serio y es cosa de saber moverse en la cancha. Eso si, todo debe ser de masas porque si no, esto tampoco resultará.

Al otro día buscamos los símbolos juntos. Un puño encerrado en una estrella roja. Yo sabia que esa era la antigua estrella roja que había iluminado el camino del PRT. También sabía que ese puño era la fuerza de las y los trabajadores y explotados.

Debatimos mucho sobre tener un medio y de la importancia que tenia la prensa revolucionaria y acordamos abrir un sitio web.

En una protesta vimos el primer escudo hecho en base a una antena de tv por cable y ya teníamos el logo. Ese mismo día surgió el nombre del sitio web y en la noche acordamos el nombre de la organización. Se lo propuse yo me acuerdo y su risa cómplice me confirmo que le gustaba y agregó: Sabés Primera Línea Revolucionaria no solo porque va al frente ahora, si no porque serán los iniciadores de la futura revolución. Me gusta mucho ese nombre, será un icono difícil de disputar. El problema lo tienen ahora ustedes, o mejor dicho nosotros, porque ahora hay que hacer honor al nombre y eso no es nada fácil, es lo más difícil del mundo, pero también lo más hermoso.

Había nacido así Primera Línea Revolucionaria justo al inicio del estallido popular de octubre de 2019 en Chile.


Desde ese día, Abel fue un militante más nuestro, un Primera Línea en todo el sentido de la palabra. Lo hizo en forma secreta, nadie de sus ex compañeros en la Argentina sabía, ni sus amigos más cercanos tenían idea de los quehaceres políticos de Abel Bo como le llamaban para acortar su apellido.

Todos los días en análisis, todos los días en difusión, todos los días consiguiendo llegadas, vínculos, cumpliendo misiones secretas y aportando en la construcción de una línea política en medio de los mas feroces combates a este lado de la cordillera.

No debe haber sido fácil ocultar este nuevo amor secreto. Muchos hermanos argentinos (y también chilenos) hubieran dicho: mira que falta línea, mira que falta el programa, mira que las alianzas, mira que no tienen experiencia ni preparación política, mira que no se sabe si son trotskistas, leninistas o guevaristas. Por último, hubieran sentenciado: serán derrotados porque les falta de todo y no se combate al capitalismo a puras piedras

Mientras tanto Abel con picardía, preparaba documentos, hacia clases online a varios grupos, tanto sociales como de nuestra organización; discutía y aportaba a la construcción de nuestra línea política.

Nos advertía los peligros, nos señalaba con precisión los pasos del reformismo, afinaba una estrategia de masas y aportaba en propaganda.

Fueron cientos de horas de conversaciones, con paciencia y vehemencia, como lo hace un padre apasionado y pensante que quiere asegurar el futuro de sus hijos. Y la Primera Línea Revolucionaria, era una de sus hijas en gran medida.

Estuvo a mí lado en los momentos de dudas, de temores, de contradicciones, cuando tuvimos los primeros muertos, los heridos, los mutilados. Su enseñanza permanente era: Hay que preservar la organización a toda costa, cuidar sus estructuras, lo que ha costado tanto construir debe preservarse, aunque haya que hacer un retroceso táctico se debe cuidar la organización en todo momento.

Pero no todo era política, había momentos de literatura, de hablar de la vida, de las familias, de los amores, de las comidas y de su amante más permanente: la medicina.

De sus labios en forma viva, conocimos parte de la historia del PRT. Nos encariñamos con muchos nombres sin haberlos visto nunca, odiamos y maldecimos a los esbirros del otro lado de la cordillera, reímos y lloramos con aquella Nicaragua roja y negra y nos ilusionamos con la rebelión chilena.

Nunca se lo dije, pero creo que él lo sabía. Era el padre que siempre había querido tener; rudo, cariñoso, tierno, jugado hasta la última y por sobre todas las cosas, un revolucionario.

La rebelión chilena trajo un nuevo aire a todo el continente y a poco andar, vino Colombia y antes, Ecuador, Perú y Bolivia la habían precedido. Abel Bo una vez más, no se había equivocado. Las rebeliones venían.

Certeza no quiere decir ser infalible, pero en este caso, Abel acertó en casi todo, sobre como se darían las cosas en el continente y hasta en la traición al pueblo chileno que harían los partidos y con ellos, el reformismo institucional.


Hasta hace poco estuvo cumpliendo labores estratégicas para Primera Línea Revolucionaria y como ya hemos dicho, en completo silencio para sus compatriotas, sus ex compañeros y hasta para sus mas cercanos, y en ese contexto, me hizo una confesión.

Me hubiera gustado ser más joven, no mucho más, digamos unos diez años menos y estaría en Santiago con gusto. Que sana envidia estar en esa última reunión con jóvenes llenos de ganas, de deseos de pelear por lo suyo.


Me quedé en silencio, no supe que decirle y solo atiné a decirle que su labor era muy valiosa y que me daba una gran tristeza que allá no se conociera lo que hacía. El se rió lleno de picardía y me dijo No viejo, me gusta que sea así, es mas seguro, que crean que sigo mirando el pasado con nostalgia cuando en realidad, con ustedes me estoy empinando hacia el futuro.

Hablamos cuando ya estaba internado en el hospital Durand jodido. Estaba mal, casi no podía hablar y, sin embargo, hizo un esfuerzo para entregarme el análisis de su enfermedad derivada del Covid y de como le habían negado el tratamiento que el mismo como especialista, había promovido.

Se había ido todos los días a trabajar como médico, de domingo a domingo, sin descanso contra el Covid y contra las hipócritas medidas sanitarias de un gobierno, que trata de balbucear una preocupación por la población, cuando en realidad, solo reafirma los intereses de los de siempre.

Abel sentía que era su deber estar en la Primera Línea de defensa de la vida, ya hace años me dijo que ser medico y no ser revolucionario, para el resultaba incomprensible y entendió que esta era su batalla.

De nada sirvieron varias charlas mías sobre la necesidad de preservarlo a él ante el virus que estaba disparado en términos reales. Quería ayudar como fuera. Era su batalla.

Creo que demás esta decir el enorme aporte que hizo Abel a Primera Línea Revolucionaria en muchísimos campos. Quienes lo conocieron y militaron o compartieron con él en ese ámbito, deben saber cuales eran sus capacidades.


Escribo estas líneas sobre todo por un tema de justicia. Sus compañeras y compañeros argentinos, merecen saber que su última militancia, desde hace ya varios años, fue Primera Línea Revolucionaria.

Querido Abel, la Rebelión chilena y tus compañeras y compañeros de la Primera Línea Revolucionaria, llevan tu sangre, y están tratando de ser fieles discípulos tuyos. Solo podemos decirte, compañero ¡Estamos cumpliendo!

No podremos acompañarte a tu último descanso, y nuestra bandera no cubrirá tu féretro, pero estarás con nosotros por siempre. Solo espéranos en algún lugar para continuar las charlas al calor de una pipa cargada de futuro.


Viejo amigo, compañero, padre, hermano: Ojalá la tierra sea leve, para que te puedas elevar como un cóndor entre las cordilleras, como aquellos que alguna vez soñamos ver volar juntos, pero no te vayas tan lejos, porque aquí, este viejo luchador con alma de niño, te sigue necesitando.

Abel Boholavsky: ¡Primera Línea! ¡Honor y Gloria por siempre!