¡Abran las escuelas!

El alto riesgo de la improvisación y la desinversión

Por Bárbara Orbuch*

Al grito de «¡Abran las escuelas!» el neanderthal provocó el insigh que Kohler aprendió y ahora recita en la ronda por los canales televisivos. Así se informan los directivos y las comunidades educativas sobre las medidas de gobierno en educación de JxC y ya es una costumbre insidiosa, como una especie de taladro mediático que preanuncia siempre más desprecio e incertidumbre hacia la desgastada y permanentemente desprestigiada comunidad docente a quienes realmente les preocupa el futuro educativo de sus estudiantes y el cuidado de las salud y la vida de sus familias.
Después del síndrome de burnout de una pandemia surfeada cien por ciento por los maestros y sus acaudaladas cuentas de internet privadas, el clima es en enero de zozobra y preocupación por el futuro próximo en que la pandemia está en su momento de rebrote, mientras los lobbys por la apertura total son maniobrados por trolls que comparan, como la ilustre ministra Acuña, la escuela con un bar. Pero antes; era al aire libre, ahora será en espacios cerrados sin ventilación y «todos juntos». Mientras tanto, el descrédito del gobierno de la ciudad hacia la vacuna que ni se nombra y la falta de planificación real para abrir las escuelas como si nada hubiera sucedido es preocupante y genera alarma.

En el marco de la gestión de un partido político negacionista de la pandemia, con sus dos conductores (Larreta y Acuña) recientemente infectados con COVID-19 y sin acusar recibo de esta situación, el jefe de gobierno de la ciudad anuncia el comienzo de clases el 17 de febrero «en total presencialidad» adelantando el inicio del ciclo lectivo respecto de lo habitual en la normalidad.

Hoy una secretaria gremial era azuzada en primera persona por Débora Plager: «Andá a trabajar, tenés que ir a trabajar, vos sos joven, tenés que esforzarte para poder ir a dar clases», al mismo tiempo cacareaba al unísono Silvia Fernández Barrio, con su mueca dibujada y su camisa hawaiana, que le refrendaba a la secretaria gremial de Ademys: «cuando yo estudiaba no había estufas ni aires acondicionados y estudiaba igual». Como siempre la acusación que representa a este sector político y social de la Argentina es el mismo: «Los docentes no quieren trabajar» son parte de la administración pública, léase: «ese elefante blanco burocrático y pesado del que tenemos que prescindir…» tal como Larreta y Vidal pregonan en sus proyecto político. Faltó agregar: «Andá y contágiate, para eso te pagamos el sueldo quienes pagamos los impuestos» y el tan mentado «son vagos» quedó claramente expuesto en los ataques a la docente que atajaba impertérrita los ataques de ambas arpías… contraatacando: vos estás en el estudio con aire acondicionado, a lo que espetó ni lerda ni perezosa con lengua viperina la periodista: «el aire está contraindicado en el covid» jaja, convirtiéndolo la charla al clima de «Intratables»… haberle puesto el pecho a las balas del 2020 en el confinamiento en la búsqueda y el encuentro de sus cientos de estudiantes haciendo la parabólica humana pedagógica y la patriada que todos los docentes argentinos afrontaron con su trabajo social, psicológico y de apuntalamiento de las familias es insuficiente para la visión corta de ambas, pero se asimila a lo que muchos votantes piensan en la ciudad, lo cierto es que las armas para enfrentar la pandemia fueron los mismos docentes y sus propios medios, aquellos que el gobierno de la ciudad no le proveyó, restando de su magro salario la conexión a internet y reiventando sus prácticas digitales en una experiencia inédita al compás de las planillas enfervorizantes que se apilaban en su domicilio compartido con las múltiples tareas de cuidados.

Pero la docente no espera reconocimiento, sabe que está ahí para que le peguen, y eso es francamente lamentable, porque ya todos sabemos cómo es la película: repetida. La figura del docente es además a menudo vituperada en los medios periódicamente para esta fase del año cuando hay reclamos salariales y se acerca la paritaria, pero hoy se reduplica la contraofensiva mediática como empujándolos a los leones en una guerra agrietada por la pandemia. Las periodistas cumplen a rajatablas con su papel en el guión «ataquen a los gremios», un clásico del folklore de la derecha argentina, y se dedican a extraer los pedazos de la docente que representa al colectivo de trabajadores. El trabajador no debe tener voz ni voto en este entuerto. Y el autoritarismo de Larreta lo demuestra; el marketing que una vez más le rinde pleitesía mediante la pauta cierra -opinión, determina que pese a la realidad, que el mismo admite, las escuelas se abran a los contagios. Además los gremios no cuentan, porque según él mismo afirma: «Nosotros hablamos directamente con los docentes», ninguneando y deslegitimando la representación gremial y poco después enuncia «si ellos (los gremios) tienen mecanismos para cuidarse más que nos lo digan» Porque ya sabemos que no cuidarán a los estudiantes, ni a los trabajadores por la amplia experiencia cosechada. «Tendrán acceso prioritario en el transporte público» espeta, y cuando el periodista de TN le pregunta acerca de la implementación de ese régimen prioritario, hay un rotundo y elocuente silencio cubierto de humo. «Todos estarán en las aulas y quienes tengan enfermedades de riesgo no irán a la escuela», pero eso sí, nada de suplentes.

Para esclarecer la cuestión, a quince días de la anunciada apertura total a la presencialidad en las escuelas:

– No importan la curva creciente ni la cantidad de casos.
– No se tomará como referencia ningún parámetro de indicadores epidemiológicos.
– No hubo ni hay ningún plan de infraestructura en las escuelas desde el comienzo de la pandemia.
– No hay plan de vacunas programado en la ciudad para el personal docente.
Y finalmente tampoco hay un plan de transporte público controlado.

Sin embargo las clases vuelven igual. No hay racionalidad posible. Es un imperativo categórico, que no está en absoluto motivado por un interés real en la educación de nuestros niños y jóvenes.

Las clases son un ordenador familiar. Los niños tienen que sociabilizar y estar en contacto con sus pares. Los padres tienen que trabajar. Todos enunciados valederos pero deslindados y disociados del contexto y de la realidad.

En verdad es que en el Gobierno de Larreta las escuelas persisten impolutamente iguales desde marzo del 2020 hasta hoy. Si el plan era retomar la presencialidad absoluta como se anuncia debería haber existido un plan previo que nunca existió de readecuación edilicia y de infraestructura. Ni ventanas donde se necesitarían para aumentar la ventilación, ni adaptaciones necesarias para afrontar la realidad de la pandemia. En el experimento fallido de las «burbujas» de noviembre de este año no enviaban ni alcohol en gel a las escuelas, ni ningún tipo de insumo ad-hoc.

No invirtieron, no invierten ni están pensando en invertir un solo centavo en educación pública. De hecho la desinversión ha crecido a tal punto que sufrió su caída más grande en 20 años de gestión en la ciudad. El recorte en infraestructura ha sido del 70 %. Pero si se efectuó un tour de force presupuestario del plan Sarmiento para redireccionar a subsidios a la educación privada hace unos pocos días.

El periodista le pregunta a Larreta si harán uso de la tecnología para el regreso: ¡Si!, responde con vehemencia; sin barbijo, con el alta bien fresquita y con su pelada recién lustrada; «este año la tecnología fue fundamental, mediante mails, blogs y plataformas»

Como sabemos, la conectividad y los dispositivos que ofreció la gestión de Larreta fue nula, así como se lee y en la ciudad más acaudalada del país. Muchos docentes se endeudaron para continuar trabajando y la única plataforma (software) que realizó el gobierno de la ciudad era tan deficiente que nadie la utilizó de forma efectiva. La falta de políticas públicas dirigidas a superar la brecha digital fue tan pronunciada que podría atribuírsele netamente a su inoperancia y omisión, el gran aumento de la desigualdad educativa y la exclusión de miles de estudiantes que dejaron de educarse por la demostrable falta de esas políticas y no, clara y evidentemente por la actuación esforzada y presente de los docentes. Pero las víboras mediáticas le endilgan la culpa a la docente y dos veces más, además por ser «gremialista.»

La ausencia del ejecutivo porteño en todos los frentes, también y especialmente en la provisión de canastas alimentarias para una gran franja poblacional que lo necesitaba y donde las comunidades educativas y las organizaciones de la sociedad civil junto a las mismas familias suplieron ese rol fundamental del Estado ausente de Juntos por el Cambio que era asegurar la subsistencia de los estudiantes durante los momentos más álgidos de la pandemia del Covid-19, fueron la norma. No importa; dice Larreta, asume que la realidad es difícil pero hay que ir a las aulas. Todos juntos. Sabe que las condiciones no están dadas, pero arriesga, el problema que arriesga con la vida de los otros. Así como es fácil hacer negocios con el dinero del Estado. Nada de cuidados. Nada de derechos. No es lógico ni coherente pero dice lo que muchos a los que no les importa nada desean escuchar.

Es muy importante señalar que los conductores del partido gobernante en la ciudad en consonancia con las derechas mundiales son férreos militantes antivacunas. De hecho; Avelina Carrió formuló una denuncia por «envenenamiento» a los más altos funcionarios de la Salud Pública Nacional por la vacuna Sputnik V, por más psicótica la acusación, como acostumbra la chaqueña blonda bronceada pro-dictadura, estamos hablando de la dirigente más encumbrada del espacio político de Larreta quien le facilitó el camino en su avanzada nacional, que conserva en su reservorio capitalino su única esperanza.

De hecho, la Ciudad de Buenos Aires, no posee aún ningún plan de vacunación público hasta la fecha ni hacia los docentes ni hacia ningún sujeto viviente que puebla sus bares y pubs de sexagenarios sin conciencia de riesgo pero presos de la «infectadura».

De hecho, al realizarse semejante anuncio, algunos titulaban «Regreso a clases» a lo que los docentes respondemos «No regresamos porque nunca nos fuimos»; ni siquiera se mencionó en el anuncio del distrito porteño el esquema de vacunación como un aliciente asociado a la presencialidad, que se declama como una definición conveniente de marketing político, aunque no haya ni un atisbo de racionalidad dadas las circunstancias. No olvidemos que la incertidumbre es el parangón del que hace gala el macrismo. Entonces, no hay plan de vacunación en ciernes, ni confianza en él. Qué seguridad de cuidados puede otorgar una administración que descree de la ciencia y que opta por el negacionismo: Un diagnóstico complicado, por el nivel de desidia y de despreocupación por miles de ciudadanas y ciudadanos de la ciudad, si entendemos las características del fenómeno y su propagación.

Por cierto, si no habláramos de la salud y de la vida, debería causar gracia la desfachatez de este político displicente y negligente que no ofrece garantías a la ciudadanía para enviar a sus hijos a la escuela en un momento tan delicado de la pandemia.

Le recordamos a Larreta que le faltan 25.000 vacantes para cumplir con la constitución de la ciudad, y no dejar afuera de la educación a miles de sujetos en formación a los que priva de esa posibilidad todos los años, es decir que debe construir escuelas. Que las 52 escuelas que promocionó en publicidades millonarias son falacias comprobadas. Que la elección de la escuela pública es para toda la ciudadanía sin excepciones como reflejo de una ciudadanía democrática y plural. Que no nos olvidamos de su decisión de cerrar las escuelas nocturnas.

Sabemos acerca de su escaso interés sobre la escuela pública, derivado de él, la alarma mayor en una comunidad docente que desea regresar a las aulas como protagonistas del hecho educativo del que nunca se ausentó,con derechos, cuidados, seguridad, infraestructura e higiene que su gestión; sin dudas, no garantiza ni para los trabajadores ni para los estudiantes y sus familias.

No olvidemos que mientras se muestra preocupado pero sin tomar medidas de garantías mínimas para que nuestros chicos regresen a las aulas, las mismísimas que materialmente dejamos en marzo sin la infraestructura adecuada que nunca se modificó a los efectos de un virus que requiere de adecuaciones e inversión; reincide en la misma conducta: desfinancia, desinvierte y subejecuta presupuesto destinado a la educación pública queriendo convencer a un electorado incauto de que todo está preparado cuando no lo está. La simplificación de las cosas es evidente, pero la realidad es compleja y las vidas de las personas son valiosas. Que el oportunismo del agobio social con sede en el marketing despiadado, no impida visualizar los riesgos de un regreso al aula física no planificado e improvisado. La educación nunca fue prioridad para Larreta. Que su mirada superficial y desaprensiva y su falta de interés por la cosa pública, no nos precipite a una desgracia de la que no tengamos retorno, ya que educar es también cuidar a los otros.

*Psicoanalista y docente.