Acordate de ella

Por Jorge Giles*

Cuando marches contra el gobierno nacional que tan sólo te pide cuidarnos entre todos y todas, cuando estés a sabiendas contagiando y contagiándote, cuando estés trotando indolente y despreocupado frente a la puerta de un Hospital (total tenés permiso del jefe de la ciudad), cuando poses violento ante las cámaras de televisión en nombre de una libertad que no te merece ni te mereces, cuando te cagues en todo y en todos y en todas los que cumplen solidariamente con cuidar al prójimo en esta pandemia, acordate de esta muchacha bella, llena de alegría y pasión por ejercer su profesión de Médica y acordate de ella porque te estará mirando desde algún lugar del universo para decirte que ella también quería vivir y quería crecer con su pequeño hijo y quería disfrutar de la vida junto a su familia y sus compañeros y sus compañeras del Hospital público donde trabajaba y que se llamaba María Laura Estanga y que se murió de Covid-19, contagiada en el lugar donde hacía su guardia hospitalaria.

Se murió María Laura y se murió el enfermero José Aguirre, ambos del Hospital Rivadavia en CABA y se murió Martín Arjona enfermero del Hospital Posadas en el AMBA y del Hospital Italiano de CABA y se murió el enfermero Grover Licona y el enfermero Julio Gutiérrez del Hospital Durand, de CABA y se murió el enfermero Armando Lastra del Hospital de Lanús y se murió la enfermera Silvia Chiappa del Hospital Eva Perón de San Martín y se murió el Jefe de Enfermería del Hospital Evita de Lanús y se murió el doctor Miguel Duré, Jefe de Terapia Intensiva del Hospital Perrando, de Resistencia Chaco y la lista sigue. Y no son números, sino miles de historias de vida que se enferman y mueren todos los días por el maldito virus y tu maldito egoísmo alentado por los canallas de los medios masivos que te pican el cerebro y te herrumbran el corazón.

Bestias! Están bailando sobre esas muertes y eso no tiene olvido ni perdón.

Ojalá te acuerdes de esta cara y de todas las caras de los muertos por Covid-19 cuando marches con tu miserable individualismo y te sigas acordando como una maldición cuando vuelvas a tu casa, cuando vayas a dormir, cuando te mires en el espejo, cuando mires a tus conocidos y conocidas. Y andá sabiendo que esos nombres y esos rostros te perseguirán de ahora en más a vos y a los funcionarios que hoy celebran la meseta de la muerte como si fuera un triunfo.

A nuestros héroes y heroínas de la Salud, nuestro abrazo emocionado de gratitud eterna.

A los miserables, los desprecio profundamente, con todo el amor a la vida que aún me queda en el morral.

* Escritor periodista, analista político, su último libro es «Mocasines, una memoria peronista»

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