Adios al compañero

Conocí de su vida militante solamente de oídas. Ejemplo de tantas y tantos anónimos que dedicaron su vida a revolucionar el mundo. Vaya al compañero el abrazo fraterno que nunca le dí.
Tambero

Por Jorge Pedro Zabalza (Uruguay)

Hoy se esparcieron las cenizas de Daniel Astapenco » Pedrito» en Santa Lucía del Este (foto).

Un grupo de compañeros escribió: Daniel Astapenco «Pedrito». Internacionalista.

Pudo haber sido uno de los tantos desaparecidos por la dictadura, pudo haber sido uno de los fusilados de Soca, uno de los asesinados por la dictadura chilena ó uno de los combatientes caídos en la lucha por derrocar la tiranía somocista en 1979.

Pero sobrevivió y murió ahora, el pasado 5 de julio.

Fue de los que nunca se habla. Pero hizo. Por eso es necesario escribir estas líneas. Quizás algún joven que ande buscando rumbos para cambiar el mundo, encuentre algunos rasgos inspiradores en su singular e intransferible aventura vital.


Daniel Astapenco

En mayo de 1973, cuando tenía 18 años es requerida su captura por el ejército como integrante del MLN y pasa a continuar la lucha en la clandestinidad, pero poco después la dirección del Movimiento le ordena salir del país. La organización estaba muy golpeada y no tenía infraestructura para soportar muchos militantes clandestinos. Contra su voluntad, viaja a Argentina y luego a Chile, junto a su compañera Elena, también requerida.

Llegaron a Chile a finales de junio de 1973 cuando ya se avizoraba el golpe de estado contra el gobierno de la Unidad Popular. ( ya habia ocurrido el golpe en Uruguay) La salida del país que le habían prometido sería transitoria para prepararse y volver a la lucha contra la dictadura se alargaba angustiosamente.

Esperando órdenes trabajó como obrero en Santiago. El ambiente político era tenso y se suponía que en caso de golpe de estado se incorporaría a luchar con las organizaciones populares para defender la democracia. Llegó el 11 de setiembre y no llegaron las prometidas armas, solo una visita de algunos dirigentes quienes los exhortaron a morir con dignidad.

Nunca pensó en la posibilidad de asilarse, aunque su compañera estaba ya embarazada. Se incorporaron a las redes de la resistencia en la población de Barrancas en la periferia de Santiago. Allí sobrevivió de milagro a las razias durante el toque de queda, a la frenética búsqueda de extranjeros por parte de los militares golpistas, que si podían, fusilaban en el acto. A solicitud de las propias organizaciones populares chilenas, muy golpeadas, aceptó pedir refugio a Naciones Unidas para no comprometer la vida de quienes les daban cobijo.

Así esta pareja de jóvenes estudiantes llega a la Cuba solidaria. «Pedrito» abraza a ese pueblo y forja una lealtad con sus trabajadores que marcaría el resto de su vida. Allí crían a sus hijos, trabaja en la construcción, es obrero artesano de una fábrica de instrumentos musicales, estudiante brillante de Medicina y de Ciencias Políticas.

En Nicaragua el FSLN luchaba contra la tiranía de Somoza. Junto a otros uruguayos residentes en Cuba envía una carta a los revolucionarios nicaragüenses ofreciéndose para luchar voluntariamente junto a su pueblo. Pudo cumplir con ese anhelo, y llegó para ofrecer su vida en los combates en el Frente Sur. Fué un destacado combatiente, querido por sus compañeros por su valor y por su solidaridad. Se destacó como artillero con su cañon de 75 mm y en innumerables ocasiones estuvo bajo la mira de los aviones y los francotiradores somocistas.

Pudo festejar la victoria popular del 19 de julio de 1979, cuando aquella gesta alentaba también la lucha en Uruguay y en toda América Latina.

En otras etapas de su vida, ya en Uruguay, fue obrero gráfico, poeta, artesano, pintor, chofer.

Sus convicciones lo llevaron en cierta etapa a no integrar formalmente ninguna organización revolucionaria. Nunca abandonó su vocación internacionalista. Donde había una causa justa de un pueblo hermano, donde había un revolucionario enfrentando situaciones difíciles, allí sentía que debía estar. Procuró ayudar a todo el que pudo y en forma destacada a la resistencia chilena.

Cuando en 1999 el pueblo uruguayo luchaba por una sociedad más justa, junto a su pareja y a otro compañero, Hernán Castro, fundaron un semanario para colaborar con la lucha popular.

Nunca firmó un artículo, nunca publicó su foto, nunca entendió la militancia como un mérito. Era su oxígeno, la necesitaba para sentirse humano. Acciones que otros calificarían de audaces para él eran solamente lo que exigía la propia dignidad.

Intransigente con la cobardía, con la delación a los compañeros de lucha, con el acomodamiento y con la flaqueza ante ofensivas de las oligarquías y el imperialismo.

Lector insaciable, pensador profundo y poseedor de una habilidad manual destacada.

Un día escribió:

Amamos tanto la vida!!!
pero no estamos dispuestos
a vivirla a cualquier precio
Odiamos tanto la muerte!!!
pero no estamos dispuestos
a evitarla
a cualquier precio
Porque existen cosas
que amamos más que la vida
porque existen cosas
que odiamos más que la muerte

Era un radical. Nada que no fuera de raíz lo colmaba. Su horizonte de un mundo solidario no necesitaba expresarlo en sus diálogos, se manifestaba en cada pequeño detalle de su cotidianeidad, en su persistente rechazo a toda trampa adormecedora del entorno.

Todos los que lo conocimos bien, extrañaremos por siempre sus acciones y sus (pocas) palabras.

Julio 15, 2020
zurdatupa@gmail.com

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