Afganistán, uno de los peores lugares del planeta para ser niño

El jefe de Operaciones y Emergencias de Unicef en Afganistán tacha la situación de «tragedia»: las víctimas infantiles durante el primer semestre de 2021 ya constituyen la cifra más alta de menores de edad muertos y mutilados desde que existen los registros

Mohammad Dawood, de cinco años, y su hermano Sayed Ahmad, de dos, han sido trasladados del distrito de Maiwand al campo de desplazados internos de Haji, en Afganistán, debido al conficto con los talibanes. Naqeebullah Isahaq / © UNICEF/UN0498793/UNICEF Afgha

Por Mustapha Ben Messaoud*

Durante las últimas semanas he visitado Kandahar, Herat y ahora Kabul. Eso me ha permitido ver de primera mano el impacto directo de los combates en los niños y las niñas, desde los que han resultado heridos hasta los que padecen desnutrición grave. Es realmente difícil describir lo que siento al encontrarme con estos pequeños, algunos de los cuales ni siquiera han cumplido 10 meses de vida.

Durante esas visitas, he tenido la oportunidad de conocer a muchas madres que en las últimas semanas han traído a sus bebés a nuestros centros de salud en el campamento de desplazados de Haji, en Kandahar. O a Mohibullah, de 11 años, que tuvo que huir de su hogar en esta ciudad por la violencia cuando estaba en cuarto curso y todavía no ha podido regresar a la escuela. A Gul Ahmad, de 30 años, que ha tenido que abandonar su lugar de origen en Lashkargah con sus dos hijos y ahora no sabe si podrá volver a casa. O a Rafiullah, de 10 años, que dormía una noche cuando un trozo de proyectil entró en su casa e incendió la cama en la que descansaba. Sufre terribles quemaduras.

La mayoría de estas personas han dejado lo poco que tenían en casas que han quedado destruidas por los combates. Muchos han perdido seres queridos. Ahora, en los campamentos para desplazados, deben adaptarse a un nuevo entorno y a nuevas circunstancias, como hacer cola para conseguir agua o despertarse sin saber qué comerán ese día. El caso de las niñas es más delicado, porque algunas de ellas han escuchado hablar a sus madres y tías sobre cómo eran las cosas antes y ahora se preguntan qué pasará con ellas.

Cada día que pasa, el conflicto activo en Afganistán se cobra un precio más alto en la vida de sus mujeres y sus niños. Las cifras hablan por sí mismas: desde que comenzó este año, han sido asesinados más de 550 menores de edad y 1.400 han resultado heridos. Es una tragedia: las víctimas infantiles durante el primer semestre de este año ya constituyen la cifra más alta de muertos y mutilados desde que existen los registros de la ONU.
Rahima, su madre y su hermana menor abandonaron su ciudad natal, Lashkargah, debido al conflicto y ahora están en el campo de desplazados internos de Kandahar Haji.

Rahima, su madre y su hermana menor abandonaron su ciudad natal, Lashkargah, debido al conflicto y ahora están en el campo de desplazados internos de Kandahar Haji. Naqeebullah Isahaq / © UNICEF/UN0498788/UNICEF Afgha

La mitad de la población, más de 18 millones de personas, entre ellas casi 10 millones de niños, necesita ayuda humanitaria. Para llegar a ellos necesitamos tener la garantía de un acceso seguro.

Mientras escribo esto, no puedo dejar de pensar en las previsiones que hacemos desde Unicef: si no actuamos inmediatamente, este mismo año un millón de menores de cinco años afganos llegarán a estar gravemente desnutridos. El país sufre hoy una sequía que afecta a casi el 85% del territorio y las cosechas estimadas para este año son extremadamente pobres.

También estamos muy preocupados por el incremento de las violaciones graves de los derechos de la infancia, por ejemplo, mediante el reclutamiento por parte de grupos armados. Por eso urgimos a los talibanes y al resto de actores en el conflicto a que cumplan con las obligaciones que establece el Derecho Internacional Humanitario, protegiendo la vida y los derechos de todos.

Necesitamos acceso inmediato, seguro y sin trabas a las zonas más difícil de alcanzar para llevar la ayuda humanitaria que tanto se necesita a la población afgana, especialmente a aquellas personas que están pagando el precio más alto: las mujeres y los niños.
Mustapha Ben Messaoud, jefe de Operaciones y Emergencias de Unicef en Afganistán, visita el campamento de Haji para hablar con las personas desplazadas que han abandonado sus hogares debido a la guerra.

Mustapha Ben Messaoud, jefe de Operaciones y Emergencias de Unicef en Afganistán, visita el campamento de Haji para hablar con las personas desplazadas que han abandonado sus hogares debido a la guerra.© UNICEF/UN0498796/UNICEF Afgha / © UNICEF/UN0498796/UNICEF Afgha

En estos días, nos preguntan con frecuencia si vamos a seguir aquí a pesar de esta situación crítica. La respuesta es SÍ. No tenemos intención de marcharnos. Llevamos 65 años trabajando en este país, estamos presentes en todas sus regiones. Tenemos 11 oficinas y un abanico de aliados que nos ayudan a llevar los suministros esenciales a quienes más lo necesitan. Si los combates se intensifican hasta el punto de poner en peligro a nuestros equipos, es posible que, temporalmente, sean reubicados, pero eso no les impedirá brindar apoyo vital a través de su red de socios. Con medio millón de desplazados internos y más de 18 millones de personas que necesitan ayuda humanitaria, la mitad de los cuales son niños, las necesidades son enormes y queremos que las mujeres y sus pequeños sepan que aquí estamos para ayudarles.

*Mustapha Ben Messaoud es jefe de Operaciones y Emergencias de Unicef en Afganistán

El País

Un comentario

  • manuel dice:

    unicef para quien trabaja, sin agua, ni comida, «queremos que las mujeres y sus pequeños sepan que aquí estamos para ayudarles.», con nuestra «red de socios».

Deja una respuesta

Por favor solo español / please only spanish

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *