Al ritmo de «Sí se puede»

Por Mónica Peralta Ramos

Imagen: Daniel Santoro, el 16 de junio de 1955

«¡Que los cielos se abran para la Argentina y podamos ver la gloria!» Estas eléctricas palabras de un pastor insuflaron el puro oxigeno celeste de las masas evangélicas a un Macri intensamente rabioso que ha hecho del «ellos o nosotros» el lema de su épica electoral (infobae.com 23 10 2019).

Esta semana su fervor religiosamente anti populista se desparramó por todo el país invocando al cielo y al infierno para llegar al balotaje. Apelando a la fe de «lo peor ya pasó» e infundiendo el miedo a un enemigo endemoniado, alentó a los sectores medios de la población a «no quedar callados mientras nos roban el futuro», a «no dar cabida a los que ocuparon el Estado y fueron hasta por nuestra libertad», a los que hay que decirles: «¡Hasta acá llegaron!» «no queremos que nos pasen por arriba una y otra vez» (lpo.com 19 10 2019; ámbito.com 23 10 2019; pagina12.com 23 10 2019).

Su campaña culmina como empezó: sustituyendo toda mención a la realidad inmediata, consecuencia de cuatro años de políticas macristas, por la incitación al miedo «a los de abajo» que reclaman inclusión social, a «esos otros», esos «demonios» de un pasado que pretende volver. En esta saga el Presidente no ha desperdiciado recursos: desde los globos con la figura de una CFK presidiaria y las promesas a futuro de lo que nunca hizo durante cuatro años de gobierno, a las maniobras turbias con la compra de votos y la apelación a «fiscalizar masivamente» para evitar un posible fraude de una oposición que carece de todo acceso a los resortes del Estado. Esta fiscalización será, en cambio, un engranaje mas de un sistema de control oficial sobre el manejo y la transmisión de datos cuya idoneidad y transparencia ha sido denunciada judicialmente por todos los sectores políticos.

Así, mientras a nuestra vera Chile estalla en un levantamiento popular contra tres décadas de brutal exclusión social y Bolivia es acosada por una maniobra interna y externa para sabotear la reelección de Evo Morales, en nuestro país Macri fomenta el odio y se apresta a utilizar cualquier recurso para impedir el retorno del peronismo al gobierno. Poco a poco, América del Sur vibra al compás de antagonismos que tienen profundas raíces en la geopolítica del presente. En estas turbulencias, el FMI y sus recetas económicas ocupan un rol cada vez más central. Sus tecnicismos se esfuman en la polvareda de los conflictos que levantan y sus políticas aparecen a la luz del día como la punta de lanza de la ofensiva del capital monopólico global sobre las economías y los recursos de la región (mintpressnews.com 7 2 2019).

El antiperonismo violento no es algo nuevo en la Argentina. Sin embargo, ahora ha cobrado nuevas formas e intensidad. Desde el derrocamiento de Perón en 1955, el país ha sido asolado por la violencia institucional para impedir políticas de inclusión social. En la primera fase, los golpes militares y la sistemática proscripción política del peronismo culminaron con la peor aberración de nuestra historia: el Terrorismo de Estado. Desde el retorno a la democracia en 1983, los golpes de mercado sustituyeron a los golpes militares para poner fin a todo intento de redistribución de ingresos. Desatados por corridas cambiarias e hiperinflación, estos golpes abrieron las puertas a los «planes de estabilización» que, con variantes, persiguieron siempre el mismo objetivo: disciplinar a la sociedad e imponer la primacía política de los que son menos y tienen más. Durante todo este tiempo y hasta diciembre del 2015, estos últimos fueron incapaces de acceder al gobierno a través de elecciones. A pesar de ello, cerca de un tercio de la población pudo expresar oportunamente su antiperonismo en las urnas.

Así, desde 1955 una guerra social ha socavado la estabilidad de nuestras instituciones políticas. No por casualidad, desde ese entonces se inicia la relación de la Argentina con el FMI, una relación que, con idas y vueltas, fue adquiriendo creciente influencia sobre la economía del país. A partir del retorno a la democracia en 1983, esta guerra social, lejos de desaparecer, se ha intensificado plasmándose en tres fenómenos intrínsecamente relacionados y aparentemente alejados de la política: el endeudamiento externo, la fuga de capitales y la pobreza estructural. Esta ha sido la herencia de una matriz productiva que, si bien viene de lejos, fue profundizándose con los sucesivos planes de estabilización.

En este contexto, Macri accedió al gobierno en diciembre de 2015 articulando una alianza política cuyo núcleo duro estuvo constituido por los sectores económicamente más poderosos del país. Así, por primera vez en la historia contemporánea los pocos que mucho tienen lograron acceder legítimamente al control del Estado a través del voto popular. Esta proeza parió otras, no menos importantes: luego de cuatro años de gobierno, Macri ha destruido al Estado de Derecho como ningún otro gobierno en democracia, dejó un campo económico y social minado por la dolarización, inminente default, corrida cambiaria e hiperinflación. Más aun, ha hecho posible una inserción del FMI en la política y la economía del país como nunca antes en nuestra historia. El plan de ajuste de esta institución ha logrado imponer una recesión profunda con dolarización creciente, circunstancia que conduce directamente al endeudamiento ilimitado, con su secuela de pérdida de soberanía y de recursos de toda índole.

El legado de Macri, sin embargo, va mas allá de esta aberración e incluye un elemento explosivo y altamente desestabilizador: la movilización activa de ese tercio de población históricamente antiperonista tras un proyecto de exclusión total de «los de abajo», Convencidos de que sus derechos y privilegios se ven amenazados por los piqueteros/choriplaneros, por «esa gente» que «no trabaja desde siempre», se dedica a la droga y vive en villas que «habría que dinamitar,» sectores de ingresos medios y altos de la sociedad son ahora antiperonistas rabiosos y activos, y solo ven como salida posible la destrucción total del enemigo. Este es el caos que deja Macri.

Los peligros de la transición

En los últimos dos meses los bancos perdieron el 40% de los depósitos en dólares. Al mismo tiempo, el BCRA perdió el 30% de sus reservas y el valor en dólares de las empresas que cotizan en la bolsa cayo un 50%. Todo esto no es casual: Macri alentó la corrida cambiaria ocurrida al día siguiente de las PASO para que la gente «aprenda a votar». Ante una disparada incontrolada del dólar, tuvo que recurrir al control de cambios para evitar que la crisis estallase durante su gobierno. Tal como fue diseñado, este control de cambios buscó una dolarización de carteras gradual y creciente al mismo tiempo que se evaporaban las reservas para contenerla. Esto fue una operación de pinzas para embretar al nuevo gobierno dejándole un BCRA sin reservas en una economía altamente dolarizada. Esto último ha sido uno de los principales objetivos del plan de ajuste del FMI. Al decir de Gustavo Cañonero, vicepresidente del BCRA: con el ajuste y la política monetaria del gobierno macrista, «la dolarización ha llegado para quedarse» (elcohetealaluna, 30 1 2019).

Al permitir la compra de hasta 10.000 dólares por mes y por persona, el BCRA alentó a los que antes compraban dólares a comprar más y, a los que no compraban, a comprar para vender en el mercado paralelo y hacer ganancias con las diferencias en los tipos de cambio. En septiembre la cantidad de individuos que compró divisas fue un 30% mayor que en agosto y el monto comprado fue un 50% superior. Así, hubo un récord de 1.690.000 personas que compraron moneda extranjera por un total de 2.891 millones de dólares. El mes anterior se habían comprado divisas por un valor de 1.873 millones de dólares (pagina12.com, 23 10 2019).

Por otra parte, en septiembre, primer mes de vigencia del cepo, la fuga de capitales fue de 3.013 millones de dólares. Ese mismo mes, y como consecuencia del fuerte ajuste y recesión, el superávit comercial fue de 1.700 millones de dólares. Esta relación entre fuga y superávit comercial ilumina por un momento la situación insostenible que el país vive: no genera las divisas que necesita para cubrir lo que los sectores de mayores ingresos fugan al exterior y esto ocurre en el primer mes de vigencia del control de cambios.

Si a estos dólares fugados se les suma los que se fueron en concepto de turismo, intereses de la deuda y vencimientos de capital, se llega a un faltante de divisas de 5.237 millones de dólares, similar al total de la caída de reservas. Es decir, las reservas se esfuman rápidamente para cubrir los vencimientos e intereses de la deuda, fenómeno que condensa el estado de insolvencia del país.

El futuro gobierno asumirá en diciembre en condiciones caóticas: hacia fin de año deberá enfrentar necesidades de financiamiento del Tesoro por valor de 300.000 millones de pesos, algo así como el 26% de la base monetaria. Si emite pesos, echará leña al fuego a una inflación que ya está desmadrada. También tendrá que enfrentar necesidades por 5.400 millones de dólares sin contar con las reservas necesarias para ello.

En efecto, la corrida cambiaria ya comenzó. Después de trece alzas consecutivas del tipo de cambio contenidas con venta de reservas, el dólar oficial rompió las barreras de contención el jueves y trepaba el viernes a $65. A su vez, el dólar blue cerró ese día a $70 y el contado con liqui o dólar fuga superó los $80. El jueves el BCRA perdió 883 millones de dólares de sus reservas liquidas, y hasta ese día se fugaron 2.187 millones de dólares (pagina12.com 24 10 2019).

En un principio la corrida fue apurada por la salida de grandes fondos de inversión a través del contado con liqui. Estos habrían rematado sus posiciones en títulos públicos en pesos, aceptando fuertes perdidas con tal de irse lo antes posible del mercado argentino. A esto se sumó la creciente fuga de los depósitos en dólares de los bancos, un fenómeno cada vez más preocupante en tanto torna a la corrida cambiaria en una corrida bancaria. Por otra parte, en los últimos días de la semana cundió el pánico en el chiquitaje que salió masivamente a comprar dólares para protegerse de una futura devaluación.

Los bancos, principales beneficiarios de la política macrista, olfatean la tormenta que se viene. Preocupados por el futuro de las LELIQs, dejan de renovarlas y colocan parte de esos recursos en Pases a 24 horas, buscando un mayor margen de maniobra ante un cambio de regulación por parte del BCRA. Al día jueves y ante rumores sobre un posible plan Bonex, dejaron de renovar 217.000 millones de pesos. La semana pasada, la preocupación llevó a los bancos extranjeros nucleados en ABA a aumentar (conjuntamente con IDEA y el Foro de Convergencia) las presiones sobre el candidato del Frente para Todos (FdT), para que en el futuro mantenga a los funcionarios que hoy conducen el BCRA, AFIP, ANSES y la Unidad de Información Financiera. En un documento que esta circulando, los banqueros dejaron en claro que defienden las LELIQs porque resguardan los fondos de los ahorristas y «permiten dar rentabilidad al sistema» (perfil.com 17 10 2019). Esta posición de ABA ha sido cuestionada por la Mesa de Unidad Nacional Pyme, entidad que agrupa a cámaras agrupaciones y fundaciones de pequeñas y medianas empresas. Esta entidad critica la incidencia de ABA en las políticas de Macri, sus enormes ganancias con las LELIQs y exigen crédito a tasas razonables para impulsar la producción (pagina12.com 25 10 2019).

En este escenario, es difícil pensar que los bancos nucleados en ABA no darán una batalla frontal contra cualquier intento de cambio o limitación de políticas que reproducen el endeudamiento ilimitado.

Capitalismo global monopólico

El endeudamiento ilimitado, es decir: el proceso de contraer deuda nueva para enfrentar deuda vieja, es la expresión moderna de la usura, fenómeno execrado desde tiempos inmemoriales en diferentes países, culturas y religiones porque conduce inexorablemente a la desintegración social. Hoy la usura ha sido naturalizada y se reproduce tanto en el centro como en la periferia de un mundo dominado por un capitalismo global monopólico.

En los Estados Unidos, centro de este sistema de organización social, la brecha entre el crecimiento de la deuda y el de la producción es cada vez más grande. Hoy este país necesita 3,05 dólares para producir 1 dólar de crecimiento económico real. Este endeudamiento impregna a toda la sociedad creando a su paso una desigualdad creciente y atrapando especialmente a los sectores más vulnerables de la población. Así, la desigualdad y el empobrecimiento asuela a la población norteamericana: mientras 27.750 dólares anuales indican el nivel de pobreza para una familia de cuatro miembros, 33% de la población tiene ingresos por debajo de ese nivel y 46% perciben menos de 33.000 dólares anuales (ssa.gov 2018/2019). Esto explica las dificultades crecientes de los consumidores para enfrentar una emergencia o cubrir los gastos mensuales: 78% de la población empleada no puede ahorrar nada al final del mes (cnbc.com 10.1 2019) y 44% no llega a cubrir sus gastos mensuales (bloomberg.com 8 10 2019). De ahí el crecimiento explosivo de las deudas con tarjeta de crédito, el mayor desde 2001 a pesar de que estas tasas de interés son las más altas de los últimos 18 años, y muy superiores a las de los bancos (zerohedge.com 9 9 2019). El empobrecimiento de la población también explica el aumento creciente de las deudas por consumo (auto, estudios) y su perfil catastrófico (zerohedge.com 27 8 2019, 6 5 2019).

El endeudamiento ilimitado de los países y de sus sectores sociales con menores ingresos se replica en las economías emergentes. Nuestro país es un ejemplo más de este fenómeno. Las políticas de Macri y el plan de Ajuste del FMI han colocado a la Argentina en el camino del endeudamiento sin limites y atraparon a los sectores mas vulnerables de la población: 98% de los beneficiarios de AUH y la mayoría de los jubilados y pensionados están endeudados con la ANSES en estos términos. A esto se suma el fuerte endeudamiento de las fuerzas federales: el 80% de sus efectivos sufren descuentos compulsivos de sus haberes mensuales por endeudamiento creciente para saldar viejas deudas. Por otra parte, una encuesta reciente muestra que los ingresos de 4 de cada 10 personas no alcanzan para llegar a fin de mes. En estas circunstancias, un 71% recurre al crédito o a un préstamo. El 64% de los que se endeudan lo hacen para enfrentar gastos corrientes. Del total endeudado: un tercio recurrió a los bancos, un 20% a financieras o prestamistas informales, un 14% a la ANSES y el resto a familiares y amigos (cronista.com 20, 10 2019).

Tenemos por delante meses de mucho conflicto. El FMI esta agazapado en las sombras, esperando el resultado electoral para apretar las clavijas y continuar implantando políticas de ajuste que consoliden el endeudamiento ilimitado. A pesar de las nuevas medidas que endurezcan el control de cambios a partir de la semana que viene, la crisis puede explotar antes y obligar a una salida no planeada. Esto va a agudizar los reclamos de todos los sectores y su resistencia a conceder demandas. En estas circunstancias, si el FdT se impone el domingo, como todo parece indicar, tendrá que convertir rápidamente la acumulación de votos en fuerza movilizada y organizada, desde abajo y hacia arriba, para hacer valer su proyecto de inclusión social ante los obstáculos que tendrá que enfrentar de inmediato.

El Cohete a la Luna

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