Alberto, modelo para odiar

Por Marcos Mayer

Ilustración: Sermón de las máscaras, Eugenio Lucas Velázquez, 1855, Museo del Prado

Pronostican un futuro dominado por Cristina y a Alberto Fernández como un títere o como un cómplice. A partir de allí, los medios hegemónicos, a pura hipótesis, dibujan un país a medida de la grieta. Es su manera de construirse como poder.

En los medios que batallan contra el Frente de Todos hay básicamente tres líneas argumentales, que a veces se entrecruzan y cuyos formuladores pueden pasar fácilmente de una a otra sin que sus enunciadores se hagan mayores cuestionamientos.

– Alberto Fernández tiene buenas intenciones, pero va a sucumbir a las presiones y maniobras de Cristina y de la Cámpora que lo van a usar de escudo para apoderarse del poder y así cumplir con sus oscuros designios. (Morales Solá y Laura Di Marco son los grandes bastoneros de esta posición).

– En realidad, Alberto la juega de componedor y comprensivo, pero sigue siendo un k y va a ir de manera inevitable contra la república y la justicia para así dejar impunes a los corruptos. Para demostrarlo, usan como prueba las declaraciones de Fernández en defensa de Cristina y contra las prisiones preventivas. Por eso machacan, como hacen Clarín y Majul de manera incansable, sobre los reacomodamientos (hasta ahora no concretados, por lo tanto pura hipótesis) en Comodoro Py.

– Son todos peronistas y ya sabemos lo que hacen los peronistas cuando llegan al poder. Se llevan todo por delante. Está en su naturaleza y eso excede las improbables buenas intenciones de algunos, porque el peronismo no es una posición política e ideológica, sino una categoría moral y un estado deplorable de la inteligencia. Esta línea tiene una corriente más elegante (Fernández Díaz y su tocayo Jorge Sigal) y otra más combativa y barrabrava, encabezada por Baby Etchecopar y que tiene sus avatares mediáticos en Fernando Iglesias y Marcelo Birmajer.

Bonus track: Un grupo aparte lo integra Jorge Lanata a quien su ego le dicta que son todos desastrosos pero los peronistas son todavía peores.

Todas estas posiciones no se basan en hechos concretos. No hay nadie que sepa a ciencia cierta ni hay documento ni dato alguno que corrobore si se cumplirán algunas de las alternativas imaginadas. Entonces todo se reduce a preguntas a contestar por sí o por no. ¿Cristina seguirá siendo la misma? Sí, claro ¿Podrá Alberto con las ambiciones de Cristina? No, no va a poder ni de casualidad. Así, por este simple trámite, el paisaje del futuro ha quedado definitivamente trazado y prescinde de cualquier forma de análisis. Por ejemplo, pasa completamente por alto el hecho de que CFK viene cumpliendo un rol muy secundario en la campaña. Tratar de dilucidar los motivos e integrar esto a un análisis implica salir de las respuestas binarias. ¿Es parte de una estrategia deliberada? ¿De ser así qué se está buscando? ¿Ese lugar secundario anticipa lo que ha de suceder cuando el Frente de Todos llegue al poder? Borges decía que las hipótesis no tienen por qué ser verdaderas pero sí tienen la obligación de ser interesantes. Este tablero donde todo el mundo ha de actuar de acuerdo a un libreto prefijado nada tiene de interesante.

En estos días los medios aburren, insisten una y otra vez sobre lo mismo, no incorporan nada nuevo a sus planteos. En muchos casos han pasado de ser proveedores de contenidos (o sea información, aunque sea amañada o falsa, lo importante es que se presente como tal) a convertirse en proveedores de argumentos para gente que por protocolo comparte esos argumentos. Ningún votante del Frente de Todos va a cambiar de opinión leyendo La Nación, ningún cambiemita dejará atrás sus convicciones por mirar C5N. Lo cual no deja de tener su lógica, pero en un verdadero ida y vuelta los argumentos se interrogan y se fortalecen. De una discusión, de un intercambio, no se sale distinto, se sale más sólido. Pero eso implicaría igualar las posiciones entre productores y consumidores de medios. Algo que es una bestia negra para conductores y escribas. Por eso, los programas televisivos tienen todos un editorial, que es un púlpito desde donde se preconiza cómo será el mundo que nos espera y que no se presta a la discusión.

Por eso, las columnas de opinión que solían ser un espacio de acompañamiento de las notas informativas, ahora ocupan las tapas de los diarios. Es más, como lectores lo habitual es que vayamos primero a ellas en nuestro recorrido por el medio. Por eso, un tuit (casi siempre una opinión) es noticia. Y se vuelve una línea editorial o, para decirlo de otro modo, algo que se usa como recurso. Valga como ejemplo, que al menos dos veces por semana, La Nación online publica un tuit de Eduardo Feinmann, un personaje que no es nadie. O sino se disfraza una opinión de noticia: hace unos días La Nación (que de estas malevolencias sabe y mucho) publicó una nota en la que decía que Baby Etchecopar había cruzado al arzobispo salteño que había cuestionado a Macri. Se inducía a creer que se trataba de un intercambio entre ellos. Y no. El conductor misógino lanzó una de esas cadenas de insultos y descalificaciones que son su marca de estilo, dedicada esta vez al cura.

También se toman las opiniones de los que están enfrente para fogonear las propias. Horacio González no tiene ninguna inserción partidaria, no ocupa ningún cargo oficial, no suena para ningún ministerio ni secretaría. Es decir, dijo lo que dijo a título estrictamente personal. Pero los medios lo convierten en trendig topic, llenan columnas y tratan de sumar así a la campaña electoral, planteando que el ex director de la Biblioteca Nacional, al igual que Zaffaroni, Grabois, Daddy Brieva o Mempo Giardinelli son el otro yo del doctor Fernández y la expresión sin disimulos de la que se viene y que los otros mantienen oculto para ganarse votos. Al punto que Garavano salió a cuestionar los planteos de González, mientras que Macri fue bastante más lejos. Armó un homenaje a los militares caídos.

Este estado de opinión permanente también se encuentra del otro lado de la grieta periodística, pero con un matiz diferenciador que tiene que ver con su decisión de integrar la oposición, como es el caso de la mayoría de la programación de C5N, que toma la palabra de Alberto Fernández como un análisis de situación infalible. No hay necesidad de hablar del futuro. El tema es el desastre presente en sus múltiples representaciones posibles. No se especula como sería un eventual segundo mandato de Macri.

Allí se usa la información para que confirme el diagnóstico de la situación ya establecido previamente. Lo demuestra el latiguillo de Gustavo Sylvestre: “Es lo que veníamos diciendo”. Es otra manera de machacar. Aquí también se provee de argumentos sobre bases en general menos impresionistas.

De un lado y del otro, con diferentes modulaciones hay en juego una idea de poder. Para los medios hegemónicos, ellos son el poder. De hecho, por sus programas desfilan asiduamente los principales personajes del oficialismo, y eso cuando no estaban en campaña. Los medios prestaban el poder y el macrismo fue particularmente sensible al poder mediático, con el que se mostró siempre obsequioso y hasta obsecuente. Al punto de fogonear el proceso contra Cristóbal López, que había optado por el costado opositor y podía ser un competidor peligroso. De llenarlos de pauta publicitaria y de garantizarles espacios a la segunda línea de anti-k. Un programa en la TV pública para Fanny Mandelbaum, otro para Clara Mariño, también para Andahazi. Santiago Kovadloff, que tiene menos fútbol que Marta Minujin, de columnista de un ciclo deportivo, Graciela Fernández Meijide devenida en entrevistadora de medianoche.

El otro periodismo pretende recibir su poder de afuera. Un caso evidente es el de Sobredosis de TV (que reemplazó a TVR). En el programa inicial los invitados fueron Elizabeth Vernaci y Humberto Tortonese, quienes se dedicaron a reírse de cuanta pavada sucedía en los sets televisivos y fuera de ellos. Lo que vino luego fue la muerte de la risa. ¿O alguien espera diversión en los comentarios de Daniel Arroyo o de Sergio Massa? Cuando estuvo Pinti fue tal la suma de desgracias presentadas que la alegría quedó para después de la tanda. C5N se propone una alianza con el poder del futuro. Habrá que ver cómo le va después del 10 de diciembre. ¿Volverá aquello de contra Macri estábamos mejor? Así como el periodismo oficialista ha opinado muchísimo más contra del kirchnerismo que a favor de Cambiemos, ¿servirá el mismo recurso invertido después de la asunción de Alberto? Los juegos de espejo tienen sus riesgos. Como diría Borges, reproducen al infinito. Algo que se hace más patente en un periodismo que vive mirándose al espejo.

Socompa. Periodismo de Frontera

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