|
|

Si
Vd. vive en Suecia y tiene perro, se hace acreedor a una identidad especial.
"Hundhavare", o sea "dueño de can", que le da status. Lo cual en el acto brinda
acceso a una serie interminable de variantes, según sean las normas de su
círculo social. "Perrero de mierda", es una. "Dueño de la encantadora Fifí", es
la opuesta. Porque en el país de las sombras largas hay para todo gusto. Están
los que viven a fideos, ahorrando en el propio lastre para tener al dueño de sus
corazones bien comido, bañadito y vacunado. En la vedera opuesta, abundan
quienes lo tienen hecho un asquete. Como la vecina del 5º "A", por ejemplo, que
cuando chapa el bondi hace que algunos pasajeros sufran ataques asmáticos, o
empiecen a estornudar.
-¡Adelante, que hay lugar! -dice el chófer.
-¡Guau, guau, guau! -contesta el perro de la vecina cuando le pisan el rabo en
el atropello.
Una experiencia medio fulera, que no se la deseo ni al sofaifa que inventó el
laburo, por más garca que haya sido en su vida profesional. Y si empezamos a
hacer memoria aunque sea rejuntando recuerdos a la bartola, se desentierran
situaciones con alto dramatismo, que me recuerdan unos versitos aprendidos en la
niñez.
"¡Qué dolor que siente el perro
cuando le arrancan el rabo...!
-gemía el cantor-
¡Qué dolor que siente el rabo,
cuando le arrancan el perro...!
-retrucaba la segunda voz.
Palabras que puede interpretarse de diversas formas, porque mentes enfermizas
siempre habrá, aunque dejan una enseñanza. Desde que nos bajamos de los árboles
vivimos condicionados por nuestra relación con los perros. De los gatos quizás
pudiera decirse otro tanto, pero dado su carácter introvertido, el vínculo es
diferente. En primer lugar porque, salvo alguna excepción, los gatos no ladran.
La naturaleza es sabia, ya que siendo al vesre, bien fritos estaríamos con los
conciertos nocturnos al llegar el celo primaveral. Y no hay reglas sociales
definidas que enseñen cómo socializar con ellos. La relación con los canes es
otra cosa, porque en Suecia hay normas que no se discuten, y aparecen centenares
de libros para popularizar conocimientos. Pero en este mundo hay que ser persona
práctica, y más mejor vamos al grano. Ante todo, les recuerdo que cuando sacamos
a caminar al perrito, se le debe hablar todo el tiempo, cuidándose de que
cualquier ocasional compañero de caminata, sea vecino, pariente o acreedor, no
interrumpa el diálogo. Y ni por pienso se te ocurra darles demasiada bola a los
intrusos, mientras la mascota reclama tu atención.
-Guau, guau...
-Si, querido...
-¿Qué me dice de esta nevada, don Olaf?
-¡Sosegáte, que estoy hablando con el perro, che!
Es que muchos canes son casi humanos por donde se los busque, y bastante más
gente que algunos caretas conocidos. Los ejemplos sobran, pero seré breve por
cuanto "lo bué, si bré". Y vienen a mi memoria algunos exponentes detestables de
esa versión subdesarrollada del homo sapiens. El jefe de celadores del Colegio
Nacional, por ejemplo. El coimero de Impositiva que caía todos los fines de año
en busca del aguinaldo. O el sardo que me arruinó la colimba, pidiendo
voluntarios con buena letra.
-¿Así que vos sos experto en caligrafía inglesa, che?
-¡Si, mi sargento ayudante! –respondía yo, volando en una nube de gloria, ante
la formación vespertina del regimiento.
-Entonces, agarrá cepillo y balde, y me dejás los retretes propio como espejos,
que mañana viene el coronel. ¿Manyáste bien?
-¡Si, mi sargento ayudante!
-¡Subordinación y valor! -gritaba el turrazo entonces, con la mueca más zafada
que vi en mis veinte abriles.
-¡Para defender a la Patria! -decía yo, como era norma, antes de salir rajando,
para alejarme lo más posible del loco ése.
Y sus órdenes se repetían con una constancia digna de mejor causa.
-¡Salto de rana, carrera, marr...!
Vida de perros, ¿o no? ¡Dígamén después que el víacrucis de los pobres es pura
garufa! En todo nos parecemos al buen cuadrúpedo. Y los que no me crean,
acuerdesén del refrán. "El que no llora no mama", dice. O adaptando la
nomenclatura a nuestro tema, "El que no ladra, no morfa", se podría sentenciar.
Así me dice con su mirada peluda el bueno de Palemón. Y se acuesta en el suelo,
al lado de la mesa, estudiando cada ida y vuelta del tenedor. Entonces yo
sucumbo a la tentación de romper las normas de convivencia hogareña que ha ido
imponiendo mi señora. En resumen: el loco morfa siempre, y está en un estado
físico que bien querría para mi. Porque las comparancias no me hacen bien. Harto
del laburo y sin que nadie me acaricie el lomo cuando escribo un artículo como
la gente.
-Bien hecho, Palemón -digo yo cuando mi can me trae el diario.
-¡Hay que joderse, con la porquería que se te ocurrió mandarnos hoy! –me lapida
el director.
Yo bajo la zabeca, y por suerte, viene corriendo a mi encuentro uno de los
perros simbólicos que salvan el pellejo en los momentos de apuro. Los perros de
meta y pon, un decir. O sea el perro que se mete para salvar la osamenta. Y me
voy rajando al archivo, busco un artículo de 1987 que hace veinte pirulos le
gustó al dire, cambio la fecha, y apreto "Print".
-¡Buen colaborador este Yoncito! Le oigo decir un rato más tarde al hijoputa por
la línea interna- A veces hay que apretarlo, pero con buena motivación, labura
como un campeón.
Hay, por fin, otra frase de nuestro refranero popular que merece ser estudiada
en este ensayo. Cuando decimos "¡A otro perro con ese hueso, che!" Donde perro y
hueso son palabras comodín, como decir "yo", "vos", "el coso", "el embeleco",
"el que te jedi", "ese valor", "el ídem" qué sé yo. Y bien usadas, estas
palabritas sirven para salvar el pellejo en diversas situaciones. Lo cual mal
podría perder vigencia en el mundo abstracto de las matemáticas. Por ejemplo, si
Vd. está dando exámen y debe demostrar el teorema de Pitágoras, no empiece
diciendo: "En todo triángulo rectángulo... etc.", porque se mete en campo ajeno,
y lo hacen bolsa. Elabore su dicción, lubrique la buena lunfa, y lárguela sin
vaselina, que las mejores notas se sacan cuando al profe lo toman desprevenido y
queda orsái por buena digitación. Ponga una sonrisa sobradora, y diga:
-En todo fato rectangular la suma de los cuadrados de los dos cosos, es igual al
ídem de la que te jedi.
-¡Sobresaliente!
Pero el que manejaba las donaciones pensó:
"¡A otro perro con ese hueso, che!"
O sea que con una atención hacia los dueños de la cátedra, se salva la osamenta.
Pero los canes sirven para muchas cosas más, que sólo aprobar parciales. Por
ejemplo, como sujetos de experimentos biológicos. No nos referiremos a los
mastines de Pavlov ni a la famosa perrita Laika, pionera del espacio, que son
harto conocidos. Pensemos en algo mucho más cerca de nuestra experiencia
cotidiana. La calle Cangallo, por ejemplo. Un nombre que siendo mezcla de perro
con gallina, asombra a nivel zoológico. Porque ni los mismos escultores
indígenas, que nos legaron flor de mesturas, se habían atrevido a crear tal
especie. Mas no hay que sorprenderse: Los cien barrios de Buenos Aires son pura
imaginación.
Y antes de terminar con este estudio sobre la influencia cultural de la especie
canina, justo es recordar al perro de San Roque. El santo andaba medio caú con
la juanetera que le había salido durante sus largas caminatas, y de pronto
apareció el can. Verlo y amarlo furiosamente fueron causa y efecto. Amor a
primera vista, estilo Hollywood. Así que le lamió los quesos, y nuestro héroe se
sanó. Por eso le han levantado iglesias y monumentos. Aunque la más elemental
justicia indica que si al santo le hacen un templo, al can deberían hacerle una
catedral. Suerte de perros, nada más.
Por fin, dedicaremos un último renglón a los perros de San Bernardo, especie que
sirve para llevar vino a los mamados que se caen por las montañas suizas. No
existe raza animal más afecta al hombre, pues entienden nuestras debilidades. Y
sólo les falta hablar, para acercarse al forastero diciéndole al compás del
rabo: ¡Tómese un traguito, don!
THE END
Copyright: John Argerich, 2007
All rights reserved.
johnargerich@malmo2.net
johnargerich@ya.com
La serie quincenal "El amasijo" se publica regularmente en 32 medios de 10
países
|
|
![]()
Solo10.com: Dominios - Registro de Dominios - Alojamiento Web - Hospedaje Web - Web Hosting