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Por
John Argerich
CANAS, CHINOS, Y UN GOTAN
(Donde se intentará presentar al estómago en sociedad)

"El
que nació papafrita, difícil llega a bacán", enseña la dura filosofía del
cafetín. Y una verdad tan verdadera, no se aplica solamente a la raza humana,
por la boludez que se mandó el abuelo Adán afanando fruta propio cuando lo
estaba junando el trompa. También hay pescados con yeta, que apenas salen a
tomar fresco, se los morfa un tiburón. O minusas que con el primer destape, caen
en manos de algún forajido. De esos que no solamente les afanan sus ahorros con
el verso de comprar los muebles, sino que las dejan plantadas con cinco meses de
panza, esperando que abran la puerta del Registro Civil. Con las finanzas hechas
polvo generalmente, y sin domicilio fijo adonde dejar el nene. Hasta que una
señora gorda se compadece, y llama a la Seccional.
- Vea, teniente, el Cacho dijo "te espero el martes 2 de junio a las 4 de la
tarde".
-Pero faltó un detalle, señora: Decirle de qué año. Hay que ser más precavido en
una situación así...
-Gracias por el consejo, pero uno se da cuenta cuando ya es tarde, señor
oficial...
-¿Era un morocho de veintitantos años de edad, con campera verde, dijo?
-Creo que sí, porque casi siempre nos vimos a media luz.
-Esos datos son algo pobretones, pero vamos a revolver media ciudad hasta
encontrarlo. Y cuando lo chapemos, ese garca se morfa una sentencia por estafa y
abandono de persona con cien pirulos a la sombra. Pero necesito más información
La espero en la pizzería de Riobamba y Santa Fe esta tarde cuando deje el
servicio, así seguimos conversando. ¿Cuánto queda de la herencia de su tío
italiano, dijo?
Ella dio el dato, y él la saludó militarmente, golpeando los tacos.
"¡Qué monada de oficial!" pensó Yolanda.
La piba no era mala, aunque había nacido papafrita, como se ve. Pero yo de lo
que quería hablarles hoy no era de la gente chanta, sino del estómago. Porque
como enseñan chinos y japones, "mostráme el ombligo y te dirés quién sos". Lo
cual debe ser tomado con pinzas, como el morfi de Yokohama. O sea que a título
de presentación no vas a salirle a una minusa con que te muestre la panza ni
alguna prenda íntima, como hace el tordo del hospital Hay que cuidarse para
llegar a viejo, y si le chapa la viaraza te deja un farol a la violeta.
Especialmente si está fresco, que en verano las mujeres muestran hasta los
riñones sin necesidad de formar. Pero a ese cana le intrigaba develar misterios,
y un cachito cada día, a la final, estaba urgando en la línea de flotación.
-¿De quén es esa pancita?
-Tuyita, tuyita, señor oficial...
Pero volvamos al estómago, que ya me está empezando a hinchar la pacencia tanta
demora. Para un grasa como usted y como yo, se trata tan sólo de un receptáculo
de morfi, que nos deja pipones si lo regamos con semillón. Pero como cualquier
salame lo barrunta, usted y yo, por más piola que sea el punto, no estamos
solos. Mire nomás alrededor suyo en cualquier barrio al sur del conurbano.
Además de la "gentecomouno" están los coyas, los paraguas y los chinos.
Especialmente estos últimos, que son cada día una barra más nutrida, y llegan en
aviones de carga, porque en los de pasajeros no quedan asientos hasta el año
verde. En su tierra hay como mil trescientos millones de colegas, que de tanto
amarrocar el laburo hormiga, ya están por morfarse nuestro hermoso planeta azul.
Viven haciéndose camino a codazos, y de tanto rempujar, cuando llegan al borde
del plato, se caen para la Argentina. Otra cultura, señores. Vamos a los
ejemplos entonces, que una sóla perla criolla vale más que discurso de dotor.
Con la mescolanza cultural surgen nuevas palabras de amor, que a veces quedan
fuleras acompañando un gotán. Por ejemplo, aquella frase que decía "¡te amo con
todo mi estómago, Chin-Pei!". Vd. pone cara de sobrardor, y se agarra la busarda
de la risa por lo que bate ese colifa. Pero la chingó como arpa vieja, mi amigo,
porque en otras tierras esos versos son pura lírica sentimental, y los CD se
venden como el pan caliente. Es que los chinos están cada vez más adelantados en
asuntos de medicina, y ya nadie cree que los sentimientos nobles de la persona
aniden abajo del esternón. Pruebas al canto: Andá y decile a Miss "Floristas de
don Torcuato" que andás mal del coure por sus curvas. Lo más probable es que
ella te mire con lástima, para recomendarte enseguida que vayas del cardiólogo y
te dejés de joder .
-¡Sos el sueño de mi vida hecho realidad, Yolanda! Me muero por vos, desde que
compramos el Peugeot...¡No sé en qué va a terminar este delirio, cuando
lleguemos al BMW! –dijo Galíndez.
-¡Estaremos aislados de todo, en nuestra burbuja de amor!
-Si, pero menos fanatismo, vieja, porque ahora tenemos la paponia con los fasos
importados, que aportan ceros a la cuenta bancaria. La primera de cambio largo
la Federal y ponemos un kiosko.
-En la Bolsa nos fue bien.
-Y en el casino de Mardel, ¡para qué hablar...! Vos sos un hombre serio, nada
que ver con el incapaz que me largó plantada delante del Civil, ¿te acordás?
-Hay gente que nace sin espíritu de empresa, vieja
-Sos una monada, Galíndez...
-Decime Chuchi, ¿querés?
Mientras transcurría este diálogo, en el barrio chino de Belgrano dos
comerciantes conversaban mientras iban sorbiendo despacito sus tazas de té
humeante, que recordaban las tibias noches de Nankín.
-¿Te gusta Buenos Aires, Ching-Pei? –dijo una voz suave.
-¡Si no fuera por el olor a pizza, diría que sí!
-No esperes encontrar flores de loto aquí!
-¡Pero se gana plata, sin que te vacíen los bolsillos con el verso de pintar la
Gran Muralla!
-Para triunfar aquí, todo está en buscarse una buena cuña en tres lugares
claves, honorable vecino –dijo un viejo residente, mientras se estiraba los
bigotes- La Municipalidad, la Policía, y ésos que viene con muchos papeles y
como no hablar ni una palabra de chino, hay que arreglarlos con cien pesos para
que se dejen de joder.
-¿La AFIP? O sea, Administración Federal de no sé qué...
-Son nombres difíciles, y los inspectores crean problemas. Como una vuelta que
vieron el estiércol de buey que guardamos para hacer salsa de tomate, y lo
confiscaron creyendo que era pasta de opio. Así la gente empezó a llamarlos con
un apodo maldito: "Sakalakaka", como le decían antes al papel higiénico.
El día que Galíndez colgó para siempre su uniforme, la Yolanda se vino loca de
contenta, se vino. Basta ya de lustrar botas embarradas, pasando las noche en
vela cuando iba a una misión difícil. Que las había, especialmente buscar
pichicata o controlar el contrabando de extranjeros, donde si no hay arreglo,
tenés que enfrentarte propio con la mafia. Unos toñas medios neura, que
resuelven a chumbazos cualquier fato en que la vía tortosa anduvo mal.
-¿Ves esos hijos de puta que van adelante, paisano? Uno de ellos lo miró fulero
a don Gargiulo, ayer.
-¿Cuál, che?
"¡Pum, pum!"
-El que queda.
-¡No te tomés la carrera tan a pecho Fioravanti...!
Y, como bien sabemos, en la Argentina hay tres religiones.. Me refiero al morfi,
al chupi, y a los cachacascanes del amor. Que de curas, sean católicos, moishes
u otomanos, no se ocupa ni el más gil. Así que cuando un día de mucho lorca el
Nene Galíndez estaba cenando en la terraza con su esposa, sus pensamientos se
hallaban muy lejos de China. Pensando en el estómago, más bien, que hasta ahora
fue el gran ausente de nuestro artículo, pero tiene su importancia. Y estaba
propio por empezar los brindis, cuando cayó un buscapiés en el lavadero
cubierto. Con tan mala suerte de espantar al gato, que de refalón hizo pié sobre
el telescopio que Galíndez tenía instalado para espiar a los vecinos, como es
costumbre nacional.
-¡Gato hijo de puta, te voy a dejar sin franco este domingo! –dijo el ex
oficial.
-No te lo tomés tan a pecho, Nene, que no fue culpa del gato. Fueron los chinos
de al lado, que están celebrando el año del chancho, y un cohete salió mal
disparado.
-¡Yo les voy a hacer celebrar el año de su abuela la tuerta, a estos cretinos!
–dijo, mientras salía armado de un Colt 45 como para meterle pavura al más
valiente combói.
-¡Cuidáte, querido!
El Nene bajó las escaleras pisando fuerte, y golpeó la puerta de los chinos con
unas piñas como para reventar el marco.
-¡Feliz año nuevo, querido vecino! –dijo una voz con timbre de flauta.
Después vinieron todos los invitados y lo abrazaron. Era imposible pelearse con
esta gente, y como Galíndez no estaba bien preparado para misiones de paz, se
quedó más orsái que turco en la neblina.
-¡Traiga a su digna esposa, y le haremos una propuesta comercial!
A lo lejos, la voz de un cantor decía:
Kwen-Li canta el tango como ninguna,
y su estómago llora sentimental...
Orgullo de Okinawa, su voz de seda,
¡Kwen-Li tiene pena made in Taiwán!
De esa irrefrenable corriente integratoria surgió la prestigiosa firma
Galíndez-Ching & Compañía Limitada S.A..
-¡Con tus relaciones y mi plata iremos lejos! –dijo Ching-Pei.
-¡Dejá apoliyar, chino de mierda que recién dieron las diez! –contestó Galíndez.
-¡El idiota sigue durmiendo, despacha otras mil camisas sin factura!-dijo
Ching-Pei
De forma tan sencilla, estos laboriosos orientales se van metiendo en el
bolsillo el mercado nacional.
THE END
Copyright: John Argerich, 2007
All rights reserved.
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johnargerich@ya.com
La serie quincenal "El amasijo" se publica regularmente en 32 medios, de 10
países
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