AMLO y Alberto Fernández, la esperanza antineoliberal de Maduro

Por Alberto López Girondo

La cumbre entre el presidente mexicano y el electo argentino implica un realineamiento que puede equlibrar la balanza contra el extremismo de Bolsonaro y Trump.

Los medios mexicanos reflejaron la visita de Alberto Fernández en clave de geopolítica regional, como no podía ser de otro modo. Y en tal sentido, la “letra” podía decirse que la bajó desde La Habana el presidente venezolano, Nicolas Maduro.

«Un segundo frente que se levanta, brillante, en el horizonte de América Latina. Es el hermano frente progresista encabezado por dos líderes que van a jugar un papel determinante en los próximos años: el Presidente de México, López Obrador, y el Presidente electo de Argentina, Alberto Fernández», destaca El Universal que dijo Maduro en la clausura del Encuentro Antiimperialista de Solidaridad.

En su habitual encuentro con periodistas desde la casa de Gobierno, Andres Manuel López Obrador -AMLO para los mexicanos- ya tuvo que responder por este perfil que le endilga el venezolano y el modo en que esto podría afectar a la relación con EEUU, el principal socio comercial de México.

«Nuestra política exterior que está definida en la Constitución de la República, los principios de no intervención, de autodeterminación de los pueblos, de la cooperación, esos principios son los que nos guían, desde luego tenemos relaciones de hermandad con los pueblos de América Latina y el Caribe, podría decir que no podemos dar la espalda a Centro América, el Caribe a Sudamérica, a nuestra América como diría MartÍ, pero al mismo tiempo nosotros tenemos una relación económica y también de cooperación y de respeto mutuo con Estados Unidos y Canadá, con América del Norte, y vamos a seguir atendiendo esa relación, por razones goepolíticas, económicas y de amistad”, respondió a los «mañaneros» que cada día se acercan a la conferencia de prensa.

Luego se comprometió a ayudar a la Argentina ante la crisis en que está sumergida. Y se dio tiempo para recordar los lazos que unen a ambos pueblos, fortificados durante el exilio de cientos de miles por la dictadura. «Es un pueblo bueno, que siempre ha luchado por la democracia, tenemos muy buenas relaciones históricas. Cuando la Argentina fue azotada por la dictadura, vinieron muchos argentinos. Es parte de nuestro orgullo, nuestra política de asilo».

Este encuentro en Ciudad de México entre Fernández y AMLO tiene un hondo significado, además, para el actual momento de América Latina y nada de lo que ocurrió desde que Cristina Fernández le propuso encabezar la fórmula presidencial que triunfó el domingo pasado es casual. Especialmente la situación de Venezuela y la relación con Brasil resultan un puntos cruciales que los medios concentrados mexicanos, al igual que los argentinos, no dejan de registrar.

Es bueno entonces recordar que AMLO llegó al poder el año pasado como un abanderado del antineoliberalismo y desde entonces no solo dio señales sino que se encargó de poner en blanco sobre negro que su misión será dar vuelta un esquema económico que sumió a las mayorías mexicanas en la miseria y la violencia.

El día de la asunción, el 1 de diciembre de 2018, tuvo como invitado a Maduro -fueron feroces las críticas aquella vez- mientras que cuando un mes más tarde asumió su cargo Jair Bolsonaro envió a la celebración al secretario de Agricultura y Desarrollo Rural, Víctor Manuel Villalovos Arámbula. Ni siquiera fue su canciller, en un gesto contundente de qué rumbo pretendía para sus relaciones exteriores.

El viaje de Alberto, en tanto, tiene el mismo sentido: Bolsonaro se enfrenta con el presidente electo por su defensa de Lula da Silva, pero apela al modo “cloaca” en las redes sociales para defenestrarlo a él y a su hijo Estanislado. La asociación de Argentina y Brasil es esencial para la economía nacional, pero la amenaza de terminar con el Mercosur que lanzó oportunamente el ministro de Economía Paulo Guedes y la respuesta no menos extorsiva de Bolsonaro no parecían dejar mucho margen para negociar.

Es muy obvio en analistas y “expertos” locales su propuesta de decirle a todo que sí al ex capitán del Ejército brasileño para no romper con la alianza económica regional. Un modo de sumisión que también pretenden hacia Washington, aún cuando los desplantets de Donald trump no caen mucho en esos modos de la diplomacia. Por ahora la respuesta de Fernández fue doblar la apuesta.

Si Bolsonaro es el más violento contra el gobierno de Venezuela, Fernández quiere sumarse a la propuesta de diálogo que México encabeza con el actual gobierno uruguayo. Postura que agradeció desde la capital cubana el mandatario bolivariano. Habrá que ver lo que ocurre en la otra orilla tras la segunda vuelta presidencial.

Un par de detalles anecdóticos: Alberto Fernández tiene una relación si se quiere tangencial con el país azteca. Fue a una escuela primaria de La Paternai, República de México, de Juan Agustín García al 2700. Y las oficinas que utilizó durante todo su trayecto como candidato presidencial están en la calle México al 300. Sin embargo, en aquella nación no es demasiado conocido. Por ejemplo, en la foto del diario La Razón sobre su visita a la basílica de la Virgen de Guadalupe -donde se lo ve con monseñor Juan Raymundo Maya Paz, sacristán mayor; Felipe Solá y su pareja, Fabiola Yañez- el epígrafe indica que estuvo con su esposa Marcela Luchetti, la madre de su hijo Estanislao, de la que se separó en 2005. Se ve que googlearon a las apuradas y mal.

De todas maneras, esa visita fue destacada por los principales medios de ese país. «Siempre que vengo a México vengo a visitar a la Virgen, es la patrona de América Latina. Le pedí que nos ayude en Argentina, que una a Latinoamérica y dé igualdad en los pueblos de América Latina», dijo Fernández a la salida. Efectivamente la Virgen de Guadalupe tiene un hondo significado para los pueblos latinoamericanos y especialmente para los mexicanos. Tanto que AMLO llegó al poder, luego de un par de intentos frustrados, recién cuando creó el partido Movimiento de Regeneración Nacional, cuya sigla, MORENA, refiere sin dudas a la Virgen Morena, como se la nombra popularmente.

Más allá de mitos y creencias, una alianza política entre AMLO y Alberto F. implica un realineamiento regional que preocupa a la derecha neoliberal en un contexto de fuertes protestas en Chile y Ecuador y cuando Bolsonaro esta acosado en Brasil por sus exabruptos y su posible implicación en el asesinato de la activista Marielle Franco. Incluso la situación del adalid de los gobiernos extremistas como el brasileño, Donald Trump, no está del todo firme como para recostarse en su apoyo en viste del impeachment que le abren los demócratas. De allí que el estadounidense puede encontrar en Fernández una salida para la crisis que EEUU generó en Venezuela para derrocar, sin éxito, al chavismo. De eso seguramente hablaron AF y DT el viernes pasado.

El otro tema de preocupación en los medios mexicanos es el del regreso del peronismo al poder. Denostado a lo largo de la historia como lo es ahora el chavismo, el movimiento creado por Juan Domingo Perón hace más de 70 años no es bien visto para el mainstream, que tampoco termina de aceptar, en realidad, que AMLO ocupe la primera magistratura mexicana.

“Ante la imposibilidad (de Macri) de resolver las múltiples crisis que les fueron heredadas -más las que ellos mismos crearon-, el peronismo regresó al poder, incluso con la desfachatez de que la expresidenta regresa al poder, aunque como vicepresidenta. Sin importar si muchas de las tragedias de Argentina han sido producto del propio peronismo, la ausencia de cualquier fuerza política que le compita con un discurso de su calibre ha hecho que el peronismo siga en la escena, prometiendo que, ahora sí, ellos van a resolver los problemas. Sin duda los humanos creemos en fantasías”, argumenta Leonardo Núñez González, politólogo y docente en el Tecnológico de Monterrey.

Otros ya habían registrado este regreso cuando contaron que el Frente de Todos había sido amplio ganador del comicio del 27 de octubre.

 

Tiempo Argentino

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