Ana María Shua: cuando la brevedad se vuelve constelación

ZONA LITERARIA | EL TEXTO DE LA SEMANA

Por Adrián Ferrero*

Ana María Shua (Bs. As., 1951) ha consolidado un profuso, profundo y variado itinerario creativo con énfasis en la narrativa: la minificción, la novela, el cuento, la literatura infantojuvenil y la literatura popular. Pero también ha ensayado la crónica, los guiones de cine y ciertos libros inclasificables, como «El marido argentino promedio» (1994) o «Libros prohibidos» (2005), entre otros. Compiló antologías de humor, de cocina judía, de poesía (de copla, de poemas de amor) y de ficción. En carácter de escritora de guiones, su novela «Los amores de Laurita» (1984), precisamente, fue llevada al cine

Obtuvo la prestigiosa beca Guggenheim, para la escritura de «El libro de los recuerdos» (1994), suerte de recreación en la que conjuga libremente algunos componentes autobiográficos con otros de invención. Es una autora que ha obtenido importantes reconocimientos. Entre otros: el Premio Estímulo del Fondo Nacional de las Artes por su primer libro, «El sol y yo» (1967, poesía escrito a los 16 años), el Premio Losada por su novela «Soy paciente» (1980), Primer Premio Municipal de la Ciudad de Buenos Aires por «Miedo en el sur» (1994), Premio Club de los Trece, Primer Premio Municipal de la Ciudad de Buenos Aires por su novela «La muerte como efecto secundario» (1998), Premio Esteban Echeverría otorgado por Gente de Letras, Premio Konex de Platino 2014, Premio a la trayectoria otorgado por Artistas Premiados Argentinos y I Premio Iberoamericano Juan José Arreola de Minificción. Menciono estas distinciones detalladamente porque si bien sus aportes al sistema literario se han concentrado en el terreno de la narrativa y, dentro de ésta, de la la minificción muy en particular (lo que por cierto no resulta frecuente) podrá apreciarse asimismo la variedad de sus matices y la desenvoltura en terrenos, registros y también momentos de su vida y del país tan diversos en que los ha alcanzado. Asimismo, estimo relevante señalarlo porque se trata de un reconocimiento unánime por parte de instituciones heterogéneas y prestigiosas cuya valoración resulta un aval a su trayectoria así como a libros en particular. Algunas de sus obras han sido traducidas a más de diez idiomas y eso es el indicio de un interés creciente en su poética que ya excede las fronteras de nuestro país y de nuestro continente.

Es Profesora en Letras por la Universidad de Buenos Aires y ha trabajado en sus comienzos como creativa publicitaria, trabajo que abandonó para consagrarse profesionalmente a la literatura.

El humor y la ironía son una constante en buena parte de su producción, en especial bajo la forma de cuestionar más que de ser mera fuente de entretenimiento o de seducción para el lector. Estos rasgos se evidencian particularmente en algunas sus novelas y cuentos y, sobre todo, se ven fuertemente acentuados en sus libros de minificción que, jugando con sutileza y con un mosaico de facetas que los vuelve cautivantes, aciertan en producir efectos sugestivos y provocar toda clase de resonancias.

El otro punto clave que puede apreciarse indagando en su poética es la contundencia -pero también la elaboración- con que su obra desenmascara lo que yo llamaría discursos y prácticas unívocos y autoritarios. Todo tipo de ideología que pueda atentar contra la libertad subjetiva (concebida como libre expresión del pensamiento y de los estilos de vida) es contestada por Shua con las armas de la literatura, bajo la forma de una disposición hacia el desacato proponiendo un modelo contestatario. Suerte de tretas tampoco lo hace de modo agresivo. Porque, si bien hay algunas excepciones -y esta es mi hipótesis- difícilmente uno vaya a encontrar en su obra como constante la violencia o la crueldad representadas en sus formas más descontroladas o bien la denuncia más abierta. De ese modo sí han procedido autores como Rodolofo Walsh. que afrontaron el desacuerdo con la ilegitimidad desenmarcarádola y poniéndola al descubierto del modo más descarnado. Se presenta, antes bien, en dosis de una densidad tolerable, sin exasperaciones en el caso de Shua. Sí en cambio aparece con recurrencia la figura del confinamiento en instituciones: metaforización perfecta tanto del silenciamiento (de acallar, de mutilar, precisamente, la palabra, la materia más preciosa de la literatura desde el plano simbólico), como de la parálisis material de los sujetos y del pensamiento libre. Así como se deja de poder circular con soltura por el espacio se pierde la capacidad de simbolización de modo independiente. De modo que la poética de Shua me parece en ciertas aristas una poética contra el silencio o, mejor, contra el silenciamiento. Esas mordazas con los que ciertas instituciones, sujetos o agrupaciones aspiran a acallar palabras que podrían resultar amenazantes para el sistema establecido. Un aprendizaje para nombrar ciertas cosas innombrables y, en otros casos, hablar pese a todo.

Otro tanto puede afirmarse del desenfado con que aborda la sexualidad o, más precisamente, el erotismo: sin falsos pudores ni menos aún tabúes sino, más bien, infringiéndolos. Traza por ejemplo en el dibujo de algunos de sus cuentos combinaciones heterodoxas del erotismo con la ciencia ficción (ejercicio que subvierte buena parte de las convenciones literarias tanto de uno como de otro género planteando hipótesis novedosas desde el punto de vista de la experimentación creativa), una apertura hacia el placer, al cual su literatura invita y hasta incita sin ninguna clase del así llamado sentimiento de culpa. Y, por sobre todo, hacia una transgresión (moderada) en todos los órdenes y las prácticas, de las ideas y de la imaginación. Su obra no alcanza ni la virulencia ni la radicalidad de otras, pero sí plantea severos cuestionamientos al statu quo y a lo que pretenda afectar la realización los sujetos. Y, esto sí me gustaría subrayarlo: esa moderación en su poética no es ni cobardía ni limitación. Es, por el contrario, a mi juicio la forma de no generar estrategias que pudieran llevarla al enfrentamiento en el que no solo perdería fuerzas sino que su capacidad de pronunciarse acerca del mundo se podría ver amenazada. De este modo, elude o neutraliza dichas prácticas ofensivas evitando la posible eliminación o una abierta derrota o descalificación. Shua hace «caer en la trampa» de su ficción a esas prácticas, manifestando una disidencia sin excesos ni estridencias. También, sin escándalos ni grandes gestos heroicos.

Sus aportes al género del microrrelato son definitivos. «La sueñera» (1984),»Casa de geishas» (1992), «Botánica del caos» (2000), «Temporada de fantasmas» (2004), «Cazadores de letras» (2009) y «Fenómenos de circo» (2011, recientemente premiado). Los reunió a todos ellos en el libro «Todos los universos posibles» (2018). Estos micorrrelatos confieren a su obra una singularidad que es inhabitual en el panorama de nuestro campo literario. No obstante, ella reconoce que nuestro país tiene una rica tradición en el cultivo de este género o, en todo caso, subgénero, remitiendo a célebres plumas como las de Borges, Bioy, Cortázar, Blaisten, Luisa Valenzuela, Rosalba Campra, entre otros.

Condensación, concisión, síntesis: algunas de las notas o condiciones imprescindibles para la elaboración y el éxito del microrrelato. Precisamente, tanto la crítica como los lectores han destacado la excelencia, la presencia y la eficacia de estos atributos en los textos de Shua, así como la radical originalidad y la exploración en los contenidos con los que trabaja, también en su abordaje. Sus obras en este subgénero no son una suma de microrrelatos de temática aislada sino que, muy por el contrario, tomando un eje vertebrador (una casa prostibularia, el sueño o los sueños, las taxonomías vegetales, los ordenamientos humanos del universo, o bien un tipo de divertimento) desprende de ese universo unidades de sémicas hasta configurar una constelación. Descomponer los fragmentos de totalidades es una forma de deconstruir y de jugar con las formas y los discursos naturalizados que sobre esas totalidades circulan. Su herramienta fundamental, suele ser el humor. Pero también la paradoja y, una vez más, la ironía. Encuentro en ellos más el efecto de lo risueño que de la risa. En el ámbito iberoamericano es una de las voces de la minificción más ampliamente reconocidas, tanto por su calidad como por la persistencia en el cultivo del subgénero.

Por otro lado, yendo ya a la vertiente de sus cuentos, reunió en orden inverso a su fecha de publicación en «Que tengas una vida interesante» (2009). Habían aparecido sucesivamente en libros como «Los días de pesca» (1981), «Viajando se conoce gente» (1988, precisamente aquí el cruce entre ciencia ficción y erotismo) y «Como una buena madre». (2002)

Ha preparado antologías a las que no me he referido pero que estimo de sobrada calidad. Una de ellas es la «Antología del amor apasionado» (1999), una compilación que preparó con la escritora Alicia Steimberg (ya fallecida) de textos sobre el amor en sus distintas facetas a lo largo de la historia y de las geografías de un modo absolutamente desprejuiciado, en la que figuran desde libretos de ópera, cuentos, poemas hasta cartas entre Lord Alfred Douglas a Oscar Wilde. También puede destacarse su compilación «Cabras, mujeres y mulas: antología del odio-miedo a la mujer en la literatura popular» (1999).

Ana María Shua siempre ha puesto el acento en la importancia de que un escritor pueda vivir de su literatura. A su criterio hay libros de «de circunstancia» o incluso por encargo y otros de escritura «genuinamente creativa». Shua traza esa línea de manera taxativa en su bibliografía y por supuesto su compromiso es mucho mayor con su trabajo creativo, sin desatender la calidad de los primeros. Ha manifestado la relevancia que tiene para ella el trabajo de invención de carácter espontáneo frente al que es el resultado de un trabajo con miras de cumplir un pedido de una editorial o bien para completar alguna clase de catálogo que se le ha solicitado. En el orden del trabajo creativo pone el énfasis en sus minicrorrelatos, sus cuentos y sus novelas. De estas últimas, la más reciente es «Hija» (2016).

Son libro constituyen un estímulo e ingresar en la literatura por zonas que provocan tanto desconcierto, un humor sutil y una transgresión eficaz de en dosis modestas a las leyes sociales desde distintos ángulos de modo insospechado. Así es la poética de Ana María Shua. Imprevisible y, al mismo tiempo, gratificante porque en este ejercicio que puede parecer inofensivo, se están jugando formas del sentido de un alto nivel de subversión. Entre el placer y la transgresión, Shua desafía.

* Adrián Ferrero nació en La Plata en 1970. Es escritor, crítico literario, periodista cultural y Dr. en Letras por la Universidad Nacional de La Plata. Publicó libros de narrativa, poesía, entrevistas e investigación.

http://www.facebook.com/escritoradrianferrero

 

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