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Hubo un tiempo, no hace mucho, por más que la
desmemoria que lo arrastra todo quisiera enterrarlo en el olvido, en que la
palabra fue acorralada, la lectura ardía clandestina en los patios traseros de
las viviendas y en las calles brazos jóvenes se debatían contra la muerte. Y
muchas veces, más de las que nos imaginamos ahora, eran cercenados por esta.
Aturdía el repicar de los tambores y ese particular sonidos de las botas
golpeando contra el piso. Sin embargo, de todo ello había que seguir hablando,
contarle al mundo y también a los que en los infinitos rincones de la Patria
seguían resistiendo. Por eso nació ANCLA, pero por eso también un puñado de
periodistas liderados por un “Capitán” lleno de sabiduría y corajes suficiente
como para desafiar al monstruo en su propia madriguera, se propusieron dar
constancia de la otra historia. La de los campos de exterminio para imponer una
economía despiadada, la de los sacerdotes que bendecían la masacre y los hombres
de prensa que escribían lo que les dictaban, la de los empresarios que señalaban
a quienes se rebelaban. ANCLA era la noticia sin maquillajes. La que surgía del
boca en boca generoso, o de las fisuras del propio verdugo, y en muchas
ocasiones logró paralizar alguna estrategia de aniquilamiento, o por lo menos
ponerla al descubierto fronteras afuera. Y con ello fortalecer la denuncia
contra el agresor.
ANCLA era el espíritu mismo de una profesión que antes y después, ahora mismo, otros se encargan de bastardear con sus mentiras y cobardías. De esto habla este libro. Con pasión y compromiso. Sin esa felonía denominada objetividad. Y sobre todo, con agradecimiento a quien fue creador de semejante desafío, ese hombre que aún caído no dejó de repiquetear los oídos de sus asesinos con el tableteo de su más poderosa arma: la inteligencia. Periodista, escritor, pero sobre todo militante revolucionario montonero, Rodolfo Walsh hizo posible que la palabra siguiera viviendo. Y está en nosotros evitar que otra vez la vuelvan a acorralar.
Carlos Aznárez
www.rodolfowalsh.org, 27 de julio de 2004

ANCLA, Una experiencia de comunicación clandestina orientada por Rodolfo Walsh
Editorial La Rosa Blindada (2002)

Dedicatoria y agradecimientos
"Por algo será"
Introducción
Una
breve historia: Rodolfo Walsh y el periodismo comprometido
Acerca de ANCLA
Una aproximación
desde el punto de vista "técnico"
Las cartas y la cadena
informativa
Una aproximación desde la alternatividad
Un enfoque desde la práctica política
A modo de conclusión
Posdata
Apéndice
Bibliografía
Dedico este libro a los que resisten
y no abandonan la lucha.
A los imprescindibles.
"Lo repito una vez más: hemos vivido para la alegría,
por la alegría hemos ido al combate y por ella morimos.
Que la tristeza jamás vaya unida a nuestro nombre".
Julius Fucik El "por algo será", frase que indicaba la indiferencia civil frente a la
represión (y su responsabilidad objetiva con la misma), era el leit motiv
mediático y ensayístico de una psicología social que tranquilizaba conciencias
particulares y alejaba el fantasma de miles de seres que habían tenido una
trayectoria social, política y cultural. Lo que había desaparecido no era sólo
la persona sino su trayectoria anterior al hecho o en todo caso la transición
democrática rescataba aspectos menos contradictorios o para nada causales para
que sobre él se ejerciera un acto de violencia física o ideológica.
Reportaje al pie del patíbulo
Praga, cárcel de la Gestapo, 1943
Agradecemos a...
Carlos Mangone, tutor de este trabajo cuando aún era una tesina de graduación; a
Mariano Mestman, Carlos Rodríguez Esperón y Guillermo Caviasca, por sus
invalorables .correcciones y sugerencias; a los que brindaron su testimonio,
porque sin ellos este libro no hubiera sido posible; ya todos los compañeros y
compañeras que de un modo u otro colaboraron con la investigación.
También agradecemos, por su valioso aporte en la difusión y distribución de este
libro, a Fabián Pierucci, Fernando Krichmar, Alejandra Guzzo y Miguel Mazzeo.
"Por algo será"
La recuperación de las instituciones democráticas significó en nuestro país una
cierta lectura de la dictadura militar. No es solo un juego con los tiempos
verbales si nos preguntamos acerca de "cómo fue la transición para saber cómo
será la dictadura". Es que, como sabemos, cada época política lee su antecedente
en función de los intereses inmediatos y de la correlación de fuerzas
ideológicas existentes. Por una parte, la salida de la Guerra de Malvinas fue el
escenario más adecuado para obturar cualquier reflexión o debate acerca del
lugar de la violencia en la historia de América Latina y de la Argentina; la
llegada al poder del radicalismo implicó el predominio de formas parlamentarias
y de un borramiento, por lo menos parcial, de las responsabilidades de los
políticos durante la represión. La "clase" política instaló el tema desde la
perspectiva del "exceso y del error" y aunque el juzgamiento de los comandantes
fue el resultado residual de las movilizaciones de masas e implicó en la
sentencia la negación de los "errores y excesos", durante un tiempo para la
sociedad civil los desaparecidos habían sido objeto de arbitrariedad (porque no
"tenían nada que ver" o porque no habían sido juzgados).
Solo algunos organismos de derechos humanos y ciertas estructuras políticas
reivindicaban la estrecha relación entre la represión y la actividad de los
desaparecidos y asesinados, además de los miles de presos políticos y
cesanteados y exiliados. Con el correr del tiempo y de manera dificultosa
comenzó una tarea de concientización social en la cual el estereotipo, asimilado
por muchos, de que se "desaparecía por cualquier cosa o por llevar un libro
prohibido" dejaba lugar a la explicación lógica y racional de que la dictadura
había sido tan feroz no por incapacidad sino por haber desarrollado una
sistemática y planificada represión de la cual todavía hoy no nos podemos
recuperar totalmente.
Como sucede con otras situaciones políticas, son ciertos factores más objetivos,
como la persistencia de la crisis, una renovación generacional que, si bien no
está tan involucrada con los hechos, desarrolla una gran curiosidad acerca de
ellos y sobre todo, la impunidad de los crímenes, todo lo cual promueve que se
proyecten sobre el período y sus protagonistas nuevas miradas que se hagan cargo
de todas las mochilas posibles. Este es el valor del trabajo acerca de la
experiencia de ANCLA, la de un acercamiento crudo y sistemático a una práctica
de resistencia antidictatorial que no la libere de sus relaciones políticas
fundamentales y que además no la limite a la tematización académica aséptica y
despojada, tan frecuente en la mirada institucional sobre la época de la
represión.
Por otro lado, la propia figura de Walsh fue tratada de diversas maneras,
privilegiándose en primera instancia su calidad de escritor, luego sus aportes
al periodismo de investigación para finalmente rescatar su compromiso político
en el campo popular. Se soslayaba en líneas generales su decisión de subordinar
la práctica literaria y en buena medida la de periodista de investigación a la
decisión por una militancia política de carácter orgánico en "el marco de un
enfrentamiento de clases que radicalizaba las posiciones y los métodos.
Un doble valor entonces, por una parte, el rescate de prácticas sociales y
políticas de resistencia ante la opresión y de formas comunicacionales
alternativas frente a la dominación simbólica que significó la censura
dictatorial; por la otra, el acercamiento en el ámbito universitario, origen del
presente trabajo, de temas que "queman" en el doble sentido del término, porque
resultan cuestiones traumáticas de la historia política argentina y en un
significado más popular, porque implican un "costo" institucional importante
para una posible carrera académica.
Por eso, en tiempos tan livianos como los que corren, se saluda este trabajo
inicial.
Carlos Mangone.
Introducción
"Con una máquina de escribir y un papel
podés mover a la gente en grado incalculable.
No tengo la menor duda".
Rodolfo Walsh
Marzo de 1970
La Agencia de Noticias Clandestina (ANCLA) es, a nuestro entender, una de las
experiencias de difusión clandestina más interesantes -y a la vez desconocidas-
de nuestro país. De estructura artesanal y alimentada sobre la base de
información Popular, ANCLA funcionó como una herramienta política ofensiva en el
marco de la resistencia a la última dictadura militar (1976-1983).
La agencia dependió del Departamento de Informaciones e Inteligencia de
Montoneros y como tal fue parte de una política integral, al margen de la cual
no puede entenderse. Sin embargo, funcionó con una aparente autonomía respecto
de la organización: en otras palabras, se encuadró en un criterio de
subordinación estratégica y autonomía táctica que "le brindó un amplio margen de
libertad de acción para actuar frente a la coyuntura. Los fundamentos de esa
práctica política deben buscarse en su propia razón de ser, que responde, a su
vez, a un triple objetivo: propiciar la participación popular en el proceso
comunicacional en tanto fuentes y retransmisores de la información; oficiar como
medio de contrainformación y, finalmente, funcionar como instrumento de acción
psicológica contra el poder económico y militar.
El carácter ofensivo no solo está dado por la apuesta a la organización en una
situación opresiva, sino también por su definición como herramienta de
contrainteligencia. Es por eso que tanto Rodolfo Walsh como los integrantes de
su ámbito (1) decidieron no "pegar" directamente la agencia a Montoneros,
buscaron como nombre una sigla capaz de generar confusiones y cuidaron la
redacción de los cables, de modo tal de mantener difusa su identidad política y
proteger o generar suspicacias en torno a las fuentes.
Esta práctica recuerda un postulado de Paolo Fabbri, aquel que dice que
"sabiendo que te controlo me darás indicios tales que harán ciertamente que
semejante control no controle nada" (2). Por un lado, la agencia necesitaba de
cierto margen para mantener sus servicios, dado que el Departamento de
Informaciones e Inteligencia de Montoneros no escapaba a la atención de la
represión. Por el otro, ANCLA necesitaba cubrirse con una identidad difusa para
actuar dentro de los bloques de poder, tendiendo a romper su unidad coyuntural.
De todas formas hay que hacer una importante salvedad: Fabbri se refiere al caso
de doble agente o espía y por ese motivo establece que el secreto estratégico es
una escalada móvil ascendente que se rige por un código de apariencias
permanentes, donde al fin de cuentas se pierde el objeto central que necesitó la
cobertura del secreto (3). Como veremos a lo largo de esta investigación, en el
caso que nos ocupa el recurso al secreto es totalmente a la inversa, puesto que
es el objeto del secreto, la información, lo esencial y lo que nunca ha de
perderse durante el funcionamiento de ANCLA.
Esa "obsesión por la verdad", tan presente en la figura de Rodolfo Walsh (en
cierta forma el ideólogo de la agencia), recorre todo el trabajo de ANCLA. Walsh
combatió a la dictadura hasta el último momento de su vida. No fue el único:
muchos merecen ese lugar en la memoria. El 25 de marzo de 1977, un día después
de enviar a las redacciones del país su "Carta de un escritor a la Junta
Militar", cayó en una emboscada tendida por un grupo de tareas de la Escuela de
Mecánica de la Armada. Tenía su pistola calibre 22 y se defendió hasta que las
balas enemigas lo alcanzaron. El 9 de enero había cumplido 50 años.
Las bases programáticas de ANCLA, además, remiten a las anteriores experiencias
de difusión popular donde Walsh participó. Todas ellas responden a un criterio
amplio, síntesis de una prensa pensada como instrumento de combate en la
tradición latinoamericana y como herramienta de información, discusión política
y organización en la teoría leninista. Walsh era un apasionado lector y buscó,
en la propia práctica, sistematizar un conocimiento a fin de cuentas colectivo.
En Prensa Latina y junto al periodista argentino Jorge Masetti (4), se empeñó en
contrarrestar la "catarata de basura informativa" de los medios de comunicación
transnacionales. El trabajo sostenido logró la colaboración de reconocidos
políticos e intelectuales y la agencia cubana pudo, así, establecer numerosas
corresponsalías. Asimismo, desde las páginas del Semanario CGT se desprendieron
numerosos llamados a que cada fábrica cumpla con un corresponsal y a que
trabajadores y organizaciones políticas se sumaran a las tareas de distribución,
donde se destaca el rol organizador del periódico. Finalmente, el diario
Noticias -perteneciente a Montoneros pero organizado como empresa periodística-,
se presentó como una prensa independiente que, sin decirse claramente
partidaria, apuntó a llegar masivamente al pueblo.
ANCLA no fue una excepción a estos criterios, como tampoco lo fue la otra
herramienta que Walsh creó durante 1976, la Cadena Informativa. Ambas eran
estructuras políticas que respondían a una línea, pero que -al mismo tiempo- no
se presentaban como órganos oficialmente partidarios ni se circunscribían al
éxito de una operación. Esa tarea le correspondía a Evita Montonera y a El
Montonero. Eran ellos los responsables de propagandizar la línea del partido,
"Ia única empresa regular que haga el balance de toda la actividad en sus
aspectos más variados" (5). La agencia, más bien, daba batalla en el terreno de
las apariencias.
Para especificar tanto forma como función, ANCLA necesitó una evaluación de la
etapa política que funcionara como anclaje de sentido. Ese lugar de
reconocimiento fueron los documentos internos de Walsh, "papeles de la
resistencia", presentados para el debate a la dirección de Montoneros y que
representaban la postura crítica de un sector de la organización. Si bien no se
trata de una derivación cronológica, los documentos actuaron como su matriz
ideológica y de su análisis de la realidad se desprendieron los métodos de lucha
más adecuados para enfrentarla: en este caso, la construcción de órganos
descentralizados de difusión clandestina que permitieron sobresaltar a las
Fuerzas Armadas y a los grupos económicos, gracias a un análisis exhaustivo de
la prensa legal, a las "escuchas" por interferencias a las redes de comunicación
del aparato represivo y, fundamentalmente, a que muchas personas superaron el
terror para contar lo que habían visto u oído.
La agencia, entonces, se enmarcó en una convocatoria a la resistencia contra el
régimen. Según Rodolfo Walsh, se habla de resistencia cuando se "cuestionan los
efectos inmediatos del orden social, incluso por la violencia, pero al
interrogarse por el poder, responde negativamente porque no está en condiciones
de apostar por él. El punto principal en su orden del día es la preservación de
las fuerzas populares hasta que aparezca una nueva posibilidad de apostar al
poder. La obtención de ese objetivo de supervivencia está ligada a la
desaceleración del enfrentamiento militar y a la aceleración del enfrentamiento
político".
En cambio, también en palabras de Walsh, la guerra es "centralizada,
homogeneizada a través del funcionamiento partidario y dependiente de un aparato
especializado. La organización de la resistencia se basa en grupos reducidos e
independientes cuyo nexo principal es la unidad por la doctrina" (6). Para
Daniel James, por otra parte, la resistencia es "una heterogénea mezcla de
actividades de distintos tipos (...) un variado conjunto de respuestas que iban
de la protesta individual en el plano público hasta el sabotaje individualmente
efectuado y la actividad clandestina (...) La motivación general que impulsaba
estas diferentes formas de resistencia al régimen militar puede ser entendida
como un rechazo del nuevo régimen político y lo que implicaba en materia social
y política. Sin embargo, acciones como la colocación de bombas y el sabotaje
eran inspiradas también por un abrumador sentimiento de desesperación" (7).
En ese sentido, la agencia buscó romper la tradicional polaridad donde un emisor
fuerte se dirige en forma unidireccional a una masa anónima de receptores
pasivos: a partir de la distribución de sus cables apeló a que cada receptor se
convierta en un nuevo emisor, generando una cadena de información que sin duda
desafió al silencio. Esta práctica es parte de la discusión sobre medios
alternativos de comunicación presente en aquellos años en toda Latinoamérica."
Pero la política de información de ANCLA tampoco fue ajena a los llamamientos a
la participación publicados en forma de artículos o consignas en la prensa
oficial de Montoneros. En muchas ediciones de Evita Montonera se resalta que
"hay que ganar la batalla de la información y la propaganda", y se caracteriza a
la gran prensa diaria como un espacio de "periodistas venales y corruptos (que)
nos someten todos los días a un cúmulo de informaciones falsas. Esas
informaciones falsas o tergiversadas responden a los intereses de los oligarcas
y grandes capitalistas" (8).
A la manera de las octavillas clandestinas presentes en los textos de Lenin o de
los pasquines ilegales que surgían con el descontento popular durante la época
colonial de la América Hispana, el trabajo de información y propaganda intentó
abrir medios de comunicación donde "el pueblo empieza a escribir sus propias
noticias, y a ordenar la información que llega a sus oídos". De lectura fácil y
rápida, estas "octavillas" alentaron "su reproducción por cualquier medio y de
cualquier forma".
Lo cierto es que Walsh participó durante algún tiempo de la estructura de prensa
de Montoneros (junto a su amigo el poeta y militante Francisco Urondo). Más
tarde, en Informaciones e Inteligencia, encaró proyectos que incluían la
comunicación y contó con espacios en las páginas de Evita Montonera para
plantear vías de acción. A esto se debe la semejanza en tanto modelo
comunicacional entre ANCLA, Cadena Informativa y algunos de los espacios
recreados desde la Secretaría de Propaganda, que incluyeron hojas zona les,
cintas grabadas e interferencias a los canales de TV y radio.
ANCLA, en síntesis, venía a representar la necesidad de contar con un medio
eficaz para la circulación de información en un momento de tenaz bloqueo
informativo. También, la necesidad de un instrumento político de
contrainteligencia: un espacio disimulado que, a la vez de informar, dirigiera
buena parte de sus esfuerzos a actuar dentro del corazón mismo del poder. En
otras palabras, se trató de una estructura comunicacional que involucró tanto la
representación como la acción, tomando parte activa en la lucha de resistencia
al régimen.
En la construcción de una identidad diferenciada se dejan entrever, también, sus
objetivos: ya en el Plan de Operaciones (9) de 1810, escrito por el secretario
de la Primera Junta Mariano Moreno y con la colaboración del vocal Manuel
Belgrano, estaba presente el recurso a la comunicación como forma de lucha
psicológica contra el enemigo. El texto dice: es necesario montar una oficina de
"seis u ocho sujetos que escriban cartas anónimas, fingiendo o suplantando
nombres y firmas (...) y (aunque) protesten que son imposturas (... y) por
muchos alegatos que impongan, nunca podrá dejar el gobierno (...) de mirarlos
como sospechosos (... Así) podremos sacar mucho fruto, sembrando entre ellos
mismos la semilla de la discordia y la desconfianza" (10).
Por último, queremos aclarar que este trabajo no pretende agotar el tema sino,
por el contrario, comenzar a abordarlo. La investigación, que en muchas de
ocasiones pareció un rompecabezas con piezas difíciles de encontrar, varió sus
hipótesis a medida que los testimonios de los actores de aquellos años aportaban
mayor información. Por ese motivo, en principio partimos de la base de una
agencia noticiosa que desde la clandestinidad denunciaba las violaciones a los
derechos humanos; mientras que a poco de comenzar nos encontramos con una
verdadera estructura política que estaba en relación con un llamamiento a la
resistencia para combatir a la dictadura, tanto en el terreno político como en
el militar.
Este trabajo es un intento de reconstrucción de una parte de la historia que aún
no está saldada y que se proyecta sobre el presente en sus logros y fracasos. De
ahí que los testimonios estén irremediablemente mediados por la reflexión y los
posicionamientos políticos actuales de cada uno de los actores de aquella época,
tras 25 años de la derrota de la experiencia revolucionaria de los años '70 en
nuestro país. Por lo tanto, no es extraño que abunden contradicciones en el
recuerdo de un período tormentoso y que éstas se traduzcan, a la vez, en errores
de tiempo o forma que no supimos apreciar durante la investigación: ANCLA, en
tanto elaboración colectiva, ofrece entonces múltiples miradas. Esta no es más
que un intento de síntesis de algunas de ellas.
Notas
1 Estructura organizacional de Montoneros. Walsh era el responsable del ámbito
que llevó adelante ANCLA, entre otras tareas militantes relacionadas a
información e inteligencia.
2 Cfr. Fabbri, Paolo (1995).
3 El autor plantea que un espía disimula su condición. El que lo descubre, a su
vez, deberá aparentar que no maneja ese dato. Pero si el espía toma conocimiento
de esa realidad, deberá manejarse dando datos falsos sin que el otro se de
cuenta. Y así sucesivamente en una escalada ascendente y móvil en la que el
objeto inicial se pierde, porque a partir de aquí, lo que va a importar son las
apariencias.
4 Jorge Masetti llegó a Cuba para trabajar una nota periodística sobre la
guerrilla castrista. En el curso de su investigación entrevistó a Ernesto
Guevara y a Fidel Castro en Sierra Maestra. A poco de regresar a la Argentina
decidió que su rol de periodista no podía estar escindido de la lucha por la
liberación latinoamericana. Volvió a Cuba y prestó sus servicios en la dirección
de Prensa Latina. En ese entonces fue cuando surgió la idea, discutida con
Guevara, de instalar un foco guerrillero en Salta. AIIí, con el nombre de
Comandante Segundo, lideró el Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP). En 1964,
acorralado por las fuerzas represivas, Masetti desapareció en la espesura de la
selva.
5 Cfr. Lenin (1972).
6 Cfr. Rodolfo Walsh. En Baschetti (1994).
7 Cfr. Daniel James (1990). El autor se refiere a la primera resistencia
peronista.
8 Cfr. Evita Montonera, año II, nro. 17, abril de 1977.
9 Belgrano fue elegido por la Junta para redactar, "en comisión secreta", un
plan de acción revolucionaria. Hacia el 15 de julio de 1810 presenta un
borrador, con aspectos básicamente económicos. EI 18 de julio, en votación
secreta, la Junta encomienda a Moreno la elaboración de un Plano de Operaciones
que el gobierno provisional de las Provincias Unidas del Río de la Plata debe
poner en práctica para consolidar la grande obra de nuestra libertad e
independencia. El informe se conoce por copias encontradas en el Archivo de las
Indias de Sevilla, y dado su impactante contenido inició una polémica acerca de
su autenticidad.
10 Mariano Moreno: Plan de Operaciones. En Augusto Fernández Diaz: "El supuesto
plan de Mariano Moreno", artículo publicado en el Anuario del Instituto de
Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional del Litoral número 4: De
la Colonia a la Emancipación, Rosario, 1960. El párrafo citado refiere al plan
de toma de Montevideo.
Una
breve historia: Rodolfo Walsh y el periodismo comprometido
"Mi relación con la literatura se da en dos etapas: de sobrevaloración y
mitificación hasta 1967, cuando ya tengo publicados dos libros de cuentos y
empezada una novela; de desvalorización y paulatino rechazo a partir de 1968,
cuando la tarea política se vuelve una alternativa. La línea de Operación
Masacre era una excepción: no estaba concebida como literatura, ni fue recibida
como tal, sino como periodismo, testimonio. Volví a eso con Rosendo, porque
encajaba en mi nueva militancia política".
"La desvalorización de la literatura tenía elementos sumamente positivos: no era
posible seguir escribiendo obras altamente refinadas que únicamente podía
consumir la intelligentzia burguesa, cuando el país empezaba a sacudirse por
todas partes. Todo lo que escribiera debía sumergirse en el nuevo proceso, y
serie útil, contribuir a su avance. Una vez más, el periodismo era aquí el arma
adecuada"..(11)
Como puede apreciarse en los párrafos citados, la evolución del pensamiento
político de Rodolfo Walsh determinó y acompañó su relación pública con la
literatura, que conservó como pasión y práctica hasta su muerte. Y fue la
investigación acerca de los fusilamientos de civiles en José León Suárez, tras
el levantamiento del general Valle en junio de 1956, la que terminó de confirmar
que "tampoco soy ya un partidario de la revolución que -como tantos- creí
libertadora".(12).
Unos años antes, Walsh había participado -aunque no como miembro activo- de la
Alianza Libertadora Nacionalista. Él era un nacionalista convencido y había
visto con malos ojos la firma del gobierno peronista de las Actas de Chapultepec
.(13), así como también la política de movilización de los recursos petroleros
vía contrato con la empresa estadounidense California Argentina.(14). Por eso,
en un primer momento, recibió con cierta expectativa la nueva embestida militar,
hasta que el evidente carácter antinacional y antipopular de la "Libertadora" le
puso un punto y aparte al periodista "vagamente antiperonista" (15) que entendía
la novela como el punto cúlmine de las letras. En el prólogo a Los que luchan y
los que lloran, Walsh escribió de Jorge Ricardo Masetti palabras que valen para
él: "en ese ilusionismo de periodista ingenioso había como un oscuro rito, una
transformación auténtica".
Así, mientras matizaba la idea de la novela como cumbre del arte, comenzó a
acercarse definitivamente a la política, y dentro de ella al peronismo. Para
operar semejante cambio, primero debió vivir los logros de la Revolución Cubana
-que fueron para él una escuela-, trabajando junto a Masetti en la construcción
de la agencia de noticias Prensa Latina: destinada a contrarrestar los efectos
de la propaganda transnacionalizada contraria a la isla y a presentar una visión
de la realidad desde el punto de vista de los países latinoamericanos, la
agencia no escapó a la discusión generalizada sobre la teoría de la dependencia
y su correlato en la concentración mediática.
Fue allí, posiblemente, donde su interés por descifrar mensajes en clave se
transformó en un mutuo aprendizaje junto a los militantes cubanos. O, más bien,
en una sistematización de la experiencia que sirvió de orientación para una
futura política de Inteligencia. De hecho, en los días de Prensa Latina Walsh
pudo poner los mecanismos de "espionaje" en práctica, de forma tal que la
decodificación anticipada de ciertos mensajes permitieron descubrir la tentativa
norteamericana -instrumentada por la ClA- de invadir la isla a través de Bahía
Cochinos. Él recordará, tiempo después, que "vivíamos al pie del teletipo":
muchas veces, las "escuchas" de comunicaciones permitieron a Prensa Latina
suplir el vacío informativo provocado por el bloqueo a Cuba.
De vuelta en Buenos Aires y después de publicar Los oficios terrestres y Un kilo
de oro, en 1968 Walsh conoce -vía entrevista personal con Perón en el exilio- al
dirigente gráfico Raimundo Ongaro, de la CGT de los Argentinos. Desde una
concepción de la prensa popular basada en un profundo respeto hacia los
destinatarios de la información y hacia los protagonistas que generaban hechos
políticos, históricos o sindicales, se da entonces a la tarea de armar el
Semanario CGT, clausurado tras los sucesos del Cordobazo y obligado a la
clandestinidad.
El semanario no sólo tuvo en cuenta artículos de carácter gremial y
reivindicativo, sino que se abrió a la discusión política desde su oposición al
régimen militar, amparado en el Mensaje del 1ro. de Mayo. Este contenía las
bases programáticas de la CGT alternativa y oficiaba como encuadre político de
cada una de las notas publicadas en el periódico. Tal como señala Mariano
Mestman, "esta definición remite a la presencia de la concepción leninista sobre
la prensa (...), que se expresa (...) en su carácter polémico, en la difusión de
línea y en la publicidad de los debates de las reuniones, en la importancia
adjudicada a su distribución y en el lugar asignado a las corresponsalías" (16).
Justamente, fue la consigna de "un corresponsal en cada fábrica" la que intentó
comprometer la participación obrera en la elaboración, distribución y venta del
periódico, realzando su rol de organizador colectivo y estimulando la
participación directa de los trabajadores en su propio semanario. En Walsh, la
gestación del Semanario CGT terminó de definir su convicción y su militancia
política. Antes, Operación Masacre había actuado como una bisagra entre dos
formas de procesar la realidad. Ahora se decidía a aportar orgánica mente en el
Peronismo de Base (PB). Luego, en 1973, comenzó a participar activamente en
Montoneros, donde no desarrollaba tareas de prensa sino de inteligencia: con el
grado de oficial 2do. y el alias de "Esteban", su responsabilidad era la
producción y análisis de información para uso interno de la organización.
En 1974, sin embargo, compartió su actividad en la estructura de Informaciones e
Inteligencia con actividades en el área de prensa. Fue cuando participó del
diario Noticias, concebido como empresa periodística. Si bien pertenecía a
Montoneros, Noticias era un diario que procesaba la información desde el punto
de vista periodístico, y que -sin decirse partidario- aprovechaba los resquicios
de la legalidad burguesa para llegar con su discurso a las más amplias masas
populares (17).
Luego, hacia 1975 y en virtud de su análisis crítico de la situación política
que vivía el país y de la respuesta a esa situación por parte de Montoneros,
volvió a encarar propuestas que desde el trabajo de inteligencia incluían la
prensa, específica mente la Agencia de Noticias Clandestina (donde su alias era
"Basualdo") y Cadena Informativa, además de sus recordadas cartas. Lo cierto es
que Walsh, frente a cada coyuntura, se planteó métodos de lucha en el terreno
comunicacional adecuados a la realidad que vivía el país: su participación en
Prensa Latina y en el Semanario CGT le habían permitido conocer, en concreto,
las posibilidades de la prensa como factor de organización y combate. Es esa
concepción la que marcó el camino de ANCLA: rigor respecto de la información,
fomento de la participación popular, instrumento de contra información,
comunicación en acción.
El golpe de Estado y la polémica con Montoneros
El funcionamiento y los objetivos de la Agencia de Noticias Clandestina se
dieron en función y respuesta al golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Es
decir, ANCLA nació en el marco de una situación represiva donde la censura y la
autocensura de los medios estaba a la orden del día: justamente, entre algunos
de los máximos objetivos de la Junta de comandantes de las tres armas que tomó
por asalto el poder, figuraba el amordazamiento de la prensa.
De acuerdo a la Doctrina de Seguridad Nacional, eje rector del autodenominado
Proceso de Reorganización Nacional, se establecieron consejos de guerra
militares para encausar a toda persona "enemiga de la Patria", se controló
directamente a los medios de comunicación y se impuso la censura, se eliminaron
los partidos políticos, los sindicatos, se anularon los derechos civiles y
sociales y los derechos humanos. Además, se reorganizó la educación para ponerla
al servicio de "objetivos nacionales".
Los militares argentinos se basaron en la hipótesis de guerra interna para
legitimar una contra insurgencia clandestina que enfrentara a "Ia subversión" y
al "caos marxista clandestino". Cabe destacar que la doctrina es discípula fiel
de las experiencias del ejército francés en Argelia e Indochina, y que los
manuales más populares de contraguerrilla del ejército argentino son los del
Coronel Roger Trinquier y sus adeptos (18). La doctrina, en síntesis, es la
versión americanizada de la teoría de Trinquier, que se adelanta e inspira a las
teorías contra insurgentes norteamericanas de los años 60 y 70.
Antes del golpe de Estado, ya se había prohibido la publicación de Militancia,
El Mundo, Noticias, El Descamisado, El Peronista, La Calle, El Nuevo Hombre y
Satiricón, entre otros, acusados de formar parte del "terrorismo periodístico"
(19). Luego la censura de la prensa se acentuó enormemente: el mismo 24 de marzo
el bando 19 de la Junta Militar anunció que "será reprimido con la pena de
reclusión por tiempo indeterminado el que por cualquier medio divulgare,
difundiere o propagase comunicados o imágenes provenientes o atribuidas a
asociaciones ilícitas"; y que "será reprimido con reclusión de hasta diez años,
el que por cualquier medio divulgase, difundiere o propagase noticias (...) con
el propósito de perturbar, perjudicar o desprestigiar las actividades de las
Fuerzas Armadas, de seguridad o policiales".
Conforme esto, la Junta Militar estableció como lo más sano "a los fines de la
Patria" una suerte de estrategia de incomunicación y desinformación. Esta
estrategia superaba la negativa a informar sobre la desaparición de personas (a
menos que fueran suministradas oficialmente), ya que alcanzaba a censurar
cualquier crítica al modelo económico, político y social y hasta cualquier
información o libro considerado peligroso.
Justamente, para Rodolfo Walsh la dictadura provocaba un "terror basado en la
incomunicación", y a esta idea dio respuesta estructurando una forma de
comunicación clandestina. Gracias a su trabajo, Walsh pudo proveer a los medios
nacionales y extranjeros de informaciones fidedignas, e incluso pudo difundir
datos aportados por periodistas que no podían publicarlos en su medio. Según
Horacio Verbitsky, la regularidad de los despachos sirvió para medir, más tarde,
el nivel de miedo, colaboración o supuesta ignorancia de la gran prensa diaria
de aquella época (20). Si bien los cables -salvo honrosas excepciones- no
pudieron publicarse de forma tradicional debido a la censura imperante, se
retransmitían de boca en boca por el mundo y por el país (21), aunque en este
caso no de una forma generalizada sino -por el contrario- muy solapada, casi
como un rumor (22).
El llamado Proceso de Reorganización Nacional contó entre sus víctimas a 99
periodistas, entre ellos el propio Walsh (84 están desaparecidos, 15 fueron
asesinados). Según el análisis de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de
Personas (CONADEP), la cifra es muy alta en relación con los profesionales que
integraban el sector, lo que desnuda el intento de silenciar a la prensa para
evitar todo tipo de cuestionamientos al régimen.
Al igual que el Programa del 1ro. de Mayo funcionó como matriz orientadora del
Semanario CGT (23), en el caso de ANCLA esa matriz fueron los documentos
internos de Montoneros elaborados por Walsh para su debate y discusión,
documentos que daban cuenta de la necesidad de generar medios de comunicación
para enfrentar el silencio y para "parar el golpe" con respuestas políticas
(24). Pese a su notoria claridad, la calidad de las propuestas y el análisis
certero respecto de la etapa que se abría con el golpe de estado de 1976, la
conducción de la organización sólo los tuvo en cuenta parcialmente.
En ese marco, escribe Walsh el 23 de noviembre de 1976: "Respecto a las críticas
que (...) formulamos, buena parte de ellas coinciden parcialmente con las
rectificaciones del Consejo (Nacional), y en ese sentido entendemos que el
documento es un avance significativo para el conjunto. Sin embargo pensamos que
las rectificaciones son sólo parciales, porque no corresponden a una autocrítica
profunda sobre los errores que nos condujeron a la actual situación, sino que
tienden a corregirlos de facto ante la evidencia del mal resultado obtenido"
(25).
En esa época, eran varios los sectores de Montoneros que polemizaban con la
conducción. Entre las polémicas más notorias están la que encabezaba Walsh, por
un lado, y la de la Columna Norte del Gran Buenos Aires, por el otro. Ambas
discusiones, desde diferentes propuestas y perspectivas, giraban en torno del
funcionamiento organizativo y del rol de la identidad peronista tras el golpe.
En el caso de Walsh, la crítica se dirigía principalmente hacia la línea
triunfalista y militarista de Montoneros, y como contrapartida planteaba un
necesario repliegue hacia el peronismo, en vez de dilapidar "esfuerzos en crear
un inexistente Movimiento Montonero".
Antes del golpe de Estado, la organización había disputado la conducción del
movimiento peronista, que después de 1976 dio por agotado: "forzadas a
replegarse ante la irrupción militar, (las masas) se están replegando hacia el
peronismo que nosotros dimos por agotado (...) Suponer que las masas se
replieguen al montonerismo es negar la esencia misma del repliegue, que consiste
en desplazarse de posiciones más expuestas hacia posiciones menos expuestas"
(26).
De ahí su postura -relacionada al repliegue popular hacia el peronismo- y la
propuesta aglutinante de resistencia al régimen, "que Montoneros tiene méritos
históricos para encabezar". En términos de Mao Tse-Tung, Walsh caracterizó la
etapa como de retirada desde el punto de vista estratégico y como de resistencia
desde el punto de vista táctico. Esta definición suponía un cambio en la
estructura organizativa para adecuarla a las nuevas necesidades, de modo que la
descentralización se constituyó en una de las claves de su planteo.
"Un centenar de oficiales, dispersos en el territorio, sin otro lazo orgánico
que la unidad doctrinaria, es suficiente para sostener la resistencia si se
cuenta con recursos adecuados en dinero, documentación, propaganda y
explosivos". De esta manera, un masivo "cuestionamiento al orden social, incluso
por la violencia", permitiría acelerar "el enfrentamiento político". Al
"sustraerse como blanco" del accionar enemigo y "reclamar por la paz", podría
demostrarse que "la responsabilidad de la guerra recae en el enemigo. En este
punto aparece la posibilidad y legitimación de la resistencia, forma de guerra
diluida que, sin fijarse plazos, puede arraigar en el pueblo si le propone
formas de acción que estén a su alcance" (27).
Para lograr este objetivo, Walsh propuso el reparto del dinero con anticipación
y por tiempos prolongados, la descentralización de la prensa y la fabricación de
explosivos caseros y bombas incendiarias en vez de la fabricación de armas de
guerra. En su propuesta, funciona como experiencia de aprendizaje la etapa de la
primera resistencia peronista: una línea militar ligada al interés inmediato de
las masas, el abandono de los atentados individuales y el privilegio de los
atentados al aparato productivo; en lo político, el levantamiento de la bandera
de los derechos humanos y una incesante propaganda ofensiva realizada por medios
artesanales.
"La aparición de contradicciones entre ellos (la Junta) gira sobre políticas a
seguir después de la derrota de la guerrilla, que sigue siendo el factor
unificador" (28). Por lo tanto, todas las acciones -militares y políticas-
debían apuntar a acelerar esas contradicciones hasta romper su unicidad.
En esa línea de pensamiento y acción, Walsh creó ANCLA, una herramienta política
ofensiva destinada a horadar en el corazón mismo del poder.
Notas
11 Rodolfo Walsh, papeles personales. En Link (1996).
12 Rodolfo Walsh, introducción a la primer edición de "Operación Masacre". En
Baschetti, Roberto (1994).
13 Las Actas de Chapultepec fueron firmadas por 20 países americanos en 1945,
bajo la supervisión de los Estados Unidos. Su objetivo era establecer un sistema
de defensa hemisférica contra la "amenaza del comunismo", llamado Tratado
Iteramericano de Asistencia Recíproca (TIAR). La Argentina en ese momento se
opuso; pero más tarde el gobierno peronista accedió a sumarse a la convocatoria.
14 California Argentina era el nombre local de la empresa petrolera
estadounidense Standard Oil. A fines del segundo gobierno peronista, la
Argentina se encontraba en una situacíón de carencia de recursos necesarios para
movilizar las reservas petrolíferas. Por ese motivo, Perón firmó un preacuerdo
con la compañía para que ésta extrajera el petróleo para venderlo a YPF, la
petrolera estatal. Como por el artículo 40 consagrado en la Constitución
Nacional de 1949 se establecía que todos los recursos naturales del país eran
propiedad inalienable de la Nación, la California no podía comercializar el
petróleo: el acuerdo entonces era venderlo a YPF cobrándose los costos más una
ganancia del1 por ciento sobre el capital invertido. La oposición dentro del
mismo peronismo, sumada a la oposición de los demás partidos políticos trabó el
proyecto, que no prosperó.
15 Fossati, Ernesto. En Baschetti, Roberto (1994).
16 Cfr. Mestman, Mariano. En Causas y Azares nro. 6 (primavera de 1997).
17 Rodolfo Walsh también pudo conocer el funcionamiento de la agencia Wafa,
cuando el diario Noticias lo envió al Líbano para trabajar en una serie de notas
sobre los palestinos.
18 Cfr. Armand Mattelart (1978).
19 Cfr. Gillespie, Richard (1987). Págs. 190 y 235.
20 Cfr. Verbitsky, Horacio (1985).
21 Cfr. María del Carmen Rubano (1994).
22 Entrevista realizada por la autora a Lucila Pagliai, quien desarrolló su
militancia en el área de informaciones de Montoneros y participó junto a Walsh y
otros integrantes del ámbito en la gestación de ANCLA. Lucila, graduada en
Filosofía y Letras y la única del grupo original que no era periodista, logró
salir del país en 1977 y se radicó en París. (Marzo de 1998).
23 Cfr. Mariano Mestman. Op.cit.
24 Con respecto a las críticas a la Conducción, es el propio Walsh el encargado
de resaltar que "situarlas por escrito no debe entenderse como una forma de
cuestionamiento sino de diálogo interno". En Baschetti (1994), pág. 239.
25 Cfr. Walsh, Rodolfo, Documentos internos. En Baschetti (1994), pág. 209.
Según Roberto Perdía (1997), la circular del 12 de febrero de 1977 intentó
"encontrar mecanismos superadores al debate que estábamos desarrollando". En
entrevista personal con la autora (marzo de 1999), Perdía -en ese entonces
secretario político de Montoneros- sostuvo que "cuando Walsh hizo su planteo ya
era tarde, y cuando nosotros lo hicimos fue mucho más tarde todavía. Habíamos
ido muy lejos, tuvimos una cierta desvinculación con el movimiento popular desde
1974 en adelante. Entonces, cuando quisimos pegar el golpe de timón, ya era
tarde".
26 Cfr. documentos internos. En Baschetti (1994).
27 Idem.
28 Idem.
Acerca de ANCLA
Dijimos en el capítulo anterior que la Agencia de Noticias Clandestina nació
como necesidad frente a una situación de opresión y autoritarismo. Política del
área de Inteligencia de Montoneros, la agencia de contrainformación buscó "parar
la ofensiva militar con respuestas políticas" (29). Esto significaba que todo el
trabajo estaba destinado a generar grietas que minaran el muro del poder, al
tiempo que se desarrollara, lentamente, la resistencia popular al régimen.
ANCLA empezó a funcionar en junio de 1976. Tan solo un mes después, los
documentos confidenciales cursados por la embajada de Estados Unidos en nuestro
país hacia el Departamento de Estado norteamericano dieron cuenta de la feroz
interna entre los militares que se habían adueñado del gobierno argentino: la
división entre "duros" y "moderados", la posibilidad de abrir cierto diálogo con
los partidos políticos, el plan económico diseñado por José Alfredo Martínez de
HOZ (30), las maniobras de cada arma para imponer a sus hombres en los lugares
de poder. Un breve repaso a estas tensiones entre el Ejército, la Marina y la
Aeronáutica es fundamental a la hora de comprender el trabajo de la agencia,
puesto que en su agudización iba la tarea central de la política de
contrainteligencia.
Marco político
Una lectura rápida pero atenta a los cables de ANCLA, escritos hace unos 25
años, revela la oscura trama que se desenvolvía tras la aparente unidad de
concepción del bloque en el poder. Las luchas intestinas entre las tres armas,
que fueron una constante del autodenominado "Proceso de Reorganización
Nacional", siempre tuvieron un lugar de análisis acertado en aquellos cables que
llegaban por correo a las redacciones, a los militares, a los miembros de la
Iglesia, a los empresarios.
Según documentos de la embajada estadounidense en la Argentina desclasificados
recientemente (31), algunos de los sectores que antes habían apoyado el golpe
comenzaron a alejarse tímidamente debido a la evidente política de exterminio
sistematizado sobre cualquier opositor a la Junta Militar, por un lado, y debido
a los estragos causados por la política económica de Martínez de Hoz, por el
otro. Esto posiblemente favoreció el acopio de información por parte de ANCLA,
ya que entre sus fuentes se encontraban "informantes calificados". La agencia
retrata, en diferentes cables, los efectos de esa represión sobre todos los
ámbitos de la sociedad argentina: la violencia del Estado terrorista, el
abandono de la producción científica de nuestro país, las diferencias entre los
miembros de la Iglesia, la crisis del aparato productivo.
En el cable del 30 de agosto de 1976, titulado "Campaña de censura y represión
contra el periodismo", la agencia da cuenta de la situación represiva a través
de un comunicado de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA);
"Un agudo malestar ha causado en medios allegados a la Secretaría de Información
Pública, que preside el capitán de navío Carlos Carpintero, la declaración
emitida por ADEPA (...) La nota (...) cuenta como objetivo primordial el reclamo
de poder informar más libremente y la condena abierta a los actos de violencia
que sufren los hombres de prensa en la actualidad".
Asimismo, en otro cable (3 de enero de 1977, "La 'liberación' de los presos
políticos en Argentina") ANCLA utiliza el discurso referido directo para dar
cuenta del engaño de los "liberados", donde las comillas vienen a negar lo que
la palabra ajena, la de los militares, afirma. Su propia opinión, que abre y
cierra algunos de los cables, está puesta además en función reveladora:
descubren la inexistencia de los enfrentamientos, de los liberados, de la opción
de abandonar el país e, incluso, de la ambigüedad de la afirmación de que muchos
detenidos por el poder ejecutivo habrían sido liberados, cuando habrían pasado a
ser encausados por la justicia (es decir que seguirían detenidos), denunciando
-a su vez- la función propagandística de tales anuncios.
Los efectos de la represión sobre la sociedad pueden verse también en el parte
del 18 de septiembre de 1976, "La ola de violencia sobre los profesionales":
"Los intelectuales argentinos acorralados por la violencia indiscriminada,
buscan refugio en lugares del mundo más propicios para realizar sus actividades,
produciéndose una verdadera 'fuga de cerebros'. Los científicos, técnicos e
intelectuales que por distintos motivos no se alejan del país, permanecen en un
estado de parálisis que redunda en un deterioro de la producción intelectual y
de la investigación científica argentina".
Y con respecto a la Iglesia, el cable de ANCLA del 30 de agosto de 1976 ("Habría
sido asesinado monseñor Angelelli") sostiene que "este conjunto de hechos ha
creado una situación de creciente tensión entre la Iglesia Católica y el
gobierno militar argentino, mitigada por las gestiones de algunos miembros de la
alta jerarquía eclesiástica en un esfuerzo por detener la propuesta masiva del
conjunto de los integrantes de esta institución religiosa".
En este marco, las luchas intestinas por el poder se proyectaban y complicaban
cada vez más el sistema de gobierno diseñado por los militares golpistas. "Tres
factores (…) acentúan las 'diferencias normales de opinión' (entre las Fuerzas
Armadas) -dice al respecto un informe secreto de la embajada norteamericana en
julio de 1976-: a) El difícil sistema de manejo de la Junta. La Junta, no el
presidente, es la autoridad suprema del país. El gabinete y las áreas de
responsabilidad están divididos entre las tres fuerzas. Esto traslada
rivalidades al gobierno y fomenta el que los ministros e interventores tiendan a
reportarse y a responder más al jefe de su arma que al presidente. b) La
incapacidad de (Jorge Rafael) Vide la para afirmarse (...) c) Las ambiciones del
almirante (Emilio Eduardo) Massera (... ya que) no quedan dudas de que apunta a
la presidencia. (…) Videla es consciente de las maniobras de Massera, desconfía
de él y probablemente le gustaría librarse de Massera antes de que este último
intente liberarse de él (...) Videla y Viola supuestamente también se consideran
adversarios" (32).
El traslado de "rivalidades al gobierno" se hace presente en muchos de los
cables de ANCLA: "La Marina argentina propuso como presidente de la república al
general Luciano Benjamín Menéndez, reservando al actual titular del Poder
Ejecutivo general Videla, el cargo de comandante en Jefe del Ejército. La
posición de la Marina incluye un abanico de posibilidades que cubre desde la
candidatura presidencial (...) hasta el nombramiento de otro alto jefe militar
en un eventual cargo de 'primer ministro'. Pero en todos los casos supone el
desdoblamiento de la función ejercida por Videla", explica el cable del 20 de
diciembre de 1976, "La crisis en la cúpula militar". El mismo cable luego
continúa que "las propuestas manejadas por el sector orientado por el general
Viola privilegian la titularidad del Poder Ejecutivo para el general Videla
(...) y ubican al general Viola en la Comandancia en Jefe del arma. Tanto la
Marina, la Aeronáutica, como el sector del Ejército orientado por el general
Menéndez cuestionaron al general Viola (...) por su relación con políticos y
sindicalistas. Los enfrentamientos en la cúpula militar (…) se agudizaron a
partir de que el general Viola lograra mejorar su relación de fuerzas con los
cambios producidos en el arma por la Junta de Calificaciones. En dicha
oportunidad, si bien la llamada 'línea Viola' perdió la Brigada I de Caballería
y debió pactar en algunos casos con el ala liderada por Menéndez, pudo pasar a
disponibilidad a cuatro opositores (Paladino, Vilas, Buasso y Mujica), promover
a altas funciones a generales afines (Vaquero y Olivera Rovere) y mantener sus
posiciones en el gobierno (...). La contraofensiva emprendida por la Marina,
Aeronáutica y el sector aliado del Ejército, se ha centrado en dos ejes: la
relación Junta-Poder Ejecutivo, y la cuestión sindical, a través de la Ley de
Asociaciones Profesionales".
Las consecuencias de ese pase a disponibilidad de "cuatro opositores" se
evidencian cuatro meses después, en el cable del 14 de abril de 1977 ("Campaña
por tres generales retirados"). Allí, la agencia sostiene que "volantes
reclamando por el retiro forzado de los generales Acdel Vilas, Juan Antonio
Buasso y Rodolfo Clodomiro Mujica fueron arrojados en el centro de Buenos Aires,
como un síntoma más de las divisiones que agitan a la cúpula militar argentina
(...) Los tres formaban parte del ala ultraderechista del Ejército, enfrentada
con (...) Viola y apoyada por (...) Massera".
Estas luchas internas se vieron representadas también en el allanamiento de la
vivienda del general de brigada Arturo Amador Corbetta (del ala "Iegalista")
poco más de un mes después de la detonación de una bomba en la Superintendencia
de Seguridad Federal, reivindicada por Montoneros. Corbetta, luego de "una
verdadera rebelión de la plana mayor policial-en reclamo de sangrientas
represalias-" (33), relevó a los superintendentes de dos unidades operativas de
la Policía Federal y presentó su propia renuncia como jefe policial.
"Las diferencias entre Corbetta y (el ministro del Interior, Albano)
Harguindeguy datan de tiempo atrás, habiéndose evidenciado al decidir el
ministro (...) que los jefes policiales relevados (…) en la crisis de julio se
desempeñaran como asesores de su ministerio". El cable puntualiza que "el
general Corbetta se ubica entre los más firmes sostenedores de la posición
'legalista' en cuanto a la represión antisubersiva (…) Su oposición (...) se
manifestó especialmente a raíz del asesinato del general boliviano y ex
presidente de ese país Juan José Torres y de la 'ejecución' de los cinco
religiosos de la orden de los palotinos, en los primeros días de julio".
Asimismo, en la crónica y el análisis de los hechos del cable del 19 de
diciembre de 1976, "Malestar en la Policía provincial", ANCLA desarrolla su
argumentación poniendo de relieve la oposición interna entre policías y
militares. Así, la agencia aparece como conocedora de sucesos "secretos": las
divisiones internas de las Fuerzas Armadas y de seguridad, y las previsiones que
éstas proyectan para un futuro inmediato ("comisarios generales y jefes
regionales (…) estarían dispuestos a realizar un planteo (…) al comandante del
Primer Cuerpo del Ejército"). El cable parte de la detonación de un artefacto
explosivo durante una reunión de la plana mayor de la Policía de la Provincia de
Buenos Aires (PPBA), "reivindicada para sí por la organización peronista
Montoneros".
Otro de los múltiples y violentos reflejos de las diferencias internas entre las
tres armas tuvo lugar con el secuestro, en Buenos Aires y por parte de un grupo
de tareas de la Marina, del embajador argentino en Venezuela nombrado por Vide
la, Héctor Hidalgo Solá (julio de 1977). Esa era una de las nada sutiles trabas
de la dictadura para nombrar civiles en cargos de gobierno. Pero la imagen
norteamericana de Videla como militar de un ala supuestamente "democrática"
("Soldado profesional decente, honesto y sincero, obviamente aborrece las
confrontaciones políticas y las luchas internas", dice uno de los documentos
desclasificados) se desvaneció rápidamente, cuando fue el mismo Videla el que
cerró toda posibilidad de apertura hacia los partidos políticos tradicionales. A
esa supuesta apertura no solo se enfrentaba la Marina: también Martínez de Hoz,
enfrentado a Massera -y ahora a Videla-, la descartaba. Es que necesitaba "más
tiempo para que sus medidas de austeridad reviertan la economía" (34).
El plan económico de Martínez de Hoz, apoyado y alentado por Estados Unidos, no
podía "aplicarse sin un considerable sacrificio de una parte de la clase
trabajadora", explicaba entonces el secretario de Estado norteamericano, Henry
Kissinger, en un documento confidencial. Este "considerable sacrificio", al
decir del funcionario, se tradujo entre 1976 y 1978 en un descenso de los
salarios reales industriales básicos de entre el 57,7 Y el 28,3 por ciento, de
acuerdo a la rama de la producción. Al mismo tiempo, la deuda externa "creció un
50 por ciento, pasando de 5.189 millones de dólares en el 76 a 8.357 millones en
el 78. Las inversiones extranjeras, en cambio, treparon de 4.115 millones de
dólares (...) a 147.070 millones" (35). Esas inversiones, en 1981, se
transformarían en la sideral deuda externa argentina.
En otras palabras, en el diseño norteamericano de nuestra economía, el
"sacrificio" era parte de un programa que, en líneas generales, incitaba "a la
Argentina a que aceptara su 'papel productor de alimentos' y dejara controlar su
potencial nuclear, además de impulsar las políticas de apertura y endeudamiento
externo, que derivarían en un proceso de desindustrialización" (36). Esos
147.070 millones de dólares en inversiones extranjeras no se traducían en
inversiones productivas, sino -por el contrario- en el endeudamiento a través de
préstamos a las empresas estatales y privadas. Es decir que esa "inversión
extranjera" se daba gracias a los préstamos que Estados Unidos otorgaba a las
empresas vinculadas al poder militar o a las empresas estatales obligadas a
endeudarse. Luego el total de la deuda sería absorbida por el Estado.
Un año después del golpe, ANCLA revela que "el único éxito que el ministro José
Alfredo Martínez de Hoz pudo exhibir ante sus ceñudos interrogadores castrenses
fue un superávit de 1.100 millones de dólares en el balance de pagos, lo cual no
es extraño si se considera que se produjo un ingreso de 1.300 millones de
dólares por créditos obtenidos del Fondo Monetario Internacional y de bancos de
Estados Unidos, Japón y Europa para refinanciar la agobiante deuda externa
argentina de 12.000 millones de dólares. El producto bruto descendió un 2,9 por
ciento y el consumo casi un 8 por ciento, creando situaciones críticas a
importantes sectores industriales como la producción automotriz (...) Esta grave
recesión hizo trepar al 10 por ciento el índice de desocupación, pese al plan
del ministro (...) de evitar un desempleo masivo por la vía de una caída
generalizada del poder adquisitivo del salario. Temeroso de los estallidos
sociales, el gobierno militar anunció a los empresarios que podrían mantener sus
ganancias congelando los salarios. Pero (… restringiendo) al mínimo los despidos
de personal" (37).
A esta situación también se refiere uno de los documentos de la embajada
norteamericana: "Los trabajadores no son el único problema de Martínez de Hoz.
También tiene sus críticos dentro de los militares", en referencia a las
ambiciones de Massera y su aliado Guillermo Suárez Mason.
Todas estas "diferencias" tuvieron otro capítulo en la discusión sobre la
elección del llamado "cuarto hombre", impulsada por el Ejército a finales de
1977 y en cierta forma adelantado por ANCLA casi un año antes ("La
contraofensiva emprendida por la Marina, Aeronáutica y el sector aliado del
Ejército, se ha centrado en (...) la relación Junta-Poder Ejecutivo"). Ese
"cuarto hombre" sería Videla, que ya retirado como comando en Jefe asumiría como
presidente "civil" con autoridad superior a la Junta, la que sólo en casos de
emergencia ejercería el poder de veto. La Armada y la Fuerza Aérea, en cambio,
proponían un "cuarto hombre" sometido a la Junta como órgano supremo.
Videla asumió como presidente en 1978, cargo que hasta ese momento había
ejercido, pero en calidad de miembro de la Junta. Massera seguió en la Junta
como jefe de la Armada. En la jefatura del Ejército Roberto Viola reemplazó a
Videla, pero en una tormentosa y dividida votación del alto mando de la fuerza:
Viola no contaba con el apoyo unánime de los comandantes de cuerpo, "donde está
el verdadero poder del Ejército", tal como consta en los documentos secretos.
Las maniobras aquí mencionadas brevemente conforman parte del marco político en
el que se desarrolló ANCLA, entre 1976 y 1978 (38). En cada uno de los partes
pueden verse en juego la identificación propia, los objetivos político ofensivos
de la agencia, el tratamiento de las fuentes y la construcción de un
destinatario múltiple para consumar sus tareas de contra inteligencia y contra
información. La agencia, que se presentaba en forma difusa, cuidó todo el tiempo
su redacción a fin de que no aparecieran marcas explícitas de identidad;
mientras que las contradicciones militares aparecían siempre puestas en relación
con alianzas y hechos.
Informaciones e inteligencia: el origen de la agencia
En el organigrama montonero, el Departamento de Informaciones e Inteligencia
dependía de la estructura militar de la organización (39). Su función era la de
realizar evaluaciones acerca de la situación del "enemigo" (40), de la situación
militar, de los posicionamientos de los partidos políticos y de la Iglesia y de
la situación del campo popular. Su objetivo, servir a la toma de decisiones
políticas y a las actividades internas de Montoneros, entre cuyas tareas estaba
la de armar un "ejército popular" (Ejército Montonero).
Para cumplir con su trabajo, el departamento contó con un importante bagaje de
información. Por un lado, manejaba el archivo periodístico del diario Noticias
(que Walsh integró en 1974), y recopilaba y analizaba los informes publicados
por la prensa legal; por el otro, cada sector de la organización hacía llegar
información referente a fuerzas de seguridad, operativos, patronos, etc., a esa
estructura, formando una red interna a través de los canales orgánicos.
La información, que se archivaba y se procesaba, se complementaba con los datos
arrojados por interceptaciones a la red de transmisión policial y de las Fuerzas
Armadas. Esta actividad se denominaba "escucha", puesto que requería escuchar
cotidianamente las transmisiones y desentrañar sus códigos para captar algún
operativo o secuestro.
Las fuentes de la información, por lo tanto, podían ser internas (estructura
orgánica), públicas (diarios y revistas) y clandestinas (interceptaciones y
contactos "calificados"), además de los colaboradores "por afuera" de la
organización: un trabajador, un vecino que había visto un operativo, un
estudiante, un familiar, un conscripto, etc. Esta última modalidad fue básica en
el caso de ANCLA, sobre todo a medida que la represión iba deteriorando cada vez
más las estructuras orgánicas.
Rodolfo Walsh, a cargo de una de las áreas del departamento (41), le daba una
importancia fundamental a la información política que se desprendía de diarios y
revistas de circulación legal. Solía prestar especial atención a los discursos
de los generales para descubrir las diferencias entre cada uno de los sectores
de las Fuerzas Armadas, a quienes respondían en el plano económico, sobre qué
sector de la Iglesia se apoyaban.
"Una de las tareas centrales de Informaciones, y después también de ANCLA
-explica Lila Pastoriza, quien participó en Inteligencia- era recopilar los
recortes de los diarios todos los días: se publicaba mucha más información de la
que se cree, y complementada con los datos obtenidos por las demás vías se
empezaba a armar el rompecabezas" (42).
Es decir, más que grandes contactos en las altas esferas del Partido Militar, la
información que llegaba a informaciones e inteligencia emanaba "desde los
conscriptos hasta el tipo que era policía desde mucho antes, que era peronista y
pertenecía o colaboraba con Montoneros. No era información 'central', porque un
colimba (43) no tiene información central, pero -por ejemplo- todas las
informaciones acerca del funcionamiento de la ESMA se recopilaron gracias a
colimbas que cumplían el servicio militar en ese lugar. Si bien existían algunos
contactos a más alto nivel, no eran tan fundamentales" (44).
La calidad del servicio de informaciones montonero pudo, en un sentido amplio,
notarse en más de una oportunidad. "Aramburu, Villar, los Born, la fábrica de
armas Halcón, el Hércules y muchos otros fueron posibles porque compañeros como
usted nos pasaron la información necesaria", sostiene un artículo de la revista
Evita Montonera (45). De ahí se desprende su importancia dentro de la estructura
militar de la organización, en tanto servicio de inteligencia.
La revista continúa: "Todos manejamos alguna información sobre el enemigo: el
cana que vive en el barrio, la pinza que vimos, el plano de la comisaría o el
cuartel donde hicimos la colimba, el matón del sindicato, la casa de un traidor
del movimiento, el dueño de la fábrica donde trabajamos. Esa información, tal
vez, en sí misma no sea muy importante o tal vez no sirva para una acción
militar espectacular, pero para nosotros por más pequeño que sea cualquier dato
es útil, porque lo unimos a otros datos y así vamos armando nuestra red de
información" (46).
Cuando comenzó la acción represiva de la Triple A (47), el departamento de
informaciones cumplió una tarea esencial: envió fotografías de los sospechosos
de participar en ese organismo paramilitar a cada una de las áreas de la
organización, con el objeto de identificarlos. Según Richard Gillespie, la
apelación a la policía de la Provincia de Buenos Aires realizada en 1975 por los
Montoneros, además de otras peticiones, sirvieron para cosechar aún más datos
acerca de las tres AAA, los que más tarde se utilizarían para estimular la
denuncia del accionar de ese organismo por parte de políticos y personalidades
(48).
Los militantes que participaban del departamento cumplían diversas actividades
relacionadas a contrainteligencia. Hacia 1976, Walsh se encontró con la
necesidad de dar salida a todo ese bagaje informativo que se venía construyendo
desde 1973. Reunido con Lila Pastoriza, Lucila Pagliai, Eduardo Suárez
(desaparecido en agosto de 1976) y Carlos Aznárez, discutió acerca de la
posibilidad de crear una agencia de noticias. Luego, hizo el planteo formal en
la estructura superior de la que dependía el organismo, posiblemente la
dirección de Inteligencia (supuestamente a cargo de Horacio Campiglia, alias
"Petrus", a quien Walsh nombra en uno de sus papeles personales) (49) o la
Secretaría Militar, en ese entonces a cargo de Horacio Mendizábal.
"Rodolfo era muy habilidoso en ese sentido. Por eso, cuando se arma la agencia,
la discusión se da en buenos términos con la organización. ANCLA parecía una
tarea absolutamente racional", señala Carlos Aznárez (50), y luego agrega que
Walsh aparecía como "el más capacitado para llevar adelante un proyecto de esas
características: tenía inserción en el gremio, contactos cualificados y gente en
distintas áreas que le facilitaban la información, a él y a ningún otro".
Según Aznárez, Walsh "estaba al día con toda la tecnología que pudiera servir
para la contrainteligencia. Rodolfo era un minucioso investigador en ese área y
en muchas ocasiones mandaba a comprar artilugios al exterior, que luego
servirían para hacer 'escuchas'. Además, era uno de los más grandes
'descriptadores' que tenía la 'orga', podía descifrar una clave policial o
militar (a nivel de mensajes 'tabicados') en muy poco tiempo. Y a la vez, era un
maestro para generar mensajes en clave, que -luego nos enteramos- a los milicos
les costaba mucho entender" (51).
Esta experiencia, no individual sino colectiva, sirvió para encontrar una
herramienta que permitiera dar a conocer, por otra vía, lo que estaba pasando:
todos los órganos legales de prensa partidaria estaban definitivamente
clausurados, la represión cada vez era más dura y muchos medios de comunicación
masiva desecharon rápidamente la posibilidad de publicar informaciones
provenientes de fuentes no oficiales.
ANCLA: objetivos
En virtud del material recopilado y de las entrevistas realizadas, puede
observarse que ANCLA tuvo tres objetivos centrales: "informar a los que
informan", es decir, brindar información veraz a los periodistas a fin de romper
el bloqueo informativo; funcionar como una herramienta de denuncia no sólo
acerca de las violaciones a los derechos humanos, sino también acerca de
aspectos de la política económica, la situación social que se vivía en el país,
y de la movilización obrera sistemáticamente silenciada; y, fundamentalmente,
agudizar las contradicciones existentes en el seno de las fuerzas armadas y
demás sectores de poder.
Agudizar las contradicciones
La Agencia de Noticias Clandestina, como dijimos más arriba, fue parte de la
política del aparato de Inteligencia, y en ese sentido orientó su accionar. Ya
desde la elección del nombre, Walsh buscó generar confusión entre las Fuerzas
Armadas. Por eso utilizó la sigla ANCLA: las competencias en el seno de las FFAA
permitieron que la agencia funcionara con relativa tranquilidad durante unos
meses, ya que cada arma sospechaba de la otra en la autoría de los cables. Pero
lo cierto es que lo que más preocupaba a los militares era el contenido de esos
misteriosos partes: por la calidad de la información, evidenciaban un
conocimiento de la situación para ellos sólo posible a través de fuentes
militares.
Según Lila Pastoriza, responsable del ámbito que llevaba adelante la agencia,
Walsh planteó la importancia de realizar un trabajo político entre las Fuerzas
Armadas y de seguridad, destinado a agudizar sus contradicciones internas: había
que enfrentar al sector de la Iglesia "X" con el sector del capital "Y", o con
alguna de las tres armas. En este sentido era necesario "generar instrumentos de
acción psicológica para producir o acelerar las contradicciones dentro del campo
del enemigo. Como lo que de alguna manera hacía la guerrilla era unificarlo,
nuestro objetivo entonces era dividirlo" (52).
Para lograrlo, los cables -redactados de manera ambigua en cuanto a la identidad
de la agencia y de las fuentes- eran enviados por correo a personajes cruciales
elegidos de antemano en función de las necesidades políticas; al tiempo que la
difusión entre periodistas aportaba a la circulación de rumores y generaba un
marco más amplio para la acción política y la agitación. Para conseguir las
direcciones más importantes, allí estaba el trabajo de inteligencia: según
Roberto Perdía, existía en la organización una nómina de oficiales a los que
enviar la información "para provocar despelote entre ellos, opiniones", aunque
"se sabía de dónde venía esa información" (53).
La forma de ordenar los datos servía, además, para dar relieve a las diferencias
entre los sectores de poder, mientras que la cantidad de fuentes en diferentes
sectores de la sociedad y ciertos "informantes calificados" les permitían
realizar análisis tan certeros que provocaban dudas y preocupación entre sus
destinatarios. Este objetivo, en sí mismo, descubre a la agencia como un
instrumento ofensivo de contrainteligencia: "Se generaron todo tipo de cables
cruzados, que provocaron desde temor hasta incredulidad" en el seno del poder,
señala Carlos Aznárez (54). De ahí que su ámbito natural estuviera vinculado a
la estructura de inteligencia de Montoneros.
La política de contra inteligencia no se agotaba con el funcionamiento de ANCLA:
también se editaban papeles y estudios acerca de temas conflictivos, como por
ejemplo la soberanía o la política económica. Entre ellos figuran los Cuadernos
de la Soberanía, redactados y distribuidos por Horacio Verbitsky y donde también
participaba, entre otros, Patricia Walsh. Según expresó la hija menor de Rodolfo
en la presentación de la primera edición de este libro, en los Cuadernos...
trabajaba "un grupo no muy grande de compañeros, que en plena dictadura y en la
absoluta clandestinidad, nos dedicamos a escribirlos".
Los Cuadernos... -explica a su vez Verbitsky- "eran como la contraimagen de lo
que la dictadura planteaba a los oficiales jóvenes", era mostrarle a los
militares la posibilidad de una forma distinta de ser militar. "Nos planteábamos
la disputa ideológica en ese sentido -continúa-, con la idea de que no era
inevitable que todos los militares fueran secuestradores, asesinos y lapidadores
del patrimonio nacional. Pensábamos que, en general, cuando un adolescente
comienza la carrera militar lo hace con intenciones generosas, no con la idea de
convertirse en un asesino y un ladrón. Sin hacemos demasiadas ilusiones,
procurábamos fortalecer esas contradicciones".
Entre los cables de la agencia donde se deja entrever este objetivo, se
destacan: "Malestar en la policía provincial", "La crisis en la cúpula militar"
y "Divergencias en las Fuerzas Armadas argentinas", emitidos durante 1976;
"Explicaciones económicas para el asesinato de un jefe militar", "Polémica por
una obra recientemente inaugurada", "Brasil desplaza a la Argentina en la
fabricación de aviones", algunos apartados del "Servicio especial: a un año del
golpe militar en la Argentina" y "Campaña por tres generales retirados", durante
la primera mitad de 1977; y "El cuarto hombre recién en 1979", y "¿Qué está
pasando en la Junta Militar?", correspondientes a la reanudación de los
servicios de ANCLA a partir del mes de agosto (para más información sobre las
etapas de ANCLA, ver el apartado sobre funcionamiento) (55).
Ahora bien, el1 9 de abril de 1977, en conferencia de prensa, el Comando en Jefe
del Ejército dio a conocer un informe sobre "La subversión en la Argentina". La
conferencia duró cuatro horas y la introducción estuvo a cargo del comandante en
jefe, teniente general Jorge Rafael Videla (en ese entonces presidente). También
expusieron Roberto Viola (titular del Estado Mayor de esa arma), Carlos Alberto
Martínez (jefe II -Inteligencia- del Estado Mayor General), y Luciano Adolfo
Jáuregui (titular de la jefatura III-Operaciones-) (56).
Lo que más interesa aquí es la "exposición" de Martínez, entre comillas dado que
los medios de comunicación de la época hicieron una transcripción exacta del
documento oficial leído durante la conferencia. En uno de sus apartados, dice:
"La acción sicológica (AS) ha desempeñado un importante papel en el accionar
subversivo y ha recurrido a diversos medios que van desde publicaciones
clandestinas, inscripciones murales, panfletos, pegadas de obleas, emisiones
radiales clandestinas, propaganda y/o intimidaciones por vía postal o
telefónicas, visitas domiciliarias, etc., hasta el empleo de propaganda armada y
uso de explosivos de alto poder sobre lugares de concentración de personas (Cine
Círculo Militar, Superintendencia de Seguridad Federal, Secretaría de
Planeamiento del Ministerio de Defensa Nacional) con fines no sólo de
destrucción, sino propagandísticos" (57).
"En general, la AS está dirigida a: Captar. Disminuir el espíritu de lucha y
fracturar la cohesión de las Fuerzas Legales. Enfrentar a distintas
instituciones con el gobierno, especialmente la Iglesia. Mantener en estado de
agitación al campo laboral buscando hacer fracasar el plan económico.
Desprestigiar al gobierno y las FFAA. Lograr una resistencia de la población al
gobierno" (58). En otras palabras, el informe desnudaba los objetivos de la
agencia clandestina.
Más adelante y después de enumerar el empleo de la "AS a nivel internacional",
la investigación describe las "estructuras propias (dentro del país)", que
"envían información falsa o distorsionada a corresponsales extranjeros, tratando
de aparecer como una agencia independiente clandestina. Tal es el caso de ANCLA
(Agencia de Noticias Clandestina), organizada por la bdsm (59) montoneros y que
funciona en el 'sector FFAA del Departamento Informativo de la Secretaría
Militar' bajo la responsabilidad de la DS (60) (alias) 'Lidia"' (61).
'Lidia' era el pseudónimo de Lila Pastoriza. Después de más de medio año de
funcionamiento y en virtud de los datos que ahora manejaba el ejército, puede
suponerse que el objetivo de "agudizar las contradicciones internas" perdió su
razón de ser. Las FFAA habían descubierto la identidad de la agencia, por lo
tanto los destinatarios de la información estaban precavidos acerca de las
intenciones políticas de sus autores: dividirlos disfrazándose de unos y otros,
sembrar la discordia.
Pero no fue así. Por el contrario, la preocupación y las sospechas se
mantuvieron: el problema no era tanto la identificación del emisor, sino la
calidad de una información que presuponía que contactos secretos en cada una de
las tres armas (o en alguna de ellas) colaboraban con la estructura de la
agencia. Además, tal como señaló Mariano Moreno, secretario de la Primera Junta
Patria (1810), la acción psicológica no es tan simple de contrarrestar: Moreno
aseguraba que el envío de cartas políticas con nombres y firmas falsificadas
generaba cierta desconfianza entre los enemigos, de la cual -aunque "protesten
que son imposturas"- nunca podrán desprenderse (62). Las cartas estaban sobre la
mesa, pero las tensiones entre las tres armas favorecían la incredulidad y la
desconfianza.
Aznárez profundizó este punto con el relato de situaciones posibles: "Cada
fuerza suponía que la información de los cables pertenecía a la otra. Por
ejemplo, algún empresario vinculado a la Aeronáutica, que recibía los partes,
creía que los responsables pertenecían a la Marina; lo mismo con determinado
miembro jerárquico de la Iglesia que comentaba la información con un capellán".
De esta forma, la agencia consiguió seguir desvelando a las FFAA durante un
tiempo más. Pastoriza, quien dos meses después de aquella conferencia fue
secuestrada por la Marina, recuerda su sorpresa al descubrir que "todavía se
mantenía nuestro objetivo. Incluso cuando yo 'caí', en junio del '77, pude
comprobar que la Marina todavía pensaba que el informe era un bolazo del
Ejército, ¡y el Ejército a su vez no terminaba de creer que ANCLA perteneciera a
Montoneros!".
Dadas las competencias internas de las FFAA y demás sectores de poder, un arma
creía que la agencia era parte de una maniobra de la otra. Los recelos entre
ellos permitieron, así, dar más "aire" y continuidad al trabajo, cada vez más
difícil ya que "el enemigo estaba tras nuestros pasos" (63), Mientras tanto,
retenida clandestinamente en la ESMA, Pastoriza enfrentaba a unos secuestradores
que se empeñaban en descubrir "cuál era el gran contacto" que les permitía
obtener las informaciones que se publicaban en los cables. No podían entender
que esa información estaba implícita en la prensa legal, en sus propios
discursos, en los libros de historia..., razón por la cual también insistieron
con su interrogatorio acerca de "dónde se encontraba el mimeógrafo. Nunca lo
encontraron, ni tampoco el sello con la sigla ANCLA que encabezaba todos los
cables" (64).
Esta insistencia recuerda la situación que se vivía en el centro de detención
clandestina "Quinta de Funes", en Rosario, donde el ejército retenía ilegalmente
a miembros de la dirección de la columna Rosario de Montoneros, "tres
mimeógrafos y una rotaprint", para imprimir folletos firmados como Montoneros:
una maniobra destinada a infiltrar y aniquilar a la guerrilla peronista (65).
Presumiblemente, la Marina tenía intenciones de llevar adelante una política de
ese tipo con los secuestrados del grupo de ANCLA, pero nunca lo logró. Así lo
demuestran no solo los testimonios recopilados y la ausencia de "caídas"
posteriores a los secuestros, sino también el hecho de que periodistas como
Horacio Verbitsky decidieran, hacia agosto de 1977, reanudar los servicios
informativos.
Instrumento de denuncia
A medida que la acción represiva se fue incrementando, comenzaron a llegar a la
redacción itinerante de ANCLA muchos hechos denunciables. Así fue que al
objetivo de acción psicológica se le unió la necesidad de generar un instrumento
de denuncia acerca de las crecientes violaciones a los derechos humanos.
Denunciar lo que ocurría en el país no sólo se circunscribía a ese ámbito, sino
que incluyó también la evaluación de la política económica, de la situación
social y de la movilización obrera.
"Cuando empezaron a llegar los rumores acerca de lo que pasaba en la ESMA o en
otros campos de concentración, muchos de nosotros sentimos incredulidad.
Estábamos pensando que tal compañero estaba muerto, su sangre estaba ahí, pero
después alguien nos decía que estaba secuestrado... Fue un golpe muy fuerte. Y
fue cuando reaccionamos que, junto a Rodolfo (Walsh), empezamos a pensar en
formas de contar toda esa historia. Pero no sólo en relación con los derechos
humanos, sino también con todas las tropelías que estaban haciendo los milicos.
ANCLA abarcaba todos los temas, desde las primeras huelgas y medidas de
resistencia hasta la corruptela de la junta", explica Aznárez (66).
Esa denuncia no era masiva, porque la represión hizo que los receptores de la
información se redujeran cada vez más. El "multiplicar y difundir" fue quedando
acotado a los medios extranjeros y a los medios nacionales que, si bien no
publicaban los cables, permitían una retransmisión subterránea de boca en boca.
Pero ante el bloqueo informativo, la agencia servía para incidir, para generar
grietas en la uniformidad de los medios nacionales.
El trabajo generado se fue constituyendo, entonces, en una molestia permanente
para la dictadura. "En el exterior conseguimos publicar un montón de cables
-sostiene Aznárez-. Y si no se publicaban todos, muchos de los receptores en el
exterior, que eran periodistas elegidos 'a dedo', retransmitían la información
por otras vías".
Ese "horadar el muro del silencio", sumado a la acción incesante de los
organismos radicados en el exterior, preocupó al régimen al punto de instalar el
"Centro Piloto" de París, que esperaba contrarrestar con propaganda paga las
numerosas denuncias que los militares golpistas llamaron "Campaña
Anti-Argentina". Porque ANCLA no trabajaba aisladamente: además de los
familiares y exiliados que planteaban la situación argentina afuera del país, se
le unió la acción de las organizaciones políticas y de derechos humanos.
El despacho de ANCLA del10 de agosto de 1977 es claro al respecto. El tema es la
reanudación de los servicios de la agencia luego de un mes de suspensión en
razón de los secuestros de miembros del grupo y de la salida al exterior de
otros. El cable establece que ANCLA, desde su creación, "se propuso proporcionar
información fidedigna y con un alto grado de elaboración", para luego detallar
la lista de temas que la Junta censuraba: "la situación interna de las Fuerzas
Armadas (...); los procedimientos clandestinos, secuestros, torturas y ejecución
de rehenes, que en un año y medio han sembrado de cadáveres el territorio
nacional y sus aguas jurisdiccionales (...)", y "la repercusión de estos hechos
más allá de las fronteras argentinas" (67).
Según Manuel Gaggero, miembro en aquel entonces de la sección Legal (68) del
Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), "nosotros teníamos un equipo
de prensa que comenzó a formar una agencia de noticias, con el fin de elaborar
notas de denuncia y enviarlas al exterior esperando el rebote. Es decir,
esperábamos que el rebote de alguna noticia publicada en el exterior permitiera
que un secuestro o una desaparición lograra un espacio en los medios de prensa
argentinos. Ese era nuestro objetivo y creo que también el de ANCLA, con quienes
intercambiábamos información" (69).
La agencia a la que se refiere Gaggero funcionó entre abril y diciembre de 1976,
aproximadamente. Muchos de los que participaron habían trabajado antes en El
Mundo, diario nacional vinculado al PRT (situación semejante a la de Noticias,
vinculado a Montoneros). Al igual que ANCLA, esta agencia era clandestina y no
funcionaba en un lugar fijo. El intercambio entre estos dos instrumentos no
solamente se daba en el plano de la elaboración de notas, sino que incluía las
direcciones a donde mandarlas.
El contacto con Montoneros era, según el testimonio de Gaggero, Miguel Zavala
Rodríguez, ex-diputado peronista desaparecido en 1976, con quien se mantenían
relaciones prácticamente semanales. Durante la entrevista, explicó que "cuando
perdíamos el contacto con la gente de ANCLA, recurríamos a él". Si bien los
entrevistados del grupo de ANCLA, consultados sobre esta relación, manifestaron
no tener conocimiento, es muy posible que haya existido cierta vinculación entre
las estructuras de prensa de ambas organizaciones. Y, a partir de allí, el
contacto con el grupo de ANCLA.
Lo cierto es que en el Secretariado Nacional se fundían las conducciones de la
estructura militar (de donde dependía la agencia) y de la estructura de Prensa y
Propaganda y en ese ámbito unificado se coordinaban todas las tareas ejecutivas,
aunque con los golpes y el paso del tiempo las estructuras orgánicas comenzaron
a degradarse y confundirse entre sí. Además, en uno de sus papeles, Walsh
puntualiza que durante algunas semanas compartió un ámbito de funcionamiento con
Zavala Rodríguez, Sergio Puiggrós, Paco Urondo y "Eduardo", del área de Prensa
(70).
Informar a los que informan
Para Lucila Pagliai, el objetivo más importante de la agencia clandestina era
"informar a los que informan". Porque si bien sus despachos, salvo honrosas
excepciones, no fueron publicados en la prensa argentina en razón de la censura
y el bloqueo informativo, "en las redacciones se sabía lo que estaba pasando: al
menos nuestros cables llegaban con regularidad".
Entre junio de 1976 y junio de 1977, se enviaron 200 cables de ANCLA, ya que el
parte de reanudación de los servicios de agosto de 1977 es el número 200. Sin
contar el período julio-agosto de 1977, durante el cual ANCLA no funcionó por la
salida al exterior de Pagliai y Aznárez y la caída de Pastoriza, los cables se
mandaron con una regularidad estimada de uno día por medio (71).
"Muchos periodistas tenían información pero no la daban a conocer, algunos
porque se hacían los distraídos, otros por temor, otros porque no tenían más
alternativa. La idea, entonces, era 'recordarles' lo que estaba pasando,
horadarles un poco los sentimientos para que colaran alguna información aunque
sea entre líneas", explica Aznárez. De no ser posible, que los cables sirvieran
para "radio bemba, para que un periodista se lo cuente al otro, para generar una
cadena mínima de información".
Lo cierto es que, además de la información sistematizada que llegaba a las
redacciones a través de los cables de ANCLA, en los diarios y revistas "la
información seguía circulando sin alcanzar su consumación natural en el contacto
con el público", sostiene Verbitsky en su libro sobre Rodolfo Walsh y la Prensa
Clandestina. La agencia, entonces, venía a llenar ese vacío, de acuerdo a "la
línea general de la organización" pero sin recurrir a "la propaganda".
Sobre este punto, Pagliai señala que la información enviada a los medios "no era
del tipo de la que se publica, sino de la que se corre". Y como "la información
tiene un poder concientizador", la llegada de los cables a las redacciones
estimulaba a los periodistas a comentar y difundir como les fuera posible las
nuevas noticias acerca de lo que estaba sucediendo. Es decir, "manteníamos
informados a los informadores".
Al mismo tiempo, algunos periodistas que no podían publicar una información en
su medio la hacían llegar a ANCLA, e incluso a veces elaboraban informes. Esto
demuestra, aunque precariamente, una relación de ida y vuelta. En ese sentido,
escribe el periodista Alberto de Arriba: "Durante el año posterior al golpe,
podíamos sacudirnos un poco la indignidad que nos cubría colaborando con los
sistemas informativos clandestinos que había creado Rodolfo Walsh (...). No
sabíamos dónde serían publicadas esas notas impublicables en la Argentina del
Proceso. Pero era como tragar un poco de aire" (72).
Sin embargo, en el exterior se publicaron varios cables de ANCLA. Y cuando esto
no fue posible, los receptores de la información la hicieron llegar "al entorno
argentino y latinoamericano en el exilio. Así la bola se corría, hasta que la
información llegaba a publicarse en medios alternativos (73). Esa era una de las
tantas formas de perforar el muro del silencio.
Este objetivo, entonces, estuvo estrechamente vinculado a la idea del rumor, a
la idea de que pese a las condiciones negativas el hombre se las ingenia para
seguir comunicándose. El trabajo desarrollado por Rodolfo Walsh en Cadena
Informativa, otro de los instrumentos nacidos del Departamento de Informaciones
e Inteligencia, apuntó también a este objetivo -aunque superaba el ámbito
periodístico para abarcar a toda personalidad destacada-: comprometer al
receptor de la información a que se convierta en un nuevo emisor, con los medios
que tuviera a su alcance.
Notas
29 Cfr. Lilia Ferreyra, entrevista personal realizada por la autora. Ferreyra
fue la última compañera de Rodolfo Walsh (diciembre de 1997).
30 Martínez de Hoz fue ministro de economía del gobierno de facto desde 1976
hasta marzo de 1981, cuando fue reemplazado por Lorenzo Sigaut.
31 Los documentos, 35 en total, cursados entre 1976 y 1978, fueron publicados en
la edición del 21 de marzo del Suplemento dominical Zona del diario Clarín. Los
artículos publicados en dicho suplemento y a los que nos remitimos llevan las
firmas de Alberto Amato ("Anatomía de una dictadura"), María Seoane ("Un plan
simple: deuda y cereales") y Vicente Muleiro ("Las fantasiosas salidas
politicas").
32 Idem. Artículo de Alberto Amato.
33 ANCLA, 24 de agosto de 1976, "Allanan la vivienda del general Corbetta". Ver
reproducción de cables en el anexo.
34 Idem cita N° 32.
35 Idem. Artículo de María Seoane.
36 Idem.
37 ANCLA, "Servicio especial: a un año del golpe militar en la Argentina", parte
2, "La situación económica". Fechado el15 de marzo de 1977.
38 Las internas mencionadas aquí tuvieron lugar durante el mismo período de
funcionamiento de ANCLA, pero no se agotan en 1978 sino que continúan hasta
1983.
39 La Secretaría Militar era una de las áreas del Secretariado Nacional, órgano
ejecutivo colateral a la Conducción Nacional. Estas dos estructuras, junto a los
responsables de las regionales, conformaban el Consejo Nacional, órgano máximo
de Montoneros.
40 Se entiende por "enemigo" a los grandes grupos económicos y sus sectores
subsidiarios, las Fuerzas Armadas y de seguridad.
41 Los testimonios difieren en este punto. Algunos de los entrevistados
manifestaron que Walsh era el jefe de inteligencia, otros que estaba a cargo del
sector Policía o FFAA, y otros que sólo participaba en sus ámbitos. La dura
realidad del momento, el "tabicamiento", la continua caída de las estructuras
orgánicas y los consecuentes contactos cada vez más espaciados explican,
posiblemente, las diferencias acerca del papel orgánico que le tocó desempeñar a
Walsh. Por su nivel de encuadramiento (era oficial 2do), creemos probable -con
Richard Gillespie- que haya estado al frente del sector Policía. Por otra parte,
entre otros militantes que cumplían tareas en Inteligencia, se encontraba Pirí
Lugones, quien trabajaba junto a Walsh en las escuchas. Ver: García y Fernández
Vilar: Pirí (Buenos Aires, Ed. de la Flor, 1995, pág. 67).
42 Entrevista realizada por la autora a Lila Pastoriza, quien desarrolló su
actividad militante junto a Rodolfo Walsh en el Departamento de Informaciones e
Inteligencia de Montoneros. Lila fue la responsable política del ámbito que
llevó adelante la Agencia de Noticias Clandestina. Estuvo detenida-desaparecida
en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) desde junio de 1977 hasta fines de
1978, fecha en la que logró salir del país vía Madrid, junto a Pilar Calveiro.
Durante su cautiverio pudo observar el interés que la Marina prestaba a los
cables de ANCLA (Diciembre de 1997).
43 Colimba -"corre, limpia, barre"- es el conscripto, el muchacho que está
cumpliendo el servicio militar. En la Argentina fue obligatorio hasta 1994.
44 Cfr. Lila Pastoriza, op. cit.
45 "El mejor servicio de informaciones es el Pueblo". Evita Montonera, año 1,
número 7, septiembre de 1975. Las menciones son genéricas. Téngase en cuenta que
el "ajusticiamiento" del general Pedro Eugenio Aramburu fue en 1970, tres años
antes de la participación de Walsh en informaciones e inteligencia.
46 Idem.
47 Alianza Anticomunista Argentina. Grupo paramilitar de ultraderecha formado
por el oscuro ministro de Bienestar Social José López Rega (1973-75). Entre sus
víctimas contó a los intelectuales revolucionarios Silvio Frondizi y Rodolfo
Ortega Peña, al sindicalista combativo cordobés Atilio López y al referente de
la Resistencia Peronista y sobreviviente de los fusilamientos de José León
Suárez (1956) Julio Troxler, quien se había desempeñado también como subjefe de
la Policía de la Provincia de Buenos Aires durante el mandato del gobernador
Oscar Bidegain (1973-1974).
48 Cfr. Gillespie, Richard (1987).
49 Cd. Walsh, "Diciembre 29". En Baschetti (1994), pág. 193.
50 Entrevista realizada por la autora a Carlos Aznárez, miembro del ámbito que
generó la agencia ANCLA. Aznárez fue el primero del grupo en salir al exterior
con el propósito de "sacar" la agencia del país. Se radicó en Madrid. (Febrero
de 1999).
51 ldem.
52 Cfr. Lila Pastoriza, op. cit.
53 Cfr. Roberto Perdía (marzo de 1999).
54 Cfr. Carlos Aznárez, op. cit.
55 Los partes pueden encontrarse en Rodolfo Walsh y la Prensa Clandestina, de
Horado Verbitsky, quien los transcribe en el capítulo "Los partes de ANCLA".
56 La crónica se puede encontrar en los diarios del miércoles 20 de abril de
1977. Después de obtener la libertad gracias a las leyes de punto final y
obediencia debida primero, y el indulto después, actualmente algunos de los
militares citados están bajo arresto domiciliario por el robo sistemático de
bebés nacidos en los campos de concentración.
57 Suplemento especial "La subversión en la Argentina". Las itálicas son de la
autora.
58 Idem. Las itálicas son de la autora.
59 Mote con que la dictadura militar se refería a las organizaciones armadas.
Significa "banda delincuente subversiva marxista".
60 Idem. Significa "delincuente subversivo".
61 Idem. Las itálicas son de la autora.
62 Mariano Moreno: Plan de Operaciones. En Augusto Fernández Díaz, Anuario del
Instituto de Investigaciones Históricas, UNL (1960). El párrafo citado refiere
al plan de toma de Montevideo.
63 Cfr. Carlos Aznárez, op. cit.
64 Cfr. Lila Pastoriza, op. cit.
65 Cfr. Bonasso, Miguel (1994). Sobre los episodios en la Quinta de Funes, ver
los capítulos de la "Segunda Temporada".
66 Sobre este tema, Perdía explicó que frente al detenido-desaparecido "no
teníamos preparación ni ideológica ni doctrinaria ni operativa. Nosotros
habíamos conseguido algunos documentos gracias a compañeros que estaban
'infiltrados' (en las Fuerzas Armadas). Esos documentos hablaban acerca del
golpe y de sus características, inclusive de lugares especiales de detención.
Entonces nosotros imaginamos cárceles de máxima seguridad dentro de los
cuarteles...". También sostuvo que a poco del golpe Montoneros difundió una
consigna que señalaba a la ESMA como centro de torturas y de retención ilegal de
personas.
67 "Con este despacho ANCLA reanuda sus servicios". En Verbitsky, Horacio, op.
cit.
68 Legal era el nombre de la estructura del PRT destinada a manejar contactos
con los partidos tradicionales y organismos sociales.
69 Manuel Gaggero, entrevista realizada por la autora (Noviembre de 1997).
70 Cfr. Walsh, en Baschetti (1994), pág. 193.
71 Carlos Aznárez resaltó que, a veces, se enviaban dos cables por día; es decir
que la cantidad dependía de la información obtenida por ANCLA.
72 Cfr. Alberto de Arriba. En Eduardo Blaustein y Martín Zubieta (1998). Págs.
224 a 232.
73 Cfr. Carlos Aznárez, op. cit.
Una aproximación
desde el punto de vista "técnico"
ANCLA funcionó como una agencia de noticias que operaba en la más absoluta
clandestinidad. Sin embargo, mantuvo los rasgos característicos de esa empresa.
Ideológicamente la elección de un género textual no es inocente, por el
contrario, implica un posicionamiento social: desde la elección de una agencia
noticiosa como forma de funcionamiento, ANCLA reafirmó su condición de ser la
primera en recibir información. A su vez, el género le dio la posibilidad de
construir la información produciendo un efecto de objetividad. Ese efecto fue
aprovechado para escribir sobre "los secuestros y otros métodos ilegales", de
forma tal que le hacía decir a sus informantes aquellas cosas que ANCLA no podía
decir (hay desaparecidos y fusilados) para proteger su identidad.
El trabajo desarrollado por la agencia, entonces, se mueve dentro de un margen
muy pequeño, donde en cada línea se cuidan los límites -y las conexiones- entre
un instrumento para la acción política ligado a la inteligencia montonera y la
agencia como proyecto de comunicación popular. En ese sentido, es interesante
ver, desde un punto de vista más "técnico", sus modos de funcionamiento, a fin
de evaluar la puesta en acto de sus múltiples objetivos.
Fuentes
Las fuentes de información de ANCLA son semejantes a las fuentes con que se
manejaba el Departamento de Informaciones e Inteligencia. De hecho, la agencia
funcionaba en ese ámbito. Por lo tanto se puede afirmar que las fuentes podían
ser internas, obtenidas a través de los canales orgánicos; legales, a través de
la prensa y los discursos; clandestinas ("escuchas" e interceptaciones); y
populares (gente común que tenía cierta información y la hacía llegar a la
agencia). A esta lista debe agregarse la atención especial que se prestaba a los
llamados informantes clave en determinada temática (74), a los medios de
información extranjeros ya algunos periodistas argentinos que colaboraban con la
agencia.
"Entre los que mandaban información a ANCLA había muchos periodistas que incluso
a veces redactaban informes", explica Lila Pastoriza. Por empezar, Walsh reunió
periodistas de su más absoluta confianza y con ese equipo empezó a formar una
extensa red de informantes: en los estudios jurídicos existía información acerca
de los pedidos de habeas corpus; en las empresas se conocían datos
socioeconómicos, contactos y negociados entre los sectores de poder; en la calle
muchos veían secuestros y operativos; en las redacciones del país se manejaba
cierta información.
Tenemos, entonces, una agencia realizada sobre la base de una estructura
artesanal alimentada sobre la base de información popular y de (en menor medida)
"informantes calificados". Es decir que la participación, al menos, estaba
garantizada desde la fase de emisión de la información. De otro modo, no hubiese
existido la posibilidad de crear la agencia. Prueba de esto es el tiempo durante
el cual se prolongaron sus servicios sin interferencias, ya que las fuerzas
armadas buscaban "inexistentes talleres de impresión", y centraban su atención
en posibles "infiltrados en puestos clave" (75).
Aunque existían contactos "calificados", la mayor cantidad de información
llegaba del seno mismo de la sociedad, lo que hace suponer a la agencia más bien
como un espacio de sistematización de toda la información que se corría de boca
en boca, como un rumor, enfrentando el silencio imperante.
La importancia de la participación popular en la producción .de la información
hizo que la agencia tuviera corresponsales en distintos puntos del territorio
nacional, situación similar a la del Semanario CGT que, desde sus páginas,
llamaba a los trabajadores a aportar en la distribución y venta de la prensa y a
responder a la estructura de "un corresponsal en cada fábrica" (76). Estos
corresponsales no eran otros que militantes de la organización que cumplían
tareas en diferentes áreas y regiones y que, a través de los canales orgánicos,
hacían llegar la información a la agencia.
La mayoría de los militantes que participaron de ANCLA eran, además,
"periodistas de batalla". Esa característica les facilitó "la lectura de los
medios de comunicación, ya que estábamos muy acostumbrados al 'entre líneas"'.
Asimismo, el grupo tenía "bastante conocimiento acerca de dónde obtener la
información sin perder tiempo y controlando las medidas de seguridad.
Apuntábamos con mucha direccionalidad: si había alguna medida de resistencia en
la fábrica Pirelli, buscábamos al compañero que había sido delegado y ya no
estaba (porque estaba clandestino), pero que nos decía con quien se podía
hablar" (77).
Acerca de la importancia de los medios extranjeros en la recopilación de
información, Verbitsky plantea que "Walsh escuchó por onda corta de la BBC de
Londres los detalles sobre un operativo militar en Buenos Aires. Todas las
noches sintonizaba los informativos de La voz de Alemania, La voz de Estados
Unidos, Radio Canadá Internacional (...), donde el tesoro de la información
vedada a los argentinos se administraba con cuentagotas".
En ese operativo, que mencionaron escuetamente los medios oficiales días
después, murió la hija de Walsh, Vicky, junto a un grupo de militantes en una
casa de Villa Luro. Sus averiguaciones lo llevaron a escribir la Carta a mis
amigos, donde cuenta las circunstancias de esas muertes y la frase que había
gritado Vicky antes de quitarse la vida: "Ustedes no nos matan. Nosotros
elegimos morir". Era septiembre de 1976 y con esa carta nació un nuevo
instrumento de información, la Cadena Informativa.
Gracias a la multiplicidad de fuentes, el equipo de ANCLA pudo informar sobre la
suerte corrida por miles de desaparecidos, denunciando así un plan de exterminio
sistemático desconocido hasta entonces en el país: la existencia de campos de
concentración donde las Fuerzas Armadas y de seguridad torturaban y asesinaban
salvajemente a prisioneros no reconocidos legalmente como tales.
Para reunir esa información -celosamente ocultada por la Junta Militar-, era
necesario que los testigos de hechos aberrantes hablaran. Luego, escribir y
sistematizar la información, para más tarde reproducirla. De modo que el equipo
debía asegurarse un flujo informativo permanente para crear la agencia, y apeló
a toda su experiencia para lograrlo: Walsh había participado, también, de la
formación de Prensa Latina en La Habana, en 1959.
Funcionamiento
Todos los entrevistados coinciden en definir a la Agencia de Noticias
Clandestina como una estructura de armado muy artesanal, que permitió su
subsistencia aún en condiciones dificultosas. La "secretaría de redacción"
estaba compuesta por Lila Pastoriza (responsable), Lucila Pagliai, Carlos
Aznárez y Eduardo Suárez. Todos ellos repartían su tiempo entre el
funcionamiento de la agencia y otras actividades militantes.
Rodolfo Walsh era el jefe orgánico del grupo. Armó ANCLA y "la dejó en nuestras
manos. Escribía algunos cables, participaba de la discusión política, pero
prácticamente no intervenía en el funcionamiento de la agencia", aclara
Pastoriza. El grupo central era móvil y muy dinámico. Luego del secuestro de
Walsh, el 25 de marzo de 1977, la única que quedó enganchada con la estructura
orgánica fue ella (78). De todos modos, por fuera del grupo central eran varios
los que colaboraban: al pertenecer a inteligencia, otros ámbitos de esa área
participaban acercando información, pasando contactos e incluso escribiendo
algunos cables, como por ejemplo Horacio Verbitsky (79), quien más tarde reanudó
los servicios de la agencia.
ANCLA era una estructura "amplia". La "secretaría de redacción" tenía a su cargo
la elaboración de los cables, la impresión, la distribución, las entrevistas con
los contactos que les permitían adquirir información de primera mano. Como
explica Lucila Pagliai, las entrevistas se realizaban cuando "alguien corría el
riesgo de encontrarse con vos para contarte algo". Después de la primera caída
empezaron las mudanzas. Primero una casa donde funcionaba un archivo mínimo, más
tarde todos los elementos desparramados: en una casa el mimeógrafo, en otra la
máquina de escribir, en otra una parte del archivo. La tarea se complicaba a
medida que la represión recrudecía, pero ANCLA seguía adelante: "duró mucho,
digamos que mucho más que buena parte de la estructura orgánica", subraya
Pastoriza.
Lo cierto es que ANCLA recorrió casi toda la ciudad. Casas en el centro. Casas
en los barrios. El grupo responsable se iba mudando a medida que las casas caían
o se sospechaba algo. Se trataba de viviendas comunes, a fin de no llamar la
atención, donde lo que no era "común" era tan solo una pieza, donde funcionaba
una redacción de cuatro personas con un mimeógrafo, una máquina de escribir, y
una pila de papeles. "Lo clandestino -define Pagliai- es aquello que se mimetiza
para no ser descubierto". Como diría Paolo Fabbri, ¿qué es algo que es y no
parece lo que es?: el secreto.
El parte de ANCLA de reanudación de los servicios sintetiza esta situación: "En
procura de silenciar ANCLA las fuerzas de seguridad intensificaron en los
últimos meses la persecución a periodistas e intelectuales a quienes sospechaban
vinculados con esta agencia. Obviamente, ANCLA no reclama ni puede esperar un
trato diferente del que la Junta Militar brinda al pueblo argentino, cuyas
necesidades de información tratamos de servir. Sin embargo, mantener en
funcionamiento una agencia de estas características es una misión relativamente
simple, no más compleja ni riesgosa que organizar una huelga en una fábrica
controlada por tropas militares. Una docena de personas (80) convencidas de la
importancia de romper el bloqueo informativo, un mínimo pero bien organizado
archivo, una pocas máquinas de escribir, un sencillo equipo de impresión y un
pequeño local que aparentemente se dedica a otra actividad, son suficientes para
garantizar la continuidad de sus despachos".
Los cables se enviaban por correo a todas las redacciones, a los corresponsales,
a las publicaciones internacionales, a direcciones a donde era importante que
llegaran para cumplir con sus objetivos. Algunas de ellas "concretamente tenían
que ver con los militares. Para conseguirlas, ahí estaban los contactos", señala
Pastoriza, quien luego agrega que gracias al análisis sistemático de la
información "sabíamos a donde mandar los cables: en la Iglesia había algunos
sectores más reaccionarios que otros, además conocíamos las diferencias entre
las FFAA y elegíamos a los sectores económicos a donde íbamos a mandar la
información".
La misma situación se daba con los destinatarios del exterior, donde se
publicaron muchos de los cables de ANCLA. "El exilio no empezó en 1976, sino que
muchos compañeros comenzaron a salir en 1974 -explica Aznárez-. Esa gente que ya
estaba afuera nos tiraba datos acerca de qué periodistas eran los más
convenientes para recibir los cables. Y cuando no los publicaban, al menos
hacían correr el rumor".
Con el tiempo, el grupo pudo evaluar la repercusión de sus informaciones en los
periódicos de Europa y Latinoamérica: "Nos entusiasmaba que Cambio 16 publicara
los cables, que Le Monde los publicara, que algún diario mexicano los publicara.
Sabíamos que así la información llegaba a las embajadas Argentinas en esos
países" (81). Aznárez recuerda, además, la difusión artesanal de los partes
entre periodistas, exiliados y organismos de solidaridad en el exterior.
Lucila Pagliai, por su parte, subraya que la distribución, al parecer simple y
rutinaria, era en realidad "un operativo infernal" dadas las condiciones
fuertemente represivas. Había que obtener la información, discutirla,
procesarla, redactarla y luego llevar los cables a los buzones de la ciudad.
Todo simulando naturalidad y con una estructura mínima y clandestina. "Y no
éramos más de cuatro", concluye.
Los sobres se enviaban sin nombre, para no "pegar" a los periodistas. En
general, se los rotulaba "Sr. Jefe de...". Según Aznárez, cuando se consignaban
nombres particulares era porque se mandaban a una gran parte de los periodistas
de aquella época, de modo que no se levantaban sospechas. Y si alguno de ellos
era de suma confianza, entonces "se le enviaba por otra vía" y no por correo,
como era lo usual.
Lo llamativo es que, pese a las dificultades de un grupo tan reducido, los
despachos de ANCLA cumplieron con la regularidad necesaria para el
funcionamiento de una agencia periodística. Gracias a la apertura de las
redacciones a partir de la vuelta de la democracia en 1983, se pudo observar que
los cables se repartieron puntuales, pese a no haber sido publicados de forma
tradicional.
Aznárez agrega, también, que "teníamos ojos y oídos en un montón de redacciones
y en un montón de ámbitos. Algunos compañeros que trabajaban en los medios
argentinos nos informaban sobre las situaciones que se daban con la llegada de
los cables a las redacciones". Recibir el material de ANCLA "era como una bomba
de tiempo. Algunos lo abrían, otros lo tiraban sin más".
Consultado sobre el tema, el periodista Oscar Raúl Cardoso, que en ese entonces
se desempeñaba en la sección Política del diario Clarín, señaló que en el
ambiente se sabía que la agencia pertenecía a Montoneros (82). Incluso, recordó
algún llamado telefónico que avisaba que un cable estaba por llegar: "Los cables
se esperaban y se leían para información propia. A veces se podía publicar algo
entre líneas, sin consignar que la información provenía de ANCLA".
Cardoso sostuvo que los cables llegaban a otros medios, entre los que recordó al
matutino La Nación y algunos diarios del interior del país. En su opinión, la
agencia "contaba la otra historia" sin reducirse a la propaganda de la
organización.
"Sacar" la agencia al exterior
Lila Pastoriza señala dos etapas en el funcionamiento de la agencia: una, la
primera, hasta que se producen los primeros secuestros y allanamientos, el grupo
se reclandestiniza, Aznárez y Pagliai parten al exilio y se produce su propio
secuestro; la segunda, a partir de la reanudación de los servicios de la agencia
en agosto de 1977, a cargo de Verbitsky -entre otros que prefieren mantener el
anonimato-, que duró unos meses más. Pastoriza explica que al final de la
primera etapa el grupo central de ANCLA comenzó a darse una estrategia para
sacar la agencia al exterior.
"A esa altura -recuerda- caer o no caer era un problema de azar. De modo que
comenzamos a armar un esquema para mantener los contactos con las redes de
información, y así sacar ANCLA desde el exterior enviando los cables a los
mismos lugares. Y a 'escondidas' de la organización empezamos a sacar a la
gente" (83). Después de juntar el dinero suficiente, Carlos Aznárez y Lucila
Pagliai salen del país (84). Mientras tanto, en Buenos Aires, Pastoriza decidió
plantear la posibilidad de editar ANCLA desde el exterior orgánicamente. Estaba
a la espera de la respuesta cuando fue secuestrada, y por lo tanto la
posibilidad se diluyó.
En realidad, las cosas se fueron retrasando mucho más de lo pensado. No existía
una idea clara acerca de dónde funcionar, pero cualquier planificación
descartaba montar una base centralizada de la agencia en el exterior. Por el
contrario, se buscaba formar varias bases más pequeñas: se pensaba en un país
cercano, para mantener mejor los contactos (probablemente México), y en países
europeos "donde era fácil desembarcar porque ya había compañeros" (85).
Según Pagliai, "Lila nos mandaba información para que nosotros la elaboráramos y
la distribuyéramos, mientras tramitaba su salida" (86). Y Aznárez agrega que
Pastoriza, "junto con el Perro" (87) y algún otro que se pudiera sumar en esa
situación de emergencia, iba a enviarnos copias de los cables para que nosotros
los difundiéramos in situ entre los periodistas y los organismos de
solidaridad". Lo cierto es que ya en los documentos elaborados por Walsh aparece
la posibilitar de formar una agencia que funcionara en el exterior: en su
propuesta organizativa para la nueva etapa que se abría, Walsh escribe que la
Agencia Clandestina debía estar al nivel de Secretaría General, que junto a
Internacional, funcionarían en el extranjero (88).
Con el secuestro de Pastoriza y el descalabro general de las organizaciones
armadas, la idea se abortó. Al mes, colaboradores de la agencia -entre ellos
Verbitsky- retomaron el trabajo y volvieron a poner en funcionamiento la agencia
por un breve período, hasta que la represión y las diferencias internas pusieron
fin a esta notable experiencia de difusión clandestina de contrainformación.
Estilo
La agencia clandestina se concibió como una empresa periodística. Por lo tanto
el estilo de los cables tenía que ver con el estilo de la agencia periodística:
se respetaba el código de agencia, de cables cortos y eventualmente "servicios
especiales", como por ejemplo el cable acerca del primer año de la Junta en el
poder.
"EI que recibía el cable era un periodista que lo iba a 'levantar' o reducir
-explica Aznárez-. Entonces, había que garantizar que se mantuviera lo esencial.
En ese sentido, y pese a la clandestinidad, se trabajaba muy profesionalmente".
La calidad de sus despachos hizo que se tuvieran en cuenta en los medios
extranjeros, y que la prensa local les prestara atención aún cuando su
publicación no fuera la tradicional.
La agencia trabajaba periodísticamente la denuncia. Como en Operación Masacre.
Como en ¿Quién mató a Rosendo? Pero a su vez, como ANCLA estaba ligada a la
estructura de inteligencia de Montoneros y entre sus objetivos figuraba el de
oficiar como un instrumento de acción psicológica, la información tenía una
forma determinada: "no es lo mismo generar información para difundirla que esa
difusión sirva para producir contradicciones en el régimen", recuerda Pastoriza.
Así, cada cable debía escribirse de tal modo que dejara ver los resquicios entre
los sectores de poder, sin perjuicio de la verdad y evitando el comentario.
Walsh cuidaba mucho la redacción de los despachos: tenía que especificarse el
origen de la agencia sin que se ligara directamente a la organización. Un cable
no comenzaba "Buenos Aires, Abr 18 (ANCLA) - La organización Montoneros... ",
sino que buscaba responder a las reglas periodísticas de estructuración de la
información mediante la llamada "pirámide invertida".
En Cadena Informativa y en las cartas firmadas, sin embargo, se nota más el
peculiar estilo de Walsh, irónico, divertido, certero, desafiante y agudo donde
siempre tuvo un lugar destacado la intertextualidad. Según Lilia Ferreyra, el
escritor había elegido un estilo para sus cartas, de la invectiva de los
latinos, como puede verse en la frase "¡Quousque tandem, Vide/a, abutere
patentia nostra!" (89). Asimismo, las frases "Contate otra, viejo, esa ya la
vimos", "Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando.
Millones quieren ser informados", "Vuelva a sentir la satisfacción moral de un
acto de libertad", "Sonríe, Hitler te ama", remiten a publicidades de la época y
reflejan "la veta humorística de Walsh, las asociaciones, comparaciones y
metáforas insólitas que alivian su escritura y gratifican al lector" (90).
Pero a la hora de establecer el estilo de ANCLA hay que hacer una importante
salvedad: Walsh propuso su creación, ayudó a su sostenimiento y escribió varios
cables, pero la agencia quedó en manos de un grupo de militantes. El estilo es
el de un despacho de una agencia de noticias, donde se refleja la ideología que
la lleva adelante pese a su prosa bastante depurada. Lucila Pagliai aseguró,
además, que se evitaban los comentarios: muchas veces la información hablaba por
sí sola.
¿Por qué ANCLA no pertenecía al área de prensa de Montoneros?
La agencia clandestina no formaba parte de la estructura de prensa sino que
respondía al Departamento de Informaciones e Inteligencia, que a su vez dependía
de la Secretaría Militar de la organización. Esta situación marcó una diferencia
muy importante: ANCLA no era un órgano oficial de Montoneros, en el sentido de
una prensa partidaria, sino más bien una estructura que intentaba dar una
respuesta política al reciente golpe de estado desde otro ámbito, pero
incluyendo la comunicación.
En el período 1974-75, Walsh participó directamente en Prensa. Es en ese momento
cuando comienza a plantear la necesidad de generar una herramienta clandestina
en virtud del agravamiento de las condiciones represivas, que impedían editar
una revista pública. Para esa época, los órganos de prensa de Montoneros
(partidario, sindical, femenino, periodístico -Noticias-, etc.) habían sido en
su totalidad censurados. Justamente, en esos años empezó a imaginar la agencia
clandestina.
En el área de prensa trabajaban alrededor de 70 militantes: era un equipo muy
grande. Allí participaba, con un alto grado de responsabilidad, el poeta
Francisco "Paco" Urondo (91), íntimo amigo de Walsh, muerto a fines de 1976. Sin
embargo, para Walsh el camino seguido por esa estructura era erróneo: en los
albores del golpe, "Prensa siguió funcionando como si hubiera un futuro
electoral, pensando en una revista (que llegó a salir y tuvo vida efímera) e
incluso un diario. La última expresión clandestina era el Evita (92).
Naturalmente si se pensaba en revistas y diarios había que mantener más o menos
congregado un aparato importante, con grandes locales, imprentas, etc. Ese iba a
ser un blanco terriblemente fácil para el enemigo" (93).
En cambio, ANCLA era una estructura descentralizada en lo interno (94): la
agencia era parte de una propuesta de descentralización y repliegue que
funcionaba en el marco de una hipótesis de resistencia a la dictadura. En otras
palabras, era parte de la idea de reestructuración de la organización en función
de la resistencia, que discutía los errores y las limitaciones de la estrategia
militarista de la Conducción Nacional (órgano máximo) en esa etapa. Es decir, la
propuesta de ANCLA estaba relacionada a una serie de planteos que, como miembro
de Montoneros, Walsh elaboró y dio forma de documentos.
En esos documentos de circulación interna, Walsh manifestó una postura crítica,
y como contrapartida propuso un plan de acción que tenía en cuenta una
resistencia descentralizada y heterogénea conducida por el Partido Montonero en
el marco de un repliegue estratégico (95). Para ello era necesario, entre otras
cosas, privilegiar las estructuras militares defensivas como documentación,
información y comunicaciones; y las estructuras políticas ofensivas, como la
agitación y la propaganda, la prensa clandestina y descentralizada, y la prensa
internacional. Entre estas últimas se encuentra ANCLA, un instrumento político
ofensivo, destinado a corroer la base de sustentación del régimen militar, a
romper con la unidad de las Fuerzas Armadas y de los sectores de poder, y a
comprometer al pueblo en la circulación de información y a los eventuales
receptores en multiplicadores de noticias.
De ahí la conocida frase de Walsh de generar una "propaganda infatigable por
medios artesanales: si las armas de la guerra que hemos perdido eran el FAL y la
ENERGA (96), las armas de la resistencia que debemos librar son el mimeógrafo y
el caño" (97). Es decir, buscaba evitar lo previsible, "lo que más que una
discusión y un aporte para el conocimiento de la realidad se transformaba en una
bajada de línea", reflexiona Lilia Ferreyra: ANCLA era una estructura de prensa
clandestina con objetivos claros de carácter subterráneo, que "intentaba abarcar
la realidad del país no sólo desde la propuesta de Montoneros".
Entre otros, ese fue uno de los motivos que llevó a Walsh a concebir la agencia
en términos de empresa periodística ya cuidarse de no "pegarla" a la
organización, de modo que su identidad se mantuviera difusa. Por ese motivo armó
un equipo central compuesto por militantes, al mismo tiempo que abrió la
posibilidad a otros periodistas de colaborar desde afuera aunque no
pertenecieran a la orgánica.
Mientras tanto, la estructura de prensa seguía editando la revista Evita
Montonera y el folleto El Montonero, este último redactado por la conducción de
esa organización. Estos eran órganos oficiales que publicaban comunicados,
partes de combate, editoriales, etc. En cambio, tanto ANCLA como Cadena
Informativa, explica Lilia Ferreyra, "no eran medios de los que informaban del
éxito de tal operación, sino que servían para parar la ofensiva militar con
respuestas políticas".
En ese sentido, Lucila Pagliai concluye que la agencia clandestina "era como una
agencia de noticias. Las agencias normalmente no son partidarias, aunque tengan
una tendencia. Obviamente, tenía una línea. Pero su función no era difundir las
actividades de Montoneros sino romper el bloqueo informativo para que los
diarios estuvieran enterados de lo que pasaba, y al mismo tiempo producir un
hecho político desde el campo popular".
A fines del '76 Walsh previó que tampoco había espacio para una agencia
clandestina tradicional. La represión lo llevó a concebir un nuevo mecanismo,
que debía funcionar en paralelo a la agencia: la Cadena Informativa. La idea era
que una única persona pudiera actuar como reproductor y multiplicador de
información.
Notas
74 Cfr. Lucila Pagliai, entrevista (1998).
75 Cfr. Horacio Verbitsky, (1985).
76 Cfr. Mestman, Mariano (1997).
77 Cfr. Carlos Aznárez, entrevista (1999).
78 Cfr. Lila Pastoriza, op. cit. Téngase en cuenta que algunos militantes hacían
"doble militancia", es decir, en más de un ámbito, por ejemplo en su zona y en
el Area Federal, estructura especializada de carácter ejecutivo. Como esta
información era "tabicada" (secreta), es posible que alguno de los otros
miembros de ANCLA mantuviera contactos con la orgánica.
79 Verbitsky se hizo cargo de la segunda etapa de la agencia ("En el último año
me quedé solo y no consulté nada con nadie", explicó en entrevista personal con
la autora, abril de 1999). Sin embargo, antes recibía de Héctor Talbott Wright
(presumiblemente jefe del sector FFAA del Departamento de Inteligencia)
originales de ANCLA. Su trabajo consistía en picar los exténsil, imprimirlos,
hacer los sobres y distribuirlos. "Yo no sabía de dónde venían ni quiénes hacían
esos originales", sostuvo. Es posible que, dadas las dificultades para
funcionar, la distribución de los cables se repartieran entre Verbitsky -y acaso
otros militantes- y los miembros del grupo de ANCLA, sin tener conocimiento
ninguno de ellos de que el otro realizaba o colaboraba con la tarea.
80 En este punto es necesario aclarar que cuando el parte de reanudación de los
servicios se refiere a "una docena de personas", probablemente tenga en cuenta a
los militantes que participaban de algunos de los grupos del Departamento de
Informaciones y que a su vez colaboraban con la agencia. Todos los testimonios
coinciden, además, en que algunos periodistas ajenos a Montoneros publicaban a
través de ANCLA las informaciones que no podían sacar a través de sus medios.
81 Cfr. C. Aznárez, op. cit.
82 Cfr. Oscar Raúl Cardoso, consulta realizada por la autora en noviembre de
1998.
83 Algunos datos se confunden, probablemente debido al "tabicamiento" orgánico y
a la situación que se vivía en aquellos días. En este punto, según Aznárez
"salimos 'legalizados' por la 'orga'. Pero cuando llegamos allá (Europa) nos
encontramos con una realidad de la Organización que intuíamos pero que nos dejó
sorprendidos. Entonces chocamos duramente con la dirección" (1999).
84 Carlos Aznárez partió a Madrid, Lucila Pagliai a París.
85 Cfr. Carlos Aznárez, op. cit.
86 Lucila Pagliai no recuerda con claridad la posibilidad de sacar la agencia al
exterior. Para ella, este dato es interesante ya que remarca la vertiginosidad
con la que se vivía en esos años. Según su testimonio, ella y Aznárez habían
acordado con Pastoriza salir antes y esperarla en el exterior. Así lo hicieron
en mayo de 1977, apurados por los datos que ya manejaba el Comando en Jefe del
Ejército. Mientras Pastoriza planteaba orgánica mente sacar ANCLA del país, fue
secuestrada a mediados de junio por un comando de la ESMA.
87 Apodo de Horacio Verbitsky.
88 Cfr. Walsh, en Baschetti (1994), pág. 233.
89 Cfr. Ferreyra, Lilia. En Baschetti, Roberto (1994), pág. 199. Lilia Ferreyra
fue la última compañera de Walsh. Con él compartió la creación de la Cadena
Informativa.
90 Cfr. Pedro Orgambide. En Baschetti, op. cit. Pág. 75-78.
91 El alias de Paco Urondo en su ámbito era "Ortiz". Urondo murió en Mendoza, a
donde había sido trasladado para la reorganización de la zona, en diciembre de
1976. La situación en la que llegó a la muerte, tras un largo combate, la relata
Rodolfo Walsh en sus papeles personales del 29 de diciembre de 1976. Según una
militante que sobrevivió al tiroteo, Urondo dijo "tiren ustedes, me tomé la
pastilla y ya me siento mal". Se refería a la pastilla de cianuro, que se había
adoptado en Montoneros para no "caer" con vida. Reproducidos en Baschetti (1994)
y Link (1996).
92 La revista a la que alude Walsh en el párrafo citado era Informaciones, de la
cual salió un solo número. Evita Montonera era el órgano oficial de prensa de
Montoneros.
93 Cfr. Rodolfo Walsh, papeles personales, 29 de diciembre de 1976. Reproducidos
en Baschetti y Link, op. cit.
94 Cfr. Walsh, documentos internos. Ver en Baschetti (1994).
95 Las experiencias de difusión clandestina ideadas por Walsh en esa época están
estrechamente relacionadas con sus propuestas para el plan de acción de
Montoneros. Para ver los documentos, recurrir a Baschetti, op. cit. La lectura
del material demuestra que Walsh nunca dejó de pertenecer a la orgánica: como
dice Nicolás Casullo en Baschetti (1994), el escritor habla desde un espacio de
pertenencia.
96 FAL: fusil automático liviano. ENERGA: granada de fusil. CAÑO: explosivo
casero.
97 Documentos internos. Montoneros. Ver en Baschetti, op. cit.
Las cartas y la cadena informativa
Cadena Informativa no reemplazó a ANCLA, sino que se desarrolló paralelamente a
la agencia luego de sus seis primeros meses de funcionamiento. En este caso, era
Walsh el que escribía los informes, más que sus colaboradores o amigos. Se
trataba de textos cortos y fáciles de reproducir que enviaba a personas
representativas del quehacer nacional, y donde esa relación directa estimulaba
el compromiso, invitando a los eventuales receptores a constituirse en nuevos
emisores de información. De esta forma, se creaba una cadena.
Mucho más artesanal en su estructura y funcionamiento, y más acotada en sus
objetivos (no buscaba disimular su identidad, aunque seguía sin "pegarse"
directamente a Montoneros puesto que se definía políticamente más amplia), al
pie de los partes rezaba: "Cadena Informativa es uno de los instrumentos que
está creando el pueblo argentino para romper el bloqueo de la información.
Cadena Informativa puede ser USTED MISMO, un instrumento para que usted se
libere del terror y libere a otros del terror. Reproduzca esta información,
hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo.
Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones
quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Vuelva a sentir
la satisfacción moral de un acto de libertad. DERROTE AL TERROR. HAGA CIRCULAR
ESTA INFORMACION" (98).
"Mi padre estaba tomando un recurso de la cultura popular -explica Patricia
Walsh, que junto a otros compañeros colaboraba en Cadena...-. ¿Quién no ha
recibido alguna vez alguna hoja invitando a reenviarla? Esto ya existía, era un
recurso popular y conocido que él tomó para reasignarle un nuevo objetivo".
Luego resalta el carácter artesanal del medio: "Escribíamos y hacíamos las
copias en papel Manifold, que es el papel más finito, con una máquina de
escribir manual y cinco, seis carbónicos para hacer la mayor cantidad posible de
copias. Eso era Cadena Informativa", concluye.
Salvo la Carta a la Junta y la Carta a mis amigos, Rodolfo Walsh no firmaba sus
partes. Era parte de su táctica de no comprometer el trabajo a un frente de la
organización. Su objetivo era, a través de estas herramientas, aportar a la
organización popular a partir de la ruptura de la incomunicación, que generaba
un terror que a su vez impedía los lazos solidarios y que hacía desconfiar de
todo y de todos.
En 1977, Walsh escribió la Carta abierta a la Junta Militar. El 25 de marzo,
después de enviar por correo los primeros ejemplares en un buzón de Plaza
Constitución, cayó en una emboscada de la Armada. Él estaba armado y resistió el
secuestro. Según el testimonio de su mujer, Lilia, llegó muerto a la ESMA.
"Nadie reprodujo la carta -dice Verbitsky-, que encontré muchos años después en
el archivo de uno de los grandes diarios. Sólo el Buenos Aires Herald y Ariel
Delgado informaron sobre su desaparición" (99).
La conciencia de las dificultades para la publicación de sus escritos hizo que
Cadena Informativa privilegiara una comunicación horizontal donde emisores y
receptores confundían permanentemente sus roles. Tal como señala Lucila Pagliai,
la cadena tenía en cuenta la difusión de información de boca en boca:
"reproducir información, hacer correr la información entre la gente".
Los informes muchas veces se enviaban por correo, otras, se entregaban
personalmente. "Nuestra consigna -subraya Lilia Ferreyra- era 'reproduzca esta
información, derrote al terror, sienta la satisfacción de realizar un acto de
libertad', Apelábamos a la conciencia". Tan es así que al final de la Carta a
mis amigos, donde Walsh relata la muerte de su hija María Victoria tras un
combate con el ejército, escribe: "Esto es lo que quería decir a mis amigos y lo
que desearía de ellos es que lo transmitieran a otros por los medios que su
bondad les dicte".
Las fuentes de la información vuelven a ser las mismas que se manejaban en el
Departamento de Informaciones e Inteligencia, frente "madre" desde donde se
encararon todas estas experiencias comunicacionales. "Escuchábamos transmisiones
de las Fuerzas Armadas y policiales en busca de información sobre operativos que
raramente salían en los diarios; después, con el dato concreto que podía llegar
a través de un contacto o por un parte oficial publicado en algún medio,
redondeábamos la información", recuerda Ferreyra.
Tras el secuestro del escritor, algunos colaboradores continuaron su trabajo, a
partir de un informe sobre su muerte fechado en marzo de 1977. Al igual que en
el caso de ANCLA, esta "segunda etapa" duró hasta los primeros meses de 1978. En
su testimonio, Ferreyra explica que Walsh trabajó diferentes medios de
comunicación con relación a la coyuntura y las condiciones represivas de cada
momento: así dirigió el Semanario CGT durante la dictadura de Onganía, con la
apertura democrática de 1973 participó en el diario Noticias, más tarde y en
virtud del golpe de Estado ideó la Agencia de Noticias Clandestina (ANCLA), y
enseguida creó la Cadena Informativa y las cartas que llevaban su firma.
Las condiciones que llevaron a Walsh a proponer y llevar adelante un medio
absolutamente artesanal están bien descriptas en su carta a la Junta Militar:
"la censura de prensa, la persecución a intelectuales (...), son algunos de los
hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina (...)". En toda la
carta está presente la estrategia militar del silencio obligado, de la
incomunicación como garantía de la no reacción del pueblo: "La negativa de la
Junta a publicar los nombres de los prisioneros es asimismo la cobertura de una
sistemática ejecución de rehenes (...)"; y la necesidad y puesta en práctica de
la respuesta popular a través de una herramienta informativa: "impresión
confirmada por un muestreo periodístico de circulación clandestina".
Finalmente Walsh desnuda que, pese al terror, la sociedad hacía riesgosos
espacios para comunicarse e informarse acerca de lo que estaba sucediendo:
"entre 1500 y 3000 personas más -escribe- han sido masacradas en secreto después
de que ustedes prohibieron informar sobre hallazgos de cadáveres". Esto muestra
hasta donde las noticias de boca en boca desafiaban la política del silencio.
Un antecedente: la resistencia peronista
En una nota de la revista Evita Montonera, titulada "Cooke, historia de un
militante", dice: "La primera resistencia tiene todas las características de una
lucha espontánea y salvaje, donde cada grupo actúa desligado de los demás. En
sus principios hay enormes baches políticos, ideológicos e incluso de
conocimientos técnicos".
"En ese período (John William) Cooke (100) define los objetivos: hostigar a la
tiranía, alimentar con hechos heroicos el fervor de la masa peronista, y
difundir las consignas directrices del movimiento. En el exterior se organizan
los comandos de exiliados, en la Argentina se busca estructurar la lucha de los
comandos clandestinos, recuperar los sindicatos, y a la vez dar respuestas desde
el plano político" (101).
Como se verá, hay mucho de esa primera resistencia peronista (1955-58) en el
proyecto que involucra a la Agencia de Noticias Clandestina y a la Cadena
Informativa. Como un antecedente, Walsh remite a ella en sus documentos
críticos, a modo de ejemplo y señalando vías de acción. No por casualidad la
comunicación se constituyó en uno de los pilares básicos de esa resistencia, que
tuvo en cuenta desde las cintas con órdenes concisas de Perón en el exilio hasta
una profusa circulación de rumores.
Antes de partir a España, Perón se asiló en Caracas. Desde allí comenzó a
intercambiar información y a organizar su retorno al país, constante que se va a
mantener durante toda su proscripción. De la resistencia participaron civiles y
militares. Justamente, el general Valle fue uno de esos militares peronistas que
conspiraban para traer de vuelta al líder: aquel a quien Walsh retrató, a través
de la investigación sobre los fusilamientos de José León Suárez, en su Operación
Masacre.
Desde el exilio, Perón mandaba los "PECINCO" (102). Se trataba de una serie de
órdenes acerca de la contabilidad o el reparto de explosivos, acompañadas de
breves interpretaciones de la realidad nacional e internacional y de los pasos a
seguir en el marco del movimiento. Escritas en clave y en papel copia, llegaban
a sus destinatarios disimuladas en cajas de cigarrillos. En general, eran
instrucciones puntuales a los comandos guerrilleros.
Durante este período, Julio Troxler (103) -entre otros- fue un personaje clave
en la interconexión de los diferentes grupos, que chequeaban rigurosamente los
mensajes recibidos antes de ponerlos en práctica en el conjunto del movimiento
peronista. Si bien existía un comando táctico (Cooke) centralizado por razones
de seguridad, "cada peronista se convirtió en un combatiente. La unidad de
concepción hizo posible la unidad de acción", explican Laura y Angélica
González, hijas de un reconocido dirigente de la resistencia (104).
La idea básica que sostenía todo el plan era una suerte de guerra de desgaste
que ponía todo su esfuerzo en una multiplicidad de acciones donde el poder "no
estaba, y ninguna donde se concentraba. De esta manera, se quería demostrar que
el país era ingobernable sin Perón a la cabeza" (105). El plan contemplaba
acciones de tipo militar, como los sabotajes y la colocación de explosivos
caseros; y de tipo político, como la propaganda y el rumor.
Fue en esa época que se empezó a utilizar el "VP" (Perón Vuelve) en las
pintadas, para acrecentar la rapidez de la acción. De la misma forma, los
rumores eran organizados: en el almacén, en el barrio, en el trabajo, alguien
echaba a andar una consigna que se cumplía al pie de la letra. Esas acciones
eran posibles gracias a "la gran cantidad de compañeros, a la solidaridad y a la
densidad del movimiento".
El rumor podía ser "hay vidrio molido en el dulce de leche" o "esta noche
abrimos todas las canillas", entre otros tantos de gran originalidad. De la
misma manera se rumoreaba la preparación de un alzamiento militar leal al
movimiento peronista, el lanzamiento de la guerra popular, el retorno de Perón y
la orden de votar a Frondizi, que "no era confusa. Incluso los compañeros la
retuvieron durante un tiempo. Pero llegó a tiempo: la 'máquina' funcionaba y la
orden se cumplió".
Según Laura y Angélica, "los peronistas sabíamos que estábamos haciendo
terrorismo, que estábamos haciendo al país ingobernable. Cuando se desviaba un
tren o se cortaba una calle, los barrios se transformaban en una fiesta. Todos
sabíamos de qué se trataba: había que hacer imposible la vida normal, había que
producir una sensación de caos: si Perón no podía gobernar, entonces nadie podía
porque el pueblo quería a Perón" (106). De esta manera, se obligaba al "enemigo"
a estar en constante movimiento.
Todas estas acciones fueron posibles gracias a una extensa red de distribución
de la información. En principio, partía de un gran emisor (Perón) que se dirigía
a núcleos reducidos, los que a su vez la multiplicaban en diferentes
direcciones, y así sucesivamente formando un enjambre. Cada receptor se
transformaba en un nuevo emisor que anexaba a la información impresiones
propias. Además, existían para esa época algunas radios clandestinas que
funcionaban interfiriendo señales y que alentaban a la población a sumarse a las
actividades por el retorno del líder.
Otro dato importante es que no había niveles en el discurso de Perón. En sus
grabaciones, "se plantó como un profesor de la Escuela Superior de Guerra. La
educación política era alta y el que no entendía tenía que esforzarse por
aprender" (107). De esta forma, la participación en la información no estaba
limitada a un grupo de cuadros: si bien existía un emisor principal, el mensaje
no sólo era descendente sino que se combinaba con múltiples formas de
comunicación horizontal. De todas formas, no muchos tenían el privilegio de
discutir con Perón.
Las formas comunicacionales utilizadas durante la resistencia peronista
funcionaron como experiencia acumulada durante la década del '70. En esa
oportunidad, a los volantes, las pintadas y los periódicos se sumaron cantidad
de expresiones que incluyeron el cine, la música y el arte. De manera que todo
medio de comunicación alternativo comenzó a vincularse con el mundo de la
política, a combinar sus formas y a lograr la efectividad de un hecho político.
Otras experiencias vinculadas a Montoneros
Hacia 1979 el Movimiento Peronista Montonero (MPM) instaló legalmente en Costa
Rica una emisora de radio de onda corta, Radio Noticias del Continente. Dirigida
por el periodista y escritor Carlos O. Suárez, su función era denunciar las
crecientes violaciones a los derechos humanos y las consecuencias de la política
económica en toda América Latina, y era parte de una ofensiva propagandística de
la organización contra el régimen argentino. Las presiones del gobierno militar,
respaldo en la tarea por las dictaduras de Guatemala y El Salvador, hicieron que
la experiencia fuera obligada al silencio, a principios de 1981 (108).
A Radio Noticias del Continente se le sumaron varios órganos de prensa, la
mayoría de ellos de vida efímera y de edición internacional, que respondían al
MPM o a algunos de sus frentes: Crónica de la Resistencia Sindical Argentina,
Noticias (de Argentina), Vencer, Noticias (de Argentina) y El 17.
En 1975, luego del pase a la clandestinidad de Montoneros, circuló en forma
restringida entre los militantes un Manual del Miliciano, cuyo objetivo era
brindar conocimientos básicos para la formación de milicias montoneras. El plan
respondía a la hipótesis de agudización del conflicto social. Uno de los
capítulos se extiende acerca de las acciones de propaganda: entre ellas se
destaca Radio Liberación TV (RLTV). Según algunos testimonios, el documento fue
elaborado por el oficial 2do. Rodolfo Walsh y el subcomandante Oscar De Gregorio
(alias "Sordo", secuestrado en Uruguay y luego desaparecido en la ESMA);
mientras que otros sostienen que el autor del manual fue el dirigente montonero
Julio Roqué.
En palabras de Daniel James, el material de instrucción apuntaba tanto a
acciones "activas" como "pasivas", entendiendo a las primeras como de corte
militar y las segundas de corte político. Radio Liberación TV era una de las
herramientas que el documento elaboraba como una de las "armas" de la nueva
estrategia. La radio era más bien un conjunto de dispositivos portátiles que,
enchufados a un tomacorriente común, emitían mensajes grabados que interferían
el audio de las señales de televisión en un radio de ocho o diez manzanas a la
redonda: una voz en off se encargaba de anunciar, por ejemplo, que "el
comandante Mario Firmenich se va a dirigir al pueblo".
El mismo esquema se utilizaba para interceptaciones de las frecuencias de radio.
El manual abunda en detalles técnicos y en otros métodos de propaganda
clandestina mucho más artesanales: "gancheras", es decir, ganchos de los que
pendían panfletos ubicados en lugares de gran concentración de público
(estaciones, colectivos, etc.); artefactos lanzapanfletos; despliegue sorpresivo
de estandartes o carteles en lugares públicos; toma de colectivos para realizar
arengas; pegada de obleas con consignas en colectivos y trenes; "miliciadas",
etc.
Las "miliciadas" eran una suerte de copamiento momentáneo de pequeñas zonas de
la ciudad o de la periferia, durante las cuales se realizaban actividades de
información y propaganda. Antes y durante la operación, se realizaban
innumerables denuncias falsas en las comisarías de la zona, a fin de
despistarlas. Así, los militantes, en general dirigentes de los frentes de
masas, se retiraban con éxito del lugar antes que llegara la represión. "Se
producía un caos momentáneo", explica Roberto Perdía.
De esta manera puede observarse la gran cantidad de métodos utilizados en el
área de prensa, entendiendo a ésta como un espacio no recortado. La necesidad de
comunicación entre la organización política y el conjunto se constituye como un
eje vital. En este sentido, se fomentó la participación en la multiplicación de
información como una manera de resistir a la dictadura. Como reseña Noticias (de
Argentina), "cada escucha del pueblo es otra dinámica emisora, otra RLTV en
funcionamiento con el motor al máximo. Esta vez fue la huelga. A partir de
ahora, multiplicándose, la prensa popular oral y escrita acelerará su función de
informar, agitar y conducir".
Notas
98 Rodolfo Walsh, "Crónica del Terror". Informe número 1, diciembre de 1976, de
Cadena Informativa. Compilado por Horacio Verbitsky (1985).
99 De todas formas, aunque entre líneas y en páginas secundarias, se publicó más
de lo que se cree. En ese sentido, las ediciones del 25 de noviembre de 1977 del
matutino la Nación y de la Opinión publicaron pequeñas columnas sobre las
gestiones que estaban realizando intelectuales europeos a favor de Rodolfo
Walsh. Yen la edición del 4 de marzo de 1978, el diario Clarín publicó un
recuadro sobre la reunión de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), donde
se refiere a la situación de "varios periodistas que se encuentran arrestados o
han desaparecido, como en el caso de la Argentina con Rodolfo Walsh (…) y Jacobo
Timerman, (...) quien se halla en prisión a disposición del gobierno".
100 John William Cooke fue delegado personal de Perón, y sostuvo con él una
interesante polémica que se refleja en los dos tomos de la "Correspondencia
Perón-Cooke".
101 Evita Montonera. Año 1, nro. 6, agosto de 1975.
102 "PE" por Perón, "CINCO" por la cantidad de letras que componen el nombre.
103 Troxler fue uno de los sobrevivientes de los fusilamientos de José León
Suárez. Más tarde, acompañó a Walsh en la filmación de la película basada en el
libro del escritor.
104 Las entrevistadas prefirieron usar pseudónimos, la razón se funda en que
participaron de la resistencia secundariamente y acompañando a su padre, jefe de
un comando situado en la Paz, Bolivia. Además, en aquella época eran
adolescentes. Por tal motivo consideraron poco humilde "hacerse cargo" en tanto
protagonistas (mayo de 1998).
105 Cfr. Laura y Angélica González, op. cit.
106 Idem.
107 Idem.
108 Más información sobre la experiencia de Radio Noticias del Continente en
Suárez, Carlos O.: La complicidad (Buenos Aires, Ediciones Siena - Palabra
Argentina, 2000, págs. 8-9 y 17-18). Suárez, director de la emisora instalada en
el pueblo de Grecia, en las afueras de la capital costarricense, relata cómo
ex-guardias somocistas de la legión 15 de Septiembre atacaron la sede de la
radio en la noche del 14 de diciembre de 1980. los defensores, militantes
populares de Costa Rica y la Argentina, rechazaron el ataque y obligaron a los
agresores a la huida. "Este episodio -escribe Suárez- marca simbólicamente la
iniciación de la larga y sangrienta guerra de los contras para derrocar al
gobierno sandinista, bajo la dirección de los Estados Unidos", la operación
estaba destinada a lograr el apoyo de la dictadura argentina en la guerra contra
Nicaragua. El autor cita también el libro de Yeves, Enrique: La contra. Una
guerra sucia (Buenos Aires, Ediciones Grupo Zeta, 1990).
Una aproximación desde la
alternatividad
ANCLA no es una experiencia comunicacional aislada, sino que está inserta en lo
que genéricamente se denomina "comunicación alternativa". y decimos
"genéricamente" porque no existe una única definición para "comunicación
alternativa": por el contrario, este fenómeno abarca una diversidad de
conceptualizaciones que ponen el acento en diferentes elementos a la hora de
establecer una divisoria de aguas entre lo que es alternativo y lo que no lo es.
Hecha esta aclaración, podemos decir que ANCLA representa un caso de
alternatividad posible de estudiar a partir de la existencia de otros casos
similares, donde son ciertos componentes, objetivos o formas de funcionamiento
los que ensayan un marco teórico común a todos ellos.
Máximo Simpson señala y critica dos tendencias de investigación predominantes en
el abordaje de la comunicación alternativa en América Latina: la que considera
alternativa a la comunicación que surge como respuesta a la estructura
transnacional de los medios masivos de comunicación (y que hace eje en la
horizontalidad, la participación y la posibilidad de acceso al medio); y la que
entiende lo alternativo en función de sus vínculos con los proyectos de cambio
social. Dentro de esta última corriente, que se fundamenta en la teoría de la
vanguardia social y política, se ubica la experiencia de ANCLA.
Aquí, uno de los elementos relevantes es la inserción de la práctica
comunicacional en una "praxis transformadora de la sociedad en tanto totalidad"
(109). Es decir, la construcción de un "proyecto coherente y sistemático del uso
de los medios en un proceso revolucionario, proyecto que no debe esperar el
inicio del proceso para recién entonces comenzar a ser elaborado" (110). De
acuerdo a esta perspectiva de análisis, acompañar o impulsar el desarrollo del
movimiento popular y de la organización política es uno de los componentes del
fenómeno, donde las experiencias se asumen como instrumento o apoyatura de un
proyecto de cambio. En otras palabras, porque se colocan al servicio de la
acción política, "al margen de la diversidad de objetivos que procuren:
contrainformar, desarrollar niveles de conciencia, agitar, formar cuadros, etc."
(111).
En este sentido la comunicación político alternativa es vista como parte de un
proceso, y por lo tanto el contexto en que se desarrolla es determinante. No es
lo mismo comunicar dentro del marco de una normalidad institucional que hacerlo
en una coyuntura altamente represiva (tal es el caso de ANCLA), hecho que tiende
a limitar sus posibilidades: la viabilidad de lo alternativo no sólo enfrenta
condicionamientos económicos (como en el caso de Radio Chilena durante el
mandato de Allende), sino también una situación de obligada clandestinidad. En
última instancia, la coyuntura tiene un peso vital a la hora de multiplicar los
canales de acceso al medio o de hacer eje en la horizontalidad, más difíciles
-si no imposibles- en tiempos de emergencia.
Un medio entendido como una parte de un todo supone, además, una subordinación
estratégica de sus objetivos y de sus formas de funcionamiento a las necesidades
del conjunto de la organización o movimiento al que pertenece. La agencia
clandestina no es una excepción a este criterio, aunque también reflejó desde su
estructura la polémica entre Rodolfo Walsh y la conducción de Montoneros (112).
Por un lado, en tanto política del área de Inteligencia (que a su vez dependía
de la Secretaría Militar) fijó sus objetivos de acuerdo a las tareas de
contrainteligencia que debía llevar adelante; por el otro y en tanto medio
alternativo, buscó contrarrestar el muro de silencio durante los primeros años
de la dictadura, en un intento por generar grietas que ayudaran a enfrentar el
terror. Por eso, una reconstrucción de la experiencia deja entrever que, dada la
represión imperante, lo prioritario para la agencia era asegurar que la
información llegara a sus destinatarios, sean trabajadores, periodistas,
personalidades, miembros de las Fuerzas Armadas o representantes de los grupos
económicos. Debemos recordar, llegado este punto, que la participación popular
desde la producción de la información (en tanto fuentes) se fue recortando a
medida que la represión recrudeció.
Desde este marco de análisis, ANCLA se inserta en una secuencia de continuidad
con otras experiencias similares. Las radios insurgentes o guerrilleras, por
ejemplo, nacieron como parte constitutiva de una estrategia totalizadora (en
términos de Margarita Graziano), y en ese sentido su tarea fundamental estuvo
vinculada a la agitación y la propaganda política: Radio Rebelde de Cuba (que
transmitía desde Sierra Maestra gracias a un artefacto móvil); Radio Sandino de
Nicaragua; Radio Venceremos y Radio Farabundo Martí de El Salvador; y la radio
Voz da Frelimo de Mozambique, que emitía desde Tanzania (113), entre otras.
Algunas veces más destinadas a la vanguardia organizada que a las masas en su
conjunto, estos medios prestaron mayor atención a los contenidos que a las
"formas", el lenguaje y la estética. Frente a los medios de comunicación masiva
que se sujetaban a la autocensura y a una lógica mercantil que dejaba afuera a
la mayoría (o eran sistemáticamente silenciados por la represión), las radios se
constituyeron en una necesidad frente a un sistema opresivo.
En el caso de El Salvador, "el nacimiento de la radio no fue un invento, una
idea genial de nadie. Fue el resultado de un proceso políticosocial" que se
vivía a fines de los '70, explica el director de la radio Farabundo Martí,
Mauricio Wil{redo Cepeda. Al igual que las condiciones que llevaron a la
creación de ANCLA, en El Salvador "hubo un cierre absoluto de los espacios
informativos, una mordaza gubernamental a los medios de comunicación en cuanto a
brindar información, y también se dio la autocensura por parte de los mismos
empresarios. A la par de esto se dio una situación de represión contra los
periodistas de ideas democráticas y contra los medios que tenían alguna vocación
democrática" (114).
Las primeras experiencias comunicacionales del Frente Farabundo Martí de
Liberación Nacional (FMLN) estuvieron ligadas a la toma de emisoras y al intento
de funcionamiento de una radio en Costa Rica. Sin embargo, el esfuerzo que cada
una de estas acciones suponía llevó finalmente a pensar en la instalación de
medios propios. A partir de ese momento, el FMLN contó con emisoras en las zonas
rurales y montañosas, cuya instalación coincidió con la ofensiva general lanzada
por el Frente en enero de 1981 y tuvo estrecha vinculación con la necesidad de
comunicación del pueblo salvadoreño. La radio jugó un rol esencial no sólo en la
información, sino también en la organización, la orientación y la educación de
las masas.
Al mismo tiempo, las emisoras se constituyeron en instrumentos de
desmoralización de las fuerzas gubernamentales: se trataba de transmisiones en
guerra que involucraban tanto la representación como la acción. Una anécdota
echa luz sobre esta idea: la única vez que Radio Farabundo Martí dejo de
transmitir fue en el marco de una acción militar. Por espacio de unos días, la
radio se llamó a silencio para hacer creer al coronel Domingo Monterrosa que sus
tropas habían capturado los preciados equipos radiofónicos. En realidad, el
militar había secuestrado equipos falsos, cargados de explosivos que estallaron
en el momento en que eran trasladados como trofeo en un helicóptero de las
fuerzas armadas (115).
La conceptualización de la alternatividad como acción y representación inserta
en un proyecto de cambio social se refleja, también, en la experiencia de ANCLA,
a partir de su doble rol: uno de inteligencia, el otro de contrainformación. Por
ese motivo, no sólo apuntó a la participación popular desde la producción de
información (fuentes) y la oralidad (bemba), sino que fundamentalmente se abrió
camino en una "guerra psicológica" contra el poder y al estilo resistencia
peronista, que tenía como principal objetivo actuar como instrumento
desestabilizador de la cohesión de la Junta Militar en ilegal ejercicio del
poder. El aspecto determinante, entonces, estuvo dado por la importancia del
manejo contrainformacional en términos políticos y de inteligencia.
Entre sus fuentes, no sólo se contaban el estudio de la prensa legal (que estaba
al servicio de la dictadura o prestaba indiferencia a los problemas sociales) y
las interferencias a las comunicaciones de los organismos de seguridad, sino
también una necesaria participación de la población en general. En este sentido,
es claro un recuadro publicado en la revista Evita Montonera' (116), donde el
Departamento de Informaciones e Inteligencia escribió sobre el carácter de esa
participación: "Todos manejamos alguna información sobre el enemigo (...) Esa
información, tal vez en sí misma no sea muy importante o (...) no sirva para una
acción militar espectacular, pero para nosotros por más pequeño que sea
cualquier dato es útil, porque lo unimos a otros datos y así vamos armando
nuestra red de información (...)" (117).
Este elemento, en sí mismo, funciona también como una marca de diferencia con
respecto a las otras experiencias mencionadas (radios insurgentes) y prensas de
carácter partidario. En estos últimos casos, la función prioritaria está dada
por la propaganda y la agitación destinada a los destacamentos avanzados de
vanguardia, en términos leninistas, y organizaciones de base. ANCLA, en cambio,
se orientó hacia el campo de la inteligencia y paralelamente encaró la
comunicación pero desde un punto de vista más amplio. Por ese motivo entre sus
destinatarios había periodistas, de forma tal de hacer correr la información en
múltiples direcciones.
Esta diferencia entre medios partidarios y medios más amplios no debe entenderse
como una contradicción. Por el contrario, se trata de roles distintos que se
complementan y que forman parte de una integralidad. Desde esta perspectiva
pueden evaluarse, por ejemplo, el funcionamiento de la revista El Descamisado
(órgano de prensa y propaganda de Montoneros en los primeros '70) y del diario
Noticias (sostenido por Montoneros pero mediatizado por periodistas -también
militantes- y con un discurso contestatario pero dirigido a las más amplias
masas populares). Y aún cuando las experiencias tengan una pertenencia
partidaria distinta, desde la óptica de la lucha político ideológica actúan como
complemento la una de la otra. En el mismo sentido y de acuerdo a la etapa
política, unas u otras pueden adquirir también mayor relevancia. La infinidad de
medios alternativos proclives al cambio permiten visualizar las posibilidades de
los diferentes roles.
La importancia de la integralidad, así entendida, se refleja en las
apreciaciones de Lenin en torno al papel de la prensa. Las formas marginales de
comunicación o "agitación local artesanal", que por sí solas suelen tender a la
dispersión de esfuerzos, sirven de base sin embargo "para toda la actividad del
partido" (118). En la Rusia de finales de la década de 1890, las "hojas obreras"
-primeras publicaciones socialdemócratas, del tipo "volante"- alcanzaron una
importante difusión, aún en la clandestinidad. Pese a eso, Lenin bregó por
superar el "carácter estrecho, 'artesano', de la labor local", a fin de crear un
órgano de difusión central, fundamental para "la organización del partido y la
unificación de todos los socialdemócratas". Al mismo tiempo, ese órgano central
debía estar estrechamente vinculado a las formas locales.
Fernando Reyes Matta, por otra parte, plantea la necesidad de generar una red
que coordine las diversas experiencias en un sistema alternativo de información,
y señala también dos niveles: uno de superficie, donde se desarrolla la
experiencia alternativa; otro subterráneo, donde se desarrolla la experiencia
clandestina. La primera debe ser más cuidadosa en su discurso, mientras que la
segunda tiene más libertad de acción. La comunicación marginal, entendida como
"una experiencia previa que impulsa el proceso de comunicación alternativa",
comienza con un grupo que "echa a andar un medio" y que, en la medida en que "se
hace parte de la praxis social, adquiere la fuerza de permanecer, dejando de ser
una forma marginal y pasando a ser una expresión alternativa" (119).
Esta idea presenta dos niveles de acción en lo que hace a la comunicación
alternativa. Pero no necesariamente uno es el puntapié inicial del otro. Además,
ambos pueden ser complementarios. Retomando el caso ruso, el desarrollo
satisfactorio de Pravda (120) como órgano legal necesitó, de todos modos, un
órgano clandestino central para completar la información. Y eso pese a que el
periódico venía a ser la consecuencia de una serie de publicaciones clandestinas
y descentralizadas que minaron durante años a las fuerzas reaccionarias y que
permitieron a los obreros participar tanto de su elaboración como de su
distribución.
En ese sentido Lenin plantea la necesaria combinación entre la prensa legal y la
ilegal, es decir, de superficie o subterránea, en virtud del desenmascaramiento
del "carácter engañoso de la libertad y de la igualdad bajo la democracia
burguesa". Es por ese motivo que propone a los partidos la creación de
periódicos legales de difusión masiva entre los obreros que, sin decirse
comunistas, aprovechen los resquicios de la legalidad para alcanzar el mayor
número de lectores; al mismo tiempo que llama a reproducir "octavillas
clandestinas (...) en multitud de imprentas por los obreros (clandestinamente o,
si el movimiento crece, mediante la ocupación revolucionaria de los talleres
tipográficos) y que proporcionen al proletariado una información revolucionaria
libre y consignas revolucionarias" (121).
La resolución aprobada en 1913 por el Comité Central del Partido Obrero
Socialdemócrata de Rusia es clara al respecto: mientras en el primer punto
establece "la enorme importancia de la prensa legal para la causa de la
agitación y de la organización socialdemócratas"; más adelante continúa que "en
vista del agudizamiento de la lucha revolucionaria de las masas en los últimos
tiempos, y de la precisión de informar de ella plenamente (...), cosa que no
está al alcance de la prensa legal, la reunión llama a (...) impulsar la
editorial clandestina del partido, advirtiendo que, además de las octavillas y
folletos clandestinos, (…) es absolutamente imprescindible la salida más
frecuente y regular del órgano clandestino del partido (Organo Central)" (122).
En nuestro país y de acuerdo al caso que estamos estudiando, las formas de
comunicación significaron una respuesta a la realidad concreta. Cuando ya no fue
posible un diario legal como Noticias, apareció ANCLA; casi enseguida nació la
Cadena Informativa, más artesanal en su forma y más limitada en cuanto a
objetivos y destinatarios; y finalmente surgieron las cartas que llevaban la
firma de Rodolfo Walsh, en una vuelta a la propia identidad para llamar la
atención acerca de lo que estaba sucediendo.
Tal como señaló Lilia Ferreyra, Walsh ideó medios de comunicación adecuados al
contexto político en que les tocaba desarrollarse (123). La agencia clandestina
fue parte de un proyecto transformador y desde su estructura se vinculó a la
praxis social. Respondió a una evaluación política tendiente a generar
herramientas políticas ofensivas en el marco de un repliegue estratégico hacia
los sectores populares y el peronismo como identidad de las masas. Esto
demuestra hasta qué punto la comunicación puede alcanzar un rol activo en la
articulación, organización y autodefensa popular: como decía Simón Bolívar, "la
prensa es la artillería del pensamiento" (124).
De la misma forma, las radios insurgentes surgieron como necesidad de
comunicación y organización de la guerrilla frente a la censura, y la red de
radios mineras bolivianas nació para la lucha y la autodefensa obrera y
campesina frente a la emergencia política. Asimismo, y pese a la clandestinidad
y la represión, las formas artesanales de comunicación trabajadas durante la
primer resistencia peronista (desde el derrocamiento de Perón hasta el gobierno
de Frondizi), fueron de gran efectividad y abrieron el camino de los sabotajes y
la incontenible movilización del peronismo proscripto que se evidenció en la
cumplimentación de las directivas enviadas por Perón desde el exilio.
La línea contrainformacional como elemento de la alternatividad puede rastrearse
en todas estas experiencias. La agencia de noticias cubana Prensa Latina
constituye uno de tantos ejemplos. Fundada en 1959 por Jorge Masetti y donde
participó activamente Rodolfo Walsh, entre sus objetivos figuraba el de
presentar una cobertura eficaz de las noticias cubanas e internacionales,
sistemáticamente deformadas por el discurso de los monopolios informativos
transnacionales. Perón en la Argentina y Quadros en Brasil intentaron también la
creación de agencias noticiosas propias, ensayos que fueron ahogados por las
agencias norteamericanas "para quienes el periodismo estatal es un crimen cuando
se trata del estado nacional, y no lo es cuando detrás se oculta el poder
extranjero" (125).
En 1968 se presentó en las sedes de la CGT de los Argentinos de Rosario y Buenos
Aires la muestra Tucumán Arde (126). En aquella oportunidad, un grupo de
artistas planteó la muestra como una campaña contrainformacional destinada a
mostrar la crítica situación tucumana, producto de los sucesivos cierres de los
ingenios azucareros (127). Frente al silencio y la tergiversación de los medios
masivos y la propaganda oficial de la dictadura de Onganía, la muestra buscó
causar entre los espectadores el mismo efecto que el de un acto político, de
forma de aportar realmente al cambio (128).
Tampoco escapan a esta interpretación los grupos de Cine de Base y Cine
Liberación, o el Semanario CGT, que se planteó como un periódico enfrentado a
los medios masivos entendidos como parte constitutiva del sistema, y por lo
tanto como manipuladores de la información que ponen trabas a la interpretación
de la realidad obrera y social o tergiversan los acontecimientos. Estas
experiencias se desarrollaron en el marco de una realidad político-social
signada por la Revolución Cubana y la guerra de Vietnam, entre otros hechos de
relevancia, que a su vez funcionaron como anclaje de sentido de muchos de los
proyectos de comunicación alternativa.
Actualmente, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional busca contrarrestar a
través de sus comunicados las informaciones oficiales acerca de la situación en
Chiapas y sobre las masacres producidas por el ejército oficial y los grupos
paramilitares contra comunidades indígenas, los cuales circulan por Internet y
en poco tiempo lograron el objetivo político de la adhesión internacional de
numerosos organismos de derechos humanos y de personalidades del mundo
intelectual y artístico: allí donde comienza a plantearse un proyecto de
transformación económica, política y social, la necesidad de comunicarse para el
aprendizaje, la organización, la lucha y la movilización, es fundamental.
Una tradición latinoamericana: la prensa como herramienta de combate
El uso de medios de comunicación como herramienta política contrainformacional
tuvo un rol fundamental en latinoamérica desde mucho antes del surgimiento de
las experiencias aquí mencionadas. Tal es el caso de los pasquines sediciosos
que acompañaron el malestar y las tempranas sublevaciones en las postrimerías
del régimen español en América; los escritos clandestinos que circularon en la
Buenos Aires colonial durante los cabildos de 1809 y 1810. Y las indicaciones de
Mariano Moreno sobre la importancia de la propaganda "para consolidar la obra
grande de nuestra Libertad e Independencia", entre otras experiencias de no
menor relevancia.
Un seguimiento del desarrollo de las formas comunicacionales contestatarias o de
oposición a lo largo de la historia, revela una notable tradición en la materia.
De todas formas, no pretendemos aquí agotar todas las posibilidades, sino
descubrir -desde el desarrollo de algunos casos significativos- los modos de
funcionamiento de la prensa como instrumento de combate y su aporte a una
conceptualización de la comunicación alternativa ligada a los procesos de
cambio.
Dos resoluciones, una del 14 de abril de 1766 y otra del 18 de diciembre de
1804, actúan como el punto cero de donde parte nuestro análisis: concretamente,
porque representan el momento en que las autoridades del virreinato comenzaron a
vislumbrar el peligro que los pasquines significaban para el orden y la
soberanía peninsular sobre el territorio americano. Dichas disposiciones fueron
las encargadas de prohibir en las tierras del Reino "la composición de
pasquines, sátiras, versos, manifiestos y otros papeles sediciosos" (129) que
circulaban clandestinamente o amanecían fijados en lugares públicos, Incluso,
castigaban con dureza a quienes por simple curiosidad los guardaban o los leían.
Según el historiador Boleslao Lewin, "en la época colonial de Hispanoamérica, a
medida que surgía el descontento, aparecía el pasquín, el escrito ilegal
programático, reivindicatorio o simplemente insultante. No existe una producción
política escrita tan expresiva y tan auténticamente popular, por su carácter
intrínseco y por la rapidez de su difusión, como la de los pasquines (...),
vehículo por medio del cual el espíritu revolucionario penetraba en las capas
populares, cuyo anhelo expresaba".
El fenómeno del pasquinismo en la América colonial cumplió con éxito una doble
función de protesta y organización contra la corona y de defensa de los
intereses de criollos y mestizos. Incluso, este peculiar modo de comunicación
fue muy intenso en el Alto Perú, donde aún no existía la imprenta. Para el
historiador Humberto Vázquez Machicado, el punto más alto en la difusión de los
misteriosos folletos tuvo lugar durante el último período del régimen, cuando la
conciencia emancipadora comenzó a extenderse secretamente, pero a paso firme, a
lo largo y a lo ancho de los virreinatos. En ese entonces, los escritos que
promovían sublevaciones y pregonaban la libertad actuaron como "válvula de
escape, elemento de campaña (y) ardid de guerra (…) Aherrojado el pensamiento
libre y castigados horriblemente los que se hubiesen atrevido a hacer propaganda
contra el régimen, los descontentos valíanse de los pasquines para llevar a
conocimiento del pueblo su prédica" (130).
Los escritos acompañaron cada una de las manifestaciones del descontento. La
rebelión campesino-indígena encabezada por Tupac Amaru (1780-81) fue una de las
primeras, aunque ahogada con extrema violencia por las tropas del virrey Agustín
de Jáuregui. Tras la sublevación, que funcionó como un toque de alerta para las
autoridades del virreinato, los criollos aprendieron de la debilidad española y
tomaron conciencia de la necesidad de acercarse a los mestizos para enfrentar a
la realeza. El pánico por la insurrección fue una oportunidad, además, para
lanzar sus pasquines de denuncia contra los privilegios de ultramar y sobre la
escasa participación criolla en la apropiación de los beneficios económicos:
esos años vieron aparecer hojas escritas, algunas en latín, otras con
deliberadas faltas ortográficas, en Charcas, Chuquisaca, La Plata, La Paz,
Buenos Aires y Santiago del Estero. Una, fechada en marzo de 1780, amenazaba:
"Los ciudadanos de La Paz que hasta La Presente, quietud han mantenido, Oy día a
Los fieles Amigos convida que estén promtos alas tres bombas de n.ra. zeña adar
fin en la media noche con el Gallo, y sus Aves, Rompiendo Los tiernos
Christales. También alos Adulones advertimos, que si respaldan, al Corregidor:
morirán martirez con el" (131).
Poco más tarde, una firme intencionalidad emancipadora se reveló en infinidad de
pasquines que actuaron con la eficacia de un arma de combate en el terreno de la
conspiración. En 1785 Chuquisaca vivió una nueva sublevación, llamada "de los
muchachos", donde se evidenció la creciente coordinación entre criollos y
mestizos: mientras las clases populares se enfrentaron a los soldados del rey,
los criollos aportaron lo suyo con la difusión clandestina de pasquines que
alentaban a la pelea e impulsaban a la acción. Buscaban, de esta forma, horadar
aún más las débiles estructuras virreinales, sembrar el desprestigio, hacer
correr las más variadas suspicacias; en otras palabras, acelerar la caída del
régimen.
"Esa labor picante, no solo tendenciosa, sino corrosiva, (...) de amenazas
veladas o abiertas, etc. hacía tanto o más daño que una revuelta intrascendente.
Pinchaban en los puntos neurálgicos del sistema y se ensañaban en sus vicios y
defectos, los que no sólo ponían al descubierto, sino que a veces exageraban a
fin de aumentar mayormente el efecto de sus sátiras y ataques", explica Vázquez
Machicado. Esta táctica de exasperación del enemigo creaba el clima propicio
para el fermento de las ideas revolucionarias. Y "como los redactores de los
pasquines estaban dentro del mismo medio contra el cual estaban dirigidos,
sabían muy bien dónde, cómo y cuándo herir" (132).
Los pasquines sediciosos cumplieron con eficacia una doble tarea de denuncia y
agitación y de suspicacia y conspiración (inteligencia). En las postrimerías de
un régimen que se desmoronaba, su acción involucró tanto la representación como
la acción y tuvo un objetivo bien definido: primero de defensa de los intereses
criollos lesionados, luego de aliento para la emancipación. Los emisores,
amparados en el anonimato y siempre prestos a defender el honor y la inocencia,
supieron crear lazos secretos entre los descontentos del virreinato, haciendo de
cada receptor un emisor en potencia. Como toda propaganda contraria al régimen
era sistemáticamente censurada y reprimida, los escritos volantes actuaron como
una herramienta de difusión clandestina, informando "al público corriente de los
puntos flacos y vulnerables del régimen, a la par que de la actitud e
intenciones rebeldes, y así poco a poco, en medio de sus intencionadas faltas de
ortografía o incorrecta redacción, desaliñada adrede, enseñaban al pueblo el
camino de la emancipación" (133).
Hacia 1794-95, los pasquines vuelven a irrumpir en la vida colonial, pero esta
vez claramente influidos por las ideas de la Revolución Francesa: "Mueran los
Poderosos Criollos y ladrones Europeos, a Barrilasos de Polbora; Viva Francia, y
las yndias entre Plebeos, y naturales. Lebantemonos" (134) , rezaba uno de
ellos. Es notable la veracidad con que muchos de los escritos reflejaban los
sucesos europeos. Los vivas a Francia no eran otra cosa que la imagen de la
libertad y la igualdad, traducida a las necesidades de la colonia. Lo cierto es
que los pasquines, que constituyen todo un género literario, efectuaron su labor
de agitación tanto desde un punto de vista más burlón como político, de acuerdo
a los planes de sus redactores y a las necesidades coyunturales.
En la Buenos Aires de 1795, los pasquines sediciosos fueron el órgano popular de
expresión de la llamada "conspiración de los franceses" (135), primera irrupción
popular en la política argentina en tanto figuran hombres procedentes de las
clases populares como acusados de un delito político (136). En aquella
oportunidad, el alcalde de primer voto Martín de Álzaga lanzó una dura
persecución contra los sospechosos de conspirar y sublevar a los esclavos. Los
escritos, que amanecían pegados en distintas esquinas de la ciudad, eran el
soporte adecuado para la difusión de las consignas revolucionarias que los
"libros prohibidos" trabajaban con mayor detenimiento. De hecho, el episodio
comenzó con la quema de un "Bolter"; es decir, de una obra de Voltaire.
El alcalde Álzaga, alertado del peligro en ciernes, dispuso entonces la
detención del mestizo correntino José Díaz, un tupacamarista que profesaba un
profundo odio hacia los peninsulares y que veía en la Revolución Francesa la
esperanza de una vindicación social. No se trataba de una travesura o un hecho
intrascendente, puesto que el alcalde realizó un despliegue inusual para dar con
los conspiradores y fue inflexible a la hora de aplicar numerosas sesiones de
las más terribles torturas.
En respuesta a la actitud de Álzaga, los "franceses" multiplicaron la producción
de pasquines de tono amenazante: "Martín Álzaga, dentro de un año irás a la
guillotina; tú y cuantos andan con averiguaciones, y tus bienes serán para la
Convención Americana. Tu asesor piensa conseguir una garnacha, será el segundo
que la estrene. Guarda éste para la memoria. ¡Viva! ¡Viva! ¡Viva la Libertad!
(...J". Otro, del mismo tenor, decía: "Señor capataz, sírvase dirigir esos
esclavos a la Libertad, pues si no será guillotinado junto con su patrón, don
Martín de Álzaga". y con respecto a los presos, otros dos pasquines
sentenciaban: "Españoles, los que sois cuerdos, mucha sangre costará a los que
tienen parte en la prisión de los franceses. ¡Viva la Libertad! ¡Viva la
Libertad! ¡Viva la Libertad!"; "La nación francesa tomará satisfacción. Costará
arroyos de sangre. Ya se da aviso a París. Satisfacción se dará. ¡Ladrones! Tu
tienes los bienes de los franceses. ¡Viva la Libertad!" (137).
Esta suerte de "guerra de nervios" propia de la circulación de pasquines puede
descubrirse, también, durante los cabildos de 1809 y 1810, que públicamente
juraban lealtad a Fernando VII y por lo bajo aseguraban que "Ias Américas
primero dejarán de ser, que dejar de aspirar a gobernarse por sí misma, puesto
que devemos contar por muerto al Sr. D. Fernando, exista o no exista" (138). Se
trataba de una oposición sorda pero no por ello menos firme, y que estaba a la
vista aunque al mismo tiempo era inasible. Asimismo, y a pesar de "las caretas
de felicidad a Fernando VII", Vázquez Machicado concluye que "las rebeliones de
1809 y 1810 en el Alto Perú como en el Río de la Plata, fueron esencialmente
libertadoras".
Mientras tanto y en Buenos Aires, la Primera Junta Patria (1810) encargaba a su
secretario, Mariano Moreno, la redacción secreta de un Plan de Operaciones
destinado a consolidar la obra de la Independencia (139). Tal como consta en
dicho texto, "la base de la propaganda sería el misterio de Fernando,
'circunstancia la más importante para lIevarla siempre por delante, tanto en la
boca como en los papeles públicos y decretos (…) pues es un ayudante a nuestra
causa el más soberbio, (y) aún cuando nuestra obra y conducta desmientan esta
apariencia, (...) nos da un margen para fundar ciertas gestiones y argumentos,
así en las cortes extranjeras como en España'" (140).
El objetivo manifiesto de esta política era "entretener y dividir las opiniones
de la misma España, haciendo titubear y aparentar por algún tiempo hasta que
nuestras disposiciones nos vayan poniendo a cubierto"; para ello, el plan
aconsejaba enviar "actas o representaciones a los cabildos de esta capital e
interiores expresando que (...) se desvelan para conservar los dominios de esta
América para el señor Fernando VII" (141). El plan secreto establecía también la
formación de una embajada en la península, de "tres hasta cinco individuos de
talento y que atesoren el don de la palabra", con el cometido de hacer dudar a
los españoles sobre cuál de ambos partidos era el verdaderamente realista (142).
Esta campaña de acción psicológica y contrainformación colocaba en un lugar
destacado a la propaganda. En ese sentido, proponía el envío de cartas con
nombres y firmas falsificadas, con el objeto de provocar el desprestigio y la
desconfianza entre las fuerzas realistas. En otras palabras, se trataba del
recurso del secreto, del disimulo y la confusión deliberada, propio de los
pasquines sediciosos -cuyas faltas ortográficas y errores de redacción tenían el
propósito de despistar- y de todas aquellas experiencias que combinaron la
inteligencia y la comunicación para alcanzar sus objetivos.
Estas formas de encarar la comunicación como arma de combate constituyen una
tradición en la difusión política latinoamericana, y como tal pueden rastrearse,
a lo largo de los años y de acuerdo a las nuevas coyunturas, en el
funcionamiento de numerosas prensas de oposición. De hecho, Rodolfo Walsh fue un
apasionado de la historia nacional: como señaló Horacio Verbitsky, Walsh "era
muy crítico de quienes conocían en detalle la historia de la Unión Soviética y
desconocían cómo se toma el poder en la Argentina". No proponemos aquí la
posibilidad de una traslación mecánica, deliberada o razonada de conceptos, sino
de cómo el estudio sistemático de los sucesos funciona como back up para las
diferentes tareas dentro de un proceso de cambio.
En tal sentido, Verbitsky sostuvo que el grupo de la agencia ANCLA estaba
"absolutamente familiarizado" con las lecciones de la historia nacional y
latinoamericana, y el mismo Walsh, en un documento interno del 5 de enero de
1977, establece que "la toma del poder en la Argentina debería ser (...) nuestro
principal tema de estudio, como lo fue de aquellas clases y de aquellos hombres
que efectivamente lo tomaron. Perón desconocía a Marx y Lenin, pero conocía muy
bien a Yrigoyen, Roca y Rosas, cada uno de los cuales estudió a fondo a sus
predecesores" (143). De esta manera es posible trazar paralelismos entre las
diversas experiencias.
Los ejemplos en este sentido abundan: San Martín llamó "guerra de zapa" a su
campaña de desinformación previa al cruce de la Cordillera de los Andes, en
1816, mediante la cual procuró con éxito desconcertar los planes realistas,
fomentar la discordia y trabajar el frente interno enemigo. Antes de cruzar la
cordillera, el Libertador -sabiéndose vigilado por agentes realistas- dejó sobre
su mesa de trabajo planes falsos de la que sería su campaña a Chile. Asimismo,
envió correspondencia adulterada. Esto le sirvió para avanzar con la columna
principal y sin contratiempos por el cruce de Los Patos, mientras las tropas
realistas lo esperaban por el norte y por el sur (144).
La importancia del trabajo sobre el enemigo también es notable en las políticas
comunicacionales de Juan Manuel de Rosas durante la intervención anglofrancesa.
En ese sentido, el historiador José María Rosa sostiene que "los agredidos
pueden valerse de la misma prensa de los agresores para defenderse (...) Hacer
propaganda contra la agresión por todos los medios, el soborno inclusive;
valerse de diarios, libros, folletos, discursos parlamentarios, mociones
académicas, hasta reuniones públicas. Crear, en fin, en la metrópoli agresora un
frente desfavorable a la intervención" (145).
Rosas hizo de las legaciones en Londres y París agencias de propaganda: Manuel
Moreno (hermano de Mariano) y Sarratea recibieron la orden de quedarse en las
capitales europeas, porque "la verdadera batalla se libraría allí (...) Cada
legación se convirtió en un centró de actividad, con conexiones periodísticas,
parlamentarias, jurídicas y su indispensable 'fondo de reptiles' para comprar
conciencias (...) Alvear en Estados Unidos y Guido en Brasil tenían idénticas
instrucciones (...) Pero la batuta de la propaganda periodística la dirigió el
mismo Rosas desde Buenos Aires, con la publicación, de aparición irregular, del
Archivo Americano y espíritu de la prensa del mundo" (146). Escrito en varios
idiomas, el Archivo... se enviaba a los periódicos del mundo, con el objeto de
lograr un "rebote" de las informaciones allí publicadas. De hecho, muchos
reprodujeron sus artículos.
La importancia de la prensa como instrumento de lucha también está presente en
Domingo F. Sarmiento en su oposición a Rosas desde Chile (el Facundo es otra de
sus obras de singular importancia); y en el trabajo de prensa de los unitarios
exiliados -entre ellos Juan Bautista Alberdi- que hicieron de Montevideo su base
de operaciones para "derrocar al tirano". La prensa, en aquella oportunidad, fue
el arma adecuada para llamar a los sectores del interior a sumarse a las
campañas de los "ejércitos libres" apoyados y financiados por Francia e
Inglaterra (147).
Bartolomé Mitre y su "tribuna de doctrina", el diario La Nación; o los trabajos
de José Hernández, ofrecen otras posibilidades. Sin intenciones de agotar el
tema, los tópicos reseñados en este apartado revelan una importante tradición
latinoamericana en el uso de las herramientas de información, interesantes en
tanto bagaje histórico cultural para un estudio del desarrollo de las
experiencias de comunicación pensadas como instrumento político en nuestro
continente, en general, y del trabajo de ANCLA en particular.
Notas
109 Cfr. Graziano, Margarita. ININCO (1980). El planteo de Graziano en el texto
es una suerte de síntesis entre lo horizontal y participativo y el objetivo de
cambio social, pero el elemento más subrayado es la necesidad de la experiencia
alternativa de formar parte de una estrategia totalizadora. Por lo tanto la
autora se pregunta si, en ese sentido, la comunicación alternativa "no se
convierte en un requisito básico de toda forma de comunicación política" de las
organizaciones de militancia.
110 Idem.
111 "Cine militante: una categoría interna del Tercer Cine", documento del grupo
Cine Liberación fechado en marzo de 1971. Entre otros, estuvo formado por los
realizadores Fernando Solanas y Octavio Getino. En Mestman (1993).
112 Esquematizando, la polémica se centró en torno de la descentralización,
repliegue y resistencia planteados por Walsh y la centralización en la práctica,
el militarismo y la contraofensiva por parte de la Conducción Nacional de
Montoneros.
113 Tanzania conquistó su independencia en 1961, y sirvió de refugio a muchos
combatientes del FRELlMO.
114 Cfr. M. W. Cepeda, entrevista realizada por Ernesto Lamas. En Causas y
Azares (primavera de 1994).
115 En El Salvador, las radios que sirvieron de instrumento de comunicación de
la guerrilla hoy intentan adecuarse a la "pacificación social". La radio
Venceremos busca competir con las radios musicales tradicionales. La radio
Farabundo Marti cambió-alteró su discurso combativo y guerrillero para acompañar
la política de reconciliación y su consecuente vía electoral. Si antes se
trataba de transmisiones en guerra, hoy se trata de transmisiones en paz:
justamente, fue el discurso de la guerra de liberación el que empezó a
suavizarse a partir del proceso de pacificación. Actualmente las radios se
reivindican como espacios de participación integral, popular y pluralista. Hubo
que adecuar las estructuras clandestinas del campo a la necesidad de competencia
en las ciudades. Ya no se trata del cambio, sino de adecuarse al nuevo marco
legal, a la necesidad de profesionalización y financiamiento para estar a la
altura de los medios dominantes y así poder ofrecer una opción al discurso
hegemónico. Entre otras razones, esta nueva realidad es posible en función de la
desorganización popular y de la derrota política y militar de las experiencias
revolucionarias de los años 1960-80 en Latinoamérica. De todos modos, el hecho
de que las radios otrora insurgentes deban mantener guardias permanentes del
Frente Farabundo Marti para la Liberación Nacional señala que su discurso o aún
su propia presencia en el éter sigue siendo una molestia para el régimen.
116 Organo oficial del Partido Montonero.
117 Evita Montonera, año 1, número 7, septiembre de 1975. El articulo se titula
"El mejor servicio de informaciones es el pueblo".
118 Nótese que en la Rusia pre-revolucionaria el medio privilegiado era el
escrito, en razón del nivel de alfabetización de trabajadores y campesinos. En
Argentina, por razón similar, las experiencias de alternatividad prefirieron
también los medios escritos, tal es el caso de ANCLA y diarios como Noticias y
El Mundo, aunque no se desestimó la radio dado su amplio alcance (por ejemplo,
las interferencias de Radio Liberación de Montoneros). En cambio, en Bolivia y
El Salvador, donde el analfabetismo alcanza niveles que llegan al 80 por ciento
de la población, el medio privilegiado fue la radio. El caso de Mozambique,
finalmente, es paradigmático: el 95 por ciento de los pobladores no sabía leer
ni escribir, al tiempo existían cinco lenguas oficiales y numerosos dialectos,
lo que llevó al Frente de Liberación de Mozambique (FRELlMO) a utilizar tanto la
radio como los volantes, las caricaturas y los murales.
119 Cfr. Reyes Matta, Fernando. En Simpson Grinberg (1986).
120 Diario legal bolchevíque. Empezó a publicarse en Petersburgo a principios de
1912, con un importante aporte económico de los obreros.
121 Publicado en junio de 1920 bajo el título "Tesis sobre las tares
fundamentales del II Congreso de la Internacional Comunista". Cfr. Lenin,
recopilación (1979).
122 Publicado en 1913 en el folleto "Comunicado y resoluciones de la reunión del
verano de 1913 del CC del POSDR con los cuadros del partido". Cfr. Lenin,
recopilación (1979).
123 Cfr. Lilia Ferreyra (noviembre de 1997).
124 Cfr. Reyes Matta, Fernando. En M. Simpson Grinberg (1986). El autor
puntualiza que Bolívar recorría América Latina con una pequeña imprenta montada
en una mula.
125 La "catarata de basura informativa", tal como la define Walsh en su prólogo
al libro "Los que luchan y los que lloran" de Jorge Masetti, puesta en práctica
por las agencias de noticias transnacionales para aislar a Cuba, continúa hasta
la fecha.
126 La muestra presentada en la sede de Buenos Aires fue clausurada a pocas
horas de comenzar.
127 Base de la economía tucumana.
128 Cfr. Ana Longoni y Mariano Mestman. En Causas y Azares nro. 1 (primavera de
1994). Los autores explican que la obra estaba inserta en una realidad
político-social que la hacia posible y le daba sentido, donde arte y política
buscaban fusionarse.
129 Cfr. Humberto Vázquez Machicado. En revista Historia nro. 9 (1957). El autor
puntualiza que ambas resoluciones constituyeron después la ley 8 del título XXV
del libro XII de la Novísima Recopilación de 1805. Esta ley, como tantas otras,
"no se cumplía sino cuando había un interés especial de la Corona, y ni aún así
era capaz de contener esta natural tendencia del ingenio popular". Vázquez
Machicado explica que los escritos clandestinos abundaron en épocas de Felipe IV
y de Carlos II, entre otras, y que un rastreo de sus orígenes puede llevar a
tiempos de la oposición a los césares de la época romana, entre diez y ocho
siglos atrás. Boleslao Lewin, por otra parte, agrega que en 1779 el virrey
Vértiz impuso penas de arresto a personas de alta clase social por el solo hecho
de leer un pasquín.
130 Cfr. Vázquez Machicado (1957).
131 Citado en Vázquez Machicado (1957).
132 Cfr. Vázquez Machicado (1957).
133 Idem.
134 Citado en Vázquez Machicado (1957).
135 Nótese que no se trataba necesariamente de personas de esa nacionalidad,
sino de hombres influidos por el enciclopedismo francés que ya cruzaba el
Atlántico.
136 Cfr. Boleslao Lewin, en el Anuario del Instituto de Investigaciones
Históricas nro. 4, FFyL, Universidad del Litoral (1960).
137 Citado en Boleslao Lewin, op. cit.
138 Idem.
139 También Manuel Belgrano colaboró en la redacción del Plan.
140 Cfr. José María Rosa (1964). Las comillas indican una cita de uno de los
pasajes del Plan de Operaciones.
141 Cfr. Mariano Moreno, Plan de Operaciones. Citado en José María Rosa (1964).
142 Idem.
143 Cfr. Walsh, Rodolfo. En Baschetti (1994).
144 El cruce principal del Ejército de los Andes fue por Los Patos, frente a la
provincia de San Juan; pero para distraer al enemigo otros destacamentos menores
cruzaron por Uspallata, Come-caballos (La Rioja), Guana, el Planchón y Portillo.
145 Cfr. José María Rosa (1964).
146 Idem. El Archivo Americano... apareció entre 1843 y 1852.
147 Idem.
Un enfoque desde la práctica
política
En las postrimerías de la colonia en Hispanoamérica cualquier crítica al régimen
estaba rigurosamente prohibida. La subordinación primero a Carlos IV ya Fernando
VII después no podía siquiera ponerse en duda. Pero en las cantinas, en las
fiestas, en las reuniones amistosas o en los corrillos de la plaza pública se
manifestaba, con fuerza y en silencio, el espíritu de la oposición emancipadora.
El malestar interno que corroía las entrañas de la vida colonial llevaba de un
oído al otro los sucesos de la guerra con Inglaterra, las intrigas de la
camarilla del virrey o las novedades de la campaña napoleónica sobre Madrid,
hechos que en estas tierras se traducían en la formación de logias secretas y en
la elaboración de planes encaminados a lograr la independencia (148).
Así, mientras públicamente el cabildo de 1810 juraba lealtad a Fernando, por
abajo no deseaba otra cosa que consumar "la obra grande de nuestra Libertad e
Independencia". De allí que circularan numerosos pasquines clandestinos que
llevaban a conocimiento del pueblo los pormenores de la emancipación. Como
dijimos en el capítulo anterior, estos escritos "sediciosos" fomentaban las
acciones violentas contra el régimen, denunciaban sus puntos flacos y llamaban a
los parroquianos a tomar parte activa en la lucha por la conquista de la
independencia. El ambiente durante los últimos años de la colonia se había
separado en dos: en público, todo era fidelidad hacia el rey; en privado se
preparaba el terreno para la guerra de emancipación.
Un siglo y medio más tarde de aquellas jornadas históricas, la práctica de la
censura también fue el recurso del régimen para mantenerse en el poder. En 1955,
los militares de la Revolución Libertadora no se contentaron con proscribir al
peronismo: fueron más allá y hasta prohibieron por decreto la difusión de los
símbolos e incluso el nombre de Perón. La resistencia del hombre a la censura y
a la desinformación tuvo, en ese entonces, su expresión en una prensa pública
que terminó refiriéndose al líder llamándolo Juan Domingo, en miles de volantes
clandestinos y pintadas de "Perón Vuelve", y en una unidad de acción resistente
sólo posible gracias a la unidad de concepción del movimiento proscrito.
Algunos años después, bajo la dictadura de Onganía, Rodolfo Walsh participó
junto a Rogelio García Lupo y a pedido del gráfico Raimundo Ongaro de la
gestación del Semanario CGT, órgano de difusión de la CGT de los Argentinos. En
sus páginas el escritor y periodista publicó por entregas su investigación
titulada "¿Quién mató a Rosendo?". El periódico fue clausurado más tarde y
obligado a la clandestinidad, cuando los llamados a la movilización y a la lucha
social de sus notas se reflejaron en el Cordobazo.
Pero a partir del golpe militar del 24 de marzo de 1976, la estrategia de
desinformación se constituyó en una prioridad de las Fuerzas Armadas para
cumplir con sus objetivos. Para poder llevar adelante el autodenominado
"Proceso", fue necesario mantener el orden limpio de perturbaciones y ruidos
peligrosos a sus fines, y por lo tanto fue fundamental que el pueblo no tuviera
conciencia de lo que estaba sucediendo. De modo que la intervención y la
clausura de medios de prensa, en un caso, y la recomendación acerca de los
enfoques inconvenientes, en otros, se hicieron vigentes desde las primeras horas
del golpe de estado (149).
En esos oscuros días, las radios y los canales de televisión estatales se
pusieron inmediatamente al servicio de la desinformación. Esa era una de las
formas de asegurarse que la sociedad civil no reaccionara. De modo que se
impusieron las penas más severas a aquellos que se atrevieran a "perturbar,
perjudicar o desprestigiar la actividad de las Fuerzas Armadas, de seguridad o
policiales", y así todos los espacios se cerraron para la divulgación de la
realidad (150).
Sin embargo, como en los pródromos de la emancipación, la cerrada estrategia
militar no pudo tener en cuenta todas las formas a las que son capaces de
recurrir los hombres para comunicarse: las experiencias de ANCLA Y Cadena
Informativa, entre otras y pese a las obvias dificultades de funcionamiento, se
plantearon la resistencia por medio de la difusión de una prensa clandestina,
realizada con métodos artesanales, y donde se propiciaba el rescate de la
tradición oral y del rumor.
Las dos herramientas eran parte de la resistencia a la dictadura y al silencio:
como rezaba al final de los partes informativos de Cadena..., estos medios
llamaban a sus destinatarios a derrotar el terror y hacer circular la
información. La conciencia de la dificultad de que los partes fueran publicados
de forma tradicional fomentó el boca en boca y abrió el ciclo comunicacional a
la participación popular. Así, a partir de la comunicación, estas dos
experiencias apostaron a la organización.
En el proyecto del grupo que las llevó adelante subyace, además, la teoría de
que tener conciencia equivale a poseer un dominio informativo del entorno (151),
lo que le permite al individuo movilizarse contra la injusticia. En ese sentido,
ANCLA se acerca al concepto de prensa subterránea planteado en términos
leninistas: aquellas octavillas de distribución clandestina que apuntaban a la
concientización proletaria y auspiciaban la participación obrera tanto en la
edición como en la distribución. También, como dijimos más arriba, a la
proliferación de pasquines que minaban desde "abajo" las estructuras
virreinales.
Ahora bien, esta actividad subterránea tanto de ANCLA como de Cadena actuó
-durante su breve período de funcionamiento- como sigilosa campaña de oposición
al régimen; en otras palabras, como campaña de rumores en términos de los
psicólogos norteamericanos G. Allport y lo Postman. Estos autores, al promediar
la década del 40, advirtieron que el rumor juega un papel auxiliar en las
situaciones de movilidad social y revuelta popular. "Nunca estalla un tumulto
sin rumores que lo inciten, acompañen o intensifiquen su violencia" (152),
explicaron, y es posible que a esto atendiera la Junta Militar cuando pretendió
inmunizar a la sociedad de perturbaciones peligrosas: el lenguaje produce
información, no solo la transmite. Y cuando un mensaje circula a través de
intermediarios estos le imprimen su propia huella, es decir, una nueva
información que se anexa a la anterior.
Durante la revolución cubana, por ejemplo, se dio en llamar "radio bemba" a la
circulación de noticias entre la sierra y las ciudades o poblados que intentaban
romper el bloqueo informativo. Si bien los combatientes del Movimiento 26 de
Julio contaban con un equipo transmisor en las sierras desde donde emitía Radio
Rebelde, su señal no podía ser captada desde todos los rincones de Cuba y su
transmisión era intermitente. De modo que el rumor, al igual que cualquier otra
forma del discurso humano, es un fenómeno social.
En una nota aparecida en la revista "Noticias (de Argentina)", una suerte de
síntesis editada en el extranjero por el Movimiento Peronista Montonero, dice:
"Radio Liberación TV, desde un mes antes de la jornada de protesta del 27,
interrumpió la programación (de radios y canales de TV). Desde los televisores
las arengas del comandante Firmenich (...) llamaban a la huelga (...) Decenas de
transmisiones informaron al pueblo trabajador, (... rompiendo) en los hechos la
doctrina clásica de los comunicólogos donde el receptor, luego de recibir el
mensaje del emisor, se agota en sí mismo como ente pasivo. Aquí, sobre el
terreno del campo popular, demostramos que el receptor no es pasivo. Se
convierte nuevamente en emisor que retransmite rápidamente ubicando en cada
fábrica, en nuevos hogares, el mensaje recibido en el barrio obrero cubierto por
las ondas montoneras (... La) voluntad política y el pueblo receptor-transmisor
han superado la teoría clásica de la comunicación. Cada escucha del pueblo es
otra dinámica emisora, otra RLTV en funcionamiento con el motor al máximo. Esta
vez fue la huelga. A partir de ahora, multiplicándose, la prensa popular, oral y
escrita, acelerará su función de informar, agitar y conducir" (153).
De esta manera, el discurso inicial se reproduce en múltiples direcciones. Cada
receptor se convierte en un nuevo emisor y el discurso mismo se transforma en
acción. En consonancia con esta idea, Robert Escarpit señala el ágora griega
como un antiguo espacio de interrelación de los ciudadanos, donde mejor podía
introducirse una información y difundirla. "El recurso de boca-oreja -explica-
en los sistemas de pequeña dimensión es una de las armas más eficaces de las
oposiciones clandestinas y de los movimientos de resistencia" (154). El autor
entiende como un sistema de pequeña dimensión al que se sostiene en aparatos
simples donde los individuos en su conjunto pueden participar en los
intercambios informativos productivos, como por ejemplo la aldea o el barrio, o
también la organización política clandestina.
Durante la colonización de Indochina y Argelia, el ejército francés llamó a este
recurso "teléfono árabe". Y durante la segunda guerra mundial, cuando la
propaganda nazi afectaba la moral del frente interno, los pueblos ocupados de
Europa acudieron a este recurso para defenderse del bloqueo y la desinformación.
Es evidente, entonces, que en la Argentina del autodenominado "Proceso" el
"boca-oreja", el rumor, iba a ser tomado como una porción de resistencia al
silencio y al terror. Acuciados por el aparato represivo y terrorista del
estado, los grupos de militantes políticos, sindicalistas, intelectuales y
dirigentes barriales (sistemas de pequeña dimensión) apelaron a la
"perturbación" del orden establecido desde una producción de información que
Walsh intentó sistematizar para hacerla más confiable y menos "rumor".
Durante la primera resistencia peronista (155) se llevaron adelante infinidad de
acciones que, según Daniel James, podían ser tanto activas como pasivas:
mientras la activa incluía el sabotaje (tipo militar), la pasiva tenía en cuenta
la difusión de rumores, distribución clandestina de volantes y pintadas
callejeras (tipo político). "Toda esa miríada de actos de resistencia finalmente
tornaría ingobernable al país" (156). El rumor, entonces, supone un flujo
comunicacional multidireccional donde cada receptor se convierte en un emisor,
generando una red.
Justamente, "caños", sabotajes y conspiraciones se apoyaban en la circulación de
rumores que tenían por objetivo librar una guerra psicológica contra el gobierno
de la Revolución Libertadora, y que intentaba demostrar que el país era
ingobernable sin Perón al frente. Entre los rumores más recordados, se destaca
uno que apuntaba a descubrir el mal desempeño de las autoridades en un producto
relacionado a los niños: "hay vidrio molido en el dulce de leche" corría por lo
bajo entre las familias.
Más allá de lo anecdótico, los rumores acompañaban una guerra de desgaste, donde
los esfuerzos no se dirigían al centro del poder sino a donde éste no estaba
presente para desconcertarlo y distraer su atención de aquellos militares y
civiles peronistas que llevaban adelante conspiraciones tendientes a lograr el
regreso de Perón. No casualmente este planteo es el que retoma Walsh, el cual,
salvando diferencias, tiene en cuenta diferentes niveles de compromiso.
En el caso del funcionamiento de la Cadena Informativa, Walsh buscó ejercer
presión en puntos de relativa decisión, de modo de comprometer a las personas en
la resistencia y convertirlos en vehículos fidedignos de información. Se trataba
de artículos que él mismo escribía, simples y fáciles de reproducir, que
entregaba a personalidades representativas del quehacer nacional. De esta forma
terminaban por oficiar como multiplicadores de información clandestina.
Tamaña empresa no era fácil, habida cuenta del gran control sobre la ciudadanía
que ejercía el aparato terrorista del estado, y que abarcaba todos los contextos
y situaciones, metiendo su mano desde la escuela hasta el ámbito familiar. Desde
todos los espacios se buscó impulsar la delación para lograr la depuración de
los "enemigos de la Patria", y se sistematizó una estructura sumamente vertical
de respeto a la autoridad. De esta forma, el control represivo logró hacer mella
en todos los microcontextos cotidianos de la sociedad.
Como todo aparato, la Junta Militar que se hizo con el poder en 1976 se dotó de
un código de comportamiento, representado en la Doctrina de Seguridad Nacional.
Ese código incluía dispositivos para asegurar su propia estabilidad. De ahí que
no dudara en apelar a la conciencia nacional para recurrir a la guerra.
-Justamente, en épocas de la dictadura, se buscó apuntar al fortalecimiento y
cohesión de la identidad nacional a través de la campaña "los argentinos somos
derechos y humanos", el mundial 78 y la aludida guerra de Malvinas.
Robert Escarpit lo explica así: "Los aparatos, y particularmente los aparatos
políticos, no pueden ni deben quedarse en una actitud desesperada, ni aceptar
una impotencia que sería la negación de su legitimidad. Su estrategia es
entonces la de reforzar su control sobre el contenido de los mensajes lanzados a
una red, a fin de predeterminarlos al máximo con el objetivo de efectuar, por
medios groseros pero poderosos, manipulaciones rudimentarias y decisivas sobre
la globalidad anónima de los eventuales receptores".
Según Richard Gillespie en su estudio sobre los Montoneros, este fue uno de los
factores que ayudaron al aislamiento de esa organización y que tuvieron que ver
con su persistente militarismo: sus actividades no trascendían en la prensa,
entonces los operativos debían ser lo suficientemente espectaculares como para
llamar la atención del público. Pero el aparato estatal siempre estaba atento
para manipular el mensaje y desvirtuar los objetivos iniciales.
Para evitar la distorsión, Walsh creó ANCLA y generó focos de resistencia a la
manipulación y el silencio. Mientras, el dominio de la Junta Militar volcó hacia
el conjunto de la ciudadanía una propaganda fuerte y vertical que no admitía un
ida y vuelta; al tiempo que sus "grupos de tareas" (157) llevaron adelante y a
conciencia el trabajo sucio para obtener datos acerca de las personas
sospechosas de colaborar con la guerrilla, a fin de exterminarla: lo que
Foucault llama el Saber-Poder, el saber de vigilancia organizado alrededor de la
norma de control establecida por quienes detentan el poder (158).
En el marco de ese control unívoco sobre la comunicación social, Walsh proyectó
elevar las interconexiones informativas desde la participación popular, donde
cada punto de recepción debía ser necesariamente un punto de emisión. De esta
forma, ANCLA y la Cadena Informativa buscaron promover corrientes de opinión
para resistir a la dictadura, generarle contradicciones y llamar la atención del
resto del mundo acerca de las violaciones a los derechos humanos y sobre la
calamitosa situación económica, política y social que vivía la Argentina de
aquellos años. Y todo ello pese a que "la primera preocupación de la autoridad
es asegurarse que los perturbadores no posean medios de reproducción" (159), y
pese al intento militar de no permitir "ruidos" que generen toma de conciencia.
Porque frente a la política global del poder de aniquilar las molestias "se dan
respuestas locales, contrafuegos, defensas activas y a veces preventivas" (160),
destinadas a romper su unicidad.
Pero, ¿qué pasa cuando las perturbaciones se generan dentro del propio régimen?
¿cuándo existen contradicciones dentro del propio aparato y, desde afuera, los
"perturbadores" planifican formas de acción para agudizarlas? Este fue uno de
los objetivos fundamentales de ANCLA, destinado a forzar "la red de la
información institucional, nombrar, decir quién ha hecho qué, designar el
blanco", como "una primera inversión de poder (...) un primer paso para otras
luchas contra el poder" (161).
Es en este sentido que Walsh visual izó un logro en la pequeña difusión de sus
artículos y de los artículos de otros militantes. Era un logro que, aunque más
no fuera mínimamente, una información se difundiera, sobre todo teniendo en
cuenta el especial interés de las Fuerzas Armadas en recortar la comunicación
social. Sin conocimiento no hay reacción, por lo tanto cualquier experiencia
comunicacional debía resistirse a esta imposición militar. Aunque su éxito, a
fin de cuentas, fuera parcial (y no por ello menos importante).
Finalmente, la obsesión de Walsh por el análisis no sólo de las "escuchas"
clandestinas al aparato represivo, sino también de las noticias publicadas por
la prensa legal y los discursos de los generales, tenía un objetivo claro:
romper la unicidad del poder y agudizar sus contradicciones internas para
asestarle un duro golpe político. ¿Cómo? Entendiendo que "hay que admitir un
juego complejo e inestable donde el discurso puede, a la vez, ser instrumento y
efecto de poder, pero también obstáculo, tope, punto de resistencia y de partida
para una estrategia opuesta. El discurso transporta y produce poder; lo refuerza
pero también lo mina, lo expone, lo torna frágil y permite detenerlo" (162).
La cotidianeidad y los corresponsales populares
En un proyecto de cambio, la información y la propaganda se constituyen en un
nuevo frente de lucha, indispensable no sólo para la información sino también
para la organización y la educación de las masas. De ahí el concepto de
corresponsales populares que muchas de las fuerzas políticas retomaron en su
lucha por la toma del poder. ANCLA no escapa a este concepto: a través de la
participación popular en la información apelaba a la organización para resistir
a la dictadura.
Aunque en rasgos generales la agencia no oficiaba como un órgano oficial de
difusión de propaganda política, venía a cumplir el rol de un espacio que -sin
decirse Montonero- llegaba a infinidad de sectores con el propósito de romper el
bloqueo informativo y a la par generar malestar entre las Fuerzas Armadas y los
diferentes grupos de poder a los que ellas respondían. La agencia era un frente
de lucha adecuado al momento político que se vivía, signado por el avance de las
clases dominantes y por una derrota de las organizaciones populares en el plano
militar.
Por ese motivo, su estructura intentó ser descentralizada en lo interno y apuntó
a ligar la resistencia a la política de masas, replegadas hacia el peronismo,
"hacia las relaciones que dominan, hacia prácticas comunes, en definitiva hacia
su propia historia, su propia cultura y su propia psicología". Es en ese sentido
que Walsh, en los documentos internos de la organización, aclara que "acá el
problema es político y el lenguaje militarista no sirve" (163): es decir, retoma
la cotidianeidad de las masas para dar una batalla política en ese plano, y
desde allí conducir la resistencia.
El método adecuado, entonces, debía ser diferente a la organización para la
guerra: Walsh (y con él todo un grupo de militantes) proponía trocar el
centralismo y la homogeneización por la autonomía táctica de "grupos reducidos e
independientes cuyo nexo principal es la unidad doctrinaria (el peronismo)", y
luego que la prensa se descentralizara "a nivel de pelotón de resistencia,
conservando a nivel de Conducción Táctica El Montonero (164) ya nivel Secretaría
General (165) la Agencia Clandestina, y eventualmente un órgano doctrinario
editado en el extranjero" (166). Por ese motivo, Walsh sostuvo que pensar en
grandes diarios o revistas clandestinas -que implican el mantenimiento de un
aparato importante con locales e imprentas- iba a ser "un blanco terriblemente
fácil para el enemigo" (167).
Los párrafos precedentes muestran hasta qué punto la información y la propaganda
alcanzan una importancia clave en los procesos de lucha. Según Armand Mattelart,
éstas no pueden "escapar a la dinámica de guerra de masas", e incluso señala
que, en el caso mozambiqueño, "en las zonas donde ha sido posible realizar una
actividad de propaganda antes de comenzar la lucha armada, esta última alcanzó
éxitos inmediatos" (168).
Ahora bien, cabe preguntarse cómo se genera esa información. Al igual que en el
caso de ANCLA y de muchas otras experiencias de comunicación para la lucha, el
Frente de Liberación de Mozambique organizó una extensa red de corresponsales
populares que recogían la información en sus zonas de trabajo y la llevaban a la
Voz da FRELlMO, radio instalada en el país vecino de Tanzania y que abarcaba
todo el territorio nacional. Como muchos pobladores no poseían aparatos de
radio, se organizaban escuchas colectivas similares a las realizadas en torno a
la radio Venceremos de El Salvador, donde la experiencia incluía a combatientes,
amas de casa, estudiantes, vecinos y trabajadores.
Es decir que cada realidad político-social genera sus propias herramientas de
comunicación. En la Argentina, a las prensas partidarias clandestinas se sumaron
radios, obleas, "gancheras" (169), pintadas y agencias de noticias (170). En
Mozambique, donde el analfabetismo alcanzaba niveles extremos y no existía una
sola lengua nacional, se apeló a la radio, los murales, las caricaturas y los
carteles. En ambos casos, el objetivo era neutralizar la información enemiga e
informar para la acción y la lucha atendiendo a las necesidades sociales.
Las formas de informar para la lucha pueden apreciarse, también, en el caso de
las radios mineras bolivianas: mientras en tiempos de normalidad institucional
llevaban adelante una línea comunicacional con canales de acceso que
garantizaban la participación popular en la información, centrados en la
educación y en la idiosincrasia minera y campesina; en tiempos de represión las
emisoras se ponían al servicio de la organización y la lucha, actuando como
movilizadoras de los sindicatos y de la población en general contra la
intervención de las Fuerzas Armadas. Así fue como, en tiempos de "emergencia",
nació la gran cadena de radios mineras, una red a la que cada emisora entraba
previo contacto interno.
"La defensa del distrito minero se concentra en torno de la radio (... que) es
la primera en ser defendida y la última en caer, porque el ejército lo primero
que hace es tratar de silenciarla (...), (ya que se trata del) núcleo
movilizador", explica el periodista boliviano Jorge Mansilla Romero (171). En
1975 y bajo la dictadura de Hugo Bánzer, la Asamblea General de Trabajadores de
Catavi proclamó la "lucha por rescatar nuestras emisoras, rescatar a nuestros
presos y el aumento general de salarios" (172). La reivindicación de las
emisoras, entonces, fue parte fundamental de la reestructuración y
fortalecimiento del movimiento obrero, al tiempo que la comunicación fue parte
de su plataforma de lucha.
Un buen ejemplo de la función de la comunicación como eje movilizador son los
sucesos en torno del golpe de Estado de Natusch Busch, en 1980. Todas las
comunicaciones de La Paz quedaron cortadas, pero la intervención no llegó al
distrito minero. Para obtener información, los trabajadores escuchaban por onda
corta informativos extranjeros, ya que sólo las corresponsalías se mantenían en
pie en esa capital. A su vez, las agencias internacionales reproducían los
informes de la cadena minera, dándoles trascendencia internacional.
La experiencia sirvió para mejor resistir, poco más tarde, la narcodictadura
encabezada por los generales García Meza y Arce Gómez. "Había que resistir,
transmitir las 24 horas seguidas haciendo turnos", afirman los entrevistados en
el libro "Una mina de coraje", de José Ignacio López Vigil (173). La cadena,
instrumento político para la movilización, emitía entonces comunicados que
alertaban sobre la presencia del ejército e instaban a la organización minera y
campesina: "Las tropas estarían (no) a cinco kilómetros de Siete Suyos y muy
cerca de Santa Ana, por tanto nos aprestamos a defendernos (...) La cifra de
detenidos (hasta el momento) alcanza 31 "; "Ya ha comenzado el tiroteo a la
altura de Santa Ana, se deben agrupar las fuerzas en ese sector"; "En estos
momentos se está luchando, los compañeros trabajadores están impidiendo el
ingreso de las fuerzas reaccionarias" y "Las cinco organizaciones sindicales más
importantes han llamado a una Asamblea general", son algunos de los fragmentos
que señalan cómo la referencia clave para la organización y la movilización de
cada centro minero, y de los centros entre sí, era la radio: la información se
entendía como un bien social y no como una mercancía.
Las experiencias mencionadas señalan que la participación popular en la
información fue esencial: o bien a partir de las fuentes, o bien a partir de la
multidireccionalidad de la información. Además, a través de la figura de los
corresponsales populares se buscaba devolverle la palabra al pueblo, darle
entidad a su cotidianeidad y movilizarlo en la lucha por la liberación nacional
(174). En aquellos países tercermundistas donde el analfabetismo era alarmante
(El Salvador, Bolivia, Mozambique. etc.), nacieron los medios de comunicación
educativos, que ligaron el proceso educativo al proyecto de cambio como
necesidad fundamental.
Según Jorge Robelo, ministro de Información del FRELlMO, "la construcción de
poder popular democrático exige como condición que el pueblo sea conciente de
sus derechos y deberes (…) En esta perspectiva se deberá informar y formar
políticamente, educar, contribuir a las transformaciones en curso", ya que
"debemos crear la posibilidad de que todos puedan escribir, porque todos tienen
algo que decir" (175). En el mismo sentido. Samora Machel, máximo dirigente del
Frente, resalta que "nuestra información debe ser un destacamento operacional
avanzado", teniendo en cuenta que "no hay terreno neutral en la lucha de clases"
(176).
Justamente, Lenin sostiene que para que el periódico obrero sea un éxito es
necesario asegurar que reciba en forma permanente informaciones y artículos de
todas partes, organizando una extensa red de agentes que garantice la
circulación de la información y la distribución del material en todos los
rincones de Rusia. Dado su papel organizador, Lenin plantea diferentes niveles:
desde un periódico político popular de lucha ideológica hasta folletos de
lenguaje claro y de contenido principalmente reivindicativo y zonal encaminados
a despertar conciencia entre los obreros más atrasados, para lo cual también
tiene en cuenta la actividad educativa legal (177).
En el libro Qué hacer, Lenin sostiene que "el papel del periódico no se limita a
difundir ideas, educar políticamente y ganar aliados políticos. El periódico no
es sólo un propagandista y agitador colectivo sino también un organizador
colectivo". Los pasquines surgidos en los cordones industriales de Santiago de
Chile, por ejemplo, buscaban propiciar la discusión de las bases obreras, el
fortalecimiento de la crítica y la participación en la información. Para
lograrlo, los periódicos se editaban en pequeñas tiradas, de modo que se hacía
necesaria la reunión para compartir la lectura, y por consiguiente se estimulaba
la multiplicación de la información.
De esta manera, fue posible la ruptura de la tradicional polaridad
emisor-receptor, y a su vez del famoso paradigma de Lasswell (¿Quién dice qué,
por qué canal, a quién, con qué efecto?), ya que -de entrada- el "quién dice"
(ese emisor todopoderoso) se sustituye por un "todos dicen": a partir de las
discusiones obreras generadas en torno de los artículos se preparaba el número
siguiente, en un hacer los periódicos para sí dentro de un proceso de
aprendizaje. Sin ir más lejos, el Semanario CGT bregó por que cada fábrica
designara a un corresponsal capaz de enviar al periódico artículos de los
trabajadores, al tiempo que los instó a sumarse a las tareas de distribución y
venta para enfrentar las trabas a la libre circulación que le imponía el régimen
de Onganía.
Todas estas experiencias tienen en común una práctica política que se sostiene
en la concepción leninista de la prensa en tanto factor de organización,
educación y esclarecimiento. En el caso de ANCLA, además, implicó la puesta en
práctica de una tradición latinoamericana y el recurso al secreto para alcanzar
los objetivos fijados. Justamente, tal como resaltó Lucila Pagliai, "lo
clandestino es aquello que se mimetiza para no ser descubierto" (178): la
agencia no sólo debió mimetizarse para funcionar, sino fundamentalmente para
cumplir con eficacia su labor ofensiva, que significaba tomar parte en las
discusiones políticas de la cúpula militar y de los sectores económicos, con una
identidad difusa y profundizando las diferencias existentes entre ellos acerca
de los pasos a seguir.
En ese sentido, es interesante la idea del secreto a partir de la antinomia
ser-parecer de Greimas: "¿Qué es algo que es y parece lo que es? La verdad. ¿Qué
es algo que es y no parece lo que es? El secreto. ¿Qué es algo que parece pero
no es? La mentira. ¿Qué es algo que no es y no parece? La indiferencia, la
comunicación irrelevante". La clandestinidad está estrechamente ligada al
parecer y al secreto -"niega el parecer y obtendrás el secreto"-, y por lo tanto
al enigma, que "puede ser una de las formas de darse la verdad" (179).
Notas
148 Cfr. Vázquez Machicado (1957).
149 Cfr. Horacio Verbitsky (1985).
150 Idem.
151 Cfr. Robert Escarpit (1992).
152 Cfr. Gordon y lo Postman (1947). Para ver el problema del rumor desde otra
perspectiva política y desde una óptica más específica (la comunicación bajo
regímenes carcelarios sumamente severos), leer Maria Del Carmen Rubano (1994), y
Emilío De Ipola: Ideología y discurso populista, capítulo 7, "La bemba". México,
Ed. Folios, 1982.
153 Noticias (de Argentina). Año 1, número 8, mayo de 1979. La revista es una
publicación del Movimiento Peronista Montonero. Se editó en el exterior entre
1979 y 1980. El artículo se titula "Atención, atención, habla Radio Liberación,
voz de Montoneros".
154 Cfr. Escarpit (1992).
155 Por primera resistencia peronista se entiende el período que va de 1955 a
1958. 156 Cfr. James, Daniel (1990).
157 Unidades represivas.
158 Cfr. Foucault, Míchel (1991).
159 Cfr. Robert Escarpit (1992).
160 Cfr. Gilles Deleuze y Foucault, Michel (1995), página 14.
161 Idem. En este caso los autores se refieren al Agence de Presse Liberation
frente a la política policíaca de las sociedades de control.
162 Cfr. Foucault, Michel (1986).
163 Cfr. Rodolfo Walsh, documentos internos. En Baschetti (1994).
164 Organo oficial redactado por la conducción de Montoneros.
165 En su plan de resistencia y reubicación de los cuadros, Walsh plantea que
las secretarías del área federal pueden dividirse en tres: la Secretaría General
(que incluye prensa), Internacional y Conducción Táctica. Las primeras dos
funcionan en el extranjero y la última en el país.
166 Cfr. Rodolfo Walsh, documentos internos. En Baschetti (1994).
167 Cfr. Walsh, papeles personales, diciembre 29. En Baschetti (1994).
168 Cfr. Mattelart (1981).
169 Pila de volantes unidos por un gancho, que permite colgarlos en lugares de
gran tránsito público.
170 Además de ANCLA, funcionó durante un tiempo una agencia de noticias que
pertenecía a otra organización político militar; el PRT-ERP, de izquierda
marxista, entre otras.
171 Cfr. Jorge Mansílla Romero, entrevista de Héctor Schmucler y Criando Encinas
(1982).
172 Cfr. José Ignacio López Vigil (1984).
173 Cfr. J. 1. López Vígil. Op. cit.
174 Cfr. Jorge Robelo. En Mattelart (1981).
175 Idem.
176 Cfr. Samora Machel. En Mattelart (1981).
177 Cfr. Lenin, recopilación (1979).
178 Entrevista realizada por la autora (marzo de 1998).
179 Cfr. Fabbri (1995).
A modo de conclusión
A fines de 1975, cuando el golpe de Estado era sólo una cuestión de tiempo,
Rodolfo Walsh comenzó a evaluar junto a otros compañeros la posibilidad de
montar un plan de emergencia que dificultara el despliegue inicial de la nueva
embestida militar. La propuesta tenía en cuenta, entre sus previsiones, el feroz
bloqueo informativo que se iba a producir. Pero el golpe aceleró los tiempos y
la represión obligó a adecuar el funcionamiento orgánico a la nueva etapa que se
abría.
Fue en esos primeros y vertiginosos meses del autodenominado "Proceso de
Reorganización Nacional" cuando la vieja idea de una prensa clandestina tomó
cuerpo. Reunido con un grupo de cuatro compañeros de los cuales era responsable,
Walsh ultimó los detalles de lo que sería ANCLA, la Agencia de Noticias
Clandestina. Una vez puesta en funcionamiento se dedicó a otras tareas
relacionadas al Departamento de Informaciones e Inteligencia de Montoneros, y
ANCLA quedó bajo la responsabilidad de "Lidia".
En ese entonces, la agencia representó la necesidad de un medio eficaz no sólo
en cuanto a la circulación de información, sino también en tanto instrumento
político. ANCLA tenía que ser un espacio disimulado que, a la vez de informar,
dirigiera buena parte de sus esfuerzos a actuar dentro del corazón mismo del
poder. De ahí se desprende su doble rol, relacionado a contra información y a
contra inteligencia; y su estructura comunicacional, que involucraba tanto la
acción como la representación para tomar parte activa en la lucha de resistencia
al régimen.
El funcionamiento de la agencia clandestina sirvió para estimular y promover
contradicciones entre los grupos de poder; también para propiciar la
participación popular en la información: de otra manera, no se hubiera podido
pensar en una resistencia. A esto se sumó la posibilidad de iniciar una campaña
contra la dictadura militar en el exterior, enviando sus despachos por correo a
los corresponsales extranjeros. Así, ANCLA puso de manifiesto toda la
información negada a los argentinos: las diferencias entre la Junta, los
objetivos del plan económico, las expresiones de la resistencia popular y las
violaciones a los derechos humanos.
Los testimonios recogidos permiten evaluar que los objetivos propuestos fueron
relativamente cumplidos durante los primeros meses de funcionamiento: en cierta
forma, el poder se vio enfrentado por un grupo de personas que hurgaban entre
sus múltiples relaciones, buscando contradicciones o generándolas, a fin de
debilitar su fuerza y romper su unicidad. Para lograrlo, ANCLA construyó una
identidad propia difusa, lo cual le permitió durante ese período confundir a un
enemigo preocupado por el carácter de una información supuestamente
confidencial.
Asimismo, la agencia pudo plantarse como un instrumento de denuncia: con su
trabajo acompañó muchas de las actividades encabezadas por los familiares de las
víctimas, destinadas a lograr apoyo internacional. El insistente movimiento en
el exterior hizo que la Junta se viera obligada a instalar el Centro Piloto en
París y denunciar una campaña "anti-Argentina" para defenderse.
De todas formas, la divulgación a través de ANCLA presumiblemente quedó acotada
a espacios específicos vinculados a militantes políticos e intelectuales, o
incluso a miembros de las fuerzas represivas, aunque tampoco es menos cierto que
el intento de la agencia de generar una multiplicidad de relaciones desde cada
receptor-emisor hacia su entorno posibilitó la circulación de rumores en una
Argentina marcada por el silencio. Porque el hecho de que ANCLA como vehículo
pudiera quedar acotada no presupone necesariamente que sus fuentes optaran por
volver al silencio después de haber hablado, sino todo lo contrario.
ANCLA, entonces, aparece como un organizador de la información a la que luego le
da un soporte material para hacerla más confiable: busca que los individuos
alcancen un conocimiento pleno de su entorno, completando y ordenando los datos
parciales de cada uno de ellos. El planteo es el de una circulación del discurso
multidireccional y plural, emanado de las bases mismas de la sociedad, donde la
recepción no puede ser pasiva: está llamada a multiplicar, es decir, a generar
acciones.
La estructura de la agencia como parte de un planteo de descentralización
orgánica actuó en consonancia con una realidad de repliegue popular. Es decir,
se trataba de una herramienta no "panfletaria" o "propagandística" con un
discurso que, sin eufemismos, se presentaba como profesional y equilibrado. Por
sus objetivos y por la situación concreta en que se desarrolló, ANCLA funcionó
como un método de lucha donde la experiencia previa acumulada sirvió para
orientarse en el trabajo. Walsh era conciente de que el retroceso hacia la
resistencia significaba un importante paso atrás en el proceso de lucha popular,
pero también tenía en cuenta que la única opción a esa alternativa era "el
exterminio".
La búsqueda de formas nuevas para romper el silencio probablemente tuvo que ver
con la formación político-ideológica de Walsh, quien, parafraseándolo, se hizo
revolucionario en la lucha misma. Todas las experiencias de comunicación en las
que participó se caracterizaron por no responder a recetas establecidas: desde
Prensa Latina hasta Cadena Informativa lo que resalta es la creatividad, la
conciliación de diferentes elementos en propuestas abarcadoras de la realidad.
Al mismo tiempo, su participación en la construcción de la Cuba socialista le
sirvió como escuela: después de su trabajo sobre los fusilamientos de José León
Suárez en 1956 y de su práctica en la agencia cubana, comprendió cabalmente la
necesidad de la información como factor de organización popular. De ahí que la
tradición de formas comunicacionales contestatarias en Latinoamérica y el
concepto leninista de la prensa estén presentes en todas las experiencias que a
lo largo de esos vertiginosos años Walsh llevó adelante, dando respuestas
concretas ante planteos concretos.
Su destreza en "Operación Masacre", "Quién mató a Rosendo" y "El caso
Satanowsky" señaló un camino en el periodismo de investigación. Ese periodismo
comprometido, la búsqueda permanente de la verdad, el respeto por los
destinatarios populares, fueron las bases mismas de ANCLA. Allí puso a prueba
todo su ingenio para dar una batalla psicológica contra la dictadura militar.
Cuando la agencia empezaba a encontrarse cercada por la represión, apeló a otros
métodos todavía mucho más artesanales. No se detuvo ni aún en las horas más
terribles. La consecuencia de sus planteos lo llevó a retratar la realidad hasta
el último momento. Nunca abandonó su empresa, su compromiso ni su ideal. Pero,
por sobre todas las cosas, Walsh supo fundir su propia identidad en el
colectivo. De ahí que sus aciertos y sus errores sean compartidos con muchos
otros militantes de la época que, también, pusieron toda su energía y hasta la
vida en función del cambio.
La idea de comunicación que expresa ANCLA tampoco es extraña a otras
experiencias a nivel latinoamericano que se multiplicaron en aquella época: las
radios mineras bolivianas y los periódicos de los cordones industriales de
Santiago (Chile), entre otros, muestran que la discusión acerca de la
alternatividad estaba presente a lo largo de todo el continente. En la
actualidad, enseña un camino la estrategia de prensa llevada adelante por el
Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), gracias a la cual logró apoyo
a escala internacional. También, los numerosos medios y agencias alternativas de
noticias, independientes o vinculadas a organizaciones políticas
revolucionarias, que nutren de información a infinidad de personas y apuestan
por la organización popular y el cambio social.
Por otra parte, la calidad del trabajo realizado por el grupo que llevó adelante
la agencia permite inferir que el bloqueo informativo no era un cerco imposible
de sortear. En los medios de comunicación se publicó mucha más información de la
que se asume, por lo menos entre líneas o a través de información oficial acerca
de algún operativo. Y es por este motivo que no es creíble, a nuestro entender,
el recurso a la ignorancia que algunos esgrimen a la hora de hacer un balance de
lo sucedido durante aquellos años.
De no haber existido un mínimo de información o un mínimo de personas
informadas, ANCLA no hubiese sido posible.
La regularidad en la entrega de los cables demuestra que en las redacciones se
manejaba cierta información, lo cual hace pensar en una reproducción del
material de boca en boca al menos en este ámbito, así como también en los
ámbitos de pertinencia de aquellas personas que recibieron información por esta
vía o a través de la Cadena Informativa. Al mismo tiempo, quienes no hallaban
espacio para la verdad en sus propios medios podían recurrir a ANCLA para
"sacudirnos un poco la indignidad que nos cubría", como escribió el periodista
Alberto de Arriba.
Finalmente, queremos agregar que a lo largo de este trabajo intentamos develar
algunas incógnitas acerca del funcionamiento y los objetivos de la Agencia de
Noticias Clandestina, creada por Rodolfo Walsh, Lila Pastoriza, Lucila Pagliai,
Eduardo Suárez y Carlos Aznárez en 1976. En principio sostuvimos la idea de una
agencia destinada a denunciar en el extranjero las violaciones a los derechos
humanos. Como dijeron muchos de los entrevistados, ese fue el objetivo
-recortado, ascético- que quedó "para la historia".
Posiblemente todavía quede mucho por averiguar.
Posdata
Una investigación es un laberinto. En el camino se van abriendo, lentamente,
puertas que prometen diferentes recorridos. A cada paso nacen nuevas
posibilidades y la investigación sigue hasta acercarse o llegar al centro. Pero
en ese viaje, a veces, quedan algunas puertas sin golpear. Puertas que, tal vez,
agregan otras miradas que completan el trabajo realizado. Luego de la
publicación de la primera edición de ANCLA, una experiencia de comunicación
clandestina, muchas personas nos acercaron datos y materiales valiosísimos. En
algunos casos, cuando el espacio lo permitía, los añadimos al texto; otros
enfoques, en cambio, preferimos incorporarlos -también limitados por el espacio-
a través de esta posdata a la segunda edición. Sabíamos que la investigación era
un comienzo (excepto el libro de Verbitsky sobre Rodolfo Walsh y la prensa
clandestina, no había otros acercamientos al tema) y esperábamos que el interés
en la experiencia de ANCLA generara nuevas respuestas.
Así tomó más cuerpo la cuestión de los enigmas, tan presente en la obra del
militante y escritor. Porque a Rodolfo Walsh, según explica su hija Patricia
(180), "le encantaban los enigmas y le gustaba resolverlos", lo cual está muy
relacionado con "su pasaje por la literatura policial y su fascinación por la
literatura fantástica". Por ejemplo, uno de sus memorables cuentos, titulado "El
genio del anónimo" y publicado originalmente en la revista Leoplán (181), narra
los pormenores de una verdadera guerra de nervios librada entre un "fantasma" y
la nobleza y el gobierno británicos del siglo XVIII. Escribe Walsh que esta
historia "constituye una de las burlas más colosales de todos los tiempos".
"Todo empezó cuando en el Public Advertiser, periódico popular de la época,
...apareció una carta firmada por un tal 'Junius', donde se arremetía
impávidamente contra los personajes más encumbrados del país. Literalmente, esa
carta no dejaba títere con cabeza". Más adelante, el escritor sostiene que aquel
fantasma era un genio de la invectiva y que "gozaba, por añadidura, de una
inconmensurable ventaja: permanecer ignorado e inidentificable mientras él, a
juzgar por todos los indicios, conocía al dedillo la vida política y aun íntima
de sus sucesivos rivales. 'Junius' podía acusar públicamente a cualquiera de sus
víctimas de cultivar una excesiva amistad con la botella, de apalear a su mujer
o de tener un lunar en la nariz -supuesto que así fuese-, pero, ¿quién podía
retribuirle? 'Junius' era un hombre sin cara ... de quien se ignoraba todo".
Durante su reinado de tres años y a la manera de los pasquines sediciosos y de
las cartas anónimas con firmas falsificadas impulsadas por Mariano Moreno en
1810 (destinadas, justamente, a sembrar la desconfianza entre las fuerzas
realistas), "Junius" puso en jaque a los hombres y las instituciones inglesas de
su época. En todo ese tiempo no fue "posible atraparlo ni averiguar más datos
que los que él voluntariamente suministraba. Sus víctimas le tendieron
innumerables trampas. Todos fracasaron. Un instinto infalible parecía guiar al
desconocido francotirador".
Entonces volvemos al Plan de Operaciones: dijimos a lo largo de este trabajo que
Rodolfo Walsh era un apasionado de la historia nacional y latinoamericana y que,
muchas veces, su estudio funcionaba como experiencia acumulada para avanzar en
las diferentes tareas en un proceso de cambio. Patricia Walsh sostiene que más
allá del debate sobre la autenticidad del Plan de Operaciones, el escrito era
"lectura obligatoria para una buena parte de la militancia de la década del '70,
o por lo menos para la militancia de la cual, yo provengo, la tendencia
revolucionaria del peronismo". Y agrega: "Ese libro tiene que estar en mi
biblioteca. Porque entre otras cosas yo heredé libros de mi hermana, libros de
mi papá, libros de mi mamá... Y sospecho que debe estar subrayado, porque mi
padre era un gran lector y tenía batallas con los libros: los marcaba, los
subrayaba, se enojaba y hacía comentarios. Y sé que realmente está así" (182).
Recién en estos últimos años, Rodolfo Walsh comenzó a "descubrirse" como
militante orgánico de una fuerza político militar. La publicación de los
documentos internos de debate dentro de Montoneros primero, y sus papeles
personales después, aportaron una mirada más interesante y menos ascética sobre
su compromiso político. Y nuevos materiales comenzaron a proponer nuevos
enfoques (183). Antes se privilegiaba, salvo excepciones, al periodista y
escritor; en todo caso, al intelectual comprometido.
Sobre este hecho y su tratamiento investigativo, Patricia Walsh dice que "mi
padre disfrutaría mucho de ver cómo se han ido construyendo enigmas sobre su
propia persona. Yo creo que él escribe acerca de sí mismo en algunos textos
donde escribe sobre otros. Por ejemplo, en el prólogo a Los que luchan y los que
lloran, mi padre escribe sobre Jorge Ricardo Masseti y dice 'Periodista, sabía
como se construyen renombres y se entretejen olvidos. Guerrillero, sabía que si
era derrotado el enemigo sería el dueño momentáneo de su historia', Esto me
parece que él pudo haberlo escrito para sí; sin embargo, claro, el enemigo va a
ser el dueño momentáneo de su historia. Y por suerte esto se empieza a acabar en
este momento, ya podemos empezar a hablar un poco más fuerte de algunas cosas.
"Cuando allá por el año '84, '85 se empieza a reeditar la obra de mi papá, se
hablaba mucho del intelectual comprometido. Mi papá había sido un intelectual
comprometido. Y a mi me parecía que no, que mi papá había pasado por una
instancia en la que era un intelectual comprometido pero que había textos que
luego se pudieron publicar, entre ellos los que están recopilados en un libro
que se llama Ese hombre (184), que daban cuenta de la enorme lucha que tenía
consigo mismo para asumir en algún momento una opción militante. Y ahí sí. Este
hombre, muy poco antes de desaparecer -estoy hablando de octubre de 1976, ya
había muerto mi hermana Vicky-, me dice que está orgulloso de haberse
convertido, de haber podido convertirse en un combatiente. Entonces ya no era
exactamente un intelectual comprometido. Él estaba orgulloso de haber podido
llegar a ser un combatiente. Y precisamente a él, que se ocupó tanto de sostener
una versión de rigor con la verdad, mal podemos hacerle si pretendemos
arreglarle la biografía. Cómo vamos a querer cambiarle la biografía, esto no
sería hacerle homenaje a Walsh de ninguna manera.
"Entonces, cuando sobre todo por aquellos años de la década del '80 se publicaba
que mi papá tenía diferencias con la organización Montoneros y que incluso se
había ido de la organización Montoneros, que se había distanciado de la
organización Montoneros y recuperaba su nombre y su apellido, lo cual daría
cuenta de esa distancia con la organización Montoneros, yo pensaba lo mismo que
pienso ahora: ¿cómo le vamos a arreglar la biografía? ¿cómo vamos a hacer eso?
Porque está muy bien planteado en este libro cómo la recuperación del nombre y
del apellido no tiene que ver con una decisión de haberse ido de la organización
sino con algunos recursos que él, dentro de la organización, estimaba como
legítimos. Incluso hay una frase donde se lo cita diciendo 'Estas diferencias,
estos planteos, deben ser entendidos como una discusión dentro de la
organización misma y no como una ruptura'. Él había decidido no irse del país y
propuso a la organización que integraba una serie de medidas que tenían que ver
con pasar a la resistencia" (185).
Pensar a Rodolfo Walsh de formal integral nos permite, entonces, comenzar a
romper con el ícono de mármol. Rodolfo Walsh, el militante, ese hombre al que
también "le gustaba el buen whisky y que, en situaciones de máxima austeridad,
cuando le reprochaban 'cómo vas a gastar... ' contestaba 'nosotros luchamos para
vivir mejor, no para vivir peor' (186); Rodolfo Walsh, ese hombre complejo,
humano, ofrece la posibilidad de dar con miradas más renovadas. Interesantes
para interpelar el pasado, pero también para activar en el presente. Así el
esfuerzo colectivo podrá comenzar a devolverle su propia historia.
En el mismo sentido pero desde el punto de vista específicamente comunicacional,
el rescate de la experiencia de ANCLA nos introduce también en un debate que
cada vez gana más actualidad: la lucha contra la desinformación y los monopolios
multimediáticos. En la búsqueda de respuestas concretas por parte del campo
popular, la construcción de herramientas de contrainformación (como todo) no
empieza de cero: las experiencias del pasado, con sus aciertos y sus errores,
sirven de piso para la lucha actual. Como otras prácticas sirvieron de
experiencia acumulada a la hora de pensar la Agencia Clandestina. Lo cual nos
obliga a reflexionar sobre la concentración mediática y sobre las formas de
contrarrestar la moderna "catarata de basura informativa".
Finalmente, de acuerdo a una lectura posible y esperada de la investigación, se
desprende que "si aun en los momentos de mayor represión y derrota se pudieron
construir herramientas informativas que cumplieran múltiples roles con aceptable
éxito, ¿cómo es posible que hoy no podamos sacar los pies del plato mediático?
¿Por qué debemos depender de los medios del enemigo para informar e informarnos?
La vida de Rodolfo Walsh es una bofetada en la cara de los que dicen que los
multimedios son la única voz posible, ya que su vida -tanto política como
intelectual y profesional- fue una permanente negación de la hegemonía de los
medios burgueses" (187). En este campo, la indiferencia deja de tener excusas
cuando, como diría Walsh, "te das cuenta que tenés un arma: la máquina de
escribir" (188). Un arma que, según como se la maneje, puede ser "un abanico o
una pistola".
Agosto de 2001.
Notas
188 Walsh, Patricia. Intervención en la presentación de este libro en la
Universidad Popular de las Madres de Plaza de Mayo. Patricia compartió la mesa
con Vicente Zito Lema, Horacio González, José Luis Mangieri, Fernando Krichmar
(Grupo de Cine Insurgente) y la autora. Noviembre de 2000.
181 Walsh, Rodolfo: "El genio del anónimo". En Cuentos para tahúres y otros
relatos policiales. Buenos Aires, Puntosur editores, 1987.
182 Walsh, Patricia. Op. cit.
183 Entre otros, aportan nuevas miradas el documental titulado Operación Rodolfo
Walsh, de E. Gordillo, que cuenta con valiosos testimonios sobre la vida
política de Walsh. También, sobre la experiencia de Prensa Latina pero desde el
estudio sobre Jorge Ricardo Masseti y el EGP, la investigación de Gabriel Rot
sobre Los orígenes perdidos de la guerrilla en la Argentina (Buenos Aires, Ed.
El cielo por asalto, 2000). Por otra parte, el libro de Analía García y Marcela
Fernández Vidal sobre Pirí Lugones, titulado Pirí (Buenos Aires, Ed. De la Flor,
1995), recoge testimonios que incluyen su relación personal y política con
Walsh, el clima de la época, las visitas a Cuba y la participación de Pirí,
junto a Walsh, en el área de Inteligencia de Montoneros. Las autoras puntualizan
que ella, mediante las "escuchas", supo sobre los preparativos de la masacre de
Ezeiza en 1973 (las cintas grabadas de las comunicaciones entre las fuerzas
represivas sirvieron de base, después, a la investigación de Horacio Verbitsky);
y, en diciembre de 1977, poco antes de su propia desaparición, del secuestro de
las Madres de Plaza de Mayo en la Iglesia de la Santa Cruz.
184 Compilado por Daniel Link. Buenos Aires, Ed. Seix Barral, 1996.
185 Walsh, Patricia. Op. cit.
186 Idem.
187 La cita pertenece a la lectura de Caviasca, Guillermo Martín: "ANCLA, o cómo
sacar los pies del plato". Crítica literaria sobre ANCLA, una experiencia de...
publicada en la revista de política y cultura La Maza. Buenos Aires, número 1,
julio de 2001.
188 Walsh, Rodolfo. Reportaje de Ricardo Piglia, marzo de 1970. En Link, Daniel
(comp.): Ese hombre y otros papeles personales. Buenos Aires, Ed. Seix Barral,
1996.
Apéndice
A continuación reproducimos algunos de los partes de ANCLA que utilizamos para
este trabajo. Por un problema de extensión, a veces suprimimos algunos párrafos,
intentando de todos modos que eso no afectara el texto. En el libro de Horacio
Verbitsky, Rodolfo Walsh y la Prensa Clandestina, pueden encontrarse las
transcripciones de varios cables de la agencia y de Cadena Informativa.
1976
ALLANAN LA VIVIENDA DEL GENERAL CORBETTA
Buenos Aires, ago 24 (ANCLA)- Allegados al general de brigada Arturo Amador
Corbetta confirmaron una versión que circulaba insistentemente en el sentido de
que en los primeros días del mes en curso fue allanada la vivienda que el
mencionado militar posee en la capital argentina.
Corbetta, de 48 años, ex jefe de la IX Brigada de Infantería con asiento en
Comodoro Rivadavia y actual jefe de la Brigada I de Caballería Blindada con
asiento en Tandil, alcanzó gran notoriedad cuando a consecuencia del estallido
producido el 2 de julio en la Superintendencia de Seguridad Federal se produjo
una verdadera rebelión de la plana mayor policialen reclamo de sangrientas
represalias- que culminó con el relevo de los superintendentes de dos
importantes unidades operativas de la policía Federal Argentina y de la renuncia
del propio Corbetta como jefe de la misma.
Las fuentes precisaron que el general Corbetta viaja casi todos los fines de
semana desde Tandil -una localidad situada a 400 kilómetros de Buenos Aires-
hasta la Capital Federal donde reside en un departamento, ubicado en las calles
Paraguay y Ecuador. En uno de esos viajes, el ex jefe de la Policía fue
informado por el encargado del edificio de un grave suceso ocurrido durante su
ausencia: media docena de individuos fuertemente armados -que se identificaron
como policías- irrumpieron violentamente en su vivienda, la revisaron palmo a
palmo y se retiraron luego de destrozar parcialmente el mobiliario.
Ante estos hechos el alto jefe militar se comunicó con el ministro del Interior,
general Albano Harguindeguy, a quien responsabilizó de los hechos ocurridos.
(Las diferencias entre Corbetta y Harguindeguy datan de tiempo atrás, habiéndose
evidenciado al decidir el ministro del Interior que los jefes policiales
relevados por Corbetta en la crisis de julio, se desempeñaran como asesores de
su ministerio.)
Como se sabe, el general Corbetta se ubica entre los más firmes sostenedores de
la posición "legalista" en cuanto a la represión antisubversiva. Así es que fue
el inspirador de los consejos de guerra y el primero en organizarlos seriamente.
Su oposición a la metodología basada en el secuestro, la tortura y el asesinato
(que forma parte de la doctrina operativa actualmente en vigencia) se manifestó
especialmente a raíz del asesinato del general boliviano y ex presidente de ese
país Juan José Torres y de la "ejecución" de los cinco religiosos de la orden de
los palotinos, en los primeros días de julio.
Amigo personal del general Alejandro Lanusse (con quien compartió el calabozo de
la prisión de Rawson, al sur del país, luego del fracasado levantamiento militar
contra Perón en 1951), soltero empedernido, ateo consecuente, lector y admirador
del filósofo Kant, su eticismo y su legalismo (" ... la ética de la conducta es
el elemento esencial, la ética como contenido y la legalidad como expresión
externa y único elemento válido de la convivencia" "... el eje moral de la
Nación pasa inapelablemente por la institución policial", dijo en su discurso al
asumir la Jefatura de Policía) y su firme posición ante la "rebelión policial"
de julio, explican su efímero reinado de diez días al frente de la Policía
Federal, y la actual campaña contra él dirigida.
MALESTAR EN LA POLlCIA PROVINCIAL
Buenos Aires, Dic 19 (ANCLA)- Fuentes vinculadas a la Policía de la Provincia de
Buenos Aires nos han hecho llegar la información de que existe un agudo malestar
en dicha repartición debido a una sucesión de hechos que comienzan a
desencadenarse desde el día en que una poderosa bomba estalló en la sede de la
misma.
Como se recuerda, el día 10 de noviembre -a media tarde- un empleado civil
afectado a la jefatura policial hacía detonar un potente artefacto explosivo en
momentos en que la plana mayor de la repartición se encontraba reunida con el
subjefe, Guillermo Trotz. La explosión -reivindicada para sí por la organización
peronista Montoneros- causó numerosas víctimas y cuantiosos daños.
A las 18.30 hs. de ese día se entregaba a los periodistas un comunicado de la
dependencia atacada que informaba sobre los hechos y destacaba que "víctimas del
atentado" habían fallecido el Cnel. Trotz y el agente Carlos Restuccia. La
información llevaba la firma del director general de Seguridad, comisario
general Gené.
A las 7.20 hs del día siguiente, un nuevo comunicado de prensa -esta vez firmado
por el jefe Cnel. Ramón Alberto Camps- remarcaba que "toda información
relacionada con el suceso será dada exclusivamente por esta jefatura" y
terminaba aclarando que el Cnel. Trotz no había fallecido, aunque sus lesiones
eran gravísimas.
Esta contradicción entre los dos altos jefes no se producía por casualidad.
Tiene sus orígenes en el día 9 de septiembre de este año en que el Cnel. Trotz
asumiera la subjefatura. Todas las expectativas para ocupar dicho cargo estaban
puestas en Gené, que hasta ese momento era una suerte de "mentor ideológico" de
Camps -escribía sus discursos- y el que ante la repartición ejercía la
subjefatura natural, sin lugar a dudas.
Según la ley orgánica de la PPBA el subjefe debe pertenecer a la repartición,
algo que aquí se pasó por alto en tres oportunidades, ya que en la subjefatura
se sucedieron el Cnel. Trotz, el Cnel. Mosto y en la actualidad el Cnel. Emilio
Tabernero. Con este hecho, la vieja tirantez entre militares y policías de
carrera se veía reforzada.
Gené, considerado por sus pares como un brillante profesional, gozaba del
respeto de altos cuadros de la repartición. De carácter dicharachero, jamás
utiliza guardaespaldas y se lo define como ubicado en el campo de los
"Iegalistas", es decir, que no son partidarios de los secuestros y otros métodos
ilegales.
Su apresuramiento en informar sobre la muerte de Trotz lo haría posible en los
próximos días de una sanción ejemplarizadora: sería pasado a disponibilidad tal
cual lo marca el Art. 178 de la PPBA.
Esta noticia ha provocado una situación de extrema tirantez entre los cuadros ya
que varios comisarios generales y jefes regionales -en especial los de Lanús y
La Plata- se habrían solidarizado con él y estarían dispuestos a realizar un
planteo formal al comandante del Primer Cuerpo de Ejército.
El lunes 14, un conocido comisario general de la PPBA comentó a ANCLA que "sería
paradójico que quieran sancionar a Gené, de gran consenso entre nosotros, ya que
ellos -los militares- no sólo no han respetado la Ley Orgánica que nos rige sino
que desde que entraron aquí el desprestigio y la calumnia nos abarcan a todos".
LA CRISIS EN LA CUPULA MILITAR
Buenos Aires, dic 20 (ANCLA)- La Marina argentina propuso como presidente de la
República al general Luciano Benjamín Menéndez, reservando al actual titular del
Poder Ejecutivo general Vide la, el cargo de comandante en jefe del Ejército.
La posición de la Marina incluye un abanico de posibilidades que cubre desde la
candidatura presidencial del general Menéndez hasta el nombramiento de otro alto
jefe militar en un eventual cargo de "primer ministro". Pero en todos los casos
se supone el desdoblamiento de la función ejercida por Videla, y en la mayoría
de sus variables contempla la permanencia de este último como comandante en jefe
del ejército.
Por el contrario, las propuestas manejadas por el sector orientado por el
general Viola privilegian la titularidad del Poder Ejecutivo para el general
Videla (con mayores atribuciones que las actuales) y ubican al general Viola en
la Comandancia en Jefe del arma.
Tanto la Marina, la Aeronáutica, como el sector del Ejército orientado por el
general Menéndez cuestionaron al general Viola en la reunión de treinta
generales, almirantes y brigadieres que se llevó a cabo en los últimos días de
noviembre por su relación con políticos y sindicalistas.
Los enfrentamientos en la cúpula militar -que tomaron estado público últimamente
con los ataques a Viola en los discursos de Massera y Lambruschini y con el
debate sobre la ley sindical- se agudizaron a partir de que el general Viola
lograra mejorar su relación de fuerzas con los cambios producidos en el arma por
la Junta de Calificaciones.
En dicha oportunidad, si bien la llamada "línea Viola" perdió la Brigada I de
Caballería y debió pactar en algunos casos con el ala liderada por Menéndez,
pudo pasar a disponibilidad a cuatro opositores (Paladino, Vilas, Buasso y
Mujica), promover a altas funciones a generales afines (Vaquero y Olivera
Rovere) y mantener sus posiciones en el gobierno, entre otros logros
importantes. La contraofensiva emprendida por la Marina, Aeronáutica y el sector
aliado del Ejército, se ha centrado en dos ejes: la relación Junta-Poder
Ejecutivo, y la cuestión sindical, a través de la Ley de Asociaciones
Profesionales.
1977
LA "LlBERACION" DE PRESOS POLlTICOS EN ARGENTINA
Buenos Aires, Ene 3 (ANCLA)- Familiares de detenidos políticos denunciaron que
la anunciada liberación de presos profusamente propagandizada por el gobierno
mílítar no se ha concretado en la mayoría de los casos.
Los familiares afirman que gran parte de los nombres incluidos en las listas de
"liberados" corresponde a detenidos con procesos legales en curso, por lo cual
al cesar la "disposición del Poder Ejecutivo Nacional" continúan detenidos bajo
jurisdicción de la justicia.
Como contrapartida, aseguran que no han sido incluidos centenares que se
encuentran sin proceso legal y a disposición del Poder Ejecutivo. De haberse
procedido de ese modo sí se habrían efectivizado numerosas liberaciones.
Las fuentes atribuyen este hecho a un intento para tranquilizar la opinión
internacional agitada por las continuas violaciones a los derechos humanos en el
país.
"Las 'libertades' no afectan ni siquiera al dos por ciento de los desaparecidos
y detenidos en el país", manifestó a ANCLA un alto miembro de la jerarquía
eclesiástica local. "Además del engaño que supone esta medida hay que señalar
que los miles de secuestrados nunca reconocidos oficialmente continúan siendo
fusilados diariamente en 'enfrentamientos' inexistentes", agregó el prelado.
Luego de la intensificación en los últimos tiempos de las presiones
internacionales y de importantes sectores internos, el gobierno de los militares
anunció tras sucesivas "liberaciones" que, presuntamente, afectaban a más de un
millar de presos políticos. En realidad, la medida consiste en "cese a
disposición del Poder Ejecutivo Nacional", figura legal que permite la detención
de ciudadanos sin proceso alguno, con opción a abandonar el país. Actualmente,
el derecho a opción también está restringido. Fuentes responsables estiman en
veinte mil el número de presos y desaparecidos en el último año.
SERVICIO ESPECIAL: A UN AÑO DEL GOLPE MILITAR EN LA ARGENTINA 2- LA SITUACION
ECONOMICA
Buenos Aires, Mar 15 (ANCLA)- A un año de la aplicación de un drástico plan de
saneamiento económico, la Junta Militar que se apoderó del gobierno el 24 de
marzo de 1976 enfrenta un espectacular rebrote de la inflación que se creía
dormida, y que sigue siendo holgadamente la más alta del mundo, próxima al 400
por ciento anual.
En enero de 1977 el costo de vida aumentó un 14 por ciento y en febrero un 9 por
ciento, inquietando a los militares que temen una violenta reacción popular.
El único éxito que el ministro José Alfredo Martínez de Hoz pudo exhibir ante
sus ceñudos interrogadores castrenses fue un superávit de 1.100 millones de
dólares en el balance de pagos, lo cual no es extraño, si se considera que se
produjo un ingreso de 1.300 millones de dólares por créditos obtenidos de Fondo
Monetario Internacional y de bancos de Estados Unidos, Japón y Europa para
refinanciar la agobiante deuda externa argentina de 12.000 millones de dólares.
(...) Temeroso de los estallidos sociales, el gobierno militar anunció a los
empresarios que podrían mantener sus ganancias congelando salarios.
Pero que a cambio de ello debían restringir al mínimo los despidos de personal.
Así al terminar 1976 los precios habían aumentado casi un 400 por ciento y los
salarios menos de 150 por ciento. La situación de los trabajadores es la peor de
todo el siglo XX en la Argentina y la peor del mundo en 1976.
(...) La desocupación es un fantasma que no deja de rondar, y su principal actor
es el propio gobierno que planea despedir a 300.000 agentes de la administración
pública y las empresas del estado, alegando que sus cuentas de salarios generan
inflación.
Sin embargo, al día siguiente del anuncio de Martínez de Hoz acerca de que esos
despidos eran inevitables, la Policía Federal anunció que contrataría a 2.000
nuevos agentes debido "a la situación sociopolítica argentina". El año pasado la
Policía Federal ya había incorporado a otros 5.000 nuevos agentes. También
aumentó la nómina de empleados de la Dirección General lmpositiva, coincidiendo
con una presión tributaria que el propio ministro mencionó como la más alta en
la historia argentina (...)
TRASFONDO POLÍTICO EN LA NUEVA OLA DE SECUESTROS
Buenos Aires, abril 15 (ANCLA)- La nueva ola de secuestros producida a fines de
marzo y principios de abril expresaría la agudización de los enfrentamientos
entre distintos sectores del gobierno militar.
La desaparición del ex secretario de Prensa y Difusión de la Presidencia,
Edgardo Sajón, dicen las fuentes, estaría encaminada a advertir al ex mandatario
militar, teniente general Alejandro Agustín Lanusse acerca de las consecuencias
que enfrenta por su actividad política.
Lanusse es el candidato a la presidencia de la República que más simpatías
habría conseguido despertar en la Unión Cívica Radical, con el consentimiento
del sector militar dirigido por el jefe del Estado Mayor del Ejército, general
de división Roberto Eduardo Viola.
Se oponen terminantemente a esta posibilidad los comandantes en jefe de la
Armada y la Fuerza Aérea, almirante Emilio Eduardo Massera y brigadier general
Ramón Orlando Agosti.
Tras la desaparición de Sajón dejaron de tenerse noticias del ex sacerdote
católico y colaborador del Servicio de Informaciones Navales Héctor Ferreiros.
Ferreiros pidió la reducción al estado laical y se casó hace un año. Trabajaba
como periodista en la agencia oficial Télam, a la que llevaba los puntos de
vista del almirante Massera.
Versiones aún sin confirmar indicaban que también habían desaparecido el ex
canciller del primer gobierno peronista, Hipólito Jesús Paz, y el empresario
Horacio Rodríguez Larreta, presidente del Racing Club.
El año pasado el ex presidente Lanusse dirigió una carta abierta al entonces
segundo comandante del cuerpo V de Ejército, general de brigada ahora retirado
Acdel Vilas, reclamándole por las violaciones cometidas a los derechos humanos.
Vilas había acusado públicamente al ex ministro de Educación de Lanusse,
profesor Gustavo Malek, de encabezar la "infiltración marxista" en la
Universidad Nacional del Sur.
Además, las fuerzas militares secuestraron a Mónica Mignone, hija del ex
viceministro de Educación de Lanusse, Fermín Emilio Mignone, de quien no volvió
a saberse. Mignone declaró tener la certeza de que los secuestradores eran
personal de la Marina.
En el mismo sentido, los allegados al ex presidente Lanusse atribuyeron a
comandos de la Armada el atentado que hace más de un año costó la vida a su
nuera, María Caride de Lanusse.
Tanto el ERP como los Montoneros negaron haber cometido el atentado.
Desde el 24 de marzo de 1976 se produjeron en la Argentina veinticinco mil
secuestros, de los cuales diez mil fueron reconocidos posteriormente como
arrestos legales.
Bibliografía
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MANUEL GAGGERO, noviembre de 1997;
LILA PASTORIZA, diciembre de 1997;
LUCILA PAGLlAI, marzo de 1998;
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ANGELlCA GONZALEZ, mayo de 1998*;
CARLOS AZNAREZ, febrero de 1999;
JORGE REYNA, marzo de 1999;
ROBERTO PERDIA, abril de 1999;
HORACIO VERBITSKY, abril de 1999;
PATRICIA WALSH, noviembre de 2000**.
* Pseudónimos.
** Intervención en la presentación de la primera edición de este libro en la
Universidad Popular de las Madres de Plaza de Mayo. Patricia Walsh compartió la
mesa con Vicente Zito Lema, Horacio González, José Luis Mangieri y Fernando
Krichmar (Grupo de Cine Insurgente).
Diarios y revistas
ANCLA. Cables de 1976: "Allanan vivienda del general Corbetta", del 24 de
agosto; "Habría sido asesinado Monseñor Angelelli" y "Campaña de censura y
represión contra periodistas", ambos del 30 de agosto; "Ola de violencia sobre
los profesionales", del 18 de septiembre; "Malestar en la policía provincial",
del 19 de diciembre; y "La crisis en la cúpula militar", del 20 de diciembre.
Cables de 1977: "La 'liberación' de los presos políticos en Argentina", del 3 de
enero; "Servicio especial: a un año del golpe militar en Argentina. Parte 2: La
situación económica", del 15 de marzo; "Campaña por tres generales retirados",
del 14 de abril; "Trasfondo político en la nueva ola de secuestros", del 15 de
abril; y "Con este despacho ANCLA reanuda sus servicios", del 10 de agosto.
Cadena Informativa. Informe Nro. 1 (1976).
Evita Montonera. Nros. 6, 7 (1975); 16, 17, 19 (1977); 24 (1979). Noticias (de
Argentina). Nro. 8 (1979).
Clarín. Edición del 20 de abril de 1977.
Suplementa Zona, diario Clarín. Edición del 21 de marzo de 1999.
Para consultar materiales de la época, ver en la Hemeroteca de la Biblioteca
Nacional, en la hemeroteca del CEDINCI (Sarmiento 3433) y en archivo del Grupa
Arte, Cultura y Política en las años '60 del lnst. Gino Germani (Uriburu 950
6to. piso). A ellos mi agradecimiento por su orientación en la búsqueda de
originales.
Libros
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1947.
Anguita, Eduardo, y Caparrós, Martín: La Voluntad. Tomo III. Buenos Aires, Grupo
Editorial Norma, Colección Biografías y Documentos, 1998.
Baschetti, Roberto: Rodolfo Walsh, vivo. Buenos Aires, Ed. De la Flor, 1994.
Bonasso, Miguel: Recuerdo de la muerte. Buenos Aires, Ed. Planeta, colección
Espejo de la Argentina, 1994.
Casulla, Nicolás: "Walsh y su pensamiento político en 1976". En Baschetti,
Roberto: Rodolfo Walsh, vivo. Buenos Aires, Ed. De la Flor, 1994.
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