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Detenciones
en La Rioja por el asesinato de dos sacerdotes
Mártires
de la otra iglesia [Página/12, 24 de abril 2008]
El vicecomodoro Luis Fernando Estrella, ex segundo jefe de la Base Aérea de
Chamical, y el ex alférez Miguel Ricardo Pessetta fueron arrestados por su participación
en los asesinatos de los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Rogelio Gabriel
Longueville.
Por Diego Martínez
Dos oficiales retirados de la Fuerza
Aérea fueron detenidos ayer en La Rioja por su participación en los secuestros
y asesinatos en 1976 de los sacerdotes tercermundistas Carlos de Dios Murias
y Rogelio Gabriel Longueville, más conocidos como "Los Mártires de Chamical".
Se trata del entonces vicecomodoro Luis Fernando Estrella, ex segundo jefe de
la Base Aérea de Chamical y figura central de la dictadura en La Rioja, y del
ex alférez Miguel Ricardo Pessetta. Citados a prestar declaración indagatoria,
ambos hicieron uso de su derecho a no quebrar el pacto de silencio. Son los
dos primeros detenidos por crímenes de lesa humanidad en La Rioja. "Es un pequeño
gran paso después de tantos años de buscar pruebas", celebró Cristina Murias,
querellante y hermana del cura asesinado, quien espera con paciencia cristiana
que la Iglesia "deje de mirar para otro lado" y se constituya como querellante.
El párroco francés Longueville y su vicario Murias fueron secuestrados en la
noche del 18 de julio de 1976 en la parroquia El Salvador, de Chamical. Sus
cuerpos fusilados, con los ojos vendados, aparecieron en un descampado al sur
de la ciudad. Murias tenía signos de torturas. Hoy el sitio se denomina Los
Mártires y un oratorio honra sus memorias.
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El 23 de marzo de 2007 el fiscal general Alberto Lozada, de la Cámara Federal de Córdoba, promovió junto con los fiscales Graciela López de Filoñuk y Horacio Salman la acción para que se investiguen sus crímenes. Adjudicaron el secuestro a Pessetta, al capitán Miguel Angel Escudero, los policías Juan Carlos "Bruja" Romero y otras dos personas. Como emisores de la orden, a los vicecomodoros Lázaro Aguirre y Estrella, jefe y subjefe de la base, y al coronel Osvaldo Pérez Battaglia, jefe del Batallón de Ingenieros 141, todos bajo la órbita del comandante del Cuerpo III, general Luciano Benjamín Menéndez. El 5 de marzo último Murias se presentó como querellante con el patrocinio de las abogadas Cristina Herrera, Adriana Mercado Luna, Viviana y María Elisa Reinoso. El 19 el juez federal Daniel Herrera Piedrabuena citó a los policías Romero, director de Informaciones, y Benito Vera, por su rol en el espionaje previo a los secuestros. Ambos se negaron a declarar pero no quedaron detenidos.
Ayer, Franco Grassi subrogó a Herrera
Piedrabuena, ausente por viaje. Estrella, de 74 años, a quien hasta el fiscal
daba por muerto, se presentó por la mañana. El defensor oficial Daniel Narbona
se negó a asistirlo. Adujo "violencia moral": su padre Nicolás Narbona, ministro
de Acción Social riojano de 1973 a 1976, fue preso político durante la dictadura.
Lo asistió el defensor Juan de Leonardi, pero Estrella se negó a hablar. Luego
hizo lo propio Pessetta. El suboficial Sergio Martínez también estaba citado
a indagatoria pero no se presentó a declarar. Ante la ausencia del fiscal Darío
Illánez, su secretaria Martha Kinath y las cuatro abogadas pidieron las detenciones,
que ordenó Grassi. A las dos de la tarde Estrella y Pessetta fueron trasladados
a una dependencia de la Policía Federal. Un hombre de unos cuarenta años vestido
con clerygman que dijo ser capellán castrense pero prefirió no identificarse
asistió al ultracatólico Estrella antes de la partida. El comodoro retirado
es el mismo que el 18 de enero de 1988 comandó la banda que copó el aeroparque
Jorge Newbery durante tres horas en un golpe fallido contra el presidente Raúl
Alfonsín, a quien consideraba marxista.
La Rioja tiene cuatro causas paradigmáticas. La más avanzada es la que investiga
el asesinato del conscripto Roberto Villafañe. Le sigue la de los mártires.
A paso lento marchan las que investigan los crímenes del obispo Enrique Angelelli
y del catequista Wenceslao Pedernera. Francia también abrió una causa por Longueville
a pedido de sus hermanas. "Es un paso muy importante, son los primeros detenidos.
Estrella participó en la logística de los crímenes de mi hermano y Gabriel,
pero también de Angelelli y Pedernera", apuntó Murias, quien lamentó "que no
se acumulen las causas" y confesó que la exigencia de justicia por el crimen
de su hermano "ha sido una de las razones de mi vida en todo este tiempo".

La
Iglesia recuerda a Angelelli a 30 años de su asesinato
La hora del reconocimiento oficial
Con todo, la figura de Angelelli sigue generando controversias entre los distintos
sectores de la Iglesia. Por primera vez habrá reconocimientos institucionales.
Por Washington Uranga
Treinta años después de su asesinato, el 4 de agosto de 1976, la figura de Enrique
Angelelli, quien fuera obispo de La Rioja, sigue generando controversia en el
seno de la comunidad católica argentina. Pero hoy el reconocimiento llega incluso
a los niveles institucionales, a la jerarquía de la Iglesia que durante tantos
años estuvo reacia a asumir el hecho mismo del asesinato y, en términos cristianos,
la condición de mártir de Angelelli. Ahora los obispos, encabezados por el propio
cardenal Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y presidente de la Conferencia
Episcopal, irán hasta La Rioja para recordar y conmemorar lo que antes reconoció
la sociedad y, sobre todo, el pueblo católico de La Rioja, que siempre consideró
"al Pelado", como cariñosamente le decían, como un "santo". Aunque la Iglesia
institucionalmente ni siquiera ha progresado en el proceso de canonización de
Angelelli, existen en todo el país, particularmente en La Rioja, muchos altares
populares que recuerdan y veneran la imagen del obispo asesinado mediante un
accidente fabricado en la ruta que une El Chamical con la capital riojana.
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Gran parte de la feligresía católica ha reconocido a Angelelli invocando su nombre en los actos litúrgicos, bautizando con su nombre capillas, salones, seminarios y hasta una radio como la del obispado de Neuquén, en la capital de aquella provincia. Su imagen no sólo se venera, sino que acompaña y preside la mayoría de los actos que celebran los sectores católicos que pueden identificarse con la "opción por los pobres". De la misma manera, los conservadores tratan de ignorarlo y, como estrategia, siguen aferrándose a la burda explicación que los militares dieron para su muerte violenta en 1976: "fue un accidente". No opina lo mismo el obispo emérito de Viedma, Miguel Hesayne, quien desde siempre viene sosteniendo –junto a un puñado de otros obispos entre los que siempre se contaron los ya fallecidos Jorge Novak y Jaime de Nevares– que está probado "en forma definitiva e incontrovertible" que hubo "homicidio calificado" y califica de "patraña criminal" la versión sobre el accidente (ver aparte).
Monseñor Enrique Angelelli - La
Iglesia
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Para Rodolfo Viano, sacerdote franciscano que trabaja en Aguaray (Salta), "en la Iglesia jerárquica la figura de Angelelli aún no ha cobrado mucha importancia". Eso porque, señala, "se huele una (¿exagerada? ¿ideológica?) ‘prudencia’ por no llamar a la cosas por su nombre: ‘asesinato’, y, por ser consecuente con el Evangelio: ‘martirio’". Según Viano, "quizás este año, con los treinta años ‘puestos de moda’ por el gobierno ‘progre’ que sigue acaparando y usurpando el poder, se diga o se recuerde algo más". Sin embargo, sigue pensando que "no veo mucho interés en que se lo conozca (a Angelelli), y se sigue dudando de su ortodoxia y de alguna contaminación ‘zurda’ a su pensar y obrar". Aclara no obstante que "en el ’76, ni me enteré cuando lo mataron. Yo tenía 17 años, vivía en la militarizada Bahía Blanca Natal, y aún no pensaba en ser franciscano y cura. Es más. Me tranquilizaba ‘el orden’ que había puesto ‘el proceso de reorganización nacional’".
Para Eduardo de la Serna, coordinador del Grupo de Sacerdotes por la Opción por los Pobres, "hacer memoria es traerlo (a Angelelli) al presente para que viva y hable. Si Angelelli fuera una estampita no sería "hacer memoria sino vaciarlo de sentido". Y refiriéndose al anunciado acto de La Rioja, asegura que "si varios obispos van a participar de su memoria puede ser un ‘culto vacío’, como el que frecuentemente denunciaron los profetas, o puede ser hacer presente al obispo que quisiéramos –y creemos que Dios quiere– para nuestro presente: obispo del Vaticano II y Medellín, obispo cercano a los pobres, adversario de los poderosos, comprometido con la historia. Hasta dar la vida". Porque "Angelelli es un grito de Dios que dice dónde está Dios en este drama de la historia".
¿Qué es lo que piensan los curas de hoy de Angelelli? Para Marcelo Colombo, de la diócesis de Quilmes, "su figura tiene una gransignificación para mí como sacerdote, no sólo por el momento histórico en que desarrolló su ministerio, sino también por lo que él, como buen pastor, supo generar en su diócesis y en los distintos espacios de comunión de la Iglesia argentina en la que actuó". Angelelli, agrega, "fue testigo generoso y fiel de Cristo en años dramáticos para nuestro pueblo; amó y actuó en consecuencia hasta derramar su sangre".
Javier Buera, otro que cuando mataron a Angelelli cursaba el colegio secundario y hoy es cura, asegura que "estando en el seminario oí hablar por primera vez de él, de su cercanía a la gente y su manera de vivir la fe expresada en la frase ‘un oído en el pueblo, el otro en el Evangelio’, la valentía para buscar y decir la verdad, enfrentando pacíficamente el poder del gobierno militar". Todo esto, dice Buera, "me sigue hablando de un hombre de fe sencilla, llana y hermanado con los demás hombres, mirando sobre todo por los más pobres, los menos favorecidos". Y subraya: "Me habla de un modo en el que realmente vale la pena ser hombre, cristiano, cura... que aunque te demande la vida, no te la quita".
Carlos Saracini, un joven sacerdote
de los misioneros pasionistas, párroco de la Iglesia de Santa Cruz en Buenos
Aires, dice que "Angelelli me hace creíble el Evangelio y el discipulado de
Jesús en la Iglesia, ayer y hoy. Su vida, su entrega y su martirio es inspiración
constante para mi vida consagrada y para mi ministerio sacerdotal. Gracias a
él y a muchos testigos quiero gestar una Iglesia más fraternal, más sencilla,
participativa y colegiada, que crea y ama profundamente la historia, buscando
con otros y otras instituciones, desde y con los pobres". Para el cura Jorge
Marenco "en una Iglesia que no se ha caracterizado por su voz profética encontrarnos
con un obispo que fue profeta, y también testigo hasta el fin de la fe en la
cual creía nos da, a los que creemos, en la fuerza del Evangelio, como grito
silencioso y gesto de amor al más desprotegido, un aliento profundo de esperanza,
de creer y pensar que una Iglesia comprometida con el pobre, la realidad, el
propio tiempo que le toca vivir, no sólo es posible sino maravilloso de vivir".
"El Pelado, desde su vida y sus opciones, es para algunos de nosotros, los curas,
una síntesis que nos exige esta sociedad: ‘con un oído en el pueblo y otro en
el Evangelio’, y agrego, ‘en el corazón de los pobres’", sostiene Gustavo Gleria,
el joven párroco del Niño Jesús de Praga, en el Barrio Junior de la ciudad de
Córdoba. Para este cura, lo anterior "nos obliga a hablar de justicia, de memoria
y de dignidad. Aunque estas palabras nos encasillen en ser comunistas, tercermundistas
o curas que se meten en política. Si así lo identifican al Reino, seremos curas
comunistas".
Coincidiendo con la mayoría de sus colegas, Gleria asegura que la jerarquía
de la Iglesia "no puede detener la fuerza de éste y de otros mártires latinoamericanos
y, por esto tal vez, busquen suavizar la figura de Angelelli, colocándolo en
los altares, santificándolo, pero santidad sin memoria no existe. Angelelli
sin la palabra asesinato sería repetir lo que hicieron con Jesús a través de
los siglos: nos convencieron de que murió por nosotros, que ‘entregó su vida’,
tapando que lo mataron por defender una justicia social".
Fuente: Página/12, 30/07/06

Cardenal
angelizado
Kirchner declarará día de duelo nacional la fecha del asesinato de Angelelli
y Bergoglio presidirá un homenaje en La Rioja. La excursión angelizadora procura
remover obstáculos en la marcha del cardenal hacia el papado. Este mismo año,
un libro editado por Bergoglio mutiló un documento histórico sobre el proceso
de liberación inspirado por Angelelli. Esto no quita significado político al
tardío reconocimiento de su asesinato. La Iglesia lo negó mientras pudo y ahora
intenta capitalizarlo.
Por Horacio Verbitsky
"Si la
Iglesia hubiese hecho lo que correspondía, no hubiera muerto Angelelli"El 28 de febrero de 2003 murió Miguel Ramondetti, una verdadera leyenda entre todos aquellos que conocieron la epopeya del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo, que alcanzó a reunir a más de 500 curas de parroquias populares en la Argentina de los años ‘70. En este reportaje, uno de los últimos que concedió, Ramondetti recorre los momentos más importantes de su vida y analiza el papel jugado por la Iglesia frente a su Movimiento y la represión dictatorial. Por Luis Bruschtein Miguel Ramondetti trabajó de obrero la mayor parte de su vida, en la construcción como albañil, y fue metalúrgico y electricista. Cerca de los 80 años decía que el cuerpo ya no le daba y se ganaba la vida con una computadora haciendo publicaciones. Fue cura obrero, uno de los fundadores y secretario general del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo, que protagonizó una de las gestas más comprometidas de los años ‘70 y muchos de esos curas fueron asesinados, desaparecidos o presos. "Nosotros estábamos con el Jesucristo profeta, el que luchaba con la gente, insultaba al gobernador romano y enfrentaba al imperialismo de la época", afirmaba con vehemencia. Estuvo preso, fue reprimido y estuvo exiliado en Nicaragua. "Al regresar no quise presentarme a filas, no volví al ministerio después de todo lo que había pasado en Argentina ante la pasividad de la Iglesia", explica en este reportaje, uno de los pocos que otorgó en los últimos tiempos, en el que repasa su vida y la historia del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo. –Yo siempre digo que no hubo una voluntad de fundar algo. El Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo no se creó, nació. Surgió de una serie de situaciones previas. Parto de la posguerra en Europa y del ámbito específico donde se generó el Movimiento, que es la Iglesia. Por ejemplo, en Francia y Alemania y un poco en Bélgica había surgido el movimiento de los curas obreros. Estaban los sacerdotes que habían sido llevados por los nazis a campos de concentración. Al volver eran otras personas por lo que habían visto y vivido. Pensemos en un sacerdote tradicional, dentro de una estructura muy cerrada, verticalista y autoritaria que de pronto se encuentra inmerso solo en un ámbito brutal como eran los campos de concentración. Al volver llevaron esa experiencia a sus lugares de origen y comenzó todo un movimiento. Estaba el Concilio Vaticano II y había algunas experiencias previas en las cuales participé en Buenos Aires. Algunos sacerdotes habíamos estado en Europa, yo estuve cinco años estudiando teología en Roma y había tenido contacto con sacerdotes con las mismas inquietudes. Al principio fue un deseo de renovación interna, pero a algunos nos llevó rápidamente a tomar contacto con una realidad popular, sobre todo con una realidad obrera. –¿Dónde fueron esas experiencias? –Cuando terminé mis estudios en 1952, volví al país y me destinaron a una parroquia en la capital, Todos los Santos. Allí ya estaba funcionando esta idea, había dos sacerdotes con los que habíamos convivido en Roma y yo me integré con ellos. Después fui tomando más opciones de tipo social, no tan a la interna de la Iglesia. Ya tenía la idea de los curas obreros franceses. Se creó un centro dependiente de esa parroquia, pero que funcionaba en Paternal, del otro lado del Warnes. Ahí empecé a trabajar. –¿Trabajaba como obrero? –Bueno, no te daban permiso y sin permiso no se puede hacer nada. Pero bueno, le buscábamos la vuelta. Trabajaba en lo social nada más. Empecé a ayudar a la gente del barrio y allí aprendí el oficio de albañil, porque los ayudaba a hacer sus casitas. El primer día que llegué de uniforme, con sotana, me miraban y no podían creerlo. Me saqué la sotana, la colgué de un alambre, se creó una relación y empecé a ayudarlos con la mezcla. Se creó una mutual de ayuda a la construcción de viviendas y yo trabajaba de eso. Todavía no me daban permiso para trabajar en una fábrica, que era lo que yo quería. –¿Pero entonces no pudo entrar a una fábrica? –Pasaron varios años, hasta que presionando y presionando conseguí una media autorización y ahí me fui. Estuve trabajando un año y medio en una fábrica metalúrgica donde hacían las primeras multiprocesadoras, pero me echaron por revoltoso. En realidad me echaron porque me afilié al sindicato cuando nadie estaba afiliado. Por suerte, después que me echaron los muchachos se avivaron y se afiliaron. –¿Y cómo surgió la idea o el impulso inicial para fundar el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo? –Se iba armando así la cosa: yo estaba en Paternal, pero me quería ir a trabajar al interior. Estábamos a fines del ‘67. Había un compañero del grupo donde nos reuníamos en Buenos Aires que había sido nombrado obispo de Goya. Un grupo de curas queríamos trasladarnos allí, hablé con él y lo fui a ver. En la conversación, en su despacho de la curia, me dijo: "Ah mirá, acá me llegó esto, a vos te puede interesar" y me tiró un folleto. Decía: "Proclama de 18 obispos del Tercer Mundo". Eran obispos que se habían reunido en Roma a partir del Concilio. Entre los latinoamericanos estaba Helder Cámara, que era quien lideraba eso. Lo hojée y me entusiasmé a lo loco, porque me pareció una cosa de avanzada y desde un ángulo que nos ayudaba mucho porque eran obispos, no eran curas sueltos, loquitos, como nos consideraban a nosotros, y hablaban con un lenguaje distinto, con una posición diferente, sobre la situación de los pobres en el mundo. Por primera vez, que yo sepa, en un documento eclesiástico de esa envergadura aparecía una especie de opción por el socialismo. –¿Convocaron a una reunión? –Ni eso, simplemente decidimos difundir el documento y pedir adhesiones. Ahí empezó a nacer, sin grandes esfuerzos. Hicimos una lista entre tres o cuatro curas y lo mandamos. Nos sorprendió cuando empezamos a recibir una cantidad impresionante de adhesiones, nos llovían cartas, casi todos respondían. Y había un denominador común: subrayaban la necesidad de hacer una reunión. Entonces desde Buenos Aires organizamos el primer encuentro en Córdoba. El envío de la carta fue en noviembre del ‘67. A principios del ‘68 empezaron estas reuniones. –¿Era heterogénea la composición? –Curas obreros éramos pocos, dos o tres, pero muchos estaban en parroquias en zonas populares, humildes. Era heterogéneo, pero nos unía una misma idea de renovación de la Iglesia. –¿Usted estuvo preso en Goya? –Pero por pocas horas, un día. Dos veces, una con Onganía y otra con Lanusse. Pero lo de Goya no tenía que ver con el Movimiento. Yo fui secretario general del Movimiento durante casi todo el tiempo. A nivel nacional me visualizaban de todos lados, tanto los obispos como la policía y el Ejército, pero lo de Goya más bien fue por cuestiones locales. Yo trabajaba en un barrio pobre con muchos problemas, se inundaba frecuentemente. Habíamos creado una comisión vecinal. Goya era una ciudad chica, muy tradicional y de pronto le armamos una manifestación por las calles de asfalto. Ese día fue glorioso. El comisario se estaba afeitando en una peluquería y nos vio pasar por el espejo. Salió furioso, llamó a las tropas, nos metieron adentro, nos tuvieron toda la noche. Después vinieron abogados para sacarnos. Otra vez vinieron a mi casa. Vino el comisario con cinco policías, me allanaron la casa. Empezaron a sacar libros, cosas. Un policía encontró una Biblia que tenía como título El libro de la Alianza y creyó que había encontrado material subversivo. Me tuvieron hasta la madrugada y a la medianoche comenzaron a interrogarme. Otra vez nos metieron presos como a cincuenta curas en Rosario porque habíamos manifestado a favor de los presos políticos. También surgió la idea de mandar una carta a la reunión que se iba a celebrar en Medellín. Pensamos que los obispos iban a cerrar la cosa condenando a los movimientos populares. Entonces hicimos una carta que en síntesis decía que no se podía condenar la violencia de los oprimidos sin atacar la violencia de los opresores. Conseguimos más de 500 firmas de curas argentinos y más de 400 de sacerdotes latinoamericanos. Eso llegó a Medellín y tuvo mucho efecto. Incluso algunos documentos tomaron ideas de esa carta. –¿No tenían problemas con la jerarquía eclesiástica? –Yo creo que todo esto nació en buen ambiente, nació fuerte. Todo lo del Concilio, toda la renovación que había dentro de la Iglesia y lascondiciones externas. Cinco o diez años antes nos hubieran cortado la cabeza. Hubo presiones y ese tipo de cosas. La más fuerte fue una declaración de la Comisión del Episcopado, con el cardenal Antonio Caggiano a la cabeza. Hicieron un comunicado de condena al estilo tradicional. Les respondimos con un libro como de ciento y pico de páginas con argumentos teológicos, citas de la Biblia y de filósofos. –Cuando un cura tenía un problema de represión, ¿se solidarizaban con él? –Se han dado cosas muy divertidas. Si había un conflicto interno de la Iglesia o a uno lo llevaban preso o lo que fuere, ahí íbamos todos, huelga de hambre o nos sentábamos en la catedral. Hubo un conflicto en Corrientes y otro en Rosario. El obispo echó a todos los curas en un momento determinado y ahí fuimos para solidarizarnos. Pero tratábamos de que no nos adormeciera la interna de la Iglesia, nosotros no surgimos para cuidar la situación de los curas, nos hizo surgir la realidad sociopolítica. –¿Y cómo empezó el desgaste? –Hay diferentes interpretaciones. Algunos piensan que fueron las discusiones sobre cuestiones de la Iglesia, como el celibato. Alguno se había casado y discutimos si podía seguir en el Movimiento. Unos pensábamos que sí, otros que no. Yo pienso que lo fundamental fueron los temas que tenían que ver con la realidad externa. Analizando la situación social del país y puestos plantear soluciones en grandes líneas, atacábamos al sistema, como se decía en el lenguaje de la época, y proponíamos como alternativa un socialismo "a definir", no planteábamos el socialismo de los países del Este ni mucho menos, ni nombrábamos al marxismo, aunque algunos pensábamos que iba por allí. Habíamos quedado en eso. Cuando el país comienza a movilizarse por la vuelta de Perón, en los años ‘70, ‘71, ‘72, ‘73, empieza la gran interna. Con la vuelta de Perón hubo un recalentamiento interno que era una cosa positiva porque respondía a nuestro contacto con la realidad, no a cuestiones personales, subjetivas o de poder, sino a un requerimiento exterior, era el país que estaba en esa lucha del Perón vuelve. No éramos curas encerrados en nuestros templos con nuestras viejitas alrededor. Eran curas que vivían en barrios humildes, que estaban en contacto con la gente. En Buenos Aires, el Movimiento Villero surgió de todo eso. Había un contacto muy fuerte con la realidad social, que necesariamente, a poco andar, lleva a la realidad política. –Debería ser muy difícil mantener la discusión política dentro del encuadre religioso que tenían como sacerdotes... –Sí, pero soluciones para lo social dentro de lo social no existen. Entonces se trataba de incursionar en lo político desde nuestro ángulo. Nunca se nos ocurrió perder esa condición, armar un partido ni nada por el estilo. Reflexionábamos desde nuestro punto de vista y desde lo religioso. Nos preguntábamos ¿qué significaba ser cristiano en Argentina? ¿Qué se nos exigía a nosotros como cristianos, como sacerdotes? Eramos sinceros, y respondía a una exigencia de nuestro ser como curas. Igual se armó una gran interna. La mayoría estaba por el peronismo y una minoría seguimos planteando la opción original. Eso nos llevó a un enfrentamiento serio. La cohesión del principio se fue como resquebrajando. Yo pienso que esa grieta interna sola no explicaría la desaparición del Movimiento. Pero justo cuando estábamos debilitados comenzó una terrible represión, primero con la Triple A que asesinó a Mugica y después los militares. Y nosotros estábamos muy expuestos, no teníamos experiencia de clandestinidad. Aparte de las organizaciones armadas que tenían esa experiencia, nosotros trabajábamos en la superficie, firmábamos lo que decíamos, hablábamos con los periodistas. Cuando empezó la avalancha de Videla y compañía, nos agarró así, era irse o morir. Muchos murieron, fueron desaparecidos o presos y otros pudimos salir. –¿Usted pudo salir del país? –Estuve dos años y medio en Francia, un año en México y en 1980 fui a Nicaragua, donde estuve cinco años. Después del golpe aguanté tres meses en Goya hasta junio. Habían intentado secuestrar al presidente de la comisión vecinal. Los compañeros me dijeron "te vas o morís". Esa noche dormí en el rancho de un vecino por seguridad. Pero fueron a la casa del presidente. En Buenos Aires estuve casi un año y medio, medio clandestino, viviendo en el sur, trabajaba de albañil, pero cada día era más difícil. –¿Y la Iglesia no lo ayudó? –No es que no haya tenido apoyo, apoyo tuve, lo que pasa es que también era una cuestión de opción política y de opción personal. Yo no podía comprometer a gente que no se hubiese comprometido también conmigo en mi propia opción. Hubo curas que me ayudaron, pero ¿con qué derecho iba a pedirles ayuda? Dormí en parroquias de amigos míos en días difíciles, pero yo pensaba: "¿descubren esto y se llevan a este amigo mío?". Pobre tipo, que era más bueno que el pan aunque nunca se había metido en nada, pero se jugaba porque era mi amigo. Yo no tenía derecho a exigirle ese nivel de riesgo. El que me ayudó realmente fue monseñor Jorge Novak, porque yo había quedado descolgado de Goya, había perdido contacto con la gente y con mi obispo. Con un seudónimo había conseguido trabajo de albañil en un caserón grande y me dejaban dormir en la obra. Antes paraba en el sur y tenía que cruzar todos los días el puente de Avellaneda y siempre había milicos parados ahí que pedían documentos, había pinzas. Novak era uno de los pocos obispos que comprendía la situación y se jugaba. Por medio de él conseguí que la Nunciatura me renovara el pasaporte para salir del país. –¿En el tiempo que estuvo exiliado seguía en la Iglesia? –Sí, a Nicaragua fui con el único obispo que estaba más o menos enganchado con el Frente Sandinista. Después el obispo medio se enfermó y quedó a un lado. Estaba en Estelí y trabajaba como en Goya, vivía en un barrio, trabajaba de albañil, de electricista, trabajé en la municipalidad y en el mantenimiento de una escuela. Ahí me hice amigo de Fernando Cardenal. –¿Sigue siendo cura en la actualidad? –Sí y no. No me presenté a filas, como dicen los milicos. Estuve en el ministerio hasta que volví en el ‘85. Ahí me planteé todo lo que había pasado, sobre cien obispos argentinos en la época del Proceso, a uno lo asesinaron, que era Angelelli, quedan tres o cuatro que relativamente entendieron la situación y salieron al frente. Creo que al obispo Ponce de León también lo mataron, aunque lo hicieron aparecer como accidente. Estaban Hesayne, De Nevares y Novak, ¿dónde estaban los demás? Yo me preguntaba ¿quién puede frenar esto?, y siempre me respondía que la única que podía era la Iglesia Católica si hubiera querido comprometer realmente a la Iglesia internacional, al Vaticano. Todos sabían lo que estaba pasando, que no vengan con el cuento. Si hubieran hecho lo que correspondía no hubieran muerto Angelelli y muchos miles más. Fuente: www.lafogata.org |
El miércoles 2, el gobierno honrará
al asesinado obispo Enrique Angelelli con la firma de un decreto que declarará
el 4 de agosto día de duelo nacional. El viernes 4 el presidente de la Conferencia
Episcopal, cardenal Jorge Mario Bergoglio, encabezará la delegación de obispos
que rendirá homenaje al mártir en La Rioja. Los prelados lo harán en la ciudad
capital, mientras sacerdotes y laicos, junto con el secretario de Culto de la
Nación, Guillermo Oliveri, peregrinarán hasta el sitio en las afueras de El
Chamical donde hace treinta años se cometió el crimen, en un fraguado accidente
de carretera.
La excursión angelizadora de Bergoglio es parte del intento de remover cualquier
obstáculo que se interponga en su camino hacia el papado. Su principal aliado
en esta operación es el Comisionado Episcopal de Pastoral Social, Jorge Casaretto,
uno de los únicos tres obispos de los años de la dictadura que quedan en actividad.
El cardenal procura blanquear su conducta durante los años de la dictadura militar,
cuando era superior provincial de la Compañía de Jesús y mantenía una cordial
relación con el jefe de la Armada, Emilio Massera, que secuestró a varios de
sus sacerdotes. Esto no implica minimizar la importancia política del gesto,
por parte de una institución que primero aisló a Angelelli, luego aceptó a sabiendas
de su falsedad la versión de un accidente y aun cuando comenzó a honrarlo, hace
cinco años, omitió cualquier referencia a las causas de su muerte. Ya no hay
espacio social para continuar con la falsificación de la historia. Unidos a
la verdad que no pueden combatir, Bergoglio y Casaretto ven favorecido su intento
por la composición actual del Episcopado. Su único contendiente interno de algún
peso, disminuido por la anunciada jubilación del Secretario de Estado Angelo
Sodano, que lo sostenía, es el arzobispo de La Plata, Héctor Aguer. Su cruzada
personal consiste en impedir que la hemeroteca de la Biblioteca Nacional pase
a llamarse Rodolfo Walsh en lugar a Gustavo Martínez Zuviría, como proponen
legisladores de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Martínez Zuviría fue el
ministro de Educación del golpe de 1943 que obligó a modificar las letras de
los tangos. Por eso la queja de "Cafetín de Buenos Aires" de Discépolo y Mores
no rima con "mi vieja" sino con "mi madre", y "Los dopados" de Cobián y Cadícamo
pasó a llamarse "Los mareados". También es autor de novelas antisemitas con
el seudónimo Hugo Wast y fundador de un linaje de militares golpistas en el
Ejército y la Fuerza Aérea.
Mutilaciones
Si algo no implica el homenaje de Bergoglio a Angelelli es respeto por su obra.
Este mismo año, el presidente de la Conferencia Episcopal editó un volumen titulado
Iglesia y Democracia, en el que mutiló los conceptos centrales de un texto histórico
a cuya redacción contribuyó en forma decisiva el ex obispo riojano. Se trata
del Documento de San Miguel que en abril de 1969 adaptó a la realidad del país
las conclusiones de la Conferencia del CELAM en Medellín y del Concilio Vaticano
Segundo. Angelelli era vicepresidente y animador de la Comisión Episcopal Especial
del Plan de Pastoral (COEPAL) que, bajo su orientación, cobijaba al grupo de
teólogos y peritos que prepararon el texto. El libro editado por Bergoglio sostiene
que "no debemos tener miedo a la verdad de los documentos". Pero el punto 2
del Documento de San Miguel se interrumpe en forma abrupta y, sin explicaciones,
se pasa al 4. El final del truncado punto 2 dice que es el deber evangelizador
de los obispos "trabajar por la liberación total del hombre e iluminar el proceso
de cambio de las estructuras injustas y opresoras generadas por el pecado".
El omitido punto 3 es aquel en que el Episcopado sentenció que "la liberación
deberá realizarse en todos los sectores en que hay opresión: el jurídico, el
político, el cultural, el económico y el social". La introducción del mismo
documento, también suprimida por Bergoglio, decía que en ese proceso de liberación
los obispos participarían con "la violencia evangélica del amor para proclamar
públicamente nuestro compromiso en todas sus dimensiones". Cuando una generación
de jóvenes católicos formados por esos maestros tomaron esos conceptos inequívocos
como guía de su conducta, el Episcopado bendijo las armas de los opresores que
los masacraron. Hoy homenajea a Angelelli pero silencia su pensamiento.
La etapa antiperonista
Ordenado en 1949, Angelelli pasó algunos años de la primera presidencia de Perón
en Roma. Allí conoció al fundador de la Juventud Obrera Católica (JOC) José
Cardijn. De regreso, comenzó su labor pastoral en los barrios pobres de Córdoba.
En 1952 fue designado como primer asesor de la JOC cordobesa y a cargo de la
capilla Cristo Obrero. Junto a la capilla había un Hogar Sacerdotal, frecuentado
por curas del interior de la provincia, en el que Angelelli instaló su vivienda.
Pronto se convirtió en lugar de reunión también para jóvenes obreros y estudiantes.
Angelelli era el principal colaborador del sacerdote italiano Quinto Car-gnelutti,
a quien el arzobispo Emilio Fermín Lafitte encargó la organización de un Movimiento
Católico de Juventudes destinado a competir con la UES peronista, con la consigna
"la conciencia vale más que una motoneta". En noviembre de 1954, Perón prometió
sanciones para diecinueve sacerdotes de todo el país, entre ellos Cargnelutti.
También ordenó arrestar a otro sacerdote amigo de Angelelli, Eladio Bordagaray,
por haber dicho que había que elegir entre Cristo o Perón. Como Jaime De Nevares,
Miguel Ramondetti o Rodolfo Walsh, Angelelli militaba en el más cerrado antiperonismo.
Después del ’55
Después del derrocamiento de Perón por un golpe militar cuyos tanques y aviones
llevaban pintada la V y la Cruz que significaban "Cristo Vence", todos ellos
descubrieron a la clase obrera y entendieron el rol que adquirió con el peronismo.
Angelelli integraba el Equipo Nacional de Asesores de la JOC, en el que se planteó
un debate que tendría eco años después. Para algunos, el peronismo obraría como
un freno al comunismo, por lo cual debía merecer la atención de la Iglesia.
Otros, como Julio Meinvielle, sostenían que, por el contrario, al favorecer
la lucha de clases, abría las puertas al comunismo. "Debemos confesar humildemente
que hemos estado alejados de la clase obrera y nos hemos presentado ante ella
como una Iglesia burguesa", confesó Angellelli en 1958.
Su popularidad era tal que a nadie sorprendió que en diciembre de 1960 fuera
designado por Juan XXIII arzobispo auxiliar de Córdoba y nombrado vicario general
de la Arquidiócesis. El día de su consagración, la Catedral se pobló de obreros
y gente humilde. Hijo de chacareros italianos que lo llevaban al seminario en
el carro de la verdura, el Canuto Angelelli tenía 42 años y no aceptó la sugerencia
del arzobispo Ramón José Castellano de abandonar su pequeña moto una vez consagrado
obispo. Tampoco el reclamo de los empresarios de una fábrica que le pidieron
que sancionara a los sacerdotes que apoyaban a un grupo de trabajadores en conflicto.
"Si estas injusticias continúan, algún día estaremos en el mismo paredón los
patrones y los curas. Ustedes por no haber sabido practicar la justicia social.
Nosotros por no haber sabido defenderla", les dijo.
En una de sus primeras decisiones dispuso que los alumnos del Seminario Mayor
visitaran las capillas y barrios obreros para tomar contacto con esa realidad.
Los sacerdotes que volvían de Europa se apartaban con naturalidad del antiperonismo
y el antimarxismo prevalecientes en Córdoba. Esto los puso en conflicto con
el arzobispo, cuando se pronunciaron por una Iglesia pobre y evangélica y en
favor del plan de lucha de la CGT. Incluso llegaron a objetar la oposición del
Arzobispado a una ley de educación del gobernador Justo Páez Allende. La libertad
de enseñanza que defendía Castellano era una hipocresía porque sólo beneficia
a "alguna clase privilegiada" y las inversiones edilicias de los colegios católicos
"una bofetada que suena a sacrilegio en el rostro de los pobres". Cuando la
situación se escapaba de control, la Santa Sede retiró a Castellano y designó
como nuevo arzobispo a Raúl Primatesta, quien confirmó al auxiliar Angelelli,
como forma de congraciarse con el clero joven.
El pequeño Concilio
Durante una reunión de equipos de sacerdotes de la Ciudad y de la provincia
de Buenos Aires realizada en Quilmes y bautizada como "El pequeño Concilio"
se criticó con aspereza a la jerarquía. El Nuncio Humberto Mozzoni, el cardenal
Antonio Caggiano y otros obispos tradicionalistas denunciaron que se asistía
a un "derrumbe de la obediencia". Angelelli defendió el Pequeño Concilio en
la asamblea episcopal con un estilo temperamental y apasionado: "Nuestras opiniones
a veces son anticonciliares. Esto escandaliza a los sacerdotes, que nos ven
asustados del clero, con miedo de tocar temás tabú, como el celibato, la obediencia
y los encuentros sacerdotales".
En torno de la Parroquia Cristo Obrero y del Hogar Sacerdotal en el que vivía
Angelelli, conectados por un patio interno, se nuclearon los grupos de cristianos
revolucionarios que luego de una larga huelga de hambre de 1966 consideraron
que se cerraban los caminos de las reivindicaciones estudiantiles y se entregaron
a una militancia de base en sectores obreros que derivaron en la formación de
distintos grupos, como el Peronismo de Base, el Comando Camilo Torres, el Peronismo
Revolucionario y Montoneros.
En 1968 Angelelli fue designado obispo de La Rioja pero siguió atento a lo que
sucedía en Córdoba. Al Cordobazo lo llamó grito de rebeldía lanzando por la
juventud y la clase obrera y le dio una interpretación profética. A "la luz
que se ha encendido con las fogatas de la destrucción" había que asumir un compromiso
para que nadie muriera de hambre ni fuera excluido. En su primera homilía riojana
anunció que venía a servir a los pobres, hambrientos y sedientos de justicia.
Muy pronto irritó a los terratenientes locales y al poder político. El documento
elaborado por medio centenar de curas y monjas y un centenar y medio de laicos
en la Semana Diocesana denunció "una situación de injusticia y violencia que
constituye un pecado institucionalizado" y proclamó que la tierra debe ser para
quien la trabaje. Promovió la creación de sindicatos de mineros, peones rurales
y empleadas domésticas, cooperativas de producción y consumo de tejidos, ladrillos,
relojes, pan y para poner a producir los latifundios ociosos de la zona conocida
como la Costa. Una de esas cooperativas reclamaba la expropiación de un latifundio,
propiedad de un usurero que se había ido apropiando de los pequeños fundos de
sus deudores. La intervención militar lo expropió pero lo puso en venta en parcelas
individuales, porque cooperativas "sólo existen en Rusia, Cuba y China".
Como los Apóstoles
En 1970, sus amigos y compañeros de discusión política en el Hogar sacerdotal
de Córdoba Ignacio Vélez y Emilo Maza participaron en el ataque a una unidad
militar en La Calera. El gobierno militar también involucró al sacerdote Erio
Vaudagna, uno de los ex colaboradores de Angelelli quien, desde La Rioja, los
comparó con los Apóstoles: "También les dijeron que eran subversivos". Al jugarse
y tomar en serio las cosas, eran lúcidos y sinceros y renunciaban a lo propio
para caminar con los otros, dijo. Angelelli dejó de celebrar la misa de Nochebuena
en la Catedral de la Capital e instaló el altar en un rancho humilde de un barrio
marginal, que comparó con la gruta de Belén.
En 1971 el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo sostuvo que si el Ejército
había sido "copado poco a poco por el imperialismo y la oligarquía" era lógico
que el pueblo buscara "recrear por sí mismo la fuerza militar que se le niega
y depositar su confianza en nuevos grupos armados solidarios con su causa".
Según el documento del MSTM también eran políticas las homilías del cardenal
Caggiano que dan una imagen de la Iglesia "no servidora de los pobres sino domesticada
y servil a los poderosos". Cuando Caggiano y los integristas Adolfo Tortolo
y José Miguel Medina exigieron una respuesta disciplinaria del Episcopado, Angelelli
propuso acercarse a los sacerdotes.
–Dialoguemos para ser ayudados, para que nos ilustren –dijo. Su posición fue
derrotada y la Comisión Permanente respondió al MSTM que no era evangélico el
enjuiciamiento de los obispos "como infieles y serviles".
Durante una Asamblea Plenaria de 1972, Angelelli impugnó el borrador de documento
que circulaba, porque omitía "la responsabilidad de las Fuerzas Armadas, los
políticos, dirigentes sindicales, los grupos económicos, el fuero antisubversivo
y sus consecuencias, presos, torturas". También sostuvo que recientes documentos
de Perón y de los sacerdotes del tercer mundo "impactan y son más seguidos que
nuestros documentos. Que en la práctica no aparezcan estos documentos como los
magisteriales para con nuestro pueblo y el nuestro desechado por diluido, por
no comprometido". La Comisión Permanente del Episcopado escuchó sin pronunciarse
su queja contra los agresivos informes de los servicios de informaciones. La
reunión continuó con la solicitud de pasajes aéreos nacionales e internacionales
para los obispos, gratuitos o rebajados, y la designación en el organismo gubernamental
de censura cinematográfica de los monseñores Manuel Moledo y Oscar Justo Laguna
para considerar la película Un cura casado.
Los Menem
Cuando el general Roberto Levingston reemplazó a Juan Carlos Onganía en la presidencia,
el político conservador nacido en Anillaco Eduardo Menem quedó a cargo de la
intervención federal en La Rioja. Su familia poseía una bodega que compraba
a precios irrisorios la uva de los pequeños campesinos. Su hermano Carlos Menem
era candidato justicialista a la gobernación y prometió que entregaría el latifundio
a la cooperativa. Angelelli se sintió confiado luego de su victoria y el 13
de junio de 1973 viajó al pueblo natal del gobernador. Allí se encontró con
una algarada conducida por un grupo de comerciantes y terratenientes, entre
ellos Amado, César y Manuel Menem, hermano y sobrinos del ex interventor y del
electo gobernador. Ante la pasividad policial, manifestaron frente al templo,
denunciaron con altoparlantes el propósito de Angelelli de reemplazar al viejo
párroco Virgilio Ferreyra por dos sacerdotes capuchinos, declararon a Anillaco
Capital de la Fe e irrumpieron por la fuerza en el templo y la casa parroquial.
Cuando Angelelli se retiró luego de suspender las celebraciones religiosas,
lo corrieron a pedradas. Arguyendo la intranquilidad social, Menem retiró su
apoyo a la cooperativización del latifundio y la Legislatura decidió venderlo
en parcelas, tal como había dispuesto el gobierno militar. Los sacerdotes riojanos
habían pedido la excomunión de los tres Menem y sus acompañantes, pero Angelelli
prefirió una sanción menos drástica, el entredicho, y ofreció su renuncia a
la Santa Sede.
La algarada
El Superior general de los Jesuitas, Pedro Arrupe, y el arzobispo de Santa Fe,
Vicente Zazpe, visitaron La Rioja y declararon que la línea pastoral de Angelelli
era acertada, porque seguía las opciones del Concilio, de Medellín y del Papa.
Pero Zazpe viajó como auditor de la diócesis. Llevaba dos documentos del secretario
de Estado, Jean Villot: una carta de apoyo al obispo e instrucciones reservadas.
Debía informar sobre las orientaciones pastorales de Angelelli que "no recogen
el consenso de todo el Episcopado argentino". En Los Molinos, el pueblo anterior
a Anillaco, "una multitud enardecida" reclamó la destitución del obispo "por
marxista y comunista". El enviado aceptó una audiencia colectiva con los entredichos
quienes exigieron la remoción de Angelelli, mientras desde un altoparlante se
difundían marchas militares. Uno de los sancionados le dijo que Angelelli "se
va por las buenas o por las malas, y si no es por las malas será lo peor". En
su informe al Vaticano, Zazpe consignó que las posiciones eran irreductibles.
Mientras los sectores pobres y de la juventud apoyaban la actuación de Angelelli,
muchos integrantes "de instituciones anteriores - Acción Católica, Cursillos
de Cristiandad, Ligas de Padres de Colegios", la repudiaban. En este sector
se "mezclaban motivaciones de índole religiosa, política, socio-económica".
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En marzo de 1974 la Secretaría de Estado recomendó a Zazpe que continuara al lado de Angelelli para alentarlo y aconsejarlo a introducir rectificaciones que favorecieran la reconciliación con los censurados. Sin abandonar la opción por los pobres, debía propiciar el diálogo con los disidentes. La directiva para Angelelli fue corregir los abusos litúrgicos de sus sacerdotes, el escaso contenido religioso de su predicación y los aspectos de su comportamiento "no aceptados por gente de fe simple y alejada de las novedades". Luego Angelelli viajó para su visita ad limina apostolorum a Roma. Pese a la amenaza de muerte de la Triple A y el consejo del gobernador Menem de que se fuera porque su vida corría peligro, regresó en diciembre. Pablo VI lo instaba a seguir haciendo concreto el Concilio en su diócesis. Además le entregó una carta de complacencia por su sacrificada actividad en favor de los más necesitados y de condena por "las violencias y difamaciones" que padeció. El Papa le anunciaba que los responsables de los ataques recibirían "el debido requerimiento" por sus actos. Pero también le pedía que levantara la suspensión litúrgica en Anillaco, que se reconciliara con el párroco Ferreyra, que sus colaboradores prestaran "preeminente atención a los valores espirituales", y que ejerciera la conducción diocesana también sobre aquellos laicos que no compartían "aspectos no esenciales de la pastoral diocesana".
Redención por la sangre
Durante una visita a la base aérea de Chamical, que era un foco de cuestionamiento
a Angelelli, el pro vicario castrense Victorio Bonamín dijo que el pueblo había
cometido pecados que sólo podían redimirse con sangre. El 12 de febrero de 1976,
el Ejército arrestó en Mendoza al vicario general de la diócesis de La Rioja,
Esteban Inestal, y a dos jóvenes del Movimiento Rural diocesano. Uno de los
oficiales les dijo que Juan XXIII y Pablo VI habían destruido la Iglesia de
Pío XII, que los documentos de Medellín eran comunistas y que la Iglesia riojana
estaba separada de la Iglesia argentina. Angelelli ofreció una vez más su renuncia
a la Conferencia Episcopal. Durante la inauguración del curso lectivo de 1976
en la base aérea, el vicecomodoro Lázaro Aguirre interrumpió la homilía que
pronunciaba Angelelli sobre la responsabilidad social de los cristianos:
–Usted hace política –le gritó.
En su misa radial del 1º de marzo,
Angelelli describió la fractura profunda que enfrentaba a unos sectores de la
Iglesia con otros. Cada uno influía a su vez sobre sectores decisivos de la
militancia política y de las Fuerzas Armadas: Se busca dividir y separar a obispos
y sacerdotes de sus comunidades, obstaculizar la misión divina de la Iglesia
junto a su pueblo en la catequesis y en la evangelización, controlarla para
que el Evangelio no llegue a su pueblo, se busca suprimir toda militancia cristiana
y apostólica en su laicado, dijo. Dos semanas después, Angelelli suspendió los
oficios religiosos en la capilla de la base. Todos los plazos estaban vencidos.
"Extraño acidente"
Angelelli fue asesinado cuando viajaba a Buenos Aires con una denuncia sobre
el secuestro y asesinato de sus sacerdotes Gabriel Longueville y Carlos Murias.
El diario vaticano L’Osservatore Romano presentó el caso como un "extraño accidente".
Pero el cardenal Juan Carlos Aramburu negó que se tratara de un crimen y no
hubo protesta vaticana. La biografía oficial del ex nuncio Pio Laghi es hipercrítica
con Angelelli, a quien vincula con "los extremismos que proponía la Teología
de la Liberación". Para ello Laghi y sus colaboradores en el libro, los obispos
Laguna y Casaretto, fuerzan los hechos y sostienen que Pablo VI dio orden de
que no se tomaran fotos para no "inmortalizar" la última visita del "incómodo"
obispo riojano al Papa, debido a sus "heterodoxias doctrinales". No es así.
Pablo VI se fotografió en el gesto afectuoso de tomar la mano de Angelelli el
7 de octubre de 1974 en el Vaticano. Esa imagen ilustra la biografía del obispo
asesinado escrita por el dominico Luis O. Liberti.
Después del entierro de Angelelli, la Conferencia Argentina de Religiosos dirigió
un angustioso llamado a Primatesta en busca de protección. Primatesta respondió
que los obispos habían elegido ser "prudentes como las serpientes" porque estaban
convencidos de que "hay tempus loquendi y tempus tacendi". Tempus tacendi quiere
decir tiempo de callar. Ese mandato se mantuvo a lo largo de las décadas. Fueron
los excepcionales obispos Jaime de Nevares, Jorge Novak y Miguel Hesayne, junto
con Adolfo Pérez Esquivel y Emilio Mignone, quienes aun durante la dictadura
presentaron la denuncia por el asesinato de Angelelli, que la justicia riojana
dio por probado el 19 de junio de 1986. El juez Aldo Morales sentenció que se
había tratado "de un homicidio fríamente premeditado". El Episcopado siguió
sin asumir lo sucedido. En una declaración emitida en 2001 aún sostuvo que Angelelli
"encontró la muerte" y que "la muerte lo encontró" y se abstuvo de mencionarlo
como mártir. Hesayne replicó: "Tenemos más pruebas de su martirio que del de
muchos mártires de los primeros siglos del cristianismo". Esta es la historia
de la vida y la muerte de Angelelli que ni Bergoglio ni Casaretto contarán.
Fuente: Página/12, 30/07/06

El
video que filmaron los ex presos de la U-9
Treinta años, treinta nombres.
"Porque el que murió peleando, vive en cada compañero", dice la última estrofa
de una canción de los Olimareños y así cierra el video casero que filmaron los
ex presos políticos de la U-9 de La Plata, sobre el homenaje que hicieron en
el penal a sus compañeros y familiares de presos muertos y desaparecidos; "30
años, 30 nombres" se llama el documental que se efectuó al cumplirse los treinta
años del 24 de marzo de 1976.
En cada imagen está la poderosa carga emotiva de ese reencuentro. Muchos no
se habían vuelto a ver y casi ninguno había regresado al penal, algunos ni siquiera
conocían el frente de la cárcel porque los sacaban y entraban esposados y con
los ojos vendados o con las cabezas gachas. Están los abrazos de ese reencuentro.
Son interminables las imágenes de caricias y besos entre hombres, que ahora
pasan los cincuenta hermanados por aquella convivencia en la que tuvieron que
enfrentar a la muerte y la vencieron.
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"Estamos vivos y aquí en primer
lugar gracias a nuestros familiares, no solamente porque ellos motorizaron la
solidaridad externa, sino porque siempre nos acompañaron, aun en el peor momento
y algunos a costa de sus vidas", dicen los oradores que se suceden en los actos
que realizaron dentro y fuera del penal. En la puerta principal hay una placa
de mármol con 30 nombres grabados. Son 12 presos que fueron fusilados como represalia
o advertencia. Y están los nombres de 18 familiares, padres, madres o hermanos
de los presos, que fueron secuestrados y desaparecidos por haber mantenido su
solidaridad. La calle 76, que pasa frente al penal, fue bautizada con el nombre
de Delia Aviés de Elizalde Leal, madre de Alberto "Manzanita" Elizalde, uno
de los presos, que fue secuestrada junto con otros dos de sus hijos, Sofía y
Felipe, y permanecen desaparecidos.
Los pabellones 1 y 2 de la U-9 eran conocidos como los "pabellones de la muerte"
por los presos y por sus verdugos. Allí eran recluidos los presos a los que
la dictadura consideraba "irrecuperables". Ellos sabían que en cualquier momento
podían ser retirados para ser fusilados, como sucedió con ocho de sus ex compañeros.
La vida siguió después de la cárcel. Son varias decenas de veteranos y hay de
todo entre ellos, desde dirigentes sociales como Néstor Rojas, hasta el canciller
Jorge Taiana, o artistas como Braulio López, ex integrante de los Olimareños.
Los discursos se sucedieron ese día. Todos quisieron dejar en claro ante sus
hermanos de cárcel que no bajaron los brazos, que mantienen los ideales por
un país más justo y más digno. Lo dicen y lo reafirman al mismo tiempo que renombran
a sus compañeros caídos y toman las manos de sus hijos o de sus esposas.
Cada imagen del video tiene esa carga explosiva de emociones en las miradas,
en los abrazos. Esa mezcla de dolor por la historia pasada y la alegría del
reencuentro, el desahogo de poder gritar los nombres de sus compañeros muertos.
El video fue dirigido por Carlos Martínez, los camarógrafos fueron Miguel del
Castillo, Daniel Saiman y César Trazar, el microfonista fue Adelqui de Luca
y la edición estuvo a cargo e Fabio Zabrowski, en tanto que las fotografías
son de Julio Menajovsky, Miguel Martelotti, Alberto Elizalde y Página/12. Idea
y producción, Julio Mogordoy. Varios de ellos también son ex presos.
Por ahora, el video circula en forma casera. El gobierno bonaerense lo ha declarado
de interés provincial, así que no sería de extrañar que en algún momento tenga
una difusión masiva. No está filmado durante la dictadura, pero las miradas,
los abrazos, las lágrimas de ese homenaje-reencuentro constituyen un documento,
mejor que muchos, sobre la dictadura.
Fuente: Página/12, 30/07/06
La
historia de un asesinato disfrazado de accidente
"Hermana, no ha visto nada"
Por W. U.
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Enrique Angelelli había nacido en Córdoba el 17 de julio de 1923 y fue ordenado sacerdote en Roma el 9 de octubre de 1949. Desde 1961, por decisión del entonces papa Juan XXIII, fue designado obispo auxiliar de Córdoba y desde 1968 el papa Pablo VI lo hizo titular de la diócesis de La Rioja. El 4 de agosto de 1976, después de muchos enfrentamientos con el poder y tras el asesinato de dos de sus curas, Juan de Dios Murias y Gabriel Longueville, la muerte lo sorprendió en una ruta riojana. El gobierno militar siempre habló de "accidente" automovilístico e incluso se echaron a correr rumores acerca de la impericia de Angelelli para manejar. Las autoridades de la Conferencia Episcopal anunciaron "investigaciones", pero nunca se apartaron dela versión oficial o bien dejaron, en todo momento, instaladas las dudas acerca de la muerte de una figura que ciertamente les resultaba molesta y que poco antes, en 1975, había afirmado que "ser hombres de la luz es no evadirnos de nuestra realidad y construir nuestra historia con los demás".
Para Miguel Hesayne, obispo emérito
de Viedma y uno de los que siempre defendieron la tesis del asesinato y del
martirio, "de acuerdo a la documentación judicial, la certeza moral del asesinato
de Enrique Angelelli ha logrado la certeza judicial a tal punto que la Corte
Federal establece, en forma indudable, circunstancias que no pueden ser materia
de controversia y califica judicialmente el caso Angelelli, en forma definitiva
e incontrovertible, homicidio calificado". Para el obispo queda probado que
"la camioneta (que conducía Angelelli y en la que también viajaba su secretario
Arturo Pinto) fue encerrada por la izquierda al momento que se produce una explosión;
que el cuerpo del obispo Angelelli quedó ubicado a veinticinco metros del lugar
final de la camioneta, con el cuerpo extendido y los pies juntos, mostrando
en ambos talones pérdida de la piel sin ningún indicio de golpes o contusiones
en el resto del cuerpo. Por eso, se infiere que fue arrastrado hasta el lugar
mencionado por intervención de los autores del hecho; que la camioneta presentaba
una goma desinflada, cuya cámara tenía un corte de trece centímetros, lo que
no fue causa del vuelco, según la pericia mecánica practicada".
Todos estos datos abonan lo que Hesayne denomina "la patraña criminal del accidente
provocado por una falsa maniobra que habría cometido el obispo Angelelli en
ese momento".
Pero el obispo de Viedma ofrece un testimonio más al hablar de "un hecho que
hace poco tiempo se me ha transmitido" y que es "sumamente elocuente y que presume
participación personal de las Fuerzas Armadas y de seguridad, directa o indirectamente,
en el asesinato del obispo Angelelli". Relata Hesayne "el testimonio de la religiosa
enfermera diplomada que cumplía guardia en la morgue del hospital de la ciudad
de La Rioja ese día de la muerte del obispo. Le tocó limpiar el cadáver del
obispo Angelelli y al darlo vuelta en la camilla, se sorprendió por un orificio
muy hondo en la nuca del cadáver". Sigue diciendo Hesayne que "ante la exclamación
de sorpresa de la religiosa enfermera, dos oficiales de las Fuerzas Armadas
y de seguridad que se encontraban de custodia, de inmediato la retiraron de
lo que era su tarea habitual, ordenándole textualmente: "Hermana, usted no ha
visto nada’".
Fuente: Página/12, 30/07/06

A
treinta años de su muerte violenta
Un giro histórico, la Iglesia dice que pudo haber
sido un crimen
A treinta años de su muerte violenta, el alma de monseñor Enrique Angelelli,
obispo de La Rioja y figura indiscutida de los sectores más progresistas de
la Iglesia, podría al fin descansar en paz. La densa trama de silencios, omisiones
y desvíos que envolvieron la investigación judicial y acallaron cualquier pregunta
en la cúpula eclesiástica está cediendo, y reverdece la tesis que hasta ahora
sólo sostenían los más fieles seguidores del monseñor y algunas organizaciones
de derechos humanos: que el supuesto accidente automovilístico tras el que murió
no fue tal, y que el obispo en verdad fue asesinado por la dictadura. Hasta
la Iglesia se dispone esta semana a reconocerlo.
El vocero de la Conferencia Episcopal, Jorge Oesterheld, dijo a Clarín que existe un "informe preliminar sobre el caso para definir los pasos a seguir para contribuir al esclarecimiento" de la muerte de Angelelli, y admitió que los obispos están considerando presentarse como querellantes en la causa judicial que hasta ahora patrocinan el Servicio Paz y Justicia y la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Ese "informe preliminar", que aconseja realizar una investigación eclesial "con rapidez" y "en lo posible antes de fin de este año", fue redactado por el arzobispo emérito de Resistencia, Carmelo Giaquinta, tras un sigiloso rastreo de datos que culminó el 10 de julio. Esta semana será discutido por los obispos, y su decisión sería oficializada el viernes por el cardenal Jorge Bergoglio durante su visita a La Rioja para homenajear a Angelelli.
Las flores del algarroboPor Osvaldo Bayer La verdad histórica siempre triunfa, finalmente. Tarda, a veces, pero triunfa. Lo acabamos de ver con la figura de monseñor Angelelli, el obispo mártir de La Rioja. El crimen monstruoso cometido contra él primero se trató de cubrir con la mentira. Los medios que conocemos, al principio, insinuaron que se trató de un "accidente". Luego, el silencio. Como es habitual, los popes católicos miraron para otro lado o, como se hace siempre, oficiaron por ahí una misa. Pero no, a más de treinta años de su muerte alevosa, en Buenos Aires se acaba de inaugurar, en Barracas, la plaza Monseñor Angelelli. Lo triste y vergonzoso del acto es que no concurrió ningún obispo católico, sólo un padre franciscano. Monseñor Angelelli, desde su paraíso, se debe haber alegrado, porque sí había muchos niños y, lo que es más importante, la plaza tiene juegos para ellos, así que desde ahora Angelelli se lo pasará escuchando risas y voces infantiles. Me tocó hablar en el acto en el cual también se descubrió una hermosa placa con su nombre. Aproveché para contar su último sermón cuando en la catedral de La Rioja, delante de los comandantes militar y de aeronáutica, de esa región, sacudió a los presentes diciendo: "Acabo de recorrer los caminos de La Rioja. En uno de ellos me encontré con una columna de leñadores que llevaban a un muerto en una angarilla, sobre sus hombros. Me detuve y les pregunté qué hacían: ‘Llevamos a enterrar a un compañero muerto’. ‘¿Cómo, así, sin ataúd?’, les pregunté. ‘Sí, monseñor’, me respondió un humilde trabajador: no nos alcanzó el dinero que teníamos para comprar un cajón’". Y entonces la voz del obispo Angelelli tronó en el templo al proseguir el relato: "Yo me pregunto, ¿en qué país injusto y deshonesto vivimos que ni siquiera los trabajadores de la madera pueden poner sus muertos en ataúdes para sepultarlos? ¡Qué país inmensamente pecador!", finalizó. De inmediato, los jefes militares, con sus esposas, se retiraron del templo porque tomaron esas palabras del púlpito como una crítica a la dictadura de Videla. Pocos días después, los dos mejores sacerdotes de Angelelli eran muertos a balazos y él mismo perdía la vida en un escenificado "accidente" y su cuerpo quedaría en un camino de La Rioja, mirando el cielo y con los brazos abiertos, como aquel Jesús en la cruz. Y ahora sí tenemos una plaza para niños en Barracas con su nombre. El mejor homenaje. La Historia finalmente impone la verdad aunque existen los amigos de la muerte, que tratan de detener su camino. Se acaba de anunciar con grandes carteles la reinauguración de la Plaza Coronel Ramón L. Falcón, en el barrio de Floresta, en esta capital. Todos sabemos quién fue ese Falcón. Un verdadero asesino del pueblo. Y no exageramos. Fue autor de la represión contra el acto que hicieron las organizaciones obreras el 1º de mayo de 1909. Ese día se reunieron nada menos que setenta mil obreros, con sus banderas y su consigna sagrada: la lucha por las ocho horas de trabajo. Cuando estaba hablando el primer orador y el acto se realizaba con total tranquilidad, el coronel Falcón ordenó a los fusileros de la policía atacar las columnas obreras y, luego del fuego de fusilería, a la montada a agredir con sus sables a los hombres, mujeres y niños que ocupaban los espacios verdes. Se produjo una masacre que conmovió al país durante meses enteros. Nunca se sabrá el número de víctimas. Al día siguiente, los periodistas preguntaron al fatuo coronel policía por qué ordenó el ataque si hasta el momento no se había producido ningún disturbio. Y el coronel de la Nación respondió: "Porque los obreros en vez de llevar la bandera azul y blanca llevaban la bandera roja". El señor coronel se hizo el que no sabía o se confundió a propósito, porque en 1909 la bandera roja era el símbolo del gremialismo y no de un partido político determinado (aunque esto último no hubiera significado ninguna razón para el alevoso ataque uniformado). No sólo esa cobardía despreciable mostró el señor coronel, sino que su biografía señala que siempre estuvo con la violencia de los que se sienten importantes porque tienen mando y visten uniforme: fue el mejor oficial del general Roca en el genocidio de los pueblos originarios, y por eso ascendió rápidamente. Además, el señor coronel estuvo en la represión de la famosa huelga de conventillos, en 1905, donde principalmente las mujeres proletarias dijeron basta a la explotación de la indignidad. Y ahí estuvo el coronel Falcón, siempre contra los humildes. Finalmente, un joven ruso, Simón Radowirtzky, tomará como suyo el "derecho de matar al tirano" y el de "cuando no hay justicia el pueblo tiene derecho a hacerse justicia" y dará muerte al cruel militar. Los poderosos impusieron el nombre de coronel Falcón a la segunda calle más larga de la Capital y nada menos que a la escuela de cadetes de la Policía. Vaya ejemplo: se les ponía a los jóvenes que debían "guardar el orden" el nombre de un represor cruel que no se atenía a los principios de la instituciones sino que ordenaba matar. Aquí sobran las palabras para señalar cómo fue la herencia de este ejecutor. Pero todo esto continuará en estos días. El barrio de Floresta se cansó de que este nombre fuese el más honrado de todos sus esquinas: porque no sólo estaba la calle, sino también una plaza con el nombre de este personaje de la Muerte. Y hace cinco años una numerosísima asamblea de vecinos decidió, con todo derecho democrático, llamar a un plebiscito para que se cambiara el nombre del represor por otro que eligiera el barrio. Un sábado y un domingo se efectuaron concurridas votaciones en urnas en el parque y finalmente triunfó el nombre de "Che Guevara". Se quitaron los carteles con el nombre del asesino de obreros y se puso el del luchador latinoamericano. Hasta hace dos días, en que carteles oficiales señalaron que la plaza se seguía llamando Coronel Ramón Falcón y añadieron una biografía del uniformado, en la cual se enorgullecen de este represor. Textual, el cartel: "Ramón Falcón (1855-1909) Militar. Combate contra el aborigen de las fronteras del sur de Córdoba y Buenos Aires; participa en 1879 en la expedición del desierto". Y sigue el cartel adicionando galones al héroe de remington. Pero ayer los vecinos de Floresta no aceptaron que esa hermosa plaza lleve tal nombre. Y en un comunicado dicen: "Seguiremos luchando para quitar ese nombre manchado con sangre indígena y trabajadora". Y se produjo lo racional: ayer, la repartición oficial autora del desaguisado retiró los carteles propagandísticos del Falcón Represor. Bien por la autocrítica. Aplausos para la asamblea absolutamente democrática. Es un paso contra la violencia. Represores, no. El sí a la Justicia, que significa Paz en el caso de Angelelli; el no al Represor, en el caso del coronel Falcón. Pero claro, no se trata sólo de nombres de calles y plazas, sino también de la posesión de la Tierra. Por eso, otro paso positivo se me permitió vivir en el Congreso de la Nación esta semana. Se me ofreció defender, ante la comisión legislativa respectiva, el proyecto del diputado Carlos Tinnirello de expropiación de una corta extensión de tierras a la gigantesca estancia de los Benetton, para devolverla a sus verdaderos propietarios, la familia mapuche de Curiñanco-Nahuelquir. Lo importante de este proyecto es que, de ser aprobado, mostraría que las relaciones humanas no tienen que ser manejadas por el poder del dinero sino por la Etica. Los que primero tienen derecho son los antiguos habitantes. Los que han vivido desde hace 12.000 años en esas tierras, y no quien tiene dólares o euros y que, sin saber dónde queda, le dice a su comisionista: "Cómpreme una estancia en la Patagonia, que ahora está de moda". Esto es altamente inmoral. Más todavía cuando los pueblos originarios han demostrado siempre su cuidado por la naturaleza mientras que los "inversores" van dejando los rasgos de su egoísmo. Lo dijo Suna Rocha –la profunda artista– en esa misma sesión: "En Catamarca vi algo que nunca antes había visto: algarrobos secos". Algarrobos secos son el símbolo del "progreso" de los que tienen el dinero. Cuando se debate este tema profundo, queda en claro la sabiduría escondida de los pueblos originarios frente a la avidez de los que "traen el progreso" para su bolsillo. En la comisión del Congreso Nacional, el único que se opuso al proyecto fue el macrista Tonelli. Sus argumentos fueron típicamente burocráticos. Esperemos que el Congreso se meta en el problema y defienda el camino de la Etica y no el de los dólares. Pensemos en las flores del algarrobo. Fuente: Página/12, marzo 2007 |
El 4 de agosto de 1976, en medio de una ola de ataques y amenazas contra Angelelli
y sus seguidores y días después del crimen de dos de sus sacerdotes —Carlos
Murias y Gabriel Longueville— y un laico muy cercano a él —Wenceslao Pedernera—,
la camioneta Fiat multicargo en que el obispo viajaba por la ruta 38 desde Chamical
hacia la ciudad de La Rioja junto al cura Arturo Pinto apareció volcada cerca
del paraje Punta de los Llanos. Pinto logró sobrevivir. Angelelli no: su cuerpo
apareció extrañamente extendido en cruz sobre el asfalto boca arriba y con un
fuerte golpe en la nuca, a unos 25 metros del vehículo.
El informe de la Policía, base de la "historia oficial" que hoy está bajo sospecha,
dice que Pinto manejaba y de repente se salió de la ruta, volanteó para retomarla,
una de las cubiertas se reventó y la camioneta volcó dando varios tumbos. En
uno de ellos, Angelelli se cayó y los golpes lo mataron. El juez de instrucción
Rodolfo Vigo abrió y cerró una veloz investigación que aceptó esta teoría. Pero
en 1986 otro expediente a cargo del juez Aldo Morales dio por probado el asesinato
"fríamente premeditado y esperado por la víctima". Efectivamente, mucha gente
le escuchó decir a Angelelli que, con el crimen de sus colaboradores, los militares
iban dibujando círculos concéntricos a su alrededor. "Después me toca a mí",
repetía.
Morales se basó en el testimonio de Pinto, quien recordó que un auto blanco
los perseguía y los encerró en la ruta, y en pericias según las cuales la camioneta
estaba en buenas condiciones. Los imputados como autores intelectuales del asesinato
eran el jefe del III Cuerpo del Ejército, general Luciano Benjamín Menéndez,
y los jefes del Batallón de Ingenieros en Construcciones de La Rioja, coroneles
Osvaldo Pérez Battaglia y Jorge Malagamba. También había civiles acusados de
participar de la maniobra y encubrir el crimen. Pero tras una apelación la causa
se desdobló, y la acusación contra los militares pasó a la órbita de la Cámara
Federal de Córdoba. Allí se puso en duda la sentencia de Morales (aunque no
se descartó un "accidente inducido") y tras la sanción de las leyes de Obediencia
Debida y Punto Final en 1990 se cerraron las actuaciones que imputaban a otros
tres militares como autores inmediatos: el ca pitán José Carlos González, alias
"Monseñor" y "Juan XXIII", y los sargentos Luis Manzanelli y Ramón Oscar Otero.
Pero estos meandros judiciales fueron posibles gracias a una serie de descuidos
y olvidos que, orquestados o no, permitieron borrar huellas, eliminar pruebas
y manipular testimonios.
En 1976, Mario Gorosito era enfermero en el hospital de Chamical. La tarde del
4 de agosto, el almuerzo le quedó en la garganta: la Policía había pedido una
ambulancia para atender un accidente en la ruta. "Me llevó el chofer Antonio
Giménez. El lugar estaba rodeado por policías y soldados de la Base Aérea de
la zona, que cuando llegamos a unos 20 metros de distancia nos impidieron pasar.
Lo veíamos a Angelelli tirado sobre una mancha de sangre y quisimos atenderlo,
pero el suboficial Nelson Garnica, ayudante del comodoro Aguirre, nos dijo que
no", recuerda hoy frente a Clarín, sin advertir que su voz ofrece un dato llamativo:
la cantidad de policías y militares que habían llegado al lugar antes que la
ambulancia que debía atender a los posibles heridos.
"Nos fuimos con la camilla para donde estaba Pinto, a un costado de la ruta.
En la ambulancia, él decía en un delirio 'el coche blanco, déjelo que nos pase',
parecía que hablaba con monseñor", dice Gorosito. "Volvimos al hospital a eso
de las cuatro de la tarde. El médico Osvaldo Benegas atendió al herido, y nos
dijeron que a Angelelli lo habían llevado a La Rioja para atenderlo".
El ex sacerdote Julio Guzmán también llegó rápido al lugar del choque. "Con
Francisco Solano Díaz fuimos los primeros curas en llegar. No nos dejaban pasar,
pero tanto insistimos que al final nos dijeron que sí".
Las piezas se movían rápido. Un rato más tarde, cerca de las cinco de la tarde,
fue citado al lugar del choque el cirujano Enzo Herrera Páez, que horas después
realizó la autopsia sobre el cuerpo de Angelelli. Herrera Páez, que llegó a
ser diputado nacional por el radicalismo entre 1997 y 2001, recuerda aquel día
ante Clarín: "Fuimos con el comisario inspector Carrizo en una ambulancia de
la Policía. Angelelli ya estaba muerto, y lo trajimos a la Morgue Judicial.
Allí el juez Vigo nos dijo que esperásemos para hacer la autopsia, porque el
Derecho Canónico ponía impedimentos para tocar el cuerpo de un prelado. Después
supe que hacía como 200 años que no se le hacía una autopsia a un miembro de
la jerarquía eclesiástica".
Solucionado el percance, el médico inició su trabajo junto al doctor Eldo Neffen
y el médico forense de la Justicia Alberto Guchea. "Había varias monjitas y
estaba el cura Pelanda López, que era el capellán militar. Comenzamos pasada
la medianoche y terminamos a las cinco de la mañana", recuerda Herrera. "Angelelli
tenía escoriaciones en la cabeza, los dedos deteriorados, tres costillas rotas
de un lado y siete del otro. Tenía mucha sangre y había perdido mucha. El hueso
occipital, que sobresale de la parte de atrás de la cabeza, tenía una fractura
con forma de estrella". Esta fractura originó la versión de que Angelelli había
sido golpeado con un objeto contundente tras el choque. Herrera Páez se incomoda
ante esa tesis: "Puede ser", admite. "Pero ese golpe coincidía con el informe
policial del accidente". La historia oficial se cerraba sobre sí misma.
Una de las personas clave en el sinuoso trayecto de la investigación es Alilo
Ortiz, un ex sacerdote que era secretario privado del obispo y cuyos ojos vieron
aparecer y desaparecer pruebas preciosas para la causa. "Cuando nos enteramos
de la muerte de monseñor llamé al Episcopado y a la Nunciatura en Buenos Aires
para avisarles", recuerda en diálogo con Clarín. "Cuando el juez liberó la camioneta
la recibí yo. Le pedimos al mecánico Chichí Baldo que le hiciera una pericia,
y él constató que tenía los frenos, la dirección y el volante en perfecto estado,
y la chapa no tenía tiros".
Ortiz pone en duda otra de las patas de la historia oficial: "Se dijo que la
explosión que escuchó Pinto era el reventón de un neumático. Pero pudo haber
sido un balazo que haya roto el parabrisas, porque los vidrios aparecieron esparcidos
antes del lugar en el que quedó la camioneta". Para su ex secretario, Angelelli
murió tras "un accidente que fue provocado. Y el golpe que le dieron en la nuca
fue como el tiro de gracia. Hay que ver el clima que rodeó su muerte. Anque
él nunca habló mal del Episcopado, una vez casi llorando nos confesó que no
encontraba eco en ellos".
El ex sacerdote recordó también que el juez Vigo le entregó al Obispado la valija
que Angelelli llevaba en la camioneta. "Y sólo un tiempo después nos dio dos
de las tres carpetas que monseñor llevaba cuando murió, con anotaciones sobre
los asesinatos de los curas Murias y Longueville. Muchos de esos papeles tenían
palabras subrayadas con lápiz, y se lo dije a monseñor Cándido Rubiolo, reemplazante
provisorio de Angelelli. El me ordenó hacer informes de todo para enviarlos
a Roma".
La Iglesia por la que Angelelli
dio la vida tuvo su parte en el descuido y la pérdida de pruebas vitales para
indagar su posible crimen. Aunque suene increíble, en 1977 el obispado riojano
decidió desprenderse de la camioneta en la que había chocado el obispo. Se la
entregó al agente local de Citroën Juan Angel Barrera, que la tomó como parte
de pago de otro vehículo y ese mismo año se la vendió al fotógrafo Néstor Pantaleo,
que en 1978 la vendió en la ciudad de Famatina. Ahí se pierde su pista.
Otro gran misterio en estos años fue saber dónde estaban las carpetas que el
monseñor llevaba encima cuando chocó. Pues bien, Clarín pudo establecer que
dos de ellas fueron entregadas por el juez Vigo al obispado de La Rioja en 1977,
se cree que después de haber pasado por las manos del general Menéndez y el
ministro del Interior Albano Harguindeguy. La tercera también llegó ahí, a través
de monseñor Vicente Zaspe. En 1980, y sin saber qué hacer con ellas, las confiaron
a un estrecho colaborador de Angelelli, que las conservó hasta hoy. Las notas,
cuyos fragmentos Clarín reproduce hoy en exclusiva, incluyen frases inquietantes
como "complicidad del Episcopado".
Pero eso no es todo: dos fuentes que participaron de las sucesivas investigaciones
judiciales y un sacerdote que pidieron no ser identificados confirmaron a este
diario que el fallecido arzobispo de Córdoba Raúl Primatesta visitaba los tribunales
pidiendo que "se dejen de joder con el crimen, si eso fue un accidente".
Pero así como los tiempos cambiaron y la Iglesia es otra, los tribunales también
despertaron. Tras la anulación de las leyes del perdón la causa fue reabierta
el año pasado y ahora se tramita en el Juzgado Federal de La Rioja, en manos
del juez subrogante Franco Grassi. El fiscal riojano Horacio Salman todavía
no estudió el expediente, al que se agregaron unas carpetas halladas en recientes
allanamientos a la delegación local de la Policía Federal, la base de la Fuerza
Aérea en Chamical, la cárcel local, dependencias de la Gendarmería y en la D2
de inteli gencia de la Policía provincial. Salman y los fiscales cordobeses
Alberto Lozada y Graciela López de Filoñuk, que trabajan en equipo, están concentrados
ahora en los crímenes de un colimba, Nicolás Villafañe, y del laico Pedernera.
Luego estudiarán los asesinatos de Murias y Longueville, y sólo entonces el
de Angelelli.
Salman piensa rastrear la camioneta y hacerle nuevas pericias, y espera que
cuando comience a imputar sospechosos los testigos vayan a declarar para incriminarlos.
No le será fácil: Pérez Battaglia, Malagamba, el comodoro Lázaro Aguirre —jefe
de la Base Aérea Chamical—, su segundo, el vicecomodoro Estrella, y el sargento
González están muertos. El blindado encubrimiento de 30 años les arrancó a los
hombres la posibilidad de anticiparse a la justicia divina.
Fuente: http://www.clarin.com/suplementos/zona/2006/07/30/z-03415.htm

Junio
2006: Acusan a represores por un crímen que denunciaba Angelelli
Wenceslao Pedernera fue asesinado en julio de 1976 en La Rioja. Era catequista
y colaborador del obispo de la provincia. Por ese caso la Justicia ordenó la
captura de una lista de civiles y militares encabezada por el ex jefe del III
Cuerpo de Ejército.
Wenceslao Pedernera fue hasta la puerta de su casa. Era
la una de la mañana, sus hijos dormían y el frío era cortante en esa zona de
La Rioja. Los represores le preguntaron su nombre, para comprobar si era el
colaborador del obispo Enrique Angelelli que buscaban. Apenas si había logrado
responder cuando lo acribillaron frente a su mujer. Era julio de 1976. Por ese
asesinato, el juez federal subrogante Franco Román Grassi pidió ayer la detención
del ex comandante del III Cuerpo de Ejército Luciano Benjamín Menéndez y de
otros diez represores. Como El Chacal ya está detenido con arresto domiciliario
en otras causas por violaciones a los derechos humanos en Córdoba y otras provincias,
permanecerá en custodia conjunta.
Menéndez comandaba la zona que incluye La Rioja, además de otras nueve provincias. En mayo de este año, el represor fue indagado por el asesinato de Pedernera, además de por la muerte del conscripto Roberto Villafañe. En esa oportunidad, se negó a responder las preguntas porque alegó que no se encontraba ante sus "jueces naturales" y sostuvo que debía ser juzgado ante el Consejo Superior de las Fuerzas Armadas. "Me niego a declarar porque estos juicios son inconstitucionales", sostuvo El Chacal, que fue repudiado por docentes y militantes de derechos humanos en su periplo por los tribunales riojanos. Al pedir su detención, el secretario del juzgado, Daniel Herrera Piedrabuena, se puso en contacto con los tribunales de Córdoba para comunicarles que se encuentra a disposición conjunta.
Además de Menéndez, el juez pidió ayer la detención del ex jefe del Batallón de Ingenieros 141 de La Rioja, teniente coronel Osvaldo Pérez Bataglia, que era el responsable de coordinar la represión ilegal en toda La Rioja, como jefe del área 314. También se ordenó la captura de su segundo, el coronel Jorge Malagamba. En el juzgado intentan confirmar a través del registro civil si han fallecido.
El 29 de
enero de 1974 la Triple A difunde en Buenos Aires una “lista negra”
de personalidades que “serán inmediatamente ejecutadas en donde
se las encuentre”. La lista incluye a Hugo Bressano (Nahuel
Moreno), dirigente del PST, Silvio Frondizi, Mario Hernández,
Gustavo Roca y Mario Roberto Santucho (dirigentes del PRT/ERP); los
dirigentes sindicales Armando Jaime, Raimundo Ongaro, Rene Salamanca
(PCR) y Agustín Tosco; Rodolfo Puiggros – ex rector de la UBA –
Manuel Gaggero (director del diario El Mundo), Roberto Quieto
(dirigente de Montoneros), Julio Troxler ex subjefe de policía de la
Pcia. de Buenos Aires y cercano al Peronismo de Base; coroneles
Perlinger y Cesio, Monseñor Angelelli; senador nacional Luís
Carnevale y otros, la mayoría de los cuales serían asesinados en el
futuro cercano. |
También pidió la detención como "coautores del homicidio calificado por alevosía"
de Pedernera a los militares y civiles Abelardo Francisco Suárez Fiat (alias
Marcelo), Miguel Angel Sáenz Valiente, Juan Andrés Molinari o Julián Andrés
Molinari (alias Negro), Carlos Alberto Flores (alias Bibi) y Alfonso Marino.
El juez requirió también la captura del ex comisario de la Policía provincial
Arcadio Antonio Torres, el ex teniente Alfonso Agustín Reuther y el ex comandante
de Gendarmería Alberto Arnaldo Garay. Todos se encuentran imputados como "partícipes
necesarios" del asesinato de Pedernera.
Con el pedido de captura, el juez hizo lugar a un requerimiento del fiscal federal
de La Rioja Horacio Salman y sus pares en Córdoba Graciela López de Filoñuk
y Alberto Lozada. Entre diciembre del año pasado y marzo de éste, los fiscales
hicieron una serie de allanamientos a la Base Aérea de Chamical, del escuadrón
de Gendarmería Nacional, y al Servicio Penitenciario provincial. Allí encontraron
documentos de Inteligencia a los que se sumaron otros informes de la policía
riojana. Entre las decenas de cajas, hay al menos tres carpetas dedicadas al
obispo. Por la muerte de Angelelli también será indagado Menéndez en los próximos
meses.
A sangre fría
El
18 de julio de 1976, un grupo de tareas asesinó a los curas Gabriel de Longueville
y Carlos de Dios Murias, cuyo homicidio también investiga la justicia riojana.
Una semana más tarde, fueron a buscar a Pedernera a su casa en Sañogasta, distrito
de Chilecito. Oriundo de Mendoza, Pedernera se había instalado en La Rioja para
colaborar con Angelelli como militante del Movimiento Rural Católico. Había
arribado a la provincia para participar en la formación de las cooperativas
de campesinos que impulsaba el obispo. Cuando comenzó a recrudecer la represión,
se instaló en un terreno en Sañogasta, donde fueron a matarlo. "Dicen algunos
testigos que en realidad buscaban al párroco de esa zona, a quien Angelelli
le había pedido que se oculte. Pero otros sostienen que lo estaban buscando
a él. Eso intentamos dilucidarlo", señalaron fuentes judiciales. Esa noche fría
de julio de 1976, su mujer, Coca, les abrió la puerta y cuando se acercó Pedernera
le preguntaron su nombre y le dispararon. Sus dos hijos dormían. Coca consiguió
ayuda de los vecinos y Pedernera fue trasladado hasta el hospital, donde falleció.
El obispo Angelelli denunció su asesinato junto con el de los dos curas y pidió
que se investigasen los crímenes. "Un muchacho de 30 años y presbítero ha muerto,
por ser fiel a las bienaventuranzas de Jesús mártir", sostuvo en su funeral.
Pero su voz fue acallada por la dictadura, cuando volvía de la misa de los sacerdotes
en Chamical en su camioneta el 4 de agosto de 1976. El sacerdote Alberto Pinto,
que viajaba con él, recuerda que un Peugeot 504 les salió al cruce y los hizo
volcar a la altura de Punta de los Llanos. Su cuerpo fue encontrado en medio
de la ruta con los brazos abiertos en cruz. Lo habían arrastrado y tenía la
nuca destrozada. La dictadura siempre sostuvo que fue un accidente de tránsito.
A comienzos de la democracia, el juez Aldo Morales consideró que se trataba
de un "homicidio fríamente premeditado", pero la causa quedó archivada junto
con la de Pedernera y los curas. En agosto del año pasado, el presidente Néstor
Kirchner se comprometió a reactivar estas investigaciones y la Secretaría de
Derechos Humanos de la Nación se presentó como querellante. Finalmente, ayer
comenzó a desentrañarse el crimen por el que pedía Angelelli.
Fuente: Página/12, 17/06/06, informe: Werner Pertot
Por Horacio Verbitsky
Los asesinatos de Angelelli y Ponce de León.
Los asesinatos de los obispos Enrique Angelelli, de La Rioja, y Carlos Horacio Ponce
de León, de San Nicolás, en agosto de 1976 y julio de 1977, presentan tan llamativas
similitudes que sugieren una común inspiración operativa. Ambos crímenes se realizaron
de modo de que parecieran accidentes de carretera, en ciudades donde tenían asiento
sendos batallones de ingenieros del Ejército. El eslabón perdido entre ambos casos
es el coronel Osvaldo Pérez Battaglia.
"Ustedes son comunicadores y se les plantea este desafío de la projimidad: hacerse
prójimo para que .a través de esa comunicación de cercanía. se implante la verdad,
la bondad, la belleza, que trascienden la coyuntura y la espectacularidad y que,
mansamente, siembran humanidad en los corazones". Cardenal Jorge Mario Bergoglio,
ante la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA).
Luego de leer la nota del domingo pasado (02/04/06) sobre el asesinato del
obispo Carlos Ponce de León, un actual ministro que hizo su carrera política en
San Nicolás le preguntó al autor quién era el jefe militar de La Rioja cuando mataron
a Angelelli.
–Pérez Battaglia.
–Me lo imaginaba. Era de San Nicolás, un petiso pelado que se hacía el malo. En
esa época viajaba todos los fines de semana a San Nicolás, donde tenía a la familia
–dijo el funcionario.
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|
El coronel Osvaldo Héctor Pérez Battaglia era jefe del Batallón riojano, mientras
el Batallón de San Nicolás era conducido por el teniente coronel Manuel Fernando
Saint Amant. Pérez Battaglia murió hace seis años, pero Saint Amant vive y en los
próximos días deberá responder ante la justicia por otro caso que vincula La Rioja
con San Nicolás: la desaparición forzada de María Cristina Lanzilloto y Carlos Benjamin
Santillán. Los restos de la riojana Lanzilotto fueron identificados esta semana
por el Equipo Argentino de Antropología Forense.
Nacido en la Capital Federal en 1926, Pérez Battaglia egresó del Colegio Militar
en uno de los últimos puestos de la promoción 78 (su orden de mérito fue 242, sobre
246), cuyos integrantes llegaron al comando de unidades en torno del golpe militar
de 1976. Pérez Battaglia es un nicoleño por adopción. En su primer grado militar,
en 1950, fue designado jefe de la sección de zapadores motorizados de San Nicolás.
Allí conoció a la veinteañera María Teresa Pérez, una nativa de esa ciudad industrial,
con la que se casó y tuvo dos hijos: Teresita nació en 1953 y Jorge en 1957. Ascendido
a teniente, en 1954 consiguió una nueva designación en la ciudad de sus afectos,
esta vez como jefe de pontoneros zapadores. Entre 1970 y 1975 estuvo destinado en
Rosario, a 70 kilómetros de San Nicolás. Esta proximidad le permitió mantener el
contacto con su familia. Los compañeros de promoción de su hijo en la Escuela Normal
de San Nicolás fueron invitados a visitar el Comando del Cuerpo II y almorzaron
en su casino de Oficiales, en la casona de Córdoba esquina Moreno, frente a la Facultad
de Derecho.
"Por
acá todo está igual"HOMENAJE CAMPESINO A COLABORADOR DE ANGELELLI Organizaciones campesinas de La Rioja se reunieron en la ciudad de Chepes para realizar un homenaje a Wenceslao Pedernera, fundador del Movimiento Rural Campesino, asesinado en 1976 (agosto 2007) Las actividades del encuentro campesino se desarrollaron en la escuela 114, de Chepes. Por Martín Piqué
Esa montaña, la precordillera, esos valles secos donde caen apenas cien
centímetros de lluvia al año tienen (mucha) historia. Son los dos lados
de la Cuesta de Miranda, en La Rioja, donde el silencio es el eterno
compañero de la aridez. Por esas tierras caminó Wenceslao Pedernera,
campesino que estudió hasta tercer grado, obrero golondrina en los viñedos
de Mendoza, organizador del movimiento rural católico, colaborador del
obispo Enrique Angelelli. Pedernera fue asesinado por cuatro encapuchados
en su casa de Sañogasta el 25 de julio de 1976. Le pegaron veinte balazos
delante de su mujer, Coca, y sus hijas María Rosa, Susana y Estela.
El fin de semana pasado, organizaciones campesinas de La Rioja hicieron
un homenaje en su memoria. El encuentro, que también fue debate, desnudó
lo que todos imaginaban: que la realidad de hace treinta años –de concentración
de la tierra y acceso restringido al agua– no cambió nada o, en todo
caso, empeoró. "Acá está todo igual, exactamente igual. Por lo que me
dice la gente de (la localidad de) Aminga, el agua se la quedó toda
Menem", contó a Página/12 Rafael Sifre, ex compañero de Pedernera que
se exilió en Roma por orden de Angelelli. Así logró salvarse. |
Vidas paralelas
En agosto de 1968 Pablo VI designó a Enrique Angelelli al frente de la diócesis
riojana. Allí promovió la creación de sindicatos de mineros,peones rurales y empleadas
domésticas, de cooperativas de trabajadores para fabricar tejidos, ladrillos, relojes,
pan y para poner a producir los latifundios ociosos. Una de esas cooperativas reclamaba
la expropiación de un latifundio, propiedad de un usurero que se había ido apropiando
de los pequeños fundos de sus deudores y que consumía el 70 por ciento del agua
de la zona. Durante la campaña electoral de 1973, el candidato Carlos Menem prometió
que entregaría el latifundio a la cooperativa y lo reiteró luego de asumir la gobernación.
Angelelli se sintió confiado y el 13 de junio de 1973 viajó al pueblo natal de Menem,
Anillaco, para presidir las fiestas patronales de San Antonio. Lo recibió una algarada
conducida por un grupo de comerciantes y terratenientes. Entre ellos estaban el
hermano del electo gobernador, Amado Menem, y sus hijos César y Manuel Menem, quienes
junto a otros propietarios se habían sublevado contra el obispo. Ante la pasividad
policial, manifestaron frente al templo, declararon a Anillaco Capital de la Fe
e irrumpieron por la fuerza en el templo y la casa parroquial. Cuando Angelelli
se retiró luego de suspender las celebraciones religiosas, lo corrieron a pedradas.
Arguyendo la intranquilidad social, Menem retiró su apoyo a la cooperativización
del latifundio. Angelelli atribuyó la agresión a un sector que procura .el mantenimiento
de sus privilegios" y mencionó a los grupos Cruzada Renovadora de Cristiandad y
Tradición Familia y Propiedad. También suspendió las ceremonias litúrgico-sacramentales
en todos los templos de la parroquia. Los sacerdotes riojanos habían pedido la excomunión
de los Menem y sus acompañantes, pero Angelelli prefirió una sanción menos drástica
y los declaró "incursos en entredicho personal", lo cual los privaba de asistir
a celebraciones religiosas y recibir los sacramentos sólo en forma temporaria.
Renuncias
El superior general de los Jesuitas, Pedro Arrupe, y el arzobispo de Santa Fe, Vicente
Zazpe, visitaron La Rioja donde respaldaron a Angelelli. Arrupe dijo que Angelelli
seguía las opciones del Concilio y del Papa. Zazpe llegó como auditor enviado por
la Santa Sede luego de que Angelelli ofreciera su renuncia al Consejo Presbiteral
y pidiera a Pablo VI que le ratificara o retirara la confianza. Los entredichos
le exigieron la remoción de Angelelli, mientras desde un altoparlante se difundían
marchas militares. Todos los sacerdotes de la diócesis salvo tres se reunieron con
Zazpe y le dijeron que los poderosos manoseaban la fe para "mantener una situación
injusta y opresora del pueblo" y aprovechar "la mano de obra barata y mal pagada".
El presidente de la Conferencia Episcopal, Adolfo Tortolo, sostenía que el Episcopado
no debía mediar en los problemas riojanos (lo cual implicaba poner en un pie de
igualdad al obispo y a los rebeldes) y el Nuncio Lino Zanini apoyó a los sancionados,
a quienes obsequió con sendos crucifijos. Al concluir su inspección Zazpe concelebró
la misa con Angelelli en la catedral y proclamó que la diócesis riojana era una
servidora de los pobres como habían pedido el Concilio y Medellín y que su pastoral
"es la pastoral de la Iglesia universal". Uno de los sancionados le dijo que Angelelli
"se va por las buenas o por las malas, y si no es por las malas será lo peor". Durante
una visita a la base aérea de Chamical, en La Rioja, el provicario castrense Victorio
Bonamín dijo que el pueblo había cometido pecados que sólo podían redimirse con
sangre. Ése era el clima en noviembre de 1975, cuando Pérez Battaglia asumió como
jefe del Batallón de Ingenieros en Construcciones 141, con sede en la ciudad capital
de La Rioja.
Comunicado número uno
El 12 de febrero de 1976, el Ejército arrestó al vicario general de la diócesis
de La Rioja, Esteban Inestal, y a dos jóvenes del MovimientoRural diocesano. Uno
de los oficiales les dijo que Juan XXIII y Pablo VI habían destruido la Iglesia
de Pío XII, que los documentos de Medellín eran comunistas y que la Iglesia riojana
estaba separada de la Iglesia argentina. Angelelli ofreció una vez más su renuncia
a la Conferencia Episcopal. Durante la inauguración del curso lectivo en la base
aérea de El Chamical, el vicecomodoro Lázaro Aguirre interrumpió la homilía que
pronunciaba Angelelli sobre la responsabilidad social de los cristianos:
–Usted hace política –le gritó. Angelelli suspendió los oficios religiosos en la
capilla de la base.
Como jefe de la Guarnición militar de La Rioja, el 24 de marzo de 1976 Pérez Battaglia
fue designado interventor federal en la provincia y encarceló al gobernador Menem.
A su cargo quedó el Area de Seguridad 314. Pérez Battaglia fue así el responsable
político y militar de la provincia. De él dependían todas las fuerzas militares
y de seguridad (Ejército, Fuerza Aérea, Policía Federal y provincial, Gendarmería),
entre ellas los Comandos Operacionales Tácticos. También la justicia le fue subordinada.
"Intenté presentar un habeas corpus, pero el juez federal Roberto Catalán dijo que
esperaba instrucciones del jefe del Batallón 141, Osvaldo Pérez Battaglia", declaró
un testigo ante la Comisión Provincial por los Derechos Humanos que se creó en La
Rioja al concluir la dictadura, en 1985. Al regresar de un viaje, la valija de Angelelli
fue violentada en la oficina de Aerolíneas Argentinas en La Rioja. En una carta
a su amigo Héctor Bertaina (reproducida por Luis Miguel Baronetto en un libro sobre
"Vida y martirio de monseñor Angelelli") el obispo dijo que ello ocurrió por orden
de Pérez Battaglia. También escribió que el militar lo trataba en forma grosera
y lo llamaba "llorón" cuando reclamaba. Angelelli viajó a Córdoba para apelar ante
el jefe de Pérez Battaglia, el jefe del Cuerpo III, general Luciano Menéndez. Para
mayor seguridad, pidió que lo acompañara el cardenal Raúl Primatesta. Menéndez le
contestó en forma muy seca:
–El que tiene que cuidarse es usted.
Estaciones del Calvario
En la primera reunión plenaria del Episcopado después del golpe, en mayo, Angelelli
usó un ayuda memoria de 37 puntos, que llamó estaciones del Calvario riojano. Cada
uno detallaba una agresión contra el obispo o sus sacerdotes. Incluía el allanamiento
y clausura de una casa parroquial, la detención de sacerdotes y seminaristas, la
demora y detención de religiosas, la prohibición de celebrar misa en la cárcel,
la transmisión radial de la misa celebrada por el capellán militar Mario Pellanda
López, en el Batallón que comandaba Pérez Battaglia, pero no la del obispo en la
Catedral; la requisa de equipajes y documentos a los participantes de los ejercicios
espirituales, la requisa al propio obispo en el santuario popular del Señor de la
Peña, la detención e interrogatorios coercitivos a laicos por su contacto con la
Iglesia riojana, las cesantías y despidos de personas vinculadas con la Iglesia,
etc.
En apoyo de Angelelli, el obispo de San Nicolás, Carlos Ponce de León, contó que
en su diócesis además de la detención de sacerdotes se habían producido allanamientos
a parroquias y casas religiosas. Se vivía un "clima de terror". A los sacerdotes
detenidos se los interrogaba sobre el obispo. Uno de ellos, el salesiano López Molina,
fue maltratado. También denunció ataques violentos a algunas casas con el objeto
de robar. El propio Ponce de León había estado presente en un allanamiento y fue
sometido a humillaciones. También se pegaron afiches contra la Iglesia en los que
se reclamaba la .defenestración. del obispo.
El 13 de junio, al cumplirse el primer aniversario del tumulto que corrió a Angelelli
de Anillaco, los terratenientes celebraron el "Día de la Defensa de la Fe", con
el apoyo de Pérez Battaglia, quien organizó allí undesfile militar. El sacerdote
Carlos Murias dijo en una homilía que podrían acallar la voz del obispo pero no
la de Jesús. El 18 de julio a las nueve y media de la noche, fue secuestrado junto
con el sacerdote Gabriel Longueville de la casa religiosa donde vivían. El 20 por
la tarde un empleado ferroviario encontró los cadáveres de ambos sobre una vía,
maniatados, con restos de cinta adhesiva y algodón en la boca. Uno de ellos había
sido mutilado y la autopsia indicó que había padecido una muerte lenta. Los cuerpos
estaban cubiertos por mantas del Ejército y junto a ellos había una lista con nombres
de sacerdotes. Pérez Battaglia prohibió que se publicara el comunicado del obispo
y hasta el aviso fúnebre que informaba del asesinato. En cambio firmó un comunicado
en el que, ante denuncias sobre desaparición de personas, anunciaba más operaciones
para "erradicar definitivamente de la provincia a los delincuentes subversivos e
ideológicos".
Reunido con sus sacerdotes, Angelelli dibujó una espiral que se cerraba y señaló
el centro. "Buscan un copete colorado. Ahora me toca a mí". Los vicarios zonales
le sugirieron que se alejara por un tiempo, pero se negó. El 4 de agosto de 1976
cerró su informe sobre la situación con la frase "poseo otros datos que por prudencia
no debo escribir" y emprendió viaje a La Rioja con el sacerdote Arturo Pinto. Salieron
después del almuerzo una vez que Pinto revisó el auto. El obispo iba al volante.
A las tres de la tarde en el camino entre El Chamical y La Rioja fueron seguidos
por otro vehículo, un Peugeot 404 claro, que los pasó y los encerró. Según Pinto
"se produjo como una explosión. Y a partir de ese momento no recuerdo más nada".
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El primer médico que lo atendió dijo que, inconsciente, Pinto murmuraba: "los papeles,
apúrese que nos alcanzan". La camioneta dio varios tumbos. El cuerpo de Angelelli
fue hallado a veinticinco metros del vehículo, cara al cielo, con los brazos extendidos
hacia atrás, descalzo y con la piel de los talones raspados, pero sin marcas similares
en el rostro o la calva. Según la justicia los autores arrastraron el cuerpo luego
del vuelco. Un camionero vio el cuerpo "ubicado con llamativa prolijidad, derecho,
sin magulladuras ni hematomas" cuando "toda persona que es despedida de un vehículo
cae como desparramada, desarticulada". La misma impresión transmitió el primer sacerdote
que llegó al lugar y encontró el cuerpo rodeado de policías y militares que empuñaban
armas largas. "Me daba la impresión de que lo habían sacado del auto, liquidado
y arrastrado hasta ahí, porque tenía las manos hacia atrás. En un accidente uno
se enrolla todo, se defiende. No, estaba bien estirado." La autopsia indicó como
causa de muerte fractura de cráneo con pérdida de masa encefálica pero la ropa del
obispo no mostraba desgarraduras. Pérez Battaglia llamó por teléfono al director
del diario El Independiente, Américo Torralba y le ordenó:
–Hay que publicar que fue un accidente por el reventón de la goma trasera.
Un sacerdote que llegó a poco del vuelco intentó retirar el maletín, la carpeta
y las pertenencias de Murias y Longueville que Angelelli llevaba consigo, pero los
militares se lo impidieron. El teléfono sonó en el despacho del ministro del Interior.
El general Albano Harguindeguy escuchó a su interlocutor. "Su cara se iluminó con
una sonrisa", narró el ex ministro de Defensa José Antonio Deheza, quien lo visitaba
para pedirle la libertad de dirigentes peronistas detenidos. Igual que en el caso
de los palotinos asesinados un mes antes en la iglesia de San Patricio, los papeles
que llevaba Angelelli llegaron al despacho de Harguindeguy en una carpeta que decía
"Confidencial". Cuando las cosas que llevaba el obispo fueron devueltas a la Curia,
cinco días después, era evidente que habían sido revueltas. El informe sobre el
asesinato de los curas del Chamicalapareció no en el maletín sino en la valija con
ropas, el orden de las fojas había sido alterado y había tildes en algunas de ellas.
La prudencia
de las serpientes
La noche del 4 de agosto de 1976, camiones
de asalto con tropas ocuparon las entradas de la Catedral riojana. Se proponían
allanar el dormitorio de Angelelli y detener a los fieles que se aproximaron al
conocer la noticia de su muerte. Cerca de medianoche, luego de largas discusiones
entre sacerdotes y militares, se abrieron las puertas y grupos de personas cantaron
y rezaron. El 6 de agosto, luego de la misa concelebrada ante el cuerpo de Angelelliy
de su entierro, el nuncio Pío Laghi, Primatesta y Zazpe hicieron una visita protocolar
a Pérez Battaglia, quien les aseguró que se había tratado de un accidente. Según
el obispo Oscar Justo Laguna, en un primer momento Laghi lo creyó, hasta que entró
en dudas y terminó convencido de que había sido asesinado. Laghisostiene haber presentado
una enérgica protesta a las autoridades:
–Deben demostrarme que sucedió lo contrario de lo que yo supongo –dice que dijo.
En su primera edición posterior a la muerte de Angelelli, el diario vaticano L’Osservatore
Romano presentó el caso como un "extraño accidente". Pero el cardenal Juan Carlos
Aramburu declaró que "no había pruebas concretas para hablar de un crimen" y no
se produjo la esperada protesta vaticana. Sin embargo la biografía oficial del nuncio
es hipercrítica con Angelelli, a quien vincula con "los extremismos que proponía
la Teología de la Liberación". Para ello Laghi y sus colaboradores, Laguna y Jorge
Casaretto, fuerzan los hechos. Los autores sostienen que Pablo VI dio orden de que
no se tomaran fotos para no "inmortalizar" la última visita del "incómodo" obispo
riojano al Papa, debido a sus "heterodoxias doctrinales". No es así. Pablo VI se
fotografió en el gesto afectuoso de tomar la mano de Angelelli el 7 de octubre de
1974 en el Vaticano. Esa imagen ilustra la biografía del obispo asesinado escrita
por el domínico Luis O. Liberti.
Tres días después del entierro de Angelelli, la Conferencia Argentina de Religiosos
dirigió un angustioso llamado a Primatesta en busca de protección. Primatesta respondió
que los obispos habían elegido ser "prudentes como las serpientes" porque estaban
convencidos de que "hay tempus loquendi y tempus tacendi". Tempus tacendi quiere
decir tiempo de callar. Ese mandato se mantuvo a lo largo de las décadas. Fueron
los obispos Jaime de Nevares, Jorge Novak y Miguel Hesayne, junto con Adolfo Pérez
Esquivel y Emilio Mignone, quienes aun durante la dictadura presentaron la denuncia
por el asesinato de Angelelli, que la justicia riojana dio por probado el 19 de
junio de 1986. El juez Aldo Morales sentenció que se había tratado "de un homicidio
fríamente premeditado". Cuando el juez dirigió un exhorto a Primatesta, inquiriendo
si conocía algún elemento que pudiera vincularse con la muerte de Angelelli, el
cardenal respondió secamente que no. El Episcopado sigue sin asumir lo sucedido.
En una declaración emitida en 2001 aun sostiene que Angelelli "encontró la muerte"
y que "la muerte lo encontró" y se abstiene de mencionarlo como mártir. Hesayne
replicó: "Tenemos más pruebas de su martirio que del de muchos mártires de los primeros
siglos del cristianismo".
Que parezca un accidente
Angelelli fue asesinado en la ruta el 4 de agosto de 1976; Ponce de León el 11 de
julio de 1977. En ambos casos se simularon accidentes carreteros. Durante su desempeño
al frente de la guarnición riojana, Pérez Battaglia viajaba los fines de semana
a San Nicolás. Durante los primeros años de sucarrera militar alquilaba un departamento
en Malabia 2200 de la Capital Federal. Pero luego se construyó una casa en San Nicolás,
donde vivía su familia. No era un hombre que pasara inadvertido. Los socios del
Club Belgrano recuerdan su irrupción, pistola a la cintura, para amenazar a un grupo
de muchachos que habían fastidiado a su hijo. En esos viajes, Pérez Battaglia confraternizaba
con el jefe del Batallón de Ingenieros de San Nicolás, el teniente coronel Saint
Amant, quien se había hecho cargo de esa unidad en diciembre de 1975. Se conocían
desde la adolescencia. Cuando Saint Amant ingresó al Colegio Militar, en marzo de
1948, Pérez Battaglia cursaba el último año y fue su jefe de sección en la Compañía
de Ingenieros. Este ascendiente de un superior sobre su subordinado se mantiene
a lo largo de toda la carrera. Había, además, otras afinidades. Igual que Pérez
Battaglia en La Rioja, Saint Amant se vinculó con los sectores integristas de la
Iglesia nicoleña, los Legionarios de Cristo Rey y Tradición, Familia y Propiedad,
y comenzó a hostigar al obispo Ponce de León y a sus presbíteros. Cuando Ponce de
León intercedió por varias personas desaparecidas, el militar le respondió:
–Sí. Yo los detengo. ¿Y qué? Voy a hacer desaparecer a todos los que están con usted,
y a usted todavía no puedo porque es obispo.
Saint Amant llamaba a Ponce de León "obispo rojo". Su primer informe al jefe del
Cuerpo I, Carlos Suárez Mason sobre la denominada lucha contra la subversión en
San Nicolás, estuvo dedicado a Ponce de León, contra quien propuso operar. Según
la doctrina católica, escribió, el obispo es sucesor directo de los Apóstoles, la
unión con la Iglesia se hace mediante la unión al obispo y fuera de la Iglesia no
hay salvación. Los católicos que se cuestionan la actuación del obispo "piensan
que ponen en juego su salvación eterna". Por eso "hace falta lucidez intelectual
y cierto coraje para entender que un obispo es traidor a la Iglesia, y para obrar
sin el respeto que la doctrina enseña para con el sacerdote cuando éste está destruyendo
su Patria y su fe". No sería posible tener éxito en la lucha contra la subversión
"si no se erradican los males expresados", decía.
Retirado en 1981, Pérez Battaglia se radicó en San Nicolás. Su hija Teresita se
casó con el cardiólogo Roberto Fernández Viña, quien ahora es Concejal justicialista.
En 1991 y 1992, Pérez Battaglia llegó a ser gobernador del Distrito 5 del Club de
Leones, con cabecera en San Nicolás. Su lema era "Por un leonismo sincero, fraterno
y solidario". Allí cultivó algunas amistades más liberales con profesionales y empresarios
muy conocidos en San Nicolás, como Bonelli, Scaglia y Ondarchu. Pérez Battaglia
murió hace seis años.
Saint Amant se retiró en 1992. La semana pasada, el juez federal de San Nicolás,
Carlos Villafuerte Ruzo, inspeccionó en compañía del ministro de Justicia de la
provincia de Buenos Aires, Eduardo Di Rocco, el campo clandestino de concentración
que funcionó en la Unidad Penal 3 de esa ciudad. Dos ex agentes penitenciarios declararon
que allí estuvo detenido el matrimonio formado por la riojana María Cristina Lanzilloto
y el santiagueño Carlos Benjamin Santillán, dos militantes del PRT-ERP, quienes
fueron torturados por personal policial y del Ejército en ese lugar, que Saint Amant
visitaba con frecuencia. La semana pasada, el Equipo Argentino de Antropología Forense
identificó los restos de la mujer. Su hermana, la dirigente de Abuelas de Plaza
de Mayo Alba Lanziloto, dejó La Rioja en julio de 1976 para escapar de la persecución
de Pérez Battaglia. Ahora es querellante en la causa "Alvira, María Cristina y otros"
donde también se investiga la desaparición forzada y torturas de un grupo de la
Juventud Peronista, vinculado con la diócesis de San Nicolás y el Colegio Don Bosco
y que podría culminar con la detención de Saint Amant.
Fuente: Página/12, 09/04/06

Las
manos sucias
Por José Pablo Feinmann
Hace años –muchos– que no leo ni releo esa obra de Sartre. Tampoco la tengo a mano.
No importa: vayamos a lo esencial. El planteo –entre otros– es el conflicto entre
política y pureza. Traigámoslo a la Argentina de hoy. Durante estos días, Néstor
K viajó a La Rioja y participó de un homenaje al obispo Angelelli, asesinado en
esa provincia, asesinado impunemente porque ni por asomo se buscó algún culpable
ni nadie (salvo los sectores populares que política y religiosamente lo seguían
y lo amaban) se ocupó de la cuestión salvo para oscurecerla: se habría tratado de
un "accidente". K fue claro: a Angelelli, dijo, lo mataron, lo asesinaron por decir
la verdad y creer en la justicia. Aquí, el político (K en este caso) se mueve en
la zona de la política-pureza. Cosa que hay que valorar altamente, ya que ningún
presidente argentino se había tomado la molestia (porque es una molestia, y grande,
y es también un riesgo) de decir esa caliente verdad: a Angelelli lo mataron.
Frente a esta postura de K están los profesionales de la insuficiencia: nada es
suficiente. Dicen, entonces, "esos actos por los derechos humanos no eliminan la
pobreza". Lo cual es cierto. Pero no es menos cierto que los presidentes anteriores
mantenían la pobreza y no hablaban (porque estructuralmente no podían ni querían
hacerlo) del asesinato de Angelelli. Tampoco nadie de la oposición a K hablaría
de la cuestión. Porque no les interesa. Porque a Angelelli lo mató la dictadura
y Angelelli "huele a subversión". Reivindicarlo también. ¡Vaya a saber cuántos aliados,
cuántos capitales pierden! K no. K viaja a La Rioja y ahí (en la tierra del Anticristo,
en esa tierra que también dio a luz un cura santo) habla del asesinato de ese hombre
sencillo, devoto pero ideologizado, con una clara opción por los pobres. Desde esta
opción sería interesante ver qué le diría hoy Angelelli a K. Probablemente: "Le
agradezco que diga la verdad sobre mi muerte, Presidente. Le agradezco que desde
el Estado usted diga que me asesinaron. Pero, Presidente, mis pobrecitos, los pobrecitos
por los que luché y morí siguen pobres". Y que nadie crea que Angelelli se sumaría
a los rezongones de la insuficiencia. No: reconocería la importancia inédita del
acto de K. Pero se trata de un cura con alma y no con dogmas y relumbrones de riqueza.
Se trata de un pastor de almas, de un pastor de pobres, de abandonados. Peticionaría,
entonces, en nombre de ellos: "Mis pobrecitos, Presidente, siguen con hambre". Aquí,
el presidente-pureza podría decir: "Es una deuda que tengo y pronto voy a pagar".
Angelelli diría: "Esa deuda es ahora. Si no se paga ahora es como si no se pagara
nunca. Porque el hambre es ahora". Aquí, el presidente-pureza se transforma en el
presidente-pragmático. Le diría que está en medio de una lucha enorme y acaso pestilente,
pero necesaria. Que está, le diría, luchando por el dominio del aparato del PJ.
Que está en campaña. Que hay elecciones y él tiene que ganar, tiene que llevarse
todo lo que pueda del aparato. Supongamos (supongamos) que Angelelli le dice: "Vea,
Presidente, cuando usted tenga todo ese aparato que le va a quitar a su rival, cuando
todos esos hombres sean suyos, no viene más por acá. Si viene será porque los echó.
Si los conserva se queda en Buenos Aires con ellos. Sabe, no se puede gobernar para
los santos con la tropa del demonio". Sin embargo, el presidente-pragmático (que
lo sabe) cree que él sí va a poder. También Perón lo creía. Era el campeón de los
presidentes-pragmáticos: "A todos estos me los pongo en el bolsillo y después los
conduzco. Conducir es conducir el desorden. Cuando se hacen dos bandos peronistas
yo hago de Padre Eterno. No me comprometo con ninguno y conduzco a los dos". En
junio de 1973 hubo dos bandos peronistas. El Padre Eterno se murió en menos de un
año. Lo aniquilaron las contradicciones. El presidente-pragmático le dice al presidente-pureza
que la pureza es imposible. Aquí entra la teoría de las manos sucias. El pragmático
se encoleriza con el puro. Le dice que la ve fácil. Que es fácil estar "afuera".
Que lo difícil es lo otro. Darle la cara al enemigo. Ensuciarse las manos. El puro
no se las ensucia nunca. Lo difícil es meter las manos en la mismísima mierda. Si
el Aparato es eso y si en ese terreno reina el enemigo, habrá que encenegarse ahí
y darle lucha. El puro dirá que no bien las manos se ensucian ya no vuelven a ser
las mismas. Que encenegarse con el enemigo es aceptar su estética y su ética de
lucha. Que se quería otra cosa: otra ética y otra estética. Se quería estar afuera.
El pragmático le dice que el poder está adentro, que hay que luchar por él. Arrancárselo
al enemigo. El puro dirá que ese poder es el poder de siempre. El que vinimos a
combatir. Lo peor que te puede pasar será que te ganes todo. Te seguirán un año
y no mucho más. Luego te clavarán puñales y volverán a ser lo que son: mercenarios,
cazadores de dinero y de poder. Y vos te vas a quedar solo. Sin los de antes y sin
los que te conseguiste después. El puro le pregunta si recuerda a los "de antes".
"Eran", dice, "los que querían, desde afuera, crear algo nuevo". Eso no se puede,
dice el pragmático, es una bobería de conciencias limpias como vos. Valgo mucho
más yo, insiste, porque arriesgo mi moral, ensucio mi conciencia, pero le saco poder
al enemigo. El puro se encrespa y hasta recurre a un lenguaje sucio y violento:
"¿Para qué querés tener la mierda? Si tu poder viene de la mierda no te va a servir.
Al menos para ninguna de las causas por las que propusiste luchar". "Necesito ese
poder", dice el pragmático. Y agrega: "Sos demasiado puro para entenderlo". "¿Angelelli
también?" "También." "Será por eso que lo mataron. ¿Te fijaste que matan más a los
puros que a los pragmáticos?" Esto le duele al presidente-pragmático. Le duele en
serio. Es que el presidente-pragmático vive cuestionado por el puro. La batalla
pureza-pragmatismo se da sin cesar en su conciencia o, si se quiere decirlo así,
en su corazón. El puro arremete: "No necesitás ese poder. Necesitás destruirlo o
contenerlo y crear otro. Con cuadros nuevos, con tipos nuevos que todavía tengan
ideales. Algunos vas a encontrar. Si te volvés pragmático, si dejás de ser el que
eras, no lo vas a entender. O te vas a olvidar de que era en eso que, sobre todo,
creías".
Cierto es que el costo social de la batalla aparatista del presidente-pragmático
es alto. La política basura no es patrimonio de la Argentina. Está en todas partes.
Casi se ha identificado con la política en sí o, sin duda, con la imagen que los
pueblos tienen de ella. Aquí, el costo es elevado. Venimos de una etapa de grave
desvalorización de los políticos. Ya se sabe: "Que se vayan todos". Los dos primeros
años de K recuperaron, para la gente, la confianza en la política y fortalecieron
la democracia. Por el contrario, este show del todos contra todos, este alboroto
de palabras injuriosas y chicanas, esas fotos en que se mezclan quienes creímos
jamás se iban a mezclar, todo eso arruina todo. Las imágenes pueden destruir sin
piedad. A veces se vota o se sigue a un Presidente porque uno confía en que jamás
lo verá en una misma foto con Fulano o abrazándose con Mengano. Sí, claro: ¡las
manos sucias! Este pueblo está harto de las manos sucias. Sigue viendo la política
desde afuera como un arreglo entre una casta que hoy dice algo y mañana lo contrario.
Hoy son enemigos, mañana se abrazan. El que sostenía, en la obra de Sartre, la teoría
de "las manos sucias" era un burócrata estalinista. Así le fue al estalinismo. Así
le fue a la Unión Soviética. La política (aquí y en todas partes) se muere por falta
de ética. El presidente-pragmático (el de estas líneas) lo sabe. Porque en él habita
–entre borrascas de estiércol que aprendió a tolerar– el puro. ¿Cómo podríamos llegar
a un final abierto? Supongamos que el presidente-pragmático le dice al puro: "Dame
tiempo. Gano esta batalla y hago lo que me pedís". "Cuidate mucho", dice el puro,
"Si ganás esta batalla te van a rodear tantos canallas que vas a tener que gobernar
para ellos." El presidente-pragmático no contesta. Se queda en silencio, pensativo.
"Quedate cerca", le dice al puro. "Para qué." "Para decirme lo que me decís. Para
que alguien, vos, todo el tiempo, me diga lo que nadie me dice, lo que ya empezó
a molestarme: la verdad." Y se mete otra vez en la basura.
Fuente: Página/12

Aniversario
del asesinato de Monseñor Angelelli (1923-1976)
Por Fray Antonio Puigjané
26 de julio de 2001
Muy querida hermana; ¡Paz y Bien! Trato de escribirte unas líneas sobre nuestro
querido Obispo mártir Enrique Angelelli.
Allá por el año 1968, la sinceridad, la fe valiente y solidaria con los obreros
y los más empobrecidos del que era Obispo auxiliar de Córdoba. Molestaba mucho a
la Córdoba «católica», que prefería guardar silencio «prudente» ante la injusticia
institucionalizada.
Creo
que ese fue el motivo por el que se intentó silenciar su palabra valiente y su presencia
conflictiva. Ya le había pasado algo de eso a Jesús y a cuantos se le parecieron..
Seguramente como una forma de evitar los problemas que su testimonio provocaba,
decidieron enviarlo a una Diócesis lejana , pobre y de muy escasos sacerdotes y
religiosas: pensaron que así su voz molesta ya no sería escuchada. Llegó a La Rioja
lleno de amor y con inmensas ganas de servir a todas y a todos los riojanos, pero
comenzando por los más empobrecidos : hacía honor al lema de su escudo episcopal:
JUSTICIA y PAZ. Sabía muy bien que el único camino para amar de veras a todos, sin
excepción, es la JUSTICIA y que sólo desde la JUSTICIA se puede construir una PAZ
VERDADERA. Esto lo vivió y lo enseñó desde el primer día de su llegada a La Rioja
y esto fue lo que le granjeó las iras de la «sociedad católica» riojana: no podían
concebir que el nuevo Señor Obispo tomara mate en los ranchos de los pobres y pretendiera
convencerles que todos eran hijas e hijos de Dios, iguales en dignidad ante Él y
ante todos.
Invitados por el mismo Angelelli, tres sacerdotes capuchinos que habíamos sido echados
de Mar del Plata por el recién nombrado Administrador Apostólido Mons. Antonio Plaza,
arzobispo de La Plata, llegamos a La Rioja en Agosto del 72, a vivir un tiempo de
retiro junto a los HERMANITOS DEL EVANGELIO, que tenían su noviciado con el inolvidable
y santo ARTUTO PAOLI, en las faldas de la cadena del Velazco, en Suriyaco, bien
al norte de la provincia.
Ya comenzaba a notarse una clara actitud de represión y sospecha hacia la Iglesia
riojana. El presidente de facto, Alejandro Lanuse, había prohibido la Misa que,
por radio, desde el Santuario de San Nicolás, celebraba el obispo, cada domingo.
El motivo, lo expresa con sencillez y dolor, la vidala «MISA PROHIBIDA» de una maestra
de Anguinán, la Negrita Carrizo de Pazos...
«¿CUÁNDO AL RIOJANO DE HERMANO HAN LLAMAO?
¿ CUÁNDO AL RIOJANO DE HERMANO HAN LLAMAO?».
Ese era el único verdadero motivo: Angelelli decía y enseñaba, con palabras y con
actitudes, con su vida toda, que TODOS SOMOS HERMANAS Y HERMANOS y esto, tan claro
y tan sencillo, que tomado en serio es EL ÚNICO MANDAMIENTO DE JESÚS, la condición
indispensable para llegar a vivir y ser felices para siempre, fue y es inaceptable
para el sistema perverso en el que estábamos y estamos inmersos y del que fuimos
y somos expulsados con violencia, excluídos, hasta con la muerte
Al poco tiempo, el Obispo, Monseñor, se fue mostrando TAN HERMANO, que pasó a ser
el AMIGO ÍNTIMO de todos los que lo aceptaban, simplemente «EL PELADO» y, al mismo
tiempo, PARA LOS OTROS, para los que querían ser hermanos de todos, sino seguir
siendo «señores», el «comunista», «SATANELLI», el «enemigo del pueblo», el «maldito»....
Lo palpamos en carne propia muy pronto...Ante la ausencia, por enfermedad, del viejo
párroco de Anillaco, P. Virgilio Ferreira (llevaba, solo, allí, 50 años, en manos
a Amado Menem, dueño y señor del pueblo), el Obispo nos pidió que fuéramos a Anillaco,
cabecera de la Parroquia que abarcaba todo el Departamento de Castro Barros, «La
Costa» y me nombró, «in pectore», párroco, a sugerencia del mismo P.Virgilio. Era
el 13 de diciembre del 72. Para entonces ya teníamos bien hondo en el corazón, el
constante pedido de nuestro querido «Pelado»: si queremos ser fieles, vivamos «con
un oído en el pueblo y otro en el Evangelio»... Así lo hacía él y comenzamos a hacerlo
nosotros, visitando, desde el primer día, cada una de las familias, unas 400, que
formaban el pueblo... Vimos la injusticia flagrante que se cometía con los peones,
cómo se les pagaba una cuarta parte de lo ordenado por la ley y comenzamos a denunciarlo
en privado y en público...Era la única manera de ser hermanos verdaderos de todos,
de pobres y ricos, de los peones y de Amado Menem..., pero él no lo entendió así
. «¡Me equivoqué con Uds.:tienen una religión distinta a la del P.Virgilio. Aquí
no cabemos juntos! ¡O ustedes o yo!» , me gritó, muy enojado, una tarde. A los pocos
días, el 13 de Junio del 73, día de la fiesta de San Antonio, Patrono de toda la
Parroquia, con un buen grupo de borrachitos que había traído de Aimogasta, y la
Policía departamental, impidió la celebración de la Misa y la procesión, nos cercó
desde las 8 de la mañana a las 3 de la tarde, mientras por la propaladora del pueblo
que era suya atronaban marchas militares y toda clase de insultos contra el obispo
y contra nosotros, acusándonos de «comunistas», «guerrilleros», «subversivos»...,
por fin, bajo amenaza de muerte, con Obispo, monjitas y curas, nos echó de Anillaco
para siempre. En las puertas de la Catedral de La Rioja, nos esperaba Carlos Menem,
entonces gobernador de la Provincia nos abrazó y llorando nos aseguró que ya había
dado órdenes para que pudiésemos regresar inmediatamente a Anillaco, pues era una
infamia lo que nos habían hecho. Al día siguiente nos enteramos que esa mañana,
ante la pregunta de su hermano Amado sobre si comenzaban o no lo planeado- nuestra
expulsión-, él había respondido:«¡Métanle que yo apoyo!» Nunca el buen Angelelli
ni nosotros pudimos volver a Anillaco...
Como pocos, Angelelli, respetó profundamente el caminar y la cultura del pueblo
al que aceptó servir. Mientras los pobres lo aceptaban, felices, los poderosos,
los ricos, los «católicos» que se habían hecho dueños de una Iglesia complaciente
con sus privilegios, lo odiaban más cada día, llevando hasta el Vaticano mismo las
más absurdas y ridículas acusaciones. Tanto se agrandó el escándalo de la expulsión
de Anillaco y sus motivaciones, que el mismo Papa Paulo VI, envió a Mons. Zaspe,
valiente y fiel Arzobispo de Santa Fe, como delegado personal, para que, tras las
debidas averiguaciones, reafirmara la fidelidad del Obispo riojano, asegurando que
«NO ERA COMUNISTA» y que el Papa estaba en comunión con él... Cuando lo expresó
públicamente, en Anillaco, los «Cruzados de la fe» lo atacaron de tal manera que
pretendían lincharlo, persiguiendo encarnizadamente el coche en que, con el curita
que lo llevaba, escapaba sus manos... Esas manos, unos días antes, destruyeron y
quemaron el ranchito y la capillita de las Hermanas de la Asunción, a las que intentaron
violar, en Aminga, a dos kilómetros de Anillaco... Esos eran los que pretendían
«defender la fe».. Años más tarde, otros defensores de la fe, del «orden occidental
y cristiano» quisieron echarlo de La Rioja. Para lograrlo, entre muchas otras presiones,
encarcelaron al capuchino Eduardo Ruiz, párroco de Olta, asesinaron a Carlos de
Dios Murias (franciscano) y Gabriel Longueville, Párroco de Chamical, el 18.7.76
y al laico Wenceslao Pedernera el 25.7.76 y como nuestro «Pelado» les demostró que
no se iba a ir, sino que continuaría denunciando, lo asesinaron a él, frente a Punta
de Los LLanos, sobre la ruta, cuando regresaba de Chamical a La Rioja, el 4.8.76.
Puedo asegurar que fue asesinado por los militares que ensangrentaron el país entero
: llegué a hablar con el único testigo que los vio, detenidos a pocos metros del
cadáver, en su Peugeot blanco, el mismo que los seguía, según denunció el sacerdote
que acompañaba a Mons. Angelelli, Arturo Pinto. Los habían perseguido y hecho volcar.
Sacaron al Obispo desmayado y lo remataron golpeando su nuca. No pudieron completar
su obra asesinando a A.Pinto, por la llegada del testigo citado, vecino de Carlos
Paz que aterrado por la presencia de los asesinos, se negó a dar su nombre y a presentarse
a la justicia: con sobrada razón temía por su vida y la su familia. Es doloroso
que aún hoy hay muchos hermanos que se niegan a reconocer que este Obispo santo
fue asesinado, a pesar de que la misma Justicia Federal de La Rioja, siendo Menem
gobernador, recaratuló la causa. como «homicidio calificado»..... Evidentemente
el miedo a la verdad, a esta altura, es imperdonable. Estoy seguro que la fuerza
del testimonio martirial de Enrique Angelelli irá enseñándonos a caminar «con un
oído en el pueblo y otro en el Evangelio», y así, a SER HERMANAS Y HERMANOS DE TODOS
Creo que sólo así podremos lograr la VERDADERA REVOLUCIÓN con la que soñamos, donde
no haya nunca más injusticias, ni a nadie se le niegue cuanto necesita para ser
feliz y nadie se niegue a aportar cuanto pueda, para que todos seamos felices.
De corazón y sinceramente,
fray Antonio Puigjané,
en el día 4562 de mi prisión,
ahora domiciliaria, por viejo
Fray Antonio Puigjané

Monseñor
Angelelli, un perfil
Obispo de La Rioja, mártir, asesinado con un accidente provocado. Comprometido con
la causa de los pobres, Enrique fue tenazmente perseguido por la oligarquía de la
provincia (como la familia Menem, que le impidió la entrada a un pueblo para unas
celebraciones) y más todavía durante la dictadura. La muerte de los padres Murias
y Longueville y luego del laico Wenceslao Pedernera fue fundamentalmente un «cerco
que se iba cerrando». Al parecer, los cadáveres de los sacerdotes, fue a Chamical
(La Rioja), y juntó material en una carpeta con declaraciones de los testigos, que
comprometía a la Fuerza Aérea con el crimen. Volviendo por otro camino, junto con
el sacerdote Arturo Pinto hacia la capital provincial fue seguido por un auto. Se
fraguó un accidente. La famosa carpeta fue tiempo después vista sobre el escritorio
del Ministro del Interior, el General Arguindegui, quien como entró en negociaciones
con Anfonsín y habían sido compañeros del liceo militar, jamás fue juzgado. La Jerarquía
eclesiástica, en gran parte, tristemente, sigue afirmando que fue un accidente.
El obispo Angelelli se transformó en baluarte de la protección de los débiles y
fue la una de las pocas voces que se levantó contra la represión política en Argentina.
Las amenazas de muerte contra él se fueron volviendo cada vez más frecuentes, hasta
llegar a ser masivas últimamente. Tuvo que prepararse junto a sus sacerdotes como
una de las posibles futuras víctimas. Él anunció frecuentemente que para poder anunciar
verdaderamente el evangelio hay que tener un oído abierto para Dios y otro para
el pueblo.
El 4 de agosto de 1976 Monseñor Enrique Angelelli, obispo de La Rioja, yacía en
el frío asfalto de Punta de los Llanos luego de que su auto fuera interceptado en
la ruta que unía Chamical con la capital de la provincia hacia donde viajaba para
presentar ante las autoridades militares una carpeta con pruebas sobre el asesinato
de dos sacerdotes de su diócesis. La versión oficial, que el mismo Episcopado avaló,
hablaba de accidente, pero entre los riojanos, y gracias al aporte de testigos claves,
una certeza se hizo carne: Monseñor Angelelli había sido sacado ileso de su auto
y brutalmente asesinado de varios golpes en la nuca.
Su muerte fue la dura cuenta que tuvo que pagar por una vida dedicada a los más
humildes, a quienes consagró su vocación sacerdotal "con un oído puesto en el pueblo,
y otro en el Evangelio". Su prédica le trajo el rencor de los poderosos de siempre,
uniformados y civiles, a quienes afectó en sus sagrados intereses, y de quienes
recibió una feroz campaña que no vaciló en acusarlo de 'obispo rojo', enviar firmas
para pedir su remoción al Vaticano, expulsar sacerdotes de Anillaco, donde Amado
Menem, hermanastro del actual presidente, tuvo especial participación, asesinar
religiosos y laicos y finalmente eliminar al odiado "Pelado".
Monseñor Angelelli fue, junto a Hesayne, De Nevares, Devoto, Ponce de León y Novak,
uno de los pocos obispos que supo comprometerse con la cruz y el Evangelio dentro
de una jerarquía episcopal cuya actitud de connivencia y complicidad con la dictadura
militar avergüenza la conciencia de los cristianos de estas tierras. Desde la justificación
teológica de la tortura y la eliminación clandestina de prisioneros indefensos hasta
la aceptación lisa y llana de la espada como instrumento quirúrgico para impulsar
la doctrina de la seguridad nacional, la conducta de la jerarquía católica argentina
no tiene parangón en el mundo entero.
Fuente: http://servicioskoinonia.org
Los crímenes que averiguaba Angelelli
Los curas y el laico cuyos asesinatos en
La Rioja averiguaba Angelelli, antes de ser él también asesinado. El 18/07/76 los
sacerdotes Gabriel José Longueville y Carlos de Dios Murias, pertenecientes a la
parroquia de El Salvador, La Rioja, fueron secuestrados de la sede de su ministerio
por un grupo fuertemente armado que, exhibiendo credenciales, solicitó los acompañaran
para una averiguación policial, en automóviles sin patente. Tres días después los
cadáveres maniatados, amordazados y acribillados a balazos aparecieron en la localidad
de Chañar, a 150 kms. de la ciudad de La Rioja. Ambos habían sido torturados.
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Breve
semblanza de Enrique Angelelli
Nació en Córdoba el 17 de julio de 1923.
En marzo de 1938 ingresó al seminario de Córdoba, buscando seguir a Jesús como sacerdote.
Ordenado sacerdote en Roma (donde había ido a perfeccionar sus estudios) en octubre
de 1949.
Desde su sacerdocio joven, empezó sirviendo en Córdoba como asesor de la Juventud
Obrera Católica (JOC) y de la Juventud Universitaria Católica (JUC); además, animaba
la capilla Cristo Obrero de esa ciudad
En 1961 el Beato Juan XXIII lo elige obispo auxiliar de Córdoba, con sólo 38 años.
Participa -como todos los obispos del mundo- del Concilio Vaticano II (1962-1965).
Angelelli participó con entusiasmo y con esperanza. Su sencilla y coherente fidelidad
al Evangelio y a la renovación conciliar, cayeron como agua fresca para un pueblo
sediento de la Buena Noticia de Jesús.
En su acción pastoral empieza a hacer gestos proféticos, de cercanía a los más pobres
y a la clase obrera, acompañando así con coherencia su palabra claramente evangélica:
Invitado a bendecir una comunidad religiosa en una cantera de cal prefiere compartir
la mesa de los obreros y no la cabecera con los patrones.
Mediando en un conflicto laboral en una fábrica de pilas, cuando los patrones pensaban
recibir el apoyo del obispo, les dice él: "Miren, si estas injusticias continúan,
algún día estaremos juntos en el mismo paredón: ustedes los patrones y nosotros
los curas. Ustedes, por no haber practicado la justicia social. Nosotros, por no
haber sabido defenderla."
El 11 de julio de 1968, el Papa Pablo VI lo nombra Obispo de La Rioja; asume el
24 de agosto con el lema "Justicia y Paz" y diciendo: "Ayúdenme a que no me ate
a intereses mezquinos o de grupos. Oren para que sea el obispo y el amigo de todos,
de los católicos y de los no católicos, de los que creen y de los que no creen,
de los de la ciudad y de los que viven en los lugares más apartados." Y también:
"No vengo a ser servido sino a servir. Servir a todos, sin distinción algima, clases
sociales, modos de pensar o de creer; como Jesús, quiero ser servidor de nuestros
hermanos los pobres".
Fue así que se dedicó incansablemente de recorrer todos los rincones de la Diócesis,
hasta los ranchos más apartados. Desde entonces formuló su regla de oro: "Para servir,
hay que tener un oído atento al Evangelio y el otro en el pueblo".
Después de visitar, convocó a los católicos (laicos, sacerdotes y consagrados) a
una "Primera Semana Pastoral", para reflexionar juntos a partir de la pregunta "Iglesia
riojana, ¿qué dices de ti misma? ¿Cuál es tu misión aquí?" La propuesta final de
esa semana quedó formulada así: "Caminemos juntos, partiendo de la realidad, la
cultura y la tradición de este pueblo. Siempre iluminados por la Luz del Evangelio
y del Magisterio de la Iglesia. Queremos ser una Iglesia servidora de los hombres."
Atento al espíritu del Concilio, acercó la acción pastoral y las celebraciones a
la gente. Así hizo con mensajes radiales; con la famosa Misa de Nochebuena bajo
el alero de un pobre rancho; con el rescate de la tradicional fiesta del Tinkunaco;
etc.
Su palabra se fue haciendo potente y molesta para la élite dominante (tan típico
eso en las provincias del NOA):
"Existen unos que no tienen voz, que son marginados y explotados y existen otros
que tienen privilegios y explotan a los demás. ¿Eso lo quiere Dios? ¡No!"
"Dios no quiere hombres resignados".
Denuncia la usura ejercida desde familias poderosas de la sociedad riojana, así
como la prostitución y el narcotráfico. A las marchas que se organizan, él suma
la Comisión de Lucha contra la Usura, creada en abril de 1971.
En septiembre de 1971, Angelelli lleva a la Comisión Permanente del episcopado,
que preparaba su aporte para el sínodo sobre "La Justicia social en el mundo", 25
trabajos surgidos desde distintos grupos y sectores diocesanos.
En diciembre de 1971, el gobierno canceló la difusión radial de la Misa de Navidad.
Angelelli rezó así: "Señor, te pido por la gente del campo que esta noche no ha
tenido misa, que no podemos transmitir por la radio nuestra (...) Quizá le tengan
miedo a la misa y la crean peligrosa, porque Tú eres bastante peligroso. El Evangelio,
esa Buena Nueva que eres Tú, no es tan fácil vivirlo, y cuando se la quiere vivir
en serio, la Buena Nueva es peligrosa."
A partir de 1971 promovió fuertemente la organización de escuelas rurales y de cooperativas
de trabajo. También pidió la inspección de las condiciones laborales en algunas
fincas, lo que costó la agresión física a un sacerdote y dos laicos comprometidos.
En agosto de 1972 fueron detenidos los P. Gill y Praolini. Angelelli comenzó la
misa y al llegar al ofertorio la interrumpió para encabezar la marcha ante el Superior
Tribunal de Justicia de la Provincia, reclamando su libertad. Recién los liberaron
en septiembre, al demostrarse la falsedad de los cargos.
Hubo numerosas agresiones de grupos conservadores y de parte de la prensa local.
En junio de 1973, el obispo, sacerdotes y cristianos comprometidos fueron agredidos
en Anillaco por un grupo organizado por terratenientes de la zona.
El 29 de julio en Aminga (cerca de Anillaco) fue destrozada la comunidad de las
hermanas de la Asunción y una cooperativa. Angelelli los animó a no aflojar: "Hay
que seguir andando, nomás"
Ante una fuerte campaña de difamación hacia el obispo, el Cardenal Villot le escribe
que el Papa Pablo VI "le ha pedido a Mons. Vicente Zaspe (arzobispo de Santa Fe)
que sea portador en su nombre de un gesto fraternal de apoyo y respaldo a su misión
pastoral. (...) Además, Mons. Zaspe es portador del testimonio de afecto y de apoyo
del Sumo Pontífice para con usted, que mucho lo aprecia por su dedicación pastoral,
especialmente volcada a los pobres."
Zaspe recorrió la Diócesis y dialogó con mucha gente. Al final expresó: "La pastoral
de la Iglesia riojana es la pastoral de la Iglesia Universal (...). No he venido
por mi propia iniciativa; me han enviado. Y el que me envió tiene un nombre concreto:
Pablo VI. Y las consignas son tan concretas como su nombre: pedir la confianza para
el obispo, porque el Papa se la tiene."
El 24 de marzo de 1976 las Fuerzas Armadas toman el poder.
Recrudecieron las calumnias, falsas denuncias y amenazas; también los apremios a
agentes pastorales. Varios amigos aconsejaron a Angelelli que se ocultara o se alejara
por un tiempo, pero él lo rechazaba de plano diciendo: "Es a mí a quien buscan;
si me voy, me van a matar las ovejas."
El 4 de julio fueron masacrados en Buenos Aires 5 religiosos palotinos en la Parroquia
San Patricio.
El 18 de julio, fueron alevosamente asesinados, luego de ser secuestrados y torturados
por quienes se identificaron como miembros de la Policía Federal, los sacerdotes
P. Gabriel Longueville y Carlos de Dios Murias, en la localidad de Chamical (La
Rioja) donde realizaban su apostolado.
El 25 de julio hombres encapuchados fueron a buscar al párroco de Sañogasta, pero
éste se había ido por recomendación de Mons. Angelelli. Cuando el laico que los
atendió (Wenceslao Pedernera) les dijo que el párroco no estaba, lo acribillaron
en presencia de su esposa a hijos.
"Si me matan es porque, para el Señor, mi obra ya está terminada" decía Angelelli
por aquellos días, mientras investigaba por su cuenta la muerte de esos colaboradores
fieles.
El 4 de agosto, 17 días después del asesinato de aquellos sacerdotes, Angelelli
fue asesinado mediante un supuesto "accidente" automovilístico. El obispo acababa
de dejar Chamical, donde habla celebrado una misa y pronunciado una homilía en la
que denunciaba aquellos asesinatos. El Obispo manejaba una camioneta, y el padre
Arturo Pinto que lo acompañaba recuerda que apenas dejaron Chamical comenzó a seguirlos
un automóvil; el obispo aceleró pero entonces apareció otro coche y a la altura
de Punta de los Llanos los encerraron hasta hacer volcar la camioneta.
El cuerpo del Obispo quedó tirado en el suelo durante seis horas, la camioneta desapareció
y la única lesión que presentaba el cadáver de Mons. Angelelli fue la nuca destrozada
tal como si lo hubiesen molido a golpes. La carpeta que llevaba el obispo jamás
pudo ser encontrada, aunque sí fue vista sobre el escritorio del Gral. Albano Harguindeguy,
Ministro del Interior.
Fuente: ENRIQUE ANGELELLI, OBISPO Y MÁRTIR - Ficha para grupos cristianos, a 25
años de su martirio.
1976 - 4 de agosto - 2001 (ficha realizada para uso de grupos juveniles de la Vicaría
Flores).

Enrique
Angelelli, pastor, poeta y mártir (1)
Por Oscar Campana. Teólogo argentino. Director Académico del ISET (Instituto Salesiano
de Estudios Teológicos) de la Ciudad de Buenos Aires. Revista Nueva Tierra 45, diciembre
de 2000.
"Hay que ir limpiando la sombra para desenterrarle la luz" (2)
Hablar del panorama y el contexto teológico que enmarcaron la última década de Angelelli
supone hacer inevitable referencia a una serie de acontecimientos que tuvieron a
Angelelli no sólo como receptor pasivo sino también como protagonista.
Desde el punto de vista eclesial-magisterial, la referencia al Concilio Vaticano
II (1962-1965), a la IIª Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (Medellín,
1968) y a la Declaración del Episcopado Argentino (San Miguel, 1969) parece ineludible.
Desde el punto de vista de los movimientos eclesiales, de cuyo acompañamiento hizo
el joven sacerdote Angelelli uno de los ejes de su ministerio, estos años lo encontrarán
cercano a las instancias más dinámicas de la renovación pastoral en Argentina.
En la Comisión Episcopal de Pastoral (Coepal), creada en 1966 por el episcopado
argentino para poner en marcha un plan nacional de pastoral a la luz del Vaticano
IIº, Angelelli ocupará un lugar clave, no sólo en su conducción sino también por
su integración al equipo de peritos. (3)
Es fundamentalmente en este terreno donde podemos indagar acerca de cuáles criterios
y categorías teológicas obraban en el contexto de la vida y acción pastoral y social
de Enrique Angelelli. Me referiré, fundamentalmente, a la cuestión fe e historia.
Una categoría central: fe e historia (4)
La recuperación del carácter histórico de la salvación o de la dimensión salvífica
de la historia operada por el Concilio Vaticano IIº, resonó en América Latina de
una forma muy concreta: el proceso histórico de liberación de nuestros pueblos pasa
a convertirse, más allá de los diferentes discursos, en la preocupación central
de un sector cada vez más importante del pensar teológico y de la praxis eclesial.
Y en forma análoga, si el diálogo que el Concilio instauró con el mundo moderno
significó para las iglesias de los países centrales una llamada al encuentro y al
mutuo entendimiento con la cultura contemporánea, en América Latina este diálogo
tuvo que ver, fundamentalmente, con el reconocimiento de un interlocutor: el pueblo
y/o los pobres.
El profetismo manifestado en una historia leída a la luz de la fe y el reconocimiento
de un sujeto, portador, a su manera, de esa misma fe, pero que a la vez es un sujeto
oprimido y marginado política, económica y culturalmente, están en la base de las
principales intuiciones teológicas e iniciativas pastorales de la época. La "irrupción
de los pobres en la Iglesia y en la teología", como se ha dado en llamar, parece
ser el hilo conductor que transita desde la teología de la liberación hasta la inculturación
del evangelio, desde la pastoral popular hasta las comunidades de base, desde el
compromiso socio-político de amplios sectores de la Iglesia hasta la vida religiosa
inserta, desde las nuevas formas de expresión litúrgica y catequística hasta el
martirologio latinoamericano.
En mi opinión, no ha habido en la Iglesia de América Latina nada radicalmente nuevo
desde entonces. Las más fecundas iniciativas, las más audaces categorías y los más
interesantes debates se reconocen en este subsuelo cuya expresión privilegiada sigue
siendo, sin dudas, la opción por los pobres.
Aquel reencuentro con el Evangelio operado, en última instancia, en la espiritualidad
y en la teología, encontraron en Angelelli y en su corazón de poeta-pastor, expresiones
simples y profundas como la conocida "con un oído en el pueblo y otro en el Evangelio".
O aquella otra "el Evangelio del pobre". O esa frase que parece una traducción de
tierra adentro de la lectura de los signos de los tiempos: "desovillando a mi pueblo".
A mitad de camino entre el teólogo que habla y el místico que calla, Enrique Angelelli
se nos revela como el poeta-pastor que habla sin decir del todo y que calla haciendo
oír su silencio. Oración y acción pastoral eran en él las dos caras de una misma
moneda. "Cantar y liberar", como dijera Gustavo Gutiérrez. "Los pobres y Dios",
en palabras de Pedro Casaldáliga.
Hay mucho silencio en sus palabras. Mucha paciencia en su aparente impaciencia.
Mucho desovillar. La crítica y la autocrítica de los años sesenta y setenta hizo
de muchos de sus protagonistas hombres y mujeres exaltados que sólo veían la pronta
concreción del cambio social que ellos mismos anunciaban. Hombres y mujeres aferrados
a un éxito cercano, en términos sociales y políticos, que parecía llevarlos a no
percatarse de la realidad que los rodeaba. No es esto lo que se percibe en las palabras
de Angelelli. Hay mucho dolor en sus palabras. Pero no desesperanza. Pero él sabía,
y lo repetía muchas veces, que los caminos de Dios no son los de los hombres. Quizás
nos falte mucho, aún, para terminar de de- sovillar aquellos años, aquella Iglesia
y aquella Argentina.
Enrique
Angelelli selló su palabra-silencio con su martirio. En una homilía de febrero de
1976, contaba que había estado releyendo los padres apostólicos y las actas de los
mártires. Intuyó, como muchos, los tiempos que venían. Como allí por 1970 en su
último escrito lo intuyera, a su estilo, Leopoldo Marechal: "Ante nuestra mirada
tenemos un escenario (una geografía), los actores listos (un pueblo) y la noción
del drama o la comedia que ha de representarse allí (el suceder nacional). ¡De pronto
una gran flojera, un olvido total de las consignas, un abandono del escenario, los
actores y el drama! ¿Qué sucedió aquí? ¿Un aborto del suceder?". (5)
Los abortistas del suceder ya estaban al acecho de hombres, mujeres, pueblo, ideas
y acontecer. Los mismos que, en su cinismo, pocos días antes de su martirio le enviaron
a Angelelli telegramas de condolencias por Carlos y Gabriel, los dos sacerdotes
asesinados.
Como lo vuelven a mostrar en nuestro país y en América Latina los acontecimientos
de las últimas semanas, hay mucho dolor, aún, por desovillar.
Algunas claves de futuro
Finalizo con una breve referencia al presente. Los creyentes parecemos vivir anunciando
algo, pero lo que después llega es otra cosa. Debo decir, en esta ocasión que nos
hace arrojar una mirada sobre aquellos años, que aún percibo demasiada certidumbre
en nuestros discursos.
¿No habremos comprado muy pronto el "paquete" de los ’90? Y no pregunto esto movido
por una nostalgia setentista de teoría y praxis. Pero temo que detrás de la dispersión
hermenéutica en la que nos hemos sumergido, nos hayamos quedado con el gesto setentista
más que con su sustancia.
Es verdad que la opción por los pobres se ha ido des-ovillando cada vez con mayor
detalle y sutileza: ONGs, movimientos sociales, ciudadanía, perspectiva de género,
vida cotidiana, tercer sector, redes alternativas, interculturalidad, ecología,
holística. Pero a veces me asusta un poco la complacencia y hasta el financiamiento
del sistema hacia muchas de estas iniciativas. No quiero instaurar una crítica hacia
ellas: de una o de otra manera todos estamos vinculados a alguna de estas alternativas.
Sólo constato que hoy nos falta algo que nos embargue el corazón.
El corazón de Angelelli, corazón de poeta, de pastor y de mártir, sigue siendo,
en estas circunstancias, un corazón que nos ayuda a "limpiar la sombra para desenterrar
la luz". Y si la Iglesia del preconcilio fue capaz de parir a un creyente de la
estatura de Enrique Angelelli, ¡¿qué no parirá la Iglesia y la sociedad qué él ayudó
a engendrar?!
(1) Ponencia presentada en las IVª Jornadas "Justicia y esperanza en la opción por
los pobres, Buenos Aires, 5 de agosto de 2000.
(2) Angelelli, E. A., Encuentro y mensaje, Buenos Aires, 31984, 7.
(3) Ver Campana, O., "Angelelli está en nuestro futuro", en Nueva Tierra 31 (1996)
19-21, y las referencias allí indicadas.
(4) Para esta cuestión continúa siendo imprescindible la lectura de la obra de S.
Politi, Teología del pueblo. Una propuesta argentina para Latinoamérica, Buenos
Aires, 1992, especialmente 269-298.
(5) L. Marechal, Megafón, o la guerra, Buenos Aires, 31999, 150.
Fuente: www.nuevatierra.org.ar

Enrique
Angelelli: pastor y profeta
Enrique Angelelli nació en la ciudad de Córdoba el 17
de julio de 1923. Fue ordenado sacerdote en Roma el 9 de octubre de 1949. El Papa
Juan XXIII lo eligió como obispo auxiliar de Córdoba y fue consagrado el 12 de marzo
de 1961. Luego el Papa Pablo VI lo designó Obispo de La Rioja y tomó posesión de
esa diócesis el 20 de agosto de 1968.
Mons. Angelelli llevó a la vida del pueblo de La Rioja las enseñanzas del Concilio
Vaticano II, de Medellín y del documento de San Miguel del Episcopado argentino.
Su acción pastoral, inspirada por estos documentos, fue objeto de duras polémicas.
Fue un hombre que se dejó tomar por el Espíritu y apasionar por el evangelio.
Vivió intensamente la amistad y estrechó lazos de unión y de afecto con la gente
de manera bastante inusual en su ambiente. Siempre manifestó con gestos y palabras
su amor por la Iglesia; un amor serio, crítico y absolutamente fiel al evangelio.
Creyó en la Iglesia como comunidad y favoreció el encuentro fraternal entre sus
miembros.
Tuvo una enorme comprensión por los más humildes, y fue capaz de elevar la voz en
la denuncia frente a las opresiones desde sus homilías, cartas pastorales y la radio.
Desde la experiencia de su tierra y de su pueblo, constantemente se esforzó por
romper las estructuras de injusticia para que la tierra, el trabajo, el pan y el
agua fuera para todos.
Los títulos de sus homilías son más que significativos para mostrarnos por donde
iba su reflexión. Veamos algunos ejemplos: "Pacificar el corazón, mirar al futuro,
preparar los hombres del mañana" (1 de enero de 1969).
"El obispo, hombre crucificado; en su corazón deben encontrar cabida las alegrías
y los dolores de su pueblo" (1970).
"Con alma de niños, dar acogida en nuestro corazón al don de la paz" Mensaje de
Navidad (1970).
"Colecta Más por Menos, toma de conciencia nacional, un comienzo para aplicar en
cristiano la distribución de los bienes" (1971).
"Urge escuchar la voz de Cristo y llegar incluso a opciones y rupturas interiores
si queremos cambiar nuestra manera de vivir" Carta pastoral de Cuaresma (1972).
"En nuestras madres encontramos un eco de la grandeza y del amor de Dios" Mensaje
en el Día de la Madre (1973).
"Quiero manifestar un amor grande al pueblo riojano que el Señor me confió; un amor
grande a esta hora histórica que nos toca vivir y que juntos vamos tejiendo dolorosamente;
amor grande a Cristo y a su Iglesia" (1973).
"Somos obispos y pastores de un Concilio que debe ser llevado a la práctica" (1974).
"Ser hombres de la luz es no evadimos de nuestra realidad y construir nuestra historia
con los demás" (1975).
"Seguimos mirando nuestro presente y nuestro futuro con esperanza, aunque sea dolorosa
nuestra realidad" (1975).
El 18 de julio de 1976 en Chamical, ciudad pequeña de la región de Los Llanos riojanos,
fray Carlos de Dios Murias, uno de los primeros franciscanos conventuales argentinos,
y el padre Gabriel Longueville, sacerdote francés a cargo de la parroquia de esa
ciudad, en una fría noche de invierno, fueron cruelmente asesinados por ser fieles
a Cristo y a la Iglesia.
El padre obispo Enrique Angelelli en la homilía del entierro dijo:
"También hay en este presbiterio muchachos que están estudiando, todavía no son
sacerdotes, están preparándose, experimentando a Cristo, descubriéndolo con la inteligencia
y fundamentalmente descubriéndolo en la vida y asimilándolo para que puedan ser
presbíteros. Yo creo que ellos hoy deben recibir la mejor lección de teología de
la vida. Porque un muchacho de 30 años y presbítero ha muerto, por ser fiel a las
bienaventuranzas de Jesús, mártir. Hermanos seminaristas, a ustedes también les
deja una lección, un mensaje".
Una semana más tarde, en la puerta de su casa le quitaron la vida a Wenceslao Pedernera,
un hombre apostólico, trabajador rural, esposo fiel y padre de familia. Pocos días
después, el 4 de agosto (día del párroco), caía en el camino, en Punta de los Llanos,
el obispo de la diócesis, el pastor y profeta Enrique Angelelli.
"La vida y la muerte de Monseñor Angelelli son fuente fecunda de inspiración para
quienes seguimos a Jesús de Nazaret y también para aquellos que sueñan y luchan
por un tiempo nuevo de justicia y de paz.
Sus huellas de profeta y de pastor nos llevan "tierra adentro" al encuentro de los
pobres y olvidados. Quienes van detrás de sus pasos, descubrirán un camino de fidelidad
creativa, de entrega radical, de amor sin reservas. Hallarán el corazón del pastor
habitado por el clamor de los pobres y la pasión del Evangelio.
Hoy, quizás más que nunca, necesitamos volver a oír sus palabras; en ellas, el testimonio
de su vida nos convocará, a ser también nosotros sembradores de una época nueva
que haga posible la vida plena para todos"
Juan Carlos Pisano
Fuente: http://usuarios.lycos.es/angelelli.

NUNCA
MAS - El caso del Obispo de La Rioja Monseñor Enrique Angelelli, y de los sacerdotes
de Chamical Gabriel Longueville y Carlos de Dios Murias
El 18 de julio de 1976, fueron alevosamente asesinados, luego de ser secuestrados
por quienes se identificaron como miembros de la Policía Federal, los sacerdotes
P. Gabriel Longueville y Carlos de Dios Murias, en la localidad de Chamical (La
Rioja) donde realizaban su apostolado. A la mañana siguiente a este crimen, hombres
encapuchados fueron a buscar al párroco de Sanogasta, pero éste se había ido por
recomendación del Obispo Monseñor Enrique Angelelli. Cuando el laico que los atendió
les dijo que el párroco no estaba, lo acribillaron.
El 4 de agosto, 17 días después del asesinato de aquellos sacerdotes, falleció Monseñor
Enrique Angelelli, Obispo de la Diócesis de La Rioja, supuestamente en un «accidente»
automovilístico». Las pruebas o presunciones de que fue atentado, se acumularon
de manera abrumadora.
El Obispo acababa de dejar Chamical donde había celebrado una misa y pronunciado
una homilía en la que denunciaba aquellos asesinatos. El Obispo manejaba una camioneta,
y el padre Arturo Pinto que lo acompañaba recuerda que apenas dejaron Chamical comenzó
a seguirlos un automóvil; el Obispo aceleró pero entonces apareció otro coche y
a la altura de Punta de los Llanos los encerraron hasta hacer volcar la camioneta.
El cuerpo del Obispo quedó tirado en el suelo durante seis horas, la camioneta desapareció
y la unica lesión que presentaba el cadáver de Monsehor Angelelli fue la nuca destrozada
tal como si lo hubiesen molido a golpes. La carpeta que llevaba el Obispo jamás
pudo ser encontrada.
«No vengo a ser servido sino a servir. Servir a todos, sin distinción alguna, clases
sociales, modos de pensar o de creer; como Jesús, quiero ser servidor de nuestros
hermanos los pobres». Estas fueron palabras pronunciadas por Monseñor Angelelli
al asumir la conducción del Obispado de La Rioja en 1968.
Había realizado sus estudios sacerdotales en Roma, especializándose en Derecho Canónico;
fundó en Córdoba la Juventud Obrera Católica y fue asesor de la Juventud Universitaria
Católica.
«El dicente, en este sentido, quiere agregar que uno o dos días después de ocurrido
el suceso, los papeles que portaba el Obispo Angelelli en el momento de su fallecimiento
llegaron a la casa de Gobierno dirigidos a! Ministro Harguindeguy, en una carpet
a remitida desde la Guarnición Militar Salta, con expresa indicación de que se trataba
de documentación confidencial. Este hecho llamó la atención del declarante, ya que
los citados papeles no fueron entregados a la causa judicial, como tampoco entregados
a los allegados a Monseñor Angelelli.
Todas estas circunstancias motivaron que el dicente se decidiera a fotocopiar pane
de esa documentación , que estaba integrada por correspondencia intercambiada entre
el Obispo de La Rioja y el Arzobispo de Santa Fe, Monseñor Vicente Zaspe, referida
a la persecución que sufrían señores de la Iglesia Católica por su actividad social,
un cuaderno de notas y otros papeles. La documentación fue entregada al General
Harguindeguy... quiere aclarar el dicente que prestó especial atención al hecho
por la forma estrictamente «secreta» que se dio a la existencia de esta carpeta.
Añade que no tiene conocimiento del destino posterior de la misrna, puesto que el
General Harguindeguy manejaba en forrna personal todos los hechos referentes a la
Iglesia»
(Declaración de Peregrino Fernández prestada ante el grupo de Trabajo de Desapariciones
Forzadas de Personas de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas).
«...Durante uno de los interrogatorios, el Capitán Marcó y el Capitán Goenaga me
diieron que el Obispo de La Rioja, Enrique Angelelli, el Psiquiatra Raúl Fuentes
y Alipio Paoletti iban a ser muenos... antes del mes, Angelelli murió en circunstancias
que aún se investigan. Fuentes se encuentra desaparecido desde fines de 1976 y Alipio
Paoletti fue buscado intensamente... en agosto del mismo año, debido a las condiciones
físicas en que había quedado por las torturas fue trasladado al Hospital Presidente
Plaza. Estando allí fue ingresado una noche el cadáver de Angelelli para realizarle
una serie de autopsias; quienes me custodiaban, miembros de la Policía de la Provincia,
aludiendo a la muerte del Obispo, manifestaban cosas como: «eso le tenía que pasar
a ese cura comunista hijo de ....»
(Testimonio de Plutarco Antonio Scheller, Legajo N° 4952).
Fuente: www.desaparecidos.org

Un
obispo molesto para el poder
Un 4 de agosto de 1976, el Obispo Enrique Angelelli aparecía muerto sobre la ruta
que llevaba a la ciudad de La Rioja. A fines de julio de ese año, se había formado
el "grupo de tareas" encargado de eliminar a Angelelli. El 4 de agosto, después
del mediodía, Angelelli salió de la localidad de Chamical hacia la ciudad de La
Rioja, conduciendo la camioneta del obispado.Iba acompañado por el padre Arturo
Pinto, llevando consigo una carpeta con pruebas y testimonios del secuestro, tortura
y asesinato de los curas Gabriel Longeville y Carlos de Dios Murías. Fueron perseguidos
por un coche de color claro, quizás blanco, que los alcanzó en Punta de los Llanos,
donde se les fue encima a gran velocidad y los encerró, provocando el vuelco de
la camioneta. Angelelli fue sacado del vehículo, la nuca molida a golpes, lo dejaron
tirado sobre el asfalto. Su reloj, roto, marcaba las 3 de la tarde.
La mentira del "accidente"
La carpeta que Angelelli llevaba no pudo ser hallada, pero fue vista por testigos,
dos días después, en el despacho del entonces Ministro del Interior, General Albano
Harguindeguy. El gobierno militar habló de un "accidente", pero nadie le creyó.
Al cabo de una dificultosa investigación, el 29 de julio de 1983, el obispo de Neuquén,
Don Jaime de Nevares, denunció el asesinato de Monseñor Angelelli, y en la causa
tramitada ante el Juzgado Nº1 de La Rioja quedó constatado que Monseñor Angelelli
murió por asesinato "fríamente premeditado y esperado por la víctima" Esta causa
quedó trunca, ya que tropezó con las leyes de punto final y obediencia debida.
Las llagas abiertas por el proceso militar siguen así, al impedir que la justicia
haga su aporte de verdad y dignidad.- Ahora con la derogación y anulación de estas
leyes, quizás sea posible que acabe la impunidad en nuestro país, y reciban su castigo
los culpables.
Pero, ¿quién fue Enrique Angelelli?
No es un personaje lejano del pasado. Nació, trabajó y entregó su vida en este país
de América Latina. Alguna gente nunca oyó hablar de él. No se trata de un simple
olvido: los que se habían apoderado del poder político intentaron tender sobre Angelelli
un pesado manto de silencio. "No sólo pretendieron robarle la vida, sino también
la muerte", como dijo Monseñor Hesayne de Viedma.
¿Por qué hay interés en que sea olvidado?
En una cantera de cal en la zona cordobesa de Malagueño, en presencia de los patrones,
Angelelli invitado a bendecir las instalaciones, destacó el Cristo Sufriente encarnado
en los obreros, y prefirió compartir la mesa de los trabajadores en lugar de la
que le habían preparado los dueños.
Ante un conflicto laboral en una fábrica de pilas, los sacerdotes respaldaron los
reclamos de los trabajadores. Los empresarios esperaban que Angelelli frenara a
los curas. Por el contrario, se pronunció públicamente en su favor.
Estaba convencido de que desde un escritorio era inútil ofrecer soluciones mágicas,
por eso recorrió su diócesis, visitando hasta los lugares más lejanos y latiendo
con los problemas de su gente. De allí su regla de oro: "para servir, hay que tener
un oído atento al Evangelio y el otro en el pueblo".
Participó de las marchas contra la pobreza y la miseria que abundaban en su provincia,
La Rioja. Alentó y colaboró en la organización de la Asociación de Trabajadores
Provinciales, el Sindicato de Empleadas Domésticas, el de Trabajadores Rurales y
Estibadores, la Asociación Minera y la Coordinadora Campesina.
Era conciente de que el problema crucial de la Rioja era la escasez de fuentes de
trabajo, y que los riojanos emigraban en busca de ocupación. También sabía que existían
grandes extensiones de tierra improductiva. Impulsado por las ideas del Concilio
Vaticano II, ayudó a que se "concreten obras que hagan felices a los hombres", puso
en funcionamiento escuelas, trabajó en la organización de cooperativas de trabajo.
Muchos, y los gobernantes en particular, lo acusaban de impulsar el establecimiento
de granjas colectivas.
El círculo se cierra
No dejó denuncia por realizar: sobre los bajos salarios, sobre los peones no inscriptos
en la seguridad social.... Sus curas y él mismo sufrieron agresiones por matones
a sueldo.
También la Justicia del lugar detuvo a dos de sus sacerdotes bajo falsas acusaciones
de tenencia de armas y explosivos. Fueron procesados, pero luego de comprobada la
falsedad de los cargos, fueron liberados. Se orquestaron campañas para difamarlo,
acusándolo de subversivo, cura comunista, o guerrillero.....
En julio de 1976, en pleno proceso militar, dos sacerdotes de Chamical Gabriel Longeville
y Carlos de Dios Murías, fueron secuestrados, torturados y asesinados. Sus cadáveres
fueron encontrados al otro día por una cuadrilla de ferroviarios, a 5 km, maniatados,
acribillados a balazos, con restos de cinta adhesiva y algodón en la boca. En estado
lamentable, el cura Murías especialmente que había sido mutilado y evidenciaba una
muerte lenta.
A los pocos días, un grupo de hombres encapuchados ingresó a la pequeña aldea de
Sañogasta, ametralló y dio muerte al dirigente Wenceslao Pedernera, en presencia
de su esposa e hijos.
Angelelli presintió el final, por eso les dijo a sus amigos "que el círculo se iba
cerrando...", ubicándose en el centro a sí mismo, ya que aseguraba que a quién buscaban
era a él.-
Si Enrique Angelelli fue un hombre y un obispo molesto para muchos de sus contemporáneos,
hoy es también un mártir incómodo.
Quizás ahí esté la respuesta de tanto silencio desde el poder político, desde muchos
sectores de la sociedad y especialmente desde la Iglesia argentina que no exige
investigación y justicia para sus miembros.
Fuente: http://www.8300.com.ar (7 de agosto de 2004)

El
Obispo apedreado por los dueños de la tierra
Homenaje al Obispo Angelelli
Por Osvaldo Bayer
Mi contacto con la figura de Angelelli principalmente se debió a que hicimos para
la televisión alemana un film documental sobre Angelelli, de manera que me tuve
que meter profundamente con la figura de él, con testigos de la época, con amigos
y también con enemigos. El primer viaje que hicimos con la TV alemana fue a pedir
una entrevista con Monseñor Primatesta, Obispo de Córdoba, para preguntarle qué
opinaba de su Obispo Auxiliar, que había sido Monseñor Angelelli, y él nos contestó,
a través de un secretario, que no tenía absolutamente nada que decir. También he
leído las cartas del archivo del obispado de La Rioja, a las cuales llegamos a través
del Obispo White, que fue el nombrado para reemplazar a Angelelli, que nos dio libertad
de ver los documentos, pero nada más; no quiso abrir tampoco ninguna opinión sobre
el mártir de La Rioja.
La primera escena que nos hace entender profundamente quién era Angelelli la da
esto, que nuestro querido compañero cordobés delineó, y que son «las tierras de
Asalini», el lugar llamado Aminga. Es ahí donde Angelelli ayuda a la cooperativa
de viñateros que querían aprovechar esas tierras, pero más que tierras las aguas;
es decir, lo más valioso en La Rioja son las aguas y no la tierra; y ahí estaban
las mejores aguas, en ese territorio abandonado del predio de Asalini. Los herederos
de Asalini se habían ido a vivir a Roma y nos les interesaba nada de eso, se había
abandonado todo ese hermoso lugar para los viñedos. Esa gente entonces, los auténticos
trabajadores de la tierra, del agua y del vino, quisieron hacer una auténtica cooperativa
«Coodetral»; y realmente la crearon desde la base con la ayuda y el consejo del
Obispo Angelelli. Por supuesto, y esto lo hace tan actual a la figura de Angelelli
y a todos estos episodios, ¿de dónde vino la reacción? De un lugar que se ha hecho
célebre en La Rioja, de Anillaco. De Anillaco vino la reacción. Nosotros, y esto
está grabado y filmado, fuimos a la bodega Menem y fuimos atendidos por Amado Menem,
que es el administrador de la bodega. Y es interesante ver a Amado Menem describir
a este Obispo y señala con todo desparpajo frente a las cámaras de la TV alemana:
«Él se la buscó. Era un comunista» Tal cual. No he agregado una sola palabra a las
declaraciones de él. Y entonces nos describe, como un acto realmente democrático
y heroico por parte de los bodegueros, de los dueños de todas esas zonas, cómo lo
corrieron a pedradas al Obispo. Ustedes saben de aquel episodio, muchos de ustedes
lo habrán leído, Angelelli con un cura que lo acompaña llegan a Anillaco y allí
lo está esperando la barra brava de los viñateros. Yo acá tengo una solicitada del
diario El Sol que lo llamaba «Satanelli» a Angelelli, donde está el Centro de la
Juventud Amingueña que es el Centro que se opuso a que los hombres de la tierra
tuvieran su cooperativa y explotaran esas tierras abandonadas. Este Centro saca
una solicitada donde acusa al Obispo de subversión, de tratar de terminar con la
verdadera religión católica. Uno de los firmantes de apellido Menem muy preocupado
por que dice que Angelelli estaba falseando la fe católica al llevar el comunismo
a los trabajadores de la tierra.
Fue uno de los que comandó ese especie de comando que recibe a pedradas a Angelelli,
quien tiene que buscar refugio en la parroquia de Anillaco con el otro cura y puede
abandonar recién ese recinto después de varias horas de estar adentro y se le grita
de todo: «Comunista, marxista, etc.» Esto el propio Amado Menem lo contaba como
un gran hecho: «Era la población auténtica de Anillaco» No, era la gente pagada
por los bodegueros que apedreó al Obispo. ¡Fíjense qué figura evangélica! El obispo
apedreado por los dueños de la tierra.
Y aquí viene la cosa de tipo política. En un Tiguanaco, la fiesta popular donde
concurrieron todos los trabajadores de Aminga presididos por el Obispo, él pide
la audiencia con el gobernador, nuestro actual presidente. Y, ¿qué le dice Carlos
Menem? «Por supuesto, señor Obispo. "Piden la expropiación de la tierra, que la
provincia expropie las tierras y se la dé a los trabajadores. Y Carlos Menem le
promete que sí. Después lo tiene que aprobar la legislatura. Y ocurre una cosa por
primera vez en la legislatura riojana. El bloque peronista al votar esta ley de
expropiación se divide. Todos respondían a Menem pero justamente al votar esta ley
se dividen, y desgraciadamente el bloque radical, y esto es una vergüenza para el
radicalismo, en La Rioja se junta con los disidentes del peronismo y rechazan la
ley de expropiación de la tierra. Esta fue una maniobra de Carlos Menem gobernador
para no legalizar la entrega de tierras a los trabajadores.
Paso ahora a otra escena de las que a mí me emocionaron hondamente que es un viaje
que hace el Obispo en su viejo auto y llega a la parte de los bosques riojanos donde
están los leñadores, los trabajadores de la madera y en el camino encuentra un cortejo
de trabajadores y sus familiares y llevan en angarillas un cadáver de un trabajador
muy joven muerto por el Mal de Chagas que lo llevan en angarillas para sepultarlo
en el cementerio de la zona. Entonces el Obispo detiene el auto, todos se detienen
y él les pregunta: «¿a dónde lo llevan?». «Lo llevamos a enterrar al cementerio»
Y el Obispo pregunta: «Y cómo, ¿no tienen ataúd?» La gente baja la mirada al suelo
y avergonzados dicen: «No tenemos dinero, señor Obispo». Y el Obispo los acompaña,
bendice al muerto, de acuerdo al rito católico, es enterrado, y vuelve a la capital
de La Rioja y ese domingo en la misa de diez dice un sermón que le costará la vida.
Él cuenta este episodio del encuentro con los leñadores que volteaban árboles, las
mejores maderas de La Rioja que se exportan para hacer muebles y se exportan hacia
Europa, y señala y dice: «¡Qué pecadores que somos que ni siquiera en nuestra tierra
los trabajadores de la madera, de la leña, de los árboles, pueden tener un ataúd
para los hombres de trabajo, para sus compañeros de trabajo». Y estaban en primera
fila el brigadier Aguirre, el coronel Pérez Bataglia con sus familias. El brigadier
Aguirre se levanta y dice: «Señor Obispo hemos venido a escuchar la santa misa y
no a escuchar discursos políticos» Y es entonces cuando Angelelli indignado toma
la actitud bíblica y lo expulsa del templo, expulsa a los mercaderes del templo
y le dice: « Usted deje el templo que usted no pertenece a nuestra religión» Esto
lo dice justo delante de la familia de los militares, y que se retiran todos.
El jueves siguiente son asesinados estas hermosas figuras que son estos curas de
Angelelli, Gabriel Longeville, francés, Juan de Dios Murias, son buscados, sacados,
secuestrados y aparecen asesinados junto a las vías, y también Wenceslao Pedernera,
un criollo, hombre que ayudaba a los curas, hombre de profunda fe cristiana que
también es asesinado con ellos. Es realmente conmovedor ver las tumbas de estos
tres mártires asesinados antes que el Obispo.
Y es ahí donde el Obispo comienza la averiguación de los hechos. Va a Chamical,
el lugar donde estos curas tenían su capilla junto a las monjas que los ayudaban.
El Obispo va a visitar a las monjas. Ellas me han descrito esa última mañana. Pasa
la noche recogiendo datos, los pone todos en una carpeta con todas las declaraciones
que ha ido juntando sobre el asesinato de sus dos curas y de Wenceslao Pedernera.
Pone la carpeta en el asiento de atrás del auto cubierta por una manta. Me contaron
las dos monjas que no quiso almorzar, sólo comió higos frescos, y partió con ese
joven cura, un cura nuevo, el cura Pinto que lo acompañará. Al llegar a Punta de
los Llanos ocurre lo que ya han relatado los compañeros acá: es asesinado el Obispo.
Yo he descrito, porque nosotros queríamos hacer un film, a la usanza de la Patogonia
Rebelde, con la figura de Angelelli, y lo íbamos a hacer con Olivera en el año 1988,
después, desgraciadamente no se consiguió el dinero para hacerlo, pero creo que
es un gran film que nos espera acá en Argentina, hacer esta figura. Yo he descrito
también con el testimonio del Padre Pintos cómo fue este último momento, que ya
describió muy bien este riojano que está aquí al lado mío (De Leonardis) y digo
(justamente esa es la escena final): «La ruta está vacía, es la hora de la siesta
y no se ve ni un alma, ni siquiera algún chango a orillas del camino. El llano aparece
amenazante en su total soledad. La camioneta va a mediana velocidad. El Padre Pintos
desde el asiento de acompañante mira hacia atrás. No hay nadie. La ruta infinita.
Nada. Reverberos de luz. Y de pronto el Obispo desde el volante le susurra al Padre
Pintos: ‘¿Y qué quiere éste?’ El cura Pintos mira con un hilo de terror en la espalda
que repentinamente tienen al lado a un auto que marcha a su misma altura y dirección
que ellos. Alcanza a ver a un chofer desdibujado que se les mete delante como empujándolos
para el costado, cerrándoles el paso. El Obispo previendo el choque intenta una
frenada y desvía la camioneta que comienza a dar tumbos en la banquina. Luego, sólo
el ruido del viento suave al pasar por entre los pastos y el polvo reflejado por
el sol. Se oyen pasos, un abrir de puertas y el arrastrar de un cuerpo. Sólo sonidos
en el polvo. No hay imagen de lo que ocurre. Segundos después, unos golpes contra
algo óseo. La imagen desde arriba muestra la ruta y en el medio de ella un hombre
con sotana con los brazos abiertos en cruz sobre el medio de la calzada. Un hilo
de sangre se ha ido vertiendo hasta la banquina. Un hombre crucificado en la ruta.
Es el Padre Obispo.
La imagen se eleva una vez más y muestra toda la inmensa soledad de ese hombre en
medio del paisaje árido y desolado de los llanos riojanos. El alma del Padre Obispo
quedará para siempre impreso en el paisaje. Aparecerá sin espacio en una carreta
de bueyes en los caminos altos de los cerros (hay una hermosa fotografía del Obispo
al lado de una riojana en una carreta con bueyes); o por sobre las cumbres apoyándose
con un bastón hecho de una rama (como también está fotografiado); o por un sendero
andando en burro; o de pronto en una punta de los llanos con su sotana azotada por
el viento; se lo verá irse por la espalda o aparecer de frente. El Padre Obispo
no morirá para los riojanos humildes. Estará permanentemente presente para los lugareños
y se aparecerá a los viajeros, igual que aquel Chacho Peñaloza del siglo pasado
que se reveló con sus montoneros contra los poderosos. La silueta del Padre Obispo
aparecerá en los amaneceres lechosos de niebla, o a la luminoso hora de la siesta,
o al atardecer, cuando los hacheros y mineros regresan a sus ranchos.
Osvaldo Bayer es historiador y escritor argentino

Angelelli
de todos
Por Washington Uranga, Página/12. Argentina, 4 de agosto 2005
El 4 de julio de 1976, en el barrio de Belgrano, en Buenos Aires, cinco religiosos
palotinos fueron asesinados. El 18 de julio del mismo año, los sacerdotes Carlos
de Dios Murias y Gabriel Longueville corrieron la misma suerte en El Chamical, en
La Rioja. El obispo de entonces, Enrique Angelelli, decidió ir al lugar, iniciar
por su cuenta las investigaciones y denunciar los motivos de los asesinatos. El
propio Angelelli había reunido pruebas que daban cuenta de que los curas de El Chamical
habían sido sacados de la casa en la misma noche de su muerte por varios hombres
armados que vestían de civil y que mostraron credenciales de la Policía Federal.
Al día siguiente los sacerdotes fueron encontrados acribillados a balazos en las
afueras del pueblo. Uno de ellos tenía evidentes signos de tortura. El 25 de julio
un grupo de encapuchados se presentó en parroquia de Sañogasta buscando al párroco.
No lo encontraron. El cura, advertido por el obispo, había abandonado el lugar.
Entonces la comitiva asesina dirigió sus pasos hacia la casa de un militante cristiano,
laico y perteneciente al Movimiento Rural, Wenceslao Pedernera. A este hombre de
38 años lo ametrallaron a la vista de su familia.
El asesinato del obispo Enrique Angelelli, ocurrido el 4 de agosto de 1976 y del
que se cumplen 25 años, no puede ser visto de manera aislada, sino como parte del
contexto de persecución que instaló la dictadura militar y que también tuvo como
destinatario a un sector de la Iglesia Católica comprometido con las luchas populares.
Angelelli sabía que estaba sentenciado a muerte. Además de las amenazas recibidas,
él mismo había visto una lista de presuntas víctimas en la que estaba incluido.
Los sacerdotes le habían pedido que dejara La Rioja. Sin embargo, decidió permanecer
y hacerse cargo personalmente de la investigación por los asesinatos de los curas
de El Chamical.
El 4 de agosto en la carretera que conduce a la capital riojana y a la altura de
Punta de los Llanos, Angelelli murió ultimado a golpes con piedras después de que
su camioneta volcó a raíz de un accidente provocado y él, accidentado pero aún con
vida, quedó sobre el pavimento. La policía bloqueó la zona e incautó el vehículo.
Apenas pocas horas después la carpeta con toda la documentación probatoria que Angelelli
había logrado reunir sobre el asesinato de los curas Longueville y Murias estaba
en el despacho del ministro del Interior de la dictadura, general Albano Harguindeguy.
El pueblo cristiano de La Rioja transformó a Angelelli en mártir desde el momento
mismo de su asesinato y más allá de cualquier reconocimiento formal eclesiástico
o de procesos judiciales falseados o truncos. Otros, también no católicos, lo incorporaron
a sus propias banderas. Quizá recordando que ese cura cordobés que llegó a La Rioja
para ser obispo, lo hizo diciendo que quiero "comprometerme con ustedes y ser un
riojano más" y lo fue hasta la muerte. En esa misma ocasión les había pedido a sus
fieles católicos que "oren para que sea el obispo y amigo de todos, de católicos
y no católicos, de los que creen y de los que no creen pero que luchan contra las
injusticias".

Reactivan la investigación por el asesinato
del obispo Enrique Angelelli
El sacerdote que oía al pueblo
Fuente: Pagina 12, 10 de octubre 2005
La
Justicia decidió ordenar medidas de prueba en la causa, que estaba paralizada desde
la sanción de las leyes de punto final y obediencia debida. Angelelli fue asesinado
el 4 de agosto de 1976, pero su crimen trató de encubrirse como un "accidente".
La jerarquía eclesiástica nunca reclamó que se investigara.
Enrique Angelelli fue asesinado en una ruta de La Rioja.
Por Victoria Ginzberg
El obispo Enrique Angelelli fue asesinado el 4 de agosto de 1976. Pero pasaron diez
años hasta que la Justicia reconoció que su muerte no había sido un "accidente"
sino un "homicidio calificado". Tuvieron que transcurrir otros 19 para que la investigación
se reactivara. "El tiempo no nos aterra. Nos molesta la sensación de impunidad que
hay en Argentina y que recién ahora se está empezando a revertir. Esto tiene un
gran valor porque indica que es posible hacer justicia, que no hay que dejársela
a los poderosos", señaló a Página/12 Luis Brizuela, uno de los abogados que impulsa
la causa.
La decisión de reactivar rápidamente la investigación se terminó de acordar en una
reunión que se realizó el jueves entre el fiscal federal Horacio Salman, el juez
federal subrogante de La Rioja, Franco Romano Grassi, el fiscal general de Córdoba,
Alberto Gabriel Losada, y la fiscal cordobesa Graciela López de Filoñuk. Estos dos
últimos fueron nombrados por la Procuración General de la Nación como investigadores
coadyuvantes para acelerar la reapertura del expediente.
"Cerca de fin de mes se producirán medidas", adelantó a Página/12 un funcionario
judicial vinculado con el caso. Por el momento, no se ordenarían detenciones sino
declaraciones de testigos.
Angelelli no será la única víctima del terrorismo de Estado de La Rioja cuyo expediente
se desempolvará: hay cerca de 40 causas de desapariciones, asesinatos y secuestros
durante la última dictadura en esa provincia que tendrá la misma suerte. Entre ellas
figuran los asesinatos de los sacerdotes de Chamical Carlos de Dios Murias y del
francés Gabriel Longueville, que fueron ejecutados pocos días antes de la muerte
de Angelelli.
El crimen de Angelelli fue el punto cúlmine de la persecución de la Iglesia riojana,
diócesis que el obispo conducía, como él mismo definía, con "un oído en el Evangelio
y otro en el pueblo".
El 18 de julio de 1976 –relata Emilio Mignone en Iglesia y Dictadura– un grupo de
hombres de civil que se identificaron como miembros de la Policía Federal pidieron
hablar en Chamical con Longueville y Murias y les dijeron que tenían que viajar
con ellos a La Rioja. A la mañana siguiente, los cadáveres de los sacerdotes aparecieron
en el Chañar, con signos evidentes de haber sido torturados. Una semana después
fue asesinado en Sañogasta Wenceslao Pedernera, un cristiano activo en las cooperativas
agrarias y ligado a Angelelli.
El obispo de La Rioja sabía que lo perseguían. "Estoy solo entre mis hermanos obispos
de la Argentina", escribió en esa época en una carta personal. El 4 de agosto decidió
volver de Chamical a La Rioja acompañado por el sacerdote Arturo Pinto. Llevaba
un maletín con documentación sobre los crímenes de Murias y Longueville. A la altura
de Punta de los Llanos un Peugeot blanco cerró el paso a su camioneta y la hizo
volcar. Pinto quedó desvanecido. El cadáver de Angelelli, con los brazos en cruz
y el cráneo destrozado, estaba a 25 metros del lugar. Las pericias demostraron que
no pudo haber salido por el parabrisas ni por la puerta.
Todo indicaba que había sido asesinado con un golpe en la nuca y luego arrastrado.
Pero la jerarquía eclesiástica no reclamó una investigación, sino todo lo contrario.
"Para hablar de crimen hay que probarlo y yo no tengo ningún argumento en ese sentido",
señaló el cardenal Juan Carlos Aramburu. Su colega Raúl Primatesta tuvo una actitud
similar.
La causa quedó caratulada como "accidente" hasta que en 1986 el juez Fermín Morales
declarara que la muerte de Angelelli fue "un homicidio fríamente premeditado y esperado
por la víctima". Las leyes de punto final y obediencia debida paralizaron la investigación
que involucraba, como máximos responsables –al margen del jefe del Tercer Cuerpo
de Ejército Luciano Benjamín Menéndez– al coronel Osvaldo Pérez Battaglia, jefe
de área 314 y a Jorge Pedro Malagamba, jefe del Batallón de Ingenieros de Construcciones
de La Rioja.
El 4 de agosto pasado el presidente Néstor Kirchner viajó a La Rioja y participó
de un homenaje a Angelelli. "No murió en un accidente. Terminemos con la mentira
y la hipocresía. Lo mataron por defender la verdad y la justicia", dijo el Presidente
y anunció que apoyaría la reapertura de la investigación. Las declaraciones de Kirchner
parecen haber otorgado al expediente el impulso político que necesitaba desde que
en 2000 fue enviado desde los tribunales de Córdoba junto con el resto de las causas
vinculadas con violaciones a los derechos humanos de La Rioja. El nombramiento de
los fiscales cordobeses como "coadyuvantes" por parte del procurador Esteban Righi
terminó de preparar el terreno.
"En La Rioja estamos lejos de tener una Justicia independiente, la impunidad sigue
–señaló Brizuela, quien se presentará como querellante–. Pero ahora tenemos confianza
porque el tiempo incluso puede jugar a favor; la presión política de los militares
se ha diluido y nosotros vamos a continuar, porque se trata de delitos de lesa humanidad
que no prescriben."
ROBERTO DISTEFANO, DOCTOR EN HISTORIA RELIGIOSA
"Fue aniquilado con saña"
"La reapertura de la causa tiene importancia para la sociedad, pero sobre todo para
la Iglesia", plantea el historiador Roberto Distéfano, que es doctor en historia
religiosa por la Universidad de Bologna y coautor con Loris Zanatta del libro Historia
de la Iglesia Argentina.
–¿Cómo influyó Angelelli en la renovación de la Iglesia?
–Angelelli fue una de las figuras paradigmáticas de la renovación conciliar. Ya
siendo sacerdote había trabajado con sectores trabajadores: en los años ’50 atendía
la capilla Cristo Obrero de Córdoba y era asesor de la Juventud Obrera Católica.
Cuando en 1961 fue consagrado obispo, la catedral de Córdoba estaba llena de trabajadores.
En 1968 fue designado obispo de La Rioja, mientras en Medellín se reunía el episcopado
latinoamericano. La acción de Angelelli en La Rioja se caracterizó por el apoyo
de los reclamos de los trabajadores urbanos y rurales, por la organización de cooperativas
y por las denuncias de los abusos de poder. Por supuesto, sus enemigos se multiplicaron
y la historia terminó de la manera más lamentable: puesto que los conflictos católicos
y los del país se superponían, los sectores más comprometidos con la opción por
los pobres fueron aniquilados con saña. Con más saña, tal vez, que la que se desencadenó
contra otros sectores. Tras el secuestro, tortura y muerte de algunos de sus sacerdotes
y laicos, Angelelli fue asesinado en un accidente simulado.
–¿Qué importancia tiene la reapertura de la causa?
–La reapertura de la causa tiene importancia para la sociedad en su conjunto, pero
sobre todo para la Iglesia. Para la sociedad, porque si bien todo caso de violación
de los derechos humanos es gravísimo, como enseña la misma Iglesia, el de Angelelli
posee connotaciones especiales: se trataba de un obispo, es decir, de un referente
importante, para creyentes y para ateos. Era miembro pleno de lo que suele llamarse
"clase dirigente". Para la Iglesia es más importante aún, porque en estos casi 30
años las opiniones católicas han estado divididas también en relación con el significado
de su muerte: mientras algunos lo consideran un mártir, otros juzgan que no hay
pruebas suficientes para hablar de asesinato, o bien opinan que aun en el caso de
que el crimen se demostrase fehacientemente, el móvil no habría sido su fe sino
sus "ideas extraviadas".
Reportaje: Werner Pertot.
"NO HAY ARCHIVOS"
El gobernador José Manuel de la Sota respondió ayer a través de un comunicado a
un pedido del intendente de Córdoba Luis Juez para que se abran los archivos de
la última dictadura y se revelen nombres y datos sobre personas involucradas en
violaciones de derechos humanos. "No existen en las fuerzas policiales o de seguridad
de esta provincia archivos secretos", señaló el comunicado del gobierno provincial.
Juez había pedido la apertura de los archivos en una carta enviada a De la Sota,
luego de que se conociera que el director de Espectáculos Públicos de la municipalidad,
Oscar Cuassolo, trabajó durante la dictadura en el Departamento de Informaciones
de la Policía (D2). Esa dependencia fue uno de los principales centros de detención
y tortura de la provincia. Aunque Cuassolo aseguró que sólo trabajó en tareas culturales,
tuvo que renunciar a su cargo.
Martirio y verdad
Por Washington Uranga
La reapertura del "caso Angelelli" representa un paso de enorme importancia dentro
de otros igualmente significativos en la tarea de devolverle a la Argentina una
memoria veraz sobre lo sucedido en este país en materia de derechos humanos. Que
la Justicia vuelva sobre sus pasos para reconstruir la verdad de los hechos es una
brisa de aire fresco y un acontecimiento que debe ser celebrado. Por otra parte,
la medida no hace sino encaminar en términos jurídicos aquello que la historia y
la memoria del pueblo riojano dictaminaron desde siempre: el asesinato-martirio
del padre obispo Enrique Angelelli. Para comprobarlo, sólo hace falta recorrer con
atención aquel tramo de la ruta 38 en La Rioja donde Angelelli derramó su sangre,
lugar que los riojanos pobres, aquellos que lo conocieron personalmente o por tradición
popular, han convertido en santuario.
"Un oído en el pueblo y otro en el evangelio", quizás la frase más recordada de
Angelelli y que fue además lema de su vida, es la misma a la que apelan hoy quienes
lo recuerdan para afirmar que "¡Ese sí que era un cura del pueblo!". Para los sectores
de base de la Iglesia Católica y para aquellos comprometidos con la opción por los
pobres, Angelelli es un símbolo y nunca han dudado en reconocer su condición de
mártir.
Para la Iglesia institucional como para la jerarquía, en cambio, Angelelli sigue
siendo un gran signo de contradicción. Nunca los obispos se atrevieron a reconocerlo
como mártir. Muchas veces se han escudado falazmente en la falta de pruebas judiciales
sobre el asesinato cuando, en realidad, en la más sana tradición católica ése es
un elemento totalmente secundario. Es la comunidad cristiana, a través de su testimonio,
quien refrenda la condición de mártir de quien ha entregado su vida al servicio
del evangelio. Muy probablemente la falta de reconocimiento eclesiástico a Angelelli
tenga que ver también con el hecho de que la figura del riojano, su trayectoria
y su opción de vida se levantan como evidencia de contradicción con el estilo de
vida y las opciones de muchos jerarcas más afectos a los goces del poder que a los
sinsabores del compartir con los pobres.
A pesar de las tres décadas transcurridas, quizás la reapertura de la causa judicial
pueda aportar no sólo datos sobre los responsables directos del asesinato, sino
echar también luces sobre las razones del silencio eclesiástico. Sin dejar de recordar
que el asesinato de Angelelli se produjo cuando el obispo se encontraba en plena
investigación y aparentemente contaba con información valiosa acerca de los motivos
de la muerte de dos de sus sacerdotes, Gabriel Longueville y Juan de Dios Murias,
también asesinados pocos días antes. Esa documentación que portaba Angelelli el
día de su muerte desapareció, nunca fue recuperada y el caso de los dos curas también
quedó en las sombras.
Probablemente, la reapertura del caso no arroje datos sorprendentes en lo judicial,
pero quizás sirva para remover conciencias y seguramente provocará más de un sacudón
en el interior de la misma institución eclesiástica. De cualquier manera, es un
paso adelante en favor de la memoria y la verdad.
Fuente: Página/12, 10 de octubre 2005
Expte. Nº 23.350 – Año 1983 – Letra
"N", caratulado "N.N. – Homicidio Calificado y Tentativa de Homicidio Calificado".
Juez: Dr. Aldo Fermín MORALES. Secretaria: Dra. Mabel Lucía FALLABRINO.
LA RIOJA, diecinueve de junio de mil novecientos ochenta y seis. I VISTO: Este proceso
caratulado "N.N. – Homicidio Calificado y Tentativa de Homicidio Calificado", Expte.
Nº 23.350 – Año 1983 – Letra "N", que tramita por ante este Juzgado de Instrucción
en lo Criminal y Correccional Nº 1. DE LOS QUE RESULTA: Que la tarea investigativa,
a pesar de las voluminosas y complejas actuaciones cumplidas, no encuentra hasta
la fecha elementos probatorios que permitan individualizar a responsables directos
e indirectos del hecho investigado. Que ante ello, esta instrucción estima necesario
dejar fijado el hecho, en base a los elementos de prueba existentes, y requerir
la colaboración de la población para poder concretar la imputación jurídico delictiva
penal. Que los hechos probados son los siguientes: Con motivo del homicidio de los
Sacerdotes Carlos de Dios MURIAS y Gabriel LONGEVILLE, el Obispo Angelelli se trasladó
a la Ciudad de Chamical – Provincia de La Rioja – para participar en los oficios
religiosos del novenario. Que en esa Ciudad el Obispo se dedicó a reunir material
acerca de aquellos homicidios, entrevistando a numerosas personas y formando una
carpeta con todo el material reunido. Que encontrándose el Obispo en la Ciudad de
Chamical con el motivo expuesto, recibió una invitación para hacer un curso en Perú,
siendo aconsejado por sus vicarios que aceptara – en miras a salvaguardar su integridad
-, manifestando el Obispo que el Pastor no debía dejar solas a sus ovejas. Que también
en la Ciudad de Chamical, el día tres de agosto de mil novecientos setenta y seis,
se desarrolló una reunión en la que participaron el Obispo Angelelli y un numeroso
grupo de Sacerdotes y Monjas. En dicha reunión estos últimos le manifestaron a Monseñor
Angelelli el temor por su vida, circunstancia en que el Obispo, reiterando expresiones
vertidas en otras circunstancias, dibujó un espiral para hacer más gráfica su expresión,
espiral en el que fue ubicando figuradamente los asesinatos de los Sacerdotes MURIAS
y LONGEVILLE y del laico de Sañogasta – Wenceslao PEDERNERA -, para concluir ubicándose
a sí mismo en el centro del dicho espiral, manifestando que a quien en definitiva
buscaban era a él. Que el día cuatro de agosto de mil novecientos setenta y seis
Monseñor Angelelli solicita al entonces Sacerdote Arturo Aído Pinto que lo acompañe
en el viaje desde la Ciudad de Chamical a la Ciudad de La Rioja. El Obispo le requiere
también a Pinto que antes de viajar lleve la camioneta Fiat 125 multicarga, modelo
1973, chapa patente F 007.968 en la que se conducirían, hasta una estación de servicio
ubicada sobre la Ruta N. 38, en el extremo Este de Chamical, para efectuar un control
de presión de los neumáticos, combustible y aceite, lo que Pinto cumplimenta antes
del mediodía. Que el Obispo almorzó el día cuatro de agosto de mil novecientos setenta
y seis en la Parroquia de Chamical, junto a los Sacerdotes Armando Amiratti, Arturo
Aído Pinto y Francisco Canobel y algunas religiosas, iniciando el viaje hacia La
Rioja el Obispo junto a Pinto, aproximadamente a las catorce horas treinta minutos.
Que conducía el vehículo Monseñor Angelelli, haciéndolo en forma normal y tranquila,
tomando la precaución de salir desde la Ciudad de Chamical hacia la Ruta N. 39 por
el trazado viejo de la ruta, para evitar evidenciar su viaje. Que el Obispo llevaba
consigo la carpeta que contenía los antecedentes recopilados en relación al asesinato
de los Sacerdotes MURIAS y LONGEVILLE, carpeta que guardó detrás del asiento de
la camioneta. Que sobre la Ruta 38, en proximidades del mojón que indica el kilómetro
número mil cincuenta y seis, luego de trasponer "el bordo" – elevación del terreno
-, a unos seis kilómetros después de pasar la localidad de Punta de los Llanos en
dirección a la Ciudad de La Rioja, otro vehículo que circulaba en la misma dirección,
de color claro, posiblemente blanco, aparentemente Peugeot 404, alcanzó a la camioneta
por la izquierda de ésta, encerrándola bruscamente, en momento en que se produce
una explosión, perdiendo Pinto el conocimiento en ese momento. Que la camioneta
en tales circunstancias sale a la banquina derecha, para ingresar nuevamente a la
Ruta, aproximadamente a unos ochenta metros, y vuelca. Que del espectro probatorio
reunido surge: que el cuerpo del Obispo quedó a unos veinticinco metros del lugar
de reposo final de la camioneta, en posición de cubito dorsal, con ambas manos extendidas,
cara hacia el cielo, cuerpo extendido con los pies juntos, cabeza hacia el Oeste
y pies hacia el Este, mostrando ambos talones pérdida de la piel, no teniendo nada
de esto en el rostro ni en el cráneo, encontrándose descalzo; que el cuerpo de Monseñor
Angelelli fue arrastrado hacia dicho lugar; que ello permite inferir intervención
posterior al hecho de parte de sus autores; que la camioneta presentaba una goma
desinflada, cuya cámara tenía un corte de trece centímetros, lo que no fue causa
del vuelco según pericial mecánica practicada. Que indudablemente el Obispo Angelelli,
los Sacerdotes, las religiosas y el consenso general esperaban o temían la eliminación
física de Monseñor Angelelli. Que ello resulta evidente de las conversaciones referenciadas
supra, de numerosas testimoniales obrantes en autos, y de la precaución tomada al
emprender el viaje desde la Ciudad de Chamical el día cuatro de agosto de mil novecientos
setenta y seis, saliendo por el camino viejo y no por la ruta nueva, para no evidenciar
la salida. Que por ello, doy por acreditado que el hecho que costara la vida a quien
fuera Obispo de La Rioja hasta el día cuatro de agosto de mil novecientos setenta
y seis, Monseñor Enrique Ángel Angelelli, ha sido: homicidio; habiéndose producido
su muerte en el lugar precitado, aproximadamente a las quince horas del día premencionado.
En consecuencia, y ante la imposibilidad de prescripción de la acción penal, este
Juzgado debe apelar a la comunidad, para que quien o quienes tengan conocimiento
de circunstancias que permitan individualizar a los culpables efectúen su aporte
a este Juzgado. Que por ello deberá solicitarse la colaboración de las Subsecretarías
de Gobierno y Derechos Humanos, y de Prensa y Difusión de la Provincia de La Rioja,
a fin de que por todos los medios a su alcance instrumenten el requerimiento aludido.
Que por lo expuesto, ante Juzgado de Instrucción en lo Criminal y Correccional N.
1 de la Ciudad de La Rioja, RESUELVE: I) Declarar que la muerte de Monseñor Enrique
Ángel Angelelli no obedeció a un accidente de tránsito, sino a un homicidio fríamente
premeditado y esperado por la víctima. II) Oficiar a las Subsecretarías de Gobierno
y Derechos Humanos, y de Prensa y Difusión de la Provincia de La Rioja, a fin de
solicitar su colaboración para requerir por todos los medios a su alcance, el aporte
de la población para individualizar a los culpables del hecho investigado. III)
Protocolícese y notifíquese.
(firmado)
Dr. ALDO FERMÍN MORALES
Juez de Instrucción en lo
Criminal y Correccional N. 1
LA RIOJA
Dra. MABEL LUCÍA FALLABRINO
Secretaria
Juzgado de Instrucción N. 1
en lo Criminal y Correccional
Expte. Nº 23.350 – Año 1983 – Letra "N", caratulado "N.N. – Homicidio Calificado
y Tentativa de Homicidio Calificado". Juez: Dr. Aldo Fermín MORALES. Secretaria:
Dra. Mabel Lucía FALLABRINO.
LA RIOJA, veinticinco de junio de mil novecientos ochenta y seis. AUTOS Y VISTOS:
Para considerar y resolver los presentes, Expte N. 23.350 – Año 1983 – Letra "N"
– Caratulados: "N.N. - Homicidio Calificado y Tentativa de Homicidio Calificado",
que tramitan por
ante este Juzgado de Instrucción en lo Criminal y Correccional Nº 1, Y CONSIDERANDO:
I) Que con fecha diecinueve del corriente mes y año se dictó resolución en la presente
causa, y que a fs. 1734 vta. de la misma en el penúltimo párrafo de los resultandos
se lee: "En consecuencia, y ante la imposibilidad de prescripción de la acción penal,...";
- cuando debió decir: "En consecuencia, y ante la posibilidad de prescripción de
la acción penal,..." por lo que corroborado dicho error material en el auto premencionado
el proveyente, RESUELVE: I) Subsanar el error material del auto de fs. 1733/1735
debiéndose reemplazar en fs.1734 vta. la palabra "imposibilidad" por "posibilidad",
art. 127 del C.P.P. – II) Protocolícese y notifíquese.-
(firmado)
Dr. ALDO FERMÍN MORALES
Juez de Instrucción en lo
Criminal y Correccional N. 1
LA RIOJA
Dra. MABEL LUCÍA FALLABRINO
Secretaria
Juzgado de Instrucción N. 1
en lo Criminal y Correccional

Homilía
con motivo del 25 aniversario de su martirio
Por Quito Mariani
El texto que transcribimos a continuación corresponde a la homilía de la misa del
3 de Agosto del 2001. Esta celebración contó con la participación de numerosas comunidades
de todo el país y fue concelebrada por más de 60 sacerdotes.
Soy figurita repetida en la celebración cordobesa de los aniversarios de Angelelli.
Desde aquella primera celebración en el año 1981, en la humilde capilla de la Parroquia
de San José, frente a la Plaza de los burros, que estaba rodeada de camiones del
Ejército, pasando por la de Santo Domingo en los 10 años de la muerte del "Pelao".
en la que nos tiraron al final bombitas de olor; y por una feliz coincidencia, la
de la Catedral tomada por las Organizaciones de base, que viví realmente con emoción
y con orgullo cuando desde la puerta grande de la Catedral, la imagen de Angelelli
en ese cartel grande que se lleva en las marchas, empezó a avanzar por el pasillo
del centro. Esa Catedral de la que él había sido desalojado literalmente. Además
de una historia de desplazamiento de la Diócesis, nunca habíamos podido conseguir
que una celebración de su martirio se hiciera allí. Y todo ¿por qué? Porque él había
cometido el pecado tremendo de ser mártir. De gritar con su sangre cuál era el camino
que la Iglesia debía seguir, fuera de las Catedrales.
Y hoy, finalmente, en coincidencia con mis bodas de oro sacerdotales (porque a esto
se debe que haya aceptado ser figurita repetida), estos veinticinco suyos, las bodas
de plata, de la plenitud del sacerdocio de Enrique Angelelli. Porque yo creo que
la plenitud de su sacerdocio, no le vino con la imposición de las manos que le hicieron
los Obispos, sino con esas manos que, como traducción del odio de todos los que
estaban en contra del pueblo y de los pobres, le rompieron la cabeza y derramaron
su sangre sobre la tierra de los Llanos. Yo creo que con esa imposición de manos
quedó establecida la plenitud del sacerdocio de Monseñor Angelelli, y por eso, me
siento muy chiquito pero también no me he animado a decir que no, para terminar
esta serie de presencias a veces corajudas, a veces llena de miedo, a veces con
improvisación y a veces con preparación, que he tenido en los distintos aniversarios
del querido amigo.
Y bueno, como se trata de esta coincidencia de los 50 años míos con los 25 de él,
yo que debo ser uno de los pocos, si no el único sobreviviente de los compañeros
de seminario de Angelelli, que lo conocí desde muy joven, quiero hacer un relato
familiar.
Recuerdo, por ejemplo que en segundo de teología, había dos seminaristas que tenían
bastante escasez de pelo. Entonces una viejita de las sierras, de las que nos lavaban
la ropa, les dio una receta: "Miren chicos, rápense y lávense todos los días con
agua de ombú" y así les va a crecer el pelo, porque ustedes son muy jóvenes. El
Pelado y el turco Durgam que era el otro, santiagueño, cumplieron con la receta
y desde entonces, nunca más se vio pelo en sus cabezas. Desde allí, empezamos a
llamarle "Pelao". Muchos piensan que este fue un sobrenombre de su madurez. No,
lo fue de su juventud. Desde los 21.
Otra coincidencia que nos acerca mucho: Cuando él estaba en cuarto año de teología
y era Prefecto de la división de los teólogos, yo estaba en primero, y a fin de
ese año, Monseñor Lafitte que era el Arzobispo de Córdoba, con el Rector del Seminario,
me eligieron para ir a completar mis estudios en Roma especializándome en derecho
canónico. Angelelli fue el encargado de hacerme la oferta, la invitación. Yo en
ese momento, como tantas veces en mi vida, estaba en una de esas tremendas dudas
de si iba a ser cura o no. Además el Derecho Canónico no me interesaba, así que
decliné la elección y la invitación. En mi lugar fue Angelelli a Roma.
Nos juntamos allí en otro recodo del camino.
En Roma, Angelelli se entusiasmó tremendamente con la figura de Pío XII que daba
prestigio a la Iglesia, que había abierto la Iglesia en una cantidad de puertas
que no llegaron ni de cerca lo que fue después, pero que comenzaba una especia de
renovación por la admisión de las ciencias, por los contactos con toda la gente
y el reconocimiento de las inquietudes sociales. Después se descubrieron muchas
otras cosas que no eran tan lindas pero Angelelli se entusiasmó con esa figura y
nos transmitió a nosotros en el seminario ,un fervor eclesial bárbaro.
Yo me acuerdo que si me hablaban de Iglesia, estallaba en el corazón como si estuviera
de frente a una mujer de la que estuviera enamorado. En realidad, nos llenaron de
euforia con ese prestigio indiscutible de la Iglesia. Creo que esas son raíces que
se meten muy hondo y que algo del amor a la Iglesia posterior, se debió a esa especie
de exaltación producida por el prestigio del "Pastor angélicus" como se lo llamó
a Pío XII.
(Entonces yo era prefecto de una división menor y por eso recibía directamente sus
cartas para entusiasmar a los que tenía bajo mi responsabilidad)
Volvió y fue párroco de Cristo Obrero. Venía con el entusiasmo de la J.O.C., la
Juventud Obrera Católica, y con la novedad de la campaña "por un mundo mejor" del
Padre Lombardi. En Cristo Obrero, yo lo acompañé en dos oportunidades, cuando él
invitaba a la gente del otro lado de la Cañada, (ahora el otro lado de la cañada
hay edificios monumentales, pero en ese tiempo, apenas tenía algunas casas humildes
e invitaba a la gente del otro lado de esa cañada que era nada más que un riacho
sucio que pasaba por el medio y cortaba la ciudad, y comía con ellos. En dos oportunidades
estuve en ese almuerzo muy simple con ocho o diez personas pero que indicaba su
atención por esa realidad que estaba al otro lado del torrente, al margen de la
ciudad.
Mas adelante, fue nombrado Obispo Auxiliar porque, Monseñor Castellano a quien Enrique
había sucedido como asesor jocista diocesano, lo eligió como colaborador directo.
Con Monseñor Castellano, los curas teníamos, en un gran porcentaje, la sensación
de vivir en una Estancia con patrón o bajo disciplina militar. Vivíamos atemorizados,
clandestinizando nuestros procederes más ingenuos, como por ejemplo participar de
cualquier clase de espectáculos públicos sin permiso oficial o sacarnos la sotana
para distintas actividades. Todo esto estaba penado por suspensión "ipso facto"
es decir, la imposibilidad de ejercer el ministerio hasta el levantamiento de la
pena.
Angelelli, Obispo Auxiliar y experto en derecho canónico, aceptó asesorarnos y se
embarcó con nosotros en una carta a la Nunciatura que, finalmente, después de muchas
alternativas, terminó logrando que se cambiara el Obispo, que se fuera Monseñor
Castellano. Y nombraron, para colmar nuestras esperanzas, a Primatesta.
Angelelli estuvo con nosotros en esas jornadas, reconociendo nuestros reclamos,
poniéndose cerca nuestro, sin ninguna ostentación así como sin ningún temor.
Cuando en el Seminario, él hizo la experiencia de mandar a los seminaristas a que
estudiaran o a que terminaran su estadía en el seminario, en las parroquias, también
fue absolutamente innovador.
Y finalmente, cuando, después de habernos anunciado que tenía mucho miedo y que
creía que todo se encaminaba a que el próximo fuera él, unos días antes de que sucediera
su asesinato, un compañero del 3er. Mundo, el Buba Nasser, decía con visión profética,
que el asesinato se daría muy fácil si se fraguaba un accidente automovilístico.
Después, ni el mismo P. Nasser recordaba esto. Lo cual nos hacía pensar que el Espíritu
había hablado por él, porque parecía realmente inimaginable que el Gobierno se atreviera
con él, Obispo (con todo el Episcopado detrás) y tan conocido y prestigiado.
A la semana, nos dijeron que ese accidente se había producido y por eso, inmediatamente,
con la conciencia interior de que había sido un asesinato, nos fuimos a La Rioja
con Marcelo Sarrail y allí, en el funeral, me tocó hablar en nombre de los sacerdotes
amigos de fuera de la diócesis. Yo dije claramente, que creía, después de las pruebas
que tenía y que había escuchado a los Sacerdotes riojanos, que había sido eliminado
por las Fuerzas Armadas.
Desde entonces, me asocié en otra cosa a Angelelli: él decía que tenía mucho miedo
y por eso engordaba; yo también, con mucho miedo viví saltando de un lado a otro
durante un año, viendo Falcon estacionados cerca de casa y recibiendo amenazas anónimas.
Quedé así asociado a esa odisea valiente por los pobres que le tocó vivir a Enrique.
He hablado de coincidencias, nada más que coincidencias de tiempos y vida. Coincidencias
que pueden no significar otro mérito que haber estado cerca del Pelado.
Pero a través de toda su vida compartida de cerca, yo creo que hay banderas muy
importantes que mantuvimos flameando. La bandera de la amistad que lo unió conmigo
de manera estrecha, la bandera del amor por la Iglesia, la bandera de un amor a
la Iglesia crítico, un amor a la Iglesia comunidad, la bandera de la comprensión
a los más humildes, la bandera de la denuncia frente a las opresiones, la bandera
de esa macro caridad que es estar constantemente forzándose por romper las estructuras
de injusticia para que la tierra sea para todos, el pan sea para todos y el agua
sea para todos.
Todas esas banderas las agitó él y yo he intentado que esas banderas también estuvieran
presentes en mi vida, con la humildad del que va muy por detrás de un gran maestro.
Porque el martirio convierte a la vida de cada uno en la mayor enseñanza que se
puede transmitir a las generaciones futuras, yo tomo estas banderas para entregárselas
a Uds. Nuestra generación ya pasa, nuestra historia ya está casi concluida. Buscar
en el clero no es fácil, los sacerdotes jóvenes con una formación de seminario que
ha vuelto a insistir en la disciplina, en la autoridad, en la obediencia, algunos
piensan muy de avanzada, pero muchos tienen miedo y es difícil que admitan todas
estas banderas. Por primera vez el Episcopado Nacional ha sacado una declaración,
bastante atendible, declarando a Angelelli modelo de pastor, hablando de que "encontró
la muerte" en el camino de Chamical a La Rioja. Pero todavía muchos no se animan
a decir que murió defendiendo al pueblo, que es un verdadero mártir. Que es la mayor
honra que tiene nuestro Episcopado Nacional el contarlo así, entre los más valientes
defensores de los pobres, entre los que vivieron en serio el Concilio y Medellín.
Por eso, ante esta multitud que son Uds., ante ese temblor de los carteles puestos
en sus manos, con fotografías de seres queridos, ante los reclamos de situaciones
injustas que se viven en tantos sectores, yo creo que estamos encontrando el lugar
de esas banderas. Así encontramos brazos que las van a seguir llevando. Uds. muchachos
y chicas jóvenes, Uds. hombres y mujeres adultos, Uds. los que están en la lucha
y que mantienen la esperanza a pesar de que no son escuchados. Uds. son los que
tienen que llevar estas banderas. No se cansen, tengan por seguro que cuando los
tironeen de abajo para hacer que las tiren al suelo, siempre va a haber una fuerza
de arriba que las va a sostener levantadas. Y caminando así, vamos a hacer juntos
algo parecido a lo que quiso Jesús de Nazaret "el Reino de los Cielos",
Las banderas del pasado, las banderas de Angelelli, las banderas de todos los que
cayeron y de todos los que aún están de pié luchando por la justicia a favor de
los pobres son de Uds. TÓMENLAS Y ADELANTE.

La
Iglesia de los oprimidos
El reino de este mundo
Por Mario Burgos
Juan XXIII abre las puertas, en 1958, a una renovación que atraviesa a la estructura
católica y permite que las convulsiones populares adquieran una influencia que excede
a los curas y monjas de barrio para llegar a las jerarquías y sus discursos. Se
discuten el ritual, la relación con otras religiones y, sobre todo, con corrientes
políticas años atrás identificadas como "diabólicas".
Si Pío XII justificó su benevolencia con el fascismo y los nazis haciendo referencia
al "peligro rojo", en los sesenta la iglesia comienza a hablar de su relación con
el marxismo sin rubores: trasladará sus diferencias a cuestiones de doctrina y ritual
mientras afirmará sus coincidencias en el terreno social y económico.
LOS CIMIENTOS
Como
señala Ruben Dri: "En 1958, el acceso al pontificado de Juan XXIII cierra la etapa
de Pío XII, caracterizada por una Iglesia cerrada en sí misma, monárquica y autoritaria
(...) Se inicia así una etapa de grandes renovaciones. El Concilio Vaticano II es
el primero que no realiza condenas por herejías, sino que escucha los nuevos reclamos,
ubicando a la Iglesia en los grandes problemas del mundo."
La posguerra y la nueva división del planeta, el avance del consumismo, el cuestionamiento
a las tradiciones culturales y sexuales y el avance de otras corrientes religiosas
menos ligadas a las formas tradicionales de poder, confluyen para cercenar el espacio
que la iglesia católica detentara hasta la Segunda Guerra Mundial.
Juan XXIII percibe esta nueva situación y es posible comprender todas las acciones
de su papado como una estrategia tendiente a recuperar un espacio para la iglesia:
del lado de los pobres y postergados, ocupa en el terreno de la conciencia lo que
tuvo que tuvo que ceder en poder terrenal y político.
La nueva forma de la misa, donde el cura se ubica dando la cara a la comunidad y
habla el mismo idioma, rompe el hermetismo del latín, horizontaliza la relación
entre el sacerdote y la comunidad y reestablece los canales de comunicación con
la sociedad.
El Concilio, como dice Conrado Egger Lan, es una apuesta al cristianismo como fuerza
propia de los primeros cristianos y un cuestionamiento al concepto de la institución
por encima de la comunidad. La Iglesia como deja de tener el monopolio de la fe
y ésta pasa a ser patrimonio de la conciencia.
Si bien no define un modelo de sociedad alternativa al capitalismo, arroja sobre
la mesa los problemas que el sistema capitalista origina. Exige un compromiso frente
a la injusticia, pone en crisis la metafísica tradicional e instala una apertura
hacia el evolucionismo y a una nueva teología.
En un terreno social ávido de propuestas que definan y motoricen el cambio, el mensaje
conciliar y la práctica - sobre todo- de los nuevos curas, va a germinar en innumerables
formas de lucha y organización popular. La salvación pasa a ser una cuestión fundamentalmente
colectiva, consecuencia de la superación por parte del hombre de los horrores de
la explotación y la injusticia social.
La Encíclica Pacem in Terris, del año 1963, concreta la apertura hacia el marxismo.
Tras la muerte de Juan XXIII, Pablo VI continúa impulsando la renovación y se oficializa
una posición plural donde el progresismo tiene su reconocimiento. La Encíclica El
Progreso de los Pueblos, condena las causas de la pobreza y sienta las bases de
una propuesta para el desarrollo.
La Octagesimo Anno, por su parte, toma posición sobre el derecho de los pueblos
a la violencia para reivindicar sus derechos fundamentales y reconoce al marxismo
como método de interpretación de la realidad haciendo reservas sobre la parte doctrinaria.
En poco tiempo el general de los Jesuitas, hace propios estos razonamientos. A Theillard
de Chardin, paleontólogo excepcional confinado en la India, auténtico precursor
de la nueva situación, se le levanta el destierro y pasa a ser valorado en el seno
de la Iglesia.
EL
MOVIMIENTO DE AMERICA LATINA
Amércia Latina se convierte en protagonista de los aires de renovación que atraviesan
la iglesia y será a la vez el espacio donde mayor incidencia social tendrán estos
cambios.
A la tradición de las guerras de independencia, debe agregarse el papel jugado por
los nacionalismos de la década del cincuenta, ya que casi todos coincidieron en
asumir una posición cristiana como forma de ligar las propuestas de cambio socioeconómico
con las conquistas populares.
En Agosto de 1967 dieciocho obispos de América Latina, Africa y Asia encabezados
por Helder Cámara, obispo de Recife, dan a conocer un documento en el que reivindican
al socialismo como más cercano al evangelio que el capitalismo. Suscriben los conceptos
del Patriarca Máximo IV en el Concilio Vaticano II, cuando decía :"el verdadero
socialismo es el cristianismo integralmente vivido, en el justo reparto de los bienes
y la igualdad fundamental de todos".
En la iglesia argentina se reestablece una dualidad que perdurará hasta nuestros
días: de un lado los curas y hasta algún obispo comprometidos con el reclamo y el
sufrimiento de los pobres, de otro buena parte de la jerarquía bendiciendo gobiernos
de facto, armas que se usan contra el pueblo y hasta campos de exterminio.
Monseñor Victorio Bonamín bendiciendo la guerra sucia mientras las monjas francesas
seguían el camino de Alberto Carbone, Carlos Mujica, Enrique Angelelli, los palotinos.
Se comprende entonces por qué, mientras la Catedral aún alberga las misas de Onganía
y en los cursillos se convalida el pensamiento conservador del onganiato, el Mensaje
de los Obispos del Tercer Mundo en la Argentina se extiende en pocos días por todo
el país
Monseñor Antonio Devoto, Obispo de Goya, se lo da a conocer a un cura de su diócesis,
Miguel Ramondetti , y éste lo hace circular. En dos o tres meses logran más de 500
adhesiones y teniendo en vista el CELAM de Medellín surge una convocatoria que será
fundante del Movimiento de Sacerdotes para elTercer Mundo. El encuentro se realiza
el 1 y 2 de mayo de 1968 en Córdoba y asisten representantes de 13 diócesis.
En 1967, en la Universidad Católica de Córdoba, se realizan conferencias que abordan
tanto el "diálogo entre católicos y marxistas" ( ManuelVirasoro, de la orden de
los Jesuitas) como el "compromiso de los cristianos con la liberación" (Conrado
Egger Lan, titular de la cátedra de Historia de las Religiones de la UNBA). El sacerdote
Melián Viscovich profesor de la Universidad Nacional de Córdoba, en la Universidad
Católica y en los Colegios mayores de Córdoba, da a conocer su propuesta de modelo
social, que reconoce su origen en la el socialismo yugoeslavo y lo relaciona con
la convocatoria de Pablo VI en la Encíclica El Progreso de los Pueblos.
El 26 de Agosto de 1968 tiene lugar en Medellín - Colombia - la Segunda Conferencia
General del Episcopado Latino Americano - CELAM -, donde cumple un papel preponderante
el obispo de Mar del Plata, monseñor Eduardo Pironio.
El pronunciamiento del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo que se hace
llegar a Medellín con la firma de 1000 curas latinoamericanos es la base del CELAM.
Se avanza en la denuncia de la violencia que ejercen las estructuras de la dependencia
en la región y el derecho de los pueblos a la legítima defensa. Medellín significa
la gran irrupción del nuevo compromiso cristiano en la cúpula eclesiástica y la
legitimación de la lucha liberadora.
En mayo de 1969 la Conferencia Episcopal celebrada en San Miguel , provincia de
Buenos Aires, se hace eco de esas definiciones, da un vuelco en sus posiciones tradicionales,
denuncia las estructuras de la injusticia y convoca a los cristianos al compromiso.
Es seguramente la primera vez que la institución máxima del clero argentino, que
sigue alineado mayoritariamente con la derecha, toma distancia de la dictadura de
Onganía..
EL NUEVO COMPROMISO CRISTIANO Y SUS REPERCUSIONES
Medellín subordina al Episcopado Latinoamericano a los preceptos del Concilio Vaticano
II y sus postulados determinarán en el continente consecuencias mucho más dramáticas
que en el resto del mundo.
La renovación del compromiso social, va a traducirse en modelos como el de Camilo
Torres, la unión de la cruz y la guerrilla; en curas impartiendo un evangelio de
resistencia y lucha; en grupos de jóvenes definiendo su rebeldía como forma expresión
de su formación religiosa.
La politización de la sociedad y el carácter masivo que adquieren tanto las ideas
del socialismo como el desarrollo de la violencia popular en el período, son impensables
si no se toman en cuenta esta apertura y el protagonismo que adquiere en la vida
política de la sociedad y hacia el interior de la Iglesia el movimiento de curas
tercermundistas.
En el caso especial del peronismo revolucionario esta apertura fue constitutiva
de su nacimiento y desarrollo.
Tras su ocaso en los primeros tiempos del onganiato, el peronismo se va a reconstruir
fundamentalmente a partir de estos grupos cristianos que avanzan desde la reivindicación
de los derechos de los más humildes a una búsqueda de las bases culturales e históricas
del proceso popular. Sus componentes plebeyos, solidarios y combativos se sintetizarán
en la reconstrucción de un nuevo tejido social que plasmará su irrupción en 1973.
En este proceso, la CGT de los Argentinos constituirá una primera síntesis. Pronto,
la multiplicación de trabajos barriales y el surgimiento de grupos de acción política
darán lugar a un proceso rico y diverso, cuyo saldo serán el Peronismo de Base,
Montoneros y sus agrupaciones sectoriales, pero también aquel conglomerado que va
a expresarse en el período camporista hasta comenzar su desgajamiento tras la muerte
de Perón.
En el caso de la izquierda marxista la incorporación de curas y cristianos al movimiento
significa una ampliación importante tanto en la base social y en la composición
interna como en la ruptura de ortodoxias ideológicas y de prácticas sectarias que
habían trabado durante años una relación más plena con el movimiento popular.
La apertura del marxismo hacia el cristianismo no es pacífica: el reconocimiento
de su fuerza revolucionaria rompe con el concepto monopólico de la revolución propio
de su vertiente más ortodoxa. También da paso a un reconocimiento de la historia
particular del movimiento popular y de sus mitos. Desde luego, esto lleva a una
ruptura con la interpretación tradicional –casi siempre liberal- que la izquierda
había formulado tanto de la formación social latinoamericana y argentina en especial,
de su historia y del peronismo.
Paradójicamente, un Che, marxista y socialista habrá de erigirse como puente entre
estas dos culturas de la resistencia: encarnará una posición cuestionadora, del
lado de los humildes, sus códigos, sus creencias y su fortaleza. Una actitud en
que la idea y el compromiso, la palabra y el hecho se tornan indisolubles. Como
en la vida de los pueblos.
Fuente: www.los70.org.ar

Sacerdote
Capuchino Antonio Puigjané
Entrevista por Mona Moncalvillo
Antonio Puigjané es un sacerdote que sigue los pasos de San Francisco de Asís; un
"hermano menor" que vive su fe y el Evangelio al lado de los pobres, los desamparados,
los que sufren. Por eso su camino ha estado plagado de persecuciones y acusaciones
simplistas. Pero, como las buenas semillas, siguió adelante con su misión de dar
frutos de vida y esperanza.
El barbado y simpático Antonio, de origen cordobés, ingresó a la orden capuchina
a los doce años. Otros tantos pasarían hasta que, tras sus primeros votos religiosos
en Nueva Pompeya, llegara su ordenación sacerdotal. Comenzó trabajando en la formación
de jóvenes aspirantes, hasta que encontró su rumbo definitivo en la experiencia
de vivir entre los pobres para brindarles apoyo y ayudarlos a paliar sus necesidades
imprescindibles. Entonces se instaló en una villa en Mar del Plata; si monseñor
Plaza no hubiera insistido con que "en Mar del Plata no hay pobres", seguramente
todavía estaría allí.
La segunda etapa de fray Antonio fue en La Rioja, allá por Anillaco, Chepes, Anguinán.
En esos pueblos desarrolló su oficio de pastor comprometido con los explotados.
Junto al obispo, Monseñor Angelelli, padeció todo tipo de humillaciones y acusaciones,
incluyendo asesinatos de sus hermanos curas y del propio Angelelli.
Su profundo amor por el sacerdocio lo lleva hasta la indignación por inacción de
muchos miembros de la jerarquía eclesiástica y denuncia sin rodeos a quienes han
suplantado la fe por el privilegio, el dinero, el poder.
Actualmente, desde una parroquia en Quilmes Oeste y junto a las madres de Plaza
de Mayo y todos los defensores de los derechos humanos, pide perdón por lo que no
ha podido hacer y sueña con entregar su vida, "lo que me quede", en continuar la
empresa de amor que abrazó un niño hace cuarenta y tres años...-
¿A los doce años ingresaste a la orden capuchina?
- Sí... son cosas del tiempo. Antes era lo común; recuerdo que a un compañero que
entró a los quince lo llamábamos "viudo", porque nos parecía que a esa edad tenía
una experiencia del mundo muy grande. Por ese entonces, no sólo en la orden capuchina
sino en casi todas las congregaciones entrábamos para ser sacerdotes a esa edad.
Hoy no lo haría, lo veo mal... Porque hacer entrar a una criatura en ese ambiente
orientado exclusivamente al sacerdocio, como era entonces, me parece peligrosísimo.
Entrábamos en gran cantidad; yo tuve unos treinta compañeros, pero se fueron yendo
todos. Me ordené en el año 1952. En doce años, del 40 al 52, se fueron todos los
que habían entrado conmigo. Eso sí, te puedo asegurar que lo hice con mucha libertad,
en mi familia nunca me lo sugirieron.
- ¿Dónde naciste? ¿Cómo era tu familia?
- En Córdoba... Mi madre era muy piadosa y aprendimos de ella a vivir una relación
con Dios muy cordial, con los matices -no tan buenos de aquellos tiempos- del temor
a Dios, pero bastante bien. Todavía vive, pero está muy viejita... Por ahí me hace
preguntas que no concuerdan; me dice: "Piruchito (que es mi sobrenombre), sos mi
hijo, el Padre Antonio, sacerdote capuchino"; y al ratito me pregunta: "¿cuándo
va a traer a su señora y los chicos?". Me confunde probablemente con mi hermano,
que es casado y tiene hijos. Tiene ochenta años, es una mujer que ha sufrido muchísimo...
- En 1949 haces tus primeros votos religiosos.
- Sí, al terminar el año del noviciado en Lavallol, en el convento de San Francisco
que ahora se entregó al obispado de Lomas y ha sido transformado en casa de retiro.
Un edificio de tres pisos, de los tiempos en que hacían grandes construcciones.
Cuando hice el noviciado éramos sólo tres novicios.
- ¿Los votos que hiciste son los mismos que hacen todos los sacerdotes?
- Sí, obediencia, pobreza y castidad o celibato...
| Los
estatutos del Hombre Articulo I Queda decretado que ahora vale la verdad. Ahora vale la vida, y de manos dadas marcharemos todos por la vida verdadera. Artículo II Queda decretado que todos los días de la semana inclusive los martes más grises, tienen derecho a convertirse en mañanas de domingo. Articulo III Queda decretado que, a partir de este instante, habrá girasoles en todas las ventanas, y los girasoles tendrán derecho a abrirse dentro de la sombra; las ventanas deben permanecer, el día entero, abiertas para el verde donde crece la esperanza. Articulo IV Queda decretado que el hombre no precisará nunca más dudar del hombre. Que el hombre confiará en el hombre como la palmera confía en el viento, como el viento confía en el aire, como el aire confía en el campo azul del cielo. Parrafo único: El hombre, confiará en el hombre como un niño confía en otro niño. Artículo V: Quedará decretado que los hombres están libres del yugo da la mentira. Nunca más será preciso usar la coraza del silencio ni la armadura de las palabras. El hombre se sentará a la mesa con su mirada limpia, porque la verdad pasará a ser servida antes del postre. Articulo VI: Por decreto irrevocable queda establecido el reinado permanente de la justicia y de la claridad, y la alegría será una bandera generosa para siempre desplegada en el alma del pueblo. Artículo VII Queda decretado que el mayor dolor siempre fue y será siempre no poder dar amor a quien se ama y saber que el agua que da a la planta el milagro de la flor. Articulo VIII: Queda permitido que el pan de cada dia tenga en el hombre la señal de su sudor. Mas que sobre todo tenga siempre el caliente sabor de la ternura Articulo IX: Queda permitido a cualquier persona, a cualquier hora de vida, el uso de traje blanco. ArticuloX: Queda decretado por definición, que el hombre es un animal que ama y que por eso es bello, mucho más bello que la estrella de la mañana. Artículo XI: Se decreta que nada será obligado ni prohibido, todo está permitido, inclusive jugar con los rinocerontes y caminar por las tardes con una inmensa begonia en la solapa. Parágrafo único Solo una cosa queda prohibida amar sin Amor Artículo XII Queda decretado que el dinero no podrá nunca más comprar el sol de las mañanas que vendrán. Expulso el gran baúl del miedo, el dinero se transformará en una espada fraternal para defender el derecho de cantar en la fiesta del día que llega. Artículo final Queda prohibido el uso de la palabra libertad, la cual sera suprimida de los diccionarios y del pantano engañador de las bocas. A partir de este instante la libertad será algo vivo y transparente como un fuego o un río o como la semilla del trigo y su habitat será siempre el corazón del hombre
Enrique Angelelli |