Asesinas

Sabiendo perfectamente lo que hacía, el Papa llamó a las mujeres que abortaron, abortan y abortarán asesinas, y buscó la complicidad de su rebaño

Por Leila Guerrero*

Quiero agradecer al ciudadano argentino Jorge Bergoglio, más conocido por su nombre de fantasía, papa Francisco, por emitir insistentemente declaraciones retorcidas y espeluznantes que me hacen la vida más fácil, dándome tema para escribir. No agradezco, en cambio, la ira que esas declaraciones me producen (comparar el aborto con las prácticas del nazismo, decir que las familias que no están formadas por hombre y mujer no son familia, etcétera), pero, como decía mi abuela, todo no se puede. El 10 de octubre, durante su audiencia semanal en la plaza de San Pedro, le habló a una multitud sobre el quinto mandamiento: no matarás. Blanco y sentado, refiriéndose al aborto dijo: “Yo les pregunto: ¿es justo quitar la vida a alguien para resolver un problema? ¿Qué piensan ustedes, es justo?”. La multitud, quizás por no entender que el Papa esperaba una respuesta, quizás porque el tono de arenga no es habitual en los líderes de la religión que él profesa, permaneció muda. Entonces el Papa preguntó, ahora en tono imperativo: “¿Es justo o no?”. La multitud reaccionó rápidamente y bramó a coro: “¡¡¡Nooo!!!”.

 


El papa Francisco durante la audiencia general en la plaza de San Pedro en el Vaticano. MAURIZIO BRAMBATTI (EFE) / Vídeo: Reuters-Quality

 

Él, contento, insistió: “¿Es justo pagar a un sicario para resolver un problema?”. Y la multitud volvió a bramar, otra vez a coro: “¡¡Nooo!!”. Sicario es persona que mata a alguien por encargo de otro, lo cual hace a ese otro tan asesino como el ejecutor. Subido al broadcasting global, sabiendo perfectamente lo que hacía, el Papa llamó a las mujeres que abortaron, abortan y abortarán —y a sus parejas, cuando las hubiere— asesinas, y buscó, para hacerlo, la complicidad de su rebaño. Las que abortaron, abortan y abortarán tuvieron que escuchar la afrenta en silencio y por televisión. Fue un gran momento. Un momento en el que uno se pregunta: ¿no es así como se arenga a una jauría, no es así como se alienta a los que están dispuestos a linchar?

* Leila Guerriero (1967, Junín, Argentina) es periodista. Publica en medios como La Nación y Rolling Stone, de Argentina; Gatopardo, de México; El Mercurio, de Chile, y L’Internazionale, de Italia. Comenzó a escribir en EL PAÍS en 2006. Desde enero de 2014 es columnista de la última página del periódico. Ha publicado libros de no ficción como Los suicidas del fin del mundo (2005) y Una historia sencilla (2011). Su obra ha sido traducida al inglés, el italiano, el portugués, el alemán, el francés y el polaco. En 2010 recibió el premio CEMEX-FNPI. En 2013 ganó el premio de periodismo González Ruano (Fundación Mapfre). Es editora de Gatopardo para América Latina; directora de la colección Mirada crónica, de Tusquets Argentina; realiza trabajos de edición para Ediciones Universidad Diego Portales, de Chile, y desde 2016 dirige la Especialización en periodismo de la Fundación Tomás Eloy Martínez (Buenos Aires).

El País

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