Avance del bolsonarismo editorial

Por Comuna

Los medios opositores argentinos se encolumnaron con Jair Bolsonaro y la descalificación de su gobierno a la vacuna Sputnik V. La otra cara de la misma moneda es la revitalizada y fervorosa reivindicación de los intereses del laboratorio Pfizer con mentiras descomunales, como que si no fuera por el Gobierno la población ya estaría inmunizada. Esto comprende ataques continuos al proyecto de fabricación de vacunas en el país.

La lucha encarnizada contra el plan de vacunación argentino es una de las facetas de la campaña electoral opositora, que tiene como siempre a los medios a la cabeza, agitando una y otra vez el tema de las clases presenciales y subiéndole la nota a Horacio Rodríguez Larreta por chocar al Presidente. En su ayuda se publican diariamente supuestos estudios científicos que llevan al nivel de «gripezinha» la presencia del COVID-19 en el sistema educativo. Y cuando mueren maestros, sencillamente la noticia no es publicada.

Los avatares en el oficialismo en torno del subsecretario de Energía Basualdo son elevados el fin de semana al tema más importante para el presente y el futuro argentinos. Una vez más, Clarín vuelve a soñar con el desplazamiento del ministro de Economía, contra quien trabaja siempre a nombre de los intereses de su accionista, el grupo Black Rock, acreedor de la Argentina.

Y si de campaña se trata, también sigue el trabajo de instalación de María Eugenia Vidal: Clarín, Infobae y La Nación la entronizan el domingo en espacios de gran visibilidad, al publicitar su presencia en el programa de Legrand. La estrategia es muy parecida a la exhibición dada en su momento a la fórmula Macri/Awada: la ex gobernadora es puesta a relatar su nueva «historia de amor», lo que motiva títulos rebosantes de ternura.

El bolsonarismo editorial tuvo un capítulo el lunes en Clarín, cuando Sigal firmó una nota en la que define al interés del Gobierno en fabricar una vacuna en el país como una «obsesión», que como se sabe es una perturbación del ánimo y del entendimiento. Vaca lo escoltó el martes, con una reivindicación ciega de la teoría de Larreta según la cual el COVID-19 se para en la puerta de las escuelas y no se atreve a entrar.

El miércoles, Clarín elevó a tapa el rechazo brasileño a la Sputnik, convalidando en el título la versión bolsonarista: «por falta de datos». Se basó en dichos de la agencia de medicamentos de Brasil, otrora reconocida por su trayectoria científica pero ahora llevada de las narices a una afirmación carente de toda prueba, como luego terminó reconociendo Infobae.

Morales Solá se identificó con el presidente ultraderechista ese día en La Nación: le dio la razón al rechazar la Sputnik, negando que lo haya hecho por presión estadounidense. No obstante, lo peor de su nota es la descomunal distorsión de datos que armó para titular que «La Argentina pudo ya estar inmunizada». Obviamente, dice una vez más que para ese fin debió haber acordado con Pfizer, al que le atribuye una provisión de dosis a Uruguay con una cifra completamente inventada.

Infobae se sumó el miércoles a la consigna «el COVID no entra a las escuelas», afirmación hecha a nombre de «expertos». Y Pagni en La Nación, el jueves, repitió la mentira sobre 2 millones de dosis de Pfizer en Uruguay (en verdad son 234.000), las que Argentina «dejó pasar».

Bolsonarismo al palo: Infobae tituló el jueves que la posición de Brasil contra Sputnik «suma apoyos», aunque se trataba solo de declaraciones de dos científicos -obvio- de Estados Unidos.

El portal, también conocido como InfoMiami, insistió el viernes en el tema, aunque ya con un matiz: la «ciencia reclama» a Brasil y Rusia que resuelvan las «objeciones». Recién en últimos párrafos el lector puede saber que la objeción de la agencia brasileña de medicamentos no se basó en una sola comprobación ni prueba, sino en una presunción o suposición.

Siempre en la práctica de dictaminar las líneas de acción de la oposición política, Clarín dice el viernes por medio de Fernando González que Rodríguez Larreta se fortaleció gracias al enfrentamiento con el Gobierno Nacional.

También La Nación dio con «expertos» que coincidieron en que el COVID se esfuma en las aulas. Lo publicó el viernes. Y ese mismo día, en que no hubo diarios impresos, incluyó una extensa nota en la que se anticipa a la postura de la ultra Bullrich sobre las escuelas secundarias.

Un texto de Luciana Vázquez lo corre por derecha a Larreta y apela a razonamientos que volverían tímidos a pedagogos de hace un par de siglos. Dice, por ejemplo, que la autonomía adolescente «es el trampolín para la deserción escolar» y que la no vigilancia de madres y padres conduce a una «soledad adormecida».

Los títulos principales de estos tres medios marcaron la estrategia de campaña de Juntos por el Cambio: la simulación de Larreta de desvelo por la educación contrapuesta a la figura del gobernador bonaerense Kicillof. Como lo dijo con inesperada claridad Pagni el jueves, Larreta «no puede bajarse de la presencialidad», no importa la gravedad de la pandemia. Y así se llega al extremo del título de Infobae el sábado: «Axel Kicillof no logró el cierre total, pero sigue imponiendo su peso en las decisiones de la presidencia».

Las insistentes maniobras de propaganda para el laboratorio Pfizer y sus intereses no solo incluyeron la repetición sobre una negociación mal llevada: el miércoles Van der Kooy se pregunta si hubo «error o premeditación», para favorecer a AstraZeneca.

La Nación, en tanto, siguió con sus reproches al laboratorio Richmond, que promete primero fraccionar y luego fabricar en la Argentina la vacuna Sputnik V. Su propietario, Figueiras, incurre en el delito de cercanía o amistad con peronistas.

Aunque parezca increíble, Van der Kooy en Clarín y Morales Solá en La Nación vuelven a estampar el domingo el relato cotidiano a favor de Pfizer y contra las vacunas aplicadas en Argentina, buscando otra vez la desconfianza y el desaliento.

Como ya se vio, estos escribas resolvieron correr despreocupadamente el límite del ridículo en sus diagnósticos y sentencias, sabiendo que al menos una parte de sus audiencias repetirán después fórmulas y enunciados que, a veces, son -hay que reconocerlo- de gran efectividad.

Estos días hubo al menos dos muestras de esta práctica. En Clarín, Van der Kooy dice que Cristina Kirchner está «en una virtual clandestinidad». En La Nación, Jacquelin tipeó que no es que el presidente tenga diferencias con Larreta: lo que ocurre, nos ilumina, es que se enoja con él porque «no puede enojarse con Kicillof y Cristina». Y Morales Solá hizo otro aporte: la ministra Vizzotti, dice, carece de solvencia científica, en contraste con el ministro porteño Quirós.

COMUNA. Comunicadores de la Argentina