8 de Agosto - Día Nacional del Psicólogo Victima del Terrorismo de Estado

NOTAS EN ESTA SECCION
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Beatriz Perosio: camarada y dirigente gremial de los psicólogos  |  Centro Clandestino de Detención El Vesubio
APBA - A 25 años del golpe militar, memoria de colegas desaparecidos
Homenaje de la revista Topía a los 110 trabajadores de salud mental desaparecidos, por Juan Carlos Volnovich

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Lista de desaparecidos en Salud Mental (Revista Topía)

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Beatriz Perosio - Salud pública y dependencia, nota en revista Los Libros Nº 34, abril 1974  |  Un caso judicial revelador, CELS
Hugo Vezzetti - Conflictos de la memoria   |  Américo Soto - Vidas y luchas de Vanguardia Comunista

 

Beatriz Leonor Perosio

Beatríz Leonor Perosio ocupaba el cargo de Presidente de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires (APBA) desde 1977 y de la Federación de Psicólogos de la República Argentina (FePRA), al momento de ser secuestrada el 8 de agosto de 1978 del Jardín de Infantes que había fundado con otra socia para formar niños que pensaran y tuvieran conciencia crítica.

Había nacido el 18 de agosto de 1947, tenía treinta y un años y era soltera.

Se había criado en el corazón de la Capital Federal. Era una porteña de pura cepa de Palermo, que hasta jugaba al fútbol con sus amigos de barrio, de colegio religioso pero espíritu indomable, de cantar sus verdades sin respetar autoritarismos.

Jorge Watts, militante de Vanguardia Comunista y sobreviviente del campo "El Vesubio", en el testimonio que prestó ante la Cámara Federal de Apelaciones en el Juicio a las Juntas, dijo que Beatriz tuvo tres paros cardíacos. Por su parte, el testimonio de Estrella Iglesias, también compañera ex-detenida desaparecida del mismo campo, denunció que Beatriz tenía quebrada una pierna.

Nota que dejó a una amiga al momento de su secuestro:

"Estela: Vino Juan Manuel Sanchez de Seguridad Federal. Me dice que lo debo acompañar al Dto. de Policía de Control de Policía Federal, por averiguación de antecedentes. Dice que no nos demoraremos mucho. Segundo piso. Dice que podés pasarme a buscar ahora mismo, es en Av. Belgrano a 4 cuadras de la 9 de Julio. Vení a buscarme, ahora, pues si me demoran abrá (sic) que avisar al trabajo. No te asustes. Chau. Bea"

(Ingenuamente Beatriz anotó el número de documento del tal Juan Manuel Sánchez: Libreta de enrolamiento 8.482.442)
 


La chica de la foto

Por Silvia Di Biase

Miércoles ocho de la noche, aula de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires. Terminó la clase, los alumnos se están yendo...

-Profe, ¿Quién es la chica de la foto?

La pregunta me sacude, me sorprende. La pregunta me rebela, por un instante me siento ¿ofendida?, casi molesta ante la ignorancia. Miro la foto colgada en la pared. Desde su retrato, la mujer vestida de rosa sonríe.

Es joven, es cierto, pero no es una chica.... Reacciono y respondo:

-Es Beatriz Perosio.

-¿?
 

-A Beatriz Perosio la secuestraron en agosto de 1978 mientras era presidente de la Asociación y estaba a cargo de la Fepra. Dejó una nota para su socia del jardín de infantes, con los datos del oficial que la fue a buscar argumentando que tenía que acompañarlo al Departamento Central de Policía por averiguación de antecedentes. Pero después de eso no se supo nada de ella.

Nada? No. Sí, se sabe que la llevaron a "El Vesubio", el chupadero que estaba en La Tablada que dependía de Suárez Mason; ahí también llevaron a Héctor Oesterheld, el guionista de El Eternauta. Hubo gestiones de instituciones de psicólogos de acá y de todo el mundo, pero no se supo nada.

Falto a la verdad. El informe del CELS dice textualmente "Tal lo ocurrido con Beatriz PEROSIO, presidenta de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires, de quien muchos testimonios concuerdan en afirmar que fue sometida a sesiones de tortura especialmente frecuentes y prolongadas. Cabría preguntarse si el torturador estaba a la búsqueda de una información excepcionalmente importante, o bien su propósito era degradar a la víctima por el temple demostrado. Se sabe que no lograron quebrantarla y que estaba con vida el 9 de septiembre, junto con otros 18 detenidos de este grupo, hoy desaparecidos."

Desde su retrato la mujer vestida de rosa sonríe.

Desde el inicio de la dictadura, estaban prohibidas las reuniones gremiales, y la Copra, la entidad que reunía a los psicólogos de todo el país, prácticamente desaparece. Pero en diciembre del 77 se vuelve a crear una entidad nacional, la Fepra. Perosio estaba en el grupo fundador y fue el primer presidente de la Fepra. Hace unos años la Fepra decidió poner su nombre al premio al mejor trabajo científico en cada Congreso Argentino de Psicología.

Perosio era una militante política, comprometida con la niñez, que bregó para que la investigación, la ciencia y la cultura reviertan como patrimonio del conjunto de la comunidad . Con el premio Beatriz Perosio se distinguió en 1997 a "El escenario de la desnutrición en Tucumán", trabajo de investigación sobre los niños desnutridos internados en el Hospital del Niño Jesús, entre agosto 91 y junio 92, es decir mucho antes de que las cámaras de televisión "descubrieran" la desnutrición infantil en Tucumán, y en 2000 "Desde la psicología de la frontera, cuestionamientos al concepto de resiliencia" (investigación sobre las pautas y condiciones de crianza de los niños en la cultura colla, en el que se cuestiona que el término resiliencia sea usado funcionalmente para sostener situaciones de exclusión social).

Desde su retrato la mujer vestida de rosa sonríe.


Informe TV francesa, fragmento de Rompenieblas, psicoanálisis y dictadura.

Otra cosa que tendrían que saber como futuros psicólogos es que entre psicólogos y estudiantes de psicología, hay casi sesenta ó más desaparecidos. Que durante la dictadura se cerró la facultad de La Plata, la de Mar del Plata... Que se cerraron muchos servicios de psicología... Tantas cosas...

Los alumnos se van, ordeno un poco y vuelvo a mirar la foto colgada en la pared.

Me acerco a la recepción. Betty, la secretaria de la tarde se está yendo, pero le pido que se fije en el libro de socios la fecha de nacimiento de Perosio. Me pone cara de cansancio pero me sonríe porque ya está acostumbrada a mis extraños pedidos.

Vuelvo al aula para apagar la luz cuando me llega la voz de Betty:

-Diez y ocho de agosto del cuarenta y siete.

Saco la cuenta. La secuestraron el 8 de agosto, cumplió los 31 en cautiverio.

Apago la luz.

La chica de la foto aún sonríe.

_________________________________________________

Cuando hace un tiempo Alberto Santiere llamó a la Apba y nos comentó la idea de hacer una nota sobre Beatriz Perosio, inicialmente pensamos pedir a los que la conocieron que escribieran, y cuando estábamos en eso sucedió lo que relato.

*Di algunos cursos en ese aula de la Apba, y este año -por los problemas de horarios nocturnos en la facultad-decidí dar ahí los teóricos de la práctica. Pero nunca me habían preguntado de quién era la foto.*
La pregunta me sacudió. Por un instante me sorprendió, mis alumnos son casi colegas, en éste o el próximo cuatrimestre se reciben...

Qué no supieran que "la chica de la foto" es Beatriz Perosio, lo acepto. Pero lo que me rebeló fue que no supieran quién fue Beatriz Perosio. *Porque no es de esos momentos en que nombro un autor y por las caras de algunos me doy cuenta que no saben de quién hablo, y surge el debate de si lo leyeron en tal materia, y los que cursaron con fulano sí y los que con mengano no.*
Muchas veces, con mis 46 años y 23 de profesión, me siento extranjera cuando esas caras de extrañeza aparecen si de lo que estoy hablando es de las vicisitudes de la práctica profesional en mi época de facultad o mis inicios. En esa superposición de relato entre testimonio personal e historia colectiva, pretendo involucrar a mis alumnos, incluirlos en un marco referencial. Es imprescindible un marco referencial inclusivo.


Nota que dejó Beatriz a una amiga al momento de su secuestro

Recuerdo que en mi primaria, el Instituto Bernasconi , las aulas tenían el nombre y el retrato de mujeres de pueblo, mujeres comunes que pasaron a la historia: Manuela Pedraza, Juana Azurduy...Este simple acto además de despertar nuestro interés en saber quién era la homenajeada –construyendo un vínculo entre el pasado y el presente-, hacía que el conjunto de estas mujeres de coraje que lucharon por la libertad, nos diera una cierta idea del protagonismo femenino *-que en mí por lo menos-reforzó cuestiones de identidad en lo que hace al feminismo, a lo que hoy llamamos "género".* Así como en el Hospital Moyano, que los pabellones tuvieran nombres -Pinel, Esquirol, Magnant-también me llevó a interesarme por la historia del abandono y exclusión de la locura, y empezar a sentirme incluida en una continuidad histórica de humanización y asistencia.

Lamentablemente veo que muchos de los jóvenes colegas se están formando en una especie de presente sin relación con el pasado del tiempo que viven . Estos jóvenes colegas son de la generación que nació bajo la dictadura, que fueron criados por adultos a quienes se impuso el silencio social, el ocultamiento y la culpa por el sometimiento, que debieron escotomizar zonas de realidad. Mas allá de la voluntad individual, se transmitió a esos niños la inducción al silencio, el intento de renegación, el intento de que no hubiera inscripción social de lo que sucedía. Esos niños, esta generación de psicólogos, se identificó con el mandato de silencio, internalizó el silencio. Aprendió a inhibir el proceso de pensamiento, imposibilitados de poner palabras a lo percibido, a inhibir el proceso de aprendizaje, atravesado por la consigna de no saber; sustituyendo matrices identificatorias múltiples y extensas en tiempo y espacio, por una ilusión de neutralidad, de a-historicidad.

Porque cuando las caras de extrañeza aparecen al nombrar autores que no forman parte de la bibliografía oficial, hay que tomar en cuenta que durante la dictadura, al prescindir de cátedras enteras de la facultad, cerrarse servicios asistenciales, se extirparon ámbitos de discusión colectivos, lo que produjo una atomización de los psicólogos en decenas de pequeños grupos de estudio. Estos grupos –muchos de ellos hoy vueltos a fragmentar o convertidos en instituciones concurridas-, si bien por un lado permitieron preservar espacios de formación y reflexión, muestran también en sus mutuas exclusiones teóricas el desdibujamiento de la identidad profesional.

En dirección opuesta era el discurso de Beatriz Perosio: "No hay otra manera de lograr nuestra libertad de trabajo y la jerarquización de nuestra carrera sin una organización que nos fundamente y nos respalde. Hoy en día son impracticable los proyectos individuales o de pequeños grupos" .

Entonces, no se trata del pasado, se trata del presente. De la continuidad del mandato de silencio, que se sigue manifestando en la marginación de la dirigente gremial Beatriz Perosio de los ámbitos académicos.

Entonces, desconocer la historia, desconocer nuestra historia, desconocer los legados, es estar desposeído ante el futuro. No repetimos siempre la cita de Goethe "lo que has heredado de tus padres, adquiérelo para poseerlo"?.

Por eso me niego a la "anécdota". Que Beatriz Perosio haya sido buena amiga, que haya sido solidaria... no es a la que hoy quiero rescatar. Sino a la destacada gremialista, a la que durante su gestión recorrió 52 servicios hospitalarios para saber los problemas que enfrentaban los psicólogos , a la que estuviera diseñado la primer residencia de Psicología en salud materno infantil , etc.

No sé de otro dirigente gremial a nivel nacional que haya sido detenido–desaparecido durante su mandato. Y sobre todo remarco lo de mandato, porque a no olvidar que si Beatriz Perosio era presidente de la Apba y de la Fepra, lo fue por el voto de sus colegas.


Revista Los Libros Nº 34, marzo-abril 1974, dedicado a instituciones de salud mental. Contiene nota de Beatriz Perosio. Clic para descargar en pdf.

¿No justifica esto sólo designar con su nombre algún aula de alguna facultad de Psicología? Alguna sala? Alguna biblioteca? Algún auditorio? Pero no una placa como homenaje póstumo... Porque está desaparecida.

Una placa que nos recuerde que aún no sabemos quienes fueron sus captores, que aún no sabemos quién es "el francés" que se mostró particularmente ensañado con ella ...

Una placa que nos recuerde que Perosio sabía perfectamente bien los riesgos que corría por levantar banderas de lucha durante la dictadura. Señala Jorge Sevilla: "Creo que algunos de los motivos por los cuales Beatriz acepta ser presidente debe tener que ver también con que era uno de los pocos que en aquel momento [1978] no tenía rota su actitud militante" .

Una placa que nos recuerde que el ultimo acto que sabemos de ella, la nota que le deja a su socia, la termina diciendo "No te asustes, Bea".

Una placa que la recuerde por eso, por los no, por el "no te asustes", por "no haber roto su actitud militante", no haberse quedado en su casa esperando capear el temporal, no haberse apoltronado como dirigente y decir "que hay para mí". Por no haber cedido.

Un aula que se llame Beatriz Perosio hace a la historia, a la historia de la psicología argentina. Señala Kersner : Como en la célebre novela de Orwell el disidente político es "volatilizado" y el "archivo de la historia" se modifica perversamente, a fin de escatimar la realidad a gusto del represor. No hay víctima, o mejor, nunca la hubo. Y el crimen no existe. O es perfecto. O casi lo fue. Porque, como en la célebre novela, el borrón se produce en el "archivo de la historia" y no en la historia misma.

Un lugar en alguna facultad –un salón, un aula, una biblioteca-con el nombre de Beatriz Perosio, con su retrato y con su historia, para que alguna vez la historia no la escriban los que ganan.


Silvia Di Biasi Secretaria de Asuntos Profesionales de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires.

FePRA: Federación de Psicólogos de la República Argentina CoPRA: Confederación de Psicólogos de la República Argentina
1 CELS: Un caso judicial revelador, Colección "Memoria y Juicio" 2 Gaceta Psicológica, No.21, agosto de 1979.
3 Autoras: Mariela Ventura y Mirentxu Baca, en Espacios y Propuestas Nº 11, Boletín de la FePRA.
4 Autora: Alicia Torres de Torres, idem. 5 En ese momento la escuela nº 2 era de mujeres y la nº 1 de varones, actualmente ambas son mixtas. 6 Hobsbawm, E. (1998): Historia del siglo XX, Barceloa, Crítica. 7 Gaceta Psicológica, No.28, julio/agosto de 1980 8 Videla, M. (2003): Conferencia de apertura de las "Primeras Jornadas Interdisciplinarias sobre Parto y Nacimiento". Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, 24 y 25 de noviembre 9 Según testimonio de Jorge Watts: "En la época en que yo estaba llevaron allí y quedó desaparecida la presidenta de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires. La fueron a buscar a su lugar de trabajo y la torturaron muchísimo. Había un ensañamiento en particular con los psicólogos. Eran algo parecido a ser subversivos". Juicio por la Verdad, La Pata 2002. . 10 Gaceta Psicológica, Nº 72, septiembre/octubre de 1986. 11 Kersner, D: "El modelo mitológico como recurso para la inscripción histórica social", en Efectos psicológicos de la represión política, EATIP.

[NOTA: Artículo publicado originariamente en la revista "Imago", quien censuró los párrafos ubicados en el este texto, original de la autora, entre **]

Fuente: http://archives.econ.utah.edu/archives/reconquista-popular/2004w46/msg00152.htm
 


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Por Beatriz Perosio: con vida la queremos

Por Jorge R. Sevilla

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Miguel Hernández – Elegía a Ramón Sijé

Hace apenas unos días, el 13 de Octubre (día del Psicólogo), en un sencillo acto, se le puso el nombre de Beatriz Perosio al Centro de Salud Nº 9 de la Ciudad de Buenos Aires, situado en el barrio de la Boca.

Ante un auditorio no tan uniformemente entrado en años como cabría suponer, fueron tomando la palabra distintos funcionarios para auto-ensalzar lo bien que se hacen las cosas. Alcanzaba como prueba el nombre impuesto al Centro en cuestión.

Pero, pese a ello, el único aplauso cerrado y sincero de la mañana se lo ganó Graciela Perosio (hermana de Beatriz, invitada a hablar casi por compromiso) cuando en muy pocas palabras sostuvo que el mejor homenaje hacia los desaparecidos es hacer aparecer y dar nueva vida a sus ideas, aquello por lo que luchaban.

A eso apuesta este texto: a una sencilla presentación de quién era, qué pensaba y qué hacía Beatriz Perosio, la presidente de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires (APBA) que desapareció y a quien la mayor parte de los psicólogos de hoy no pudo conocer.

Homenaje

El jueves 13 de octubre de 2005 –Día del Psicólogo– se asignó durante un concurrido acto público el nombre de Beatriz Perosio, al Centro de Salud Nº 9 de Irala 1254, Buenos Aires, en homenaje a quien fuera Presidente de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires, secuestrada y desaparecida en agosto de 1978.

Entre palabras emotivas fue inaugurada una placa para darle entidad y permanencia a la memoria. La misma lleva el siguiente texto:

Lic. Beatriz Leonor Perosio

Presidenta de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires Y de la Federación de Psicólogos de la República Argentina,

Detenida-desaparecida el 8 de agosto de 1978

Por el Terrorismo de Estado, en el Centro Clandestino de Detención "El Vesubio".

13 de octubre de 2005

Era una mujer joven, que no había alcanzado a cumplir sus 31 años en el momento que se la llevaron.

De cabello castaño claro y ojos celestes; no muy alta; con un cuerpo trabajado por la práctica deportiva; manera de ser abierta, que inspiraba a la gente simpatía y confianza; inteligencia lúcida; capacidad de trabajo inagotable y una notable fortaleza, que le permitía enfrentar cuanta dificultad se le pusiera por delante.

Como psicóloga, se inició en un colegio de Ascensión (un pequeño pueblo de campo ubicado cerca de Junín). Los directivos se proponían trabajar para una educación "liberadora" en lugar de enciclopedista y autoritaria. Beatriz pasaba allá dos días por semana y cumplía la función de analista institucional. Supervisaba con Ricardo Malfe, de cuyo pensamiento estuvo siempre cerca,

Quedó un registro de ese trabajo en un folleto que presentó en uno de los congresos de la Federación Argentina de Psiquiatras (FAP). En ese texto, comienza analizando la estructura de clases y tenencia de la tierra en la zona, datos de relevancia para comprender la conflictiva que después se abordaba. Esos, y no otros, eran los marcos en que desarrollaba sus prácticas.

En clínica, trabajaba en su consultorio, supervisada por Osvaldo Devries, a quien había elegido después de leer un artículo que publicó en la Revista Argentina de Psicología criticando la presunta neutralidad del analista. Alguna vez se plantearon, junto con otros compañeros, escribir algo sólido acerca de las relaciones entre teoría, técnica e ideología, pero las urgencias de la época se llevaron el proyecto por delante.

Aunque acreditaría un record recorriendo servicios hospitalarios para conocer los problemas de sus prácticas (llegó a visitar 43 en 1974, cuando todavía no estaba en la APBA ) y acercar sus ideas a los compañeros que trabajaban allí, nunca fue concurrente en un hospital. Pensaba que el ámbito de trabajo privilegiado para los psicólogos debían ser las instituciones públicas y por eso hacía centro en los hospitales, aunque sintiera que su propio camino pasaba más por lo educacional. No en vano se la llevaron de un jardín de infantes que había creado.

La movilizaba la idea de construir una "nueva cultura", definida como la transformación de los instrumentos teóricos y técnicos de cada disciplina para ponerlos al servicio de las luchas populares. Un buen ejemplo es el trabajo de campo que realizó con operarias de Standard Electric que soportaban condiciones laborales represivas, presentado en el viejo local de la FAP en la calle Rincón y publicado en la revista Los Libros en 1973, trabajado como artículo por Hugo Vezzetti.

Participó de la Coordinadora de Trabajadores de Salud Mental (TSM), ámbito en que los distintos roles profesionales (psicólogo, psiquiatra, etc.) eran abarcados por el concepto común de trabajador, teniendo siempre presente nuestra inscripción como TSM en el campo de la salud.

Buena muestra de que para nada consideraba esa inscripción como secundaria es el trabajo firmado en 1973 y publicado en Los Libros, donde analiza críticamente la política de salud pública del gobierno de Campora, manifestada en las distintas versiones del Plan Liotta para llegar a un Sistema Nacional Integrado de Salud. En aquella época no se hablaba abiertamente de desembarazar al Estado del "gasto" en salud y educación para convertirlas en un objeto de lucro, pero algunas "recomendaciones" venidas del norte ya lo mencionaban. En este artículo, Beatriz mostraba etapa por etapa las claudicaciones de un plan originalmente compartible y bien intencionado.

4 documentos desclasificados 1975-1984 por el Dto. de Estado norteamericano que hacen referencia a Beatriz.

 

En esa misma dirección puede citarse la relación mantenida desde la secretaría gremial de la APBA , con la Federación de Médicos Residentes, que dio lugar a un acto en defensa de la salud pública realizado por las dos entidades junto con la FAP. En ese acto habló en representación de la FAP Sylvia Bermann, a quien Beatriz sentía muchas veces como modelo.

También estaba preocupada por la inscripción del psicólogo en el campo de la cultura. Trabajó activamente en la Coordinadora en defensa de la cultura formada luego del atentado que terminó llevando al exilio a Nacha Guevara. Junto con la APBA participaban la Asociación Argentina de Actores, la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA), la Sociedad Central de Arquitectos, el Sindicato Argentino de Músicos y otras entidades.

La permanente actitud de búsqueda de marcos más abarcativos para el accionar de los psicólogos, tanto en sus prácticas como en las instituciones que los agrupaban, se puso a prueba en 1977 cuando, ya presidiendo la APBA , debió optar por la adherir o no a la Confederación General de Profesionales (CGP). Beatriz veía en esa entidad sectores afines a la intención masserista de construirse una apoyatura política pero, después de discutir el tema con personas en cuyo criterio confiaba, decidió que (pese a sus limitaciones y peligros) era el único marco viable para la APBA en ese momento y, para no dejar aislados a los psicólogos, prefirió pelear desde adentro contra el proyecto de Massera en la organización.

Es importante aclarar que sus esfuerzos por participar en organizaciones más inclusivas no se manifestaron sólo hacia afuera. Fue la primera presidente de la FEPRA , pese a la tradicional reticencia contra el centralismo porteño. Y –aunque puede parecer un hecho anecdótico, no lo es– Beatriz participó en las reuniones donde se constituyeron las dos entidades federativas que tuvimos los psicólogos en el país (FEPRA y la COPRA , su antecesora).

Llegó a la Comisión Directiva de APBA en diciembre de 1974, como secretaria gremial, en una elección realizada a la semana del estallido de una bomba que destrozó una madrugada la puerta y parte de las escaleras del edificio donde funcionaba la Asociación , como "aviso" de que a algunos sectores del poder los TSM no les caíamos del todo simpáticos.

Ya había pasado el período en que los TSM pudimos pensar y trabajar más creativamente. Empezaba el retroceso, el momento en que pasamos, de imaginar y hacer, a tratar de resistir como se pudiera la pérdida de cada palmo del territorio que soñábamos haber conquistado tan poco tiempo antes. Beatriz no desempeñó la secretaría gremial que quería, sino solamente la que pudo, en medio de una retirada general más o menos organizada según los casos.

Accedió a la presidencia en épocas peores (mediados de abril de 1977) con la dictadura militar ya instalada y habiendo realizado fuertes manifestaciones de represión contra la institución. Es decir, llegó dispuesta a resistir, aunque sin conocer la profundidad y alcances del plan criminal que el Proceso estaba desarrollando. Honestos pero ingenuos, creíamos que las bestias podían reconocer algún límite.

De ese período, en el que resistió y argumentó hasta que se la llevaron, son los documentos a partir de los cuales se construye su imagen. Pero siempre se puede encontrar algo nuevo.


Hasta aquí, la Beatriz psicóloga. Quiero mostrar también a la Beatriz política, que permanece más desconocida aunque ella nunca ocultó qué pensaba y a qué organización pertenecía.



La visión macartista del psicoanálisis desde la derecha peronista. Artículo de la revista El Caudillo Nº 2 del 23/11/73. La publicación, financiada por López Rega, funcionaba como vocero informal de la Triple A. Clic para descargar la revista completa.

Venía del cristianismo (al cual en su interior nunca abandonó del todo) y llegó al marxismo. Militaba desde 1972 en un partido de la entonces llamada izquierda revolucionaria, al que pertenecía en el momento de su secuestro. A ambas pertenencias llegó desde su necesidad de hacer con los demás y trabajar para los sectores populares.

No es un dato menor, porque su concepción política no consistía en pasar el mismo "cassette" en todos lados sino en buscar el modo de construir líneas de acción específica en cada sector y cada situación, revisando a la luz de su ideología las teorías y prácticas vigentes, procurando transformarlas y ponerlas al servicio de las necesidades de todos.

Muchos buscábamos lo mismo en esas épocas del freudo-marxismo, cuyo desarrollo cortaron las tres A y la dictadura, dejando un lugar vacante que aún hoy no está ocupado. Pero era visible que el compromiso de Beatriz no pasaba sólo por lo intelectual o profesional, sino que partía de una elección vital profunda. Seguramente, eso hacía que fuera tan creíble para todos.

Beatriz psicóloga, Beatriz política: Beatriz. Una y la misma, que abordaba nuestro campo desde su ideología de vida, pensando desde allí las opciones y posiciones que sostenía.

Trabajaba por los psicólogos, sí. Y tenía claro qué clase de psicólogo quería.

Quería un psicólogo comprometido con las realidades de su tiempo; que trabajara, y en especial en instituciones públicas, buscando salud, educación y cultura para todos; que tuviera una práctica concreta y no sólo teórica en esa búsqueda; que pudiera ser parte de colectivos más incluyentes y que tuviera, sobre todo, la autocrítica y valentía necesarias para revisar permanentemente todas sus verdades.

Parece, por lo tanto, inverosímil pensar que una mujer como ella, con su historia y lealtades, estuviera dispuesta a arriesgar la vida por un proyecto de carácter profesionalista, aunque algún escrito de la etapa de resistencia pudiera servir para sugerirlo. ¿Puede suponerse que Beatriz en esa época hablaba libremente y planteaba en público todo lo que pensaba?

En aquellos momentos, en medio del desbande, el exilio de muchos compañeros, la muerte o secuestro de otros y las bandas militares que actuaban impunemente, parecía muy importante sostener las pocas instituciones que habían quedado en pie y volver a reunir, a partir de ellas y desde lo más primario, los compañeros que se habían dispersado. La APBA era una de esas instituciones.

También desde allí era posible ligarse con la gente. Para eso se comenzó a participar en las Ferias del Libro, a partir de la segunda. Beatriz estuvo presente tanto en la concepción de la idea como en su realización.

En el ámbito de la cultura, desde distintos lugares iban apareciendo expresiones e iniciativas que se postulaban como puntos de encuentro. Tal vez pensando que lo peor ya había pasado, algunas personas empezaban a asomar la cabeza para mostrar que se podía tratar de nuclearse y trabajar nuevamente. Beatriz tuvo que ver con el nacimiento de algo de eso.

No estaba despistada. Sabía que se jugaba la vida.

Lo hacía por una concepción del mundo. De la cultura, la salud, la educación. De lo popular.

Y lo hacía desde un lugar que había elegido: la psicología.

¿No habrá llegado el momento de reconocerla en su real forma de vida y su valor para no renunciar, a pesar de todo, a las ideas y prácticas compartidas por tantas personas? Sería bueno desempolvar entre todos el conjunto de sus trabajos, y los de muchos otros TSM, dejar atrás los resabios de la dictadura y poder retomar los proyectos de vida que encerraban.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

Miguel Hernández – Elegía a Ramón Sijé


Beatriz Perosio: camarada y dirigente gremial de los psicólogos

Por Américo Soto

Beatriz Leonor Perosio era militante de Vanguardia Comunista, hoy Partido de la Liberación, y además ocupaba el cargo de Presidenta de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires (APBA) y de la Federación de Psicólogos de la República Argentina (FePRA), al momento de ser secuestrada el 8-08-78 del Jardín de Infantes que había fundado con otra socia, para formar niños que pensaran y tuvieran conciencia crítica.

Había nacido el 18 de agosto de 1947, tenía treinta y un años. (1). Fue una destacada integrante de la rica generación del 70, que estaba embebida de los sueños y dolores profundos de nuestros pueblos oprimidos. Había viajado como un año entero por Latinoamérica con su compañero, conociendo como el Che, de qué se trata en este continente cuando se habla de revolución e imperialismo.(2)

Se había criado bien en el corazón de la Capital Federal, una porteña de pura cepa de Palermo que hasta jugaba al fútbol con sus amigos de barrio, de colegio religioso, pero espíritu indomable, de cantar sus verdades sin respetar autoritarismo. "Para Beatriz no había incompatibilidad entre ser cristiana y comunista, siempre llevó un crucifijo. Lejos de ser dogmática, era una persona abierta, que alguien podría encasillar en ecléctica, aunque no lo define tal cual. Se quejaba a veces que algunos compañeros eran excesivamente intelectuales. Tenía mucha vitalidad, era de meterse en diversas cosas."(3)

Cayó en la campaña represiva que sufrió VC en los meses de julio/agosto de 1978. Según compañeros de cautiverio, la andaban buscando unos veinte días antes de su secuestro, y es una de los diecinueve camaradas que desaparecieron los milicos del Primer Cuerpo de Ejército de Suárez Mason, Videla y Cía. en el campo de concentración "El Vesubio" que dependía del Regimiento de La Tablada. Su jefe de inteligencia, el Tte. Cnel. Crespi, junto con el llamado"El Francés" –aún no identificado- fueron los encargados de esta tarea genocida que fue incluida en el fallo que condenó a las Juntas de Comandantes.

El trabajo de Beatriz y del Partido en las entidades de Psicólogos es un ejemplo de cómo la izquierda revolucionaria construyó espacios institucionales al servicio del desarrollo de la ciencia y el bienestar social, conjugando el interés de los asociados con los fines patrióticos que deben orientar esta clase de organismos profesionales y de masas.

A la experiencia del Sitrac se le achacó excesivo izquierdismo y haber sido sectaria, y que por ello no pudo sostenerse, lo cual en lo fundamental no es cierto ya que fueron las clases dominantes las interesadas en acabar con este gremio clasista, precisamente por sus aciertos.

Por esa razón en el seno de la APBA, la nueva izquierda, a través de lo que Beatriz y sus compañeros lograron hacer, demostró que esta corriente supo dejar sentada y llevar a la práctica, una estrategia de construcción en otros ámbitos gremiales, aún sufriendo golpes represivos, quizás por no ser tan decisivos como el corazón automotriz de Córdoba.

Así como actualmente el gremio de los docentes universitarios de Salta (ADIUNSA) es la mejor expresión del fortalecimiento y vida de un gremio dirigido por la izquierda que es útil a las masas y cumple un rol importante en la movilización y reclamo por sus reivindicaciones, desde 1974 y antes, VC ya trabajaba en igual sentido en la APBA.

Esta tarea tenía como Norte la democracia sindical con la participación de los socios, la absoluta honestidad en el manejo de los fondos y una política específica de consultar, bajarse a escuchar conectándose con las bases, para luego receptando los reclamos, hacer la planificación de los objetivos y concretarlos.

El esfuerzo que realizaron Beatriz y otros camaradas en el seno de la APBA desde 1974 cuando Jorge Sevilla fue electo Presidente y B. Perosio, Secretaria Gremial, junto con Hugo Vezzetti como tesorero y A. Smith uno de los vocales, dio plenamente sus frutos.

No se olvidaron de su trabajo y los principios que la guiaron, sino que por el contrario, fue reclamada y reivindicada al mismo tiempo en su carácter de Presidenta por los aportes que efectuó y la línea que sostuvo en su tarea de dirección.

En medio del terror de estado, cuando reinaba en amplios sectores el "no te metás", estas entidades se animaron a pedir por la aparición con vida y la integridad de Beatriz, dejando bien en claro que fue una Presidenta que siempre estuvo del lado de los psicólogos, defendiendo la profesión.(4).

Este aspecto hay que remarcarlo, la APBa y la FePRA, entidades de las cuales era presidenta Beatriz cuando fue secuestrada, en momento alguno dejaron traslucir distanciamiento con ella, a pesar de que sufrieron también la represión a través de allanamientos y el secuestro de otro miembro de la comisión que también era compañero del partido en aquella época, Alfredo Smith. Siempre pidieron y los defendieron a sus compañeros sin lavarse las manos.(5)

Ello tuvo que ver seguramente con el gran trabajo de V.C. en el seno de estos organismos, que se manifestó en la calidad de cuadros como Beatriz, Sevilla, Vezzetti, y otros.

Así se puede corroborar en el periódico de la APBA, "Gaceta Psicológica", en el que se fue dando cuenta de los pormenores del secuestro y desaparición de Beatriz a la par de las gestiones y presentaciones realizadas a su favor. (6) Quizás la mejor síntesis sobre ella fue ésta: "querida y admirada presidente...su brillante gestión que no sólo respaldamos plenamente sino que cabe exhibir como ejemplo de patriotismo y abnegación".(7)

Incluso, al momento de efectuarse el balance de la historia de la asociación, se dejó constancia que Beatriz fue el "alma que apoyó a todos cuando el temor hacía flaquear" (8). Es que la escalada represiva que tuvo como víctimas entre otras a la APBA, comenzó en el año 1974 con la actuación de la triple A y los atentados con bombas que sufriera el día de la elección.

Es muy importante que se haya dejado constancia, además, de las consignas que Beatriz reivindicaba en su tarea gremial, principalmente la necesidad de la participación de los asociados. Así se hizo hincapié en que Beatriz integró durante cuatro años la comisión directiva de la APBA (1974/1978) y que recorrió 52 servicios hospitalarios para tomar contacto personal con los colegas y saber de su problemática.(9) También fue de casa en casa buscando apoyo para conseguir la nueva sede.

Un artículo muy importante destacó las principales ideas que Beatriz había vertido en los editoriales que produjera de su puño y letra durante su gestión como presidenta. Entre ellas se destacan aquellas sobre la organización gremial como insustituible para lograr los objetivos de todos; la conexión con su propia gente, lograda también a nivel nacional mediante la constitución de la FePRA; el trabajo en la institución estatal que revierte en propiedad del conjunto de la comunidad a la investigación y la práctica llevadas a cabo, bregando por una ciencia y una cultura nacional.(10)

Esas características de su accionar no hacen más que confirmar algunas de las cualidades de la izquierda revolucionaria, que planteaba la democracia sindical para fundirse con los reclamos de las bases y desde allí luchar por el proyecto de liberación nacional y social.

Por ello no sólo fue reclamada de las garras de la dictadura por sus familiares y compañeros de militancia y de la izquierda, sino que también lo hicieron firme y valientemente sus colegas de los organismos que ella presidía. Así en el caso de Beatriz –como en el de otros compañeros- su inserción, su trabajo fecundo fue reconocido no sólo por sus camaradas, sino también por los colegas que la reivindicaron en los momentos de vigencia del terrorismo de estado.

De esta manera deben ser recordados y reivindicados nuestros compañeros, haciendo saber qué cuestiones plantearon, porqué fueron blanco de la represión y que se destacaron no sólo frente a la tortura, sino que mucho antes y después de ello tuvieron una conducta que los distinguió haciéndolos apreciar por sus compañeros de militancia y por aquellos otros con quienes trabajó en el campo sindical e intelectual.

Dice Graciela Perosio que su madre –quien se suicidó cinco años antes del secuestro de Beatriz- las había educado en forma muy espartana. Para ella –cuenta- tener fiebre, era tener arriba de los 38 grados, así que si tenían menos, no importaba e iban al Colegio lo mismo. Cree que por su vocación deportista, además, pudo resistir las torturas y el ensañamiento que tuvieron con ella.(11)

Jorge Watts, militante de VC y sobreviviente del campo "El Vesubio", en el testimonio que prestó ante la Cámara Federal de Apelaciones en el Juicio a las Juntas dijo que Beatriz Perosio tuvo tres paros cardíacos. (12) Por su parte, el testimonio de Estrella Iglesias, también compañera ex -detenida desaparecida del mismo campo, denunció que Beatriz tenía rota una pierna y encontró en el baño, el diario de cabecera de su madre.(13)

Estas muestras del horror nazi argentino se mencionan porque indican que toda la bondad y firmeza de esta mujer argentina no flaquearon a la hora de enfrentar a estas hienas, como buena comunista que era y tal como hicieran en su época los cristianos.

En Beatriz Perosio se entrecruzan y conectan por una parte, su condición de dirigente nato como dice su hermana, que naturalmente se destacaba asumiendo la conducción y guía de sus compañeros; por la otra, una militante comunista que no renegaba de su origen cristiano. Todo ello en una personalidad activa y humana, que se comunicaba con los otros e intentaba que lo propio hicieran sus colegas, con las características de la nueva izquierda revolucionaria, sin tabúes ni manejos burocráticos. Nada de sellos y formalismos que fueron lacras que tanto perjudicaron a la izquierda argentina.

Por ello muy importante fue su actividad partidaria en el trabajo con los intelectuales. V.C. fue la organización revolucionaria que sostuvo la creación de la revista Punto de Vista en Buenos Aires. Su primer director fue Jorge Sevilla, compañero de Beatriz, quien, recuerda su hermana Graciela, mucho tuvo que ver con la concreción de esta iniciativa.

Su rol en la dirección de la APBA no estuvo orientado a atarse a un sillón, no sólo porque no dejó de hacer militancia revolucionaria contra la dictadura terrorista de entonces, sino porque en este gremio en el que le tocó trabajar, lo hizo para que resultara una palanca de uso de todos sus compañeros, demostrándoles que era imprescindible consolidarla y fortalecerla para lograr las reivindicaciones propias y el bien comunitario. No el sindicalismo de cortarse solos para cuidar la quintita, sino al servicio del pueblo.

Además de estrechar vínculos dentro de su gremio, lo hizo con las demás entidades profesionales, las facultades de Psicología y los estudiantes, con quienes logró que no se cerrara la carrera durante la dictadura militar; con los hospitales públicos que reivindicaba como patrimonio social y otros gremios como el de Actores, que le facilitó la cobertura de su obra social. Una política distinta al aislamiento; conexión total y permanente hacia abajo, arriba y los costados, corrigiendo en este sentido también, viejos yerros de sectarismo de la izquierda.

El último editorial de Beatriz fue sobre "La hora de reencontrarse", donde señalaba la importancia de una asamblea que se realizaría en la APBA para dar continuidad a esta asociación a la par de controlar su gestión aportando críticas y/o respaldo, fortaleciéndose, en definitiva, con la participación activa. Reagruparse, reorganizarse era su mensaje de despedida. En medio de todo lo que estaba ocurriendo, llamaba a juntarse. Mensaje de desafío, para aprender y llevarlo hacia el futuro.(14)

NOTAS
(1) Gaceta Psicológica No.68, enero de 1986.
(2) Su hermana Graciela, digna referente y hermana de Beatriz, cuenta que en este periplo conoció a la madre de Camilo Torres, con quien intercambió correspondencia e incluso hablaron de la intención de aquella de publicar las cartas de este cura revolucionario. Entrevista del 10-03-00 en Bs.As.
(3) Ibid. Se nota su raigambre cristiana en esa vocación de darse como en su peregrinar hospital por hospital para hablar con sus colegas, o de casa por casa buscando apoyo para conseguir la nueva sede de la APBA. Ello se debe haber fundido con el trabajo hormiga propio del comunista y qué resultados que dio!.
(4) Gaceta Psicológica, No.28, julio/agosto de 1980.
(5) Ibid, No.15, octubre/noviembre de 1978; No.16, diciembre/1978-enero de 1979; No.19, junio de 1979; No.21, agosto de 1979; No.23, octubre de 1979; No.25, diciembre de 1979.
(6) Ibid, de julio de 1979: "Beatriz Perosio. A 11 meses de la desaparición de nuestra Presidente saliente bajo cuya orientación se plasmó una APBA pujante".Memoria 1º/12/77 al 30/11/78: destaca la eficaz gestión de Beatriz continuada luego del 8/8/78 por Hugo Vezzetti. Fortaleció la institución evitó la dispersión, amplió su papel en organizaciones profesionales especialmente con FePRA; jerarquización social y profesional apuntando a la legalidad del ejercicio de la psicología; aumento de los socios; cantidad de cuotas, obra social, Gaceta psicológica, nueva sede, etc., proyecto global y criterio de conducción; a pesar de los dramáticos momentos vividos después del 8-8-78, nunca hubieron tantas comisiones y grupos trabajando.
(7) Ibid.
(8) Ibid, No.68 cit..
(9) Ibid, No.28 cit.
(10) Ibid, No.21, agosto de 1979.
(11) Entrevista con Graciela Perosio cit.
(12) DIARIO DEL JUICIO No.14, 27-08-85.
(13) Ibid, No.15, del 8-9-85 (contiene testimonios del 3 al 5-07-85), pp.326 y 328.
(14) Gaceta Psicológica, No.13, julio de 1978.

www.pl.org.ar



Centro Clandestino de Detención El Vesubio

Ubicación: Av. Ricchieri y Camino de Cintura, Partido de La Matanza, provincia de Buenos Aires. Al N.E. del cruce de ambas rutas, frente a la Agrupación Güemes, y a pocos metros del Escuadrón de Caballería de la Policía de Buenos Aires. Predio perteneciente al Servicio Penitenciario de la Provincia de Buenos Aires, en cuyo casino de oficiales se instaló la dirección del C.C.D. Su nombre clave para las fuerzas que operaban allí fue "Empresa El Vesubio"; el "grupo de tareas" estaba provisto de credenciales que certificaban su pertenencia a dicha "empresa". Su existencia como centro de detención ilegal podría remontarse al año 1975, aunque entonces era denominado "La Ponderosa" (Conadep Legajo N° 7170).

Testimonios sobre El Vesubio

En 1976 habría funcionado bajo la jurisdicción del I Cuerpo de Ejército, cuyo jefe era el General Guillermo Suárez Mason (Coandep Legajos Nros. 3048, 3524, 3382, 6769, 7170, 2529, 4124, 4151 y 7077), con dependencia directa de la Central de Reunión de Inteligencia (CRI) que funcionaba en el hospital del Regimiento 3 de La Tablada, cuyo jefe era el entonces Coronel Federico Minicucci (Conadep Legajos Nros. 7169, 2262, 98, 1310).

El testimonio de Elena Alfaro (Conadep Legajo N° 3048) resume con precisión las principales de este C.C.D., coincidiendo otros liberados con tales descripciones:

"El General Suárez Mason visitaba periódicamente el campo. El día de mi liberación fui interrogada por él acerca del conocimiento por parte de mis familiares de mi embarazo y sobre mis planes de vida para cuando saliese. El Mayor Durán Sáenz (corroborado por los Legajos Nros. 3048, 3382 y 7170), responsable del campo vivía allí de lunes a viernes y los fines de semana viajaba a su casa en Azul". "El responsable de los guardias era el suboficial penitenciario Hirschfeld (corroborado en los Legajos Nros. 7170 y 3048).

"Asimismo, la seguridad estaba a cargo de personal del Servicio Penitenciario Federal, seis suboficiales en total, que hacían guardia en las "cuchas" (especie de nichos donde estaban los prisioneros). Estas personas eran de importancia fundamental para el mantenimiento del clima de terror imperante en el campo. De ellos dependían los detenidos para comer, ir al baño o higienizarse".



"En junio de 1977 tomó la jefatura del campo un grupo de oficiales de infantería del Ejército proveniente del Regimiento 6 de Infantería de Mercedes. Todos los integrantes del FTE (Fuerzas de Tareas Especiales) bajo el mando de Suárez Mason, fueron promovidos a fines de 1977 como premio al trabajo realizado. Grupos de Tareas pertenecientes a otras fuerzas utilizaron las instalaciones del campo en distintas oportunidades, como en el caso de mi secuestro y el de mi marido, Luis Fabri, quien fue ejecutado por el GT 4, de la Aeronáutica de Córdoba".

"El régimen de terror imperante, la falta de referencias, la pérdida de identidad al ser designados con un número, la incertidumbre y las vejaciones permanentes, constituían una constante tortura psíquica. Muchas veces fuimos amenazados con presenciar la tortura de familiares y en algunas oportunidades as! fue. En mi caso, tuve que ver cómo torturaban a mi marido. Otra detenida, Irma Beatriz Márquez, fue obligada a presenciar la tortura de su hijo Pablo, de doce años".

La relación de la Fuerza Aérea con el C.C.D. "El Vesubio" surge del testimonio de Luis Pereyra (Conadep Legajo N° 4591):

"Me detuvieron el 16 de septiembre de 1976, permanecí primero dos días en la VII Brigada Aérea de Morón, donde fui torturado. Luego pasé a la Comisaría de Castelar, donde estuve cinco días. De allí me sacaron para llevarme a un lugar que no puedo precisar, donde permanecí una tarde; después a otro donde había 30 o 40 personas, en una sala de madera. Luego supe que era 'El Vesubio'.

... A fines de marzo de ese año fui conducido al Pena¡ de Devoto y luego de una semana a la cárcel de La Plata. Me dejaron en libertad vigilada el l' de febrero de 1979 y me controló la VII Brigada Aérea de Morón, hasta mi libertad total",

Alicia Carriquiriborde y Graciela Dellatorre (Coandep Legajo N° 4535)

"La madrugada del 19 de mayo de 1976 fui sacada de mi casa en La Plata. Me llevaron a un lugar donde me desnudaron, y me torturaron con picana eléctrica. Después supe que se trataba del campo clandestino 'El Vesubio'. Uno de los guardianes me dijo que nos había llevado allí la Aeronáutica, que yo 'era de ellos' pero que a otros compañeros 'los atendía el Ejército y la Marina, según la organización a que los vincularan'. En julio nos retiraron de allí a Graciela Dellatorre y a Analía Magliaro, secuestradas juntas el mismo día y a mí. Me dejaron en la Comisaría 28 de la calle Caseros, donde permanecí hasta que me sacaron a la superficie, que fue el Penal de Devoto. Allí reencontré a Graciela Dellatorre; al poco tiempo ambas nos enteramos que a Analía Magliaro la habían matado en un 'enfrentamiento' ".

Graciela Dellatorre, por su parte, relata:

"En ese lugar -El Vesubio- habían separado a los detenidos del sector donde yo estaba en tres grupos. Cada uno pertenecía a determinado Grupo de Tareas. En una oportunidad una chica fue interrogada por la patota encargada de otro grupo. Cuando los que la tenían a su cargo se enteraron del suceso hubo un gran malestar, e incluso encargaron a esta joven que si se repetía algo similar 1 no les contestara' ".

De acuerdo con las constancias testimoniales obrantes en la Conadep, 34 de las personas que estaban detenidas clandestinamente en El Vesubio en setiembre de 1978 fueron separadas en grupos. Los detenidos, con los ojos vendados y las manos atadas a la espalda, fueron dejados en la proximidad de unidades militares en vehículos cerrados. A los pocos minutos, en todos los casos eran "descubiertos" por personal militar que condujo a los prisioneros a distintos regimientos o comisarías de la Provincia de Buenos Aires.

Ya "legalizados" fueron puestos a disposición del Consejo de Guerra Especial Estable, presidido por el Coronel Bazilis, el que se declaró incompetente, girando las causas a la justicia Federal. En un plazo muy breve, el Juzgado Federal a cargo del Dr. Rivarola, Secretarías de Curutchet y Guanziroli, sobreseyó a los acusados. A mediados de 1979 las víctimas de todo este proceso fueron dejadas en libertad desde los penales en los que cada uno estaba. Habían quedado sin embargo registradas en el expediente judicial las denuncias de algunas de las dramáticas situaciones por ellos vividas.

Los edificios donde funcionaron la "enfermería", la "jefatura", las "cuchas" y el "quirófano" (con su inscripción "si lo sabe cante, si no aguante"), no existen más. Fueron demolidos ante la visita de la Comisión de Derechos Humanos de la OEA en 1969. Sin embargo, el juez Dr. Ruiz Paz, y la CONADEP, acompañados por testigos, encontraron entre los escombros las características baldosas descriptas por los ex cautivos, también restos de las "cuchetas" de hormigón y pudieron determinar sobre el terreno el emplazamiento de cada dependencia descripta (Conadep Legajo N° 3048).

El Vesubio, junto con la ESMA, tienen el triste privilegio de ser los campos de concentración que en el área de Capital Federal y Gran Buenos Aires tuvieron mayor actividad. Por la cantidad de víctimas que pasaron por sus salas de torturas y por la cantidad de desaparecidos que han dejado a la sociedad argentina.


En el Vesubio se cometieron todo tipo de delitos, robo de menores, violaciones, asesinatos. Sus responsables e integrantes son responsables también de robos, saqueos a las viviendas de sus víctimas y familiares. Y también de robos de automóviles y otros bienes, aún en la vía pública a quienes pasaban cerca del lugar.


Secuestro de menores y ancianos, tortura a embarazadas, todos los capítulos del horror concentrados en un solo lugar, Avenida Ricchieri y Camino de Cintura, puente 12.


El predio era del Servicio Penitenciario Federal, fue utilizado como lugar de secuestro y tortura desde agosto de 1975 y a partir del 24 de marzo de 1976 fue comandado por el Primer Cuerpo de Ejercito, funcionando hasta Octubre del 78.


La mayoría de sus víctimas fue hecha desaparecer por los métodos habituales en esa época, muchos otros aparecieron en grupos de cadáveres acribillados a balazos simulando inexistentes enfrentamientos y un reducido grupo fue liberado, generalmente después de pasar por otros campos de detención, cárceles y ser sometidos a Consejo de Guerra.


Entre sus víctimas hubo escritores como Haroldo Conti y Hector Oesterheld, cineastas como Raymundo Gleiser, abogados, médicos, periodistas, obreros, empleados, estudiantes, religiosos, y representantes de todas las profesiones, hasta enfermeras, parteras y niños.


En cuanto a sus ideas políticas hubo peronistas, radicales, comunistas, socialistas y representantes de todas las organizaciones sociales y políticas que de una forma u otra se opusieron a la dictadura.


Su primer jefe fue el Prefecto Alberto Neuendorf, alias Neuman o el alemán, Jefe de Inteligencia del Servicio Penitenciario Federal, sustituido en 1976 por el entonces Mayor del Ejercito Pedro Alberto Durán Saenz, alias Delta y a fines del 77 este fue reemplazado por otro oficial del Primer Cuerpo de Ejercito apodado El Francés.


Estuvieron bajo la responsabilidad directa de los Generales Suarez Mason y Sasiaiñ y el control de los prisioneros siempre estuvo a cargo de personal de inteligencia del Servicio Penitenciario Federal.

Muchos de los sobrevivientes pasaron por diversas unidades militares y policiales que formaban parte de la siniestra trama manejada desde el Vesubio. El "blanqueo" de los sobrevivientes se producía sistemáticamente en el Batallón de Logística 10 de Villa Martelli, el Reg. de Infantería 6 de Mercedes, el Reg de Infantería 7 de La Plata, el de Artillería de Ciudadela, las comisarias de Monte Grande, Lanus y Villa Insuperable, entre otras.


Memoria de colegas desaparecidos

Declaración de la Asociación de psicólogos de Buenos Aires al cumplirse 25 años del golpe militar de 1976.

"A 25 años del terrorismo de Estado que arrasó la subjetividad de millones de argentinos, la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires homenajea a los miles de compatriotas desaparecidos, entre ellos a aquellos colegas que por sus ideales y entrega solidaria sufrieron el tormento. Reivindicamos especialmente a Beatriz Perosio, presidenta de nuestra Asociación y de la Federación de Psicólogos de la República Argentina (FePRA), que con sus sueños, vocación y lucha fortaleció y construyó las instituciones que nuclean a los psicólogos –dice un comunicado de la APBA–. Los psicólogos sabemos que es necesario recordar para no repetir. Nuestra memoria sigue intacta".

El comunicado incluye un listado de psicólogos desaparecidos: ANDRES Elena, AVILA Juan José, BEJAS María Cristina, BREA Marta, BREGLIA Margarita C. de REYNOSO, BUGNONE María E. de BONAFINI, CONDE Diana Noemí, EVANGELISTA Blas Alberto, FELIPE Ester Silvia de MONACO, FERNANDEZ MENVIELLE Lilian Nilda, FLORES Horacio Bernardo, GARCIA Diana Iris, GARELIX Hugo Ricardo, GOULECOZIAN María Esther, KORIN Eduardo Mario, LEIVA María Delia, LACROIX María Esther de PONCE, MANCEBO Beatriz Ofelia, MIZRAJI Liliana Graciela de PASQUINI, MOBILI Ana María de BONETTO, MUCHIUTTI María Inés de PEREZ, NOIA María de Lourdes de MEZZADRA, OLIVENCIA Daniel Horacio, ORLANDO Irene, PEROSIO Beatriz, PIETTELLI Anabella de CANON, RAGO Graciela Noemí, SANCHEZ María Matilde, SAVIGNONE Norma S. de PISATURNO, SCIARRETA Raquel Alicia, SEOANE TOIMIL María, VANELLA BOLL María del Carmen, VILTE Carmen Rosa de LOKER, VILLEGAS Aída Inés, "y todos los colegas desaparecidos que no figuran en este listado".

"Por ellos y por nuestro país exigimos verdad, justicia y castigo a los culpables".
 


Homenaje a los 110 trabajadores de salud mental desaparecidos

Por Juan Carlos Volnovich

Acto homenaje desaparecidos salud mental 2016.

El 24 de marzo de 2016 la revista Topía y el PEF (Psicólogos en Frente de los Graduados de psicología de la UBA) realizaron un homenaje en el Parque de la Memoria a los 30.000 desaparecidos por la dictadura cívico-militar recordando a los 110 trabajadores de la Salud Mental desaparecidos. Hablaron Enrique Carpintero, Juan Carlos Volnovich, Nancy Caro Hollander y Héctor Freire.

Transcribimos el texto leído por Juan Carlos Volnovich.

Estamos aquí reunidos para rendir homenaje a los trabajadores de salud mental desaparecidos durante la última dictadura militar. Estamos aquí reunidos para recordar; para recordar lo que no tiene nombre.

El recuerdo: “Una civilización que olvida su pasado está condenada a revivirlo”. Sobre esta afirmación de George Santayana (principios del Siglo XX) se construyó todo un universo de memorias destinadas a innovar allí donde el olvido -o, mejor dicho, el ocultamiento- garantizaba la repetición. Fue así que la Shoa se erigió en el edificio insoslayable, destinataria privilegiada de todas las polémicas acerca de los usos del recuerdo; y la memoria de la dictadura militar argentina, que puso en acción el terrorismo de estado, se entronizó como referente ineludible de nuestro pasado.

La denuncia no se hizo esperar; era evidente: el objetivo de la desaparición forzada como recurso político no quedó reducido a las personas, ni siquiera al conjunto de la sociedad, sino que consistió en aniquilar y hacer desaparecer la representación misma. De modo tal que se imponía salir al cruce del silencio y contribuir a poner en palabras algo de ese horror; vociferar el espanto para poder olvidarlo después; se imponía defender la posibilidad de imaginar lo inimaginable aún a sabiendas que toda representación de esa atrocidad iba a ser inadecuada e incompleta. Se imponía “salvar” los testimonios y las representaciones en su dimensión política porque en esa acción se jugaba la resistencia última a quedar definitivamente arrasados cumpliendo de manera sumisa y cómplice el objetivo último de la dictadura militar: matar la muerte…; el objetivo último de la dictadura militar como antes fue el objetivo último de los campos, el fin de “la solución final” que consistió en cometer un crimen sin resto y sin memoria o, como diría Nancy, “en el espectáculo del aniquilamiento de la representación misma”

Decía que el objetivo de la desaparición forzada como recurso político no quedó reducido a las personas, ni siquiera al conjunto de la sociedad, sino que consistió en aniquilar y hacer desaparecer la representación misma. Consistió en inocular el terror en el seno de lo propio para que ese terror se trasladara de generación en generación de modo tal que, aunque las causas desparecieran, sus efectos continuaran para garantizar el sometimiento.

El terror, ese mismo terror al que aludió León Rozitchner cuando intervino El Malestar en la Cultura; el terror que le permitió a León acercar respuestas al interrogante mayor que enfrenta al psicoanálisis: ¿cómo se explica que los obreros y los sectores más postergados de la sociedad no se rebelen contra quienes los someten; cómo se explica que los oprimidos voten a sus verdugos?

¿Cuáles son las trampas tendidas en el seno de la propia subjetividad que nos llevan a convalidar aun sin querer un sistema opresor injusto y desigual?

¿Cuál es y cómo funciona esa dialéctica siniestra instalada dentro de nosotros que nos impide rebelarnos contra aquello que nos despoja de los bienes materiales, de los bienes simbólicos y de la vida misma?

¿Porqué los que menos tienen son los que tienen menos posibilidades de oponerse a un sistema que los excluye o los explota pero que no los reconoce?

¿Porqué aquellos que no tienen nada que perder, más que sus cadenas, son los más sumisos y obedientes al proyecto de exterminio?

¿Cómo rescatar el impulso positivo del instinto de muerte volcándolo a los fines de la vida, coaligarlo con ella, para destruir el obstáculo que se opone a su despliegue?

La desaparición forzada de personas instaló el terror, y la indiscriminación de esa práctica estuvo al servicio de generalizarlo. Nadie podía estar seguro: la represión podía recaer sobre el líder de una organización “subversiva” tanto como sobre el “inocente” cuyo nombre aparecía en una agenda. Y los desaparecidos de entonces, los desparecidos por un estado terrorista se continuaron hoy en día con los despedidos por un estado democrático a sabiendas que la exclusión del mercado laboral equivale a la desaparición social. En la actualidad, con los despidos masivos en el Estado y con más de 30.000 despedidos por las empresas, nadie está seguro de poder conservar su trabajo.

Decía que sobre esa afirmación de Santayana --“Una civilización que olvida su pasado está condenada a revivirlo”-- se construyó todo un universo de memorias destinadas a innovar allí donde el olvido garantizaba la repetición. Pero el aforismo que hizo virtud del recuerdo, trajo más el recuerdo del horror que el recuerdo del amor. Y así el mal, el mal supremo, (Videla, para el caso) se ubicó como aspirante privilegiado para ocupar el trono de la memoria. Y el olvido que nos amenazaba le cedió lugar a una memoria sesgada y deformada que pasó, así, de ser memoria acusadora a ser memoria acusada.

¡Tanto Videla! ¡Tanto golpe militar! La interminable escritura de la desaparición forzada elevó los sitios de detención y tortura al lugar de honor de eso que ha dado en llamarse la victimología de modo tal que los malos de la historia pasaron a ser los que quedaron mejor posicionados a la hora de aspirar a la inmortalidad. Y los torturados y los masacrados, los exiliados y los veteranos de las guerras, debieron resignarse a ocupar lugares subalternos en la escala jerárquica de la historia.

Universos de memorias acríticas; pasados indiferenciados que coagulan a los “dos demonios” –militares-Montoneros--; memoria hollywoodense de una “historia oficial” buena para un Oscar; memoria que borra la memoria...ese exceso de memoria que hoy nos invade bien podría hacerle lugar –un merecido lugar-- a las marcas de su imposibilidad para evitar el destino que pudiera llevarla a no ser otra cosa que una figura del olvido.

Memoria de las víctimas que coinciden con la memoria de los victimarios. Cuando el 9 de Octubre de 1997 Adolfo Scilingo confesó haber participado de los “vuelos de la muerte”, dio una serie de informaciones que ya eran patrimonio de los Organismos de Derechos Humanos. Martín Balza, por entonces Jefe del Ejército, y Scilingo no dijeron nada nuevo; nada que no se supiera ya y con más detalles. No obstante fue la primera vez que los represores confirmaban la versión de las víctimas. El impacto en la opinión pública de las confesiones de Scilingo y el informe de Balza, el efecto de “verdad” de esas confesiones, inspiró en Fernando Ulloa un comentario antológico: “Así que lo que era cierto…era cierto”.

No obstante, los psicoanalistas sabemos muy bien que nada es cierto, que no hay verdades absolutas y que una cosa es el horror y otra muy distinta el relato del horror. Hay algo de inefable en el horror, algo de inaudito que supone el fracaso de cualquier iniciativa destinada a decir la verdad sobre lo sucedido. De modo tal que en el reino de las mentiras debemos situarnos; dominio de mentiras pretenciosas que son pretenciosas por que intentan borrar el horror; porque se construyen con la clara intención de ayudarnos a tolerar la insoportable ausencia de palabras; la intolerable presencia de una verdad sin lenguaje. De modo tal que son mentiras psicoanalíticas: mal que les pese algo de verdad transmiten; igual que en los delirios donde un núcleo de verdad asoma en medio de un montón de disparates.

Si la verdad nunca se entrega del todo, nunca se obtiene plenamente; si la mentira siempre es una mentira a medias y algo de la verdad del inconsciente revela, el par antitético de la verdad no es la mentira. Para el psicoanálisis el par antitético de la verdad y la mentira es el olvido. Y, por olvido, aludo a aquello que cae y queda preso de la represión para hacerse visible solo como síntoma individual y social.

Hay algo de mentira cuando se intenta culpabilizar de la catástrofe actual a la “herencia recibida”, pero hay algo de verdad cuando se culpabiliza a la “herencia recibida”, porque la “herencia recibida” es también la herencia que, como terror vigente, nos dejó la dictadura militar y la dictadura económica que impuso el neoliberalismo.

Dije antes que sobre esa afirmación de Santayana --“Una civilización que olvida su pasado está condenada a revivirlo”-- se construyó todo un universo de memorias destinadas a innovar allí donde el olvido garantizaba la repetición. Pero el aforismo que hizo virtud del recuerdo, trajo más el recuerdo del horror que el recuerdo del amor. De modo tal que voy a dedicar los minutos que me quedan para hablar sobre el recuerdo del amor.

Tengo muy presente la lista de los 110 desparecidos. Algunos fueron mis amigos, otros apenas compañeros o conocidos. Pancho Bellagamba, Rosita Mitnik, Juan Carlos Risau, Alberto Pargeament, Beatriz Perosio, Marta Brea, fueron mis amigos. Con muchos de ellos fundamos, antes del Golpe, la Coordinadora de Trabajadores de Salud Mental; éramos jóvenes, estábamos llenos de buenas intenciones; éramos un montón de muchachos y muchachas que soñábamos con un mundo mejor: nos disponíamos a usar nuestra inteligencia, nuestro saber para ayudar a la salud mental de los sectores más desprotegidos de la sociedad y pretendíamos, también, acompañar a los movimientos revolucionarios y demostrar que podíamos ser útiles en el camino para la liberación.

De modo tal que no solo fueron 110 vidas truncadas sino que fue un proyecto que quedó arrasado.

La masa crítica del psicoanálisis argentino que se forjó con los pioneros que enfrentaron a la psiquiatría manicomial hegemónica en la década del 40; que se forjó en el Servicio de Psicopatología del Policlínico de Lanús; con la psicoterapia de grupo y el psicodrama cuando el psicoanálisis individual se postulaba como el único legítimo; con el grupo Plataforma que partió en dos al psicoanálisis mundial; a esa masa crítica, en ese linaje están inscriptos los 110 trabajadores de salud mental desaparecidos. Pero su desaparición no impidió que otros trabajadores de salud mental, desafiando el terror de adentro y el terror de afuera, continuaran esa luminosa resistencia que en plena dictadura militar se plasmó en los equipos asistenciales de los ocho primeros Organismos de Derechos Humanos: Madres de Plaza de Mayo, Familiares de Detenidos Desaparecidos por Razones Políticas, Abuelas de Plaza de Mayo, Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), Liga Argentina por los Derechos del Hombre (LADH), Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ), Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH). Todos esos Organismos contaron con equipos asistenciales de salud mental.

El primero fue el Equipo de Asistencia Psicológica de las Madres que comenzó allí por el 79. Y en el 82 se fundó el Movimiento Solidario de Salud Mental ligado a Familiares de Detenidos-desaparecidos por Razones Políticas. De ahí en más, ese campo asistencial y esa producción teórica no ha cesado de crecer próximos a los Organismos de Derechos Humanos y también en asociaciones y grupos que, de alguna manera, se convirtieron en el mejor homenaje a los trabajadores de salud mental desaparecidos

Muchos de nosotros acompañamos o protagonizamos esa historia, lo que quiere decir que hemos aprendido a leer síntomas sociales y a aportar significados a silencios y gritos. A pesar que nuestra historia abunda más en derrotas que en victorias, la razón, la fuerza de justicia y la riqueza de sentido sobrevive en nuestra lastimada conciencia de vencidos y no figura en la historia que los vencedores de este capitalismo tardío escriben cada día para convertir el horror en hazaña y la infamia en gloria.

Hemos sobrevivido al terrorismo de Estado y al terrorismo económico y ahora, más que nunca, estamos dispuestos a enfrentar al Poder y al saber totalitario, haremos lo imposible por respetar las diferencias con el derecho asumido a ser intolerantes con los intolerantes, y con la inclaudicable decisión de no renunciar a la unidad, a la fuerza que da el conjunto.

No hemos llegado al “fin de la historia”. El imperialismo no ha llegado al “fin de la historia” y, por lo tanto, no hay victoria final. Tampoco derrotas pasadas porque, para muchos de nosotros, vencer es solo eso: intentar una y otra vez lo que deseamos. Y todo hace pensar que la catástrofe actual es ahora la huella por donde arrancarán nuestros pasos para intentar, para desear, una vez más.

Seguramente los 110 trabajadores de salud mental desaparecidos no fueron mejores que quienes continuaron manteniendo viva la llama de la esperanza. Seguramente quienes nos reunimos hoy aquí no somos mejores psicoanalistas ni mejores psicólogos que los demás. Tampoco nadie es, sospecho, demasiado diferente a la sociedad que lo parió. El autoritarismo, la tendencia al individualismo, la ineficiencia, la irresponsabilidad frente al sufrimiento de los demás, esos males que caracterizan a los sectores dominantes interesados en justificar y perpetuar la desigualdad y la injusticia, se reflejan también en nosotros. Los trabajadores de salud mental que queremos el cambio –o que al menos nos negamos a ser cómplices de este régimen de oprobio- no estamos vacunados contra la ideología de la opresión. Quizás nuestra salud consista en saber que estamos enfermos, no mucho menos enfermos que el Sistema que nos hizo y que quisiéramos ayudar a deshacer. Quizás nuestra salud consista en confiar sin límite en el poder instituyente que se dispara con indignación frente a este mundo desgraciado; nuestra salud descansa en la convicción de que la Historia no perdonará nuestra cobardía si, compartiendo el mismo interrogante sobre un mismo abismo, no logramos hermanarnos.

Dice un proverbio español: “lo que por sabido se calla, por callado se olvida”

Si hoy estamos aquí, entonces, es para no callar, para no olvidar.

110 trabajadores de salud mental desaparecidos. ¡Presentes! Ahora y siempre

Fuente: https://www.topia.com.ar/articulos/homenaje-110-trabajadores-salud-mental-desaparecidos

 


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