El libro "Kirchner, el Amo del Feudo", que
resulta muy difícil de conseguir porque su única edición se agotó en los kioscos
de diarios y no hubo reposición, cuenta los secretos más increíbles del
enigmático Señor K. Acá lo publicamos completo para lectura online y para
descargar a tu PC en formato PDF.
Su autor, Daniel Osvaldo Gatti, nació en Basavilbaso, provincia de Entre Ríos,
fue militante de las Agrupaciones Juveniles del Peronismo Bonaerense, fue un
preso político entre 1977 y 1982. En 1984 se radicó en la provincia de Santa
Cruz y, desde el humor gráfico, siguió su pasión por la política. Con Héctor
Barabino, conduce A los Cuatro Vientos y Séptimo Día, dos programas radiales de
vasta audiencia en Río Gallegos.
INTRODUCCIÓN
Parte 1
Néstor Carlos Kirchner nació un 25 de febrero de 1950, en Río Gallegos, una
ciudad por entonces de 6.000 habitantes. Su nombre se ajustaba a una larga
tradición de hombres de la familia, quienes portaron alguno de los nombres del
primer Kirchner que llegó a la Patagonia, a principios del siglo 20. Su padre,
empleado de Correos, donde llegó a tesorero, se llamaba Néstor, hermano de
Carlos, Delia y Zulema, descendientes de Carlos Kirchner y Margarita Kaenel. El
primer Carlos se radicó como comerciante de Ramos Generales, y desde su comercio
trabó relación con los sectores que detentaban el poder real en la provincia de
Santa Cruz. Su nombre está inscripto como aportante a las autoridades y cuerpos
de seguridad, en tiempos en que los ganaderos optaron por armar policías y una
Guardia Blanca, para terminar con los peones, como ya habían terminado con los
nativos tehuelches. La proclama de los huelguistas lo incluyeron en el listado
de los comerciantes a boicotear, por su defensa incondicional de los postulados
de la Sociedad Rural y la Liga Patriótica. "Para contrarrestar, debidamente, los
injustos ataques a las autoridades del territorio y de la Nación... ", el 11 de
enero de 1922, se constituye la Unión Cívica Radical del Territorio, y Don
Carlos Kirchner rubrica el acta que es la continuidad por otros medios de la
defensa de los mismos intereses, los propios. A la costumbre de recibir los
nombres de sus antepasados no escapó su hermana, Alicia, quien lleva el agregado
de Margarita, por la abuela Kaenel. Su tercer nombre es Antonia. Estudió y se
recibió de Asistente Social, y en los recesos entre funciones gubernamentales, y
aprovechando a su cuñada en el Congreso, obtuvo el Doctorado. La figura del
abuelo Kirchner quedó en lo profundo de la memoria de chicos que hoy son hombres
maduros y todavía se estremecen al recordar las mensuales humillaciones a la que
eran sometidos sus padres. La de un hombre alto, enfundado en un pesado abrigo
gastado, quien invariablemente golpeaba con su bastón las puertas de sus
viviendas para reclamar el pago del alquiler, usurero gozoso, sabía que faltaban
algunos días para que cobraran y sólo por el placer de escuchar sus excusas, los
visitaba el primer día de cada mes. La misma impronta, la de su nieto, pero con
traje de saco cruzado y anteojos de cristales verdes, llegaba a las de los
clientes morosos para llevarle los bienes adquiridos. Su perfil de nariz
pronunciada, el remolino en la coronilla y los ojos saltones le valieron el
apodo de Lupín, como el famoso personaje de historietas infantiles, su
derivativo, Lupo, mostraba que el apodo tenía variantes que daban en la tecla
con la verdadera personalidad. Otros apodos sólo quedaron relegados a las voces
en sordina. Tordo, Cuervo, Cara con Mango, Flaco, ninguno quedó, sólo Lupín, un
apodo que definía mucho más que un aspecto físico de su portador, se convirtió
en identidad política, en las formas que adoptó el manejo de la cosa pública y
sirvió para que el tradicional y conservador diario La Opinión Austral, en cada
viraje hacia el oficialismo, pasara a denominarse, popularmente, Lupinión
Austral. Cuando Lupín incorporó a sus primeros discursos públicos de campaña
para intendente de Río Gallegos, la advocación a los pioneros, todos recordaron
al abuelo Carlos, quien sostuvo la posición de eliminar de raíz las luchas
obreras, y quien sobre las osamentas de los peones, en las fosas comunes, se
forjara una palabra que atravesará toda la historia de Santa Cruz: miedo. Sin
entender esta matriz de los santacruceños, y en particular de éste, es muy
difícil comprender cómo se logró construir un feudo en pocos años. # Néstor niño
Las fotos de la etapa escolar lo muestran con todos los atributos físicos
conocidos: alto, narigón, luciendo el corte de la época -a la americana-, y los
también típicos pantalones cortos hasta las rodillas, acompañados por medias
tres cuarto, gruesos marcos negros en los anteojos que intentaban corregir la
posición de sus pupilas. Sus maestros lo tienen presente como un niño
inteligente pero apocado, vulnerable a las bromas, que prefirió refugiarse en la
protección que le brindaban chicos más grandes, con los que compartió los
picados en "la canchita", como llamaban a un baldío de la calle Pasteur. "Cuando
empezó el secundario, se integró a otros grupos, pero a los del barrio no nos
olvidó", cuenta un amigo, al recordar a los integrantes del grupo de la
infancia, refiere nombres que aparecerán siempre en las cercanías de Kirchner,
como Oscar 'Cacho' Vázquez, proveniente de San Julián, o Juan Carlos Has. Un
viejo profesor cuenta que en el colegio secundario era líder de "un grupito
quilombero, de discutir por pavadas o de caprichoso", y una docente refiere un
enfrentamiento con Lupín cuando, junto a otros jóvenes, enfrentó una disposición
interna que establecía el 7 como la nota que habilitaba para participar en los
juegos intercolegiales. Para el Diputado 25, seudónimo del profesor Emilio
García Pacheco, un periodista conservador que se convirtió en seguidor y
publicista de Kirchner, el Lupo no era un buen alumno. # En La Plata La política
se transformaba en un poderoso imán para quienes partían a estudiar;
provenientes de familias de clase media acomodada, que emparentaban sus
actividades con la de los estados nacional y provincial, y desde una pequeña
capital de provincia que, con pocos años de experiencia como tal y siempre
alterada por intervenciones y golpes de Estado. El radicalismo, así como también
el todavía proscripto peronismo, los sumaron a sus agrupaciones juveniles. El
Kirchner que llegó a La Plata, y a las habitaciones de El Castillo, se dejó
crecer el pelo, alto, flaco y desgarbado, mantuvo su costumbre de ser poco
afecto a cuidar su indumentaria, se convenció que el peronismo era el camino
para la revolución en ciernes, y se integró a la Juventud Peronista,
encuadrándose en la Federación Universitaria para la Revolución Nacional (FURN),
en la agrupación de la Facultad de Derecho. El Castillo era la denominación de
una casa alquilada por un veterano estudiante, quien luego de algunos años de
jolgoroio, se aplicó al estudio y concluyó, rápidamente, su carrera de abogado,
Néstor Osvaldo Peña, alias Tussi. Él proveyó a El Castillo de un televisor y
esto atraía comprovincianos, quienes en muchos casos sólo la veían en las
vidrieras de un comercio, durante las escasas horas de transmisión del Canal 9
local. Peña ya era cabrero y gritón, y compensaba la baja estatura con el
respeto que infundía la diferencia de edad. Si el Boca Juniors de sus amores
perdía, la transmisión de fútbol obligatoriamente se cambiaba por el Mundo del
Espectáculo u otra programación de cine. Casi toda la generación de políticos
radicales y peronistas actuales pasó por esa casa. De El Castillo partían los
santacruceños a jugar algún partido de fútbol y una anécdota apoyada en pruebas,
relata que "enfrentando a un equipo de residentes peruanos, tan habituales en
aquellos tiempos en las universidades, Lupín, luego de un encontronazo, se
calentó y comenzó a insultar; los trató de 'negros de mierda', de 'muertos de
hambre' y otras linduras, hasta que un morocho fibroso, le pidió que parara con
las agresiones. Lupín lo invitó a pelear
al costado del campo, y aceptado el convite, el Lupo le dio la espalda y empezó
a caminar al lateral" (el ex estudiante platense se ríe e imita el tranco
desgarbado de Kirchner). "Cuando movió los brazos así (imita el braceo), el
peruano lo agarró, lo levantó y lo tiró al suelo, dándole patadas en el culo;
Lupín nos pidió ayuda, nosotros nos reíamos y yo aproveché para sacar esta foto,
con una cámara que siempre llevaba... por supuesto que la foto la tengo
duplicada y guardada". Otro veterano estudiante platense, cuenta historias del
Gobernador (hoy Presidente) y sigue sin comprender cómo aquel tipo, objeto de
todas las bromas, llegó a ser lo que es. Las bromas giraban sobre la nariz y los
ojos, pero como Lupín siempre tuvo problemas para pronunciar las fricativas, se
las arreglaban para mandarlo a comprar las pizzas, y que tuviera que sorporar
las chanzas invariables del vendedor. Es que el Lupo las eses y las zetas las
convierte en jotas. "En lo que no cambió es en su manía por los dólares. A La
Plata le llegaba el giro de la familia y el Lupo salía disparado a comprar
dólares, y en esa época nadie se calentaba demasiado por las cotizaciones, pero
él sí, cada tanto los contaba y calculaba las ganancias con el precio que
aparecía en el diario". Un sobreviviente, con el que circunstancialmente
compartió un departamento, rememora un costado insólito de Lupín: "Una noche, me
despertaron los gritos roncos de una persona, cuando terminé de despertarme, me
di cuenta que provenían de muy cerca, era el Flaco, que imitaba a Perón con una
escoba de micrófono; le dije que se dejara de romper las pelotas, y el tipo
nada, seguía con el discurso, prendí la luz y ahí estaba, escoba en mano,
poniendo la otra mano como el Viejo y totalmente dormido, es que Lupín era
sonámbulo y yo no lo sabía". La militancia universitaria era compartida con otro
riogalleguense, Rafael Flores, alias Rafa, hijo de un empleado bancario y
popular arquero de fútbol, y de una señora Sureda que, como el abuelo de
Kirchner, estaba entre los descendientes de los pioneros. Uno de ellos, José
Sureda, está entre los fundadores del peronismo provincial; otro Sureda,
militar, fue abatido por la guerrilla; su tía Ángela fue asesora del primer
gobernador de la dictadura, en 1976, intendente del Proceso y dirigente radical
en la naciente democracia de los '80. Rafa recuerda que Lupín se abrió de la
FURN, por disidencias, y para cuando, en abril de 1973, se unen al Frente de
Agrupaciones Eva Perón, de las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias), para
conformar la JUP (Juventud Universitaria Peronista) platense, el Lupo ya no
militaba, al menos en el frente universitario. El tabicamiento de las
estructuras conspira contra la tarea de encontrar referencias de continuidad en
la militancia de Kirchner en las agrupaciones de superficie de Montoneros, salvo
sus propias expresiones frente a un auditorio donde se encontraba Miguel
Talento; allí habló de sí mismo como fundador de la JUP. Al menos en La Plata,
su ámbito de militancia, esto está descartado por un integrante de la Mesa de
Agrupaciones, quien dio a conocer la unidad de la FURN con FAEV, en la nueva
Juventud Universitaria Peronista: el propio Rafael Flores. Tampoco alguno de los
participantes de la trifulca a golpes de estas agrupaciones, el día de la
liberación de los presos peronistas de la U9, recuerdan al flaco santacruceño.
Los riogalleguences que fueron a La Plata luego del '73, rememoran que Lupín se
quedaba comiendo salchichas, cuando se sabía que en el comedor universitario
habría algún acto. Los militantes setentistas de Gallegos, no lo reconocen como
un par. A pesar de la escasa población de la ciudad, que atentaba contra el
tabicamiento de estructuras, se dieron una organización férrea y lograron una
mínima estructura militar, con condiciones de seguridad interna aceptables. Al
consultar a cuadro y militantes de base de la regional 7 de la JP, el nombre de
Kirchner no es reconocido como integrante, sólo lo recuerdan ocasionando
problemas. El 8 de enero de 1974, la UB Abal Medina, que aglutinaba a los
militantes de superficie de la M, en Gallegos, organizó una campaña del juguete,
junto a la Juventud Radical, que tenía como atractivo una maratón radial en LU14
Radio Operativo Cóndor, como se denominó en aquellos años a la actual Radio
Provincia del Estado. Los juguetes se iban a repartir en los barrios
periféricos, pero un grupo de mujeres y niños armó un gran lío bajo la
conducción del joven Lupín, que gritaba "Montoneros, carajo", e impulsaba a
tomar los juguetes antes del reparto. "Se armó un terrible escándalo que nos
arruinó todo el trabajo", recuerda, indignado, un militante de la JP. "Cada vez
que aparecía por la ciudad, se metía en patoteadas de este estilo, se llegó a
discutir si lo hacíamos boleta". Al periodista Alfredo Leuco, hablando sobre el
uso para fines políticos del avión sanitario de la provincia, le dijo:
"(...) y esa ley, Alfredo, le puedo asegurar que yo la sufrí, yo fui preso en el
gobierno de Isabel, por la 20.840, cuando derrocaron a Jorge Cepernic en Santa
Cruz, en el '74 (...)". Ni las crónicas periodísticas, ni los trabajos de
investigación de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral, que tratan
temas como la participación de la juventud en los años '70 y comentan la
militancia juvenil peronista previa y posterior a la intervención al gobernador
Jorge Cepernic, dan cuenta de la militancia o de la cárcel que se adjudica.
Siempre frente a periodistas que no conocen de sus defecciones, sostuvo que
"Cuando Reutemann corría correras, yo estaba preso". Acerca de el Lole, hay
pruebas de que corrió, con dispar suerte en la Fórmula Uno; pero de las cárceles
de Kirchner, sólo las que crea su imaginación. Los pasos posteriores a su
defección de la FURN, se pierden y sólo la autoreferencia lo ubica militando en
las agrupaciones revolucionarias del peronismo.
Historia
de "Bombón" y Alicia
Parte 2
“Yo fui preso con Isabel en el ’74, cuando derrocaron a Jorge Cepernic, fui
preso en el ’75, por la 20.840, fui preso en el ’76 y fui preso en el ’77, por
contrario a una ley de tipologías abiertas...”, sostuvo Néstor Kirchner por
Radio del Plata, vía telefónica, tratando de justificar el uso del avión
provincial para impedir la derogación de la Ley 20.840. Rafa Flores sólo
recuerda una prisión, la ordenada por el coronel Calloni, jefe de Área y primer
responsable del gobierno de la dictadura en Santa Cruz. El coronel Alberto
Calloni tuvo una larga trayectoria en los tiempos del plomo, luego de su paso
por Santa Cruz prestó servicios en el sospechado EAM 78, el organismo que
administró la organización del mundial de fútbol en la Argentina, y en la
intendencia de La Matanza, donde protagonizó un sonado escándalo con la compra
de semáforos. Casado con una santacruceña estanciera, que no desconocía la
historia pionera de los Kirchner y los Sureda, se integró a la sociedad local.
De allí que la relación con los dos detenidos por su orden, fuera considerada
“afectuosa” por Flores. “El trato siempre fue de Doctor y el interrogatorio lo
realizó el propio Calloni, sin esposas ni capuchas, nos preguntó por nuestra
presencia en el acto del 25 de mayo de 1973 y si habíamos visto estandartes de
Montoneros”. Luego de confirmar su presencia en la plaza y la de los
estandartes, Calloni les pidió disculpas por no detenerlos en el cuartel,
aduciendo falta de espacio y que los debería alojar en la Unidad Penal Federal
15, de la ciudad. Pocos días antes había nacido Maximiliano, el primer hijo de
Néstor y Cristina. Con ironía, Flores dice que fue tan cordial el trato, que le
chocó la frialdad de los carceleros de la U15. Tres días después, quedaron en
libertad y para Rafa, esa prisión sólo es la referencia de donde estaba cuando
leyó de un tirón, el Facundo, de Domingo Faustino Sarmiento. El buen trato que
recibieron Néstor y Rafa sólo se puede referenciar en las relaciones familiares
de los detenidos, ya que los militantes de la Regional 7 de la JP, quienes
sufrieron persecuciones y cárcel en ese período, recuerdan a Calloni como el
usual milico represor de la dictadura, quien con el tiempo llegaría a dirigir el
Centro de Residentes Santacruceños en la Capital Federal, ya en democracia, en
días de Arturo Puricelli.
# Lupín tiene novia Antes, en La Plata, él conoció a otra estudiante de Derecho,
tres años menor, nacida el 19 de febrero de 1953, simpatizante de la JP, con la
que formó pareja. Cristina Elizabeth Fernández sostiene la teoría del flechazo
entre la bonita morocha y el desgarbado sureño. En un programa radial local,
comentó que presentarlo a la familia no fue fácil y que allí comenzó a tratar de
que Kirchner, como lo llama hasta en la intimidad, se vistiera mejor, “al menos
que combinara los colores en sus prendas”. A los seis meses, 9 de mayo de 1975,
la pareja se casó y todo indica que se despojaron de las utopías
revolucionarias. Los ingresos de la joven familia provenían de un puesto de
“ñoqui” en el Ministerio de Bienestar Social. Kirchner terminó su carrera y con
Cristina embarazada, volvió a Gallegos; ella demoraría otros dos años en recibir
su título. Otro que retornaba al pago con su diploma en Abogacía era Rafa
Flores. Integrado a la vida social, el joven abogado abrió un estudio en calle
25 de Mayo 264; la etapa de aprendizaje real la cubrió con consultar en el
cercano estudio de “Gogo” Pérez Gallart y se pulió al asociarse al Dr. Domingo
Ortiz de Zárate, apodado Chacho, renombrado abogado que integró el Tribunal
Superior de Justicia hasta la dictadura. La actividad legal de Kirchner se
especializó en la asesoría a comercios locales y como apoderado de empresas.
Automotores de Dios, La Opinión Austral, LU12, el comercio de electrodomésticos
Bercon y la financiera Finsud, fueron algunos de los que contrataron sus
servicios, a los que agregó la gestión de cobro y recupero. El rescate de
televisores, pianos, bicicletas, etc., le ganó el odio de muchas familias que,
por siempre, tendrían presente su figura y la de sus laderos, llevándose un bien
de su casa. Fue el caso de Henry Olaf Aaset, alias Pilin, quien de niño vio, con
lágrimas en los ojos, cómo Lupín le secuestraba el televisor. La inquina le
quedó y ya de grande, abogado, desde el Frente Grande, trataba de “mafioso” a su
colega, Gobernador, sabiendo todos el origen de su bronca. Luego, algo ocurrió
en la vida de Pilín, quizás le devolvieron el viejo y enorme aparato o sólo vió
el filón frente a sus ojos, pero se convirtió en el actual abogado personal de
Kirchner, en su representante ante el Consejo de la Magistratura y en defensor
de cuanto funcionario fuera acusado, entre ellos de
quienes golpearon salvajemente a los caceroleros el 26 de abril de 2002. No sólo
el niño Aaset sufriría al abogado Kirchner, los descalabros provocados por la
Circular 1.050, de José Alfredo Martínez de Hoz, fueron aprovechados por Lupín
para engrosar su patrimonio inmobiliario, aprovechando su posición en Finsud, lo
que le permitía comprar las deudas hipotecarias o hacer las ofertas en los
remates. Esto fue así al extremo que su estudio se asemejaba más a una
inmobiliaria, hacia finales de la dictadura, que al prestigioso estudio del que
se ufanaría 20 años después, ante los medios nacionales que le preguntaban,
asombrados, por la gran cantidad de viviendas que aparecieron en la declaración
de bienes de su esposa, presentada ante el Senado. Hacia 1980, alguien intentó
vengarse por mano propia y un hombre, con pasado militante, lleno de bronca por
las penurias de un amigo, arrojó una molotov en el frente del estudio; a pesar
su fallecimiento, los familiares prefieren mantener la reserva de su nombre. Con
el ascenso de su cuñado, “Bombón” Mercado a la conducción del SUPE (Sindicato
Único de Petroleros del Estado), filial Austral, los ingresos se incrementaron
por los clientes que arrimaba al estudio para alquilar viviendas. El sector
petrolero actuaba como regulador del mercado inmobiliario, por los altos precios
que pagaban, y la garantía de pago de las empresas. Desde su lugar, “Bombón”
acercaba a los ejecutivos e ingenieros de YPF y de las contratistas. Llegaron
tiempos de bonanza también para Alicia Margarita, la hermana, quien venía
sufriendo los desaguisados económicos y financieros de su esposo. “Bombón” venía
de fracasar y endeudarse en Caleta Olivia y en Río Turbio, la venta de autos y
los créditos tomados para la fabricación de zeppelines de gas y la venta de
repuestos no anduvieron como lo esperaban, la vida agitada del marido
desbarrancaba todos los esfuerzos. Gente de buen tomar y con años de Patagonia,
recuerdan una de estas historias del inefable “Bombón”. Alicia tenía una coqueta
boutique con maniquíes en la vidriera. Volviendo de parranda, “Bombón” traía de
la zona de las casas de tolerancia a las chicas y, junto a un amigo, decidieron
hacerle una broma a los mineros que esperaban el colectivo que los llevaba a la
mina. Ingresaron al local, apagaron las luces y reemplazaron a los maniquíes por
las chicas, desnudas, luego iluminaron la vidriera.
Los mineros se agolparon contra el vidrio, hasta que la llegada del móvil se los
llevó a su labor. A la nochecita el comentario del pueblo llegó a los oídos de
Alicia, quien nunca más abrió el comercio. Con Kirchner en el Gobierno, otro
descalabro, esta vez del Supermercado Super-Supe, obligó a “Bombón” a irse del
gremio y de la casa. Con el país avanzando hacia la democracia, junto a Jorge
Chávez, el Negro, se convirtieron en asesores legales de ATE (Asociación de
Trabajadores del Estado), viajando una vez por mes en el avión de Lade (Líneas
Aéreas del Estado), hasta la cuenca donde daban información a los trabajadores,
quienes los recuerdan apoyados en la escalera del viejo cine del Turbio.
Llegaban nuevos tiempos y la imagen del usurero debía cambiarse por otra. Pero
Río Turbio, formaría parte de sus pesadillas en el futuro.
El día
que nació el Estilo K
Parte 3
Con la llegada de la democracia, en el peronismo tres líneas internas se
disputaron la conducción: ** la ortodoxa, de Félix Ríquez, apodado el Puma; **
una que lideró el joven abogado oriundo de Perito Moreno, Arturo Antonio
Puricelli, quien sumó a veteranos de la militancia interna como Amador Iglesias,
y a sobrevivientes de las agrupaciones juveniles de los ’70; y ** otra con
Néstor Carlos Kirchner al frente, llamada lista Blanca. Las elecciones fueron el
3 de julio de 1983. Puricelli sumó a Rafael Flores, Francisco Toto, Mauricio
Mariani, Marcelo Cepernic, Omar Muñiz, etc. El grupo lupinero venía reuniéndose
desde octubre de 1981 en el garaje de la vivienda de Jorge Punjabi, junto a
Ramón Salazar, el Pelado Varizar, Cacho Vázquez, Alicia Kirchner y su esposo
Armando Mercado, José Ángel de Dios, y otros. Allí nació la Agrupación Ateneo
Juan Domingo Perón. Una de las apariciones públicas iniciales de la agrupación
fue en un acto de recordación de la memoria del General, en el cementerio local,
bajo el paraguas protector de viejos militantes como Nélida Cremona de Peralta y
Manolo López Lestón. Nélida Cremona y su esposo, Hugo Peralta, eran una buena
cobertura frente a los militares porque sus nombres, acompañados de su firma,
estaban al pie de la nota remitida a los servicios en la que se denunció a
Orlando Stinermann, alias Alemán, como un integrante de Montoneros. El Alemán
era un viejo militante de la resistencia peronista, de aquellos que Perón
recordaba por su nombre, asociado a Envar El Kadre y los inicios del foquismo.
El 18 de abril de 1982 la agrupación estrenó la Unidad Básica Los Muchachos
Peronistas, la segunda en la ciudad desde el 24 de marzo de 1976. El lugar
elegido para su emplazamiento fue una importante y humilde barriada de Río
Gallegos, el barrio Nuestra Señora del Carmen, donde se asentaban quienes
llegaban a Santa Cruz buscando un trabajo en la administración pública o en la
construcción. Un militante de aquellos días, el Dr. César Amaya, escribió en una
columna periodística del semanario La Tarde: “(...) la agrupación Ateneo Juan
Domingo
Perón, era el resplandor de lo que fuera la tendencia; había un juramento de
marchar a la reconstrucción del Movimiento Peronista en la horizontalidad que
preconizó Perón en sus mensajes últimos (...), se proponía ganar la calle con
ideología y capacitación intelectual permanente (...)”. Con los años, Amaya
emigraría a las huestes de Puricelli, sosteniendo que “(...) el justicialismo
hecho poder tiene la mala costumbre de corromper a sus propios ideales y
doctrina, se vuelve gorila (...)”. En verdad, la diversidad ideológica siempre
acompañó a las estructuras lupineras; muchos de sus integrantes sostuvieron un
discurso de acuerdo a postulados del peronismo de derecha y en las actuaciones
posteriores, esto se iría marcando. Armando Mercado, alias Bombón, por ejemplo,
era un ladero incondicional de Diego Ibáñez, en el Supe. Una anécdota muestra lo
variopinto de la agrupación. En el Nº 7 de la revista Sur, de agosto de 1979,
dirigida por los hermanos César y Roberto Arizmendi, un joven contador público
nacional, José Ángel De Dios, futuro militante del Ateneo, sostuvo: “(...) fue
uno de los momentos emocionales más difíciles que me tocó vivir, no fue nada
comparable a lo ya vivido”, y no hablaba de un gran amor juvenil, ni de su
pionera experiencia sexual, ni de un diálogo con un filósofo, sino de su
encuentro con el teniente general Jorge Rafael Videla, de visita en Río
Gallegos. La estructura principal del Ateneo estaba en la ciudad capital, pocos
punteros en el interior. En tanto, los viajes de Néstor Kirchner a la Ciudad de
Buenos Aires lo acercaron a los editores de la revista Línea. Por esto no debe
sorprender que, en ocasión de la presencia de Ítalo Argentino Luder en Río
Gallegos, la columna de la Blanca, con Lupín a la cabeza, llegó hasta el
escenario al grito de “Isabel Conducción / lo demás es traición”. Y, luego,
sacudieron la tarima hasta que Luder habló algunas palabras laudatorias hacia la
ex Presidente. Las contradicciones se mantendrían a lo largo de la historia de
construcción de poder de Kirchner, quien fue un férrero defensor de la utopía
revolucionaria o un posmoderno globalizado que recomendaba a los periodistas
leer a Francis Fukuyama, cuando lo interrogaban sobre la extrema dureza del
primer ajuste, en los albores de su administración. En la elección interna del 3
de julio de 1983, la lista Blanca salió 3ra. entre tres participantes. Sin
embargo, el grupo se mantuvo unido, con más incorporaciones que defecciones. Un
importante afluente fue la denominada “banda Cordobesa”, un grupo de militantes
estudiantiles de Tupac, la agrupación del frente universitario Vanguardia
Comunista. Los primeros en refugiarse en Gallegos de la cruda represión del
general Luciano Benjamín Menéndez, fueron César Arizmendi y su compañera, la
abogada Alicia de los Ángeles Mercau, apodada Sissí; luego, sus camaradas y
colegas, Jorge Chávez, Angelina Abbona y su esposo, Mengueche Mengarelli.
También otro más perejil, como Edgar Sánchez, hermano de Gorrión Sánchez,
senador por Córdoba, en su paso arrepentido al PJ. El ingreso al peronismo de la
“banda Cordobesa” trajo un plus, ya que, luego de algunos años de cárcel durante
la dictadura, otro cordobés de la Vanguardia Comunista llegó a Gallegos, el
abogado Carlos Alberto Zannini, alias Chino. La incorporación de Zannini fue la
que más frutos rendiría al emergente árbol lupinero. El Chino venía precedido
por su historia personal, sus dotes de organizador y todo el bagaje que le ganó
el respeto de sus compañeros de militancia en Córdoba. Sin los condicionamientos
de la ideología y con el estómago reforzado, Zannini se convirtió en una pieza
imprescindible del armado de estrategias para alcanzar el poder, y consolidarlo.
Así, 18 años después, desde uno de sus múltiples cargos, el de presidente de la
Unidad Básica Los Muchachos Peronistas, habló de sí mismo como un peronista de
toda la vida. Todos sabían en el acto universitario de la Unidad Básica más
representativa del Frente para la Victoria Santacruceña, que el Chino mentía,
pero ya tenía mucho peso como para contradecirlo. El chamuyo de Elías Semán,
abriéndoles la cabeza; el coraje de Roberto Luis Cristina; el hijo de Luis Días
Salazar en el vientre torturado de Esther, se mueren cada día en El Vesubio,
mientras la “banda Cordobesa” pasea sus abultados vientres en las 4x4 que les
regaló el poder. De esa UB saldrían otros elementos de gravitación, como Juan
Carlos Villafañe, alias Chiki-Chaka; Héctor Aburto, y fundamentalmente quien
fuera cadete en su estudio, luego su chofer personal y más tarde, ladero
incondicional, Fernando Ulloa Igor, alias Rudy. Cuando la democracia inició su
marcha en Santa Cruz, el peronismo colocó a Arturo Antonio Puricelli y a
Patricio Toto en la Gobernación. En tanto, el bloque en la Cámara de Diputados
provincial se encolumnó detrás de Rafael Flores. La mano derecha de Puricelli,
en el gabinete, y en la reconstrucción de una estructura partidaria propia, fue
Amador Iglesias. Para abrir el juego, le ofreció cargos a sus adversarios
partidarios y Kirchner fue designado presidente de la Caja de Previsión Social.
Néstor Kirchner no podía dejar pasar esta oportunidad y con sus hombres se
hicieron cargo, rápidamente, del organismo y comenzaron a crear una estructura
de Delegaciones en el interior de la provincia, donde sus punteros encontraron
la base para el despliegue de los Ateneos. Una clave fue no separar lo propio de
lo partidario ni de lo institucional. Como en un Estado dentro del Estado,
anunció obras, la Casa del Jubilado, planes de financiación, etc. Cuando él
percibió que ni Puricelli ni Amador Iglesias avalaban ese “cortarse solo”,
denunció la no recepción de los aportes previsionales y el desfinanciamiento de
la Caja de Previsión, prometiendo presentar una denuncia penal. Puricelli lo
renunció pero la Blanca ya había colocado a muchos de sus hombres. # Lupo
intendente El poder interno de Arturo Puricelli era inmenso, como corresponde a
la relación entre quien detenda el poder y la Santa Cruz del funcionarato. Para
enfrentarlo se requería que las otras dos fuerzas internas se unieran para dar
pelea, los Ateneos y el MRP. Bajo la conducción de Rafael Flores se había
conformado, en 1985, el Movimiento Renovador Peronista, con un veloz desarrollo
en el interior de la provincia que, sumado al trabajo de Kirchner en Gallegos,
podría dar batalla a Puricelli. Las conversaciones se sucedieron hasta que,
sentados todos alrededor de una mesa de restaurante, acordaron ir juntos.
Kirchner-Flores era la fórmula para la candidatura al gobierno provincial, y
Carlos María Laffitte, alias el Francés, candidato a la intendencia de la
capital provincial. Flores, con el acuerdo alcanzado, se presentó ante sus
hombres para recibir su aprobación pero lo único que obtuvo fue un rechazo de la
mesa ejecutiva del MRP. El Rafa cuenta, hoy día, que “la oposición más fuerte
vino de la Agrupación Eva Perón, de Pico Truncado”. Los jefes de la Agrupación
Eva Perón –Sergio Acevedo, alias el Negro; Ariel Arnold, alias Chiquito; y
Federico Laissen- no le ofrecieron opción: si se concretaba la unidad con el
Ateneo, de Kirchner, ellos se iban del MRP. Flores sostiene que no tuvo
alternativa porque el flanco norte del MRP se movía con la dinámica de Acevedo,
Arnold y Laissen.
En otra cena en el mismo restaurante, Flores le anunció a Kirchner el rechazo de
sus bases al acuerdo, y Kirchner se enfureció. Sus acompañantes lo observaron y,
de pronto, anunció que pondría en práctica su plan B, resignando por cuatro años
la lucha por el sillón de Gregores. Así que daría una doble batalla local, en
Gallegos, por la conducción del partido y la candidatura a intendente. Flores se
comprometió a allanarle el camino, aportándole sus votos, a cambio de que
Kirchner lo ayudase en la contienda provincial. Este acuerdo tampoco prosperó
porque Laffitte quiso pelear por la intendencia de Gallegos y se negó a bajar su
candidatura. Algunos militantes del Ateneo recuerdan aquel momento: “El Cuervo
estaba quebrado y hablaba de dejar la política, la Bruja compartía su posición;
entre todos lo sacamos del pozo y logramos que volviera a trabajar”. Pelear en
Gallegos por el partido y por la candidatura a intendente no era un objetivo
inalcanzable. Las formas que adoptó el quehacer político de Arturo Puricelli
dejó una abundante cantidad de heridos internos; entre ellos, los allegados a
Amador Iglesias, percutado del Ministerio Secretaría General cuando estalló el
escándalo del millón de dólares que involucraba a la empresa constructora Gotti,
a funcionarios provinciales y al Banco de la Provincia de Santa Cruz. En la
elección interna provincial, Puricelli impuso su voluntad y el candidato a
gobernador fue Jaime Del Val. Pero Kirchner ganó la candidatura a intendente de
Gallegos y se quedó con el Consejo partidario local. Entonces, con el trabajo
facilitado por el sello partidario, se determinaron varios ejes de acción.
Kirchner trabajó personalmente en el armado de un frente y se presentó como un
candidato amplio, despojado de los símbolos del peronismo, solicitando la ayuda
de Dios y prometiendo recrear el espíritu pionero. El dejar de lado los símbolos
partidarios tenía que ver con una estrategia personal y con una lectura de los
resultados de la elección legislativa de 1985, la única contienda electoral que
ganó, alguna vez, la UCR santacruceña. Se organizó una labor de timbreo para
frenar las intenciones de Puricelli-Del Val de restarle el voto peronista,
mientras la militancia inscribió en un padrón especial a los extranjeros
(básicamente chilenos) que, en Santa Cruz, se encuentran habilitados a votar
para intendente. Fue uno de los trabajos que más tiempo llevó a los militantes
ya que al convencimiento de la orientación del voto se le agregaba el trabajo de
gestión de los documentos y la inscripción en un registro especial. La
estructura de propaganda quedó en manos de Cristina. En los volantes y trípticos
que se repartieron se observaba un logotipo, refritado de elecciones en
provincia de Buenos Aires, que representaba un óvalo con tornillos que
esquematizaba las viejas chapas de numeración de las viviendas, con la leyenda
Kirchner 87, y acertaron con un jingle pegadizo. Cuando Del Val aún no terminaba
de acordar su fórmula, Lupín obtuvo la foto más buscada del momento. Durante el
lanzamiento del Frente Municipal de Río Gallegos, se fotografió con Ramón
Granero, alias Bochi, del Movimiento de Integración y Desarrollo (MID), que
poseía un caudal electoral propio; con Roberto Arizmendi, del Partido
Intransigente; y con Romero, de la Democracia Cristiana. Las encuestas y la
sensación popular hablaban de un holgado triunfo lupinero en Gallegos, y de la
candidata Ángela Sureda, de la UCR, en la provincia. Kirchner estaba eufórico.
Si se concretaban los sondeos, tendría su lugar de despegue y eliminaría, en el
mismo acto, a uno de sus competidores internos, ya que Sureda es tía de Rafael
Flores, y la Constitución provincial contenía una cláusula que impedía la
consanguinidad en quien reemplazara a un gobernador en su único mandato
permitido. La derrota repercutiría, además, sobre Puricelli y su delfín, Del
Val, a quien en sus actos masivos en Gallegos no permitió subir al palco. En el
futuro, Kirchner eliminaría estas dos restricciones constitucionales, abriendo
la posibilidad de su propia reelección indefinida y el camino a un sucesor de su
propia familia. El 7 de septiembre de 1987, los primeros escrutinios revelaron
que los rumores tenían asidero, muchos votos peronistas se volcaron a la UCR, y
entre el electorado del padrón de extranjeros, que tanto contribuyeron a
engrosar los militantes de Lupín, el voto también se fugaba hacia la UCR. A
última hora, los votos de Río Turbio consolidaron un escaso margen a favor de
Del Val, y la última mesa de Gallegos indicó que Kirchner era el nuevo
intendente, por un puñado de votos más que el contador público nacional Roberto
López. La mayoría del Concejo Deliberante quedó en manos de la UCR. Lupín, quien
siempre refleja en el cuerpo los miedos, durante las últimas y angustiosas
horas, luego del cierre de los comicios, sufrió varios desmayos. Ricardo Jaime
Del Val y su gente llegaron primero a la esquina de Roca y San Martín, en
Gallegos, para los festejos; rezagado –y ya medianamente repuesto- arribó
Kirchner, abrazados sobre el capó de una camioneta, ambos agradecieron y
saludaron. Una sonrisa nerviosa no lograba cambiar la imagen desencajada de su
rostro. Esa noche, Lupín empezó a dibujar estrategias para llegar al sillón de
Del Val.
Cuando Ramón Granero ayudó a Néstor Kirchner a ganar la Gobernación
Parte 4
El acto de entrega del mando fue planificado como una continuidad de la campaña.
“Hay que demostrar una forma de hacer y vivir la política”, decía Néstor
Kirchner, la barrabrava estaba preparada para hacerse oír cuando el guión lo
indicaba, y los invitados fueron seleccionados. Uno de ellos fue Jorge Cepernic,
el gobernador de 1973, quien pagó con años de cárcel sus ideas. De Marcelo, su
hijo, como intendente saliente, recibió Kirchner el mando comunal. Marcelo
Cepernic, inteligente, introvertido, pasó por el municipio sin altisonancias
pero con una obra recordada por su honestidad y el aporte a la infraestructura
básica de servicios, extendidos al máximo posible. Él logró el convenio con las
Fuerzas Armadas para la sesión de tierras que encorsetaban la ciudad y tuvo
logros en materia de integración barrial y apoyo a la cultura. Cepernic provenía
de las filas de Puricelli, hasta la construcción del MRP, en 1985, del que
participó, y aquel acto, antes de escuchar a Kirchner, dejó en claro su
beneplácito por entregar el cargo a otro peronista. La respuesta de Kirchner fue
desencajada, atacó con dureza injustificada la gestión de Cepernic mientras los
barrabravas presentes batían el parche de la vendetta contra quienes habían sido
sus rivales domésticos. Juan Manuel Cepernic, hijo de Marcelo, recuerda aún hoy,
con dolor, la angustia conque la familia retornó a su hogar aquella jornada.
Kirchner se trepó, aquel día, a una frase que repetiría a lo largo del tiempo:
“El Estado promotor debe suplir al Estado benefactor”. Los bombos hicieron
vibrar el salón mientras Oscar Vázquez, alias Cacho, juraba como secretario de
Gobierno; luego Ramón Alberto Lascano, alias Tito, en Obras Públicas y Ubanismo;
Luis Salvidia, en Hacienda; y la más aplaudida de todos fue Alicia Kirchner, en
la flamante Secretaría de Promoción Social. En tanto, el demócrata-cristiano
Hugo Gárdes, asumió en la Secretaría General. Lupín se encargó de dejar en
claro, a los integrantes del Frente Municipal, que el jefe era él; y luego
inició su tarea preferida: cooptar cuadros ajenos. Para ello generó el Consejo
de Planeamiento, Asesoramiento y Consulta, conducido por su esposa Cristina; y
por el arquitecto Julio De Vido, y sólo para los considerandos, integró a las
restantes fuerzas del Frente. Desde entonces –y se convirtió en una constante de
la gestión de Kirchner- nunca una fuerza política dejó de perder hombres y
mujeres a manos del irresistible manejo de “la cosa pública” que impuso K. Por
ejemplo, con el Frente Municipal, perdieron su existencia en Gallegos como
partidos, el Intransigente y la Democracia Cristiana. Kirchner comenzó ajustando
las cuentas del municipio. Para esto eliminó alquileres que pagaba la
intendencia, destruyó la red de centros de integración barrial de su antecesor,
desarmó la estructura de Cultura –también obra de Cepernic-, y le pidió a Alicia
que recreara todo eso pero con otra orientación, apuntalando así la estructura
política propia. No había dinero en el tesoro municipal para hacer grandes
anuncios; entonces, el 22 de diciembre de 1987 sacó a la calle a todo el
personal a lavar las veredas de la calle Roca, el centro comercial de Gallegos.
Se dice que en persona, escondido detrás de un tapial, controló la operación que
marcaba su estilo a los empleados municipales. Ejecutó una gestión prolija, bien
controlada por la mayoría UCR en el Concejo Deliberante y con una interesante
tarea del Tribunal de Cuentas que le obligó a informar, regularmente, de los
ingresos y egresos. Además, ejecutó pavimentación de calles, construcción de
veredas, mejora de la iluminación de las calles y levantó varios gimnasios
municipales en los barrios. En tanto, el gobierno provincial era caótico. Pero
antes de cargar sobre Jaime Del Val, tendría que superar escollos internos. Los
concejales Jorge Chávez, alias Negro –hombre de la “banda Cordobesa”- y Juan
Carlos Villafañe, alias Chiki-Chaka, de la Unidad Básica Los Muchachos
Peronistas, plantearon sus disidencias con el estilo personalista de Kirchner y
crearon la COP (Corriente de Opinión Peronista). Lograron sumar a Mónica Kuney,
Mario Metaza, Edgar Sánchez, Carlos Guardo (peronista muy a la derecha que
participó del derrocamiento de Cepernic, en los ’70), y otros. La COP inició
alianzas con otras agrupaciones peronistas. Una de ellas reunía a Olaf Aaset,
alias Pilín, el chico que vió como Lupín se llevaba el televisor de su casa (ver
Capítulo 1); Javier Pérez Gallart y Gabriel Pérez Rassetti, alias Pajarito;
además de dirigente de ATE, como Jorge Rivolta; e históricos del PJ como
Norberto Ferrantes, alias Madurga; y Pocho Manrique. Chávez llegó al Sur huyendo
de los militares, y en 1980 ingresó como asesor legal en el Ministerio de
Asuntos Sociales. En 1984 arribaría, siguiendo a la “banda Cordobesa” un
camarada que lo había salvado de caer prisionero, Carlos Alberto Zannini, alias
El Chino, quien sí había estado preso luego de que lo atraparan en la ex
confitería El Molino. En 1987, Zannini llegó a la Secretaría de Gobierno
municipal; aunque –dicen- coincidía con los planteos de Chávez. También dicen
que intentó irse a vivir de su profesión en Comodoro Rivadavia, en El Chubut,
pero los fracasos lo impulsaron a volver a Kirchner. # Carga sobre Del Val La
gobernación de Jaime Del Val, poco a poco, se transformó en una corte donde
política, sexo y poder eran fermentos del desastre anunciado. En 1989, Del Val
sufrió una embolia cerebral y fue derivado a la Ciudad de Buenos Aires. Su vice,
Ramón Granero, alias Bochi, intentó gobernar manteniendo la estructura que dejó
Del Val, mientras la inflación hacía estragos en la coparticipación federal y el
dólar escalaba las nubes, dificultándose afrontar la masa salarial de la
sobrepoblada administración pública. El regreso de Del Val mostró a un hombre
agobiado por la enfermedad, con parte de su cuerpo paralizado y dificultades en
el habla, propia de una persona que no terminó su proceso de recuperación.
Granero sabía que los votos ganados con su actuación como diputado provincial se
diluían junto a Del Val. Las conspiraciones de Rafael Flores, por un lado, y de
Néstor Kirchner, por el otro, comenzaron a resultarse simpáticas. En la Nación,
la tormenta liberal exigía reordenar los estados provinciales y esto resultó
terrible para Del Val, el único gobernador que se jugó por Carlos Menem en 1988,
en un escenario de conflictividad social en aumento por el cerco financiero que
se cerraba sobre Santa Cruz. “Del Val fue a la Casa Rosada a pedir plata y le
entregaron balas de goma y un curso de capacitación de la policía provincial en
la represión de motines”, me reveló un ministro del gobernador, que había
ingresado a la Casa de Gobierno eludiendo manifestantes, todos de la
Administración Pública. Señaló a los policías, que lucían chalecos antibalas
nuevos, sobre gastados uniformes. También nuevos eran los cascos con visera y
las cananas con cartuchos de balas de goma y granadas lacrimógenas. Con
armamento reluciente y actitud de combate, los policías parecían distintos a los
que se intuían cercanos a los manifestantes porque su salario se encontraba
atado al éxito de la manifestación. Con los funcionarios escapándose hacia el
patio de la vecina jefatura policial, donde a su vez había una puja interna,
durante la tarde, y vía un memorando con una firma falsificada, se ordenó tirar.
Hasta una embaraza sufrió los balazos de goma y los gases. La represión se
terminó tan rápida como empezó, al llegar los diputados, en tropel, a la
Legislatura. La policía se escudó en el memo falso y los funcionarios del
gabinete provincial se refugiaron en Dolores Ávila, secretaria Legal del
Ministerio Secretaría General, todos buscando un responsable para entregar a los
diputados. Ávila, a quien llamaban “la Doctorcita”, era la "novia secreta” del
gobernador enfermo; más adelante, cuando él se divorció, fue su esposa. Aquella
tarde fue señalado como culpable José Tapia, alias Pepe, el único de quien nadie
esperaba una orden de represión, aparente firmante del memorando represor.
Ávila, Caíto Del Val –hijo del gobernador- los diputados UCR López y Quintar,
junto a Kirchner, intentaron convencerlo a Tapia de que aceptara la culpa,
prometiéndole una interpelación legislativa breve y sin problemas. Kirchner,
quien preparaba el golpe institucional contra Del Val con la herramienta del
juicio político, temía que la dirigencia del sindicato de empleados públicos
Apap, controlado por las asambleas donde la izquierda encontraba eco a su
propuesta de movilización y lucha, aumentara la apuesta porque con más
confrontación había peligro de intervención federal, donde suponía que se
candidateaba Puricelli. Tapia se mantuvo firme y, entonces, Del Val lo culpó y
lo echó del ministerio por “inútil”. Es curioso: Tapia siguió caminando,
tranquilo, por las calles de Gallegos y nunca nadie le dijo nada porque nadie
había creído en las imputaciones. Flores y Kirchner querían la caída de Del Val
para eliminar a la estructura de Puricelli y a su cuñado, el senador nacional
Pedro Molina; la fecha propicia parecía el mes del Mundial 1990, que se jugaría
en Italia. El bloque UCR era liderado por Ernesto Cruz, alias Sinatra, según los
columnistas políticos, quien se sumó a la propuesta de juicio político porque
creía que todo el descalabro del PJ lo pondría a tiro de la Gobernación. Antes
de avanzar con el juicio político, la nueva coalición le exigió integrar un
gabinete con sus hombres, ejecutar algunos ajustes fiscales y, luego, que
pidiera licencia. Del Val resistió, confiado en que Carlos y Eduardo Menem lo
apoyarían en contra del quiebre institucional, pero no consiguió más que
declaraciones de prensa. En la Cámara de Diputados provincial se reunieron
pruebas, bajo la conducción de Cristina Fernández de Kirchner, miles de fojas
apuntalaron ocho cargos, maniobras en la Subsecretaría de Pesca, la enfermedad
del gobernador y la utilización de medios provinciales para realizar mejoras en
su estancia. Del Val, por consejo de Puricelli, disolvió por decreto la
Legislatura y llevó la cuestión a la justicia. Pero la Cámara de Diputados había
tomado sus previsiones, designando como camarista a una secretaria del Tribunal
Superior de Justicia, Laura Patricia Ballester de Muratore. La camarista, por su
antigüedad, subrogó en el Tribunal Superior de Justicia y cuando la nulidad
llegó a esa instancia, su voto y el de la Dra. Clara Salazar, dejaron en minoría
al Dr. Castro Dassen. El conflicto de poderes llevó al Ministerio del Interior a
enviar a Jorge Díaz Martínez, un catamarqueño vinculado a los Saadi, como
amigable componedor. Díaz Martínez descendió en Gallegos y se encontró con un
amigo, Armando Mercado, alias Bombón, cuñado de Kirchner y aún hombre del Supe,
quien no se despegó de la sombra de Díaz Martínez, quien de inmediato comprobó
la soledad de Jaime Del Val, y decidió convencerlo que lo mejor era aceptar el
juicio y entregar el poder a Ramón Granero. A los riojanos en el poder federal
no pareció importarles qué ocurría en la lejana Patagonia. El mismo día en que
los Granaderos a Caballo expulsaban a Zulema Yoma y a sus hijos de la Quinta de
Olivos, Del Val reclamó en la Cámara de Diputados su derecho a defensa en juicio
y denunció las presiones de Granero, Kirchner y Flores, y la falsificación de
sus certificados de salud. El juicio político a Del Val tuvo todos los
ingredientes de un show mediático que no conmovió demasiado a la población. Las
intrigas, golpes de efecto y campañas de prensa se producían con un ojo puesto
en el sillón de la Rosadita, y en la contienda electoral que se venía. Se
acumularon miles de fojas, los abogados actuaban como tales y algunos cobraban
con oportunas asesorías brindadas por el enjuiciado antes de que le suspendieran
la firma. Los militantes de la alianza Kirchner-Flores-Granero vs. los de Del
Val, colmaron las graderías mientras los funcionarios y ex funcionarios daban
testimonio. A la salida de una sesión, Del Val, con un aspecto físico ya
mejorado, cargó contra los periodistas que trabajaban en el área: “Con algunos
periodistas habría que hacer jabón”. Joaquín Pérez, alias el Vikingo; y Miguel
Coiffman, alias el Ruso, militantes del MRP, colgaron la noticia en todas las
teletipos de agencias de noticias. Crónica le dedicó casi media página y las
organizaciones judías enviaron notas de queja. Del Val comenzó a asumir que se
desbarrancaba, y el menemismo le retiró el salvavidas prometido y que aún no le
había arrojado.
El juicio político terminó con la destitución de Del Val como gobernador de la
provincia de Santa Cruz, con el voto afirmativo en siete cargos: 1. Ejecución
con equipamiento oficial de una obra de aprovechamiento hidráulico en su
estancia. 2. Incumplimiento inexplicable de los dispositivos de la Ley
Provincial de Pesca. 3. Incumplimiento de la Ley Provincial de Emergencia 2.077.
4. Extracción de fondos depositados a plazo fijo en violación a las normas
vigentes y en función de hacer valor la influencia que el cargo le confiere, en
el Banco de la Provincia. 5. Falta de cumplimiento en lo preceptuado en la Ley
2.070. 6. Dictado del Decreto 806/88. 7. Autorización de contraer un empréstito
de US$ 430 millones. Por la negativa se votaron los restantes cargos: 1.
Incapacidad física y mental. 2. Injustificable omisión en la cobertura de
importantes cargos provinciales. 3. Proyecto ecológico en San Julián. 4.
Situación de riesgo técnico del Banco de la Provincia. 5. Manejo discrecional e
irregularidades en la distribución del Bono Solidario. Con el vicegobernador
Granero en el poder, la sucesión quedó en manos de la nueva vicepresidente 1ra.
de la Cámara de Diputados, Cristina Fernández de Kirchner. # El acuerdo Ramón
Granero, alias Bochi, a cargo de la gobernación, designó, el 31 de mayo de 1990,
ministro de Gobierno al abogado Héctor Icazuriaga, quien pertenecía al MRP de
Rafael Flores. Icazuriaga, apodado El Chango de Chivilcoy, fue criticado porque
pronunció un discurso propio de alguien que llega para quedarse y no de alguien
transitorio: “Mi agradecimiento al Sr. Gobernador y a todos aquellos que han
entendido que, quien les habla, era la persona idónea para ocupar la cartera”.
En verdad, Del Val aún estaba suspendido transitoriamente por 30 días. La
anécdota le dejó, para siempre, a Icazuriaga el mote de El Idóneo. En esos 30
días, el gabinete se fue conformando entre los tironeos de las facciones, cada
líder quería ubicar a su gente en las áreas estratégicas. Abundaban las
anécdotas de acuerdos que eran rotos cuando, a último momento, Kirchner
solicitaba ese cargo para su gente y todo se empiojaba. La negociación se
extendió más allá de la destitución de Del Val. Hacia el mes de julio, el MRP
logró designar a Daniel Cámeron en el Ministerio de Economía; el Frente para la
Victoria Santacruceña ubicó a Alicia Margarita Antonia Kirchner en el Ministerio
de Asuntos Sociales, y a Julio De Vido en la conducción de Vialidad Provincial,
junto a Barletta, Palacios y Vargas. Cristina era la vicepresidente 1ra. del
Legislativo y su embarazo no le impidió sesionar hasta la madrugada del 6 de
julio, cuando nació Florencia, su 2da. hija y la consentida de Kirchner. En la
Secretaría General asumió Félix Ríquez, alias Puma; y en Educación, la dirigente
del MID, Martha Crowe. Flores no estuvo de acuerdo con lo de Ríquez y le ordenó
a El Idóneo no asistir a la ceremonia. El gabinete nació mal pero las finanzas
provinciales estaban peor y el 7 de julio, Santa Cruz ingresó a una virtual
cesación de pagos. Cristina tenía 36 años y el día que nació Florencia, la Corte
Suprema de Justicia de la Nación convalidó el fallo del Tribunal Superior de
Justicia santacruceño, y terminó con las posibilidades de retorno de Del Val al
gobierno, que gestionaban Daniel Peralta y Mario Aramburu. Varias agrupaciones
justicialistas hicieron públicas sus objeciones a lo actuado: el Movimiento de
Unidad Peronista, las UB Joaquín López, 20 Verdades, Ateneo Liberación,
Restauración Peronista y la Corriente de Unidad Peronista, ex Corriente de
Opinión, de Jorge Chávez. Puricelli seguía tejiendo contra la coalición
Kirchner-Flores-Granero y creó la Liga de los Intendentes, presidida por Charo
Sandoval, de la localidad de Los Antiguos. # Tiros en el Salón Blanco En
septiembre de 1990, los sueldos eran una preocupación de trabajadores y
funcionarios santacruceños, que cobraban en dos cuotas, licuadas por la
inflación. En la policía provincial, por más que hasta los suboficiales cobraban
el 100% de su salario, se exigía una recomposición del 56%. Y lo hicieron saber
a la plana mayor y al sindicato de empleados públicos Apap, su oficioso
representante en las negociaciones con el gobierno.
El Idóneo fue a un acto a entregarle a la Policía los vehículos oficiales que se
les habían quitado a otras reparticiones, en cumplimiento de medidas de ajuste.
El Idóneo anunció que los porcentajes que se estudiaban para el aumento salarial
serían los mismos que recibirían todos los empleados públicos, muy por debajo
del 56% solicitado por los uniformados. En ese contexto ocurrió la renuncia del
comisario Gottfrid y su reemplazo por el comisario general Pedro Zerbo. Luego,
en la madrugada del viernes 28, el Salón Blanco de la Casa de Gobierno fue
baleado por un grupo de policías que irrumpió disparando. Cristina Fernández
había hecho pública su renuncia a la Vicepresidencia 1ra. de la Cámara pero ante
la ausencia de Granero, fue informada de los graves sucesos. Ella narró al
semanario Para Ti, en esos días, que su esposo, Néstor Kirchner, el intendente
de Gallegos, estuvo listo de inmediato para ir a la Casa de Gobierno pero ella
se tomó su tiempo para maquillarse. Kirchner insistió en que era una emergencia,
y ella dijo que le respondió: “Mirá, pueden desembarcar los marines pero yo a la
calle sin perfume no salgo”. Por entonces, ella usaba Rumba. El sereno de la
Casa de Gobierno estuvo a punto de ser baleado. Los policías se llevaron el
retrato del abrazo de Puricelli y Del Val, que estaba en la galería de fotos de
los gobernadores, simbolizando la única vez que un gobernador electo cedió a
otro electo, el sillón de la calle Alcorta. Luego, esos policías marcharon a
reunirse con sus compañeros, quienes se autoacuartelaron en las comisarías y
destacamentos. El comisario Zerbo renunció y en su reemplazo asumió el comisario
mayor Horacio Guardo. El patrullaje urbano quedó en manos de Gendarmería,
mientras Guardo negociaba con los autoacuartelados, lo que ocurrió hasta el 1º
de octubre, cuando se anunció un aumento del 21,6% y que casi no se investigaría
lo ocurrido. Pero la fotografía de Puricelli y Del Val no regresó al Salón
Blanco. La justicia frenó los paros docentes y, a pesar del descontento por el
pago en cuotas de los salarios, la Apap comenzó a desnudar las contradicciones
internas que sólo se resolverían a comienzos de la gestión Kirchner, con quien
coincidía su secretario general, Rafael Agulló. En tanto, los hombres de
Kirchner se preparaban para romper con Flores y Granero, y así llegar con el
menor costo posible a los comicios de septiembre de 1991. A Kirchner le
preocupaba no dejarle ningún margen a Bochi, no fuese que éste quisiera
consolidar algún liderazgo; a la vez, procuraba controlar a la UCR que
balconeaba la situación que describía como el resultado de las internas
peronistas. Así, se trabaron en la Legislatura casi todos los proyectos que
envió el Ejecutivo, y la realidad financiera ahogó a Santa Cruz. El año 1990 es
recordado en la provincia como el año cuando los estudiantes pasaron de grado
por decreto. Con el Ministerio de Economía sin dinero y sin resultado en las
negociaciones por las deudas que la Nación e YPF mantenían con la provincia de
Santa Cruz por regalías de hidrocarburos, Granero tenía pocas posibilidades de
éxito. Tampoco podía ajustar los gastos en personal porque eso le permitiría
reagrupar fuerzas a Puricelli, quien aún esperaba una intervención federal. Así,
Granero, un hombre que había sido felicitado por la Nación luego de liquidar el
parque automotor mucho antes que Adolfo Rodríguez Saá hablara de ello, que había
obtenido una Ley de Emergencia que lavó el Legislativo provincial, y que fue
invitado a sumarse al PJ y buscar un escaño nacional, pasó su gestión buscando
dinero que... nunca consiguió. El 1º de mayo de 1991, leyó el tradicional
mensaje a la Cámara y, dos días después, renunció.
Un día, Julio De
Vido se enojó con Néstor Kirchner
Parte 5
En Río Gallegos, al frente de su disciplinada tropa, en 1991, Néstor Carlos
Kirchner se preocupaba por acordar candidaturas en el interior provincial.
Kirchner se perfilaba como un férreo conductor político de un sector reducido en
militantes, que se había engrosado con la gestión municipal. Con un Concejo
Deliberante donde estaba en minoría, y ejerciendo control sobre sus actos de
gobierno, Kirchner apareció prolijo y actuando con rapidez cuando alguno de sus
muchachos “se excedía”. Así, Tito Lascano partió al exilio en Punta Arenas y el
Pelado Varizat se alejó de su cargo cuando un edificio en construcción se
derrumbó siendo él secretario de Obras Públicas, a la vez que Maestro Mayor de
Obras del edificio en cuestión. Otra denuncia fue por la compra de estacas para
forestación, que el concejal UCR Felipe Silva calificó como “muy caras”, unos $
70.000 (US$ 70.000), compradas a quien no estaba en el padrón de proveedores del
municipio. Además, las estacas estaban secas. Para Carlos Zannini, secretario de
Gobierno, se trató de una denuncia política de un opositor. Para Cristina
Fernández, un negocio donde no se podía sospechar de ella o su marido, ya que se
trataba de una suma menor a la de los tapados de piel que tenía en su ropero.
Con una capacidad de trabajo que superaba a la de sus militantes más aguerridos,
Lupín se presentaba a informar a los jefes de Unidades Básicas y de
agrupaciones, dos veces por semana acerca de los avances en el interior; luego,
la cita obligada era en el café Caravelle, donde Kirchner le solicitaba que cada
uno, mano a mano, le informara de la situación en cada sector, mientras bebía
whisky Criadores, café cortado, y fumaba sin descanso. Uno de los mayores
interrogantes era quién lo reemplazaría en la intendencia. Su hermana Alicia
estaba entre sus anhelos, pero no crecía en las encuestas. Con mejores números
aparecía el arquitecto Julio De Vido, reconocido por su breve gestión en
Vialidad Provincial en los días del acuerdo político con Ramón Granero. El 12 de
abril de 1991, se realizó un acto en el cine Carreras, la escenografía era
celeste y blanca, y con grandes letras blancas se leía “1er. Congreso
FVS-MRP-Grupos Independientes Kirchner Gobernador”. Rudy Ulloa y los punteros
movilizaron más de 1.000 personas, muchos quedaron afuera porque las primeras
filas se llenaron de funcionarios municipales y candidatos al hueso que se
arrojara. Felipe Ludueña, un aliado de Kirchner, de la derecha peronista
ortodoxa, amigo de Diego Ibáñez e impulsor de la intervención federal al
gobierno de
Jorge Cepernic, en los ’70, fue el orador inicial. Rafael Flores, luego, realizó
un mea culpa del pasado inmediato. Rudy Ulloa Igor dirigía los cantos contra
Arturo Puricelli y la UCR. Entre los presentes estaba Carlos Lemarchand, un
intendente UCR que ese día cambió de bando, al frende de una nueva agrupación:
Movimiento de Acción Piedrabuenense. Luego se nombró a Chiquito Arnold, el
candidato a vicegobernador, y los aplausos fueron pocos. No muchos más recogió
un nervioso De Vido cuando fue presentado como el candidato a intendente de Río
Gallegos. Titubeante y con la voz nerviosa, su discurso nunca tomó vuelo. La
barra no lo acompañó. Los motivos quedarían en evidencia algunos días después.
En la noche siguiente, De Vido le entregó una plaqueta de la Municipalidad de
Río Gallegos al boxeador Locomotora Castro, por su campaña personal, y los
silbidos de la popular colmaron el Hispano Americano. Luego, la laguna María la
Gorda se cubrió con los volantes de De Vido, en un repudio a su candidatura que
encabezaba Rudy Ulloa Igor, chofer de Kirchner y quien ya manejaba los aparatos
movilizadores del Frente para la Victoria. Detrás de Rudy se encolumnaron los
militantes de mayor peso y la candidatura de De Vido fue reemplazada por la de
Manolo López Lestón, un anciano peronista, tío de Kirchner, quien fue llevado,
en un desgaste inútil, a una elección que se había dado por perdida. De Vido
reunió a su escasa tropa y acusó a Kirchner de “autoritario y absolutista”,
palabras que volaron hasta los oidos de Lupín, quien lo mantuvo bajo castigo
hasta diciembre de aquel año. Kirchner había entendido que Julio De Vido no era
representativo hacia adentro del PJ y que en Gallegos había nacido un nuevo
fenómeno, que se paseaba en un automóvil antiguo, con una gran boina en el techo
y enormes bigotes en su frente. Con escasos seguidores, un tipo bonachón,
bigotudo y afable en serio, se convirtió, de la noche a la mañana, en el
candidato de la gente: Alfredo Martínez, alias Freddy, sería el intendente de
Gallegos por ocho años. # ¿Cómo hace De Vido las cuentas? El 2do. semestre de
1991 es imborrable para los santacruceños por varias razones. El conflicto con
Chile, por Lago del Desierto y la poligonal, que dejaba en manos trasandinas una
porción importante de territorio, se instaló definitivamente. Luego de unos
titubeos frente al accionar de la Comisión 9 de Julio – Soberanía, a quienes
veían como un grupo de nacionalistas trasnochados, Néstor Kirchner y Rafael
Flores tomaron partido por hacer frente a las decisiones de Menem y de la
Cancillería. Las expresiones de Bernardo Neustadt, en una entrevista a Patricio
Aylwin, indignaron a todos los sureños: "(...) que por dos metros más o dos
metros menos de tierra, nuestro país no sería más rico ni más pobre (...)”. Los
Hielos Continentales se convirtieron meses después en una bandera para Kirchner,
ya gobernador de la provincia de Santa Cruz. A instancias de su mujer, Cristina,
aceptó que esta era la oportunidad de convertirse en una referencia nacional, al
menos en los medios de comunicación. Cristina Fernández de Kirchner se encargó
del trabajo mediático, y del legislativo –junto a Flores-, marcando uno de sus
principales enfrentamientos con Menem, y el inicio de una estrategia de
construcción de poder. Las privatizaciones y el sistema de reducción de puestos
de trabajo, comenzaron a afectar al sector petrolero y al minero; Santa Cruz vio
partir a más de 10.000 personas detrás de la zanahoria de elevados montos
cobrados en concepto de retiros voluntarios. Menem avanzó en la reducción de
cuarteles militares, y con los uniformados se marcharon sus familias, entre
ellas numerosas trabajadoras docentes. Con la crisis financiera y económica
instalada, en la madrugada del 13 de agosto de 1991, la erupción del volcán
Hudson, del lado chileno de la Cordillera de los Andes, cubrió el 40% del
territorio santacruceño con cenizas. El silicio tapó Los Antiguos y la mitad de
sus pobladores debió ser evacuada, el resto optó por quedarse a resistir. Desde
los Andes a la costa atlántica, la ceniza mató a 1,5 millón de ovejas y a las
plantaciones de frutas finas; los ríos se quedaron sin peces, el agua potable
que salía de los grifos era color marrón y las viviendas no resistieron el peso
del polvo acumulado en sus techos. El viento llevó las cenizas hasta Río
Gallegos y aún hasta la Ciudad de Buenos Aires. Entonces, la ceniza atrajo la
atención de las autoridades nacionales, que decidieron visitar la zona más
afectada y concretar los acuerdos que trabajaron Pipeta Porto y Goyo Fernández,
con el apoyo de Arturo Puricelli y el senador Pedro Molina, ya enrolados en el
menemismo. El Acuerdo de Puerto Deseado no sólo alivió a las finanzas
provinciales sino que marcó el futuro de los próximos mandatos y fue la base
anhelada por el constructor del feudo.
El Acuerdo abarcó varias cuestiones: 1. Reconocimiento y cobro de regalías de
petróleo mal liquidadas, que estaban en juicio desde el gobierno de Puricelli,
por US$ 480 millones. 2. Entre del 10% sobre la venta de las áreas centrales en
la provincia. 3. El compromiso de asignar US$ 32 millones para viviendas. 4.
Aporte no reintegrable de US$ 10 millones para la asistencia a los productores
agrícolas y ganaderos, como también de asistencia social a los afectados por el
fenómeno del Hudson. 5. Convenio pre-acuerdo de la provincialización de los
puertos. 6. Convenio de pesca. Además, se avanzó en preacuerdos globales para la
compensación de deudas entre la Nación y la provincia, y entre el Banco Central
y el Banco de la Provincia de Santa Cruz. Ya de regreso a su banca, luego de
entregar el poder a Kirchner, el diputado provincial García, y sus ministros,
publicaron el 30 de abril de 1992 una solicitada de una página en el diario La
Opinión Austral, dando cuenta de sus actos de gobierno. La realidad demostró que
entre el balance de situación que publicó el ministro Julio De Vido, con números
a diciembre de 1991, y la solicitada de abril de 1992, no existían demasiadas
contradicciones, sólo que el gobierno de Kirchner nunca más publicó los números
de la provincia, y 10 años después mintió con grosería sobre estos datos,
fundamentalmente en el rubro de las deudas que encontró al inicio de su gestión.
Pero ya el diputado Chicho García no le refrescaría la memoria porque estaba de
su lado, asesorando al bloque del oficialismo, y su ministro Tussi Peña ocupaba
el sillón de secretario de Estado de Seguridad. La deuda publicada por De Vido
alcanzó los US$ 380 millones, y se dedujo, del estado contable, que US$ 120
millones correspondían a compensación de deudas y créditos con el Estado
Nacional, con una conclusión anticipada en el acuerdo, favorable a la provincia
de Santa Cruz y con créditos en su favor que nunca fueron informados por Lupín
Kirchner. Otros US$ 100 millones de deuda se trataban de financiación
documentada de obras públicas, algunas con vencimiento a los cuatro años y con
vías presupuestadas de aportes de fondos específicos para su pago. Las deudas
del Banco de la Provincia de Santa Cruz con el Banco Central estaban en vías de
condonarse a partir del pre-acuerdo por las cenizas del Hudson, y en el marco de
la negociación global de los fondos por regalías mal liquidadas. La restante
deuda –con proveedores, prestadores y trabajadores de salud- fue paralizada por
la Ley de Emergencia de Kirchner, y cancelada en los dos primeros casos con
bonos a 16 años. La deuda salarial nunca fue reconocida en su totalidad. Lo
cierto es que, al momento de asumir Kirchner la Gobernación de Santa Cruz, los
trabajadores cobraban en dos cuotas sus salarios, y la 1ra. medida que adoptó
Kirchner fue el secuestro del medio aguinaldo y el sueldo de diciembre de 1991,
medida que le permitió “hacer caja” y avanzar en una estrategia de sumisión de
las estructuras que él denominaba “las corporaciones”. Lejos de las mentiras de
los US$ 1.000 millones de deuda, cuatro meses de atraso en los salarios y dos
aguinaldos, Kirchner encontró una provincia que se posicionó en más de $ 4 por
cada $ 1 de deuda. A los $ 480 millones del acuerdo por regalías (US$ 480
millones), se les debía sumar $ 35 millones (US$ 35 millones) por la venta de
las áreas centrales de petróleo y “otros $ 40 millones (US$ 40 millones) de
otros créditos como los $ 12 millones (US$ 12 millones) de impuestos a los
sellos que sentenció la Corte Suprema de Justicia de la Nación el 27 de
diciembre”.
Miguel Bonasso sufre
de desinformación o amnesia
Parte 6
A comienzos de diciembre de 2001, con la estructura judicial totalmente
controlada y la información de que al gobierno de Fernando De la Rúa le quedaba
poca vida política, Néstor Kirchner decidió tomar previsiones. El escenario más
que posible de caos y caída en las recaudaciones no debía afectar sus propios
proyectos de pelear la Presidencia de la Nación, labor a la que le dedicó los
dos años anteriores, ni los dineros de la provincia de Santa Cruz en el
exterior, reducidos a US$ 536 millones, por entonces depositados en un banco de
Luxemburgo. La generosa obra pública, tampoco podía ser afectada, significa
demasiado peso y demasiados pesos. Con información privilegiada, puso a salvo su
propio dinero de los alcances del corralito y permitió que quienes manejaban
dinero dentro del esquema de financiamiento del Frente para la Victoria
Santacruceña, hicieran lo propio. La información llegó a un importantísimo
empresario, quizás el único que le pueda discutir, de igual a igual, en materia
de manejo de dinero, un lugar en el mundo económico. Kirchner hizo así una
muestra de su predisposición a incorporarlo a las filas propias. Hoy, el
empresario sabe que le debe un favor. El hombre que quería ser Presidente y
ministro de Economía, a la vez, diseñó un esquema de presupuesto reducido, sin
afectación de fondos externos pero con vía libre de disponibilidad en sus manos,
y un ajuste cercano a los $ 20 millones que recaerían, otra vez, sobre los
salarios. En el Ministerio de Gobierno, el ministro Julio Miguel De Vido, y José
Salvini, convocaron a los gordos de la CGT local: Raúl Belluschi (Uocra), Omar
Campos (gas), José Castro (Upcn), y otros, quienes escucharon la línea
gubernamental de boca de quien es el nexo con los sindicatos. Lo hicieron más
por ambición política que por voluntad de Kirchner. De Vido y Salvini les
explicaron que se darían de baja algunos plus salariales, como riesgo de caja,
informática, vivienda de médicos hospitalarios y comisarios trasladados, el pago
de pasajes a jubilados y pensionados, y una fuerte reducción en las asignaciones
familiares, que en la provincia de Santa Cruz se pagaban con coeficiente 4.
Según el relato de uno de los presentes, los sindicalistas lograron morigerar
los alcances del ajuste y que sólo la reducción del 25% en las asignaciones
familiares evitó poner en riesgo el pago de los salarios públicos provinciales
en tiempo y forma. El vicepresidente 1ro. de la Cámara de Diputados provincial,
Héctor Icazuriaga, gobernador interino ya en esos días por las continuas
ausencias de quien era
precandidato presidencial, informó que los alcances del Decreto 2.348/01,
evitando mencionar la inclusión de los pasajes de los jubilados. Ya habría
tiempo... además, les adeudaban los dos últimos años. El ajuste, en términos de
presupuesto provincial, era irrisorio, poco menos de $ 20 millones contra $ 750
millones previstos, pero en el bolsillo de los trabajadores públicos
santacruceños representaba entre un 25% y un 50% de descuento en sus ingresos de
bolsillo. Entonces, mientras Kirchner se sumaba a Víctor De Gennaro en el
reclamo de firmas para obtener una ley que atendiera a los más indefensos, en la
Nación, se quedaba en su provincia con la asignación por cónyuge, reducía en un
25% las asignaciones por hijo, familia numerosa y escolaridad, eliminando además
la doble asignación que se debía pagaba en enero de cada año. La medida provocó
un rechazo generalizado en la población pero sólo algunos hacían escuchar sus
protestas, a través de anónimos mensajes que ponían al aire algunos programas
radiales no financiados por el Gobierno provincial. La protesta mediática buscó
los micrófonos de A los 4 Vientos, por FM Abril; La Parada, por FM Tiempo; Zona
Pública y Séptimo Día, por LU 12. El canal de TV oficial sólo informó acerca del
decreto y las culpas de De la Rúa; los informativos de Canal 2, dependientes de
una productora que comanda Claudio Miniccelli, alias Mono, cuñado de De Vido,
tuvo igual actitud. En cuanto a los diarios, actuaron según la pauta
publicitaria estatal. Tiempo Sur, que no está en ella, aunque alguna vez lo
estuvo, brindó toda la cobertura necesaria y mantuvo el tema en sus páginas; La
Opinión Austral jugó al equilibrio; Prensa Libre ignoró la protesta; y El
Comunitario, de Rudy Ulloa, felicitó la “previsibilidad del gobierno”. Tal como
fue previsto por Kirchner, el quiebre institucional y los 36 muertos del 20 y 21
de diciembre de 2001, amortiguarían la ira de los damnificados; pero no anticipó
que las jornadas nacionales de protesta provocarían los cacerolazos y escraches
que en los municipales santacruceños prendió de inmediato. Los municipios debían
adherir a la medida de ajuste salarial provincial, y sólo hubo vacilaciones en
el Concejo Deliberante de Caleta Olivia. No tenía sentido oponerse porque la
provincia giraría las partidas a los municipios, descontando el recorte de los
Aportes Extraordinarios por Déficit, fondos para el pago de la masa salarial que
resulta la gran tenaza de todo gobernador para impedir rebeldías de intendentes.
Con la coparticipación municipal de impuestos y las regalías por petróleo y gas,
congeladas a los niveles del Censo Poblacional 1981, incumpliendo la legislación
que obliga a la actualización de los montos sobre la base de los nuevos censos y
sus aumentos poblacionales, Kirchner impuso su voluntad a
los intendentes de Santa Cruz. Además, no coparticipó nunca los ingresos
extraordinarios en concepto de regalías mal liquidadas. Únicamente Río Gallegos
puede escapar, a veces, a la mano de hierro. Pero la gestión del arquitecto
Héctor Aburto, entre diciembre de 1999 y febrero de 2002 generó tanto déficit
municipal ($ 40 millones) y tanta corrupción, que quedó sin autonomía. Aburto
era un militante de la Unidad Básica Los Muchachos Peronistas, muy cercano a
Kirchner, y no dudó en apoyar el recorte, al igual que los concejales
justicialistas Juan Carlos Villafañe, alias Chiki-Chaka; Carlos Sancho; Mario
Metaza y un tal Cremades. El secretario general del sindicato de municipales,
Edgar Geréz, un dialoguista amigo de Aburto, ya había sido superado por sus
bases en enero de 2001, cuando el intendente no renovó los contratos laborales
porque quería las vacantes para sus militantes, que lo administraban para
ingresar al municipio luego de ocho años de UCR en Río Gallegos. Los municipales
llegaron a la quema de neumáticos y el encadenamiento a las columnas de
alumbrado público. Ahora, comenzaron a trabajar en una movilización para
arrancarle un No al Ajuste al diminuto Aburto. El 28 de diciembre, cuando se
cobraba el medio aguinaldo en el cajero automático del palacio comunal,
comenzaron los cabildeos, y Aburto y sus colaboradores ordenaron el alerta
cuando de varias camionetas comenzaron a descargar cubiertas de neumáticos. La
policía miraba de lejos, mientras por una puerta lateral comenzaron a ingresar
los militantes de choque a la municipalidad. Otro grupo, más numeroso, se
autoconvocaba en la Unidad Básica Los Muchachos Peronistas, bajo la
responsabilidad de Rudy Fernando Ulloa Igor, esperando directivas. Kirchner
estaba de viaje, como siempre. Detrás de la reja, Martín Aburto, padre del
intendente, comenzó a increpar a los manifestantes, hasta que debió buscar
refugio por los insultos y piedras que le llovieron. Ex ferroviario de YCF,
Martín Aburto se dedicó a la construcción en la época cuando su hijo fue el
responsable de las obras públicas del municipio y de la provincia. Otro de los
convocados fue el director de Tránsito, Juan Carlos Gómez, hombre dedicado a las
artes marciales y de naturaleza violenta. Provocó a los manifestantes hasta que,
luego, ingresó al municipio rodeado por el secretario de Desarrollo Comunitario,
Jorge Ferreira; Miryam Aguiar, Juan Carlos Has y otros integrantes de la guardia
permanente de Kirchner. La policía intentó avanzar con una autobomba para apagar
las llamas pero un piquete les advirtió que no se lo permitiría por lo que puso
marcha atrás. Rodeados, ahumados, histéricos por los petardos, a las 18:00
Aburto ordenó
aceptar que un grupo ingresara a dialogar, con la garantía de los concejales
opositores Marcelo Saá, Jorge Cruz y Bubby Austin. Carlos Edgar Sánchez había
llegado a secretario de Gobierno por recomendación de Carlos Zannini y del ya
mencionado Chávez, apodado el Negro, otro integrante de la Banda Cordobesa. En
Córdoba, durante su juventud, Sánchez había quemado gomas, ahora debía
apagarlas. Sánchez fue disidente con Chávez en la Corriente de Opinión
Provincial, que cuestionó la metodología de Kirchner para conducir los ateneos y
UB. Sin embargo, la propiedad de un Registro Automotor que le consiguió su
hermano, el senador apodado Gorrión, lo calmó y volvió a Kirchner. Sánchez juró
en su puesto a principios de diciembre de 2001 y al día siguiente se había
marchado a aguas tropicales a tratar de resolver problemas sentimentales, en
base al bronceado más tradicional. Su humor no estaba para humo ni petardos,
pero los días de calma le brindaron la serenidad para dialogar con los delegados
y prometer elevar sus inquietudes; sólo les pidió que cesaran con los petardos
que explotaban debajo de la ventaja de su despacho. También dijo que perdía
dinero con esa ingrata función pública. Hubo varios cuartos intermedios y
reuniones, hasta las 22:30, cuando Aburto le comunió al informativo de Canal 2
que no negociaría con nadie. Más llamas, manifestantes y funcionarios. Irrumpió
en escena la diputada nacional Mónica Kuney, y su esposo, Ricardo Pincheira,
quienes prometieron nuevos contactos telefónicos con Kirchner, quien según sus
dichos, volaba en el avión sanitario provincial rumbo a Río Gallegos. A las 2:00
del día 29, la diputada Kuney llamó al celular de la delegada Griselda Cuirolo,
para informarle que el comisario Ojeda y algunos hombres uniformados se
acercarían al municipio para cubrir la salida de los funcionarios y de los
militantes municipales porque, según Kuney, tenian miedo de salir solos. Los
policías cubrieron las retiradas mencionadas pero, a la vez, comenzaron a
secuestrar los vehículos particulares de los manifestantes, en particular las
camionetas en que se habían trasladado neumáticos. Luego, comenzaron con los
interrogatorios y amenazas contra los manifestantes que buscaban baños o
kioscos. Kirchner seguía desaparecido y solamente aparecía la diputada Kuney.
Tiempo después se supo que Kirchner nunca fue a Río Gallegos sino que su avión
bajó en El Calafate, y fue a dormir en la residencia que construyó su esposa,
Cristina. El último llamado de Kuney a Cuirolo, fue a las 4:30, la diputada
nacional apagó su celular y no volvió a intentar comunicarse, como sí lo había
prometido. Sin cambios transcurrió toda la jornada y el piquete se mantuvo hasta
las 20:30 cuando una nueva asamblea decidió el levantamiento de la
medida hasta nuevo aviso y la búsqueda de otras variantes de lucha. Luego de las
fiestas navideñas y de Año Nuevo, la comisión de lucha comenzó a preparar un
cacerolazo.
Apuntes sobre
el flamante ‘progresismo’ del Presidente
Parte 7
El jueves 24 de enero de 2002, se difundió la fecha de la 1ra. convocatoria.
Durante los días previos, los llamados telefónicos a las radios alentaban a la
movilización de los municipales, a quienes se les sumó el gremio docente y el de
los trabajadores del privatizado Banco de Santa Cruz que afrontaban una rebaja
salarial. También sectores de la administración pública provincial y del Frente
de Unidad Trabajadora. Con la lentitud santacruceña, el inicio del acto,
previsto para las 20:00, terminó produciéndose a las 21:00. Los del Frente de
Unidad y los de la combativa Lista Negra, de la Asociación de Trabajadores del
Estado, aportaron los equipos de sonido y las cuerdas de seguridad. Ellos tenían
experiencia en estos quehaceres. La policía apostó algunas motocicletas a 100
metros, para desviar el tránsito, y sería su única aparición durante el ciclo de
manifestaciones. Por el micrófono desfilaron trabajadores municipales, vecinos
indignados con el intendente, Héctor Aburto, y con sus concejales,
representantes de organizaciones defensoras de los Derechos Humanos, de
jubilados, mineros desocupados, médicos que no aceptaron que la Caja de
Servicios Sociales les redujera, en forma unilateral, sus acreencias; y, por
supuesto, gente apresada en el Corralito. La moción de seguir manifestando cada
viernes, a la misma hora, fue aprobada por 600 personas. También la de
constituir una Asamblea Permanente del Cacerolazo, con reuniones abiertas a
realizarse en la sede del gremio docente, Adosac. Cuando alguien nombraba a un
funcionario, las cacerolas quedaban abolladas, y siguieron sonando cuando se
mocionó marchar a Casa de Gobierno, aunque con recomendaciones de mantener la
calma y no provocar algún incidente. De contramano, por Avenida Roca, de Río
Gallegos, la cerrada columna se detuvo en el edificio del Tribunal Superior de
Justicia, que tenía una única ventana iluminada, la que ocupaba su titular,
Carlos Zannini, el Chino. Dos ateridos agentes de policía los vieron llegar a la
Rosadita, y los escucharon gritar: “Se va a acabar / se va a acabar / esa
costumbre de robar”. Otra pareja de policías los escuchó, luego, en la
residencia del gobernador Néstor Kirchner, quien como era costumbre en los
últimos años, no se encontraba en Río Gallegos. Adentro de la residencia, la
mamá de Kirchner y su hija, no entendían cómo podían ser acusados de semejantes
irregularidades. Luego, las familias manifestantes se dirigieron a la
intersección de Roca y San Martín, cantaron el
Himno Nacional y retornaron a sus hogares para cenar. Para los canales de TV, la
movilización no existió. El diario La Opinión Austral publicó un recuadro. Su
rival, Tiempo Sur, le dedicó un mayor espacio ya que sus propios directivos
habían participado de la marcha. La 2da. marcha lo encontró al gobernador
Kirchner con más reflejos, junto a Alicia Kirchner y a Héctor Icazuriaga, alias
El Idóneo, organizó un acto de desagravio en la puerta de la Rosadita, mientras
la marcha cacerolera se aproximaba al lugar, y algunos insultos partieron de las
veredas oficialistas, ocupadas por los incondicionales del poder. La presencia
de la guardia civil de Kirchner y de matones en actitudes más agresivas, obligó
a los caceroleros a evitar pasar por la Casa de Gobierno, y marcharon hacia las
viviendas de los funcionarios y de los comunicadores oficialistas. Las
residencias de Zannini, de Icazuriaga, de Lázara Báez, del Bicho Ocampo, y del
diputado Muratore y Sra. (o sea Laura Ballester, jueza del Tribunal Superior de
Justicia), y las sedes de La Opinión Austral, los canales 2 y 9, y la radio y el
periódico de Rudy Ulloa, sufrieron escraches. En cada caso, sin embargo, la
gente de la Asamblea protegió vehículos, jardines y viviendas, y sólo permitió
algunos timbrazos. Cada viernes, el panorama era similar. Pero la concurrencia
comenzó a menguar por el frío y por la ausencia de los partidos políticos, algo
resentidos por la consigna “que se vayan todos”. También influyó la presencia de
la guardia pretoriana de Kirchner, la ausencia policial (en cierta ocasión,
durante un escrache a la casa de Icazuriaga, un patrullero quedó frente a una
columna que avanzaba; velozmente giró en U y se alejó de contramano), y algunos
atentados como el que sufrieron el vehículo y la vivienda del matrimonio
Rodríguez Palermo, participante de la Asamblea. # La arenga El intendente Aburto
se caía por el peso de su propia corrupción, imparable. A días que un escándalo
de orden privado terminara con el sostén que le brindaba Kirchner, el gobernador
convocó a sus adeptos, incluyendo a los más díscolos, a un acto en el Comando
del Frente para la Victoria Santacruceña. Unas 600 personas se reunieron para
escuchar a Kirchner, aunque en la prensa se afirmó que eran 1.500; y algunos
colaboradores del gobernador dejaron filtrar fragmentos del discurso, amenazador
hacia los caceroleros.
Recuerdo haber tenido una copia en mis manos y discutir si convenía o no poner
la cinta en el aire, lo que finalmente hicimos en A los Cuatro Vientos, por FM
Abril, porque las amenazas y la incitación a la violencia tenían una entidad
superior a cualquier operación de prensa, cuando provenían de la boca de Néstor
Kirchner: “¿¡¡Cómo puede ser, compañeros!!? Que los compañeros, a veces, se
queden callados y permitan este tipo de cosas. ¡¡Hay que salir a defender!! No
podemos permitir que agredan la municipalidad ni más ninguna estructura que
corresponda a nosotros. Somos muchos, salgamos a la calle ¡¡y se terminó con
este tema!! (...) pero tenemos que salir con todo. ¿Cómo vamos a permitir que
haya 4 ó 5, esos dirigentes del FUT que sacan 200 votos por elección, o cuatro
tipos que no representan a nadie, que salgan a descalificar y a agredir?
¡Compañeros! No hay que permitir este tipo de cosas. ¡¡Hay que defender con
fuerza y con orgullo!! Basta. Si van a ir a la casa de un compañero a agredirlo
o a molestarlo, vamos a ir 200 ó 3000 ó 500 ó 1.000 a la casa de ellos, esto que
quede absolutamente claro”. Los funcionarios con militancia anterior, miraban
burlones. Kirchner siguió: “¿¡¡Cómo puede ser que ustedes!!?... Justo yo me fui
a Calafate... pero ¿cómo puede ser?... “ Ya había hablado del Frepaso, de la UCR
y del FUT, pero decidió una vuelta de tuerca: “Se terminó, compañeros. ¡Tenemos
que salir al frente! Si son 100, nosotros vamos a ser 2.000 ó 3.000. Pero, ¿cómo
puede ser, compañeros, que nos dejemos atropellar así? No se puede mirar al
costado en este tema. ¡Tenemos que estar todos juntos! Yo se los pido,
encarecidamente”. Las amenazas de Kirchner provocaron muchos comentarios. Los
abogados Dino Zaffrani y Javier Pérez Gallart, se presentaron ante la justicia
con gente de la Asamblea Permanente del Cacerolazo, denunciándolo por incitación
a la violencia. La causa fue a manos del juez Santiago Lozada, quien la envió al
fondo de sus archivos. Luego, los domicilios de los dirigentes del Frente de
Unidad Trabajadora fue el tema que abordaron unos volantes anónimos, con
fotografías de viviendas y recibos de salarios de Miguel del Plá y de Ricardo
Mercado, y de sus esposas. La municipalidad, el Consejo Provincial de Educación
y la Cámara de Diputados de la provincia de Santa Cruz, encargaron a distintas
imprentas su propia versión. El costo no fue elevado ya que, al menos dos
imprenteros que sostienen su actividad con trabajos para el Estado, los hicieron
sin cargo. # La pesada El 25 de abril de 2002, la sesión comenzó puntual en la
Legislatura provincial. El tema fue el tratamiento del presupuesto santacruceño.
Los
recortes centrales eran las reducciones en las asignaciones familiares y la
incorporación al ajuste provincial de algo que aún no había sido anunciado por
el gobernador Kirchner ni por sus funcionarios: la suspensión del pago del
pasaje anual a los jubilados, aún cuando no se abonaba desde hacía dos años. Por
1ra. vez, las barras no fueron separadas sino mezcladas. Entonces, los
sindicalistas docentes, los militantes del Frente para la Victoria Santacruceña,
los caceroleros y los empleados públicos compartían las gradas. Algo no andaba
bien y la sospecha la corroboraba la ausencia de gente de Rudy Ulloa, lo que
suponía una falta de conducción en la hinchada oficialista. Sin embargo, los
pasillos, las escaleras y las oficinas cercanas se fueron llenando de militantes
del FVS y contratados. En el acceso se vio a Enrique Meyer, subsecretario de
Turismo; en el recinto, a Nelson Periotti, presidente de Vialidad Provincial; a
Juan Carlos Gómez y Héctor Silva, de Tránsito de la Municipalidad; a Francisco
Mansilla, alias Batata; a Pablo Grasso, director de la Casa de la Juventud; a
Marta Delucci, secretaria de la Producción; a Jorge Ferreira, secretario de
Desarrollo Comunitario; a Pedro Ayunta y Patricia Cocco, del Consejo Provincial
de Educación, entre otros que se mezclaban con patovicas de traje oscuro. La
crónica del matutino Tiempo Sur lo relató así: “Somos de seguridad de la
Cámara’, se identificaban. Según pudo comprobar este medio, no lo eran. Pero su
maciza presencia impedía el ingreso de los jubilados”. Los jubilados querían
reclamar que no les recortaran sus pasajes. Entonces, Roberto Giubetich,
diputado provincial UCR, le solicitó al comisario de la Cámara que se le
permitiese el acceso a un grupo de jubilados encabezados por Miguel Pascual,
vocal en la Caja de Previsión, e ingresaron entre aplausos y silbidos. Abrió el
fuego Omar Muñiz, del Movimiento Federal Santacruceño, con un pedido de
tratamiento sobre tablas de un pedido de informes al Tribunal de Cuentas sobre
los ingresos en concepto de regalías y las inversiones realizadas. Habló más de
una hora pero su pedido no tuvo tratamiento por la oposición del oficialismo.
Luego se llegó al Presupuesto 2002 de Santa Cruz, que no sólo contenía los
ajustes sino la posibilidad del uso discrecional, por parte del gobernador
Kirchner, de los depósitos en el exterior de la provincia. Mariela Arias,
cronista de Tiempo Sur, lo relató así: “A la voz ‘Que se Vayan Todos’, la
nutrida concurrencia integrada por la Asamblea del Cacerolazo, representantes
del gremio docente, vecinos, trabajadores municipales, público en general, eran
el corrillo de fondo mientras hablaba los diputados. ‘El bloque del PJ va a
sostener la votación del despacho de comisión’, anunció la diputada informante
del oficialismo, Judith Forstmann, enfundada en un traje de hilo color rojo.
Entre el ruido, cada vez más fuerte de las cacerolas, la caletense que presidía
la Comisión de Presupuesto, intentaba hacerse escuchar a los gritos. En tanto,
Héctor Icazuriaga, quien presidía la sesión tratando de mantener la compostura,
pero cada vez más nervioso, sólo atinaba a decir: ‘Continúe diputada’, cuando
los gritos aumentaban al ritmo de ‘Devuelvan los pasajes, Devuelvan los
pasajes’. Forstmann hizo una deslucida presentación del proyecto de Presupuesto
porque, lejos de fundamentar los recortes, leyó artículo por artículo lo ya
aprobado. El error de la diputada fue cuando empezó a dirigirse a la
concurrencia y trató de conquistar la atención de las mujeres. La única
representante femenina de la Legislatura sólo obtuvo, como respuesta, un batir
de cacerolas. Héctor Di Tulio corrió mejor suerte que Forstmann porque mantuvo
su posición del día anterior y adelantó su voto por la negativa, haciendo
hincapié en la distribución de los recursos de la provincia, las diferencias de
los ingresos por habitante en cada localidad y habló de no aceptar ‘las
imposiciones del FMI’. Pero cuando Roberto Giubetich inició la fundamentación
del voto negativo del bloque UCR, fue interrumpido y poco después de las 16:00,
la sesión se transformó en un ring-side. El dirigente gremial Ricardo Mercado
salió a un pasillo y entonces fue golpeado por un militante del Centro del
Carmen mientras la muchedumbre se agolpaba en la puerta mientras Eduardo Di
Pierro, del FUT, agarró el micrófono de la presidencia, dejada vacante por
Icazuriaga, y gritó: “Le están pegando a Mercado, le están pegando... “.
Cortaron la luz y el recinto quedó a oscuras durante 20 minutos de gritos,
golpes y confusión”. Por la puerta lateral izquierda, a espaldas del estrado de
la Presidencia, se accede a un recinto que se encontraba colmado de personas que
insultaron y agredieron a Ricardo Mercado; un diputado de la UCR dice que vio la
escena y corrió hacia ese lugar. Icazuriaga, apenas comenzó la escaramuza, gritó
‘La sesión pasa a un cuarto intermedio’, bajó el martillo y salió por la puerta
lateral derecha, ubicada detrás de él. Esto fue lo que le permitió a Di Pierro
tomar el micrófono. Una mujer, María Teresa Aguilar, recibió un golpe con un
jarro cuando se fue encima de una cacerolera con la que había estado
intercambiando insultos. La cronista Mariela lo relató con dramatismo: “La cara
chorreada de sangre le manchó el chaleco al fotógrafo que la ayudó”. A otro
fotógrafo le robaron su cámara, aunque luego fue devuelta por los patovicas.
Icazuriaga, encerrado en la oficina del bloque del FVS, comprendió que la
situación presionaría a sus propios diputados y llamó a Oscar Vázquez, alias
Cacho, y le pidió que hablara con Rudy para que trajera a su gente, pero Cacho
le explicó que la gente de Rudy estaba cabrera porque a ellos también los
afectaba el ajuste y que no defenderían “a tipos que cobran 5 lucas”. Fuentes
confiables aseguran que Icazuriaga, desesperado, le prometió un asado, carne y
canilla libre, y libertad de acción para lo que se estaba “charlando”, propuesta
que Cacho le llevó a Rudy. Antes de que se cumpliesen dos horas, los muchachos
de Rudy caminaron la cuadra que separa a la Legislatura de la Casa de Gobierno e
ingresaron a presión al recinto, donde Omar Muñiz llevaba una hora fundamentando
su voto negativo. El oficialismo se llenó de sonrisas con el arribo de los
refuerzos. Muñiz había recordado, con acierto, que la Cámara de Apelaciones,
presidida por Chávez, el Negro, había aceptado los amparos contra las
reducciones salariales, explicando que el Gobernador no se encuentra autorizado,
por el artículo 3 de la Ley 2.347, a reducir las asignaciones familiares; pero
que Kirchner dijo que dado que el Legislativo se encontraba en receso, él tenía
facultades extraordinarias. Sin embargo, aclaró Muñiz, al momento de firmarse el
fallo, la Cámara de Diputados había prorrogado las sesiones extraordinarias
hasta el 20 de diciembre de 2001. Pero la voz de Muñiz fue tapada por los bombos
de Los Muchachos Peronistas y el griterío “Se siente / Se siente / Lupo
Presidente”. En la crónica de Mariela, se lee: “Luego de Giubetich,
fundamentaron Alberto Bianchi (Frepaso), Omar Lada (UCR), Omar Fernández (UCR),
entre los bombos y los deseos de la Presidencia del actual gobernador. Cuando,
otra vez, decidió hablar Judith, los insultos de las 16:00 se transformaron en
gritos de ‘Ídola, ídola’; el público cacerolero se había retirado y las gradas
se encontraban colmadas de militantes del Frente para la Victoria Santacruceña.
En ningún momento, desde la desordenada conducción de la Vicepresidencia 1ra. de
la Cámara, el diputado Icazuriaga solicitó retirar cacerolas o superbombos. El
oficialismo respondió a las “descalificaciones y acusaciones de Muñiz” y obtuvo
13 votos positivos (aunque en el PJ se abstuvieron Almendra y Barreto), contra 7
votos negativos, y hubo un ausente. Así se aprobó el Presupuesto provincial para
este año. Lo demás es historia”. Sin embargo, la historia continuaba porque
varios dirigentes de la Adosac y algunos caceroleros no podían salir del
edificio porque afuera los aguardaban los militantes de Rudy. Sólo la presencia
del fiscal Vivanco llevó algo de calma, aunque debió esforzarse ante Icazuriaga
para que éste exigiera seguridad policial para garantizar el retiro de los
caceroleros. Varios de ellos descubrieron
que el automóvil de Miguel Del Plá había sufrido la represalia de la que ellos
habían zafado.
Lo que la Flacso no sabe /
no quiere saber
Parte 8
El 26 de abril de 2002, además del habitual cacerolazo de los viernes a las
20:00, estaba programado el acto de apertura de la Feria Provincial del Libro,
en Río Gallegos, capital de Santa Cruz. La presencia de Néstor y Cristina
Kirchner obligó a la concurrencia en pleno de quienes se desempeñaban en la
administración pública provincial y municipal, para el habitual besamanos. Los
invitados especiales eran dos periodistas: Miguel Bonasso, de Página/12, un
hombre de vasta trayectoria en la política, a quien ya se presentaba como el
coordinador de prensa de la campaña de Kirchner; y Alejandro Apo, de AM
Continental, con programa propio los sábados por la tarde, que retransmitía
LU12, con gran éxito de oyentes. La hora de la apertura del evento coincidía con
la cita que, a cinco cuadras de distancia, hacían los caceroleros; entonces, los
de Kirchner tomaron la decisión de adelantar lo suyo, no fuese cosa que los
protestones se infiltraran en el segmento pago de Crónica TV ya contratado por
la Gobernación. Los responsables de la seguridad provincial se pusieron en
marcha mientras se descargaban, en los depósitos del Centro Cultural, las
festivas matracas armadas en los talleres de la Municipalidad de Río Gallegos.
La policía santacruceña amojonó con conos fosforescentes el ingreso al predio y
las balizas de patrulleros y motocicletas le dieron un toque inusual a la tarde
de la ciudad, mientras se bloqueaban las puertas laterales del complejo, con
trancas de madera y alambre en los picaportes. Pasando el portal de acceso, se
llegaba a un salón derivador donde los guardianes más presentables le hacían el
aguante al jefe del operativo, Mario Vidal. La ceremonia tuvo el esplendor de la
ocasión, y el matrimonio Kirchner estuvo presente y se retiró de acuerdo a lo
planificado, cuando un centenar de caceroleros, a cinco cuadras, comenzaban con
su menú de los viernes "Contra el ajuste y la corrupción". La convocatoria había
mermado, demostrando el agotamiento de la modalidad elegida para protestar.
Además, ese día faltaron a la cita los delegados municipales porque en algún
punto de la cadena de llamados telefónicos, alguien informó que se suspendía el
mitín, y ellos aprovecharon la noche de frío y llovizna helada para quedarse con
sus familias en sus hogares. Probablemente -especulan algunos luego de lo
ocurrido aquella noche- alguien que conocía, de antemano, lo que se
desencadenaría, no quiso verse, cara a cara, con los delegados de los empleados
municipales. Desde la esquina de la confitería Mónaco, los parroquianos
habituales seguían, con indiferencia, la evolución de la asamblea cacerolera.
Entre ellos, el Charo Sandoval. Uno de los oradores recordó que Sandoval, ex
intendente de la localidad de Los Antiguos, se había integrado el día anterior a
la patota que había ingresado tan vehemente a la Cámara de Diputados, a cambio
de un asado con canilla libre y carne a destajo. El orador pidió un escrache
para Sandoval. Los caceroleros lo identificaron, del otro lado del frente
vidriado, y Sandoval, con un gesto de pánico dibujado en su rostro, se puso su
campera y, escoltado por los mozos del Mónaco, se refugió en la cocina. Luego,
uno de los caceroleros mocionó ir hasta el Centro Cultural, y el acuerdo fue
unánime. Mientras se armaba la columna, otro cacerolero mocionó hacer, de paso,
un escrache a la radio FM de Rudy Ulloa Igor, quien había liderado la patota que
ingresó al Legislativo el día anterior. La columna era encabezada por el viejo
Ford Falcon de Dipi Di Pierro, dirigente del FUT, preparado con bocinas en el
techo. De la columna se marcharon los engripados y los caceroleros
anti-escrache, que decidieron quedarse tomando un café en el Mónaco. En la
columna permaneció una mayoría de mujeres, algunos con sus hijos; no faltaba
quien llevara una bicicleta a la rastra, como era el caso de Milagros Pierini,
una militante por los derechos humanos a quien todos cargaban por el bochiche
del timbre de su rodado. No faltaban algunas parejas de jubilados, aún enojados
por el episodio del día anterior en Diputados; dirigentes docentes del gremio
Adosac; también trabajadores mineros que cumplían tareas en el puerto, algún
periodista y un damnificado por el corralito/corralón que pensaba quedarse
revisando libros en la Feria. El Centro Cultural tenía las puertas bloqueadas,
mucha seguridad privada en su interior y los destellos de un flash delató que
alguien quería retratar a los caceroleros, quienes pidieron, a los gritos, la
presencia de Bonasso y de Apo, pero ellos no aparecieron. Algunas mujeres
golpearon con sus llaves las estructuras de aluminio de los ventanales pero como
no hubo respuesta desde el interior, comenzó la retirada. Un agente de
seguridad, quitó la tranca de una puerta de acceso, para habilitar el ingreso de
la turba y algunos caceroleros amenazaron con adentrarse en la Feria pero la
decisión fue no caer en trampa alguna y la columna siguió su marcha. Menos el
del corralito/corralón, quien se quedó comprando libros.
Los manifestaron bordearon el complejo ferial, encontraron el ingreso principal
cerrado, retrocedieron algunos metros y encararon por la calle Errázuriz,
paralela a la San Martín, hacia la FM de Ulloa. Desde allí se vio su Chevrolet
Corsa color verde, estacionado sobre la vereda y un acompañante que, dejando la
puerta abierta, corrió hasta el edificio de la radio y luego regresó a su
asiento, mientras el vehículo patinaba en el apuro por irse. FM Comunitaria
ocupa un edificio público que le fue cedido, en la esquina de Errázuriz y
Belgrano, en Río Gallegos. Allí también funciona la redacción y administración
del diario El Comunitario, de distribución gratuita. El inmueble se encuentra
detrás de un pequeño jardín, protegido con rejas blancas y cámaras de video. Los
caceroleros se agruparon frente al portón y el director de la FM, Miguel López
Igor, salió a su encuentro, señalando el portón abierto; los caceroleros
gritaban "Se va a acabar / Se va a acabar / Esa costumbre de robar..." Primo de
Rudy Ulloa Igor, Miguel tenía el curioso privilegio de ser el único funcionario
condenado por peculado, porque aceptó confesar su delito y la condena en
suspenso. Los jueces no tuvieron alternativa y debieron cumplir con su deseo.
López Igor hizo gestos hacia los manifestantes tratándolos de "cagones",
mientras el Corsa verde ya se había estacionado en la esquina opuesta. Luego de
un rato, los caceroleros se dieron por satisfechos y decidieron retirarse;
entonces se apagó el alumbrado público y, desde la calle Belgrano, aparecieron
más de 200 hombres con palos, hierros y mangueras. El jefe del operativo, Mario
Vidal, señaló a Miguel Del Plá y a Mercado: "Ahí están los zurdos". Un grupo de
patoteros se adelantó para detener el Falcon de Di Pierro pero el viejo
automóvil logró ponerse en marcha y sólo alcanzaron a abollarle le techo y el
baúl del portaequipajes. Los caceroleros estaban sorprendidos, abundaban los
gritos y las corridas; también los golpes, sobre un pavimento mojado y una
oscuridad hostil. A Luis González, el mítico Angelito Negro de ATE, no lo
reconocieron como un cacerolero hasta que un matón lo golpeó con una manguera en
la cabeza y la paliza la impidió el propio Vidal. En verdad, por 2da. vez en 15
días Vidal evitaba una golpiza a González, por el respeto que su coraje le ganó
aún entre los soldados de Kirchner.
Había tres grupos de atacantes: los de choque, los que cubrían sus espaldas y
los que, subidos a algunas camionetas, corrían a los caceroleros que huían. Los
trofeos de guerra -un redoblante, un bombo y una bandera argentina- fueron
introducidos en la FM Comunitaria. La bandera se la quitaron a una pareja de
chicos menores de edad, que fueron apaleados. La golpiza continuó unos 100
metros porque en el cruce de Errázuriz y Alvear apareció una camioneta de la
policía local, con balizas y laterales pintados con el número del móvil, que
observó la escena a paso de hombre y se alejó. Las camionetas perseguían a los
caceroleros dispersos, detrás de los golpeadores se arrastraba el Angelito
Negro, auxiliados por dos de la columna que prefirieron no correr: un empleado
municipal y el autor, quien cubría el evento para una FM. Sin embargo, al llegar
a la plaza San Martín, se detuvo una camioneta blanca, conducida por el karateca
Juan Carlos Gómez, con varios hombres en la caja, que bajaron a seguir pegándole
al Angelito, que sólo atinaba a putearlos, mientras el autor le recordaba a
Gómez su rol de funcionario público. Quizás por eso o porque en la plaza había
demasiada iluminación, los matones regresaron a su camioneta y se marcharon.
Luis González aún no pagó el asado que aquella noche le prometió al autor, en
gratitud por la ayuda. Al fin, los tres llegaron hasta el automóvil de González,
estacionado sobre la avenida Roca. Cuando el conductor se recuperó, enfilaron
hacia la Casa de Gobierno, en cuyos jardines parte de la patota ya brindaba con
cajas de vino que repartía el tesorero del Frente para la Victoria, Raúl
Copetti, funcionario público. Los tres fueron a la seccional 1ra. a radicar la
denuncia policial. Advertidos, los de la patota que portaban armas fueron
enviados a El Calafate, a mostrarse en el casino y así obtener su coartada.
Gómez fondeó su camioneta blanca en un taller de confianza, no sin antes llevar
a su gente a apedrear el frente del diario Tiempo Sur.
Cuando Tasselli y Kirchner hicieron temblar la mina
Parte 9
A mediados de 1999, los intereses de Néstor Kirchner confluyeron con los de la
Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), y quien era el socio de ambos, el
empresario Sergio Tasselli, con el objetivo de "terminar con los zurdos en YCRT"
(Yacimientos Carboníferos de Río Turbio). El 22 de septiembre, los afiliados
debían elegir a la conducción sindical y la Lista Negra amenazaba con desplazar
a los amigos de Kirchner y de Tasselli. La Lista Negra postulaba a Luis Héctor
González para secretario general, un luchador imposible de comprar, que erizaba
el pelaje de los sindicalistas amigos de Kirchner y de Tasselli. Cuando
González, un riojano curtido, asomó en los socavones, los mineros cumplieron el
rito de bautizarlo, para siempre, Angelito Negro. Para explicar qué significa
González en Río Turbio hay que ir más atrás, hasta José Salaya, quien
intensificó su trabajo en la mina cuando el Proceso de Reorganización Nacional
ya estaba irremediablemente desorganizado. Salaya politizó a un grupo de
trabajadores del carbón, entre quienes estaban Angelito Negro y Jorge Gerardo
Rivolta, un operario de electromecánica de minas, en la playa de Mina 3. Rivolta
es chaqueño, llegó a Turbio en los '70, terminó el secundario y cuando se casó,
la empresa le dio un Quoncet, las típicas casas del complejo minero que parecen
un medio caño de chapas. El trabajo de Pepe Salaya apuntaba a terminar con la
intervención en la seccional de ATE de Urbano Peralta, prueba de un acuerdo de
años entre el sindicalista Juan Horvarth y el almirante Emilio Massera. Una
asamblea multitudinaria barrió con Peralta y propuso, para integrar la comisión,
a Angelito Negro y a Rivolta, para sorpresa de ellos mismos. Entonces, se
dedicaron a estudiar su función sindical y comenzaron exigiendo, aún durante el
gobierno militar, una ambulancia permanente en el yacimiento... y obtuvieron
varias... Ambos se terminaron de convencer de que eran fuertes cuando en 1983,
el candidato justicialista a gobernador, Arturo Puricelli, de camino a un acto,
se detuvo en el local gremial para pedirles que nominaran a un candidato a
diputado nacional por Santa Cruz. Sorprendidos, aceptaron la propuesta, y
Rivolta impulsó a un profesor suyo en la enseñanza secundaria, el ingeniero
Ghiano, quien pasó un período en la
Cámara de Diputados de la Nación, sin pena ni gloria. Rivolta, luego, fue el
referente del peronismo de Río Turbio y su capacidad de liderazgo lo llevó hacia
arriba, pero alejándose de Salaya y de Angelito. Ocurrió que en la interna
1984/1985 de ATE, la Agrupación Anusate, de Víctor De Gennaro, se convirtió en
Lista Verde, para enfrentar a la Lista Azul, de Horvarth; y Rivolta se sumó a la
Azul. Previsor, ingresó un hombre a la Lista Verde, por si algo fallaba. Lo
importante era que el topo fuese agradecido. Y Edgardo Depetri no falló en ese
reconocimiento porque, aún cuando Víctor De Gennaro se opuso, sostuvo a Rivolta
hasta que éste pudo saltar de la Lista Azul a la Lista Verde. Técnico minero
nacido en la provincia de Santa Fe, Depetri ingresó, luego al Consejo Directivo
Nacional de ATE, y más tarde a la conducción de la Central de Trabajadores
Argentinos (CTA). Al igual que Néstor Kirchner, él tiene una imagen en la
Nación, donde es un referente de Anusate y de la Agrupación Germán Abdala; y
otra en la provincia de Santa Cruz, donde es un sindicalista convencional, como
Rivolta, cafierista en 1988 y menemista en 1989. Rivolta, vinculado a Arturo
Puricelli porque éste había designado a su pareja, Sandra Cruz, también
dirigente de ATE, en la obra social Pami; cuando ocurrió la concesión de la mina
de carbón ingresó al Frente para la Victoria, de Kirchner. Enfrentado a Rivolta,
Depetri, Kirchner y Tasselli se encontraba Angelito Negro González, quien
resistió a los embates y cesantías. Entonces, aprovechando que un congreso
sindical llevó hasta Río Gallegos a De Gennaro y Depetri, se formalizó una
alianza para derrotar a la Lista Negra. Tal como ha ocurrido casi siempre
durante la gestión de Kirchner en la provincia de Santa Cruz, el trabajo sucio
fue encomendado a Julio De Vido, quien logró que 200 militantes del Frente para
la Victoria completaran una ficha y se incorporaran al padrón electoral de ATE
en Río Turbio para descontar la ventaja que la Negra le llevaba a la Verde. El
11 de agosto de 1999, los 200 soldados de De Vido fueron incluidos en un padrón
diferente al que había presentado el 9 de julio el delegado electoral del
Consejo Directivo Provincial de ATE, Marcelo Zacarías, para el período de
exhibición para tachas e inclusiones. Los militantes provenían de la empresa
Servicios Públicos Sociedad del Estado, y de los ministerios de Gobierno y de
Economía. La Lista Negra intentó frenar la maniobra pero las autoridades de ATE
no se mostraron resolutivos, y Angelito Negro se presentó ante los medios de
comunicación para denunciar la lista y obtuvo que 129 de los 200 soldados de De
Vido renunciaran a su afiliación, según lo comunicó Rivolta al delegado
electoral Zacarías; otros sostienen que eran de Servicios Públicos Sociedad del
Estado que, cuando pidieron y no obtuvieron que Kirchner ratificara la orden de
De Vido, abandonaron la tarea. Pero hubo 72 nuevos afiliados que De Vido logró
mantener porque le respondían directamente, de los que 48 fueron a votar. La
Lista Negra perdió por un voto y las impugnaciones aún duermen –según podrá
constatarlo el ministro de Trabajo, Carlos Tomada- en la cartera laboral. # El
comienzo Durante su campaña a gobernador, Kirchner prometió que levantaría una
super-usina generadora de energía eléctrica a carbón para garantizar la
continuidad de la producción en la mina de Río Turbio. En verdad, el objetivo
hoy es más modesto: convertir a Río Turbio en un pueblo turístico cordillerano,
sin minas y sin mineros. En el ínterin ocurrieron hechos. La Ley 23.696 de
Reforma del Estado, sancionada en 1989, declaró a Yacimientos Carboníferos
Fiscales, sociedad sujeta a privatización o concesión. El Decreto 988, del 7 de
mayo de 1993, dispuso la concesión integral por un plazo de 20 años del complejo
carbonífero, ferroviario y portuario. La Resolución 567, del Ministerio de
Economía y de Obras y Servicios Públicos de la Nación, llamó a licitación
pública para la concesión por 10 años de YCF, con opción a otro período igual,
pero el Estado seguiría siendo el propietario de la infraestructura, los
inmuebles, los materiales, los equipos y los muebles y útiles de YCF. La
Resolución M.E. Nº 1.416 del 25 de noviembre de 1993, dejó sin efecto la
licitación, por inconveniencia económico-financiera de la única oferta declarada
admisible. La Resolución M.E. Nº 1.417 concretó un nuevo llamado a licitación
pública nacional e internacional, la que también fue rechazada por
inconveniente, dado su excesivo nivel de subsidios solicitados. El 22 de febrero
de 1994, la Subsecretaría de Energía de la Nación declaró desierto el proceso
licitatorio de concesión de YCF. Luego, el consorcio integrado por Iate S.A.,
Eleprint S.A., Dyop S.A. y la Federación Argentina de Trabajadores de Luz y
Fuerza, presentó un recurso jerárquico, a fin de que se reviera la decisión
adoptada por la Comisión Asesora de Privatización, reduciendo sus pretensiones
de subsidios. El 24 de febrero, el entonces senador nacional PJ-Santa Cruz,
Pedro Molina, informó a la salida de la reunión de gabinete semanal que el
entonces presidente Carlos Menem había considerado una “prioridad” resolver la
concesión de YCF. El 25 de febrero, se leyó en los diarios nacionales que el
gremio que nucleaba a los mineros no compartía esas gestiones realizadas por el
entonces gobernador Kirchner, el intendente de Río Turbio y el senador Molina,
designado Coordinador de la Gestión. Los trabajadores mineros preferían que YCF
continuase en manos del Estado Nacional, según el secretario general Angelito
Negro González. La Resolución M.E. Nº 609 del 5 de mayo de 1994, con la firma
del entonces ministro de Economía, Domingo Felipe Cavallo, hizo lugar al recurso
y preadjudicó YCF a YCRT S.A. (Yacimiento Carbonífero Río Turbio Sociedad
Anónima). El Decreto 979/94 adjudicó, a partir del 1º de julio de 1994, y por el
término de 10 años, la concesión integral del yacimiento y de los servicios
ferroportuarios con terminales en Punta Loyola y Río Gallegos, a YCRT S.A. Con
un subsidio equivalente a US$ 22,5 millones anuales, el empresario Sergio
Tasselli inició el trabajo de vaciamiento de la concesión, incumpliendo las
cláusulas de producción e inversión, hasta que las puebladas de Río Turbio y las
movilizaciones de sus obreros terminaron con su presencia al frente de la
empresa en abril de 2002. Para lo uno y lo otro tuvo la complicidad de una
Comisión de Fiscalización de la Concesión, integrada, entre otros, por el
polifuncional integrante del equipo Kirchner, el ingeniero Daniel Cámeron, y por
los sindicalistas de ATE, Rivolta y Depetri. Taselli arribó cuando la mina tenía
una planta laboral de 1.331 empleados, y el subsidio de US$ 22,5 millones.
Cuando la devolvió, empleaba a 800 personas, lo que probablemente mejoró la
eficiencia pero provocó problemas laborales en las localidades de Río Turbio y
28 de Noviembre. El 1º de mayo de 2002 YCRT regresó a manos del Estado Nacional,
cuando la conflictividad otra vez era muy complicada, y así Eduardo Duhalde le
quitó un peso a Kirchner, quien era un socio político y futuro candidato
presidencial de la Casa Rosada. Tasselli se llevó hasta los tubos de oxígeno y
acetileno de la mina. Pero esta historia tiene otros episodios interesantes,
como el gran conflicto de 1994. FIN
Fuente: www.periodicotribuna.com.ar
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