Brasil: otro paso rumbo al aislamiento en América Latina

Por Eric Nepomuceno

Río de Janeiro. Pese a las peticiones del secretario mexicano de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard Casaubón, a su homólogo brasileño, Ernesto Araujo, el gobierno ultraderechista de Jair Bolsonaro informó oficialmente, el miércoles 15, que Brasil suspendió su participación en la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe).

La iniciativa de Marcelo Ebrard se debe a que a partir de este año la presidencia temporal del grupo le toca al presidente Andrés Manuel López Obrador, que manifestó al gobierno brasileño su firme intención de devolver a la Celac la función de relevancia que bajó considerablemente desde la llegada de Michel Temer a la presidencia de Brasil, luego del golpe institucional que destituyó en 2016 a la entonces presidenta Dilma Rousseff, y de Mauricio Macri, en Argentina, a fines de 2015.

Las señales enviadas por el gobierno de México empezaron el pasado 18 de diciembre, con una llamada telefónica de Ebrard a Araujo, informando que López Obrador solicitaba la contribución brasileña para recuperar el espacio perdido por la Celac.

Sus argumentos, sin embargo, no han sido suficientes para hacer que Bolsonaro acepte colaborar.

Brasil ya había se ausentado de todas las actividades del grupo de 33 países el año pasado, cuando la presidencia temporal de la Celac estaba en manos del entonces presidente boliviano, Evo Morales.

Acorde con la nota oficial emitida, «Brasil no considera que estén dadas las condiciones para la actuación de la Celac en el actual contexto de crisis regional». Además, se informa que «cualquier documento, agenda o propuesta de trabajo que se adopte durante la reunión ministerial [bajo la presidencia rotatoria de López Obrador] no se aplica a Brasil».

Creada en 2010, último año de Lula da Silva en la presidencia brasileña, la Celac trajo –entre sus propuestas iniciales– buscar implantar acciones conjuntas de combate a la desigualdad social, integración regional, cooperación mutua.

También se consideró que era una posibilidad de actuar de manera independiente de Estados Unidos frente a eventuales crisis regionales internas, al contrario de lo que ocurre en la Organización de Estados Americanos (OEA).

A lo largo de los últimos tres años, sin embargo, la llegada de gobiernos derechistas en varios países de la región hizo que la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe perdiese, poco a poco, peso e importancia.

La llegada del peronista Alberto Fernández a la presidencia de Argentina podrá contribuir para la misión que se propuso López Obrador, una vez que su antecesor Mauricio Macri actuó para la debilitar a la agrupación regional. La ausencia brasileña, sin embargo, disminuye de manera sensible esa posibilidad.

En Brasil, veteranos diplomáticos criticaron el radicalismo de la decisión de Jair Bolsonaro y también los términos del comunicado enviado al gobierno mexicano. Dicen que el país podría mantener una participación de perfil bajo, pero sin suspender su integración en la Celac.

Además, advierten que, al negarse duramente a atender a pedidos del mandatario mexicano, Bolsonaro incurrió en el riesgo de crear un ambiente de malestar innecesario.

También destacan que las razones expuestas –los escasos efectos prácticos de la articulación de la Celac– ocultan el verdadero motivo de la iniciativa: realzar una vez más su total alineación con ­Washington, y dejar clara su crítica al organismo regional que cuenta con Venezuela, Nicaragua y Cuba.

La Jornada, México

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