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Datos curiosos de la historia de Buenos Aires
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Primera fundación de Buenos Aires, sus verdades y sus mentiras

Por Martín A. Cagliani

En enero de 1536 llega al Río de la Plata una fuerte expedición de 1500 hombres y unas pocas mujeres. Esta expedición española venia a fundar una población y a conquistar la zona del plata, tenían la intención de encontrar las tierras del mítico Rey Blanco y la legendaria Sierra de la Plata, que tanto había comentado Caboto a la vuelta de su viaje por estos pagorn no les interesaba tanto era el de obstaculizar la expansión portuguesa
La expedición estaba al mando de don Pedro de Mendoza, el pobre tenia una sífilis bastante avanzada. Desde la Banda Oriental envía cinco pilotos para reconocer y estudiar la otra orilla, la nuestra, el mejor lugar para fundar una población en caso de ataque portugués, ya que tendrían que cruzar el río. En el lugar elegido fundaron un fuerte, con un cerco de barro que según Ulrico Schmidl (soldado de la expedición) había que reconstruirlo cada mañana.

Trabaron relación con los indígenas. Al principio buenas, pero mas tarde los querandíes se cansaron de las exigencias de los españoles, los cuales pretendían que les llevasen comida todos los días. Luego de una emboscada de los querandíes, los españoles devolvieron la matanza en la batalla de San Juan, donde murieron muchos y a la cual siguió el sitio de Buenos Aires por los querandíes. Esto creo dificultad en conseguir alimentos, de los cuales estaban escasos. Los conquistadores pasaron mucho hambre, hasta el punto de comerse los zapatos y llegando a comerse los cuerpos de los muertos. Unos soldados fueron ahorcados por matar y comer un caballo, a la mañana siguiente les faltaban las piernas, que muchos habitantes de la ilustre población se llevaron a sus chocitas con techo de paja y paredes de barro. El asedio concluyo, pero no por que los españoles vencieran, el único vencedor fue el hambre, que ataco también a los querandíes los cuales abandonaron la presa. Esto le dio un respiro a Buenos Aires, pudieron comenzar conseguir alimentos. Don Pedro sintiéndose morir, según cuentan en las noches se quejaba sin parar, se embarca hacia España, pero no llegara ya que muere en el camino. El 23 de junio de 1537 es arrojado al mar.

Video documental para descargar "Buenos Aires 1924", de Fernando Valle


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uente: ARCOIRIS TV, duración: 10 minutos
Cortesía de Roberto Di Chiara
En blanco y negro, una panorámica sobre la ciudad de entonces. Película filmada para ser entregado como obsequio al príncipe de Gales, de visita en Argentina.

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Mientras pasaba todo esto se había fundado una ciudad al norte en la cual había abundancia de alimentos proporcionados por los guaraníes. La ciudad era la actual Asunción. Buenos Aires no tenia mucho porvenir. El veedor Alonso Cabrera, que según algunos estaba loco, ordenó despoblar Buenos Aires y mudar a sus habitantes a Asunción. Esto ocurría en 1541. Los habitantes de Buenos Aires se resistieron a hacerlo, ya que habían podido sembrar y no les iba mal. Domingo Martínez de Irala, el ejecutor de la orden, fue implacable. Quemó la fortaleza (un barco encallado que hacia de tal), la iglesia y las pocas casas que había. Para que los navegantes supiesen adonde se habían mudado los pobladores, Irala hizo levantar unos mástiles con cartas dentro de calabazas. En estas cartas indicaba lo que había sucedido, donde estaban y como llegar.

Hasta acá lo seguro. Pero ¿En qué fecha se fundó Buenos Aires? ¿Cómo y porque se la llamo Buenos Aires? Y finalmente ¿Dónde fundó Mendoza la población?

La Comisión Oficial de 1936, en conmemoración del cuarto centenario de la fundación, llego a un acuerdo en torno a la fecha y el lugar de fundación: el 2 de febrero de 1526 en el actual Parque Lezama. Pero la polémica existía entonces y sigue hoy con los diversos historiadores.

Durante mucho tiempo se creyó que la fundación había ocurrido el 4 de febrero de 1535, esa es la fecha que da Urico Schmidl en su Viaje al Río de la Plata. Eduardo Madero descubrió que no podía ser, porque en ese año don Pedro de Mendoza estaba en España. A parte los alemanes usaban en ese momento un calendario diferente; era en realidad 1536. Le sigue la duda del mes y del día. ¿Enero o febrero? Se coincidió en febrero. Pero el día era el 2, 3, 4 o 5. Algunos abogan por el 2, otros por el 3 y otros por el 4, son los únicos que siguen en pie. Se fijó oficialmente el 2 de febrero de 1536, porque es el día de nuestra señora de La Candelaria, que es también nuestra señora del Buen Aire, de donde vendría el nombre de la ciudad. Esto nos lleva a la polémica con el nombre.

El nombre de nuestra ciudad, para algunos, se debe al culto a la Virgen del Buen Aires, basados en el poema La Argentina, que escribió Ruy Díaz de Guzmán en 1612. Según esta escuela el nombre provendría del día de su fundación y de la devoción de Mendoza hacia la Virgen del Buen Aire. El dos de febrero es efectivamente el día de nuestra señora del Buen Aire. Otra teoría, o leyenda, dice que el nombre vendría de la exclamación que hace Sancho del Campo al desembarcar: "Que buenos aires son los de este suelo". El historiador Armando Alonso Piñeiro habla de la existencia de "un documento anterior en un cuarto de siglo al gran poema hispano-criollo". Es una memoria escrita por el portugués Lope Vázquez Pestaña, el primer viajero que visitó Buenos Aires, en 1587, y quien dejó dicho que el nombre se dio "por la frescura del aire y la excelente salud de que gozaron sus hombres durante la estadía en el lugar".

La polémica también se centra en el lugar exacto de la fundación y donde se levanto la ciudad. Ateniéndose a la realidad esta no fue la fundación de una ciudad, sino de un poblado o un fuerte. Para tener categoría de ciudad debía contar, según las leyes españolas, con cabildo, cosa que no tenia y no tubo hasta la segunda fundación de 1580.

Como se dijo esta la posición oficial, que establece como lugar de emplazamiento el actual Parque Lezama, por ser un lugar alto. Las instrucciones reales de 1523, dirigidas a los conquistadores, ordenaban que las poblaciones deberían asentarse "en sitios sanos y no anegadizos". Según Rómulo Zabala y Enrique de Gandía el lugar seria unas cuadras al norte del Parque Lezama. El historiador Armando Alonso Piñeiro precisa la ubicación en las calles Humberto I y Defensa, y el geólogo Marcelo Yrigoyen en Brasil y Bolívar. Otros dicen que fue en el bajo del Riachuelo, en la actual Vuelta de Obligado. Guillermo Furlong expuso en 1973 que estaba a cuatro leguas del Río de la Plata, concretamente "a la altura del puente Uriburu, donde nace la avenida Sáenz", donde se encuentra el Parque Patricios. Otra teoría dice que fue en Escobar ¿Qué? Sí en Escobar. Federico Kirbus parte del un episodio famoso: el combate de Corpus Christi con los indígenas, durante el cual el capitán Diego Luján fue herido de muerte y su caballo lo llevó moribundo hasta las orillas del río que lleva su nombre. Es poco verosímil que un caballo recorra 70 kilómetros, vadeando arroyos, ríos y esteros para llegar a destino, Kirbus argumenta que la ciudad de Mendoza estaría mucho mas cerca del Luján que la de Garay. Debido al crecimiento del delta a través de los años, el calculo que hizo lo llevo a ubicarla en Escobar. Pablo O. Lanne defendió una teoría parecida, pero puso a la ciudad en Ingeniero Maschwitz.

Así y todo la teoría mas aceptada y lógica seria la de la fundación en algún lugar de la meseta en la cual se levanta la actual Buenos Aires. Parque Lezama se encuentra uno de los extremos de la meseta. El ingles Carlos Roberts ubica la ciudad en el otro extremo de la meseta, en Retiro, mas exactamente en la Plaza San Martín. Ya que según él la "media legua arriba" que citan los cronistas seria aguas arriba no del Riachuelo sino del Río de la Plata desde el Riachuelo.

Según parece, la ubicación exacta de la fundación de Pedro de Mendoza seguirá siendo un misterio. Mientras no se realicen estudios arqueológicos que den un poco de luz sobre el tema, no se sabrá dónde fue, ya que todos son hipótesis, ninguna se basa en restos arqueológicos.

Como alguien dijo esta ciudad bien merece el calificativo de Misteriosa que le diera Manuel Mujica Láines.

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Una batalla naval ganada por la caballería

[Artículo remitido por Leonardo Castagnino]

En la invasión inglesa a Buenos Aires de 1806, fueron gauchos los que, con más denuedo que organización disciplinada, intentaron oponer sus recursos de paisanos a los aguerridos batallones de la Rubia Albión.
Son los tiempos en que la acción libertadora conocida como la Reconquista se encuentra en su fase final. Esta se había iniciado con el desembarco de las fuerzas patriotas provenientes de la Banda Oriental (Uruguay), comandadas por el capitán de navío Santiago de Liniers (1753-1810), el 4 de agosto en Las Conchas (hoy puerto de Tigre), y había continuado con la toma del baluarte inglés del Retiro, en el extremo norte de la dudad, durante la madrugada del 11 de agosto.
Al anochecer de esa misma jornada, mientras los ingleses montan nerviosa guardia en el centro de Buenos Aires, las tropas de Liniers se desplazan silenciosamente hacia ellos desde el Retiro. En el transcurso del avance comienza la incorporación masiva y entusiasta de la población de la capital a la fuerza reconquistadora. Centenares de hombres y niños se pliegan a las filas de Liniers, reclamando armas para participar en la lucha. Los cañones son arrastrados a pulso, a través del barro, por cuadrillas de muchachos, hecho que permite a Liniers alcanzar su objetivo en la madrugada del 12 de agosto.
El cronista y capitán inglés Alexander Guillespie, testigo presencial de aquellos sucesos, en su libro Gleanings and Remarks (Apuntes y Observaciones), publicado en Londres en 1818, especie de diario personal, cuya traducción apareció en la Argentina en 1921 bajo el título de Buenos Aires y el Interior — reeditada luego por la colección Biblioteca Argentina de Historia y Política (volumen 22), Hyspamérica, Buenos Aires, 1986—, testimonia el miedo y el desprecio de los invasores anglosajones hacia las clases bajas de Buenos Aires y su particular forma de encarar el combate:
“Durante la noche del 11 un ladrar constante de perros se oyó en dirección al Retiro y su vecindad, que indicaba algunos movimientos extraordinarios. El alba del 12 nos mostró las iglesias y casas llenas de gente, que solamente esperaba la aproximación de Liniers para cooperar en el alzamiento general... Con mi anteojo podía percibir el clero inferior particularmente activo en manejar sus armas y dirigir las tropas que tenían abajo... Nuestra última resistencia se hizo a las once, en la plaza del Mercado, donde el valiente regimiento 71 se formó con cañones en cada flanco y uno en el centro... Como finta para atraer al enemigo, tan inmensamente superior, el 71 retrocedió, pero sin su deseada consecuencia. Nada podía decidirlo a la lucha abierta con todo su número. Cada minuto disminuía el nuestro, y la humanidad exigía que hombres tan valientes no se expusieran como blanco a la puntería de una multitud sanguinaria aunque cobarde. (pág.80)”
Amanecía recién en aquel día memorable de la reconquista. La noche anterior había llovido copiosamente, soplando luego un violento viento del oeste, que corrió hacia adentro al Río de la Plata. Desde las primeras horas de la mañana toda la ciudad está ya en rebelión. Desde las azoteas, balcones y campanarios se hace fuego de fusilería sobre las tropas inglesas. Por las calles que conducen a la Plaza Mayor (hoy Plaza de Mayo), avanzan en tropel las fuerzas de la insurrección envueltas en el humo de las explosiones y el retumbar de los disparos. Liniers, instalado con sus lugartenientes en el atrio de la iglesia de la Merced (ubicada en la esquina de las calles Tte. Gral. Perón y Reconquista), ha perdido el control de las operaciones: sus soldados, mezclados con el pueblo que pelea a mano desnuda, no escuchan ya las voces de los oficiales, y se lanzan en un solo impulso a aniquilar al invasor. Un diluvio de fuego se desata sobre las posiciones británicas en la plaza. Allí, al pie del arco central de la Recova, está Beresford, pálido y poco flemático, con su espada desenvainada, rodeado de los escoceses del 71. Esta es la última tentativa de resistencia de los europeos. Las descargas incesantes abren sangrientos claros en las filas británicas. A los pies de Beresford cae, ultimado de un balazo, su ayudante, el capitán Kennet. El general inglés comprende que ya no es posible continuar la lucha, pues sus tropas serán aniquiladas hasta el último hombre. Ordena entonces la retirada hacia el Fuerte (hoy Casa Rosada). Allí, momentos más tarde, iza la bandera de parlamento. Volcándose como un aluvión en la plaza, los soldados y el pueblo llegan hasta los fosos de la fortaleza, dispuestos a continuar la lucha y exterminar a cuchillo a los británicos. En esas circunstancias arriba Hilarión de la Quintana, enviado por Liniers a negociar la rendición. Esta deberá ser incondicional. La muchedumbre, terriblemente enardecida es a duras penas contenida. Se exige a gritos que Beresford arroje la espada. Un capitán británico lanza entonces la suya, en un intento por calmar a la multitud. Pero eso no conforma a las masas, y Beresford debe aceptar, aun antes de que sus soldados hayan depuesto las armas, que una bandera española sea enarbolada sobre la cima del baluarte. A las 3 de la tarde del 12 de agosto de 1806, el pequeño ejército inglés, reducido ahora a menos de mil mosquetes (en las playas de Quilmes, el 25 de junio, había desembarcado un total de 1635), marchó hacía el Cabildo, en la Plaza Mayor entre dos filas de milicianos criollos, donde hubo de rendir sus banderas, estrellando muchos de los vencidos sus armas contra el suelo, frustrados e indignados por haber sido derrotados por aquellos “andrajosos”... “plebe frenética, que parecía asumir para sí el poder soberano...”, como cita el cronista Guillespie.
En esos mismos gloriosos instantes en que la Patria nacía acunada entre ponchos y chiripás, por los arrabales septentrionales de la urbe —que por entonces contaba con unos 471 mii habitantes— entraba un gallardo y joven jinete con el pingo al galope tendido. Por su poncho colorado mostraba que era un gaucho salteño. Era el alférez Martín Miguel de Güemes del Regimiento “Fixo” de Buenos Aires. El gaucho Güemes que tenía 21 años por entonces, venía galopando desde la madrugada del día anterior, por el camino de postas, proveniente de La Candelaria, paraje situado a 79 leguas (395 kilómetros) de Buenos Aires. Traía un despacho del virrey Sobremonte a Liniers, cumpliendo tamaña hazaña en menos de treinta horas. Esto que en la actualidad parece una quimera, en aquellos tiempos era sólo una cuestión de “tener lo que hay que tener” y “cinchar duro y parejo” como buen paisano (ver Luis Güernes, Giiemes Documentado, Editorial Plus Ultra, Buenos Aires, 1979, vol. 1, págs 64-71).
Al presentarse ante el héroe de la Reconquista, de quien era el edecán y su principal ayudante, apenas pudo tomar un breve respiro. Una nueva y difícil misión le aguardaba, como ahora veremos.
Por el lado del río ocurrieron algunos hechos extraordinarios ese famoso 12 de agosto. Los pocos barcos pequeños que les habían quedado a los británicos, después del temporal de la noche anterior, se acercaron al Retiro para tirar sobre ese punto y sobre todo el bajo, desde allí hasta el Fuerte. En las primeras horas de la tarde, las fuerzas criollas colocaron en batería a dos piezas de 18 libras, que pusieron fuera de combate a un pequeño barco inglés y a la sumaca La Belén de las españolas que el almirante Sir Home Riggs Popham (1762-1820) había capturado en el Riachuelo.
El Justina, un buque mercante artillado con 26 piezas y tripulado con más de cien soldados, oficiales y marineros, cuyo palo mesana había sido tronchado de un cañonazo el día anterior, había estado disparando casi toda la tarde sobre las fuerzas de la reconquista, no sólo por la ribera y sobre la Alameda (hoy avenida Leandro N. Alem), sino también en las diferentes calles que ocuparon, expuestas a su fuego. Desconociendo los secretos de la navegación en el río, quedó varado por una súbita bajante a unos 400 metros de las barrancas de la Plaza de Toros en el Retiro (hoy Plaza San Martín), lo que fue advertido por los centinelas de la batería Abascal emplazada en las cercanías donde actualmente se halla el monumento ecuestre en honor al Padre de la Patria.
El eminente tradicionalista argentino Pastor Servando Obligado (1841-1924) publicó en el diario La Razón del 12 de agosto de 1920 (asequible en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional) un artículo intitulado Güemes en Buenos Aires. Transcribimos enseguida parte de dicho artículo, porque el autor da como protagonista del episodio del “Justina” al futuro general Güemes:
Antes de ser general fue soldado, como ante todo, salteño, y sobre todo, patriota de nacimiento. Afiló la espada que había de sablear chapetones hasta la más lejana frontera en piedras de estas calles, ensayando las memorables cargas de su renombre por sierras y montañas, en la playa del Plata, cuya bajante dejó en seco al buque de guerra inglés, cooperando a su abordaje... Luego, más adelante, se refiere al instante en que Liniers envía a su edecán hacia el Retiro con un parte de guerra:
“Ud., que siempre anda bien montado; galope por la orilla de la Alameda, que ha de encontrar a Pueyrredón, acampado a la altura de la batería Abascal, y comuníquele orden de avanzar soldados de caballería por la playa, hasta la mayor aproximación de aquel barco, que resta cortado de la escuadra en fuga...” (Es de advertir que esta orden sólo era de aproximarse al buque, sin referencia a su abordaje). Menos tardó el ayudante Güemes en recibir la orden que en transmitirla, como los gauchos de Pueyrredón, ganosos porque no se le escapara la presa en salir al galope tendido por la playa”.
Pueyrredón al recibir el despacho puso inmediatamente bajo el mando de Güemes la única tropa montada de que disponía, no más de 30 gauchos armados con lanzas, boleadoras, facones, sables y algunas tercerolas. Estos no trepidan en descender la empinada barranca y zambullirse en el brumoso río. Con sus caballos metidos en el agua hasta los ijares, se lanzan intrépidos tacuara en mano en una carga asombrosa, pocas veces registrada en la historia militar: el abordaje a caballo de un buque de guerra de la marina más poderosa del mundo de aquel entonces. Los bravos paisanos alentados por el alférez salteño asaltan la nave agresora y rinden a su tripulación luego de breve y reñido combate. Los británicos abordados, muchos de ellos artilleros y tiradores excelentes, habían sido doblegados por el estupor de ver surgir repentinamente esos centauros marinos emponchados que los acometían y trepaban sobre sus amuras con una vehemencia inaudita. Por algo dijo el escritor y poeta argentino Arturo Capdevila (1889-1967), que en Güemes “puede haber un abencerraje escondido en su corpachón atlético” (La Prensa, 8/4/62).
En la actualidad esas aguas cruzadas por gauchos a caballo capitaneados por Güemes, ya no son más aguas. El lugar que cubrían ha sido ganado al río. Es tierra firme y, en ese punto geográfico en que el prócer conquistó un trofeo, hoy se encuentra la Plaza Fuerza Aérea Argentina.
El heroico episodio de la toma del “Justina”, prácticamente ignorado por la enseñanza oficial, ha sido acreditado por numerosos historiadores de reconocido prestigio.
La estrepitosa derrota de las fuerzas invasoras inglesas por la acción popular de Buenos Aires en 1806 marca el nacimiento de la conciencia nacional argentina, la cual daría lugar al sentimiento de independencia del yugo español. Era la primera efusión de una patria que nacía en los corazones: integración soberbia y generosa de las esencias indígenas, africanas e hispanomusulmanas, sueño de redención de las masas humildes y sufridas que preferían morir en la ley rústica de sus orígenes antes que prosperar en la ley postiza de los invasores europeos. Por eso el jefe de la también frustrada invasión de 1807 (compuesta por la considerable fuerza de once mil británicos), teniente general John Whitelocke, tuvo de inmediato la sensación de que la “Pax Británica” no podría imponerse a los pueblos indohispanoamericanos; y le escribía al almirante George Murray: “De algo puede Ud. estar seguro, y ello es que Sud América nunca podrá pertenecer a los ingleses”. Asimismo, el teniente coronel Lancellot Holland, que fue apresado junto con el general Craufurd y los coroneles Pack y Guard en el glorioso convento de Santo Domingo durante la invasión de 1807, acusa en sus memorias la humillación sufrida a manos de las fuerzas argentinas: “Se nos ordenó salir desarmados. Fue un momento amargo para todos nosotros: los soldados tenían los ojos llenos de lágrimas. Se nos hizo marchar a través de la ciudad hasta el Fuerte. Nada podía haber sido más mortificante que nuestro paso por las calles en medio de la chusma que nos había vencido. Eran individuos de piel muy morena, cubiertos de harapos, armados con mosquetes largos y algunos con espadas” (Lancellot Holland, Expedición al Río de la Plata, Eudeba, Buenos Aires, 1976, págs. 122-123).
Esta malquerencia causada por la derrota y los desengaños sufridos se reflejarían en la literatura británica. Al escritor escocés Sir Walter Scott (1771-1832), famoso autor de novelas históricas como lvanhoe y Quentin Durward, el despecho y la deshonra de las armas inglesas le arrancaron estas palabras cargadas de rencor y desaliento:
Las vastas llanuras de Buenos Aires—dice— no están pobladas sino por cristianos salvajes, conocidos bajo el nombre de “huachos” (por decir “gauchos”), cuyo principal mobiliario son los cráneos de caballos, cuya única comida es la carne cruda con agua, cuya única ocupación es apresar ganado cimarrón y cuya principal diversión es montar un caballo hasta reventarlo. Lamentablemente —añade el “romántico civilizador”— prefirieron su independencia nacional a nuestros algodones y muselinas (Vida de Napoleón Bonaparte; tomo II, Cap. 1).
Pero, ¿quienes eran y de dónde venían esos terribles gauchos que poblaban la pampa infinita e indómita y que tantos reveses y amarguras habían hecho padecer a los súbditos de la raposa Inglaterra?

Fuente: www.cstg.com.ar


Curiosidades del Primer Gobierno Patrio Argentino

Por Martín A. Cagliani

Tres de los nueve miembros de la Primera Junta no hablan nacido dentro de los limites actuales de la Argentina. Cornelio Judas Tadeo Saavedra nació en Hacienda de la Fombera, hoy Bolivia. Domingo Matheu y Juan Larrea eran españoles, de Cataluña.
El miembro más joven de la Primera Junta era Larrea (23). El más viejo, Miguel de Azcuénaga (55). La edad promedio del cuerpo, en 1810, era de 43 años.
En 1795, el inventario de mercaderías de una tienda porteña daba cuenta de que había allí 27 paraguas de hule, que se vendían a 4 reales cada uno.
Por lo tanto, resulta verosímil la tradicional -pero controvertida imagen que muestra a los vecinos de la ciudad protegiéndose con paraguas, frente al Cabildo, aquel inclemente viernes de hace 185 años.

El vocal Manuel Belgrano (39) era abogado y había ingresado en 1807 en el Regimiento de Patricios con el rango de sargento mayor. Domingo French (36) se había desempeñado como cartero antes de iniciar la carrera militar. La Primera Junta le otorgó el grado de coronel.
Muchas familias criollas bautizaron a sus hijos con nombres alusivos a la gesta revolucionaria. Un padre llamó a su flamante primogénito Primo Patricio Liberato.
El sábado 26 de mayo de 1810, los porteños tuvieron en sus manos el primer documento patrio -la proclama de la Junta Provisional Gubernativa-, editado en la Real Imprenta de los Niños Expósitos. Empezaba así: Tenéis ya establecida la Autoridad que remueve la incertidumbre de las opiniones y calma todos los recelos...
La construcción del Cabildo, tal como lo conocieron aquellos patriotas, se realizó entre los años 1725 y 1764. El edificio sufrió modificaciones en 1861,1880, 1889, 1931 y 1940.

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Historia del obelisco

Por Martín A. Cagliani

En 1936, las cuadrillas municipales ya habían abierto un gigantesco hueco en pleno Buenos Aires por donde pasaría la avenida 9 de Julio, "la más ancha del mundo". En el medio de ese claro que había dado por tierra con viejos cafetines y teatros de varieté, en el cruce con la avenida Corrientes, se construyó la Plaza de la República. Y allí, como un gran mojón que cortaba a Corrientes, que ya habla dejado de ser angosta, se levantó el Obelisco.

Fue el homenaje de Buenos Aires al Cuarto Centenario de su Primera Fundación y representaba el espíritu progresista de una época. Por entonces, el intendente era Mariano de Vedia y Mitre, a la vez que ejercía la Presidencia de la República el General Agustín P. Justo. Lo diseñó el arquitecto Alberto Prebisch y lo construyó la empresa Siemens Bauunion en el tiempo récord de cuatro semanas, debiendo salvar las dificultades que significaban los túneles del subterráneo mediante la construcción de bóvedas en su fundamento.
Como símbolo, recuerda a aquel precario y grueso madero sobre el cual juró apoyando su espada Don Pedro de Mendoza en 1536. Fue emplazado en el sitio exacto donde flameó por primera vez en la ciudad la Bandera Nacional (la torre de la iglesia de San Nicolás, el 23 de agosto de 1812), y se inauguró formalmente el 23 de mayo de 1936 a las 3 de la tarde.

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De ayer a hoy

¡¡¡Qué te hicieron obelisco!!! - Diciembre 2005: el obelisco con profiláctico, en el día mundial de la lucha contra el SIDA

Historia del Riachuelo

Por Martín A. Cagliani

Río Pequeño, Río de los Querandíes, Río Chuelo, Río de Buenos Aires; son algunos de los nombres que recibió a lo largo de su historia nuestro actual Riachuelo. Río de curso vueltero que desemboca en el Río de la Plata tras recorrer 80 km desde su naciente. Su fluir comienza en el partido de Las Heras, provincia de Buenos Aires, donde los arroyos Castro y Cobey se unen para formar, en el Paso de la Horqueta, el río Matanza, este cambia de nombre a la altura del puente La Noria, siguiendo su curso como Riachuelo. Actualmente hay potentes fábricas instaladas en las orillas del Riachuelo. Una pobre ministra intento, sin mucha gana, limpiarlo en 1000 días de todos los residuos y contaminantes que viene recibiendo a lo largo de cientos de años, pero el negro Riachuelo se rió a carcajadas de este pobre intento.
Recién en épocas recientes el Riachuelo toma un curso parecido al actual, y muchos de los arroyos que vertían sus aguas en él se fueron cegando o desapareciendo como consecuencia de la rectificación de este río.
Para el año en que se asentaron los primeros europeos cerca de sus márgenes, en 1536, el Riachuelo tenia una fauna y flora diferente de la actual. Era un valle pantanoso, desolado y triste. Se desbordaba con frecuencia, creando lagunas y pantanos. La zona del Riachuelo era inundable por añadidura. Sus alrededores eran húmedos, poseían pastizales abundantes, vegetación tupida y variada. En su ribera se daban cita los bosquecillos de sarandíes negros, ceibos, blanquillos, gruesas matas de penachos blancos. En los bajos predominaban los juncos y flotaban los camalotes. Su valle estaba invadido por pajonales de paja brava, también había duraznillos blancos. Como se dijo el suelo del valle era sumamente anegadizo, y en él predominaban las gramíneas.
En sus barrancas y orillas, que tenían un alto de entre 8 y 20 metros, había matorrales de calafate, ñapindá, cactus, flor de seda y mata ojos. En lo alto había bosques pequeños de espinillos, porotillos, acacias, zarza mora, zarzaparrilla falsa, sombra de toro, etc. En las orillas aparece con alta frecuencia el sauce colorado, no el llorón que llegaría a la zona hacia 1810 de la mano del hombre.
En la meseta había agrupaciones de árboles con desarrollo más troncal. Se daban los algarrobos, talas, espinillos, chañares, coronillos negros, ceibos y de trecho en trecho, un ombú. También se daba el cardo, así llamado por los primeros españoles en llegar a la zona, pero en realidad era la "zanahoria de campo", vegetal comestible.
La fauna de la región era abundante y variada. Había sapos, ranas, culebras, víboras e insectos en abundancia. De estos últimos podemos enumerar a los alacranes, grillos, cucarachas (infaltables y eternas) gorgojos, polillas, los incansables y molestos tábanos y mosquitos, moscardones, moscas, gusanos, hormigas. Se daba cita también la insaciable langosta, las mariposas, garrapatas, etc. El cronista Félix de Azara se cansa de describir los diferentes insectos que poblaban la región. La fauna grande estaba caracterizada por el venado, el yaguareté, que aparece como puma o pantera en numerosas crónicas, también estaba la nutria, según Azara también había cuatrocientas cuarenta especies de pájaros. También volaban por la zona los murciélagos. En las lagunas se podían encontrar cigüeñas y flamencos. Teros, chajá, martinetas, así como peludo y cuises poblaban los llanos. El ñandú corría tranquilo por la meseta, solo siendo molestado por los indígenas. Los peces también abundaban a lo largo del curso del Riachuelo. Habían mandubíes, pejerreyes, patíes, bogas y algún que otro dorado.
La descrita más arriba fue la flora y fauna que encontraron los españoles al llegar al Riachuelo, esta fue cambiando al mismo tiempo y de la misma forma que su vecina Buenos Aires.
Como se dijo, los españoles al llegar a las orillas del Riachuelo no solo encontraron flora y fauna, sino que se encontraron con seres humanos. ¿Quiénes eran estos hombres?
Los habitantes de las zonas aledañas al Riachuelo eran los querandíes. Este era un pueblo de cazadores y pescadores, cazaban venados y ñandúes con boleadoras, también pescaban a orillas de los ríos y lagunas. Al principio se llevaron bien con los españoles, hasta les dieron de comer. Pero los españoles tenían que exigir más, el enfrentamiento no tardo en llegar y con el paso de los años los querandíes se fueron extinguiendo o emigraron hacia las pampas.
Los primeros europeos en asentarse en las cercanías del Riachuelo fueron los españoles. Llegaron en una expedición al mando de Pedro de Mendoza en 1536. El puerto elegido estaba en una especie de brazo norte del Riachuelo actual. En esa época el Riachuelo tenia una desembocadura con dos bocas, en forma de delta. Una de las bocas era profunda, al norte, era un canal que continuaba el río entre la costa firme y una isla paralela, llamada del Pozo, y la otra boca era innavegable, pero más tarde se convertiría en una entrada natural cuando la norte se cegó, ahora dragada es el acceso sur del puerto Buenos Aires. La isla del Pozo se extendía desde la boca este del Riachuelo hasta Retiro, desaparecería en el siglo XIX. En el brazo norte había un fondeadero limpio y profundo que fue llamado de variadas formas por los españoles, desde Río Pequeño hasta Riachuelo de los Navíos, luego extensivo a todo el curso del río. Las embarcaciones que fondeaban ahí eran protegidas de la marejada del río y los fuertes vientos, porque la isla los tapaba. En ese fondeadero entraron las 14 naves de la expedición española de 1536. También había agua potable, ya que era limpiado constantemente por las fuerzas naturales. Ninguna de las 14 naves pudo surcar el curso del Riachuelo, ya que la barra de la entrada y su poca profundidad lo impedían.
Estos españoles fueron los que fundaron el fuerte y puerto de Buenos Aires en 1536, este ultimo seria abandonado en 1541 y vuelto a poblar en 1580.
Durante un período largo, el territorio sur del Riachuelo permaneció como desconocido y sin poblarse. En forma lenta se fue poblando esta zona sur, amenazada por la indiada, pero fértil. El primer asentamiento español a orillas del Riachuelo se construyó en el gobierno de Hernandarias en 1607. Fue un fuerte denominado Guardia del Riachuelo, construido por las frecuentes amenazas e incursiones de corsarios. Ya había una fortificación anterior pero como se probó durante una incursión corsaria a principios de 1607, no servia.
En un principio, el Riachuelo era solo un obstáculo para la gente del lugar. Había mucho transito de una a otra orilla, la mayoría eran carretas con mercaderías provenientes del norte y oeste, pero también del sur. Cuando había que cruzarlo se utilizaban balsas o canoas, o se lo hacía por los vados o pasos que había en diferentes lugares. El Camino al Paso Chico (actual Av. Alcorta), conducía a los pasos Chico, de Burgos, Días Vélez y de la Noria, este ultimo uno de los mas conocidos, antes se llamaba Paso de Zamora. Por este mismo pasaron una parte de las tropas inglesas en la Segunda Invasión de 1807. Cruzar este río exigía atravesar extensos bajos y zonas anegadizas que bordeaban las márgenes del Riachuelo, casi siempre inundadas.
El más famoso de los pasos fue el de Burgos. Era el mas utilizado porque estaba ubicado en el camino más directo a la ciudad y también porque no se inundaba con las frecuentes crecidas del río. Se llegaba a él a través del "Camino al Paso Chico y demás pasos", actual Av. Amancio Alcorta. Se le conoció con el nombre de Burgos desde comienzos del siglo XVII. Hay diferentes posturas refereridas al porque de su nombre, una dice que era porque muy cerca un escribano llamado Francisco Pérez de Burgos tenia una chacra. La otra postura y mas aceptada popularmente adjudica la denominación a un botero de profesión llamado Burgos, que transportaba gente de una orilla a la otra.
El cruce en canoas era ejercido permanentemente por personas que se dedicaban a eso. Las había en los pasos de Pedro Salazar, en el de los Padres Batlemitas, en el de Burgos, en el Chico y en el Paso de la Capilla de los Remedios. Pero estos servicios solo los utilizaban los que no tenían ni caballo ni carreta, o todos cuando el río estaba crecido. Ya en 1653 el gobierno toma cartas en el asunto y reglamenta el paso con canoa, se dictamina que "se ponga una canoa para el pasaje de las personas", "poniéndola tomadas con dos cuerdas asidas de una banda y otra, para que en mejor comodidad puedan usar los que van y vienen sin riesgos de sus vidas". Este servicio se realizaba, teóricamente, personalmente, o sea que cada uno se cruzaba agarrado de la cuerda, pero en la practica la gente debía soportar a individuos que, sin autorización, cobraban por cruzarlo a uno. La primera se coloco en el paso de Pedro Salazar, llamado así por un vecino que tenia una chacra cerca del paso. A partir de entonces se le llamó Paso de la Canoa, fue en este lugar donde se levanto el primer puente del Riachuelo. El 1º de diciembre de 1799 se inauguró el primer puente sobre el Riachuelo. Se disidió levantarlo sobre el paso de la Canoa en el Camino Real al Sud, actuales calles Montes de Oca en Capital y Ameghino, en Avellaneda. Lo construyó el vecino Juan Gutiérrez Gálvez, al cual le fue adjudicado por licitación. El tal Gálvez no era ingeniero, pero conocía las artes de la construcción. En un principio se pensaba construirlo de piedra, cal y ladrillo, pero a causa de la escasez de materiales y mano de obra calificada, el puente se construyó de madera. El Cabildo tubo problemas con Gálvez porque este puso maderos de menor espesor al estipulado, pero todo siguió igual. El puente se dio en concesión a Gutiérrez Gálvez, que lo explotaría por 5 años, se encargaría de su mantenimiento, y cobraría un peaje para el mismo. El peaje era de dos reales la carreta cargada, y un real por coche, calesa o carretón. Se le daba tarifa preferencial a los indios, mulatos y negros, que abonaban la mitad.
Este puente tuvo muchos nombres, en un principio se llamo de Gálvez, luego de Madera, de Barracas, y en la época de Rosas se lo pintó de rojo punzó y se le llamó Puente de la Restauración de las Leyes. Fue reconstruido varias veces, en 1806 cuando los ingleses avanzaban sobre Buenos Aires se lo incendio para que no pudiesen cruzar, igual se las ingeniaron atando varias embarcaciones de un lado a otro del Riachuelo. El 23 de diciembre siguiente, echados los invasores, se habilitaba nuevamente. El puente deja de funcionar en 1858, tras una caudalosísima avenida del Riachuelo que socavó los pilares del puente. Casi apenas destruido el puente anterior, se construye uno nuevo en el lugar, de calzada más ancha y pilares más resistentes. Algunos años después fue reemplazado por el puente Pueyrredón.
En 1800 se construyó el primer muelle por obra de Lucas Castañeda, quedo de 35 metros de largo.
A fines de 1810, cuando Francisco Gurruchaga organizó la primera escuadrilla patriota, fue creada la maestranza o arsenal a orillas del Riachuelo, en la Vuelta de Rocha. Permaneció ahí hasta 1852.
Para 1855 había mucho trafico en el paso de Burgos, y un vecino de la zona, Enrique Ochoa, dueño de un saladero se ofreció a levantar un puente de mampostería sobre el paso, pagándolo él por completo. Fue habilitado en marzo de 1855. Estaba construido con técnicas de avanzada para la época. Se desvío el agua, se usaron bombas de achique, y muchas técnicas de ultima generación. Pero solo medio año después, una gran creciente arrasó con la estructura del puente. Ochoa, como buen empresario y, según imagino, debería ser bastante terco, levanto otro puente. Se lo encargo al ingeniero Carlos Pellegrini. Pero resultaron vanos los nuevos esfuerzos, la siguiente avenida de agua se llevo este nuevo puente también. Como se dijo antes, Ochoa no se iba a dar por vencido, así que encaro la construcción de un tercer puente en el mismo lugar. Los construyó con vigas de urunday, quebracho colorado y lapacho. Se inauguró en 1859 y lo nombró Puente Valentín Alsina, en honor al Dr. Alsina que recién renunciara a su cargo de gobernador de Buenos Aires; a pesar de haber invertido un montón de dinero y tiempo ni siquiera reclamo su nombre sobre el puente. En 1910, 51 años después, por su mal estado se lo remplazó por uno de hierro, que a su vez fue reemplazado por el actual, inaugurado el 26 de noviembre de 1938, pasándose a llamar Puente Teniente General Uriburu.
A causa de la creciente ocurrida en mayo de 1858, que arruino el puente Barracas (ex Gálvez), Prilidiano Pueyrredón, juntamente con Medrano, Panthou y Escribano se presentan al gobierno, ofreciéndose a construir un puente moderno, de hierro, y giratorio, para no obstruir el paso de los barcos, en el mismo lugar del de madera. El 17 de marzo de 1862 se les otorga la concesión. La proyección de puente era excelente, muy de avanzada para la época. Traen la estructura de hierro forjado desde Inglaterra. La obra por fin se termina en diciembre de 1867. El mismo día de la inauguración, mientras se lo prueba definitivamente, ocurre el desastre. Una imprevisión en el número de los pilotes hace fracasar el mecanismo, el brazo de palanca vence al pilar-pivote y se va todo al fondo del río. Mucho dinero perdieron los empresarios, así que firmaron un nuevo contrato para arreglar lo sucedido y construir un nuevo puente. El puente quedaría listo y funcionando en noviembre de 1871. El pobre Pueyrredón quedo muy perjudicado económicamente y su salud se agravo mucho, falleció en 1870, sin ver terminado su puente. En homenaje a este empecinado empresario al puente se lo denomino Puente Pueyrredón. El puente fue arrasado por la más grande inundación del Riachuelo, el 23 de septiembre de 1884. De inmediato se lo sustituyo por uno de madera. En 1903 se lo remplazo por uno con tramo central levadizo. Finalmente en 1931, fue inaugurado el que funciona actualmente.
Se construyeron muchos puentes más, llegando a la gran cantidad de puentes que hay hoy a lo largo del río Matanza y del Riachuelo.
Como se vio a lo largo de los párrafos anteriores, las inundaciones y crecidas del río eran muy corrientes, y muchas veces causaban grandes destrozos. En 1805, los días 5 y 6 de junio, se produjo una gran inundación. Durante dos días soplo un viento huracanado desde el sudeste produciendo una gran creciente del Río de la Plata y del Riachuelo. Esta creciente trajo consigo grandes inundaciones, destruyendo varios edificios. Se hundieron embarcaciones, se arruino el puente Gálvez, así como muchas casas de los alrededores. Lo más perjudicial, era la gran correntada que tiene y tuvo el Riachuelo, en condiciones normales no se nota, pero con un sudeste que no le permite desaguar correctamente en el Río de la Plata, produce grandes estragos. Las grandes lluvias traen consigo, como se podrá imaginar, una creciente fuerza en la corriente del Riachuelo, y esta arrasaba con todo a su paso.
Otro gran temporal se produjo el 18 de septiembre de 1816, que ocasionó la muerte de 7 personas, de las 75 que poblaban las márgenes del Riachuelo. Se perdieron embarcaciones y el puente Barracas (ex Gálvez) quedo inutilizado. Se dice en los partes de gobierno que las aguas habían cubierto media legua (aprox. 2500 m) a uno y otro lado del Riachuelo. Este desastre fue ocasionado por las grandes lluvias que se produjeron en la cuenca del Riachuelo. Eran muchos los arroyos y cañadas que vertían sus aguas en el Riachuelo, por esa época.
Los temporales se siguieron produciendo con mayor o menor intensidad. En 1820 una violenta sudestada, acompañada de la consiguiente inundación destruyo el muelle, un puente y 60 embarcaciones. En 1845 una fuerte creciente barre con las casas que estaban asentadas cerca de la costa, mas otros tantos destrozos. Ocurre otro desastre el 19 de marzo de 1866. En 1869 se produce otra crecida muy fuerte, durante dos días soplo un viento huracanado, derribando árboles y construcciones modestas. Seis meses después, el 14 de abril de 1870, otra gran inundación obligó a evacuar muchas viviendas. La última gran inundación del siglo se produce en 1884, comentada anteriormente, siendo esta la peor de todas. Todos estos problemas fueron solucionados en parte con el dragado del río, y con su rectificación, lo que permitió que no se sintieran tanto sus constantes crecientes.
El principal movimiento del Riachuelo se lo daba su puerto, pero también las innumerables industrias que se asentaron sobre sus orillas a lo largo de la historia. Desde la época de la colonia existieron muchos varaderos y astilleros en el Riachuelo. En 1865, existían 38 astilleros. En uno de ellos, perteneciente a Guillermo Sherman, se construyó un vapor de ruedas llamado "Lincoln", de 150 toneladas. Otro, el de José Badaracco e Hijos, fundado en 1857, treinta años después había construido más de 400 embarcaciones.
En estos años y anteriores, el Riachuelo solo podía ser cursado por embarcaciones pequeñas. Pero por obra del ingeniero Luis A. Huergo, se pudo abrir el río a embarcaciones de gran calado.
A la entrada del Riachuelo había un banco llamado la Barra del Riachuelo, muchas veces las embarcaciones tenían que esperar días a que creciese el río para poder pasarla. Por esta causa, el canal de entrada estaba obstruido, así que el gobierno llamó a licitación el 18 de mayo de1875, para canalizar y rectificar el Riachuelo. Se tenia que ensanchar y rectificar el río, abrir nuevas desembocaduras y canales, y construir nuevos muelles. Fue favorecido, entre muchos, el proyecto del ingeniero Huergo. Los trabajos se comenzaron el 9 de noviembre de 1876 con dos dragas y un vapor remolcador. Las obras continuaron muy bien encaminadas y con una mejora progresiva. En 1880 las obras siguieron con los muelles, empedrado de calles y demás obras que se fueron ejecutando a medida que se disponía de fondos. En 1883, el 25 de enero, entró un vapor atlántico al Riachuelo, lo que produjo mucha felicidad, al punto que se premio a Huergo con medallas. Huergo le dio una nueva desembocadura al Riachuelo, drago todo su curso inferior dándole una mayor profundidad, lo rectifico, y realizó muchas obras más que llevaron el progreso a la zona, creciendo esta, en importancia a través de los años.

Bibliografía relevante Azara, Felix. "Descripción e Historia del Paraguay y Río de la Plata". Bucich, Antonio J. "La boca del Riachuelo en la historia". Cardoso, Aníbal. "Buenos Aires en 1536". Conlazo, Daniel. "Los querandíes, un enigma histórico". Todo es Historia. Nº 140 Enero 1979. Eleta, Fermín. "La Armada de Don Pedro de Mendoza y el puerto y pueblo de Nuestra Señora de Buenos Aires. Nuevo Enfoque", Boletín del Centro Naval, vol LXXXV, Nº 670, enero-marzo 1967. "Memoria obras del Riachuelo 1884". Kirbus, Federico B. "Los pontífices del Riachuelo". Todo es Historia. Nº 225 Enero 1968. Pinasco, Eduardo H. "Biografía del Riachuelo".

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Costo de vida en Buenos Aires para 1790

Cómo vivían, se vestían, comían y transcurrían su vida cotidiana los habitantes de aquel Buenos Aires colonial defines del siglo XVIII, lo describe Andrés Carretero a través de un relato minucioso y documentado, ameno y esclarecedor.

Por Andrés M. Carretero

Contrariando la opinión general, la vida en la época colonial, en Buenos Aires y su campaña, no fue fácil ni barata.

Una casa de tres habitaciones, dependencias para el servicio y tres patios, ubicada en el barrio de Santo Domingo, no se podía adquirir por menos de cuatro mil quinientos a cinco mil
pesos, dependiendo de la calidad de los materiales empleados y si tenía terraza.

El amoblamiento de la misma superaba los dos mil quinientos y se acercaba mucho a los tres mil, o algo más si los muebles eran de jacarandá o nogal o fabricados en España o Francia y traídos por encargo.

Los cortinados, fundas de los muebles, espejos, almohadones y otros complementos representaban como mínimo los quinientos pesos, dependiendo de los géneros usados, pues había diferencias apreciables entre el damasco, la seda y el algodón posibles de utilizar en ellos.

En lo referente a la comida y la bebida, los gastos anuales eran tolerables, dado que el alimentos básico era la carne, tanto vacuna, como ovina o porcina, a la que se agregaban los animales domésticos, las aves de corral o los salvajes de la fauna menor. Pero en promedio se necesitaba, para una familia que podemos llamar tipo para la época, de cinco personas y otros tantos sirvientes, no menos de 8 ó 10 pesos diarios, que eran entre 250 y 300 mensuales, o sea, unos 1.100 al año.

Aunque parezca excesivo este gasto en comida y bebida, debe considerarse que el personal de servicio no cuidaba los utensilios utilizados y buena parte de los elementos usados eran tirados a la basura o dados a los perros y gatos de la casa o a los limosneros que a diario hacían sus recorridas por el polo urbano de la ciudad.

Respecto a estos mendicantes, hay relatos que indican a varios de ellos con sitios reservados en la Plaza Mayor, donde se dirigían, junto a su o sus perros, cuando habían logrado la cantidad de comida apetecida y, tirados en el suelo, daban entre todos cuenta de lo recogido.

Respecto a los gastos de comidas y bebidas, existía la recomendación de tener como plato principal, carne de vaca hervida, no asada, acompañada con mate o agua.

Una estimación promedio del costo de la batería de cocina era de cien pesos o algo más, siempre que predominaran las piezas de cobre, pues si se preferían las de plata, esa cantidad se multiplicaba por cuatro.

La cantidad de ropa blanca para las camas, como las toallas, insumía al año una suma estimada en cien pesos.

Un gasto nunca ajustado y siempre cambiante fue el correspondiente al calzado de las mujeres mayores, pues además de hacerse en cada casa los zapatos, para ahorrar una buena suma, esa confección casera resultaba ajustada al gusto estético de quien los llevaría, pero deficiente y, por ello, al año cada mujer necesitaba renovar el calzado entre cuatro y cinco veces.

A ello había que agregar que cada dueña de casa, como sus hijas en edad de casarse, necesitaban por lo menos tres tipos de calzado. Uno para entrecana, otro para salir de visita o compras y un tercero para las reuniones sociales, donde se bailaba.

Un gasto que era incontrolable e imposible de evitar era el ocasionado por el mal trato que los esclavos del servicio doméstico daban al menaje que no era metálico. Hay muchos inventarios de bienes, que indican ese menaje como averiado en mayor o menor proporción y son muchos los juegos de tazas, platos, copas o vasos incompletos o desportillados. Muchas de las piezas metálicas bronce, hierro o plata presentaban abolladuras y hasta rajaduras que afeaban el aspecto o imposibilitaban el uso. No eran raros en los inventarios los asideros o mangos defectuosos y hasta faltantes.

La cantidad de personal doméstico variaba de casa a casa, pero para la familia tipo mencionada, no era menos de cinco. El precio promedio de cada uno de ellos era de entre 200 y 300 pesos, dependiendo de la edad, tiempo de estada en la ciudad y habilidades. Su distribución en las tareas de la casa era más o menos fija. Este personal se componía de un cocinero para hacer las compras en el mercado y distribuir el menú diario en forma armónica y dentro del presupuesto disponible; una persona para acarrear el agua necesaria en la cocina y para fregar los utensilios usados; una tercera para paje y lacayo, que acompañaba a la señora de la casa al templo, a recorrer tiendas y a hacer las compras y que se ocupaba de la limpieza de los niños; una cuarta persona era quien hacía de cochero y en los ratos libres se ocupaba de la limpieza de la casa y demás menesteres interiores.

En las familias pudientes, a este plantel básico se agregaba la negra de cría, así llamada por ser quien amamantaba a los niños pequeños y ayudaba a la señora en la intimidad de su alcoba. Todo ese personal doméstico de origen esclavo estaba supervisado por el mayordomo blanco que los controlaba y corregía, evitando roturas y robos.

Como no había profesionales en ese entonces para este último trabajo, se lo agregaba con una asignación anual y un lugar para vivir. A pesar de estas ventajas, hubo quienes lograron ubicarse en el seno de familias importantes para desaparecer al poco tiempo, con dinero, alhajas o ropas, como consta en el archivo de Tribunales.

Otro gasto que significaba preocupación era la limpieza y conservación de las prendas, pues además del lavado era necesario almidonarlas, especialmente las enaguas y los delantales, para cuando se recibían visitas. La ropa de uso personal y la de cama e higiene, se deterioraba bastante, por el método utilizado para lavarla, ya que los jabones usados estaban fabricados en base a lejías que debilitaban, cuando no carcomían, las fibras de los tejidos, junto con el apaleamiento complementario, que se hacía en las toscas del río, para sacar de ellas los excesos de jabón.

En general esa sociedad colonial puede ser considerada como austera, salvo cuatro vicios. Uno de ellos era el abanico, prenda imprescindible para una mujer que apreciaba la elegancia y la sofisticación sociales. Otro correspondía a los hombres y era el uso de relojes de bolsillo, también considerados esenciales, para completar el vestir masculino en todas las actividades diarias. Un tercero era de hombres y mujeres, y consistió en el consumo de tabaco y de rapé. Este último se decía que estaba reservado para las personas de estudio y se le atribuían propiedades para aclarar los pensamientos y tener la cabeza clara.

El cuarto defecto o vicio fue el de la excesiva limosna, cuando superaba las realidades fácticas de quien la prodigaba. Hubo familias que hicieron una cuestión de honor de la cantidad de mendicantes que acudía a su puerta a diario para obtener comida, ropa, calzado. Esa ayuda incluía a sacerdotes, sin distingo de órdenes.

Son muy raras las manifestaciones sobre mujeres dadas al excesivo consumo de bebidas, pues ni aún entre las esclavas, manumitidas o libertas han quedado registros de sus nombres o costumbres.

Un rubro de poca repercusión en la sociedad de su tiempo es el que corresponde a los gastos en bibliotecas y libros, posiblemente por el elevado precio de ambas cosas.

De los inventarios, legajos y herencias posibles de consultar, se desprende que las casas más lujosamente puestas, correspondían al alto clero, especialmente en los rubros de muebles, ya que en ellas predominaron los de jacarandá con patas torneadas de pie de cabra, colgaduras de damasco y hasta mulas mansas con las consiguientes guarniciones adornadas con penachos de seda.

Dado los cambios ocurridos en la economía argentina resulta imposible hacer una estimación del valor adquisitivo de la moneda de aquel entonces comparándola con la actual, pero es posible inferir que el presupuesto de la familia tipo considerada, significó el equivalente de quince o más de las familias de los sectores trabajadores.

Fuente: Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires www.defensoria.org.ar


Las tertulias de Buenos Aires

Por Martín A. Cagliani

Las tertulias vistas por un francés en los años 1826-33: "Fuimos a la tertulia. Por lo general, son agradables las tertulias y enteramente sin etiqueta, lo que forma su principal encanto. La conversación es siempre muy viva y animada, gracias a la natural alegría de las porteñas, a la excesiva movilidad de su imaginación y a su índole en general bastante romántica. La música instrumental (el piano y la guitarra) y el canto varían también sus placeres, pero especialmente forma el baile su principal objeto; el baile, en donde se despliegan las más graciosas danzas europeas, el petulante vals alemán, la contradanza francesa, la española, que parece ser la favorita, y otros bailes nacionales, como el montonero (minué), que a la gravedad de su género une el encanto de las figuras españolas de su complicada contradanza, muy difícil de ejecutar bien. Al entrar saluda usted a la señora de la casa, lo que constituye la única ceremonia de estilo; puede usted retirarse sin otra formalidad, de modo que así tiene uno en su mano el visitar una docena de tertulias en el decurso de una noche, uso muy análogo, como se ve, al de París. Las maneras y conversación de las señoras son muy sencillas y graciosas. Las delicadas atenciones que muestran por los extranjeros han hecho que alguna vez se las acusara falsamente de excesiva libertad, acusación que las ha determinado a recibirlos con menos franqueza en su amistad. Sin embargo, ese abandono sienta bien a las orgullosas y vivas porteñas, de talle elegante y noble, que no perdonan tan fácilmente a un extranjero su poca destreza y embarazo en tomar un ardiente mate, o en desempeñar su parte en un grave montonero, cuyas figuras enreda del todo." Biografía: "De viaje pintoresco a las dos Américas, Asia y Africa", por A. D'Orbigny y J.B. Eyriès.

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Gobierno ingles sobre Buenos Aires en 1806

Por Martín A. Cagliani

Los ingleses no podían estar mas equivocados, cuando pensaron que la conquista de Buenos Aires iba a ser fácil y segura. El comodoro Home Riggs Popham, estaba convencido de que la llegada de las fuerzas inglesas seria celebrada por los habitantes, oprimidos por el poder español, de Buenos Aires y los partidarios del libre comercio. La realidad no fue tan fácil para los invasores.
El 14 de abril de 1806 zarpa de la ciudad del El Cabo la expedición al mando del comodoro Popham, transportando un ejército dirigido por el general William Carr Beresford, que seria nombrado vicegobernador, para excluir la posibilidad de que Popham quisiera independizar al Plata.
El 25 de junio las naves inglesas están frente a Buenos Aires, y entre las once y las doce comenzaron a desembarcar sus efectivos, en las playas de Quilmes, con toda tranquilidad y sin la menor oposición. Esto ocurría a la vista de todos los testigos que miraban desde la Fortaleza, la Alameda y desde algunos techos. Un oficial ingles escribiría años mas tarde "Nuestro ejercito efectivo, destinado a conquistar una ciudad de más de 40.000 habitantes, con un inmenso cuerpo para disputarnos la entrada en ella, se componía solamente de setenta oficiales de toda graduación, setenta y dos sargentos, veinte tambores y 1466 soldados; haciendo un total general de 1635." Mientras las chalupas iban y venían desembarcando ingleses, las embarcaciones de guerra porteñas permanecieron ancladas sin recibir orden alguna.
Home Riggs Popham
La ciudad cae en dos días sin mucha pelea. El pueblo le echa la culpa a la ineficacia y cobardía del virrey marques de Sobremonte, que se mantuvo inactivo y ordeno a las fuerzas y voluntarios porteños que hicieran lo mismo, hasta que, en fuga, el virrey ordena al brigadier José Ignacio de la Quintana iniciar las tratativas de capitulación. A la tres de la tarde del 27 de junio de 1806, bajo lluvia y frío, desfilaron los soldados ingleses por las calles de la capital virreinal, estirando la fila para parecer más. "Los balcones de las casas estaban alineados con el bello sexo, que daba la bienvenida con sonrisas y no parecía de ninguna manera disgustado con el cambio", comenta nuestro cronista ingles.
El gobernador de Buenos Aires, Beresford, consciente de la necesidad de no irritar a la ciudad evita cuidadosamente toda medida despótica y durante ese mes y medio de dominación inglesa despliega un tacto singular: ratifica las leyes españolas, confirma a todos los funcionarios públicos, garantiza la protección de todas las personas y de sus bienes y de la Iglesia Católica. Castiga también, severamente a los soldados ingleses que cometen delitos o abusos.
El 28 la ciudad estaba como muerta, no se abrió ninguna tienda ni pulpería y el mercado de la plaza estaba desierto. Los ingleses comenzaron a hacer guardia en las esquinas de la Plaza, en los portales de la Recova y del Cabildo, y en las calles, abatidas por la sudestada y el frío. Causa escándalo e indignación entre los habitantes de Buenos Aires la actitud de algunos criollos para con los ingleses, ya que muchos se acercaron al invasor ofreciendo su colaboración. En los días siguientes comenzarían a deambular por las calles de la ciudad patrullas y rondas realizadas por los alcaldes de barrio, dos vecinos y dos soldados ingleses, destinados a conservar el orden.
Ya el 29 de junio se comienza a trabajar por la liberación de Buenos Aires, se hace desde dentro. Los más serios y violentos son un grupo de catalanes que luego se les dirá la Junta catalana. Estos catalanes son los mas perjudicados por el gobierno ingles, ya que los españoles estaban bien con el comercio monopolista, y no con el mercado abierto que impuso el gobernado ingles. Se comienza a observar a los ingleses, estudiando sus movimientos y los lugares de sus guardias.
Solo tres días después de la toma de la ciudad comienzan a abrirse los cafés y las tiendas, y comienza a haber movimiento en la ex capital virreinal. El primero de julio se celebra una comida en la casa de Martín de Sarratea a la que son invitados los jefes ingleses, noticia que escándalo a la ciudad. Muchas familias invitan a los oficiales ingleses a las tertulias, estos participan, como si nada hubiera pasado, de la vida social porteña. La mayoría de los oficiales de Beresford han sido alojados en casas de familia, sin que se las hubiera obligado. El pueblo llano detesta a esta gente y los considera traidores, así será que luego de la reconquista muchos los quieren ajusticiar. "...parecía que teníamos en la ciudad algunos amigos ocultos, pues casi todas las tardes, después de oscurecer, uno o más ciudadanos criollos acudían a mi casa para hacer el ofrecimiento voluntario de su obediencia al gobierno británico [...] El número llego finalmente a cincuenta y ocho" dice el capitán ingles Gillespie. El día 3 de junio los ingleses comienzan a tomar juramento a todos los oficiales españoles ante el antes citado capitán que es comisario de prisioneros. El 7 de junio prestan juramento de fidelidad a Inglaterra las autoridades de Buenos Aires y a partir del 10 lo tenían que hacer los vecinos más importantes y principales de la ciudad. Manuel Belgrano huye de la ciudad hacia su campo en Uruguay, para evitar la jura de fidelidad, ya que él era secretario del Consulado, muchos siguen su ejemplo. Casi todos querían sacarse de encima al gobierno inglés, mucha gente comenzó a organizar intentonas. Los catalanes mas arriba nombrados, al mando de Felipe de Sentenach, se reunieron una semana después de la conquista, para planear la reconquista, y predomino la idea de minar el Fuerte y el cuartel de la Ranchería y acampar en las inmediaciones de Buenos Aires con una fuerza de 1000 hombres voluntarios que invadirían la ciudad luego de la voladura de los bastiones ingleses. Otros planes mas improvisados e ingenuos se barajaron pero el primero predomino. Mas tarde se reúnen en la casa de Martín de Alzaga, donde debaten como reclutar a la gente. Pasan los días y los catalanes siguen con su emprendimiento, sin que los ingleses se enteren. Habían quienes querían sorprender a los ingleses y degollarlos. Estos liderados por Juan Trigo y Juan Vazquez Feyjoo son invitados a unirse a los catalanes, mas que nada para que no se delaten por tanta imprudencia. Se reunían dinero y armas en casas particulares, en los almacenes y barracas. Para poder cavar la mina debajo del Cuartel de la Ranchería los catalanes alquilan una casa cercana donde se ubica la boca del túnel. Se dice que el mismo Sentenach entro disfrazado en el cuartel de la Ranchería para estudiar la disposición y ubicación de los dormitorios de la tropa inglesa.
Estos mismo catalanes se comunican con el gobernador de Montevideo, y este les responde el 18 de julio que ya ha tomado las prevenciones necesarias para la reconquista de la ciudad y que dispone de mil hombres, 12 lanchas cañoneras y cinco goletas. La tropa será embarcada en Colonia y desembarcara en Olivos, aunque luego tendrá que desembarcar en el Tigre.
En la noche del 21 de julio llego a San Isidro Juan Martín de Pueyredón y otros. Llegan con las ordenes del gobernador de Montevideo de reclutar voluntarios de la campaña de Buenos Aires y estar listos para apoyar a la expedición de auxilio que llegara de Uruguay. Establece su campamento en la villa de Luján, sin recatarse de sus acciones que ya son conocidas por los ingleses a través de sus espías.
Los ingleses, mientras tanto, imaginan algo y ponen centinelas en muchas esquinas de la ciudad. Además, para impresionar a los ciudadanos, intensifican el trabajo constante a que someten a la tropa, maniobras en la Plaza o por la ciudad, todo dando grandes griteríos al son de las gaitas. Tienen muchos espías y soplones.
Ya el 23 de julio los catalanes envían a todos los voluntarios a una chacra que habían alquilado a la sazón, que se llama de Perdriel. El 29 reciben un requerimiento de Liniers, que estaba al mando de las tropas de Montevideo, de que reúnan fuerzas para su desembarco inminente, pues ya estaba en Colonia listo para cruzar el río. Esto no les cayo nada bien a los catalanes, ya que frustraba sus sueños y esperanzas, arrebatándoles los laureles merecidos. Hoy todos saben quien reconquistó la ciudad, Liniers, pero de los catalanes nadie se acuerda. El 2 de agosto le piden a Liniers que detenga su marcha en Colonia hasta que ellos estén listos para la acción: volar el fuerte y el cuartel. Temían que Liniers se llevara toda la gloria.
Santiago de Liniers
El 2 de agosto los ingleses atacan a Pueyrredón y a los voluntarios reclutados por los catalanes en Perdriel, dispersándolos a los cuatro vientos. Si bien lucharon con coraje y valentía, la mayoría estaban muy mal armados. Por estos días se sabe que el Virrey Sobremonte, que esta en Córdoba, se prepara para marchar sobre Buenos Aires, un poco tarde.
El 6 de agosto Liniers desembarca en el Tigre con mas de 1000 hombres y artillería. Dos días antes, el gobernador ingles, Beresford, manifiesta que ha concluido el nefasto sistema del monopolio y que la población podrá gozar de los beneficios de las producciones de otros países. Pero los días en que Buenos Aires formó parte del imperio Británico llegan a su fin.
En la tarde del 12 de agosto de 1806 los ingleses, ahora acantonados en el fuerte, se rinden ante las fuerzas de Liniers y la increíble cantidad de voluntarios que llenaron la Plaza pidiendo las cabezas de los ingleses. Los ingleses se defendieron duramente, cada calle cada esquina, muchos cuerpos quedaron en las calles porteñas como saldo.

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Los oficios en el Buenos Aires de 1826

Por Martín A. Cagliani

Los Oficios en el Buenos Aires de 1826-33, contados por un viajero francés: "Tocaban ya a su fin mis estudios sobre Buenos Aires con el tiempo que había destinado; y observando las altas dases, en los brillantes salones en donde entraba libremente, merced a mis huéspedes, no había descuidado las costumbres del pueblo, cuyos salones son las calles, las plazas, y los mercados; en efecto, allí es donde han de verse, tanto en Buenos Aires como por todas partes; pero en esta ciudad es menester cierto valor para observarlo bien, porque es horriblemente sucio, excepto en los días de fiesta. Los changadores o faquines, los carretilleros o carreteros, que a cada paso se encuentran y que saludan a los extranjeros con los más groseros epítetos, no están mucho más mal educados que nuestros cocheros de fiacre y nuestros mozos de cordel; pero ahora sólo trato de los individuos que ejercen una industria positiva y determinada, como por ejemplo esa lavandera que anda diestramente, con la pipa en la boca, llevando en la cabeza una especie de piragua de madera (batea) en cuya concavidad hay un fardo de ropa, y en la mano izquierda el vaso para hacer su mate entre día. Quizás la haya visto muchas veces con la criada en la mano al pie del Fuerte, en donde se reúnen todos los días las mujeres de su profesión. Más allá reconozco un vendedor de velas. Cuando anda, trae en la espalda izquierda una especie de arco sin cuerda, hendido en algunos puntos, para colgar en equilibrio gruesos haces de sus géneros; pero cuando reposa, fija en el suelo una especie de horquilla de madera que tiene en la mano derecha y muestra sus velas, aguardando a los parroquianos.
Aquél que trae en los hombros o en la mano escobas de cañas o plumeros de plumas de avestruz es el vendedor de escobas. Ahora viene, torciéndose de puro gritar, el ídolo de los niños: "¡Ya se acaba, quién me llama, pastelito!". A su lado andará de cuando en cuando un rival tal vez más feliz, la vendedora de tortas, con un cesto en la cabeza llenó de sus tesoros. En esotra calle cercana, el vendedor de naranjas tiene también su mérito con los sacos de cuero llenos de la fruta, que trae a ambos lados de su caballo. Habiéndome hecho adquirir mis paseos por el mercado algunas nociones de economía local, las cuales sin ser indiferentes no pueden no obstante ser acogidas sin precaución, porque han de variar mucho, según las estaciones y circunstancias; así me vi pronto en estado de luchar con mi huésped sobre erudición culinaria, elogiando la excelente carne de que se halla provista Buenos Aires, y aplaudiendo más de una vez el haber encontrado a menudo en su mesa tatúes o armadillos, o por lo menos ciertas especies de este animal, cuyo sabor puede compararse al del gorrino o del conejo."
"De viaje pintoresco a las dos Américas, Asia y Africa", por A. D'Orbigny y J.B. Eyriès.

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Relatos antiguos sobre Buenos Aires

Por Martín A. Cagliani

Muchos fueron los extranjeros, principalmente europeos, que pasaron por Buenos Aires. Algunos de todos estos trotamundos decidieron pasar al papel sus experiencias, algunos, demasiado "civilizados", detestaron a la ciudad mientras que otros se quedaron enamorados de ella, obviamente existieron los puntos intermedios. Misioneros, soldados, marinos, comerciantes, politicos, personajes de todo tipo reflejaron sus experiencias es Buenos Aires. En este articulo se reflejan los puntos esbozados arriba, recopilando partes de los libros de viajeros que se escribieron sobre Buenos Aires. Los paréntesis son agregados y explicaciones mías. Relato de un soldado alemán que participo de la expedición española de don Pedro de Mendoza que fundó el puerto de Buenos Aires en 1536: "Allí levantamos una ciudad que se llamó Buenos Aires: esto quiere decir buen viento (el original fue publicado en alemán). También traíamos de España, sobre nuestros buques, setenta y dos caballos y yeguas, que así llegaron a dicha ciudad de Buenos Aires."
"... se repartió toda la gente: la que era para la guerra se empleó en la guerra y la que era para el trabajo se empleó en el trabajo. Allí se levantó una ciudad con una casa fuerte para nuestro capitán don Pedro Mendoza, y un muro de tierra en torno a la ciudad, de una altura como la que puede alcanzar un hombre con una espada en la mano. Este muro era de tres pies de ancho y lo que hoy se levantaba, mañana se venía de nuevo al suelo; además la gente no tenía que comer y se moría de hambre y padecía gran escasez, al extremo que los caballos no podían utilizarse. Fue tal la pena y el desastre del hambre que no bastaron ni ratas ni ratones, víboras ni otras sabandijas; hasta los zapatos y cueros, todo tuvo que ser comido. Sucedió que tres españoles robaron un caballo y se lo comieron a escondidas; y así que esto se supo se les prendió... Entonces se pronunció sentencia de que se ajusticiara a los tres españoles y se los colgara de una horca. Así se cumplió y se les ahorcó. Ni bien se los había ajusticiado, y se hizo de noche y cada uno se fue a su casa, algunos otros españoles cortaron los muslos y otros pedazos del cuerpo de los ahorcados, se los llevaron a sus casas y allí los comieron. También ocurrió entonces que un español se comió a su propio hermano que se había muerto." "En este tiempo los indios asaltaron nuestra ciudad de Buenos Aires con gran poder y fuerza. [...] consiguieron quemar nuestras casas, pues estaban techadas con paja; excepto la casa del capitán general que estaba cubierta con tejas."
Bibliografía: "Viaje al Río de la Plata", Ulrico Schmidl.
Años mar tarde, en 1612, Ruy Díaz de Guzmán escribiría "La Argentina", en la que da una descripción de la zona de Buenos Aires: "Desde el Cabo Blanco para Buenos Aires, hay tierra muy rasa y desabrigada, de malos puertos, falta de leña, de pocos rios, salvo uno que está 20 leguas adelante, que llaman de Tubichamiri, nombre de un cacique de aquella tierra. [...] Es toda aquella tierra muy llana; los campos tan anchurosos y dilatados, que no hay en todos ellos un árbol: es de poco agua, y de mucha caza de venados, avestruces y gran suma de perdices, aunque de pocos naturales: los que hay son belicosos, grandes corredores y alentados, que llaman Querandís."
Un misionero jesuita del Tirol de paso por Buenos Aires: "6 de abril de 1691: Hubiera preferido consignar el día con oro, que no con tinta. Hoy viernes de la Madre Dolorosa, arribamos a Buenos Aires, tras larga y penosa travesía marítima, en el buque Almirante.
En esta mañana no oímos en el La Plata, en el río de la plata, sino el tronar de los cañones, el son de las trompetas y la algarabía de la gente que aguardaba al margen del río. Varias compañías de soldados de a caballo y a pie esperaban nuestro desembarco; también había indios con muchos niños, moros y moras, bautizados y paganos. Todos habían acudido a recibirnos (en ese mismo barco, aparte de los 40 misioneros venia el nuevo gobernador desde España)."
"...Buenos Aires es una pequeña, insignificante ciudad. Consta de sólo dos calles que se cruzan en la plaza. Ni siquiera es la mitad de grande como en el Tirol pueden serlo Kaltern o Klausen. La rige un lugarteniente español con mandato por cinco años, hasta que uno nuevo es enviado de España. No obstante, en la ciudad existen cuatro conventos: de los franciscanos, dominicos, trinitarios y jesuitas. Todos debes vivir en extremada pobreza, pues las cosas, con excepción de los alimentos, son tremendamente caras. Hasta el presente las casas eran de adobe. Hace poco, los jesuitas comenzaron a fabricar ladrillos y tejas. Los maestros de obra son nuestros propios Padres; los albañiles, indios formados en nuestras Reducciones del Paraguay. [...] La plata tiene menos valor que el hierro. Un cuchillo cuesta cien veces más que en Alemania. Igual ocurre con un fusil. Sólo los alimentos son baratos, casi ridiculamente baratos. Una vaca gorda, por ejemplo, puede adquirirse por centavos. Los soldados andan descalzos, y a menudo el uniforme les cuelga como trapos hechos jirones. Levantada por el incesante pampero, la tierra vuela por las calles, de modo que a veces ni siquiera puede divisarse las casas de la acera de enfrente..."
Biografía: "Extensa descripción del viaje del R.P. Antonio Sepp SJ, desde Hispania hacia Paracuaria", Antonio Sepp von Rainegg.
Opiniones del capitán francés que le devolvió las islas Malvinas a España, sobre la Buenos Aires de 1766: "Esta ciudad, regularmente construída, es mucho mayor que lo que parece según el número de sus habitantes, que no exceden en veinte mil, blancos, negros y mestizos.
La forma de las casas es lo que le da tanta extensión. Si se exceptúan los conventos, los edificios públicos y cinco o seis casas particulares, todas las demás son muy bajas y no tienen más que el piso bajo. Tienen, de otra parte, vastos patios y casi todas, jardines. La ciudadela que encierra el gobierno está situada a orillas del río y forma uno de los lados de la plaza principal; el opuesto está ocupado por el ayuntamiento (cabildo). La catedral y el obispado están en la misma plaza, donde todos los días hay mercado público.
No hay puerto en Buenos Aires, ni aun siquiera un muelle para facilitar el abordaje de los barcos. Los navíos no pueden aproximarse a la ciudad más de tres leguas (15 km. aprox.). Descargan sus cargamentos en goletas, que entran en un pequeño río llamado río Chuelo (el Riachuelo actual), de donde las mercancías son llevadas en carros a la ciudad, que está a un cuarto de legua (1300 m. aprox.). Los barcos que han de carenar o tomar un cargamento de Buenos Aires, se van a la ensenada de Baragán, especie de puerto situado a nueve o diez leguas (50 km aprox.) al Este-Sureste de esta ciudad.
Hay en Buenos Aires un gran número de comunidades religiosas de uno y otro sexo. El año está lleno de fiestas de santos, que se celebran con procesiones y fuegos artificiales. Las ceremonias de culto son pretexto de espectáculos...." Bibliografía: "Viaje alrededor del mundo", L. A. de Bougainville.
Una vision de las costumbres y la vida en el Buenos Aires colonial, de la mano del indio Calixto Bustamante Carlos, peruano apodado Concolorcorbo. Este indigena realizo un viaje acompañando a un visitador de correos y postas desde Buenos Aires a Lima en 1771: "...advierto a mis lectores que la ruta mas común y regular es por el río, a desembarcar en el Riachuelo, cuyo viaje se hace en una de las muchas lanchas que rara vez faltan en Montevideo. Con viento fresco favorable se hace el viaje en veinticuatro horas, distando cuarenta leguas (220 km., en realidad son199 km.) del Riachuelo. El desembarco es muy molesto, porque dan fondo las lanchas en alguna distancia y van los botecillos la mayor parte por la arena, a fuerza de brazo por los marineros, que sacan a hombros a los pasajeros y equipajes, hasta ponerlos muchas veces en sitios muy cenagosos, por falta de melle. Algunas veces se aparecen muchachos en sus caballos en pelo, que sacan a los pasajeros con más comodidad y menos riesgo que las barquillas. [...] Antes del Riachuelo están las balizas, que son unas grandes estacas clavadas en el fondo, y por lo que se descubre de ellas se sabe si hay o no suficiente agua para darle en el puerto. Los pasajeros se desembarcan cerca del fuerte, y a sus espaldas y su principal entrada está en la plaza mayor y frente al cabildo de Buenos Aires. [...] Esta ciudad está situada al oeste del gran Río de la Plata, y me parece se puede contar por la cuarta del gran gobierno del Perú, dando el primer lugar a Lima, el segundo a Cuzco, el tercero a Santiago de Chile y a ésta el cuarto. [...] Hay pocas casas altas, pero unas y otras bastante desahogadas y muchas bien edificadas, con buenos muebles, que hacen traer de la rica madera del Janeiro (Río de Janeiro, Brasil) por la colonia de Sacramento (Uruguay). Algunas tienen grandes y coposas parras en sus patios y traspatios, que aseguran sus habitantes, así europeos como criollos, que producen muchas y buenas uvas. [...] Su extensión es de veintidós cuadras comunes, tanto de norte a sur como de este a oeste. Hombres y mujeres se visten como los españoles europeos, y lo propio sucede desde Montevideo a la ciudad de Jujuy, con más o menos pulidez. Las mujeres en esta ciudad, y en mi concepto son las más pulidas de todas las americanas españolas, y comparables a las sevillanas, pues aunque no tienen tanto chiste, pronuncian el castellano con mas pureza."
Este mismo viajero nos otorga datos de estadística sobre la ciudad para 1770: "21065 habitantes, 1520 nacimientos y 846 fallecidos. 99 huérfanos, 101 presidiarios". Y sigue con la división de los habitantes: "3630 hombres españoles, en que se incluyen 1854 europeos, los 1398 de la península, 456 extranjeros y 1785 criollos. 4508 mujeres españolas. 3985 niños de ambos sexos. 4163 esclavos negros y mulatos de ambos sexos y de todas edades. Españoles casados: 942 europeos y el resto de 912 solteros. 1058 criollos y el resto de 727 solteros." Total de 2000 casados y 1639 solteros.
Bibliografía: "El lazarillo de ciegos caminantes", Concolorcorbo.
Fuerte de Buenos Aires 1829 Apreciaciones de un agente estadounidense sobre la Buenos Aires inmediatamente posterior a la Revolución del 25 de mayo de 1810: "La costa sudoeste del Río de la Plata es tan baja que la ciudad apenas se ve desde las balizas, aunque la distancia no pasa de 8 millas (13 km.). Al acercarse a la costa la ciudad presenta un aspecto melancólico. Sólo vi una larga línea de casas bajas, de irregular construcción y, en el centro, un viejo fuerte de cuatro baluartes. La orilla estaba cubierta de mujeres negras, lavando, y como el verano se hallaba en su mayor fuerza, el 15 de febrero (1810), mucha gente se estaba bañando; [...] Tomamos tierra sobre un muelle que se adelantaba hasta alguna distancia de la costa. Al llegar al fuerte, que incluye un edificio grande y pesado, antes residencia de los virreyes y ocupado ahora por el presidente de la Junta, tuve la agradable sorpresa de hallar frente a él una amplia y hermosa plaza dividida por una columnata, con tiendas a cada lado, opuesta a un edificio que más tarde supe era el cabildo o ayuntamiento. Las calles divergen desde este punto y se cortan en un ángulo recto, dividiendo la ciudad en grupos macizos de 150 yardas (137 m.) cada uno. Entre el Fuerte y la columnata, que se llama la Recova, había una cantidad de carretas cargadas de frutas y verduras. Del lado opuesto, varios chiquillos a caballo galopaban de una parte a la otra con sus tarros de leche, colgados sobre sus monturas. [...] No vi coches; carros de caballos y de bueyes cruzaban la plaza en diferentes direcciones. Los primeros eran carros de dos ruedas tirados por dos caballos [...] Pasé de la plaza a las calles, que tenían aceras para la comodidad de los peatones. Las casas están construidas con ladrillos y están bien edificadas. Algunas sólo con un piso bajo y grandes patios, pero generalmente con un piso alto sobre la planta baja. Todas tienen techos planos y parapetos, adornados con urnas, lo que les da un aspecto cuidado y causa gran impresión. [...]"
"...presencié un fenómeno cuyas singulares circunstancias me inducen a informar aquí sobre él. La atmósfera se oscureció de repente, y todos los indicios anunciaban una tormenta. Oyóse un estruendo y todos corrimos a la calle para ver de qué procedía: cuando, estupefacto, vi una columna de polvo más alta que las casas, y tan ancha como la calle, que avanzaba hacia nosotros con rapidez y precedida por remolinos de viento que levantaban las basuras y el polvo del aire. Apenas tuvimos tiempo de cerrar las puertas y ventanas, cuando pasó, oscureciendo el aire y forzando el polvo por las hendijas de puertas y ventanas, de manera de cubrir todas las mesas y los muebles. La atmósfera quedó de nuevo clara, pero el viento continuó soplando con gran violencia. [...] Al tercer día el viento, que hasta entonces había soplado del sureste, cambió al suroeste, y soplando con fuerza pronto despejó un cielo claro y hermoso, y en pocas horas las calles quedaron perfectamente secas. [...] Tan pronto como se supo que un forastero había llegado de los Estados Unidos con la intención de residir en Buenos Aires, todos los criollos de distinción vinieron a visitarme, me convidaron a sus casas y me trataron con urbanidad y atención.
Los encontré suaves y amables en su trato, alegres y amigos de diversiones. Se reúnen con frecuencia por las tardes en casa de unos y de los otros, y se entretienen con los naipes, música y baile. De inteligencia vivaz e imaginación ardiente [...] Las mujeres son animadas y amigas de la conversación, la que mantienen con gran vivacidad." "...el mate, así llamado por la calabaza en que esta bebida se presenta siempre. Es una infusión de hierba del Paraguay, que es de un gusto amargo y acre. Esta infusión es endulzada, y a veces se le agrega un poquito de canela y de corteza de limón. La calabaza, o mate, se coloca sobre un soporte de plata, y el líquido es absorbido a través de un tubo de plata, provisto en su extremidad inferior de un ensanchamiento globular, todo perforado por pequeños agujeros para evitar que alguna partícula de la hierba pase por él. El mate es el lujo de los ricos y el solaz de los pobres. Lo beben apenas se levantan de la cama por la mañana y después de la siesta, por la tarde, y a menudo se deleitan con él durante el día. [...] Las calles de Buenos Aires por lo común están pavimentadas, y en el invierno se vuelven casi intransitables. Sin piedras ni madera para construirlas o arreglarlas, utilizan huesos u osamentas de animales para rellenar los pozos; el resultado puede imaginarse fácilmente. Los caminos que conducen a través de los suburbios de la ciudad son tan extremadamente malos, y las huellas tan hondas, que con gran dificultad puede guiarse un coche por ellos,..."
Bibliografía: "Diario de Viaje a Río de Janeiro, Buenos Aires y Chile. 1810-11", J. R . Poinsett Un viajero ingles tiene una mala opinión sobre la Buenos Aires de 1825: "Esta lejos de ser residencia agradable para los habituados a las comodidades inglesas. El agua es cara. La ciudad está mal pavimentada y sucia y las casas son la morada más incómoda en que nunca haya entrado yo: paredes húmedas, mohosas y descoloridas por el clima; pisos malos de ladrillo, en general rotos, y frecuentemente con agujeros; techos sin cielo raso, y a las familias no se les ocurre calentarse de otro modo que agrupándose en torno de un brasero colocado puertas afuera hasta que el anhídrido carbónico se desprenda.
Algunas familias principales porteñas amueblan sus cuartos de manera muy costosa pero incómoda; colocan sobre el piso de ladrillo una alfombra triple de Bruselas, cuelgan de los tirantes una araña de cristal, y ponen contra la pared húmeda, blanqueada, numerosas sillas norteamericanas de estilo chabacano. Tienen un piano ingles y algunos jarrones de mármol, pero no tienen idea alguna para arreglar los muebles en forma cómoda; las damas se sientan de espaldas contra la pared, sin ningún motivo aparente; cuando un extraño las visita, tienen la costumbre descortés de no levantarse del asiento. No tuve tiempo de frecuentar la sociedad de Buenos Aires, y las habitaciones parecían tan incómodas, que , a decir verdad, me sentí poco inclinado a hacerlo. [...] En Buenos Aires rara vez hombres y mujeres pasean juntos; en el teatro están completamente separados y no es simpático el ver todas las damas sentadas en los palcos mientras los hombres están en la platea -esclavos, simples marineros, soldados y comercianres-, todos miembros de la misma república. La ciudad es provista por los gauchos, así que muestran gran falta de atención a las disposiciones que generalmente se encuentran en comunidades civilizadas. Leche, huevos, fruta, legumbres y carnes, se traen a la ciudad por individuos al galope y se consiguen solamente cuando se les ocurre traerlos. [...] Si uno a sido llevado para comer en carruaje y, por la noche, se aventura a preguntar por qué éste no ha vuelto, la respuesta es que está lloviendo y quienes alquilan carruajes no los dejan salir cuando llueve. [...] La casa que tenía en las afueras estaba no solamente frente al cementerio inglés sino en el camino de la Recoleta, gran necrópolis de la ciudad; media docena de entierros pasaban diariamente ante mi ventana, y en los pocos días que estuve en Buenos Aires, casi no fui a la ciudad a caballo sin haberme topado con alguno."
Biografía: "Las pampas y los andes", Francis Bond Head.
Un viajero francés en la Buenos Aires de 1826-1833.
"Pasaba Buenos Aires, antes de la época en que ha llegado a ser residencia de un virrey, por la cuarta ciudad de la América meridional; pero desde aquella época apenas cede en nada a la misma ciudad de Lima. Se halla edificada con regularidad y presenta la forma de un cuadrado largo de tres cuartos de legua y ancho de media, dividida en cierto numero de cuadras, separadas entre sí por calles que se cortan en ángulos rectos, las cuales son rectas y anchas. No siempre están empedradas en el centro, pero ambos lados ofrecen aceras, desgraciadamente demasiado estrechas para no dejar de ser incomodo su paso, mayormente siendo en muchos puntos altas de dos a tres pies mas que la calzada. Las dos principales son la calle de la Victoria, que ha recibido este nombre después de la Revolución, porque antes tenía el de calle San Benito, y la de la Santa Trinidad. La primera, que casi atraviesa la ciudad, está habitada por la clase alta. Casi todas las casas están bien edificadas en aquella calle y algunas otras próximas a ella, construídas de ladrillos, blanqueadas cuidadosamente, con espaciosos patios [...] Las ventanas están defendidas con una reja de hierro, que les comunica cierto aire de cárcel. La mayor parte tiene balcones cerrados con celosía, en los cuales cultivan flores cuyo perfume embelesa el olfato, [...] Es menester añadir, en honor a la verdad, que describo ahora el hermoso cuartel, la Calzada Antin de Buenos Aires; porque el resto de la ciudad, y los arrabales, habitados sobre todo por mestizos y por los negros, tiene un aspecto muy sucio y miserable. [...] En las calles de Buenos Aires hay más vida y movimiento que en ninguna otra ciudad de la América meridional,... Numerosos carros groseramente construídos con sus chilladoras ruedas de enorme circunferencia, aunque no sean del todo redondas, conducidos por hombres medio salvajes, casi tan brutales como los animales que guían; comisionistas negros, mulatos o indios, cargados con balas y cajas de mercadería; señoras en elegantes carruajes ingleses o franceses, tirados por caballos del país, pequeños pero vigorosos; otras caminando para hacer sus compras o visitas; capellanes y monjes; negociantes y militares; mendigos con licencia o sin ella, apareciendo todos muy afanados; sin hablar del sempiterno tañidos de las campanas -están siempre abiertas las iglesias de Buenos Aires-, tan insoportable para oídos no acostumbrados a aquella armonía; todo este movimiento, todo este ruido comunica a la población una fisonomía particular, y cierto aires de ciudad grande, que no dejaba de tener algún valor para un parisiense recién salido de las lagunas del Paraguay[...] Los mendigos forman una plaga de la que no se ve libre la capital de los argentinos, lo mismo que la de los franceses. Siendo tan abundante todo lo necesario a la vida, y mucho más subido el precio del trabajo que en muchos otros puntos, parece que debería verse Buenos Aires exenta de aquel azote; pero la indolencia y pereza de ese pueblo explican fácilmente esta contradicción.[...] En el norte parece prevalecen aún algunas costumbres españolas, a lo menos en gran parte, en un considerable número de poblaciones; aquí, al contrario, fácilmente creerá un inglés hallarse en Londres, y aun más fácilmente un francés en París. Los sastres y las modistas son todos ingleses o franceses. Sobre todo lo son los trajes para ambos sexos, y siempre al último gusto, con algunos meses de retraso, porque al menos han menester el tiempo necesario para la travesía. Mi tertulia era muy concurrida y de las más brillantes."

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La sombra de homosexualidad sobre Manuel Belgrano

Por Martín A. Cagliani

La historia y el tiempo se encargaron de poner una sombra sobre Belgrano: su supuesta homo sexualidad. Quien no penso eso cuando le hacían estudiar historia en el colegio, al verlo con sus calzas apretaditas. Pero nada mejor para desmentir eso y quitar esa sombra sobre Manuel Belgrano que lo expuesto a continuación.
Un 3 de junio en el año 1770, en la ciudad de Buenos Aires, nace Manuel Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano. Hijo de una familia acaudalada, su padre era comerciante, estudia en Salamanca y en Valladolid, España. Secretario perpetuo del Real Consulado de Buenos Aires. Periodista, creador del "Correo de Comercio". Participa en la defensa contra las Invasiones Inglesas en 1806 y 1807. Fue secretario de la Primera Junta de gobierno, en 1810, y luego jefe de la expedición al Paraguay, en la cual fracasa. En 1812 crea la bandera argentina y la enarbola por primera vez. Suplantado por San martín en el Ejercito del Norte, parte a Londres en misión diplomática, juntamente con Bernardino Rivadavia. Finalmente en 1816 vuelve a comandar el Ejercito del Norte.
Como esbozamos mas arriba, siempre se trato a Manuel Belgrano de afeminado, sino homosexual. Suposición que no podría estar mas lejos de la verdad. Belgrano tubo muchas mujeres en su vida, en España durante su juventud y en la alta sociedad del Buenos Ares colonial. Si bien luego se dedica a la emancipación del país con mucho entusiasmo, no le impidió seguir teniendo muchas amigas.
El rumor que todavía vive de que Belgrano era afeminado se creo a partir de su carácter demasiado amable, sensible, fino y delicado; contando también la voz aflautada, por no decir de pito. A raíz de esta voz, se creo una enemistad con Manuel Dorrego. En una ocasión San Martín trataba de ilustrar a los oficiales, repitiendo una voz de mando que comenzaba con San Martín y seguía con Belgrano, que era el segundo en autoridad. San Martín dijo: Batallón... March... Después de San Martín, siguió Belgrano. Pero su débil voz le causó gracia a Dorrego que soltó una carcajada como si hubiera escuchado el mejor chiste. San Martín se enojó mucho y le dijo: Señor coronel: hemos venido aquí a uniformar las voces de mando. Dijo y reiteró la orden. Belgrano repitió con la misma voz, ya que no tenia otra, Dorrego volvió a reírse a carcajadas, San Martín se enfureció. A los pocos días San Martín desterró a Dorrego a Santiago del Estero.
Otro factor fue su profunda fe católica, que lo llevo a impartir impone una disciplina espartana, se acaban los bailes, las mujeres y la baraja, a su tropa en 1818 cuando cuidaba la retaguardia de Güemes en Tucumán. Por las noches recorre las calles con un ordenanza e irrumpe disfrazado en los cuarteles para sorprender a los oficiales desobedientes. Lo llamaban despectivamente Bomberito de la Patria. Mitre le reprocha la disciplina monástica, excesiva que imponía a su tropa. Habían practicas religiosas continuas, y ejercía una severidad extrema, aun respecto de la vida privada de los oficiales. A Belgrano lo guiaba en esta manera de proceder no solo su gran catolicismo, sin también el espectáculo desagradable que le habían dado sus oficiales y los capellanes del ejercito. Estos mismos andaban con muchas mujeres, y los oficiales también. Esto a Belgrano no le gustó nada. Por culpa de estas convicciones tubo una pelea con su amigo Martín Miguel de Güemes, que era un mujeriego empedernido, hasta salía con mujeres casadas. Pero lo que más molesto a Belgrano, un hombre de honor a toda prueba, fue que Güemes vivía con Juana Inguanso de Mella sin estar casado, un mal ejemplo para la tropa. El honor en esa época todavía significaba algo, y tenia que ser respetado.
Todos estos comportamientos no le ayudaron mucho a Belgrano, lo tildaron enseguida de afeminado, nadie, sino la historia, iba a conocer sus aventuras con diversas mujeres, una de ellas casada.
Dijo un historiador: Belgrano, debido a su rango, puedo haber elegido esposa en los lugares más destacados, Buenos Aires, Córdoba, Salta, Jujuy, Santiago del Estero, de donde provenía su familia materna. Belgrano era delgado, de cutis blanco, pelo rubio y ojos azules. Era buen mozo, abogado, culto, había ocupado altos cargos, y estaba relacionado con todas las familias de la sociedad porteña. Sin embargo, nunca se casó.
Manuel Belgrano tubo muchas relaciones de alta sociedad, como lo fue María Josefa Ezcurra (1785-1856) hermana de la famosa Encarnación Ezcurra de Rosas, esposa de Juan Manuel de Rosas. De esta relación tubo un hijo ilegitimo, que fue adoptado y criado por Rosas, que se llamo Pedro Rosas y Belgrano.
Pero su más grande amor fue una niña de 15 años que conoció en Tucumán. Era María de los Dolores Helguero. Pasaron los años, y a mediados de 1816, Belgrano estaba nuevamente al mando del Ejercito del Norte. Vivía en La Ciudadela, próxima a la ciudad de Tucumán.
Dolores ya tenia 19 años, y era una hermosa tucumana de buena familia. El general, que tenia 46 años, se enamoró de ella, y fue correspondido en su amor. A lo largo de dos años no dejaron de verse, y fueron el comentario social. Como dice Fray Jacinto Carrasco: "Su conducta fue siempre clara y recta. Por eso, cuando vio que nacía en su corazón ese amor por la joven tucumana, y su conciencia no le permitía llegar a ella sino por el matrimonio, resolvió casarse con Dolores; y se hubiera casado, si la fatalidad no se hubiera interpuesto en el camino". En efecto, Belgrano recibió ordenes del gobierno de marchar rumbo al sur, finalizando 1818.
Pasaron los meses, y una tarde, estando acampado en Pilar, llegó un criado de los Helguero, Sanchu, trayendo una carta de Dolores; en ella le decía que hacia dos meses (el 4 de mayo de 1819), había nacido Manuela Mónica del Sagrado Corazón, agregando que por orden de sus padres, había tenido que casarse con un catamarqueño de apellido Rivas. Cuando Rondeau le autorizó dejar su cargo para poder atender su salud, que empeoraba cada día, partió rumbo a Tucumán, adonde llego en noviembre de 1819. Dolores, apenas enterada de la llegada del general, corrió a su lado, y junto a su hijita, se hizo más llevadero el sufrimiento por el que pasaba Belgrano. El marido de Dolores estaba desde tiempo atrás en Bolivia, y Belgrano mandaba continuamente a averiguar si todavía vivía, porque de lo contrario, él quería cumplir su promesa de casamiento con Dolores.
Debido a su enfermedad, partió a Buenos Aires en un viaje sin retorno. Dolores tenia entonces 23 años y su hija Manuela cumpliría un año. En el viaje lo acompañaban un medico, un capellán y el hermano de Dolores.
El 20 de junio de 1820 muere derrumbado por la sífilis y la hidropesía, pobre y abandonado por su patria. Solo un periódico de Buenos Aires, El Despertador Filantrópico, saco un artículo sobre la muerte del prócer, y muy escuetamente. Para colmo de males, 83 años después, cuando su cadáver es exhumado para ser trasladado al mausoleo en el que se encuentra hoy, los Ministros Joaquín V. González y el coronel Riccieri se robaron sus dientes. Uno de los únicos restos del prócer que no se habían transformado en polvo. Luego de las quejas de un periodista del diario La Prensa tuvieron que devolver los dientes del pobre y vapuleado Belgrano.

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Desmitificando a San Martín, y sus relaciones con los ingleses

Por Tomás Bril Mascarenhas

"La liberación de Hispanoamérica debe ser alcanzada a través del deseo y los esfuerzos de sus habitantes, pero el cambio solo podrá operarse bajo la protección y con el apoyo de una fuerza auxiliar británica" remató Lord Casterlagh cuando era Ministro de Relaciones exteriores de la Corona inglesa. Después de los fallidos intentos de capturar el Río de la Plata (en 1806 y 1807, al mando de Beresford y Withelocke respectivamente), los británicos se dieron cuenta que el Nuevo Mundo tendría que ser emancipado por otras vías y no por medio de un ataque armado a la capital del Virreynato, Buenos Aires.
El interés inglés por estas tierras se registra con anterioridad al 1800 y no era otro que "crear una entrada libre para nuestras [de los ingleses] manufacturas" (como escribió un escocés llamado Maitland del que después profundizaremos). En los comienzos del siglo XIX Inglaterra había perdido parte de su imperio con la independencia de una de sus colonias favoritas, los Estados Unidos; y a su vez, estaba bloqueada en Europa por Napoleón. Necesitaban comerciar sus productos elaborados y abastecerse de materia prima. Como ya mencioné, las llamadas Invasiones Inglesas no habían sido fructíferas para el gobierno de Su Majestad.
Fue allí cuando resurgió la idea de llevar a cabo un plan con base en el de Maitland. Este escocés era miembro del parlamento y consejero de guerra de la Corona, quién entre 1800 y 1803 le pidió que confeccionara un plan para tomar e independizar al Nuevo Mundo. Maitland propuso procedimientos innovadores como cruzar la Cordillera de los Andes, y se dio cuenta, como buen estratega que era, que el objetivo no sería alcanzado si no se tomaban simultáneamente las costas del Atlántico y del Pacífico, y principalmente la ciudad de Lima "centro" de las colonias españolas.
San Martín siguió casi al pie de la letra esta estrategia confeccionada en Inglaterra. No se sabe si el "padre de la Patria" conoció el Plan Maitland, pero es un hecho que San Martín compartió parte de su vida con funcionarios ingleses y miembros de logias masónicas.
Revisemos un poco su historia para fundamentar ésto: durante su estadía en España luchó junto a los ingleses contra Napoleón. Sorpresivamente en 1811 renuncia al ejército al que había pertenecido gran parte de su vida. Se embarca, con ayuda de funcionarios ingleses (James Duff entre ellos, luego Lord Fife), hacia Londres. Permanece en esta capital por cuatro meses donde tiene reuniones secretas con miembros del Parlamento y masones de la Gran Reunión Americana. Llega a Buenos Aires en marzo de 1812 junto a Alvear, Zapiola y otros criollos e inmediatamente crea la Logia Lautaro, instaurando en ésta un régimen de funcionamiento al estilo de las logias inglesas. Solo siete meses después de su llegada encabeza el primer golpe de estado de la historia argentina y destituye al Primer Triunvirato, formando el Segundo (en el cuál hay dos masones: Álvarez Jonte y Rodriguez Peña). En 1814 le ordenan avanzar por tierra al Alto Perú, pero esto va en contra de "sus" planes y renuncia al Ejército del Norte argumentando que tiene problemas de salud. Llega, tiempo después, a ser Gobernador de Cuyo y se instala en Mendoza (calificado por Maitland como el lugar "indudablemente indicado" para iniciar la campaña a Chile), allí, con mucho esfuerzo personal y ayuda del Director Supremo (por ese entonces, Puyrredon), prepara un ejército escaso en armamento y hombres. Pide deliberadamente al Congreso de Tucumán que se declare la independencia. Cruza los Andes y vence a los españoles en Chacabuco y Maipo. En 1818 declara la indepencia de Chile y con la ayuda de los ingleses sigue su expedición marítima al Perú. Logra la independencia peruana y rechaza los cargos que le ofrecen para volver definitivamente a Europa.
Como vemos en este resumen, San Martín tenía las "ideas claras" ya que en poco más de 10 años logró llevar a cabo una empresa que le había sido difícil incluso a los ingleses. Mucho se ha dicho y escrito acerca del patriotismo del prócer, y, contrariamente a esta postura, hoy hay mucha gente que piensa que San Martín fue un agente inglés. Yo creo que estos son dos extremos opuestos: el Libertador no fue tan "grande" como lo quiso mostrar Mitre pero a su vez tenía y luchaba por sus ideales, o sea no hacía todo lo que los ingleses querían.
¿Por qué San Martín no fue un agente inglés? En su obra Maitland & San Martín Terragno argumenta que "San Martín, como hemos visto, buscó el apoyo británico. Esto no lo hace menos patriota. La conducción de toda guerra requiere una política de alianzas. Esto no significa identificarse con los ideales o los intereses de los aliados" y más adelante agrega, " En 1811, San Martín bien pudo sentir que el interés comercial británico y el interés político sudamericano tenían una ocasional coincidencia. Eso explicaría la busqueda de apoyo"
Esta busqueda de apoyo se vio manifestada cuando San Martín requirió de la ayuda marítima y militar de Inglaterra. Los británicos, no poco interesados en el asunto, enviaron a las costas del Pacífico barcos (antes utilizados en la Companía de las Indias Orientales) y militares (el más conocido de ellos fue Cochrane que tuvo gran participación cuando su ejército venció a los españoles por mar) ¿Por qué San Martín volvió a su tierra después de tantos años de lucha al frente del ejército español? Algunos dicen que su sentimiento patriota lo llevó a hacerlo. Esto es casi imposible ya que solo había vivido en lo que más tarde sería la Argentina 6 o 7 años y además en la época en la que él se fue, este territorio era casi un "anexo" de España.
Yo creo que la decisión fue tomada por varias razones: sus ideales liberalistas, las incentivaciones recibidas por los ingleses como Duff, su "odio" a la actitud sometedora de España y a instituciones como la Santa Inquisición. San Martín tenía ideales y no se puede decir que el incentivo económico (si lo hubo) fue lo que lo impulsó a llevar a cabo tan importante empresa. En su época él no estaba solo, había en Europa y América ciertas organizaciones que creían, como él, que España debía dejar de ejercer su poder en estas tierras, abriendo paso al comercio con otros países extranjeros.
Si bien creo que San Martín no estuvo subordinado a los ingleses, tampoco estuvo al servicio de su patria como siempre se ha dicho. Estaba al servicio de un plan o una misión (dirigida o no por los británicos) que debía llevarse a cabo. Cuando la unidad nacional estaba en peligro (ante el inminente ataque de los federales al Directorio), San Martín decidió seguir su misión y no cumplir con los pedidos a gritos de Buenos Aires de abandonar el cruce de los Andes y acudir en su ayuda (hecho conocido como la desobediencia de San Martín).
Otro tema importante de esta singular campaña y que demuestra que el Libertador tuvo relaciones con los británicos antes, durante y después de su paso por América, es cómo San Martín actuó de la manera que lo hizo sin conocer estas tierras. ¿No es extraño que haya tomado el poder meses después de su llegada y que luego haya tenido tan claro que el lugar adecuado para organiizar un ejército y cruzar los Andes era Mendoza? Creo que esto explica que hubo gente (inglesa) que lo puso al tanto al prócer acerca de las características del territorio a independizar y de su forma de gobierno.
Sobre este tema se ha dicho que San Martín llegó a Buenos Aires sin saber cómo iba a independizar estos territorios, y que debido a su grandeza como estratega y militar ideó el cruce de los Andes. Es bueno aclarar que éste llegó al Río de la Plata con conocimiento (proporcionado por los británicos y masones americanos) acerca de cómo se debía actuar para lograr el objetivo del Plan Continental. Terragno dice "San Martín fue un gran estratega, y si se inspiró en el Plan Maitland, no fue por incapacidad sino, al contrario, porque tomó seriamente la empresa que se disponía a emprender"
¿Cuáles fueron las diferencias entre las invasiones inglesas y el Plan Continental? Como dijo Casterlagh para emancipar las tierras americanas era necesaria la ayuda de una fuerza externa que hiciera de "incentivador" de los criollos, que ya de por sí estaban buscando una identidad nacional propia. Los ingleses fallaron en creer que entrando y tomando Buenos Aires por la fuerza se adueñarían del poder colonial (actitud tomada en las invasiones inglesas). El camino a seguir era entrar "pacíficamente" e ir ganado, de a poco, partidarios con ideas independentistas. San Martín jugó ese papel, no entró por las armas ya que era criollo. Instaló una logia que reuniera a la gente con sus ideas y despues, sí, dio el golpe de estado y se adueño del poder "tomando Buenos Aires" como decía el Plan Maitland. San Martín logró lo que los ingleses no pudieron, aunque después como está comprobado requirió de su ayuda. Luego de este primer paso, el Libertador siguió la estrategia trazada 16 años antes por los británicos, con algunas diferencias principalmente de recursos, pero con un objetivo en común: derrotar a los realistas en centro de poder de su vasto imperio, Lima.
Bibliografía: Rodolfo Terragno, Maitland & San Martín, Universidad Nacional de Quilmes, Buenos Aires, 1998.
Juan Bautista Sejean, San Martín y la tercera invasión inglesa, Editorial Biblos, Buenos Aires, 1997.

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Amores y misterios de don Jose

Por Martín A. Cagliani

Artículo publicado en EDUCYT Nº 124, 8 de julio 2000 prensuba@decanato.de.fcen.uba.ar

Dentro de la abundante oferta editorial que aborda la historia argentina, el nombre de Jose Ignacio Garcia Hamilton se distingue por algunos titulos favorecidos por la eleccion del publico.

Esta semana, Garcia Hamilton presento un esperado trabajo sobre la vida de Jose de San Martin, donde el autor documenta aspectos poco conocidos del origen familiar y la vida sentimental del Libertador.

Puede el conocimiento de una dimension mas humana de un procer proyectar alguna sombra sobre la titanica tarea que le permitio ganarse un lugar en nuestra historia? Probablemente la gran mayoria de los interesados por nuestra historia estan mas satisfechos cuando se alejan del mito y se acercan a una comprension mas precisa de los hechos, pero esta busqueda no es por cierto compartida por todos.

Esta semana, la presentacion del libro de Hamilton, abogado e historiador tucumano, en la Feria del Libro de Rosario fue interrumpida por un grupo de jovenes identificados como "militantes sanmartinianos". Esta expresion, sumada a las cartas de repudio publicadas en el diario La Nacion expresan una metodologia donde el debate de ideas es inhibido frente a la imposicion de rutinas reverenciales hacia una historia construida sin sentido critico.

Por cierto que las afirmaciones del autor del "Cuyano Alborotador" merecen una discusion. Retomando una historia contada durante generaciones entre los descendientes de la familia Alvear, Hamilton conjetura que San Martin era hijo natural del almirante Diego de Alvear y de una indigena guarani.
A continuacion presentamos la nota publicada originalmente por La Nacion el pasado 25 de junio y que desatara la polemica con algunas entidades sanmartinianas.

Amores y misterios de don Jose Por Jose Ignacio Garcia Hamilton
La familia de Juan de San Martin y Gregoria Matorras ya tenia cuatro hijos (y Gregoria 40 a#os) cuando llego el ultimo vastago de la familia, a quien llamaron Francisco Jose. Como si estuviera mimetizado con ese ambiente de las Misiones, el bebito tenia la tez oscura y la nariz aguile#a. Poco despues, Juan fue reemplazado como gobernador de Yapeyu y la familia se traslado a Buenos Aires, donde el capitan no logro obtener un cargo similar.
Desalentado por su fracaso, Juan retorno a Espa#a y se establecio en Malaga, donde el ni#o Jose se crio en un hogar signado por el abatimiento. A los 11 a#os (en violacion de los reglamentos que establecian un minimo de 12) fue admitido como cadete en el regimiento llamado Murcia, donde aprendio a ser obediente, reservado y a desconfiar de los demas. Un informe de su comandante le nego la promocion por "vicios indecorosos", pero otro jefe rectifico el dictamen y Jose pudo llegar a ser oficial.
Participo de las derrotas en Oran a manos de los arabes, en Collioure frente a los franceses y se encontraba en la fragata Santa Dorotea cuando fue apresada por los ingleses. En los lugares de forzosa internacion, aliviaba su soledad de vencido tocando la guitarra y pintando los crepusculos maritimos en su caballete. En Bailen integro el ejercito vencedor frente a las tropas napoleonicas, pero sus ideas liberales lo habian colocado mas cerca de los invasores galos que de los retrogrados defensores de Fernando VII. Cuando uno de sus jefes, el marques de la Solana, fue ahorcado por las turbas en Cadiz acusado de "afrancesado y traidor", y otro, el marques de Coupigny, fue privado del mando por haber nacido en Francia, se dio cuenta de que no habia ya lugar en Espa#a para los que sostenian las ideas de tolerancia, ciencia y filantropia. Miembro de una logia masonica, decidio contribuir a las luchas por la independencia de las colonias en America, con la esperanza de que alli pudieran ponerse en vigor los principios del liberalismo que la peninsula rechazaba.
Tenia 34 a#os cuando llego a Buenos Aires. Habia habido en su vida mujeres cuarteleras y "manolas" de vida alegre, pero seguia siendo un hombre solitario y de pocos afectos. Se enamoro de Remedios de Escalada, una jovencita de 15, y se caso con ella pese a la oposicion de su madre, que lo calificaba de "plebeyo" o lo llamaba despectivamente "el soldadote". En la dominante logia del Rio de la Plata, Jose rivalizo con Carlos de Alvear, un hombre menor que el y de inferior grado militar, pero que descollaba por su inteligencia, su brillo social y su riqueza. Se comentaba que el padre de Carlos, Diego de Alvear, en su juventud habia tenido de amante una india en Yapeyu, con la cual habia concebido un hijo. Esta criatura, bautizada como Francisco Jose -afirmaba la version-, habria sido entregada al matrimonio de Juan y Gregoria de San Martin para que lo criaran. De este modo, Carlos y Jose vendrian a ser entonces medio hermanos y, precisamente, a San Martin lo apodaron como El Cholo o el Tape de las Misiones, por su apariencia de mestizo.
Cuando Jose fue designado gobernador de Mendoza, se insubordino contra el director supremo, Carlos de Alvear, y contribuyo a precipitar su caida. Al iniciar el cruce de los Andes, San Martin envio a su esposa y a su peque#a hija a Buenos Aires, a casa de sus padres. En Santiago, Chile, tuvo un romance con una dama y una noche, al visitarla en su casa, advirtio que estaba compartiendo sus favores con un oficial biso#o, el hermano menor de Manuel Olazabal. Prudentemente, Olazabal dejo el campo libre a su general. Desobedeciendo las instrucciones del gobierno de Buenos Aires, que le habia ordenado volver al Rio de la Plata para impedir las invasiones de los caudillos federales del Litoral, San Martin inicio su expedicion a Peru con el grado de brigadier general de Chile, bajo la bandera de este pais y con su apoyo economico. Desembarco en Huaura, donde establecio su cuartel general por varios meses. Por las noches solia visitar la estancia azucarera de San Nicolas de Supe, donde sostuvo una relacion con su propietaria, Fermina Gonzalez Lobaton. Una tradicion peruana afirma que el hijo que esta mujer tuvo nueve meses despues habia sido engendrado por don Jose.
Al llegar a Lima asumio el Protectorado (pese a que el mandato chileno lo habia desaconsejado) y alli mantuvo un affaire con Rosa Campusano, una guayaquile#a que habia actuado como espia a favor del bando patriota. Cubierta su cabeza con un velo y vestida con manto, Rosa habia distribuido mas de una vez panfletos subversivos y habia ocultado en una casa a varios oficiales espa#oles que habian desertado para pasarse a las fuerzas revolucionarias.
Don Jose se instalo en una residencia en el pueblo de la Magdalena y alli solia atender el despacho diario, que uno de sus ministros le llevaba desde Lima. Rosa, que era soltera, lo acompa#aba con frecuencia, y los sabados a la noche partian en lujosa carroza rumbo a las fiestas de la capital, ella con vestido y zapatos de seda y el con su nuevo uniforme de general, con abundantes hilos de oro. Cuando el protector incluyo a Rosa entre las ciento d