Bussi, el macho acorralado

Por Felipe Yapur

«No conozco casos de asesinatos por la condición de ser mujer», aseguró el legislador de Fuerza Republicana, Ricardo Bussi. La frase, pronunciada durante una entrevista que concedió a FutuRock, estuvo enmarcada en su intento por justificar el proyecto de ley que impulsa en su provincia para evitar que se adhiera a la ley Micaela. Bussi sostiene que esa norma, que implementa una serie de capacitaciones para combatir la violencia de género en los tres poderes del Estado, tiene un defecto de origen que lo denomina como «la ideología del feminismo» que la vuelve «sesgada y parcial» e incluso afirma, remembrando frases de la dictadura que mamó de muy cerca, que «es extraña a nuestra sociedad».

La frase no resulta sorprendente en este hijo de genocida. Ricardo Bussi es la terrible representación de la figura paterna que tuvo, con todo el peso simbólico e ideológico que eso conlleva. No es un genocida ni un asesino, pero supo aprovechar la figura del padre, genocida y asesino, para continuar moviéndose en las instituciones democráticas.

Bussi hijo, como varón-macho justifica la muerte de mujeres a manos de hombres y las define como simples hechos de violencia, sin género y con las únicas motivaciones posibles como «los celos, la envidia, las drogas o la depresión». Qué curioso, todo lo que la ley Micaela busca deconstruir.

Bussi hijo es abogado y como tal no ignora que desde 2012 y por ley el femicidio es un agravante de un homicidio. Sin embargo, afirma que este concepto es la imposición que logró el feminismo, movimiento al que definió como una ideología «totalmente extraña a nuestra sociedad» y, paradójicamente, ese movimiento no sólo es fuerte en la Argentina sino que además es ejemplo en el mundo.

Pero considerar a este movimiento como algo extraño o ajeno a una sociedad no es la frase de un carcamán sino que forma parte de aquel discurso militar de los años de la dictadura que se usaba como justificativo de lo que luego se supo era el plan sistemático de secuestros, torturas y desapariciones de la dictadura. A Ricardo, cuando se lo pone contra las cuerdas como ocurrió en la entrevista, se le ve aquello de que la fruta no cae muy lejos del árbol y por lo tanto sus afirmaciones no son el resultado de una posible ignorancia.  

Por otra parte, es necesario resaltar que los dichos del hijo del genocida se producen en una provincia donde el actual poder político impuso la sanción de una norma que convierte a Tucumán en un estado «provida». Tampoco se aplica el protocolo de Interrupción Legal del Embarazo (ILE) y la Educación Sexual Integral se incorporó al plan educativo recién en 2018 pero sin presupuesto. Tal vez la aplicación de la Ley Micaela le permitiría a Tucumán la generación de un espacio para pensar y sobre todo transformar esta coyuntura.

13/05/20 P/12

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