Castillo, entre la ideología y el posibilismo

El presidente de Perú intenta devolver al gobierno de izquierda al curso votado en la elección de junio pasado, pero, más allá de dogmatismos y oportunismos, sólo las obras le darán el apoyo popular que necesita.

Por Eduardo J. Vior*

El 3 de octubre del 2021, en el 53º aniversario del inicio de la Revolución Peruana liderada por el general Juan Velasco Alvarado (1968-75), el presidente Pedro Castillo anunció una segunda reforma agraria desde la explanada de Sacsayhuamán en el Cusco. Con la elección de la fecha, el mandatario rememoró el proceso nacionalista que entonces estatizó el petróleo e inició la reforma agraria. Fue un intento por recuperar impulso con un fuerte simbolismo que el presidente reforzó el pasado miércoles 6, al nombrar a Mirtha Vásquez como Presidenta del Consejo de Ministros. Castillo intenta devolver al gobierno de izquierda al curso votado en la elección de junio pasado, pero, más allá de dogmatismos y oportunismos, sólo las obras le darán el apoyo popular que necesita.

El combativo y frontal Guido Bellido (41 años) fue el primer ministro escogido por Pedro Castillo a poco de asumir a fin de julio pasado. Sin embargo, el joven ingeniero cusqueño se enfrascó en choques dentro y fuera del oficialismo que lo desgastaron y llevaron a su remplazo. Por el contrario, su sucesora, la abogada de 46 años especializada en derechos humanos Mirtha Vázquez prefiere la búsqueda de compromisos. En este sentido declaró el sábado 9 a la estatal TV Perú que, para tener una nueva Constitución es necesario estar seguros de que la población siente la necesidad de reelaborar la Carta Magna. El tema genera rispideces dentro de la coalición de gobierno, porque Perú Libre (el partido mayoritario dentro de ella) está recolectando firmas para habilitar el referendo de convocatoria a la Asamblea Constituyente.

El presidente está empeñado en poner en marcha la agenda del gobierno impulsando la llamada Segunda Reforma Agraria y la renegociación de los contratos con el consorcio privado que explota los yacimientos gasíferos de Camisea (en el área selvática del Departamento de Cusco). Entre 1968 y 1975 Perú tuvo bajo el gobierno militar de izquierda de Juan Velasco Alvarado una de las reformas agrarias más radicales de Suramérica. La clase latifundista fue erradicada, pero errores en el proceso le restaron efectividad, por lo cual la población campesina sigue siendo mayormente pobre.

Según el ministro de Agricultura, Víctor Mayta, un abogado de 29 años nacido en una comunidad quechua del departamento de Cusco, la actual reforma se resume en cinco líneas estratégicas: “La creación de un Gabinete de Desarrollo Agrario y Rural, el ajuste a una franja de precios, la creación de un programa de compras públicas de alimentos para la agricultura familiar, la protección y cuidado del agua y la asociatividad y cooperativismo”.

Al mismo tiempo, la primera ministra se puso al frente de una comisión interministerial que renegociará Camisea con el consorcio formado por la empresa argentina Pluspetrol (27% de participación), la estadounidense Hunt Oil (25,4%), la surcoreana SK Innovation (17,6%), así como la argentina Tecpetrol, la española Repsol y la argelina Sonatrach (con 10% cada una). La negociación, compleja y técnica, apunta a que el yacimiento deje más utilidades para el Estado y masifique el abastecimiento de gas doméstico para la población.

Esta semana Castillo también ratificó la continuidad como presidente del Banco Central de Julio Velarde, economista ortodoxo que desde 2006 maneja la política monetaria. No obstante, el gobierno tiene todavía muchas promesas pendientes en salud, educación, empleo, pensiones, costo de servicios y políticas tributarias.

Los primeros dos meses de la presidencia de Pedro Castillo fueron muy desgastantes y poco productivos. Está acosado por una derecha cerril que aprovecha la Constitución fujimorista de 1993 para trabar todos sus pasos. Otra derecha “moderada” lo enreda en negociaciones y pactos inconducentes. Finalmente, le falta unidad por las luchas internas entre los leales a Vladimir Cerrón -que en cada concesión ven una traición a los principios- y los “caviares” (así se llama en Perú a la izquierda limeña tecnocrática y progresista) que reniegan de cualquier cambio de estructuras. El presidente sabe que el pueblo peruano ya ha tenido demasiadas decepciones y que no está dispuesto a esperar mucho tiempo. Por ello le urge mostrar obras, para lo cual necesita mantener la unidad de la heterogénea alianza que lo sostiene. De que lo logre depende la paz de Perú y la región.

*Dr. en Ciencias Sociales y analista internacional

Télam

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