Cinco tips para ser un intelectual macrista

Por Mónica López Ocón – monicalopezocon@gmail.com

No, no sea prejuicioso. No es cierto que intelectual y macrista sean conceptos irrenconciliables. Lo que sucede es que Cambiemos ha producido un verdadero cambio de paradigma, por lo menos del paradigma verbal: el gobierno no quiere conjugar la realidad en pasado, pero a juzgar por el tiempo presente, el tiempo futuro será no sólo imperfecto, sino realmente catastrófico. Por otra parte, los nuevos intelectuales son distintos, ya no hablan con notas a pie de página y se equivocan con las citas y los nombres de los escritores cada vez que quieren bautizar en su homenaje una estación de subte. A cambio son desconcertantes, ocurrentes, chispeantes y, para seguir con la rima, hasta ignorantes. Además, son muy ahorrativos, sobre todo en ideas, y cuidan el dinero del Estado. Porque qué es eso de andar fundando universidades por todas partes. Y Dios los libre y los guarde de caer en la escuela pública. Por eso, acepte el consejo gubernamental y reconviértase siguiendo este minicurso de intelectual macrista, una actividad mucho más rentable y creativa que producir cerveza artesanal.

 

1. Funde la Armada Brancaleone de la intelectualidad

Haga un casting para conseguir un actor confundido que crea que Macri es el sucesor político de Hipólito Yrigoyen; un escritor que afirme que el kirchnerismo está muerto; otro con cierto aspecto de stripper y mucho odio; un tercero con ínfulas y solemne voz de locutor que asuma el papel de intelectual atormentado; un ensayista cabrón y gorila y un pensador (es un decir) que encuentre en el macrismo la forma de eludir la sombra de su padre. Una vez conseguido este grupo, tome como eje programático el título del libro de Woody Allen Cómo acabar de una vez por todas con la cultura y arremeta contra cualquier atisbo de pensamiento que se le cruce en el camino.

 

2. Logre superpoderes citando a superhéroes

Anímese a decir sin ponerse colorado cosas tales como «Macri es como Batman». La comparación está más que justificada. ¿No se oculta bajo el hombre murciélago un poderoso millonario que se ocupa de hacer el bien? Bueno, en esta última parte no hay una coincidencia total, pero podemos pasarlo por alto. Lo cierto es que Batman vive en Ciudad Gótica y nosotros también. No sólo atravesamos un momento oscuro y tenebroso como la estética gótica. Además, hemos vuelto a la Edad Media, donde el gótico floreció como estilo arquitectónico. Es cierto que no construimos catedrales con ventanas ojivales porque Patricia Bullrich podría confundirlas con ojivas nucleares y declarar que existe un complot paraguayo-argentino-kurdo-chino-ruso-boliviano para ingresar al país armas de destrucción masiva. Pero no es menos cierto que la palabra «trabajador» hoy suena muy mal a nivel gubernamental y resulta mil veces preferible la expresión «siervo de la gleba». Pero tampoco se olvide de los villanos, porque sin ellos no existirían los buenos y, además, siempre conviene tener un amigo que esté del otro lado, por si las cosas se dan vuelta. Por eso, introduzca frases como «nunca la noche es más oscura que antes del amanecer». ¡Santo neoliberalismo, Batman!

 

3. Use y abuse de comparaciones que parezcan idiotas (y tal vez lo sean)

No subestime paralelismos del tipo «pensar a Macri sin Peña es como pensar a Tom sin Jerry». Expresiones de ese tipo están destinadas a pasar de boca en boca, a viralizarse y a perdurar en el tiempo. Seguramente serán recogidas en algún idiotario futuro que constituirá un documento histórico de los tiempos que vivimos. Por lo pronto la comparación fue realizada por el secretario de Cultura de la Nación y nadie exigió su renuncia ni la creyó razón suficiente para iniciarle juicio político. Es que, aunque pueda parecer lo contrario, es representativa del nuevo tipo de intelectual que propone el macrismo: el intelectual marca Acme.

 

4. Téngalo en cuenta: mencionar a una estrella de rock puede justificar lo injustificable

Si tiene la suerte o la desgracia de tener cerca a alguien verbalmente incontinente que más que hablar deja a su paso verdaderas deposiciones lingüísticas, recurra al viejo truco de convertir la carencia en virtud y proclame que es un acto intelectualmente transgresor y lance una frase del tipo «lo que pasa es que ella es rock and roll, una especie de Charly García». Poco importa si da pruebas evidentes de que, cuando habla, desafina.

 

5. Cree su propia realidad

Suele decirse que la realidad es una construcción. Por eso, apresúrese a construir la suya antes de que la inflación la vuelva inaccesible. No dude en decir disparates, en afirmar que querer comer todos los días es un deseo anticonstitucional que tiene como propósito desestabilizar al gobierno y que es justo que el presidente suprima por decreto la ley de gravedad. Un intelectual macrista que se precie tiene que ser capaz de convencer a su auditorio de que Isaac Newton vio caer la manzana que inspiró su teoría en un campo ajeno y que por lo tanto, la suya no fue una actitud científica, sino un ataque a la propiedad privada.

 

09/06/19 Tiempo Argentino

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