Cinismo y sofismas de campaña

Por Mario de Casas

Estrategia

Después de haber hecho todo lo necesario para enfrentar las próximas elecciones nacionales con alta probabilidad de perder, incluso en primera vuelta, está por verse si esta vez a la oligarquía le alcanza con el manejo profesionalizado de las tecnologías de comunicación y una retórica que, aunque renovada, podría ser verosímil sólo en apariencia.

Se ha desgastado la envoltura discursiva que sirvió para que una amplia franja de la población creyera en promesas que implicaban mentiras alevosas, del tipo [vamos a alcanzar] “pobreza cero” o “nooo, nooo, [combatir la inflación] no es difícil, en mi gobierno la inflación no va a ser un tema, no va a ser un desafío, el desafío va a ser conseguirle un trabajo a la gente”; convertidas ahora en el equivalente a una mochila de plomo para escalar el Aconcagua.

Para trepar esa cuesta cada vez más empinada, el comando ecuatoriano ha impuesto un equipaje del que se espera el mismo efecto engañoso aunque más difícil de percibir: es la hora de poner en acto el cinismo puro y duro complementado con sofismas que podrían pasar inadvertidos, y no sólo para los incautos. Aun así, la realidad se hace sentir con la contundencia de los hechos, que suelen superar a las técnicas publicitarias.

Tragedia republicana

Las muertes por frío de personas en situación de calle serán uno de los récords que podrá mostrar el macrismo.

Que en la ciudad más rica del país hayan muerto de hipotermia 5 personas en 11 días habla más del gobierno que del clima. Que la responsabilidad política de este desamparo sea de hombres y mujeres pertenecientes a las organizaciones que llevan por nombre Partido para una República con Oportunidades (PRO) y [Coalición Cívica para la] Afirmación de una República Igualitaria (ARI) sería un chiste si no fuera por la tragedia. Es oportuno recordar que el segundo de los dirigentes en importancia del PRO —por ahora: más temprano que tarde podría ser el primero— preside el gobierno, que su socia principal es Diputada Nacional por ese distrito y que el vicejefe y candidato a la reelección, ante el requerimiento periodístico, aseguró que “hay personas que prefieren dormir en la calle”, argumento tan falaz como el que suelen utilizar las usinas del Régimen para explicar el desempleo: “Hay gente que no quiere trabajar”.

No cabe la menor duda de que esas muertes pudieron y debieron ser evitadas, por lo que han puesto en evidencia el descaro que encierran aquellos ostentosos nombres partidarios, que no invocan una república cualquiera, sino una “República con Oportunidades” y una “República Igualitaria”, es decir, la república democrática. No corresponde para tal desvergüenza una explicación psicológica, como “dime de qué presumes y te diré de qué careces”, entre otras razones, por tratarse de colectivos cuya finalidad es la acción política. En cambio, como se verá, el hecho bautismal de los nombres es el primer acto de la omnipresente contradicción confirmatoria de que el cinismo político está en el ADN del macrismo.

Se sabe que una de las banderas de la república democrática es la fraternidad, cuyo significado político es preciso, y opuesto a las concepciones y políticas oficialistas causantes primarias no sólo de los hechos en cuestión sino del drama nacional que afecta a millones de compatriotas. A diferencia de los conceptos de libertad e igualdad republicana —que también son sistemáticamente vulnerados—, fraternidad es una metáfora conceptual. A los efectos del conocimiento, el propósito de una metáfora es tratar de entender una parte de la realidad más o menos desconocida o ajena a nuestra experiencia a partir de otra que nos resulta conocida; en una aproximación, sería algo así como acercarse a lo abstracto a partir de lo concreto. Es decir, las metáforas así entendidas no son meras palabras, sino estructuras cognitivo-conceptuales, normalmente —aunque no siempre— expresables en palabras: las expresiones metafóricas. No se trata de un recurso raro, propio de refinados creadores literarios, sino de un instrumento cognitivo fuertemente anclado en el lenguaje popular.

Las expresiones metafóricas que contienen la palabra fraternidad vinculan el ámbito privado de lo que en griego se llamaba oikos y en latín domus — la familia en sentido histórico tradicional: familia tiene raíz etimológica en famulus, el esclavo sometido al poder arbitrario del páter familias—, y el ámbito público de la koinonía politiké —griego—, de la res pública —latín— o de la sociedad civil o política en criollo. No hay una sino varias metáforas de la fraternidad, la primera de las cuales correspondió a una república esclavista: cuando Aristóteles dice que en el oikos el cabeza de familia ha de gobernar a los esclavos despóticamente, a los niños monárquicamente y a las mujeres republicanamente.

La democracia moderna —como la antigua de Efialtes y Pericles— arrancó como un intento de ensanchar la sociedad civil, de ampliar la ciudadanía, de incorporar más y más personas al espacio de los libres e iguales, que para Aristóteles debía ser acotado. Ese intento tuvo distintos grados de radicalidad: Jefferson, por ejemplo, se acordó de las poblaciones pobres y libres, pero ignoró a los esclavos —él tenía esclavos— y despreció a los esclavos a tiempo parcial —los obreros asalariados— que en los EE.UU. de su tiempo se conocían como “mecánicos”.

Pero fue la democracia fraternal de Robespierre y el ala plebeya de los jacobinos franceses la que llegó más lejos: incluyó a los esclavos de las colonias francesas, a los asalariados, a los desempleados y a las mujeres, inveteradamente sujetas a la dominación patriarcal/patrimonial. La famosa fraternité jacobina expresaba la necesidad de emancipar de la dominación patriarcal/patrimonial al conjunto de las “clases domésticas”, de incorporar a la sociedad civil, hermanándolos en ella, al grueso de los sectores sociales subalternos sometidos a una implacable loi de famille o al abandono liso y llano que, por eso mismo, los mantenía fuera de la vida civil y, obviamente, los excluía también de cualquier remota posibilidad de control de la vida política supracivil.

La mención nos atañe directamente, porque Moreno y sus compañeros de mayo de 1810 estaban claramente inspirados en esta línea: la tradición republicano-democrática que hoy expresa el Movimiento Nacional, Popular y Democrático con la misma nitidez con que el macrismo expresa la tradición republicano-oligárquica rivadaviana.

Sin embargo, el gobierno que todos los días pisotea hasta el último vestigio de la república democrática, dice todos los días defenderla y hace todos los días alarde de su condición republicano/democrática.

Por si fuera poco, el gobierno que ha arruinado las condiciones de vida de los sectores más vulnerables, culpa a los muertos de frío por sus propias muertes.

De terror

Como señaló Horacio Verbitsky en Una noticia bomba (El Cohete, 21/7/19), la coincidencia de la visita del Secretario de Estado norteamericano con la conmemoración de los 25 años del atentado de calle Pasteur no fue pura casualidad. El 17 de julio pasado, Macri firmó un decreto que incluye la creación del Registro Público de Personas o Entidades Vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento, que inmediatamente fue utilizado para hostigar a la organización libanesa Hezbollah.

Lo importante para nosotros no es Hezbollah, sino que esa irresponsable decisión —en contraprestación por la inédita incursión del FMI en rescate de su peón local, a expensas del país entero— involucra a la Argentina nada menos que en el conflicto de Medio Oriente, en el que no tiene nada que ver pero sí mucho que perder; a tal punto que tanto la ejecución de los atentados de 1992 y 1994 como el encubrimiento que impide conocer a los responsables no pueden desvincularse de la decisión de Menem de sumergir al país en aquel conflicto —en el marco de la primera fase de las relaciones carnales— y de las necesidades geoestratégicas de Washington e Israel.

Sin embargo, conviene saber que Hezbollah no es una organización terrorista. Nació a partir de una radicalización en el seno de los chiítas libaneses, receptivos a la influencia y ayuda directa de Teherán por su afinidad confesional. Fue la invasión israelí de 1982 lo que precipitó esa radicalización. Los recursos iraníes, utilizados con inteligencia, sirvieron a Hezbollah para conformar una red de asistencia social y construir así una base de masas en el ámbito de la comunidad chiíta. Cuando en 2002 Israel no tuvo otra opción que evacuar la última porción del territorio libanés que había ocupado en 1982, Hezbollah reivindicó con razón el mérito de esa victoria, que le significó un extendido prestigio; y, con el correr de los años, fue mutando de tal suerte que la organización de la resistencia armada cedió peso al partido político de masas con representación parlamentaria. Así alcanzó una indiscutible legitimidad.

Lo dicho no es contradictorio con el hecho de que la ideología del Hezbollah sea integrista y conservadora, pues el integrismo islámico es múltiple y diferenciado: una organización de masas como Hezbollah nada tiene que ver con redes terroristas como Al-Qaeda. No obstante, no debe sorprender que, en función de sus objetivos, EE.UU. e Israel la acusen de haber ejecutado acciones “terroristas” —en el sentido de operaciones dirigidas deliberadamente contra civiles— en el Líbano y en el extranjero, que nunca han sido probadas y sí rotundamente negadas por la organización libanesa.

Así, el gobierno que retomó la política de encubrimiento de los responsables de los brutales atentados terroristas ocurridos en el país, considera terrorista a una organización que no es y dice combatir al terrorismo mientras expone ante ese peligro al país, que hoy no padece el flagelo.

Exhibiciones obscenas

El gobierno que ha entregado simbólica y materialmente la soberanía de Malvinas incumpliendo su obligación constitucional en distintas instancias y enajenando recursos naturales, ofende la sensibilidad nacional promoviendo una simulada reivindicación de Malvinas en el patético desfile del último 9 de Julio.

Pero como en materia de provocaciones siempre se puede dar un paso más, el gobierno incurrió en negacionismo a través de su inefable Ministro de Defensa, esta vez respecto de la gravedad de los alzamientos carapintadas.

Casi simultáneamente, en una de sus habituales exhibiciones de cinismo, el Presidente que ha censurado a periodistas y medios opositores, amenazado y encarcelado a los propietarios de Página 12 y C5N respectivamente, dijo que convive con esos medios “y no sé cuántos más” sin que se le moviera un pelo.

Puro cartel

La iniciativa de Patricia la Pistolera que lleva el rimbombante título de “Servicio Cívico Voluntario en Valores” no ha sido formulada en virtud de que el Régimen considere que sirve para algo —y menos para algo bueno, ¡faltaba más!—, sino por la necesidad de fidelizar a los votantes del ala derecha de la derecha.

Nadie debería alarmarse por los valores que bajo el mando macrista transmitiría la fuerza cuya escuela de oficiales lleva el nombre —sólo el nombre— del gran Güemes: los argumentos de Julio la lealtad te la debo Cobos que han servido como fundamento y antecedente al proyecto publicitado son de la misma naturaleza que los citados más arriba: se supone que les destinataries son jóvenes que no estudian ni trabajan debido a su propia negligencia; es decir que el individuo es el responsable excluyente de sus éxitos y fracasos personales. No es necesario haber leído a Marx para comprender que es difícil que hoy sea receptivo respecto de valores alguien que no sabe si tendrá para comer mañana: no os preocupéis, el fracaso de la gendarmería al acometer tan heroicas acciones está asegurado.

El mismo gobierno que ha dejado a miles de jóvenes sin trabajo, que cierra escuelas y pretende cerrar universidades públicas, propone a eses jóvenes que reemplacen estas necesidades/derechos que hacen a la condición humana con valores aprendidos en una fuerza armada que el gobierno ha entrenado para la represión del conflicto social, que no por casualidad tiene por protagonistas a eses mismos jóvenes, entre otres.

Vigilia

Lo resumido hasta aquí no refleja sino la búsqueda del objetivo invariable que orienta las decisiones del gobierno desde el primer día: favorecer los intereses económicos y políticos —ahora centrados en la campaña— de Macri y sus socios, irremediablemente opuestos a los del país de los argentinos. Justamente por eso el Régimen no va a vender barata su derrota: si el cinismo y los sofismas no alcanzaran, probablemente intente el fraude.

Así, en la etapa que se iniciará en diciembre pueden pasar dos cosas: 1) Si el macrismo fuera electoralmente derrotado, utilizará medios lícitos e ilícitos para desestabilizar al gobierno popular; 2) Si resulta ganador, intentará consolidar para siempre su proyecto reaccionario.

En cualquier caso será imprescindible la presencia pública activa de los sectores populares, para defender a su gobierno o para evitar que el Régimen consolide su proyecto de apropiación de la res pública.

El Cohete a la Luna

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