Imprimir este documento

EDUARDO PERSICO
Eduardo Pérsico, narrador y ensayista, publicó cuentos, seis novelas, "Lunfardo en el Tango y la Poética Popular y algún poemario. Nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina. VER CURRICULUM

 

Ellos, los diferentes

Por Eduardo Pérsico

Puede tener cierto sabor a gloria sentirse diferente. Con la certeza de saberse distinto cada día cualquiera ha de amanecer victorioso y entero. Sin apremios en decir ‘soy de otra clase’ ni presumir de lo bueno ‘que existan diferencias’, la expresión de esa gente no es la nuestra. Acaso por pisar un escalón más alto; eso suelen callarlo pero sentir lo sienten; demuestran ser distintos. Y no vale despreciar, ellos tienen su estilo.

Sin pensar en azarosos engendros de galaxias lejanas o exóticos venidos de ultratumba, hay un gentío natural y común, -esta no es la palabra- que habita en otro barrio más seguro y lujoso que nos mira sin vernos. O más bien, ni nos mira. Aunque nos advierta alguien que entiende asuntos de la ciencia que ellos, los diferentes, son iguales en todo y no hay genética que analice riquezas, por ejemplo. Por decirlo de un modo, esos tipos son similares al Papa, al Rabino Supremo y al mismísimo Rey del Oro en barras. Son iguales a la gente que si no come ha de morirse de hambre y si asumen perpetuarse en la especie, también deben aparearse de la manera más a mano y divertida para engendrar un hijo.

Ellos, los diferentes, son iguales a todos porque al fin como todos son esclavos del hambre. Y no del deseo social de comer algo cuando decae la tarde, sino del hambre de verdad, profundo y serio. Hambre por no comer lo imprescindible y merecido que además de las tripas demuele la ética o la moral a cada uno y todos. Por eso quizá los diferentes opinen sobre todo por desconocer el hambre terminal, ese que tampoco respetan iglesias, sinagogas y mezquitas al ponderar palabras y milagros y proseguir diciendo tonterías sobre el asunto.

‘Mi reino por un caballo’ imploró aquel aterrado Rey al presentir el aletazo del final, porque nada vale en la vida más que la vida misma’, le escuchamos a cierto filósofo de trasnoche en un bar de Buenos Aires. Que además, solía imaginar a los hombres y mujeres más afortunados del planeta reunidos en un palacio inigualable, de pronto absolutamente aislado y sin nada de alimento. ‘Entonces al cuarto día, sin prejuicios ni pudores, todos daban todo pero todo por un cachito de pan’. Aunque claro, era su pura imaginación…

Igual y de cualquier manera, no hay mortal que ande exento de una herencia de hambrunas. La humanidad se explica por tantas migraciones persiguiendo comida. Familias, gentíos y multitudes caminaron desiertos y atravesaron mares corridos por el hambre. Esa implacable realidad que nunca espera y acaso muera con nosotros, continúa; y lamentablemente lejos de tanta gente diferente que ni siquiera mira.

Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.


Argentina: Violento rechazo al mentón pero sigue la pelea

Por Eduardo Pérsico.

Quizá el análisis del rechazo en el Senado del importante proyecto envíado por el Poder Ejecutivo por aumentar las retenciones a la exportación de ciertos granos, pareciera prematuro, pero los datos para la opinión se fueron acumulando durante los ciento cincuenta días del conflicto. Del 11 de marzo del 2008 fecha en la cual por una disposición difundida como ‘la 125’, las retenciones subieron del 35% del valor de los embarques al 44%, además la imposición sería móvil y subiría según el precio internacional de los granos en cuestión, así que la reacción contraria en el ambiente ruralista fue inmediata. Un despliegue de poderío organizativo y mediático que aunque resultara sospechoso de otras ambiciones, determinó que luego de tres meses y apremiado por cortes de ruta, parciales desabastecimientos y otras movidas desestabilizadoras de la República, el Ejecutivo encabezado por Cristina Kirchner dispuso elevar el asunto al Congreso Nacional para su tratamiento.

Eso y a pesar de los atributos constitucionales y jurídicos que lo habilitaban a subir las retenciones, fue una aceptación de haber equivocado el camino político a seguir y al menos, que había actuado como si desconociera cuál era el enemigo a enfrentar. Vale decir, nada menos que los dueños de la tierra en Argentina, el sector más retrógrado y autoritario de todo el tejido social argentino, donde conviven no sólo quienes se oponen a una distribución más humanitaria de la riqueza sino de todo lo que tienda a fortalecer un Estado Nacional que atienda en serio las desigualdades y estructurales y profundas que existen en nuestro país desde siempre. Ese sector hoy suma al más acendrado reaccionarismo medieval con sus estructuras centenarias más los flamantes personajes enriquecidos por la renta financiera de últimas décadas, y no sólo se empeña en desprestigiar y combatir el natural progresismo distributivo que surge de cualquier sociedad industrializada, sino que sin ninguna duda ni pudor, 'estos tipos, -diría el bueno de Julio Cortázar- insisten en retraer el reloj de la historia al año anterior de la Revolución Francesa’. 

Así las cosas y hoy, al margen que ya existen otros proyectos sobre las retenciones a las exportaciones, cuyo incremento llegó para quedarse, ver propuesta Reuteman, y ya derogada la Resolución 125 por invalidarla el mismo rechazo de la totalidad del proyecto, también quedaron sin efecto los reintegros que se darían a los pequeños y medianos productores y otras modificaciones agregadas por los diputados oportunamente. Así que el izquierdozo Bussi y su Federación Agraria más el sonoro De Angeli, dejarán de jugar en el mismo equipo de la Sociedad Rural que pareciera haberlos dejado colgados del pincel, por esas cosas de la vida... Por ahora, todo hibernará hasta una nueva ley que entendemos, no fácilmente será consensuada como muchos optimistas creen en tanto los ruralistas y sus asociados llegaron a esta instancia confusa con un plan mucho más ambicioso y perverso que frenar un gravamen más o menos. La finalidad cierta consistió en desarmar de un golpe la capacidad del Estado Nacional para controlar y reasignar los ingresos, reclamando un nuevo Pacto Federal que ellos mismo redactarían y harían cumplir; palabras certeras de sus mismo dirigentes, no olvidemos; que apuntaría al uso de los recursos que le dan los derechos constitucionales al Poder Ejecutivo en último caso, fuera pasado a los erarios provinciales. Una aspiración más que desencaminada en cualquier Estado moderno que se estime en el mundo.

Pero mucho de esto acontece porque acaso el mismo gobierno haya perdido de vista, - como en otros aspectos- los recursos tradicionales de recaudación que mantiene en su poder. Por ejemplo, si el Ejecutivo dinamizara modernamente y en serio los mecanismos de cobro de la Agencia Fiscal de Ingresos Públicos, las direcciones de provinciales que desatienden el cobro los impuestos inmobiliarios, - hoy tan fáciles de estimar con las aero fotogrametrías que abundan en Internet- y dando los avales y recursos técnicos a la Oficina de Control Comercial Agropecuaria, podría recuperar muchos de los millones de dólares que tradicionalmente son evadidos por ‘la gente del campo’ y financistas circundantes. Después de todo y sin abundar en muchísimo otros datos, un dirigente de la Asociación Agraria de Entre Ríos acaba de ser penado con dos años de prisión condicional por reiteradas evasiones impositivas. Nadie piensa que ha de ser el único y eso, por algo será.

Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.


 Trivial, mascarada de medios, mediáticos y mediocres

Por Eduardo Pérsico

Al inicio del conflicto entre el gobierno de Cristina Kirchner y cuatro entidades del agro, un grupo de interés económico que prontamente concentrara a toda la oposición desplegó una inusitada solidaridad de los medios de información con ‘la gente del campo’. Esa adhesión a uno de los grupos en pugna, nombrado como ‘el campo’ y a impulsos ‘la gente’, dinamizó una falta de objetividad entre los fabricantes de opinión de mayor alcance popular que hizo de cada radio y televisora una parte decisiva de la cuestión. Esa falta de rigor y al ir creciendo la participación de cada corporación informativa fue mostrando su entretela, ocultando y falseando los argumentos del gobierno para aumentar las retenciones a la exportación de algunos productos agropecuarios. Que la medida por inconsulta y falta de tiempo y distancia fuera políticamente calamitosa, es indudable, pero eso no deslegitima el derecho jurídico del gobierno constitucional de tomar la resolución de gravar las ganancias extraordinarias que producirán los aumentos de precios internacionales de los alimentos, y mucho menos aplaudir las réplicas delictivas de la Sociedad Rural, Coninagro y la Federación Agraria al quemar tierras, cortar rutas y provocar desabastecimientos a la población.

De lo que se jactaron sus voceros en cámara; ‘demostramos que podemos desabastecer’, dijo uno de Federación Agraria, y al amenazar y concretar el golpe inflacionario que más cruelmente perjudica al pobrerío de más baja condición. Y será también memorable la protesta de la Sociedad Rural Argentina contra la 'represión', acaso queriendo redimir la reverencia hecha al sedicioso militar Ongania cuando los visitara en 1966 sobre un Landó. O carruaje parecido también decadente.

Más que despropósitos una verdadera hijadeputez escamoteada por lo medios que alegremente festejaron los desbordes de ‘sufridos hombres del campo’ contra el mismo cimiento de la convivencia. Una patética parcialidad que algunos atribuyen al probable cambio de la Ley de Radiodifusión que limitaría los monopolios al sumar nuevos participantes al mercado, vaya uno a saber, pero tanta parcialidad degradante fue anunciada en un corte de ruta inicial cuando un orador impiadoso deschavara ‘y sepa el gobierno que nos apoyan los intelectuales y las intelectualas de la radio y la tele’, certero hallazgo verbal que el dirigente entrerriano luego no repitiera. Esa aseveración no sería atendible por divertida pero sí por la tarea que los noticieros y noticieras cumplieron con una fidelidad patríotica, fuera de cargosas impurezas idiomáticas y en este asunto sin mencionar jamás el descomunal negocio financiero que hacen en Argentina los pooles de siembra, son simples empleados de los medios que al ganar mucho dinero se creen irrebatibles intelectuales de tanto peso como Marx, Nietzche, Sastre y los oradores de la rutas…

En verdad, como el gentío no les discute y sí los envidia, estos tilingos se equivocan de rol: suponen ser Chaplin siendo sólo el que barre el cine: el Poder económico acciona según elige el uso de las armas y de las comunicaciones, - esa categórica trilogía mandante- y ningún Medio a su servicio sostiene una opinión que modifique la finalidad del capital empresario. Entonces, si al Medio le conviene dispone la exhibición de Mediocres (¿y mediocras?) que sin ningún rigor y en esa dirección opina y dispone sobre lo que venga; constituciones nacionales, ley de enfiteusis, economías galácticas, los buenos o malos, y un diario tradicional nominó al religioso que arbitraría en la diferencia económica. Pero claro, por eso les pagan.

Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina


Ambiguas refundaciones y otras riesgosas giladas

Por Eduardo Pérsico

A mitad de mayo 2008 y esperando el fin del lockout de los sectores campestres, perpetuos en Argentina para imponer sus convicciones a los gobiernos lícitamente elegidos, recordamos que ese privilegiado grupo de presión, hoy tan radicalizado, varias veces emprendió este tipo de sublevación institucional y contrariamente, jamás le reclamaran igual a los grupos militares que desde 1930 en adelante tantas veces usurparan el gobierno nacional y usaran de manera discrecional de los fondos del Estado. Un asunto nada sugestivo ni casual al revisar los elencos civiles de esa corriente que otorgaran entidad ideológica a esos sediciosos y según registra la historia, jamás promovieron cambios económicos más distributivos y republicanos; igual a más equilibrado y humano; al reparto de la riqueza. Un equilibrio que sin hundirnos en tediosas teologías economicistas, los gobiernos legítimos casi en general tienden a mejorar reacomodando las aplicaciones impositivas al diferenciar a quienes más tienen de los menos pudientes.  

Digamos, mejorar el tratamiento de los pobres, miserables y un cachito más abajo, hambrientos. Pero esta simpleza teóricamente indiscutible, al menos sin ruborizarse, al entrar en su instancia operativa ‘quien más gana más aporta’ tropieza con las encerronas cerriles y medievales tan propicias a los constantes profetas del odio que definiera el escritor Arturo Jauretche. Y hoy, al asomar ciertos índices favorables a la repartición, - modestos y nada revolucionarios, también digamos- los privilegiados que junto a los medios de comunicación estiman a su mediocridad como una actitud militante, interrumpen las rutas y desabastecen en tanto los informadores anuncian tragedias a corto plazo, reclamos por la inseguridad y atentados de ignoto origen. Y eso sí, los medios quitan del panorama la demanda verdadera: los hombres dueños de la tierra que al sembrar están haciendo patria, según dicen, se niegan a pagar las retenciones a la exportación de soja que dictaminó el gobierno sin la autorización explícita de ese sector. Dejando de lado que el resto de la sociedad considera desencaminado al gobierno nacional en la gestión del conflicto, - por el rumor de estar otorgando así a unas empresas gigantes, las Cinco Marías, el negocio íntegro de la exportación que harían de todo esto una pelea entre malandras- las retenciones impositivas se aprecian como acertadas, en cuanto la gente común olfatea que los gauchescos expositores del campo son, tradicionalmente, evasores y autoritarios. Ver encuestas.

En este panorama a rachas caótico, se aprecia la ferviente amplificación del malestar que hicieron dos o tres diarios y los canales de televisión desde iniciado el conflicto. En principio porque las cosas no suceden solas; suceden siempre y cuando las cámaras lo registren, se supone, pero esta vez la discordia institucional apareció cuando los ‘fabricantes de opinión’ luchan para mantener las condiciones actuales de sus explotaciones, asignadas por decretos militares, y la administración actual pretende modificar. Ese debate se está dando y los principales medios al mezclarlo con la crisis del campo, aprovechan para denostar al proyecto como un cercenamiento de la libertad de expresión en tanto los redactores de la reforma que afirman lo contrario, sería bueno que explicitaran mejor cada paso que piensan dar. Igualmente, la imparcialidad de los medios, siempre pálida, acaso se ennegrezca por esta cuestión pero la aparición de personajes inéditos hasta hoy en las pantallas, dieron hectáreas de material a cámaras y redacciones. Es que junto a los opinadores habituales emergieron los dirigentes agrarios que durante dos meses ocuparon cámaras y titulares, sin precisar ni hacer comprensibles sus exactas exigencias, ambigüedades que vuelan los cielos de la patria, toman sesgos de restauración nacional, ruegan a dios volver a las fuentes, (textual), y de repente, la exigencia concreta de administrar ellos mismos los impuestos a pagar; una pretensión no sólo grosera y trasnochada sin modificación constitucional sino que apunta a la eliminación de todo aquello que inviste sentido a una Nación. En estos divagues de globalización universal, este temerario disparate es otorgarle el manejo de aquello común, hasta la geografía, a las gigantescas y poderosas empresas multinacionales. Ahora eso sí, suponemos que ninguno de los voceadores de esos pastiches discursivos tienen idea cercana de cuanto lo dicho significa, pero ellos no se enteran y así estos meses descollaron el principal expositor, alguien que con increíble lenguaje progresista exige ‘la mejor repartición de la riqueza’, aunque en los últimos días sin reiterar ‘reforma agraria’ porque a su lado finge distraerse de semejante ofensa el presidente de la Sociedad Rural Argentina. Junto a esos dos cabalga un exaltado dirigente de Gualeguaychú, la zona más combativa rechazando camioneros y donde nadie dice si la verdadera requisitoria consiste en acompañar a los exportadores, - que no son ellos precisamente- en el reclamo contra las retenciones impositivas que subieron del 35% al 44%, y móviles según crecieran los precios internacionales. De eso, en las arengas televisadas al menos se habla poco por temor a darse patadas con las confesiones del presidente de la Sociedad Rural al augurar que bien podría abastecerse el mercado local de carnes una vez cumplidas las demandas internacionales. Algo que ocasionaría una faltante de carne vacuna en Argentina que si no regulan las autoridades, con la creciente demanda internacional de alimentos el precio que pagaría un nativo de por aquí sería de cuarenta pesos el kilo. Por supuesto, las televisaciones exhiben el espectáculo sin ahondar en los excesos delictuales en los cortes de ruta ni aclarar tantos inciertos anuncios tremendistas, y mucho menos en contarnos el verdadero riesgo institucional que pontifican estos novedosos actores. Por más que nos divierta pensar, según los vemos y a la ética televisiva vigente entre nosotros, que pronto salten del living de almuerzos a malambear alrededor de un caño..

En resumen, oyendo y leyendo en los medios decenas de rumbosas expresiones de deseos y ninguna otra factibilidad para el desacuerdo que no sea el éxito de la gente de campo, más las aseveraciones de los dirigentes agrarios, todo nos remite a una categórica definición de lunfardo canero: “un gil habla creyendo que los demás son todos giles. Y al fin, pierde por gil”. Algo interesante que significa eso mismo.

Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.


En Argentina la pelota sigue siendo redonda

Por Eduardo Pérsico

Una constante del sector más pudiente en Argentina es reclamar mayor seguridad y leyes más claras para la economía. La propia, naturalmente; y entre sus dirigentes esa especie de rictus exige del Estado la protección de sus vidas y haciendas y después, si el mismo Estado puede, cumplir con otras obligaciones. Que para los ciudadanos comunes resultan la educación, la salud y demás asignaturas de la seguridad social tan prometidas y poco concretadas. Pero este requerimiento de los privilegiados propio del derecho de Peticionar a las Autoridades, se ejerce con mayor fuerza de la clase media hacia arriba, apoyados con su propio estilo por los defensores de la represión que tanto rédito le otorgaron, históricamente, para incrementar sus bienes con ‘cierta desmesura’; supo bromear alguien de los antiguamente llamados oligarcas. Algo que nos perfila a tantos descendientes de la Conquista del Desierto y algunos encartados hoy judicialmente en fuga de capitales y crímenes de lesa humanidad; esa perversa simultaneidad tan frecuente a quienes vociferan contra la inseguridad pública despreciando debatir sus tangibles causas económicas y políticas. Una negación de la desigualdad que se evidencia en todas las negociaciones, donde nuestra sociedad muestra en su entretela al aceptar, por ejemplo, que al convenir el sueldo de un trabajador se anteponga lo que el tipo necesita para vivir al valor de su trabajo. Pero claro, plantear esa realidad a los patrones los haría suponer un carnaval marxista leninista que pretende discutir la plusvalía, cruz diablo, cuando ellos son los dueños no sólo del negocio sino del método para discutirlo con los sindicalistas; por decir de algún modo.

Sin extremarnos ni forzar mucho las cosas, estos desajustes propiciados del poder de los negocios hacen jugar en igual equipo a las sociedades agropecuarias, quienes menos sequías y epidemias vacunas, se sienten dueños de vacas, hectáreas más los atardeceres y las lluvias, en este caso puntual con los organizadores de los espectáculos deportivos en la Argentina. Leyendo y escuchando, sobraría con analizar los puntos en contacto que soportan los discursos en muchos casos.

Así, por estos días de marzo del 2008 hubo tres muertes en diferentes encuentros de fútbol, según las habituales salvajadas que en la Argentina adornan este juego. Barras bravas y malandras de todo pelaje mezclados con dealers de la droga y arrebatadores, siempre socios y allegados a las comisiones directivas de cada caso, integran una inexplicable estructura delictiva. Pero a pesar de las muertes, ‘una jornada que no debe suspenderse nunca’, según sus organizadores en esta emergencia, además del vetusto refrán ‘el fútbol es una verdadera fiesta popular’ ahora se le suma ‘suspender una fecha sería darle la razón a los criminales’. Y su razón puede tener todos los intereses de quienes viven del negocio, en tanto los muertos siguen siendo la excepción y los organizadores del espectáculo son más y en último caso, mejores. Eso y además porque según repiten los dirigentes futboleros, la seguridad de los estadios no es obligación de los dirigentes; ‘nosotros aprendimos a dirigir un club y no a ser policías’; sino del Estado. Para la Asociación del Fútbol Argentino el espectáculo de jugar lo organizan los clubes con sus dirigentes que administran los negocios publicitarios y televisivos mediante, en tanto cuidar el orden y la integridad de la gente del estadio y sus alrededores corre por cuenta de la comunidad toda. Digamos, ellos cobran la entrada y el riesgo del que paga lo cubren sus familiares, amigos y deudos. Eso se llama redondear un brillante negocio con la pelota, acaso algo sospechoso si alguien se adentrara en esa economía futbolera y liberal que negocia cifras millonarias de varios colores, donde los organismos recaudadores jamás emprenden campañas para terminar con la evasión y las masas de dinero en negro, según se estila con los vendedores de chocolatines, quizá porque la gente común de los gobiernos; incluído éste de Cristina Kirchner; no tiene acceso a ‘sectores de la cancha’ donde circulan millones de convincentes razones.

Vaya uno a saber pero así las cosas, en el gigantesco negocio del fútbol en la Argentina los responsables y beneficiarios del negocio, alegremente discursean que cuidan la seguridad del público pagando horas extras a policías fuera de servicio, - una irracionalidad institucional negociada con los mandos policiales, nadie lo niega- y exigen con la misma vehemencia que usan los dueños de la tierra, que toda la sociedad proteja su negocio sin preguntarse nunca quien paga semejante fiesta. Algo que increíblemente han suscripto pasados y presentes altos funcionarios del Estado administrador con siniestros guiños cómplices con responsables del fútbol, en un libreto próximo a esas novelas de intriga donde al final el asesino resultaría el mismo detective investigador, que eso sí, nunca aparece.


Y esta vez, ¿quién le pagará al gaitero?

Por Eduardo Pérsico

El ejercicio del poder siempre requirió de la mentira institucional. Desembozada y con fina sutileza, la patraña, el embuste y la farsa son parte constitutiva de aquellos que mandan. Y en tanto el Poder actúa su rol con más o menos descaro es útil recordar alguna mentira que nos justificaron como algo imprescindible; ese recurso reiterado en voz baja ante la caída de las torres gemelas.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ostentaba un prestigio internacional al menos inédito en la historia contemporánea. Era muy difícil contrariar sus decisiones y así las cosas, en 1945 montó junto con los servicios secretos británicos una gigantesca operación de inteligencia y espionaje tendiente no ya a la desnazificación dentro de Alemania, algo que se daba casi naturalmente entre los derrotados, sino al enfrentamiento creciente con la Unión Soviética en pleno fervor stalinista. Esta situación analizó en su libro ‘La Cia y la Guerra Fría Cultural’ la escritora y cinematografista inglesa Frances Stonor Saunders, con una certeza que los hechos posteriores de la historia le dieron mayor validez. Ningún analista político en serio de la época desechaba el enfrentamiento ideológico que casi rozaba lo militar entre rusos y norteamericanos, y circulaba no sólo dentro de Alemania y sus alrededores europeos sino en el mundo entero. La guerra fría cultural comenzó de inmediato a la caída de Berlín ante el ejército del mariscal Zhukov, cuando los rusos como tales se empecinaron en organizar conciertos y los norteamericanos, sin muchos escrúpulos según la autora, secretamente iban reciclando a los antiguos nazis que resultaran de utilidad en los ámbitos científicos y económicos.

Esa tarea que duró bien adentrada la década del setenta había sido encaminada con fondos reservados del Plan Marshall, que luego dispondría la CIA en la batalla de la Guerra Fría, para ‘ganar a la intelectualidad occidental hacia las posiciones norteamericanas’, dice la autora. Debía demostrarse al mundo que Estados Unidos era también un país de poderosa cultura en los terrenos del pensamiento y no sólo en la fabricación de bombas atómicas, y un país apto a prestar servicios elaborados hacia los sectores más intelectualizados, y rechazar así la constante seducción del comunismo. Prácticamente la empresa ´le demostraría al mundo una época ilustrada que bien podría llamarse como el siglo americano’, y no hubo pocos escritores y personajes de la cultura y la inteligencia vinculados con semejante intención encubierta. Los norteamericanos irían reclutando a las élites aristocráticas de las mejores universidades o de las familias anglosajonas más relevantes, financiando lujosas y novedosas exposiciones, congresos de todo tipo y ediciones de amplia difusión que prestigiaran aquel proyecto sin nombre, y con una segunda intención que muchas veces negaron conocer los mismos beneficiarios de la intelectualidad. Supuesta ignorancia que todavía practican muchos becarios latinoamericanos de las fundaciones prestigiosas…

El libro de la autora inglesa que en su idioma titulara ‘Who paid de piper?’, - quién le paga al gaitero o quién paga elige la canción- refiere publicaciones de gran prestigio abonados con estos fondos, a saber ‘Tempo Presente’ en Italia, ‘Preuves’ en Francia y ‘Encounter’ en Inglaterra y olvidemos los nombres de muchas publicaciones aparecidas en Argentina y el resto de América Latina por esa época. Salvo la recordable revista Visión, voz del departamento de estado norteamericano. Pero bien, durante décadas la CIA gastó millones de dólares en actividades y emprendimientos culturales, y se convirtió en un ministerio de cultura norteamericano financiando museos y fundaciones de renombre que otorgaban prestigiosas becas. Esas cosas; el mismo Museo de Arte Moderno de Nueva York fue favorecido con estas operaciones encubiertas en esos años con un hábil trabajo que casi no prohijó a lo más reaccionario de la cultura europea, que seguía siendo sólida, sino que hasta favoreció el surgimiento de una izquierda no comunista. En este trabajo la escritora inglesa menciona difundir como protegidos a T.S.Eliot, André Gide, Karl Jaspers, André Malraux, George Orwell y Salvador de Madariaga entre otros nombres de reconocido discurso liberal no siempre autoritario. Pero esa orientación se atenuaría en tanto creciera la Guerra Fría y los ejecutores del plan tal vez irían siendo desplazados. En esa instancia llegó el ajusticiamiento del matrimonio Rosenberg en 1953, las paranoicas persecuciones del senador Mc Carthy contra todo aquello que no comprendiera, la muerte de Jorge Eliécer Gaitán en Colombia y el siguiente ‘bogotazo’, la destitución del gobierno progresista de Jacobo Arbenz en Guatemala, por citar algo, y en ese rumbo conceptual para mostrar a Estados Unidos como abanderado de las libertades y las expresiones democráticas tropezarían con muchos más accidentes en el camino. Ernest Hemingway, Sigmund Freud y el mismo Thomas Mann fueron censurados y hasta prohibidos con alguna publicación, y bastante recordables en el ambiente de Hollywood persisten las persecuciones a guionistas, directores y actores de la época, como si fuera un hecho latente y jamás abolido. Y mucho menos ante la ‘inevitable crisis económica del sistema’, aceptada no solamente por la bolsa de Nueva York sino además por las gigantescas entidades bancarias del capitalismo, porque tal vez mejor les resulte sincerarse y no avalar a los cómicos columnistas latinoamericanos de los diarios tradicionales, incapaces de abandonar las ensoñaciones de la globalización, el neoliberalismo y los diseños financieros agotados en sí mismos. Demasaido aconteció en el mundo este último medio siglo pese a tantos proyectos anticomunistas o de seguridad nacional, muchos sangrientos, que diseñara Estados Unidos. Y si estas ciénagas financieras del sistema no resultan geniales variantes de sus servicios de inteligencia, ¿cuál será la canción que elegirá el Poder para que toque el gaitero?


Eduardo Pérsico, narrador y ensayista, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina


El miedo a la recesión significa recesión, Yoryi

Por Eduardo Pérsico

Acabado el último Foro Económico Mundial de Davos, ya en febrero del 2008, recordamos una burlona apreciación que leímos cuando pibe: ‘la economía no es ningún ajedrez, es apenas un tatetí con pretensiones’. Es que sin exigirle a los economistas que sean verdaderos hombres de ciencia; muchos estudiosos consideran a esa disciplina un conjunto de tareas estadísticas con cambiantes incidencias sectoriales y emocionales, y por lo tanto sin el rigor científico que la equiparen a lo aceptado como Ciencia. Digamos, en opinión de muchos epistemólogos la economía carece de comprobaciones constantes que hacen de ella algo tan discutible como el psicoanálisis, pero no llevemos esto más allá.

En el Foro de Davos la mayoría de los participantes aportó solamente datos estadísticos sobre la delicada situación en los Estados Unidos, desbordada por el pastiche nada científico que armaron las inmobiliarias en acuerdo con algunos grandes bancos y algunos millones de tomadores de créditos hipotecarios sin posibilidad de reintegro. Un mortífero preparado de baile de egresados que lanzaron al mercado financiero, - esa parodia de la economía real- con la intención de sostener los índices de ocupación en Estados Unidos y que según falacia numérica, desembocaría en cinco años de jolgorio en esta sustantiva crisis que muchos ni el presidente norteamericano se animan a nombrar. En cambio, en Davos el miedo a la recesión en USA se tornó certeza al repasar el derrumbe de los precios inmobiliarios y el creciente aumento del desempleo en ese país, pese las múltiples y dudosas estadísticas que ellos difunden y no consiguen cambiar la realidad que es la única verdad…

Es innegable que la economía norteamericana está en recesión hace un buen tiempo, y ya los indicadores marcaron la reducción del poder adquisitivo y la reticencia a comprar, realidades cotidianas crueles pero indiscutibles en la misma administración del presidente George W.Bush.

La economía en USA viene en declive y que hay recesión hace un par de años lo signan el aumento de las quiebras personales y empresarias, en tanto Brasil, China India y Rusia, con crecimientos en algún caso cercanos al 10%, funcionan con otras expectativas y son las nuevas estrellas del universo económico del Capitalismo. Aunque por mucho que algunos vaticinen una futura era de prosperidad ‘si somos capaces de difundir microcomputadoras por todo el planeta’, pronunció es imbecilidad irreparable un futurólogo francés para empobrecer todavía más al Foro de Davos, nos desazona al mismo tiempo la necesidad cierta de la especie humana, -impostergable, primaria y sin cambias en la última semana- que sigue siendo la de comer para seguir viviendo. Un imperioso y natural condicionante de la especie que en estos encuentros de economistas y empresarios no se considera quizá porque la misma palabra a ellos les parece ajena y diferente. Pero íntegramente la humanidad transcurre el meridiano del hambre aunque no lo padezca, por más que el Capitalismo con mayúscula eso nunca lo debate por elegancia o vaya uno a saber, aunque esa indiferencia no impida que cada tres segundos se muera un pibe de hambre en el planeta.

De todas maneras y como hablar de lo sustancial en ciertos ámbitos carece de relevancia y prestigio, la recesión viene apurando el paso en una marcha que muchos entienden dilatada más de la cuenta. Esa realidad no se calmará subiendo o bajando un cachito más las tasas de interés bancaria ni demorando los pagos impositivos entre los favoritos de las clases altas, paliativos transitorios sin duda, y aunque todo el desquicio tampoco significa la caída del sistema capitalista, pone blanco sobre negro al mundo entero las mentiras y trampas que se practican dentro del régimen neoliberal, ese que nos castigara con fiereza en esta parte del mundo durante las últimas décadas. Y como a las nuevas criaturas es bueno darles un nombre, en estos días iniciales de febrero del 2008 cobró prestigio ‘desacople’ para entender la desintelingencia o gigantesco despelote que trajeron los conflictos entre la productiva actividad industrial y la malsana especulación financiera. Desacople, buen término para ese microbio de grandes infecciones del sistema que hoy se aceptan como esperables; tanto que el mismo Alan Greenspan, que presidiera la Reserva Federal durante quince años en USA, dijo hace unos días que él había advertido durante el año 2004 el peligro que significaba el otorgamiento de créditos a tomadores sin posibilidad de repago, y que la crisis no se desató por la caída de las Torres ni por acciones ajenas sino por el mal manejo financiero que acabó destruyendo el sistema. Aunque claro, luego al ser consultado sobre si el miedo a la recesión, ese eufemismo, se convertiría en verdadera recesión respondió, ‘existe un cincuenta por ciento para que eso ocurra y otro cincuenta por ciento para que no ocurra’. Una verdadera genialidad, porque eso sí, para definiciones científicas no hay como los economistas norteamericanos…

Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.


Estados Unidos es tan previsible que asusta

Por Eduardo Pérsico

Durante los primeros días del año 2008, el presidente norteamericano George W.Bush negó la recesión en Estados Unidos. Sostuvo que su país mantenía una economía sólida y previsible; más tarde anunció que retirarían veinte mil efectivos de Irak sin aclarar si el terrorismo que los llevara a combatir en defensa de la democracia en aquel lejano país ahí había ganado, empatado o perdido el encuentro. Tal vez por haber dejado en suspenso ese resultado, sin pausa el primer mandatario norteamericano viajó por Medio Oriente, promovió otro acuerdo de paz entre israelíes y palestinos sin prever que sin el grupo Hamas en la mesa jamás habrá acuerdo, enseguida George W.Bush reiteró en Arabia Saudita sus consabidas amenazas contra Irán, que como pareciera no temer al poderío yanki ubica a esa región en una situación ciertamente riesgosa. Digamos, atómicamente peligrosa en tanto es posibilidad que Estados Unidos sugiere en cada frase de su presidente, que como un eficiente estadista también le ofreció armamentos a cada país que visitara en la región; - aliados o potenciales enemigos- porque al fin los negocios son negocios.

Lo imprevisible que nos deparó la administración yanki sucedió cuando retornado a USA, el presidente le reclamó a los legisladores un inmediato plan económico que evitara caer en la recesión al país, una alternativa que enfáticamente negara cinco días antes y de improviso empezó a preocuparlo. Quizá por alguna novedosa abstracción, el hombre realizó un cambio de frente al que agregó prometiendo desde el gobierno unos ciento cincuenta mil millones de dólares para dinamizar la situación bastante averiada por los dos millones de hipotecas impagas y otras yerbas; producto de impuestos que el estado reduciría a los contribuyentes y estos volcarían al consumo y la reactivación.

Y sin ser pesimista porque el plan de emergencia aún no se diseño del todo, es transferencia de fondos sin demasiado rigor técnico ni siquiera pinta astuta con semejante panorama financiero en el corto plazo, que exige un resultado rápido porque las necesidades apremian y los tres o cuatro meses venideros serán al menos, azarosos. Que la reducción en el cobro de impuestos derive de inmediato en un aumento del consumo y la actividad laboral, es más bien un concepto casi intervencionista y demagógico dentro del capitalismo; imperdonable para los ortodoxos; y aunque probara su eficacia demoraría mucho tiempo y siempre que la crisis ya instalada se lo permita. Algo que enrarece y debilita el rótulo de primera potencia mundial, país hegemónico por dejar la economía librada al juego de los mercados, y otros halagos rufianescos que se difunden sobre Estados Unidos. ‘Un país siempre previsible’ nos abrumaron por décadas los sirvientes políticos y economistas que los veneran desde las clases altas, que se escandalizan y adjetivan de terrorista a todo intento progresista en los países pobres, y de previsibles los ‘países serios’, como si el mote de previsible dignificara a un país que si otro no le acepta sus condiciones, lo más es previsible es que lo ataque.

El gobierno de Estados Unidos no se priva al calificar y en estos días iniciales del 2008, el funcionario recién nombrado para tratar con los países sudamericanos, un militar en retiro, discurseó que debería controlarse al gobierno de Bolivia por las relaciones que acrecienta con Irán, un país ‘terrorista’. Una advertencia dirigida a toda América Latina, sin duda, del constante juego coercitivo que USA sostiene en la región desde que su presidente Monroe, allá por 1822, dijera ‘América para los americanos’. Una aspiración que nunca debimos tomar en broma.
_______________________________________________________

Eduardo Pérsico narrador y ensayista, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina


El mundo existe y ojalá dure

Por Eduardo Pérsico

El año 2007 cerró con algunos remezones económicos dentro de los Estados Unidos, que en principio cambiarían la imagen de un país referente decisivo del Poder durante todo el siglo veinte y que al finalizar la Segunda Guerra Mundial, en 1945, emergió con un prestigio inigualable a cualquier otra nación dentro el mundo contemporáneo. Con tal ascendiente institucional ante el mundo que ni recibiera críticas por soltar en el final de la contienda dos bombas atómicas, sobre un Japón ya derruido que rogaba rendirse. Digamos, un dato; luego y por décadas USA hizo valer su ascendencia sobre países y organizaciones internacionales, generando también hechos nada virtuosos que por disponer de gigantes aparatos fabricantes de opinión, acallaron o diluyeron durante generaciones, confundidas hoy mismo sobre cuál debería ser la línea ética o moral del país más poderoso del mundo. Y al margen de ciertas exhibiciones grotescas del actual gobierno y que sincera quienes son esencialmente, - cárcel de Guantánamo incluida- nada secundario ejercitó sobre la humanidad ese ‘pleno gobierno del dinero en la democracia del dólar’, y el manejo feroz de una oligarquía financiera mandante que obedecen militares, intelectuales y políticos de cualquier rango y pelaje. Por supuesto y pese a no existir datos fehacientes de esa realidad, el imaginario colectivo dentro de USA no duda y asume que el empresario mandante de una gran corporación; Ford, General Motors o la gran telefónica; es también dueño de presionar al gobierno para obtener ventajas o privilegios. Eso tal vez represente una suposición pública muy difícil de probar, suelen decir ellos mismos, porque esa certeza básicamente es inaccesible por la infinidad de intereses entrecruzados y los tiempos que dura cada corporación en la cima del Poder. Además se sabe que las transiciones de unos a otros en el uso de las influencias no son gratuitas, naturalmente, y por ello el traspaso de ‘manufactureros’ a ‘financieros’ guarda perfiles no muy visibles. Ahora eso sí, ningún norteamericano descree ni negaría; íntimamente todos la sospechan; las imposiciones que el Poder de verdad le impone al gobierno de los Estados Unidos, sea republicano, demócrata o negro confederado.

Quizá de modo más evidente el capital productivo interactúa con el financiero en muchísimos órdenes, pero se demostró últimamente que pese a la incidencia que sobre toda la economía ha mantenido Wall Street, ese aliado no alcanzó para sanear las recientes pérdidas militares y políticas, y menos para reconvertir el desaguisado que por alentar una actividad económica ficticia hicieron al otorgar créditos hipotecarios que resultaron impagables.

Naturalmente, el sentido del crédito está orientado a mantener la actividad, eso es de manual, pero en este caso se usaron para sostener ficticiamente los índices de la ocupación y el empleo dentro de los Estados Unidos. ‘Una maniobra delincuencial’, dirían si eso lo pergeñaran en América Latina; aunque pese a la mucha imaginación y temeridad de los expertos yanquis en alquimia numeraria, esta vez el voluntarismo mágico no alcanzó y ahora existen dos millones de hipotecas impagables vagando por el universo financiero que incluye a varios bancos internacionales de primera línea. Un fracaso que desvaloriza un poco más la creencia de lo infalible del sistema, que por otra parte se resintió todavía más ante la ‘bancarrota operativa’ que anunciara el presidente de Chrysler en USA, que es haber perdido la confianza de los proveedores y llega un poco antes de la ‘bancarrota judicial’. Ese sinceramiento dentro del negocio manufacturero no ha de ser el último, y lo anunciaron como un efecto parecido a la demanda de fondos que llegarían a Estados Unidos desde Singapur para evitar la caída de Merrill Lynch, la gigantesca consultora internacional de negocios.

Estos desmanejos del sistema económico en los Estados Unidos no se darán con la rudeza que soportan los países pobres, pero por más que nunca haya malestares ni ‘piquetes’ entre la población norteamericana, les notifica a muchos analistas que el Poder debe tomar en serio los cambios que se originaron en el mundo durante el último medio siglo. Por ejemplo, digamos que el proyecto de la Doctrina de Seguridad Nacional que propusiera una idea del mundo subordinada a Europa Occidental, Estados Unidos y Japón, -de la que aún hablan gallardamente- no atenuó ni eliminó la creciente incidencia que el conjunto de países productores de petróleo imprimieron a las decisiones globales. Eso para el común norteamericano pareciera no haberse producido y sin embargo hoy, los grandes capitales financieros saben que los países pobres pero productores de las materias primas indispensables, paulatinamente irán imponiendo mejores condiciones a los países ricos. Resulta innegable que desde la crisis petrolera de 1973 se aceleró una mayor relación de fuerza entre pobres y ricos, y sumado a eso la expansión demográfica del Tercer Mundo, hoy suben a la escena nuevos factores que el anterior poder hegemónico, Estados Unidos, Europa Occidental y Japón, no puede metabolizar íntegramente a su favor. La invasión norteamericana y sus asociados a Irak, hoy es una afirmación del fracaso que el Poder por los setenta postergó, al menos en América Latina, con la implantación de sangrientos gobiernos militares que destruyeron toda iniciativa nacional superadora de la desigualdad y la pobreza. Una nueva instancia que apareciera por aquellos años, peligrosamente para el Poder, y que como ésta asoma ahora por Medio Oriente, Asia y Latinoamérica, donde los países ‘pobres’, - que cada tres segundos ven morirse a un pibe de hambre y atesoran casi toda la riqueza energética de sostener la forma de vida occidental- lo menos que nos debemos proponer es valorar nuestro subsuelo con mayor dignidad y firmeza. Que no significa liquidar de un disparo la fiesta del capitalismo procaz y prepotente, pero eso sí, hacer que a ellos el festejo les resulte más caro.


Eduardo Pérsico, narrador y ensayista, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
 


Cuando los ocasos vienen marchando

Por Eduardo Pérsico

Transcurrida una semana desde que Cristina Kirchner ganara las elecciones presidenciales de Argentina con más de veinte puntos arriba de su inmediata seguidora, Elisa Carrió, no pocos siguen apareciendo en los medios como si el resultado electoral fuera ilegítimo. Y usando una interpretación de la voluntad popular algo confusa en el siglo veintiuno, la derecha perdidosa cuestionó el orden jurídico que dicen los perjudicó y siendo en la Argentina donde el voto secreto y obligatorio empezó por 1912, suena disonante que cien años más tarde la principal opositora; una abogada; resignificara sin delicadeza republicana el voto calificado al reclamar en rueda de prensa que siendo ganadora su lista entre los votantes de la clase media y alta, ella representaba a los más capacitados para mejorar la condición de los pobres. Una discordancia o extemporaneidad opositora que al revisar las cifras de miseria que generó la caída del sistema financiero neoliberal de los noventa, nos retrae a cierta grosería del vodevil: ‘lo que más me jode de los pobres es lo mal que se visten’. Salvo que lo dicho por la ultra católica Carrió, crucifijo en ristre, no tuviera connotación económica y sí un requiebro amoroso hacia el pobrerío que no la votará jamás; y es mayoría.

Sin que faltaran varios cómicos que ni bien abrieron la boca convirtieron al gobierno de Néstor Kirchner en el más serio y exitoso de los últimos tiempos; una certeza facilitada además por los altos precios de los ‘comodities’ hacia el exterior y las justas retenciones impositivas a los exportadores. Un notorio acierto recaudador del gobierno que junto a la ‘inseguridad’ resultaron los dos ‘perjuicios’ más criticados por los dueños del privilegio que entre varias desinformaciones que padece, no sabe que la inseguridad de todas las sociedades es un resultado de ellas y jamás una causa… Pero bien, según su condición la derecha disciplinó a sus candidatos para oponerse a cualquier repartición de la torta, una linea enfatizada por los medios de comunicación que en definitiva dictan la voluntad de las clases altas y medias, obedientes a esos mensajes sin ningún debate íntimo. Eso es tan así que resueltamente lo evidencian las cifras electorales por barrios y sectores, que rigurosamente indican la fidelidad de los sectores económicamente más pudientes en votar según diga la CNN y los diarios tradicionales más leídos en cada país. Una actitud de conveniencia particular, clasista y casi natural, aunque eso al fin pareció menos desencaminada que la exhibida por la izquierda siempre tozuda, discursiva y lejana del pobrerío. Esos perfiles resultaron los dos márgenes que el electorado oficialista aprovechó con todo y hoy, - una semana después de la elección- ya existen desavenencias entre los seguidores de Elisa Carrió acrecentadas cuando la líder de la Coalición Cívica reiteró sus enunciados codiciosos con algo de misticismo mandón, y algunos legisladores ya electos decidieron organizarse en varios grupos diferentes. Porque sencillamente, en la Argentina de hoy sólo un huérfano político acepta merodear gratis por el abismo conceptual que le propone la Convención Cívica..

En definitiva, esta elección nos alecciona en cuanto los ganadores no cantaron la marcha peronista, que perdieron al menos diez intendentes estelares del conurbano y uno de la primera hora, Manuel Quindimil, que dirigiera Lanús durante siete ejercicios sin saber que ‘Gardel supo retirarse a tiempo’, entró en el ocaso recién acabado el escrutinio. Algo profundo cambió en el espectro de las decisiones en tanto unos cuantos intendentes inamovibles perdieron con quienes, aunque apoyaran también a Cristina Kirchner, se enfrentaron a su gestión. Y entre los tachados por este tipo de voto elaborado y sanador figura en Quilmes el mismo delfín del actual Ministro del Interior, un oficialista que perdiera ante quien sin muchos fondos para gastar llevara su propuesta casa por casa. Actitud idónea para recuperar la participación del gentío si se comprende en serio la coyuntura donde, entre otras urgencias, si el peronismo quiere volver del ocaso deberá reordenarse ya sin la hegemonía del duhaldismo conservador, y sincerar si retoma los principios desechados cuando la derecha se adueñó del aparato partidario. Así o como sea el peronismo decidirá si vuelve a sus principios esenciales como aquella liberación psicológica del obrero ante el patrón del año ’45, - una tarea posible en una generación pero culminada en meses por el peronismo de entonces- y pisoteada sin piedad cuando el Poder asociado a Bunge y Born se apropiara de la conducción partidaria. Esa realidad histórica también deberá blanquearse y ante la dinámica actual de los conflictos no exclusivos de los argentinos, es primordial un proyecto ideológico de avanzada opuesto al de un adversario que cambia su método pero jamás su identidad. Nuestra medieval derecha política deviene en enemigo ni bien alguien muestra anhelos de modernidad o le propone mejorar el reparto de la riqueza. Ese punto del debate social es el más sensible a la intransigencia a ultranza ligada al Poder, grupo adverso a que la seguridad de una sociedad depende del bienestar de todos. Apenas un valor universal que ellos desecharon también en las últimas elecciones y muy bien nos les fue.
 


Eduardo Pérsico, narrador y ensayista, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina
 

El sistema responde como se le antoja

Por Eduardo Pérsico

A principios de agosto del 2006 y cuando en la Argentina se reunían los dirigentes de la región para ajustar y debatir sobre el MERCOSUR, se dieron los primeros datos sobre las ‘preocupantes moras que se acrecentaban en las colocaciones y especulaciones financieras inmobiliarias dentro de los Estados Unidos’. La información directa de un medio suizo ocupado en los movimientos de la plaza financiera mundial, se refería al ‘medio millar de hipotecas en mora dentro de Estados Unidos, una plaza que incentivara los bajos interese para dar movilidad al mercado inmobiliario en ese país’ Una circunstancia no advertida entonces por el mismo Alan Greenspan, ese obligado consultor de la inestabilidad monetaria, quien al ser preguntado en setiembre del 2007 y ante el accidente financiero del capitalismo en ese rubro, respondió acaso en broma “no me día cuenta”. Una contestación apropiada para alguien sin responsabilidad ni rigidez técnica, y sin bien lo pensamos, adecuada a un pensador como Greenspan que alabó los éxitos del neoliberalismo en América Latina y la aplicación del corralito bancario, el mismo recurso anticapitalista que en la Argentina estafó a millones de ahorristas. Una apreciación la menos algo frívola.

Bien, ya por el 2006 media docena bancos se inquietaban “por la mora en las cobranzas de muchas deudas hipotecarias”; textual; noticia que ni registró la prensa adherida al Poder, entusiasmada entonces junto a la fauna latina residente en Miami con la muerte de Fidel Castro, por el otro auspicioso éxito que preveía el avance armado de Israel para adueñarse del río Litani, con más el resonante éxito militar y político que el establishment norteamericano seguía adjudicándose en Irak Con titulares poco elegantes de reiterar un año más tarde y que igualmente, abrumando con explicaciones necias sobre sus matanzas de personas tras las fuentes de energía, el neoliberalismo sigue negando esa realidad. La misma realidad que por más palabras optimistas o amenazantes, ya sabemos que nunca tiene remedio. Y ese mismo sistema económico capitalista y liberal que siempre ratifica su aversión al Estado protector y falsea una lucha infame entre Estado y Libertad, cuando las papas empezaron a quemar dentro de los caudales bancarios, olvidaron sus ideologías y no dudaron en volcar miles de millones de dólares en el mercado financiero, uno modo transitorio de salvar un temporal que arriesga todo el andamiaje capitalista. Esta decisión de correr a salvar los dineros bancarios es una indudable variación en su estilo de vida, en cuanto desde hace décadas nos pontifican que el único Estado democrático es aquel que protege la inalienable propiedad burguesa y entrega al mercado todos los derechos de la regulación, la supervivencia de los más aptos y los demás, a quejarse a la iglesia… Y hoy, con la intervención en mercados financieros que pueden llegar pronto a un quebranto de mil quinientos billones de dólares, una bagatela, ignoran semejante regla de oro liberal y en estos días operan igual que cualquier Estado Totalitario. Eso sí, acrecentando el silencio y ciertas alquimias palabreras, los mismos burócratas y banqueros neoliberales se enrolaron sin dudar en soluciones intervencionistas, antidemocráticas y por tradición, visceralmente contrarias a sus intereses. Igualmente y como el percance sucediera en un barrio apartado, sus diarios tradicionales y ‘serios’ de occidente siguen atacando; en estos días de setiembre, avalados por el notable Alan Greenspan, injuriando a los gobiernos populistas de América Latina ‘que realizan gastos innecesarios que hacen las burocracias públicas con los dineros del contribuyente’. Diríamos que invertir miles de millones en calmar la quiebra de muchos bancos no fue una intervención dirigista en beneficio general, y esa decisión no altera aquel fanatismo rabioso del liberalismo que seguirá en lo suyo ni bien consiga superar esta emergencia crítica.

Es oportuno considerar que esta ambigüedad conceptual o picardía tramposa que enfurece a los poderosos ante los gobiernos que aumentan sus gastos en salud, vivienda y educación, tiene su inicio en la colonización anglosajona de los Estados Unidos. Alguna vez y referido a este engendro ideológico nos ilustro el insigne argentino Rodolfo Puiggros: “las únicas libertades que hoy concibe el liberalismo son las que engendraron su lucha contra el liberalismo feudal, o sea el religioso y el monárquico, que eran las últimas reservas del absolutismo en Europa. El liberalismo de hoy es cada día más excluyente y esclavista”. Y sí, una visión certera: esos inmigrantes sin prejuicios feudales o de absolutismos deleznables ni clases monárquicas, fueron enajenando sus valores fundacionales en el individualismo económico más contradictorio y cerril, y construyeron los durísimos cimientos del liberalismo actual. Todo norteamericano sostiene la creencia de conseguir la libertad individual, algo para ellos inherente al sistema, gracias al enriquecimiento personal. Según este arraigo, defender la propiedad significa toda su concepción de la libertad, y ese proceso de acumulación capitalista y enriquecimiento paulatino lo adhieren a la igualdad de oportunidades que les ofrece el sistema, a una representación de la democracia congelada en votar cada tanto a representantes de un misma opción y a discursos descalificadotes de aquellas sociedades que desconocen. Y en virtud de una superioridad que suponen sobre el resto del mundo; típica condición de la ignorancia; la sociedad norteamericana y de los países hoy sentados en la tribuna de los vencedores deben reconsiderar al menos los fundamentos ideológicos tan superiores que los ubicado en ese lugar.

El 18 de setiembre, hace un rato, en Estados Unidos la Reserva Federal bajó medio punto anual la tasa de interés entre bancos, una maniobra técnica que tranquiliza los mercados, dicen, pero en una semana será irrelevante al no eliminar las pérdidas patrimoniales que sufre la economía real. Y por consiguiente, si el sistema está tan flojamente apuntalado es hora de comprender que el estilo de vida de autos lujosos y paseos en yate, requiere cada minuto más y más riquezas naturales, simplemente muchísimo gas y petróleo que los países ricos sólo obtendrán haciendo invasiones y otras matanza cada tanto. Una alienación en donde concluirá sin falta esta improvisación económica irracional y tramposa.
________________

Eduardo Pérsico, narrador y ensayista, nació en Banfield y vive en Lanús, BuenosAires, Argentina.


¿Los chinos ven igual este fin de la Historia?

Por Eduardo Pérsico.

Sin adentrarse en cuanto acontece últimamente en el escenario de Irak, donde las tropas de Gran Bretaña se retiran con discreción cuando más crece la confusión de Estados Unidos en el área, - que no define irse, quedarse o veremos- esa invasión inexplicable exhibe otro brulote del Poder. Muy similar al difundido reinado hasta el fin de los tiempos de la economía liberal, el orden natural de los mercados, la globalización y su prometida consecuencia: la libertad política y económíca indiscutible y absoluta para todos los habitantes del planeta. Vamos capitalismo todavía. que no era poco aquello cuánto nos darían según sus mentores, esos felices ‘intelectuales’ del estilo que opinan en la CNN en español, que coparon hasta los más escondidos medios de comunicación del mundo para difundir esa imbecilidad. Una tarea prodigiosa donde actuaron no sólo confusos pensadores del Departamento de Estado norteamericano, tipo Francis Fukuyama y su conjunto, sino el gigantesco enjambre periodístico y fabricante de opinión, que dispuso en la operación el Poder en todo el mundo y en Argentina, por qué no aceptarlo, con personajes ausentados hace mucho de los almuerzos que solían frecuentar en televisión. Bueno, otra neta costumbre argentina…

Entonces, el futuro de la humanidad era ‘bastante lindo’, sin contradicciones en tanto desaparecían las Ideologías y discursos contra el liberalismo económico, la única manera de vivir que recitaron fervorosos los miles de opinadores del establishment, y que de puro temerarios, le faltaron el respeto a la razón al decir que la caída del Muro de Berlín en 1989 marcó entre otras ocurrentes maravillas, ‘el fin de la historia’. Algo fenomenal; y estos tipos parecían creer de verdad ese dislate como algo muy sencillo si al fin, los gigantescos intereses que financiaron esas teorías insostenibles no les permitieron discutir ni un párrafo de esa concepción contraria a la naturaleza humana. Sepamos, fue una tarea ejercida por medio de un aparato publicitario inigualable y alguna que otra incursión armada por Medio Oriente; para no dejar sin energía a Estados Unidos y Europa, ese fantasma; y así continuaron su negocio dos o tres décadas más. Pero claro, también los artificios económicos terminan y hoy, a principios de setiembre del año 2007, la realidad le advierte al sistema que sin posibilidad de quedarse gratis con todo el petróleo de Medio Oriente, - aspiración de los republicanos yankis al invadir Irak- y reventada la fantástica burbuja inmobiliaria dentro de USA, el verso neoliberal se desinfla como globo de carnaval. Y al menos por ahora, si los principales bancos centrales de los países capitalistas dejan de invertir dólares en los mercados bursátiles, la crisis de los ‘años treinta’ pasará a ser un incidente menor y olvidable.

Esos bancos centrales, en menos de un mes volcaron más de trescientos mil millones de dólares para evitar el reventón global, porque cuando el negocio de la construcción que mantuviera viva la economía norteamericana con ventas a largo plazo y bajísimos intereses, empezó a mostrar la crecida de hipotecas impagas, los bancos ya vendían malamente a los ‘fondos buitres’, que compran lo devaluado, esas tres millones de deudas incobrables. Y como también en economía la realidad es la única verdad, ‘la corrida’ entró a sacudir todos los mercados, incluidos los sudamericanos, un territorio donde al margen del desenlace que nadie vislumbra con una opinión categórica, ya empezamos a extrañar con cierta nostalgia tanguera, aquellos innombrables augures que llenaron páginas y horas de televisión burlándose de cuanto no fuera ‘viva el neoliberalismo aunque la humanidad perezca’. Porque entre algunas razones que harían a muchos de estos atorrantes pasibles de la justicia penal, añoramos a tantos ‘iluminados’ de aquel triunfalismo oscuro negando con una sonrisa, por ejemplo, que el gobierno republicano en USA podría ‘lograr’ un ochenta por ciento de opinión desfavorable a mediados del 2007. Así como desecharon antes las derrotas electorales que esta ‘ideología’ soportara en España, Gran Bretaña, Italia, Alemania y donde hubiera elecciones, certeras expresiones populares contra el pregonado fin del pensamiento crítico. Que no es poco; por ahí el final de la historia humana entró a quedarnos lejos y si además de Europa revisamos el vuelco de las tendencias populares en América Latina, - salvo como en la última elección en Buenos Aires, donde ganó el pasado- en todo nuestro mapa se imponen los opuestos a considerar al destino del hombre como algo ya preestablecido. El capitalismo neoliberal ya es mala palabra no sólo entre gente con gran información; hoy pocos discuten que esa experiencia no fuera otra absurda perversión impuesta a sangre y fuego por los perpetuos ganadores del sistema, y aunque esto recién comienza puede servir para informar que el planeta tiene varios participantes y no apenas los que imaginaron, - febrilmente y sin atender a Gardel cuando anuncia “y el mundo sigue andando”- que el fin de la historia lo había dispuesto el neoliberalismo económico que solamente enriquecía a ellos y a unos cuantos más.

Volviendo a lo dicho, por estos días pareciera que el mismo Poder no pudiera atenuar ni explicar los gigantescos daños patrimoniales que se irán dando entre los deudores hipotecarios, una minucia, sino que las movilidades sociales y políticas no tendrán fin en tanto uno de los misterios de la especie sea la diversidad infinita; digamos, si un individuo nunca es rigurosamente igual a otro y así asegura el devenir perpetuo, lo mismo sucede con las comarcas. Cuando un grupo pretende una manera de comportamiento debe procurarse un conjunto de ideas comunes, y en cuanto usemos la palabra para comunicarnos, señores del Poder, eso se llama Ideología. Que es algo que subyace sin manifestarlo textualmente en las mejores familias, en cuanto bregar por algo común no es delito. No solamente en el Pentágono, ni siquiera entre quienes insisten en alienarse en los barrios cerrados; un ademán que exhiben quienes dicen despreciar las ideologías y al fin, asumen la intención común de los ganadores en preservarse de la contaminación del mundo real. Bueno, por supuesto, tan peligroso y lleno de pobres; pero eso no deja de ser una contradicción de los individualistas tan ajenos a las preocupaciones de la gente común. Pero un asunto que preferimos discutir en otro momento porque ahora, supongo que los chinos nos miran con mucha atención.

Eduardo Pérsico, narrador y ensayista, nació en Banfield y vive en Lanús, BuenosAires, Argentina.


Una derecha de medievales, tirifilos y tilingos

Por Eduardo Pérsico.

Tirifilo y Tilinga se encuentran tarde a tarde por Florida, Corrientes, Reconquista y Maipú. Tirifilo es atleta, católico, aristócrata, le importa un gato muerto de todo lo demás. Dante Linyera.

Por cierto reflejo condicionado los grupos del privilegio viven reclamando mayor seguridad para sus vidas y haciendas, sintetizando así su ideología que rebrota con mayor vigor cuando divisan algún ‘contrario’. Mejor digamos, si asoma alguien con discursos y semblanzas de alguna modernidad política y para la convivencia humana. Eso crispa y enfurece a esa Derecha tilinga enemiga de la evolución, hasta negadora de que sin cambiar la distribución de la riqueza la inseguridad crece por matemática. Nadie los convence de que ese peligro por la desigualdad no se reduce queriendo volver al absolutismo y los preceptos previos a la Revolución Francesa; ellos niegan que el hambre es el hambre y ninguna religión o palabrerío evitarán que el hombre sea una especie que muere si no come y desaparece si no se aparea. Y si ningún santo padre el domingo dispone lo contrario, eso es así.

De manera constante y no sólo en América Latina, los grupos de mejor nivel económico, - inmediatos de Los que Mandan- ‘peticionan ante las autoridades’ y usan cualquier herramienta para quitar de su entorno no a la miseria, pero sí a los miserables. Que al fin son quienes molestan… Entonces, desde los púlpitos compinches donde se reza por volver al absolutismo y a la esclavitud, los Muchachos Derechistas templan su espíritu contra lo opuesto a sus intereses de clase, y aunque ‘igualdad, libertad y fraternidad’ sean hoy apenas tres palabras, despreciada ‘fraternidad’ no se ven saludables ‘igualdad’ ni ‘libertad’. Y menos desde cuando el liberalismo económico globalizador decretó ‘el fin de la historia’ para las grandes mayorías del planeta.

En la Argentina y tras la sanción de la Ley Sáenz Peña en 1912, que iniciara realmente el régimen de partidos políticos con el voto masculino secreto y obligatorio, la Derecha fue autoritaria y golpista ni bien comprendió su discapacidad para organizar una fuerza democrática y representativa que accediera al gobierno por el voto popular. Su actitud mandona limitó siempre a esos conservadores para dialogar sin proferir amenazas ni conceder negociando civilizadamente. Un encierro conceptual que de algún modo los enorgulleció durante décadas en tanto heredaran la concentración económica de la pampa húmeda y el patronazgo del puerto de Buenos Aires. Dos ‘pequeñeces’ en su haber que a esos anteriores tirifilos les sobró para fijar sus condiciones, hasta que al crecer en el país algunas ideas progresistas empujadas por la participación popular, la Derecha, sin distingos, propició y ejecutó el golpe del año 1930 contra el gobierno radical de Hipólito Irigoyen. Escenario que mostró unidos trivialmente, - ver fotos- un elenco de figurones militares, católicos fanáticos y delirantes tradicionalistas del ‘no sé de qué se trata’, que pronto mostraron no ser idóneos para crear una fuerza representativa moderna y democrática. Igual, luego de esa mascarada actuaron en el golpe militar de 1943 hecho por ‘el glorioso ejército católico argentino’, que como contribución moral prohibió los tangos lunfardos, (entre ellos “Mano a Mano”, de Celedonio Flores) y antes de echar al gobierno de Perón bajo el lema ‘Cristo Vence’, denigraron a Eva Perón escribiendo ‘viva el cáncer’ antes de su muerte y en junio de 1955 ametrallaron al gentío en Plaza de Mayo. Dos mariconadas propias de esos tipos. Después, en 1966 gozaron la caída del radical Arturo Illia por el empuje de los ‘cursillistas católicos’ guiados por un tal general Onganía, que tuvo su rol más célebre al entrar en un carruaje antiguo, -un landó, bien de opereta- en la exposición de la Sociedad Rural donde fue ovacionado por los mismos dirigentes de la Rural que el sábado 4 de agosto del 2007, merodeando con razones que la razón nunca entiende, exigieron que los argentinos paguen la carne a precio dólar y que ellos no quieren pagar impuestos.

Aquellos ilustrados ‘cursillistas católicos’ de 1966 defendieron su alma allanando amuebladas, prohibiendo toda película o dibujo novedoso que no entendían y atronando persecuciones fascistas por universidades y lugares afines con la inteligencia; ver Noche de los Bastones Largos. Pero como tampoco ahí los tirifilos articularon una entidad política en serio, luego que el peronismo volviera en 1973, ellos bien sumisos al Departamento de Estado norteamericano y sin chances de alcanzar lícitamente el gobierno, mostraron su perfil más perverso actuando con sus hijos de ‘noble apellido’ y más siniestros, en el gobierno militar y asesino de 1976 a 1983. Así las cosas, ningún analista de la realidad argentina ignora en esa clase social la vocación más cerril y retrógrada de quienes ni por ‘delicadeza’ con el mundo contemporáneo archivan sus ideas medievales. Y que hoy mismo avalan candidatos que opinaron contra la anulación de los indultos; una dádiva principesca antijurídica; y las leyes de punto final y obediencia debida otorgada a los torturadores y asesinos de Videla. Desechando que al oponerse a leyes donde no prescriben los crímenes de lesa humanidad aceptan su complicidad con Camps, el turco Julián, Etchecolatz y los ladrones de bebés.

En tanto nos parece precipitado creer que el PRO, el partido político que con Mauricio Macri ganó las últimas elecciones en la Capital Federal, sea una entidad política a la europea, - eso no lo exime- y que sus dirigentes aspiren a consolidar una fuerza democrática dispuesta a competir siempre en el campo electoral. Que Macri pertenezca a una famila de la llamada Patria Contratista no lo inhabilita, pero algo molesta que con un hábil manejo publicitario y pese a ser un diputado nacional sin asistencia a una sola reunión de la Cámara durante dos años, ganara con holgura el cargo de jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Algo que no es poco, sepamos, pero muy agrandado el hombre ya antes de asumir litiga con dureza al gobierno nacional por el paso a su jurisdicción de la Policía Federal; un ente financiado por el Estado Nacional al que aportan el resto de las provincias. Así que fiel a su estilo, los mandantes del PRO, con el mismo tono usado por la curia y los ganaderos, intiman al ejecutivo nacional a terminar con el tratamiento parlamentario y otros inconvenientes, para que la Policía Federal deje de ser Federal de inmediato. Esa inevitable gestión republicana incita al futuro jefe de gobierno de Buenos Aires a entrevistas con el cardenal Bergoglio, referente mayor de los católicos que sostiene una disputa estéril con Néstor Kirchner, un presidente que sin merecer grandes ovaciones demuestra que congeniar con la Iglesia Católica no es imprescindible al cumplir el mandato dispuesto por la gente, religiosa o no. Algo independiente en otras de sus gestiones, par revalidar que los gobiernos legítimos están encima de toda otra jerarquía, por más que venga del cielo.

Ahora bien, ¿qué enfurece más a la derecha, no sólo en Argentina? Pues la actual América Latina, reservorio de recursos naturales al que deberán recurrir más temprano que tarde los países poderosos. Y donde esos mismos ‘países ricos’ siempre invasores, para imponer su voluntad añoran a otros personajes que hubieran dicho SÍ a las condiciones del ALCA traídas en el año 2005 personalmente a Mar del Plata por el presidente Bush, y le rechazaron. Los países ricos extrañan a gobiernos amables al libre albedrío de los laboratorios extranjeros dueños de cualquier derecho en el ‘negocio de la salud’; quieren presidentes en la región menos complejos para el Imperio y sus servidores locales, y rechazan al Correa de Ecuador, al insultante Chávez de Venezuela o al indígena Evo Morales que se permite discutir el precio del subsuelo boliviano. La tradicional Derecha requiere gobernantes obedientes al Poder y no que organicen integraciones regionales como el MERCOSUR sin aprobación de las multinacionales. Y que en la Argentina, si interesa un negocio inmobiliario gigantesco en la ciudad de Buenos Aires, que el gobierno ya mismo se ocupe de los miserables que viven en el lugar y dilatan la operación. Esas son las ciertas inquietudes más otras tilinguerías que publican los diarios tradicionales, en cuanto al Poder muy poco le preocupa la gente y no hay Derecha que se oponga a eso.

Eduardo Pérsico, narrador y ensayista, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.


El Macri gobernador, de Lombroso a Don Yolando

Por Eduardo Pérsico

 Un amigo con tendencia a la fácil calificación comentó que la mayoría de los personajes públicos de hoy ‘no soportarían, ni sesgada, la mirada del criminólogo italiano Césare Lombroso, desaparecido a principios del siglo veinte y que sugiriera en el aspecto físico cierta constante del individuo; o mejor dicho, ‘la facha de ladro fa il ladro’. Algo quizá menos discutible si nos referimos a tantos temerarios subidos al escenario político con el mandato de cambiar el rumbo ‘de las cosas’, y en quienes, a veces sin convicción, depositamos nuestra idea de continuar siendo una especie natural organizada en grupos o sociedades. Y sin calar demasiado, hoy no sólo nos preocupa ver los rostros de los notorios tipo Hitler o parecidos; sino la exhibición de los nuevos farsantes que en un remedo violatorio nos seducen para obtener el Poder, y luego, a otra cosa

Así que al margen de tantos bushes, asnares, berlusconis y demás antológicos de nivel internacional, en Argentina hubo elecciones en su capital, Buenos Aires, donde varios candidatos también ofrecieron sus preocupantes máscaras al público y con actuaciones de forzada naturalidad dieron pocas certezas de cuánto querían y de qué manera harían su gestión transformadora, en un distrito que tradicionalmente siente la dependencia política del poder presidencial asentado en su territorio. Como desenlace de una segunda vuelta entre los dos candidatos más votados, en el recuento la abstención de votantes alcanzó un tercio del total, indiferencia preocupante, y donde el a ratos candidato del presidente Nèstor Kirchner, Daniel Filmus, resultó un muchacho con cara de honesto conocedor y preocupado por el rubro Educación, y en lo demás sugirió un magro vuelo de estadista sin ánimo de remontar alturas. En tanto su opositor, Mauricio Macri, se impuso prometiendo gobernar y lograr una ciudad definitivamente segura, sin que los postergados de siempre corten el tránsito, eliminando a piqueteros, ambulantes y cartoneros sin autorización, con más el emprendimiento inmediato de tres o cuatro gigantescos negocios inmobiliarios de provecho incierto, y otras lindezas más. Todo palabreado ante cámaras televisivas y sin enunciar nunca como articularía su solvente tarea gerencial imprescindible en esto de Ordenar, Delegar y Supervisar tantas aspiraciones y ningún Proyecto. Entonces hoy, el electo Jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires que realmente obtuviera un treinta y siete por ciento, no poco decir, es este dirigente futbolero y además asociado a empresas contratistas del Estado Argentino, que culminara su campaña proselitista ocultando sus logros como Diputado Nacional, que también sí es cobrando sus estipendios, aunque por otras obligaciones más republicanas o dignas jamás concurriera en carácter de Diputado al Congreso Nacional. Un dato que seamos equitativos, es éticamente tan aberrante para él como para sus votantes que conociendo ese gravísimo hecho, lo premiaron apoyando esa irreverencia ciudadana y el difuso enfoque de cuánto es una obra de gobierno. Claro, en mi barrio siempre los registros lombrosianos se expresaron con frases muy comunes y bolicheras, por ejemplo ‘qué cara de chanta tiene ese tipo’, ‘los turros no se ríen, pibe, muestran los dientes’, y una acuñada por don Yolando en el bar Escalada; ‘la cara es el espejo del *garca’. Que “Manual del Lunfardo” mediante, sin ambages ni perífrasis concluye los mayores avances de Césare Lombroso…

Durante la campaña el candidato Mauricio Macri presentó a muchos colaboradores con antecedentes de participar en gestiones oficiales sin gran sensibilidad social, digamos breve, y renombrados ‘portadores de apellido’ acostumbrados desde la cuna en macanear con las clarinadas de sus clarines y los redobles de sus redoblantes, pontificaría otro cómico señero, don Pepe Arias, en tanto el próximo Jefe de Gobierno que luciera sus propuestas prometiendo mejorar la Seguridad Pública de la población capitalina, es hace varios años presidente del Club Boca Juniors, una de las entidades futboleras más representativa del país y en un segmento donde la violencia se organiza mafiosamente. Es evidente que no hay club de fútbol argentino, de magnitud y de los otros, que no ampare a un grupo de ladrones, asesinos y extorsionadores al servicio de los dirigentes que sintonizan amorosamente con la Asociación del Fútbol Argentino y otros complicados; y en ese contexto el Boca Juniors de Macri no ha mostrado ‘grupos de entusiastas hinchas’ sino un verdadero ejército de malvivientes para que nada cambie en un negocio marginal y gigantesco. Que entre otras lindezas evidencia que los grandes clubes de Argentina no soportarían ni ‘deportivamente’ una auditoría impositiva o contable tras las pistas lavadoras de dinero. Un perfil que el próximo gobernante de Buenos Aires por ser durante años presidente del Boca Juniors debe conocer a fondo, junto al porqué conviven con los fascinerosos invasores del espectáculo, - no siempre marginales, no jodamos- y de la complicidad boba de los publicistas deportivos sin críticas serias a un espectáculo que ellos integran jugando de ‘periodistas’, y donde las peligrosas bandas disputan las millonarias y dolarizadas compra y venta de jugadores, incluyendo viajes al exterior en muchos casos, y el deporte de patear al público normal fuera de los estadios acreciendo espectadores frente a los canales y televisoras accionistas del negocio. Esto que ni menciona Macri al hablar de seguridades prometidas, sigue erosionando el hueso endeble del sistema policial siempre comprometido y de una justicia intimidada y cada vez más lejos de su función en este asunto.

Por eso, tal vez sea cierto que Mauricio Macri desechó un debate final en televisión, al ser advertido que hablarían si el modo más directo de comenzar el saneo no sería retirando la custodia policial de las canchas de fútbol, en tanto él, derechoso liberal de achicar los gastos del Estado, no confiesa que por tratarse el fútbol de una actividad económica privada, deberían ser sus entidades organizadoras las obligadas en proteger la seguridad de los espectadores que pagan. Ya que no es legal proseguir según operan los empresarios del fútbol con poquísimo desembolso, que las fuerzas preparadas para proteger a la comunidad entera sean distraídas, aviesamente, en el cuidado de espectáculos deportivos rentados; y además turbios en el imaginario colectivo. Dejar al fútbol sin la custodia policial que paga la comunidad, (ojo, que los dineros extra de los policías no cubren uniformes, armas ni las caras de cana que mantiene la sociedad toda) sería el inicio para obligar a los empresarios a ocuparse en serio o enfriar su negocio. Una variante ésta que ante el tribal y peligroso desquicio del fútbol, esquivó el empresario Macri, sugestivamente, siendo el candidato dispuesto a gobernar la difícil ciudad de Buenos Aires con la Máxima Seguridad para sus habitantes. El hombre no enunció nada en el ámbito que suponemos mejor conoce, la de presidente de un club de primer nivel asolado también por la inseguridad. ¿No será que en eso él no conoce ningún método? Porque si de verdad un liberal como Mauricio Macri, furiosamente defensor de la propiedad privada y de las obligaciones comunitarias cuando le conviene, no acierta con esto, que los porteños aguarden una gobernación al menos muy confusa. O exponernos a que cuando él y sus colaboradores hablen mostrando la cara, sean pasibles de los decires de Césare Lombroso, de Italia, y del viejo don Yolando en Escalada.


Al Papa Ratzinger le desagrada la pobreza.

Por Eduardo Pérsico

En la visita que el Papa Ratzinger hiciera a Brasil en mayo del 2007, entre las apariciones novedosas sobresalió una, inquietante y sustantiva; los llamados ‘Heraldos del Evangelio’ que quizá merecieran renglones autorizados del espectáculo insólito. Estos Heraldos tan célibes como fanáticos de la abstinencia sexual, según dicen, escoltaron al Santo Padre durante toda su estadía y desfilaron vistiendo uniformes de color marrón, decorados con una ostensible cruz sobre el pecho.

Los mismos se enorgullecen de sacrificar ‘ad infinitum’ la naturaleza corporal y así quedar mejor preparados ‘para luchar contra las sectas evangélicas’. Esa heroica decisión militante, digamos que para los ajenos a la interna del catolicismo pero igual atentos a cualquier connotación autoritaria o fascista, eso hoy atentaría contra la imagen de la institución Iglesia Católica Apostólica y Romana. Y más aún cuando estos católicos militantes descalifican sin autoridad, -ojo chicos, autoridad viene de autor, de cosa propia- a las demás vocaciones religiosas existentes y otras multiplicadas últimamente.

Tal vez sería bueno mencionar a esas congregaciones que estos Heraldos desprecian como ‘sectas’, cuáles serían esas en especial y si no era una secta la concurrida por los esenios, con Jesús y sus amigos devenidos en apóstoles. Porque estos iluminadores del camino recto que debemos transitar los seres humanos, como todos los fundamentalistas comunes y corrientes, exhiben una soberbia intelectual y un perfil de ignorancia feroz contra lo desconocido, como les resulta la Fé Electrónica presente a toda hora en los televisores del mundo. Aunque estos renovados Heraldos de la Fé, según su discurso, llegan resueltos a ejercer la más dura acción directa contra cualquiera, como pregonaron sus antecesores varios que entraron y salieron de escena sin perpetuar, - históricamente hablando- nada memorable.

Como todo fanático, estos se consideran el referente principal de un universo inmedible, en donde la tierra es una brizna de átomo, pero igual dale que va; y en cuanto esa divertida movida secular aconteció dentro de Brasil, no pocos le propician resonancia en el próximo carnaval cuando ellos, cruz en mano, desfilen junto a otras comparsas y ‘escolas do zamba’ en el sambódromo de Río…

Así las cosas y los desafueros papales por inculcar la enseñanza religiosa en la escuela estatal de Brasil, el presidente Lula secamente le quitó el aire reafirmando la condición laica de su país, al tiempo que Frei Betto, fraile domínico, teólogo de la liberación brasilera y varias veces preso político en su país, apuntó a que la iglesia católica debería ser más universal, empezando por aceptar que se ordenen en el clero hombres y mujeres casados, y por qué desde ningún punto de vista, el Vaticano entiende que hace muchos años no hay más dictadura en Brasil , un país que justamente se arroga la virtud de ser uno de los más altamente pluralista en los cultural y religioso; y pretender instalar en ese territorio los designios de unos cruzados medievales no era lo más oportuno.

Igualmente, no fue sólo la comitiva del Papa la que ocasionara el inusitado fracaso de la misión vaticana en Brasil y en la Conferencia Episcopal Latinoamericana y del Caribe, sino la errónea visión que el mismo Papa, el alemán Ratzinger, demostrara conocer de cuanto acontece hoy dentro de América Latina. Su apreciaciones sobre la evangelización en América fueron tan obtusas que tuvieron la pronta réplica de las nacionalidades indígenas del "Continente de Abya Yala, (América)": "rechazamos enérgicamente las declaraciones del Sumo Pontífice en lo que se refiere a nuestra espiritualidad ancestral y a algunos Presidentes Latinoamericanos y del Caribe, en un continente donde se acrecienta la diferencia entre pobres y ricos", y más adelante le remarcan "el Papa desconoce que los representantes de la Iglesia Católica de ese tiempo, con honrosas excepciones, fueron cómplices, encubridores y beneficiarios de uno de los genocidios más horrorosos que la humanidad. Más de 70 millones de muertos en campos de concentración de minas, mitas y obrajes; naciones y pueblos enteros fueron arrasados, bajo.el presupuesto filosófico y teológico que nuestros ancestros 'no tenían alma".

Fueron muchas las definiciones que mostraron al máximo exponente del catolicismo como si tocara de oído: en un mapa hoy más agitado política y económicamente de cuánto entienden los curas de por aquí, con obvios destinatarios el Papa arremetió contra el peligro que eran los gobiernos autoritarios en la región, más al marxismo y al capitalismo que acusó de “falsificar el concepto de la realidad y la amputación de la realidad fundamental y decisiva, que es Dios”. Naturalmente, que sin la ayuda de un hermeneuta, - esos tipos que descifran los textos sagrados como si nada- sería muy temerario desentrañar semejante andanada verbal, previa eso sí, a que Ratzinger enarbolara “solamente quien reconoce a Dios conoce la realidad y responde a ella de modo adecuado y realmente humano”. Un trabalenguas tan peregrino como el conjugar al capitalismo y al marxismo como dos concepciones herejes y materialistas capaces de “falsificar el concepto de la realidad”.

Un renglón bastante ‘sartriano’ y si no lo es, igual inentendible para una persona común, digamos como yo y mis amigos, parecidos a mí. Aunque tal cual sucede en estos eventos nutridos de personalidades, el propósito sea palabrear diciendo lo menos posible, y a esa intríngulis le apuntaron los estadísticos que midieron las presencias reales en cada lugar que visitara el SantoPadre, y el resultado del conteo no fue el esperado por los organizadores: luego de cuanto expresara el Papa en sus discursos, a su aparición final sólo fue un tercio del gentío esperado.

Sin abundar más, de verdad certeras fueron las opiniones de Joao Stédile, un lider del Movimiento Sin Tierra en Brasil, quien no dudó en decir que el papa Ratzinger llegó a la Conferencia del Episcopado a extender un certificado de defunción a la ‘iglesia de los pobres’, tan publicitada desde el Concilio Vaticano II, y a liquidar de una vez aquella posición de preferir a los más necesitados y ayudarlos en una sociedad injusta y mal repartida.
Hoy la dirigencia del catolicismo despliega las teorías y actitudes del fundamentalismo más cerril, y entre esas iniciativas mal fundamentadas el retorno a dar las misas en latín es hacer de ellas de nuevo algo selecto, para iniciados, y de paso anunciarle al pobrerío, ‘señores, hasta aquí llegamos’… Según Stédile, entre varias razones objetivas obedecen a que “Ratzinger es blanco, alemán y un intelectual europeo que no tiene la mínima cultura que lo relacione con América Latina. Y la diferencia consiste en que nosotros comprendemos las dificultades que él tiene para entender a los problemas del pueblo latinoamericano”.

Una benevolencia más que no sólo este dirigente campesino sino la prensa en general le demostró al Papa que no pocas veces se salió del cauce – o le saltó la cadena- al jugarse sin red con delicadas afirmaciones doctrinales, referidas casi siempre a las uniones entre homosexuales, el concepto de familia según él y una teatral fijación contra el aborto. Un tópico donde argumenta sin contemplar ningún social o humano, o que mereciera un debate integral sobre esa consecuencia natural que los católicos cínicamente califican como perversa, quizá porque más la sufren las mujeres del pobrerío. En este sensible tema el Vaticano, livianamente, despacha al por mayor sus arengas y denostaciones de púlpito sin aceptar un tratamiento serio del problema, con un debate estadístico, civilizado y científico que subsane las causas y hable menos de las consecuencias. Porque claro, atacar el efecto sin mencionar la causa es un antiguo recurso dialéctico del Poder, y durante siglos los intereses de la iglesia católica y sus representes del Vaticano vienen navegando con soltura y viento a favor dentro de esa corriente, sin que jamás sus jerarquías analicen críticamente a la realidad económica y política que hundiera en las hambrunas a gigantescos sectores de la humanidad.

La última experiencia del imperialismo neoliberal donde también participan seriamente los organismos económicos de la institución Iglesia Católica, leáse petróleo, siguen dejando consecuencias siniestras. Pero repitiendo los libretos tradicionales, la solución de esos males para la doctrina religiosa consiste en arengar, pontificar y recitar catecismos a favor de los necesitados. Apenas eso, algo tan evidente y notorio que no sólo descubren los “intelectuales alejados de Dios”, - leímos por ahí- sino cualquier observador atento de la realidad cotidiana. Entonces sin temores y ante una realidad hoy inmanejable con discursos, amenazas de Los Heraldos de la Fé, excomuniones y castigos seculares, el Vaticano estableció con claridad en Brasil que ante ‘‘la ausencia de Dios” ellos han optado por desandar el escaso camino que recorriera el Concilio II, asumiendo sin complejos ser formal y metódicamente ‘la iglesia de los poderosos’. Y retornar así a la Edad Media, aquello que tácitamente propusiera monseñor Lefebvre, el arzobispo francés que despreciara las reformas conciliares. Un sinceramiento que tal vez les lleve algo más de tiempo, ese imbatible enigma que no transcurre para los jerarcas religiosos de estos días.

[Este artículo fue publicado como nota de tapa el 21/05/07]


Estados Unidos y esa cultura de cerrar los ojos.

Por Eduardo Pérsico

Sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando.
(Cantado por Carlos Gardel)

En la película “Walter y Henry”, que vimos por marzo del 2007 y cuando el presidente George W.Bush hacía una confusa visita por América Latina, un joven músico cuestiona a la tradición jurídica de USA diciendo que Thomas Jefferson “era un racista disimulado”, en cuanto la Declaración de la Independencia de 1778, según él, no hay ningún renglón que hable de negros, esclavitud ni miserables. Una crítica a los fundamentos éticos y morales de su comarca, descalificando duramente a uno de sus indiscutidos referentes.
En su libro “La estructura del Poder en los Estados Unidos”, el escritor y Profesor de Sociología Política en la Universidad de Paris, Pierre Birnbaum, por 1972 publicó ciertas observaciones sobre la sociedad yanki: ‘Uno de los rasgos fundamentales que permiten explicar la formación del carácter norteamericano es la ausencia de todo pasado feudal. Desde el origen, los Estados Unidos y los revolucionarios norteamericanos no debieron luchar ni definirse con relación a instituciones como la monarquía y la nobleza’. Y agrega, ‘la Constitución de 1787 debía garantizar los derechos de los trece Estados de la Confederación, y para evitar la preponderancia de uno sobre los otros el papel del gobierno debía estar limitado a prevenir los posibles excesos de la democracia’ Y allí reitera la diferencia sustancial entre dos grandes de la época: Thomas Jefferson veía el principio de igualdad en el puro individualismo y la búsqueda de la felicidad, cada uno llega adónde puede, alentando a la existencia de una ‘aristocracia natural’ cuyas cualidades de mando se revelarían gracias a la educación. En tanto que Alexander Hamilton, también individualista pero opuesto a lo sostenido por Jefferson ‘ciegamente’, en cuanto que además reclamaba una activa participación del Estado como moderador de las diferencias y sustentador de una ‘aristocracia en el Poder’; que por entonces eran los empresarios.Y un tercero en el debate, Andrew Jackson, la voz del Oeste ‘que encarnó el espíritu de la frontera’, propiciaba la primera síntesis para que ese individualismo educado originara la aparición de una minoría económica y política capacitada y ellos dirigieran mejor la participación del Estado en la vida pública. Los conceptos en discusión no fueron menores por un lado se nombraron los ‘conservadores’, ocupados por la libertad y la primacía de la capacidad individual, en tanto los ‘liberales’ priorizarían la igualdad y darle al Estado un sentido regulador del patrimonio común, debate que dejó en la realidad conceptual de los norteamericanos una idea de ‘pueblo mejor organizado que todos los demás’, frase que al agregarle ‘por voluntad del Creador’ pierde seriedad y se hace propia de un pícaro… Así, el norteamericano medio no valora demasiado la igualdad y prefiere confiar en la posibilidad del éxito social, y tanto sucede que fracasado o triunfador, muerto de hambre o bebedor constante del whisky más costoso, imagina a los demás pueblos del planeta como habitantes de ‘algún territorio exótico que cuando los dirigentes de su país, Estados Unidos, los crean económicamente imprescindible los tomarán en cuenta’, escuchamos en un encuentro literario del Instituto Cultural Hispánico, en California. Esto y dicho sin ninguna ironía gratuita, es una constante instalada en el hombre común, que lo admite con los mismos justificativos que arguyen sus representantes; mediocres textos de disimular invasiones donde muere gente, con ardides no atendibles ni en broma. Y con semejante aval ciudadano, los dueños del poder verdadero en USA sostienen una opinión pública adicta a confrontar con ‘los exóticos’ sin averiguar los intereses ciertos de esa pelea; una desinformación que con el tiempo tendrá su precio. . .

A mediados del siglo veinte y terminada la Segunda Guerra Mundial, y pese al recuerdo atómico que le dejara al pueblo japonés, Estados Unidos tenía a su favor el mayor prestigio que una nación alcanzara en el mundo moderno. Igual que hoy era ‘un pleno gobierno del dinero en una democracia del dólar’, y también se suponía que el grupo mandante era una oligarquía financiera a la que los políticos debían obedecer. Sin embargo, sobre este juego entre los empresarios más poderosos con los políticos de turno, tampoco existían fehacientes datos para corroborarlo, aunque existiera en el imaginario colectivo la convicción de que un directivo de General Motors, por ejemplo, era dueño de presionar al gobierno para obtener determinadas ventajas o privilegios. Amparado esto por una suposición pública que pocas veces se puede probar, - como las brujas- nadie dudaría de su existencia. Además de esas comprobaciones de tan difícil acceso tampoco son claros los intereses que se cruzan, los tiempos que duran en la cúspide las elites mandantes y las transiciones de una a otra en el traspaso de las influencias. De ‘manufactureros’ a ‘financieros’ nunca fueron fáciles de observar y apenas se sospechan las presiones que el Poder de verdad le exige al gobierno en los Estados Unidos, sea demócrata o republicano.
A propósito de esto dice James Petras que hoy, de modo más evidente, el capital financiero interactúa con lo productivo en todos los órdenes y a pesar de ‘la enorme incidencia en toda la economía, Wall Street por sí misma no puede subsanar ni evitar la vulnerabilidad económica ni los sucesos catastróficos del ámbito político o militar’. Un renglón que afirman las movidas inventadas por la diplomacia de Washington, febriles ensayos de alquimia a prueba y contraprueba, inexplicables como la sangrienta permanencia en Irak, Afganistán y sus torturantes cárceles en el exterior, ver Guantánamo, donde siguen experimentando sacrificios de personas esperando que el Congreso al fin les avise que esta guerra contra el ‘terrorismo’ fue un mal negocio que empeora cada día. De todas maneras, atendiendo a las exhibiciones y discursos del actual gobierno en USA, poco o nada queda de la ética moralista fundacional ni el sentido de lo humano que enarbolaron sus precursores; a estos responsables de hoy sólo los inquieta el apuro financiero y hasta desprecian que la realidad actual les limita seguir siendo los buenos muchachos y galanes de la escena. No casualmente y por su acumulación de errores, acabaron junto al carnal aliado Israel, soportando como cowboys trasnochados al inesperado cuatrero Hezbolá, que a los empujones los quitó de las márgenes del río Litani, en el Líbano, y desacreditó a sus ‘infalibles servicios de inteligencia’ con el aliado Mossad incluido. Y en lo que insiste hoy la Casa Blanca son ensayos pueblerinos, desvalorizados, como la recorrida del presidente Bush y su comitiva por América Latina durante la última semana, que emprendieron ilusionados en una realidad regional similar la de años pasados, digamos, cuando ese paseo se planeaba como una Visita de Inspección a las embajadas. Con el nuevo escenario de Sudamérica, la gira norteamericana fue aburrida, sin ningún relieve, - salvo las manifestaciones contra los visitantes- y en términos económicos, enmarcó un alejamiento más explícito a conseguir para el imperio un área de libre comercio. Contraponer el ALCA al MERCOSUR, todavía en formación pero pujante Mercado Común que encabezan Argentina y Brasil, es una parodia de la vieja estrategia de vender los productos de su producción sobrante usando algún Plan de Ayuda supuestamente benéfico. A ese recurso se le acabó el tiempo, en esta región es obsoleto y lo demuestra la decisión de once países de la Comunidad Sudamericana de Naciones que decidieron atenuar la ingerencia de Washington y el Fondo Monetario Internacional, formando un fondo de reserva dispuesto a socorrer las emergencias financieras de cualquiera de ellos. Un concreto intento de romper con el patronato prepotente de los organismos de crédito, FMI y similares, en los países deudores. Entre otras causas, por eso la visita de Bush resultó un olvidable empate sin goles y un aviso de que las instancias que Estados Unidos debe atender ahora deben ser otras. El déficit presupuestario, la recesión que los amenaza, las investigaciones por corrupción (¿similares a las nuestras, los sudacas?), y la certeza de que los habitantes fuera de USA le perdieron la confianza. Para eso ayudaron mucho los rechazos norteamericanos a suscribir compromisos como el de Kioto, para atenuar el calentamiento global, las depredaciones de la naturaleza y la podredumbre ambiental, así como el tufillo a mentira grosera que en cada declaración sobre estos asuntos exudan los funcionarios yankis. Y además algo que debería conocer el ciudadano común norteamericano, - junto a la gravedad de los huracanes y la cifra de muertos en Nueva Orleáns- sería la imposibilidad de imponerle hoy la mundo las mismas condiciones políticas de hace medio siglo, para venderle hasta sus sobrantes de guerra, como aconteció en Argentina, por decisión propia . Eso ya fue, no cierren más los ojos que ‘el mundo sigue andando’, nos cantó Gardel, y aunque sea temerario hablar de Decadencias y otras expresiones presurosas, es evidente que el Imperio navega obligado a un repliegue. Al menos por este siglo


Sobre libros, televisores y chinos, no hay nada escrito.

Por Eduardo Pérsico.

"Para aprender con significado es necesario enlazar los nuevos conceptos con los que existen en la estructura cognoscitiva, manteniendo el orden jerárquico de los mismos. En ese Mapa de Conceptos se basa el proceso de integración del conocimiento". (D.P. Ausubel, 1968).

Vinculando los gigantescos rechazos que reciben los aspirantes a ingresar en las universidades en Argentina, - principalmente a carreras no humanísticas- no asombra saber que los egresados de escuela secundaria que concursan, al margen del obligado material de estudio no llegaron a leer en promedio un libro por año. Claro, seguramente ocuparon su tiempo en ver televisión y eso también ilustra, dicen los defensores de hasta lo malsano que también brinda la televisión, una especie de rictus ya admitido. Pero la falta de lectura es alarmante no por las cifras que dan los rechazos universitarios en Argentina sino porque toda la sociedad acepta esa falta de lectura entre los adolescentes como una normalidad.

Eso es tan grave como que hasta los más necesitados miran "Gran Hermano" o engendros planetariamente similares, aunque existen algunos países donde esa cifra de lectura personal al margen de los cursos escolares, llega a diez libros anuales. Una cifra poco usual en las mayorías por este tiempo y que sin mencionar mayores datos, nos retrae a un número habitual entre las clases medias por las décadas del cuarenta o cincuenta, y el cómico radiofónico Mario Fortuna nos repetía "agarrá lo libro que no muerden".

Lo mismo sería injusto cuestionar por esto sólo a la televisión, tan eficaz para instruir como para alienar, sino que ante tantas otras necesidades vitales sin solución parecería insustancial preocuparse por el decaimiento de la lectura en la Argentina. De acuerdo, aunque ante la exclusiva apropiación del ocio creativo por los medios audiovisuales, la inquietud vale en tanto desde la pantalla nos sigan indicando cómo ser y qué conseguir según los modelos que ellos establecen, y sin menospreciar la capacidad de los medios para instruir en nuestro inconsciente, 'ese conjunto de procesos dinámicos que actúan sobre la conducta pero escapan a la conciencia', no neguemos lo terrorífico que resulta ser aleccionados mecánicamente. Es un asunto para tomar en consideración por más que nos ‘creamos’ sujetos ajenos a cualquier manipulación siniestra o de ciencia ficción. Todos estamos en la misma globalización que se hizo más que evidentes por estos días primeros de marzo 2007, cuando las corridas negativas en las bolsas de valores asiáticas, Wall Street y resto del mundo, son atenuadas, sublimadas o negadas por los inciertos especialistas en economía que apuestan a que todo siga sin que nada cambie.

Y sin apartarnos mucho de los renglones económicos, pensemos en cuánto de positivo y negativo nos deja ‘suprimir la lectura por una comunicación que actúa sobre todos nuestros sentidos a la vez’, según operan los sistemas audiovisuales y se jactan sus operadores, y al menos preocuparnos. Si ‘la lectura acrecienta en el hombre su capacidad de abstraer por dentro y fuera de la idea misma, y una agilización del suponer’, y cuando ‘todo lector reelabora el texto, lo completa y lo bifurca con operaciones de pensamiento’, donde haya un ser humano que al usar la palabra se hace persona, este mecanismo de cavilar, sopesar y reelaborar la comprensión de un texto, defiende al Lector de ser un Inconsciente Consumidor de cualquier basura. Alguien que lee se interesa más por lo imprescindible y hasta analiza cualquier precipitación informativa; un Lector es un participante individual, por supuesto que imprevisto y azaroso, sí, pero capaz de interrogarse. Desde si mirar culos armoniosos según digestos publicitarios le mejoran su capacidad de abstracción, o lo hacen más candidato a ser confundido y pasado por encima como hacen los privilegiados y vivillos del Poder. En Argentina y gran parte de América Latina, territorio de los columnistas CNN que pontifican sus imbecilidades descontando que detrás de cada televisor hay un pelotudo, mucho podría mejorarse si pensamos que las ideas giran más cerca de un lector que de un televidente, y hasta dónde la visión de un videoclip permite una abstracción inteligente de una imagen. ¿Qué acontecería si una generación de chicos en edad de aprender recibiera un video desaforado y luego lo discutiera con quienes eligieron la lectura para ilustrarse? Si la imagen visual precipitada no deja resquicios para aprehender lo imaginativo de verdad, una comunicación entre ellos sería imposible por las disímiles interpretaciones en cada Mapa de Conceptos. Y aunque no siempre todo se limite al lenguaje verbal, el hombre posee una estrategia de aprendizaje y una estructura cognoscitiva que enlaza sus nuevos conocimientos con los ya existentes, un juego de integración donde se supone que la genética funciona libre de la adquisición cultural de cada uno; una teoría que llegó al método de aprendizaje por los años setenta en respuesta a los medios masificadotes de la opinión. De los mismos medios vigentes hoy y ya se sospechaba como manipuladores por la imagen televisiva de la iniciativa individual y colectiva.

De todas maneras, en esta riña la balanza aún acepta a la lectura como sistema formativo, en cuanto la recreación que de cada relato hace el sujeto Lector, lo enaltece sobre el raudo método de imagen y sonido, y en esta controversia sobre la técnica educativa entre la informática, la cibernética y alguna otra mágica esdrújula que ahora no me acuerdo, la vocación por la lectura seguirá siendo una virtud formativa más sólida y sustantiva. Decimos esto sin duda ni temor a mezclar los tantos del juego: por mucho que supongamos a las computadoras aptas para apropiarse del manejo que el hombre ejerce sobre ellas y pudieran manejar la realidad, en estos días iniciales de marzo del 2007 no existiría el preocupante temor a la recesión capitalista en el mundo. En cuanto comprobando la certeza por el efecto contrario, creer esa visión cinematográfica de la ciencia cruda y matemática, sería desconocer los avances técnicos que acontecieron en la humanidad, desde la rueda al computador. Al apreciar la nueva y fabulosa ruta para adquirir conocimientos, la técnica es dependiente del hombre y no condicionante; sin desechar los infinitos posibles que pueden darse con estos juguetes electrónicos siempre que el uso sea éticamente insospechable. Una virtud que en nuestro jodido mundo es tan difícil, si el recibir conocimientos y acceder con ellos a comer todos los días es una limitación ideológica del Poder. Ese intocable jardín donde siguen madurando todos los tomates de la discordia. .

Eduardo Pérsico, narrador y ensayista, publicó cuentos, seis novelas, algún poemario y tesis sobre el Lunfardo. Nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.

NOTAS ANTERIORES DE EDUARDO PERSICO

VOLVER A COLUMNAS

Todos los libros están en Librería Santa Fe

 Solo10.com: Dominios - Registro de Dominios - Alojamiento Web - Hospedaje Web - Web Hosting