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EDUARDO PERSICO |
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Ellos, los diferentes
Por Eduardo Pérsico
Puede tener cierto sabor a gloria sentirse diferente. Con la certeza de saberse
distinto cada día cualquiera ha de amanecer victorioso y entero. Sin apremios en
decir ‘soy de otra clase’ ni presumir de lo bueno ‘que existan diferencias’, la
expresión de esa gente no es la nuestra. Acaso por pisar un escalón más alto;
eso suelen callarlo pero sentir lo sienten; demuestran ser distintos. Y no vale
despreciar, ellos tienen su estilo.
Sin pensar en azarosos engendros de galaxias lejanas o exóticos venidos de
ultratumba, hay un gentío natural y común, -esta no es la palabra- que habita en
otro barrio más seguro y lujoso que nos mira sin vernos. O más bien, ni nos
mira. Aunque nos advierta alguien que entiende asuntos de la ciencia que ellos,
los diferentes, son iguales en todo y no hay genética que analice riquezas, por
ejemplo. Por decirlo de un modo, esos tipos son similares al Papa, al Rabino
Supremo y al mismísimo Rey del Oro en barras. Son iguales a la gente que si no
come ha de morirse de hambre y si asumen perpetuarse en la especie, también
deben aparearse de la manera más a mano y divertida para engendrar un hijo.
Ellos, los diferentes, son iguales a todos porque al fin como todos son esclavos del hambre. Y no del deseo social de comer algo cuando decae la tarde, sino del hambre de verdad, profundo y serio. Hambre por no comer lo imprescindible y merecido que además de las tripas demuele la ética o la moral a cada uno y todos. Por eso quizá los diferentes opinen sobre todo por desconocer el hambre terminal, ese que tampoco respetan iglesias, sinagogas y mezquitas al ponderar palabras y milagros y proseguir diciendo tonterías sobre el asunto.
‘Mi reino por un caballo’ imploró aquel aterrado Rey al presentir el aletazo del
final, porque nada vale en la vida más que la vida misma’, le escuchamos a
cierto filósofo de trasnoche en un bar de Buenos Aires. Que además, solía
imaginar a los hombres y mujeres más afortunados del planeta reunidos en un
palacio inigualable, de pronto absolutamente aislado y sin nada de alimento.
‘Entonces al cuarto día, sin prejuicios ni pudores, todos daban todo pero todo
por un cachito de pan’. Aunque claro, era su pura imaginación…
Igual y de cualquier manera, no hay mortal que ande exento de una herencia de
hambrunas. La humanidad se explica por tantas migraciones persiguiendo comida.
Familias, gentíos y multitudes caminaron desiertos y atravesaron mares corridos
por el hambre. Esa implacable realidad que nunca espera y acaso muera con
nosotros, continúa; y lamentablemente lejos de tanta gente diferente que ni
siquiera mira.
Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.

Argentina:
Violento rechazo al mentón pero sigue la pelea
Por Eduardo Pérsico.
Quizá el análisis del rechazo en el Senado del importante proyecto envíado
por el Poder Ejecutivo por aumentar las retenciones a la exportación de
ciertos granos, pareciera prematuro, pero los datos para la opinión se
fueron acumulando durante los ciento cincuenta días del conflicto. Del 11 de
marzo del 2008 fecha en la cual por una disposición difundida como ‘la 125’,
las retenciones subieron del 35% del valor de los embarques al 44%, además
la imposición sería móvil y subiría según el precio internacional de los
granos en cuestión, así que la reacción contraria en el ambiente ruralista
fue inmediata. Un despliegue de poderío organizativo y mediático que aunque
resultara sospechoso de otras ambiciones, determinó que luego de tres meses
y apremiado por cortes de ruta, parciales desabastecimientos y otras movidas
desestabilizadoras de la República, el Ejecutivo encabezado por Cristina
Kirchner dispuso elevar el asunto al Congreso Nacional para su tratamiento.
Eso y a pesar de los atributos constitucionales y jurídicos que lo habilitaban a subir las retenciones, fue una aceptación de haber equivocado el camino político a seguir y al menos, que había actuado como si desconociera cuál era el enemigo a enfrentar. Vale decir, nada menos que los dueños de la tierra en Argentina, el sector más retrógrado y autoritario de todo el tejido social argentino, donde conviven no sólo quienes se oponen a una distribución más humanitaria de la riqueza sino de todo lo que tienda a fortalecer un Estado Nacional que atienda en serio las desigualdades y estructurales y profundas que existen en nuestro país desde siempre. Ese sector hoy suma al más acendrado reaccionarismo medieval con sus estructuras centenarias más los flamantes personajes enriquecidos por la renta financiera de últimas décadas, y no sólo se empeña en desprestigiar y combatir el natural progresismo distributivo que surge de cualquier sociedad industrializada, sino que sin ninguna duda ni pudor, 'estos tipos, -diría el bueno de Julio Cortázar- insisten en retraer el reloj de la historia al año anterior de la Revolución Francesa’.
Así las cosas y hoy, al margen
que ya existen otros proyectos sobre las retenciones a las exportaciones, cuyo
incremento llegó para quedarse, ver propuesta Reuteman, y ya derogada la
Resolución 125 por invalidarla el mismo rechazo de la totalidad del proyecto,
también quedaron sin efecto los reintegros que se darían a los pequeños y
medianos productores y otras modificaciones agregadas por los diputados
oportunamente. Así que el izquierdozo Bussi y su Federación Agraria más el
sonoro De Angeli, dejarán de jugar en el mismo equipo de la Sociedad Rural que
pareciera haberlos dejado colgados del pincel, por esas cosas de la vida... Por
ahora, todo hibernará hasta una nueva ley que entendemos, no fácilmente será
consensuada como muchos optimistas creen en tanto los ruralistas y sus asociados
llegaron a esta instancia confusa con un plan mucho más ambicioso y perverso que
frenar un gravamen más o menos. La finalidad cierta consistió en desarmar de un
golpe la capacidad del Estado Nacional para controlar y reasignar los ingresos,
reclamando un nuevo Pacto Federal que ellos mismo redactarían y harían cumplir;
palabras certeras de sus mismo dirigentes, no olvidemos; que apuntaría al uso de
los recursos que le dan los derechos constitucionales al Poder Ejecutivo en
último caso, fuera pasado a los erarios provinciales. Una aspiración más que
desencaminada en cualquier Estado moderno que se estime en el mundo.
Pero mucho de esto acontece porque acaso el mismo gobierno haya perdido de
vista, - como en otros aspectos- los recursos tradicionales de recaudación que
mantiene en su poder. Por ejemplo, si el Ejecutivo dinamizara modernamente y en
serio los mecanismos de cobro de la Agencia Fiscal de Ingresos Públicos, las
direcciones de provinciales que desatienden el cobro los impuestos
inmobiliarios, - hoy tan fáciles de estimar con las aero fotogrametrías que
abundan en Internet- y dando los avales y recursos técnicos a la Oficina de
Control Comercial Agropecuaria, podría recuperar muchos de los millones de
dólares que tradicionalmente son evadidos por ‘la gente del campo’ y financistas
circundantes. Después de todo y sin abundar en muchísimo otros datos, un
dirigente de la Asociación Agraria de Entre Ríos acaba de ser penado con dos
años de prisión condicional por reiteradas evasiones impositivas. Nadie piensa
que ha de ser el único y eso, por algo será.
Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires,
Argentina.
Trivial, mascarada de medios, mediáticos y mediocres
Por Eduardo Pérsico
Al inicio del conflicto entre el gobierno de Cristina Kirchner y cuatro
entidades del agro, un grupo de interés económico que prontamente
concentrara a toda la oposición desplegó una inusitada solidaridad de los
medios de información con ‘la gente del campo’. Esa adhesión a uno de los
grupos en pugna, nombrado como ‘el campo’ y a impulsos ‘la gente’, dinamizó
una falta de objetividad entre los fabricantes de opinión de mayor alcance
popular que hizo de cada radio y televisora una parte decisiva de la
cuestión. Esa falta de rigor y al ir creciendo la participación de cada
corporación informativa fue mostrando su entretela, ocultando y falseando
los argumentos del gobierno para aumentar las retenciones a la exportación
de algunos productos agropecuarios. Que la medida por inconsulta y falta de
tiempo y distancia fuera políticamente calamitosa, es indudable, pero eso no
deslegitima el derecho jurídico del gobierno constitucional de tomar la
resolución de gravar las ganancias extraordinarias que producirán los
aumentos de precios internacionales de los alimentos, y mucho menos aplaudir
las réplicas delictivas de la Sociedad Rural, Coninagro y la Federación
Agraria al quemar tierras, cortar rutas y provocar desabastecimientos a la
población.
De lo que se jactaron sus voceros en cámara; ‘demostramos que podemos desabastecer’, dijo uno de Federación Agraria, y al amenazar y concretar el golpe inflacionario que más cruelmente perjudica al pobrerío de más baja condición. Y será también memorable la protesta de la Sociedad Rural Argentina contra la 'represión', acaso queriendo redimir la reverencia hecha al sedicioso militar Ongania cuando los visitara en 1966 sobre un Landó. O carruaje parecido también decadente.
Más que despropósitos una verdadera hijadeputez escamoteada por lo medios que
alegremente festejaron los desbordes de ‘sufridos hombres del campo’ contra el
mismo cimiento de la convivencia. Una patética parcialidad que algunos atribuyen
al probable cambio de la Ley de Radiodifusión que limitaría los monopolios al
sumar nuevos participantes al mercado, vaya uno a saber, pero tanta parcialidad
degradante fue anunciada en un corte de ruta inicial cuando un orador impiadoso
deschavara ‘y sepa el gobierno que nos apoyan los intelectuales y las
intelectualas de la radio y la tele’, certero hallazgo verbal que el dirigente
entrerriano luego no repitiera. Esa aseveración no sería atendible por divertida
pero sí por la tarea que los noticieros y noticieras cumplieron con una
fidelidad patríotica, fuera de cargosas impurezas idiomáticas y en este asunto
sin mencionar jamás el descomunal negocio financiero que hacen en Argentina los
pooles de siembra, son simples empleados de los medios que al ganar mucho dinero
se creen irrebatibles intelectuales de tanto peso como Marx, Nietzche, Sastre y
los oradores de la rutas…
En verdad, como el gentío no les discute y sí los envidia, estos tilingos se
equivocan de rol: suponen ser Chaplin siendo sólo el que barre el cine: el Poder
económico acciona según elige el uso de las armas y de las comunicaciones, - esa
categórica trilogía mandante- y ningún Medio a su servicio sostiene una opinión
que modifique la finalidad del capital empresario. Entonces, si al Medio le
conviene dispone la exhibición de Mediocres (¿y mediocras?) que sin ningún rigor
y en esa dirección opina y dispone sobre lo que venga; constituciones
nacionales, ley de enfiteusis, economías galácticas, los buenos o malos, y un
diario tradicional nominó al religioso que arbitraría en la diferencia
económica. Pero claro, por eso les pagan.
Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires,
Argentina
Ambiguas refundaciones y otras riesgosas giladas
Por Eduardo Pérsico
A mitad de mayo 2008 y esperando el fin del lockout de los sectores
campestres, perpetuos en Argentina para imponer sus convicciones a los
gobiernos lícitamente elegidos, recordamos que ese privilegiado grupo de
presión, hoy tan radicalizado, varias veces emprendió este tipo de
sublevación institucional y contrariamente, jamás le reclamaran igual a los
grupos militares que desde 1930 en adelante tantas veces usurparan el
gobierno nacional y usaran de manera discrecional de los fondos del Estado.
Un asunto nada sugestivo ni casual al revisar los elencos civiles de esa
corriente que otorgaran entidad ideológica a esos sediciosos y según
registra la historia, jamás promovieron cambios económicos más distributivos
y republicanos; igual a más equilibrado y humano; al reparto de la riqueza.
Un equilibrio que sin hundirnos en tediosas teologías economicistas, los
gobiernos legítimos casi en general tienden a mejorar reacomodando las
aplicaciones impositivas al diferenciar a quienes más tienen de los menos
pudientes.
Digamos, mejorar el tratamiento de los pobres, miserables y un cachito más abajo, hambrientos. Pero esta simpleza teóricamente indiscutible, al menos sin ruborizarse, al entrar en su instancia operativa ‘quien más gana más aporta’ tropieza con las encerronas cerriles y medievales tan propicias a los constantes profetas del odio que definiera el escritor Arturo Jauretche. Y hoy, al asomar ciertos índices favorables a la repartición, - modestos y nada revolucionarios, también digamos- los privilegiados que junto a los medios de comunicación estiman a su mediocridad como una actitud militante, interrumpen las rutas y desabastecen en tanto los informadores anuncian tragedias a corto plazo, reclamos por la inseguridad y atentados de ignoto origen. Y eso sí, los medios quitan del panorama la demanda verdadera: los hombres dueños de la tierra que al sembrar están haciendo patria, según dicen, se niegan a pagar las retenciones a la exportación de soja que dictaminó el gobierno sin la autorización explícita de ese sector. Dejando de lado que el resto de la sociedad considera desencaminado al gobierno nacional en la gestión del conflicto, - por el rumor de estar otorgando así a unas empresas gigantes, las Cinco Marías, el negocio íntegro de la exportación que harían de todo esto una pelea entre malandras- las retenciones impositivas se aprecian como acertadas, en cuanto la gente común olfatea que los gauchescos expositores del campo son, tradicionalmente, evasores y autoritarios. Ver encuestas.
En este panorama a rachas caótico, se aprecia la
ferviente amplificación del malestar que hicieron dos o tres diarios y los
canales de televisión desde iniciado el conflicto. En principio porque las cosas
no suceden solas; suceden siempre y cuando las cámaras lo registren, se supone,
pero esta vez la discordia institucional apareció cuando los ‘fabricantes de
opinión’ luchan para mantener las condiciones actuales de sus explotaciones,
asignadas por decretos militares, y la administración actual pretende modificar.
Ese debate se está dando y los principales medios al mezclarlo con la crisis del
campo, aprovechan para denostar al proyecto como un cercenamiento de la libertad
de expresión en tanto los redactores de la reforma que afirman lo contrario,
sería bueno que explicitaran mejor cada paso que piensan dar. Igualmente, la
imparcialidad de los medios, siempre pálida, acaso se ennegrezca por esta
cuestión pero la aparición de personajes inéditos hasta hoy en las pantallas,
dieron hectáreas de material a cámaras y redacciones. Es que junto a los
opinadores habituales emergieron los dirigentes agrarios que durante dos meses
ocuparon cámaras y titulares, sin precisar ni hacer comprensibles sus exactas
exigencias, ambigüedades que vuelan los cielos de la patria, toman sesgos de
restauración nacional, ruegan a dios volver a las fuentes, (textual), y de
repente, la exigencia concreta de administrar ellos mismos los impuestos a
pagar; una pretensión no sólo grosera y trasnochada sin modificación
constitucional sino que apunta a la eliminación de todo aquello que inviste
sentido a una Nación. En estos divagues de globalización universal, este
temerario disparate es otorgarle el manejo de aquello común, hasta la geografía,
a las gigantescas y poderosas empresas multinacionales. Ahora eso sí, suponemos
que ninguno de los voceadores de esos pastiches discursivos tienen idea cercana
de cuanto lo dicho significa, pero ellos no se enteran y así estos meses
descollaron el principal expositor, alguien que con increíble lenguaje
progresista exige ‘la mejor repartición de la riqueza’, aunque en los últimos
días sin reiterar ‘reforma agraria’ porque a su lado finge distraerse de
semejante ofensa el presidente de la Sociedad Rural Argentina. Junto a esos dos
cabalga un exaltado dirigente de Gualeguaychú, la zona más combativa rechazando
camioneros y donde nadie dice si la verdadera requisitoria consiste en acompañar
a los exportadores, - que no son ellos precisamente- en el reclamo contra las
retenciones impositivas que subieron del 35% al 44%, y móviles según crecieran
los precios internacionales. De eso, en las arengas televisadas al menos se
habla poco por temor a darse patadas con las confesiones del presidente de la
Sociedad Rural al augurar que bien podría abastecerse el mercado local de carnes
una vez cumplidas las demandas internacionales. Algo que ocasionaría una
faltante de carne vacuna en Argentina que si no regulan las autoridades, con la
creciente demanda internacional de alimentos el precio que pagaría un nativo de
por aquí sería de cuarenta pesos el kilo. Por supuesto, las televisaciones
exhiben el espectáculo sin ahondar en los excesos delictuales en los cortes de
ruta ni aclarar tantos inciertos anuncios tremendistas, y mucho menos en
contarnos el verdadero riesgo institucional que pontifican estos novedosos
actores. Por más que nos divierta pensar, según los vemos y a la ética
televisiva vigente entre nosotros, que pronto salten del living de almuerzos a
malambear alrededor de un caño..
En resumen, oyendo y leyendo en los medios decenas de rumbosas expresiones de
deseos y ninguna otra factibilidad para el desacuerdo que no sea el éxito de la
gente de campo, más las aseveraciones de los dirigentes agrarios, todo nos
remite a una categórica definición de lunfardo canero: “un gil habla creyendo
que los demás son todos giles. Y al fin, pierde por gil”. Algo interesante que
significa eso mismo.
Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires,
Argentina.
En Argentina la pelota sigue siendo redonda
Por Eduardo Pérsico
Una constante del sector más pudiente en
Argentina es reclamar mayor seguridad y leyes más claras para la economía.
La propia, naturalmente; y entre sus dirigentes esa especie de rictus exige
del Estado la protección de sus vidas y haciendas y después, si el mismo
Estado puede, cumplir con otras obligaciones. Que para los ciudadanos
comunes resultan la educación, la salud y demás asignaturas de la seguridad
social tan prometidas y poco concretadas. Pero este requerimiento de los
privilegiados propio del derecho de Peticionar a las Autoridades, se ejerce
con mayor fuerza de la clase media hacia arriba, apoyados con su propio
estilo por los defensores de la represión que tanto rédito le otorgaron,
históricamente, para incrementar sus bienes con ‘cierta desmesura’; supo
bromear alguien de los antiguamente llamados oligarcas. Algo que nos perfila
a tantos descendientes de la Conquista del Desierto y algunos encartados hoy
judicialmente en fuga de capitales y crímenes de lesa humanidad; esa
perversa simultaneidad tan frecuente a quienes vociferan contra la
inseguridad pública despreciando debatir sus tangibles causas económicas y
políticas. Una negación de la desigualdad que se evidencia en todas las
negociaciones, donde nuestra sociedad muestra en su entretela al aceptar,
por ejemplo, que al convenir el sueldo de un trabajador se anteponga lo que
el tipo necesita para vivir al valor de su trabajo. Pero claro, plantear esa
realidad a los patrones los haría suponer un carnaval marxista leninista que
pretende discutir la plusvalía, cruz diablo, cuando ellos son los dueños no
sólo del negocio sino del método para discutirlo con los sindicalistas; por
decir de algún modo.
Sin extremarnos ni forzar mucho las cosas, estos desajustes propiciados del poder de los negocios hacen jugar en igual equipo a las sociedades agropecuarias, quienes menos sequías y epidemias vacunas, se sienten dueños de vacas, hectáreas más los atardeceres y las lluvias, en este caso puntual con los organizadores de los espectáculos deportivos en la Argentina. Leyendo y escuchando, sobraría con analizar los puntos en contacto que soportan los discursos en muchos casos.
Así, por estos días de marzo del 2008 hubo tres muertes en diferentes encuentros
de fútbol, según las habituales salvajadas que en la Argentina adornan este
juego. Barras bravas y malandras de todo pelaje mezclados con dealers de la
droga y arrebatadores, siempre socios y allegados a las comisiones directivas de
cada caso, integran una inexplicable estructura delictiva. Pero a pesar de las
muertes, ‘una jornada que no debe suspenderse nunca’, según sus organizadores en
esta emergencia, además del vetusto refrán ‘el fútbol es una verdadera fiesta
popular’ ahora se le suma ‘suspender una fecha sería darle la razón a los
criminales’. Y su razón puede tener todos los intereses de quienes viven del
negocio, en tanto los muertos siguen siendo la excepción y los organizadores del
espectáculo son más y en último caso, mejores. Eso y además porque según repiten
los dirigentes futboleros, la seguridad de los estadios no es obligación de los
dirigentes; ‘nosotros aprendimos a dirigir un club y no a ser policías’; sino
del Estado. Para la Asociación del Fútbol Argentino el espectáculo de jugar lo
organizan los clubes con sus dirigentes que administran los negocios
publicitarios y televisivos mediante, en tanto cuidar el orden y la integridad
de la gente del estadio y sus alrededores corre por cuenta de la comunidad toda.
Digamos, ellos cobran la entrada y el riesgo del que paga lo cubren sus
familiares, amigos y deudos. Eso se llama redondear un brillante negocio con la
pelota, acaso algo sospechoso si alguien se adentrara en esa economía futbolera
y liberal que negocia cifras millonarias de varios colores, donde los organismos
recaudadores jamás emprenden campañas para terminar con la evasión y las masas
de dinero en negro, según se estila con los vendedores de chocolatines, quizá
porque la gente común de los gobiernos; incluído éste de Cristina Kirchner; no
tiene acceso a ‘sectores de la cancha’ donde circulan millones de convincentes
razones.
Vaya uno a saber pero así las cosas, en el gigantesco negocio del fútbol en la
Argentina los responsables y beneficiarios del negocio, alegremente discursean
que cuidan la seguridad del público pagando horas extras a policías fuera de
servicio, - una irracionalidad institucional negociada con los mandos
policiales, nadie lo niega- y exigen con la misma vehemencia que usan los dueños
de la tierra, que toda la sociedad proteja su negocio sin preguntarse nunca
quien paga semejante fiesta. Algo que increíblemente han suscripto pasados y
presentes altos funcionarios del Estado administrador con siniestros guiños
cómplices con responsables del fútbol, en un libreto próximo a esas novelas de
intriga donde al final el asesino resultaría el mismo detective investigador,
que eso sí, nunca aparece.
Y
esta vez, ¿quién le pagará al gaitero?
Por Eduardo Pérsico
El ejercicio del poder siempre requirió de la mentira institucional. Desembozada
y con fina sutileza, la patraña, el embuste y la farsa son parte constitutiva de
aquellos que mandan. Y en tanto el Poder actúa su rol con más o menos descaro es
útil recordar alguna mentira que nos justificaron como algo imprescindible; ese
recurso reiterado en voz baja ante la caída de las torres gemelas.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ostentaba un prestigio
internacional al menos inédito en la historia contemporánea. Era muy difícil
contrariar sus decisiones y así las cosas, en 1945 montó junto con los servicios
secretos británicos una gigantesca operación de inteligencia y espionaje
tendiente no ya a la desnazificación dentro de Alemania, algo que se daba casi
naturalmente entre los derrotados, sino al enfrentamiento creciente con la Unión
Soviética en pleno fervor stalinista. Esta situación analizó en su libro ‘La Cia
y la Guerra Fría Cultural’ la escritora y cinematografista inglesa Frances
Stonor Saunders, con una certeza que los hechos posteriores de la historia le
dieron mayor validez. Ningún analista político en serio de la época desechaba el
enfrentamiento ideológico que casi rozaba lo militar entre rusos y
norteamericanos, y circulaba no sólo dentro de Alemania y sus alrededores
europeos sino en el mundo entero. La guerra fría cultural comenzó de inmediato a
la caída de Berlín ante el ejército del mariscal Zhukov, cuando los rusos como
tales se empecinaron en organizar conciertos y los norteamericanos, sin muchos
escrúpulos según la autora, secretamente iban reciclando a los antiguos nazis
que resultaran de utilidad en los ámbitos científicos y económicos.
Esa tarea que duró bien
adentrada la década del setenta había sido encaminada con fondos reservados
del Plan Marshall, que luego dispondría la CIA en la batalla de la Guerra
Fría, para ‘ganar a la intelectualidad occidental hacia las posiciones
norteamericanas’, dice la autora. Debía demostrarse al mundo que Estados
Unidos era también un país de poderosa cultura en los terrenos del
pensamiento y no sólo en la fabricación de bombas atómicas, y un país apto a
prestar servicios elaborados hacia los sectores más intelectualizados, y
rechazar así la constante seducción del comunismo. Prácticamente la empresa ´le demostraría al mundo una
época ilustrada que bien podría llamarse como el siglo americano’, y no hubo
pocos escritores y personajes de la cultura y la inteligencia vinculados con
semejante intención encubierta. Los norteamericanos irían reclutando a las
élites aristocráticas de las mejores universidades o de las familias
anglosajonas más relevantes, financiando lujosas y novedosas exposiciones,
congresos de todo tipo y ediciones de amplia difusión que prestigiaran aquel
proyecto sin nombre, y con una segunda intención que muchas veces negaron
conocer los mismos beneficiarios de la intelectualidad. Supuesta ignorancia que
todavía practican muchos becarios latinoamericanos de las fundaciones
prestigiosas…
El libro de la autora inglesa que en su idioma titulara ‘Who paid de piper?’, -
quién le paga al gaitero o quién paga elige la canción- refiere publicaciones de
gran prestigio abonados con estos fondos, a saber ‘Tempo Presente’ en Italia,
‘Preuves’ en Francia y ‘Encounter’ en Inglaterra y olvidemos los nombres de
muchas publicaciones aparecidas en Argentina y el resto de América Latina por
esa época. Salvo la recordable revista Visión, voz del departamento de estado
norteamericano. Pero bien, durante décadas la CIA gastó millones de dólares en
actividades y emprendimientos culturales, y se convirtió en un ministerio de
cultura norteamericano financiando museos y fundaciones de renombre que
otorgaban prestigiosas becas. Esas cosas; el mismo Museo de Arte Moderno de
Nueva York fue favorecido con estas operaciones encubiertas en esos años con un
hábil trabajo que casi no prohijó a lo más reaccionario de la cultura europea,
que seguía siendo sólida, sino que hasta favoreció el surgimiento de una
izquierda no comunista. En este trabajo la escritora inglesa menciona difundir
como protegidos a T.S.Eliot, André Gide, Karl Jaspers, André Malraux, George
Orwell y Salvador de Madariaga entre otros nombres de reconocido discurso
liberal no siempre autoritario. Pero esa orientación se atenuaría en tanto
creciera la Guerra Fría y los ejecutores del plan tal vez irían siendo
desplazados. En esa instancia llegó el ajusticiamiento del matrimonio Rosenberg
en 1953, las paranoicas persecuciones del senador Mc Carthy contra todo aquello
que no comprendiera, la muerte de Jorge Eliécer Gaitán en Colombia y el
siguiente ‘bogotazo’, la destitución del gobierno progresista de Jacobo Arbenz
en Guatemala, por citar algo, y en ese rumbo conceptual para mostrar a Estados
Unidos como abanderado de las libertades y las expresiones democráticas
tropezarían con muchos más accidentes en el camino. Ernest Hemingway, Sigmund
Freud y el mismo Thomas Mann fueron censurados y hasta prohibidos con alguna
publicación, y bastante recordables en el ambiente de Hollywood persisten las
persecuciones a guionistas, directores y actores de la época, como si fuera un
hecho latente y jamás abolido. Y mucho menos ante la ‘inevitable crisis
económica del sistema’, aceptada no solamente por la bolsa de Nueva York sino
además por las gigantescas entidades bancarias del capitalismo, porque tal vez
mejor les resulte sincerarse y no avalar a los cómicos columnistas
latinoamericanos de los diarios tradicionales, incapaces de abandonar las
ensoñaciones de la globalización, el neoliberalismo y los diseños financieros
agotados en sí mismos. Demasaido aconteció en el mundo este último medio siglo
pese a tantos proyectos anticomunistas o de seguridad nacional, muchos
sangrientos, que diseñara Estados Unidos. Y si estas ciénagas financieras del
sistema no resultan geniales variantes de sus servicios de inteligencia, ¿cuál
será la canción que elegirá el Poder para que toque el gaitero?
Eduardo Pérsico, narrador y ensayista, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina
El miedo a la recesión significa recesión, Yoryi
Por Eduardo Pérsico
Acabado el último Foro Económico Mundial de Davos, ya en febrero del 2008,
recordamos una burlona apreciación que leímos cuando pibe: ‘la economía no es
ningún ajedrez, es apenas un tatetí con pretensiones’. Es que sin exigirle a los
economistas que sean verdaderos hombres de ciencia; muchos estudiosos consideran
a esa disciplina un conjunto de tareas estadísticas con cambiantes incidencias
sectoriales y emocionales, y por lo tanto sin el rigor científico que la
equiparen a lo aceptado como Ciencia. Digamos, en opinión de muchos
epistemólogos la economía carece de comprobaciones constantes que hacen de ella
algo tan discutible como el psicoanálisis, pero no llevemos esto más allá.
En el Foro de Davos la mayoría de los participantes aportó solamente datos
estadísticos sobre la delicada situación en los Estados Unidos, desbordada por
el pastiche nada científico que armaron las inmobiliarias en acuerdo con algunos
grandes bancos y algunos millones de tomadores de créditos hipotecarios sin
posibilidad de reintegro. Un mortífero preparado de baile de egresados que
lanzaron al mercado financiero, - esa parodia de la economía real- con la
intención de sostener los índices de ocupación en Estados Unidos y que según
falacia numérica, desembocaría en cinco años de jolgorio en esta sustantiva
crisis que muchos ni el presidente norteamericano se animan a nombrar. En
cambio, en Davos el miedo a la recesión en USA se tornó certeza al repasar el
derrumbe de los precios inmobiliarios y el creciente aumento del desempleo en
ese país, pese las múltiples y dudosas estadísticas que ellos difunden y no
consiguen cambiar la realidad que es la única verdad…
Es innegable que la economía norteamericana está en recesión hace un buen tiempo, y ya los indicadores marcaron la reducción del poder adquisitivo y la reticencia a comprar, realidades cotidianas crueles pero indiscutibles en la misma administración del presidente George W.Bush.
La economía en USA viene en declive y que hay
recesión hace un par de años lo signan el aumento de las quiebras personales y
empresarias, en tanto Brasil, China India y Rusia, con crecimientos en algún
caso cercanos al 10%, funcionan con otras expectativas y son las nuevas
estrellas del universo económico del Capitalismo. Aunque por mucho que algunos
vaticinen una futura era de prosperidad ‘si somos capaces de difundir
microcomputadoras por todo el planeta’, pronunció es imbecilidad irreparable un
futurólogo francés para empobrecer todavía más al Foro de Davos, nos desazona al
mismo tiempo la necesidad cierta de la especie humana, -impostergable, primaria
y sin cambias en la última semana- que sigue siendo la de comer para seguir
viviendo. Un imperioso y natural condicionante de la especie que en estos
encuentros de economistas y empresarios no se considera quizá porque la misma
palabra a ellos les parece ajena y diferente. Pero íntegramente la humanidad
transcurre el meridiano del hambre aunque no lo padezca, por más que el
Capitalismo con mayúscula eso nunca lo debate por elegancia o vaya uno a saber,
aunque esa indiferencia no impida que cada tres segundos se muera un pibe de
hambre en el planeta.
De todas maneras y como hablar de lo sustancial en ciertos ámbitos carece de
relevancia y prestigio, la recesión viene apurando el paso en una marcha que
muchos entienden dilatada más de la cuenta. Esa realidad no se calmará subiendo
o bajando un cachito más las tasas de interés bancaria ni demorando los pagos
impositivos entre los favoritos de las clases altas, paliativos transitorios sin
duda, y aunque todo el desquicio tampoco significa la caída del sistema
capitalista, pone blanco sobre negro al mundo entero las mentiras y trampas que
se practican dentro del régimen neoliberal, ese que nos castigara con fiereza en
esta parte del mundo durante las últimas décadas. Y como a las nuevas criaturas
es bueno darles un nombre, en estos días iniciales de febrero del 2008 cobró
prestigio ‘desacople’ para entender la desintelingencia o gigantesco despelote
que trajeron los conflictos entre la productiva actividad industrial y la
malsana especulación financiera. Desacople, buen término para ese microbio de
grandes infecciones del sistema que hoy se aceptan como esperables; tanto que el
mismo Alan Greenspan, que presidiera la Reserva Federal durante quince años en
USA, dijo hace unos días que él había advertido durante el año 2004 el peligro
que significaba el otorgamiento de créditos a tomadores sin posibilidad de
repago, y que la crisis no se desató por la caída de las Torres ni por acciones
ajenas sino por el mal manejo financiero que acabó destruyendo el sistema.
Aunque claro, luego al ser consultado sobre si el miedo a la recesión, ese
eufemismo, se convertiría en verdadera recesión respondió, ‘existe un cincuenta
por ciento para que eso ocurra y otro cincuenta por ciento para que no ocurra’.
Una verdadera genialidad, porque eso sí, para definiciones científicas no hay
como los economistas norteamericanos…
Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
Estados Unidos es tan previsible que asusta
Por Eduardo Pérsico
Durante los primeros días del año 2008, el presidente norteamericano George W.Bush negó la recesión en Estados Unidos. Sostuvo que su país mantenía una economía sólida y previsible; más tarde anunció que retirarían veinte mil efectivos de Irak sin aclarar si el terrorismo que los llevara a combatir en defensa de la democracia en aquel lejano país ahí había ganado, empatado o perdido el encuentro. Tal vez por haber dejado en suspenso ese resultado, sin pausa el primer mandatario norteamericano viajó por Medio Oriente, promovió otro acuerdo de paz entre israelíes y palestinos sin prever que sin el grupo Hamas en la mesa jamás habrá acuerdo, enseguida George W.Bush reiteró en Arabia Saudita sus consabidas amenazas contra Irán, que como pareciera no temer al poderío yanki ubica a esa región en una situación ciertamente riesgosa. Digamos, atómicamente peligrosa en tanto es posibilidad que Estados Unidos sugiere en cada frase de su presidente, que como un eficiente estadista también le ofreció armamentos a cada país que visitara en la región; - aliados o potenciales enemigos- porque al fin los negocios son negocios.
Lo imprevisible que nos deparó la administración yanki sucedió cuando
retornado a USA, el presidente le reclamó a los legisladores un inmediato
plan económico que evitara caer en la recesión al país, una alternativa que
enfáticamente negara cinco días antes y de improviso empezó a preocuparlo.
Quizá por alguna novedosa abstracción, el hombre realizó un cambio de frente
al que agregó prometiendo desde el gobierno unos ciento cincuenta mil
millones de dólares para dinamizar la situación bastante averiada por los
dos millones de hipotecas impagas y otras yerbas; producto de impuestos que
el estado reduciría a los contribuyentes y estos volcarían al consumo y la
reactivación.
Y sin ser pesimista porque el plan de emergencia aún no se diseño del todo, es
transferencia de fondos sin demasiado rigor técnico ni siquiera pinta astuta con
semejante panorama financiero en el corto plazo, que exige un resultado rápido
porque las necesidades apremian y los tres o cuatro meses venideros serán al
menos, azarosos. Que la reducción en el cobro de impuestos derive de inmediato
en un aumento del consumo y la actividad laboral, es más bien un concepto casi
intervencionista y demagógico dentro del capitalismo; imperdonable para los
ortodoxos; y aunque probara su eficacia demoraría mucho tiempo y siempre que la
crisis ya instalada se lo permita. Algo que enrarece y debilita el rótulo de
primera potencia mundial, país hegemónico por dejar la economía librada al juego
de los mercados, y otros halagos rufianescos que se difunden sobre Estados
Unidos. ‘Un país siempre previsible’ nos abrumaron por décadas los sirvientes
políticos y economistas que los veneran desde las clases altas, que se
escandalizan y adjetivan de terrorista a todo intento progresista en los países
pobres, y de previsibles los ‘países serios’, como si el mote de previsible
dignificara a un país que si otro no le acepta sus condiciones, lo más es
previsible es que lo ataque.
El gobierno de Estados Unidos no se priva al calificar y en estos días iniciales
del 2008, el funcionario recién nombrado para tratar con los países
sudamericanos, un militar en retiro, discurseó que debería controlarse al
gobierno de Bolivia por las relaciones que acrecienta con Irán, un país
‘terrorista’. Una advertencia dirigida a toda América Latina, sin duda, del
constante juego coercitivo que USA sostiene en la región desde que su presidente
Monroe, allá por 1822, dijera ‘América para los americanos’. Una aspiración que
nunca debimos tomar en broma.
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Eduardo Pérsico narrador y ensayista, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos
Aires, Argentina
El mundo existe y ojalá dure
Por Eduardo Pérsico
El año 2007 cerró con algunos remezones económicos dentro de los Estados
Unidos, que en principio cambiarían la imagen de un país referente decisivo
del Poder durante todo el siglo veinte y que al finalizar la Segunda Guerra
Mundial, en 1945, emergió con un prestigio inigualable a cualquier otra
nación dentro el mundo contemporáneo. Con tal ascendiente institucional ante
el mundo que ni recibiera críticas por soltar en el final de la contienda
dos bombas atómicas, sobre un Japón ya derruido que rogaba rendirse.
Digamos, un dato; luego y por décadas USA hizo valer su ascendencia sobre
países y organizaciones internacionales, generando también hechos nada
virtuosos que por disponer de gigantes aparatos fabricantes de opinión,
acallaron o diluyeron durante generaciones, confundidas hoy mismo sobre cuál
debería ser la línea ética o moral del país más poderoso del mundo. Y al
margen de ciertas exhibiciones grotescas del actual gobierno y que sincera
quienes son esencialmente, - cárcel de Guantánamo incluida- nada secundario
ejercitó sobre la humanidad ese ‘pleno gobierno del dinero en la democracia
del dólar’, y el manejo feroz de una oligarquía financiera mandante que
obedecen militares, intelectuales y políticos de cualquier rango y pelaje.
Por supuesto y pese a no existir datos fehacientes de esa realidad, el
imaginario colectivo dentro de USA no duda y asume que el empresario
mandante de una gran corporación; Ford, General Motors o la gran telefónica;
es también dueño de presionar al gobierno para obtener ventajas o
privilegios. Eso tal vez represente una suposición pública muy difícil de
probar, suelen decir ellos mismos, porque esa certeza básicamente es
inaccesible por la infinidad de intereses entrecruzados y los tiempos que
dura cada corporación en la cima del Poder. Además se sabe que las
transiciones de unos a otros en el uso de las influencias no son gratuitas,
naturalmente, y por ello el traspaso de ‘manufactureros’ a ‘financieros’
guarda perfiles no muy visibles. Ahora eso sí, ningún norteamericano descree
ni negaría; íntimamente todos la sospechan; las imposiciones que el Poder de
verdad le impone al gobierno de los Estados Unidos, sea republicano,
demócrata o negro confederado.
Quizá de modo más evidente el capital productivo interactúa con el financiero en muchísimos órdenes, pero se demostró últimamente que pese a la incidencia que sobre toda la economía ha mantenido Wall Street, ese aliado no alcanzó para sanear las recientes pérdidas militares y políticas, y menos para reconvertir el desaguisado que por alentar una actividad económica ficticia hicieron al otorgar créditos hipotecarios que resultaron impagables.
Naturalmente, el sentido del crédito está orientado a mantener la actividad, eso es de manual, pero en este caso se usaron para sostener ficticiamente los índices de la ocupación y el empleo dentro de los Estados Unidos. ‘Una maniobra delincuencial’, dirían si eso lo pergeñaran en América Latina; aunque pese a la mucha imaginación y temeridad de los expertos yanquis en alquimia numeraria, esta vez el voluntarismo mágico no alcanzó y ahora existen dos millones de hipotecas impagables vagando por el universo financiero que incluye a varios bancos internacionales de primera línea. Un fracaso que desvaloriza un poco más la creencia de lo infalible del sistema, que por otra parte se resintió todavía más ante la ‘bancarrota operativa’ que anunciara el presidente de Chrysler en USA, que es haber perdido la confianza de los proveedores y llega un poco antes de la ‘bancarrota judicial’. Ese sinceramiento dentro del negocio manufacturero no ha de ser el último, y lo anunciaron como un efecto parecido a la demanda de fondos que llegarían a Estados Unidos desde Singapur para evitar la caída de Merrill Lynch, la gigantesca consultora internacional de negocios.
Estos desmanejos del sistema económico en los Estados Unidos no se darán con la rudeza que soportan los países pobres, pero por más que nunca haya malestares ni ‘piquetes’ entre la población norteamericana, les notifica a muchos analistas que el Poder debe tomar en serio los cambios que se originaron en el mundo durante el último medio siglo. Por ejemplo, digamos que el proyecto de la Doctrina de Seguridad Nacional que propusiera una idea del mundo subordinada a Europa Occidental, Estados Unidos y Japón, -de la que aún hablan gallardamente- no atenuó ni eliminó la creciente incidencia que el conjunto de países productores de petróleo imprimieron a las decisiones globales. Eso para el común norteamericano pareciera no haberse producido y sin embargo hoy, los grandes capitales financieros saben que los países pobres pero productores de las materias primas indispensables, paulatinamente irán imponiendo mejores condiciones a los países ricos. Resulta innegable que desde la crisis petrolera de 1973 se aceleró una mayor relación de fuerza entre pobres y ricos, y sumado a eso la expansión demográfica del Tercer Mundo, hoy suben a la escena nuevos factores que el anterior poder hegemónico, Estados Unidos, Europa Occidental y Japón, no puede metabolizar íntegramente a su favor. La invasión norteamericana y sus asociados a Irak, hoy es una afirmación del fracaso que el Poder por los setenta postergó, al menos en América Latina, con la implantación de sangrientos gobiernos militares que destruyeron toda iniciativa nacional superadora de la desigualdad y la pobreza. Una nueva instancia que apareciera por aquellos años, peligrosamente para el Poder, y que como ésta asoma ahora por Medio Oriente, Asia y Latinoamérica, donde los países ‘pobres’, - que cada tres segundos ven morirse a un pibe de hambre y atesoran casi toda la riqueza energética de sostener la forma de vida occidental- lo menos que nos debemos proponer es valorar nuestro subsuelo con mayor dignidad y firmeza. Que no significa liquidar de un disparo la fiesta del capitalismo procaz y prepotente, pero eso sí, hacer que a ellos el festejo les resulte más caro.
Cuando los ocasos vienen marchando
Por Eduardo Pérsico
Transcurrida una semana desde que Cristina Kirchner ganara las elecciones
presidenciales de Argentina con más de veinte puntos arriba de su inmediata
seguidora, Elisa Carrió, no pocos siguen apareciendo en los medios como si
el resultado electoral fuera ilegítimo. Y usando una interpretación de la
voluntad popular algo confusa en el siglo veintiuno, la derecha perdidosa
cuestionó el orden jurídico que dicen los perjudicó y siendo en la Argentina
donde el voto secreto y obligatorio empezó por 1912, suena disonante que
cien años más tarde la principal opositora; una abogada; resignificara sin
delicadeza republicana el voto calificado al reclamar en rueda de prensa que
siendo ganadora su lista entre los votantes de la clase media y alta, ella
representaba a los más capacitados para mejorar la condición de los pobres.
Una discordancia o extemporaneidad opositora que al revisar las cifras de
miseria que generó la caída del sistema financiero neoliberal de los
noventa, nos retrae a cierta grosería del vodevil: ‘lo que más me jode de
los pobres es lo mal que se visten’. Salvo que lo dicho por la ultra
católica Carrió, crucifijo en ristre, no tuviera connotación económica y sí
un requiebro amoroso hacia el pobrerío que no la votará jamás; y es mayoría.
Sin que faltaran varios cómicos que ni bien abrieron la boca convirtieron al
gobierno de Néstor Kirchner en el más serio y exitoso de los últimos
tiempos; una certeza facilitada además por los altos precios de los
‘comodities’ hacia el exterior y las justas retenciones impositivas a los
exportadores. Un notorio
acierto recaudador del gobierno que junto a la ‘inseguridad’ resultaron los dos
‘perjuicios’ más criticados por los dueños del privilegio que entre varias
desinformaciones que padece, no sabe que la inseguridad de todas las sociedades
es un resultado de ellas y jamás una causa… Pero bien, según su condición la
derecha disciplinó a sus candidatos para oponerse a cualquier repartición de la
torta, una linea enfatizada por los medios de comunicación que en definitiva
dictan la voluntad de las clases altas y medias, obedientes a esos mensajes sin
ningún debate íntimo. Eso es tan así que resueltamente lo evidencian las cifras
electorales por barrios y sectores, que rigurosamente indican la fidelidad de
los sectores económicamente más pudientes en votar según diga la CNN y los
diarios tradicionales más leídos en cada país. Una actitud de conveniencia
particular, clasista y casi natural, aunque eso al fin pareció menos
desencaminada que la exhibida por la izquierda siempre tozuda, discursiva y
lejana del pobrerío. Esos perfiles resultaron los dos márgenes que el electorado
oficialista aprovechó con todo y hoy, - una semana después de la elección- ya
existen desavenencias entre los seguidores de Elisa Carrió acrecentadas cuando
la líder de la Coalición Cívica reiteró sus enunciados codiciosos con algo de
misticismo mandón, y algunos legisladores ya electos decidieron organizarse en
varios grupos diferentes. Porque sencillamente, en la Argentina de hoy sólo un
huérfano político acepta merodear gratis por el abismo conceptual que le propone
la Convención Cívica..
En definitiva, esta elección nos alecciona en cuanto los ganadores no cantaron
la marcha peronista, que perdieron al menos diez intendentes estelares del
conurbano y uno de la primera hora, Manuel Quindimil, que dirigiera Lanús
durante siete ejercicios sin saber que ‘Gardel supo retirarse a tiempo’, entró
en el ocaso recién acabado el escrutinio. Algo profundo cambió en el espectro de
las decisiones en tanto unos cuantos intendentes inamovibles perdieron con
quienes, aunque apoyaran también a Cristina Kirchner, se enfrentaron a su
gestión. Y entre los tachados por este tipo de voto elaborado y sanador figura
en Quilmes el mismo delfín del actual Ministro del Interior, un oficialista que
perdiera ante quien sin muchos fondos para gastar llevara su propuesta casa por
casa. Actitud idónea para recuperar la participación del gentío si se comprende
en serio la coyuntura donde, entre otras urgencias, si el peronismo quiere
volver del ocaso deberá reordenarse ya sin la hegemonía del duhaldismo
conservador, y sincerar si retoma los principios desechados cuando la derecha se
adueñó del aparato partidario. Así o como sea el peronismo decidirá si vuelve a
sus principios esenciales como aquella liberación psicológica del obrero ante el
patrón del año ’45, - una tarea posible en una generación pero culminada en
meses por el peronismo de entonces- y pisoteada sin piedad cuando el Poder
asociado a Bunge y Born se apropiara de la conducción partidaria. Esa realidad
histórica también deberá blanquearse y ante la dinámica actual de los conflictos
no exclusivos de los argentinos, es primordial un proyecto ideológico de
avanzada opuesto al de un adversario que cambia su método pero jamás su
identidad. Nuestra medieval derecha política deviene en enemigo ni bien alguien
muestra anhelos de modernidad o le propone mejorar el reparto de la riqueza. Ese
punto del debate social es el más sensible a la intransigencia a ultranza ligada
al Poder, grupo adverso a que la seguridad de una sociedad depende del bienestar
de todos. Apenas un valor universal que ellos desecharon también en las últimas
elecciones y muy bien nos les fue.
El
sistema responde como se le antoja
Por Eduardo Pérsico
A principios de agosto del 2006 y cuando en la Argentina se reunían los
dirigentes de la región para ajustar y debatir sobre el MERCOSUR, se dieron
los primeros datos sobre las ‘preocupantes moras que se acrecentaban en las
colocaciones y especulaciones financieras inmobiliarias dentro de los
Estados Unidos’. La información directa de un medio suizo ocupado en los
movimientos de la plaza financiera mundial, se refería al ‘medio millar de
hipotecas en mora dentro de Estados Unidos, una plaza que incentivara los
bajos interese para dar movilidad al mercado inmobiliario en ese país’ Una
circunstancia no advertida entonces por el mismo Alan Greenspan, ese
obligado consultor de la inestabilidad monetaria, quien al ser preguntado en
setiembre del 2007 y ante el accidente financiero del capitalismo en ese
rubro, respondió acaso en broma “no me día cuenta”. Una contestación
apropiada para alguien sin responsabilidad ni rigidez técnica, y sin bien lo
pensamos, adecuada a un pensador como Greenspan que alabó los éxitos del
neoliberalismo en América Latina y la aplicación del corralito bancario, el
mismo recurso anticapitalista que en la Argentina estafó a millones de
ahorristas. Una apreciación la menos algo frívola.
Bien, ya por el 2006 media docena bancos se
inquietaban “por la mora en las cobranzas de muchas deudas hipotecarias”;
textual; noticia que ni registró la prensa adherida al Poder, entusiasmada
entonces junto a la fauna latina residente en Miami con la muerte de Fidel
Castro, por el otro auspicioso éxito que preveía el avance armado de Israel para
adueñarse del río Litani, con más el resonante éxito militar y político que el
establishment norteamericano seguía adjudicándose en Irak Con titulares poco
elegantes de reiterar un año más tarde y que igualmente, abrumando con
explicaciones necias sobre sus matanzas de personas tras las fuentes de energía,
el neoliberalismo sigue negando esa realidad. La misma realidad que por más
palabras optimistas o amenazantes, ya sabemos que nunca tiene remedio. Y ese
mismo sistema económico capitalista y liberal que siempre ratifica su aversión
al Estado protector y falsea una lucha infame entre Estado y Libertad, cuando
las papas empezaron a quemar dentro de los caudales bancarios, olvidaron sus
ideologías y no dudaron en volcar miles de millones de dólares en el mercado
financiero, uno modo transitorio de salvar un temporal que arriesga todo el
andamiaje capitalista. Esta decisión de correr a salvar los dineros bancarios es
una indudable variación en su estilo de vida, en cuanto desde hace décadas nos
pontifican que el único Estado democrático es aquel que protege la inalienable
propiedad burguesa y entrega al mercado todos los derechos de la regulación, la
supervivencia de los más aptos y los demás, a quejarse a la iglesia… Y hoy, con
la intervención en mercados financieros que pueden llegar pronto a un quebranto
de mil quinientos billones de dólares, una bagatela, ignoran semejante regla de
oro liberal y en estos días operan igual que cualquier Estado Totalitario. Eso
sí, acrecentando el silencio y ciertas alquimias palabreras, los mismos
burócratas y banqueros neoliberales se enrolaron sin dudar en soluciones
intervencionistas, antidemocráticas y por tradición, visceralmente contrarias a
sus intereses. Igualmente y como el percance sucediera en un barrio apartado,
sus diarios tradicionales y ‘serios’ de occidente siguen atacando; en estos días
de setiembre, avalados por el notable Alan Greenspan, injuriando a los gobiernos
populistas de América Latina ‘que realizan gastos innecesarios que hacen las
burocracias públicas con los dineros del contribuyente’. Diríamos que invertir
miles de millones en calmar la quiebra de muchos bancos no fue una intervención
dirigista en beneficio general, y esa decisión no altera aquel fanatismo rabioso
del liberalismo que seguirá en lo suyo ni bien consiga superar esta emergencia
crítica.
Es oportuno considerar que esta ambigüedad conceptual o picardía tramposa que
enfurece a los poderosos ante los gobiernos que aumentan sus gastos en salud,
vivienda y educación, tiene su inicio en la colonización anglosajona de los
Estados Unidos. Alguna vez y referido a este engendro ideológico nos ilustro el
insigne argentino Rodolfo Puiggros: “las únicas libertades que hoy concibe el
liberalismo son las que engendraron su lucha contra el liberalismo feudal, o sea
el religioso y el monárquico, que eran las últimas reservas del absolutismo en
Europa. El liberalismo de hoy es cada día más excluyente y esclavista”. Y sí,
una visión certera: esos inmigrantes sin prejuicios feudales o de absolutismos
deleznables ni clases monárquicas, fueron enajenando sus valores fundacionales
en el individualismo económico más contradictorio y cerril, y construyeron los
durísimos cimientos del liberalismo actual. Todo norteamericano sostiene la
creencia de conseguir la libertad individual, algo para ellos inherente al
sistema, gracias al enriquecimiento personal. Según este arraigo, defender la
propiedad significa toda su concepción de la libertad, y ese proceso de
acumulación capitalista y enriquecimiento paulatino lo adhieren a la igualdad de
oportunidades que les ofrece el sistema, a una representación de la democracia
congelada en votar cada tanto a representantes de un misma opción y a discursos
descalificadotes de aquellas sociedades que desconocen. Y en virtud de una
superioridad que suponen sobre el resto del mundo; típica condición de la
ignorancia; la sociedad norteamericana y de los países hoy sentados en la
tribuna de los vencedores deben reconsiderar al menos los fundamentos
ideológicos tan superiores que los ubicado en ese lugar.
El 18 de setiembre, hace un rato, en Estados Unidos la Reserva Federal bajó
medio punto anual la tasa de interés entre bancos, una maniobra técnica que
tranquiliza los mercados, dicen, pero en una semana será irrelevante al no
eliminar las pérdidas patrimoniales que sufre la economía real. Y por
consiguiente, si el sistema está tan flojamente apuntalado es hora de comprender
que el estilo de vida de autos lujosos y paseos en yate, requiere cada minuto
más y más riquezas naturales, simplemente muchísimo gas y petróleo que los
países ricos sólo obtendrán haciendo invasiones y otras matanza cada tanto. Una
alienación en donde concluirá sin falta esta improvisación económica irracional
y tramposa.
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Eduardo Pérsico, narrador y ensayista, nació en Banfield y vive en Lanús,
BuenosAires, Argentina.

¿Los chinos ven igual este fin de
la Historia?
Por Eduardo Pérsico.
Sin adentrarse en cuanto acontece últimamente en el escenario de Irak, donde
las tropas de Gran Bretaña se retiran con discreción cuando más crece la
confusión de Estados Unidos en el área, - que no define irse, quedarse o
veremos- esa invasión inexplicable exhibe otro brulote del Poder. Muy
similar al difundido reinado hasta el fin de los tiempos de la economía
liberal, el orden natural de los mercados, la globalización y su prometida
consecuencia: la libertad política y económíca indiscutible y absoluta para
todos los habitantes del planeta. Vamos capitalismo todavía. que no era poco
aquello cuánto nos darían según sus mentores, esos felices ‘intelectuales’
del estilo que opinan en la CNN en español, que coparon hasta los más
escondidos medios de comunicación del mundo para difundir esa imbecilidad.
Una tarea prodigiosa donde actuaron no sólo confusos pensadores del
Departamento de Estado norteamericano, tipo Francis Fukuyama y su conjunto,
sino el gigantesco enjambre periodístico y fabricante de opinión, que
dispuso en la operación el Poder en todo el mundo y en Argentina, por qué no
aceptarlo, con personajes ausentados hace mucho de los almuerzos que solían
frecuentar en televisión. Bueno, otra neta costumbre argentina…
Entonces, el futuro de la humanidad era ‘bastante lindo’, sin
contradicciones en tanto desaparecían las Ideologías y discursos contra el
liberalismo económico, la única manera de vivir que recitaron fervorosos los
miles de opinadores del establishment, y que de puro temerarios, le faltaron
el respeto a la razón al decir que la caída del Muro de Berlín en 1989 marcó
entre otras ocurrentes maravillas, ‘el fin de la historia’. Algo fenomenal;
y estos tipos parecían creer de verdad ese dislate como algo muy sencillo si
al fin, los gigantescos intereses que financiaron esas teorías insostenibles
no les permitieron discutir ni un párrafo de esa concepción contraria a la
naturaleza humana. Sepamos, fue una tarea ejercida por medio de un aparato
publicitario inigualable y alguna que otra incursión armada por Medio
Oriente; para no dejar sin energía a Estados Unidos y Europa, ese fantasma;
y así continuaron su negocio dos o tres décadas más. Pero claro, también los
artificios económicos terminan y hoy, a principios de setiembre del año
2007, la realidad le advierte al sistema que sin posibilidad de quedarse
gratis con todo el petróleo de Medio Oriente, - aspiración de los
republicanos yankis al invadir Irak- y reventada la fantástica burbuja
inmobiliaria dentro de USA, el verso neoliberal se desinfla como globo de
carnaval. Y al menos por ahora, si los principales bancos centrales de los
países capitalistas dejan de invertir dólares en los mercados bursátiles, la
crisis de los ‘años treinta’ pasará a ser un incidente menor y olvidable.
Esos bancos centrales, en menos de un mes volcaron más de trescientos mil
millones de dólares para evitar el reventón global, porque cuando el negocio
de la construcción que mantuviera viva la economía norteamericana con ventas
a largo plazo y bajísimos intereses, empezó a mostrar la crecida de
hipotecas impagas, los bancos ya vendían malamente a los ‘fondos buitres’,
que compran lo devaluado, esas tres millones de deudas incobrables. Y como
también en economía la realidad es la única verdad, ‘la corrida’ entró a
sacudir todos los mercados, incluidos los sudamericanos, un territorio donde
al margen del desenlace que nadie vislumbra con una opinión categórica, ya
empezamos a extrañar con cierta nostalgia tanguera, aquellos innombrables
augures que llenaron páginas y horas de televisión burlándose de cuanto no
fuera ‘viva el neoliberalismo aunque la humanidad perezca’. Porque entre
algunas razones que harían a muchos de estos atorrantes pasibles de la
justicia penal, añoramos a tantos ‘iluminados’ de aquel triunfalismo oscuro
negando con una sonrisa, por ejemplo, que el gobierno republicano en USA
podría ‘lograr’ un ochenta por ciento de opinión desfavorable a mediados del
2007. Así como desecharon antes las derrotas electorales que esta
‘ideología’ soportara en España, Gran Bretaña, Italia, Alemania y donde
hubiera elecciones, certeras expresiones populares contra el pregonado fin
del pensamiento crítico. Que no es poco; por ahí el final de la historia
humana entró a quedarnos lejos y si además de Europa revisamos el vuelco de
las tendencias populares en América Latina, - salvo como en la última
elección en Buenos Aires, donde ganó el pasado- en todo nuestro mapa se
imponen los opuestos a considerar al destino del hombre como algo ya
preestablecido. El capitalismo neoliberal ya es mala palabra no sólo entre
gente con gran información; hoy pocos discuten que esa experiencia no fuera
otra absurda perversión impuesta a sangre y fuego por los perpetuos
ganadores del sistema, y aunque esto recién comienza puede servir para
informar que el planeta tiene varios participantes y no apenas los que
imaginaron, - febrilmente y sin atender a Gardel cuando anuncia “y el mundo
sigue andando”- que el fin de la historia lo había dispuesto el
neoliberalismo económico que solamente enriquecía a ellos y a unos cuantos
más.
Volviendo a lo dicho, por estos días pareciera que el mismo Poder no pudiera
atenuar ni explicar los gigantescos daños patrimoniales que se irán dando
entre los deudores hipotecarios, una minucia, sino que las movilidades
sociales y políticas no tendrán fin en tanto uno de los misterios de la
especie sea la diversidad infinita; digamos, si un individuo nunca es
rigurosamente igual a otro y así asegura el devenir perpetuo, lo mismo
sucede con las comarcas. Cuando un grupo pretende una manera de
comportamiento debe procurarse un conjunto de ideas comunes, y en cuanto
usemos la palabra para comunicarnos, señores del Poder, eso se llama
Ideología. Que es algo que subyace sin manifestarlo textualmente en las
mejores familias, en cuanto bregar por algo común no es delito. No solamente
en el Pentágono, ni siquiera entre quienes insisten en alienarse en los
barrios cerrados; un ademán que exhiben quienes dicen despreciar las
ideologías y al fin, asumen la intención común de los ganadores en
preservarse de la contaminación del mundo real. Bueno, por supuesto, tan
peligroso y lleno de pobres; pero eso no deja de ser una contradicción de
los individualistas tan ajenos a las preocupaciones de la gente común. Pero
un asunto que preferimos discutir en otro momento porque ahora, supongo que
los chinos nos miran con mucha atención.
Eduardo Pérsico, narrador y ensayista, nació en Banfield y vive en Lanús,
BuenosAires, Argentina.
Una
derecha de medievales, tirifilos y tilingos
Por Eduardo Pérsico.
Tirifilo y Tilinga se encuentran tarde a
tarde por Florida, Corrientes, Reconquista y Maipú. Tirifilo es atleta,
católico, aristócrata, le importa un gato muerto de todo lo demás. Dante
Linyera.
Por cierto reflejo condicionado los grupos del privilegio viven reclamando
mayor seguridad para sus vidas y haciendas, sintetizando así su ideología
que rebrota con mayor vigor cuando divisan algún ‘contrario’. Mejor digamos,
si asoma alguien con discursos y semblanzas de alguna modernidad política y
para la convivencia humana. Eso crispa y enfurece a esa Derecha tilinga
enemiga de la evolución, hasta negadora de que sin cambiar la distribución
de la riqueza la inseguridad crece por matemática. Nadie los convence de que
ese peligro por la desigualdad no se reduce queriendo volver al absolutismo
y los preceptos previos a la Revolución Francesa; ellos niegan que el hambre
es el hambre y ninguna religión o palabrerío evitarán que el hombre sea una
especie que muere si no come y desaparece si no se aparea. Y si ningún santo
padre el domingo dispone lo contrario, eso es así.
De manera constante y no sólo en América Latina, los grupos de mejor nivel
económico, - inmediatos de Los que Mandan- ‘peticionan ante las autoridades’
y usan cualquier herramienta para quitar de su entorno no a la miseria, pero
sí a los miserables. Que al fin son quienes molestan… Entonces, desde los
púlpitos compinches donde se reza por volver al absolutismo y a la
esclavitud, los Muchachos Derechistas templan su espíritu contra lo opuesto
a sus intereses de clase, y aunque ‘igualdad, libertad y fraternidad’ sean
hoy apenas tres palabras, despreciada ‘fraternidad’ no se ven saludables
‘igualdad’ ni ‘libertad’. Y menos desde cuando el liberalismo económico
globalizador decretó ‘el fin de la historia’ para las grandes mayorías del
planeta.
En la Argentina y tras la sanción de la Ley Sáenz Peña en 1912, que iniciara
realmente el régimen de partidos políticos con el voto masculino secreto y
obligatorio, la Derecha fue autoritaria y golpista ni bien comprendió su
discapacidad para organizar una fuerza democrática y representativa que
accediera al gobierno por el voto popular. Su actitud mandona limitó siempre
a esos conservadores para dialogar sin proferir amenazas ni conceder
negociando civilizadamente. Un encierro conceptual que de algún modo los
enorgulleció durante décadas en tanto heredaran la concentración económica
de la pampa húmeda y el patronazgo del puerto de Buenos Aires. Dos
‘pequeñeces’ en su haber que a esos anteriores tirifilos les sobró para
fijar sus condiciones, hasta que al crecer en el país algunas ideas
progresistas empujadas por la participación popular, la Derecha, sin
distingos, propició y ejecutó el golpe del año 1930 contra el gobierno
radical de Hipólito Irigoyen. Escenario que mostró unidos trivialmente, -
ver fotos- un elenco de figurones militares, católicos fanáticos y
delirantes tradicionalistas del ‘no sé de qué se trata’, que pronto
mostraron no ser idóneos para crear una fuerza representativa moderna y
democrática. Igual, luego de esa mascarada actuaron en el golpe militar de
1943 hecho por ‘el glorioso ejército católico argentino’, que como
contribución moral prohibió los tangos lunfardos, (entre ellos “Mano a
Mano”, de Celedonio Flores) y antes de echar al gobierno de Perón bajo el
lema ‘Cristo Vence’, denigraron a Eva Perón escribiendo ‘viva el cáncer’
antes de su muerte y en junio de 1955 ametrallaron al gentío en Plaza de
Mayo. Dos mariconadas propias de esos tipos. Después, en 1966 gozaron la
caída del radical Arturo Illia por el empuje de los ‘cursillistas católicos’
guiados por un tal general Onganía, que tuvo su rol más célebre al entrar en
un carruaje antiguo, -un landó, bien de opereta- en la exposición de la
Sociedad Rural donde fue ovacionado por los mismos dirigentes de la Rural
que el sábado 4 de agosto del 2007, merodeando con razones que la razón
nunca entiende, exigieron que los argentinos paguen la carne a precio dólar
y que ellos no quieren pagar impuestos.
Aquellos ilustrados ‘cursillistas católicos’ de 1966 defendieron su alma
allanando amuebladas, prohibiendo toda película o dibujo novedoso que no
entendían y atronando persecuciones fascistas por universidades y lugares
afines con la inteligencia; ver Noche de los Bastones Largos. Pero como
tampoco ahí los tirifilos articularon una entidad política en serio, luego
que el peronismo volviera en 1973, ellos bien sumisos al Departamento de
Estado norteamericano y sin chances de alcanzar lícitamente el gobierno,
mostraron su perfil más perverso actuando con sus hijos de ‘noble apellido’
y más siniestros, en el gobierno militar y asesino de 1976 a 1983. Así las
cosas, ningún analista de la realidad argentina ignora en esa clase social
la vocación más cerril y retrógrada de quienes ni por ‘delicadeza’ con el
mundo contemporáneo archivan sus ideas medievales. Y que hoy mismo avalan
candidatos que opinaron contra la anulación de los indultos; una dádiva
principesca antijurídica; y las leyes de punto final y obediencia debida
otorgada a los torturadores y asesinos de Videla. Desechando que al oponerse
a leyes donde no prescriben los crímenes de lesa humanidad aceptan su
complicidad con Camps, el turco Julián, Etchecolatz y los ladrones de bebés.
En tanto nos parece precipitado creer que el PRO, el partido político que
con Mauricio Macri ganó las últimas elecciones en la Capital Federal, sea
una entidad política a la europea, - eso no lo exime- y que sus dirigentes
aspiren a consolidar una fuerza democrática dispuesta a competir siempre en
el campo electoral. Que Macri pertenezca a una famila de la llamada Patria
Contratista no lo inhabilita, pero algo molesta que con un hábil manejo
publicitario y pese a ser un diputado nacional sin asistencia a una sola
reunión de la Cámara durante dos años, ganara con holgura el cargo de jefe
de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Algo que no es poco, sepamos, pero
muy agrandado el hombre ya antes de asumir litiga con dureza al gobierno
nacional por el paso a su jurisdicción de la Policía Federal; un ente
financiado por el Estado Nacional al que aportan el resto de las provincias.
Así que fiel a su estilo, los mandantes del PRO, con el mismo tono usado por
la curia y los ganaderos, intiman al ejecutivo nacional a terminar con el
tratamiento parlamentario y otros inconvenientes, para que la Policía
Federal deje de ser Federal de inmediato. Esa inevitable gestión republicana
incita al futuro jefe de gobierno de Buenos Aires a entrevistas con el
cardenal Bergoglio, referente mayor de los católicos que sostiene una
disputa estéril con Néstor Kirchner, un presidente que sin merecer grandes
ovaciones demuestra que congeniar con la Iglesia Católica no es
imprescindible al cumplir el mandato dispuesto por la gente, religiosa o no.
Algo independiente en otras de sus gestiones, par revalidar que los
gobiernos legítimos están encima de toda otra jerarquía, por más que venga
del cielo.
Ahora bien, ¿qué enfurece más a la derecha, no sólo en Argentina? Pues la
actual América Latina, reservorio de recursos naturales al que deberán
recurrir más temprano que tarde los países poderosos. Y donde esos mismos
‘países ricos’ siempre invasores, para imponer su voluntad añoran a otros
personajes que hubieran dicho SÍ a las condiciones del ALCA traídas en el
año 2005 personalmente a Mar del Plata por el presidente Bush, y le
rechazaron. Los países ricos extrañan a gobiernos amables al libre albedrío
de los laboratorios extranjeros dueños de cualquier derecho en el ‘negocio
de la salud’; quieren presidentes en la región menos complejos para el
Imperio y sus servidores locales, y rechazan al Correa de Ecuador, al
insultante Chávez de Venezuela o al indígena Evo Morales que se permite
discutir el precio del subsuelo boliviano. La tradicional Derecha requiere
gobernantes obedientes al Poder y no que organicen integraciones regionales
como el MERCOSUR sin aprobación de las multinacionales. Y que en la
Argentina, si interesa un negocio inmobiliario gigantesco en la ciudad de
Buenos Aires, que el gobierno ya mismo se ocupe de los miserables que viven
en el lugar y dilatan la operación. Esas son las ciertas inquietudes más
otras tilinguerías que publican los diarios tradicionales, en cuanto al
Poder muy poco le preocupa la gente y no hay Derecha que se oponga a eso.
Eduardo Pérsico, narrador y ensayista, nació en Banfield y vive en Lanús,
Buenos Aires, Argentina.

El
Macri gobernador, de Lombroso a Don Yolando
Por Eduardo Pérsico
Un amigo con tendencia a la fácil calificación comentó que la mayoría de
los personajes públicos de hoy ‘no soportarían, ni sesgada, la mirada del
criminólogo italiano Césare Lombroso, desaparecido a principios del siglo
veinte y que sugiriera en el aspecto físico cierta constante del individuo;
o mejor dicho, ‘la facha de ladro fa il ladro’. Algo quizá menos discutible
si nos referimos a tantos temerarios subidos al escenario político con el
mandato de cambiar el rumbo ‘de las cosas’, y en quienes, a veces sin
convicción, depositamos nuestra idea de continuar siendo una especie natural
organizada en grupos o sociedades. Y sin calar demasiado, hoy no sólo nos
preocupa ver los rostros de los notorios tipo Hitler o parecidos; sino la
exhibición de los nuevos farsantes que en un remedo violatorio nos seducen
para obtener el Poder, y luego, a otra cosa
Así que al margen de tantos bushes, asnares, berlusconis y demás antológicos de
nivel internacional, en Argentina hubo elecciones en su capital, Buenos Aires,
donde varios candidatos también ofrecieron sus preocupantes máscaras al público
y con actuaciones de forzada naturalidad dieron pocas certezas de cuánto querían
y de qué manera harían su gestión transformadora, en un distrito que
tradicionalmente siente la dependencia política del poder presidencial asentado
en su territorio. Como desenlace de una segunda vuelta entre los dos candidatos
más votados, en el recuento la abstención de votantes alcanzó un tercio del
total, indiferencia preocupante, y donde el a ratos candidato del presidente
Nèstor Kirchner, Daniel Filmus, resultó un muchacho con cara de honesto
conocedor y preocupado por el rubro Educación, y en lo demás sugirió un magro
vuelo de estadista sin ánimo de remontar alturas. En tanto su opositor, Mauricio
Macri, se impuso prometiendo gobernar y lograr una ciudad definitivamente
segura, sin que los postergados de siempre corten el tránsito, eliminando a
piqueteros, ambulantes y cartoneros sin autorización, con más el emprendimiento
inmediato de tres o cuatro gigantescos negocios inmobiliarios de provecho
incierto, y otras lindezas más. Todo palabreado ante cámaras televisivas y sin
enunciar nunca como articularía su solvente tarea gerencial imprescindible en
esto de Ordenar, Delegar y Supervisar tantas aspiraciones y ningún Proyecto.
Entonces hoy, el electo Jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires que
realmente obtuviera un treinta y siete por ciento, no poco decir, es este
dirigente futbolero y además asociado a empresas contratistas del Estado
Argentino, que culminara su campaña proselitista ocultando sus logros como
Diputado Nacional, que también sí es cobrando sus estipendios, aunque por otras
obligaciones más republicanas o dignas jamás concurriera en carácter de Diputado
al Congreso Nacional. Un dato que seamos equitativos, es éticamente tan
aberrante para él como para sus votantes que conociendo ese gravísimo hecho, lo
premiaron apoyando esa irreverencia ciudadana y el difuso enfoque de cuánto es
una obra de gobierno. Claro, en mi barrio siempre los registros lombrosianos se
expresaron con frases muy comunes y bolicheras, por ejemplo ‘qué cara de chanta
tiene ese tipo’, ‘los turros no se ríen, pibe, muestran los dientes’, y una
acuñada por don Yolando en el bar Escalada; ‘la cara es el espejo del *garca’.
Que “Manual del Lunfardo” mediante, sin ambages ni perífrasis concluye los
mayores avances de Césare Lombroso…
Durante la campaña el candidato Mauricio Macri presentó a muchos colaboradores
con antecedentes de participar en gestiones oficiales sin gran sensibilidad
social, digamos breve, y renombrados ‘portadores de apellido’ acostumbrados
desde la cuna en macanear con las clarinadas de sus clarines y los redobles de
sus redoblantes, pontificaría otro cómico señero, don Pepe Arias, en tanto el
próximo Jefe de Gobierno que luciera sus propuestas prometiendo mejorar la
Seguridad Pública de la población capitalina, es hace varios años presidente del
Club Boca Juniors, una de las entidades futboleras más representativa del país y
en un segmento donde la violencia se organiza mafiosamente. Es evidente que no
hay club de fútbol argentino, de magnitud y de los otros, que no ampare a un
grupo de ladrones, asesinos y extorsionadores al servicio de los dirigentes que
sintonizan amorosamente con la Asociación del Fútbol Argentino y otros
complicados; y en ese contexto el Boca Juniors de Macri no ha mostrado ‘grupos
de entusiastas hinchas’ sino un verdadero ejército de malvivientes para que nada
cambie en un negocio marginal y gigantesco. Que entre otras lindezas evidencia
que los grandes clubes de Argentina no soportarían ni ‘deportivamente’ una
auditoría impositiva o contable tras las pistas lavadoras de dinero. Un perfil
que el próximo gobernante de Buenos Aires por ser durante años presidente del
Boca Juniors debe conocer a fondo, junto al porqué conviven con los fascinerosos
invasores del espectáculo, - no siempre marginales, no jodamos- y de la
complicidad boba de los publicistas deportivos sin críticas serias a un
espectáculo que ellos integran jugando de ‘periodistas’, y donde las peligrosas
bandas disputan las millonarias y dolarizadas compra y venta de jugadores,
incluyendo viajes al exterior en muchos casos, y el deporte de patear al público
normal fuera de los estadios acreciendo espectadores frente a los canales y
televisoras accionistas del negocio. Esto que ni menciona Macri al hablar de
seguridades prometidas, sigue erosionando el hueso endeble del sistema policial
siempre comprometido y de una justicia intimidada y cada vez más lejos de su
función en este asunto.
Por eso, tal vez sea cierto que Mauricio Macri desechó un debate final en
televisión, al ser advertido que hablarían si el modo más directo de comenzar el
saneo no sería retirando la custodia policial de las canchas de fútbol, en tanto
él, derechoso liberal de achicar los gastos del Estado, no confiesa que por
tratarse el fútbol de una actividad económica privada, deberían ser sus
entidades organizadoras las obligadas en proteger la seguridad de los
espectadores que pagan. Ya que no es legal proseguir según operan los
empresarios del fútbol con poquísimo desembolso, que las fuerzas preparadas para
proteger a la comunidad entera sean distraídas, aviesamente, en el cuidado de
espectáculos deportivos rentados; y además turbios en el imaginario colectivo.
Dejar al fútbol sin la custodia policial que paga la comunidad, (ojo, que los
dineros extra de los policías no cubren uniformes, armas ni las caras de cana
que mantiene la sociedad toda) sería el inicio para obligar a los empresarios a
ocuparse en serio o enfriar su negocio. Una variante ésta que ante el tribal y
peligroso desquicio del fútbol, esquivó el empresario Macri, sugestivamente,
siendo el candidato dispuesto a gobernar la difícil ciudad de Buenos Aires con
la Máxima Seguridad para sus habitantes. El hombre no enunció nada en el ámbito
que suponemos mejor conoce, la de presidente de un club de primer nivel asolado
también por la inseguridad. ¿No será que en eso él no conoce ningún método?
Porque si de verdad un liberal como Mauricio Macri, furiosamente defensor de la
propiedad privada y de las obligaciones comunitarias cuando le conviene, no
acierta con esto, que los porteños aguarden una gobernación al menos muy
confusa. O exponernos a que cuando él y sus colaboradores hablen mostrando la
cara, sean pasibles de los decires de Césare Lombroso, de Italia, y del viejo
don Yolando en Escalada.
Al Papa Ratzinger le desagrada la pobreza.
Por Eduardo Pérsico
En la visita que el Papa Ratzinger hiciera a Brasil en mayo del 2007, entre las apariciones novedosas sobresalió una, inquietante y sustantiva; los llamados ‘Heraldos del Evangelio’ que quizá merecieran renglones autorizados del espectáculo insólito. Estos Heraldos tan célibes como fanáticos de la abstinencia sexual, según dicen, escoltaron al Santo Padre durante toda su estadía y desfilaron vistiendo uniformes de color marrón, decorados con una ostensible cruz sobre el pecho.
Los mismos se enorgullecen de sacrificar ‘ad infinitum’ la naturaleza
corporal y así quedar mejor preparados ‘para luchar contra las sectas
evangélicas’. Esa heroica decisión militante, digamos que para los ajenos a
la interna del catolicismo pero igual atentos a cualquier connotación
autoritaria o fascista, eso hoy atentaría contra la imagen de la institución
Iglesia Católica Apostólica y Romana. Y más aún cuando estos católicos
militantes descalifican sin autoridad, -ojo chicos, autoridad viene de
autor, de cosa propia- a las demás vocaciones religiosas existentes y otras
multiplicadas últimamente.
Tal vez sería bueno mencionar a esas
congregaciones que estos Heraldos desprecian como ‘sectas’, cuáles serían esas
en especial y si no era una secta la concurrida por los esenios, con Jesús y sus
amigos devenidos en apóstoles. Porque estos iluminadores del camino recto que
debemos transitar los seres humanos, como todos los fundamentalistas comunes y
corrientes, exhiben una soberbia intelectual y un perfil de ignorancia feroz
contra lo desconocido, como les resulta la Fé Electrónica presente a toda hora
en los televisores del mundo. Aunque estos renovados Heraldos de la Fé, según su
discurso, llegan resueltos a ejercer la más dura acción directa contra
cualquiera, como pregonaron sus antecesores varios que entraron y salieron de
escena sin perpetuar, - históricamente hablando- nada memorable.
Como todo fanático, estos se consideran el referente principal de un universo
inmedible, en donde la tierra es una brizna de átomo, pero igual dale que va; y
en cuanto esa divertida movida secular aconteció dentro de Brasil, no pocos le
propician resonancia en el próximo carnaval cuando ellos, cruz en mano, desfilen
junto a otras comparsas y ‘escolas do zamba’ en el sambódromo de Río…
Así las cosas y los desafueros papales por inculcar la enseñanza religiosa en la
escuela estatal de Brasil, el presidente Lula secamente le quitó el aire
reafirmando la condición laica de su país, al tiempo que Frei Betto, fraile
domínico, teólogo de la liberación brasilera y varias veces preso político en su
país, apuntó a que la iglesia católica debería ser más universal, empezando por
aceptar que se ordenen en el clero hombres y mujeres casados, y por qué desde
ningún punto de vista, el Vaticano entiende que hace muchos años no hay más
dictadura en Brasil , un país que justamente se arroga la virtud de ser uno de
los más altamente pluralista en los cultural y religioso; y pretender instalar
en ese territorio los designios de unos cruzados medievales no era lo más
oportuno.
Igualmente, no fue sólo la comitiva del Papa la que ocasionara el inusitado
fracaso de la misión vaticana en Brasil y en la Conferencia Episcopal
Latinoamericana y del Caribe, sino la errónea visión que el mismo Papa, el
alemán Ratzinger, demostrara conocer de cuanto acontece hoy dentro de América
Latina. Su apreciaciones sobre la evangelización en América fueron tan obtusas
que tuvieron la pronta réplica de las nacionalidades indígenas del "Continente
de Abya Yala, (América)": "rechazamos enérgicamente las declaraciones del Sumo
Pontífice en lo que se refiere a nuestra espiritualidad ancestral y a algunos
Presidentes Latinoamericanos y del Caribe, en un continente donde se acrecienta
la diferencia entre pobres y ricos", y más adelante le remarcan "el Papa
desconoce que los representantes de la Iglesia Católica de ese tiempo, con
honrosas excepciones, fueron cómplices, encubridores y beneficiarios de uno de
los genocidios más horrorosos que la humanidad. Más de 70 millones de muertos en
campos de concentración de minas, mitas y obrajes; naciones y pueblos enteros
fueron arrasados, bajo.el presupuesto filosófico y teológico que nuestros
ancestros 'no tenían alma".
Fueron muchas las definiciones que mostraron al máximo exponente del catolicismo
como si tocara de oído: en un mapa hoy más agitado política y económicamente de
cuánto entienden los curas de por aquí, con obvios destinatarios el Papa
arremetió contra el peligro que eran los gobiernos autoritarios en la región,
más al marxismo y al capitalismo que acusó de “falsificar el concepto de la
realidad y la amputación de la realidad fundamental y decisiva, que es Dios”.
Naturalmente, que sin la ayuda de un hermeneuta, - esos tipos que descifran los
textos sagrados como si nada- sería muy temerario desentrañar semejante andanada
verbal, previa eso sí, a que Ratzinger enarbolara “solamente quien reconoce a
Dios conoce la realidad y responde a ella de modo adecuado y realmente humano”.
Un trabalenguas tan peregrino como el conjugar al capitalismo y al marxismo como
dos concepciones herejes y materialistas capaces de “falsificar el concepto de
la realidad”.
Un renglón bastante ‘sartriano’ y si no lo es, igual inentendible para una
persona común, digamos como yo y mis amigos, parecidos a mí. Aunque tal cual
sucede en estos eventos nutridos de personalidades, el propósito sea palabrear
diciendo lo menos posible, y a esa intríngulis le apuntaron los estadísticos que
midieron las presencias reales en cada lugar que visitara el SantoPadre, y el
resultado del conteo no fue el esperado por los organizadores: luego de cuanto
expresara el Papa en sus discursos, a su aparición final sólo fue un tercio del
gentío esperado.
Sin abundar más, de verdad certeras fueron las opiniones de Joao Stédile, un
lider del Movimiento Sin Tierra en Brasil, quien no dudó en decir que el papa
Ratzinger llegó a la Conferencia del Episcopado a extender un certificado de
defunción a la ‘iglesia de los pobres’, tan publicitada desde el Concilio
Vaticano II, y a liquidar de una vez aquella posición de preferir a los más
necesitados y ayudarlos en una sociedad injusta y mal repartida.
Hoy la dirigencia del catolicismo despliega las teorías y actitudes del
fundamentalismo más cerril, y entre esas iniciativas mal fundamentadas el
retorno a dar las misas en latín es hacer de ellas de nuevo algo selecto, para
iniciados, y de paso anunciarle al pobrerío, ‘señores, hasta aquí llegamos’…
Según Stédile, entre varias razones objetivas obedecen a que “Ratzinger es
blanco, alemán y un intelectual europeo que no tiene la mínima cultura que lo
relacione con América Latina. Y la diferencia consiste en que nosotros
comprendemos las dificultades que él tiene para entender a los problemas del
pueblo latinoamericano”.
Una benevolencia más que no sólo este dirigente campesino sino la prensa en
general le demostró al Papa que no pocas veces se salió del cauce – o le saltó
la cadena- al jugarse sin red con delicadas afirmaciones doctrinales, referidas
casi siempre a las uniones entre homosexuales, el concepto de familia según él y
una teatral fijación contra el aborto. Un tópico donde argumenta sin contemplar
ningún social o humano, o que mereciera un debate integral sobre esa
consecuencia natural que los católicos cínicamente califican como perversa,
quizá porque más la sufren las mujeres del pobrerío. En este sensible tema el
Vaticano, livianamente, despacha al por mayor sus arengas y denostaciones de
púlpito sin aceptar un tratamiento serio del problema, con un debate
estadístico, civilizado y científico que subsane las causas y hable menos de las
consecuencias. Porque claro, atacar el efecto sin mencionar la causa es un
antiguo recurso dialéctico del Poder, y durante siglos los intereses de la
iglesia católica y sus representes del Vaticano vienen navegando con soltura y
viento a favor dentro de esa corriente, sin que jamás sus jerarquías analicen
críticamente a la realidad económica y política que hundiera en las hambrunas a
gigantescos sectores de la humanidad.
La última experiencia del imperialismo neoliberal donde también participan
seriamente los organismos económicos de la institución Iglesia Católica, leáse
petróleo, siguen dejando consecuencias siniestras. Pero repitiendo los libretos
tradicionales, la solución de esos males para la doctrina religiosa consiste en
arengar, pontificar y recitar catecismos a favor de los necesitados. Apenas eso,
algo tan evidente y notorio que no sólo descubren los “intelectuales alejados de
Dios”, - leímos por ahí- sino cualquier observador atento de la realidad
cotidiana. Entonces sin temores y ante una realidad hoy inmanejable con
discursos, amenazas de Los Heraldos de la Fé, excomuniones y castigos seculares,
el Vaticano estableció con claridad en Brasil que ante ‘‘la ausencia de Dios”
ellos han optado por desandar el escaso camino que recorriera el Concilio II,
asumiendo sin complejos ser formal y metódicamente ‘la iglesia de los
poderosos’. Y retornar así a la Edad Media, aquello que tácitamente propusiera
monseñor Lefebvre, el arzobispo francés que despreciara las reformas
conciliares. Un sinceramiento que tal vez les lleve algo más de tiempo, ese
imbatible enigma que no transcurre para los jerarcas religiosos de estos días.
[Este artículo fue publicado como nota de tapa el 21/05/07]

Estados
Unidos y esa cultura de cerrar los ojos.
Por Eduardo Pérsico
Sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando.
(Cantado por Carlos Gardel)
En
la película “Walter y Henry”, que vimos por marzo del 2007 y cuando el
presidente George W.Bush hacía una confusa visita por América Latina, un joven
músico cuestiona a la tradición jurídica de USA diciendo que Thomas Jefferson
“era un racista disimulado”, en cuanto la Declaración de la Independencia de
1778, según él, no hay ningún renglón que hable de negros, esclavitud ni
miserables. Una crítica a los fundamentos éticos y morales de su comarca,
descalificando duramente a uno de sus indiscutidos referentes.
En su libro “La estructura del Poder en los Estados Unidos”, el escritor y
Profesor de Sociología Política en la Universidad de Paris, Pierre Birnbaum,
por 1972 publicó ciertas observaciones sobre la sociedad yanki: ‘Uno de los
rasgos fundamentales que permiten explicar la formación del carácter
norteamericano es la ausencia de todo pasado feudal. Desde el origen, los
Estados Unidos y los revolucionarios norteamericanos no debieron luchar ni
definirse con relación a instituciones como la monarquía y la nobleza’. Y
agrega, ‘la Constitución de 1787 debía garantizar los derechos de los trece
Estados de la Confederación, y para evitar la preponderancia de uno sobre
los otros el papel del gobierno debía estar limitado a prevenir los posibles
excesos de la democracia’ Y allí reitera la diferencia sustancial entre dos grandes de la
época: Thomas Jefferson veía el principio de igualdad en el puro individualismo
y la búsqueda de la felicidad, cada uno llega adónde puede, alentando a la
existencia de una ‘aristocracia natural’ cuyas cualidades de mando se revelarían
gracias a la educación. En tanto que Alexander Hamilton, también individualista
pero opuesto a lo sostenido por Jefferson ‘ciegamente’, en cuanto que además
reclamaba una activa participación del Estado como moderador de las diferencias
y sustentador de una ‘aristocracia en el Poder’; que por entonces eran los
empresarios.Y un tercero en el debate, Andrew Jackson, la voz del Oeste ‘que
encarnó el espíritu de la frontera’, propiciaba la primera síntesis para que ese
individualismo educado originara la aparición de una minoría económica y
política capacitada y ellos dirigieran mejor la participación del Estado en la
vida pública. Los conceptos en discusión no fueron menores por un lado se
nombraron los ‘conservadores’, ocupados por la libertad y la primacía de la
capacidad individual, en tanto los ‘liberales’ priorizarían la igualdad y darle
al Estado un sentido regulador del patrimonio común, debate que dejó en la
realidad conceptual de los norteamericanos una idea de ‘pueblo mejor organizado
que todos los demás’, frase que al agregarle ‘por voluntad del Creador’ pierde
seriedad y se hace propia de un pícaro… Así, el norteamericano medio no valora
demasiado la igualdad y prefiere confiar en la posibilidad del éxito social, y
tanto sucede que fracasado o triunfador, muerto de hambre o bebedor constante
del whisky más costoso, imagina a los demás pueblos del planeta como habitantes
de ‘algún territorio exótico que cuando los dirigentes de su país, Estados
Unidos, los crean económicamente imprescindible los tomarán en cuenta’,
escuchamos en un encuentro literario del Instituto Cultural Hispánico, en
California. Esto y dicho sin ninguna ironía gratuita, es una constante instalada
en el hombre común, que lo admite con los mismos justificativos que arguyen sus
representantes; mediocres textos de disimular invasiones donde muere gente, con
ardides no atendibles ni en broma. Y con semejante aval ciudadano, los dueños
del poder verdadero en USA sostienen una opinión pública adicta a confrontar con
‘los exóticos’ sin averiguar los intereses ciertos de esa pelea; una
desinformación que con el tiempo tendrá su precio. . .
A mediados del siglo veinte y terminada la Segunda Guerra Mundial, y pese al
recuerdo atómico que le dejara al pueblo japonés, Estados Unidos tenía a su
favor el mayor prestigio que una nación alcanzara en el mundo moderno. Igual que
hoy era ‘un pleno gobierno del dinero en una democracia del dólar’, y también se
suponía que el grupo mandante era una oligarquía financiera a la que los
políticos debían obedecer. Sin embargo, sobre este juego entre los empresarios
más poderosos con los políticos de turno, tampoco existían fehacientes datos
para corroborarlo, aunque existiera en el imaginario colectivo la convicción de
que un directivo de General Motors, por ejemplo, era dueño de presionar al
gobierno para obtener determinadas ventajas o privilegios. Amparado esto por una
suposición pública que pocas veces se puede probar, - como las brujas- nadie
dudaría de su existencia. Además de esas comprobaciones de tan difícil acceso
tampoco son claros los intereses que se cruzan, los tiempos que duran en la
cúspide las elites mandantes y las transiciones de una a otra en el traspaso de
las influencias. De ‘manufactureros’ a ‘financieros’ nunca fueron fáciles de
observar y apenas se sospechan las presiones que el Poder de verdad le exige al
gobierno en los Estados Unidos, sea demócrata o republicano.
A propósito de esto dice James Petras que hoy, de modo más evidente, el capital
financiero interactúa con lo productivo en todos los órdenes y a pesar de ‘la
enorme incidencia en toda la economía, Wall Street por sí misma no puede
subsanar ni evitar la vulnerabilidad económica ni los sucesos catastróficos del
ámbito político o militar’. Un renglón que afirman las movidas inventadas por la
diplomacia de Washington, febriles ensayos de alquimia a prueba y contraprueba,
inexplicables como la sangrienta permanencia en Irak, Afganistán y sus
torturantes cárceles en el exterior, ver Guantánamo, donde siguen experimentando
sacrificios de personas esperando que el Congreso al fin les avise que esta
guerra contra el ‘terrorismo’ fue un mal negocio que empeora cada día. De todas
maneras, atendiendo a las exhibiciones y discursos del actual gobierno en USA,
poco o nada queda de la ética moralista fundacional ni el sentido de lo humano
que enarbolaron sus precursores; a estos responsables de hoy sólo los inquieta
el apuro financiero y hasta desprecian que la realidad actual les limita seguir
siendo los buenos muchachos y galanes de la escena. No casualmente y por su
acumulación de errores, acabaron junto al carnal aliado Israel, soportando como
cowboys trasnochados al inesperado cuatrero Hezbolá, que a los empujones los
quitó de las márgenes del río Litani, en el Líbano, y desacreditó a sus
‘infalibles servicios de inteligencia’ con el aliado Mossad incluido. Y en lo
que insiste hoy la Casa Blanca son ensayos pueblerinos, desvalorizados, como la
recorrida del presidente Bush y su comitiva por América Latina durante la última
semana, que emprendieron ilusionados en una realidad regional similar la de años
pasados, digamos, cuando ese paseo se planeaba como una Visita de Inspección a
las embajadas. Con el nuevo escenario de Sudamérica, la gira norteamericana fue
aburrida, sin ningún relieve, - salvo las manifestaciones contra los visitantes-
y en términos económicos, enmarcó un alejamiento más explícito a conseguir para
el imperio un área de libre comercio. Contraponer el ALCA al MERCOSUR, todavía
en formación pero pujante Mercado Común que encabezan Argentina y Brasil, es una
parodia de la vieja estrategia de vender los productos de su producción sobrante
usando algún Plan de Ayuda supuestamente benéfico. A ese recurso se le acabó el
tiempo, en esta región es obsoleto y lo demuestra la decisión de once países de
la Comunidad Sudamericana de Naciones que decidieron atenuar la ingerencia de
Washington y el Fondo Monetario Internacional, formando un fondo de reserva
dispuesto a socorrer las emergencias financieras de cualquiera de ellos. Un
concreto intento de romper con el patronato prepotente de los organismos de
crédito, FMI y similares, en los países deudores. Entre otras causas, por eso la
visita de Bush resultó un olvidable empate sin goles y un aviso de que las
instancias que Estados Unidos debe atender ahora deben ser otras. El déficit
presupuestario, la recesión que los amenaza, las investigaciones por corrupción
(¿similares a las nuestras, los sudacas?), y la certeza de que los habitantes
fuera de USA le perdieron la confianza. Para eso ayudaron mucho los rechazos
norteamericanos a suscribir compromisos como el de Kioto, para atenuar el
calentamiento global, las depredaciones de la naturaleza y la podredumbre
ambiental, así como el tufillo a mentira grosera que en cada declaración sobre
estos asuntos exudan los funcionarios yankis. Y además algo que debería conocer
el ciudadano común norteamericano, - junto a la gravedad de los huracanes y la
cifra de muertos en Nueva Orleáns- sería la imposibilidad de imponerle hoy la
mundo las mismas condiciones políticas de hace medio siglo, para venderle hasta
sus sobrantes de guerra, como aconteció en Argentina, por decisión propia . Eso
ya fue, no cierren más los ojos que ‘el mundo sigue andando’, nos cantó Gardel,
y aunque sea temerario hablar de Decadencias y otras expresiones presurosas, es
evidente que el Imperio navega obligado a un repliegue. Al menos por este siglo
Sobre
libros, televisores y chinos, no hay nada escrito.
Por Eduardo Pérsico.
"Para
aprender con significado es necesario enlazar los nuevos conceptos con los
que existen en la estructura cognoscitiva, manteniendo el orden jerárquico
de los mismos. En ese Mapa de Conceptos se basa el proceso de integración
del conocimiento". (D.P. Ausubel, 1968).
Vinculando los gigantescos rechazos que reciben los aspirantes a ingresar en
las universidades en Argentina, - principalmente a carreras no humanísticas-
no asombra saber que los egresados de escuela secundaria que concursan, al
margen del obligado material de estudio no llegaron a leer en promedio un
libro por año. Claro, seguramente ocuparon su tiempo en ver televisión y eso
también ilustra, dicen los defensores de hasta lo malsano que también brinda
la televisión, una especie de rictus ya admitido. Pero la falta de lectura
es alarmante no por las cifras que dan los rechazos universitarios en
Argentina sino porque toda la sociedad acepta esa falta de lectura entre los
adolescentes como una normalidad.
Eso es tan grave como que hasta los más necesitados miran "Gran Hermano" o
engendros planetariamente similares, aunque existen algunos países donde esa
cifra de lectura personal al margen de los cursos escolares, llega a diez
libros anuales. Una cifra poco usual en las mayorías por este tiempo y que
sin mencionar mayores datos, nos retrae a un número habitual entre las
clases medias por las décadas del cuarenta o cincuenta, y el cómico
radiofónico Mario Fortuna nos repetía "agarrá lo libro que no muerden".
Lo mismo sería injusto cuestionar por esto sólo a la televisión, tan eficaz
para instruir como para alienar, sino que ante tantas otras necesidades
vitales sin solución parecería insustancial preocuparse por el decaimiento
de la lectura en la Argentina. De acuerdo, aunque ante la exclusiva
apropiación del ocio creativo por los medios audiovisuales, la inquietud
vale en tanto desde la pantalla nos sigan indicando cómo ser y qué conseguir
según los modelos que ellos establecen, y sin menospreciar la capacidad de
los medios para instruir en nuestro inconsciente, 'ese conjunto de procesos
dinámicos que actúan sobre la conducta pero escapan a la conciencia', no
neguemos lo terrorífico que resulta ser aleccionados mecánicamente. Es un
asunto para tomar en consideración por más que nos ‘creamos’ sujetos ajenos
a cualquier manipulación siniestra o de ciencia ficción. Todos estamos en la
misma globalización que se hizo más que evidentes por estos días primeros de
marzo 2007, cuando las corridas negativas en las bolsas de valores
asiáticas, Wall Street y resto del mundo, son atenuadas, sublimadas o
negadas por los inciertos especialistas en economía que apuestan a que todo
siga sin que nada cambie.
Y sin apartarnos mucho de los renglones económicos, pensemos en cuánto de
positivo y negativo nos deja ‘suprimir la lectura por una comunicación que
actúa sobre todos nuestros sentidos a la vez’, según operan los sistemas
audiovisuales y se jactan sus operadores, y al menos preocuparnos. Si ‘la
lectura acrecienta en el hombre su capacidad de abstraer por dentro y fuera
de la idea misma, y una agilización del suponer’, y cuando ‘todo lector
reelabora el texto, lo completa y lo bifurca con operaciones de
pensamiento’, donde haya un ser humano que al usar la palabra se hace
persona, este mecanismo de cavilar, sopesar y reelaborar la comprensión de
un texto, defiende al Lector de ser un Inconsciente Consumidor de cualquier
basura. Alguien que lee se interesa más por lo imprescindible y hasta
analiza cualquier precipitación informativa; un Lector es un participante
individual, por supuesto que imprevisto y azaroso, sí, pero capaz de
interrogarse. Desde si mirar culos armoniosos según digestos publicitarios
le mejoran su capacidad de abstracción, o lo hacen más candidato a ser
confundido y pasado por encima como hacen los privilegiados y vivillos del
Poder. En Argentina y gran parte de América Latina, territorio de los
columnistas CNN que pontifican sus imbecilidades descontando que detrás de
cada televisor hay un pelotudo, mucho podría mejorarse si pensamos que las
ideas giran más cerca de un lector que de un televidente, y hasta dónde la
visión de un videoclip permite una abstracción inteligente de una imagen.
¿Qué acontecería si una generación de chicos en edad de aprender recibiera
un video desaforado y luego lo discutiera con quienes eligieron la lectura
para ilustrarse? Si la imagen visual precipitada no deja resquicios para
aprehender lo imaginativo de verdad, una comunicación entre ellos sería
imposible por las disímiles interpretaciones en cada Mapa de Conceptos. Y
aunque no siempre todo se limite al lenguaje verbal, el hombre posee una
estrategia de aprendizaje y una estructura cognoscitiva que enlaza sus
nuevos conocimientos con los ya existentes, un juego de integración donde se
supone que la genética funciona libre de la adquisición cultural de cada
uno; una teoría que llegó al método de aprendizaje por los años setenta en
respuesta a los medios masificadotes de la opinión. De los mismos medios
vigentes hoy y ya se sospechaba como manipuladores por la imagen televisiva
de la iniciativa individual y colectiva.
De todas maneras, en esta riña la balanza aún acepta a la lectura como
sistema formativo, en cuanto la recreación que de cada relato hace el sujeto
Lector, lo enaltece sobre el raudo método de imagen y sonido, y en esta
controversia sobre la técnica educativa entre la informática, la cibernética
y alguna otra mágica esdrújula que ahora no me acuerdo, la vocación por la
lectura seguirá siendo una virtud formativa más sólida y sustantiva. Decimos
esto sin duda ni temor a mezclar los tantos del juego: por mucho que
supongamos a las computadoras aptas para apropiarse del manejo que el hombre
ejerce sobre ellas y pudieran manejar la realidad, en estos días iniciales
de marzo del 2007 no existiría el preocupante temor a la recesión
capitalista en el mundo. En cuanto comprobando la certeza por el efecto
contrario, creer esa visión cinematográfica de la ciencia cruda y
matemática, sería desconocer los avances técnicos que acontecieron en la
humanidad, desde la rueda al computador. Al apreciar la nueva y fabulosa
ruta para adquirir conocimientos, la técnica es dependiente del hombre y no
condicionante; sin desechar los infinitos posibles que pueden darse con
estos juguetes electrónicos siempre que el uso sea éticamente insospechable.
Una virtud que en nuestro jodido mundo es tan difícil, si el recibir
conocimientos y acceder con ellos a comer todos los días es una limitación
ideológica del Poder. Ese intocable jardín donde siguen madurando todos los
tomates de la discordia. .
Eduardo Pérsico, narrador y ensayista, publicó cuentos, seis novelas, algún
poemario y tesis sobre el Lunfardo. Nació en Banfield y vive en Lanús,
Buenos Aires, Argentina.
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