¿Cómo demonios vas a hacer, Alberto?

Todos o parte de los quilombos de una herencia maldita

Por Eduardo Blaustein

El candidato presidencial dice que no hablará de la pesada herencia, pero lo que deja el macrismo es pesadísimo, tirando a espantoso. Desafíos y ventajas relativas del futuro gobierno.

Ya que incertidumbre tenemos como para tirar al techo, aunque las PASO estén ganadas, comenzamos por repasar lo que ¿tranquiliza?: las certezas que teníamos desde antes de que se iniciara la gestión macrista y se cumplieron.

El gobierno de MM iba a terminar con devastación social y económica y se cumplió. Lo que sí, no pensábamos que en este grado.

Iba a dejar más que maltrecho al Estado. Ídem con la segunda frase complementaria.

Nos iba a endeudar mal. Ídem anterior, pero al cuadrado.

Iba a controlar de modo autoritario los discursos mediáticos, en alianza con las empresas dominantes. Ídem anterior.

Iba a reprimir, etc.

Una intuición reiterada -reiteradamente escrita aquí- de quien escribe es que se nos iba a venir encima un Que se Vayan Todos peor que la versión 2001, en modo Walking Dead. No, no fue así. Se le puede adjudicar mérito a CFK y a parte del peronismo y a Alberto Fernández para que no sucediera así. La movida de la designación de AF por CFK reconfiguró a lo pavo ese mapa gaseoso y sinuoso que es el peronismo, incluyó a otros sectores políticos y a muchos independientes, de un modo que, casi que cómicamente, puede caracterizarse como republicano. No hubo estallidos generalizados (cruzamos los dedos por lo que resta hasta el 10 del 12) por varias razones: por la herencia recibida (planes sociales, colchón de guita en las clases medias, ex desendeudamiento, por la contención que ejercen los movimientos sociales y que es menos valorada, y por esa movida de CFK que -de nuevo, cómicamente- reinstitucionalizó la política ante un panorama anómico en el que se pasó de la tristeza pasiva, el desánimo y la bronca a la esperanza que, literalmente, mencionan los estudios de opinión pública en relación con las candidaturas del Frente de Todes, Dios tenga en la Gloria al que le puso el nombre.

Sí se cumplió una intuición de este escriba: lo que fuera que viniera a competir contra el macrismo debía ser un fenómeno más moderado e inclusivo que el kirchnerismo, en su versión, al menos, de caricatura.

Pero.

Pero decíamos: el panorama de devastación es espantoso y, citando una vez más un hallazgo escrito por Diego Genoud hace meses, Alberto Fernández no ocupará el mal llamado sillón de Rivadavia sino una silla eléctrica.

A la angustia por la gestión macrista la reemplaza hoy la angustia por no saber cómo podrá hacer el futuro presidente para lidiar con todo lo que hay que lidiar, por más volumen político que acumule, que lo está acumulando y bien.

Chistes y desafíos

Hace mil millones de años, cuando se iniciaban las primeras crisis económicas del mandato alfonsinista, e incluso antes, me tocó hacerle una entrevista a Marcelo Stubrin. Supongo que como lo corrí por izquierda Stubrin me hizo un buen chiste-chicana acerca de las demandas por izquierda. Refiriéndose en este caso a las izquierdas partidarias de entonces, dijo que esos sectores iban a contramano de los prospectos de los jarabes que decían agítese antes de usar. Añadió: las izquierdas bailan alrededor del frasquito en lugar de agitarlo. O algo parecido, no tengo la entrevista de la revista El Porteño a mano. Un chiste equivalente al teorema de Baglini: cuanto más lejos estás del poder, te das el lujo de ser más radicalizado.

Otro chiste, esta vez de Néstor Kirchner, del día famoso en que fue a 6,7,8 a torear al Grupo Clarín. Kirchner había heredado de la gestión Duhalde-Lavagna a Alfonso Prat Gay, luego sucedido por Martín Redrado. En el programa Kirchner mencionó ambos nombres y justificó su presencia “perturbadora” en el Gobierno: “En ese momento, cuando nosotros negociábamos una quita de la deuda de 70 mil millones de dólares, cuando la Argentina venía del default y nos tenían una desconfianza absoluta, ¿a quién iba a poner yo, Orlando (Barone)?, ¿al flaco Kunkel? Hay que desdramatizar. Esto tiene que ver con la acumulación de poder y con las relaciones de fuerzas”.

Caramba, hoy Alberto Fernández enfrenta un escenario muy parecido, al punto que el nombre de Redrado suena para la renegociación de la deuda y ya no (presuntamente) el de Guillermo Nielsen, que supo pedir un tipo de ajuste más brutal aún que el realizado por el macrismo. El nombre de Nielsen sigue sonando ahora para hacerse cargo del área de Energía, junto al de un funcionario del gobierno de Misiones.

Lo que viene es jodidísimo y acá vamos a apelar a unos cuantos dichos de Emmanuel Álvarez Agis para ayudar a pintar el panorama de desolación. Primer ejemplo: cuando el periodista Marcelo Zlotowiagzda planteó la propuesta de meterle un lindo impuesto a las personas más ricas del país, Agis respondió algo así como que no valdría la pena desatar “una guerra civil” (un efecto Resolución 125 sería una analogía adecuada) “por un punto del PBI”. Varias veces el columnista del programa de Zloto dijo que no es tiempo de plantear la redistribución de la riqueza porque el país no está en condiciones y los efectos secundarios serían peores que las buenas intenciones. En charla radial con Ale Bercovich dio a entender que estará feliz y felicitaría a Alberto Fernández si luego de estabilizar la economía mediante un acuerdo social y mil drogas pudiéramos recuperar algo… en el último cuatrimestre del año próximo. También dijo en esa entrevista que la gente en la calle, al cantar “Vamos a volver” o en el contacto personal, transmite una expectativa de mejoras inmediatas. “La felicidad, mañana”, dijo el economista, como reconociendo que no, que no será mañana.

Se dice desde diversas voces del próximo gobierno: se trata de que dejen de caer los salarios antes de que recuperen lo perdido, se trata de estabilizar y atender múltiples emergencias. “Encender la economía” va a demorar… no sabemos cuánto.

Auch.

El medio vaso lleno

Ante este escenario mucho más que espinoso, antes aun de que asuma el próximo gobierno, y merced a la híper actividad y muñeca de AF y otros, el largo lapso que va de las primeras PASO al 10 de diciembre está sirviendo para adelantar no pocos temitas. Eso es algo así como lo que ya está sucediendo, lo que se está “pre gobernando”, pese a que “solo soy un candidato”.

Lo que ya está sucediendo: el discurso calmo, contenedor, que imperiosamente debe serenar a la sociedad hacia un horizonte de esperanzas (tema grieta: retomaremos al final). Parecen haber avances en lo que sería el futuro acuerdo económico y social (si hasta el gris Miguel Acevedo, presidente de la UIA, dijo que una reforma laboral como la que quiso hacer aprobar el macrismo y pedirá el FMI no es una prioridad). Ya hay diálogos de cara al afamado acuerdo social (que originalmente planteó CFK) que son positivos, aunque haya mucha carita empresaria o cegetista que no nos llena de amor.

Hay más: “los mercados” -los locales y los globales- están dando señales de que asumen nítidamente que habrá nuevos controles cambiarios (con sus contraindicaciones) y reestructuraciones de deudas, muy posiblemente con quita. La deuda más horripilante es la contraída con el FMI. La ventaja: hasta la derecha, con fórceps, admite que es impagable en los términos originalmente acordados. Lo incierto: saber hasta dónde las primeras señales de relativa dureza de AF de cara a las futuras negociaciones con el FMI surtirán efecto. O el viejo dicho de Néstor: deudor muerto no paga. Alberto podrá hacer hincapié ya sea en las pifias y corresponsabilidades del FMI (y su desprestigio internacional y su impopularidad nacional) así como en los modos truchos en que nació el primer acuerdo y se pusieron parches inverosímiles en los siguientes. Puede hablarse a los argentinos o al mundo sobre el incumplimiento del propio Fondo de sus regulaciones internas, sin que sepamos si al mundo eso le interesa un corno.

Hay un punto extraño ahí, una diferencia discursiva que hace ruido en el discurso Alberto-peronista-kirchnerista. Se trata de Álvarez Agis, otra vez, que dice que todos los acuerdos se cumplieron. Alberto y muchos otros dicen algo distinto. Ruido extraño.

Pregunta: el tan menado acuerdo social, ¿implicará un acuerdo político tácito o explícito de resistir “juntos” las presiones del Fondo o las de los fondos de inversión?

Alberto va sumando principios de acuerdo o meras charlas de café con empresarios, sindicalistas, brokers, banqueros, la Iglesia, punteros del Círculo Rojo. Los poderosos de los mercados internacionales le hacen preguntas a él y a sus economistas -Macri ya fue, Vidal también-, quieren saber de qué se trata, como que se van adaptando.

Anda faltando algo, difícil de articular y discutir: el rol y participación de los movimientos sociales. En Socompa, Daniel Cecchini dio una discusión más que válida que se puede leer aquí: http://socompa.info/politica/a-desmovilizar-a-desmovilizar/.

Veamos, pues. Más allá de las declaraciones de Alberto Fernández “comprendiendo” las movilizaciones piqueteras pero pidiendo evitar la ocupación de la calle (no aludiendo a violencias desatadas por el aparato represivo macrista sino a alguna eventual desgracia nacida en las propias filas), los movimientos sociales no terminan de ocupar un lugar central en las enunciaciones acerca del acuerdo social, ni tampoco como un protagonista que por la vía de la negociación o su protagonismo (economía popular, un ejemplo) tengan un rol destacado.

A la hora de los muchos equilibrios que deberá sostener AF -gobernadores, intendentes, Congreso, sindicalismo, empresarios- hay un margen de intriga acerca de que hacer junto con los movimientos sociales, que a su vez tienen sus complejidades internas enormes y sus bemoles, como cualquier hijo de vecino.

De regreso al infierno

Volvemos al inicio. La devastación dejada por el macrismo nunca termina de ser descripta en toda su magnitud, es increíblemente difícil hacerlo por más que escribamos, posteemos, tuiteemos, hablemos, suframos. Hay innumerables ejemplos de esa devastación además de la desindustrialización, los niveles de capacidad ociosa, el incremento de la desocupación y la pobreza, las secuelas del hambre que se verifican en datos duros como la disminución de la talla de recién nacidos o la reaparición de viejas enfermedades (producto también del retroceso en los magníficos, indiscutibles planes de vacunación que se multiplicaron en los años del “mal segundo gobierno de Cristina”). Se suman los pronósticos horriblemente a la baja de los augures económicos: un piso del 2% de caída del PBI en 2020 por inercia y altísima inflación, por lo mismo.

Tierra arrasada. Todas las cajas del Estado fueron saqueadas y borrados de los sistemas informáticos, según denunció el colega Ari Lijalad, los datos duros de la gestión macrista, de manera de no saber nada de lo que se hizo en modo criminal y de que nada sea materia de investigación judicial. Más efectos: María Eugenia Vidal, la que tenía la grandísima imagen positiva, ya pasó del endeudamiento de la provincia al cuasi default. Pésimas noticias para Axel Kicillof. En sentido contrario, y aunque muchas provincias están en problemas para pagar salarios o al borde de emitir cuasi monedas, no son pocos los distritos que hicieron sus respectivos ajustes y en términos de déficit no están tan mal. Rara paradoja, o quizá efecto de esa paradoja: basculan entre sus “economías saneadas” en términos económicamente liberales y las emergencias de todo tipo.

Vamos a llenar el vaso otro poco.

Ventajas comparativas del próximo gobierno: un muy buen cuadro político -y experimentado- al frente de timón. Cristina detrás dando respaldo político, simbólico y social. La derecha opera para preanunciar futuros enfrentamientos entre ambos, pero por ahora eso no parece posible y la negociación interna a la hora de tejer y elegir candidatos para cargos legislativos, pese a lo ardua, fue exitosa y generosa por todas las bandas. Esta gente peronista, al final (muy al final), no lo hizo tan mal.

Habrá también un gabinete de buenos cuadros, con la duda de cuál finalmente será el ministro de Economía “fuerte” que en teoría quiere tener el futuro presidente. Hay unos cuantos buenos nombres, muy particularmente si se los compara con apellidos del tipo Bullrich, Dujovne, Peña, Aranguren, Avelluto, Aguad, Bergman… ¡Michetti! Se va consolidando la alternativa de Matías Kulfas (su carrera comenzó en la gestión de Aníbal Ibarra, que merece revalorizarse) en un eventual ministerio de la Producción o el de Hacienda, cargo para el que suena otro buen cuadro: Cecilia Todesca. Wado de Pedro en Interior suena bonito. Ginés González García en Salud sería precioso, pero dicen que el hombre está grande y se resiste. Daniel Arroyo en Desarrollo Social, Felipe Solá como canciller. Al que escribe no le cae mal Florencio Randazzo en Transporte, dadas sus muy buenas gestiones en políticas puntuales, hora del perdón, si es que hay que decir algo al respecto.

Victoria Donda en una suerte de ministerio de la Mujer suena a demasiado premio para alguien que hasta hoy no demostró dotes para la gestión, amén de sus zigzagueos políticos, que los tienen casi todos. Tirar su nombre obviamente implica también una señal de somos buenos, diversos e, inclusive, inclusives. Del hipotético futuro Jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, por ahora se sabe poco de él en la cancha. Pero cuenta con ventajas: es guapo, joven y nieto de Antonio, que a la distancia nos cae la mar de simpático y dicharachero. Si lo quieren menos estúpido al razonamiento: uno tiende a confiar en el criterio de AF.

Esta es la lista más socorrida por las versiones periodísticas, habrá que esperar. Pero hay más nombres.

Un inclasificable -Gustavo Béliz, muy formado en la función pública- es de los muchos, pero muchos y variados, con los que dialoga AF. Son tantes les polítiques y ex funcionaries con los que habla Alberto -casi siempre con el latiguillo que dice “le tengo mucho respeto y cariño”- que puede plantearse la duda de si no es un tanto heterogénea la mezcla, o de cómo serán los difíciles equilibrios finales. Eventual respuesta -y no está mal- de Alberto: yo soy un pragmático. Ahí viene el otro latiguillo que el hombre de la voz serena y el carraspeo viene repitiendo en campaña: la anécdota del diálogo que tuvo con un ministro uruguayo que le señaló que cada motor necesita su propia llave a la hora de ser desarmado y recompuesto. A no rezongar al pepe: también Kicillof se define como un pragmático y dice que cada problema amerita una respuesta puntual, no meramente ideológica.

Resumen posible: entre buenos cuadros ministeriales y en el Congreso, hay equipo. Para un partido mucho más que chivo.

La fucking grieta

Queda por revisar otra vez el cansador asunto de la grieta. O por aludir a las ya muy reiteradísimas alusiones de AF al respecto (la última, en solidaridad con una presunta agresión a Marcelo Birmajer, que de pibe pintaba para mejor). Es más que posible que el mensaje antigrieta de AF ya haya calado socialmente, que buena parte de la sociedad la quiera dejar atrás, que Alberto resulte verosímil, creíble, cuando reitera que pretende poner presa a la grieta, decirle chau a la venganza, y que él habla con todos. Lo que suceda con la variable grieta dependerá en menos de unos meses de cuánto apoyo conservará el próximo gobierno si no consigue algún que otro resultado interesante -como paliar la emergencia social o patear deuda de modo de respirar un poco-.

Por unos meses seguramente se vivirá un clima relativamente desagrietado. Habrá que ver qué sobrevive del macrismo y qué se animará a decir como oposición debilitada. Pero lo que difícilmente tenga éxito sea la declaración unilateral de armisticio con el Grupo Clarín, La Nación y otros periodistas y medios. Es seguro que no se volverá a dar la batalla cultural contra el Grupo. Hay una suerte de consenso interno de “eso fue demasiado y nos fue para el orto”. Pero a la vez la batalla quedará relativamente compensada -veremos hasta dónde y cuándo- con la emergencia fuerte de C5N y otros medios, muchos de ellos alternativos y no necesariamente albertistas o cristinistas. Puede que en este último párrafo y en asignarle al tema una centralidad que Alberto no le da, no solo por moderado, haya alguna deformación profesional. La crisis terrible que arrasó también al gremio de los periodistas tuvo su lado bueno, que no compensa los despidos o los malos sueldos o la precarización. La crisis permitió el ascenso de nuevos espacios periodísticos que nacieron con y sobre todo después del kirchnerismo.

¿Aplicará Alberto leyes existentes (no la de Servicios Audiovisuales destruida por el macrismo) de las que habló, que mermarían en parte el poder de las grandes empresas?

Socompa -medio nacido en la batalla contra el macrismo- presentará batalla. No les tenemos miedo.

Uy qué cagazo.

Socompa. Periodismo de frontera

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