¿Cómo te cae, cómo procesás la decepción (o lo que corresponda)…

… que te infiere la persona que te promete algo que a vos te interesa —y hasta podría ser que no lo hubieras solicitado—, y luego no sólo no cumple, sino que jamás alude a la promesa?

ZONA LITERARIA | EL TEXTO DE LA SEMANA

COMPILADO: 31 escritores argentinos responden la pregunta 28 del ‘En cuestión: un cuestionario’ de Rolando Revagliatti.

Entre diciembre de 2018 y diciembre de 2020, treinta y un escritores argentinos fueron respondiendo las treinta y cinco preguntas que conforman el En cuestión: un cuestionario’ de Rolando Revagliatti‘. Estas entrevistas-cuestionarios fueron difundiéndose en la Zona Literaria de El Ortiba. Con el formato de Compilados cada una de las preguntas y respuestas se publican periódicamente en el orden establecido por el entrevistador.


28: ¿CÓMO TE CAE, CÓMO PROCESÁS LA DECEPCIÓN (O LO QUE CORRESPONDA) QUE TE INFIERE LA PERSONA QUE TE PROMETE ALGO QUE A VOS TE INTERESA —Y HASTA PODRÍA SER QUE NO LO HUBIERAS SOLICITADO—, Y LUEGO NO SÓLO NO CUMPLE, SINO QUE JAMÁS ALUDE A LA PROMESA?


RODOLFO A. ÁLVAREZ: La traición es lo opuesto a la lealtad. A mí me han traicionado. Horrible. Yo nunca. Lealtad es absoluta.

FERNANDO DELGADO: Las dos cosas caen mal; una, es la expectativa que se pone en juego para lograr algo y que luego no pueda ser concretado: esta decepción llevará un tiempo para ser procesada, y juntar ganas para volver a intentarlo. Y otra es, si ese algo a obtener se corresponde a una promesa por algo que uno nunca solicitó y si después es incumplida, aquí es distinta la decepción: no es la pérdida de lo que pudimos tener sino la pérdida de confianza en la persona que hizo la promesa y no cumplió con la palabra.

JOSÉ MUCHNIK: La confianza es un elemento esencial en las relaciones humanas, no surge unilateralmente, se construye a través de la interacción con otros individuos, con-fidere, que puede fiarse uno al otro. Cuando ese pacto tácito se rompe, hay pena, no olvido.

BIBI ALBERT: Suspiro y digo: Otro más, una vez más… Pero no quiero cambiar. No quiero ser escéptica.

CLAUDIA SCHVARTZ: Tengo un largo entrenamiento en decepción. E igual no he podido dejar de esperar incluso con la certeza de que era un callejón sin salida. Por supuesto, cuando un amigo te deja en banda, no solo duele.

JORGE CASTAÑEDA: Me decepciona. Pero trato de entenderlo. A lo mejor no ha podido por diversas causas. Yo trato de no hacer lo mismo. Y como dice el Evangelio, “Cuando prometas, no tardes en cumplirlo”.

JORGE LUIS LÓPEZ AGUILAR: ¿Hablamos de política? Porque llevo coleccionadas unas cuantas decepciones, desde aquel que se fue a poner orden en Campo de Mayo y volvió diciendo que eran buenos muchachos, que algunos eran héroes de Malvinas. O el que prometió el salariazo, o el joven abogado que venía de la Patagonia para hacer justicia, o el que prometió Pobreza Cero y la Unión entre los argentinos. Y, sin embargo, no solamente en lo que hace a la vida nacional, sino considerando un horizonte mucho más amplio, que abarca desde la vida en todo el planeta hasta los vínculos afectivos más propios, hago mía la visión de Sísifo: Ya sé que la piedra se va a caer nuevamente, y va a rodar hasta la sima. Pero sigo empujándola, y no me voy a rendir. Ya sé cómo es esto.

LUISA PELUFFO: No confío en esas promesas. Las olvido.

RITA KRATSMAN: Al principio me molesta, pero después lo proceso y pienso que el problema lo tiene la otra persona. No me detengo, de modo que sigo adelante y el hecho queda como una anécdota intrascendente, no sin un registro de la misma.

LAURA CALVO: Me incomoda, me deja como debiéndole algo a ella.

ROGELIO RAMOS SIGNES: Es algo que siempre me ha dolido, y mucho, pero como se trata de una actitud clásica en un gran número de las personas que conozco (incluidos algunos amigos cercanos), he tratado de pasar esa desazón a segundo plano, y ya no espero que se cumplan las promesas. Muchas veces, también, me pregunto si yo no habré caído en ese formato sin haberme dado cuenta; y, a pesar de que creo que no, cada vez hay más cosas que no podría asegurar.
Me tranquiliza, eso sí, saber que les doy a todos algo de mí; es decir, les doy mi tiempo. Lo malo es que cuando soy consciente de eso, noto la diferencia y la decepción a la que hacés referencia se hace presente.

LUIS BENÍTEZ: Como una demostración más de lo primitivo y bajo que albergamos como parte constitutiva de nosotros mismos, mal que nos pese. Por supuesto que esta comprensión del asunto no quita que jamás vaya a perdonar u olvidar tamaña bajeza y siempre la tenga presente, como es mi estilo en las relaciones personales.

LILIANA AGUILAR: Pésimo. Me caería muy mal. Pero bueno…, es una de las bondades de las caminatas, la jardinería y la literatura.

GUILLERMO FERNÁNDEZ: Intento evitar esos vínculos. La escritura me ha otorgado la posibilidad de intuir, como lo hago con mis personajes. Entonces, me acostumbro, no sin dolor, a la frustración. De alguna manera, planifico en la construcción de mis protagonistas aquello que después alcanzo a ver en mis relaciones.

MÓNICA ANGELINO: Lo que se promete y no se cumple (o se intenta cumplir) es una mentira y las mentiras me dan como patadas en los ovarios.

DAVID ANTONIO SORBILLE: Al principio me produce una cierta impotencia, pero luego se disipa en la medida en que conozco las falencias humanas.

CARLOS NORBERTO CARBONE: Tengo claro que no me paraliza la traición, aunque sí me cuesta procesar y olvidar esa decepción; pero procuro dar vuelta la página y seguir con otra cosa; obviamente, me da mucha bronca que eso suceda.

LEONOR MAUVECIN: Aprendí desde chica a no esperar demasiado de las personas; esa es una política saludable para vivir en paz. Trato de reconocer las limitaciones ajenas y respetarlas. Claro que no recibir lo prometido es doloroso, pero nunca me ha sucedido. No he recibido, tal vez, algo que hubiera deseado, pero, por suerte, pude superarlo.

RUBÉN SACCHI: El valor de la palabra se depreció mucho. Me cae mal, pero aprendo quién es esa persona, a veces la vida es larga y las situaciones pueden reproducirse.

HORACIO PÉREZ DEL CERRO: A esa persona la considero un imbécil, soy muy estricto respecto de esto, así como lo soy para mí mismo. No voy, en un caso así, a reclamarle su promesa, por el contrario, no aludiré al hecho en ningún momento. Considero que la indiferencia es el mejor tratamiento del hecho, pero a esa persona le bajo el pulgar, estimo que el vínculo está herido de tal forma que no se puede reconstituir. Como decía mi padre, a esa persona “se le juega, pero no se le lleva…”.

MARÍA AMELIA DÍAZ: Parte de mi educación fue enseñarme a cumplir lo que prometo. Me cae muy mal quien no lo hace, y esa persona pasa al grupo de quienes jamás serán mis amigos.

CRISTINA MENDIRY: El olvido es una cualidad muy común de los seres humanos.

SANTIAGO SYLVESTER: La verdad es que, sin ponerme en sarcástico, ya me he acostumbrado. Esa es una conducta que es imposible no conocer si se ha vivido mucho. Hay una excusa frecuente, que unas veces es tácita y otras enunciada de muchas maneras, que podría sintetizarse así: “Disculpame, necesité hacerlo”. Es el principio de necesidad aplicado a alguna fallada.

ROBERTO D. MALATESTA: Bueno, quizás el error estuvo en mí, en creer en la promesa de esa persona. Y trato de mantenerme a distancia, no sea cosa que me vuelva a equivocar. Borges decía que no les prestaba plata a los amigos, por las dudas de que no se la devolvieran.

GLORIA ARCUSCHIN: Me cae muy mal la gente que “no responde”, tomo esto, su silencio, como conductas del orden de lo perverso u ominoso, considero que es una manera de dominio y de crueldad, un ejercicio de poder sobre las otras personas. El silencio como quita, como castigo. Me cae muy mal y me aparto para siempre, porque queda en medio algo sin resolución, un pendiente. No me decepcionan, me molestan los juegos del gato y el ratón. No termino de comprenderlas, y me agotan.

RAFAEL FELIPE OTERIÑO: Siento desilusión y trato de comprenderla. Luego vendrán otros resortes del espíritu menos nobles que me llevarán a imaginar intenciones ocultas (que normalmente cierran en algo mucho más simple: se olvidó). Pero lo cierto es que difícilmente puedo borrar del todo ese olvido: su mutismo ulterior queda flotando en mí con la fuerza de una interrogación.

ALEJANDRO MÉNDEZ CASARIEGO: Me cae muy mal, tanto si lo hace conmigo como si lo hace con otros. Mi desprecio a cierta gente no tiene mucho que ver con cómo son o actúan conmigo, sino cómo son, en general, en sus relaciones y compromisos. A mí nadie me ha dañado mucho. Pero he visto a muchos dañar a otros con este tipo de cosas.

LILIANA DÍAZ MINDURRY: La decepción es la moneda diaria. Es raro que alguien no haya vivido eso cientos de veces. A esta altura de mi vida me sirve para descartar gente, y no me daña demasiado. Cuando uno es joven no lo puede soportar.

CARMEN IRIONDO: He vivido siempre en Argentina, y es un lugar en donde las promesas no se cumplen con frecuencia. Me acostumbré a no decepcionarme mediante un sistema defensivo que pone en marcha de inmediato la actitud de no esperar nada. También me acostumbré a escuchar propuestas de trabajo que no existen.

LUCAS MARGARIT: No es mi problema. Olvido bastante rápido, paso a otra cosa.

CARLOS DARIEL: Una promesa sobre algo que me interesa me genera una gran expectativa, su incumplimiento me molesta mucho, me fastidia. Si es la primera vez que esa persona incumple su palabra, puedo dar vuelta la hoja y olvidar el mal momento, especialmente si la relación que mantenemos es de amistad. Ahora, decepción es una palabra muy fuerte en mí y para sentirla, el motivo debe ser gravitante. Si una persona me decepciona, pierdo absolutamente todo interés en ella. He roto amistades por decepción.

Septiembre 2022

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