Confesiones de domingo a la noche

Por Marcelo Rudaeff (Rudy)

Cuarenteñeros, distanciadites, vacunólicas: una vez más, y ya se está volviendo costumbre, les voy a pedir disculpas. Porque yo sé que este espacio no es para que les cuente a ustedes situaciones personales; que para eso están los amigos, los sacerdotes, los psicoanalistas, o las multitudes reunidas en la Plaza.

Pero no puedo evitarlo.

Este domingo pasado a la noche yo estaba angustiado. O tal vez ansioso. O fóbico. O con miedo. O temeroso. En cualquiera de esos casos, lo mejor que podía hacer era llamar a mi analista.

Y esta vez, A. (ya saben que lo llamo así porque su nombre empieza con otra letra, y hablo de él en masculino, pero no sé cómo se autopercibe ni se lo pienso preguntar) me atendió rápido.

–Hola, Rudy, imagino que está usted angustiado por los resultados electorales, ¿no?

–¿Cómo sabe que soy yo?

–Nadie más me llama un domingo a la noche.

– ¿Cómo sabe que estoy angustiado?

–Porque no se me ocurre que me llame un domingo a esta hora para decirme que está feliz…, ¡eso no lo hace nadie, ni mi hijo…! ¡Es más: no me llama nunca!

–No se me autoperciba idishemame, que estoy angustiado y necesito contención, no demandas. Y, hablando de eso, ¿cómo sabe que es por el resultado de las elecciones?

–Bueno, según explica Freud en su texto apócrifo “Sháizedique Sontags”, o sea, “Domingos de merde”, la gente suele consultar un domingo a la noche si está angustiada porque se peleó con su pareja o porque su equipo favorito de fútbol perdió o porque tiene que ir a trabajar el lunes o… porque su partido político favorito perdió en las elecciones. Como usted no está en pareja (que yo sepa), ama su trabajo y hoy no hubo fútbol por los comicios, solamente me quedaba esta última posibilidad.

–Claro, licenciado, pero le voy a decir una cosa: desde 1983 para acá, voté 20 veces. En esas 20, solo en cuatro «gané»: 2003 (cuando asumió Néstor, aunque salió segundo), 2007, 2011 y 2019. En el resto, perdí.

–O sea que usted ya está como curtido en esto de perder.

–Yo sí, licenciado, pero parece que el resto del país, o gran parte, no. Porque se pusieron todes como loques.

Y pasé a enumerar:

*Empezaron a decir que “el electorado se volvió de derecha”; y, en verdad, la derecha sacó casi los mismos votos con los que había perdido por goleada en octubre de 2019. En cambio, el gobierno sacó muchos menos votos, que nadie sabe adónde fueron a parar.

*Otros dijeron que fue un «voto castigo”, pero si, cuando tenés hambre, votás al Lobo Feroz para que haya comida, la comida terminás siendo vos mismo/a, así que sería más bien un “voto autocastigo”.

*Otros comentaron que fue un “voto de castidad”, tal vez enojados por las declaraciones de la candidata bonaerense respecto de la “garchitud peronista”: el sector reprimido de nuestra sociedad fue víctima de eso que Freud llamaría “envidia del sufragio”

*Otros, por el contrario, dijeron que se trató de una actitud activamente militante: no ir a votar y quedarse todo el día en la cama con su partenaire, practicando peronismo salvaje.

*No faltó quien comentara que debido al alto precio de la yerba, si alguien preguntaba “¿Tomamos mate o…?” antes de ir a votar, la respuesta nunca era “Tomamos mate”, sino “Yerba, no hay”, y así se les pasaba el tiempo sin darse cuenta.

*Otros dijeron que muchos peronistas votaron a Manes para que no ganase Santilli, pero eso es como hacerte un gol en contra para que no te lo haga tu rival.

*Para otros, el problema fue que muchos fueron a votar a Palermo, pero les tocaba en la 1-1-14 y no pudieron… votar.

*Otros dijeron que era un llamado de atención de Cristina a Alberto; de Alberto, a Axel; de Axel, a Massa; de Massa, a Aníbal; de Rintintín, a Dylan.

*O bien: que seguro que la vacuna les cambió el ADN a muchos votantes oficialistas.

*O que, por la pandemia, esta vez los opositores no se pudieron ir a Suiza a esquiar.

*Algunos creen que el gobierno tiene que cambiar todo; otros, que no tiene que cambiar nada; y otros, que debería cambiar un poquito, pero no se ponen de acuerdo en qué poquito sí y qué poquito no.

–Mire, Rudy, pare un poco con todo esto, porque es muy angustiante, pero usted está en mejores condiciones que mucha gente para elaborarlo.

–¿En serio, licenciado?

–Pero claro, Rudy, ¡usted me tiene a mí para ayudarlo! En cambio, yo hace un rato lo llamé a mi analista, reangustiado, y no logré que me atendiera, porque mi analista estaba hablando con su propio analista…

FREUD. Digo: FIN. O mejor: … LO VEMOS EN LA PRÓXIMA.

Sugiero acompañar esta columna con el video “Pelotuditis”, de RS Positivo (Rudy–Sanz):

18/09/21 P/12