NOTAS EN ESTA SECCION
Entrevista
a John W. Cooke, 1961 |
John W. Cooke - Peronismo Revolucionario,
definiciones |
John W. Cooke y
el Partido Justicialista
John
W. Cooke. Vida y reflejos, por Floreal Ferrara |
Carta al compañero
Alhaja, comandante Uturunco
Universidad y Movimiento de Liberación Nacional, por Aritz e Iciar Recalde
Prólogo de Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde |
John W. Cooke.
Hacia una teoría del populismo, por Artemio López
Alicia Eguren, la voz contestataria del
peronismo |
Notas para una biografía
de Alicia Eguren
"Nunca he visto otro hombre más vivo que éste"
| Apuntes para la militancia
NOTA RELACIONADA
Revista Cristianismo y
Revolución | Revista De Frente
| Revista Evita Montonera |
Cazadores de utopías
ENLACES RELACIONADOS
Alicia y John, el peronismo olvidado
LECTURA RECOMENDADA
Acción
Revolucionaria Peronista (ARP) - Cristianismo y Revolución Nº 6, abril 1968
| Aritz e
Iciar Recalde - Universidad y Liberación Nacional
Aritz Recalde - John William Cooke y el Partido Justicialista |
John W. Cooke - Peronismo y revolución
Apuntes para la militancia |
John W. Cooke - Selección de escritos |
Textos de John W. Cooke y de ARP
John W. Cooke - Aportes a la crítica del reformismo en la Argentina, Revista Pasado
y Presente, 1973
Aritz Recalde - El pensamiento de John William Cooke en las cartas a Perón
|
Roberto Baschetti - Nuestro compañero John William
La nueva izquierda argentina, Revista Punto Final 69, 03/12/68 |
Cooke - Peronismo
Revolucionario
Horacio
Gonzalez - La revolución en tinta limón |
María Sofía Vasallo - Tapas, De Frente a hechos
cruciales de 1955
John William Cooke - Homenaje
a Homero Manzi, Revista De Frente, mayo 1974 |
Miguel Mazzeo - Cooke, un hereje de
dos iglesias
Eduardo Luis Duhalde -
Introducción a las obras completas de Cooke |
Roberto
Baschetti - Prólogo a las obras completas de Cooke

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Entrevista
a John William Cooke (1961)
Sylvia Saítta y Luis Alberto Romero
John William Cooke nació en
La Plata en 1920. Su padre, Juan Isaac Cooke, integró el grupo de radicales
que se incorporó al peronismo, y en 1945 fue ministro de Relaciones Exteriores
de Farrell. En 1946 John, que acababa de recibirse de abogado, fue electo
diputado por la Capital Federal. De posición, independiente y convicciones
nacionalistas, se opuso a la ratificación del Tratado de Chapultepec. Tuvo
una participación destacada en la Cámara, donde permaneció hasta 1951. Fue
miembro del Instituto Juan Manuel de Rosas, donde pronunció conferencias
y del cual fue electo vicepresidente en 1954. Ese año editó la revista De
Frente, en la que planteó sus posiciones nacionalistas, y combatió los contratos
petroleros que negociaba el gobierno de Perón. Después del 16 de junio de
1955, Perón lo designó interventor del Partido Peronista de la Capital Federal,
desde donde Cooke trató de movilizar y organizar a los peronistas para resistir
el inminente golpe militar.
El 20 de septiembre fue arrestado en la casa de su amigo José María Rosa.
Pese a estar en prisión hasta marzo de 1957, participó activamente en la
organización de los distintos grupos protagonistas de la "Resistencia peronista".
Perón, que estaba exiliado, lo puso al frente del denominado "Comando Táctico",
y en noviembre de 1956 le dirigió una expresiva carta, en la que avalaba
firmemente su acción y lo designaba su sucesor, en caso de fallecimiento.
En marzo de 1957 Cooke escapó de manera espectacular de la prisión de Río
Gallegos, en compañía de otros detenidos peronistas -Jorge Antonio, Cámpora,
Espejo-, y se instaló en Chile, desde donde pudo operar con más eficacia
para coordinar la acción de los distintos grupos clandestinos y terroristas.
En 1958 participó en la gestión del pacto entre Perón y Frondizi, y posiblemente
asistió a la reunión de Caracas, donde éste se efectivizó. Cooke volvió
al país a fines de 1958, para continuar con la "resistencia", y de inmediato
fue detenido. A principios de 1959 participó activamente en la huelga del
Frigorífico Nacional y en la intensa agitación subsiguiente. Por entonces,
la militancia peronista se dividía entre los partidarios de la "línea dura"
y la "línea blanda", estos últimos, que buscaban un acuerdo con el gobierno,
recibieron el aval de Perón y comenzaron a hostilizar a Cooke, tachándolo
de comunista.
Perseguido, en 1959 abandonó
el país y se instaló en Cuba, donde permaneció hasta octubre de 1963. Allí
se entusiasmó con la Revolución, realizó diversas tareas de apoyo al régimen,
entabló amistad con Ernesto Guevara e inició una larga tarea de acercamiento
entre el peronismo y el castrismo, que incluyó el reclutamiento de jóvenes
argentinos para ser entrenados en Cuba. Mantuvo una intensa correspondencia
con Perón, que sólo interrumpió en 1966, e intentó convencerlo de que declarara
su apoyo a Cuba y trocara su domicilio madrileño por La Habana. A la vez,
se propuso reconstruir la tradición peronista en clave cubana e impulsar
a los peronistas a seguir el camino iniciado por Fidel Castro.
En esas circunstancias fue entrevistado por la revista Che. El semanario
apareció en octubre de 1960. Lo dirigía Pablo Giussani y entre sus redactores
figuraban Julia Constenla, Hugo Gambini, Francisco Urondo, Carlos Barbé
y Alberto Ciria. Se trataba de un grupo de partidarios argentinos de la
Revolución Cubana, muchos de los cuales militaban en el Partido Socialista
Argentino. Un poco antes, en febrero de 1961, Alfredo Palacios había ganado
la elección de senador por la Capital, con una campaña centrada en la Revolución
Cubana, y con el apoyo de muchos votantes del proscripto peronismo. El reportaje
está ilustrado con dos fotos de Cooke: en una aparece con traje y corbata,
probablemente de su etapa de diputado, y en otra con barba, boina y camisa
miliciana. Che fue clausurada el 17 de noviembre de 1961. A fines de 1963,
Cooke volvió a la Argentina y organizó Acción Peronista Revolucionaria,
un pequeño grupo de discusión al que asistían futuros militantes como García
Elorrio, Fernando Abal Medina y Norma Arrostito, en donde siguió intentando
la fusión entre el peronismo y el guevarismo. Sin embargo, mientras vivió
su influencia fue escasa. Murió en septiembre de 1968. Desde 1971 sus escritos
alcanzaron gran difusión y sus ideas fueron retomadas por la nueva izquierda
peronista. Este reportaje fue reeditado en septiembre de 1975 por la revista
Crisis.

Cooke
Publicado originalmente en revista "Che" (1961) y reproducido en "Crisis"
(1975).
John William Cooke y su esposa,
Alicia Eguren, se encuentran en La Habana desde hace más de un año. Ambos
forman parte de las milicias y colaboran -al mismo tiempo- en distintas
publicaciones cubanas. Che ha entrevistado a Cooke en su residencia, el
hotel Riviera. Sus respuestas, sin duda, son de trascendencia por la influencia
que ha tenido -y conserva aún- John William Cooke entre las filas peronistas.
-En la Argentina la Revolución Cubana cuenta con apreciable apoyo popular
y los esfuerzos de la propaganda reaccionaria -abrumadora y constante- son
vanos por contrarrestarlo. ¿A qué razones atribuye esta perspicacia popular,
pese a la prensa y agencias internacionales?
-Lo que eso demuestra, en primer lugar, es la madurez de nuestro pueblo,
lo arraigado que está en él el sentido de la soberanía nacional. Tengamos
en cuenta que esta recolonización de la Argentina es doblemente anacrónica:
por producirse en la época de los movimientos de liberación en todo el mundo
y por serle impuesta a un país que se había librado de la dominación inglesa
y tenía conciencia de lo que significa el ejercicio de la soberanía. La
consecuencia es que no solamente la represión es singularmente violenta,
sino también la propaganda proimperialista. El pensamiento colonial utiliza
el monopolio de la difusión para derramar una catarata de discursos, declaraciones,
manifiestos, conferencias, editoriales, solicitadas, pastorales, etc., para
confundir a la masa. En el caso de Cuba, sólo se difunden groseras tergiversaciones,
embustes y planteos arbitrarios. Sin embargo, las clases populares disciernen
lúcidamente y saben que la suerte de la Revolución Cubana incide en su propia
suerte.
-Con respecto a Cuba, ¿cuál es la forma que adopta esta táctica de ocultamiento?
-Hay una sucesión de trampas. Todos los datos son falsos, al punto que la
mentira de ayer es desmentida por la mentira de hoy. Después se hace una
mezcla de los problemas concretos de la nación cubana con los problemas
de la Guerra Fría y con las discusiones teóricas en torno al comunismo.
Nuestra masa evita esos falseamientos porque va a la médula del problema,
o sea, la agresión del imperialismo contra un país hermano que osó liberarse:
así no hay forma de equivocarse.
Con motivo de la reciente invasión de gusanos al servicio de los yanquis,
se vio cómo se desvirtuaba el problema planteándolo maliciosamente: se afirmó
que la Revolución es comunista, como si eso fuese lo que estaba en debate.
Un cierto porcentaje de papanatas quedó atrapado en ese artificioso enigma
-ya fuera para coincidir con la tesis o para discrepar con ella-, lo que
implica que, de ser concluyente la prueba sobre el carácter comunista del
gobierno cubano, eso legitimaba que se agrediese a un país soberano. ¿Quién
ha dicho que los Estados Unidos o los organismos internacionales tienen
jurisdicción para hacer macartismo y determinar cuál régimen tiene derecho
a ser respetado y cuál no?
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-Supongo que Ud. sabrá que hubo
algunos dirigentes peronistas que se "empantanaron".-Eso demuestra que carecen
de capacidad para dirigir nada y que invocan el nombre del Peronismo en
vano. Con el pretexto de que nuestro gobierno era nazi, se buscó que Estados
Unidos hiciese lo mismo que ahora hace con Cuba: los cipayos pedían la intervención
yanqui y de los organismos como la UN; un canciller uruguayo inventó la
tesis de la "intervención multilateral", que es la que ahora se quiere resucitar
contra los cubanos; se pidió que los países rompiesen relaciones con nosotros,
por no ser "democráticos", etc. Eran los mismos procedimientos y las mismas
personas de aquí y del extranjero los que se movían para destruir nuestra
soberanía. ¡Y cómo ardíamos de indignación contra el bradenismo y sus servidores!
¡Cómo protestábamos contra los Jules Dubois, los Figueres, los Haya de la
Torre, los Ravines, contra Braden, Nelson Rockefeller, la gran prensa norteamericana
y continental! Pues bien: todos ésos, y los miles de secuaces, ahora hacen
lo mismo contra Cuba, ayudados por los mismos aliados que entonces tuvieron
en la Argentina, desde los políticos tradicionales hasta las fuerzas vivas,
la intelectualidad cipaya, las damas patricias y demás escoria enemiga de
los descamisados.
¿O
es que la UPI, la AP, el Time, etc., son reptiles cuando nos atacan a nosotros
y "objetivos" cuando atacan a Cuba? Sumarse, aunque sea pasivamente, a esa
campaña, es dar razón retrospectivamente a los vendepatrias: es negarnos
como movimiento nacional-liberador.
-Hay algunos pequeños sectores peronistas influenciados por el "nacionalismo"
que son activamente enemigos de la Revolución Cubana.
-Supongo que, en unos cuantos millones como somos, habrá de todo un poco.
Hasta que quienes se dejen llevar por un extraño "nacionalismo" que ante
algo concreto como el imperialismo que nos asfixia nos quiere hacer pelear
contra los enemigos de ese imperialismo. El único nacionalismo auténtico
es el que busque liberarnos de la servidumbre real: ése es el nacionalismo
de la clase obrera y demás sectores populares, y por eso la liberación de
la Patria y la revolución social son una misma cosa, de la misma manera
que semicolonia y oligarquía son también lo mismo. Algunos sectores reaccionarios
pudieron, en otras épocas, llamarse "nacionalistas" porque coincidían con
el pueblo frente a los ataques de nuestra soberanía; ahora no, porque el
antiimperialismo ha pasado a ser retórico en ellos, que vuelven a su raíz
oligárquica y ante el caso de Cuba quedan al desnudo.
Como ya quedaron cuando contribuyeron a la caída del gobierno popular en 1955.
Hay que tener la cabeza muy
hueca para creerse peronista y aceptar a esos teóricos del absurdo, que
combinan las añoranzas del imperio de la hispanidad medieval con el apoyo
práctico al imperio bárbaro norteamericano, y el culto a gauchos embalsamados
con el paternalismo aristócrata frente al cabecita negra, para oponerse,
nada menos, a Fidel Castro. Ocurre que Castro, a la cabeza de los hombres
de la tierra, derrotó a puro coraje al ejército armado y entrenado por los
yanquis para proteger a la satrapía batistiana; y que cuando los gringos
quisieron llevárselo por delante, los echó de Cuba y les quitó hasta el
último dólar, más de mil millones tenían invertidos en centrales azucareras,
fábricas, empresas, bancos, etc. ¡Qué manera de apagar faroles! Sin embargo,
parece que Fidel no es "nacionalista", porque nunca se dedicó a predicar
el exterminio de estudiantes semitas ni a delatar herejes incursos en el
crimen de marxismo.
-¿Ud. no cree, entonces, que esos defensores de "Occidente" tengan influencia
en su movimiento?
-Solamente entre cierta capa burocrática, que, por otra parte, nunca sirvió
para nada, ni en el gobierno ni fuera de él. Ahora hacen méritos para que
los dejen participar en el festín político y administrativo del que están
excluidos los revolucionarios consecuentes. No hacen más que confirmarle
al pueblo lo que éste siempre supo de ellos. Habrá siempre alguna confusión,
por éstos que embarullan las cosas y por otros que, debiendo hablar, han
callado. Pero el pueblo sabe que desde que Fidel Castro empezó a quitarles
a los ricos para darles a los pobres fue la bestia negra (o roja) del continente.
Claro que los gansos que creen que el Peronismo es parte del dispositivo
de la "civilización y de la democracia occidental" quedan identificados
frente a Cuba con los socios de Aciel y de la Bolsa de Comercio, con los
socialistas conservadores y los conservadores de la infamia, con los exquisitos
del Jockey Club, del Círculo de Armas, con Ascua Sur y las demás agrupaciones
de conciencias muertas, con las numerosas instituciones, frentes y agrupaciones
gorilas que piden nuestra sangre, con Gainza Paz, el almirante Rojas, el
Dr. Vicchi, el brioso Toranzo Montero. Todas esas fuerzas son virulentamente
enemigas de la Revolución Cubana, a la que odian tanto como el "régimen
depuesto": esas cosas no ocurren por casualidad, y nuestra masa no vive
en la luna.
¿Hay
algún personaje en la Argentina que logra, como Fidel Castro, que todas
las cabezas del privilegio se unan para acusarlo de demagogo, comunista,
totalitario, chusma, perjuro, punguista, motonetista, barba azul, asesino,
incendiario, anti Cristo y otras lindezas semejantes, y contra el cual piden
el cadalso, la bomba atómica o la muerte a manos de los "marines" yanquis?
Creo recordar que sí. Y me resulta muy difícil entender cómo pueden indignarnos
la difamación contra la versión pampeana del monstruo y quedarnos mudos
cuando la víctima es la versión tropical.
-Hubo quien no repudió la reciente invasión a Cuba alegando que al no abrir
juicio cumplía con la "tercera posición".
-Con quien cumplió fue con su propia cobardía. A cambio de la riqueza que
se llevan los yanquis nos dejan su histeria anticomunista que contagia a
ciertos "dirigentes". En el país reina un clima de terrorismo ideológico:
ya no basta con no ser comunista; hay que demostrarle a la reacción que
se es anticomunista. Y se llega a emplear el mismo lenguaje de nuestros
enemigos: en lugar de dar apoyo total, solidaridad sin retaceos a Cuba avasallada,
se agregan condenas al "imperialismo soviético", lo cual equivale a aceptar
las premisas del imperialismo agresor, que califica de crimen la negación
de sus ansias hegemónicas y el derecho a elegir las formas de gobierno y
los amigos que a cada país americano le resulten más convenientes.
La tercera posición es, precisamente,
todo lo contrario. Significa no tener compromisos con los bloques mundiales,
estar en libertad de tomar las decisiones más convenientes a los intereses
nacionales. Significa tener criterio propio para apreciar cada hecho y cada
actitud: no tenemos obligación de encontrar que cada cosa del señor Kruschev
es perfecta o malvada; ni de estar de antemano en pro o en contra del bloque
capitalista. En otras palabras, en cada momento y circunstancia nuestro
tercerismo consiste en opinar libremente, no sumarnos al coro de los que
ven en Estados Unidos la potencia rectora. A pesar de que nuestro gobierno
tuvo que maniobrar solo, en un mundo hostil, en lo fundamental jamás se
apartó de su independencia: no suscribimos el pacto de Caracas que establecía
el peligro del "comunismo internacional" para así consumar el crimen contra
Guatemala orquestado por Foster Dulles y otras bestias de la "Guerra Fría";
no firmamos los Acuerdos de Bretton Woods (Fondo Monetario Internacional,
Banco de Reconstrucción y Fomento); no nos atamos por pactos militares bilaterales,
etc. Nada de eso subsistió; las primeras medidas de la dictadura militar
fueron adherirse a Bretton Woods, y hoy el FMI dirige nuestra política económica,
y revocan por decreto el voto de Caracas; siguieron los pactos militares,
los acuerdos sobre el Atlántico Sur, etc. Hoy somos un apéndice del imperialismo,
lo que requirió modificar totalmente la política internacional fijada por
el peronismo. El tercerismo fue una forma de no ser absorbidos por el imperialismo
yanqui: en ningún caso puede ser excusa para plegarnos a su estrategia de
guerra fría y para gritar junto con los derviches de la guerra contra los
pueblos que han adoptado el socialismo. Es lo que hacen los terceristas
como India, Yugoslavia, Egipto, etc., que no han vacilado en apoyar fervorosamente
a Cuba y que no ven al mundo como una división tajante donde los "buenos"
son las potencias occidentales. Es una posición para encarar los problemas,
no para eludirlos. En el caso de un país hermano sometido a persecuciones
de toda índole por el imperialismo, no ser terminantes, escatimar el apoyo,
es renegar del tercerismo y apoyar al imperialismo. Así como hay farsantes
que son antiimperialistas cuando las causas son lejanas y cipayos en las
cuestiones argentinas, igualmente hay farsantes que gritan contra el imperialismo
aquí y se suman a sus consignas en el orden mundial; estos últimos son los
más peligrosos. La posición consecuente de un antiimperialista es desprenderse
de los falsos esquemas como "Occidente y Oriente", "Mundo libre y mundo
comunista" y demás zonceras. Hay que estar con los argelinos, que son musulmanes,
con los kenyanos, que son mau-mau, con los laosianos, que son budistas,
y con los cubanos, que son barbudos. Y decirlo claramente y ayudarlos todo
lo que se pueda y tener la valentía de despreciar las voces que se alzarán
para acusarnos de comunistas, trotskistas, criptomarxistas, camaradas de
ruta, idiotas útiles, filocomunistas, infanto-comunistas, etc.
-¿Existe algún pronunciamiento de Perón con respecto a la Revolución Cubana?
-¿Cómo cree usted que Perón podía desentenderse de un problema fundamental?
Cuando dijo que la Revolución Cubana "tiene nuestro mismo signo", enunció
una fórmula exacta que indica la común raíz antiimperialista y de justicia
social. Si Cuba ha elegido formas más radicales, ese es un derecho que ningún
antiimperialista le puede negar; por otra parte, los procedimientos de 1945
tampoco sirven ahora para nosotros, y nuestro programa, según lo ha dicho
repetidamente el propio Perón es de "revolución social", que salvo para
los que viven en el limbo sólo se puede cumplir socializando grandes porciones
de la economía y buscando las formas de transformación profunda y total
que correspondan a nuestra realidad nacional.
Homenaje
a John William Cooke 15/09/08 Con el auspicio de la Secretaria de Cultura y Educación de la Municipalidad de La Plata, se presentó el film Alicia y John, el peronismo olvidado” del director Carlos Castro. El lanzamiento del documental, que relata la vida de la pareja que dedico su vida a la militancia peronista, se realizo en el Pasaje Dardo Rocha, en el marco de los 40º aniversario de la muerte del teórico del peronismo, John William Cooke. Cooke nació en La Plata el 14 de noviembre de 1919 -murió de cáncer en septiembre de 1968- y durante su vida desarrolló una intensa actividad partidaria vinculada a la agrupación FORJA y al Partido Justicialista, fue delegado de Juan Domingo Perón y diputado nacional por ese partido, entre otros cargos. El documental rescata también la vida de su pareja Alicia Eguren. Amiga del Che Guevara acerca a Cooke a la revolución cubana en 1960, donde ambos participaron en defensa de Bahía de Cochinos frente a la invasión norteamericana. Alicia Eguren, fue desaparecida en 1977 y luego de haber sido trasladada a la ESMA, fue arrojada al mar en unos de los vuelos de la muerte. |
En cuanto al apoyo de la Unión
Soviética a Cuba, sólo quienes se pliegan al bando de la oligarquía pueden
hablar de "entrega" y demás tonterías semejantes, porque los cubanos no
han delegado ningún atributo de su soberanía ni han entregado ningún resorte
de su economía. ¿Qué eso sirve a la URSS para hacerse propaganda? ¿Y a los
cubanos qué les importa?
Los quisieron matar de hambre, dejarlos sin petróleo, dejarlos sin vender
el azúcar, que es su única fuente de divisas, atemorizarlos, agredirlos,
quemarles los cañaverales; etc., el cipayaje estaba feliz porque serían
castigados los "desplantes", la insolencia frente al coloso. El mundo socialista
les permitió salir de esa ruina a que estaban condenados, y he aquí que
ciertos "antiimperialistas" resuelven que Cuba debió dejarse morir de hambre,
o llamar a los embajadores norteamericanos para que la vuelvan a gobernar,
para que no sufra la "democracia" y puedan seguir tranquilos Somoza, Ydígoras,
Frondizi, Prado y demás paladines de la cruzada anticomunista. Todos regímenes
democráticos que no podrán hacer lo que hace Fidel Castro: darle un fusil
o una ametralladora a cada obrero, a cada campesino, a cada pobre.
En un documento del año pasado el general Perón indicó que el Movimiento
debía apoyar todos los movimientos de liberación nacional, como Egipto,
Argelia, Cuba, etc. Eso se ha respetado siempre, aunque ciertos sordos no
han cumplido estas instrucciones ni las han transmitido a la masa. Y en
una carta dice: "Yo sé bien lo que son las sanciones económicas. En 1948
nos las aplicaron intensamente impidiendo la provisión de todo material
petrolífero y dejando sin efecto la compra comprometida para nuestra producción
de lino que, en ese momento, representaba más del sesenta por ciento de
la producción mundial. Como en el caso de Cuba, fue la Unión Soviética la
que nos sacó del apuro comprando el lino y ofreciéndonos material petrolífero".
Tal vez deberíamos haber dejado que se pudriera el lino.
-¿Y no cree que también influya la Iglesia?
-La creencia religiosa es una cuestión del fuero espiritual y como tal respetable.
Pero cuando algunos sacerdotes opinan de política entonces no puede invocarse
para ellos el privilegio de que se les respete como cuando desempeñan sus
funciones espirituales: deben ser enjuiciados de acuerdo con sus actos y
posiciones políticas. Si se les hiciese caso en materia política, América
no se hubiese independizado de España, o, tomando otra etapa posterior,
en México reinarían los descendientes del emperador Maximiliano, Cuba sería
colonia española. Si se les otorgase imperio en materia política, nosotros
nos debíamos haber puesto en 1955 contra Perón, como ellos querían; entonces
conspiraron con los enemigos del pueblo, como ahora lo hacen en Cuba.
Durante seis años nuestros compañeros han ido a la cárcel, han sufrido torturas,
han sido echados del trabajo, han sido fusilados, sin que los altos dignatarios
de la Iglesia hiciesen más que algunos inocuos llamamientos a la paz general,
uniendo a verdugos y victimados como si las culpas fuesen comunes; cuando
discriminaron, fue para atacar al "régimen depuesto" y para condenar la
rebeldía de nuestra masa. No he leído la pastoral que condene a los asesinos
de la "operación masacre". No he sabido de ninguna epístola incandescente
denunciando a los sicarios uniformados que aplicaban suplicios a la gente
trabajadora. Pero basta que el señor Frondizi justifique la represión como
defensa de "los altos valores del espíritu", para que entonces sí se conmuevan
esos duros corazones episcopales. En cambio, están muy preocupados y tristes
porque en Cuba hay un gobierno revolucionario. ¿Por qué no dijeron nada
cuando murieron 20.000 luchando contra el gobierno que mantenían los yanquis,
cuando Nixon abrazaba a Batista y lo colmaba de elogios? ¿Por qué no se
preocupan por Angola, donde las fuerzas "occidentales" mantienen la esclavitud
aplicando la tortura? ¿O de Argelia, que ha movido la indignación de muchos
católicos franceses por el sadismo de las tropas coloniales, cuyas técnicas
aprenden nuestros jefes militares? ¿Les parece que hay poco dolor en el
mundo y en América, como para que se dediquen al único país donde el pueblo
se siente libre?
-¿Usted
rechaza, por lo tanto, la tesis de que el peronismo es un freno contra el
avance del comunismo?
-Una cosa es que nosotros tengamos una visión de las cosas argentinas que
difiere de la del Partido Comunista y tratemos de mantener la adhesión de
las masas trabajadoras; otra muy diversa unirnos al fanatismo regimentado
que ve a los comunistas como criminales y a los países socialistas como
enemigos del género humano. Esto es renunciar a la facultad de raciocinio
y aceptar que el bando imperialista piense por nosotros. No necesito ser
comunista para considerar que el principal responsable de la Guerra Fría
es el imperialismo occidental, ni para comprender que el enemigo más grande
que hoy tiene el género humano es la brutal plutocracia norteamericana.
En el orden nacional la manera de mantener nuestro prestigio en la masa
no es actuando como ayudantes de los pastores para que el rebaño no se ponga
arisco, sino ofreciendo soluciones revolucionarias a los problemas reales.
Los que están en la jugada de presentarnos como defensores del orden contra
el comunismo desnaturalizan la esencia del peronismo. Y, además, cometen
una estupidez. Salvo para los energúmenos que ven conspiraciones bolcheviques
en cada lucha popular, el comunismo avanza porque hay razones económico-sociales
que así lo determinan. Esas razones no desaparecerán y se trata de ver quiénes
darán las soluciones. Los que piensan en "conciliaciones" entre las clases
o en paternalismos equilibristas están al margen del tiempo, como los que
hablan de corregir los "abusos" del capitalismo. Pero lo que quieran dar
soluciones, los que como nosotros aspiran a mantener su vigencia como movimiento
de masas, tienen que ir al fondo de los problemas. No es posible enunciar
aquí todas las cosas que debemos hacer, pero para terminar con el drama
argentino hay algunas que son ineludibles, como por ejemplo: dejar sin efecto
convenios petrolíferos, eléctricos, etc.; denunciar tratados militares y
compromisos belicistas; expropiar las instalaciones petrolíferas y demás
bienes de los monopolios; expropiar a la oligarquía latifundista y a los
grandes empresarios industriales: expropiar los bancos, puertos, servicios
públicos; socializar grandes ramas de producción, hacer una reforma agraria
que respete las características de nuestro agro pero que elimine muchas
de las formas empresarias de explotación; planificar la economía en escala
nacional; nacionalizar la gran industria pesada; controlar los sectores
de la economía que deban mantenerse bajo el régimen de la propiedad privada,
etc., etc. Eso significa terminar con la democracia capitalista y sustituirla
por nuevas estructuras que reflejen el predominio de las fuerzas del progreso,
dirigidas por el proletariado. Es decir, que estaremos vulnerando el "derecho"
de la libre empresa, de la propiedad y otros valores igualmente sacros:
en otras palabras, seremos "comunistas". Los factores de poder y la oligarquía
en su conjunto nos consideran, desde ya, comunistas, porque nuestro triunfo
implica el advenimiento de las masas, que exigirán soluciones y las impondrán.
Como dijo Perón: "Las masas avanzarán con sus dirigentes a la cabeza o con
la cabeza de sus dirigentes". Nosotros lo sabemos y la reacción también
lo sabe. Así que los que se hacen los "ranas" no engañan a nadie, y menos
a la oligarquía, que tiene sensibilidad de sobra cuando se trata de que
no le toquen sus privilegios. Los que quieren desempeñar el papel de "defensores
del orden" harán el deleite de los monseñores y de los espadones de moda,
sirviendo de preservativos por poco tiempo. O impulsamos el avance de las
masas -y entonces somos peligrosos y nos llamarán comunistas- o tratamos
de frenarlas, y entonces ayudamos a sembrar la confusión durante un tiempo
y luego nos barrerán como a la demás resaca del orden caduco ocupando el
Partido Comunista o quien sea la dirección que hemos desertado.
-¿Qué piensa de la unidad de las fuerzas populares?
-La unidad es indispensable y será un paso previo al triunfo popular. Lo
principal es para qué hacemos la unidad, cuáles son los objetivos cercanos
(como, por ejemplo, las elecciones) y cuáles los grandes objetivos. Unidad
para simple usufructo politiquero, no. Sí, en cambio, para dar las grandes
batallas por la soberanía nacional y la revolución social. En la lucha contra
el régimen, es como llegaremos más pronto a la unidad, forjada en la acción;
dentro del régimen nos esperan sólo frustraciones y derrotas; y pequeños
triunfos que serán desastres.
Página/12, 16/02/06
DEFINICIONES:
Por John W. Cooke
(Publicado en Cristianismo y Revolución Nº 2-3,
octubre-noviembre 1966,
descargar en pdf)
17 de octubre
Una tarde del invierno de 1933, una muchedumbre como nunca se había visto se
congregó en el centro de Buenos Aires para asistir al entierro de Hipólito
Yrigoyen. Esa demostración popular sólo mereció desprecio y desdén a la
oligarquía gobernante: se trataba de una chusma que, gracias a la diligente
acción policial cuando había elecciones, no afectaba para nada la hegemonía
social y política de los selectos.
Doce años más tarde, la ciudad volvió a ser ocupada por una multitud que se
volcaba en un acto de adhesión a su caudillo. Esta vez los sectores
privilegiados no se burlaron: todavía les dura el pavor y el odio que les
provocó ese 17 de octubre. Y también la ignorancia sobre el significado profundo
de lo ocurrido.
Es que el fenómeno escapaba a la capacidad de comprensión de las clases
dominantes. Aceptaron la explicación de que se trataba de una manifestación de
malvivientes, grupos de desclasados y marginales ("lumpenproletariat", aclararon
los cultos de su "izquierda" cipaya), reclutados por la policía. Así fue como
pocos meses después, el misterio policial de octubre se transformó en el
misterio matemático de febrero: todos los partidos políticos, los dueños de
todos los votos, eran derrotados electoralmente por las organizaciones que
habían formado apresuradamente el nuevo movimiento nucleado en torno a Perón.
Pasado el desconcierto de ese desastre imprevisible, los partidos de la Unión
Democrática se refugiaron en interpretaciones de un idealismo delirante, que les
permitía no sólo negar la legitimidad del nuevo régimen surgido del más estricto
respeto a las normas de la democracia que ellos postulaban, sino continuar
reivindicando la condición de representantes de la voluntad de esa ciudadanía'
que los desconocía repetidamente en los comicios. El peronismo —decían— era el
resultado de la aplicación de técnicas totalitarias de manipuleo de la opinión
de las masas, y por lo tanto era lícito recurrir a la violencia para derrocarlo;
su irrespeto por el liberalismo económico y por los valores culturales impuestos
por cien años de semicoloniaje fue invocado como prueba de que se trataba de una
versión aborigen de los fascismos derrotados en Europa. Una vez más, las fuerzas
del viejo régimen empleaban fórmulas de interpretación trasladadas de la
realidad ultramarina.
La oligarquía restaurada
Producido el golpe de 1955, la oligarquía restaurada desmanteló rápidamente el
dispositivo económico peronista, si bien la realidad demostró que no era posible
retrotraer las cosas al punto en que estaban antes del peronismo. En materia
política, el imbecilismo de la tiranía militar llegó al punto de que el
Ministerio de Relaciones Exteriores gestionó el envío de la legislación
antifacista y antinazi, para aplicarla a los "vencidos". Pero he aquí que pasaba
el tiempo, que el peronismo no sólo carecía de los resortes estatales sino que
estos funcionaban integral y permanentemente en contra suyo, que su jefe estaba
en el exilio, sus dirigentes políticos presos o exiliados, los sindicales
proscriptos, sus signos, consignas, cantos e iconografía prohibidos, sus bienes
incautados, y el decreto 4161 pendía con su viciosa crueldad sobre cualquier
actividad proselitista. Y sin embargo, el Movimiento no se desintegraba, no
perdía cohesión ni sus masas corrían a alistarse bajo las banderas de los
partidos burgueses. Desde 1955 hasta la fecha, el proceso político argentino es
una sucesión de dictaduras militares, directas o bajo cubertura de una falsa
legalidad, que ensayan procedimientos para "integrar" a esa masa peronista en
las estructuras del sistema burgués en crisis.
Descartada la tesis de qué éramos una multitudinaria congregación de papanatas,
surgieron tácticas diversas: la ultragorila de tratarnos como "un caso de
reformatorio político" (Toranzo Montero); la "integracionista", que nos
convertiría en masa de maniobra del empresariado y los socios del capital
norteamericano: la de escindirnos en réprobos ligados a Madrid y gente decente y
razonable capaz de constituirse en partidos políticos neoperonistas, con
discreta participación en los órganos políticos del Estado. La más reciente es
la que postulan los teóricos del golpe de junio: el país está malogrado por la
"falsa antinomia de peronismo y antiperonismo", que debemos superar para que
pueda progresar la Nación. El actual régimen militar la traduce al terreno de
los hechos mediante la tabla rasa de la "despolitización", reservándose el
monopolio de las decisiones políticas mediante la tutoría, que asume por la
violencia, de una ciudadanía condenada a consentir o exponerse a las espadas
punitivas prontas a sancionar las rebeldías.
Todas esas fórmulas, con sus mezclas de zalamería y coerción, son ejercicios de
la incompetencia, el egoísmo y la dependencia imperialista de nuestra clase
dirigente. Porque la antinomia peronismo vs. antiperonismo no es una caprichosa
creación del carácter de los argentinos, sino la forma concreta en que se da la
lucha de clases en este período.
Peronismo y lucha de clases
No se puede "superar" eliminándola como expresión político-partidista, como se
intenta actualmente, porque responde a una contradicción insoluble entre un
régimen capitalista que ha agotado su programa y vive en crisis permanente, y
las fuerzas cuyas reivindicaciones no tienen satisfacción posible dentro del
contexto de esa institucionalidad cuya entraña expoliadora intenta ocultarse
bajo el "occidentalismo cristiano" y otros despropósitos propagandísticos del
sistema mundial de explotación encabezado por Estados Unidos.
Por lo tanto, el peronismo es, por su composición social y sus luchas,
revolucionario por esencia. Y si existe, en su seno, el peronismo
revolucionario, es porque el régimen, mediante el manejo del aparato estatal y
cultural, demora la toma de conciencia de las masas con respecto a las razones
de la tragedia que sufren y a la política que pueda ponerle fin. Lo que llamamos
"burocracia peronista" es, en síntesis, una capa dirigente que opera con los
mismos valores del enemigo y es incapaz, por lo tanto, de conducir a las bases a
la toma del poder, sin lo cual no hay salida ni para las clases trabajadoras ni
para el país, pues ya hemos entrado en una etapa en que no hay nacionalismo
burgués sino que revolución social y liberación nacional no son objetivos
diferenciabas sino dos aspectos de un mismo proceso indivisible.
Peronismo Revolucionario
El peronismo revolucionario es una vanguardia que busca reconciliar la política
del Movimiento con el verdadero papel que éste tiene en el enfrentamiento de las
fuerzas sociales. Puesto que las masas no absorben el conocimiento como una pura
teorética sino mezclado con la acción, la nuestra no es una obra de mera
predicación sino de militancia combativa y de difusión de las verdades
esenciales que eleven el nivel de conciencia de los sectores que tienen la
misión de construir la nueva sociedad en un país liberado. La política
revolucionaria es acción esclarecida por el pensamiento crítico; una permanente
indagación sobre una realidad fluida que no se somete a ninguna sabiduría
inmóvil centelleando verdades definitivas.
Mientras el peronismo no se estructure como "partido revolucionario" —es decir,
con una política revolucionaria entendida como unidad de teoría, acción y
méítodos organizativos, seguirá librado al espontaneismo, a la yuxtaposición de
tácticas que no se integran como estrategia, a los callejones sin salida en que
sucesivamente lo meten los dirigentes burocráticos que no conciben otra salida
que los frentismos electorales o los falsos atajos del golpismo.
Porque golpismo y electoraismo pitagórico no constituyen vías antagónicas sino
que son dos hipótesis de una misma concepción que implica la renuncia a la toma
del poder. Expresan la incapacidad de transformar nuestro número en fuerza, al
poner el número al servicio de quienes detentan la fuerza; es decir, aceptan la
"integracción", que además es de una imposibilidad histórica. Porque el
peronismo es la expresión de esa crisis integral del régimen burgués argentino.
El régimen tiene fuerza para subsistir pero no puede institucionalizarse porque
el peronismo obtendría el poder, y aunque no formule un programa
anticapitalista, la obtención de satisfacciones mínimas compatibles con las
expectativas populares y las exigencias de autodeterminación llevarían a la
alteración del orden social existente. El peronismo, por su parte, jaquea al
régimen, agudiza su crisis y lo obliga a sobrevivir a costa de la flagrante
violación de sus presupuestos ideológicas con que, nos definen los voceros de la
burguesía, equilibrio inestable se manifiesta la irreductible incompatibilidad
entre régimen y peronismo, signando el fracaso de todas las tentativas para
integrarnos a las estructuras del statu quo, y de todas las líneas políticas del
peronismo que busquen la "conciliación", la paz social, la pausa política, etc.,
etc.
Es preciso que demos el paso de la rebeldía a la revolución, que no se produce
espontáneamente o por revelaciones que automáticamente surjan de la prácticu de
las masas, sino por la elaboración teórica que en parte substancial de la
conducción. Nuestro déficit en este aspecto viene de lejos, y estamos pagando
las consecuencias. Porque si negamos las frivolidades sociológicas conque nos
definen los voceros de la burguesía, tampoco el convencimiento de nuestra
trascendental razón de ser histórica puede confundirse con los paraísos
artificiales de la autocomplacencia que nos hace depositarios de un destino
providencial. El peronismo, como estructura del nucleamiento de la masa popular
(política, administrativa, sindical, etc.) siempre ha estado por debajo de su
calidad como movimiento de masas. Esta contradicción, mientras persista, nos
condena no romper la adversa correlación de fuerzas que soportamos.
Al mismo tiempo, la orgullosa seguridad que el Movimiento ha opuesto a la
denigración, el escarnio y las persecuciones, no puede hacernos incurrir en la
ilusión de que somos los predestinados poseedores del devenir. Nuestra
importancia es también nuestra responsabilidad, y si afirmamos ser uno de los
polos de la antítesis político-social contemporánea no lo es a título exclusivo,
sino como eje de un frente de la nacionalidad en lucha contra la explotación
interna e internacional. El recíente golpe militar confirma que nuestra posición
era correcta, pues significa un simple reajuste del régimen que desnuda sus
títulos violentos y cierra los falsos caminos que nos presentaba el conformismo
reformista.
La magnitud de la tarea, sus dificultades y peligros, convocan a la verdadera
unidad, que es la del combate por la libertad real de nuestra patria y de
nuestro hombre.
La calidad de revolucionario es la que sirve de base a esa solidaridad activa,
haciendo desaparecer las diferencias secundarias en que se entretienen los que
están alienados a la superestructura del intolerable orden burgués que nos
oprime.
Buenos Aires, octubre de 196
Imagen: Cooke fotografiado en una de las detenciones policiales

John
William Cooke y el Partido Justicialista
Apartado del libro "EL PENSAMIENTO
DE JOHN WILLIAM COOKE EN LAS CARTAS A PERÓN 1956-1966".
Por Aritz Recalde, noviembre de 2008 [Descargar el libro completo en pdf, nueva versión 2009]
(...) “Lo que antes insinué
tímidamente, debo afirmarlo ahora con toda mi responsabilidad: el Partido
Justicialista puede ser el camino para que la corrupción penetre en el Peronismo”
(...) “Ya esos hombre ensayaron el neoperonismo y la política de no violencia
con la libertadora, que a estos efectos era torpe” (...) “el triunfo de
esa tendencia nefasta es el mejor regalo que puede hacerse al gobierno”.
J. W. Cooke, 5 febrero de 1959 (Tomo II, P. 148).
Los Partidos políticos y como punto de partida, podemos decir que son agentes
de organización y de representación política. A lo largo de la historia
argentina y en una extrema síntesis, coexistieron dos tradiciones para pensar
la finalidad, la forma de organización y las tareas que ejercieron, ejercen
y que “deberían” implementar los Partidos. Por un lado, se ubica la tradición
demoliberal burguesa y por otra y vinculado a la figura de Yrigoyen, pero
y particularmente a la de Perón, transcurre la tradición del “Movimiento
Nacional” a la cual se va a referir Cooke a lo largo de las Cartas.
Los Partidos de la tradición demoliberal burguesa tienen una génesis en
el siglo XIX dado que son producto del afianzamiento del régimen liberal
aliado al mercado mundial. Estos Partidos institucionalizaron el orden político
de la oligarquía que es económicamente liberal, políticamente aristocrático,
socialmente desigual y culturalmente neocolonial y dependiente de Europa.
Dichos Partidos tuvieron en su origen y poseen actualmente, la finalidad
prioritaria de ser un mero “agente electoral” y actúan como medios de representación
en el “mercado político” estableciendo agendas de gobierno y canalizando
demandas del electorado. Dichos Partidos se plantean representar a “ciudadanos”
individuales que actúan en el mercado político y que son definidos de forma
similar al movimiento de los factores del libre mercado. En su mayoría,
poseen una identidad difusa que se modifica según el marco y el contexto
de la alianza electoral. Desarrollan una organización burocrática y profundamente
cerrada consolidando una cúpula profesionalizada con lógica propia en la
cual se toman las decisiones, que esta separada de los cuadros auxiliares
y los adherentes del Partido que se los convoca solo en períodos electorales.
El teatro de operaciones de estos Partidos son los gabinetes empresarios,
generalmente extranjeros, el Congreso y las instituciones del gobierno.
Su relación con la masa se opera a través de los medios de comunicación
de masas y/o la compra de aparatos y estructuras políticas preexistentes.
En tanto su condición de clase los liga a la oligarquía, el capital financiero
y a los grupos económicos extranjeros, sus programas de gobierno enfrentan
cualquier posibilidad de desarrollo industrial independiente del país. A
partir de aquí, que escinden la práctica política de la transformación social
y económica a la cual definen como propia del “mercado”.
En el reverso de este modelo de Partido demoliberal se ubica el Movimiento
Nacional producto del ingreso a las masas a la arena política en el siglo
XX. Juan Perón[1] se refirió a la muerte del demoliberalismo y al nacimiento
de nuevas formas políticas ya que:
(…) “la democracia de nuestro tiempo no puede ser estática, desarrollada
en grupos cerrados de dominadores por herencia o por fortuna, sino dinámica
y en expansión para dar cabida y sentido a las crecientes multitudes que
van igualando sus condiciones y posibilidades a las de los grupos privilegiados.
Esas masas ascendentes reclaman una democracia directa y expeditiva que
las viejas formas ya no pueden ofrecerles” (…) La historia del demoliberalismo
burgués es simple y casi reciente. Cuando hace vente años el Justicialismo
anunciaba desde la Argentina la “Hora de los Pueblos” y su doctrina, el
mundo demoliberal y el soviético, apoyados por el imperialismo capitalista,
lanzaban ya su ofensiva contra nosotros con la acusación de “antiliberalismo”,
“demagogia”, “nazifacismo”, etc. Sin embargo, ha pasado el tiempo y la evolución
paulatina e irremediable ha ido alejándonos cada día más de los supuestos
liberales que ya en la segunda mitad del siglo XIX comenzaron su fracaso,
que se acentuó decisivamente con el desarrollo económico del siglo XX y
se hizo efectivo e irreversible en la situación emergente de la Segunda
Guerra Mundial”
A
diferencia del Partido demoliberal el Movimiento puede ser un “agente electoral”
pero “no solo”, “ni necesariamente”, ese es su único objetivo. Por el contrario,
dentro del Movimiento existe una herramienta política electoral (en este
caso, denominada Partido Justicialista) y otro conjunto de ámbitos organizativos.
La trayectoria de Cooke luego del golpe del año 1955 se ejerció dentro del
Movimiento que estaba impedido de actuar políticamente a través del Partido
sin por eso, desaparecer el peronismo que excedió en su conformación ser
una mera herramienta electoral. El Movimiento y dada su composición de clase,
se plantea representar “colectivos” organizados y no individuos tal cual
lo hace la tradición demoliberal. La noción de ciudadanía típica de los
Partidos Demoliberales deja paso a la de “pueblo”[2], que involucra al conjunto
de las clases y actores de un país enfrentados al imperialismo y su socio
local, la oligarquía terrateniente o el capital financiero extranjero. Ya
vimos como Perón denominó a dicho conjunto de clases y actores capases de
alcanzar el desarrollo nacional y la industrialización, como Comunidad Organizada.
En el contexto de acción del Movimiento la política y la economía se fusionan
y la herramienta política es un medio de transformación económico y social.
Su condición revolucionario implica, obligatoriamente, la necesidad de organizar
al pueblo y es a partir de aquí, que el teatro de operaciones del Movimiento
es la nación en su conjunto:
a- se enseña la Teoría y se inculca la Doctrina[3] en las masas[4] y en
los cuadros políticos. Su práctica se desenvuelve en el marco del Estado
y las organizaciones libres del pueblo.
b- se organiza el Movimiento a partir de la acción en la totalidad de la
nación. Aparece dentro del Movimiento la rama sindical; una barrial; una
cultural; una juvenil; una femenina, las formaciones especiales; etc.
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El objetivo del Movimiento es alcanzar el desarrollo nacional y a partir
de aquí que es, objetivamente, antiimperialista ya que enfrenta la dependencia
estructural operada a partir del capital extranjero y sus socios internos.
La inexistencia de industrias, la dependencia tecnológica y científica y
el genocidio social del Tercer Mundo, reúne a diversos actores y clases
en un mismo proyecto. El Movimiento es además, antioligaquíco, ya que el
desarrollo nacional enfrenta a los poseedores de la riqueza social que en
las naciones periféricas está, mayoritariamente, en manos del extranjero
y sus aliados locales, la “oligarquía”. El proyecto de las minorías ligados
a la metrópoli en el plano económico es agro exportador y dependiente; en
el plano político es represivo y parasitario del Estado y actúa como la
garantía de los intereses foráneos y el infra desarrollo del país.
La tarea básica de un Partido demoliberal o un Movimiento Nacional y más
allá de una u otra tradición, consiste en articular una fuerza social de
manera mancomunada con el objetivo de desarrollar una disputa por la distribución
del poder político, económico y social. En este sentido, se puede sostener
que dichos entes son la manifestación política de la lucha de clases. En
ambos casos y generalmente luego de alcanzar nivel de desarrollo considerable
y sin mediar un golpe militar o acto similar, uno de los ámbitos de actuación
de los Partidos intenta ser el Sistema Institucional[5]. Una institución
es la cristalización jurídica de una relación de poder y el mencionado “Sistema
Institucional” y tal cual lo dice su nombre, es un conjunto de instituciones
y actores organizados y reglamentados jurídicamente a través de la acción
de “funcionarios de carrera” y de “cuadros políticos”. Estos últimos son
sujetos con capacidades de actuar en función de un proyecto político estratégico
y se formaron, históricamente, en los Partidos o Movimientos. Un Funcionario
de carrera es un sujeto con capacidades de gestión administrativa de los
proyectos y a diferencia de un Cuadro político, se forman en la Carrera
profesional[6]. En este contexto, la lucha contra la dependencia y el subdesarrollo
neocolonial se da a partir de la organización del Movimiento, que hace de
la nación una gran escuela en donde reclutar y educar a sus cuadros políticos
para encarar el control del Sistema Institucional y el enfrentamiento de
poder.
El Movimiento es un agente de
representación y de organización política que tiene una función electoral,
ya que del resultado de las elecciones depende la posibilidad o no, de ocupar
espacios en el sistema institucional. Su condición de ser un agente de representación
implica canalizar y expresar demandas del pueblo; determinar las agendas
de gobierno y dar continuidad la ideológica a los miembros del Movimiento.
En tanto tiene una función de organización de la fuerza social para disputar
el poder, se entiende que debe mantener la unidad del movimiento (organización
y solidaridad entre sus miembros); dar orientación ideológica y promover
la unidad doctrinaria a los Cuadros y la masa; y contribuir a que exista
una unidad de “concepción” (conocer la “doctrina” y la “teoría de la práctica”)
y de acción. El Movimiento se aboca a promover e implementar las vinculaciones
con otros Partidos y Estados con los cuales interactúa.
Dentro del Movimiento existe una estructura compuesta por “cuadros de conducción”
que desarrollan la estrategia; “cuadros auxiliares” que aplican la táctica
y ofician como intermediarios con los adherentes y la masa del pueblo cuya
finalidad es que este organizada y educada, elementos sin los cuales no
se puede conducir. En este contexto adquiere suma importancia estratégica
la formación de los cuadros políticos de conducción y auxiliares.
La historia de los Partidos políticos que acompañaron a Perón es relativamente
corta. El primero fue el Partido Laborista que como ya mencionamos, fue
fundado luego del 17 de octubre y disuelto tras la unidad de los partidos
de la revolución en el año 1946. El Partido único, luego Justicialista,
fue el instrumento electoral que dio el triunfo al gobierno en todas las
oportunidades en las cuales se presentó a las urnas. Elecciones mediante,
el peronismo más que un Partido, se caracterizó ante todo y desde sus orígenes,
como un Movimiento, conformado por distintas expresiones de la sociedad
argentina, a diferencia de la U.C.R. o de los partidos Socialista o Conservador,
que poseían una estructura partidaria clásica.
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El golpe de 1955 trajo nuevos
desafíos al Partido Justicialista, dada la imposibilidad de practicar las
elecciones y disputar el poder en las urnas, lo cual llevó a Cooke replantear
los métodos de la acción política. El Partido Justicialista con Perón en
el exilio y proscrito y desde la óptica de Cooke, no llegó nunca a ser el
elemento de conducción que la historia exigía. Por el contrario, Cooke se
refirió críticamente el comportamiento los cuadros políticos al mando del
Partido a los que acusó, en muchas ocasiones, de no resistir la acción de
los militares en 1955 y de pactar con diversos dirigentes de la oposición.
Las causas de esta práctica eran diversas. Cooke le mencionó a Perón en
varias oportunidades que la formación ideológica de los cuadros de conducción
era deficiente. Otra cuestión de suma importancia, tuvo que ver con los
métodos de lucha empleados por el Movimiento ante una dictadura que prohibió
las elecciones. En este contexto Cooke consideró que el Partido Justicialista
debería actualizar su organización para la resistencia o en su defecto,
no tenía razón de existir ya que y en sus palabras del 5 febrero de 1959
“no estoy exagerando en un ápice la importancia del Partido Justicialista.
Como no creo que nosotros podamos llegar al poder por un proceso democrático
y normal, no considero al Partido Justicialista como el medio de cumplir
los objetivos finales” (Tomo II, p 149). Según Cooke uno de los dramas centrales
del Partido tuvo que ver con que sus dirigentes tenían un punto de vista
meramente electoralista, a partir del cual se cerró la posibilidad de desarrollar
una política revolucionaria e insurreccional. No plantearse la vía insurreccional
bajo un sistema político que bloqueaba la alternativa electoral, hacía del
Partido una cáscara vacía sin una función concreta acorde a los desafíos
de la resistencia.
Siguiendo con las críticas y tal cual Cooke mencionó en la nota del epígrafe,
el Partido podía ser el camino para que “entre la corrupción” y se formulen
acuerdos con los adversarios de Perón y del Movimiento. Las incapacidades
y responsabilidades del Partido luego del año 1955 fueron mencionadas por
Cooke en Carta del 24 de julio de 1961 cuando estableció que “los que hemos
tenido la preocupación de meditar sobre las causas de nuestra caída del
gobierno, computado tanto los factores que en un momento dado fortalecieron
el frente cipayo como las fallas internas que entonces afloraron, hemos
atribuido la máxima importancia a una debilidad estructural que resultaba
de tener un líder revolucionario y una masa revolucionaria pero también
una capa burocrática -sindical, política y administrativa- que hacía de
aislante y no de mecanismo de transmisión, de freno y no de ejecutora de
una política revolucionaria. (...) Es allí, en esas posiciones ideológicas
absurdas y reaccionarias, donde está el mal y donde radica nuestra debilidad
(Tomo II, Pp. 181-182).
En este cuadro y pese a que Cooke fue interventor en el Partido luego de
junio del año 1955, su tarea se centró en la formación de los Comandos clandestinos
y de las organizaciones extra partidarias ya que y en sus palabras del 25
de junio de 1958 en el Partido “el proceso de desintegración no se detuvo
en ninguna estructura, y para la acción contra la tiranía hubo que valerse
de los Comandos, nuevas formaciones que nada tenían en común con las formaciones
políticas partidarias. (...) Por eso he luchado tanto por la incorporación
directa de los obreros a los cuadros dirigentes partidarios, para que ese
contacto no se debilite” (Tomo II, Pp. 78-79).
En la Carta del 3 de marzo del año 1962 Cooke estableció una diferencia
clara entre los miembros del Partido y los gremios y desde Cuba sostuvo
que “aquí estuvieron los gremialistas metalúrgicos (Vandor, Niembro, etc.).
Recorrieron, vieron las cosas y comprendieron. Cuando se hacía la conferencia
en Punta del Este, las 62 dieron una magnífica declaración. Los cuadros
políticos, como son conservadores y están mentalmente congelados en el año
1945, nos están abochornando en toda América” (Tomo II, P. 212).
Con posterioridad a la elección a la gobernación de Buenos Aires que culminó
con la caída de Frondizi, Cooke se refirió críticamente a los miembros del
Partido. En la Carta del 15 de junio del año 1962 y adelantándose varios
años a la futura organización de la izquierda peronista, estableció que
existía una contradicción entre la “tendencia revolucionaria del Movimiento”
y las “posturas reaccionarias” ya que los “cuadros intermedios que vienen
de la vieja burocracia, que sólo conciben la política en los marcos tradicionales,
ansiosos por congraciarse con los factores de poder y temiendo ser acusados
de peronistas” (Tomo II, P. 228).
Eduardo Gurucharri mencionó una de las últimas participaciones públicas
de Cooke, que no por casualidad, fue en el Plenario del Peronismo Revolucionario
del año 1968 que marcó un hito importante en la conformación de la “tendencia
revolucionaria” del peronismo. Dicha corriente política y tal cual mencionó
Cooke más arriba, iba a aparecer como una alternativa a las “conducciones
burocráticas” del Movimiento. En palabras de Gurucharri:
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(…) “la apreciación de Cooke
databa de 1964. Ahora era el momento y la gente del Bebe, Acción Revolucionaria
Peronista, también estaba de acuerdo”. (…) “Debe rechazarse toda ilusión
idealista de contar con las masas como acto reflejo por la sola presencia
de un grupo armado”, había insistido Rearte en el documento de convocatoria.
La idea, un tanto confusa aún, era crear una especie de partido de la izquierda
peronista, aunque esas palabras no se usaran. Una plataforma donde hubiera
lugar para representantes de las incipientes formaciones guerrilleras que
estaban organizándose, aunque todavía no actuaran públicamente, para los
sindicalistas de la CGTA y para las diversas agrupaciones políticas y del
ámbito de la juventud y el estudiantado, apoyada en una red de organizaciones
de base barriales y comandos fabriles” (…) “Roberto Sinigaglia, Jorge Gil
Solá, Raimundo Villaflor y Bruno Cambareri representaban ARP. El domingo
por la tarde, 19 de agosto de 1968, llegó Alicia Eguren acompañando al Bebe.
Gil Soria fue el primero en reaccionar. Se paró y empezó a aplaudir. Los
treinta o cuarenta reunidos lo siguieron. Un aplauso largo y un tanto asordinado
por las circunstancias de la reunión, saludó la que sería la última aparición
pública, si se puede calificar así la concurrencia a una asamblea clandestina,
de John William Cooke. Estaba gravemente enfermo y todos lo sabían”.[7]
Tal cual pronosticó Cooke y luego de su muerte, se desarrolló la “tendencia
revolucionaria” del peronismo que intentó desplazar a las “conducciones
burocráticas” del Movimiento. Lo que no pudo percibir Cooke fue el fuerte
enfrentamiento entre corrientes internas del Movimiento, Ezeiza y primero
de mayo incluido. Asimismo y cuestión importante, Cooke no percibió la dinámica
violenta y confrontativa que adquirió el debate de Montoneros o las FAP
con Perón y luego de casi dos décadas de lucha por su regreso. Cooke había
planteado y con razón, que el Partido Justicialista iba ser el instrumento
de penetración neocolonial, cuestión que finalmente se confirmó en los hechos.
Ahora bien y pese a eso y en el plano de la mera especulación, cuesta pensar
que Cooke pueda haber justificado el enfrentamiento directo de la Tendencia
con Perón y más allá de las provocaciones de la derecha peronista y el imperialismo
que fueron en ese sentido. Cooke y pese a que discutió con el líder, lo
reconoció como dirigente máximo del proyecto y como un legítimo conductor
de la liberación nacional al cual había que acompañar conjuntamente al pueblo.
[1] Perón Juan, “La Hora de los Pueblos”, Ed. Norte, Madrid, 1968. Pp. 14-15.
[2] Ernesto Laclau desarrolló un prolifero debate en relación a la noción
de “pueblo” y de “populismo”. En sus palabras, “el pueblo no constituye
una expresión ideológica, sino una relación real entre agentes sociales.
En otros términos, es una forma de constituir la unidad del grupo. No es,
obviamente, la única forma de hacerlo; hay otras lógicas que operan dentro
de lo social y que hacen posibles tipos de identidad diferentes de la populista”.
“La razón populista”, Ed. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2005.
Pp. 97-98.
[3] (…) “Las doctrinas son, generalmente, exposiciones sintéticas de grandes
líneas de orientación, y representan, en sí y en su propia síntesis, solamente
el enunciado de innumerable problemas; pero la solución de esos problemas,
realizada por el examen analítico de los mismos, no puede formar cuerpo
en esa doctrina sin que constituya toda una teoría de la doctrina misma,
así como también de ese análisis surgen las formas de ejecución de esa doctrina
y de esa teoría. Una doctrina sin teoría resulta incompleta; pero una doctrina
y una teoría sin las formas de realizarlas, resultan inútiles”; (…) “las
doctrinas no son eternas sino en sus grandes principios, pero es necesario
ir adaptándolas a los tiempos, el progreso y a las necesidades” (…) “lo
importante en las doctrinas es inculcarlas, vale decir, que no es suficiente
conocer la doctrina: lo fundamental es sentirla, y lo más importante es
amarla” (…) “La Teoría es solamente la interpretación inteligente de la
doctrina y la forma de ejecutarla es ya la acción mecánica en el empleo
del esfuerzo llevarla a cabo” Juan Perón, “Conducción política”. Ed. Secretaria
de la Presidencia de la Nación, Buenos Aires, 1974. Pp. 5-9.
[4] (…) “En esto, como en todo lo demás, se comienza a construir desde abajo
y nunca desde arriba. Es inútil dar a una masa inorgánica y anárquica un
conductor. Lo van a colgar. Primero hay que formar esa masa” (…) “Esto es
simple: un conductor, por genial que fuese, no podría llegar a cada uno
de los millones de hombres que conduce. Hay una cosa que debe marchar sola;
es decir la doctrina, que pone a todo el mundo “a patear el mismo arco”.
Luego está la organización, que le da unidad en la ejecución de las cosas”.
Perón Juan, “Conducción política” (1974). P. 35.
[5] (…) “Cuando observamos el sistema institucional, lo común es ver al:
gobierno y sus ministerios, con sus funcionarios y cuadros políticos; el
Parlamento y sus comisiones, con sus cuadros políticos y asesores de partido
político; los Partidos Políticos con sus cuadros políticos y militantes.
En síntesis, observamos, al ejecutivo del gobierno como coordinador de una
constelación de cuadros políticos y funcionarios organizados en ministerios,
Secretarias subsecretarias y jefatura de gabinete. También al parlamento
en su juego de presiones, regateos y acuerdos entre partidos políticos;
oficialista y oposición”. Walter Formento “El Sistema Institucional Político
de Dominación” (Conducción, Liderazgo, Represión). Ed. Centro de Investigación
en Política y Economía (CIEPE), Buenos Aires 1998.
[6] Walter Formento (1998) “El Sistema Institucional”.
[7] Gurrucharri Eduardo, “Un militar entre obreros y guerrilleros” (2001).
Pp. 245-247.
Fuente: www.sociologia-tercermundo.blogspot.com

John
William Cooke
Vida y reflejos
Por Floreal A. Ferrara
John William Cooke: peronista,
radical y socialista. Puro patria y pueblo. Diputado por el peronismo entre
1946 y 1952, siempre crítico y siempre patriota. El 16 de junio apareció
en la plaza de Mayo con la 45 listo a morir por la Patria.
Participó en la resistencia, siempre fiel a Perón y fue preso por eso. El
general Perón lo reconoció como el único dirigente político 100% leal. Articuló
las relaciones del peronismo con los movimientos revolucionarios de todo
el 3er mundo y con Cuba. Murió antes de ver los fuegos de 1969-73, en 1968,
mientras caían los guerrilleros de Taco Ralo. [www.pensamientonacional.com.ar]
Vayamos por partes. El Bebe,
el gordo Cooke, el John William, era platense, de la calle 50 entre 4 y
5. Lo era desde el 14 de noviembre de 1919.
Devorador de literatura, gran jugador de pocker, no de naipes, que asimila
con juegos de tono español y cuando más de truco criollo, pleno de picardía
y de astucia: no; el Bebe era gran jugador de pocker, digno de fullerías
y caballerosidades, solo compatibles con florilegios de un señorito inglés,
que puede defender su partida en simples gestos de coraje silencioso, o
de desplantes belicosos, si alguien transgrede las reglas elementales del
fair play un simple caballero inglés, en la arrogancia íntima de una carta
- al todo o nada, en el simple pase a barajas, porque la partida, no da
para más...!
Pero ese jugador de etiqueta sajona, bailaba el tango - como ninguno, y
si el entrevero daba para más, cada corte o quebrada podía abrir el íntimo
- chamuyo de un varón, para la mina que había caído en su mirada...
Bailarín y chamuyador, hombre de pocker y de silencios..., siempre arropaba
una frase de la gran literatura, como sobrando al acontecimiento, ese que
como piensa Badiou, el Alain Badiou de la filosofía francesa que él no alcanzó
a conocer, la búsqueda real de la filosofía se condiciona por los procedimientos
de tal verdad que están en - la ciencia; el arte (el poema), la política
y la verdad amorosa.
A mi se me da, que el Bebe, le chamuyó al francés, desde el otro mundo,
este recorrido inmenso del nombre de la verdad, poniendo a su servicio,
esa subjetividad interminable, que blandió en cada uno de esos procedimientos...
Con ellos, con esos procedimientos, construyó su huella antioligárquica,
recorrida sin pausas, sin pedir disculpas, ni piedad, ni permiso, en la
edificación como nadie por la liberación nacional.
Así junto a Avelino Fernández y a Sebastían Borro, estará identificado contra
la ignominiosa entrega al extranjero de nuestro patrimonio y levantando
esa calificación inmejorable del peronismo como el hecho maldito de la política
burguesa argentina.
Si de platense se trata y en épocas lejanas, debemos advertir su paso por
la Unión Universitaria Intransigente, allí, con Juan Cornejo y con Rene
S. Orsi, el filoso y fiero polemista e historiador de la patria en rebelión
para presagiar su independencia, creció su militancia política, aún en situación
ambigua. El hombre, Orsi, que revivió en sus páginas las epopeyas de Dorrego,
Alem, Jauretche y Scalabrini, como la de San Martín y Artigas tal vez señalando
una huella que el Bebe también recorrerá.
Pero hay otra influencia, es la de Cesar Marcos, el autodidacta que se pegará
a los libros que le permiten atender a nuestro revisionismo histórico.
|
|
Cesar anuda con el Bebe esa
amistad intensa que endereza la literatura, la historia, la pasión nacional
y los fasos y los tragos. Y llegará el 17 de octubre y el Bebe, con los
obreros en la Plaza de Mayo, despega sin demoras y ahora sin dudas, un trajinar
antiimperialista y popular.
Después llegará la diputación el 24 de febrero. El Bebe será diputado y
el peronismo le impondrá a la burguesía, su tormenta con ráfagas de ciclón;
los delegados de fábrica, los convenios colectivos, precios máximos, aportes
jubilatorios, pleno empleo, salarios en aumento, aguinaldo, justa y digna
legislación laboral; salud pública con la revolución de la capacidad instalada,
de Carrillo y la vigencia nítida de los trabajadores en el poder político...
allí está el Bebe, siempre con el consejo y el aliento de Cesar Marcos,
ahora su secretario y siempre su amigo.
Juntos elaboraban y defendían ese planteo que los diarios de la oligarquía
calificaban como el ritornello antiimperialista...
Entonces llegará con la caída del peronismo, la resistencia, la clandestinidad,
la prisión, y detrás de esa resistencia, se agranda la figura del Bebe como
el hombre de mayor confianza del Perón exiliado.
Recordemos a la lucha en el Frigorífico Lisandro de la Torre; fue un 17
de enero de 1959. Sebastián Borro encabeza la rebelión. Hasta Vandor, no
buen amigo de Sebastián, acepta en llamar a la Huelga General. El propio
Sebastián señala que Cooke no organizó la huelga, pero se solidarizó de
inmediato con los trabajadores.
Allí, en su proclama dice:
No sabemos si este movimiento es subversivo, eso es una cuestión de terminología
y en los países coloniales son las oligarquías las que manejan el diccionario.
La Huelga se profundiza Frondizi el presidente convoca a los dirigentes
gremiales para dialogar. Van Sebastián, Avelino Fernández, Jorge Di Pascuale
y algún otro.
Borro le dice al Presidente, mientras Ud. vaya a los EE.UU a entregar nuestro
patrimonio, nosotros le vamos a parar el país...
Mire, mocito le dice Frondizi, yo no voy a aceptar sus intimidaciones...
y los dirigentes se retiran y comienza la represión, con el Ejército y la
gendarmería; con tanques, embisten los portones, los derriban y el ejército,
con gases y balas toman el Frigorífico.
El pueblo sale a la calle. Mataderos es una cerrada resistencia popular...
Cooke logra pasar al Uruguay... acusado de subversivo...!
Llegará abril del 60 y Cooke
invitado por la Revolución va a Cuba... Lo confunden a su llegada y lo detienen,
allí llega el Che y Cooke puede asistir a la reunión a la que fue invitado.
En Cuba, su militancia lo lleva a defender la revolución, hasta con las
armas, frente a la invasión de la Bahía de los Cochinos.
Siempre creyó que:
• El peronismo es el hecho maldito del país burgués y que aunque se trate
de un movimiento policlasista es la clase trabajadora la que lo debe conducir.
• El hecho maldito del país burgués; en términos de hoy:
• El hecho antagónico de la burguesía...
Ha terminado la relación dialéctica, para convertirse en una certera relación
antagónica....; entonces será revolucionaria, o no será... Casi como los
ecos vivos de Eva Perón proclamando el estado revolucionario del peronismo.
[Floreal A. Ferrara, militante social y político que fuera Ministro de Salud
de Oscar Bidegain y de Antonio Cafiero en la Pcia. de Bs. As., es un destacado
medico y sanitarista, discípulo del Dr. Ramón Carrilllo, primer Ministro
de Salud de nuestro país.]
florestanrodriguez@ciudad.com.ar | www.elortiba.org

Carta
al compañero Alhaja, comandante Uturunco
Nota relacionada:
Uturuncos
Querido compañero Alhaja (*)
Con gran emoción humana y revolucionaria recibimos su carta del 23 de junio.
También, por intermedio de un argentino que estuvo preso en el penal de
Viedma tuvimos noticias de Mena y Oliva. En todo este tiempo no ha pasado
por acá un compatriota identificado con Cuba y que entienda el problema
argentino al cual no le hayamos pedido que no se movilizara por ellos. Les
escribimos inclusive por intermedio de abogados de confianza para que se
comunicaran con ellos. Por fin ahora, por intermedio del camarada P., que
es quien estuvo con ellos, tenemos noticias directas de ambos y de Olga[1],
de quien sabemos que está bien, que no la molestan, y que tiene un chiquito
que sin duda saldrá un revolucionario de primer orden, nacido de esos padres,
y en estos tiempos. Para ella y para el chiquito, así como para todos los
heroicos compañeros que hoy sufren cárcel y persecución por plantear por
primera vez una forma definitivamente revolucionaria de lucha en el país,
nuestro más entrañable afecto y nuestro constante recuerdo.
Alhaja, si quizás usted estuvo con un compañero abogado del Partido Socialista
Argentino, abogado, defensor de presos, el compañero Elías Semán, que anduvo
por acá un tiempo largo, sabrá cuales fueron los inconvenientes insalvables
entonces, por lo menos para nosotros, para que usted y otros compañeros
pudieran venir acá. Puede usted buscarlo y hablar con él.
Muchos los llamaron, sin duda alguna "aventureros". Yo quisiera saber qué
hicieron en concreto los que eso dicen. En la lucha revolucionaria siempre
es igual. El que triunfa es un héroe nacional; el derrotado es un provocador.
La historia, por lo demás, la escriben los triunfadores. Si Lenin no hubiera
tomado el poder en Octubre hubiera quedado como un espía alemán. Si Fidel
no hubiese triunfado en Sierra Maestra, dirían de él hoy que fue un loquito,
niño bien, que desató la represión contra el movimiento obrero. Eso no quiere
decir, como usted bien expresa, que no haya que sacar conclusiones y experiencia.
Si el núcleo inicial se hubiera podido consolidar, quizás otra sería la
situación del país hoy, aunque la lucha no hubiera concluido y aun cuando
después de un tiempo los hubieran aniquilado. Ustedes intentaron ser "el
motor pequeño que pusiera en movimiento, que desencadenara, que largara
a andar al grande", para decirlo con palabras de Fidel al referirse a ellos
mismos al embarcarse en el Granma. Es indudable, sin embargo, que un núcleo
inicial, por pequeño que sea, debe tener disciplina militar rígida, una
dirección política UNICA e indiscutida, una organización vertical sin vacilaciones.
Y usted recuerda que no fue así. Cada vivo quería la paternidad, cada sector
la dirección política, y eso se aceptó a pesar de que, a ojos vista, era
un error grave. Pero no es el momento de estar echando nada en cara, porque
lo importante, lo fundamental, es que la experiencia fue válida y también
fue heroica, y ojalá todos los doctores en revolución del país tuvieran
la mitad del espíritu heroico, de la resolución, de la clara visión en cuanto
a la concepción del problema, que ustedes tuvieron.
El hecho de tener que moverse dentro -principalmente- de un movimiento inmenso
pero inorgánico, en el cual muy pocos dirigentes tenían o tienen una visión
más o menos claras de las cosas, y sí ambiciones suicidas en cantidades
agobiadoras, hizo todo muy difícil por no decir intransitable.
Por lo que usted me dice, comprendo que están formando cuadros y dando instrucción
tanto doctrinaria como específicamente militar. Eso es lo que corresponde,
a mi entender. La difusión de la Revolución Cubana, no su aprovechamiento,
ayudará enormemente a crear en el país, sobre todo en grupos juveniles,
la idea de cuál es la salida, cualesquiera sean las combinaciones electorales
actuales, combinaciones que nada lograrán.
Mi comunicación con ustedes ha sido hasta ahora imposible. Por primera vez,
por intermedio de Tristán[2], recibo una carta suya. En una oportunidad
Alicia[3] les envió a Montevideo una carta de 40 carillas explicándoles
este proceso hasta fines del año pasado. No se si usted alcanzó a leerla.
Desde entonces a ahora el proceso se profundizó inmensamente, y las circunstancias
mundiales se han tornado incalculablemente favorables.
|
|
Los americanos no pueden voltear
una revolución socialista a 90 millas de sus costas. Quiere decir mucho,
como casi lo más importante para nosotros. Los países socialistas no abandonan
sino que se juegan en la defensa de los movimientos de liberación en América
Latina. Quiere decir algo tan importante como lo anterior. Las juventudes
de todos los partidos, y fuertes sectores aun de los partidos tradicionales
comienzan a tener la clara visión de que el ajedrez electoral no resuelve
nada, y que tampoco nada se puede resolver en el país si las masas peronistas
no se movilizan revolucionariamente. El mundo del ‘61 no es el del ‘55,
ni siquiera el del ‘59. Saltando el cerco doméstico de las pequeñas cosas
que todo lo nublan, el panorama de todas partes se aclara rápidamente y
positivamente en el sentido de las revoluciones populares. ¿Qué hacer entonces?
Pues construir la vanguardia de la revolución para realizar la insurrección
popular, por un método, por otro, o por varios combinados. Pero lo fundamental
es tener cuadros, y muchos cuadros, porque en la lucha se necesitará mucha
gente y segura, y disciplinada, y con experiencia, que es lo que todos vamos
adquiriendo. No hay que tener temor de decirle las verdades al pueblo, y
debemos destruir el terrorismo ideológico que pretenden imponernos nuestros
enemigos, así como la pasividad y el pacifismo de nuestros aliados en la
lucha contra el imperialismo. Pacifismo puramente local, por otro lado,
porque esa no es la línea en otros países, y eso poco tiene que ver con
el marxismo leninismo. No hay que tropezar con ninguno de esos dos muros,
y no hacer concesiones, sino tácticas. Cuando se tiene un estado mayor,
es decir cuadros esclarecidos y disciplinados, y una línea estratégica clara,
se pueden y se deben hacer todas las concesiones tácticas necesarias.
Mi querido compañero, mi querido hermano, permítame que así lo llame porque
así lo siento, así lo sentimos a usted y a todos ustedes, porque el primer
sentimiento que debe unir a los compañeros revolucionarios es una fraternidad
profunda y más honda que cualquier otro sentimiento afectivo; la revolución
social, es decir, la revolución socialista, avanza rápidamente en el Continente
a partir de Cuba. La diferencia está en si la hace esta generación o llega
aburridamente en una vuelta del cohete de Gagarin o de Titov. De cualquier
manera llegará.
Pero nosotros la queremos en esta generación, y peleada con sangre criolla.
Intentaré nuevamente el viaje de ustedes. Por lo menos de usted y de algún
otro compañero que usted indique. Esta es, sería para todos ustedes una
experiencia demasiado preciosa, demasiado inmensa como para que nos resignemos
a que no la realicen. Aquí aprenderán en muy poco tiempo lo que durante
años no podrán aprender allá ni en ninguna parte, me atrevo a decir, porque
esta es la revolución social en español, el socialismo en Latinoamérica
y surgido de la tierra, con un vigor, con un sentido heroico, con un feroz
sentimiento nacional como pocas veces se ha dado en el mundo. No quiero
prometer cosas que no dependen de mí. No le puedo decir: prepárense para
venir a Cuba porque no tengo la absoluta certeza de conseguirlo. Pero de
todos modos le digo que usted, y dos o tres de los mejores muchachos consigan
pasaporte, con el nombre que sea, que se estén en contacto con Tristán,
que intentaremos nuevamente. Si tuvieran que comunicarse con nosotros, pueden
hacerlo a nombre de: PRIMON DEL CASTILLO. NEPTUNO 973. LA HABANA. CUBA/
La carta debe ser despachada de Montevideo. Tan pronto como tengan los nombres
de los pasaportes, háganlo, por favor.
Le envío un trabajo, aunque primera redacción, que es útil que lo lean,
comenten y difundan. Es un programa para el movimiento. Es importante que
lo hagan conocer, porque clarificar el nivel ideológico del pueblo es fundamental
para toda nuestra lucha. Si el pueblo no entiende, cuando llegue el momento
de cualquier forma de lucha, o bien no la hará, o más adelante se presentarán
inconvenientes insalvables. También le envío colecciones de OBRA REVOLUCIONARIA.
No son discursos políticos. Cada discurso (deben ser leídos en orden) es
una explicación, un desarrollo, un anuncio de una ley revolucionaria. Siguiéndolos,
pueden ustedes estudiar analíticamente este proceso que será el de toda
nuestra América, ya que toda revolución, a esta altura del proceso, es socialista.
Estoy terminando otro trabajo que se llamará: CUBA, INFORME A LAS BASES
PERONISTAS. También se lo haré llegar.
Hágame saber si recibió esta carta, y le seguiré escribiendo. Tengo la esperanza
de tenerlos pronto por acá. Un abrazo muy afectuoso de Alicia y de
[John W. Cooke]
(*) Alhaja: Genaro Carabajal, uno de los comandantes
Uturuncos.
[1]Hermana de "Alhaja" y esposa de Mena.
[2]Se trata de Héctor Tristán, llamado el "Worker" o el "workman" por su
condición de obrero metalúrgico. Fue un hombre muy cercano a Cooke sobre
todo en el período que va de 1955 a 1960. Falleció en Buenos Aires en el
año 1994.
[3]Se trata de Alicia Eguren, esposa de John William Cooke y militante de
la tendencia de izquierda del peronismo. Está desaparecida desde el año
1977.

Universidad
y Movimiento de Liberación Nacional desde la óptica de John William Cooke
Por ARITZ E ICIAR RECALDE
[De: Universidad y Liberación Nacional. Un estudio de
la Universidad de Buenos Aires durante las tres gestiones peronistas: 1946-1952,
1952-1955 y 1973-1975. Puede descargar el libro
completo desde Mediafire, pdf 3,70 MB]
En este apartado intentaremos reflexionar sobre ciertos ejes temáticos del proceso político inaugurado en 1955 y la manera en que se transformó abruptamente la vinculación entre la universidad y el peronismo proscripto. En este marco, será primordial analizar la forma en que se operaron las grandes mutaciones en el ámbito de la universidad y demás esferas de participación de la clase media. Optamos por presentar el pensamiento de Cooke como eje vector de este apartado y no el de otro autor, por su capacidad de desarrollo de un bagaje conceptual que nos permitirá identificar varios de los debates centrales del período en relación al rol de la juventud dentro del peronismo y su lugar en las luchas de liberación nacional. En este sentido, deberíamos aclarar que Cooke no será el intelectual más representativo de los estudiantes y docentes de la UBA durante las décadas de 1960 y 1970, entre otras cuestiones, por su pronta muerte en 1968 y además, por el hecho de que su ámbito de influencia y sus actividades concretas, pocas veces estuvieron circunscriptas a la universidad. Por el contrario, Cooke será fundamentalmente un referente de la militancia partidaria y sindical más que un armador político en la universidad.74 Otros intelectuales como Ortega Peña, Juan José Hernández Arregui, Arturo Jauretche, Abelardo Ramos, Roberto Carri, Silvio Frondizi y Rodolfo Puiggrós, entre otros, serán claros referentes de los estudiantes universitarios e incluso, varios de ellos se desempeñarán como docentes y funcionarios de las casas de altos estudios.
Tras el golpe de 1955, el programa
de la universidad de 1946 fue barrido conjuntamente con la Constitución
Nacional y con muchas de las instituciones del peronismo75, proscripto hasta
el año 1973. En este esquema político, las prácticas y los desafíos del
movimiento popular serán otras y la universidad se verá profundamente transformada.
En este contexto, se inscribirá el pensamiento y la práctica de John William
Cooke, en torno al cual no ahondaremos en cuestiones biográficas ya que
éstas han sido trabajadas pormenorizadamente en otro texto.76 Hecha esta
salvedad, tengamos en cuenta que este apartado se ocupará únicamente de
algunos debates de la década de 1960 que nos permitirán tener una idea más
clara del proceso que experimentó la militancia estudiantil y el cuerpo
docente, durante las décadas de 1960-1970 y particularmente, en el año 1973.
Estos planteos, no exentos de contradicciones y conflictos, se irán definiendo
y consolidando en un programa político y en una institución universitaria
con un perfil determinado que plasmará en la ley Nº 20.654: Ley Orgánica
de las Universidades Nacionales, producto de la sustitución de la Ley Nº
17.245, que será sancionada el 14 de marzo de 1974 y promulgada el 25 de
marzo de 1974. Presentaremos, entonces, algunas ideas que aparecen en el
período histórico que transcurre entre las décadas que van de 1940 tratadas
en el apartado anterior-, la política nacional y las transformaciones producidas
en la UBA y en la clase media en general entre 1955 y 1970. Junto a las
formulaciones de Cooke abordaremos un conjunto de tópicos que nos permitirán
entender la estructura del Movimiento de Liberación Nacional en su paso
de la década de 1940 a la de 1970.
Gráficamente intentaremos: -Aproximarnos a un conjunto de conceptualizaciones
del Movimiento Peronista durante el período comprendido entre 1955-1970.
-Establecer algunas características acerca de la relación entre la universidad
y el peronismo con posterioridad al golpe de 1955.
-Abordar algunos lineamientos conceptuales generales acerca de los esquemas
ideológicos de la década de 1960, que con distintos matices, van a ser representativos
del debate en la universidad durante la gestión Cámpora.
Con respecto al pensamiento de John William Cooke, nos centraremos en un
texto denominado "Universidad y país"77, trascripción de una conferencia
dictada en Córdoba, el 4 de diciembre de 1964, en la cual el autor reflexiona
en torno a la universidad nacional en su vinculación con el peronismo.
1-BREVE BIOGRAFÍA DE J. W. COOKE John William Cooke, ciudadano argentino,
nació en el año 1919. Fue diputado durante el primer gobierno peronista
(1946-1952). En el año 1955, Perón lo nombrará interventor del Partido Justicialista
en Capital Federal tras el bombardeo e intento golpista protagonizado por
un grupo de militares y civiles enemigos del modelo nacional, industrial
y popular del peronismo. Con posterioridad al golpe militar, Cooke caerá
preso y tras su fuga de la cárcel de Río Gallegos en 1957, será uno de los
principales organizadores de la Resistencia Peronista y jefe de la "División
de Operaciones del Comando Superior", centro de mando para la coordinación
y el desarrollo de la reconstrucción del peronismo para el regreso al poder.
Un par de meses antes y corriendo el año 1956, Perón lo nombrará su primer
representante en Argentina y único heredero en caso de su fallecimiento,
cargo que ocupará hasta el año 1959, cuando será sustituido por el "Consejo
Supervisor y Coordinador del peronismo" con dirigentes más cercanos a lo
que Cooke establecía como la línea "burocrática" del peronismo. Ese mismo
año participará en la fracasada formación de la Huelga general Insurreccional
del frigorífico Lisandro de La Torre. Destituido de su cargo y ya corriendo
el año 1960, viajará a Cuba en donde será miliciano a favor de la revolución
castrista en la isla con el desembarco en Bahía de los Cochinos. En el año
1962 estará cercano a las figuras de Ernesto Guevara y de Masetti, protagonistas
de un proyecto de desarrollo de la lucha insurreccional en Latinoamérica,
que será truncado por la muerte de Guevara en Bolivia y de Masetti en el
norte argentino. Participará además, en la formación de la Acción Revolucionaria
Peronista (ARP) que oficiará como unos de los primeros esbozos de desarrollo
de la lucha armada en Argentina para lograr el regreso de Perón a nuestro
país. Antes de analizar el pensamiento de Cooke en torno a la problemática
que nos interesa, haremos un breve recorrido histórico en torno a la universidad
posterior al golpe de 1955.
NOTAS
74 Ver apartado sobre las organizaciones estudiantiles peronistas.
75 Por ejemplo, la eliminación de los sectores nacionalistas de las FFAA
sería uno de los principales objetivos de la estrategia norteamericana para
el Cono Sur. Los militares golpistas pos 1955 cumplirían este mandato augurando
la tragedia que conducirían en el año 1976. Para terminar con la institución
militar nacionalista e industrialista los EEUU otorgarían material pedagógico
a las academias militares argentinas y en el año 1956 invitarían a una promoción
del Colegio Militar a realizar un curso de formación. Estas actividades
se irían incrementando hasta inculcar entre los mandos militares las nociones
de "lucha antisubversiva y contrainsurgencia" practicadas por los militares
en Indochina. Datos de Chávez y otros (1993), pp. 129-130.
76 Recalde (2006).
77 Todas las citas de Cooke que no especifiquen otra referencia serán referenciadas
como Cooke (1964).
Extractadas de Baschetti Roberto (Compilador), Documentos de la Resistencia
Peronista 1955-1970, Puntosur, Buenos Aires, 1988.
www.elortiba.org

Prólogo
de Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde a "Apuntes para la militancia"
[1973]
El libro que prologamos tuvo
un origen bien concreto: la tentativa de acercar a las bases del movimiento,
es decir a la clase trabajadora peronista, una visión histórico - política
comprensible. Se trata de apuntes revolucionariamente didácticos, escritos
con alto sentido crítico, en tanto Cooke insistía en la necesidad del auto-conocimiento
permanente del Movimiento Nacional Peronista.
(...) La burocracia que "rectifica los aciertos y reincide en los errores",
apunta a que la burocracia puede a los sumo en la mejor de las hipótesis,
es un cándido milagrerismo. La burocracia no es para Cooke un conjunto de
hombres más o menos malos o ineficaces. Se trata en cambio, en lo interno
del Movimiento, de una conducción sin política de fines, o aún más concretamente,
un sistema de conducción de Movimiento que carece de una política de Poder.
Cooke tiene en claro que el peronismo tiene origen en el reconocimiento
de que el propio peronismo es un encuadramiento de las fuerzas populares
vertebrado en torno a la clase trabajadora.
Es exacto que desde 1955 el país sufre un "despotismo clasista" y que la
presencia del peronismo impedía que las clases dominantes gocen tranquilamente
de sus privilegios usurpados. Pero no es menos exacto que a esa violencia
del régimen, que está en la lógica de las cosas y que nos confirma como
su antítesis, el Peronismo se limita a jaquearla pero no la suplanta revolucionariamente.
Cooke busca en la historia argentina los orígenes del Peronismo. Desde ya
participaba de una concepción revisionista de la historia en tanto recuperación
de una concepción nacional antioligárquica. Va a insistir en la demostración
de cómo movimientos nacionales antecesores del Peronismo: el federalismo
de Rosas, la montoneras de Chacho Peñalosa, Felipe Varela y López Jordán;
y el radicalismo de Yrigoyen fueron derrotados en la lucha librada en la
estructura semicolonial de la Argentina. Es decir, la historia como experiencia
imposible para el político, y la analogía sirviendo de instrumento de concientización
de las masas, posibilitando una nueva estrategia de poder que no repita
los errores histórico-políticos allí analizados.
John Cooke no rehuye desde ya, sino que asume, un análisis clasista del
Peronismo, del cual surge que éste es el hombre político del proletariado,
en la semicolonia que es la Argentina.
La nueva situación
El paso de una ideología de protesta a una teoría revolucionaria forma
parte de la lógica necesaria de la lucha de liberación, es uno de sus momentos
básicos. En primer lugar es necesario desarticular la supuesta racionalidad
que bajo la apariencia de cientificismo, encubre la "cultura" de dominación
del Sistema.
Es cierto, sin embargo, que hasta ahora existe:
a) Una inadecuación entre el papel objetivo del peronismo y su supuesta
ideología-doctrina.
b) La ausencia de una teoría revolucionaria del peronismo coherente y adecuada
para la toma del poder.
c) Un desarrollo de la programación de un socialismo nacional.
Cooke
y la teoría revolucionaria peronista
En la formación de Cooke señala: "Todo planteo para la lucha a partir del
conocimiento de nuestra situación de país semicolonial, integrante de un
continente semicolonial". Por ello "cualquier política de liberación debe
ser, ante todo, antiimperialista". "La oligarquía nativa es un subproducto
que solamente será eliminado cuando se liquide la influencia del imperialismo.
La lucha entonces, es de liberación nacional, para liberar al país y alcanzar
el triunfo definitivo".
"El nacionalismo sólo es posible como una política antiimperialista consecuente".
Cumplida la regla primordial de identificación del enemigo, Cooke analiza
la naturaleza de la guerra librada por el peronismo. "Si es una guerra librada
contra el régimen, no podemos contar con los que combaten "dentro" del régimen.
Combatimos contra el sistema y no contra una de sus variantes. Cooke remarca
la existencia de rebeldías toleradas dentro del Sistema como una categoría
propia del Sistema (nota: las marchas en reclamo de planes de asistencia
social podría encuadrárselas dentro de esta categoría).
"Un clima de rebeldías individuales puede durar indefinidamente. Solamente
cuando la rebeldía está coordinada y encausada en un movimiento de liberación,
adquiere la eficacia necesaria para luchar con éxito".
"No hay liberación sin el peronismo -explica Cooke- pero el peronismo solo
no puede hacer la liberación".
Afirma:
Que se necesita una movilización popular muy vasta
La orientación por un programa, inflexible en el mantenimiento de ciertos
principios fundamentales.
Suficientemente amplio como para superar las particularidades ideológicas
de los sectores que coinciden.
Los partidos políticos tradicionales no forman parte del Frente de Liberación
por la sencilla razón de que están en la trinchera enemiga. No desean terminar
con la opresión sino cambiar la mentalidad de los oprimidos.
Autoconciencia y revolución peronista
Marca como puntos de una teoría revolucionaria
peronista:
Sobre el voluntarismo y las masas: "Movimiento de masas en que la salida
revolucionaria sea la consecuencia lógica y la dirección revolucionaria
se convierta en la única posible".
La verdadera disyuntiva es entre una política reformista y una política
revolucionaria. Entre una política de grupos y una política de masas. Una
política revolucionaria equivale a unidad de teoría, metodología organizativa
y de lucha. Por ello lo que hay que cambiar no es el equipo burocrático
de turno: hay que cambiar los métodos (nota: cuestión imposible con alianzas
con los partidos tradicionales, hoy también el PJ)
Hasta que la revolución no triunfe, sólo podemos esperar triunfos tácticos.
"Toda revolución es el final de un proceso, y hasta que se cumpla ese proceso,
solamente se anotan parciales.
"¿Quién ha dicho que porque el peronismo tenga una composición social policlasista
su ideología es también policlasista? El clasismo aparece de ese modo como
una tentativa ideológica de desmembrar el movimiento nacional, de aislar
a la clase trabajadora en nombre de un ideologismo puro".
La ideología revolucionaria es la única que dará soluciones, no solamente
para la clase trabajadora sino también para los sectores de nuestra burguesía
que tienen una función constructiva que desempeñar en las etapas de transición
hacia nuevas formas de organización de la sociedad. "No hay política nacionalista
sino bajo la conducción de la clase trabajadora, que movilice la voluntad
nacional tras la empresa revolucionaria de cambiar el orden social existente
y asegurar sus bases mediante el desarrollo independiente, hasta desplazar
del poder a las clases dominantes, la toma del poder por los trabajadores
y la construcción nueva.
El peronismo: hecho maldito de la política burguesa
"El sistema capitalista en la Argentina está decrépito sin haber pasado
por la lozanía. Bajo el liderazgo de Perón, a partir de 1945 el país realizó
su proceso democrático burgués, como imposición de un frente antiimperialista
cuya base de apoyo estaba en la clase trabajadora y sectores de la clase
media y sector nacionalista del ejército".
"Al cerrarse las condiciones de prosperidad de post guerra, se agudiza la
lucha de clases. Las contradicciones se dan también internamente en el seno
del peronismo. El frente original amalgama fuerzas diversas, se transformó
en causa de debilidad" (nota: estas tensiones internas elevó estos choques
de baja confrontación a la más alta en los años ’70).
¿Qué es el peronismo? "Fue -define Cooke- el más alto nivel de conciencia
al que llegó la clase trabajadora argentina. La definición aparece reformulada
en un conocido reportaje a las FAR: ‘Nosotros no nos integramos al peronismo,
el peronismo no es un club o un partido burgués al que uno puede afiliarse,
el peronismo es fundamentalmente una experiencia de nuestro pueblo y lo
que nosotros hacemos ahora es descubrir que siempre habíamos estado integrados
a ella, en el sentido que está integrado a la experiencia de su pueblo todo
hombre que se identifica con los intereses de los más’
La superación del peronismo
"El ejército revolucionario está nucleado tras sus banderas y el peronismo
no desaparecerá por sustitución sino mediante superación dialéctica, es
decir, no negándoselo sino integrándolo en una síntesis".
Pero el problema aquí aparece, aunque correctamente solo apuntado: "El peronismo
jaquea al régimen...pero sólo con métodos revolucionarios podrá suplantarlos".
Por de pronto describió algunas de las características del Método: "Si tomamos
como punto de partida que la liberación no se consigue derrotando al grupo
gobernante sino terminando con la dominación imperialista, se perfila con
bastante nitidez el carácter de la lucha". Al analizar la política del Sistema
en materia electoral precisó: "La primera línea de defensa de la casta dominante
está ubicada en el sistema de 1853, que otorga libertades políticas a cambio
del respeto por las organizaciones que permiten el mantenimiento de las
desigualdades sociales. Cuando esa línea es rebasada, está la segunda línea,
el fraude, cuya característica moderna consiste en la clasificación apriorística
de cuáles fuerzas son democráticas y cuales no".
Algunas conclusiones
El peronismo en el poder sustituyó una ideología de la realidad (capitalismo
de estado popular) con una doctrina coyuntural, en un destiempo que sería
aprovechado por la contrarrevolución al querérsele dar carácter permanente.
El peronismo en el llano (peronismo de resistencia) condicionó el proceso
de la cuestión nacional, pero sin tematizar su propia actividad de resistencia
anticolonial.
El peronismo está en actitud de toma del poder, puede ser integrado al sistema
en función de aquella doctrina coyuntural como maniobra neo-colonial, o
puede formular su propia autoconciencia revolucionaria a través de una teoría
en la cual explicite que el poder no va a ser regalado por cuanto el neocolonialismo
no se suicida.
Pero todo esto sin olvidar aquel pensamiento de Cooke:
"Las masas latinoamericanas no pueden hacer causa común con los verdugos,
porque ellas también están en la lista de las víctimas"
Rodolfo Ortega Peña, Eduardo Luis Duhalde (1973)
www.elortiba.org

John
William Cooke. Hacia una teoría del populismo (*)
Por Artemio López
(*) Un estudio sobre la teoría
en acto de Cooke que escribí para el libro "Cooke de vuelta" una compilación
de textos publicada en 1999 por Ediciones La Rosa Blindada, a cuya presentación
en el Auditorio de la Asociación de Trabajadores del Estado, jamás nunca
nadie concurrió y hubo que levantarla.
En memoria de Gustavo Groba
"El marxismo es rico en contradicciones,
pero resulta que el peronismo (argentino)
se las sabe todas.
Aunque se llevará (su sorete a la tumba)."
Osvaldo Lamborghini
Dos caminos
"La antinomia peronismo - antiperonismo
es la forma concreta en que se da la lucha de clases en este período de
nuestro devenir". Cuando John William Cooke enunció esta sentencia allá
por 1966 en su texto Peronismo y Revolución, estaba gestando un doble nacimiento:
El más espectacular intento de incorporar núcleos conceptuales del entonces
reciente marxismo no estalinista al interior del discurso y práctica peronista
y, contrario sensu, ponía en forma los principales señalamientos surgidos
de la reflexión y práctica peronista para intentar construir al interior
de la teoría marxista en general y la teoría regional de la ideología en
particular, el status teórico del modelo de organización y discurso populista(1).
El primer camino abierto por Cooke de introducir núcleos teóricos marxistas
dentro del discurso y práctica populista es bien conocido por sus efectos:
Es clara la influencia que el pensamiento de John William Cooke tiene sobre
amplios grupos de intelectuales peronistas y dirigentes de organizaciones
gremiales, guerrilleras y políticas desde mediados de los años sesenta.
En efecto, tanto sobre la primera y segunda fase de organización y resistencia
peronista, la CGT de los Argentinos y los programas de La Falda y Huerta
Grande, como en numerosos grupos de intelectuales reunidos en diarios y
revistas desde el pionero, "De Frente"; "Nuevo Hombre" ;"Cristianismo y
Revolución"; "Envido" hasta "Militancia" y sobre investigadores notables
como Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde resulta fuerte la inspiración
cookista.
Igualmente son tributarios explícitos del pensamiento de Cooke grupos guerrilleros
emblemáticos como las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) y organizaciones
político - territoriales múltiples, cuyo paradigma fue el denominado Peronismo
de Base.
Sin embargo, es menos conocida y probablemente aún mucho menos aceptada,
la notable correspondencia del pensamiento de Cooke con novedades teóricas
singulares, en particular con la posterior conceptualización marxista del
populismo, cuyo texto de madurez resulta aún hoy "Política e Ideología en
la Teoría Marxista. Capitalismo, fascismo, populismo", editado por editorial
SXXI en 1978 , escrito por el historiador argentino Ernesto Laclau.
Es la módica pretensión de este artículo tan sólo señalar algunos núcleos
teóricos claves del pensamiento de John William Cooke, en dirección a tomar
nota de las novedades que aporta a la formalización aún pendiente de una
teoría sobre el populismo en general y el peronismo como caso particular.
Althusser y Perón
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Hasta la conceptualización realizada por Ernesto Laclau, el marxismo vulgar
de corte economicista y políticamente estaliniano propalado con sagrada
furia por los Partidos Comunistas, impugnaba fuertemente las interpelaciones
ideológicas de los populismos.
En efecto, la vieja troica marxiana guardaba la certeza de que la característica
central de la ideología y práctica populista resultaba la apelación al pueblo
por encima de las divisiones de clase, por lo que , así conceptualizada,
la categoría pueblo cuando no simple chascarrillo de la "burguesía" ,devenía
en pura retórica capaz de sobrevolar sobre las contradicciones de clase,
restándole a estas toda centralidad teórica y política.
Tributaria sin duda de las lecturas evolucionistas de los fenómenos populistas,
cuya expresión de mayor envergadura intelectual en nuestro país la constituyó
Gino Germani, la visión marxista tradicional, aunque teóricamente muy inferior
a la del sociólogo italo- argentino, tampoco veía en los fenómenos populistas
más que un estadio atrasado o en el mejor de los casos anterior en el desarrollo
del discurso y organización de masas, perfectamente articulado con el estadio
previo a la madurez capitalista de las relaciones sociales de producción.
Así las cosas, sujetos a la matriz conceptual del marxismo vulgar, sociedades
atrasadas que transitaban el estadio de organización y discurso populista
marchaban raudas e indefectiblemente a la madurez donde al fin dominará
el formato clasista de organización y discurso de las prácticas de los sectores
subalternos al tiempo que se impondrán las relaciones sociales de producción
capitalista.
Ciertamente, aunque Cooke no era absolutamente ajeno al paradigma teórico
evolucionista, como espléndido ejemplo de articulación entre práctica y
teoría , fue su práctica política vinculada al peronismo la que sin duda
lo impulsó a decretar los funerales teóricos de la dulce espera de la madurez
capitalista(2).
En este sentido hay en Cooke una conceptualización del momento de organización
y discurso populista como momento pleno y necesario - en las formaciones
económico sociales periféricas.
El puente teórico que permite a Cooke salir por arriba del laberinto evolucionista
fue la combinación de la Teoría de la Hegemonía gramsciana para el tratamiento
del conflicto de clases junto a la formulación de la cuestión nacional -
despojada del corsé "burgués" - mediante la aplicación de la después muy
famosa Teoría de la Dependencia, desarrollada inicialmente por los marxistas
norteamericanos Paul A. Baran y Paul Sweezy, de la que, cabe señalarlo ,
Cooke fue también un lector-introductor pionero.
Lamentablemente, tanto la influencia de los teóricos norteamericanos así
como la notoria inspiración en Antonio Gramsci del pensamiento cookista
no fue claramente explicitada y mas bien resultó escamoteada por la mirada
arqueológica presente en algunos textos(3).
Sin embargo, para ponderar las deudas con Gramsci, a la por demás prolífica
utilización en los análisis cookistas de la categoría no leninista de hegemonía
(entendida como proceso por el cual una clase dominante se transforma en
dirigente) que señalaremos brevemente, observe el lector una gambeta común
en ambos: John William , al igual que Antonio Gramsci en sus escritos desde
la cárcel, hace funcionar sobre sus textos una curiosa práctica de ocultamiento.
En efecto, si el filósofo italiano en los Quaderni del carcere travestía
bajo extravagantes palabras conceptos marxoleninistas evidentes para eludir
el ojo de su carcelero, el Bebe entrecomillaba las citas de filiación marxista
explícita pero, misterio de los misterios... jamás aclaraba a quién pertenecía
la frase entrecomillada!. Eludía Cooke a su propio carcelero, que, claro
está, era el ojo idiota de la burocracia partidaria, siempre dispuesta a
cotejar cada susurro con las twenty truths.
Profundizando la influencia gramsciana en su costado más teórico, la notable
utilización de la categoría de hegemonía también merece ser brevemente señalada
.Cooke desarrolló un sofisticado diseño argumental para caracterizar el
concepto de clase social en general y clase dominante en particular. Lejos
de adherir a la visión monista típica del reduccionismo marxista tradicional
dominante/dominado articulados en una relación antagónica , para la descripción
de la clase dominante el Bebe sostenía - claramente inspirado en Gramsci-
la existencia - al interior de las relaciones sociales de producción- de
diversas facciones de clase con intereses divergentes aunque no antagónicos,
articulados sobre lo que denomina núcleo hegemónico que les confiere unidad
política. Este proceso de construcción de hegemonía cuyo efecto central
es la unidad política de las diversas facciones de clase supone la integración
de los múltiples intereses particulares sujetos al interés general representado
por la facción de clase dominante, ahora constituída en clase dirigente(4).
Con respecto a la influencia de Baran y Sweezy, cabe acotar que muy probablemente
Cooke había leído Teoría del Desarrollo Capitalista de Paul Sweezy - cuya
primera edición en castellano data de principios de los años cincuenta-
junto a las reflexiones desarrolladas en artículos emblemáticos para los
años sesenta, en particular Sobre la Economía Política del Atraso , donde
Paul A. Baran describe las tesis del desarrollo desigual centro-periferia
como proceso complementario y ciertamente necesario del capitalismo monopolista,
reflexión que posteriormente ampliará en su texto La Economía Política Del
Crecimiento y, ya mediados de los sesenta, en su obra central El Capital
Monopolista cuya edición primera es de 1966, dos años antes de la muerte
de John William (5).
Al respecto, es en el magnífico Peronismo y Revolución donde Cooke introduce
explícitamente al lector en su visión de la Teoría de la dependencia, suculento
cuerpo conceptual donde a la postre nuestro autor encontrará la legalidad
teórica que requería su inquebrantable compromiso político con el peronismo:
Si el estadio atrasado en el desarrollo del modo de producción es un efecto
necesario e inexorable en la periferia del desarrollo desigual del capitalismo
a escala planetaria, el populismo rápidamente asume status de modalidad
de organización y discurso pleno. La organización y discurso populista resultan
entonces característicos de esta etapa de las formaciones sociales dependientes
cuyas burguesías no han podido realizar el modelo tradicional de desarrollo
económico capitalista por lo que el proletariado no necesariamente deberá
reproducir el formato de organización y discurso típico de los países centrales
, cuya modalidad de mayor prosapia política y teórica era el inefable Partido
de clase.
Así las cosas, aún sosteniendo teórica y políticamente la existencia de
contradicciones de clase, en sus reflexiones teóricas desarrolladas ,ya
a mediados de los años sesenta, Cooke plantea que el populismo en general
y el peronismo como caso particular, expresa bajo la modalidad del antagonismo
" la forma concreta en que se da la lucha de clases en este período de nuestro
devenir"(6), esto es la forma de discurso y organización específica en un
período histórico determinado de una formación económico-social periférica
concreta.
En igual dirección Ernesto Laclau planteaba una década después que "Pueblo
no es un mero concepto retórico, sino una determinación objetiva, uno de
los polos de la contradicción dominante a nivel de una formación social
concreta (7)".
Al avanzar en el señalamiento del tipo de contradicción característica del
populismo, Laclau señalaba: "El populismo comienza en el punto en que los
elementos popular-democráticos se presentan como opción antagónica frente
a la ideología del bloque dominante. Nótese que esto no significa que un
populismo sea siempre revolucionario. Baste que una clase o fracción de
clase requiera para asegurar su hegemonía de una transformación sustancial
del bloque en el poder para que una experiencia populista sea posible. Podemos
señalar en este sentido un populismo de las clases dominantes y un populismo
de las clases dominadas (8)".
Lo específico del populismo entonces resulta el antagonismo con el bloque
dominante, situación esta que define el comienzo de la experiencia populista,
mas allá de la presencia de elementos popular- democráticos en el discurso
y organización.
Por otra parte, Laclau advierte (fresco aún el fracaso de la experiencia
peronista del período 1973-1976), que el final abierto también forma parte
constitutiva de una experiencia populista.
Al respecto, Cooke plantea también esta doble determinación del populismo
peroniano de enfrentamiento al bloque y final abierto como constitutivo
de la experiencia populista, una década antes que la moderna interpretación
pos-derrota de Laclau: " Este estilo, esta calidad especial corresponde
a nuestra contradicción intrínseca de movimiento revolucionario por nuestra
composición y nuestra lucha antiimperialista y antipatronal - que objetivamente
hace de nosotros el término de un antagonismo irreconciliable con el régimen
- mientras que organizativamente y como estructura estamos muy por debajo
de nuestros requerimientos (9)".
Aún más, toda la teoría de Cooke respecto al peronismo gira en torno tanto
de la potencialidad revolucionaria del populismo como a su contrario, materializado
en la burocratización de las estructuras organizativas.
En esa tensión generada por la fuerte percepción de final abierto, se sitúa
la metáfora de la experiencia peronista como hecho maldito del país burgués
y la muy avanzada teoría de la burocracia como estilo, donde John William
señala - con una rigurosidad sólo comparable a su originalidad - los núcleos
teóricos principales para pensar aún hoy la problemática de la burocratización
de las experiencias de organización social y políticas, particularmente
las populistas.
Al respecto Cooke plantea que "Lo burocrático es un estilo en el ejercicio
de las funciones o de la influencia. Presupone por lo pronto operar con
los valores del adversario... pero no es una determinante exclusivamente
ideológica, puesto que hay burócratas de buena capacidad teórica pero que
la disocian de su práctica..."(10).
La primacía del estilo, las formas y funciones (la enigmática influencia
en el análisis de Cooke) sobre los contenidos expresados bajo la modalidad
de las determinaciones ideológicas, está también fuertemente vinculada a
concepciones de avanzada en su época, de origen teórico marxista pero bien
apartadas de las lecturas vulgares que dominaban los aparatos de difusión
vinculados a los Partidos Comunistas urbi et orbis en aquellos años.
En efecto, los señalamientos teóricos inaugurados por Cooke se inscriben
en este punto de la burocracia- estilo- función, en la novedosa línea de
reflexión teórica abierta contemporáneamente - y aún con posterioridad a
los señalamientos de Cooke - por Louis Althusser con sus reflexiones acerca
de la ideología y los aparatos ideológicos de estado (11).
No abundaremos aquí en analogías pero baste considerar la primacía del "estilo"
formal en Cooke en simetría con la centralidad de los aparatos por sobre
la ideología (e incluso en circunstancias frecuentes por sobre el conflicto
de clases) para la reproducción de una formación social(12).
La original teoría de la burocracia- estilo en Cooke, admite también como
propia la sentencia pascaliana con la que, Louis Althusser intenta mostrar
la eficacia de los aparatos sobre los discursos y prácticas, la primacía
y materialidad del estilo por sobre los "contenidos" y las determinaciones
ideológicas : Arrodillaos, moved los labios en oración y creeréis..
Final con polillas
En un mismo movimiento Cooke estuvo: Enfrentado a la izquierda tradicional
tributaria del Partido Comunista Argentino ("centristas de la noche a la
mañana"), descreído de las versiones trotskystas de acercamiento al peronismo
encarnadas en Nahuel Moreno (" son más papistas que el papa").
A su tiempo desconfió también de Arturo Jauretche, (coqueteaba con Onganía
tras la Argentina Potencia), fue distante con Raúl Scalabrini y receloso
de todo FORJA ("la línea blanda").
Mas aún, John William se sentía tan lejos de Rogelio Frigerio y los intelectuales
desarrollistas nucleados en la revista Qué (" los Y.P.F": Yrigoyen, Perón,
Frondizi) como de los nacionalistas de origen católico del estilo de Salvador
Ferla y Alejandro Olmos, ligados al locuaz padre Benítez ("un ególatra").
En fin, como puede imaginar el lector, Cooke fue política pero también -
y de modo fundamental - teóricamente un hombre solo en medio de un movimiento
multitudinario.
Quizá por eso, en perspectiva John William representó el punto más alto
de reflexión teórica al interior del universo cultural del peronismo transformándose
en un fuerte disparador conceptual en dirección al desarrollo aún hoy necesario
de una teoría regional del populismo.
Paradojalmente, Cooke, quizá como tributo a la acción política que siempre
lo desbordó, no produjo textos teóricos tradicionales, y sus compactas reflexiones
mayormente se materializaron como informes o correspondencia, formatos heterodoxos
al ensayo académico tradicional. Sin embargo, en sus breves Informe a las
Bases, Apuntes para la militancia ,La lucha por la liberación nacional,
Perspectivas de una economía nacional y muy particularmente Peronismo y
Revolución, hay mas teoría política, original y refinada, que en los kilométricos
ensayos de autores que, en su momento, merecieron (incluso con justicia)
gran reconocimiento intelectual.
Pagando el precio de ser quién fue(13), enfermó gravemente joven, donó parte
de sus órganos a los estudiantes de medicina, decidió cremar el resto de
sus restos, apartó a los curas ("incluso a los amigos") antes de la partida
inminente y en el fin del otoño de 1968 susurrando discreto, murió :"Véase
la lista de los funcionarios del gobierno, repúblicos deteriorados por la
polilla, una lista de los figurones políticos de los años 30 o sus hijos,
que no han abandonado su conservadorismo reaccionario. Todos se parecen a
ese personaje de una obra de Colette, que 'tenía 74 años pero representaba
más". Murió?
Artemio López
Citas:
(1)Es probable que ambos resultados (ay!) vistos desde este incierto fin
de siglo pueden resultar algo estrafalarios, y no sólo por lo que le toca
a Cooke, pero tenga el lector piedad que, visto desde mañana, ya podemos
imaginar qué resultará de aquello que hoy pensamos.
(2) Nótese que las críticas de John William al liberalismo criollo llevan
la impronta del paradigma positivista. Así, refiriéndose a la ideología
de la burguesía madura en países centrales Cooke sostiene que " sería un
desastre para países como el nuestro en estadios inferiores de evolución
económica", Peronismo y Revolución, pág.59 y ss., Ediciones El Parlamento.
BS.AS.1985.
(3)Particularmente el texto de Richard Gillespie, El peronismo alternativo,
(Cántaro 1989) no establece conexiones fuertes entre el pensamiento de Cooke
y las reflexiones de Antonio Gramsci, Paul A. Baran y Paul Sweezy, sobreestimando
por el contrario la influencia Leninista.
(4)Para más información sobre el concepto de núcleo hegemónico, ver John
William Cooke op.cit., pág. 179 .
(5)Todos estos artículos se anticipaban en el mensuario americano Monthly
Review de gran prestigio y profusa difusión en los años sesenta en el país
y del cual posteriormente hubo ediciones en castellano.
Un dato accesorio abona la tesis de la lectura de estos artículos por parte
del Bebe:Cooke leía y hablaba perfectamente inglés.
(6)Cooke, John William: op.cit., pág. 107.
(7)Laclau , Ernesto: Política e Ideología en la Teoría Marxista, pág. 193.
Bs.As. 1978, Siglo XXI editores
(8) Laclau Ernesto, op.cit., pág. 202.
(9) Cooke, John William, op.cit., pág. 21
(10) Cooke, John William, op.cit., pág. 20
(11) Althusser publica en Abril de 1970 su notable ensayo Ideología y Aparatos
Ideológicos de Estado , la teoría de la burocracia- estilo de Cooke, data
de 1966.
(12)Para Althusser, no hay ideología sino realizándose ( siempre-ya) en
y por aparatos ideológicos
(13) Ser quién fue en Cooke no resultó precisamente sencillo. Organizador
de la Resistencia peronista temprana, combatiente contra la invasión Yanqui
en Bahía de Los Cochinos , el Bebe supo ser también delegado personalísimo
de un Perón en aquél entonces tan metafísico como pícaro: Su decisión será
mi decisión, su palabra, mi palabra, le sanateaba el león herbívoro desde
Caracas, allá por 1956.
Fuente: www.rambletamble.blogspot.com
[5 de enero de 2006] | www.elortiba.org
Imagen: Cooke y Perón
Por Nac&Pop
Cooke nació en La Plata, en
una familia de intensa tradición política; su padre, Juan Isaac Cooke, era
diputado por la Unión Cívica Radical, y sería Canciller durante el gobierno
de Edelmiro J. Farrell. Cooke militaría ya durante sus años universitarios,
mientras estudiaba Derecho en la Universidad, formando parte de la Unión
Universitaria Intransigente; se discute si durante esta época se aproximó
a las ideas de FORJA o su acercamiento a los miembros de ésta se daría más
tarde. Se recibió de abogado en 1943.
Fue electo diputado por el peronismo con tan sólo 25 años para el período
1946-1952. En el Congreso fue Presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales
de la Cámara de Diputados, de la Comisión Redactora del Código Aeronáutico
y también de la Comisión de Protección de los Derechos Intelectuales.
En el ámbito universitario fue profesor titular de Economía Política en
la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires
entre 1946 y 1955. Fue uno de los primeros organizadores de las guerrillas
argentinas. Murió de cáncer en 1968 en el Hospital de Clínicas de la Ciudad
de Buenos Aires, dejando un legado importante dentro del peronismo.
Participación política en el peronismo
Luego de 1955, cuando Juan Domingo Perón debió exiliarse a causa de la Revolución
Libertadora, designa a J.W. Cooke como su representante en la Argentina
y principal líder de la resistencia peronista entre 1955 y 1959, mediante
una carta en la que escribe:
"Al Dr. John William Cooke
Buenos Aires
Por la presente autorizo al compañero doctor Don John William Cooke, actualmente
preso por cumplir con su deber de peronista, para que asuma mi representación
en todo acto o acción política. En este concepto su decisión será mi decisión
y su palabra la mía.
En él reconozco al único jefe que tiene mi mandato para presidir a la totalidad
de las fuerzas peronistas organizadas en el país y en el extranjero y sus
decisiones tienen el mismo valor que las mías.
En caso de fallecimiento, delego en el doctor don John William Cooke el
mando del movimiento.
En Caracas, a 2 días de noviembre de 1956.
Juan Perón."
Ideología
Cooke consideraba que el peronismo debía transformarse en un movimiento
revolucionario, con estrategias insurreccionales, para lograr la toma del
poder. Además criticaba lo que él denominaba la burocracia sindical, que
había crecido mucho entre 1946 y 1955, y propuso separarla del peronismo.
A partir de su viaje a la Cuba de Fidel Castro y del Che Guevara en 1960,
sostuvo la necesidad de profundizar el foquismo, estrategia político-militar
que proponía convocar a las masas a una lucha armada contra las clases dominantes
locales y el imperialismo, acción al cual el pueblo se iría uniendo poco
a poco a partir del ejemplo de unos pocos. De esta manera se conduciría
a la nación a una revolución social.
Textos
Cooke escribió: "Caerán las estructuras de la depredación imperialista y
las estructuras del despojo de este capitalismo que está llegando al término
de su ignominioso reinado. Para eso, todo esfuerzo es digno de mención,
ningún acto de consecuencia y lealtad debe ser ignorado o desestimado. Y
pronto llegara el momento de las batallas definitivas, y el triunfo final,
antes o después, ha de redimir todos las frustraciones de esta época de
infamia".
"El único nacionalismo auténtico es el que busque liberarnos de la servidumbre
real: ése es el nacionalismo de la clase obrera y demás sectores populares,
y por eso la liberación de la Patria y la revolución social son una misma
cosa, de la misma manera que semicolonia y oligarquía son también lo mismo".
"...La teoría política no es una ciencia enigmática cuya jerarquía cabalística
manejan unos pocos iniciados, sino un instrumento de las masas para desatar
la tremenda potencia contenida en ellas. No les llega como un conjunto de
mandamientos dictados desde las alturas, sino por un proceso de su propia
conciencia hacia la comprensión del mundo que han de transformar".
"La unidad es indispensable y será un paso previo al triunfo popular. Lo
principal es para qué hacemos la unidad, cuales son los objetivos cercanos
(como por ejemplo las elecciones) y cuáles los grandes objetivos. Unidad
para simple usufructo politiquero, no. Sí, en cambio, para dar las grandes
batallas por la soberanía nacional y la revolución social. En la lucha contra
el régimen llegaremos más pronto a la unidad, forjada en la acción: dentro
del régimen nos esperan sólo frustraciones y derrotas, y pequeños triunfos
que serán desastres".
Tal vez uno de sus escritos más conocidos sea Apuntes para la militancia
(1964), en donde hace un completo análisis sobre la realidad del peronismo
en la época, sus principales adversarios, las relaciones de poder entre
las clases sociales argentinas y sienta las estrategias básicas para la
resistencia peronista revolucionaria.
Fuente: Nac&Pop

Alicia
Eguren de Cooke: la voz contestataria del peronismo
Por Mabel Bellucci
Escritora, poeta y dirigente
peronista de larga trayectoria, Alicia fue desaparecida el 26 de enero de
1977 en la vía pública en la Capital Federal. Fue conducida a la ESMA donde
se la sometió a condiciones inhumanas de vida. Se la atormentó para obligarla
a proporcionar información. Fue tirada de un helicóptero al Río de La Plata.
Tenía 52 años.
El recuerdo de Alicia Eguren, que fue la compañera de John William Cooke,
significa memorar a una revolucionaria consecuente. Fue asesinada por la
dictadura militar. Mabel Bellucci es asambleísta y feminista autónoma.
Posiblemente a Alicia Eguren se la podría imaginar como una mujer transgresora,
osada, impulsiva en su accionar, sumamente locuaz con sus propias 'cosas'
y también con las ajenas.
Disponía de una seducción especial, que si bien no se sostenía por su belleza
sino por la fuerza de su impronta política y su vocación de liderazgo; igualmente
provocaba una atracción singular hasta el grado de que muchos peronistas
perdiesen el sueño y también de que muchas peronistas la mirasen de reojo.
Jugó amorosa y políticamente hacia una misma dirección. Difícilmente pudo
correrse del sitial de cortesana, tan frecuente en la vida parisina hacia
finales del siglo XIX, donde el placer sexual se combinaba graciosamente
con el placer pensante y racional. Por cierto, Lou Andrea Salomé, Anais
Nin, Simone de Beauvoir y otras tantas 'preciosistas' gastaron hojas de
papel confesando los secretos de alcoba de la intelligentzia de la belle
époque vanguardista y, no por ello, muchas perdieron el rubor de sus mejillas.
Alicia representaba una fotografía de su época: lucía una estética masculinizada,
guerrera, dura con las mujeres que no entendían el sentido de la acción
directa, pero camarada con los compañeros a quienes consideraba sus interlocutores
'naturales'. Y, por cierto, intolerante frente a las debilidades. Por ello,
fue complejo comprender la literalidad de su mensaje y quizá su glamour,
nada ortodoxo, pesaba mucho más que su protagonismo para la rama femenina
peronista.
Emilio Corbiére la definió como "...una anarquista virulenta de excelente
oratoria. Hablaba y echaba fuego. Sin quererlo o sin saberlo ella recogía
y actuaba los aspectos más contestatarios del peronismo. Yo la ví por primera
vez en un acto en el sindicato de alimentación, posiblemente en el '68.
Desde arriba del escenario lanzaba rayos. No se sabía si estaba diciendo
un discurso o maldiciendo a Satanás..."
En realidad, poco se conoce de su vida anterior a su vínculo amoroso con
John W. Cooke. Lamentablemente fue imposible rastrear testimonios de parientes
o amigos íntimos que brindasen pistas para el armado del rompecabezas. Se
sabe por declaraciones suyas en la revista 'Panorama', 8 de Julio de 1971,
que provenía de una antigua familia federal. Más tarde, desembarcó en el
radicalismo y en el peronismo después.
En tanto que Fermín Chavéz detalló ciertos tramos de su trayectoria político-
intelectual. Al respecto, este historiador recordó: "...Sé que nació en
1924. Había egresado de la Facultad de Filosofía y Letras. Trabajaba como
profesora de literatura en Buenos Aires y en Rosario. Aproximadamente hasta
l952, ella estaba ligada al movimiento literario y cultural de la época
con una orientación nacionalista católica independiente. Al año siguiente,
mientras trabajaba en Cancillería se casó con un diplomático de carrera,
Pedro Catella, y se fueron a vivir a Inglaterra. Poco tiempo después tuvieron
un hijo, quien aún reside en México..."
Su producción literaria comenzó con su libro de poesía 'Dios y el Mundo',
en 1946. Tres años más tarde, saldría 'El canto de la tierra inicial'; la
obra de teatro 'La pregunta'; 'Poemas del siglo XX'; 'Aquí, entre magias
y espigas' y 'El talud descuajado'. A la vez, incursionó en el mundo académico
con un ensayo en torno a la obra de Juan B. Alberdi, publicado por la Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.
Mientras tanto editaba un periódico llamado 'Nombre'. Pero su musa más comprometida
se jugó con la revista cultural 'Sexto Continente', un espacio de recepción
de las expresiones más variadas del arco nacionalista de América Latina.
En 1946, conoció a John W. Cooke en un Centro de Estudios que dirigía Ricardo
Guardo. Después de ese fugaz cruce no se volvieron a ver hasta 1955.
De esta manera, Alicia Eguren rememoró un posible encuentro: "... El l6
de junio, a partir de la masacre en la Plaza de Mayo, lo busqué para ponerme
a su disposición. Estaba seguro de que él era hombre de pelea. Lo encontré
gracias a José María Rosa. El estaba prófugo ya que se había pedido su captura
porque era delegado de Juan D. Perón hasta que lo descubren y lo llevan
a Ushuaia..."
De inmediato, ella cayó presa y fue enviada a la cárcel de mujeres de Olmos.
En las sombrías rejas se encontró con un grupo numeroso de ex- funcionarias
peronistas y mantuvieron vínculos de cierta tirantez y desconfianza mutua.
Por
más que Alicia y Cooke estuviesen separados; no obstante, lograron mantener
su relación amorosa a través de un rico y frondoso epistolario.
Al salir en libertad se trasladó hasta Chile para unirse a Cooke que se
había fugado del penal de Río de Gallegos junto con Héctor Cámpora, Patricio
Kelly y Jorge Antonio. Sin más, decidieron casarse en Montevideo.
Presumiblemente, Alicia Eguren descubrió en Cooke su espéculo, su otro complementario,
quien le permitiría dinamizar esa potencialidad aún no desplegada de liderazgo
y estratega que disponía. De tal manera, se convirtieron en piezas claves
y necesarias para organizar el proceso de la Resistencia Peronista, en la
clandestinidad.
Desde el principio fueron una pareja poco 'convencional'. Sus vidas afectivas
estuvieron cruzadas por la cárcel, las fugas y la ausencia de refugio en
la cotidianeidad. Asimismo, se presumía de ciertos ideales de igualitarismo
entre mujeres y varones. 'Lo haremos tú y yo' de Juan Carlos Viglietti,
encerraba ese compromiso básico necesario para la revolución.
Con el clima de las insurrecciones estudiantiles de esa época, aparecieron
intentos por generar otros privilegios, otros estilos vinculares poniendo
en discusión la virginidad femenina y el casamiento. Los nuevos comportamientos
sexuales se reservaron para los cenáculos universitarios y el activismo
político. De este modo, las relaciones prematrimoniales se convirtieron
en un deber ser.
Llegados los setenta, el peso simbólico que representó la familia burguesa
y patriarcal - estableciendo y articulando las pautas reguladoras de la
reproducción biológica, económica y afectiva de las personas- sufrió sucesivos
corrimientos de su lugar protagónico, en favor de la pareja. A consecuencia
de una infinidad de cambios y reacomodamientos de los sectores medios, se
abrieron compuertas experimentando nuevos modos relacionales.
La idea rectora de esos tiempos fue también- desde una concepción voluntarista-
lograr rompimientos, ya que el accionar es un mecanismo generador de cambios.
La pareja pasó a ser un estatuto de compromiso por excelencia tanto afectivo
como político e intelectual. Y surgieron íconos de envergadura que se convirtieron
en paradigmas de esta experiencia.
Básicamente primaba el vínculo heterosexual, abierto o cerrado, con implicancias
políticas y rupturista de las costumbres tradicionales.
A su modo, Alicia logró fisurar ese mandato patriarcal del deber ser femenino;
permitiéndose explorar, cruzando las fronteras de su herencia católica,
tanto en el campo privado como político. De allí, que aún ronden fantasmas
en torno a su figura: fría, calculadora, amante pasional, rotativa y díscola.
Presumiblemente sin saberlo, esta dupla de J.W. Cooke-Alicia Eguren anticipó
en la Argentina un modelo de pareja activista, propio del consenso epocal
de los setentas, momento en los cuales se fue diluyendo la impronta machista
del varón luchador y la mujer ajena al mundo público de su compañero.
Un hecho que no podría soslayarse y permitiría entender el clima interno
entre ambos: vivir tan accidentadamente, con breves pausas de legalidad
entre la prisión y la clandestinidad, se expusieron a las lógicas políticas
que impidieron descubrirse en sus historias anteriores.
Comenzaron entonces un accionar de significativa trascendencia política,
acelerada en los tiempos, que resulta difícil de sintetizar. En l957, partieron
juntos a Caracas para encontrarse con Perón en el exilio. Alicia fue testigo
del cuestionado Pacto Perón-Frondizi, cerrado en Venezuela por mediación
de Rogelio Frigerio y J.W. Cooke. Dos años más tarde, retomaron la clandestinidad.
Por esa misma época, supuestamente, ella colaboraría en la organización
de la Toma de Alto Verde dirigida por el comandante Uturunco, en Tucumán.
Fue el primer intento de acción alternativa, el de la guerrilla rural peronista.
A la vez, Alicia suplantó a Cooke en la coordinación estratégica del peronismo
en la resistencia.
En 1960, viajaron juntos a Cuba. A partir de ese momento, fueron idas y
vueltas a la isla. Ella mantuvo una estrecha vinculación con el Che Guevara.
La experiencia de la Revolución Cubana impactó en los cenáculos intelectuales
así como en el espacio de las izquierdas no peronistas. En esa dirección,
el nacionalismo comenzó a configurarse como una variable significativa en
el interior de la 'nueva izquierda', que intentó distanciarse de los tensos
debates que provocó la confrontación entre la Unión Soviética y China.
En 1962, retomó la lucha armada al intervenir en el 'Ejército Guerrillero
del Pueblo', al norte de Salta. Es sabido que todos fueron apresados y,
en especial, Jorge Masetti, la figura visible de la aplicación táctica del
foquismo, fue desaparecido.
Poco después, Eguren-Cooke fundó la 'Acción Revolucionaria Peronista'.
Ya en el '68, ambos abrieron un espacio en formación: la 'Tendencia Revolucionaria'.
Pronto aparecería el periódico 'Con Todo', bajo la dirección de Bernardo
Alberte y Mabel Di Leo. De inmediato, elaboraron el documento conocido como
'Estrategias y Tácticas Revolucionarias'.
El
mismo se presentó, en 1969, en el Congreso Fundacional de la Tendencia,
llevado a cabo en Córdoba; en el cual se reunieron los sectores más radicalizados
del peronismo.
Se la recuerda también por su famosa Carta Abierta a Perón -4 de Octubre
de 1971- que se convirtió en un incunable para el activismo del momento.
Posteriormente, vinieron años complicados entre la caída del gobierno camporista;
la persecución fascista del lopezreguismo; la muerte de J.D. Perón; el gobierno
caricaturesco de Isabel Perón y el inicio de la avanzada militar hacia el
poder mediante una estrategia de religitimación a través de la lucha contra
la subversión.
No obstante, acompañó a Héctor Cámpora y dirigió la revista 'Nuevo Hombre',
que con anterioridad estuvo bajo la coordinación del profesor Silvio Frondizi
y Manuel Gaggero.
A lo largo de este proceso, sus lugares de inserción en el movimiento peronista
no quedan aún muy esclarecidos. Tan es así que se evoca una multiplicidad
de espacios de pertenencia política a la vez: Montoneros, Fuerzas Armadas
Peronistas, Peronismo de Base y Partido Revolucionario de los Trabajadores.
De lo que no cabe duda es sobre su final trágico: el 26 de enero de l977,
con 52 años, fue detenida-desaparecida. Estuvo en la ESMA y, después fue
lanzada desde un helicóptero al Río de la Plata.
La memoria es objeto de controvertidos debates, generándose así una variedad
de definiciones sobre ella. Cabría decir entonces que no existen conclusiones
únicas y últimas. No obstante, lo significativo es invitar a pensar el problema
entre la memoria y la política, o mejor, la política en toda memoria, en
todo proceso de construcción de una memoria colectiva.
Recorrer ciertas etapas del peronismo constituye toda una aventura, pero
si a ello, se le suma recuperar la historia de vida de una mujer peronista
que pasó del nacionalismo católico a la lucha armada de izquierda, la cuestión
se complica más aún. Aunque no se puede soslayar la amplia y masiva participación
de mujeres en el peronismo a lo largo de su trayectoria. No obstante, reseñar
la vida personal, política y cultural de Alicia Eguren representa todo un
desafío, por más limitaciones que surjan de la realidad un tanto hosca para
los recuerdos.
De allí que esta simple crónica constituye un primer abordaje sin un final
cerrado ya que de ella aparecen fragmentos acotados por tiempos y escenarios
definidos; sin demasiadas alusiones ni referencias en el interior de su
propia fuerza política. Por esta razón, al intentar reconstruir su recorrido
se logra visibilizar su protagonismo en el campo de las luchas políticas
y en las prácticas de resistencia social. Cabría entonces completar con
mayores precisiones- a través de testimonios orales que se transforman en
una fuente riquísima de hallazgos- los laberínticos últimos años de su vida.
Procesar su activismo como sus discursos, es volverla capaz de hablar, de
transformarla en relato visible.
Se comenzó diciendo un desafío y no es errado este presupuesto ya que Alicia
Eguren dividió imaginariamente al peronismo en dos: los que la querían y
los que la rechazaban sin tapujos. Casi se podría hacer un paralelo con
la figura de Eva Perón. Tanto una como otra provocaron pasiones encontradas
por razones muy similares, a saber: la intuición compulsiva, la impulsividad
que era un estilo propio de entrega y la 'imprudencia' en el escenario político
público como en el personal.
En lo que respecta a la figura de Eva Perón de acuerdo a las posiciones
en que se ubicaban los proapasionados y los contrapasionados, aparecía elevada
hasta la condición mítica o la dejaban caer del pedestal como una hereje.
Para unos, ella representaba un fallido de la historia y para otros la historia
dejaba de ser un fallido a partir de su protagonismo.
Alicia Eguren -sin quererlo- vino a ocupar un lugar similar: un sitio confuso
de emociones, del cual poco se sabe en torno a su origen y a su pasado hasta
que el encuentro amoroso con el 'hombre' le significó contenido y contención
política a su persona. Aunque también existen secretos en voz baja sobre
su vida privada que la condenaron sin contemplación.
No obstante, en otros puntos se abren: intervinieron en contextos históricos
diferentes; una extracción de clase opuesta. En una la historia ya dio su
palabra y en la otra todavía se mantiene callada. Asimismo, a Eva las peronistas
la idolatran sin contemplación y con Alicia muchas mujeres de los años '40
se crispan hasta los nervios tan sólo de nombrarla. También sus finales
fueron distintos: Eva muere por un cáncer y Alicia le provocan la muerte
las manos sangrientas de la última dictadura militar.
Estos intentos de marcar cruces entre ambas figuras tan recortadas por las
emociones, presumiblemente, jamás se podrá contemporizar a todos los intereses
en juego.
Agradezco la colaboración que me prestaron -sea con bibliografía y testimonios-
Emilio J. Corbière; Fermín Chavéz y Mabel Di Leo. A todos mi profundo recuerdo.
Fuente: www.desaparecidos.org | www.elortiba.org

Notas
para una biografía de Alicia Eguren
Por Miguel Mazzeo
"Porque lo del hombre nuevo no es una imagen en los altares, es una vivisección
permanente" ALICIA EGUREN. De «Pulgarcito (selección de sus papeles)» en
Nuevo hombre, 1971
Alicia Eguren jamás pasó inadvertida. Ese fue su signo distintivo, junto
con el inconformismo y la vocación de caminar por grandes realidades. Inteligente
y apasionada, plena de seducción, era alta, muy alta, de ojos negros, inmensos
e indiscretos. Como precursora de lo que para muchos constituye un oxímoron
(la izquierda peronista), como casi profeta de una generación que se planteó
en concreto el problema del poder, y como mujer (en ese, su tiempo), se
vio obligada a romper con un conjunto de convenciones, y a radicalizar el
giro inquisitivo en diferentes planos. Alicia Eguren se entregó de cuerpo
entero a la desobediencia. Nunca se le perdonaría tanta transgresión.
A partir de 1955 fue la compañera de John William Cooke, incluso se casaron
en 1957, en Montevideo, Uruguay. Por eso le decían, despectivamente, con
mucho de macartismo y muy poco de ironía, «la Cookskaya», en alusión a la
compañera de V. I. Lenin, Nadiesha Krupskaia.
Alicia y John no respetaron los modos maritales de la época. ¿Simone y Jean-Paul?
La analogía corresponde. Y nos complace. Mabel Bellucci señaló que Eguren-Cooke
prefiguran «un modelo de pareja activista, propio del consenso de la década
del 70, momento en el cual se fue diluyendo la impronta machista del varón
luchador y la mujer ajena al mundo público de su compañero». Sin duda,ese
había sido modelo disruptivo en las décadas del 50 y 60. Pero todavía en
los 70, los catálogos de moral de la izquierda seguían siendo lapidarios
en ciertos aspectos. Y si bien Alicia prefiguró el perfil revolucionario
femenino de esos años, su personalidad fue mucho menos ascética y más «sensual».
Por lo tanto, seguía siendo intolerable. Por ello debió asumir costos muy
altos y vivir expuesta a la imputación de «libertina». Aún carga con ese
estigma.
Alicia contrastaba política, cultural y estéticamente, con las mujeres militantes
de la política burguesa del peronismo, por lo común convencionales y condenadas
al segundo plano. También era distinta de las militantes de izquierda de
los 70, quienes, en muchos casos, ganaron espacios «performando» una estética
masculina. Veo a Alicia más como profeta (o anticipadora de hechos políticos)
que como sacerdotisa, y creo que aquella cualidad, inconcebible aún hoy
para una mujer, le exigía una gestualidad severa y arrebatada y un carácter
inflexible, que suelen estar asociados a lo masculino.
En lo político e ideológico, es imposible separar a Alicia de John, por
su trayecto compartido en una relación jamás subalterna. Se conocieron en
una conferencia que él dictó en el 46, en el Centro de Estudios Argentinos.
El naciente peronismo los convocaba. Volvieron a coincidir en casa del historiador
nacionalista Ernesto Palacio, citados por la corriente del revisionismo
histórico. Pero su proyecto en común comienza en 1955, y termina con la
muerte de Cooke en 1968. Significativa transición que va de un nacionalismo
populista, cada vez menos productivo, al socialismo revolucionario. De Juan
Domingo Perón a Ernesto Che Guevara. Ello es inmanente a esta relación.
Nació Alicia Graciana Eguren Vivas en una ciudad de la provincia de Buenos
Aires, en 1924, en el seno de una familia que cultivaba un nacionalismo
de raigambre rosista y católico. Lo cierto es que Alicia, hacia los años
40 y 50, comulgaba con este tipo de nacionalismo, y sus intereses giraban
en torno a lo estrictamente literario. Se sostiene que se adhirió al yrigoyenismo,
pero esto es, por lo menos, dudoso. El peronismo favoreció la identificación
retrospectiva. Si muchos recorrieron el trayecto que iba de Hipólito Yrigoyen
a Juan Domingo Perón, otros optaron por el camino inverso, incurriendo en
la tergiversación de la propia historia militante.
El
26 de enero de 1977 es secuestrada en la vía pública Alicia Graciana
Eguren Vivas, viuda de Cooke, en la Capital Federal. Fue conducida a
la ESMA, donde se la sometió a condiciones inhumanas de vida. Se la
atormentó para obligarla a proporcionar información. Finalmente fue
arrojada al Río de la Plata con el método favorito de los genocidas
del Proceso: los vuelos de la muerte. Era escritora, poetisa y
dirigente peronista. Licenciada en Filosofía y Letras, docente,
periodista. Colaboró en el periódico Con Todo, dirigió la revista
Nuevo Hombre y editó la revista cultural Sexto Continente. |
Alicia Eguren egresó de la Facultad de Filosofía y Letras como profesora
de Literatura, ejerció la docencia y, entre 1946 y 1951, publicó cinco libros
de poemas: Dios y el mundo, El canto de la tierra inicial, Poemas del siglo
XX, Aquí, entre magias y espigas, El talud descuajado. Algunas de sus composiciones
estaban un tanto estremecidas de idealismo evangélico. También editó Eguren
la revista Nombre y publicó algunos ensayos. Entre 1948 y 1949, con el escritor
Armando Cascella, editó la revista Sexto Continente, un sitio de expresión
del nacionalismo en sus diferentes versiones, desde el más retrógrado de
Carlos Ibarguren, Alberto Ezcurra Medrano y monseñor Derisi, hasta el más
avanzado de Raúl Scalabrini Ortiz y Vasconcelos. Este tipo de adhesiones
garantizó a Alicia cierta presencia en distintos espacios oficiales, académicos
y no académicos.
En 1953 ingresa en el Ministerio de Relaciones Exteriores y se casa con
el diplomático Pedro Catella, a quien acompañará a Londres. Poco tiempo
después del nacimiento del único hijo se separan.
El rencuentro con Cooke se produce en 1955, en un escenario de derrumbe.
Poco antes del golpe de septiembre y del derrocamiento del gobierno de Perón,
Cooke es designado interventor del Partido Justicialista de la Capital Federal.
En un momento político que no habilitaba ninguna forma de oportunismo, Alicia
establece contacto con Cooke y «se pone a su disposición». Cooke, talentoso
y desmedido, contrastaba con el resto de la dirigencia política y sindical
peronista, conformada por burócratas y por los que medran con el Estado:
melindrosos, acomodaticios, eremoniosos, estrechadores de manos. Perón, que
había relegado a Cooke por autónomo y perturbador, lo convoca en el momento
infausto.
La relación entre Alicia y Cooke, una relación de herejes, de «excéntricos»,
se consolida en la clandestinidad. Cooke es detenido en octubre de 1955.
Hasta fines de 1957 deambulará por distintas cárceles del país, cuando se
produce la espectacular fuga a Chile desde Río Gallegos, provincia de Santa
Cruz. En aquel tiempo también Alicia conoció la cárcel. En noviembre de
1956, Perón designó a Cooke como su delegado y «heredero». Alicia y John
William comparten la resistencia y todos los avatares vinculados a la firma
del pacto entre Perón y Arturo Frondizi, para pasar, poco después, a organizar
la «insurrección» que hiciera posible el retorno del primero, y para dirigir
la oposición «dura» al gobierno del segundo. Alicia participa activamente
en la coordinación estratégica de la resistencia peronista.
Padece, junto con John, la imposibilidad de ejercer la delegación y de ser
la palabra de Perón.
El año 1959 es un punto de inflexión para Eguren, Cooke y muchos más. Después
de la toma del frigorífico Lisandro de La Torre, a principios de año, Cooke
pierde gravitación en el peronismo. Es desplazado definitivamente. Poco
antes de la toma del frigorífico municipal, Perón había creado el organismo
destinado a desautorizar a Cooke: el Consejo Superior (coordinador y supervisor).
Después de la heroica huelga de los trabajadores, el Consejo Superior tilda
a Cooke de loquito, terrorista y «comunista». En paralelo, en Cuba triunfa
la Revolución.
Cuba revolucionaria, más que un descubrimiento, es una confirmación: la
revolución como uno de los destinos posibles para el peronismo. En efecto,
eran tiempos en que se podía pensar una dimensión trascendente para el peronismo
y sus capacidades de recreación. La época dorada de la ontología de lo posible
y del «poder ser» del peronismo. Aunque en el «movimiento», predominaba
la mueca servil y conciliatoria, por abajo corría, purificador, el Jordán
de las bases. El peronismo todavía aparecía como un universo lleno de desiertos
y zonas inexploradas.
El impacto de la Revolución Cubana es descomunal, pero pesa más, mucho más,
el lugar hermenéutico de Alicia y Cooke. Cuba se decodifica desde la reciprocidad
dialéctica y no desde el determinismo unilateral. Entonces, gravitan en
nuestro país la condición de revancha clasista sobre la Revolución Fusiladora
(autodenominada «Libertadora» en 1955), la heroica resistencia peronista,
los cambios en el modelo de acumulación de capital, la imposibilidad de
remozar el frente de clases de 1945 y la inviabilidad de las tácticas puestas
en práctica por el peronismo para recuperar el poder. Afloran prístinas
las contradicciones insalvables al interior del peronismo: la clase obrera
peronista se presenta como espacio de construcción de una universalidad
emancipadora, pero también como lugar donde encuentra arraigo un particularismo
burgués y reaccionario.
La confrontación, la lucha: he aquí el marco de la radicalización política
de Alicia, Cooke y de toda una generación de militantes y activistas, entre
los que cabe mencionar a Raimundo Villaflor, Gustavo Rearte, Bernardo Alberte
y otros. No se trató de imitación de un modelo, o de un simple estado de
espíritu desproporcionado. «Antes de la Revolución Cubana nosotros ya estábamos
radicalizados», me dijo una vez Gerardo Bavio, viejo militante y compañero
de Alicia. Unos años después del asesinato del Che, Alicia sostuvo que lo
había conocido a último momento, pero que en realidad lo conocía de memoria
porque lo tenía asimilado antes de cruzarse con él, «yo comprendía su pedagogía
en carne viva», dijo ella.
Nuevos horizontes e interlocutores se imponen. Alicia participa en el congreso
de Palabra Obrera, de filiación trotskista. Se vincula al Movimiento de
Liberación Nacional (MLN) de Ismael Viñas, al Partido Comunista (PC) y al
Partido Socialista Argentino de Vanguardia (PSAV). El marxismo comienza
a valorizarse como herramienta, e impregna sus ideas. Un marxismo praxeocéntrico,
no concebido como determinismo limitado. Abraham Guillén, veterano de la
Guerra Civil Española, les habla de alienación, del Marx de los Manuscritos
económicos y filósoficos de 1844 y de la guerra popular. La opción por la
lucha armada comienza a dividir aguas. Alicia reparte su militancia en tareas
de difusión, de organización y apoyo logístico a distintas experiencias.
Colabora con la temprana guerrilla de los Uturuncos en el noroeste del país,
reúne a militantes de pequeñas organizaciones y núcleos de izquierda (por
lo general, escindidos de partidos que adoptaron una línea reformista, que
Alicia no ha vacilado en criticar), y organiza grupos para su entrenamiento
en Cuba. Inicialmente, tiene menos éxito a la hora de convocar peronistas.
En paralelo, apoya el intento del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP),
en Salta, en 1963-1964. En este último año es cofundadora de Acción Revolucionaria
Peronista (ARP), concebida como grupo de acción y concientización en el
marco del movimiento peronista, pero independiente de sus estructuras «oficiales».
En 1967, junto con el mayor Alberte, participa de la revista Con Todo. Ese
mismo año regresa con Cooke a Cuba; él encabeza la delegación argentina
que participa de la Conferencia Tricontinental, de allí surgirá la Organización
Latinoamericana de Solidaridad (OLAS).
Cooke muere el 19 de septiembre de 1968, a los cuarenta y ocho años. Alicia
no jugará el papel de viuda de una celebridad, ni de su albacea político-literario.
Es cierto que, entre 1971 y 1972, publica los trabajos de su compañero,
incluyendo la Correspondencia Perón-Cooke (principalmente, porque adquieren
una vigencia inaudita), pero ella continúa trabajando en delinear la Tendencia
Revolucionaria.
En 1969 participa de su Congreso Fundacional, realizado en Córdoba y colabora
en la elaboración del documento Estrategia y táctica revolucionaria
. Se identificará con las Fuerzas Armadas Peronistas el Peronismo de Base
(P.B.), con el Movimiento Revolucionario 17 de Octubre (MR17) y el Frente
Revolucionario Peronista (FRP), grupos que, a diferencia de Montoneros,
estaban asumiendo definiciones marxistas.
El 4 de octubre de 1971 publica su «Carta Abierta a Perón», e inicia su
participación en el semanario Nuevo Hombre, publicación dirigida por Enrique
Walker y en la que escribían Pablo Damiani, Antonio Caparrós, Nicolás Casullo,
Eduardo Luis Duhalde, Rodolfo Ortega Peña, Vicente Zito Lema y varios militantes
presos en la cárcel de Villa Devoto, Armando Jaime y Mario Franco, por ejemplo.
En Nuevo Hombre Alicia publica, entre otros trabajos: las «Notas para una
biografía de John» y «Pulgarcito (selección de sus papeles)». La publicación
se identificará en 1973 con el Frente Antimperialista por el Socialismo
(FAS), impulsado por el Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército
Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP). En noviembre de 1973, la revista reprodujo
el discurso que Alicia pronunció en el Primer Congreso del FAS. Su adhesión
a la lucha armada no debe confundirnos. Para ella, la base de una revolución
se forjaba en la lucha de masas. Fue una crítica implacable de toda forma
de elitismo.
Propició, además, formas frentistas.
Alicia, con lucidez preclara, tomó conciencia de una situación complicada:
la mayor parte de la izquierda peronista revolucionaria estaba compuesta
por jóvenes, y su pertenencia al peronismo era muy nueva. Consideraba que
si el choque con la realidad del peronismo posterior a Ezeiza (que apestaba
a razzia) resultaba duro para los viejos militantes, para los jóvenes la
contradicción era indigerible, se prestaba a la confusión y sembraba dudas
en cuanto al futuro. Alicia alertó a los jóvenes respecto de Perón. Ella
sabía bien que el peronismo era un «río difícil» y muchas veces «descorazonante»
y que la idealización de Perón conducía al abismo. La brecha generacional
no suturó. Las precauciones de «los viejos» no se tuvieron en cuenta. En
1973 formó parte del Consejo editorial del diario El Mundo, orientado por
el PRT-ERP, clausurado en 1974, al igual que Nuevo Hombre. Aunque estrechó
sólidos vínculos con el PRT-ERP, en 1975 apoyó la iniciativa que dio forma
al Partido Auténtico. Con la intención de alimentar esa nueva experiencia
participó, junto con Alberte y Mabel di Leo, en la fundación de la Agrupación
26 de Julio.
Como decíamos al comienzo, Alicia nunca logró pasar inadvertida. Fiel a
su rebeldía ante las llamadas «condiciones femeninas»: pragmatismo, cautela
e «instinto» de conservación, es recordada por sus compañeros siempre muy
«expuesta», sobre todo después del golpe de marzo de 1976. En abril de 1977 [NE:
la fecha correcta es 26 de enero] ,
la secuestró un «grupo de tareas» de la Escuela de Mecánica de la Armada
(ESMA). Fue torturada y arrojada al Río de la Plata en uno de los vuelos
de la muerte.
Sería injusto decir que Alicia ha sido derrotada. El triunfo es el criterio
de verdad de los burócratas.
Por otra parte, estas no son notas para un epitafio póstumo. Reivindicar
el itinerario de Alicia Eguren, recuperar y revalorizar sus huellas, puede
servirnos para conjurar su desaparición. Pero, ante todo, para rehabilitar
un país y un tiempo con posibilidades vitales.
Fuente: www.prensadefrente.org
www.elortiba.org

"Nunca
he visto otro hombre más vivo que éste"
Por José Pablo Feinmann
No era lejos. En menos de cinco
minutos estábamos allí. Antonio, a todas vistas urgido, abrió la puerta
y se bajó con la renoleta todavía en movimiento. Giró levemente, me miró
y me hizo un vago gesto con su mano derecha. Y dijo: "Te veo adentro". La
renoleta se detuvo y yo también bajé. Un compañero -el que había conducido,
creo- me dijo: "Seguime". Y así entré en la casa de los mecánicos. Así entré
en la casa de la calle 27 de Abril. Todo tenía para mí el esplendor de lo
inesperado, de lo nuevo. El corazón me latía con mucha fuerza, sus golpes
eran incesantes. Abruptamente pensé: son como los de un timbal que anuncia
grandes sucesos. Allí, en esa casa, en la casa de los mecánicos, en la casa
de la calle 27 de Abril, estaba René Rufino Salamanca. Y con él, qué duda
podía caber, estaba John William Cooke. Allí, entonces, estaba la Historia.
Entré.
Cuando por fin encontré un lugar en la mesa advertí que me hallaba lejos
de Salamanca, lejos de Cooke. No obstante, podía, con algún esfuerzo, escucharlos.
Los compañeros habían traído vino de damajuana y empanadas. Cooke comía
y hablaba a la vez. Y las dos cosas, abundantemente. Pasaba con él eso que
pasa con los gordos: se los ve más gordos cuando comen. Pero la gordura
de Cooke no era la de cualquier gordo. Era la de Cooke. Quiero decir: simbolizaba
todo cuanto había en él de exuberante, de desmesurado. Lo engordaban sus
ideas, sus convicciones incontenibles, sus pasiones. Ahora, un hilo de aceite
denso, amarillento, se deslizaba desde sus labios hasta perderse entre su
barba. Entonces, recuerdo, pensé: nunca he visto a un hombre más vivo que
éste.
Algunas frases me llegaban. No todas, pero, creo, las suficientes. Salamanca
le decía Gordo a Cooke, como le decían sus amigos y también como, entre
ellos, le decían los militantes. Cooke le decía Salamanca a Salamanca, no
le decía René ni Rufino, le decía Salamanca. Y, con frecuencia, los dos
se decían compañero.
Sin embargo, pese a que Salamanca le decía Gordo a Cooke y pese que Cooke
le decía Salamanca a Salamanca, era Cooke quien más hablaba, era Cooke quien
bajaba línea, era Cooke quien parecía tratar, digamos, paternalmente a Salamanca.
Y no era casual: Cooke tenía una vasta historia a sus espaldas. Había sido
diputado bajo el gobierno de Perón, había sido interventor del Partido Justicialista
en el tórrido mes de junio de 1955, cuando el gobierno peronista era desplazado
por la reacción oligárquica, había sido representante de Perón durante los
primeros años del exilio del general, había tramado el pacto Perón-Frondizi,
había estado en Cuba, con Fidel, había sido amigo del Che, y ahora estaba
aquí, en la calle 27 de Abril, en la casa de los mecánicos, y hablaba con
René Rufino Salamanca, y comía empanadas, y se bebía ese vino oscuro de
damajuana, y exudaba vida.
Y entonces Salamanca (porque aquí estamos, ¿no?: con Cooke y Salamanca hablando,
diciéndose frases que a veces llegan a mis oídos, y a veces no), como si
anunciara la más meditada de sus frases, el más hondo de sus cuestionamientos,
le sirvió a Cooke un abundoso vaso de vino, tan abundoso que dejó vacía
la damajuana, y que hizo de esta damajuana vacía un símbolo: el de una conversación
que llega a sus instantes culminantes, finales, que agota su alcohol, que
extrema, consumiéndose, su fuego.
"Mirá, Gordo", dijo Salamanca, "el problema es éste: los obreros son peronistas,
pero el peronismo no es obrero". Luego de los cual, es decir, una vez oída
esta frase, Cooke se llevó a los labios el abundoso vaso de vino que Salamanca
le había servido y se lo bebió hasta más allá de la mitad. El silencio,
según suele decirse, podía cortarse de un tajo, allí, en la casa de los
mecánicos, en la calle 27 de Abril, tanta era nuestra expectación. Cooke
apoyó con fuerza el vaso de vino sobre la amplia mesa y le echó una mirada
rápida al flaco Marimón, como si dijera: "¿Durante cuanto tiempo te pensaste
esa frase, pibe?". Y por fin dijo, mirándolo a Salamanca dijo: "Si el peronismo
fuera obrero como los obreros son peronistas, la revolución la haríamos
mañana mismo". "Y si, claro", dijo Salamanca. Y apoyó un codo sobre la mesa
y también apoyó su rostro sobre su mano derecha. Así, se acarició reflexivamente
una barba hirsuta que le había crecido durante el día. Entonces dijo: "Tenemos
que conducir la clase obrera al encuentro con su propia ideología, compañero.
Que no es el peronismo". "Estás equivocado", dijo Cooke con una convicción
casi tangible. "Eso es ponerse afuera de los obreros. Eso es hacer vanguardismo
ideológico, Salamanca. Recordá lo que aconsejaba el barbeta Lenin: hay que
partir del estado de conciencia de las masas. ¿Está claro, no? La identidad
política de los obreros argentinos es el peronismo. No estar ahí, es estar
afuera".
"Bueno compañero", dijo Salamanca, "entonces nosotros estamos afuera. Afuera
del peronismo y sobre todo afuera de la conducción de Perón". Cooke sonrió
entre alegre y sarcástico. Agarró el vaso de vino, que ya no era abundoso,
pues, según he dicho se lo había bebido hasta más allá de la mitad, se lo
llevó a los labios y ahora se lo bebió hasta la última gota. Otra vez lo
apoyó con fuerza sobre la mesa y dijo: "No hay caso entre ustedes y Perón,
¿eh? Cómo les jode, che. ‘Bonapartista’. ‘Nacionalista burgués’. O si no,
lo peor: ‘fascista’. Si, ya se. Vos no le decís ‘fascista’, Salamanca. Sos
más sutil que eso". Lo señaló al flaco Marimón y añadió: "Tu asesor también.
Lo de ‘fascista’ se lo dejan a la derecha. Al diario de los Mitre. Ustedes
son diferentes. No dicen ‘fascista’. Pero dicen lo que ya dije, ¿no? ‘Bonapartista’.
‘Nacionalista burgués’. Distintas formas de decir la misma cosa, Salamanca.
Que Perón no representa los verdaderos intereses de la clase obrera. Que
la clase obrera tiene un líder y una ideología burgueses. Bueno, mirá, escuchame
bien". Entonces Cooke apoyó sus dos codos en la mesa, unió sus manos formando
una capilla y, sobre ellas, sobre esas manos de dedos gordos pero fuertes,
según lo he dicho, macizos, apoyó su barba y el mentón. Créanmelo, insisto:
ahora, el silencia, todavía más que antes, podía, según suele decirse, cortarse
con un tajo. Entonces Cooke dijo: "Me cago en Perón, Salamanca". Agarró
de nuevo su vaso, lo golpeó contra la mesa dos o tres veces y dijo: "Más
vino aquí".
Alguien hizo aparecer una veloz damajuana y le llenaron el vaso hasta el
borde. Cooke se tomó un buen trago, apoyó otra vez el vaso sobre la amplia
mesa, miró fijamente a Salamanca y dijo: "No sé si he sido claro, compañero".
Salamanca se adueñó de la damajuana y se sirvió vino. No bebió, pero lanzó
una risa inesperada y sonora. Súbitamente aliviados, todo reímos con él.
¿No era acaso maravilloso oírle a Cooke "Me cago en Perón"? ¿Hasta dónde
llegaría la osadía teórica de ese hombre excepcional? Porque nadie dejó
de entenderlo: "Me cago en Perón" no era un insulto. Era una afirmación
teórica. No sé si me entienden. En labios de John William Cooke, eso, Me
cago en Perón, era una valiosa afirmación teórica, de la cual nosotros,
allí, en la casa de los mecánicos, en la calle 27 de Abril, acabábamos de
ser los afortunados testigos. De aquí la risa inesperada y sonora de Salamanca.
De aquí nuestra propia risa. Que volvió a estallar y que esta vez no sólo
fue alegre y sonora sino también mordaz cuando v dijo: "Nosotros también,
Gordo. Nosotros también nos cagamos en Perón". Y luego, cuando se hubieron
sosegado nuestras risas, añadió: "Parece que estamos más de acuerdo de lo
que creíamos". Lo cual no fue aceptado por Cooke, ya que dijo: "No, compañero.
No estamos de acuerdo. Porque ustedes se cagan en Perón de una manera y
yo y los peronistas como yo de otra.
Porque, para ustedes, compañero, cagarse en Perón es quedarse afuera. Afuera
de Perón y de la identidad política del proletariado. Mientras que para
nosotros, cagarnos en Perón, es rechazar la obsecuencia y la adulonería
de los burócratas del peronismo. Es reconocer el liderazgo de Perón, pero
no someternos mansamente a su conducción estratégica. Para nosotros, Salamanca,
para mí y para los peronistas como yo, para los peronistas revolucionarios,
cagarnos en Perón es crearle hechos políticos a Perón, aun al margen de
su voluntad o del que sea su propio proyecto. Para nosotros, Salamanca,
para mí y para los peronistas como yo, para los peronistas revolucionarios,
cagarnos en Perón es creer y saber que el peronismo es más que Perón. Que
Perón es el líder de los trabajadores argentinos, pero que nosotros, los
militantes de la izquierda peronista, tenemos que hacer del peronismo un
movimiento revolucionario. De extrema izquierda. Y tenemos que hacerlo le
guste o no le guste a Perón. Porque si lo hacemos, compañero, a Perón le
va a gustar. Porque Perón es un estratega y un estratega trabaja con la
realidad. ¿Entendés, Salamanca? Y nosotros le vamos a crear la realidad
a Perón. Una realidad que, más allá de sus propias convicciones que son
muy difíciles de conocer, Perón va a tener que aceptar. Porque Perón, Salamanca,
ya no se pertenece. Quiero decir: lo que no le pertenece es el sentido político
último que tiene nuestra historia. Porque Perón, Salamanca, va a tener que
aceptar lo que realmente es, lo que el pueblo hizo de él: el líder de la
revolución nacional y social en la Argentina.
Ésa es, entonces, compañero, en suma, mi manera de cagarme en Perón". Y
cuando Cooke hubo dicho esto, cuando Cooke hubo terminado de largarse esa
parrafada, el silencio, allí, en la casa de los mecánicos, en la calle 27
de Abril, era otra vez como ya he dicho que era, es decir, el silencio,
ahora, otra vez, podía cortarse con un tajo. Cooke respiró hondo, buscando
un aire que necesitaba luego de todas esas palabras que le había arrojado
a Salamanca, se recostó pesadamente sobre su silla, cruzó sus brazos sobre
su abdomen y se quedó así, tranquilo, como en reposo, mirando fijo a Salamanca,
a la espera.
El flaco Marimón se había apartado levemente de Salamanca, es decir, ya
no se lo veía inclinado sobre el líder de los mecánicos, sobre el hombre
que poseía el don de atraer las vibraciones y convertirlas en acontecimientos,
en René Rufino Salamanca, sino que, tal como lo he dicho, ahora se lo veía
apartado, o, quizá, más precisamente, se lo veía más inclinado sobre Cooke
que sobre Salamanca, pues lo miraba con una fascinación que se le adivinaba
pese a sus anteojos densos y con una sonrisa que era casi de gratitud, un
reconocimiento hondo, verdadero, y que se abría espacio entre su barba bien
recortada pero espesa de ideólogo cordobés y revolucionario. Y entonces
Salamanca tajeó el silencio porque dijo: "Mirá Gordo, aunque vos te cagues
en Perón de una manera y nosotros de otra, ya sé que estamos en la misma
trinchera". Hizo una breve pausa y añadió: "En el mismo lado de la lucha,
compañero"Entonces alguien tajeó definitivamente el silencio y gritó: "¡Viva
el compañero Cooke!". Y otro gritó: "¡Viva el peronismo revolucionario!".
Y un gordo enorme, mucho más alto y más gordo que Cooke, un mecánico, un
hombre de la calle 27 de Abril, un morocho a quien todos, coherentemente,
le decían negro, un morocho que se llamaba como Salamanca, pero no René,
sino Rufino, es decir, que tenía el más sonoro y el más viril de los dos
nombres de Salamanca, el negro Rufino, entonces se trepó a una silla con
una agilidad que en él era un desatino, elevó su brazo, cerró su puño, lo
hizo girar vertiginosamente y con toda su alma gritó: "¡Viva Perón, carajo!".
[Fragmento de La astucia de
la razón]
Imagen: Cooke fotografiado en una de las detenciones policiales
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JOHN WILLIAM COOKE
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para la militancia
Propósitos
Contar con una información adecuada no es sólo un derecho que la masa peronista
se ha ganado en sufridos años de lucha, sino también condición esencial
para cumplir su misión histórica de liberar nuestra patria de la explotación
nacional e internacional. Sin embargo, desde las estructuras dirigentes
del movimiento únicamente le llegan trivialidades que nada agregan salvo
confusión.
Las funciones inexcusables es extender y ahondar ese conocimiento directo,
elaborar críticamente datos de la realidad contemporánea y presentar conclusiones
que aclaren su sentido, extraer y generalizar las enseñanzas que deja la
acción colectiva, tareas sin las cuales no se perfeccionan las formas organizativas
y de combate.
Es en la organización revolucionaria que se opera ese enriquecimiento recíproco,
al cual contribuyen los cuadros directivos con las síntesis esclarecedoras
que orientan a las masas obreras.
El peronismo lo necesita con urgencia, como punto de partida para replantear
sus inoperantes líneas políticas.
Para saber cuales son nuestras fallas y llegar a sus causas hay que tener
una visión global de la Argentina, de las fuerzas que chocan en su seno,
de las características que revisten esos conflictos. U dentro de ese marco
histórico, examinar el significado del peronismo, con qué tendencias sociales
e irreductiblemente antagónico, qué políticas lo condenarán a frustrarse
y cuáles sirven al objetivo de realizarnos como destino nacional.
Por no plantearse correctamente todo esto, las burocracias siempre rectifican
los aciertos y reinciden en los errores. La indigencia teórica arrastra
a los desastres estratégicos.
Lo primero que procuramos demostrar en la brevedad de este informe es que
la teoría política no es una ciencia enigmática cuya jerarquía cabalística
manejan unos pocos iniciados, sino un instrumento de las masas para desatar
la tremenda potencia contenida en ellas. No les llega como un conjunto de
mandamientos dictados desde las alturas, sino por un proceso de su propia
conciencia hacia la comprensión del mundo que han de transformar.
John William Cooke - Diciembre de 1964
Capítulo
I
Malestar en las bases
Seguros de nuestra propia fuerza y razón, durante la tiranía militar, aun
en sus períodos más sombríos, la reconquista del poder nos parecía próxima
e inexorable. A nueve años del golpe imperialista (de 1955) ese optimismo
ingenuo ha cedido su lugar a otra actitud más realista y reflexiva, aunque
siempre poseída del optimismo.
El origen del descontento no es por lo tanto la violencia del régimen, son
las sospechas sobre la aptitud del Movimiento para doblegarlo. Los presos,
los torturados, los muertos, las innumerables jornadas de combate, testimonian
nuestro coraje ante la adversidad: también despiertan interrogantes sobre
si no estaremos malogrando tanto sacrificio.
Hay muchos de nuestros compañeros que relegan esas inquietantes intuiciones,
resistiéndose a admitir el deterioro de las viejas certidumbres. Otros se
tranquilizan oponiendo la convicción de que, pese a todos los obstáculos,
a la larga el pueblo vencerá. Pero este fatalismo optimista no es más que
otra forma de autoengaño: nuestros compromisos son con esta época, sin que
podamos excusarnos transfiriéndolos a generaciones que actuarán en un impreciso
futuro.
La historia no es nítida ni lineal ni simple, la Argentina de hoy es un
ejemplo de sus complicaciones y ambigüedades.
La presencia del peronismo impide que las clases dominantes gocen tranquilamente
de sus privilegios usurpados: es por sí misma, la prueba de la decrepitud
del régimen, de su ineficacia para resolver los problemas del país (nota:
aunque habría que considerar sus formas de prolongación y reciclamiento
para mantenerse).
La inquietud prevaleciente responde a la impresión de que nuestros objetivos
finales se hallan en una brumosa lejanía, que nuestros esfuerzos cotidianos
no parecen acortar.
Dicho de otra manera: entre los anhelos de tomar el poder y los episodios
de nuestra lucha, no se ve la relación de una estrategia que avance hacia
los objetivos últimos. Se organiza lo táctico, pero sin integrarlo en una
política que, por arduo que sea el camino que señale, presente la revolución
como factible, como meta hacia la cual marchamos. No más que eso necesitan
las masas, pero no con menos se conformarán.
Lo importante es destacar que allí está el origen de ese temor a no encontrar
respuestas revolucionarias a los desafíos contemporáneos.
Las clases gobernantes no pueden ya aspirar a nada más que al mantenimiento
del equilibrio. Salvo las fluctuaciones secundarias entre fases de máxima
tensión y fases de relativa calma social, permanecerán en la situación óptima
mientras esta paridad no se rompa. El peronismo, como agrupación mayoritaria,
necesita alterarla. Mientras no encuentre la política que lleve a conseguirlo,
prorroga la vigencia del régimen, y simultáneamente se debilita internamente.
Tiene ante sí una opción entre dos líneas de conducta. Puede mantener la
actual, confiando en que de alguna manera imprevista llegará al poder y
se iniciará así el milenio peronista, concepción burocrática. O puede plantear
la cuestión a la inversa: comprender que el futuro del Movimiento no está
en acertar una tómbola, sino en movilizar al pueblo en una política revolucionaria.
La casualidad que nos regale el gobierno y nos garantice el futuro no se
dará. Lo que sí podemos hacer es encarar los cambios internos de fondo que
nos pongan en condiciones de aspirar al poder.
La crisis del Régimen y la crisis del Movimiento Peronista
Todos coincidían en que la causa originaria de la crisis fue el gobierno
peronista. El que las penurias justamente comenzaran con la restauración
de 1955 no pasa según ellos de mera casualidad. También es “casualidad”
que después de nueve años de una política que es la antítesis de la que
habría provocado la crisis, ésta sigue a toda marcha. Pero desde todas las
tribunas se nos suministra una explicación que absuelve nuevamente al régimen
con irrefutable rigor lógico: lo que impide sacar al país del pantano son
las maquinaciones de una formidable asociación ilícita, que integran Perón,
Fidel Castro, “los que sueñan con un retorno imposible” y Mao Tse Tung,
además de una caterva de agentes del “comunismo internacional” que nadie
ha visto nunca, pero que se nos dice que está por todas partes haciendo
maldades a full time.
Sobre la caracterización de la crisis hay una amplia variedad de versiones:
es crisis moral, o crisis de la cultura, o crisis del desarrollo, o crisis
de jerarquías, etc.... Hay quienes ven el fin de sus privilegios como si
fuese el fin de la comunidad: confunden el no-ser burgués con el no-ser
de la Nación.
Por nuestras virtudes hemos podido agudizar las contradicciones internas
de los sectores gobernantes, impedir muchos de sus abusos, evitar la institucionalización
del despojo y el semicoloniaje. Por nuestras carencias no hemos logrado
impedir que el régimen siga manteniendo intacta la superioridad en fuerza
material que le permite subsistir, oscilando entre la dictadura desnuda
y la dictadura encubierta, tras las formas rituales de la democracia minoritaria.
A su propia anarquía e incoherencia hemos opuesto nuestras propias indecisiones,
nuestra invertebración teórica y operativa.
El pueblo se niega a aceptar el viejo juego político en que sólo participaba
por procuración, y por medio del Movimiento ha hecho imposible el reestablecimiento
de ese anacronismo, salvo como aparato desprovisto de todo vestigio de representatividad.
No ha logrado en cambio dotar a esa vocación de poder de una práctica eficaz.
La resistencia no es suficiente: sin contraataque no hay victoria.
El Movimiento exige una política en que se conjuguen las ideas, la práctica
y la organización revolucionaria, en que la búsqueda de los objetivos finales
se armonice y complemente con las variantes tácticas y operativas capaces
de dar respuesta a cada coyuntura.
Cada vez que se nos cierran los caminos de la semilegalidad, la burocracia
declara la guerra. Pero nada más. Ésta queda librada a la espontaneidad
de sacrificados activistas que oponen una violencia inorgánica, inconexa
e insuficiente, frente al potencial y a la técnica siempre en aumento de
los órganos represivos oligárquicos imperialistas. Esta vacancia de conducción
dura hasta que viene un nuevo período de soluciones negociadas. Entonces,
los que estuvieron en la retaguardia durante el combate, pasan a ser la
vanguardia en los trámites de la tregua y capitalizan la abnegación de las
bases en la mesa de arena de los acuerdismos.
En el escenario político del país, la diferencia entre los partidos tradicionales
y el peronismo es neta, tajante, evidente por si misma. Esto explica que
nos proscriban, no pertenecemos al mismo sistema. Pero las estructuras del
movimiento no reflejan esa contradicción irresoluble, sino que ésta reaparece
internamente.
Tenemos por un lado el peronismo rebelde, amenazante para los privilegios,
y por otra parte, aparatos de dirección en los que predomina una visión
burguesa, reformista, burocrática, en lugar de la visión revolucionaria
que corresponde a la realidad objetiva del papel que cumple el peronismo
en la vida nacional (nota: en la vida partidaria, el pejotismo liberal ocupó
el lugar contra el peronismo revolucionario).
Capítulo
II
El orden de la oligarquía liberal
“¿Cuál es la fuerza que impulsa ese progreso? Señores, ¡es el capital inglés!"
Bartolomé Mitre
La recolonización de 1955 permitió a la minoría explotadora ocupar económica
y políticamente el país, pero no culturalmente. Antes una cosa implicaba
a la otra, ahora no.
La fórmula había funcionado durante un siglo a partir de la derrota nacional
de Caseros. Allí se liquidó el pleito entre las dos corrientes que chocaban
desde los días de Mayo: la del puerto de Buenos Aires, cosmopolita, librecambista,
vehículo de ideas e intereses que convenían a Europa y trataba de imponer
al resto del país; y otra, nacionalista popular, que veía al país en su
conjunto y como parte de la unidad latinoamericana. Antimorenistas y morenistas,
dictatoriales y americanistas, unitarios y federales, fueron fases de ese
enfrentamiento.
Una vez que Argentina quedó incorporada como satélite de la primera potencia
capitalista de mediados del siglo XIX (Inglaterra) y se unificaba en la
política de la oligarquía portuaria, los antagonismos se denominaban separatistas
bonaerenses y hombres de Paraná: crudos y cocidos, chupandines y pandilleros,
liberales y autonomistas, cívicos y radicales.
Desde la Independencia, los intereses foráneos tenían su aliado natural
en la burguesía comercial de Buenos Aires, dispuesta a enriquecerse como
intermediaria de un comercio sin restricciones en Europa. Su primera víctima
fue Mariano Moreno, cuya visión americanista chocó con el centralismo unitario
que subordinaba el país a la política bonaerense. A ellos se debe el rechazo
de los diputados orientales que llevaban a la Asamblea del año XIII las
instrucciones de Artigas sobre la organización confederal. Sólo desacatándose
pudo realizar San Martín la campaña de Chile y Perú, pero el pago fue dejarlo
abandonado a su propia suerte en suelo peruano, del cual pasó al exilio
voluntario y definitivo.
Fue contra los devaneos monárquicos de ese grupo, que los gauchos impusieron
el principio republicano en el año 20. Fue contra la Constitución aristocratizante
de su agente conspicuo -Rivadavia- que se alzaron seis años después los
caudillos federales. Dignos antecesores de la oligarquía contemporánea,
en 1815 sancionaron la Ley de Vagancia, para terminar con la protesta de
los gauchos hambreados por la política de los exportadores de carne.
En la Constituyente de 1826, los rivadavianos proponían una cláusula prohibiendo
el voto de los domésticos, soldados de línea, peones, jornaleros, en una
palabra, a la chusma que había hecho la Independencia. Borrego, a quien
luego harían asesinar por Lavalle, ridiculizó los argumentos de esa minoría
reaccionaria. La de hoy, aplica el mismo principio proscriptivo aunque no
tiene la valentía de sostenerlo con doctrina.
Fue ese unitarismo el que concedió a Inglaterra la franquicia para que sus
barcos navegasen nuestros ríos, a cambio del derecho espectral de que los
barcos que no teníamos navegasen por el Támesis. El mismo escandaloso unitarismo
que dio toda la tierra pública como garantía para contraer el empréstito
con Baring Brother’s, el que entregó las minas de Famatina a un consorcio
europeo del cual Rivadavia estaba a sueldo, el que creó el Banco de Descuentos
dando el control a los comerciantes ingleses.
La época de Rosas fue un compromiso entre Buenos Aires y el interior, unidos
en una política defensiva contra el colonialismo anglofrancés y las fuerzas
que secundaban sus planes para desintegrarnos. Buenos Aires retiene las
ganancias del puerto, pero encabeza la lucha contra el extranjero. La Ley
de Aduanas protegía a la industria artesanal, el coraje criollo, la soberanía
acechada.
Rosas, caudillo de la conjunción de fuerzas populares que terminó con el
unitarismo, era la cabeza de los ganaderos bonaerenses, y formaba con sus
amigos y parientes el sector más dinámico de la economía, integrado como
industria de tipo capitalista e independiente del sistema comercial de Inglaterra:
cría de ganado, saladeros, flota de barcos para transportar los productos
a diversos mercados.
Cuando esas circunstancias cambiaron, la política proteccionista del Restaurador
ya no contó con el apoyo de los estancieros, que se unieron a la coalición
organizada por Inglaterra y dirigida por el imperio esclavista de Brasil.
En 1852 el país necesitaba superar el equilibrio precario del período rosista
e integrarse como nación moderna, constituyendo una unidad económica, con
el territorio nacional como mercado interno único, y el puerto de Buenos
Aires puesto al servicio común como base para un desarrollo capitalista
autónomo. Ocurrió todo lo contrario.
La burguesía comercial portuaria afirmó su control al haberse constituido
también como burguesía terrateniente. Los hombres de la Federación poco
pudieron contra sus maquinaciones, especialmente cuando Urquiza hipotecó
su caudillaje para salvar sus vacas, y la “barbarie” del interior fue aniquilada
para asegurar la hegemonía de esa oligarquía ganadero-comercial.
La Argentina se incorporó al proceso económico mundial, pero como mercado
complementario del capitalismo inglés. La manufactura importada terminó
de aniquilar nuestras industrias embrionarias. Los ferrocarriles dibujaron
una nueva geografía donde el intercambio interregional desaparece, se expande
el mercado comprador de artículos ingleses y nacen “las provincias pobres”.
Las compañías extranjeras, los grandes terratenientes y la burguesía que
participaba del negocio importador y exportador, engordan a medida que la
riqueza del interior cae en los toboganes que la deposita en los puertos
para ser transferida a las islas británicas. Los ríos que el paisanaje había
cerrado con cadenas para atajar a las flotas invasoras, pasan a ser vías
internacionales por prescripción constitucional: no la prosperidad sino
la miseria navegarán por ellos.
Zona marginal del centro capitalista inglés, también debíamos ser dependencia
ideológica y política. Es que el imperialismo es tanto un hecho técnico-económico
como cultural. El lugar de operaciones aisladas de intercambio, establece
una relación permanente que no se agota en cada transacción. Los capitales
colocados en la semicolonia deben rendir frutos durante muchos años. Es
preciso entonces evitar toda inseguridad en los reintegros y pagos de intereses.
Debe procurarse que crezca la economía agraria, para que sus productos fluyan
a la metrópoli, y que no surjan industrias que desequilibren la “división
internacional del trabajo”.
El imperio necesita contar con gobiernos estables, ordenados, buenos pagadores
e inmunes al extravío nacionalista. Para eso no hace falta recurrir a la
presión directa o a los groseros despliegues de potencia armamentista. La
penetración financiera produce el encumbramiento de una oligarquía nativa
cuyo destino estaba ligado al del “gran país amigo”.
Las expediciones punitivas de Mitre y Sarmiento ahogaron en hierro y fuego
las protestas del pueblo, la cabeza de Chacho Peñaloza, exhibida en la Plaza
de Olta, simboliza a la oligarquía mucho mejor que los mármoles y bronces
con que ella se ha idealizado.
La dependencia económica aseguró la esclavitud mental. La semicolonia quedó
unificada en el culto idolátrico de las ideas -símbolo del liberalismo-
y cuanto se le oponía fue sentenciado y ejecutado en trámite sumario.
La lucha política era entre minorías. La montonera había sido una forma
de política elemental en la que se participaba directamente. El hombre de
nuestro campo tomaba la lanza y arrancaba detrás del caudillo: iba a pelear
contra los españoles o al grito de “Federación o Muerte” (que según se ha
demostrado, significaba “República o Muerte”), contra los proyectos monárquicos
centralistas de la aristocracia porteña, o contra el chancho inglés o francés
que rondaba nuestras aguas, en último caso para entreverarse en peleas de
menor significación.
El enriquecimiento de la región pampeana significó, como contrapartida,
el estancamiento del interior. El libre cambio tuvo un primer efecto negativo:
la producción artesanal de las provincias interiores no pudo resistir a
la afluencia de manufacturas extranjeras.
Durante la época de Rosas no se había contraído empréstitos con el extranjero,
pero a medida que la Argentina aumenta sus exportaciones, y por ende su
solvencia como deudor, se recurre al crédito externo con tal exageración
que el país se va hipotecando hasta límites increíbles.
Sarmiento se vale del empréstito para terminar la guerra con el Paraguay
y “pacificar” nuestro interior; otros empréstitos se piden para obras que
no se construyen, para planes que nunca se inician, a veces sin buscar pretexto
plausible. Después se van pidiendo empréstitos para pagar los servicios
de empréstitos anteriores. Sólo de 1863 a 1873 los ingleses prestan a la
Argentina 15 millones de libras esterlinas.
En estos idílicos tiempos, que tanto añoran los conservadores, el país sufría
inmediatamente los efectos de cualquier contracción en los países industrializados.
Éstos eran periódicamente sacudidos por las crisis que llegaban aquí con
violencia multiplicada, al reducir la demanda de nuestras exportaciones
y simultáneamente el precio que se nos pagaba por ellas. Además, justo cuando
nuestro país entraba en crisis, Gran Bretaña drenaba nuestras reservas de
oro agravando la situación.
Sin embargo, las clases dirigentes ponían todo su empeño en mantener el
crédito internacional de la Nación a toda costa. Un presidente diría que
“es necesario economizar sobre el hombre y la sed de los argentinos”.
Yrigoyen y sus enemigos
Fue Yrigoyen quien, orientándose como pudo, infligió serias derrotas al
aparato que asfixiaba al país. El yrigoyenismo fue un movimiento de masas
que expresaba la tendencia al crecimiento del país, frenado por la alianza
de la aristocracia latifundista y el imperio británico.
En el gobierno tuvo entre otros méritos, el de cumplir con su promesa de
no enajenar ninguna parte de la riqueza pública ni ceder el domino del Estado
sobre ella. En un asunto clave como el ferroviario, su acción fue fecunda,
y demostró una comprensión cabal cuando, al vetar la ley del Congreso que
traspasaba las líneas del Estado a una empresa mixta, afirmó en el Mensaje:
“el servicio público de la naturaleza del que nos ocupa ha de considerarse
principalmente como Instrumento de Gobierno con fines de fomento y progreso
para las regiones que sirve”.
El apoyo a YPF, la tentativa de crear un Banco del Estado y un Banco Agrícola,
la compra de barcos, etc.., son otras tantas pruebas de su orientación nacionalista.
Su política internacional fue digna, altiva, independiente, y retomó el
sentido latinoamericanista que poseían los hombres de la Independencia y
que se perdió a mediados de siglo pasado.
Es bueno insistir sobre el manto de plomo que recubría la cultura del país.
Las voces solitarias de aquí y allá que querían agregar un aporte renovador,
estaban fuera (o se las dejaba rápidamente) de los medios de difusión capaces
de amplificarlas hasta influir en la conciencia política nacional. La transición
a concepciones políticas más adelantadas y claras que pudo producirse dentro
del radicalismo, fue cosa que no ocurrió. Fuera de él, en las fuerzas organizativas,
había un páramo ideológico.
El Partido Conservador, representante de la oligarquía terrateniente, no
se resignó a la pérdida del gobierno ocasionada por la aplicación del sufragio
libre. Mientras esperaba la hora de recuperar el poder por la violencia,
su táctica consistió en unir todas las fuerzas posibles bajo el lema negativo
de hacer antirradicalismo (luego, cuando contó con aliados en el propio
radicalismo, su bandera sería el “antiyrigoyenismo”).
El aliado más consecuente que siempre tuvieron los conservadores fue el
Partido Socialista, que no sólo los acompañó en las maniobras concretas
contra el radicalismo, sino que también lo haría contra el peronismo.
Buenos Aires, puerto de factoría que servía a la intermediación importadora-exportadora,
centro burocrático al que convergían los inmigrantes y los criollos desplazados
por el latifundio, era la única realidad que veían -incompleta y erróneamente,
además- los socialistas. Por el resto del país sentían el mismo desprecio
que los “civilizadores” mitristas y rivadavianos.
La gran mayoría de los explotados estaba en el campo: eran los peones de
la estancia, los obrajeros, los hijos de la tierra convertidos en mano de
obra miserable.
La Argentina quedaba seccionada en una porción industrial y en otra que
no lo era, cuyos respectivos asalariados se incomunicaban entre sí y perseguían
objetivos contrapuestos. Era una estrategia que podía deparar algunas mejoras
a sectores reducidos del proletariado (creando nuevos motivos de desunión
interclasista), pero le vedaba la lucha política para avanzar en conjunto
como clase. Los obreros industriales, sin peso en el cuadro global de la
economía subdesarrollada, no podían ser factor de transformaciones revolucionarias,
si actuaban de espaldas al resto de los perjudicados por el sistema oligárquico
imperialista. A cambio de la fantasía de buscar una liberación exclusiva,
para ellos solos, en medio de la Argentina desangrada, rompían el frente
capaz de obtener una liberación real, y abdicaban del papel que les correspondía
dentro de ese frente como clase revolucionaria.
En suma, no les quedaba más que “el sindicalismo puro”, la lucha economista
por mejoras inmediatas, aunque debilitados por renunciar a la solidaridad
de los otros grupos de intereses comunes, y votar por los socialistas, con
lo que terminarían de suicidarse. Como el Partido Socialista era enemigo
de la industrialización, la clase proletaria no crecería, y como también
era librecambista y enemigo de lo que llamaba las “industrias artificiales”,
cuando éstas desapareciesen, los obreros sin trabajo aumentarían la oferta
de mano de obra y bajarían los salarios. Limitándose a una política meramente
encaminada a las mejoras salariales en la industria, éstas servirían, por
una parte, para aumentar la diferencia entre las remuneraciones de la ciudad
y del campo, característica de los países subdesarrollados. Al mismo tiempo,
servirían de pretexto para el aumento de costos de producción y, sin proteccionismo,
las industrias quedarían en peores condiciones ante la competencia extranjera.
Con estas menciones basta para apreciar que si el Partido Socialista nos
ha negado siempre hasta “la leche de la clemencia”, no es por oportunismo
ni por improvisación, sino por una vocación rectilínea -desde la cuna hasta
la tumba-.
La oligarquía, copiando instituciones liberales, y el Dr. Justo remedando
enfoques socialistas, llegaban siempre a las mismas conclusiones y compartían
los mismos prejuicios. Por ejemplo, al peón de tambo y al obrajero que los
oligarcas explotaban y denigraban, el Dr. Justo los crucificaba teóricamente
negándoles toda capacidad política. Su discípulo, el Dr. Repetto, explica
que era imposible hacerles comprender razones “porque se trata de gente
muy ignorante, envilecida en una vida casi salvaje”.
Mencionamos las modalidades que los hacen indistinguibles del conservadorismo.
Destacaremos algo que acredita a los socialistas como caso político único.
Es el partido socialista del mundo colonial y semicolonial que nunca fue
antiimperialista, ni siquiera doctrinariamente. Más aún: es el único partido
socialista del mundo que ha defendido expresamente al imperialismo. Hasta
los más viscosos amarillismos social-demócratas de Europa, beneficiarios
y cómplices de la política colonial de sus burguesías, al menos en teoría
han condenado al imperialismo.
En la Argentina tenemos un fenómeno mundial: un partido socialista proimperialista
en la teoría y en la práctica.
Los designios de Estados Unidos de imponer su hegemonía en todo el continente,
no constituían ningún secreto: sus hombres de Estado lo venían proclamando
desde hacía un siglo, y había muchos hechos probatorios en exceso, la oposición
a los proyectos de Bolívar para la unificación continental, la destrucción
de nuestro Puerto Soledad en las Malvinas, el robo a México de más de la
mitad de su territorio, las depredaciones en Nicaragua, la incursión naval
contra Paraguay, eran algunos ejemplos. Pero cuando la intervención yanqui
en Cuba, a principios del siglo XX, Juan B. Justo observó: “Apenas libres
del gobierno español, los cubanos riñeron entre sí hasta que ha ido un general
norteamericano a poner y mantener la paz a esos hombres de otras lenguas
y otras razas. Dudemos pues de nuestra civilización”. Dudemos más bien de
los socialistas cipayos, porque hasta los obrajeros analfabetos del Dr.
Repetto, saben que cuando los cubanos tenían ganada la guerra de la Independencia,
en 1898, los norteamericanos, mediante una provocación, tomaron parte en
la contienda y se constituyeron en usufructuarios del sacrificio de los
isleños que venían guerreando desde hacía treinta años, firmaron un tratado
de paz con España sin dar intervención a los cubanos, y se apoderaron de
las Filipinas, Guam, Puerto Rico, etc. En Cuba nombraron un gobernador militar
y sólo lo retiraron cuando se les dio la base de Guantánamo (que todavía
ocupan) y se les reconoció el derecho de intervenir militarmente. Cada vez
que había protestas por el fraude con que se elegía a un presidente amanuense
de los yanquis, estos mandaban fuerzas amparados en esa concesión.
Únicamente a los socialistas argentinos se les podía ocurrir echarle la
culpa a los cubanos de esas intervenciones imperialistas que sufrieron todas
las naciones que estaban en el radio geopolítico de Estados Unidos.
Cuando decía “dudemos de nuestra civilización”, se trataba de una ironía
justista: quería decir que estaba seguro de nuestra barbarie. Como la civilización
y el progreso sólo pueden llegar del extranjero, también aplaudieron la
maniobra yanqui que quitó una provincia a Colombia y creó la república artificial
de Panamá. Pensaban, como los yanquis, que nuestro continente sería un emporio
de civilización si no estuviese poblado por latinoamericanos.
Lenin, explicando la desviación reformista de los movimientos europeos que
recibían su cuota del producto colonialista, dijo que “el partido obrero-burgués
es inevitable en todos los países imperialistas”. Ha mencionado asimismo
que “en todos los países en los que existe el modo de producción capitalista
hay un socialismo que expresa la ideología de las clases que han de ser
sustituidas por la burguesía”. En esta segunda categoría estaría el Partido
Socialista de nuestro país sin describirlo totalmente. La Argentina, siempre
al día con las modas del Viejo Mundo, quiso darse el lujo de tener un partido
obrero-oligárquico-proimperialista, una creación de la fantaciencia política.
Desde que se acriollaron los inmigrantes, nunca más consiguieron reclutar
a un proletario. Cuando en la Casa del Pueblo ven acercarse a un grupo de
obreros, cierran las puertas y piden custodia policial.
En 1930 la situación se tornó mucho peor, los efectos de la crisis se sentían
fuertemente y la reacción afilaba sus cuchillos. Como después pudo verse,
el curso de la economía en todo el mundo no admitía ninguna salida de la
depresión. Había que capearla lo mejor posible. Pero la maquinaria de la
oligarquía le permitía exagerar las fallas del gobierno, atribuirle la culpa
de procesos que eran inevitables y marcarlo como responsable del descontento
popular.
El Partido Socialista, infaltable en las grandes infamias contra el país,
dio una batalla parlamentaria contra la ley de nacionalización del petróleo
y lo mismo su desprendimiento, el Partido Socialista Independiente, se sumó
al escándalo callejero, arrastrando a los bobalicones de la pequeña buguesía
portuaria, que creían que aquellos tribunos municipales eran la última palabra
en materia de progresismo y audacia de pensamiento.
Entre otras lindezas, el diario La Nación emitió este juicio sintético:
“No se recuerda ninguna época de fanatismo y corrupción como ésta”. Y La
Prensa: “Nunca antes en la Argentina, un gobierno quiso mostrarse y se mostró
más prepotente, omnisciente, ni llegó a dejar mayor constancia de su incapacidad
de actuar, respetar y ser respetado. Por su parte el Partido Comunista no
aportaba nada al esclarecimiento de las cosas, por el contrario, definió
al gobierno de Yrigoyen como “reaccionario” y “fascistizante”. El clásico
frente antipopular, perfectamente sincronizado, sacó a relucir sus grandes
palabras y los militares de cabeza hueca hicieron de verdugos.
La Década Infame
“Recién entonces comprendimos hasta qué punto de nuestras oligarquía estaba
divorciada de la vida nacional y pudimos medir la amplitud y la perfección
con que dominaba los nudos estratégicos de la vida de relación” - Scalabrini
Ortiz.
En la dictadura que sustituyó a Yrigoyen pugnaban dos corrientes de pensamiento.
Los amigos más próximos del general Uriburu profesaban un vago nacionalismo
fascista, cuyo expositor principal había sido Leopoldo Lugones, por entonces
en una de las etapas más reaccionarias de su vida atormentada y contradictoria.
Se identificaba a la patria con su aristocracia, frente a la chusma que
venía a ser lo espúreo y extranjero. Era la “hora de la espada”. La dictadura
clasista y los grupos conservadores planteaban su contradicción de siempre:
invocaban las ideas de la democracia liberal, pero en los hechos tenían
que violarlas para impedir el retorno del partido derrocado, sobre todo
cuando la elección de abril de 1931 demostró que los radicales seguían siendo
mayoría.
Después de la guerra 1914-18, la posición de Gran Bretaña como primera potencia
financiera había cedido ante los Estados Unidos, que emerge como primer
país acreedor del mundo. En la Argentina eso se reflejó en un avance norteamericano,
tanto en el monto de sus inversiones como en su participación en nuestro
comercio exterior. El país se convirtió en zona de fricción entre ambos
imperialismos. Los norteamericanos invertían en algunos sectores de la industria
y tenían sus ojos puestos en los yacimientos petrolíferos, buscaban el desarrollo
de la vialidad para ampliar el mercado de sus exportaciones: automóviles,
petróleo, caucho, etc. Los ingleses defendían el sistema de transportes
estructurado en torno a los ferrocarriles y al suministro de carbón. La
crisis del año 30, dio transitoriamente el triunfo a los ingleses.
Las inversiones directas norteamericanas habían pasado de 40 millones de
dólares en 1913 a 330 millones de dólares en 1929, en 1940 representaban
360 millones: el 14% de las inversiones extranjeras contra el 61% que poseían
los ingleses.
Con la primera guerra había terminado el período de auge del sistema capitalista
universal. La crisis iniciada en 1929 no fue más que un efecto retardado
de ese resquebrajamiento, cuyos problemas habían quedado irresueltos. En
la Argentina el impacto fue tremendo, como consecuencia de la indefensión
que nos creaba el sistema agroexportador. Las condiciones de nuestro progreso
-demanda creciente de productos agropecuarios, fertilidad de la zona pampeana,
arribo de capitales y de inmigración- provenían de afuera, al margen de
una acción consciente impulsada por factores internos. Ese desarrollo espontáneo
ya estaba agotado para entonces, pues el aumento de la producción ya no
podía hacerse mediante la incorporación de nuevas tierras aptas para el
proceso productivo. La crisis trajo un estancamiento en la demanda mundial
de nuestras carnes y cereales, y el valor de las exportaciones argentinas
se redujo, de golpe, en un 50%.
Los países industrializados abandonaron los métodos del liberalismo, y establecieron
una serie de medidas para contrarrestar los efectos de la depresión. Simultáneamente,
se invirtió la corriente mundial de capitales: en lugar de afluir a los
países dedicados a la producción primaria, retiraron gran parte de las inversiones
y cesaron sus préstamos. Para hacer frente a los déficits de sus cuentas
internacionales, los países como Argentina no tenían otro recurso que apelar
a sus reservas de oro y divisas y, cuando éstas se agotaron, a diversas
medidas de regulación económica.
La conferencia de Ottawa, en que Gran Bretaña había establecido sus dominios,
un sistema de “preferencias” que cerraba las puertas a la penetración comercial
americana, puso a nuestra oligarquía en el trance de perder el mercado británico
de carnes. Empavorecida mandó una delegación a Londres, encabezada por el
vicepresidente de la República, que firma el pacto Roca-Runciman y somete
a nuestra economía a dictados ingleses.
Gran Bretaña no se comprometía a nada importante. En cambio se le otorgaba
el control de nuestro mercado de carnes y distribuir el 85% de su exportación,
asegurándose además que el transporte se realizase en sus buques.
La clase dirigente entregó al extranjero todo cuanto éste exigió, desde
el manejo de la moneda y el crédito hasta el monopolio de los transportes.
El principal instrumento de dominación fue el Banco Central, cuya ley preparó
Otto Niemeyer, vicepresidente del Banco de Inglaterra, y fue adoptada y
puesta en ejecución por los doctores Pinedo y Prebisch. La misión nombrada
por Justo para proyectar las reformas financieras del país era, con leves
modificaciones, la misma que antes había nombrado el gobierno de Uriburu.
La componían Alberto Hueyo, E. Uriburu, Federico Pinedo, Raúl Prebisch,
R. Berger, R. Kilcher, L. Lewin, y Robert W. Roberts, representantes de
la banca Baring Brothers, Morgan y Leng, Roberts y Cía., que eran acreedores
del gobierno. Extranjeros eran los ferrocarriles, los teléfonos, el gas,
los frigoríficos trustificados que controlaban la exportación de carnes,
las empresas de comercialización de las cosechas, los tranvías, ómnibus
y subterráneos.
Para dar una idea del anti-yrigoyenismo, Alvear había festejado la caída
de Yrigoyen. Los socialistas aprovecharon los años de abstención radical
para conquistar una numerosa bancada parlamentaria, luego reducida a representaciones
de la Capital Federal. Ostentaron el mérito de no complicarse en ninguno
de los escandalosos negociados de la época, pero silenciaron el escándalo
total de nuestro encadenamiento a Gran Bretaña y de los avances del imperialismo
yanqui. Al fijar posición en el debate parlamentario sobre el pacto Roca-Runciman,
el diputado Nicolás Repetto aclaró: “Desde luego, nuestro voto no implicará
un reproche a la gestión diplomática realizada en Londres por el doctor
Julio A. Roca. Manifestamos y lo hemos hecho públicamente, nuestra adhesión
por la forma tan discreta, por la perseverancia realmente ejemplar y por
la alta dignidad que nuestra representación ha sabido mantener en todo momento
en el ejercicio de su elevado mandato”.
Su oposición se limitó a lo episódico y marginal, sin calar en ninguno de
los temas fundamentales que afligían a la Nación. Eran la oposición ideal
para el régimen: moderada, enemiga del desorden, cultora de todos los mitos
proimperialistas. Su minúscula astucia de jacobinos parroquiales consistía
en equiparar a radicales y conservadores en salvaguardia del orden, cuando
se temía que los radicales intentasen perturbarlo.
Los radicales siempre reprocharon a los socialistas el haberse aprovechado
de su abstención para obtener representaciones y legalizar el fraude de
los conservadores. En defensa de esa actitud, Repetto dijo hace algunos
años cosas muy graciosas: relata que, vetada la candidatura Alvear-Güemes
en 1931, Lisandro de la Torre vacilaba en presentarse como candidato de
la fórmula con el propio Repetto, pero éste en vano aventó sus escrúpulos,
y termina diciendo: “Los hechos ocurrieron en la forma supuesta por mí,
y en la elección presidencial siguiente, los radicales triunfaron con su
candidato, el Dr. Roberto Ortiz” (La Razón 24/10/61). No menciona que Ortiz
fue electo por los conservadores y radicales antipersonalistas mediante
un fraude cometido contra el candidato de la UCR, Alvear. Con el criterio
de Repetto, en la elección de 1931 no hubo proscripción radical, puesto
que el general Agustín P. Justo era también radical antipersonalista (Ortiz
fue uno de sus ministros).
Desde luego, ahora los radicales prefieren no hablar de esos episodios,
desde que hace años son ellos los que usufructúan la proscripción del partido
mayoritario (nota: el peronismo había sido proscrito desde 1955) y eso les
ha convertido en gobierno. Cuando aluden al tema se enredan en explicaciones
más retorcidas aún que las habituales. Uno de los que lo ha abordado intrépidamente
es el Dr. Ricardo Balbín, y como era de esperar, desapareció toda confusión.
Su diáfana oratoria dejó establecido que las situaciones no eran idénticas.
“Los radicales mantuvieron su entereza moral en la abstención, sin prestarse
con sus votos a pactos ni a la confusión de la República. Los proscritos
deben tener espíritu demócrata y no ser aventureros del poder” (La Razón,
06/08/61).
Capítulo
III
La brisa de la historia
La política de neutralidad del gobierno militar rompía la unidad continental
que Estados Unidos buscaba para su política de guerra (Segunda Guerra Mundial).
El Departamento de Estado apeló a todos los recursos para forzarlo a cambiar
de línea o provocar su derrocamiento: retiro de los embajadores latinoamericanos,
inglés y norteamericano, congelamiento de nuestras reservas de oro en Estados
Unidos, prohibición a sus barcos de tocar puertos argentinos, restricción
de sus exportaciones con destino a nuestro país, etc. Recién en 1945, cuando
la suerte del conflicto mundial estaba decidida, la Argentina rompió relaciones
con el Eje, pero sin unirse al rebaño de las restantes repúblicas americanas
conducidas por los yanquis.
Los partidos, la prensa y los intelectuales, movidos por el imperialismo,
apoyaban al embajador yanqui Spruille Braden, quien actuaba públicamente
en la vida política argentina, fogoneando la renuncia y detención de Perón.
Pero los trabajadores ya no consintieron esa nueva vergüenza: todo el país
quedó paralizado por una huelga general, y las multitudes marchan hacia
Plaza de Mayo donde exigen la libertad de Perón y su vuelta al poder.
Scalabrini Ortiz ha dejado una inolvidable descripción de esas jornadas.
De ahí extraemos algunos párrafos que captan su vivencia: “Un pujante palpitar
sacudía la entrada de la ciudad. Un hálito áspero crecía en densas vaharadas,
mientras las multitudes continuaban llegando. Venían de las usinas de Puerto
Nuevo, de los talleres de Chacarita y Villa Crespo, de las manufacturas
y acerías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas. Brotaban de los
pantanos de Gerli y Avellaneda o descendían de las Lomas de Zamora. Hermanados
en un mismo grito y en la misma fe, iban el peón de campo de Cañuelas y
el tornero de precisión, el fundidor, el mecánico de automóviles, la hilandera
y el peón. Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico
de la nación que asomaba, aglutinados por una misma verdad que una sola
palabra traducía: Perón”.
El milagro aritmético
La oligarquía había temblado ante la invasión de los descamisados. Las explicaciones
autotranquilizadoras le devolvieron la calma que se transformó en euforia
cuando, de inmediato, el gobierno convocó a elecciones para cuatro meses
más tarde: allí obtendría el triunfo que se le acababa de escapar de las
manos y castigaría la escoria responsable del fracaso.
El Régimen al que había referido Yrigoyen se había reconstituido, esta vez
con el radicalismo como participante principal. El acercamiento de los partidos
respondió, como hemos visto, a una serie de motivos: el belicismo los llevó
a desarrollar actividades conjuntas, y desde junio de 1943 habían desaparecido
las causas del antagonismo -fraude, lucha por el gobierno- y todo contribuía
a unirlos, incluso la desgracia común. Ante la ola desconocida que traía
un candidato “de afuera”, no perteneciente al selecto club democrático-representativo,
se constituyó la Unión Democrática.
Mirada desde el ángulo tradicional, la Unión Democrática era una aplanadora:
estaban todos los partidos que tenía el país, es decir, todos los votos.
Los analistas procedían con criterio realista y admitían que de ese inmenso
montón de sufragios había que descontar unos puñaditos de gente votaría
al candidato “imposible”, algunos obreros sin conciencia que se habían dejado
engañar por el demagogo, los sectorcitos que seguirían a los radicales de
la Junta Renovadora, los totalitarios, claro está, y por fin ciertos elementos
de la población, como ser vagos, ladronzuelos, punguistas, borrachos, malevos....
En suma, una ínfima minoría de estúpidos y antisociales, y por consiguiente,
lo único que tenía interés era el escrutinio de las listas de diputados
para ver como estaría compuesto el Parlamento que acompañaría al gobierno
de Tamborín-Mosca.
Para mayor garantía, el imperialismo yanqui no dejaba de ayudar a sus amigos.
Poco antes, la Junta de Exiliados Políticos Argentinos se había dirigido
a las Naciones Unidas pidiendo la solidaridad del continente contra nuestro
gobierno, en un documento que llevaba la firma de los partidos Socialistas,
Demócrata Progresista, Radical, Demócrata Nacional (conservador) y Comunista.
Braden había dejado la embajada, ascendido al cargo de Subsecretario de
Estado para Asuntos Latinoamericanos y desde allí trataba de obtener el
asentimiento para los que desde aquí pedían “la intervención militar en
la Argentina”. En noviembre de 1945, el canciller uruguayo, Rodríguez Larreta,
le da estado diplomático a la tesis y emite la Doctrina de Intervención
Multilateral, propiciando la intervención colectiva del hemisferio para
restablecer la democracia en nuestro país, recibiendo la respuesta que merecía
de nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores.
Faltando pocos días para las elecciones, el Departamento de Estado norteamericano
publicó el Libro Azul, donde se repetían las habituales acusaciones y se
daban “pruebas” de que Perón y sus colaboradores eran agentes nazis. Nuestro
gobierno las desmintió con el Libro Azul y Blanco, haciendo enérgicas consideraciones
sobre la intromisión norteamericana en los asuntos internos de la Argentina.
No hay necesidad de explicar cómo fue que perdieron todos los partidos,
con toda la prensa y el dinero, con las omnipotentes embajadas de las democracias
victoriosas, con los estudiantes, profesionales e intelectuales, con los
caudillos grandes y chicos de todo el país.
Ese golpe fue cruel para todos ellos. Muy especialmente para el radicalismo,
que de ser una inmensa mayoría, se encontró ante la sorpresa de que no podía
ganar ni con el aporte de todos los partidos juntos. Sus frases seguían
siendo las mismas, los propósitos que venían enunciando no habían cambiado,
ni tampoco la comunicación inmaterial con las masas de Alem, Yrigoyen y
Alvear. Sin embargo ese pueblo que durante trece años de fraude había querido
votarlos, ahora que tenían la oportunidad de hacerlo en comicios libres,
les volvía la espalda para seguir a un recién llegado.
Ellos se veían a sí mismos de una manera: la imagen era falsa y el pueblo
los contemplaba tal como eran.
La UCR, como todo partido “serio”, excluyó de su léxico la palabra “imperialismo”
justo cuando el hombre de la calle estaba adquiriendo conciencia de su peligrosidad.
El caso que venimos analizando deja una primera lección: no hay que encerrarse
en cuevas ideológicas, porque afuera pueden estar sucediendo cosas importantes,
y uno enterarse demasiado tarde o no enterarse nunca.
El Partido Comunista, que se autotitulaba “vanguardia del proletariado”,
se desempeñó como vanguardia de la oligarquía. De lo que se han valido los
antiliberales reaccionarios para desacreditar al marxismo, que parecería
conducir sistemáticamente a las mismas posiciones que el liberalismo. Lo
cual es falso. Primero, porque el marxismo no es una doctrina que de respuesta
automáticamente a cada situación, es un método para conocer la realidad
social y guiar las actividades tendientes a cambiarla. Según cómo se lo
utilice se llegará o no a interpretaciones y a líneas de acción concretas.
Y segundo, porque lo que ha caracterizado siempre al PC Argentino es, precisamente,
el no aplicar la teoría que invocan.
Tienen una concepción del país que proviene, en parte, de asimilarlo a modelos
históricos que no se adecuan a nuestro país y, en parte, de la mitología
mitrista. Y una política consistente en adaptarse mecánicamente a la política
de la URSS. El marxismo sirve para justificar literalmente esa suma de irrealidades.
Así, de la táctica de los “frentes populares”, cuando se firmó en 1939 el
pacto ruso-germano, va a defender la neutralidad y denunciar como sirvientes
del imperialismo a los que intentaban meternos en la guerra. Pero cuando
la URSS fue arrastrada a la contienda, los “imperialismos” pasaron a ser
“democracias”, los neutralistas fueron declarados “nazis”, y los cipayos
pasaron a ser la esperanza de la Patria, no abandonaron el frentismo, que
es su técnica permanente, pero ya no se buscó el “frente nacional antiguerrero”
sino otro para incorporar a nuestro país en el frente único de los pueblos
en guerra con el “nazifascismo”.
Era un nazifascismo tan raro que había levantado la intervención de las
universidades, dado legalidad al Partido Comunista después de 15 años de
proscripción, permitía la libertad de prensa más desenfrenada, y celebró
las elecciones más limpias de toda nuestra historia, como lo reconocieron
los partidos opositores.
Ningún integrante de la Unión Democrática creyó que pudiera triunfar el
coronel Perón. El 17 de octubre había sido un misterio “policial”: el 23
de febrero (elecciones) fue un misterio aritmético.
Algunos dijeron después, para prestigiarse como zahoríes, que se la vieron
venir: no es cierto, eso estaba fuera de toda lógica que ellos pudieran
desarrollar. Por lo general, hasta el día de hoy siguen sin enterarse de
lo que pasó. En el subconsciente les baila la hipótesis de que es cosa de
magia negra.
1945-1965: Citación nacional y actuación revolucionaria de las masas
En el año 1945, los bárbaros invadieron el reducto de la democracia para
esquistos, distorsionaron todas las relaciones sociales, desmontaron los
cómodos engranajes del comercio ultramarino y para colmo, se mofaron de
las estatuas y cenotafios con que la oligarquía gusta perpetuarse en el
mármol y en el bronce.
El 17 de octubre era algo tan nuevo, que rápidamente lo redujeron a su verdadero
valor: era una especie de congregación de papanatas, delincuentes, o como
decían los cultos de la izquierda oficial, lumpen proletariado, arriados
por la policía en una especie de carnaval siniestro. Lógicamente el 24 de
febrero, cuando se reunieron todos los partidos políticos, los que tenían
todos los votos, el candidato imposible como llamaban a Perón, no tenía
otra perspectiva que la de conseguir algunos votos de esos elementos marginados.
La verdad es que los dueños de todos los votos perdieron. En lugar de unos
pocos sufragios de la canalla, la canalla sacó más sufragios que todos los
partidos juntos desde la izquierda a la derecha.
Inmediatamente los teóricos buscaron explicación y lo plantearon como un
episodio de la lucha de nazis y antinazis dentro de su característica habitual
de trasladar a escala nacional los problemas universales. Pero por detrás
de todas esas explicaciones, en el fondo del subconsciente les baila la
hipótesis de que había sido cuestión de magia negra.
Pero en todo esto había algo más que mala fe, había la incapacidad de la
clase dirigente argentina para comprender un fenómeno que no cabía dentro
de las formas conceptuales del liberalismo tradicional.
Ese ostracismo de las clases dirigentes debió haber sido definitivo. Solamente
duró 10 años, y sobre el perjurio de algunas espadas se restableció el régimen
y resolvió aplicar sus tesis. Los juristas de almas heladas inventaban decretos
de desnazificación y crearon maravillas de la juricidad como el 4161 famoso,
mientras los intelectuales inventaban teorías que iban, desde la tesis de
que constituíamos una acumulación multitudinaria de abribocas encandilados
por métodos de propaganda totalitaria, hasta la distinción sociológica entre
masa y pueblo, la masa como algo informe, innoble, indiferenciada; y el
pueblo, para decir una palabra, constituido por gente que votaba al radicalismo,
a los conservadores o a los socialistas. Hasta monseñor Plaza, el conocido
clérigo financista del Banco Popular, anunció que la epidemia de poliomelitis
que padecían los niños argentinos era el castigo de Dios por el extravío
del peronismo.
Nosotros dijimos: soberanía política, independencia económica y justicia
social. Pero si para esos objetivos aplicamos métodos que eran adecuados
a una realidad de hace 20 años, la inoperancia de los métodos desvirtúa
y desmiente la fidelidad a los objetivos. Esa manera burocrática de conseguir
las cosas, no es ortodoxia peronista, es apenas oficialismo peronista. Una
teoría política que refiere a una realidad debe cambiar con esa realidad.
Le reprochábamos casualmente a la ideología liberal que las ideas eran universales
y tanto valían para EEUU, África o Francia, y que tanto valían en la época
ascendente de la burguesía como en la época de la expansión imperialista
sobre las zonas subdesarrolladas de la tierra y lo que nosotros negamos
en 1945, lo que negamos de toda esa superestructura ideológica implantada
sobre una triste realidad del país, así como negamos los mitos de la historiografía
mitrista y a los presupuestos de la Constitución de 1853.
De la misma manera, para ser fieles con esa negativa y toda Revolución,
debe ser primero rechazo si después quiere ser afirmación, fieles a esa
negativa debemos también cuestionar dentro de nuestro bagaje ideológico
todo aquello ya perimido por el tiempo, por los hechos y por el fluir de
la historia nacional e internacional.
Moreno, Dorrego o Rosas... han merecido nuestra admiración y nos sentimos
identificados con ellos en cuanto a defensores de la soberanía, en cuanto
a actores de la lucha independentista. A nadie se le ocurriría, sin embargo,
ir a repetir el plan de ninguno de ellos. Pero en ese tiempo histórico presente
de las revoluciones de los pueblos y los levantamientos de los continentes,
tanto da estar atrasados 20 años como estarlo 100 o 140.
Nosotros postulamos la defensa y la continuidad de la tradición. El pensamiento
conservador es partidario del tradicionalismo, es decir, de la fijación
de categorías que alguna vez fueron. La época de la montonera no era para
ellos la dinámica de las luchas de las masas argentinas en sus etapas de
ascenso, sino que es el reflejo, la época de oro para una utópica restauración
del fijismo de la estancia rosista.
Por eso, en el año 45, a pesar de la crítica que hizo el nacionalismo de
derecha al régimen liberal y la historiografía mitrista, pronto nuestros
caminos nos separaron, porque donde ellos todavía soñaban con la vuelta
a la tierra, y se veían caudillos de gauchos sometidos a la elite de la
aristocracia de la que formaban parte, nosotros veíamos el gaucho de carne
y hueso transformado en cabecita negra, obrero y que buscaba conducción
sindical, orientación para sus luchas, conquistas políticas, líderes de
las masas.
Hay miles y miles de hombres que sólo conocieron la derrota, pero lo que
no conocieron fue el deshonor.
En el año 1945 Perón planteó perfectamente el problema nacional. Acá hay
una frase clave y que él de una manera o de otra la ha repetido siempre:
“Cien años de explotación interna e internacional han creado un fuerte sentimiento
libertario en el espíritu de las masas populares”.
La izquierda inclusive no la entendió. Posiblemente si Perón en vez de decir
esa frase tan sencilla hubiese dicho: La dialéctica de la lucha de clases
internas, en relación con la liberación de los pueblos semicoloniales en
la época de la expansión financiera del imperialismo, se conjuga en una
unidad dialéctica dentro de las coordenadas de la economía y de la historia
mundial… Si lo hubiese dicho así, de esa forma, la izquierda tal vez lo
hubiese reconocido como un hombre genial.
La lucha de clases estaba agudizada, pero el régimen peronista seguía planteando
el problema del país, como si todavía existiese el frente policlasista antiimperialista
del año 1945, con Perón como General en Jefe, y ese frente ya estaba desintegrado.
La parte marginal de ciertos sectores de la burguesía media y alta se fueron
retirando rápidamente, los sectores de la pequeña burguesía, algunos movilizados
por el problema religioso, otros por diversos factores coyunturales, expuestos
como están a los factores propagandísticos de la burguesía, rápidamente
abandonaron este frente popular, y entonces, así se explica no solamente
la caída del peronismo, sino la forma en que cayó, porque la única fuerza
real con que contaba el peronismo a esa altura de los acontecimientos era
la clase obrera.
No es insólito que esto ocurra, lo insólito es que si bien el general Lucero
es lógico que creyera en la palabra de honor de sus camaradas, qué diablos
tenía que depender la fuerza de la clase trabajadora de la palabra de honor
de ningún militar, si la única fuerza real con que contaba eran sus propios
puños y su propia fuerza. Y aunque el peronismo no era un régimen del proletariado,
tampoco era la dictadura de la burguesía.
Sin embargo había un lugar donde pudo haberse planteado todo eso, eso era
el partido, pero lo que ocurre es que también el partido y la administración
y gran parte del sindicalismo sufrieron un proceso de burocratización, y
ahí donde debía haber sido el campo de desarrollo ideológico se transformó
en una esclerotizada estructura burocrática donde cualquier recomendado
por el mismo podía ir de gerente de una empresa, como interventor del partido.
Se identificaron las tareas administrativas con las tareas políticas y lógicamente
en estos casos se produce una cierta degeneración: cualquier burócrata firma
un decreto y cree que ha contribuido a la grandeza de la nación, dice tres
palabras de obsecuentes y cree que es artífice del triunfo peronista, murmura
una arenga patriótica y cree que la República le está en deuda.
El mal proceso de selección determinó que ante esa coyuntura a que me estoy
refiriendo, el salto cualitativo no podía ser tomado como medida técnica,
debía haber sido tomado desde el punto de vista de la media política.
Se produce en consecuencia un enfrentamiento con una tremenda coalición
interna e internacional, en la que el peronismo actuaba como si contase,
como en el caso de un general que creyese que tiene determinadas divisiones
que están en el campo adversario y no en el campo de él, y todos los lamentos
póstumos sobre las milicias obreras, para mí son simples especulaciones
fantasiosas. Porque no se puede armar la clase trabajadora para que defiende
a su régimen y al otro día decirle: Bueno m’hijo, devuelva las armas y vaya
a producir plusvalía para el patrón.
La milicia obrera y la defensa del régimen implicaba los cambios sociales.
Cuando se quiso formar ya era tarde, porque el régimen se vio entre la contradicción
de que el paso de su respaldo militar a un respaldo compartido por la clase
obrera armada, hubiese significado perder ese aparato militar, y en ese
desajuste hubiese caído irreversiblemente.
El régimen fue vendido el 16 de julio, porque casualmente cuando Perón proclamó
que era el presidente de todos los argentinos, en ese momento no era más
el presidente de la clase obrera, nadie más lo reconocía. Entonces, siguió
pidiendo la pacificación como la había pedido en el ’52, creyendo que le
acababan de dar el último golpe a lo contrarrevolucionario, y lo que acababan
de dar era el primero, un golpe prematuro de una coalición de fuerzas que
seguía inconmovible.
(...) Se podría seguir todo el tiempo con esta clase de cosas. El senador
Fassi dice que la URSS es fascista y que el régimen de Fidel Castro es imperialista,
y podría acumular así disparates constantemente.
Es un problema mucho más serio, eso no depende de Illia ni de Onganía ni
de nadie. Depende de determinadas estructuras que no pueden permitir el
acceso del peronismo, y que cuando lo permitan será porque el peronismo
no será la expresión política de los trabajadores.
Todo lo demás pertenece al mundo de la magia, al mundo del milagrerismo,
en el fondo se reduce a lo siguiente: que se arme un bochinche y pase no
se sabe qué y como consecuencia de eso aparezcamos no sé cómo en el gobierno
sin darse cuenta de que el hecho que yo diga que el régimen está en crisis,
en descomposición, no significa que el régimen cae, porque solo no va a
caer, hay que voltearlo, porque una situación histórica así puede durar
cualquier cantidad de años.
Cualquiera que hayan sido los factores que hayan intervenido, que en todas
partes no fueron los mismos, el hecho concreto es que en el momento, para
lo que yo llamo una alta conducción burocrática, de plantearse el problema
de su mito, lo que había que plantear llenándolo de su verdadero significado
y no como hacen con Perón, que es como Sócrates, que le dan la interpretación
que quieren, entonces todos proclaman una adhesión abstracta que parece
que es la más obsecuente y el máximo de fidelidad y la verdad es que es
la mayor falta de respeto.
En el fondo todo radica en lo mismo, como en el año 1945 el pueblo y las
fuerzas armadas marcharon juntos en una etapa de la historia, una vez que
se despejen los malentendidos que siembran los malvados, nos volveremos
a juntar -¡nunca más nos volveremos a juntar!-.
En primer lugar porque en 1945 eso de pueblo y ejército fue una verdad a
medias. Al fin y al cabo el 9 de octubre a Perón lo echó el Ejército. Lo
que pasa es que como en aquel entonces el balance, el equilibrio de fuerzas
internas de las FFAA era muy parejo, la irrupción del movimiento de masas
fue suficiente para volcar de nuevo la balanza a favor de Perón. Pero ese
ejército ya lo perdimos. Porque ese nos acompañaba en el industrialismo,
en la lucha antiimperialista, en una serie de cosas, pero no en el contenido
social ni en el avance social que representaba, no en la subversión de las
jerarquías. Por eso que mientras unos se levantaron contra el peronismo
en septiembre, otros pelearon con bastante desgano y esto corresponde sí
a un estado de espíritu, a un estado de conciencia, pero siquiera esos estaban
formados en un cierto repertorio mínimo de ideas nacionalistas.
Por otra parte, cuando nos disolvamos como peronistas, si es que nos disolvemos
como peronismo, es porque otra fuerza representará el papel revolucionario
que representa en este momento al peronismo.
La revolución social entonces no es un orden ideal fijado porque nosotros
lo consideramos que es el que preferimos con respecto a otro, es una necesidad
técnica, como necesidad económica y como necesidad del país para realizarse
como integridad nacional, es una tarea nacional postergada, exige ese pre-requisito
de la revolución social, así que cuando nosotros decimos el régimen burgués
no da más, estamos diciendo no una preferencia, porque aunque el régimen
burgués fuera capaz de desarrollarse yo igual estaría en contra, pero al
mismo tiempo eso no quitaría que pudiese el país recorrer etapas dentro
de él. Pero ahora lo que yo opine o no opine no tiene importancia, lo que
tiene importancia es si los análisis son correctos y si los análisis tal
como yo los he planteado son exactos. Entonces hay que replantearse una
nueva visión del país, una correspondencia entre las luchas del pueblo que
son sacrificadas, que son abnegadas y que ya vienen desde hace 10 años,
y una estrategia de poder. A nadie se le pide que nos ponga en el poder
mañana ni pasado.
Se les pide que nos encaminemos al poder, que no nos encaminemos a la disgregación,
que no nos encaminemos a la esterilidad histórica.
Lógicamente como yo hago estas críticas, comprendo que puedan hacer otras,
pero siempre desde la lucha. La primera condición para criticar el combate,
es estar en el combate.
Estamos en un equilibrio: el régimen que no tiene fuerza para institucionalizarse
pero sí para mantenerse mientras el peronismo y la masa popular y otras
fuerzas tiene suficiente potencia para no dejarse institucionalizar, pero
no para cambiarlo. ¿Quién tiene que romper ese equilibrio? Nosotros; a la
burguesía con durar le basta.
Diciembre de 1964 | www.elortiba.org
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