Coronavirus: a río revuelto…

Por José Steinsleger

Acabo de terminar un curso exprés de «epidemiología» (como autodidacta soy un tigre), y sólo me resta resolver un par de dudas: 1) ¿el coronavirus fue cultivado y diseminado por China y las clases dominantes del mundo para «militarizar la crisis» y «mantener a raya a los de abajo»?; 2) ¿tiene razón Nicolás Maduro al decir que el coronavirus fue sembrado para desestabilizar China?

La primera duda me seduce (¡joder!, yo también soy «antisistémico»). Pero entonces coincidiría con Felipe VI (1293-1350), aquel rey de Francia que en el siglo XIV atribuyó la desaparición de un cuarto de la población de Europa, al «viento corrompido» que provenía del Islam, el consumo de aceite de oliva, el trato con mujeres y el dormir con ellas en una cama

Como fuere, el «viento corrompido» o «peste negra» fue el mayor factor de quiebre del mundo medieval: campesinos que abandonaban sus tierras y señores feudales forzados a rebajar sus rentas. Últimos vestigios de servidumbre, de la que fue surgiendo la era moderna, junto con los «posmodernistas» que necesitaban cuestionarla.

Ahora bien. Cuando la viruela mataba entre mil y 3 mil personas anualmente (y sólo en Londres), un poeta y practicante de medicina que atendía a campesinos, Edward Jenner (1749-1823), oyó que entre agricultores y granjeros circulaba la creencia de que la enfermedad pustulosa de las ubres de la vacas que contagiaba a las personas, protegía también contra la viruela.

Así nació la «vacuna», que toma su nombre de dicha enfermedad animal. ¿Retroceso o gran momento en la historia de la medicina? Jenner tuvo que afrontar lo de siempre: la ignorancia y el miedo de la gente que se negaba a dejarse vacunar, el clero que se refería a la vacuna como un complot contra los designios de Dios, las intrigas que lo acusaban de ser un hombre sin escrúpulos, decidido a hacer fortuna.

Simultáneamente, el físico y filósofo alemán Georg Christopher Lichtenberg (1741-99), escribía: «Descubrir un remedio infalible contra el dolor de muelas, que lo quitara en un momento, sería algo tan valioso, y quizás más, que descubrir un nuevo planeta». Pensamiento que en mi caso, tras una delicada cirugía dental, celebro más que las ocurrencias del astrofísico Stephen Hawking (1942-2018), al decir que «para salvar a la especie, la raza humana tendrá que mudar de galaxia».

Entre la vacuna de Jenner y Hawking, mi cirugía y la aparición del coronavirus a finales de diciembre, transcurrieron 250 años. Y ahora me debato frente a la disyuntiva planteada más arriba: o doy fe a los «antisistémicos» puritanos y neoliberales mediáticos que pescan a río revuelto, o a opiniones como las de Bruce Aylward, veterano de la lucha contra la epidemia de ébola: «Si tuviera el Covid-19 (coronavirus), querría ser atendido en China».

Como funcionario de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el doctor Aylward se mostró preocupado por la aparición de la epidemia en otros países, y dijo que los casos se multiplican «exponencialmente». Pero la evaluación unánime de la misión de la OMS que en el país asiático visitó varias ciudades y provincias (entre ellas Whuan, epicentro del coronavirus) es que los chinos han cambiado el curso de esta epidemia y los nuevos casos van disminuyendo.

El informe de la OMS asegura que 80 por ciento de los casos son leves, que la mayoría de los infectados se curan, que hay 13 veces más pacientes curados que fallecidos, que sólo 3 por ciento de los casos ocurre en menores de 20 años, que la mortalidad en menores de 40 es sólo de 0.2 por ciento, y que si bien todavía se desconocen las causas, los menores de 14 años son casi inmunes al nuevo coronavirus, las probabilidades de contagio son de 0.6 por ciento.

El informe agrega que es fácil inactivar el virus, que ya existen prototipos de vacunas, que hay más de 80 ensayos clínicos con antivirus en curso, y que en poco más de un mes se han escrito unos 164 ar­tículos disponibles en Medline, la base de datos referencial más importante de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos.

No obstante, revisemos lo que tan sólo uno entre miles de medios que se escudan en la «libertad de expresión», comentaron del drama: «China es responsable [sic] de la aparición del coronavirus». Y, por supuesto, Irán. Y Cháv… (perdón, Maduro). Y AMLO, quien “…contravino indicaciones por coronavirus [sic], y repartió saludos y abrazos en su reciente visita a Tabasco [sic]”. Titulares del tóxico portal Infobae, que dice estar contra las fake news (28/2/20).

Aflojemos. ¿Con cuáles películas «virulentas» nos quedamos?: ¿ Hijos del hombre (Alfonso Cuarón, 2006), o Soy leyenda (2007)? ¿ Contagio?, con Matt Damon y Kate Winslett (Steven Soderberg, 2011), Guerra mundial Z, con Brad Pitt (Marc Foster, 2013), o ¿ 93 días (Netflix, 2014)? ¿ Viral (2016), con Dustin Hoffman, o el documental Pandemia (Netflix, 2020)?

Conclusión: creo que mi curso exprés fue algo apresurado.

La Jornada, México

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