Coronavirus, capitalismo y Salud Mental

Por Bárbara Orbuch*

Uno de los aspectos más problemáticos del fenómeno de la pandemia del Coronavirus es el abordaje de la situación psicológica de los ciudadanos frente a la limitación de su vida social y cultural, el dominio de la realidad emocional y el control de los cuerpos.

La delimitación del adentro y el afuera en el psiquismo es muy compleja y el tema de la libertad como tema central en biopolítica lo es más aún. Pero centrándonos en la realidad de la dinámica capitalista occidental, las vidas de los hombres y sus subjetividades giran en torno al funcionamiento yoico. La formación para la vida es ejecutiva, volitiva, se trabaja poco con las emociones y los vínculos intersubjetivos se desarrollan más bien en el afuera y para el afuera.

En el más allá del deseo, se sitúan los significantes amos que nos condicionan la psiquis, en la compulsividad del consumo y en el goce por los objetos,en el ocio y el desenfreno del ritmo cotidiano por adquirir, usar, disfrutar, ocupar, tener. El hábito predominante no es precisamente introspectivo, ni cultiva el mundo interno del desarrollo del ser, ni en los pensamientos ni en las acciones.
Dentro de la dinámica familiar, la estructura de la realidad cotidiana y sus determinantes económicos y culturales, muchas veces consiste en que cada cada miembro de la familia se encuentre radicalmente ocupado durante la jornada conservando así una organización familiar basada en minimizar los intercambios, las miradas y la escucha.

En este período muchas situaciones psíquicas podrían agudizarse: fobias y ansiedades pueden acrecentarse por temores al contagio, por la incertidumbre sobre el futuro, por la inhibición al desplazamiento y a la movilización, así como angustia frente a los desconocido, por el peso de la autoridad ante una situación de crisis, también pueden suscitarse inicios de depresiones y reacciones vivenciales traumáticas por situaciones de violencia o dificultades vinculares agravadas a raíz de convivencias problemáticas.

La cercanía con un otro con el que las interacciones no son prolíficas ni habituales, puede ser una dimensión problemática a nivel vincular.

A nivel subjetivo propiamente, el vínculo con el sí mismo también cambia. “El conócete a ti mismo” no es una práctica de esta temporalidad y exige una sensibilidad adormecida y atontada por los estímulos externos a los que estamos expuestos de modo permanente.

En estructuras psíquicas que niegan el límite como las narcisistas o las psicopáticas, esta realidad es muy disruptiva, tal como lo hemos visto con algunas personas que transgreden las normas y poseen la creencia de que la ley no los comprende a ellos.

Aunque la decisión a nivel Estado es de protección, prevención y contención y a nivel discursivo se ha transmitido correctamente con palabras que así lo señalan, la semántica de la globalización siempre estuvo dirigida desde sus enunciados al goce de los bienes y el consumo, nunca a una voz que proclamara que un virus o una bacteria podrían propagarse a nivel mundial mediante el intercambio de personas, Aunque los resultados de la inequidad y la explotación son significativamente nocivos, una gran parte de la sociedad solamente descifra el mensaje de la posibilidad del consumo creciente o de la ilusión del mismo, sin importar la inmensa cantidad de sumergidos que el mismo sistema genera.

Al vivenciar pragmáticamente los efectos de este fenómeno mundial, los síntomas psíquicos no demorarán en llegar. La negación de la realidad y las modalidades refractarias tampoco. Provocar movimientos subjetivos y conmover dinámicas vinculares cristalizadas no es como soplar y hacer botellas; exige un trabajo personal y colectivo.

También se pueden encontrar salidas epidérmicas o maníacas de salvataje anímico, ocasionales o de bajo vuelo que disfracen una realidad que al fin y al cabo deberemos enfrentar.

En todos los casos, es esperable que acontezcan reestructuraciones mentales, nuevas configuraciones, modificaciones de creencias, frustraciones y nuevos modos de vincularse, diferentes grados de aceptación de la realidad, modificaciones de nuestros esquemas mentales, adaptaciones diversas y todas las visicitudes que comportan estas nuevas coordenadas anímicas de la vida cotidiana que tendrán diferentes grados de afrontamiento, según la historia, la estructura psíquica, el contexto y las redes de apoyo existentes.

En la población más vulnerable, el hacinamiento y el hábitat inadecuado sumado a la informalidad laboral, pueden producir mayores montos de estrés y ansiedad frente a la imposibilidad concreta de proveerse de la manutención básica por lo cual las políticas públicas deben apuntar en primer lugar a este sector.

Cada sujeto es un mundo, y en un mundo plagado de subjetividades, el repertorio de los síntomas puede ser variopinto, pero en este ciclo asistimos a un escenario complejo, donde una pandemia engloba al mundo en una misma realidad negativa. Encontrar una salida desde la cooperación y la promoción de los vínculos saludables es un desafío gigante y requiere de un considerable apoyo social que debe ser ostensible para las personas.

Cómo repensamos nuestros vínculos con el mundo, con la realidad cotidiana, con los otros próximos, con el prójimo, es una tarea a resignificar en este singular período.

Resistir el aislamiento es diferente según el lugar y el posicionamiento subjetivo, pero también desde el posicionamiento social y económico. En el orden político, es motivo de reflexión y análisis observar la paradoja de que el contagio se haya producido de arriba hacia abajo, del centro a la periferia.

Es un virus capitalista. Hay falta de ética y de responsabilidad en su propagación y falta de cuidados hacia el otro, cierta impunidad en el querer seguir gozando más allá de los efectos que produzcan en el semejante. Conocemos sus efectos, los vivimos en una dimensión que no debemos naturalizar y que tiene un peso específico en nuestros cuerpos.

Como decimos desde el psicoanálisis: “hay aquí, un saber no sabido”
Ojalá gocemos efectivamente de salud mental para no dañar a los otros ni a nosotros mismos: el contagio ya se ha producido; tengamos la salud física para poder luchar e independizarnos de su yugo y poder emanciparnos colectivamente de su dominio.

*Psicoanalista-Docente

Marzo 2020

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