Correa: «La integración latinoamericana es una cuestión de supervivencia»

De visita en México, señala que a él, a Lula y Cristina Fernández los persiguen porque en sus gobiernos «se empezó a construir un sistema alternativo que por fin nos saque del subdesarrollo»

Por Arturo Cano

Sobre la rapidez con que creció su movimiento en 2006, Rafael Correa señala: «Se nos metió mucha gente que no era leal al proyecto político sino sólo leal al poder, y a la primera oportunidad traicionaron». Foto Jesús Villaseca

 

Fue parte del «sueño integrista» latinoamericano, una de las denominaciones de lo que se ha dado en llamar la «ola progresista» que llevó al poder a fuerzas políticas ajenas a los dogmas del neoliberalismo. Hoy, Rafael Correa, ex presidente de Ecuador (2007-2017) sigue siendo una figura de la «ola» pero ya no habla del sueño: «Para nosotros», dice, «la integración latinoamericana es una cuestión de supervivencia».

En Ecuador lo esperan 29 demandas judiciales a las que dedica gran parte de su tiempo, sus seguidores son perseguidos y encarcelados, y el gobierno de su sucesor, Lenín Moreno (a quien considera un «impostor profesional»), lo ha culpado de las protestas recientes contra las políticas de ajuste, que dejaron 11 muertos y mil 300 heridos.

Correa tuvo un ascenso vertiginoso. En medio de una crisis política, fundó un partido (Alianza País) en abril de 2006. Para enero de 2007 ya estaba en el poder. La sacudida incluyó una nueva Constitución, cambios y obras que se realizaron bajo el paraguas de la «revolución ciudadana».

De visita en México, Correa ofrece hoy una conferencia magistral con el título «América Latina en disputa».

 

Enseguida, extractos de la entrevista que concedió a este diario.

–¿Qué está en disputa?

–El sistema. Tenemos dos siglos con un sistema fracasado. Estados Unidos, nos guste o no, tiene un sistema que lo llevó al desarrollo. Lo que hemos visto a principios de este siglo es que por fin, realmente, viene un sistema alternativo. ¿Por qué me persiguen a mí, a Lula, a Cristina, a Evo? A mí, que porque era «autoritario». ¿Lula era autoritario? Nos persiguen porque somos sus enemigos de clase, porque realmente, con nuestros gobiernos, perdieron el poder. Porque realmente se empezó a construir un sistema alternativo que por fin nos saque del subdesarrollo.

–¿Cuál es el estado del «sueño integracionista»?

–Tal vez para nuestros libertadores fue un sueño, para nosotros es una cuestión de supervivencia. Tal vez no para la economía mexicana, pero para economías pequeñas como Ecuador, Bolivia o Colombia es cuestión de enfrentar esta globalización neoliberal que no quiere hacer una sociedad planetaria sino un mercado planetario.

“Imagínense ir a Washington como un bloque –el mundo del futuro será un mundo de bloques– a discutir nuestros problemas con Norteamérica. El integracionismo ya no es un sueño sino un asunto de sobrevivencia”.

 

Extractivismo y desarrollo

–Además de la oposición de la derecha, ¿qué obstáculos ve a la integración latinoamericana?

–Una parte de la respuesta es nuestra incapacidad de organización y planificación. La integración tiene una gran dosis de organización y coordinación y no lo sabemos hacer. Tenemos que aprender si queremos salir del subdesarrollo, porque gran parte del desarrollo es acción colectiva. Tú puedes tener los soldados mejor dotados y ultratécnicos, pero si no hay una estrategia, si no hay una dirección, vas a perder la guerra.

–En una reciente visita a México, el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, preguntaba: «¿Cómo están pensando esta paradoja entre desarrollo y defensa del medio ambiente?» ¿Cómo la manejó usted?

–No veo problema. Es decir, tenemos que aprovechar los recursos naturales para superar la pobreza, salir del subdesarrollo, incluyendo los recursos naturales no renovables.

–¿Y cómo respetar la naturaleza al mismo tiempo?

–Hay que utilizar el extractivismo para salir de él, ese era nuestro lema. No se sale del extractivismo cerrando las minas. Ese es un error de cierta izquierda, un ecologismo infantil. Nosotros no somos responsables de la destrucción del planeta, somos víctimas. En todo caso son responsabilidades comunes. Y tenemos urgencias como superar la pobreza, salir del subdesarrollo, y para eso necesitamos esos recursos no renovables, con absoluta responsabilidad social.

 

Lenín y el futuro

-Lenín Moreno, su ahora archienemigo, fue su vicepresidente. ¿Por qué lo impulsó como su sucesor?

Correa responde que lo conoció en 2006 y que le pareció una persona muy agradable. «Puede ser un error mío, pero cuando veo personas que han tenido una tragedia personal de esa naturaleza, tiendo a confiar en ellas. Nos salió un pillo, pero se ganó mi confianza por esos dramas familiares que tenía» (Moreno perdió la movilidad de sus piernas a fines de los 90, en un asalto).

Incluso antes de asumir la presidencia, Moreno había comenzado los contactos con enemigos de la «revolución ciudadana». Y una vez en la silla comenzó su tarea de «descorreizar» a Ecuador. «Es un impostor profesional», resume el ex presidente.

La rapidez con la que su movimiento llegó al poder trajo sus problemas: «Se nos metió mucha gente que no era leal al proyecto político sino sólo leal al poder, y a la primera oportunidad traicionaron».

–¿Tiene su movimiento alguna posibilidad para 2021?

–No nos van a dejar participar, porque no nos quieren vencer en las urnas. Nos robaron el movimiento Alianza País, ilegalmente. Pero la fuerza la tenemos nosotros. Tres veces hemos tratado de inscribir un movimiento político y lo han impedido con cualquier pretexto. En las elecciones de marzo hemos tenido que participar con un movimiento prestado, pero ya quieren eliminarlo.

–¿Cómo evalúa la actuación de los organismos de derechos humanos en el caso ecuatoriano?

–La semana pasada entrevisté a Alfred-Maurice de Zayas, quien estuvo en el Alto Comisionado de la ONU, y usó una expresión con la que estoy de acuerdo: hay una industria de derechos humanos. Y se ha politizado, es un instrumento político. Y en el caso de la OEA, ¡la doble moral de Almagro es una vergüenza! En Ecuador fueron 11 muertos y mil 300 heridos y Almagro fue a felicitar al gobierno. Pero si esto hubiera sucedido con un gobierno de izquierda hubiesen reaccionado al segundo día. Hay una gran hipocresía.

–La gente que pone sus esperanzas en un gobierno progresista, ¿no se desencanta cuando no las ve reflejadas en sus bolsillos?

–No. Mi lema en 2006 fue «volver a tener patria». Estábamos viviendo una crisis económica terrible y teníamos un país desangrado por la migración, una tragedia nacional. (Y en ese contexto) lo que la gente no permite es que le perjudiquen gravemente el bolsillo. Pero si ve un gobierno honesto, que trabaja aunque no pueda resolver todos los problemas, un gobierno haciendo lo posible para lograr cosas buenas, la gente va a seguir apoyando. No creo que sólo piensen con el bolsillo.

–El presidente López Obrador ha insistido en que va rápido porque necesita hacer cambios que sean irreversibles. ¿A usted le faltó tiempo para lograr cambios así?

–Sigo la filosofía de López Obrador, no para que los cambios sean irreversibles, sino para hacer la mayor cantidad de cambios. Ahora, vas a cometer errores. Si se lavan 10 platos no vas a romper ninguno, pero si lavaste 10 mil en ese mismo tiempo vas a romper alguno. Yo prefiero lo segundo, pero es riesgoso.

«En mi experiencia propia, durísima, fue una gran decepción para mí, porque yo creí que habíamos hecho muchos cambios irreversibles. Todavía falta tiempo, mira las protestas. Pero me sorprendía la facilidad con la que rompieron las cosas. Tuve exceso de confianza, creí que había cosas irreversibles y gran parte de esas cosas fueron revertidas muy fácilmente».

La Jornada, México

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