Cuarto de máquinas

ZONA LITERARIA | EL TEXTO DE LA SEMANA

Por Juan Guinot*

Coincido con la 0 cuando me dice «siempre falta algo», pero ver brotar una nueva luz en las paredes de mi cuarto me hace feliz.

Para apreciarlo, observo la instrucción de dejar la cortina de pana gris bien extendida y disfruto de la pureza de esas estrellitas esparcidas sobre las paredes. Ellas trajeron el regocijo a mi vida chata, aburguesada y obesoide. Estoy tan feliz en este cuarto ¿Cómo hice para vivir lejos de este mundo? Pero, para qué amargarse; sólo debo pensar en mi fami… Sí, 0, tenés razón, en mi familia de máquinas.

Todo empezó hace una semana. Andaba sumido en la programación de mi bóveda cráneo televisiva y conocí a la 0, como decía la propaganda: «La primigenia, el principio del fin de su vacío interior». La compré y llegó el mensaje: «Previamente debe acondicionar un cuarto pequeño» y dispuse del cubo marital. Debía vaciarlo, bloquear la apertura óptica, cubrir con cortinas el ventanuco exterior, alistar un medio-huevo individual y echarme dentro.

Fue una sorpresa. Me revolqué en el medio-huevo (muslos y rodillas me quedaron pegados a panza y pecho) y la 0 llegó primero a mi mente, dijo: «Estoy para lo que desees» y después brotó en una luz naranja, arriba de mi cabeza, en el centro del techo. Ni tiempo de darle la bienvenida tuve, porque en distintos puntos de la pared, como motitas, emergieron diez luces más, el regalo inesperado: «Corporación Máquinas le envía el combo obsequio de diez máquinas: 1 crédito, 2 sueños, 3 seguridad, 4 salud, 5 películas, 6 alimento, 7 infusiones, 8 aseo, 9 música y tevé craneal».

Y fue de no creer, se encendió la 9 y conectó a mi bóveda cráneo televisiva las imágenes del telediario. Los reportes me estremecieron, pedí a la 9 que pasara a música clásica. La 4 sugirió cuidar los niveles de excitación y recomendó adquirir la 10, para obtener medicina y la 11 para bajar la ansiedad con los «ejercicios de sentado a base de hormigueos eléctricos». Ni bien miré al techo para pedir esa compra, la 1 informó su autorización ¡Qué grata sorpresa! No hacía falta pedir, sólo pensar en la necesidad para verla realizada; «Esto es tecnología de punta», musité en una victoriosa vuelta en redondo sobre el medio-huevo. Pero la 1 alertó sobre faltantes de crédito y recomendó «la 13 a la 22 en cómodas cuotas» para generar más salario. «No puedo dejar pasar la oportunidad». Tan sólo dije eso y diez luces se sumaron, me sentí feliz, miré al techo y la 0 correspondió poniéndose naranja como un ojo de magma. Me dormí.

Siempre sospeché que no soñaba, pero dentro del cuarto de máquinas pude hacerlo y, para mayor sorpresa, al abrir los ojos recordé mi sueño: era un hombre hercúleo, de piel rosada. Miré a la 2, pensé «gracias por soñar». Ella me dijo «la 23 y la 24 moldean tu cuerpo y humectan la piel».

Debía festejarlo, pensé en la 7 y la 6, y una hendija se abrió a mi derecha y un plato de pastón de cerdo salió a mi encuentro. Estiré la mano, la vajilla caliente llevó su humito a mis narinas y el estómago agradeció. La 7 sirvió un tubo de cerveza, de casi un brazo de largo, que vino desde la pared izquierda y se detuvo a las puertas de mi boca. «A la salud de las máquinas», dije y bebí la cerveza, luego tragué del plato embudo todo el pastón de cerdo.

Así fue como empezamos y vivimos la semana de éxitos y más éxitos.

Hoy me encamino a completar la primera semana dentro del cuarto de máquinas. Me esfuerzo, con máquinas de trabajo, para rebalsar de créditos y gastarlos, sí, está bien 0, para «invertirlos». Y aquí estoy, con la 99 recién instalada. El fútbol figugráfico global es genial. Me ha venido el sueño de competir y me sorprende el catálogo cráneo televisivo donde encuentro a la 150 para entrenar y la 201 para entrar a la liga amateur. No se puede creer. ¡Y todo sin salir de casa!

Un momento. ¿Y esa luz? Se tratará esto de algún otra sorpresita de Corporación Máquinas. La luz es extraña. ¿Será así la 100? El destello no me deja ver. ¿Papá? ¿Qué haces dentro de mi cuarto de máquinas? Pero, cómo voy a estar hablándote, si estás muerto. Yo mismo llevé tus cenizas a la cumbre, abrí el cofrecito, contemplé cómo tu cuerpo hecho polvo se fue empujado por el viento y cómo los pequeños trozos de hueso rodaron entre las piedras. ¿Papá? ¿Por qué me besas la frente y te vas? ¿Por qué no dices algo? ¡Papá!

Sigue camino y su figura licuada, ennegrecida, se funde con la cortina de pana gris. Despego los muslos de mi torso y pego un brinco; cae el medio-huevo, golpea en mis pantorrillas y me desparramo en el piso, sin quitar los ojos de la cortina. Un estallido de cristales precede a un cambio de forma y la cortina se hincha y acampana como la tela del vestido de una mujer encinta. Esa comba desciende vertical hasta el ruedo y descubre una pelota, que rebota sobre el piso, plagado de astillas de vidrio. De un tacazo me quito de encima la silla de medio-huevo y me pongo de pie. Una correntada de aire levanta esas cortinas y las abre. Un rayo de sol inunda todo el cuarto. Miro las paredes y las luces han desaparecido. Camino hacia la ventana, el aire fresco cuela los gritos de mis dos niños por el ventanuco y la cortina termina por caer. Doy dos pasos al frente y miro entre los dientes triangulares de la ventana rota. Mis hijos me llaman, agitan sus brazos. Me agacho, recojo el balón, lo abrazo bien fuerte contra el pecho y emprendo contra el ventanuco.

Es el séptimo día. El fin del cuarto de máquinas.

*Juan Guinot (Mercedes, Buenos Aires, 1969) es licenciado en Administración (UBA), magister en Dirección y Psicólogo Social. Asiste al taller de Alberto Laiseca. Recibió distinciones literarias en Argentina, Brasil y España. Publicó relatos y colaboraciones en antologías y revistas argentinas y españolas (miNatura, La Casquivana, entre otras). Escribe para el programa “Nobleza obliga” (Radio América). Participa en ciclos de lectura porteños y madrileños. Antologó, junto a Gabriela Cabezón Cámara y Patricia Suarez, los cuentos de Verso y reverso (2011). Publicó 2022-La guerra del gallo (España, 2011), que fue finalista del premio Celsius en la Semana Negra de Gijón (2012). Su obra teatral unipersonal La guerra del gallo se estrenó el mismo año en Buenos Aires.

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