De garcas y otras yerbas

Por Jesús Gabriel Maldonado

Tratando de entender porque estamos viviendo estos tiempos que corren, me propuse hacer un pequeño análisis, sin mayores pretensiones y desde la mirada de un hombre común, como para, a partir de la comprensión, tener mejores herramientas para la lucha. Espero que tengamos varios puntos de acuerdo.

Recuerdo a mi viejo, cuando no, hablando de los oligarcas, los acomodados de toda una vida, aquellos que han crecido dando la espalda a los demás, o mejor dicho, haciendo que los otros se rompan sus espaldas para evitar pesares sobres las propias, acumulando mucho más allá de lo necesario, acumulando lo propio, y lo ajeno. Por costumbre heredada, o por comodidad, vaya uno a saber, los llamaba garcas; cuando era niño me causaba gracia escucharle decirlo, estoy convencido que era un juego de palabras que venía del mismo oli-garca, y también por esa definición cuasi lunfardezca de garcar, y así se formaba el garca, un tipo capaz de cagarse en todos y en todo.

Los años fueron pasando y los tiempos fueron cambiando, seguramente no me darán ningún premio por esta conclusión, pero es bien cierto que pasamos de ir con la taza al vecino de al lado a manguearle azúcar para una torta (con la promesa cumplida a rajatabla de devolver el favor llevando luego una porción), a vivir sin conocer a nuestros vecinos.

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El oligarca poco a poco fue desapareciendo del lenguaje, camuflándose en otros términos que no sonasen peyorativos, si se quiere; pero hubo un cambio mucho más rotundo que se fue enquistando en la sociedad y que va más allá de terminologías usadas socialmente, fuimos perdiendo paulatinamente el concepto de sociedad, poco a poco un individualismo a ultranza ha ido ganando los espacios, es esa, sin lugar a dudas, las victoria más importante del liberalismo, el triunfo del Yo, por sobre el Nosotros. Y esto no es algo a la ligera, explica muchos de los procesos que vemos hoy en día.

“Trayectoria de garca”

La sociedad disgregada pierde su capacidad de lucha por aquel viejo axioma de “divide y vencerás”, así el liberalismo y su primo el capitalismo, se relamen viendo el panorama que han creado con décadas de intervencionismo en los medios de difusión, el individuo consume inducido por una pauta errónea con la que es bombardeado día a día, “si comprás este celular vas a tener las mujeres que aparecen en la propaganda, vas a ser exitoso y vas a pasear en ese auto que va con tu personalidad” y así se dan las colas histéricas frente a los locales ante la salida de cada nuevo modelo, provocando una competencia despiadada por ser el primero, o al menos tener lo mismo que el otro, mirando siempre para arriba, claro está. El individualismo es envidioso por definición, no hay felicidades permanentes, cualquier logro será obsoleto en cuestión de tiempo, las mujeres y los hombres lucharán por ser como esas imágenes que los bombardean a diario, ellas usarán cada crema que les prometa dejarles el cutis como el de una piba de 20, promocionado justamente por una piba de 20, y ellos comprarán fragancias cada vez más caras, con nombres que muchas veces ni sabrán pronunciar.

El individualismo tiene varias formas de sinónimos, y una de ellas es el concepto del garca, ese tipo del que renegaba tanto mi viejo, el que no tiene reparos en dejarte el auto en el estacionamiento para discapacitados del hipermercado para quedar mas cerca de la puerta, o mandar al pibe a hacer la cola mientras él compra, burlándose así de quienes pacientemente están formados tras la caja. El garca es la apoteosis del individualismo. Alguien que no mirará para el costado, un frustrado que irá siempre detrás de la zanahoria que le cuelgan frente a su cara, chocando y pisoteando todo y a todos. El garca cree que él es el centro del universo, sus logros los medirá en su esfuerzo y no en las condiciones sociales para lograr sus metas, y por sobre todas las cosas, el garca culpará de su fracaso a los demás y eso indefectiblemente le hará odiar, y ya sabemos todos que el odio no es la mejor de las compañías para andar por estos caminos.

No son pocas las veces en las que me pregunto si estos personajes son un efecto buscado o un defecto del sistema, y aunque tengo visiones encontradas al respecto, generalmente prima la idea de que no es casual, hay un armado concienzudo detrás de estos personajes, se ha instalado la idea de la felicidad en términos ficticios, la televisión, los medios en general, inundan de fantasías que son vendidas como fácilmente accesibles, y así todas quieren ser esa actriz que la entrevistan y sale perfecta detrás de una máscara de maquillaje, querrán tener el reconocimiento, en lo que sea, porque en un contexto individual, con la envidia como bandera, ser reconocido, es quizás un símbolo de haber llegado a un estadio en el que claramente se lo puede diferenciar de los demás, y diferenciar allá arriba, en lo aspirable; por eso hombres y féminas harán lo imposible por estar allí, y aquellos que no se animen, mirarán embobados frente a la TV.

Piénselo, si saca la basura como no corresponde, si va por la vereda con un paraguas que parece una sombrilla, si se hace el dormido en el bondi para no ceder el asiento, si se detiene obstruyendo una rampa para discapacitados y tantas otras cosas más, bien podría ser un Garca, pero no se aflija, al menos ya va a tener en claro a quien tiene que votar…

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