De la guerra en Ucrania a la guerra mundial

Lo que hay en juego

Por Estela Pereyra

Tras la guerra en Ucrania subyace, en realidad, la puja entre dos proyectos: el del capitalismo financiero de occidente, unipolar y hegemónico y el de un capitalismo industrial fundamentalmente asiático, multipolar que rompe y disputa esa hegemonía.

Y si bien la gota que rebalsó el vaso fue la probable inclusión de Ucrania a la OTAN, hace tiempo que esa organización tiene metidas sus manos en el país lindante con Rusia al que tanto Estados Unidos como los países de Europa le ofrecieron sus amables servicios de entrenamiento a sus tropas militares. Scott Ritter, exoficial del Cuerpo de Marines de EE.UU., sostuvo en un reportaje que no sólo su país entrenó a los nazi fascistas del Batallón Azov, sino que también participaron los ejércitos del Reino Unido y Canadá. Es decir, sólo faltaba la formalidad de incluir a Ucrania en la OTAN porque, de hecho, la colaboración en esos entrenamientos ya era una intromisión que excedía su papel y significaba una clara provocación a Rusia.

Pero eso no es todo. Veamos: a posteriori de la invasión rusa, Europa y Estados Unidos siguieron “colaborando” con armamento y personal militar llamado eufemísticamente legión extranjera, aunque en buen romance son mercenarios a sueldo de la OTAN muchos de los cuales también estuvieron en Siria. Y ni siquiera faltaron argentinos que se anotaron para “colaborar”. Fueron sesenta en total pero quedaron sólo treinta porque el resto no tenía un buen nivel de inglés, condición sine qua non para tener el honor de vender su fuerza militar al servicio de una guerra lejana y ajena. Sin embargo, muchos de los colaboradores extranjeros se retiraron a países limítrofes de Ucrania por la ¡Falta de pago! algo que deja bien claro que son mercenarios y no idealistas que van por solidaridad con el país dirigido por el comediante Zelensky.

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Fue el The New York Times el que publicó la decisión de Estados Unidos de realizar una especie de colecta de elementos de combate soviéticos para transferirlos a Ucrania, habida cuenta de que son los únicos que saben manejar los militares ucranianos, entre ellos, carros de combate. El medio checo Ceska Televize publicó en Twiter que la República Checa envió a Ucrania tanques T-72 y vehículos de combate de infantería BVP-1 y hasta un video que muestra el tren cargado con ese armamento ilustró la publicación. En la reunión de los ministros de Exteriores de la OTAN realizada el 7 de abril se decidió seguir proveyendo armas a Ucrania. Liz Truss, ministra británica de Exteriores, fue la vocera que comunicara las conclusiones de la cumbre: “Hemos acordado intensificar el apoyo a Ucrania y también hemos reconocido que el conflicto ha entrado en una fase nueva y diferente, con una ofensiva rusa más concentrada” y, también agregó: “Pactamos que los países suministren equipos nuevos y más pesados ​​​​a Ucrania para que puedan responder a estas nuevas amenazas de Rusia. Hemos acordado ayudar a las fuerzas ucranianas a pasar de sus equipos de la era soviética a equipos estándar de la OTAN”.

Nueva Zelanda no se quedó atrás e hizo su aporte. “Enviaremos a nueve miembros de las Fuerzas de Defensa de Nueva Zelanda a Reino Unido y Bélgica para apoyar a nuestros socios en trabajos de inteligencia y coordinación en los próximos tres meses” anunció en una conferencia de prensa la Primera Ministra Jacinda Ardern que antes ya había enviado cinco millones de dólares al Fondo Fiduciario de la OTAN que suministra combustible, raciones militares, comunicaciones y botiquines de primeros auxilios a Kiev.

Por su parte, el comandante de las Fuerzas Armadas de Lituania, teniente general Valdemaras Rupsys, anunció que su país entrenará a las tropas ucranianas en el uso del armamento moderno de la OTAN. En tanto, el español Josep Borrell Fontelles, alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, vicepresidente de la Comisión Europea y miembro del Partido Socialista Obrero Español, cual si estuviera anunciando el estreno de una nueva película, sin empacho ni vergüenza, sostuvo: “Me complace anunciar aquí, en Kiev, que la Unión Europea va a asignar otros 500 millones de euros del Fondo Europeo para la Paz para que el ejército ucraniano obtenga armas para defender a su país y a su pueblo”. ¡Una “paz” inaudita, alimentada con armas para los neonazis ucranianos! Es evidente que occidente tiene una extraña concepción de la paz… Lo cierto es que Europa ya ha destinado 1.500 millones de euros para la compra de armas para Ucrania.

La OTAN ha cambiado su política desde que asumió Biden como presidente. Durante el gobierno de Trump las relaciones entre Estados Unidos y el resto de los países que integran la organización no fueron de las mejores por lo cual corrió serios peligros de extinción pues Trump cuestionó fervientemente que sus socios europeos no cumplieran con sus aportes a una OTAN que, para él, era obsoleta (sic) y pensada para sesenta años atrás cuando existía la Unión Soviética. “Los miembros de la OTAN no pagan una parte justa. O pagan o tienen que salir. Y si así se rompe la OTAN, que se rompa”, dijo el ex presidente. Es que para pertenecer hay que pagar. Los países miembros deben aportar en gastos militares un 2% de su producto interno y en el momento en que Trump asumió 23 de los 28 miembros no cumplían con el acuerdo realizado en 2014 de destinar ese porcentaje a inversiones en defensa. El cuestionamiento de Trump se enfocaba hacia Europa en general pero, en particular, hacia Alemania, considerada el gigante europeo, sobre la cual sostuvo que “La Unión Europea es básicamente un vehículo para Alemania”. Durante todo el período que gobernó cuestionó la baja colaboración de Alemania y su relación dependiente con Rusia por la compra del gas y el petróleo: “….Además de todo, Alemania acaba de empezar a pagar a Rusia, el país del que quiere protegerse, miles de millones de dólares por sus necesidades energéticas que salen de un nuevo oleoducto de Rusia. ¡No es aceptable! ¡Todas las Naciones de la OTAN deben cumplir con su compromiso del 2%, y finalmente debe llegar al 4%!” escribió en su Twiter refiriéndose a la inversión ruso alemana en el gasoducto North Stream II.

La llegada de Biden trajo un alivio para la OTAN, porque su posición es exactamente contraria a la de Trump. Durante sus casi 50 años en la política norteamericana, Biden fue uno de los mayores defensores de la existencia de la OTAN. Acérrimo enemigo de Rusia, mantiene sobre ella la misma mirada que en la guerra fría y justamente desde que asumió toda su política internacional estuvo enfocada a revivir la rusofobis como si aún superviviera la Unión Soviética, dando origen a una nueva guerra fría que se fue acrecentando con el paso del tiempo. Su cuestionamiento a la puesta en funcionamiento del North Stream II fue crucial para presionar a Alemania que terminó retrocediendo en el acuerdo que tenía con Rusia. Sin embargo, con esta decisión se ha puesto solo en una encrucijada: casi el 50% de su consumo de gas depende de la provisión de Rusia, de allí se explica por qué para Alemania era fundamental el gasoducto North Strean II que abarataba los costos (el gas ruso es el más barato del mundo) que, al ser un tendido por el Mar Báltico, iba directo de Rusia a Alemania, sin gastos de transporte ni intermediarios como Ucrania que cobraba un plus por los gasoductos rusos que pasan por su país. Esta dependencia alemana explica por qué se opuso a la sanción de dejar de comprar gas y petróleo a Rusia. Lo mismo le sucede a Italia que también se opone a dejar de comprarle. Es decir, si bien Rusia necesita encontrar nuevos clientes y ya está en eso, Europa no puede dejar de depender de sus recursos. Tampoco Europa puede sustituir la provisión rusa de un día para el otro y se calcula que recién en 2030 estaría en condiciones de hacerlo, previas obras que insumen millones de euros, para sustituir las importaciones a Rusia. Todo un dilema en medio de las presiones que ejercen Biden y Zelensky sobre los países dependientes del país más sancionado del mundo.

Y mientras todo eso sucede, paralelamente, aumentan las sanciones económicas a Rusia, algo que la OTAN preveía como el mazazo final con el objetivo de destruir su economía. Enormes son las presiones que ejercieron y ejercen todavía sobre China, México, Serbia, Hungría, India y otros países para que se sumen y marginen a Rusia de todo negocio posible. Con China hasta tuvieron el atrevimiento de amenazarlos con sanciones a su país, algo que con buena cintura vienen evitando los chinos, aliados de los rusos desde hace años. Es claro el objetivo de la OTAN: quiere romper ese frente, dividirlo, romperlo para luego ir a por China, el principal enemigo de la hegemonía económica de Estados Unidos y su dólar como moneda de intercambio internacional. La guerra ya no es entre Rusia y Ucrania, sino entre el bloque China-Rusia-Irán y Estados Unidos y sus satélites. Y, tal como se expone más arriba, no sólo es económica, sino militar dado que son los proveedores de armas y los entrenadores militares de los naziucranianos.

Esta guerra tiene, por tanto, dos frentes: uno económico y otro militar.

Sin embargo todo no es color de rosa para occidente: las sanciones económicas fueron un boomerang y ahora, especialmente los países europeos, están metidos en un brete del que les será casi imposible salir: la inflación como consecuencia del aumento de los precios del gas, el petróleo y los cereales, sobre todo. Respecto al mismo período del año anterior España tiene la máxima inflación registrada desde 1985 con un 9,8 %; Alemania, 7,6%; Lituania, 15,6%; Estonia, 14,8%, el más alto de Europa; Países Bajos, 11,9%, casi 5 puntos porcentuales más respecto de febrero; Letonia, 11,2%; Italia, 6,7%; Gran Bretaña 6,2%, por lo cual se vio obligada a tomar medidas para atenuar el impacto pues su inflación es la más alta en los últimos 20 años y el pronóstico para abril del 7,5% no es menos desalentador; Francia, 5,1% y Malta, 4,6%. Esta situación, por supuesto, genera otras consecuencias, como por ejemplo la caída del voto en favor de Macron en las elecciones, a quien Marie Le Pen le pisa los talones y cuyos votantes se duplicaron en los últimos quince días; movilizaciones multitudinarias en Italia por el aumento de los combustibles; protestas de agricultores en Alemania; En España, paro indefinido de transportistas por el aumento de los costos, manifestaciones de agricultores y ganaderos por la caída de su rentabilidad por el aumento del combustible y una enorme movilización de sindicatos y trabajadores en contra del aumento de la electricidad.

Estados Unidos presiona a los países de Europa para que renuncien al gas y el petróleo rusos, algo muy conveniente para su economía, dado que ellos les ofrecen su gas envasado a miles de kilómetros de distancia cuyo transporte encarece aún más su ya elevado precio. También les vende petróleo que no produce pero que tiene en sus reservas y, paradojal y paralelamente, sigue comprándole a Rusia… Con el fin de reemplazar los recursos rusos apeló primero a Venezuela que aceptó venderles pero con condiciones, una de ellas, que les devuelvan el oro de sus reservas, equivalente a 1.000 millones de dólares, retenido en el Banco Central de Inglaterra desde hace 13 años. Por supuesto, el gendarme del mundo no está dispuesto a ceder nada y las negociaciones quedaron en aguas de borrajas. Ante ello, los norteamericanos, en su afán de voltear la economía rusa cuyos ingresos están totalmente ligados a la venta de su gas y petróleo, acudieron a otros países, como Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. Pero, no sólo por acuerdos previos realizados con Rusia de no producir más que lo estipulado para mantener el precio internacional, sino porque tampoco acuerdan con la política internacional norteamericana y sus presiones, los árabes sostuvieron que ellos no mezclan los negocios con la política (sic), como si esos negocios no afectaran la política mundial, especialmente la occidental, cuyas economías se encaminan a un abismo nunca visto. Los árabes ni siquiera le atendieron el teléfono a Biden.

A la luz de los hechos, la tercera guerra mundial está en curso y se expresa en una desenfrenada pugna económica cuyo escenario de guerra hace eje militar en Ucrania que, a la vez, sirve de excusa válida para esa disputa.

El rey está desnudo… Josep Borrell no disimula en lo absoluto respecto de los objetivos de la OTAN cuando sostiene que “Esta guerra será ganada en el campo de batalla” mientras a expensas de sus pueblos, empobrecidos diariamente con el aumento de la inflación por las sanciones a los rusos, los gobiernos europeos aportan sus 1.500 millones de euros para la compra de armas para los neonazis ucranianos. Es asombroso que ni siquiera escuchen las advertencias del Fondo Monetario Internacional que vaticina que “Si el conflicto se intensifica, el daño económico sería aún más devastador. Las sanciones a Rusia también tendrán un impacto sustancial en la economía mundial y los mercados financieros, con importantes repercusiones en otros países”. Mientras, Biden, despegado de la realidad y como si viviera en Marte, se jacta de que las sanciones a Rusia harán retroceder 15 años a su economía.

De todos modos, Estados Unidos es el más beneficiado con las sanciones porque le dan la oportunidad de vender no solamente gas envasado y petróleo, sino armas, muchas armas, porque ahora los países de la OTAN se están pertrechando como nunca antes. La guerra, para Estados Unidos, sigue siendo un excelente negocio y es por ello que le sopla al oído a Zelensky que se retracte de los avances a que habían llegado Ucrania y Rusia en las negociaciones de paz mientras le vende al presidente comediante todas sus armas de rezago ¡Un negocio redondo! Los que inexorablemente han tomado pésimas decisiones son los europeos que son y serán los únicos perdedores de la contienda. Saldrán empobrecidos y endeudados con su socio mayor al que no dejan de comprarle armas cuyas fábricas ven con regocijo el cómo se disparan sus acciones en la bolsa: las de Lockheed Martin crecieron más del 18 %, las de Raytheon Technologies Corporation un 14 % y las de General Dynamics un 12,5 %. Ni hablar de lo mal parada que saldrá Ucrania cuando termine el conflicto militar que le dejará un país devastado, muy probablemente una porción menos de su territorio (todo el este y el sur que pasará a Rusia de una u otra forma), pobreza y deudas con occidente que le terminarán de chupar la sangre. Pero Zelensky está contento y cree al pie de la letra que se ha transformado en el “líder” emergente de la causa de la OTAN. Tarde descubrirán los ucranianos cuánto se enriqueció personalmente a cambio de sus favores. Como siempre, el pueblo pagará…

Los gobiernos de occidente creen que sus países son el mundo entero. Se olvidan que oriente existe, que allí viven cientos de millones de seres humanos que respiran, trabajan, consumen, compran y viven y que son muchos más que los de occidente. Rusia ya está ubicando su gas y su petróleo en China, India, Paquistán, Brasil, Hungría (que ya sostuvo que no piensa renunciar al gas ruso) y también sus cereales, fertilizantes y otros productos cuya manufactura y exportación son imprescindibles en la industria mundial. El rublo, que cayó durante los primeros quince días de las sanciones, se recuperó y actualmente sobrepasa el valor que tenía antes del conflicto militar respecto del dólar. Así las cosas, las sanciones no han cumplido el sueño de Biden y sus socios europeos y están lejos de ser el castigo ejemplar que intentaron. Es que, como dijo Douglas Macgregor, asesor de Trump, Rusia no es Iraq. Rusia no sólo es una potencia militar con el armamento más moderno del mundo, sino también un país que se estuvo preparando para esta disputa. Junto con China, son los estados que más han propendido a ese mundo multipolar que ya es un hecho irreversible: cada vez más países comercian en sus propias monedas, dejando al dólar de lado como moneda de intercambio internacional. El sistema SWIFT también ha sido sorteado con inteligencia para los nuevos acuerdos firmados entre Rusia e India que comerciarán en rublos y rupias o con China en yuanes y rublos.

Las cartas están echadas, la guerra recién comienza y no se agota en los bombardeos en el Donbas. Veremos mucho más y esperemos que prime la cordura y no termine en una conflagración nuclear entre potencias disputándose los mercados del mundo. Porque de eso se trata… una guerra mucho más profunda y grave, donde los neonazis ucranianos apenas si habrán sido los títeres de turno.

Socompa