De Milagro a la militancia

Por Alejandro Coco Garfagnini

En el marco de un encuentro con la militancia del Frente que lleva su nombre y desde la prisión domiciliaria que le impuso el gobernador Gerardo Morales, Milagro Sala se mostró con fortaleza y pidió «dejar de naturalizar que en nuestro país haya presos políticos».

El encuentro virtual, seguido por miles de personas, fue convocado para homenajear al general Juan Domingo Perón en el día de su nacimiento y a Ernesto «Che» Guevara en la fecha en que se recuerda su caída en combate en Bolivia.

Desde su prisión domiciliaria donde cumple una condena plagada de nulidades que la Corte Suprema de Justicia omite deliberadamente tratar, Sala sostuvo que «en la Argentina no hay una Justicia democrática». Estuvo acompañada por el autor de esta nota y coordinador nacional de la Tupac Amaru, Alejandro Garfagnini, por quien también sufriera una prisión por razones políticas, Fernando Esteche, y por numerosos dirigentes de distintas organizaciones sociales que componen el Frente Milagro Sala.

El espacio de articulación política y social nació en 2016 para enfrentar el avance del neoliberalismo que encarnaba la presidencia de Mauricio Macri. Con una agenda social marcada por el desafío de construir viviendas para dar respuesta al déficit habitacional y dinamizar trabajo cooperativo para enfrentar la desocupación, el Frente Milagro Sala interpela desde sus entrañas al Frente de Todos.

Milagro señala la vigencia de los desafíos que sacuden a la militancia popular. «Hay que militar incansablemente para que haya proyecto nacional, para frenar al neoliberalismo», señala, y se mete decidida en la compleja coyuntura. «Que no nos pase de nuevo lo de Venezuela —advierte—. Si hubiera estado Néstor el voto contra Venezuela no pasaba, es un retroceso en esta pelea que tenemos contra el avance del neoliberalismo».

En esa línea de pensamiento fue tajante: «Hay que parar un poco con el temor de tomar algunas medidas… Lo digo por Vicentin. No nos puede pasar que a las dos semanas de tomar una decisión que deja contenta a la mayoría, retrocedemos. Y una semana después, Vicentin sigue haciendo maniobras para seguir llevándose plata», advirtió.


De tomas y viviendas

Milagro Sala ha dejado más que palabras en la realidad política argentina. Sus 8.000 viviendas construidas en Jujuy, las gigantescas piletas, los centros de salud y educativos, marcan un antes y un después del entramado social de la provincia.

Milagro recordó las tomas masivas de tierras que se protagonizaron en los comienzos del gobierno de Néstor Kirchner, a quien recordó en múltiples pasajes de sus palabras. Narró que las tomas que se llevaron adelante en Jujuy encontraron respuestas efectivas por la decisión política de gobierno de Néstor Kirchner y por la acción transformadora de la realidad de la Red de Organizaciones Sociales que coordinaban con la Tupac Amaru en la provincia.

Contó la forma en que abordaban las tomas desde la organización. «En los lugares donde fuimos la gente estaba mal, había gente armada con revólveres y machetes. Eran jujeños que querían un pedazo de tierra y vivir bien. No querían un pedazo de tierra para hacer un negocio», señaló con claridad. «Pero teníamos un compromiso del Estado, y nuestro como organización popular, para que en ese pedazo de tierra no se instalara una carpa. Ahí tenía que haber una vivienda, y la cooperativa la construía», recordó.

«Se puede construir viviendas y que nuestros compañeros no vivan en un asentamiento, donde la gente se enferma por tener que vivir en una carpa», agregó, desafiando una vez mas las frágiles respuestas ante la nueva ola de ocupación de tierras que acompaña el doloroso déficit habitacional crónico de nuestro país. «Tendría que haber más compromiso del Estado para que se pueda discutir la tierra y construir viviendas», sostuvo.

«Nosotros decíamos ‘vamos a construir viviendas’ y se construían las viviendas. Había mucha seriedad. Los compañeros nos decían ‘tomamos la tierra porque nadie nos da bolilla’ y nosotros estábamos ahí para solucionar el problema del hábitat. Nosotros siempre fuimos con una solución. No sólo de vivienda y trabajo, también de urbanizar el barrio», destaca.

Las piletas como símbolo

Preguntada por la militancia sobre su obstinación con las piletas, Milagro fue clara y contundente: «¿Por qué las piletas? ¿Y por qué no? ¿En qué lugar de la Constitución dice que las piletas y los spas son sólo para los ricos? ¿En qué lugar dice que los pobres o los negros no pueden tener pileta?»

Recordó a Evita y su vocación de poder asegurar que los pobres tuvieran algo más que migajas como respuesta, y preguntó: «¿Dónde dice que los colegios de los ricos tienen que ser mejores que los colegios de los pobres? Nosotros a nuestros chicos le dimos lo mejor de lo mejor. Construimos 27 piletas, construimos colegios, institutos, centros de salud. Es igualdad. Nada más».

Milagro lanzó un desafío a la lógica empresaria para la construcción de viviendas al señalar que las obras de infraestructura social y las piletas «las hicimos con la plata de la construcción, claro». «Los empresarios se la llevan y te paran la obra y te discuten precios. Nosotros con menos plata las terminábamos y además construíamos una pileta, un centro de salud, un centro cultural y un centro de educación», recordó.

Agregó que el destino último de la organización popular es avanzar hacia la justicia social, poner en agenda la felicidad colectiva como destino de un proyecto de país. «¿Cómo no te va a hacer feliz que la compañera nuestra le podía entregar el título de la escuela a la madre o a la abuela?», rememoró con orgullo y reivindicó su trabajo. «Yo volvería a hacer todo de nuevo. No me arrepiento de nada».

El futuro

Milagro advirtió que «nunca nos preparamos para estar presos», pero que los sueños siguen intactos. «Pensaron que íbamos a andar agachando la cabeza, que nos íbamos a quebrar. Nuestras convicciones están en la cabeza, nos encarcelaron el cuerpo pero jamás el corazón, el alma y los sueños», dijo.

Desafiante hacia su condición de presa política, señaló que «tenemos que prepararnos políticamente para seguir luchando: basta de que ‘ahora viene el doctor que va a conducir’, nosotros tenemos que conducir. Lo demostramos con la Tupac, nosotros no teníamos contadores, ni arquitectos, ni empresa de construcción. Tuvimos necesidad y voluntad política de resolver el problema de la vivienda de los compañeros. Y lo hicimos».

Milagro Sala y la libertad de los presos y presas políticas de la Argentina es una agenda urgente, pero también una agenda cargada de futuro.

En tiempos en los que los indicadores sociales de pobreza aumentan decididamente, en los que las filas de desocupación crecen a diario, en los que la desesperación inunda la esperanza de los más humildes y en el que la política corre el riesgo de sublimarse en cuestiones meramente estéticas, la construcción de viviendas y la organización social del trabajo interpelan la agenda de las organizaciones populares en la Argentina.

*Publicado en InfoNativa.

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