De pillos y bosteros

Por Graciana Peñafort

Macri y Angelici en el palco de la Bombonera.

Los palcos de la Bombonera y el espionaje ilegal de la era Cambiemos. Macri, Angelici, Arribas, Lorenzetti y el «Enano» De Stéfano.

¿Cuándo fue la primera vez que escuché hablar De Stéfano? A decir verdad, no lo recuerdo bien. Ya gobernaba Mauricio Macri y yo estaba tomando un café en mi bar favorito (¡como te extraño Negro Café!) después de haber salido de la Corte Suprema, se me acercó una colega, miembro del Colegio de Abogados de Capital Federal y charlamos un rato. Hacía poco se habían cambiado las autoridades de la Corte y la salida de Ricardo Lorenzetti había generado movimientos dentro de Poder Judicial que los abogados estábamos tratando de leer. Porque parte del trabajo de los abogados es poder leer lo que está pasando en los tribunales y precisamente de eso hablamos con mi colega. Ya despidiéndonos, intercambiamos teléfonos y riéndose ella me dijo: «Siempre que podamos hablar sin que nos escuche el ‘Enano’ De Stéfano». A mí no me sorprendió la posibilidad de ser escuchada, porque en esos días de Macri eran frecuentes las advertencias sobre que muchos abogados éramos sistemática espiados. Lo que si me sorprendió fue el nombre. En general, siempre signábamos el espionaje a Stiusso, más por habito e historia, atento que el ex Director de Operaciones de la SIDE hacia ya un par de años que había dejado de serlo. O a la AFI (Agencia Federal de Inteligencia), la nueva agencia que había reemplazado a la vieja SIDE a principios del 2015. Agendé entonces en mi cabeza: averiguar quién corno era el «Enano» De Stéfano.

Un par de días después fui a almorzar con un viejo amigo, abogado de años y una de las personas que mejor conoce los recovecos de Tribunales. Mediando el postre me acordé de mi nota mental y le pregunte: «Doc, ¿quién es el ‘Enano’ De Stéfano?» Y entonces me hizo un breve perfil de la vida y obra de famoso «Enano».

Debo hacer una aclaración. Asumo que soy levemente un marciano. Voy, hago mi trabajo, y es más fácil que conozca el nombre de los pibes que atienden las mesas de entradas de los juzgados que la cara de los jueces. Y como me falta mucho recorrido y no pertenezco a los círculos de abogados de Capital muchas de las cosas he tenido que averiguarlas preguntando. Yo creo que las personas son sus historias y relaciones, sus odios y amores. Suelo dedicarle tiempo a intentar conocerlos y entenderlos. Como datos de historias que van conformando el mapa del quién es quién en Tribunales.

Pero volvamos al «Enano» De Stéfano, que resulto llamarse Juan Sebastián De Stéfano. Su padrino en el mundo judicial fue Daniel «El Tano» Angelici, dirigente del club Boca Juniors, desde donde lanzó su carrera pública Mauricio Macri. Vale la aclaración: el fútbol está por fuera de mi órbita de intereses. Pero no desconozco que en la Argentina se constituye como un núcleo alrededor del cual orbitan, entre otros muchos, círculos de relaciones entre miembros del Poder Judicial argentino y la política. Desde fiscales como Carlos Stornelli y Raul Plee a jueces como Lorenzetti. Me llevó un tiempo entender por qué era relevante si ciertos funcionarios judiciales tenían o no un palco en Boca Juniors. Pero además de los funcionarios judiciales, Boca Juniors fue también un círculo que nucleaba a miembros de los servicios de inteligencia y abogados. Tal es el caso de Juan José Gallea, quien manejó las finanzas de la SIDE durante el gobierno de De la Rua, en épocas en las que el abogado Darío Richarte fue segundo de la SIDE. Todo un universo nucleado en torno a Boca Juniors, con muchos andariveles de relaciones cruzadas y con fuerte capacidad de lobby en el Poder Judicial y en el poder político argentino. Cuando Macri asumió como presidente de la Nación puso a cargo de los servicios de inteligencia a Gustavo Arribas, escribano que se dedicaba a la compra y venta de jugadores de fútbol y al que Macri llamó «el mas pillo de mis amigos». Y con él, personajes como Gallea volvieron a hacerse cargo del manejo de la caja millonaria y reservada de la AFI.

Ese era el origen de Juan Sebastián De Stéfano. Y siguiendo la lógica de su grupo de pertenencia, rápidamente se involucró en los temas de justicia. Ya en 2015 era el representante de la legislatura porteña en el Consejo de la Magistratura de la Ciudad, y además trabajaba activamente su vinculación con la conducción del Colegio de Abogados de Capital Federal, que en el 2016 realizaría una frustrada alianza con Angelici. Apenas un año después la alianza se rompería, lo que significó en 2017 la salida de Angelici del Colegio aunque, a decir verdad, quedaría a cargo el sector que representaba a Lorenzetti en aquellos días. Porque en materia de Poder Judicial siempre gana Boca Juniors. La pelea en el Colegio de Abogados no era más que la representación gráfica de lo que pasaba a nivel nacional, donde dos socios de Boca se peleaban por poder: Mauricio Macri y Ricardo Lorenzetti. Uno era el presidente de la Nación, el otro de la Corte Suprema. No era un partido que se fuese a ganar por penales, a decir verdad.

Cuando Angelici fue eyectado del Colegio de Abogados, detrás de él y con mejores modales también se redujo sustancialmente la participación de De Stéfano. En el Colegio digamos que no tienen un grato recuerdo de él, que por esos días era ni más ni menos que el Director de Jurídicos de la AFI que conducía Arribas.

Debo señalar, sin embargo, que para un miembro de Boca Juniors no hay nada mejor que otro miembro de Boca Juniors. Cuando en 2019 el fiscal Carlos Stornelli tuvo que enfrentar las acusaciones por formar parte de un entramado que se dedicaba a al espionaje ilegal, fue Boca Juniors, representada en ese acto por De Stéfano, quien le habría hecho llegar las transcripciones de las escuchas –hoy sabemos que ilegales– de las interceptaciones de conversaciones de personas en prisión preventiva en el Penal de Ezeiza. Los detrás de escena en obras como estas siempre tienen paradojas. En este caso fue que le hicieron llegar las escuchas ilegales a Stornelli y a la máxima enemiga de Angelici, que era la entonces diputada Elisa Carrió. Escuchas que habían sido obtenidas por la DAJUDECO, que es la oficina de interceptación de escuchas, que depende funcionalmente de la presidencia de la Corte y que, si bien en esos días era ocupada por Carlos Rosenkrantz, desde sus inicios se había conformado como una estructura de poder controlada por Lorenzetti y algunos de sus adláteres, como el presidente de la Cámara Criminal y Correccional Federal, el Dr. Martín «doctrina» Irurzun. Si quieren sumar otra paradoja mas, por puro morbo, Carrió detesta a Lorenzetti y se ha dedicado a denunciarlo y pedir su destitución. El detalle que la ex diputada nunca contempló es que era difícil que sus iniciativas prosperaran en tanto y en cuanto ella tratase de construir poder rodeada y operando con miembros del mismo equipo. Porque uno puede tener sus diferencias, pero al momento de celebrar los goles uno se abraza con el de al lado. Y todos estos señores compartían tribunas –palcos a decir verdad– en Boca Juniors, lo cual ha construido a lo largo de los años una suerte de confraternidad que sin duda no resulta sencilla de quebrar.

Y aunque el camino haya sido raro, es acá a donde quería llegar. Refresco la memoria de todos. En el año 2019 se denuncia e investiga una inmensa red de espionaje ilegal a partir de la detención de un personaje llamado Marcelo D’Alessio. El alcance de la investigación involucra a Stornelli y a varios funcionarios y ex funcionarios de la AFI que conducía Arribas.

Stornelli pasa varios meses en rebeldía, es decir sin cumplir con su obligación de presentarse a declarar, mientras intenta basar su defensa en las transcripciones de las escuchas ilegales, sosteniendo que todo es un complot del kirchnerismo. Por cierto, a cualquier ciudadano al que el Poder Judicial le ordene ir a declarar, no hacerlo le significaría arresto. Pero Stornelli tenía fueros y vaya si los usó.

Finalmente fue a declarar y fue procesado. No sin antes intentar por todos los medios que la causa de D’Alessio fuese remitida a los tribunales de Comodoro Py. Curiosamente –o tal vez no tanto– lo mismo quería D’Alessio. Sería otro simpatizante de Boca Juniors, que supo ser buen zaguero izquierdo y ha devenido en pésimo golfista según sus propias palabras, quien terminaría por ordenar el archivo de la denuncia basada en las escuchas de Ezeiza.

Pero mientras esa denuncia tramitaba, en febrero de 2020 se abría en Lomas de Zamora otra investigación sobre maniobras de inteligencia ilegal de dimensiones más descomunales incluso que la que empezó con D’Alessio. Tantos eran los involucrados y tantos de ellos funcionarios públicos del macrismo que un poco el mundo estalló por los aires en los tribunales.

Eran tantos los espiados, tan groseros los espías, tal el carnaval de ilegalidades que dejaban en evidencia las maniobras de espionaje, que incluso la Comisión Bicameral de Fiscalización de Organismos de Inteligencia del Congreso de la Nación tomó la decisión de comenzar su propia investigación.

Entonces, y como ya había pasado en la causa D´Alessio, algunas víctimas del espionaje ilegal que habían sido funcionarios del macrismo y los acusados comenzaron a insistir en que la causa de Lomas debía irse a Comodoro Py. Es curioso, reitero, cómo los miembros de Cambiemos y sus simpatizantes insisten siempre en llevar las causas a Comodoro Py. Debe ser la cercanía.

Fue otro simpatizante de Boca Juniors quien dio el puntapié inicial para que la causa fuese a Py. Juez a quien se suele ver en el palco de un abogado que también tuvo su paso por la SIDE. Y luego la Cámara de Casación confirmó que la causa de Lomas pasaría a Comodoro Py.

Fue un miembro de Casación, de quien no conozco la pertenencia futbolística pero sí que juega al tenis bastante frecuentemente, quien terminaría evitando que en lo inmediato la causa termine en Comodoro Py. Curiosamente al aceptar el recurso de otro simpatizante de Boca Juniors, que se opuso en nombre de su defendida, Cristina Fernández de Kirchner a que ese tránsito sucediera. Verán ustedes que ser simpatizante de Boca no es necesariamente sinónimo de pertenecer al «club de los malos».

Dentro de los innumerables capítulos que componen la investigación en Lomas de Zamora hay uno dedicado a las famosas escuchas que Stornelli recibió. En dicho capítulo, la sentencia del viernes último señala que «Asuntos Jurídicos [de la AFI ] escuchó conversaciones de los pabellones A, C y D del Módulo VI, desde septiembre de 2018 hasta febrero de 2019 por fuera de la orden judicial». También que «la prueba contundente de que desde el área a cargo de Sebastián De Stéfano, Mariano Ruda Bart y Bernardo Miguens se escuchó ilegalmente a las personas alojadas en el sistema IRIC es que transcripciones de conversaciones mantenidas por varios detenidos, ex funcionarios del gobierno anterior al de esa época, que no tenían absolutamente nada que ver con el objeto de la causa y las llamadas que sí podían escuchar según la orden judicial, se filtraron y llegaron a manos de la legisladora Elisa Carrió, por un lado y al colega Fiscal Federal, Dr. Carlos Stornelli, por otro».

Por conductas como esa y varias más tanto De Stéfano como Arribas fueron procesados el viernes por el juez de Lomas de Zamora.

Como epílogo de una nota sobre un fallo del que deberé escribir varias notas, quiero señalar que la inteligencia ilegal existió y fue masiva durante el gobierno de Mauricio Macri. La sufrieron dirigentes políticos, organizaciones sociales, partidos políticos, personas privadas de su libertad, periodistas y abogados. Y yo que me reí cuando la colega me dijo en sorna hace tantos años que hablaríamos siempre que no escuchase el «Enano» De Stéfano, debería llamarla y decirle que, en efecto, sí me escuchaba Juan Sebastián De Stéfano, quien a diferencia de su homónimo Johann Sebastián –Bach– escuchó hasta el último día. Al menos mientras fue funcionario de la AFI.

El Cohete a la Luna