¿De qué artistas te atraen más sus avatares que la obra?

ZONA LITERARIA | EL TEXTO DE LA SEMANA

Compilado: 31 escritores argentinos responden la pregunta 4 del ‘En cuestión: un cuestionario’ de Rolando Revagliatti.

Entre diciembre de 2018 y diciembre de 2020, treinta y un escritores argentinos fueron respondiendo las treinta y cinco preguntas que conforman el ‘En cuestión: un cuestionario’ de Rolando Revagliatti. Estas entrevistas-cuestionarios fueron difundiéndose en la Zona Literaria de El Ortiba. Con el formato de Compilados cada una de las preguntas y respuestas se publican periódicamente en el orden establecido por el entrevistador.


4: ¿DE QUÉ ARTISTAS TE ATRAEN MÁS SUS AVATARES QUE LA OBRA?


RODOLFO A. ÁLVAREZ: De Jacques Prevel (1915-1951).

FERNANDO DELGADO: John Lennon, la «Coca» Sarli.

JOSÉ MUCHNIK: No podría decir «más sus avatares que la obra». Lo que sí me atrae en algunos artistas es la interacción estrecha entre vida y obra. Las aventuras, locuras, obsesiones… del artista, que podemos percibir en una novela, un poema, un cuadro. Me vienen al espíritu Miguel de Cervantes Saavedra, el manco de Lepanto, que plasmó sus campañas militares en el genial «Don Quijote de la Mancha».
François Villon, el poeta francés de la edad media, nacido en 1431, nadie sabe dónde ni cuándo murió. Gran adicto de bodegones, bebida y peleas, en una de ellas mata a un cura a los veinticuatro años. Encarcelado y condenado a la horca, escribe su célebre «Balade des pendus» («Balada de los ahorcados»). Finalmente, a los treinta y un años, es amnistiado y forzado al destierro. A partir de ahí, no se sabe nada más de su vida.
Vincent Van Gogh: con sólo pronunciar su nombre se me llenan los ojos de girasoles.

BIBI ALBERT: De Wolfgang Amadeus Mozart, de Barbra Streisand, de Freddy Mercury, de Idea Vilariño, de Leonardo da Vinci.

CLAUDIA SCHVARTZ: Tengo una pésima memoria. Los sucesos en la vida de las personas no sé si me interesan demasiado. Realmente no puedo recordar a ningún autor por sus hazañas. Si las he conocido fue a partir de la obra: Louise Labé, Francois Villon, William Shakespeare siempre son enigmas… Emily Brönte… a todos los leí antes y después de conocer algún hecho de su biografía. Por ejemplo, Jane Austen le pidió a su hermana Casandra que destruyera todas sus cartas. ¿Prudente, no es cierto? Italo Svevo, James Joyce… en fin. Literatura. Tampoco soy chismosa con mis amigos. Si me querés contar algo lo escucho y no lo suelo comentar por ahí. Queda entre nos.
Y si pienso en la literatura argentina, de inmediato se mezcla con la historia de modo inseparable. Juan Bautista Alberdi, por ejemplo. Domingo F. Sarmiento, el más miserable de todos y grande, sin embargo. O Lucio V. Mansilla. Puro siglo diecinueve, ¿eh? Con Griselda Gambaro charlamos mucho de plantas, libros, lecturas, recuerdos, política… y le cuento cosas que me pasan. Tiene una forma de escuchar que me resulta fundamental.

JORGE CASTAÑEDA: Me atraen sobremanera las vivencias de un Rubén Darío, de Miguel Hernández, de Pablo Neruda, de Gabriel García Márquez, pero más admiro sus obras. Por ejemplo, Pablo Picasso o Salvador Dalí. Leer biografías me encanta. Los pequeños avatares de nuestra vida son tan importantes como nuestra obra y de alguna forma nos condicionan.

JORGE LUIS LÓPEZ AGUILAR: No soy muy cholulo, y aun en historias de vida como la de Charles Bukowski, me fijo más que nada en la obra. Advierto que no todos los que atravesaron circunstancias como, por ejemplo, Arthur Rimbaud, han escrito lo que éste. Un oscuro burócrata, un loco bohemio, un trabajador, un miembro de la nobleza europea, lo que importa es la obra. Sí me conmueve pensar en un Miguel de Cervantes perseguido por los acreedores y los editores, o un Macedonio Fernández escapándose de las pensiones con mujer e hijo porque no podía pagar. Pero también tenés a una Emily Dickinson, o a un Juanele Ortiz, que vivieron «tranquilos». ¿Y Sor Juana Inés de la Cruz?

LUISA PELUFFO: Cuando la vida de algún artista me atrae es porque primero me interesó su obra. Caso emblemático Rimbaud. Los avatares de los artistas siempre son interesantes, pero lo que me lleva a indagar en ellos son sus obras.

RITA KRATSMAN: Casi siempre voy primero a la obra. Después sí aparecen ciertas curiosidades acerca de los avatares de su autor, considerándolos como una razón que diera origen a la misma. Podría dar muchos ejemplos, pero me voy a detener en uno, ya que relacioné su obra a la vida que él mismo eligió para desarrollar su maestría y me refiero a Claude Monet. Fue tan grande mi interés que me propuse escribir un libro titulado «Giverny», donde el yo lírico se instala de un modo ficcional en ese jardín creado por el artista y donde entre nenúfares y tulipanes y puentes japoneses crea conversaciones imaginarias con Monet y los amigos artistas que lo visitan. Prácticamente es la internalización en un mundo de época, sólo para revivir la experiencia de alguien que se propuso romper con las convenciones existentes para crear lienzos de una espontaneidad distintiva, algunos, de proporciones monumentales.
Quién sabe por qué razón nos apegamos de pronto a un artista y profundizamos en su vida como una suerte de identificación con estados anímicos personales.

LAURA CALVO: Hemingway, quizás.

ROGELIO RAMOS SIGNES: Me atrae cómo manejan sus contratiempos los músicos populares que actúan en varios lugares diferentes en la misma noche, que sufren las mil y una en el camino, pero que suben al escenario con una sonrisa.
Me gustan las historias de los colegas que, al igual que yo, produjeron alguna obra casi sin darse cuenta, con piloto automático, y resultó que ¡es su mejor obra! para lectores desprevenidos.
Me gustan los artistas plásticos que tomaron imágenes de algún sueño sin saber que lo estaban haciendo.
Me gustan los descubrimientos casuales en lo que respecta a avances en la salud. Esas historias tienen mucho que ver con el realismo mágico de cierta literatura.

LUIS BENÍTEZ: De ninguno. Detesto que se ponga en primer plano lo que un tipo padeció, dijo, hizo o intentó, cuando lo que me interesa primordialmente es su obra. Sobre todo, cuando la subrayada referencia alude a sus vicios y miserias, que parecen empaparse de grandeza solamente porque le corresponden a un genio. Siempre es más fácil imitar de algún grande las flaquezas que los méritos. Pero, aunque Dylan Thomas era un borrachín, no cualquier borrachín puede ser Dylan Thomas.

LILIANA AGUILAR: Valoro la obra en sí misma y los factores vitales, es decir, dónde y cuándo fueron escritas. Reconozco que hay vidas de algunos artistas y autores que son geniales, pero me quedo con sus obras.

GUILLERMO FERNÁNDEZ: Los textos son meros avatares. Para citar como ejemplo: Edgar Allan Poe y Pascal Quignard. De Poe aprendí el clima de la imposibilidad y, en algunos casos, lo irremediable. En ese caso, texto y vida fueron de la mano. De Quignard, su respeto a la soledad, al silencio. También su vida es un retiro continuo.

MÓNICA ANGELINO: ¿Puede separarse obra de autor? En este instante mi memoria vuela, aleatoriamente, de Charles Baudelaire a Edgar Allan Poe, Sylvia Plath, Horacio Quiroga, Alejandra Pizarnik, Cesare Pavese, e inevitablemente a Antonin Artaud declarando: «No concibo la obra como separada de la vida».

DAVID ANTONIO SORBILLE: Aunque me cuesta separar la obra del artista de sus avatares, destaco al escritor estadounidense Henry Miller y al militar y escritor británico Thomas Edward Lawrence, entre otros.

CARLOS NORBERTO CARBONE: No sé si más. Tal vez por igual me interesan las vidas de Pablo Neruda, de García Lorca, de Miguel Hernández, de Amadeus Mozart, de Vincent Van Gogh, de Juan Gelman.

LEONOR MAUVECIN: Poco me fijo en las biografías de los autores, me interesan las obras. Es allí donde ellos están verdaderamente. Cuando busco sus datos biográficos es para ubicarlos en la época y poder valorizar aspectos de sus trabajos literarios. Me indignaron siempre los profesores que se ocupaban más de los chismes de la vida de los escritores que de sus obras. Sin embargo, considero importante la fecha de nacimiento, es un dato fundamental para reconocer las circunstancias, como diría Ortega y Gasset, en que ese autor vivió y que seguramente dejaron marcas en sus producciones. Solía decir a mis alumnas que la literatura es como una máquina en el tiempo, que nos permite resucitar las auténticas voces del pasado y del presente, sin intermediarios.

RUBÉN SACCHI: Entro a los artistas por su obra, si me cautiva intento conocer al autor, lo que hace de su vida algo secundario. En algunos casos, su vida es tan interesante como su obra.

HORACIO PÉREZ DEL CERRO: En primer lugar, la palabra «artista», que se usa para definir a toda persona que realiza un hecho artístico, está muy bastardeada.
Digo esto porque hoy se llama artista y se extiende su acepción a cualquier sujeto/ta, que realiza un adefesio en la plástica, ejemplo las instalaciones, al que escribe un mamarracho que pretende ser literario, por lo general voluminoso, acompañado de una miríada de presentaciones adulonas, o aquel que hace una morisqueta sobre un escenario y presume de actor o bailarín/a. Creo, al mismo tiempo, que hay una carencia generalizada de sentido crítico, en algunos de los que se pretenden autores.
Pienso que esto es fruto de una publicidad impostada, por y para beneficio único del mercado editorial, los marchantes de la plástica o el llamado mundo del espectáculo, o de «idiotización» masiva, como la televisión.
Yendo a la pregunta estrictamente. Me interesa la obra, lo demás es accesorio. Prima conocer el producto artístico, su calidad innovadora como su aporte al crecimiento del arte que se trate. Mi curiosidad por los pormenores y avatares de la vida del autor los considero necesarios si algo lo promueve o me lo reclama, de lo contrario no entran en mi campo de interés.
Como apéndice a tu pregunta, respecto al totalizador «artista»: la lengua castellana con que nos manejamos, adolece desde su aspecto formal de las mismas endemias de la cultura occidental judeo-cristiana que la creó, no solo estética sino ideológicamente, por eso es que el totalizador «artista» no está libre de esta cojera. Considero que esos totalizadores más que precisar, «embarran la cancha». La ausencia de estos totalizadores de la lengua en ciertas culturas, coadyuvan mucho más a la excelencia y pureza de ellas que en detrimento; hay un ejemplo interesante de tomar en cuenta en «El pensamiento salvaje» de Claude Lévi-Strauss.

MARÍA AMELIA DÍAZ: Yo diría «tanto como su obra». Principalmente, Vincent Van Gogh, quien vivió incomprendido y habiendo vendido sólo algunos dibujos y un par de cuadros: «El viñedo rojo cerca de Arlés» y «El café de noche». Giordano Bruno, sentenciado a la hoguera por atreverse a pensar distinto. Charles Baudelaire, al que le quemaron las ediciones de «Las flores del mal». Camille Claudel, la increíble escultora que a la sombra de Auguste Rodin, pagó con la locura. Sor Juana Inés de la Cruz, impedida de escribir e investigar y, sería interminable nombrarlas, a todas, las mujeres artistas que fueron señaladas y demonizadas por las sociedades hasta entrado el siglo XX. Las primeras escritoras argentinas, y también de otros países, escribían escondidas bajo seudónimos masculinos.

CRISTINA MENDIRY: Pablo Neruda y Osvaldo Bayer. El perfil socio político cultural de ambos excede al de sus obras, en mi opinión.

SANTIAGO SYLVESTER: En general, de ninguno. De un artista me interesa sobre todo su arte, no sus avatares. Y si alguna vez curioseo, como todos, en esos avatares, es porque están respaldados por los resultados artísticos. O los complementan.

ROBERTO D. MALATESTA: Pablo Neruda tuvo una vida de absoluta locura: fue, vino, huyó, se refugió, amó mil mujeres, fundó su raíz en lo inestable, murió amargo viendo cómo se rompían sus sueños. Los libros autobiográficos de Neruda puede que sean su obra mayor. Claro, está «Residencia en la tierra».

GLORIA ARCUSCHIN: Los artistas que me atraen más desde los avatares de vida que de obra, aunque, en realidad, también valoro de algunos, sus obras, serían: Felisberto Hernández (pero su obra me encanta), Soren Kierkegaard, Salvador Dalí, Horacio Quiroga (parte de su obra me interesa), Carl Jung. Muchos otros me atraen en vida y obra.

RAFAEL FELIPE OTERIÑO: Me gustan los libros de memorias y los diarios de escritores, en cuyas páginas podría rastrear «avatares», pero lo cierto es que me detengo más en las obras que en el anecdotario sobre sus vidas. Incluso, te diría que cuando sus aventuras y/o peripecias se sobreponen a la obra y tienden a reemplazarla, el autor deja de interesarme en relación directamente proporcional al hecho. Pienso, por caso, en la vida de H. W. Auden, de quien hay bastante material sobre sus aconteceres, desplazamientos y amores, pero que no llegan —en mi caso, al menos—, a desplazar el interés por sus poemas capitales, a los que vuelvo una y otra vez, ya estén situados en Oxford, Hamburgo, Cintra (Portugal), Viena o Nueva York.
Admito dos excepciones a esta regla y ellas son: Rimbaud y su corta vida de disconforme social tanto antes de escribir sus tres obras capitales como después de renunciar a la literatura, y Oscar Wilde, con sus humoradas de dandy, que son toda una celebración de la inteligencia (aunque, a mi juicio, en la medida que el testimonio proviene de sus propias páginas, también forma parte de su literatura).

ALEJANDRO MÉNDEZ CASARIEGO: Soy honesto si afirmo que, si no me gusta una obra, no ahondo demasiado en los otros aspectos de la vida del escritor o del artista en general. Por el contrario, si la obra me seduce me empiezan a interesar algunos otros aspectos de su vida, y suelo escarbar un poco por allí.

LILIANA DÍAZ MINDURRY: De Pablo Neruda. De Frida Kahlo. Y no me interesan sus obras.

CARMEN IRIONDO: Es una pregunta interesante. No sé qué viene antes, nunca lo pensé así. Cuando algún artista atrae mi atención por lo que produce, recién puede ser que me despierte una curiosidad sobre sus avatares, mayormente su origen, su infancia, sus transformaciones y diferencias con el correr del tiempo. Para escribir un libro que se llama «Syl & Ted», un largo poema acerca de la relación entre Sylvia Plath y Ted Hughes, comencé por leer con obsesión la poesía de ambos. Eso me fue llevando al análisis de su relación intensa y pasional, para descubrir ciertas identificaciones, en donde se nota que uno quisiera escribir como el otro y viceversa. De allí a descubrir la envidia y los celos mutuos fue un instante y de allí a interesarme por los diarios de Sylvia Plath, un solo salto. Reconozco así que esa vez me dejé llevar por los avatares de esta talentosa chica norteamericana insegura, queriendo convertirse en inglesa, escribiendo a su mamá lo contrario, día por día, de lo escrito en su diario en donde aparece su dolor. Con Ted Hughes no me pasó eso. La poesía de él fue suficiente, me atrapa mucho; aunque llegué a escribirle un mail en esa época, y me contestó un párrafo agradecido y escueto, muy bien educado. Murió al año siguiente, y si me hubiese interesado su vida o sus vicisitudes, deduzco que le habría escrito de nuevo. Y no sentí para nada la necesidad de hacerlo.
Me interesó de Antonin Artaud su historia personal, su infancia tan traumática, cierto coraje, y cito una frase que me aparece manuscrita en un libro suyo: «He estado enfermo toda mi vida y no pido más que continuar estándolo, pues los estados de privación me han dado siempre mejores indicios sobre las plétoras de mi poder que las creencias pequeño burguesas de que ‘basta la salud’». Esta frase sintetizaría para mí en qué momento podría surgir el interés por los avatares de un artista. Y obviamente reconozco que reflejan aspectos de mi propia identidad.

LUCAS MARGARIT: Sin obra no hay avatar. Pero para responder, quizá podría decir Lord Byron.

CARLOS DARIEL: En general, estoy más atento a sus obras que a sus avatares. Tiendo a disociar, todo lo que hace al aura del artista: sus referencias biográficas, sus ideologías, etc., de sus obras. Como lector, es la obra del artista lo que me interesa y a lo que presto más atención. Eso no quita que determinada forma de llevar la vida de un artista me atraiga más que otra, desde luego, pero a la hora de dedicarme a su obra, todo lo demás no cuenta mucho.

Octubre 2021

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