¿De qué página habla, señor presidente?

Por Daniel Cecchini*

Una frase de Alberto Fernández, pronunciada frente a fuerzas del Ejército en Campo de Mayo – donde funcionó unos de los Centros Clandestinos de Detención y Tortura de la última dictadura -, enciende una señal de alarma sobre la posición del gobierno frente a la política de Memoria Verdad y Justicia en la Argentina.

La fase exacta fue: «Toda la Argentina debe dar vuelta una página, que nos distanció mucho tiempo por la inconducta de algunos». La pronunció el viernes pasado el presidente Alberto Fernández en Campo de Mayo, durante el acto de despedida del contingente que cumplirá funciones en la Fuerza de las Naciones Unidas para el Mantenimiento de la Paz en Chipre.

Hasta ese momento era un discurso de ocasión, en el que Fernández había resaltado un dato cronológicamente cierto: en la actualidad todos los militares en actividad – hasta sus jefes más altos – egresaron en democracia. O lo que es lo mismo: no queda un solo militar en actividad que haya participado de la dictadura.

No pasaba de ser un discurso más – de los protocolares que debe pronunciar cualquier presidente – hasta que dijo esa frase que no sólo lo resignificó si no que hizo sonar señales de alarma y provocó indignación y preocupación a una gran cantidad de argentinos.

Conviene detenerse en las palabras y en el contexto.

La frase es realmente rica en significaciones. Comienza con una fórmula de inclusión muy fuerte – «Toda la Argentina» – que no deja espacio para la autoexclusión ni la disidencia. Es, cuanto menos, una frase contraria a los usos y costumbres habituales en el teatro de la democracia formal que, además, se ve reforzada por el verbo que sigue al sujeto de la oración: «debe». Suena como una orden más que como una expresión de deseos o la propuesta de un camino a seguir.

Lo que «toda la Argentina debe» hacer, según la frase de Fernández, es «dar una vuelta de página». Se refiere, claro, a una página de la historia reciente del país, la más dura, oscura y sangrienta: la de la última dictadura cívico, militar, empresarial y eclesiástica.

Se podría estar de acuerdo con el presidente en que la dictadura debe ser superada en muchos sentidos: con la recuperación de las instituciones democráticas, con el funcionamiento de la Justicia, con la no repetición – Nunca más – de las violaciones de los derechos humanos y el terrorismo de Estado, con la búsqueda de mayor inclusión y equidad en la sociedad.

Podría pensarse que se trata de eso, pero el final de la frase no sólo anula esos sentidos sino que va en dirección contraria. La página que «toda la Argentina debe dar vuelta» – la de la dictadura – es la «que nos distanció mucho tiempo por la inconducta de algunos».

Este final – après coup – de la frase dice mucho, pero conviene antes detenerse, ahora que se la puede repasar completa, en dos ausencias, dos cosas a las que Fernández alude pero deliberadamente no nombra: dice «página» y no dictadura, dice «algunos» sin especificar quiénes son: algunos militares.

Al referirse a «algunos» militares, el presidente está eludiendo hablar de terrorismo de Estado y del Estado Terrorista instalado en la Argentina a partir del 24 de marzo de 1976.

Si se trató de «la inconducta de algunos», quiere decir que no fueron todos, entendiéndose todos como las Fuerzas Armadas en tanto instituciones que se levantaron contra el orden constitucional e instalaron un Estado Terrorista en la Argentina con la secuela de 30.000 desaparecidos, miles de presos políticos sin proceso, miles de exiliados externos e internos y cientos de niños nacidos en cautiverio a los que se les robó la identidad.

No hubo Estado terrorista sino que hubo «algunos» militares que cometieron violaciones de los derechos humanos que nunca se habían visto antes en la Argentina. Y esas violaciones de derechos humanos fueron «inconductas» particulares y no crímenes de lesa humanidad perpetradas sirviéndose de todos los recursos del Estado.

También, siguiendo el discurso de Fernández, esa inconducta de algunos «nos distanció mucho tiempo». El presidente parece decir que la dictadura – que fue producto de la «inconducta de algunos» – creó una grieta en la sociedad, la enfrentó en dos sectores, distanció a los argentinos. Al decir eso, no dice lo que realmente ocurrió: que un sector – el poder concentrado – se apropió del Estado para, con sus Fuerzas Armadas, someter mediante violencia y muerte al resto de la sociedad. Acortar esa distancia de la que habla el presidente se parece mucho a la «reconciliación» que reclaman todavía hoy los cómplices del terrorismo de Estado para obtener impunidad.

En 1977, en su Carta Abierta a la Junta Militar, Rodolfo Walsh dijo con toda claridad de qué se trataba el accionar de la dictadura y desmanteló los eufemismos con que quería disfrazarlo frente a los argentinos y el mundo: «Lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades», escribió. Fue su último texto antes de ser, también él, desaparecido por el Estado Terrorista.

El presidente Alberto Fernández es un hombre inteligente, abogado y profesor de Derecho Penal. No se le puede dar el beneficio de la ignorancia en la construcción de esa frase, menos aún frente a ese auditorio y en ese lugar.

En Campo de Mayo – donde fue pronunciada la frase – durante la última dictadura funcionó «El Campito», que fue junto con la ESMA uno de los dos Centros Clandestinos de Detención y Tortura (CCDyT) más grandes montados por el plan sistemático de represión ilegal. Por él pasaron alrededor de 5.000 personas, de las cuales sólo sobrevivieron 43.

No es una frase sacada de contexto. Tiene un contexto que la deja al desnudo.

A este cronista la preocupan también – y mucho – las justificaciones que se están esgrimiendo desde ciertos sectores del llamado «campo nacional y popular» para la frase de Alberto Fernández. De la misma manera que una serie de inexplicables silencios.

Porque dar «vuelta la página», como pide – exige – el presidente sería, además, criminal.

Por muchas razones: porque todavía hay cientos de chicos nacidos en cautiverio y apropiados que siguen sin conocer su identidad; porque hay miles de familias que siguen esperando encontrar los restos de sus seres queridos, que siguen desaparecidos – un delito que se sigue cometiendo -; porque hay juicios en curso por los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura; porque todavía hay una enorme cantidad de civiles y militares impunes.

También porque no hace mucho – durante el gobierno de Macri, ayer nomás – desapareció y apareció muerto Santiago Maldonado, y fue asesinado Rafael Nahuel, en dos hechos que evoca, si no repiten, métodos del terrorismo de Estado.

Y no sólo por eso, sino por una razón fundamental: que en todas las sociedades lo que no se resuelve con Memoria, Verdad y Justicia se termina repitiendo. Y cada vez peor.

 

* Periodista. Fue director de Miradas al Sur y corresponsal de la revista española Cambio 16, entre otros medios. Es autor de «Silencio por Sangre. La verdadera historia de Papel Prensa»; «La CNU. El terrorismo de Estado antes del golpe»; «Cárceles. Otro subsuelo de la Patria» y «Contratextos. Intersticios entre la crónica y la ficción».

 

Socompa. Periodismo de Frontera

Un comentario

  • Juan dice:

    Para ser precisos, el terrorismo de estado no comenzó con la dictadura, sino que fue la continuidad de la masacre de Ezeiza, de las 3A, el documento reservado y el operativo Independencia. Se cuenta toda la historia o se miente.

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