Desandar los modos de subjetivación del macrismo

Por Bárbara Orbuch*

El desafío cultural actual, además de la recién iniciada política reparatoria de los daños ocasionados por los años de la restauración conservadora, será sin lugar a dudas, el de desandar los oscuros anclajes de los modos de subjetivación del macrismo. Al imponer su ideología dominante, el sentido común de muchos ciudadanos, por ignorancia, odio inoculado, modelos identificatorios asentados en el pasado y/o modelos aspiracionales, se vieron colonizados por los valores característicos y típicos que propagó el macrismo.

En su nefasto y decadente período de incapacidad en el gobierno, una suerte de ceocracia estafadora, mientras se empobrecía a la población, se endeudaba el país a escalas siderales, se desindustrializaba y aumentaba el precio de los alimentos, se inundaba simbólicamente de significantes que fueron ganando los territorios psíquicos de grandes sectores de la sociedad , amplificados a través de los medios hegemónicos, la divulgación publicitaria y los gestos y discursos de los gobernantes.

No es gratuito para ninguna sociedad, el hecho de que se arengue el discurso del odio en los enunciados de las más altas esferas del estado; las loas a los asesinatos de las fuerzas de seguridad, el aval al gatillo fácil a quienes detentan el monopolio de la fuerza, los ocultamientos, las trampas para fugar capitales, también operan modélicamente en las subjetividades y tienen consecuencias en los actos sociales y en los modos de vincularse de los sujetos. La ruptura del lazo social de la que se vale el neoliberalismo para subsumir a la miseria a sus ciudadanos modifica las escalas culturales y rediseña una sociedad más injusta y más violenta. Del mismo modo, la consolidación y glorificación del «ser colonizado», la exaltación de la falta de soberanía de la que hizo gala el macrismo y su habitual modo psicopático de parasitismo empresario, impregnaron a través de sus diversos canales simbólicos a la sociedad toda.

Todo el discurso que nos dejó el legado del macrismo está empapado de valores antiéticos, la falsa omnipotencia basada en la recaptación del dinero del estado, la especulación financiera, el elogio de la incultura, la carencia de identidad nacional, innumerables significados plagados de pulsión de muerte, las cargas abusivas y la estigmatización hacia los más débiles, la improductividad social, los transfuguismos que propagan el «sálvense quien pueda» el individualismo en su peor versión de denostación a la idea de bien común, de la idea de solidaridad, de otredad y de respeto por el semejante. La despolitización y la proliferación de las operaciones del lawfare, el blindaje mediático y el descenso del valor de la palabra para devaluar la política, también fueron distintivos.

Toda las actuales resonancias y estelas del recién abandonado macrismo irán germinando aún múltiples indicios conductuales de su tránsitos en las esferas simbólicas de la sociedad y no será nada fácil desandar esos caminos errados. Por eso el recién estrenado gobierno apuesta a un conjunto de significantes que se erigen fuertemente en la dirección contraria: «abrazar al otro», «ser solidario», «saldar la grieta», todas acciones tendientes a reconstituir el tejido social quebrantado y hacer andar secuencias de palabras reparatorias que comiencen a mitigar los latigazos de un tiempo de fustas, privaciones, grietas y omisiones de las mayorías.

Desandar los modos de subjetivación del macrismo, que fueron tan efectivos en algunos sectores reaccionarios y tuvieron anclajes en el conjunto de nuestra sociedad, será ciertamente un trabajo de construcción concertada casi tan difícil y monumental como reconstruir la economía, restituir el salario y reconquistar los derechos desarticulados en los últimos años.

Comenzar a delinear otro mundo simbólico donde transitar la existencia entre todxs , también significará lanzarse a escribir con letra plena los significantes de una idea de Nación siempre anhelada y dejar para siempre el modelo de la semicolonia, sombra que regresa desde el primer centenario y que representa nuestro continuo desafío histórico.

 

*Psicoanalista y docente

Enero 2020

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