Desaparición forzada de Santiago Maldonado. La cacería que es grieta y mensaje

El presagio de la infiltración sobrevoló la organización del acto en Plaza de Mayo convocado para reclamar por la aparición con vida de Santiago Maldonado. Los medios y el gobierno nacional tuvieron la escena que buscaron, caos y represión, pero la pregunta por dónde está Santiago no cesa.

Por Conrado Yasenza*

(para La Tecl@ Eñe)


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I

La pregunta no cesa aunque la cacería se anuncia. El ladrido de estos perros no es negro sólo por pregnancia sino por los sacudones de su historia, esa intención de centrifugar la memoria para aturdirla de presente. Algunos le dicen posverdad, aunque acodados al mostrador del purgatorio vanidoso que cada sociedad pretende merecer, los hechos son llamados por su verdadero nombre: Mentira. Mentiras que matan y desaparecen, mentiras mortales como la pretendida venialidad de las posverdades. San Agustín se perdió este festival diabólico de caníbales off shore que se definen como lo mejor que tiene nuestro país, y medios concentrados de comunicación que se especializan en plantar nombres y pistas falsas, una pretendida sucesión de yerros que no perseveran en el error sino en el daño, solipsismo doctrinario empresarial dispuesto a desplegar todas sus fuerzas de lobby para definitivamente establecer la sociedad de clase que la Argentina blanca tanto desea. El sueño de 1880 desparasitado de elementos ideológicos disolventes. La Patria liberada a los Rocca, Braun, Blaquier, Pérez Companc, Bulgheroni, Magnetto, Ratazzi, Coto, Pagani, Saguier, Macri.

II

La cacería es la grieta. Nos divide en cazadores y presas. Cobra volumen como resultado de la rabia que generó en el gobierno nacional el fracaso de relacionar la ausencia de Santiago con una simple averiguación de paradero, y se empantanó aún más cuando con el respaldo político a la Gendarmería se aproximó a Hefesto para cabildear la teoría de la incógnita elaborada por Jorge Rafael Videla, en remix extravío.

La furia se desató el viernes 1° de septiembre al finalizar el acto convocado para reclamar por la vida de Santiago a un mes de su desaparición forzada – ya volveremos a este punto para precisar el dato -. El presagio de la infiltración sobrevoló las conversaciones dentro de los organizadores del acto y también entre los que portan la experiencia de marchas y años. Aun así, y a pesar de las advertencias de evitar las provocaciones, llegó la noche – en sentido literal, algo que debió evitarse, como aconsejan los viejos luchadores: hacer el acto temprano, no extenderse, desconcentrar y dejarles la plaza y la noche vacías a los servis – y con ella lo peor. Los predadores fueron muchos y de todas las edades, los hubo muy jóvenes, abandonaron su disfraz de camaleón punk/capucha/mochila con el que se desplazaron entre la multitud durante el acto, y junto a los cíborg de la Ciudad iniciaron la feroz cacería de reporteros gráficos, estudiantes universitarios y militantes de organizaciones sociales que, y no es casualidad, no estaban encapuchados ni emulaban a Goliat. 31 detenidos de los cuales 30 fueron liberados por orden del juez federal Marcelo Martínez Di Giorgi, previa toma de declaración indagatoria, el 4 de septiembre luego de que el falso patrón acusatorio de disturbios, quema de tachos de basura, bombas molotov, armado por la Policía de la CABA, se desplomó por el propio peso de su farsa. El caso más demostrativo de la planificación de la faena es el del docente José Morales, a quien acusaron de tirar piedras y quemar un volquete de basura en Plaza de Mayo cuando se demostró por el ticket de la pizzería a la que fue a comer, que fue detenido en Avenida de Mayo y 9 de Julio, a siete cuadras del epicentro de los desmanes cuya mano invisible se detecta sin tener que recurrir al carbono14.

III

La cacería es el mensaje. El allanamiento a locales partidarios de la Izquierda y de Unidad Ciudadana, y a centros culturales que se llevó a cabo en la provincia de Córdoba el jueves anterior al acto por la aparición con vida de Santiago, fue el preludio de la cacería. La lectura que es razonable hacer es, por un lado, que el incremento del accionar represivo de las fuerzas de seguridad, que es ordenado por el ministerio de Seguridad- notable maquiavelismo -, está siempre contenido en las fuerzas a la espera de la laxitud ministerial en la aplicación de protocolos; y por el otro, que es justamente ese desmayo de los protocolos el que permite la ferocidad en la represión. Una tercera lectura supone que la escalada represiva tiene por fin desmovilizar a través del miedo; de ir ganando espacios este objetivo, el segundo movimiento de esta tercera lectura es ganar la batalla política a través del híper concentrado espacio comunicacional.

La idea de laxitud en los protocolos conduce la desaparición forzada de Santiago Maldonado hacia el sentido buscado en la operación de Jorge Lanata, quien sostiene que a Gendarmería se le fue la mano, que lo cagaron a palos y se les murió, pero que esto no puede ser considerado una desaparición forzada sino un asesinato.

(Fotografía: Alejandra Bartoliche)

La ausencia de Santiago es una desaparición forzada, un delito cometido por fuerzas de seguridad del Estado apoyadas y respaldadas en “la cacería al negro” por la ministra de Seguridad que adora el camuflaje ideológico, Patricia Bullrich, y el Jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad de la Nación, el abogado Pablo Noceti, quien estuvo in situ comandando el operativo. Sobre Noceti podemos leer en la Izquierda Diario: “Noceti estuvo a cargo del operativo represivo luego del que desapareció Santiago Maldonado. Fue el encargado de dirigir la represión del 31 de julio a quienes se manifestaban frente al juzgado federal de Bariloche reclamando la libertad del líder mapuche Facundo Jones Huala”. Y sobre su trayectoria como abogado: “Noceti fue uno de los defensores de Fabio Iriart, el responsable máximo de la dictadura en La Pampa y ex comandante de la subzona militar 14, quien fue condenado por 31 privaciones ilegales de la libertad y 26 casos de tormentos… fue defensor del coronel Néstor Omar Greppi, ex secretario general durante la dictadura del gobierno de La Pampa, y del ex policía Eduardo Angel Cruz, alias Cramer, que actuó en el circuito represivo Atlético-Banco-Olimpo, donde permanecieron secuestrados y sometidos a brutales torturas cientos de militantes y luchadores durante la dictadura.” (http://www.laizquierdadiario.com/Un-exdefensor-de-genocidas-dirigio-la-represion-donde-desaparecio Santiago-Maldonado)

La ausencia de Santiago es una desaparición forzada que constituye un delito de Lesa Humanidad, y no un asesinato simple como sostiene Lanata. Para documentarlo, nada mejor que la nota de Horacio Verbitsky “Ceder permanentemente” (https://www.pagina12.com.ar/60605-ceder-permanentemente), publicada en Página 12 el domingo 3 de septiembre. Citamos un fragmento que aporta claridad al océano de operaciones realizadas principalmente por La Nación y Clarín, y por los servicios de inteligencia: “Cuando se debatió en el Congreso, en 2011, Ricardo Gil Lavedra precisó que “el delito de desaparición forzada figura también como uno de los desagregados del Estatuto de Roma como delito de lesa humanidad”, que la Argentina aprobó a través de la ley 26.200. “Pero son colectivos, es decir, cuando esa desaparición forzada forma parte de un ataque sistemático o generalizado a una población civil. El que estamos incorporando ahora es de la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas, y trata de un caso individual que no forma parte de ese ataque sistemático”. Igual que el caso de Santiago Maldonado.””… “En ambas convenciones, el requisito no es el carácter sistemático ni el terrorismo de Estado sino que el delito lo cometan agentes del Estado o personas que actúen “con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado, seguida de la falta de información o de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o de informar sobre el paradero de la persona” o de “la negativa a reconocer dicha privación de libertad o del ocultamiento de la suerte o el paradero de la persona desaparecida, sustrayéndola a la protección de la ley”. ”

IV

La memoria histórica del terror activa los sistemas de alerta y se actualiza en el presente con la desaparición forzada de Santiago Maldonado. La planificación económica del gobierno nacional no se exime de la necesidad de recurrir a la represión del conflicto social. Cambiemos es presentado como un nuevo partido político que encarna una derecha moderna y democrática al estilo de la Francia de Macron. El problema reside en que esa derecha tiene un plan económico basado en las expectativas y exigencias de la Asociación Empresaria Argentina (AEA). Las exigencias de AEA, que como escribió Raúl Dellatorre en Página 12 definen el plan económico del país, son antagónicas con las propuestas de pobreza cero, crecimiento económico, creación de trabajo y unión de los argentinos. Esa es la grieta real: El lobby empresarial argentino exige bajar impuestos empresarios, reducir el gasto público, flexibilizar las relaciones laborales “pero no por vía de una reforma que deba pasar por el Congreso, sino mediante “acuerdos” sectoriales mano a mano con sindicatos”, endeudarse para cubrir déficit fiscal y económico. (https://www.pagina12.com.ar/60592-el-lobby-que-define-el-plan-economico)

La tensión y el conflicto social son consecuencias esperables de la aplicación de un plan de estas características. La desmovilización social vía represión es la herramienta con la que el gobierno parece tentarse fácilmente. Los medios de comunicación hacen su trabajo enrareciendo el clima con editorializaciones que alertan sobre el retorno al violento espíritu de los ’70 y sus guerrillas en lucha por la caída del gobierno. Un delirio fabricado. Los depositarios del estigma no son otros que el kirchnerismo en articulación con la izquierda trotskista. En ese clima de disputa por el territorio, en la invención de un enemigo mapuche interno que atenta contra el orden legalmente instituido, en la modificación vía decreto de la ley de tierras (26.737) que establecía un límite de 1.000 hectáreas para los extranjeros que quisieran invertir en el país, en las 900.000 hectáreas que Luciano Benetton posee en la Patagonia, en este escabroso panorama político e histórico se inscribe la desaparición forzada de Santiago Maldonado.

Esa desaparición que angustia es la que debe movilizarnos en defensa de la vida para que ningún funcionario pueda decir, como si se tratara de una máxima, que lo mejor que tiene el país son “nuestros empresarios”.

Avellaneda, 5 de septiembre de 2017

*Periodista y poeta. Docente en UNDAV

La Tecl@ Eñe Revista Digital de Cultura y Política
Editor/Director: Conrado Yasenza
www.lateclaene.com

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