Detrás de los datos hay pibes con hambre

Por Daniel Arroyo*

Foto: AFP

La situación social se desmadró en los últimos meses. El reciente informe de Barómetro de Deuda Social de la Infancia de la UCA plantea tres datos brutales. En primer lugar, señala que el 51,7% de las niñas, niños y adolescentes son pobres en la Argentina. Se trata del nivel más alto en una década. En segundo lugar, esa cifra trepa al 63,6% en el conurbano bonaerense. Y el tercer dato es que el 29,3% de los chicos padece déficit en su alimentación y un 13% pasó hambre durante 2018.

Estas estadísticas deberían encender señales de alarma en el Gobierno: no pueden leerse con frialdad en una planilla de Excel. Detrás de estos datos, hay pibas y pibes con hambre, problemas de malnutrición y de acceso a las escuelas. Pibas y pibes que requieren una atención urgente.

La asistencia a comedores infantiles alcanzó el 35%, de acuerdo a la UCA. Los merenderos se transforman en comedores, y los comedores dan además viandas porque ya no dan abasto. Muchas familias no tienen qué poner en la mesa.

La explicación a esta catástrofe son muchas. La inflación creció más de 200 por ciento durante la presidencia de Mauricio Macri, y es mayor en los precios de alimentos y bebidas. Castiga especialmente a los sectores más pobres, porque trepa día a día el costo de las terceras marcas. La desocupación se acerca a los dos dígitos y se perdieron 266 mil puestos de trabajo en el último año, de acuerdo a las cifras oficiales. En los barrios no hay changas y vuelven los clubes de trueque para acceder a comida o medicamentos. Quienes conservan el empleo registrado, ven cómo su salario perdió más de quince puntos en relación con la inflación. Estamos ante un modelo en el que le va mal a una enorme mayoría de las argentinas y argentinos.

Estamos obligados a acordar prioridades básicas: comer tiene que ser barato en la Argentina, garantizando el acceso a los productos de la canasta básica; las pibas y pibes tienen que estar en la escuela, no podemos permitir que el 40% de los pibes no terminen a tiempo la escuela secundaria; hay que frenar el endeudamiento a tasas usurarias de las familias; tenemos que financiar las experiencias de economía popular y social que generan trabajo en los barrios y producen alimentos a precios justos; hay que apoyar la industria textil, la metalmecánica, la construcción y el turismo, grandes fuentes de empleo.

Debemos declarar ya la situación de emergencia pública en niñez y adolescencia y organizar una gran red de gestión que mejore la calidad de las prestaciones y amplíe la cobertura de niños, niñas y adolescentes en las distintas políticas públicas. Es necesario establecer un mecanismo de actualización automática por inflación de las partidas presupuestarias de niñez y adolescencia. Esta “cláusula gatillo social”, garantiza que los procesos inflacionarios no limiten el presupuesto en niñez y adolescencia.

También necesitamos crear el Programa Nacional de Tutores en Niñez y Adolescencia. La idea es acercar el Estado a las casas y los barrios donde viven las niñas, niños y adolescentes, y entre otras funciones, ir a buscarlas y buscarlos, para acompañar y ayudar a su inclusión educativa y al acceso a las distintas políticas públicas de niñez y adolescencia. De modo complementario, debemos sancionar la emergencia en educación, porque se encuentra en riesgo el derecho humano a la educación.

Las pibas y pibes no pueden seguir esperando. Saldar la deuda social con las niñas, niños y adolescentes debe ser la gran política de Estado ética y estratégica en los años que vienen.

* Especialista en problemáticas sociales. Profesor, UBA, UNLOP y FLACSO; Ex Viceministro de Desarrollo Social de la Nación; Ex Ministro de Desarrollo Social de la Prov. de Buenos Aires. Lic. en Ciencia Política, UBA; Posgrado en Control y Gestión de Políticas Públicas, FLACSO. Autor de Las 4 Argentinas y la grieta social. Propuestas para una nación integrada.

07/06/19

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