Deudas eternas

Por Silvana Melo

(APe).- En marzo se pagaron 8.921 millones de dólares que cayeron en el agujero negro de la deuda externa. Más de 300 mil millones de pesos. Capital e intereses. Mujeres y hombres se levantan cada mañana cuando todavía es noche y es invierno. Y se echan a la vida con sus críos y su desventura. Salen a los asentamientos de Orán, a la escarcha rural de Monte Maíz, a la agonía fabril de Rosario, a las changas del conurbano, al oficio cuentapropista, a la oficina del centro, al kiosquito, a la tercerizada, a la obra. Salen del parador, se despiertan tempranísimo en los colchones estratégicos a la entrada de los bancos, peinan al niño, lo mandan a la escuela y salen a buscar el almuerzo de la una.

Menos de la mitad (44,1%) (*) de los que se levantan y es de noche y trabajan pudo acceder a un empleo registrado, con aguinaldo, vacaciones y obra social. La mitad restante (49,3 %) fatigan diariamente un empleo más o menos precarizado, con escaso vínculo con la formalidad. Cobran el 41 % menos que el resto (el 81,7%), no aportan para la jubilación (75,9%).

La caída cualitativa y cuantitativa del empleo es un faro en el derrumbe de la calidad de vida de la mayor parte de la población. En una tierra dispuesta a la generosidad pero ahogada por los propietarios del cielo. Ese que de vez en cuando quieren tomar por la fuerza los confinados a todos los subsuelos.

 

 

Cuatro de cada diez hogares están poblados de trabajadores precarios. O desocupados. En esos hogares crece una infancia hacinada, mal nutrida, con los sueños recortados, una escuela fría y deteriorada, una educación clasista y un futuro perdido en las agendas de los que gobiernan y de los que aspiran a gobernar.

Junio supo ser el mes de la mitad del sueldo anual complementario. Cuando la mayoría de los trabajadores podían tirar la casa por la ventana. Porque había casa, había ventana y había, también, qué tirar. Hoy apenas uno de cada dos cobra un aguinaldo. Un sistema que en buenos tiempos crea una multitud de consumidores pero no un sector popular con conciencia, pone en la calle mujeres y hombres resignados ante el destino que viene. Sin la decisión de una pelea colectiva para torcer el rumbo. La trampa eleccionaria ha sabido entronizar a devastadores populares. En actos inexplicables cuando las multitudes, ciudadanías o gentes se disparan en el pie.

Más de ocho mil personas viven y duermen en las calles de la capital. Cerca de los carrefoures express, de los cajeros de los bancos, de cualquier chino de donde a alguien se le pueda caer una leche o un pan para esa hora cuando no hay.

El Indec de la Ciudad (**) dice que el 10% de mayores ingresos aumentó su participación en la distribución del 30,2 al 33,1% en doce meses. Es exactamente esa parte la que perdieron los demás. Los que van cayendo a la vera de los bancos. Los que están a las puertas de una casa de la que van a desalojarlos un día de éstos. En la arena de los ingresos, la mitad de los porteños recibió el 20%. La otra mitad se quedó con el 80, en una tormenta que arrastra lo poquito que les queda a los que se levantan a las 4 para buscar un turno en el hospital público. Porque lo que les duele les duele ya hace tiempo. Pero nunca hay consultorio vacante.

En marzo se pagaron 8.921 millones de dólares que cayeron en el agujero negro de la deuda externa. Más de 300 mil millones de pesos. Capital e intereses. Sea quien fuere gobierno próximo en diciembre tendrá por delante la piedra de Sísifo. Esa pesadísima que cuando lograba remontarla se desmoronaba y había que empezar otra vez.

Siete millones y medio de infancias pobres estarán empujando la piedra que se desbandará por la ladera y rodarán con ella una y mil veces. El día que sean tantos para arrojarla al abismo y volverla pedregullo tal vez amanezca. Y haya con qué marcar el sendero.

(*) Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina

(**) Dirección de Estadísticas y Censos porteña.

Agencia de Noticias Pelota de Trapo

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