Día del Psicólogo: el desarrollo del movimiento «psi» en Argentina

La particular trascendencia social de esa profesión en el país

Cómo se expandió la psicología y la tarea de psicólogos y psicólogas, cuya necesidad la pandemia evidenció aún más.

Por Andrés Rascovsky*

En la década del 30 estalla la Segunda Guerra Mundial y el intento de imponer un dominio nacionalsocialista a la Europa democrática que se extendería luego al resto del mundo. En Buenos Aires, Arnaldo Rascovsky y Enrique Pichon-Rivière se interiorizan y se entusiasman, en sus prácticas pediátricas y psiquiátricas, por los descubrimiento que surgen de la obra de Freud.

Ambos, lectores entusiastas, militantes del intelecto e inquietos por la oscuridad que teñía el continente europeo, encuentran en la lectura de Freud una respuesta a los múltiples interrogantes sobre la condición humana, la cultura y la búsqueda de un horizonte de libertad.

En ese clima de incipiente desarrollo de sus prácticas médicas, comparten los domingos con un grupo de colegas, filósofos, amigos e interesados la lectura de la obra de Freud. Muchos de ellos se integraron en la creación y el desarrollo de la Asociación Psicoanalítica Argentina, (incorporada a la Asociación Psicoanalítica Internacional en 1942) cuando aún no se habían establecido las normas, restricciones y exigencias estatales.

Esto tuvo importantes consecuencias, ya que el psicoanálisis, como movimiento intelectual, se desarrolló independiente de la «profesión» médica y no fue integrado por la «profesión» psiquiátrica.

El movimiento de ideas psicoanalíticas, esa alianza vincular y la pasión por el esclarecimiento de la condición psíquica del ser humano y de la producción de su cultura, la fuerza de sus ideas y su eficacia, reclutaban intelectuales, filósofos y artistas, pero no era una profesión formalizada.

Estaba más próxima a una pasión transformadora, al descubrimiento de un universo deslumbrante, a una revolución intelectual próxima al logos (razonamiento, verdad) de la psiquis, que luego derivó en la carrera del psicólogo.



Los inicios

El grupo inicial accedió a la formación que la Sociedad Psicoanalítica Internacional exigía, con la inmigración del doctor Angel Garma, que tras rechazar la tiranía de Francisco Franco se radicó en nuestro país. Llegó a la Argentina en 1938, Rascovsky fue su primer candidato a la formación psicoanalítica, luego se plegaron Pichon-Rivière y diversos entusiastas en la tarea de lograr crear una institución. Marie Langer y Enrique Racker habían logrado su formación psicoanalítica en Austria y Berlín. El grupo incluyó a Arminda Aberastury, a Matilde Wencelblat, a Luisa Gambier, quienes tuvieron una destacada participación en la creación del psicoanálisis de niños, en el psicoanálisis de grupo, en escritos clínicos y técnicos, y señalaron un sendero en el psicoanálisis donde la función madre-mujer adquiere una significación única.

El psicoanálisis representó también una rebelión frente a estrategias conservadoras, denunciaba el maltrato padecido en la infancia, así como la mortificación que padecía el psicótico en los establecimientos mentales, esclareció en forma creciente la dimensión de los conflictos ocultos en la familia, en la educación o en la cultura cotidiana.

En la coraza imperante por la represión cultural, el psicoanálisis abrió un sendero de reflexiones que demolían las convenciones cotidianas, confrontando las ideas religiosas, el sometimiento social, cuestionando los rituales sociales, la represión cultural y brindando una esperanza creativa sobre el desarrollo humano, construyendo una ética de la libertad. «La causa psicoanalítica» constituyó el fuego de una rebelión intelectual e ideológica que impregnó la profesión del psicólogo.

En la década del 60, jóvenes médicos de Brasil, Uruguay, Venezuela, Colombia, México, España, Bolivia, Chile, Perú, hicieron su formación en Buenos Aires e iniciaron luego las instituciones psicoanalíticas de sus países. La Argentina fue el origen del movimiento psicoanalítico de toda America Latina.

La creciente extensión de las nociones sobre lo inconsciente, la trascendencia de la historia infantil, la sexualidad, el mundo intrapsíquico, el conflicto edípico, la dimensión de la fantasía inconsciente y muchos logros terapéuticos conmovieron la espiritualidad y extendieron las nociones del conflicto psíquico y la riqueza potencial del hombre que se descubre a sí mismo.

El hombre de la cultura adquirió la noción de su ignorancia de sí y la sabia advertencia del Oráculo de Delfos: «Conócete a ti mismo».


Las influencias

En el desarrollo del movimiento psicológico, la pasión de sus pioneros y las siguientes generaciones permitió que influyese prontamente en la medicina, en la pediatría, en la concepción de la enfermedad psicosomática (la angustia y los trastornos cardiacos, las conversiones histéricas, la obesidad como síntoma, la úlcera, el estrés, etc.), en las causas de las toxicomanías, interrogó la frecuencia del suicidio, las formaciones regresivas, las perversiones y la psicosis.

La singularidad del movimiento psicoanalítico argentino está fundamentada en la confrontación de autores y en la diversidad teórica; estos generaron un espiral de contrastaciones y contradicciones que impusieron un trabajo psíquico elaborativo y cuestionaron en muchos planos las distintas perspectivas teóricas y sus formas de abordar la realidad psíquica.

Se suele confundir al psicólogo con el psicoanalista. Inicialmente era necesario ser médico para iniciar la formación psicoanalítica. Hace ya varias décadas que el psicólogo puede realizar la formación psicoanalítica. El egresado de la facultad de psicología es un psicólogo que puede tener una diversidad de orientaciones terapéuticas y de intereses diversos, pero no tiene, a menos que la realice, una carrera o formación psicoanalítica.

La dimensión de la influencia del movimiento psicoanalítico y la trascendencia social que ha adquirido el psicólogo es difícil de mensurar, pero es indudable que la problemática de la salud mental es una de las heridas más profundas y la limitación mayor que padece la «empresa civilizadora» (Freud). La pandemia que ha padecido nuestro pais requirió y demostró la trascendencia y la necesidad de la tarea del psicólogo en una multitud de ámbitos que abarcan los lugares de trabajo, las instituciones educativas, el seno de la familia, la infancia y las angustias y trastornos subjetivos de la población más expuesta. La significacion y el valor de la asistencia humana y su compromiso psíquico y emocional resulta indispensable e irremplazable en un mundo de hipertrofia tecnológica.


La trascendencia en el país

En nuestro país es parte ineludible de los interrogantes de todo intelectual o sujeto de la cultura.

Escritores, creadores, pintores, intelectuales, profesionales y taxistas se interrogan sobre ese otro de uno mismo, sus deseos y sus conflictos inconscientes, expuestos y analizados en los divanes de nuestro país. Y si bien en otras latitudes, por confusión y vergüenza de la enfermedad mental, el tratamiento se suele ocultar, la difusión en nuestro país le adjudica concientización y desarrollo psíquico.

El psicoanálisis ha intentado, en su presencia rigurosa, denunciar y limitar la diversidad de las formaciones sintomáticas o las ilusiones y los delirios de la cultura.

El desarrollo de la lógica y del pensamiento científico, las creaciones tecnológicas, la evolución de la ciencia y sus consecuencias han anulado muchos delirios fantasmáticos, así como limitado el pensamiento mágico. Pero aún la sugestión, la mística y la religión tienen una influencia muy trascendente y mayor que las que provienen del pensamiento lógico-racional, mediante el cual Freud creyó crear una disciplina científica del psiquismo.

Celebremos la extraordinaria profundidad y la extensión que en nuestro país ha adquirido la psicología y la reflexión sobre el sí-mismo.

*Andrés Rascovsky es expresidente de la Asociación Psicoanalítica Argenina (APA).

14/10/21 P/12

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