Diez días sin Guadalupe. Que no sea Candela

Por Silvana Melo

(APe).- Diez días y Guadalupe no está. Que no sea Candela.

La buscan 600 policías. Hicieron 87 allanamientos. Es chiquita. Tiene cinco años y vive en el sur de San Luis capital, ombligo del feudo puntano escriturado por un solo apellido.

En el cumpleaños de su tía, que vive en las 544 viviendas, hubo torta de chocolate, velitas y deseos. Después, el vasto niñerío jugó en la calle. Hasta que la primita, fastidiada porque Guada había abandonado la escondida y ella contaba, dijo que no estaba más. Que se había ido “con una nena grande”. La pista más sólida la aportó una chiquita de tres años.

Diez días y Guadalupe no está. Que no sea Candela ni Sheila.

Hoy es una foto viralizada por las redes, por el alerta Sofía, por Interpol. Desvestida en sus cositas de niña de cinco por el morbo mediático. Investigados sus padres en vidas y costumbres, desnudados en teorías manchadas por los enredos vecinales. Y ella no aparece. En el feudo puntano escriturado por un apellido. Que apareció por primera vez en la gobernación con Adolfo Rodríguez Saa “El Pampa” en 1903. Y que desde 1983 sigue siendo Rodríguez Saa apenas con una honorífica interrupción.

Que no sea Candela. Ni Sheila. Ni Abigail ni Nahiara ni Luz.

La buscan con perros, gendarmes, policías provinciales e investigadores privados que contrató su padre. Toda la parafernalia que tantas veces no encontró nada. Todo el circo de la mano armada del estado (y la otra, la más oscura, la que es para-estatal) tantas veces intervenidas por la comunidad con el delito. Miles de hombres y perros buscando una nena de cinco años. Diez días después. Cuando la viralización ilimitada permite la intrusión de la crueldad humana con presuntos llamados de México y teorías sobre el narco. Cuando el vacío investigativo abona la trata de personas y los ajustes de cuentas, obliga a vaciar un dique, a rodear y allanar la casa de la tía, la casa del cumpleaños con quién sabe qué deseos en las velitas que se apagaron.

Más de 200 chiquitas asesinadas desde 2008 demuestran que el estado no sirve para encontrar a las nenas vivas. A Candela la encontró una cartonera en una bolsa negra. Así como tiran a las mujeres –niñas o adultas- a la basura. Tenía once años. A la nena de siete que vivía -¿vive?- con su madre en una carpa de cartones bajo la autopista Dellepiane la encontró una mujer, que la reconoció en la bicicleta de su raptor.

El estado con armas y perros y narices que huelen y entrenamientos de búsqueda y soberbia de uniforme todavía no encontró a Guadalupe. Una hermosa sonrisa morena nacida en el ombligo del feudo puntano. Finca de los Rodríguez Saa. Parte casi independiente de la Argentina. De un país que no cuida a sus niñas y sus niños. Que sostiene diez días la ausencia de una nena que jugaba a las escondidas hasta que ya no fue un juego. Y la escondida es ahora la cueva de este espanto.

Ojalá que no sea Candela ni Sheila ni Abigail ni Nahiara ni Luz. Ojalá que vuelva Guadalupe. Que llegue desde las cuencas de este invierno desolador. Que la encuentre la pompa oficial del estado que no encuentra. Que la encuentre la gente de este pueblo. O los perros entrenados o el perro de la calle. Pero que vuelva. Toda sonrisa morena y primaverita suelta.

Porque la muerte coloniza la vida. En estos días más que siempre.

Agencia de Noticias Pelota de Trapo