Dinamitar todo

Las frases macristas que hicieron historia

Por Luis Bruschtein

“Esta me la sé” pensó Miguel Angel Pichetto cuando le dijeron que había que consolidar el voto del núcleo duro. Y se largó a fondo: “Habría que dinamitar todo, que vuele todo por el aire” dijo sobre la villa 1.11.14. Como dicen en el PRO, el hombre es consecuente, está con el que manda. Y en el peronismo aprendió suficiente de la calle como para aprehender la esencia del pensamiento “Cambiemos”. No es la única frase de Pichetto, tiene varias como esa referidas a los inmigrantes pobres, sean africanos o de los países vecinos. El olfato le dice que en ese discurso hay muchos de los votos que trata de fidelizar Mauricio Macri y que en la ciudad de Buenos Aires respaldan a Horacio Rodríguez Larreta.

Cambiemos tiene muchas de estas frases que han usado como muletilla para popularizar un pensamiento duro de derecha. Hay que pronunciarlas como diciendo “yo tengo el valor de decir ésto que todos piensan pero se callan”. Si se enhebran en un collar esos contenidos trogloditas se tiene el pensamiento real de este grupo que gobierna y que se presentó como la modernidad democrática, o el cambio sensato.

Fue el ex ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay el que después de los aumentos astronómicos en las tarifas de los servicios, dijo que con esa diferencia se podían comprar “dos pizzas” por mes. Las dos pizzas llevaron a que miles de empresas pequeñas y medianas tuvieran que cerrar.

El mismo ministro hizo una metáfora con la preparación de un churrasco: “estamos separando la grasa militante”, dijo. Se refería a miles de empleados públicos que perdían su trabajo, muchos de los cuales nunca más podrían regresar al mercado de trabajo. Eran personas de carne y hueso que tenían que volver a sus hogares con esa mala noticia. Trabajadores que perdían su trabajo. Los comparó con la grasa de la carne. Esa frase se graficó con los dos empresarios, padre e hijo, que en los primeros días del gobierno de Macri apedrearon en Barrio Norte a los despedidos, incluso mujeres que lloraban, que protestaban en la puerta del Ministerio de Cultura.

Son frases, como las de las señoras que entrevistó el movilero de C5N en el acto del macrismo en Barrancas de Belgrano. “No creo que Cristina sea tan inteligente, ella viaja a Cuba para recibir órdenes del populismo cubano que las recibe de ya sabe dónde”. Esa señora, muy bien vestida, era la representación de la ignorancia que se esconde detrás de la “inteligencia conspirativa”. Esa burrada exclusiva le da patente de rica y superioridad sobre el populacho.

Otra señora que se hizo famosa en las redes por sus declaraciones, decía que ella conocía la pobreza porque en los años ’80 había tocado un pobre. El único interés de esta señora estaba en demostrar por la televisión que no era pobre como los que van a los actos del populismo.

El que piensa que estas son las excepciones se equivoca. Es la inteligencia, el sentido común que generan y sobre el que se apoyan los medios y periodistas del oficialismo. Son los implícitos que no van a decir en voz alta, pero que usan para buscar complicidad e identificación. Este universo también está muy expresado en las metáforas que han buscado los altos funcionarios de este gobierno cuando quieren naturalizar algunas de las ideas más clasistas y frontales.

Está la construcción más tradicional de que cualquier forma de políticas de distribución del ingreso es “populismo”, lo cual equivale a pura corrupción: cualquier cosa que reparta es para sacar tajada. Eso va para políticos y gremialistas. Y está toda esa línea de visualizar al pobre como enemigo cuando dijeron que la gente en situación de calle eran militantes kirchneristas o los empleados públicos despedidos “grasa militante” o la que usaron para desprestigiar al movimiento de derechos humanos “hay que terminar con el curro de los derechos humanos”.

Hay otra línea que busca sacarse responsabilidades: “esa te la debo”, “mala mía” o simplemente “me equivoqué”. Cada una de esas frases respondía a situaciones que afectaban a miles de personas. No sabían cuánto era una jubilación mínima o cuánto costaba un kilo de pan.

El discurso del narcotráfico o de la inseguridad fue usado para comprar armamento, pero no para combatir el narcotráfico ni la delincuencia, sino tanquetas, pistolas táser, lanzagranadas, armaduras y gases para reprimir la protesta social.

La idea de política educativa del ex ministro de Educación de la provincia de Buenos Aires, Esteban Bullrich quedó plasmada en la famosa frase de que “somos la nueva campaña al desierto”. La educación enfocada como acción genocida, o usar una acción genocida para imaginar al gobierno educador en un desierto de ignorantes. Es la supremacía que otorga la propiedad de un conocimiento. Una frase sobre el exterminio de los pueblos originarios, dicha en el escenario mismo de los hechos, en La Pampa. No se equivocó, como dijo después. Esa metáfora desnudó la esencia de su pensamiento.

Cuando se refirió al desempleo, a los miles de trabajadores que quedaban en la calle, el mismo ministro, actual senador, dijo que “así como cierran algunas fuentes de trabajo, se abren otras” y recomendó a los despedidos, actuar como “emprendedores” y dedicarse a la fabricación de cervezas artesanales o a manejar drones. Consejo a gente desesperada porque no puede alimentar a sus hijos. Nunca estuvo en esa situación y la comprende sólo desde el lado del que despide.

Con una sonrisa anchísima, Bullrich completó la idea, usando sin saber el concepto de “modernidad líquida” de Sygmunt Bauman. “Tenemos que formar una generación que sea feliz en la incertidumbre”, afirmó, como si alguna vez los millonarios que están en el gobierno sufrieran la incertidumbre de perder el trabajo o no tener plata para alimentar a sus hijos.

La frase del ministro de Energía Juan José Aranguren un día después del tarifazo en las naftas y el transporte. “Tengo mi fortuna en el exterior, la traeré cuando se recupere la confianza”. Esta gente pidió sacrificios enormes a la inmensa mayoría que no tiene ni un peso afuera y ellos fueron incapaces de dar el ejemplo. Ellos piensan que la culpa del “desastre argentino” la tienen los que no hicieron fortuna y no los que se enriquecieron con ese desastre. Es lo que quieren decir cuando hablan de “70 años de populismo”.

Hay otras frases del mismo Macri que dan vergüenza ajena. Cuando dijo “el océano es inmenso y el submarino pequeño” después de la desaparición del ARA San Juan, donde habían muerto 44 personas que estaban bajo su mando puso en evidencia que el tema no le parecía importante. Esa frase fue acompañada con el desprecio y el maltrato a los familiares de las víctimas y con los pocos esfuerzos por establecer las circunstancias del hundimiento y el rescate de los cuerpos de la tripulación.

A pesar de este maltrato, la mayoría del mundo de influencia de las Fuerzas Armadas y de Seguridad sigue como el respaldo más fuerte de este gobierno.

La celebración del bicentenario de la declaración de la independencia en Tucumán no fue con la presencia de mandatarios de la región. El invitado especial fue el Rey de España a una celebración en la que se festejaba haber salido de su yugo. “Querido Rey,–dijo Macri– me imagino la angustia que deben haber sentido los próceres al independizarse”. Los próceres se estaban jugando la vida para liberarse de una injusticia y Macri los vió angustiados. Es la idea de las clases altas de no soberanía, de sometimiento al poder para tratar de beneficiarse. Es el gobierno que vota la mayoría del universo castrense.

Hubo otra frase similar, aunque no referida a la historia, que completa esa idea. “Deseo que todo el país se enamore de Christine Lagarde” lanzó el presidente. Hablaba de la titular del Fondo Monetario Internacional que salvó a Macri de la hecatombe, pero que hundió al país en el desastre.

Macri les pedía a los trabajadores que se enamoren de la persona que exigía arrasar con sus derechos, se lo pedía a los jubilados cuando Lagarde venía reclamando el ajuste en el gasto previsional. Las clases altas se benefician a costa del sacrificio de las grandes mayorías y les importa un pepino la soberanía, la independencia o la mar en coche.

Cada una de estas frases produce una profunda vergüenza ajena y una sensación amarga porque gran parte de la sociedad que se perjudica con este pensamiento fue cooptada por el canto de sirena de los medios y los periodistas oficialistas. El hambre, la miseria y la destrucción del país tienen responsables muy claros. Pero la sociedad tendrá que hacer una reflexión muy profunda del papel que desempeñó.

05/10/19 P/12

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