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Discepolismo,
ensayos filosóficos en tiempo de tango
Breviario de la colección "Cultura y Nación" (Declarada de Interés por la
Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fe)
I) Vida y Obra de Enrique Santos Discépolo.
Hablar o escribir sobre la vida y obra de Enrique Santos Discépolo, es hacerlo
sobre el más "maldito" entre los malditos de la historia argentina.
¿Por qué "maldito"? Porque con este nombre, Don Arturo Jauretche designó a
aquellos argentinos "condenados al silencio y al olvido por la superestructura
cultural"; superestructura manejada por la clase dominante y productora de
"zonzos en serie".
"Malditos"... porque fueron quijotes que tuvieron la osadía, el coraje, la
valentía de elevar sus voces contra los "mitos consagrados".
"Malditos"... porque se negaron a la complicidad con intelectuales que lograban
fama por "lamer las propias cadenas que los esclavizaban".
"Malditos"... porque nunca participaron de los ilustres cenáculos de la época, a
pesar de tener más luces que muchos otros mediocres que ocupaban el escenario.
"Malditos"... porque todo se les negó para impedir que con sus ideas
concurriesen a construir una cultura nacional que cuestionara aquella otra
cultura, la antinacional, implementada como reaseguro del coloniaje económico y
político imperante.
Pero fueron "malditos", porque el pueblo argentino en su incesante descubrimiento de la realidad nacional, paso a paso, fue derrumbando esa cultura oscurantista y reconoció a los que abrieron picadas en la maraña de la confusión organizada.
Enrique Santos Discépolo fue uno de esos "malditos" que escapó, como escapan lo juglares, y sus letras se hicieron presente en las conversaciones de las esquinas, en las radios camioneras de la madrugada, en el tarareo del transeunte preocupado y en el silbido compañero del que está solo y espera.
Un "maldito" que escribió ensayos
filosóficos en tiempo de tango y para todos los tiempos. Es, Discépolo, el mayor
filósofo popular argentino del Siglo XX.
Plumíferos, o escribas, (al decir de Sarmiento - utilizando un vocablo inserto
en el diccionario castellano - los "cagatinta") pretendieron expurgar su nombre
de las antologías.
No lograron silenciarlo, y entonces utilizaron otra técnica: la deformación, con
el fin de esterilizar su nombre. Un Discépolo torturado, desencantado y anodino.
Así, se ha pretendido "arrinconarlo en la mitología de la noche, meterlo de
prepo en algún santuario intelectual para que algunos le recen una lacrimógena
oración tanguera".
Trampa... trampa que es lo que acostumbran a tender para confundirnos en el campo de las ideas.
Trampa... porque Discépolo al igual que Homero Manzi, no fueron "hombres de
letras"... hicieron "letras para los hombres".
Discépolo hizo letras que expresaron el dolor, la frustración y la protesta de
multitudes.
Entrevista a Osvaldo
Vergara Bertiche el 11/10/09 sobre Enrique Santos Discépolo por el
programa "Un reo meditabundo" conducido por Oscar Reina y Miguel
García Urbani, los domingos de 22 a 24 por
Radio Nihuil de Mendoza, AM 600
- FM 98,9. |
Discépolo
percibió e interpretó las emociones colectivas
Ese Discépolo que nos quieren robar o desfigurar dijo:
"Me di de corazón a un pueblo, porque los pueblos no engañan nunca y devuelven,
como la tierra, un millón de flores por una semilla seca.
Y mi pueblo me ha devuelto exageradamente la ternura que le di sin esperar su
premio.
En el largo y penoso diálogo de mi vida, no he tenido más interlocutor que el
pueblo. Siempre estuve con él... afortunadamente con él".
Este es el verdadero Discépolo. Y es por ello, simplemente por ello, que nos lo
quieren robar o desfigurar...
Es Piero, en una de sus canciones que dice "al Pueblo lo que es del Pueblo,
porque el Pueblo se lo ganó". Discépolo comprendió cabalmente al Pueblo, y ese
pueblo lo reconoció por siempre.
Discépolo se convirtió en el gran ideal del poeta español, reposado y profundo,
Antonio Machado, cuando sentencia: "La felicidad de un poeta está en que se
convierta en copla. Que la repita el Pueblo". Sin duda, Discépolo, que junto a
Manzi, "se fue al cielo de la noche" es feliz.
Se iniciaba el Siglo XX, y allá, un 27 de Marzo de 1901, nacía Enrique Santos. A
los cinco años muere su padre, y cuando tenía siete años, muere su madre.
Recordando esos tiempos dijo: "Mi timidez se volvió miedo y mi tristeza...
desventura".
Su primera escuela fue religiosa, luego una del Estado.
Discepolo básicoBUENOS AIRES, 1901-1951. COMPOSITOR Fue actor, dramaturgo y cineasta, aunque se destacó como compositor y letrista de tangos. Huérfano desde los nueve años, lo crío su hermano Armando, un dramaturgo del grotesco rioplatense que le transmitió su pasión por el teatro. Debutó como actor en 1917 y como dramaturgo en 1918 con Los duendes. Pese a la oposición de su hermano, en 1925 comienza a componer los tangos cuyas letras angustiadas e irónicas lo convertirían en uno de los grandes renovadores del género. Entre sus mayores éxitos figuran "Cambalache" (1935), "Uno" (1943) y "Cafetín de Buenos Aires" (1948). |
"Nunca entendía la división de quebrados... numerador... denominador... ¡qué
lío!... nunca fui bueno para los números. Y por culpa de las matemáticas me hice
la primera rabona. Pero lo que dejé de aprender en el colegio, lo recuperé en la
calle... en la vida".
Y en esos años de escuela, entre rabona y rabona, comenzando a andar por la
vida, recordó que entre sus útiles tenía un globo terráqueo que "lo cubrí con un
paño negro y no volví a destaparlo. Me parecía que el mundo debía quedar así,
para siempre, vestido de luto".
Eran los años de la Primera Guerra Mundial (1914 - 1919); de la Revolución
Bolchevique en la Rusia Zarista (1917); eran años que "conmovieron al mundo" en
las primeras décadas del Siglo XX.
En su juventud visitó Europa. En las tabernas de Madrid y París, y "en esas
mesas que nunca preguntan" observó un denominador común con aquellas otras de
Buenos Aires y de tantas ciudades argentinas: el hombre que está solo.
Y dijo: "Me impresionó la soledad internacional del hombre frente a sus
problemas".
Conoció de la bohemia de los artistas, pero también conoció de los sueños de
redención social de los humildes y postergados.
Conoció la obra de Francisco de Goya (1746 - 1828) y fue su admirador. Admirador
del célebre pintor, legítima gloria de España, y de sus "aguafuertes", conocidos
como "caprichos", en los que se ve lo maravilloso de su potencia pictórica.
Goya fijó en colores la vida misma y representó con todo el poder de su genio
dos terribles momentos de la Guerra de la Independencia Española: los
fusilamientos del 2 de Marzo de 1808.
Discépolo, justamente, reconocía el valor ético y estético de Goya, al que
algunos le colocaron el epíteto de "loco".
Ese "loco" en uno de sus "caprichos" escribió: "Los sueños de la razón producen
monstruos".
En 1939, en la letra del tango "Tormento", Enrique Santos Discépolo acompaña el
pensamiento de Goya, diciendo:
"Yo siento que mi fe se tambalea
que la gente mala vive... ¡Dios!
mejor que yo".
Es que los monstruos, los malos... se seguían reproduciendo.
Discépolo escribe su primer tango en 1926: sólo tenía 25 años, y lo tituló "Que
vachaché". Dijo: "Con mi primer tango comenzaron mis problemas".
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A éste debemos agregar: "Yira - Yira" (1930), "¡Qué sapa... Señor!" (1931) y esa
denuncia universal que es "Cambalache" en 1935.
Estos cuatro temas son la piedra angular del pensamiento discepoliano.
Le he llamado "Discepolismo" porque sin duda alguna representa una corriente
filosófica, universal, humanista y trascendente.
Estamos hablando de temas escritos entre 1926 y 1935.
¿Qué pasaba en el mundo en esos años?
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El centro del mundo era Europa. Se produce en esos tiempos la crisis del
pensamiento europeo, la bancarrota de un sistema fijo del universo que daba
sentido y significado a la vida humana. Se manifiesta esa crisis en la
declinación de los valores religiosos tradicionales. El humanismo racionalista
creía que bastaba la ilustración para alcanzar la civilización, el progreso
definitivo y la paz fundamental. El correr de los años demostró que no era así.
De la última confrontación, la Guerra Franco-Prusiana de 1870, ya nadie se
acordaba.
Y en 1912 estalla la Guerra de los Balcanes; en 1914, comienza la Primera Guerra
Mundial; en 1919 se produce la Revolución Bolchevique que da fin a la hegemonía
capitalista por sólo 73 años; en 1929 estalla la Bolsa neoyorquina y comienza la
Gran Depresión; en 1931 se proclama la República en España y el Borbón Alfonso
XIII abdica el trono y en 1933, en Alemania, Hitler toma el poder.
La hambruna y el terror se paseaban por doquier.
Y Discépolo exclama: "La tierra está maldita / el amor con gripe en cama / La
gente en guerra grita, / bulle, mata, rompe y brama".
¿Por qué pasaba lo que pasaba?. Discépolo da respuesta a este interrogante a
través de un planteo de corte netamente filosófico:
"Al hombre lo ha marea’o
el humo al incendiar
y ahora entrevera’o... no sabe dónde va.
Voltea lo que ve... por gusto de voltear
pero sin convicción, ni fe.
Es que el hombre anda sin cueva
voltió la casa vieja
antes de construir la nueva
Creyó que era cuestión de alzarse
y nada más
romper lo consagra’o... cortar lo que adoró"
¡Sin convicción ni fe! Sin principios y sin creencias. Sin ideología, sin
trascendencia, porque lo trascendente era relegado para dar paso al que me
importa de la belle epoque; como diríamos hoy... por cuatro días locos...
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También debe reconocerse que las ideologías de entonces eran totalizadoras y
totalitarias.
"Romper lo consagra’o
cortar lo que adoró..."
Y refiriéndose, justamente, a Alfonso XIII, le pregunta a Dios:
"¡Qué sapa Señor!
que los reyes temblando
remueven el mazo,
buscando un yobaca
para disparar".
¿Qué sapa señor?... que lo que parecía eterno, permanente... se derrumbaba.
Y agrega algo que, quizás, fue escrito para todos los tiempos:
"¡Qué sapa señor!
que en medio del caos
que horroriza y espanta
la paz está en yanta
y el peso ha baja’o".
A ese mundo conflictivo al que Discépolo diseca con el bisturí de la
creatividad, de la imaginación y de la indignación, y a ese hombre que hizo
abandono de preceptos elementales, le dice:
"No hay nada más teatral, más divino, más hermoso, más complejo, más pintoresco,
más serio y más cómico que la vida misma".
Queda claro que Discépolo nunca fue un poeta torturado, ni un filósofo del
desencanto. No fue un poeta de la angustia existencial, ni fue un filósofo de la
hecatombe.
Quién dice: "Yo veo el dolor en todos los que tengo delante, me posesiono de su
situación, comprendo cuales son sus problemas y en seguida me pongo en su lugar,
y siento como sienten ellos mismos, percibo, como si fuera mío, el sufrimiento
ajeno" es alguien que entrecruza la preocupación metafísica con la crítica
social.
Discépolo es el filósofo de la comunidad quebrada, es el cronista del realismo
universal.
¿Y qué pasaba en nuestro país, por aquellos años, entre 1926 y 1935?
Debemos, para entender lo sucedido en ese tiempo, remontarnos a 1880; hace su
aparición una generación ilustrada, a la que pertenecieron Miguel Cané, José
María Ramos Mejía y otros; terminan los tiempos de Alsina y finaliza la "Gran
Aldea"; comienza la construcción de la Argentina Moderna y gobierna el Partido
Autonomista Nacional.
A partir de allí se estructura el estado. Y en 1890 el sistema imperante sufre
su primer descalabro: la "Revolución del Parque", dando nacimiento a la Unión
Cívica, que un año después se llamaría Unión Cívica Radical, liderada por
Leandro N. Alem.
En 1891 el radicalismo se lanza a una campaña electoral con Bernardo de Irigoyen
como candidato. En 1893 se suceden revoluciones radicales por todo el país.
En 1905 se sanciona la Ley de Residencia y la Ley de Defensa Social. El régimen
comienza a adquirir un carácter represivo.
En 1910 se celebra el Centenario de la Revolución de Mayo con toda pompa. Se
mostraba, así, al mundo, los éxitos de un país apoyado en un régimen
ganadero-pastoril y agroexportador.
En 1912 se sanciona la Ley Saenz Peña, importante logro que definió el
instrumento legal que permite la inserción en la política de los sectores medios
en la elección de 1816 y que consagra Presidente de la Nación a Don Hipólito
Irigoyen.
Entre 1880 a 1912 se puso en marcha operativa la ideología de Juan Bautista
Alberdi expresada en la frase "Gobernar es poblar" y comienza la inmigración más
importante que haya tenido un país de habla hispana.
Españoles, italianos, suizos, alemanes, polacos, rusos y judíos, entre tantas
otras nacionalidades, ingresan al país.
También y junto con ellos, se introducen las ideas anarquistas y socialistas, y
consecuentemente aparecen las primeras organizaciones obreras.
Esos treinta y dos años que transcurren entre 1880 y 1912 fueron fundamentales
en la construcción, justamente, de la Argentina Moderna.
Todos de una manera u otra, somos herederos de esa época. Los majestuosos
edificios públicos en todo el país, que hasta hoy se conservan, los grandes
parques y la afirmación de las Instituciones, son simples ejemplos de lo logrado
en esos años.
La educación en todos sus niveles fue hija de aquel régimen, que tuvo buen
olfato para descubrir el papel que la Argentina debía cumplir en el mundo, pero
que comete un gran pecado: condena a la marginalidad a los sectores sociales del
trabajo, sufriendo un duro proceso de explotación.
Muchos se mueren de hambre... y punto. Ni indemnizaciones ni leyes sociales. Y
así Alfredo Palacios se convierte en el Primer Diputado Socialista de América.
En 1912 estalla en el sur santafesino la rebelión campesina conocida como el
"Grito de Alcorta". De 1920 a 1922 huelgas ferroviarias y portuarias. La
sublevación sureña conocida como "La Patagonia Trágica". Las balas policíacas
contra los obreros de Vasena.
En este último punto hay que hacer un paréntesis. El nombre real de la fabrica
era la de sus dueños: "Kriegger Vasena"; la historia oficial saco el "Kriegger"
para que en los años en que estos fueron ministros, secretarios de estado y
asesores de gobiernos de facto, no se los reconociera como herederos de aquella
masacre ejecutada en defensa de sus intereses expoliadores.
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El 6 de setiembre de 1930 se produce el Golpe de estado y comienza la "Década
Infame".
El asesinato de Enzo Bordabehere en el Senado de la Nación.
Las largas "colas" en la ollas populares. El desempleo, el hambre.
Discépolo por entonces dice: "Cuando manyés que a tu lado / se prueban la ropa /
que vas a dejar"
"Cuando no tengas ni fe
ni yerba de ayer
secándose al sol...".
Es que por entonces, ante la mirada atenta de Discépolo, desfilan la angustia,
los hombres de ropa raída, los hambrientos, los desocupados, las mujeres de la
vida, los que "por un pan cambiaste como yo / tus ambiciones de honradez".
También la que gritaba: "No puedo más pasarla sin comida
Lo que hace falta es empacar mucha moneda,
vender el alma, rifar el corazón,
tirar la poca decencia que te queda...
Plata, plata, plata y plata otra vez...
Así es posible que morfés todos los días,
tengas amigos, casa, nombre... y lo que quieras vos.
El verdadero amor se ahogó en la sopa:
la panza es reina y el dinero Dios.
...
Dame puchero, guardate la decencia...
¡Plata, plata y plata! ¡Yo quiero vivir!"
Y con esa suerte de pensamiento anarquista, propio de los verdaderos y
auténticos intelectuales de aquella época, ganados por las ideas de la equidad
social, dice:
"¿Pero no ves, gilito embanderado,
que la razón la tiene el de más guita?
¿Que la honradez la venden al contado
y a la moral la dan por moneditas?
¿Que no hay ninguna verdad que se resista
frente a dos pesos moneda nacional?
Vos resultás, - haciendo el moralista -,
un disfrazao... sin carnaval..."
Señala también con énfasis: "¡Si aquí, ni Dios rescata lo perdido!".
Agregando: "¿Qué vachaché? Hoy ya murió el criterio! / Vale Jesús lo mismo que
el ladrón...".
Enrique Santos Discépolo vio como nadie el país oculto.
Es evidente que en esos años de desolación y de miseria de los sectores
populares, se produce la ruptura de la trama social de la solidaridad.
"cuando estés bien en la vía,
sin rumbo, desesperao;
...
cuando rajés los tamangos
buscando ese mango
que te haga morfar...
la indiferencia del mundo
- que es sordo y es mudo -
recién sentirás
...
Aunque te quiebre la vida,
aunque te muerda un dolor,
no esperes nunca una ayuda,
ni una mano, ni un favor".
Él mismo nos explica esta conducta, esta forma de actuar del hombre frente a su
semejante: "Las ciudades grandes no tienen tiempo para mirar el cielo... el
hombre de las ciudades se hace cruel. Caza mariposas de chico... de grande no.
Las pisa... no las ve... no lo conmueve..."
Y luego y como culminación de sus proclamas filosóficas-literarias-tangueras
señala sin titubeos: "Que el mundo fue y sera una porquería", señalando dos
fechas el 506 y el 2000.
Alrededor del 506, Teodorico "El Grande" Rey de los Ostrogodos, bárbaros que
invadieron el Imperio Romano, luchó contra Odoraco, lo hace prisionero, lo
asesina en Roma y se apodera de toda Italia. También asesinó a Anicio Maulio
Severino, filósofo romano, el primero de los escolásticos.
Son años de invasión, dominación y muerte.
Y el 2000, no nos cabe duda... nos iba a encontrar "unidos o dominados". Pero en
esto Discépolo se equivocó, más allá del 2000, seguimos quedando en situación de
postración y marginalidad.
Discépolo fue premonitorio. Cambalache es una denuncia universal, y el eje
central, la columna vertebral en esta denuncia es el trastocamiento de los
valores. Primero nos cuenta que desde que el mundo es mundo "... siempre ha
habido chorros, / maquiavelos y estafaos, / contentos y amargaos, / valores y
dubles...", pero el Siglo XX depara algo más lamentable: "es un despliegue de
maldad insolente / ya no hay quien lo niegue; / vivimos revolcaos en un merengue
/ y en un mismo lodo todos manoseaos".
¿Qué es vivir revolcados y manoseados? Es vivir en un mundo de trastocamiento de
los valores.
Los valores son cualidades ideales de las cosas, pertenecientes a objetos que no
poseen ser, sino que pertenecen a la esfera del valer, situadas por lo tanto
fuera del tiempo y del espacio.
Las características fundamentales de los valores son su polaridad - cada valor
positivo cuenta con el correspondiente negativo: amor/odio - y su jerarquización
que permite clasificarlos.
Los modernos axiólogos (filósofos que estudian los valores) señalan además que
los valores son independientes de los sujetos, y que se los puede clasificar en
"valores útiles" (lo adecuado, lo conveniente), "valores vitales" (lo fuerte, lo
sano), "valores lógicos" (lo verdadero), "valores estéticos" (lo bello),
"valores éticos" (lo justo, lo bueno) y "valores religiosos" (lo santo).
Podemos, así, con estos datos, construir una escala de valores y por ende de
disvalores.
En la base de esa escala, los "valores útiles", lo cotidiano, lo elemental, que
es lo adecuado, lo conveniente, lo que necesitamos: la comida, la ropa, la
higiene, la educación, la distracción, el dinero para adquirir bienes materiales
y necesarios como por ejemplo... el calefón.
Así ascendemos en la escala hasta llegar a los "valores religiosos" (lo santo).
Para los creyentes, en primer lugar Dios, El Verbo, La Palabra... La Biblia.
Es aquí donde Discépolo sintetiza este trastocamiento de los valores, porque
"igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches, se ha mezclado la
vida y herida por un sable sin remache, ves llorar la Biblia contra un calefón".
La base de la escala de valores se equiparó con su peldaño más alto. La
asignatura aún está pendiente: no hemos rescatado la Biblia.
Es a partir de esto, que podemos llamar sinrazón, que se abre el camino para que
hoy resulte que:

"...es lo mismo
ser derecho que traidor,
ignorante, sabio, chorro,
generoso, estafador.
Todo es igual; nada es mejor;
lo mismo un burro que un gran profesor.
No hay aplazaos ni escalafón;
los inmorales nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
da lo mismo que si es cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón.
Que falta de respeto,
que atropello a la razón;
cualquiera es un señor,
cualquiera es un ladrón.
Mezclaos con Stavisky,
van Don Bosco y la Mignon,
don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín.
Vivir en un "cambalache" hace sufrir, pero también hace pensar... y este sufrir
y ese pensar es lo que Discépolo convirtió en poesía. Poesía de ruptura, rara,
incómoda para algunos... y por tanto condenada.
"¿Es el tango Cambalache, - se pregunta Sergio A. Pujol - como muchos creen, el
verdadero Himno Nacional Argentino? Así lo sugirió el poeta Leónidas Lamborghini
hace unos años. También podría considerarse a Cambalache un anti-himno, bien
lejos de la demanda patriótica.
Continúa Pujol: "Sus mordaces compases siguen sonando con énfasis de marcha.
¿Quién no reconoce inmediatamente, más allá de toda valla generacional, esos
acordes mayores del comienzo? ¿Quién no se ha visto tentado de citar alguna vez
esa letra que puntea la totalidad del mundo y la Historia con retórica
sardónica? Si se sigue escuchando y cantando Cambalache con sentido de
actualidad, como vehículo de protesta popular, es por la sencilla razón de que
ninguna otra canción logró identificarse con el sentido común de la gente de
manera tan estrecha y cómplice. Aquello de: Ves llorar la Biblia contra un
calefón... contiene una parte sustancial del país que desciende de la
inmigración.
Aunque es pertinente hacerlo, tal vez no baste con identificar aquella condena
moral del mundo (disfrazada de amargo cinismo) con el ánimo nacional. Al fin y
al cabo, en Cambalache hay escasas referencias argentinas: su poderosa letra
hace hincapié en el siglo XX mundial (el de la... maldá insolente), situándolo
en un primer plano excluyente. Su descreimiento ideológico, que en los años ‘70
fue entendido por algunos como reaccionario, encaja perfectamente (tristemente,
en verdad) con la visión posmoderna del mundo".
Los pilares en los que se apoya la filosofía de Discépolo son tres: la vida, la
soledad y lo trascendente.
Quizás en el tema de la vida, Discépolo, al igual que Cátulo Castillo, pensara
que "la vida es una herida absurda", pero con un aditamento importante: absurda
por culpa de la injusticia.
Dice, lo que confirma la apreciación precedente: "El hombre nace para vivir y la
vida es un premio. Pero la vida hace del hombre una víctima sencilla. Se llena
de obligaciones que lo empequeñecen para la lucha y lo entristece para la
ambición. Y se va negando, deshaciendo... enfriando.
Hay un hambre que es tan grande como el hambre de pan. Es el hambre de la
injusticia, de la incomprensión.
Y así como la variante de un número cambia la suma, la vida del hombre moderno,
hermosa y trágica, es un juego de ilusiones y de agonías que desgastan la
esperanza... lo sabido... lo deseado... lo querido".
La vida en el concepto discepoliano tiene que vivirse. Vivirse en plenitud
porque "la felicidad no tiene normas, ni puede definirse" pero está enmarcada en
la dignidad. La vida es para vivirla dignamente.
La soledad es abordada por Discépolo al igual que Raúl Scalabrini Ortíz en su
libro "El hombre que está solo y espera". El autor, entre otras obras, de la
"Historia de los Ferrocarriles Argentinos", dice: "Soltero o casado, el hombre
está desnudo y solo en el interior de su baluarte verbal. Está solo entre
millones de hombres solos".
Discépolo en "Martirio" (1940), dice: "Solo... increíblemente solo / vivo el
drama de esperarte / Hoy... mañana... siempre igual... Pavorosamente solo / como
están los que se mueren / los que sueñan... los que quieren".
Con este poema podemos decir que el tango trascendió el mundo que le dio origen.
Trascendió también el sentimentalismo frustrado del que fue abandonado por una
percanta y se fue a refugiar en la santa viejecita.
Con Discépolo se incursiona en una problemática universal.
Jean Paul Sartre, el Padre del Existencialismo, que dijo aquello de que "la vida
es un paréntesis entre dos nada" no pudo sintetizar el drama de la soledad, y la
angustia que ocasiona, como Enrique Santos Discépolo.
Lo trascendente en Discépolo merecería un capítulo especial.
Alguna vez reflexionó así: "Siempre he conversado con Dios. Y de Dios aprendí a
sentir, como si fuese un dolor mío, el hambre de los otros, la injusticia de los
postergados y la tragedia infinita de vivir en la tierra que lo ofrece todo,
para que los más no tengan nada... esa injusticia que orilla por las calles de
los pobres... y que termina por agitar la razón del que es honrado.
Grité el dolor de muchos, no porque el dolor de los demás me haga feliz, sino
porque de esa manera estoy más cerca de ellos... y traduzco ese silencio de
angustia que adivino".
Dios está presente en los temas de Discépolo. Esta presente como la necesaria
redención del hombre... de todos los hombres. No sólo por antonomasia la
redención de Jesús por medio de su Pasión y Muerte, sino la redención de todos
por el amor, por entrega al prójimo.
Leemos estas expresiones en sus tangos: "dónde estaba Dios cuando te fuiste /
dónde estaba el sol que no te vio"; y como parafraseando a Job exclama:
"¡Aullando entre relámpagos, / perdido en la tormenta / de mi noche
interminable, / ¡Dios! busco tu nombre..." agregando "Y entonces de rodillas, /
hecho sangre en los guijarros / moriré con vos, ¡Feliz, Señor!"
La problemática metafísica queda expresada cuando en 1941dice: "Soy una canción
desesperada".
Antes, en 1928, en "Desencanto":
"Que desencanto más hondo
que desconsuelo brutal
que ganas de echarme en el suelo
y ponerme a llorar"
Y sostiene, a contrapelo de las letras de tango hasta entonces conocidas, que
oye a su madre aún "engañándome / porque la vida me negó / las esperanzas que en
la cuna me cantó".
En "Condena": "Yo quisiera saber que destino brutal / me condena al horror / de
este infierno en que estoy". Y en 1935 en "Alma de bandoneón": "igual que vos
soñé / igual que vos viví / sin alcanzar mi ambición".
En "Infamia": "La gente que es brutal cuando se ensaña / la gente que es feroz
cuando hace un mal... La gente es brutal / y odia siempre al que sueña / lo
burla y con risas despeña / su intento mejor".
Desesperanza, descontento, horror, llanto, burla, ensañamiento, maldad, odio,
infierno, brutalidad, ferocidad.., y ante estas adjetivizaciones se pregunta
sobre: "lo peor... lo bestial / de este drama sin fin" y se contesta a sí mismo:
"Uno busca lleno de esperanzas / el camino que los sueños / prometieron a sus
ansias".
Y dice algo de profundo significado: "Yo hubiera dado mi vida / para salvar la
ilusión".
¿Qué ilusión?... La ilusión de un mundo mejor.
"Uno busca lleno de esperanzas
el camino que los sueños prometieron a sus ansias".
Todos buscamos ese camino, aunque nos arrastremos entre espinas.
Discépolo buscó ese camino, luchó por encontrarlo y ayudó a que otros lo
encontraran. Sabía que "la lucha es cruel y es mucha", pero el optimismo lo
instala firmemente ya que "se lucha y se desangra por la fe que lo empecina".
Y es tanta su porfía que "sin pensar que ya es muy tarde" asume el compromiso de
la adhesión militante. primero gremial y luego política. Junto a Homero Manzi
funda la Sociedad Argentina de Autores y Compositores y lucha denodadamente por
lo que será la Ley 11.723 de Propiedad Intelectual.
Y luego, habiendo presenciado "el dolor que muerde las carnes", el que sintió en
su propia carne, adhiere al Movimiento que nace por la acción del "subsuelo de
la patria sublevado", maravillosa expresión de Leopoldo Marechal para aquel 17
de Octubre de 1945.
II) MORDISQUITO
Una de las facetas fundamentales del universo de Enrique Santos Discépolo (27 de
marzo de 1901 - 23 de diciembre de 1951) fue su comprometida militancia
peronista. Y uno de los factores que provocaron su depresión y un final
divorciado de la elite intelectual fue, justamente, este aspecto esencial, amén
de su propuesta poética vinculada al conflicto social.
Discépolo murió distanciado de varios viejos amigos y criticado por sus pares,
que le hicieron un vacío a raíz de su ideología. Defendió con convicción, ironía
y vehemencia lo que él entendía un enorme avance en el desarrollo político y
social del pueblo argentino, el gobierno del General Perón.
La radio iba a ser el vehículo para difundir su ideario, en su famoso y
fulminante micro-programa: "¿A mí me la vas a contar?".
El último texto leído por Discépolo el 10 de noviembre de 1951, un día antes de
las elecciones que concluyeron con el triunfo arrollador de Perón dijo:
"Mordisquito ¿A mí me la vas a contar?
Bueno, mirá, lo digo de una vez. Yo no lo inventé a Perón. Te lo digo de una
vez, así termino con esta pulseada de buena voluntad que estoy llevando a cabo
en un afán mío de liberarte un poco de tanto macaneo. La verdad: yo no lo
inventé a Perón, ni a Eva Perón, la milagrosa. Ellos nacieron como una reacción
a los malos gobiernos. Yo no lo inventé a Perón ni a Eva Perón ni a su doctrina.
Los trajo, en su defensa, un pueblo a quien vos y los tuyos habían enterrado de
un largo camino de miseria.
Nacieron de vos, por vos y para vos. Esa es la verdad. Porque yo no lo inventé a
Perón, ni a Eva Perón. Los trajo esta lucha salvaje de gobernar creando miseria,
los trajo la ausencia total de leyes sociales que estuvieran en consonancia con
la época. Los trajo tu tremendo desprecio por la clases pobres a las que
masacraste, desde Santa Cruz hasta lo de Vasena, (se refiere a la Patagonia
Rebelde y a la Semana Trágica) porque pedían un mínimo respeto a su dignidad de
hombres y un salario que les permitiera salvar a los suyos del hambre. Sí, el
hambre y de la terrible promiscuidad de sus viviendas en las que tenían que
hacinar lo mismo sus ansias que su asco.
No. Yo no lo inventé a Perón ni a Eva Perón. ¡Vos los creaste! Con tu
intolerancia. Con tu crueldad. Con la misma crueldad aquella del candidato a
presidente que mataba peones en su ingenio porque le pisaban un poco fuerte las
piedritas del camino a la hora de la siesta (se refiere a Robustiano Patrón
Costas, cuya postulación en la fórmula con Ramón Castillo se malogró con el
golpe del 4 de junio de 1943).
Sí, yo sé que te fastidia que te lo recuerde. Es claro, pero vamos a terminarla
de una vez. Porque yo no lo inventé a Perón ni a Eva Perón. Los trajo la
injusticia que presidía el país. Porque a fuerza de hacer un estilo de tanto
desmán, terminó por parecerte correcto lo más infame. Claro, a vos no te
alcanzaba esa injusticia. Tendrías, como un señor que yo conocía y que iba todos
los meses a cobrarlo, un puesto de ama de cría para cubrir sus gastos, que se lo
pagaban oficialmente, y un sueldo para salir con el clan.
Yo me acuerdo del clan. Y vos también. Aquella mafia siniestra que salía sólo
para aterrorizar gente y mataba una vez a gomazos, otra vez a tiros y a veces
con el camión para hacerlo más divertido. No, si la memoria fastidia. Pero yo no
lo inventé a Perón ni a Eva Perón. Los trajo la injusticia que manejaba el país.
Mirá, si vos hubieras estado en la Semana Trágica como yo y como tantos, en
Cochabamba y Barcala, y hubieras visto morir primero a aquellos cinco, luego a
cientos, y hubieras visto masacrar judíos por una gloriosa institución que nos
llenó de vergüenza, no hubieras formado nunca más parte de ese partido que
integrás por amor propio y quizá por ignorancia de tantos hechos delictuosos que
son los que empezaron a preparar la llegada de Perón y Eva Perón.
En un país milagroso de rico, arriba y abajo del suelo, la gente muerta de
hambre. Los maestros sirviendo de burla en lugar de hacer llorar porque estaban
sin cobrar un año entero. ¡No! ¡Y todo vendido! ¡Y todo entregado! Yo sé que te
da rabia que te lo repitan tantas veces, pero es que entristece también pensar
que no lo querés oír. El otro día, en un discurso oí que decías refiriéndote a
un gobierno de 1918: Ya por ese entonces los obreros gozaban.... ¿De qué
gozaban? ¡Los gozaban!, que no es lo mismo. Y, sí, Mordisquito, ¡los gozaban!
La nuestra es una historia de civismo llena de desilusiones. Cualquiera fuese el
color político que nos gobernó, siempre la vimos negra. Aspiramos a gozar y al
final nos gozaron. ¡Todos! ¡Siempre! Una curiosa adoración, la que vos sentís
por los pajarones, hizo que el país retrocediese cien años. Porque vos tenés la
mística de los pajarones y practicás su culto como una religión. Cuanto más
pajarón él, más torpe y más crédulo vos. Te gusta oír hablar a la gente que no
le entendés nada; la que te habla claro te parece vulgar.
Yo también entré como vos y, ¿por qué no confesarlo?, me sentía más conmovido
frente a un pajarón que frente a un hombre de talento. El pajarón tiene
presencia, tiene historia larga, la que casi siempre empieza con un tatarabuelo
que era pirata. Yo también me sentía dominado por los pajarones cuando era
chico. Ahora, ¡no! Cuando era chico, sí. ¡Pero no ahora, Mordisquito! Salvate de
los pajarones. El fracaso - por no decir la infamia - de los pajarones fue lo
que trajo como una defensa a Perón y Eva Perón. Pero no fui yo quien los
inventó.
A Perón lo trajo el fraude, la injusticia y el dolor de un pueblo que se ahogaba
de harina blanca y una vez tuvo que inventar un pan radical de harina negra para
no morirse de hambre. Tampoco te lo acordabas. ¡Ay, Mordisquito, qué
desmemoriado te vuelve el amor propio!.
Te dejo. Con tu conciencia. ¡Perón es tuyo! ¡Vos lo trajiste! ¡Y a Eva Perón
también! Por tu inconducta. A mí lo único que me resta es agradecerte el bien
enorme que sin querer le hiciste al país. Gracias te doy por él y por ella, por
la patria que los esperaba para iniciar su verdadera marcha hacia el porvenir
que se merece.
¡A mí ya no me la podés contar, Mordisquito! Hasta otra vez, sí. Hasta otra
vez".
En una de sus apariciones radiales anteriores dijo: "... a mí no me duele que
vos tengas más... me duele que los demás no tengan nada. ¿Te has olvidado que la
vida de los otros vale tanto como la tuya? Por eso me escribís diciendo que este
gobierno ha desatado una tormenta de clases. ¡Qué error el tuyo! Lo que ha
desatado este gobierno no es una tormenta de clases, sino que ha desatado a un
montón de clases que vivían en la tormenta... sin paraguas, sin comida, sin más
sueños que los que dan el cansancio y la miseria. De gente como vos. Como vos,
que sos capaz de llorar a gritos con una película de esclavos, y los has estado
viendo morir de tristeza al lado tuyo durante tu vida, sin comprender cuál era
tu destino generoso frente a ellos...".
Enrique Santos Discépolo asumió, como Leopoldo Marechal, aquello que "El hombre
por el solo hecho de nacer está comprometido, y el no compromiso es una manera
de comprometerse...".
Así sus críticas y denuncias son proféticas. Se convirtieron en su legado; es la
voz de aquellos que oprimidos por el dolor o la injusticia no gritan... callan.
Dice Sergio Pujol "A diferencia de otros creadores populares que desplegaron su
talento de modo instintivo y un tanto naif, para luego ser reivindicados por
futuros exégetas, Discépolo fue siempre consciente de sus aportes. Podría
incluso asegurarse que toda su producción artística está articulada por estilo
común, un cierto aire o espíritu discepoliano que la gente reconoce
inmediatamente, con afecto y admiración, como si su obra - más de una vez
definida como profética - expresara el sentido común de los argentinos. La
singularidad de Discépolo sigue inquietando, tanto dentro como fuera del
universo del tango. Mientras la mayoría de sus coetáneos hoy suena extraña para
las nuevas generaciones, el hombre que escribió y compuso Cambalache persiste,
está vigente. O para decirlo con una de sus imágenes preferidas: sigue
mordiendo".
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El Poeta Nicolás Olivari quien mantiene "el compromiso verbal con la problemática humana existente" nos señala de Enrique Santos Discépolo que "todo en él era bondad instantánea, veloz, escudada en el humorismo sarcástico del porteño de ley que no despinta su sentimiento y lo esconde con pudores de varón, para que no se le vea la punta acuosa de la lágrima. Por eso solía decir en su camarín, al cambiarse la ropa: ¡No me mirés que me doy lástima! (...) Frase que desleía desde su vibrátil nariz ciranesca y su acento preciso, matemático... (...) ...del que tironeaba en escena para traducir, como nadie lo podría hacer jamás, su arte instintivo y definitivo. (...) ...había sido el perno del humorismo porteño, engrasado por la angustia. ¡Qué lastima que Carlitos Chaplin no lo conoció!".
Discépolo fue un acertado traductor de las causas y consecuencias que provocan
los sentimientos.
Su óptica, siempre aguda, áspera y mordaz, se centró en el dramatismo y la
tristeza de la condición humana.
No parece aventurado, entonces, afirmar que la ideología pasional de Discépolo
proviene de esa escisión que lo desgarra: la cicatriz ajena.
III) "Siempre tuve más años que kilos..."
Enrique Santos Discépolo, que alguna vez lo dijo, se enfermó por la amargura de
sentirse desplazado por su actuación política, y se fue a su casa a morir.
El 23 de Diciembre de 1951, con sólo 50 años, no soportó la soledad, producto de
la incomprensión, del fanatismo, del rencor político, y hasta del odio de
algunos.
Homero Manzi, desde su genio de poeta, hace que a Enrique Santos Discépolo lo
tengamos siempre presente, cuando en su homenaje desde Discepolín, dice:
Conozco de tu largo aburrimiento
y comprendo lo que cuesta ser feliz,
y al son de cada tango te presiento
con tu talento enorme y tu nariz.
Con tu lágrima amargada y escondida,
con tu careta pálida de clown
y con esa sonrisa entristecida
que florece en verso y en canción.
Fue actor y director, tanto de teatro como de cine, letrista... filósofo.
Y cuando a uno de sus personajes le hace decir:
"¡Piantá de aquí! ¡Te creés que al mundo lo vas a arreglar vos!"
Quizás, Discèpolo, tangueramente, le respondería:
¡No chabón! ¡No!... al mundo no lo arreglás vos...!
Al mundo lo arreglamos entre todos, y entonces ese día, Enrique Santos Discépolo
archivará "Cambalache", enterrará "¡Qué vachaché!" y no se preguntará más "¡Qué
sapa Señor?".
Se autoriza la reproducción mencionando la fuente
|
Texto de la
Conferencia pronunciada en: |
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¡Vamos que todo duele, viejo Discepolín! Sobre el mármol helado, migas de medialuna |
No fue un talento precoz. No en materia de tangos, al menos. Debutó como
comparsa en una pieza de su hermano Armando en 1917, y desde ese momento se soñó
a sí mismo como actor. Llegó a serlo, y estuvo entre los buenos. Pero no tenía
el rigor de un Casaux ni el oficio de un Parravicini. La relación con Armando,
el gran Discépolo de los años 20, fue difícil y a la vez necesaria. Sin Armando,
¿qué hubiera sido del debilucho y acomplejado hijo menor de Santo y Luisa? Con
un gran autor a su lado, Enrique intentó ser dramaturgo —nunca de tiempo
completo— con Páselo, cabo, sainete de influencia anarquista, y El Organito,
feroz grotesco escrito a cuatro manos con Armando. Hubo otras piezas menores,
pero tampoco en ese terreno, el de la escritura dramática, Enrique llegó a
descollar. Si su vida pública hubiese terminado en 1925 o 1926, hoy de
Discepolín sólo hablarían algunos historiadores del teatro.
Finalmente, en 1925, Discépolo sopesó seriamente la alternativa del tango.
Colaboró con el dramaturgo José Antonio Saldías en Bizcochito, una pieza muy
menor, y un año más tarde compuso su primer gran tango: Qué vachaché. A partir
de ese momento, las cosas cambiaron definitivamente. Para él y para la canción
porteña. Desoyendo las fórmulas fáciles del tango-canción que más y mejor
encajaba con el gusto de la época, Discépolo intentó establecer un nuevo "pacto
de lectura" con sus potenciales oyentes. Tomó el tema del abandono, tan caro a
los sentimientos del tango, y lo convirtió en vehículo de crítica mordaz.
"Piantá de aquí/ no vuelvas en tu vida/ Ya me tenés bien requeteamurada/ No
puedo más pasarla sin comida/ ni oírte decir tanta pavada.../¿No te das cuenta
que sos un engrupido?/ ¿Te crees que al mundo lo vas a arreglar vos?/ Si aquí ni
Dios rescata lo perdido.../ ¿Qué querés vos? ¡Hacé el favor!".
Sin malevos retobados ni vecinos heridos de amor, sin pecadoras desalmadas ni
bacanes altaneros, Discépolo planteó en Qué vachaché una situación axial
inspirada en el ambiente bohemio que había conocido unos años antes de la mano
de Armando. Ella lo echaba a él por inútil y soñador. Y por soberbio. La
resignación final tenía una contundencia aforística que, con el tiempo, sería
frecuente en el corpus discepoliano: "¡Qué vachaché! Hoy ya murió el
criterio.../ Vale Jesús lo mismo que el ladrón". Rechazado la noche de su
estreno en Montevideo, incomprendido tanto por el público como por los
intelectuales a los que indirectamente citaba, aquel tango fue al fin aceptado
con la versión teatral de Tita Merello y la discográfica de Carlos Gardel.
Aunque esa aceptación llegó sólo después de la consagración que significó su
primer gran éxito Esta noche me emborracho, en 1928.
Las principales líneas de su obra ya estaban expuestas antes de 1930, pero fue
en la "década infame" cuando los tangos de Discépolo sellaron una alianza
indestructible con el argentino medio. Mientras el romanticismo evocador de
Homero Manzi definía el mundo del suburbio, de cara al campo y a la arcadia
perdida, Discépolo se situaba, como Scalabrini Ortiz, en la encrucijada urbana:
Corrientes y Esmeralda, o cualquier otra esquina del centro. Despojado de sus
ilusiones de clase media, el hombre discepoliano alcanzó su máxima expresión en
Yira...yira..., tango magistralmente interpretado por Gardel. Allí el porteño se
podía identificar con la yiranta de la mala vida y acaso también con el flaneur
abatido que siente el extrañamiento de su querida ciudad. Ya por entonces, el
mundo discepoliano era el de la gracia perdida y el desencanto: "Verás que todo
es mentira". El mundo era inestable por naturaleza. Nadie estaba a salvo de ser
abandonado "después de cinchar", de encontrarse en la vía como un linyera, sin
premios, sin recompensas, sin esperanzas.
Deslizándose entre la tragedia y la comedia, Discépolo había encontrado una
manera de decir las cosas terriblemente argentina. Sus hipérboles y analogías,
sus metáforas llenas de humor, sus apóstrofes llenos de rabia pero a la vez
indulgentes resumieron el verdadero idioma de los argentinos. Más que por las
situaciones y los personajes, sus tangos se adhirieron definitivamente a la
memoria de toda una sociedad por sus hallazgos lingüísticos, por la violencia de
su lenguaje. Con su estilo desmesurado, Discépolo se alejó de la idea canónica
del poeta popular que dice las cosas bellamente para ingresar en una zona
visceral de la comunicación. Venía del grotesco y se dirigió hacia un mundo
musical y literario propio e irreductible. Tal vez por eso sus tangos —en
especial los de su primera época— pueden hoy ser valorados después del rock, el
punk y otros cortes abruptos. Aunque algunas letras reproducen los clisés del
modernismo literario, el núcleo de la obra de Discépolo sigue apelando a la
angustia del hombre moderno.
A fines de los años veinte, Dante Linyera lo bautizó "el filósofo del tango".
Discépolo se hizo cargo de la definición. No tradujo mecánicamente sus lecturas
de Schopenhauer y Pirandello a las formas breves de la canción, pero logró que
sus versos transmitieran un cierto efecto filosófico, básicamente existencial.
Apeló a los tópicos de la "alta cultura" de su tiempo: el automatismo de los
arlequines, el juego de máscaras de la vida moderna, la prédica a un Dios
ausente, la soledad y la alienación en el mundo moderno. No eran cuestiones
ligeras, y en manos de otros autores hubieran desbordado, por incontinencia o
petulancia, el horizonte de la canción popular. En cambio, Discépolo logró
"bajar" esas inquietudes a tangos que fueron profundos sin ser densos,
reflexivos sin dejar de ser cantables.
Desde su papel en el filme Mateo hasta su despedida en El Hincha, Discépolo
cifró en el cine muchas de sus expectativas actorales. Pero las veces que se
animó a dirigir no logró desarrollar sus ideas dentro de los límites de un buen
guión. Su talento, más episódico que argumental, su agudeza para el destello
poético, su incapacidad para entender la trama industrial de eso que solía
llamar "el monstruo moderno" le permitieron plasmar algunas buenas escenas
—generalmente musicales, como las de Cuatro corazones, su mejor trabajo para la
pantalla— pero no una producción coherente que estuviese a la altura de sus
mejores tangos.
No obstante las limitaciones de su cine y la discontinuidad de su teatro (Blum
fue su último acierto), Discépolo cristalizó una imagen, fue una figura porteña
—casi siempre al lado de su querida y conflictiva Tania—, un "caso" argentino
involucrado, al menos en la creencia de sus seguidores, con sus tangos,
especialmente los de su última etapa: Uno, Sin palabras y Cafetín de Buenos
Aires, los tres escritos en colaboración con Mariano Mores.
Cuando hoy nos preguntamos por la clave de su trascendencia, no debemos desechar
esa cualidad iconográfica. He ahí el Discépolo de los filmes y las fotografías,
de las anécdotas y los rumores. Desde su papel de antihéroe nacional, Discépolo
fue una estrella. Un intelectual-estrella, capaz de encarnar las historias de
sus tangos valiéndose de su máscara de actor. Esto no sucedió con ningún otro
autor de su generación.
Fuente:
Clarín, 25/03/01
Retrato
del eterno poeta del tango
Sus hallazgos de artista —entre maldito y mesiánico— desterraron del tango la
cursilería e inmortalizaron el nombre de Enrique Santos Discépolo. A 55 años de
la muerte del autor de "Cambalache", este retrato coral, que incluye sabrosos
testimonios inéditos de Tania, su mujer, recupera la intimidad de un creador
visionario y singular y analiza su compleja relación con el peronismo.
EDGARDO FREIJO
cultural@clarin.com
Fuiste lo único en la vida que se pareció a mi vieja", se atrevió a agradecer el
compositor Enrique Santos Discépolo, de cuya muerte se cumplen hoy 55 años, al
café de las-mesas-que-nunca-preguntan y un país coreó la imagen. No dijo, en
cambio —es posible que no lo haya sabido— que Juan Domingo Perón asomó como la
figura paterna más fuerte que se le acercara, ya adulto.
Profunda y compleja relación la de Discépolo y Perón, que se extendería a Eva
Duarte y Ana Luciano (alias Tania). Con ellas conformaron las parejas amorosas
más populares de la Argentina entre los años 30 y 1952, aunque la que condujo la
nación excede toda frontera temporal. Ranking facilitado, claro, por el crónico
celibato de Carlos Gardel. A Discépolo lo uniría con Perón y Evita una estrecha
amistad, trazada por vías paralelas y discretamente boicoteada por Tania.
Nacido el 23 de marzo de 1901, Discépolo tuvo una niñez realmente dura que marcó
lo que serían su poética, su metafísica, su vida. En 1906 falleció el padre,
Santo, violinista italiano que llegó a dirigir bandas y orquestas, y a
garabatear un par de tangos. Y en 1910 murió la madre, Luisa Deluchi. El chico
de cuerpecito esmirriado debió irse a vivir con sus tíos: "Al acostarme me
ubicaba en una posición fija y me exigía no moverme durante el sueño, tenía
miedo de hacer algún ruido y que me echaran"— recordaría. A partir de 1913 vivió
en la casa de su hermano el dramaturgo Armando Discépolo, donde se reunían
escritores, plásticos y músicos socialistas y anarcos: Benito Quinquela Martín,
Juan de Dios Filiberto, el escultor Agustín Riganelli y el dibujante Guillermo
Facio Hebecquer.
El encuentro con Tania
El humilde, callado muchacho sabía escuchar. Pronto comenzó a escribir teatro,
influido por la lectura de Luigi Pirandello. Enrolado en el grotesco, luego del
éxito de El organito (1925), Enrique se volcó al tango. "Componer un tango no es
cosa de payadores. He perseguido la idea madre de un tango con el rigor de los
poetas clásicos. Tuve que rumiar, madurarla, darle vueltas y vueltas en el
ventilador del mate antes de conseguir lo que buscaba", dijo alguna vez. Con
tamaña entrega y su talento se convirtió en poeta mayor del tango, "un
sentimiento triste que se baila", según su lúcida definición.
Fue Discépolo quien impuso imágenes de cruda violencia en los versos, los
"desfranelizó" y desterró la cursilería con sus hallazgos de poeta entre maldito
y mesiánico. Faltaba aggiornar melodía y armonía, y Astor Piazzolla le contó al
tango cómo sonaba la música del mundo después de Hiroshima. Y hubo que hablar de
música de Buenos Aires.
Discépolo conoció a Tania en 1931 la primera noche que pisó un cabaret: el
Folies Bergere porteño. Acababa de escribir Esta noche me emborracho y ella lo
cantó sin desprenderse de su estilo de cupletista. "Yo era la Madonna del año
30. Manejaba mi cupé y mi ambiente era el de grandes apellidos: Alzaga Unzué,
Basavilbaso, Basualdo. Enrique tenía amigos intelectuales, aburridos y secos, no
se salían del cafecito y el puchero. Era culto él, sí, pero en el fondo para mí
era un actorcito. Me besaba la mano y mandaba flores, tantos ramos tiraba yo
cada noche... Lo fui arrimando a mi gente, o sea que lo llevé por mal camino. Le
enseñé a vivir a Chachi", evocaba Tania en una charla con este cronista, en
1995. Detrás de las veleidades de soberbia desilustrada surgió una confesión
contradictoria. "Aprendí todo de él, creí en su talento, y cuando hubo que poner
el hombro, empeñé mis joyas. Qué no hice por él. Le compraba dátiles, nueces,
para que engordara, pero no había caso. Me arrancaba una protección casi
maternal. Chachi —yo le puse el sobrenombre de un chico— me decía: ''Antes de ir
a bombardear Japón los aviadores yanquis apenas comen un chocolatín; como yo no
pienso bombardear a nadie, ¿para qué voy a comer?''".
La vida por Perón
En 1938, siendo Perón agregado militar a la Embajada Argentina en Chile, quiso
conocer a Discépolo, de paso por Santiago. Perón había bailado tango con su
primera esposa, María Tizón, placer que —quizá porque Perón nunca fue menemista—
no se permitiría lucir en público. Se dice, además, que a solas tarareaba letras
discepoleanas con un registro que orillaba el de Edmundo Rivero. Recíprocamente
cautivados, tardarían en reencontrarse.
A mediados de 1944 el gobierno militar lanzó una campaña de censura de las
letras de tango más desnudas y las lunfardescas. Delegados de SADAIC, Homero
Manzi y Discépolo entrevistaron a Perón, entonces secretario de Trabajo y
Previsión. "Si lo dejan, el lunfardo se va a morfar a la academia, coronel"
—deslizó Enrique. Risotada de Perón y sentencia: "Van a tener que convivir". Ahí
renació la amistad abierta en Chile y como eco inmediato Discépolo se mudó de su
casa en La Lucila al departamento de Callao al 700.
El matrimonio con Tania mostraba en ese punto serias fisuras. A La Gallega se le
atribuían furtivas relaciones paralelas. Ella pretendía explicar sus salidas:
"Venían amigos a comer y cuando se iban, por ahí Chachi decía: ''Andá a dar una
vuelta con los señores''. Entonces yo iba. Cosas de él...". Cuesta creer el
chisme. El amor no era un juego para Discépolo, aterrorizado por la menor
deslealtad y capaz de proclamar "soñé que era Jesús y te salvaba". "Actitud
puramente creadora, nada era tan negro en su vida"—juzgaba Enrique Cadícamo.
Tampoco Mariano Mores comulga con la imagen de fragilidad afectiva: "Uno se
sentía tan seguro al lado de Enrique; yo lo escuchaba religiosamente, me enseñó
todo lo que soy".
"Con sus amigos era otro tipo, ella no estaba a su altura" —separaba tantos Tita
Merello. En el 45 Discépolo viaja a México en un barco de carga "para estar
solo, pensar y probarme a mí mismo, apartado de todo". En el D.F. vive en el
edificio donde se alojan Luis Sandrini y la Merello, por entonces, sólida
pareja. En seguida crece un encendido romance con una mujer mexicana y casi
todas las noches los cuatro comparten la cena.
Fue precisamente Tita quien confirmó que habían tenido un niño que
posteriormente, ya adolescente, pretendería en vano —Tania contrató un ejército
de abogados— ser reconocido como hijo de Discépolo.
Truco y política
En febrero de 1946 Perón es elegido presidente y Enrique Santos Discépolo
regresó al país. Se hacen frecuentes las charlas y también se trenzan, mano a
mano, en interminables, alegóricas partidas de truco. "Un día Perón cantó
envido, Chachi grito real envido con un 6. Hasta el gato supo que mentía. Perón
tenía 31, lo miró a los ojos y dijo no quiero. Nunca se lo conté, pero me
reventaba eso de sobrar a Chachi", refería Tania un episodio del juego. ¿Lo
sobraría Perón, o se limitaba a complacer, rasgo de ese paternalismo que no
cesaba de ejercer hacia el rival truquero y también los 100.000 descamisados que
encendían la plaza de Mayo?
Más allá del naipe, Perón escuchaba a Discépolo y esencialmente había medido con
precisión la honda llegada al pueblo de su bronca, su humor, su poesía, la
certeza con que siempre rescataba las palabras justas, ésas que el pueblo
consideraba suyas. "Usted es un visionario. En 1932 escribió ''cachá el bufoso y
chau, vamo a dormir'' y en el 34 en Buenos Aires se batió el récord de
suicidios: 627 certeros y 355 que fallaron" —elogiaba Perón a un Enrique
incrédulo de las estadísticas, no del arrugue ante el real envido.
La amistad con Eva
"Nos caímos bien de entrada, ella me gusta porque es auténtica, toda verdad"
—celebró Discépolo al conocer a Eva en 1947. "Evita lo quiso a Chachi más que
Perón", subrayaba Tania. Solían juntarse dos o tres noches por semana. "Venga a
cenar", invitaba ella, pero ninguno de los dos probaba más de un par de bocados.
Intercambiaron amarillentas fotos de Los Toldos y Parque Patricios, y
descubrieron que de niños él había despreciado el fútbol y las bolitas, pero a
ella le había encantado la ceremonia del hoyo y la quema tanto como las muñecas.
Contaba Discépolo que en "la humillante comunidad del conventillo, enmarcando el
permanente corso de cucarachas, la lata era un trofeo y la rata, un animal
doméstico", su timidez infantil se desangró para cicatrizar en costras de miedo
y tristeza. Amargura, dolor, resentimiento, astillas de un odio de clase
animaban a los inapetentes. Discépolo los traducía en poemas, Evita quería
pelear por una vida mejor para su gente. Podría arriesgarse que la presencia de
Perón debía alterar sus diálogos en la vigilia nocturna con escenografía de
platos, copas y cubiertos inútiles (Discépolo bebía whisky, pero no estando con
ella). Los dos habían padecido tempranamente la ausencia del padre, los dos se
amparaban bajo la aureola protectora de Perón.
De todos modos Enrique Santos Discépolo era el único amigo que lograba
arrancarle risas al cabo de quince horas de trabajo. Para ensuciar esa amistad
se comentó que Eva Perón le había otorgado un permiso de importación de
rulemanes, garantía de espléndidas ganancias en tiempos de posguerra. "Qué turro
hay que ser para imaginarse a Discépolo metido a importador. Estoy seguro que
nunca llegó a pronunciar la palabra rulemanes"— lo defendió José Barcia.
Dudas derrotadas
Enrique y Tania continuaban yendo a la quinta de San Vicente. La visión de esas
reuniones de La Gallega era implacable: "Me aburría soberanamente yo. No comían,
no tomaban y sólo se hablaba de alta política, todo en serio. De la familia mi
único amigo era Juan Duarte, Juancito... Ese loco me divertía. Es que no éramos
del palo de los sabihondos. Mire cómo ''lo terminaron'' al pobre Juancito. Lo
pasaba regio con él. También con Jorge Antonio. No criticaban mi vida de
artista. ¿O quién era yo: Tania de Arco?".
A la luz de la realidad política de 1951, el insistente requerimiento del
presidente amigo hizo que Discépolo se entregara, sin plena convicción, a
colaborar en la campaña electoral. Dudaba mucho en incorporarse a un partido
político, acosado por sus raíces anárquicas que lo llevaban a desconfiar de los
militares y su saberse genuina voz del pueblo y rebelde sin incondicionalidades.
Mores y Cadícamo estaban de acuerdo: Enrique no era peronista y sí, amigo de
Perón. Pero el presidente lo necesitaba y apretó el asedio.
Para servir al movimiento no había otro poeta y dramaturgo de la autoridad de
Discépolo. Leopoldo Marechal y Castiñeira de Dios eran demasiado cultos y con
cierta veta mística. Manzi venía del radicalismo y FORJA, y estimaba que Perón
podía ser un seguidor del primer Yrigoyen, pero su apoyo era reticente. Leónidas
Lamborghini aún no tenía 20 años. Enrique aportaba calidez a las charlas con
Perón creando cuentos y fábulas.
Cadícamo rescataba una que a Perón le había causado mucha gracia. Un violinista,
excéntrico musical, presenta a un empresario de circo su número de excéntrico
musical. Coloca una tarima alta sobre una mesa, encima de ésta pone una silla,
arriba de la silla, un taburete, y luego, violín en mano, se encarama hasta el
último piso y acrobáticamente se para de cabeza abajo en la cima de la peligrosa
plataforma. En esa posición comienza a tocar una melodía oriental. Al rato el
empresario le dice que era suficiente. El artista le pregunta su opinión,
entonces, sin mirarlo, el otro dictamina: "Si no fuera tan desafinado... Una
lástima".
Días de radio
Aun sin un sí definitivo empezaron los encargos que él, de ser otro el origen,
solía rechazar preservando su autonomía ideológica y literaria. Desde una nueva
versión de El choclo a una serie de audiciones radiales para evocar momentos de
su vida y su carrera, y de paso arrimar apoyo proselitista. Proyecto que
culminaría con la aparición de Mordisquito, figura que representaba a un
opositor ("contrera", en el lenguaje oficial), a quien desafía a no trampear en
el análisis de la realidad de la "nueva Argentina". En los libretos iniciales
colaboraron Abel Santa Cruz y Julio Porter. A Enrique no lo conformaban los
textos y decidió meter mano. Con su pluma, lejos de su estilo, puso en acción
enconos que no poblaban su alma. Sin odiar, hería a fondo. Había oficio y
bronca. La oposición y muchos amigos y camaradas del ambiente artístico lo
condenarían a perpetuidad. "La vocecita aguda, chillona, empezó a molestar a la
gente decente", ironiza Norberto Galazo. "Enrique fue muy, muy feliz hasta que
Perón le encargó lo de la radio. Lo puteaban por teléfono y quiso devolver, pero
no estaba hecho para esas peleas, no resistió. Todos los días nos llegaban
paquetes, adentro había discos con sus tangos rotos a martillazos y pilas de
mierda, eso, mierda todavía caliente. Lo volvieron loco. Perón mandó los mejores
médicos, pero Chachi se dejó consumir en su sillón. Murió de tristeza. A mí no
me hubiera pasado", perdía la serenidad Tania al evocar aquellos días.
Discépolo escribe su último tango: Cafetín de Buenos Aires, con música de Mores.
En la letra asoma, como si fuese un anuncio, el "me entregué sin luchar". Dato
curioso: un verso de la letra, para muchos inolvidable — "de chiquilín te miraba
de afuera"— fue aportado por un amigo extranjero de Enrique. El hallazgo fue de
Arturo de Córdova, galán de Zully Moreno en el célebre culebrón de la época,
Dios se lo pague. Se habían conocido en México, tierra de Arturo, y éste, de
sólo escucharlo a Enrique, se trasformó en fervoroso tanguero.
La sentencia de Cafetín no se cumple todavía: antes del final sus enemigos lo
van a balear sin asco ni piedad. Cadícamo contaba que Enrique le había dicho:
"En media hora liquido cada audición, en una de ésas porque en el fondo me jode
hacerlas". Personajes de la talla de Francisco Petrone, Arturo García Buhr y
Orestes Caviglia cuestionan su adhesión al peronismo y terminan por negarle el
saludo. Perón, además, lo pone al frente del Teatro Cervantes y Enrique admite
que no sabe decirle no a su amigo.
A esta altura se dan tres sucesos extrañamente encadenados y con siete meses de
distancia entre uno y otro. Acorralado por un cáncer y ya sin esperanzas, Homero
Manzi le dedica a Enrique (con música de Troilo) el extraordinario tango
Discepolín. En el último verso dice: "No ves que están bailando, no ves que
están de fiesta, vamos, que todo duele, viejo Discepolín". Invitación a un
encuentro no precisamente terrenal. Manzi muere en mayo de 195l. En diciembre
del mismo año se derrumba Discépolo y Eva Perón envía una corona de flores en la
que la clásica leyenda en letras doradas sólo dice: "Hasta pronto". Cita con
sabor a deseo tan premonitorio como certero. En julio del 52 muere ella.
Flores de cabaret
Perón cita en sus discursos fragmentos de los diálogos con Mordisquito y ordena
una discreta protección policial sobre Discépolo. Triunfa en los comicios y
consigue la reelección, pero con escenas de violencia o calladamente, Discépolo
se va quedando más y más solo. Y recurre al humor: "Si mi esqueleto sirve para
algo, lo pongo a su disposición", le manda a decir a Perón ante el fallido golpe
militar del general Benjamín Menéndez (setiembre del 51). La revista Mundo
radial publica la que será foto postrera de Enrique. Se lo ve con un vaso de
whisky en la mano. "Perón es la patria, Eva Perón es nuestra bandera, el puente
para el goce pleno de esta felicidad tan criolla", declara. Al proclamarse la
fórmula Balbín-Frondizi, Balbín acusa a Discépolo de "haberse vendido a la
dictadura". Veintitrés años después, en el entierro de Perón, declamará que
despide a un amigo. De Discépolo volverá a acordarse. Pero si alcanzó a
consagrar la amistad con Perón, se diría que cabe sobreseer a Discépolo de la
acusación de mercenario.
Aplastado por la soledad y la fiebre de Malta, Discépolo le anuncia a Perón su
deseo de hacer un viaje a México y Europa. En un barco de carga, naturalmente,
para que dure largo. Perón le pide que lo postergue y propone que esperen juntos
la Navidad, como otros años, en la quinta de San Vicente. "Usted tiene que
aplicarse inyecciones todos los días. Mejor quédese aquí hasta finalizar el
tratamiento", presiona Perón. "Las últimas inyecciones me las van a dar en el
sobretodo", bromea Enrique. Sintiéndose atado, invita a Mores a pasar tres
meses, hasta el inalcanzable marzo del 52, en Pinamar. Pero Mariano debe
extender una exitosa gira por Brasil. "Todavía hoy me pesa la culpa de no haber
podido irme con Enrique, mi amigo, casi mi padre"— admite Mores. Discépolo fuma,
no come, bebe un par de whiskies al día. El domingo 23 de diciembre su estado se
agrava. Un hondo dolor le tajea el pecho, respira con dificultad. Se deja caer
en su sillón. Será sin luchar, nomás. "Tengo frío", es lo último que dice. Llega
Troilo, pero ya ha perdido el conocimiento. Muere a las 11 de la noche. En la
capilla ardiente, montada en SADAIC, lo rodean el Gordo, Catulo Castillo,
Quinquela y a las 2 aparece Perón. Al enterarse de la muerte, las bataclanas del
Marabú juntan las flores de las mesas del cabaret y las llevan al velorio. Son
las primeras flores, acaso las únicas que habría elegido. Sus criaturas no le
fallan.
Ya casi un clásico de diciembre, se realizó recientemente en la ciudad de
Rosario el Festival Experimenta 8 Teatro, organizado por el grupo El rayo
misterioso que dirige Aldo El-Jalib. De la mañana a la noche hubo talleres,
mesas redondas, seminarios y representaciones en la sala que el grupo rosarino
tiene a pocos pasos del Paraná. "Se convoca a aquellos que trabajan con la
actitud de grupo y una modalidad de investigación —especifica El-Jalib— y uno de
los objetivos es generar espacios de reflexión. Cada grupo presenta su estética
pero también su ética, su forma de ver el mundo, de sostener su espectáculo y de
encarar la búsqueda". Acorde con sus palabras, las salas del Teatro El rayo
fueron bautizadas Jerzy Grotowski y Antonin Artaud, primeras influencias (además
de Tadeusz Kantor y Eugenio Barba) de locales e invitados, mayormente inscriptos
en el llamado teatro físico. Aunque los grupos participantes aclaran que ya no
siguen al pie de la letra las técnicas de aquellos antecesores y cada uno mostró
un camino personal, sí coinciden en rescatar el espíritu y la ética del creador
del "teatro pobre". No casualmente se realizó una charla de Rubens Correa acerca
de Teatro Abierto.
El más antiguo y emblemático de los grupos participantes, Comuna Baires, fue en
los 60 uno de los primeros en instalar en nuestro país el concepto de
teatro-laboratorio. En esta oportunidad presentó una obra que ya lleva diez
años, Amapola, y que según su director, Renzo Casali, surgió de "pensar la
comicidad como el choque patético con una realidad que nos cuesta comprender".
Casali sintetizó la tendencia de Experimenta con una frase: "El actor es un
poeta que escribe con el cuerpo". Contó que da a los actores una idea pero no
les dice cómo hacerla: "Cada actor la desarrolla desde su propia experiencia
genuina". Comuna reside en Milan, visitó anteriormente nuestro país e incluso
realizó giras por el interior. Se expresa en un particular cocoliche que su
director explicó como una necesidad: "El grupo se formó pocos días antes del
Cordobazo y luego editamos la revista Teatro 70. Cuando la Triple A secuestró a
algunos integrantes, nos fuimos a Europa; los que se quedaron, desaparecieron.
Vivimos diez años en gira permanente y se nos iban uniendo otro tipo de
exiliados de otros países; lo primero que quita el exilio es la propia lengua,
que es un paisaje mental y la posibilidad de poder contar algo a otro, por eso
decidí que cada uno debía seguir hablando en su propio idioma, el teatro no es
información sino expresión. Casali, que inauguró el Festival, ubicó también la
ética en primer lugar: "Somos el único grupo en Europa que no pide ni acepta
subsidios. El Estado tiene que garantizar lugares para hacer teatro, las
condiciones, la técnica y la información; en el resto se debe ser absolutamente
independientes. Cuando empezamos fue justamente porque queríamos repetir
experiencias como las del Teatro del Pueblo o La máscara." Casali nació en
Italia pero se crió desde niño en Argentina y estudió en Praga. Aquella
formación checa y en una época en que Praga era un faro para el teatro lo
convenció de que "deberíamos cambiar la idea del crítico por la del dramaturgo,
un teórico que acompaña todo el proceso de la obra desde su gestación y puede
aportar una mirada desde adentro; el crítico lo ve desde afuera y una sola noche
que puede ser mala". En cuanto a nuestro país, que de algún modo es suyo
también, se lamentó de encontrar "un empobrecimiento del lenguaje, una reducción
del esfuerzo de creaciones complejas, en todos los niveles. " Este grupo pionero
debatió en el encuentro con otros nuevos y de integrantes jóvenes que en cambio
interpretaban la reducción como búsqueda de menos ampulosidad y de mayor
naturalidad, aunque una idea no excluye la otra. Entre los argentinos se
encontraban el grupo cordobés Acto, los rosarinos Ruega por nosotros y Punto 0 y
los bonaerenses Mondo Pasta, Tiempo de Teatro y Filumena. Cada grupo presentó el
desmontaje de su obra, es decir el análisis del proceso desde su comienzo, y en
lo que todos coincidieron fue en una dramaturgia posterior y no previa,
tendencia que se corroboró en el Seminario "Dramaturgia y sus múltiplos", del
brasileño Albemar Araujo, y en el Taller de dirección dictado por la mexicana
Claudia García Villa. Además de Comuna, los grupos que generaron mayores
expectativas fueron el finlandés The mime centre y Escena de Caracas; este
último presentó Arbol que crece torcido, basada en el libro homónimo de poemas
de Rafael Castillo Zapata. "Desarrollamos coreografías para el cancionero del
50, que estaba implícito en los poemas —detalló Miguel Issa, director invitado
por este grupo venezolano que lidera Delbis Cardona—; a la vez leímos
Fenomenología del bolero; sintetizamos imágenes a partir de fotos personales y
ajenas, y por separado decíamos los textos según nuestras partituras corporales.
Luego, como en un rompecabezas, las piezas que funcionaban se fueron uniendo. El
montaje final lo realiza cada espectador."
Reveladora fue la experiencia relatada por Nixon García, director del Festival
Internacional de Manta, Ecuador: "Cuando comenzamos no había teatro en nuestra
pequeña ciudad costera. No sólo hicimos el esfuerzo de formar el grupo La
trinchera, también generamos un público y una necesidad. El Festival ya tiene 19
años y logramos que la universidad y la municipalidad dieran espacio y apoyo
para nuestra tarea docente con que formamos casi cincuenta chicos por año."
Fuente: Clarín, 23/12/06
Discépolo, de la década infame al estatuto del
peón
Por Osvaldo Vergara Bertiche
cuadernosdivulgacion@hotmail.com
Hace 55 años, en 1951, gambeteándole a la muerte por algunos meses hasta el
23 de Diciembre, Enrique Santos Discépolo, decide "jugarse entero"
explicando el peronismo, sin alegorías, sin interpretaciones complejas,
desde Radio Nacional, en el programa "Pienso y digo lo que pienso".
Discépolo habla de peronismo mientras lo vive. Manifiesta, así, su apoyo al
gobierno que venía a redimir las décadas que también él las vivió, que las
contempló y que contempló la angustia de muchos, "el hambre de los otros, la
injusticia de los postergados y la tristeza infinita de vivir en la tierra
que lo ofrece todo para que los más no tengan nada. Esa injusticia que
orilla por las calles de los pobres...".
Es en esos tiempos que le empezó a doler la "cicatriz ajena".
En estos otros momentos, distintos, muy distintos, en la historia de los
argentinos, "la exclusividad de los umbrales han vuelto a tenerla los
novios; ahora no hay limosneros en los umbrales, ni en los andenes, ni en
los cementerios. A los limosneros se los podía encontrar en un pasado cruel
y desaprensivo". (Mordisquito, Audición IV)
En la Década Infame (1930/1940), expresión que debemos al periodista
tucumano y agitador de rebeldías, José Luis Torres, quien sintetizó como
nadie el país real, Discépolo decía, como símbolo de la ruptura del tejido
social de la solidaridad:
Cuando la suerte que es grela, / fallando y fallando / te largue parao...
Cuando estés bien en la vía, / sin rumbo, desesperao...
Cuando no tengas ni fe, / ni yerba de ayer / secándose al sol...
Cuando rajés los tamangos / buscando ese mango / que te haga morfar...
La indiferencia del mundo / que es sordo y es mudo / recién sentirás.
Verás que todo es mentira, / Verás que nada es amor...
Que al mundo nada le importa... / Yira... Yira...
Aunque te quiebre la vida, / aunque te muerda un dolor, / No esperes nunca
una ayuda, / ni una mano, ni un favor.
Cuando estén secas las pilas / de todos los timbres /que vos apretás.
Buscando un pecho fraterno / para morir abrazao...
Cuando te dejen tirao / después de cinchar, / lo mismo que a mí...
Cuando manyés que a tu lado / Se prueban la ropa / que vas a dejar...
¡Te acordarás de este otario / que un día, cansado, / se puso a ladrar!
Y cansado de ver tantas injusticias, no solo ladró sino que mordió
rabiosamente cuando en 1951, expresa: "¿Por qué no pensás un poco vos
también? Yo no te pido que inventés una escuela filosófica o que leas a
Einstein y te vayas a dormir con el teorema puesto. Yo te pido que abandones
tu posición de terco y pienses... pienses en lo que estaba pasando y en lo
que pasa ahora. Tenías una patria como una rosa, pero esa rosa no perfumaba
tu vida sino que estaba deshojando en el ojal de los otros. Ahora la solapa
de tus enemigos está vacía y la rosa es tuya..." (Mordisquito, Audición VII)
"Para alcanzar lo que se está alcanzando hubo que resistir y que vencer las
más crueles penitencias del extranjero y los más ingratos sabotajes a este
momento de lucha y de felicidad". (Mordisquito, Audición II)
"Estamos viviendo el tecnicolor de los días gloriosos..." (Mordisquito,
Audición V)
En 1934, en "Quién más, quién menos", ve desfilar ante sus ojos, la miseria
de la mujer explotada:
Te vi saltar sobre el mantel, / gritando una canción...
y obscena y cruel, en tu embriaguez, / ya sin control mostrar
- muerta de risa - al cabaret tu desnudez...
...bizca de alcohol... pisoteando al zapatear, / entre los vidrios tu
ilusión!...
17 años después, diría:
"Que la mujer nos guste es una de las costumbres más bellas que Dios nos
puso dentro. Claro unos están más acostumbrados que otros, ¡pero la
costumbre es de todos! Desde el enamorado tropical que la pregona con un
mambo hasta el esquimal que ama con el pingüino puesto.
Si la mujer embellece nuestra vida, ¿cómo podríamos soportar la explotación
de aquellos tiempos superados y cómo podríamos no agradecer estas leyes
justas y dignas de una sociedad culta, que ahora protegen su delicado
esfuerzo; estas leyes, mirá, que a veces más que ser leyes parecen piropos?
Dignificando a la mujer, de rebote mejoramos la dignidad de los hombres,
porque no me digas que el respeto hacia la mujer querida – que es tu madre,
tu novia o tu esposa – no es respeto que se te ofrece a vos también".
(Mordisquito, Audición XVII)
En aquellos otros tiempos dice en "Tormenta"
Yo siento que mi fe se tambalea,
que la gente mala, vive
¡Dios! mejor que yo...
Desde 1946, esto había cambiado. Y a raíz de una supuesta carta anónima, que
le atribuye a Mordisquito (Audición IX), le contesta: "Tirás y, lógico,
escondes la mano. Todos los ingredientes del resentimiento se mezclan en el
magro pucherete de tu carta: la envidia, el rencor, la sin razón, la
injuria. Ingredientes que resumen una sola resultante: tu rabia. Una rabia
de pichicho que no puede morder su propia cola y entonces ladra de este
modo: claro vos hablas bien porque estás acomodado. Para vos todos los que
comprenden que el país transita un destino de bienestar y de justicia están
acomodados. ¿Y sabés una cosa? ¡Sí! Tenés razón. Francamente, mirá, estamos
todos acomodados.
Desde los pibes, para quienes se viene construyendo una escuela por día...
Y también están acomodados los muchachos, aquellos que antes vendían
diarios, que tienen ahora cientos de escuelas de enseñanza
técnico-profesional y enseñanza universitaria gratuita.
Y también se acomodaron los obreros, los laburantes de nuestra sufrida carga
y la clase baja de tu irreflexiva soberbia, que aumentaron al triple sus
jornales y lograron la dignificación del trabajo. ¿Te das cuenta que todos
estamos acomodados?...
Es brutal el acomodo. Se acomodó la salud y el bienestar general...
Estamos todos acomodados... y no me vas contar que no entraste en el
beneficio de esta generala servida".
Ahora, no sólo los malos vivían bien; y la fe, Discépolo, la reencuentra y
la transmite con atrevida y filosa lengua.
"Tres esperanzas", su tango de 1933, es quizás un símbolo. Ganas de olvidar
un pasado de desventuras y miedo al porvenir. Soñaba, pero ese presente,
impedía tener sueños de justicia, le hacía un gil. El futuro era adverso, no
se vislumbraba cambio alguno.
No tengo ni rencor,
ni veneno, ni maldad...
son ganas de olvidar,
terror al porvenir...
Me he vuelto pa´ mirar
y el pasao me ha hecho reír.
¡Las cosas que he soñao!
¡Me caché en dié, qué gil!
Con la llegada del peronismo, "¿No son más dignos y más hermosos estos
momentos que aquellos?". (Mordisquito, Audición XIV)
"Desde todos los vértices de este triángulo de felicidad que es la Argentina
se derramará el río estupendo de los que no vienen a buscar una esperanza
sino a mantener una realidad". (Mordisquito, Audición XXVIII)
Pavorosamente solo...
como están los que se mueren,
los que sufren,
los que quieren...
En "Martirio" de 1940, la soledad sigue siendo un tema central de la
filosofía discepoliana.
Pero, ahora arremete, desenfunda su indignación y exclama:
"... vivís en un mundo que nunca tuvo ni expectativas ni angustias. Pero
había otros viejos, Mordisquito, los tristes y los solitarios, los que
giraban lentamente para mirar el camino recorrido y se hacían esta pregunta
sin esperanzas, esta pregunta inhumana y terrible: ¿Para qué caminé? ¿De ese
camino, qué me queda? ¿Qué quise tener, qué soñé tener y qué tengo ahora?
Ahora... "¡Miles de ancianos salvados de la infamia y del hambre, techo para
todos, pensiones a la vejez, descanso y respeto en sus útimas horas, y no la
limosna sino la dignidad, y no el asilo sino el hogar!". (Mordisquito,
Audición XXXV)
Enrique Santos Discépolo, que en 1947, pusiera letra definitiva al tango de
Ángel Villoldo, "El choclo", verdadera síntesis de la historia de nuestra
música ciudadana, nos dice que "ardió en los conventillos".
El tango "mezcla de rabia, de dolor, de fe, de ausencia" nació en los
arrabales, en los barrios.
Barrios "... estos que yo recorro. No son aquellos de antes. No, no creas
que voy a hablarte en nombre de la nostalgia y que voy a evocar
melancólicamente la zanja cargada de ramas impermeables, ni el potrero
adonde íbamos a comer el huevito de gallo o el farol que apuntaba las
espaldas dramáticas del gaucho. No, no; lo mío tiene otro sentido. ¿Sabés lo
que es lo mío?. Un viaje a través de la geografía arrabalera, un viaje que
no pretende encontrar algo, sino al contrario: pretende... no
encontrarlo....
Yo me meto en el barrio, corazón adentro, y, después de recorrerlo, te
pregunto ¿está el conventillo? ¡Y no, no está, claro que no está! ¿Me
entendés ahora?. Yo no quería encontrar más el conventillo, y no lo
encuentro. Toda aquella miseria organizada fue barrida por otra
organización. ¡La del amor! ¡¿Cómo?! ¡¿qué a vos te gustaba más aquello?!
No; puede ser que te gustase como elemento pintoresco, pero no como medio de
tu propia vida. El suburbio de antes era lindo para leerlo, pero no para
vivirlo. Porque a mí no me vas a contar que preferías el charco a la vereda
prolija y que resultaba más entretenido el barro que el portland...
Durante años y años los inquilinos del suburbio vivieron aquella comunidad
absurda. La humillante comunidad del conventillo. Una oxidada sinfonía de
latas. Toda una intimidad doméstica al aire, un verdadero festival para la
profilaxis, ¡un mundo donde el tacho era un trofeo y la rata un animal
doméstico!
Vos nunca te habías metido en el laberinto del inquilinato, en la prosa
infamante de aquellas cuevas con la fila de los piletones, el corso de las
cucarachas viajeras y las gentes apiladas no como personas sino como cosas.
Vos conocías el barrio de los tangos, cuando los tocaba una orquesta vestida
de smokin. Por eso no puede conmoverte como a mí este desfile de las casitas
dignas, que hacen flamear la banderola roja de un techo, el trapo verde y
fragante de los jardines bien cuidados". (Mordisquito, Audición XI)
Discépolo vivió dos realidades, la de La Década Infame y la otra, cuando se
pone en vigencia El Estatuto del Peón, la dignidad de los más que tenían
menos.
Y por eso fue como fue. ¿Exagerado? ¿Destemplado? ¿Crudo? ¿Sectario?
¿Dogmático? ¿Injuriante? ¿Intolerante? ¡NO!
Cuando quién había ganado las elecciones más democráticas en la historia de
los argentinos y contra todo el arco opositor unido, era tratado de "tirano"
y las mayorías populares que le dieron el triunfo eran "el aluvión
zoológico", toda desmesura fue un recurso.
Al fin y al cabo, cuando hay dos proyectos, uno de Nación y el otro de
entrega, dependencia y explotación, los tonos del debate resultan
destemplados.
Después de 55 años, a Discépolo lo seguiremos escuchando, porque "voy a
estar en el grillo de tus noches, en la canilla que gotea, en el ropero que
cruje a medianoche, en el humo final del pucho que apretás rabioso contra el
cenicero, en el chas-chás del cinc cuando llueve, en todos los pequeños
ruidos de la obsesión, allí voy a estar, persuadiéndote".
"Aunque me marche, como me marcho ahora, se que seguirás oyéndome..."
(Mordisquito, Audición XXXVII)
Diciembre 2006
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