

Montoneros: El llanto para el enemigo
"Hoy, 29 de mayo, a las 9.30 horas, nuestro Comando procedió a la detención de
PEDRO EUGENIO ARAMBURU, en cumplimiento de una orden emanada de nuestra
conducción, a los fines de someterlo a JUICIO REVOLUCIONARIO.
"Sobre Pedro Eugenio Aramburu pesan 108 cargos de TRAIDOR A LA PATRIA Y AL
PUEBLO Y DE ASESINO DE 27 ARGENTINOS.
"Oportunamente se darán a conocer las alternativas del juicio y la sentencia
dictada".
Era el comunicado número 1 de los MONTONEROS: una bomba política que sacudió a
la Argentina y expandió sus ondas por el mundo entero. Aramburu era en ese
momento, el eje de una amplia maniobra política que le tenía prácticamente
asegurada la presidencia argentina.
Ahora este muchacho, dirigente nacional de los Montoneros, que maneja con
precisión su Chevrolet por las calles congestionadas de un Buenos Aires
inoportunamente primaveral, me va a contar por qué secuestraron y ejecutaron a
Aramburu, cuál es la ideología y la estrategia del Movimiento, por qué son
peronistas, cómo entienden la revolución a escala latinoamericana, qué piensan de
la Revolución Cubana; me dirá, por fin quiénes son realmente los MONTONEROS.
Las versiones que se manejan sobre las motivaciones que ustedes tuvieron para secuestrar y ajusticiar a Aramburu van desde que cumplieron una especie de "castigo bíblico", hasta las de un revanchismo anacrónico. ¿Cuáles fueron realmente las motivaciones del Movimiento?
Sabemos que corren todas esas versiones. Pero antes de responderle quiero darle
algunos antecedentes. MONTONEROS se había desarrollado, previamente a esta
operación en una larga etapa de organización y preparación, durante la cual nos
fogueamos en el combate y realizamos numerosas operaciones. Así, una vez que
consideramos que habíamos logrado un desarrollo organizativo mínimo, una
consolidación política y una técnica militar y, sobre todo, que el proceso del
pueblo argentino había madurado lo suficiente como para prestar una adecuada
receptividad a las acciones armadas, decidimos dar un paso más delante en lo
que hace al grado de violencia ofensiva. O sea, avanzar en la escalada
político-militar que se iniciara con atentados, asaltos a policías de parada, a
postas militares, a polígonos de tiro, a armerías, entre otras cosas hasta
llegar a la toma de bancos y destacamentos policiales. Por eso planificamos
entre otras, esta operación de envergadura nacional.
¿Y las motivaciones concretas de la operación Aramburu?
Fueron varias y la consideramos absolutamente cumplidas.
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Primero: aplicar la justicia revolucionaria. Como tal, consideramos que este
hecho, que abarca la detención, juicio, sentencia y ejecución de Aramburu,
significa el desconocimiento absoluto de la justicia del régimen y el comienzo
de la instauración del poder popular. En segundo lugar queríamos privar al
régimen de su carta más importante para la salida demoliberal, dando con ello un
golpe durísimo al sistema. Creo que esto queda certificado por la reacción
posterior de la "Unión Democrática". Aramburu era el hombre de recambio del
régimen, contando para ello con él apoyo de los generales y los oligarcas, su
prestigio entre los sectores gorilas e imperialistas y su intentona populista
de acercamiento al peronismo apoyada por la traición cómplice de algunos
tránsfugas.
¿Qué consecuencias estiman que tuvo la operación?
Creemos que es el primer hecho militar realizado por una organización
revolucionaria que implica por sí sólo definirse políticamente. Ya asaltar un
banco o tomar un destacamento militar no define políticamente a nadie. Y por
otra parte, la ejecución provocó una agudización de las contradicciones internas
del régimen, de las cuales el resultado es el cambio de Onganía por Levingston y
dejó en evidencia que la verdadera disyuntiva del país es peronismo o
antiperonismo.
¿Ustedes siguen creyendo en la antinomia peronismo-antiperonismo? El propio
Paladino, miembro del Consejo Superior del Movimiento Nacional Justicialista,
vocero político del peronismo en el país, declaró que "la antinomia
peronismo-antiperonismo ha desaparecido".
Nosotros consideramos no sólo vigente esa contradicción sino cada vez, más
profunda. Los que han cambiado no son los términos de esa contradicción, sino la
configuración de sus elementos. O sea, que el cambio se ha dado en la
conformación de esas fuerzas, ya que sectores de una se han pasado a la otra y
viceversa.
Así es que el antiperonismo se ha visto engrosado con los sectores burgueses y
las burocracias sindicales del Movimiento, que desde 1955 vienen pasándose al
campo enemigo, unos enrolándose en el frondifrigerismo desarrollista y otros en
el neoperonismo o peronismo sin Perón. Tendencias ambas que andan convergiendo
en estos días. Mientras que por otro lado, también las Fuerzas Armadas purgaron
todos sus elementos peronistas a través de los fusilamientos y bajas resultantes
de cada levantamiento peronista. Por ejemplo el Movimiento de Recuperación
Nacional de 1956 encabezado por los generales J. J. Valle y R. Tanco; la
sublevación del General Iñiguez, en Rosario, en 1960. De esta manera se han
perfilado en ellas dos alas: una pro-yanki dependiente del Pentágono, y otra
nacionalista, sin pueblo, que siempre termina haciéndole el juego a la otra.
Aún así, no negamos la existencia de posibles excepciones y es a tales
excepciones que convocamos a que participen de la lucha del pueblo.
Por otro lado, sectores antiperonistas o no peronistas hace quince años, se han
acercado e integrado al peronismo, como es el caso de sectores cristianos,
laicos y clericales, el estudiantado universitario y nacionalistas izquierdistas
que comprendieron el carácter revolucionario del Movimiento.
Volviendo a la operación de Aramburu. Hay sectores de opinión que insisten en
que hubo participación, por la menos indirecta, de los Servicios de Inteligencia
del Estado (SIDE). ¿Qué hay de cierta en esto?
Esos sectores a los que usted se refiere, están interesados en negar la
posibilidad de la existencia de una organización armada peronista capacitada
política y militarmente, como para realizar una operación de esta envergadura.
Además lo niegan en función de las contradicciones internas del régimen.
De todas formas hay, o por lo menos, así se presentan, una serie de puntos
confusos...
Todo es parte de una maniobra confusionista del régimen, apoyada por los eternos
"revolucionarios de café", pero, nos consta que para el pueblo no hay puntos
confusos y eso nos basta.
No quisiera quedarme con ninguna reserva y voy a hacerle algunas otras preguntas
sobre esto. Ni Maza, ni Abal Medina, ni Ramus fueron reconocidos por los
familiares del Teniente General Aramburu como participantes en el primer
aspecto de la operación: el secuestro. ¿Cómo se explica esto?
Lo que afirmen o nieguen los presuntos testigos del hecho, es problema de
ellos, no nuestro y no nos importan los distintos intereses que los llevan a
afirmar o negar determinados datos.
En cuanto a la aparición del cadáver de Aramburu se ha señalado como extraño que
fuera sepultado en la propia casa de Ramus sin tomar precauciones mínimas que
dificultaran su identificación, como hubiera sido sacarle la sortija matrimonial
y la prótesis dental.
Le pido me disculpa que no conteste ahora a esa pregunta, pero su respuesta
afectaría normas de seguridad y compartimentación.
Quisiera preguntarle una última cosa sobre esto: el episodio de William Morris,
donde mueren Abal Medina y Ramus, ¿fue producto de una delación? Toda la
operación parece más bien dirigida a exterminarlos que a capturarlos con vida,
siendo como eran, elementos muy importantes para el esclarecimiento de todo este
asunto.
No creemos que la policía tuviera el dato preciso de quiénes estaban allí porque
en ese caso hubiera actuado de otra manera: sin duda llevando más efectivos,
etc, Por otro lado era imposible capturar con vida a los compañeros que ahí
estaban, salvo los que se encontraban desarmados que es el caso del compañero
detenido porque tenían la consigna de resistirse hasta escapar o morir.
Le reitero, finalmente, que pensar que Montoneros tiene alguna vinculación con
el SIDE es no sólo erróneo, sino absurdo. Detrás nuestro, no hay ningún cerebro
maquiavélico como pretende el gorilaje, ningún general oportunista, ninguna
potencia extranjera. Detrás nuestro sólo pueden estar el pueblo y el General
Perón.
Entre las críticas que se le han hecho a la operación Aramburu, desde posiciones
revolucionarias, está la de que, dada su magnitud, les creaba a ustedes un
problema respecto a cómo garantizar la continuidad y progresión de acciones
futuras.
Cuando se realizó la operación Aramburu, estaba suficientemente garantizada la
continuidad, lo que quedó demostrado al realizarse la toma de La Calera un mes
más tarde. Recién luego de esta operación, comenzaron los problemas que son
propios de la etapa en que se encuentra la resistencia armada en la Argentina,
ya que no podemos suponer que somos invulnerables y que nunca vamos a tener
presos y muertos.
Todos sabemos que es la primera etapa de la lucha, la más dura y peligrosa y que
los que toman la delantera a menudo, deben pagar con su vida, la experiencia que
aprovecharán los demás.
Aún así se podría disentir con respecto a si el momento era el adecuado o si
realmente era necesario afrontar los riesgos que afrontamos en esta etapa.
¿Cuál es el balance que finalmente hacen?
A pesar de todos los problemas sufridos, consideramos un acierto haber realizado
hechos de tal volumen, porque abrieron nuevas perspectivas al movimiento
armado, tanto en lo político como en lo militar, lo que se comprueba en la
creciente expectativa popular y la ola de acciones armadas desencadenadas en
estos momentos.
¿Ustedes buscaban también ese efecto?
Intentábamos con estos golpes dar un paso adelante en lo que se refiere a la
capacidad ofensiva de las organizaciones armadas, demostrando que eran posibles,
hechos de envergadura y que el régimen era vulnerable a los mismos, con lo cual
la lucha armada en la Argentina podría trasponer el tope a que había llegado y
entrar de lleno a pesar sobre la realidad política. Consideramos haber logrado
esos objetivos puesto que no perdimos totalmente nuestra continuidad, provocamos
un alza de las acciones armadas y, por tanto redujimos el margen de maniobra del
régimen, como lo demuestra el golpe del 8 de junio, el aplazamiento del proceso
electoral fraudulento hasta tanto no se pacifique el país, etc.
¿Cuál es la ideología del Movimiento? Entendemos que algunos de sus componentes
son el cristianismo y el peronismo ¿cómo entienden estas concepciones?
Somos peronistas aunque provengamos de distintos orígenes y formaciones. El
peronismo tiene una doctrina creada en 1945, que se fue reelaborando y
actualizando durante los 25 años posteriores. Esta doctrina se sintetiza en las
tres banderas del Movimiento: Independencia Económica, Justicia Social y
Soberanía Política. .
Estas tres banderas en 1970 se expresan a través de la necesidad de lograr un
desarrollo económico independiente y una justa distribución de la riqueza,
dentro del marco de un sistema socialista que respete nuestra historia y nuestra
cultura nacional.
Por otro lado, la doctrina fue definida por su creador, el General Perón, como
profundamente nacional, humanista y cristiana, respetuosa de la persona humana
sobre todas las cosas.
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El julio de 1971 un grupo de compañeros realizan una
operación de apoyo de los trabajadores de Fiat en conflicto, sustraen dos
vehículos y se dirigen a Córdoba. La policía es alertada y se montan operativos
de control en toda la ruta de Río Cuarto a Córdoba y comienzan los
enfrentamientos. El grupo logra superar los primeros cercos pero deben abandonar
uno de los vehículos, en uno de los tiroteos cae Juan Antonio Díaz, y sin
movilidad se internan en el monte, que por características ofrece poca
protección. Cecilio Salguero se queda cuidando la retaguardia para que el resto
pueda eludir el cerco, es detenido al día siguiente. Sabino y Cottone,
acorralados, siguen huyendo y obtienen provisiones en las pocas casas que
encuentran. A esa altura son rastreados por helicópteros y la infantería. Se
movilizan de noche y en cada intento de salir a la ruta se ven obligados a
combatir y regresar al monte. En el camino que conduce al dique Los Molinos
roban un Citroen, pero son insistentemente perseguidos, Sabino es herido en el
hombro. Para avanzar roban un colectivo que maneja Sabino, mientras continúa la
persecución y los tiroteos, chocan y se internan de nuevo en el monte. Tal vez. Lo que es seguro es que Sabino Navarro, como tantos otros, luchó por un mundo mejor. Y que no era para nada careta. |
¿Cuál sería el momento de continentalizar esa estrategia?
Por ahora nosotros pensamos que la mayor utilidad que le podemos brindar a la
Revolución Latinoamericana es la de ir haciendo la revolución en nuestro país,
respetando los procesos particulares de los países hermanos, evitando de esta
manera imponer formas y métodos que puedan no corresponder a otras realidades.
Igualmente consideramos que para que la Revolución se consume y consolide,
deberá extenderse a todo el Continente.
¿Se consideran los Montoneros la vanguardia armada de la revolución Argentina?
Indudablemente no.
Entonces, ¿cómo habrá de constituirse esa vanguardia?
Entendemos que la constitución de la vanguardia armada de la revolución en la
Argentina se va a dar con la unificación de todas las organizaciones armadas del
país. Tal unificación se dará como una necesidad imperiosa de la lucha. Por eso
es que sostenemos el principio de unidad en la acción.
¿Cómo valoran la Revolución Cubana?
La valoramos con respeto y admiración hacia el procesó vivido por el pueblo
cubano que es ejemplo para nuestros pueblos. El hecho de que no haya conseguido
aún la concreción de la prosperidad económica, sólo significa que si la lucha
por la toma del poder es difícil, la creación del Estado Revolucionario y la
consolidación de su economía, son más difíciles aún. Evidentemente para
consolidar ese proceso revolucionario, al igual que en el resto del continente
es necesario hacer la revolución en nuestros países. Entendemos que Cuba
necesita la integración geopolítica con una latinoamérica revolucionaria.
Nuestra solidaridad y simpatía por la Revolución Cubana expresan el
reconocimiento a su valioso aporte en esta segunda etapa de la independencia de
nuestras naciones, lo cual no significa que pensemos que para la Argentina haya
que copiar exactamente su modelo. Cada pueblo tiene sus propias características
que deben ser tenidas en cuenta.
¿Tienen los montoneros alguna relación con la ejecución de Vandor?
Con la ejecución de Vandor no tenemos ni tuvimos ninguna relación. Ni siquiera
sabemos a ciencia cierta cuáles fueron los móviles de la acción, ya que nunca
nadie intentó capitalizarla políticamente, al menos en forma pública.
¿Y con la de Alonso? El comunicado emitido por los autores de la operación
estaba firmado por un "Comando Montonero Maza'
En cuanto a la ejecución de Alonso y el comunicado a que usted se refiere quiero
decirle que el nombre de nuestra organización corresponde a la historia
argentina y que fue creado por aquéllos que disputaron las primeras luchas
nacionales y populares por nuestra independencia en el siglo pasado. Por lo
tanto no nos consideramos propietarios, entre comillas del sello y sostenemos
que montonero es todo aquel que lucha sin cuartel por las banderas populares con
todos los medios que su puesto de acción le ofrece. De esta manera todo
argentino honesto que participe de nuestra lucha, tiene derecho a llamarse
montonero y cuenta con nuestro apoyo y solidaridad.
¿Cuál es la política de los Montoneros ante los dirigentes que llamándose
peronistas se han distanciado de las masas y aún han llegado a traicionarlas
pasándose a la oligarquía y al imperialismo?
Como bien dice usted, los dirigentes que llamándose peronistas han traicionado a
las bases Se han pasado al campo de la oligarquía y del imperialismo de esa
manera han dejado de ser peronistas aunque pretenden seguir disfrazándose de
tales para no ser repudiados por las bases. Pero éstas son conscientes del
truco, de ahí que esos dirigentes fraudulentos carezcan totalmente de
representatividad.
Por eso nuestra política es la de no preocupamos por ellos en tanto su traición
a la función de dirigentes no se transforme en clara traición a las luchas que
encara el pueblo en estos momentos. En caso de que sí lo hagan recaerá sobre
ellos la pena correspondiente, que en todos los movimientos revolucionarios del
mundo ha sido y es siempre la misma.
¿Se consideran una organización político-militar?
Lo somos.
¿Cómo encaran el problema clave de la relación con las masas?
Consideramos que la tarea militar no está divorciada en ningún momento de la
tarea de organización del pueblo. Y que ésta, no se agota con la construcción de
una infraestructura que nos permita funcionar militarmente en forma eficaz, sino
que además se dirige a abrir canales de comunicación, a ganar lo favorable y
neutralizar lo desfavorable, a extender la organización a todos los niveles o
frentes de acción: el político, el sindical, el estudiantil.
¿Cómo se concreta esto?
En esta etapa a través del intento de incorporara las luchas de masas, por medio
del ejemplo, las formas organizativas y los método de lucha propios de una
organización armada. Es lo que se ha dado en llamar propaganda armada.
¿Han pensado en alguna forma organizativa específica?
Nos hemos organizado y preparado para transmitir toda una serie de experiencias
que pueden resultar muy valiosas para el frente de masas, en tanto éste deba
soportar la creciente represión del régimen.
¿Qué resultados esperan?
Creemos que de la adopción de las formas organizativas y de los métodos de la
lucha armada y la asimilación de la experiencia clandestina sumadas a una
correcta línea política, surgirá la incorporación paulatina y organizada del
pueblo a las organizaciones armadas.
¿Otra acción importante de la organización fue la torna de La Calera, ¿qué
motivaciones tuvo?
Bueno, muchas. Queríamos dar continuidad a la acción iniciada con la ejecución
de Aramburu, demostrando con hechos la línea montonera; queríamos golpear al más
alto nivel militar en el interior del país, demostrando simultáneamente que la
organización existe a escala nacional y se puede llevar adelante la guerrilla
urbana en el interior.
Estos eran algunos aspectos. Otros: demostrar que los hechos militares de
envergadura son posibles y que el enemigo es vulnerable; demostrar la capacidad
militar, disciplina y responsabilidad de las organizaciones y sus combatientes
en operaciones de volumen y varias más: dar testimonio concreto de nuestra
solidaridad combatiente con los mecánicos cordobeses reprimidos por la patronal
y el gobierno; recuperar armas y dinero, desarrollar la propaganda armada:
marcar el ingreso en la etapa de la consolidación organizativa nacional y la
intensificación del método de luchas a llevar a cabo. Creemos que La Calera
significó un avance en la escalada político-militar contra el régimen.
Y comparativamente con la operación Aramburu, ¿como la ven?
Entendemos que ambas operaciones se complementan mutuamente, dándose sentido
una a otra y señalan una clara proyección en el desarrollo político-militar de
la resistencia armada nacional.
¿Creen posible una salida electoral, del tipo de la que parece estarse gestando,
incluso por personeros del peronismo?
No podemos esperar nada de ninguna farsa electoral. Ya nuestra experiencia nos
dice con toda claridad que cuando no nos proscribieron, nos anularon las
elecciones que habíamos ganado. De ahí que digamos que no estamos ni con el
golpe gorila, ni con las elecciones fraudulentas y que reiteramos que sólo el
pueblo salvará al pueblo.
Finalmente una pregunta que debió ser hecha al principio: ¿cuáles son los
antecedentes de la organización, cómo surge, cuál es su composición?
Somos una unión de hombres y mujeres argentinos y peronistas que nos sentimos
parte de la última síntesis de un proceso histórico que arrancó 160 años atrás y
que con sus avances y retrocesos da un salto definitivo hacia adelante a partir
del 17 de octubre de 1945, que en estos últimos 15 años se ha expresado en la
Resistencia, la Revolución del 56, los Uturuncos, los Conintes, los Planes de
Lucha, el Ejército Guerrillero del Pueblo, el Movimiento Revolucionario del
Pueblo, la Central General de Trabajadores, el Peronismo Revolucionario, Taco
Ralo. Todo este proceso ha influido en nuestra formación y es el que le otorga
sentido y proyección a nuestra lucha. Luego de haber militado en los distintos
frentes del Movimiento, varios grupos de diversas partes del país nos
organizamos para llevar adelante una guerra Iarga de Resistencia Armada contra
el régimen gorila. Proveníamos de distintos sectores y orígenes, obreros,
estudiantes y profesionales de tradición peronista, cristianos, nacionalistas e
izquierdistas. Pero nos unieron la convicción y el sentimiento, ya comunes, de
la necesidad de luchar con las armas en la mano por la toma del poder con Perón
y con el pueblo y la construcción de una Argentina libre, justa y soberana.
Concientes de que carecíamos de medios y experiencias, nos dedicamos largo
tiempo a entrenarnos y disciplinarnos, preparando minuciosamente las primeras
operaciones, destinadas a recuperación de armamento, municiones, explosivos,
etc.
Así fue como se asaltó el Tiro Federal de Córdoba; se asaltaron depósitos de
canteras; se tomaron varios destacamentos policiales y postas militares; se
realizaron varias operaciones de recuperación de dinero en bancos y de reducción
de agentes. Todo este accionar se desarrolló en diversos lugares del país,
simultáneamente. Así nos fuimos consolidando como organización político-militar
con la característica fundamental de ser una organización de alcance nacional.
En estas condiciones es que decidimos salir del anonimato como organización
bajo el nombre de Montoneros con los hechos conocidos porque consideramos que
había que pelear porque ya era hora de que dejáramos de llorar nuestros caídos;
era la hora de que cayeran los de enfrente; hora de que llorara el enemigo.
[América Latina en Armas, Ediciones M.A., Buenos Aires, Enero de 1971]
Documentos de Montoneros | Videos sobre Montoneros
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Estremecedor
informe de inteligencia militar durante la dictadura
Lo que sabía el 601
Por Miguel Bonasso
Son 93 carillas secretas preparadas en junio de 1980 por el Batallón 601 que
analizan la segunda contraofensiva de Montoneros. El nivel de detalle es
estremecedor: hasta figura quién es la maestra de sus hijos en La Habana. Tanto
conocimiento hace preguntarse quién o quiénes fueron las fuentes. Ahora, estos
papeles son parte central de la causa del juez Bonadío.
Un documento secreto de la inteligencia militar (Batallón 601), nunca publicado
hasta este momento, revela que el Ejército tenía un conocimiento casi perfecto
sobre la intimidad organizativa de Montoneros y sus planes políticos y
militares. A tal punto, que sugiere la posibilidad siempre enunciada y nunca
probada de una infiltración en los altos niveles de la organización guerrillera
peronista. El extenso informe (93 carillas) está caratulado "estrictamente
secreto y confidencial", fue elaborado en junio de 1980 por la "Central de
Reunión" y forma parte del corpus estratégico de la causa 6859, a cargo del juez
federal Claudio Bonadío, que investiga el secuestro y desaparición de 18
militantes montoneros, de los cuales solamente sobrevivió Silvia Tolchinsky,
actualmente residente en España.
El proceso judicial, que ha causado inquietud en los medios castrenses, le ha
significado el procesamiento y la orden de prisión a casi cuarenta represores,
empezando por el ex dictador Leopoldo Fortunato Galtieri, recientemente operado
de una enfermedad terminal. El texto elaborado en Viamonte y Callao, se
complementa en la causa con otro informe de la Dirección General de Inteligencia
de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (D.G.I.P.B.A./ Div. CR.Extr. nº
605, de marzo de 1980), que firma el comisario mayor Alberto Rousse, Subdirector
General de Inteligencia. El documento detalla las caídas de los militantes
montoneros y revela que la fuente es el Batallón 601 (el Servicio de
Informaciones del Ejército). El comisario Rousse evalúa la información como A-1,
el rango máximo de seriedad en el argot de los servicios. Lo mismo puede decirse
del análisis principal, compuesto por diversos informes parciales, pero
redactado posiblemente por una mano única, una rara avis en el mundo de la
"inteligencia": un espía realmente inteligente.
La "segunda contraofensiva"
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En marzo de 1980, a despecho de las pérdidas estratégicas sufridas en 1979,
durante la primera etapa de la llamada "contraofensiva popular", la Conducción
Nacional de Montoneros (CN) lanzó una segunda oleada de jóvenes militantes sobre
el país. Varios de ellos, que integraban la estructura militar de las TEI
(Tropas Especiales de Infantería), fueron secuestrados con sugestiva velocidad;
en algunos casos a menos de una semana de haber ingresado clandestinamente a la
Argentina. Todos continúan desaparecidos.
Las TEI y las TEA (Tropas especiales de Agitación), eran los instrumentos con
los que la CN, cada vez más cegada por una visión militarista, pretendía actuar
como motor de arranque de un levantamiento popular que no se produjo.
Desgraciadamente, a pesar de las escisiones y las fuertes condenas internas, la
Conducción no había hecho una autocrítica de la "Primera Contraofensiva" de
1979, cuestionada por acciones "comando" espectaculares y cruentas, que causaron
más espanto que aprobación en la sociedad civil. El resultado para Montoneros
fue catastrófico: perdió el 75 por ciento de los militantes enviados desde el
exterior, empezando por un miembro de la Conducción Nacional (Horacio
Mendizábal), seis miembros del Consejo Superior del Movimiento Peronista
Montonero, entre los que se contaba el ex diputado Armando Croatto; valiosos y
experimentados dirigentes políticos como el puntano Julio Suárez; dirigentes
sindicales de base, como José Dámaso López o juveniles, como Jorge Gullo,
hermano del líder de la JP, Juan Carlos Dante Gullo.
Ya antes de la Contraofensiva, en febrero de 1979, el Movimiento peronista
Montonero (MPM), había sufrido una importante escisión conducida, entre otros,
por Rodolfo Galimberti. En diciembre de ese mismo año, otro grupo que incluía la
mitad del Consejo Superior del MPM rompió con la CN, criticando el "militarismo
y aparatismo" de la trágica maniobra. A pesar de las divisiones y señalamientos,
la CN insistió con su estrategia y envió otro contingente de militantes al país,
encuadrados preferentemente en las TEI y las TEA. El resultado volvió a ser
letal y Montoneros ingresó a partir de entonces en un plano inclinado del que no
se recuperaría nunca. Este es el contexto histórico en el cual uno o más
miembros del 601, escribieron (¿con ayuda de algún infiltrado? ¿con el trabajo
esclavo de algún prisionero al que luego igual asesinaron?) su extenso análisis
acerca de la BDT ("Banda de Delincuentes Terroristas") Montoneros.
El Informe
El largo análisis del 601, comienza haciendo referencia a otro documento, del 15
de octubre de 1979, donde registraban ya la "crisis interna de la BDT", "causada
por la decisión de la CN de lanzar la maniobra de la contraofensiva en el país".
Recuerda que "un conjunto de intelectuales del ‘MPM’ se hallaba elaborando una
propuesta política llamada ‘proyecto nacional revolucionario’, que se
presentaría ‘a personalidades extranjeras’". "En general tendía hacia los
postulados de la socialdemocracia europea, por considerar que era lo más potable
para EUROPA, los ESTADOS UNIDOS y países socialistas". Tras analizar, sin
triunfalismos, que los réditos políticos de la "contraofensiva" fueron
"escasos", el anónimo redactor (o los anónimos redactores) subrayan que la "BDT"
"sigue adjudicándose el liderazgo de los movimientos de fuerza ocurridos en el
país, por diversas causas, durante el año pasado". Luego comenta, con el mismo
tono, la escisión del DT ("delincuente terrorista") Rodolfo Galimberti y un
"grupo de adherentes" que, además del daño político, obliga a la organización a
enviar al país "otros miembros de nivel, para cubrir los claros dejados por el
grupo disidente". Lo cual a su vez le supondrá a la organización las graves
bajas detalladas más arriba.
"Aproximadamente en noviembre de 1979, los militantes prófugos se repliegan al
exterior", dice el documento y añade un dato logístico que tendrá consecuencias
letales para los integrantes de la segunda contraofensiva: "El material salvado
de la acción de las FFLL (‘fuerzas legales’) es depositado en empresas
guardamuebles previendo su retiro, para continuar la actividad, entre Feb/mar
80, lo cual es desbaratado al efectuarse procedimientos sobre dichas empresas",
en diversos puntos del país y secuestrar "la casi totalidad del material", que
incluía elementos para la propaganda y las comunicaciones, armamento y
explosivos, obviamente "embutidos" en muebles y objetos aparentemente
inofensivos. Material comprado preferentemente en el exterior que ingresó "desde
países limítrofes como Chile, Bolivia y Brasil (...) mediante el empleo de
personas no encuadradas en la BDT, que lo transportaron ‘embutido’ en casas
rodantes o trailers..." En los guardamuebles cantados, los operativos del
Ejército (y en algún caso de la ESMA) montarían guardia para secuestrar a
quienes regresaban o venían por primera vez, para la segunda contraofensiva.
Después de evidenciar un conocimiento minucioso del modus operandi de la "BDT",
lo cual finalmente es menos llamativo, el documento ingresa en un plano íntimo,
anecdótico, que sí llama profundamente la atención al que conoce la materia. El
terrible "narrador omnisciente" relata pormenores del encuentro que mantienen en
"la Comandancia" (por entonces ubicada en la escasamente penetrable Habana), el
secretario general del Partido Montonero y Comandante en Jefe del Ejército
Montonero, Mario Eduardo Firmenich, con el jefe del Comando Táctico que fue al
país, comandante Raúl Clemente Yaguer (NG; es decir "Nombre de Guerra") "Roque".
Yaguer, que según el 601 ha presenciado "uno de los atentados realizados por las
TEI, el cometido con el señor (Francisco) Soldati", donde hay bajas montoneras,
"pone de manifiesto su escepticismo en cuanto a la eficacia de las TEI
instruidas en MEDIO ORIENTE, pues le dice a éste (Firmenich) que ‘los cursos
Pitman no van’". El humor negro, tajante para volcar la crítica, era típico de
Yaguer. La exactitud de la observación también: no había muchos puntos en común
entre el conflicto armado palestino-israelí y la lucha popular (eminentemente
política y social) contra una dictadura que hablaba el mismo idioma y usaba los
mismos símbolos.
Los servicios argentinos andaban por todo el mundo, ya se sabe, no es raro
entonces que supieran cómo se reclutó a quienes irían, con indudable coraje y
entrega, a la gigantesca sartén que era la Argentina de 1979. "La
responsabilidad de esta tarea la tenía el Departamento Europa de la SRE
(Secretaría de Relaciones Exteriores de Montoneros) (...) Otro centro importante
se encontraba en México y funcionaba allí en la llamada ‘casa del MPM’". El
Informe del 601 abunda en datos sobre la relación militar entre Montoneros y Al
Fatah, que había sido imprudentemente publicitada en una entrevista concedida al
semanario español Cambio 16, por el jefe de la estructura militar, Horacio
Mendizábal, quien luego caería en combate, durante la primera Contraofensiva. La
revelación de "Hernán" o "el Lauchón", como se conocía a Mendizábal en
Montoneros, causó alarma en el alto mando palestino y atrajo definitivamente
sobre los guerrilleros argentinos la inquietante mirada del Mossad israelí. Que,
según algunas fuentes, nutrió con información al 601.
Lo que inquietaba al Mossad
"Posteriormente .prosigue el Informe- los militantes convocados para realizar
cursos en el Líbano, realizaban un curso completo (de dos meses de duración) de
adoctrinamiento político, en base del ‘Manual Roqué’, en Madrid y luego viajan
para realizar la instrucción militar en Medio Oriente". El "Manual Roqué", que
llevaba como título formal "Curso de formación de cuadros del Partido
Montonero", había sido escrito en México por el comandante Julio Iván Roqué
("Lino"), que en 1977 regresaría clandestinamente al país y se batiría, en
absoluta soledad, contra una nutrida patota de la ESMA, a la que le causó tres
bajas. Para que no lo reconocieran y supieran que era un miembro de la
Conducción Nacional, cuando se le acabaron las municiones se voló a sí mismo con
una bomba de exógeno. Los propios marinos quedaron impresionados por su
heroísmo. El "Cuervo" Alfredo Astiz, en su célebre charla con la periodista
Gabriela Cerutti, le confesó que nunca sintió tanto miedo como en ese combate
contra un hombre solo. El "Puma" Jorge Perrén, jefe operativo del GT33/2 y jefe
del operativo contra Roqué, desalentó la nauseabunda euforia de un prisionero
que se había pasado de bando e intervenido en el tiroteo: "Yo no festejo la
muerte de un enemigo que combate de esa manera".
"La instrucción militar que brinda Al Fatah a la BDT prosigue el 601- obedece a
convenios firmados en 1978 por el DT (NL) Horacio Alberto Mendizábal (NG)
‘Hernán’ y el responsable militar de Al Fatah, Abou Jimad. En estos convenios
constan los compromisos, por parte de ésta, de prestar ayuda en cuanto a la
instrucción militar y la compra de armamento y, por la BDT, de instalar una
planta de elaboración de explosivo plástico (exógeno), disponibilidad de
personal técnico para ello, mantenimiento y producción (esta última de propiedad
exclusiva de la OLP-Al Fatah)". Al "Instituto" no le preocupaba mucho la
solidaridad política de Montoneros con la causa palestina; inclusive el hecho
notorio de que sus representantes en Asia, Africa y Medio Oriente fueran "en
alguna medida, los portavoces oficiales de los palestinos en cuestiones
relacionadas con el Depto AMERICA de Al Fatah". Pero alguna vez lo advirtió- no
iba a tolerar una alianza militar.
El detalle revelador
El capítulo referido a la Conducción Nacional, sus distintos instrumentos
organizativos y sus propuestas tácticas y estratégicas, es interesante para el
especialista pero puede ser obviado ante los lectores, en lamedida en que su
información podía ser recogida a través de la nutrida prensa pública del
Partido, el Movimiento y aún el Ejército Montonero, que editaba su revista
"Estrella Federal". Más significativas son algunas reflexiones que hacen al
ánimo interno de los Montoneros que estaban en el exterior, tras el desastroso
resultado de la primera contraofensiva. El documento no sólo detalla cambios
organizativos que dan por superado su anterior análisis informativo (el IIE del
15 de octubre de 1979).
"La reorganización y reestructuración actual, está más acorde con la realidad
que vive la BDT; se ha dejado de lado la ampulosidad que la caracterizaba en
épocas pasadas; influye en esta nueva organización la falta de cuadros
partidarios que reemplacen las bajas producidas, las deserciones y las figuras
que, en franca disidencia con la CN, han abandonado sus filas para generar
nuevas organizaciones que si bien no divergen en lo ideológico, no comparten los
puntos de vista de la CN en cuanto a la apreciación de situación y metodología a
emplear para el accionar -’militarismo’-; otra causa de las disidencias y
escisiones la constituyen ‘la falta de democracia interna’ y ‘elitismo’ reinante
en el seno de la banda, lo que molesta y causa desagrado en los niveles
inferiores (capitanes, hasta tenientes, especialmente)".
El conjunto del documento es riguroso en cuanto a personas, nombres legales y de
guerra, fechas y circunstancias; las erratas son las mínimas que se pueden
encontrar en 93 carillas a un espacio, hablando de una sociedad secreta. Pero
donde la minuciosidad se torna más que inquietante, es en la descripción de un
ámbito que se suponía más que hermético para esas fechas: la Secretaría General
y sus distintas dependencias: Comunicaciones, Seguridad Personal, Técnica,
etcétera. El documento, tal como llega a manos de Página/12 (que, conviene
aclararlo, no es gracias a ninguna fuente tribunalicia), registra anotaciones de
puño y letra de otro personaje de la tiniebla que corrige y perfecciona la
información. Sobre todo la "operativa", la que les permitirá vigilar "el
objetivo" y caer sobre su presa. Así, por ejemplo, donde dice a máquina
"Comunicaciones: a cargo del DT (NG) ‘MARTIN’", el misterioso lector añade:
"Gurí", como nuevo nombre de guerra.
"La Secretaría Técnica tiene como responsable a la DT (NL) Silvia Tolchinsky de
Villareal (NG) Chela, de nivel Tte. 1º. Le dependen directamente un centro de
computación de datos, el archivo, la guardería y la oficina de la comandancia".
Una fuente ignota detalla que en el centro de computación de la Comandancia, en
algún lugar de La Habana, puede encontrarse "una computadora TRS 2 Sistem, con
consola de mando, pantalla, impresor y cuatro aparatos para discos ‘TRS 2’ o
‘Basic Disk’; a esta computadora se le pueda anexar teléfono y grabador; hasta
los primeros días de 1980, estaba programada para trabajar con información de
los legajos personales de los militantes". "El archivo a cargo de la DT (NG)
‘Raquel’ (‘Mac Donald’, añade tras una breve flecha el de las anotaciones
manuscritas), Tte, contiene los documentos de la BDT e información necesaria
para sus actividades".
¿Quién conoce ese ámbito reservado? Cuba mantiene en aquel momento relaciones
diplomáticas con la Argentina. Es lógico que su gobierno, de por sí discreto y
cuidadoso en este tipo de actividades, no permita que haya filtraciones. ¿Quién
ha logrado traspasar la severa vigilancia de las Tropas Especiales, que hasta le
sirve la comida a la Comandancia Montonera, para evitar indiscreciones? ¿Quién
puede perforar la malla de esa tropa de élite que responde directamente al
Comandante en Jefe, Fidel Castro? Alguien lo hace. Alguien que ha caído en manos
de los "horribles" o, lo que es peor, que está perfectamente libre y sabe de que
habla. Pero ¿quién? Su sombra se destaca en un tema aparentemente menor, que es
la guardería de La Habana. Allí conviven "los hijos de los compañeros". De los
compañeros que están transitoriamente en Cuba como el propio ‘Pepe’ Firmenich,
cuya hija está en la guardería- o de algunos compañeros que "han caído" en
Argentina.
El Informe, una vez más, es aterradoramente preciso: "La guardería está a cargo
de la DT (NL) Susana Brandinelli de Croatto (que ha ido allí, tras la caída de
su compañero Armando Croatto en la primera contraofensiva). Está solventada por
las Tropas Especiales Cubanas, en cuanto alimentación y personal. Fidel Castro
regaló un vehículo ‘combi’ para el traslado de los niños hasta los ‘círculos’
(jardines de infantes) donde concurren los hijos de madres trabajadoras. (El
corrector de la tiniebla ha trazado un círculo alrededor de ‘combi’ y ha
subrayado los nombres y la palabra ‘círculos’). Los hijos de los DDTT
(‘Delincuentes Terroristas’) que ahí se alojan son atendidos de sus problemas de
salud en el Hospital Centro de La Habana; el equipo médico encargado de esta
labor está a cargo del Dr Valdez Martin. Esta guardería cuenta con una asesora
pedagógica, Hilda Coronel y una psicóloga conocida como Ruth, las que hacen
visitas mensuales a la instalación. En forma permanente se desempeña una
enfermera de Salud Pública llamada Lidia. La asesora pedagógica es quien se
encarga de matricular a los hijos de los DDTT en los ‘círculos’".
Es imposible citar todo lo que el documento enumera. Pero no hay detalle
orgánico que se les escape: hay precisiones sobre los cursos que se dan en la
"Orga", sobre su producción de armas y explosivos y un engendro que les preocupa
mucho: la emisora de onda corta -"Radio Noticias del Continente"- que la "BDT"
ha montado en Costa Rica para perforar el cerco informativo en Argentina. La
emisora sufre ataques armados y, finalmente, una fuerte presión del gobierno
militar, hará que los costarricenses anulen la licencia. La información interna
de la radio es impecable. Con detalles que demuestran la permanente
actualización operativa de los datos: al lado del nombre de uno de sus
ejecutivos, Carlos Suárez, el misterioso comentarista, escribe: "Cap Fed". Tiene
el dato preciso: el hombre está clandestinamente en Buenos Aires.
Por las incontables carillas desfila toda clase de nombres. Tanto los de los
militantes, como los de las personalidades, nacionales y extranjeras, con las
que Montoneros ha tenido o tiene contacto. También rompe una regla de oro de
esta clase de informes, que suele ser la jactancia y el autobombo del burócrata
del terror que lo perpetra. Cuando no sabe algo, el informe lo dice; como en el
caso de la sección "Editorial": "No se posee abundante información sobre este
ámbito de la secretaría de relaciones exteriores". Lo único gordo que se le pasa
es la reunión de Managua, de marzo de 1980, donde se parte en dos el Consejo
Superior del MPM. Registra la agitada reunión y sus conclusiones, pero admite
que no sabe en qué país latinoamericano fue realizada.
Las caídas
Como ya se dijo, el 601 compartió su información acerca del grupo de las TEI con
Inteligencia de la Bonaerense. Este informe es mucho más corto y puntual, pero
acerca un dato estremecedor a la investigación del juez Bonadío: la velocidad
con que fueron cayendo los militantes al ingresar al país. Según este documento
Angel Carbajal (Quique), entró a la Argentina el 5 de febrero y fue secuestrado
el 21. Julio César Genoud (Facundo o Raúl) entró el 26 de febrero y fue detenido
el 27. Mariana Guangiroli (Toti) lo mismo. Verónica Cabilla (Cecilia) igual que
los anteriores. Ernesto Emilio Manuel Ferré (Chino), jefe del grupo, que había
reingresado el 10 de febrero fue capturado el 28. Miriam Antonio (Gringa o
Lucía), sobrina de Jorge Antonio, igual que el Chino. Raúl Milberg (Ricardo),
pasó la frontera el 5 de febrero y fue detenido en la misma casa en que cayeron
los anteriores. Ricardo Marcos Zucker (Pato), hijo del actor cómico
MarcosZucker, regresó de España a comienzos del 80 y cayó en una cita el 29 de
febrero. Marta Libenson (Ana), igual que el Pato Zucker. Matilde Adela Rodriguez
había regresado poco antes de su caída, el 29 de febrero de 1980. Según el
informe, la inteligencia montada a partir de los guardamuebles fue decisiva para
"tirar de la piola" y que fueran cayendo. Alguien en el ámbito judicial explora
otras hipótesis.
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Entrevista de Gabriel García Márquez a Firmenich (parcial)
[Del libro de Eduardo Anguita y Martín Caparros "La Voluntad". Una historia
de la militancia revolucionaria en la Argentina, Tomo III]
Abril de 1977. En esos días, Gabriel García Márquez se encontró en algún
lugar del mundo con Mario Eduardo Firmenich y lo entrevistó.
- Hola, dice dándome la mano.
- Soy Mario Firmenich.
- Como decir: el secretario general del Movimiento Montonero, el hombre más
buscado por las fuerzas represivas de Argentina y uno de los más perseguidos
por los periodistas del mundo...
- Ya hace un año que la junta militar presidida por el general Jorge Videla
está en el poder en Argentina, le digo.
Mi impresión personal es que este lapso le ha bastado para exterminar la
resistencia armada. Entonces ustedes, los montoneros, no tienen nada que
hacer, al menos en el terreno militar. Están liquidados.
Mario Firmenich no se inmuta. Su respuesta es seca e inmediata:
- Afín de octubre de 1975, cuando todavía estaba en el gobierno Isabel
Perón, ya sabíamos que se daría el golpe dentro del año. No hicimos nada
para impedirlo porque, en definitiva, también el golpe formaba parte de la
lucha interna en el movimiento peronista. Hicimos en cambio nuestros
círculos de guerra, y nos preparamos a soportar, en el primer año, un número
de pérdidas humanas no inferior a 1500 bajas. Nuestra previsión era ésta: si
logramos no superar este nivel de pérdidas, podíamos tener la seguridad de
que tarde o temprano venceríamos.
- ¿Qué sucedió?
- Sucedió que nuestras pérdidas han sido inferiores a lo previsto. En
cambio, en el mismo período, la dictadura se ha desinflado, no tiene más vía
de salida, mientras que nosotros gozamos de gran prestigio entre las masas y
somos en la Argentina la opción política más segura para el futuro
inmediato.
- Es una respuesta cortante, precisa y elocuente. Con todo no me convence
mucho. Tengo la impresión de que el suyo es un optimismo calculado. Se lo
digo: Soy optimista y me gusta la gente optimista, pero de las personas que
son demasiado optimistas, desconfío. ¿Por qué no pensar, por ejemplo, que
también los militares han calculado por anticipado esas pérdidas?
Hay previsiones que nadie conoce. Probablemente ellos también piensen haber
vencido, ¿no?
Firmenich admite esta posibilidad, pero la rebate muy rápidamente.
- Los militares deben haberse hecho la idea de conseguir, entre marzo y
diciembre de 1976, el aniquilamiento de cualquier fuerza organizada que les
fuera adversa y de poder dedicarse después, en 1977, a dar caza a los
últimos núcleos dispersos. Más que cálculos concretos eran puras hipótesis
políticas: tal vez ni ellos lo han creído realmente. Y si luego lo han
creído, peor para ellos; porque esto significa que no conocen la dialéctica
de treinta años de historia del peronismo.
- No obstante tanta demostración de lucidez política, yo aún no logro evitar
la impresión de estar hablando, sobre todo, con un hombre de guerra. En
efecto, Mario Firmenich ha tenido muy poco tiempo en su vida para dedicarse
a otra cosa que no sea la guerra, desde que nació en 1948 en Buenos Aires.
El hijo de un agrimensor que se diplomó en ingeniería de edad adulta; típico
producto del sector medio argentino de funcionarios pú.
blicos. En 1955, a la caída de Perón, Mario Firmenich tenía apenas siete
años...
Hasta este momento han habido en Argentina, en menos de 22 años, 14
presidentes de la república y ninguno ha llegado a finalizar el período
previsto.
El general Aramburu, el hombre que había echado del poder a Perón, estuvo en
el sillón cuatro años. Luego se retiró a la vida privada y se encerró en un
departamento de la calle Montevideo N° 1053, octavo piso, en Buenos Aires,
permaneciendo aparentemente lejos de cualquier actividad política. Pero el
29 de mayo de 1970, dos jovencitos vestidos con uniformes militares lo
detuvieron en su casa, a las nueve de la mañana, con el pretexto de asegurar
mejor su protección. Aramburu fue conducido a una vieja chacra en la
periferia de Buenos Aires, procesado, condenado y fusilado. Mario Firmenich,
que entonces tenía 22 años, había formado parte del
mismo comando que cumplió la operación Aramburu. Pero no había entrado en la
casa de Aramburu. Había quedado sobre la vereda de enfrente, vestido de
oficial de policía, para vigilar que nadie viniese a desplazar la camioneta
sobre la cual habían proyectado transportar al general y que no habían
logrado estacionar bien. Antes de esa empresa, había participado en 17
operaciones, pero su nombre no lo conocía nadie. El movimiento estaba
compuesto entonces por sólo 10 personas y Mario Firmenich era el tercero en
orden jerárquico. Por eso es que digo que su formación y su experiencia han
sido sobre todo guerreras; más, cuando le observo que, según mi opinión, lo
que le falta a los Montoneros es la capacidad para manejar opciones
políticas y que en la cabeza no tienen más que el aspecto militar del
problema, y que, en mi opinión, la solución militar es la última y
arriesgadísima alternativa que les queda.
Pero no, no es cierto, es todo lo contrario, me contesta rápidamente.
Uno de los trazos característicos de nuestra guerra revolucionaria es que no
ha sido el foco guerrillero el que genera el movimiento de masas; es el
movimiento de masas el que precedió a la guerrilla y eso hace un buen cuarto
de siglo. El movimiento de masas en Argentina empezó en 1945 y el movimiento
armado recién en 1970.
En síntesis, su idea es que el movimiento de masas del peronismo va adelante
empujado por la misma dinámica de su propia conciencia y a veces hasta
antecede a la vanguardia política. Dice que este movimiento se da como
objetivo la búsqueda de la justicia social, la independencia económica y la
soberanía política en Argentina.
Es antiimperialista y antioligárquico, y así como ha logrado durante 25 años
actuar sin vanguardia política, eso mismo lo ha transformado también en
antiburocrático, consecuencia de la traición de los burócratas.
- Hemos llegado a la lucha armada sólo cuando se agotaron todas las otras
posibilidades de lucha política, dice.
En determinado momento no tuvo más sentido el voto, ni el voto en blanco ni
el proyecto de golpe de Estado populista, ni tampoco las tres sucesivas
experiencias tentativas de guerrilla rural. Todas prematuras. No tuvo más
sentido ni siquiera el retorno político de Perón. Quiero decir: el proceso
no ha comenzado con Montoneros; los Montoneros han sido su inevitable
consecuencia. Más aún, la decisión de lanzarse a la lucha armada. Ha sido en
sí misma una política de masas.
- Me toca en la conversación que tuvimos, el tema que quizá lo ha atraído
más, ha sido el de la modalidad absolutamente original que tiene la guerra
en la ciudad. Firmenich está persuadido de que el hecho de no poder disponer
de zonas liberadas, en vez de obstaculizar, facilita al revolucionario la
conducción política de las masas.
- Es decir, mientras el Ejército está obligado a quedarse encerrado en sus
cuarteles, los Montoneros están en todas partes y nadan dentro de las masas
como el pez en el agua. Es un ejército, el de los Montoneros, que tiene
todas sus fuerzas en territorio enemigo; un ejército que se desarma todas
las noches cuando sus militantes vuelven a casa para dormir pero que sigue
estando intacto y alerta, aún cuando sus soldados duermen...
Más entrevistas a Mario Firmenich

Soldados de Perón
El Equipo de Investigación Periodística se encuentra trabajando sobre una biografía del líder montonero Mario Eduardo Firmenich. Entre las muchas entrevistas que ha realizado el equipo para Firmenich - El libro, se encuentra la siguiente con Richard Gillespie, autor de Soldiers of Perón - Argentina's Montoneros (Oxford University Press, 1982). Aquí el escritor británico comparte algunos puntos de vista sobre Firmenich.
Adrián Korol, Buenos Aires, 1997
La figura del líder de la organización Montoneros, Mario Eduardo Firmenich, es controvertida, discutida y enigmática. ¿Existe a lo largo de su investigación publicada en "Soldados de Perón" algún indicio de que Firmenich era agente de inteligencia o colaborador de los servicios argentinos? ¿Cree usted que el secuestro del General Aramburu es una genuina operación de la guerrilla montonera o, como algunas fuentes aseguran, una maniobra de sectores allegados al gobierno de Onganía?
Durante la preparación de mi libro no he encontrado ninguna evidencia en este aspecto. El autor que ha trabajado en ese sentido es Martin Edwin Andersen en Dossier Secreto: Los Desaparecidos y el mito de la Guerra Sucia. La correspondencia con Montoneros sugiere que hubo varios los contactos interpersonales entre ellos y el régimen militar de 1966-73. Esto es presumiblemente por el origen cercano a la derecha católica de algunos de sus miembros fundacionales así como de conexiones familiares. Yo pienso que ambos lados utilizaron estos contactos de una manera oportunista. No estoy convencido de que Firmenich "trabajara para el enemigo". En realidad era una relación de conveniencia mutua.
¿Cuántos combatientes llegaron a integrar el aparato militar montonero en su apogeo? Cree usted que las acciones emprendidas por Montoneros desde su aparición pública hasta la instauración del gobierno del Dr. Héctor J. Cámpora, contaron con la simpatía de la gente?
Yo estimo 5.000 miembros activos de los cuales 3.000 han tenido relación con el aparato militar. María Moyano en "La patrulla perdida"(The Lost Patrol) estima un total de 3.500 montoneros. Es evidente que las primeras acciones de los Montoneros contaron con el apoyo de una "considerable minoría" entre la gente común.
¿De acuerdo a su investigación, cree usted que los asesinatos de Rucci y Mor Roig fueron ejecutados por la organización?
Sí.
¿Teniendo en cuenta que los orígenes de Firmenich son cercanos a la derecha católica, cómo se entiende esa "conversión" hacia las posiciones tercermundistas para convertirse luego en el máximo dirigente de una organización guerrillera de izquierda?
Firmenich es uno de esos activistas católicos influenciados por la Teología de la Liberación en la segunda mitad de la década del '60, aunque uno puede dudar de la profundidad de esa "conversión". El ascendió dentro de los rangos de Montoneros como resultado de su propio pragmatismo y luego de las muertes de sus líderes naturales. El fue capaz de utilizar la auto identificación de Peronista para evitar hacer declaraciones ideológicas más explícitas, convocando a todos los grupos que compusieron Montoneros, que en sus orígenes eran más una coalición que una organización unida. A partir de que la lucha armada se convierte en el criterio determinante para un revolucionario, Firmenich adquiere credibilidad revolucionaria entre la guerrilla a pesar de su ideología inicial.
¿Cree usted que ha habido contactos en Francia entre Firmenich y Massera? ¿O piensa que estos contactos son parte de un mito?
Yo pienso estos contactos son apoyados por la evidencia.
A propósito de Massera... ¿cómo se entiende ese plan de recuperación que monta en la ESMA para recuperar a algunos Montoneros que se encontraban "desaparecidos" en ese lugar?
Por 1978, Massera había perdido la lucha por el poder dentro del régimen frente al eje Videla-Viola. Entonces mantuvo sus aspiraciones presidenciales buscando aliados nacionalistas como los Montoneros por fuera de las Fuerzas Armadas. Por otra parte no era nada nuevo para Montoneros su colaboración con oficiales militares (N. de la R. recordar el llamado "Operativo Dorrego").
¿Quién era Firmenich?
Es como un enigma permanente para mi. Uno debe creer que tiene cierta suspicacia política, sino no se entiende como sobrevivió como líder durante tantos años.
¿Cuál es su opinión sobre los otros dos sobrevivientes de la Conducción Nacional de Montoneros, es decir, Fernando Vaca Narvaja y Roberto Cirilo Perdia. Encuentra usted diferencias entre ellos y Firmenich?
Nunca tuve entrevistas con estos líderes. He tenido impresiones indistintas de ellos y a través de "segundas fuentes". Vaca Narvaja fue un Montonero de genuino pedigree. Perdia me ha parecido siempre una figura mas bien siniestra ...Pero no me consta, son más bien impresiones personales.
¿Qué es lo que lleva a Firmenich a ordenar la contraofensiva de 1979?
La desesperación. Esperaba una resistencia masiva al régimen y desde el exilio pensaba en que era posible aislarlo políticamente. Firmenich estaba dispuesto a sacrificar las vidas de muchos de los suyos con la esperanza que los dirigentes pudieran luego capitalizar políticamente su contribución a la lucha anti dictatorial.
¿Al producirse el golpe del 76 cuál era el poder real de Montoneros? ¿Eran realmente una fuerza contundente o por el contrario se hallaban en decadencia?
En mi opinión los Montoneros estaban en problemas en la época del golpe. Su militarismo los aisló de sus defensores potenciales. Estaban cerrados en si mismos y no había ninguna posibilidad de una exitosa escalada de la guerrilla urbana. A su vez el ERP había sufrido importantes pérdidas militares.
¿Por qué cree usted que Firmencich sobrevivió?
Los contactos dentro de el aparato estatal le brindaron alguna protección; igualmente muchos montoneros arriesgaron sus propias vidas para protegerlo y, durante el peor período de la represión, vivió como un exiliado político.
¿Cuáles fueron los mayores logros y los peores fracasos montoneros?
Logros, la flexibilidad táctica de sus primeros tiempos: la capacidad en 1972 para cambiar desde el llano la guerrilla y el trabajo político mediante la Juventud Peronista. También la prontitud para declarar un alto al fuego aprovechando la situación constitucional 1973/1974. El fracaso: a largo plazo, con su proyecto político desintegrando, ellos perdieron esta flexibilidad táctica y recurrieron al militarismo, alejándose así de la masa trabajadora y de otros movimientos sociales.
¿Cree que a partir de la muerte de Perón se desarrolla un culto a la personalidad de Firmenich dentro de la organización?
Dudo que Firmenich sea esa clase de gente cuya fortaleza inspira y auspicia un culto a la personalidad. Sin embargo, hay un intento de presumir el "manto" de Perón en el film de propaganda 'La Resistencia Conduce a la Victoria'.
¿Para la elaboración de su libro, intentó entrevistar a Firmenich?
No.
¿Por qué?
Mi investigación fue iniciada en Buenos Aires entre 1975 y 1976, en plena escalada de violencia. Pensé que las principales figuras de Montoneros tendrían poco interés en prestarse a entrevistas o que aportarían poco a la investigación. Me pareció más interesante trabajar con los activistas anónimos, con los intelectuales que simpatizaban con la causa. En los últimos tiempos tampoco hice ningún intento por entrevistar a Firmenich, en realidad porque pienso que no conseguiría ninguna respuesta útil.
¿Cree usted que la influencia de la teología de la Liberación, tan decisiva en los orígenes montoneros, luego se trastocó en una desesperada búsqueda de relaciones formales con el Episcopado Argentino, e inclusive con el Vaticano?
Seguramente la influencia de la iglesia radicalizada es importante para explicar la evolución de algunos cuadros montoneros. Luego la política de nexos crecientes con la jerarquía de la Iglesia es un indicio de oportunismo por parte de la conducción de la organización buscando ganar legitimidad mediante contactos con la Iglesia Católica y con la Internacional Socialista. Pero yo pienso que progresivamente los católicos fueron cortejados por los Montoneros.
¿Hay alguna anécdota en su trabajo referida a la persona de Firmenich?
Quizás por que en mi libro se sugiere mucho que Firmenich tenía en cuenta con mucho cuidado su propia seguridad personal, estando dispuesto a arriesgar otras vidas. Un ex guerrillero me contó de una fuga en prisión en aquellos tiempos de 1972. Cuando ellos consiguieron estar fuera de la prisión la primera persona que encontraron ya afuera, en la calle, era Firmenich.
¿Cómo surge su interés en Montoneros y cuánto tiempo le llevó elaborar el libro que, entendemos, se vuelve a editar durante 1997 en Argentina?
Mi interés en Montoneros proviene de mi interés en general en la Juventud Peronista y en otras juventudes radicalizadas en general. Luego yo realicé mi tesis sobre la izquierda peronista, para lo cual pasé 16 meses en Buenos Aires, entre 1975-76. 'Soldados de Perón' se desarrolló aparte de esa tesis y finalmente concluí el libro entre 1980 y 1981, usando mi original y recopilando documentación adicional y entrevistas con exiliados.
Sabemos que hoy está dedicado al análisis de la situación en España y región mediterránea. ¿Ha encontrado puntos de contacto entre Montoneros y ETA?
A un nivel muy general, uno puede encontrar una ideología similar de nacionalistas revolucionarios en grupos tal como Montoneros, Sandinistas y ETA. Esto involucra una combinación de nacionalismo, las influencias radicales Católicas y Marxistas, pero en proporciones mas bien diferentes en cada caso, y las estrategias usadas por estos grupos para alcanzar el poder han sido muy diferentes.
Fuente: www.ukinet.com
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Miguel
Bonasso
"Si pensara que nuestra lucha fue inútil, me suicidaría"
P. - En "Diario de un clandestino" usted asume su militancia en Montoneros,
hecho no muy frecuente.
R. - Es verdad. Hay algunos compañeros que por sus declaraciones actuales,
parece que hubieran estado en ALPI (Asociación de Lucha contra la Parálisis
Infantil).
P. - Además, se lee con mucho interés. Pero no incluye una evaluación de la
actuación del grupo.
R. Creo que va destilando cierta crítica y autocrítica, pero desde el punto
de vista de aquel momento. No está hecha a nivel ensayístico, porque no es
un ensayo. Más adelante pienso escribir la historia ensayística de
Montoneros. Lo que quise fue rescatar esas anotaciones de aquellos años.
Creo que es importante ver cómo encarábamos la realidad en ese momento.
P. - Aparecen personajes como Galimberti, Firmenich, Vaca Narvaja y Perdía,
retratados con una cierta simpatía. ¿Cómo los ve hoy, a raíz de todo lo que
pasó?
R. - En uno de mis libros anteriores, "Recuerdo de la muerte", hay una
cierta crítica. Y "Diario de un clandestino" culmina con mi ruptura con
Montoneros.
P. - Sí, pero las causas no quedan del todo claras.
R. Creo que se van deslizando. Tienen que ver con una visión crecientemente
elitista, militarista, apartada de las masas. Lo que el libro muestra es que
la decisión de militar no se toma de la noche a la mañana. Hay una especie
de deslizamiento que tiene que ver con las características de una época, sus
presiones y condicionamientos. También intento demostrar que la
clandestinidad es un dolor. No se asume alegre ni frívolamente, sino que uno
se va deslizando en ella. Es como el coma, que tiene grados. Era muy difícil
romper con Montoneros en un momento determinado, pese a las disidencias.
P. - ¿Era peligroso?
R. No, me refiero a una especie de autocondicionamiento moral, porque
hubiese significado traicionar a los compañeros. Además, tampoco se podía
analizar muy bien lo que estaba pasando, porque la clandestinidad va
encerrando, fracturando y partiendo. Yo hubiera querido encontrarme, por
ejemplo, con Rodolfo Walsh, que también estaba clandestino y a quien
respetaba muchísimo. Hubiera querido comentarle muchas cosas para conocer su
opinión, pero era imposible hacerlo en un café, con un Falcon lleno de
señores con anteojos negros en la puerta.
P. José Pablo Feinmann dijo que no se puede volver al espíritu setentista,
porque ahí no entraba el concepto de democracia para nada, y ese concepto
fue muy seriamente incorporado en estos años. ¿Está de acuerdo?
R. - No totalmente, porque yo fui secretario de prensa de Héctor J. Cámpora,
o sea que pelée para que el pueblo pudiera votar. Es verdad que el peronismo
estaba estructurado verticalmente a partir de la figura de Perón. Pero
nuestra generación fue una generación trágica, de alguna manera condenada a
la clandestinidad, porque venía de un país muy dividido entre peronistas y
antiperonistas, de un mundo dividido en dos fracciones. Todo era en blanco o
negro, con opuestos brutales. La figura del adversario no aparecía tanto,
aparecía la figura del enemigo. La democracia implica, entre otras cosas, un
margen de negociación.
P. -¿En qué cambió?
R. - Yo mantengo los mismos principios que tenía en los setenta. Lo que ha
variado es mi concepción de cuáles son los instrumentos y los métodos para
alcanzar una sociedad más justa, más fraterna, donde el hombre no sea un
lobo del hombre. No creo en el darwinismo. La idea de democracia sigue
siendo un valor no aceptado a fondo en el juego social y político. Un tercio
de la población se encuentra excluida, existe el gatillo fácil. Todos
coincidimos en querer una calidad verdadera de nuestro sistema democrático y
sus instituciones, pero tenemos que reconocer que hay una monstruosa crisis
de representatividad de la clase política. La gente es escéptica no porque
sea totalitaria, sino por fenómenos tan generalizados como el del Senado,
que inducen al escepticismo. Por suerte, hoy los militares no están en
condiciones de hacer lo que hicieron en nuestra época.
P. - ¿Volvió a ver a Galimberti y a Firmenich?
R. No. Además, creo que son distintos. He vuelto a ver a otros compañeros,
con algunos tengo una relación muy estrecha. Yo no soy de los que se
encierran en el pasado, aunque rescato cosas importantes. Me rodeo mucho de
gente joven. Una de las cosas que deseo es que me lean los muchachos. Que se
interesen por esa época, por la música que escuchábamos, las películas que
veíamos. Esos tiempos tuvieron que ver con la creatividad que suponía un
mundo no dado. Fuese cierto o no, uno tenía la impresión de que podía
cambiar el mundo. No había un discurso monolítico como el que hay ahora,
dictado por el mercado.
P. - Durante la primera época, Montoneros contó con un gran apoyo popular.
Las críticas feroces vinieron después, a raíz de todo lo tremendo que fue
pasando.
R. - Hubo etapas muy definidas. Cuando luchábamos para que la gente pudiera
votar y elegir libremente (no hay que olvidar que el peronismo estaba
proscripto) el margen de legitimidad era altísimo. El problema empezó cuando
a raíz de la persecución de la Triple A y la extrema derecha, se dio una
respuesta militar. La respuesta tendría que haber sido política, aunque
fuese muy costoso en términos de vida y sufrimiento. Ese fue un error muy
importante, porque alimentó la caldera. Lo que no deben hacer nunca los
revolucionarios es dar los elementos para que el otro los destruya. Espero
que las nuevas generaciones puedan desarrollarse. Me da mucha alegría que
los chicos nacidos en democracia tengan un reflejo frente a la vida
cotidiana distinto del que teníamos nosotros. A nosotros nos consideraban
sospechosos por ser jóvenes. Creo que nuestra lucha contribuyó a que eso no
pase más. No fue una lucha inútil.
P. - El precio fue muy alto.
R. -Seguro, pero si yo pensara que no dejó ninguna clase de semilla, me
suicidaría. Creo que, en gran medida, las nuevas generaciones tienen por lo
menos algunas cosas garantizadas gracias a nuestra lucha.
P. - Hay que ver si las tienen garantizadas gracias a Montoneros, o gracias
a lo que se fue construyendo a partir de Alfonsín y la democracia.
R. -Montoneros es sólo una parte muy pequeña de un fenómeno mucho más
amplio.
Fuente: www.lossietelocos.com.ar, 2002
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Discurso de Rodolfo Puiggrós en homenaje a Mario Roberto Santucho, México, 16 de julio de 1977
Rodolfo Puiggrós (1906-1980)
El 12 de noviembre de 1980 fallece en La Habana, Cuba,
Rodolfo Puiggrós, quien fuera uno de los más destacados intelectuales del campo nacional y popular de Argentina. Formado en las ideas marxistas de las primeras décadas del siglo XX, Rodolfo militó en el Partido Comunista, organización con la que entró en conflicto al producirse la gran eclosión popular del 17 de octubre de 1945. De allí en más participó activamente en las luchas del Movimiento Peronista, manteniendo siempre su decidida adhesión a las grandes mayorías que a partir del golpe gorila de 1955 enfrentaron a la reacción dictatorial.
Historiador lúcido del proceso iniciado en 1492 con la conquista europea que significó el saqueo de Nuestra América y el genocidio de los Pueblos Originarios, Puiggrós cuestionó siempre desde sus libros, del periodismo combativo, la cátedra y la acción política, a todas las expresiones del liberalismo que aceptaban acríticamente el dominio del pensamiento eurocentrista. En tal sentido, coincidió con los hombres que desde FORJA bregaron en la década del 30 por la construcción de un proyecto nacional revolucionario, alejado tanto de los modelos anglo norteamericanos como de un mecanicismo sedicentemente izquierdista que pretendía trasladar a los países del Tercer Mundo las contradicciones entre las potencias occidentales y la Unión Soviética. No aceptó entonces, ni aceptaría nunca, los "pensamientos únicos", las autodesignaciones de vanguardias revolucionarias, las pretensiones de igualar realidades sociales y políticas singulares a las condiciones particulares de Argentina y del subcontinente latinoamericano.
Legítimo heredero de las concepciones revolucionarias del nacionalismo popular latinoamericano, expresado desde la gesta sanmartiniana, bolivariana y antigüista por las montoneras federales rebeladas contra el proyecto de conformar en la región rioplatense una semicolonia pastoril, Puiggrós coincidió en la práctica con lo afirmado por José Carlos Mariátegui: "Todos los pensadores de Nuestra América se han educado en una escuela europea. No se siente en su obra el espíritu de la raza. La producción del intelectual del continente carece de rasgos propios". Fue por ello que planteó: "Las izquierdas comparten con el liberalismo y el nacionalismo de minorías el hábito mental de conceptuar conceptos, en lugar de conceptuar los hechos y la historia de la realidad argentina".
Autor prolífico, periodista talentoso, profesor que enseñaba escuchando, Rodolfo Puiggrós no se refugió nunca en las torres de marfil de las intelectualidades ajenas a las luchas de los trabajadores y el pueblo, sino que en las duras jornadas de la resistencia peronista afrontó los riesgos de una consecuente militancia. En los años que van de 1958 a 1973 da a conocer gran parte de su obra, desnudando los fundamentos de las sucesivas caricaturas "democráticas" que abrieron el camino a las dictaduras de 1966 y 1976.
Tras su breve pero inolvidable paso por el rectorado de la Universidad de Buenos Aires, se vio obligado a exiliarse en ese México solidario y fraternal para muchos miles de argentinos que allí reencontraron o descubrieron la auténtica esencia latinoamericana. En conjunto con amplios sectores de los trabajadores y la juventud combatiente se sumó a lasa filas del Movimiento Peronista Montonero, demostrando con su actitud que no participaba del nutrido sector intelectual del "animémonos y vayan", ni tampoco de los grupos de inspectores de revoluciones a prudente distancia de la represión dictatorial.
La muerte lo encontró en La Habana, Cuba, donde se había dado cita con otros compañeros para discutir sobre las mejores formas de proseguir la lucha antidictatorial. Llevado a México, permaneció en aquella tierra que tanto quiso hasta su repatriación a la argentina en la década del 80. Los homenajes que de allí en más se le tributaron han sido desde luego importantes, pero entendemos que insuficientes. Por eso, un conjunto de argentinos de diversas expresiones ideológicas, partidarias y sociales, nos reunimos en esta Comisión de Homenaje que impulsará un programa de actividades para recordar a Rodolfo Puiggrós, pero fundamentalmente con el objetivo de difundir su pensamiento y su obra en el ámbito nacional y latinoamericano.
La Fogata, 2002
Sobre Rodolfo PuiggrósEl sábado anterior, con motivo de celebrarse el 161 aniversario de la declaración de la Independencia Argentina un ministro de la tiranía, cuyo nombre olvidará la historia evocó "con nostalgia desde la pequeñez actual -así se expresó- los tiempos pasados". Dijo: "Como Diógenes buscamos hoy desesperadamente, con un candil que ya se apaga, al hombre arquetipo, y encontramos sólo espectros que nos consolidan en el convencimiento de una verdad dura e irrefutable: ¡A qué bajo nivel hemos llegado!. Las cenizas de nuestros antepasados seguramente crepitan de vergüenza al comprobar que hemos dilapidado un patrimonio moral de valor inestimable...La república argentina necesita avivar ese fuego regenerador para que en él se consuma la mediocridad, el oportunismo, la obsecuencia, la cobardía y el egoísmo, y para que renazca una nueva República".
El crepitante ministro ofreció con sus palabras un dramático y exacto cuadro del medio social en que se mueve y de la baja condición moral y cultural de los hombres que ocupan posiciones públicas, hombres que dicen representar al "ser nacional" y son, en verdad, la "nada nacional". El Diógenes ministerial no encuentra, con "un candil que ya se apaga", en los altos círculos que frecuenta y lo enajenan, los personajes que salven a la Argentina de "la dimensión de nuestra crisis, de la profundidad de nuestra decadencia. Desconocemos si los miembros de la Junta Militar, los directores de los diarios oficiosos y la intelectualidad servil se sintieron aludidos por la irreverencia nihilista del autocrático ministro. Tampoco sabemos si éste funcionario del genocidio fue a buscar en la ESMA o en los 49 campos de concentración y casas de torturas el "fuego regenerador" que antiargentinos de escasísima inteligencia y alma criminal aplican con el fin de cumplir las órdenes de sus amos imperialistas y de una oligarquía apátrida que sólo piensa en salvarse de la ira del pueblo.
Mientras otro ministro promete doce años de torturas, hambre y de destrucción, doce años de muerte, cárcel y exilio de los mejores argentinos para crear lo que llama, con trágica ironía, la "verdadera democracia", de las entrañas fecundas de nuestro pueblo nacen y nacen los arquetipos de la sociedad del mañana, los héroes de la Patria Socialista. El martes próximo se cumple el primer aniversario de la muerte en combate de uno de los más grandes de ellos. Desde esta tribuna del "Comité de Solidaridad con el Pueblo Argentino", de la "Casa Argentina", rendimos emocionado homenaje fraternal al tucumano Mario Roberto Santucho y en él, a los héroes que dieron su vida y a los millares que luchan en todos los rincones de nuestra República, día a día más numerosos, convencidos y combativos por una sociedad soberana y justa.
Santucho nos dejó un ejemplo que perdurará a través de los siglos. El ejemplo de los revolucionarios auténticos, de los que se entregan a su causa con pasión integral, de los que no miden los riesgos, ni esperan que otros se jueguen por ellos en nombre de una falsa superioridad intelectual.
Santucho creyó en la unidad de la teoría y la práctica, y si entre nosotros pudo haber diferencias tácticas o hasta ideológicas, no existen fronteras que nos separen en la guerra contra el enemigo común. Las únicas fronteras son las que aíslan a los oportunistas, a los acomodaticios, a los especuladores. Y de esta raza no era Mario Roberto Santucho. Y de esta raza no son quienes vemos en él un adelanto del argentino que hoy resiste y pronto barrerá de nuestra tierra a los agentes del coloniaje y de la opresión para que reine la paz y pueda la inteligencia desterrada volver para que la Patria querida sea el hogar de la humanidad integrada y superior.
Homenajeamos en Mario Roberto Santucho a nuestros muertos que vivirán eternamente en la memoria de los argentinos. A latinoamericanos de la gloria mundial de los Che Guevara y los Camilo Torres desde cuya altura sentimos lástima por los capitanejos que roban, violan, torturan y matan en los escasos minutos de sorpresa que les dejó nuestro error y nuestra ingenuidad. Y a nuestros muchachos y muchachas que preparan la victoria final sin medir los sacrificios.
A Julio Roqué
Norma Arrostito
R.Ortega Peña
Paco Urondo
Fuente: Rebelión, 2003
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Subnotas: Crónica de un día clave, Fernando Vaca Narvaja
El doble discurso del general,
Horacio Tarkus
Mario Eduardo Firmenich: "La Patria socialista
era inviable"
DE VASALLOS Y SEÑORES
Firmenich fue el máximo jefe de lo que Perón llamó "formaciones especiales" y de
una juventud que fue "maravillosa" hasta 1973, cuando las aguas se abrieron.
El peronismo retornó al poder en 1973, tras dieciocho años de persecuciones y
proscripciones, de la mano de los sectores juveniles del movimiento. Esta
"juventud maravillosa", como gustaba llamarla el General en la época en que le
era funcional a su estrategia, provenía en muchos casos de hogares
antiperonistas de clase media y había crecido escuchando, en las clases de
Educación Democrática impartidas durante gobiernos dictatoriales, denuestos
contra "el tirano prófugo". Miles de jóvenes se sumaron a las agrupaciones de
base de la Tendencia Revolucionaria, unidades de encuadramiento político
surgidas en torno a Montoneros.
Las organizaciones armadas peronistas, surgidas a fines de los 60, recibieron la
bendición de un Perón que al calor de las barricadas de París ya no denostaba a
los comunistas como en sus discursos de fines de los 40. Ahora hablaba del
socialismo nacional, se lamentaba por la muerte del Che diciendo en una famosa
carta a Ricardo Rojo: "Ha muerto el mejor de nosotros" y le confesaba a Pino
Solanas que "el mejor peronista es el peronista armado" y que "si tuviera veinte
años las bombas las estaría poniendo yo".
Perón llamó a las organizaciones guerrilleras de su movimiento "formaciones
especiales". En el fragor de la batalla probablemente pocos pudieron detenerse a
leer la fuente de la que Perón extrajo este concepto de estrategia militar. Lo
había hecho del libro De la guerra, táctica y estrategia, de Karl von
Clausewitz. Allí su autor las define como grupos de combate creados para cumplir
una misión específica en un espacio y un tiempo determinados. Cumplida esta
misión, debían ser disueltas. Agrega que tiene que quedar claro que son un
elemento subordinado y que deben carecer de toda autonomía. Es notable la
fidelidad de Perón a este punto del pensamiento del gran teórico alemán.
La disputa entre el viejo líder y el ala izquierda de su movimiento estalló tras
el triunfo electoral de 1973 y expresaba la puja de intereses entre quienes le
exigían el cumplimiento de un programa progresista de reconstrucción nacional
plebiscitado en las urnas y los sectores ortodoxos del movimiento, dueños del
aparato sindical y partidario, aliados a los factores de poder, que se
conformaban con una "comunidad organizada" a imagen y semejanza de sus
necesidades.
Analizando los documentos de la época, recordando vivencias personales y a
través de reportajes como el presente, a Mario Eduardo Firmenich, quizá podamos
entender un poco mejor a aquella generación que no tenía nada de ingenua, salvo
que acompañemos al discurso del poder, que confunde maliciosamente ingenuidad
con compromiso político. Y también tenemos el derecho y la necesidad de
preguntarnos si la dirigencia estaba a la altura de las circunstancias, de
aquellas circunstancias probablemente irrepetibles de voluntad de cambios
radicales, estructurales, porque, como dice Joan Manuel Serrat en su canción La
Montonera, "Con esas manos de enjugar sudores, con esas manos de parir ternura,
con esas manos que envolvieron la fe en nuestra primavera bordaba la esperanza
montonera. Qué buen vasallo sería si buen señor tuviera".
Mario Firmenich, el número 1 de la organización, cuenta aspectos hasta hoy
desconocidos del origen y desarrollo del grupo. El secuestro de Aramburu. Un
cuento judío muy premonitorio. El día que López Rega salvó su vida. Ezeiza, la
Triple A y el pase a la clandestinidad. Los dirigentes montos que negaban la
realidad, el Caso Quieto y la pastilla de cianuro.
ENTREVISTA A MARIO FIRMENICH
Por Felipe Pigna, 2002
¿Cuáles son los orígenes de Montoneros?
La organización Montoneros fue la fusión de grupos que habían militado en la
Juventud Peronista de fines de la década del 60, por un lado, y grupos nuevos
que tenían un denominador común: la influencia de sectores católicos
progresistas, que en esa época se llamaban posconciliares, y el peronismo
estrictamente político, por otro lado. Nuestro sector quedó constituido con
Fernando Abal Medina, Carlos Ramus, Emilio Maza, Carlos Capuano Martínez y Norma
Arrostito, entre otros. En su mayoría provenían de la revista Cristianismo y
Revolución y nos habíamos nucleado alrededor del padre Carlos Mugica. Generamos
entonces una propuesta que dio lugar a un proyecto político llamado "Comando
Camilo Torres", y de inmediato "Comando Peronista de Liberación". Ése es el
origen de Montoneros.
También había gente que provenía de la derecha, de Tacuara, como Fernando Abal
Medina y Carlos Ramus.
Ellos habían estado en Tacuara y en la Juventud de la Acción Católica, pero para
ese entonces revistaban en la militancia política y en el centro de estudios de
los jesuitas. Pero recordemos que el jefe de Tacuara era Joe Baxter, que fue el
jefe de la Fracción Roja del ERP. Después te decían "eh, estos derechistas de
Tacuara...". Les respondíamos: díganselo al ERP, porque su jefe fue jefe de
Tacuara. Los otros eran perejiles de Tacuara de 15 años, muchachitos que fueron
a una reunión de Tacuara y que en algún acto habían hecho alguna pintada.
¿En qué contexto es que se decide la lucha armada?
La dictadura autodenominada "Revolución Argentina", que presidía el general Juan
Carlos Onganía, tenía objetivos pero no plazos. En el nivel de los columnistas
políticos de la época se decía que los plazos estaban determinados por la vida
de Perón. Es decir que la dictadura tenía que durar hasta que Perón se muriera.
No había disposición del establishment a permitir la democratización real del
país, de modo que lo que vivíamos era la proscripción sistemática de la mayoría
nacional, proscripción política que tenía connotaciones claramente clasistas,
claramente raciales, porque los pobres de nuestro país son los cabecitas negras.
Era una situación bastante similar a la que se vivía en Sudáfrica antes de que
terminara el apartheid y que Mandela accediera a la Presidencia.
¿Cuál fue el objetivo de ustedes al secuestrar a Aramburu?
De carácter histórico. Y yo lo pondría no sólo a nivel de lo que fue el 55 y la
desaparición del cadáver de Evita, también lo pongo a nivel del asesinato de
Dorrego, porque así lo pensábamos. Nuestra formación política tenía mucho que
ver con el revisionismo histórico y nuestra visión de la lucha política tenía la
dimensión de la historia, más que coyuntural. De modo que para nosotros, cuando
fuimos a organizar el secuestro y la detención de Aramburu, el tema central era
-y de ahí la elección del nombre- que nos parecía imperioso que en Argentina
desapareciera la impunidad histórica del bando liberal, es decir, la impunidad
de la oligarquía.
En los interrogatorios que le hicieron a Aramburu, ¿le preguntaron por la
ubicación del cadáver de Evita?
Sí, y no recuerdo si dijo "Italia". Lo que sí recuerdo que dijo fue que la
documentación estaba guardada en una caja de seguridad del Banco Nación, y llegó
a dar el nombre de Cabanillas, que después, cuando le entregaron el cadáver a
Perón, efectivamente apareció.
¿Y no los sorprendió a ustedes encontrarse con un Aramburu distinto al que se
imaginaban?
Sí. Era otra cosa, era una persona, no un mito, que estaba negociando con
algunos sectores cercanos al peronismo. En un manuscrito nos describió
respetuosamente como un grupo de jóvenes peronistas, profundamente equivocados,
pero idealistas. Y dijo una frase más o menos así: "Esto confirma mi opinión de
la necesidad de una apertura política; en caso contrario, el peronismo entero se
volcará a la lucha armada". Su salida no era una propuesta progresista, sino
preventiva.
¿Para ustedes Aramburu estaba condenado desde el momento del secuestro?
Nosotros no hicimos un juicio, no constituimos un tribunal, no deliberamos una
sentencia. La sentencia estaba escrita y en este sentido, a pesar de que se
enojen los gorilas, era una sentencia del pueblo peronista. Y en nuestro
fundamento histórico era mucho más que el pueblo peronista, era el pueblo
montonero, rosista, federal.
¿Cuándo y en qué circunstancias lo conoció a Perón?
Fue en Roma, en abril de 1973. Yo estaba con el Negro (Roberto) Quieto y Roberto
Perdía. Era la primera vez que Perón veía a Cámpora después de que hubiera sido
electo. Nos habían dicho que Perón se había ido a Roma a recibirlo a Cámpora
porque no quería darle a Francisco Franco el privilegio de que España fuera el
primer país visitado por el electo presidente peronista.
Perón no se llevaba muy bien con Franco...
Así como admiraba a Mussolini, no admiraba a Franco.
¿Cómo fue el primer contacto con él, digamos, cuando Perón los recibe?
López Rega nos recibió en la puerta y nos fue hablando pestes de Cámpora,
diciendo: "Nosotros tenemos que decirle todo esto al General en presencia de
Cámpora". Supongo que pensaría que éramos más tontos de lo que parecíamos. Era
evidente que la conspiración contra Cámpora estaba en marcha. Nosotros hablamos
bastante bien de Cámpora y el Tío nos despidió con un beso a cada uno.
¿En algún momento Perón reconoció el papel de ustedes en la Resistencia, el
papel de "los muchachos"?
Fueron varios días de conversaciones. En realidad, en el último día Perón nos
contó un cuento. Nos dijo: "No sé si ustedes saben que las familias judías,
cuando los hijos varones cumplen 13 años, les dan una fiesta especial, un regalo
especial, porque se considera que el niño se convierte en hombre. Entonces había
una familia judía en la cual, en estas circunstancias, el padre le dice al hijo:
'Samuel, andá a buscar las escaleras, subite arriba del ropero porque en el
techo del ropero está tu regalo de 13 años'. Y el chico va encantado, con una
enorme sonrisa, a buscar la escalera. Se trepa arriba del ropero y cuando está
ahí, mira y dice: 'Papá, no hay nada, acá no hay nada'. Entonces el padre, que
estaba abajo, mirándolo, le quita la escalera y Samuel se da un brutal golpazo.
Cuando el chico está dolorido y, más que dolorido, desconcertado en el piso, el
padre lo mira y le dice: 'Samuel, hijo mío, el regalo es que aprendas a no
confiar ni en tu padre'." (risas).
Premonitorio...
Premonitorio, sí, y uno podía elucubrar múltiples interpretaciones. ¿Qué habrá
querido decir? Montones de conjeturas, hasta que poco tiempo después se produjo
la expulsión de Galimberti, y entonces dijimos: muy simple, nos quitó la
escalera.
¿Y después del "chiste" siguieron las largas conversaciones?
Sí, largas. Con Perón no entrabas a negociar tan fácilmente, él hablaba y había
que escucharlo y esperar a que respirara. Entonces, cuando respiraba, uno
largaba su propio discurso hasta que retomaba la palabra. Nosotros llevamos
planteamientos políticos a los cuales él no sólo no nos decía que no, sino que
sí. Le planteamos que no se podía repetir el 55, que había que profundizar el
proceso. Entonces terminaba diciéndonos que iba a mandar una ley al Congreso
para que cada obrero tuviera un arma en su casa. Y que nosotros, que ya teníamos
experiencia en estos casos, seríamos los encargados de organizar las milicias
populares. Nosotros no fuimos a proponerle a Perón las milicias populares, sino
que, en todo caso, fue al revés.
O sea que aquella frase de Galimberti sobre la necesidad de armar milicias
populares -que le valió la expulsión- no fue una locura suya, estaba citando al
General.
Y a Evita. Pero después nos quitó la escalera.
¿Qué papel cumplieron los matones de José Rucci, José Rodríguez, del SMATA, y
los de López Rega, respectivamente, en el palco de Ezeiza?
De los grupos armados que estaban desde antes, el más fuerte de todos era el de
SMATA, que tenía pretensiones de autonomía con respecto a Lorenzo Miguel. Pero
los tipos que aparecen con carabina en los palcos son toda gente de López Rega.
¿Con qué armamento fueron ustedes a Ezeiza?
Fuimos con armas cortas. No hubo ninguna directiva de ir armado... es que
normalmente la gente iba armada. El activismo iba armado, el nuestro, el del
Comando de Organización, cualquiera. En este sentido, en Ezeiza debió haber
muchísima gente armada, pero en proporción poquísima: para dos millones de
personas habrá habido 5 mil armados. Nadie fue preparado para esa guerra, los
únicos que tenían un arsenal eran los que estaban en el palco.
Perón no tuvo ninguna duda en echarles la culpa a ustedes por los hechos de
Ezeiza.
Sí, fue muy claro, dijo "la juventud está cuestionada", nos echó la culpa. Era
la información tendenciosa de López Rega y de los medios que tampoco eran muy
favorables a nosotros.
Una cosa que llama la atención siguiendo la línea editorial de El Descamisado y
las publicaciones de la organización, es cierta negación de la realidad: por un
lado los hechos, y por el otro, la interpretación. Le doy dos ejemplos: la
movilización de 150 mil militantes a la residencia de Olivos para enfrentar a
López Rega, Perón que manda a López Rega a hablar con Dante Gullo y El
Descamisado que titula "Rompimos el cerco del Brujo López Rega". ¿Cómo lo ve
usted?
Bueno, había ahí dos líneas diferentes de la realidad: ambas coexistían, y había
una dinámica de la realidad. Por un lado, nosotros sabíamos que Perón nos había
sacado la escalera pero no lo podíamos decir así como así.
¿Por qué no lo podían decir?
Porque no era creíble, había que hacer un proceso político, de discusión
política, para que toda aquella masa militante comprendiera la nueva situación.
¿Y no hubiera sido más sano eso?
Hay dos famosos boletines internos posteriores a Ezeiza que plantean que el
objetivo de Perón era aniquilarnos y están las charlas a los frentes que doy yo
en el 73, en el mes de septiembre, una de las cuales se desgrabó y se distribuyó
como boletín interno muy profusamente. Yo planteé los ejes de contradicciones
que teníamos con Perón. A raíz del boletín interno número dos, Perón citó a Juan
Manuel Abal Medina y lo puso en conocimiento de esto y le dijo: "Lea esto usted,
donde me están tratando a mí como enemigo". Nosotros no lo tratábamos a Perón
como enemigo sino que él nos trataba como enemigos a nosotros. Por un lado,
estaba esto, y por otro lado, había una línea que negaba la realidad
políticamente o quería disimularla.
¿Pero la quería disimular porque no le gustaba y le dolía, o porque no era
políticamente correcto en ese momento?
Creo que por las dos cosas, con argumentos de las dos cosas. Y esta línea tiene
nombre y apellido propios: Gullo y Obeid.
¿Pero hasta qué punto los jefes de la JP Regionales tenían autonomía frente a
usted y a la conducción de Montoneros?
Digamos que no tenían jefatura, pero tenían autonomía.
Hay otra tapa famosa de El Descamisado, tras un discurso muy crítico del General
contra ustedes, con el título: "Perón fijó el objetivo, guerra al imperialismo
yanqui". ¿No era una forma de negar la realidad, una negación que hizo mucho
daño y costó muchas vidas?
Bueno. De ninguna manera era negar la realidad, era una actitud política...
Formaba parte de la discusión política, es verdad que existía en muchos
compañeros el mecanismo del pensamiento mágico, del razonamiento mágico.
¿Perón los quería aniquilar?
Yo no le adjudico a Perón la estrategia de querer exterminarnos físicamente
porque era demasiado inteligente para hacer eso.
¿Hasta qué punto a alguien como Perón se le puede pasar por alto la existencia
de la Triple A y que su secretario privado sea su jefe?
La composición que me hago es de un hombre que analiza el mundo y retorna a su
gobierno evidentemente con negociaciones con los poderes establecidos de por
medio. Por ejemplo, el lugar donde Perón nos recibió a nosotros en Roma era
frente a la embajada yanqui; años más tarde trascendió que eran las oficinas de
Licio Gelli. En todo caso, la Triple A era una organización que respondía a un
poder con el que Perón había negociado y sobre el cual no tenía capacidad de
control. De ahí a que Perón formara la Triple A, es otra cosa. No es que no lo
supiera.
Pero ya estaba muy activo el CdeO, que era una especie de ensayo de la Triple A.
Bueno, pero es distinto, porque desde ese punto de vista Perón lo que podía
entender es que había fracciones ideológicas del movimiento enfrentadas y que
todas eran combatientes y todas armadas. Que es otra lógica de la cuestión.
Tengo a los Montoneros, tengo al CdeO, tengo a las patotas sindicales, tengo a
la Guardia de Hierro, distintos sectores, los caudillos provinciales y todos
armados, acá son todos beligerantes. Y Perón esto lo trataba en los discursos,
hablando de no sé qué emperador de Prusia...
Federico El Grande, que tenía que desarmar a los ejércitos después de la
guerra...
Claro, entonces Perón trataba así esta problemática de que había llegado al
poder con una fuerza beligerante, heterogénea, multitudinaria, con distintas
fracciones ideológicas y todos armados, y que después cada uno quiere conservar
su poder y ninguno está dispuesto a dejar las armas, y siguen enfrentados
ideológicamente. O sea, ésta es una dinámica política distinta de lo que es la
Triple A, que no es ningún sector político del movimiento. López Rega no es
esto, es otra cosa. López Rega es un eslabón de negociación con la CIA.
¿López Rega nunca fue un blanco militar para ustedes?
Sí, pero era imposible.
¿Hubo atentados contra él?
Hubo intentos, planificaciones... Era un blanco: el día que se fue del país
estaba planificado un atentado. Esto venía de antes, se logró montar un
operativo, pero cambió de ruta.
Por aquel entonces se cantaba "Perón, Evita, la Patria Socialista". ¿Perón evitó
la Patria Socialista?
No, yo creo que la Patria Socialista era inviable por la voluntad social. Creo
que la sociedad argentina es muy conservadora. O sea que hasta el modelo más
light de socialismo, si uno pudiera haberlo considerado y no digo la
estatización total de la economía ni mucho menos, no tenía consenso social en
Argentina como para ejecutarse. Perón no era socialista, esto está claro.
¿Qué pasó el 1º de mayo del 74?
Como Perón sabía cuál era nuestra posición, pretendía impedir por vía
administrativa la expresión de nuestros planteos. Tomó la disposición de que no
se podía ir con banderas políticas a la Plaza de Mayo el 1º; en cambio sí se
podía ir con banderas sindicales, lo que era una manifiesta parcialidad a favor
del sector ortodoxo. Nosotros recurrimos a la vieja imagen del caballo de Troya.
Dentro de los grandes bombos con los que se accedía a la Plaza de Mayo llevamos
banderas, aerosoles, letras de las insignias que queríamos poner y concurrimos
con grandes banderas argentinas sin inscripciones. De modo que los de la valla
policial tuvieron que dejarnos pasar porque nuestra única identificación eran
banderas argentinas. Pero una vez adentro de la Plaza, cuando Perón salió al
balcón, las banderas argentinas súbitamente se convirtieron en banderas con las
inscripciones políticas que habitualmente llevábamos a todas las movilizaciones.
Esto enardeció a Perón y reaccionó emocionalmente, reaccionó con insultos que no
forman parte del discurso político. Esto desencadenó una tragedia, una batalla
campal entre la media plaza que decidió retirarse con los compañeros que eran de
nuestro sector y la media plaza que quería quedarse, que era el sector ortodoxo.
O sea que el acto duró escasos minutos y en buena medida este hecho fue tomado
por la estrategia represiva sobre la cual se desarrollaría el "Proceso de
Reorganización Nacional" para profundizar el aislamiento político de los
militantes montoneros, con el objetivo de procurar consenso social para el
exterminio físico. Incluso hubo un documento reservado del senador Martiarena,
que era el presidente del Partido Justicialista en aquella época, donde
exhortaba al exterminio físico de nuestro sector, adelantándose a la Triple A.
¿El pase a la clandestinidad fue un error político y estratégico?
Lo único que podíamos esperar con la muerte de Perón y con el poder en manos de
Isabel y López Rega era que llegara el golpe de Estado en donde nosotros
seríamos las principales víctimas. Cualquier hombre de la calle decía que el
golpe llegaría en tres meses. De modo que antes de esos tres meses nosotros, que
veníamos siendo violentamente atacados, con compañeros muertos todos los días,
decidimos preservarnos y pasar a la clandestinidad. Y ése fue un grave error
estratégico y político porque nos privó de consenso y de apoyo político, lo que
agudizó el aislamiento.
¿Qué
pasó con Roberto Quieto?
Roberto Quieto era el máximo referente de las FAR, que fue la última
organización que se fusiona dentro de la organización Montoneros y llegó a ser
el número tres, pero públicamente era el número dos, por ser el jefe de las FAR.
En 1975 fue detenido, desapareció y no hubo más cómo ubicarlo. Fue sometido a
las peores torturas que uno se pueda imaginar. Nosotros no tuvimos nunca más
información de él, pero sí tuvimos evidencia de delaciones de él durante la
tortura. Cayeron en casas conocidas por él y éste fue un impacto político y
emocional muy fuerte para nuestra fuerza. Nuestra fuerza proponía una sociedad
que construyera un hombre nuevo y ese hombre nuevo era el futuro de la sociedad.
Y se suponía que los militantes revolucionarios tenían que aproximarse o ser
casi ese hombre nuevo. De modo que la evidencia de un quiebre en la tortura de
un cuadro de la jerarquía de Quieto ponía en crisis estos conceptos. Cómo era
posible que aquel que tenía que ser el hombre nuevo pudiera cantar en la
tortura. Nosotros establecimos un juicio en ausencia a Quieto, que fue condenado
por cantar en la tortura, condenado por delación.
¿A partir de este episodio comienza la utilización de la pastilla de cianuro?
Entonces, a raíz de ese proceso, nosotros decidimos establecer que los medios de
conducción no tenían que ofrecer el margen de la delación en la tortura y la
única forma de evitar eso, pues nadie puede garantizar antes de pasar por la
tortura que no va a hablar, era morir antes de la tortura. Y allí fue que se
estableció para los miembros de la conducción la obligatoriedad de la pastilla
de cianuro, para no entregarse vivo. Porque uno podía estar armado y combatir,
pero eso no garantiza que no caigas vivo. De modo que establecimos la pastilla
de cianuro. La conducción recibió una crítica generalizada de la organización. Y
la crítica consistía en decir que se establecía un privilegio para los miembros
de la conducción. Los miembros de la conducción teniendo pastillas de cianuro
tenían el privilegio de no ir a la tortura y el resto de los militantes no
tenían esos privilegios. Y entonces se decidió generalizar la pastilla de
cianuro para evitar la delación en la tortura.
A usted se lo acusa de haber mandado al matadero a lo mejor de una generación de
argentinos.
Es la teoría del flautista de Hamelin según la cual yo era una especie de
flautista de Hamelin ideológico y los demás eran ratas que seguían la flauta y
se suicidaron. Esto es absurdo e injusto para con nuestros muertos. Una
organización clandestina debe contar con el consenso explícito de sus
militantes, minuto a minuto. No hay nada más fácil que desertar de una
organización clandestina: con no concurrir a una cita y separarse de la
organización, eso es todo lo que hay que hacer.
A veces no era tan fácil. ¿Por qué la organización no invirtió más recursos
humanos y económicos en preservar la vida de sus militantes?
La estrategia nuestra no era salvar gente. Si hubiésemos tenido esa estrategia,
directamente no empezábamos. La estrategia era transformar la estructura del
poder en Argentina, no salvar gente. Desde el punto de vista de la preservación
se hizo todo lo posible. Pero una cosa es el punto de vista de Amnesty
International, que es una organización humanitaria, y otro el de una
organización revolucionaria.
EL TESTIMONIO DE FERNANDO VACA NARVAJA
CRÓNICA DE UN DÍA CLAVE
Ciertos relatos históricos tienen un valor relevante cuando lo producen sus
protagonistas. Es el caso de esta columna escrita por Vaca Narvaja, uno de los
máximos dirigentes montoneros, sobre el día que el General Perón los expulsó de
la Plaza de Mayo.
"El 1º de mayo de 1974 es una fecha muy importante, clave para entender muchas
cosas que ocurrieron después. Creo que nosotros fuimos a ese acto conscientes de
que la relación con Perón estaba rota y de que debíamos evitar un enfrentamiento
civil. Cuando sale Isabel y lo anuncia a López Rega, la gente empieza a gritar:
"No queremos carnaval, asamblea popular". Además se generó un hecho político
inédito en la historia: no conozco a ningún líder de la envergadura de Perón al
que se le vaciara la mitad de la Plaza. A punto tal que cuando habla Perón
nosotros estábamos justo al lado de lo que era el Comando de Organización (CdeO)
y empezamos a recibir los primeros palazos y piedras e hicimos como una especie
de grupo de contención. Nosotros, que veníamos bien estructurados, logramos
contener el primer hostigamiento. Cuando Perón dice "imberbes, estúpidos", la
gente se nos va, se empieza a retirar. Nosotros teníamos un carnecito color rojo
o rosado, que era de los jefes de columnas, y tengo que empezar a mostrarlo para
poder ponerme a la cabeza, porque ya estábamos con la mitad de la Plaza vacía,
para volver a asumir el mando de nuestra gente. Cuando estábamos bajando por
Callao hacia el Bajo, hago parar la columna para que los compañeros vean la
dimensión de los que nos estábamos yendo, que era impresionante. Y al mirar
hacia arriba veo a la gente de los balcones de Callao y Alvear contenta,
sonriendo. Digo: "Si estos tipos están contentos, es porque está todo mal".
Bueno, nos fuimos muy precavidos porque de hecho teníamos una emboscada en la
Facultad de Derecho, que era donde estaba el punto de concentración de todas las
columnas del interior. Cosa que era efectivamente así, y eso lo paró Perón.
Luego, hablando con Oscar Alende, nos cuenta que después de que Perón concluye
su discurso y entra a la Casa de Gobierno, Alende le dice: "Pero, General, ¿qué
pasó con la juventud?". "Bueno -le dice Perón-, de vez en cuando hay que darles
un tirón de orejas a los jóvenes, pero no es nada." Y lo agarra a López Rega y
le dice: "No quiero que ocurra absolutamente nada y usted es el responsable". Si
Perón no le hubiese dicho eso a López Rega, nos esperaba una masacre... se
repetía en la Facultad de Derecho la masacre de Ezeiza. Yo creo que Perón no
conocía los movimientos de López Rega, pero sí podía conocer la tendencia de lo
que estaba haciendo López Rega. Y si lo conocía no lo quiso ver, lo intuía pero
no lo quería ver. Esto no significa que López Rega no hubiera tenido autonomía
para determinadas cosas. Perón siempre se movía en la conducción sobre hechos
producidos, concretos. No es que especulara en eso. Y tenía una gran facilidad
política y una capacidad como para conducirse sobre los hechos. Entonces, creo
que debe haber sobrestimado su propia capacidad para manejar la situación,
porque de hecho los acontecimientos se le fueron de las manos."
EL DOBLE DISCURSO DEL GENERAL
Entrevistado para la serie de documentales Historia Argentina, el Director del
Centro de Estudios y Documentación de la Izquierda Argentina, Horacio Tarkus,
analiza el surgimiento de las organizaciones guerrilleras en el país y la
relación de Montoneros con Perón.
El surgimiento de las organizaciones político-militares en Argentina no debería
sorprender. Yo diría que ha sido el resultado necesario de un prolongado proceso
de crisis de legitimidad, producto de la sucesión de gobiernos ilegítimos,
proceso que se acentuó con la proscripción del peronismo hasta 1973. Esos
gobiernos se vieron obligados a recurrir a las fuerzas de represión, lo que dio
a las Fuerzas Armadas un poder creciente. Entonces este elemento de crisis de
legitimidad, de recurrencia crónica a la violencia va a desembocar en un proceso
de luchas obreras, cuyo pico más alto lo representó sin dudas el llamado
Cordobazo, junto con toda una cantidad de luchas que se gestaron a fines de la
década del 60 bajo el gobierno de la llamada "Revolución Argentina", con la
dictadura del general Juan Carlos Onganía. Muchos sectores de la izquierda
llegaron a la conclusión de que la única forma de romper esta trampa de los
regímenes constitucionales ilegítimos o los gobiernos militares era a través de
la lucha armada. "Responder a la violencia de arriba -como se decía en la época-
con la violencia de abajo." Para los sectores dominantes la única forma de
frenar este proceso de radicalización de masas, de sectores estudiantiles, de la
intelectualidad, de la pequeña burguesía hacia las organizaciones de izquierda y
en buena parte hacia las organizaciones de lucha armada, era el retorno de
Perón. De algún modo el retorno de Perón le va a poner el primer cierre a este
proceso de radicalización. Este General Perón que desde el exilio había dado su
visto bueno, su guiño a la emergencia de organizaciones armadas como elemento de
presión sobre los distintos gobiernos argentinos, va a volver con un discurso de
desarme, de reconciliación nacional, de pacificación. Va a abandonar su vieja
jerga antipartidista y antipolítica y a rehabilitar las instancias políticas,
las instituciones, la defensa de la Constitución, la defensa de los partidos
políticos, y de algún modo intentará instrumentar un pacto social, un proceso de
unidad nacional y enfrentará a una izquierda tremendamente radicalizada.
Paradójicamente, buena parte de la izquierda comprometida en la lucha sentida
por muchos sectores y vivida como una reivindicación democrática que era el
retorno de Perón, comprobó que ese retorno significaba una derrota política para
estas opciones radicalizadas que se venían gestando desde el Cordobazo hasta el
73. No es casual que las organizaciones de izquierda se vieran ante el dilema de
subordinarse a la política peronista o presentar candidaturas propias sabiendo
que iban a ser proyectos políticos a contracorriente y que iban a ser
expresiones políticas minoritarias. De algún modo la izquierda peronista queda
atrapada dentro de la lucha interna que se empieza a desatar en el frente
peronista. Al mismo tiempo, las distintas expresiones de la izquierda más
radicalizada, digamos de la izquierda clasista, acompaña un proceso de
radicalización de la clase trabajadora, que presiona por izquierda el pacto
social y termina rompiéndolo. Pero que se ve siempre limitada en sus luchas por
la acción de una poderosísima burocracia sindical. Es muy claro cómo a partir
del año 74, y llegando a las huelgas de junio y julio de 1975, con el Rodrigazo,
hay un proceso de desbordamiento por izquierda por parte de una nueva camada de
dirigentes sindicales que cuestionan a la vieja burocracia sindical. En este
punto corresponde decir que la emergencia de fenómenos nuevos como las
coordinadoras interfabriles intenta poner en cuestión este orden, pero los
procesos son muy precipitados. A partir de 1976 se produce una recomposición
profunda de la sociedad argentina, semejante, en cuanto hito, a la que se había
producido a partir de los años 30. Otra vez las izquierdas se instalan en la
nueva realidad de los años 80 con el viejo paradigma nacional populista y otra
vez pagan cara su incomprensión de la nueva realidad que se había instalado,
porque en esas circunstancias históricas el propio peronismo se había
transformado en algo muy distinto. Menemismo mediante, había ido dejando atrás
todo su viejo nacional populismo. Todavía hoy nos encontramos con una izquierda
que sigue pensando en los viejos términos nacionalistas estatistas.

Miradas sobre los setenta: una polémica 20 años después*
María Sondereguer** / Renata Rocco‑Cuzzi***, 1997
Los revolucionarios aman la época que les tocó vivir, porque es su patria en el tiempo.
León Trostsky
Durante los años de la dictadura, como consecuencia de la violación de los derechos más elementales en un régimen generalizado de terror, la resistencia planteada desde los organismos de derechos humanos y su reclamo por los desaparecidos, por el derecho a la vida, articuló un espacio desde donde se reconstituyó la idea de un sujeto de derecho que fue luego sostén de la refundación política en la Argentina. 1 La reivindicación de la existencia misma de ese sujeto, operando como el más claro índice de discontinuidad con la dictadura, colocó toda otra reivindicación en el lugar de la repetición del pasado, legitimó así un discurso sobre lo posible, y obturó con el relato del horror todo otro relato de unos hechos ‑la experiencia social y política de la primera mitad de la década del setenta‑ que, en ese entonces, pertenecían todavía al presente.
Pero cuando el domingo 7 de abril de 1996, el diario Página/ 12 publicó dos artículos firmados por Miguel Bonasso y Gabriela Cerruti 2 –a raíz del estreno de "Cazadores de Utopías", de David Blaustein- con el objetivo de participar de un "debate sobre la memoria, los montoneros y el futuro", las primeras grietas en este dispositivo de interdicciones ya habían comenzado a manifestarse. Ambas notas, situadas dentro de la trama de legalidades y tabúes que los últimos años fueron tejiendo, actuaron como disparadores de una polémica que superó los límites de la crítica a una producción artística. Las respuestas de Susana Viau y Ernesto Villanueva el 16 de abril; las de Uriarte, Forn, Schapces, Nora Cortiñas el 21, y las de Baschetti y Lipscovich el 28 del mismo mes profundizaron ese gesto. 3
Con la polémica, y con las inquietudes que revela: con sus luchas, victorias, azares, restricciones, intentaremos dialogar en estas páginas. Ciertos discursos valen como signo o manifestación de adhesión -de clase, de interés, de rebelión, de resistencia- y muestran las posiciones de quienes los enuncian. 4
Al iniciar su nota, entre los muchos modos en que se puede plantear un comentario, Bonasso elige la figura de la hipérbole:
[...] En la vereda de Carlos Pellegrini al 600 –escribe- frente al cine Maxi, donde exhibían "Cazadores de Utopías" de David Blaustein, hubo escenas que parecían arrancadas de "Veinte años después": antiguos mosqueteros y mosqueteras se reconocían pese a las arrugas y las canas, saltando en un abrazo reparatorio un abismo de años cavado por las cárceles, los destierros y la diáspora que engendra toda derrota, Pocas horas más tarde, el fenómeno se multiplicaba y alcanzaba el éxito de los grandes números, en la Marcha del 24. 5
Construyendo su reverso -el relato ya tiene sus héroes y, porqué no, también su moraleja- Gabriela Cerruti invierte los sentidos de la metáfora: "Toda una proeza" –dice- y sus palabras proponen una refutación. Suponen una réplica y anticipan una réplica. No sólo cuestionan aquello que se dice sino a quienes lo dicen, A través del sarcasmo intenta una desmitificación, pretende una suerte de desocultamiento. "Toda una proeza: una película de más de dos horas sobre la historia de los montoneros sin nombrar ni una sola vez a Mario Eduardo Firmenich, ni a Rodolfo Galimberti, ni a Roberto Perdía o Fernando Vaca Narvaja". 6
Los comienzos demarcan posiciones, instituyen lugares. Si para Bonasso, veinte años después del golpe del 24 de marzo de 1976, "ese formidable impulso colectivo, negador del fin de la historia y de las teorías bidemonológicas que oscurecieron los años de la democracia, sigue allí", para Cerruti, el documental encierra "proezas" varias, y "jeroglíficos para iniciados", y en el mismo movimiento, el sarcasmo interpela con signo negativo y plantea un desafío: "El mito de los años dorados [...] es la forma de escapar a la discusión verdadera de errores y aciertos".
Cerruti utiliza la ironía para descalificar esas voces que, en el film, enuncian su verdad de protagonistas, aquello que Bonasso designa ‑y legitima‑ como "epopeya montonera" y que Blaustein constituye en estrategia básica de su relato. Es que si Cerruti señala sarcásticamente que es toda una proeza que en una película de más de dos horas no se nombre ni una vez a Firmenich, Vaca Narvaja o Perdía, interpretando esas omisiones como un silencio vergonzante destinado a falsear la historia, y algo de eso puede ser cierto leído desde los noventa, sin embargo, nos parece más atinado entender ese gesto como la táctica más globalizadora de la película: otorgar la voz a los cuadros medios es darle la palabra al pueblo, un pueblo que cuenta su historia. El film se propone, entonces, como una epopeya que, en el polo opuesto a lo que entiende Cerruti, lejos de falsearla, cuenta la verdad de la historia.
Pero volviendo a la ironía de Cerruti, en esa doble voz desnuda una ambivalencia que recorre todo el texto y que quizás en ninguna otra frase queda tan claramente explicitada como cuando dice: "Toda nuestra veneración y envidia a esa historia", y la afirmación no es en absoluto inocente. Como en toda ironía, "veneracion y envidia" pueden leerse en la línea del sarcasmo pero también al pie de la letra, Entre la adhesión y el rechazo, el texto delata un malestar: no haber pertenecido a la generación que aparentemente interpela.
El artículo delimita un blanco doble: "ellos" son los iniciados. El haber pertenecido los distingue, instala una disimetría respecto de un nosotros" inclusivo que señala a los otros, los excluidos; los que desconocen las referencias: la contraofensiva, la píldora, las células, Taco Ralo; 7 los que no estuvieron ahí, y no saben si era "maravilloso" o "insoportable".
Ese nosotros atraviesa el texto y contiene una autorrepresentación generacional: "Los gloriosos años setenta son el karma de las generaciones posteriores" afirma Cerrutti‑. Pero la discordancia léxica produce un deslizamiento de sentido que recoloca el valor asignado a los distintos interlocutores.
"El peso de las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos" (y aquí no te cito, cito a Marx)", responde Viau, y la réplica legítima a los "otros" y permite cifrar una genealogía: son ellos, "los más viejos" (Villanueva). Los lugares desde donde se habla determinan la "moral" de los enunciados. Si la polémica reposiciona aliados y adversarios, la constitución de un "ellos" y un "nosotros" logra condensar en sus desplazamientos los puntos de fricción y de encuentro, las vacilaciones y las certezas.
"No se puede plantear ningún debate sin dejar sentado que ellos eran mucho mejores que los que vendrían después" -continúa Cerruti. Y concede: "Desde el dolor o la compasión, todos querríamos que esos jóvenes valerosos e idealistas estuvieran vivos. Quizás este país sería distinto".
Sin embargo, ese todos compasivo -que nos implica en el texto con toda su fuerza persuasiva- es también artificio retórico en Cerrutti cuando, en la conclusión de la nota exaspera su argumentación; 8 la descalificación por el absurdo expulsa a "ellos" de toda posibilidad de comunión: "Visto desde hoy, cualquiera tiene derecho a preguntarse si no es legítimo discutir cómo hubiera sido un país con Mario Firmenich de presidente y Rodolfo Galimberti de jefe de la SIDE". 9
Otras colocaciones, otros nosotros fundan significados opuestos. A propósito, es posible armar tres grandes lugares de enunciación: el de los protagonistas (Bonasso, Villanueva, Viau, Uriarte); el de los no protagonistas (Cerruti, Schapces, Baschetti, Forn) y el de los que no se proponen como ni una ni otra cosa (Cortiñas, Lipcovich). La pertenencia a un grupo no presupone puntos de vista homogéneos; el discurso de Uriarte es el revés de la trama de los discursos de los protagonistas, en tanto pone en negativo todo lo que resulta positivizado en los otros. "Los Montoneros no eran 'cazadores de utopías' -cualquier cosa que sea lo que quiere decir esto- sino una banda de irresponsables violentos a los que me tocó ver disolver a cadenazos las asambleas universitarias que les eran hostiles". Uriarte es juez que dictamina sin el menor asomo de problematización. Nada hay para ser revisado: "En el clima ideológicamente exasperado de esa década -que no fue gloriosa sino una carnicería-, "una época en la que todo se dirimía a tiros", él posee todas las respuestas que reclama Cerruti (obviamente no sobre la película, sino sobre el período histórico), Pero, además, sostiene esas respuestas con un plus; él no es hijo ni hermano menor, en el "me" se define como coetáneo, él vio, él no reclama -como Cerruti- que los sobrevivientes le den una respuesta que no puede alcanzar por sí mismo.
Entre los setenta y los noventa, entre jóvenes y viejos, entre los chicos actuales y los revolucionarios de dos décadas atrás, se trazan algunos ejes de la disputa: solidaridad vs. individualismo; pasión vs. facilismo. Pero no sólo eso. Si la injuria en Uriarte fractura el topos generacional e instala un "yo" que pronuncia su sentencia: "Los Montoneros eran un movimiento del desborde que llevaba incorporada en su propia mecánica la cláusula de su destrucción", la respuesta de Nora Cortiñas explícita un nosotros que integra a ese todos y se sitúa por fuera de aliados y adversarios: la reconstrucción de la historia, de cualquier historia –afirma- no es patrimonio de nadie, se hace con el aporte de todos los que buscan la verdad, la hayan vivido o no". "Entender esa historia", es decir, narrarla, otorgarle un sentido, es la única certidumbre que soporta las réplicas de los distintos interlocutores. Entre los setenta y los noventa, el artículo de Pedro Lipcovich lo coloca por fuera de la polémica a la que, además, pretende clausurar. Como un historiador -en el sentido en el que lo entiende Hayden White-,10 él rechaza cualquier construcción de un "nosotros", pero en cambio, dibuja dos "ellos": el de un presente abigarrado de "grupos solidarios donde caben travestis, amas de casas suburbanas, organizaciones de discapacitados, habitantes de asentamientos precarios..." en fin, vecinos que "no creen que su vecindario es más valioso que otro"; el segundo "ellos" es el de los miembros de grupos militantes de los setenta. La duplicación en sí es una toma de partido que salda la polémica al ubicar en el pasado a los "compañeros o militantes [...] de los tiempos que fueron". Si el tema es el de la solidaridad, en la narración de los hechos que hace Lipcovich ninguno de los dos grupos es mejor que el otro, sino simples protagonistas de las distintas épocas que les tocó vivir.
¿Algo para recordar?:
Quizás ahora que ya saldaron esa deuda con ellos mismos haya llegado por fin el momento de encontrar una manera un poco menos apasionada y parcial de que nos ayuden -a nosotros, a los otros- a entender esa historia, dice Cerruti al cerrar su texto. Y Viau es la que más abiertamente recoge el guante del desafío, cuando al final del suyo retorna las palabras de Cerruti y las califica de "atinada exigencia final". Sin embargo, en un doble movimiento impone sus propias condiciones para ser una de las tantas Beatrices que reclaman las nuevas generaciones:
Con una salvedad ‑dice‑, no fue el exceso sino la falta de pasiones la que ha ido transformando esa pequeña historia en algo incomprensible: el haber tenido que descifrarla, repensarla o padecerla (según se vea) desde las aguas turbias de un lugar (y un momento) en el que los grandes edificios que se conocen son ‑como decía Bertolt Brecht‑ los que un hombre puede construir por sí mismo. Y en esa sola frase sintetiza dos de los presupuestos setentistas más importantes: la pasión como disparadora de la acción y la solidaridad como isotopía de época, contrapuesta al individualismo de los tiempos presentes.
Como en los discursos sociales que van emergiendo a partir del corte histórico que se produce con el fin de la dictadura, la palabra "memoria", "el intento de reconstruir una historia", afloran una y otra vez en los contenidos de la polémica, en los títulos, volantas y copetes que enmarcan ese corpus desde la acción de uno de los tantos "otros", el editor, que a su modo participa en su constitución.
Sin embargo, pese a tanta proliferación, la primera y más elemental pregunta que cabría hacerse es si los textos admiten que hay algo para recordar, más allá de que su sola existencia es la prueba más contundente de una respuesta por el sí. Porque no se puede obviar que quien abre el fuego (Cerruti) lo hace desgranando una serie de preguntas que bien cabe calificar de certeras:
¿Valió la pena? ¿Era maravilloso o era insoportable? ¿O lo valioso duró apenas dos años? ¿Cuánto tiempo vamos a pasar añorando aquellos dos años sin pensar en el costo que hubo que pagar por esos veinticuatro meses de gloria?
Porque si todas las primeras preguntas citadas tienen un tufillo a interrogación vicaria o retórica, la última tiene un poder de condensación increíble: acota el tema de la nostalgia (que en la explicación de la experiencia setentista no se agota en la respuesta de "que todo tiempo pasado fue mejor") y lo hace a un punto tal que la propia Cerruti se incluye al utilizar la primera persona del plural, y formulando nuevamente la primera pregunta acerca de sí la experiencia valió la pena, que es, en definitiva, la que se hicieron todos aquellos que creen haberla respondido al tachar a los militantes setentistas de "enamorados de la muerte" con todas sus variantes posibles, Los mismos que intentaron poner el punto final no sólo mediante las dos decisiones parlamentarias, sino en su coronación máxima: la teoría de los dos demonios. 11
Entonces, les preguntamos nosotras a cada uno de los protagonistas de la polémica: ¿vale la pena hacer este ejercicio de la memoria? y se la hacemos no ya a una sociedad, que si no en su conjunto, respondió con una plaza de 100 mil personas haciendo un ejercicio inédito de recuperación de la memoria en la historia de nuestro país.
La memoria es una estratega. Tiene su economía de recuerdos y olvidos, incertidumbres y certezas. Conlleva tambien una inquietud: desde los interrogantes posibles del presente puedo significar los contornos del pasado y volver más visibles, o menos, las siluetas.
Sin embargo, la pregunta acerca del por qué recuperar la memoria de un tiempo pasado parece imposible de responder sin dar lugar a otra que interpela sobre el cómo hacerlo.
Al respecto, en el cuerpo de la polémica hay por lo menos dos ejes absolutamente enfrentados que elaboran sendas teorías acerca de cómo se recupera la memoria: la reconstrucción de los setenta se hace desde las subjetividades de sus actores (que no sólo es la hipótesis de varios de los participantes de la polémica, sino también de la propia película de Blaustein), o plantándose en una reconstrucción que debe anclar en los noventa, como propone Cerruti.
Como ya demostró Borges en el Pierre Menard‑ por más que se quiera volver atrás sobre los hechos tal como fueron, el momento de ejercitación de la memoria deja sus huellas, más o menos, pero siempre las deja. Y esto es bien claro ya desde la operación que hace Blaustein con el nombre de su película: nadie en los setenta hubiera hablado de utopía. Como dice Villanueva "Era el mundo de la juventud y de los sueños cumplidos, era la época de la razón puesta al servicio de la voluntad: todo debía transformarse y era justo que lo hiciéramos ya".
De los setentas se habla como actor de los hechos o como observador. En este punto es bueno recordar que tal dicotomía no se construye en los textos que estamos leyendo, sino todavía con mucha mayor virulencia en los primeros años de la post dictadura, en los que haber sido protagonista o no haberío sido autorizaba o prohibía el uso de la propia voz.
Después, y sobre todo a partir de la consolidación del presupuesto bidemonológico, los setenta son demonizados a un punto tal que sobre ellos empieza a pesar una interdicción que los sepulta, lanzándolos a un tiempo tan remoto sobre el que no existe discurso ni recuerdo viable, sólo hay espacio para uno y sólo un discurso hegemónico. Tal vez sea en este panorama en el que alcanza toda su dimensión la frase "era algo que nos debíamos" y que Cerruti, apropiándose quizá del voluntarismo con el que tantos caracterizaron a la generación de los setenta, interpreta como el "saldo" suficiente que hará posible la comprensión de esa historia para las generaciones posteriores.
Es dentro de este contexto, al que se suma una fecha tan emblemática como los 20 años (el tiempo necesario para que se haga posible una generación de hijos de desaparecidos) que resuena como tan sintomática una polémica como la que estamos analizando.
En toda sociedad la producción del discurso ‑dice Foucault en los comienzos de "El orden del discurso" 12 está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por un cierto número de procedimientos que tienen por función conjurar los poderes y peligros, dominar el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada y terrible materialidad [...] Se sabe que no se tiene derecho a decirlo todo, que no se puede hablar de todo en cualquier circunstancia, que cualquiera, en fin, no puede hablar de cualquier cosa,
En el ejercicio de la memoria, algunas interdicciones ejercen su coacción y ensucian, como manchas de origen, la narración de una historia sobre cuyo significado se pretende debatir. Pero por detrás del conjuro, la palabra prohibida asoma su poder: la legitimidad de la lucha armada como opción política en el horizonte ideológico setentista, su racionalidad histórica para la construcción de una sociedad igualitaria, Y la legalidad del presupuesto revolucionario frente a los límites de la "democracia liberal" -en palabras de la época-.
Sólo la alusión: "sí uno equipara los centuriones a los seguidores de Espartaco" (Villanueva) o la cita: "Los revolucionarios aman la época que les tocó vivir porque es su patria en el tiempo" (Viau) permiten, de algún modo, la referencia a ambas.
Quizás sea la pregunta por la solidaridad, por la justicia, la que se inscribe en las fisuras presentes de ese dispositivo de prohibiciones, Quizás sea ese interrogante uno de los que pueda devolverle a ese pasado su significación. Tal vez también sean aquellos límites -los de la democracia liberal-, los que atraviesan de inquietud los discursos que se proponen entender la historia de los setenta. y sean esas indagaciones las que sostienen, recién a fines de los noventa, la voluntad de explicarla.
Notas
* Ponencia presentada en el Coloquio Internacional "DeClínio da Arte/Ascensao da Culture, organizado por el Nueleo de Estudos Literarios e Culturais de la Universidade Federal de Santa Catarina (Floriaínápolis), los días 5, 6 y 7 de marzo de 1997
** Docente del Departamento de Ciencias Sociales de la UNQ.
*** Docente e investigadora de la Facultad de Filosofía y Letras, UBA.
1 Una interesante reflexión sobre la reconstitución de la idea de un sujeto de derecho en la cultura política se encuentra en el artículo de Inés González Bombal "Nunca más: el juicio inás allá de los estrados", en Juicios, castigos y memorias, Buenos Aires, Nueva Visión 1995,
2 Miguel Bonasso fue secretario de prensa del Frente Justicialista de Liberación (FREJULI) que llevó a Cámpora a la presidencia en 1973. Exiliado en 1977, integró el Consejo Superior del Movimiento Peronista Montonero.
Gabriela Cerruti pertenece a una generación de periodistas más jóvenes, Escribió El jefe. un libro crítico sobre la figura de Menem.
3 Susana Viau es periodista; en los años setenta militó en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Ernesto Villanueva fue rector de la Universidad de Buenos Aires en 1973 y 1974; 1975, estuvo en prisión hasta fines de 1982. Claudio Uriarte es periodista; escribió una biografía "no autorizada" sobre Massera: Almirante CerO. Juan Forn es escritor y periodista, actualmente edita el Suplemento Cultural Radar de Página/12; forma parte de la misma generación de jóvenes que Cerruti. Marcelo Schapces fue asistente de dirección de David Blaustein en "Cazadores de Utopías". Nora Cortiñas pertenece a la Línea Fundadora de Madres de Plaza de Mayo. Roberto Baschetti es investigador, autor de Documentos de la Resistencia Peronista (1955‑1970); Rodolfo Walsh, vivo; Documentos 1970‑ 1973. de la guerrilla peronista al gobierno popular, militó en la Juventud Peronista en los setenta. Pedro Lipcovich es periodista, editor de la página de psicología del diario Página/12.
4 Véase Foucault, Michel, El orden del discurso, Barcelona, Tusquets, 1981
5 Al cumplir veinte años del golpe militar en la Argentina se realizó una marcha de repudio que reunió a más de 100mil personas en Plaza de Mayo.
6 Mario Firmenich ocupó la jefatura de Montoneros: Roberto Perdía y Vaca Narvaja integraron la Conducción Nacional, Rodolfo Galimberti fue líder de la Juventud Peronista en los años setenta y conductor de la Columna Norte de Montoneros,
Sobre el surgimiento y desarrollo de Montoneros puede leerse la Investigación reallzada por Richard Gillespie: Soldados de Perón, Buenos Aires, Grijalbo. 1987, uno de los estudios más completos sobre la historia de la organización.
7 La contraolensiva fue una operación militar decidida en 1979 por la Conducción Nacional montonera en el exilio. Según su particular evaluación de la situación en Argentina, había condiciones para una rebelión popular. Pero los servicios de información del estado estaban al tanto del operativo, la mayoría de los cuadros que retornaron a combatir fueron muertos y los Montoneros -con excepción de dos tendencias que se escindieron: la liderada por Galimberti y Montoneros 17 de octubre- estimaron de todos modos que la contraofensiva había sido "correcta y oportuna".
Taco Ralo es uno de los primeros intentos de constituir un foco guerrillero en Tucumán, en 1968, llevado adelante por las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas).
8 Para analizar los recursos retóricos utilizados por los distintos polemistas, seguimos la sistematización de las figuras de la agresión realizada por Marc Angenot en La parole pamphlétaire París, Payot, 1982.
9 La dudosa trayectoria política y personal de estos dirigentes montoneros en los años que siguleron al golpe de estado de 1976 es lo que sustenta la descalificación de Cerruti.
10 Véase Hayden White, "El valor de la narrativa en la representación de la realidad", en El contenido de la forma‑ Buenos Aires, Paidós, 1992.
11 La llamada teoría de los dos demonios explica la experiencia de la violencia dictatorial en Argentina como resultado del accionar de dos sectores con igual responsabilidad criminal: las organizaciones guerrilleras y las Fuerzas Armadas. De este modo homologa la opción por la violencia de los grupos políticos armados con la metodología represiva basada en la toma del poder político y el terrorismo de estado.
La llamada Ley de Punto Final de 1986, (que fijó una fecha tope para el llamado a prestar declaración indagatoria de los presuntos implicados en violaciones a los derechos humanos): la Ley de Obediencia Debida de 1987, que especificaba grados de responsabllidad; y el indulto otorgado por Menem en 1989 a militares comprometidos con la represión y civiles sancionados por actividades guerrilleras, operan dentro del presupuesto bidemonológico.
Para un análisis rnás detallado, puede verse -entre otros- el estudio de Carlos Acuña y Catalina Smulovitz: "Militares en la transición argentina: del gobierno a la subordinación constitucional", en Juicios, castigos y memorias, Buenos Aires, Nueva Visión, 1995.
12 Foucault, M., op. cit.
NOTA: El Descamisado, publicación vocero de la organización Montoneros, en 1973 -con la dirección de Dardo Cabo- llegó a vender 250.000 ejemplares.
Documentos de Montoneros | Videos sobre Montoneros

La unidad y el sectarismo
Dardo Castro*
La construcción de la memoria también requiere detenerse en la significación que a la distancia adquieren los acontecimientos. Una noche de marzo de 1974, en la ciudad de Córdoba, una veintena de militantes armados del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), de Montoneros y de Poder Obrero montaba guardia en los techos del SMATA, el sindicato de los trabajadores de la industria automotriz. Su secretario general, René Salamanca, públicamente conocido como dirigente del Partido Comunista Revolucionario, había ganado el gremio con una lista de unidad en la que estaban representadas casi todas las tendencias políticas con inserción en el gremio. El local era un hervidero. Afuera, nos sitiaba medio centenar de hombres con escopetas Itaka que habían arribado a la ciudad comandados por miembros de las Tres A y de la conducción nacional del SMATA. Los obreros habían votado ese día la renovación de la comisión directiva cordobesa; el triunfo de Salamanca era un hecho. De esa noche tengo el recuerdo nítido de Salamanca en la penumbra del techo, angustiado por un enfrentamiento que suponíamos inminente, no quizás en ese momento sino al otro día, cuando se transportasen las urnas desde las plantas. Pero en la mañana siguiente unos 40 ómnibus cargados de trabajadores salieron de las fábricas trayendo las urnas. Los fascistas del ministro López Rega sólo pudieron mirar esa caravana triunfal desde lejos.
Salamanca había ganado el gremio por primera vez en 1970. No pudo con él, ni entonces ni después, la denuncia de que había opuesto inútilmente la consigna
"Ni golpe ni elección, revolución" al alud popular del ‘73. Es que, en una situación profundamente transicional, los trabajadores votaban mayoritariamente al peronismo pero elegían conducciones gremiales que, ante todo, fueran consecuentes en la lucha por sus reivindicaciones de vida y de trabajo. Desde la epopeya clasista de los sindicatos cordobeses de Fiat, Sitrac y Sitram, en 1970, el movimiento obrero combativo había recorrido un largo camino. Los mecánicos cordobeses en 1974, los metalúrgicos de
Villa Constitución y, poco después, en 1975, las Coordinadoras de Gremios en Lucha de Córdoba, Buenos Aires y Santa Fe, redefinieron el clasismo incorporando el carácter pluralista de la lucha reivindicativa y democrática. Después de todo, el Cordobazo fue fruto también de la alianza entre un socialista, Agustín Tosco, y un astuto vandorista, Elpidio Torres, que por entonces jugaba al recambio del dictador Onganía propuesto por otro general, Alejandro Agustín Lanusse.
Esa unidad en la acción se vio, incluso, a pocos meses de la asunción de Héctor Cámpora en 1973, cuando trabajadores de todo el país rompieron el techo salarial impuesto por el plan Gelbard. La lucha de clases estallaba en el propio seno del poder político y, de algún modo, los trabajadores intuían que, pese a la brecha democrática abierta de hecho por el triunfo peronista, el movimiento popular carecía de fuerza suficiente para ganar la hegemonía política, a la vez que los grandes grupos de poder se recomponían rápidamente.
A partir del Cordobazo, la utopía socialista había ido ganando las conciencias y, por abajo, la izquierda marxista y el peronismo revolucionario confluíamos en los organismos de lucha del movimiento obrero, cuyo punto más alto fueron las Coordinadoras en 1975, que con mayoritaria presencia de Poder Obrero, Montoneros, PRT y el Peronismo de Base, fueron verdaderos órganos de transición entre la acción reivindicativa y la acción política independiente de los trabajadores. Ese proceso impactó fuertemente en el interior de Montoneros y, acaso tardíamente, su conducción aprobó en 1976 la propuesta de la unidad de todos los revolucionarios por el socialismo. De allí nació la Organización por la Liberación Argentina (OLA), de efímera vida, que se proponía conformar un estado mayor conjunto de las fuerzas de Montoneros, Poder Obrero y PRT. Sólo hubo dos encuentros; en el último, a mediados del ‘76 en Rosario, cuando Roberto Santucho y Domingo Mena ya habían caído, fue evidente el abatimiento de los compañeros del PRT. Nos sorprendió entonces el desdén de Montoneros y su actitud claramente hegemonista. De quienes allí estuvieron, ignoro si hay otros sobrevivientes; de los nuestros, el secretario general de Poder Obrero, Carlos Fessia, murió en un enfrentamiento en 1976.
Ni el amor ni el espanto, la derrota de todos acabó con ese esbozo de unidad. Hacia fines de 1975, después del Rodrigazo, grandes capas de trabajadores peronistas se retraían, desconcertadas por la clausura del horizonte político, en tanto que los sectores populares que habían sido el núcleo dinámico comenzaban a aislarse, así como las organizaciones revolucionarias, que nos empeñábamos en redoblar la apuesta aún sabiendo que el camino de la revolución era ya un corredor sin salida. El militarismo, que la movilización incesante había perdonado, cobró mayor fuerza en todas las organizaciones armadas. Ocurre que todo partido político es portador de una propuesta de orden, más aún cuando se trata de un grupo revolucionario de los ‘70, dos décadas antes de Chiapas y la encantadora sabiduría del subcomandante Marcos. Lo saben largamente los dirigentes gremiales que sufrieron la contradicción entre la espontaneidad del movimiento, su desorden natural, y la propuesta partidaria, siempre al filo del autoritarismo. Y una operación armada es la máxima tentación de orden. Su perfección exige menos creatividad que resolver una crisis política, donde se está obligado a tener en cuenta no ya las fuerzas propias sino las tendencias profundas del movimiento social. No fue en 1973 cuando esa impotencia nos arrastró al holocausto, sino hacia finales de 1975, cuando nuestro tremendismo revolucionarista quedó al desnudo a un costo terrible. En nuestro descargo, cabe alegar que poquísimos dirigentes superaban los 30 años de edad.
Esta historia es, de cabo a rabo, irrepetible. Lo que aquí se ha dicho sólo pretende contribuir a la comprensión de una etapa que todavía se dispersa en los recuerdos individuales de quienes la vivieron y sumar uno más a la diversidad de relatos con que se está construyendo la memoria colectiva.
*Codirector de la revista
"Política, cultura y sociedad en los ‘70.
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Firmenich economista - Eutopía
Equipo de Investigaciones Rodolfo Walsh, 2004
Estando en prisión a fines de los ochenta, el autor de este trabajo profundizó sus estudios e investigaciones económicas en la búsqueda de una alternativa al neoliberalismo. Así metido en estas lides, en 1996 obtuvo la licenciatura en Economía en la Universidad de Buenos Aires y en 1999 el doctorado en la de Barcelona. Su tesis para este último escalón académico -origen y núcleo del libro que presentamos- fue apadrinada por el Premio Nobel en Economía Joseph Stiglitz.
Como economista y hombre político, Firmenich registra en esta obra reveladora la crisis internacional de los modelos keynesianos y socialistas tradicionales; hunde luego su mirada en el neoliberalismo que los reemplazó -con sus desastrosos resultados sobre el Estado y la calidad de vida de las mayorías-, para construir finalmente una propuesta que enfrente los principales problemas latinoamericanos, con especial énfasis en los de Argentina.
Por este último aporte titula a su libro Eutopía, que es "la tierra del bien"; es decir, porque propone y debate cuestiones posibles y no meros sueños. Así, expone un modelo compuesto por un conjunto de reformas para el desarrollo sostenible en los planos social, económico, político y ecológico, apoyadas sobre fundamentos teóricos más sólidos que los presupuestos de la economía neoclásica (verdadero "pensamiento único" de los noventa). Todo ello "mediado" por un sistema de democracia participativa, justicia social y diversidad cultural que lo garantizará en el tiempo.
Por lo expuesto, el lector podrá pensar que se trata de un libro "difícil". Nada más alejado de la realidad: su exposición es llana y didáctica, fácilmente entendible aún para los no habituados a lecturas de Economía. Eso sí, quien espera un libro político polémico y "de barricada", con planteos y alusiones al pasado del autor y de la generación que lo reconoció como unos de sus protagonistas, saldrá defraudado. Firmenich se presenta aquí como un hombre dispuesto a mirar hacia delante y aportar con enjundia a las cuestiones del presente.
Mario Eduardo Firmenich nació en Buenos Aires en 1948. Inició su militancia política durante la dictadura del general Onganía. Saltó a la notoriedad pública en 1970, tras la ejecución del general Aramburu por Montoneros, organización de la que fue dirigente destacado. Tras su doctorado en España se ha desempeñado como profesor invitado a diversos trabajos de investigación acerca del MERCOSUR y como profesor asociado en el Departamento de Teoría Económica de la Universidad de Barcelona. También ha colaborado con diversas organizaciones no gubernamentales en modelos alternativos de organización social, desarrollo sustentable y socioeconomía solidaria.
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Entrevista a Mario Eduardo Firmenich
"Es necesario un contrato social explícito donde el sujeto social es la
nación entera"
Por Katy Garcia, Prensared, julio de 2005
Prensared dialogó con Mario Eduardo Firmenich acerca de la propuesta
política contenida en su libro "Eutopía, una alternativa al modelo
neoliberal", que presentó en Córdoba invitado por el Seminario
Iberoamericano de Estudios Sociales y Económicos (Siese).
La tesis doctoral del ex jefe montonero fue apadrinada en 1999 por el Premio
Nobel en Economía, Joseph Stiglitz y está contenida en el libro "Eutopía",
publicado por Editorial Colihue. Firmenich, quien se define como "un
excluido de la política", explicó su propuesta de cambio basada en la
construcción de consensos que permitan desarrollar políticas de Estado a
largo plazo. Proyecto nacional, integración latinoamericana, y una
perspectiva diferente en torno al concepto de sujeto histórico, fueron
algunos de los temas abordados en la entrevista.
-El stablishment y la corporación mediática impugnan tu figura. ¿Sigue
vigente la Teoría de los dos Demonios?
Creo que la Teoría de los dos Demonios es la incapacidad de encontrar, con
racionalidad política, respuestas a las crisis estructurales que ha vivido
la Argentina. ¿Que rol tiene la Argentina en el mundo, qué perfil
productivo, demográfico, tiene este país?. Hubo un modelo estructurador el
de la generación del 80, el modelo oligárquico. Después vino el modelo
industrial peronista que, con variantes de desnacionalización, sigue el
desarrollismo con el modelo industrial. Nos hemos criado escuchando hablar
de la guerra agroindustrial y este es el origen de la cuestión: Qué clase de
país tenemos. La resolución de esa crisis implicó para el país una guerra
civil sui generis, porque no todas tienen que ser iguales a la guerra Civil
Española. Pero una guerra civil es un proceso, como dice Von Clausewicz, "la
guerra es la continuación de la política por otros medios" donde el núcleo
central del enfrentamiento es la inexistencia de un proyecto de país, la
inexistencia incluso de un marco jurídico consensuado que es la Constitución
Nacional. En definitiva, la inexistencia de un contrato social. Esta es la
cuestión.
- ¿El gobierno de Kirchner, al menos desde lo discursivo, habla de
salvaguardar intereses nacionales. ¿Cuál sería una propuesta política que
permita avanzar en el diseño de un proyecto nacional?
Creo que el gobierno de Kirchner puede considerarse dentro del mismo plano
en que se han movido los demás, mejor que los demás. Pero dentro del mismo
plano. A saber: ningún gobierno desde el inicio de la transición democrática
hasta ahora ha convocado a redefinir el proyecto nacional. Esto no lo puede
definir un ministro. Esta es una cosa que deben debatir todos los partidos
políticos, las organizaciones de la sociedad civil y que debe aprobarse en
el congreso. En definitiva, es una asamblea constituyente, un pacto
constituyente. Un modelo de desarrollo de perfiles: industrial, social,
cultural y por décadas. Esto no existe en la Argentina y esta es la crisis
que está debajo de la crisis de 2001. Estalló la convertibilidad que fue un
baño que tapó la inexistencia de una estructura productiva financiando el
consumo con deuda externa. Cuando se adoptó eso, se puso en evidencia que la
Argentina no tiene un perfil productivo, demográfico, cultural; en
definitiva, no hay políticas consensuadas a desarrollar en el largo plazo.
- Ahora, la sociedad ante la crisis ha ido creando nuevas formas de
organización. A los trabajadores se sumaron los desocupados y se organizaron
en cooperativas de trabajo. Por otro lado las empresas recuperadas, ¿Cuál
sería el nuevo sujeto histórico que va a conducir el cambio?
Vos me estás hablando de un paradigma sociológico marxista en donde se
supone que una clase social tiene las condiciones estructurales para liderar
el cambio. El estudio que yo he hecho y que fundamenta el libro - esa parte
he omitido publicar porque es la más teórica-, he partido de criticar y
replantear el paradigma marxista. Éste parte de la idea de la hipótesis
fundamental de que hay un modo de producción estructurado básicamente en
torno a un criterio que es propiedad de los medios de producción y que hay
una sucesión histórica de los modos de producción. Ahora, la evidencia
empírica demuestra que ese paradigma no se cumplió en ningún lugar. La
revolución rusa no es la consecuencia del levantamiento y agotamiento del
desarrollo de las fuerzas productivas capitalistas en Rusia. La revolución
China y la cubana tampoco.
- Entonces...
Entonces, podríamos decir que por lo menos representa el paso del feudalismo
al capitalismo. Bien, pero entonces ocurre que en esa metodología de
análisis, la crisis de la revolución de la fuerzas productivas o sea la
revolución industrial que es un proceso social es lo que destruye la
superestructura del Estado feudal. Pues bien ocurre que en donde hubo
revolución industrial no le cortaron la cabeza al rey hasta el día de hoy
-que fue Inglaterra-, y donde le cortaron la cabeza al rey no hubo
revolución industrial. La teoría marxista como interpretación general de la
historia no se sostiene en la evidencia empírica. Yo parto de otro concepto.
Es cierto que los intereses económicos están en el trasfondo de la historia
política. Esto es obvio. Pero yo sustituyo el concepto de modo de producción
donde hay un sujeto histórico encargado de pasar al modo de producción
siguiente, esa es la base de la teoría marxista, por lo tanto la clase
obrera industrial era el sujeto histórico del cambio del capitalismo al
socialismo, como la burguesía lo era del cambio del feudalismo al
capitalismo, esto que como teoría encuadra una coherencia atractiva, por eso
ha tenido tanta vigencia, la realidad histórica en ningún caso lo demuestra.
Hay cosas parecidas pero esa teoría no se ha realizado en ningún lugar. La
revolución en Alemania o en Inglaterra no se produjo nunca y era el lugar
donde tenía que producirse por la evolución del desarrollo de las fuerzas
productivas capitalistas. Además, esta teoría nunca pudo explicar la
realidad latinoamericana que no seguía el patrón de esclavitud, feudalismo
etc, Entonces, las distorsiones políticas que han tenido los partidos
políticos comunistas y no comunistas marxistas en general en América Latina
han tratado de encajar la historia dentro de un molde que no cuadraba.
- ¿Cuál es tu idea en contraposición a ese paradigma?
Yo parto de un concepto distinto. Lo que determina la evolución de las
sociedades no es el modo de producción sino el modo de asignación y uso de
los excedentes. Y esto es un proceso que se decide básicamente en el poder
del Estado, no en la infraestructura. Es la regulación que el Estado
establece sobre la economía, sobre la distribución de la renta, lo que
moldea el poder de compra de los distintos sectores sociales y esto es lo
que determina quién acumula excedentes y para qué. Entonces, el tema central
es que no hay un sujeto histórico necesario de cambio, no hay un ningún
cambio necesario en ninguna dirección. La evolución histórica no está
predeterminada, depende del proyecto a construir. Hay una libertad
significativa de los seres humanos y tan es así que estamos destruyendo el
ecosistema. No necesitamos definir con lupa un sujeto social inexistente,
nos hace falta definir un proyecto consensuado para la acumulación de
excedentes. ¿Quién es el sujeto social de eso? En el caso de América Latina
que no tiene una historia de acumulación de consensos entre todos sus
sectores, porque no hay una construcción secular de consensos, necesitamos
un contrato social muy explícito. No podemos dar por supuesto nada.
![]() Homenaje a Sabino Navarro, el "Negro" Navarro Hace 35 años que venimos charlando sin vernos, Negro. Nos ha pasado de todo durante mucho tiempo y sin embargo te veo como si fuera ayer. Es difícil explicarles a otros este grado de intimidad. En aquellos tiempos quizás hubiera sido más fácil. Cuando todos sabíamos que muchos moriríamos para que la Patria viva, cuando todos creíamos que morir no era desaparecer, cuando sentíamos que morir por la Patria y el Pueblo no era dejar de existir, cuando morir de amor por los más humildes y explotados no era “perder”. Es que nuestra intimidad está basada en la trascendencia. Hoy es difícil de explicarles a otros porque se han acostumbrado a vivir sin trascendencia, se han acostumbrado a afanarse por causas intrascendentes. La verdad, Negro, no creo que seamos anticuados. Las cosas hoy han cambiado, pero no son más modernas, sino que simplemente son más degradadas. No creas que te lo digo para consolarte; la verdad es que no creo que hayamos jugado nuestras vidas por error. Vos no moriste por un tonto idealismo, Negro. Creo profundamente que nuestros valores trascendentes sobrevivirán en muchísimos siglos a los rastreros principios del oportunismo político y el descompromiso. ¿Cómo podría entenderse nuestra intimidad trascendente si no fuera porque nos hermanamos para siempre en eso que llamábamos “el compromiso”? ¿Cómo podrían entender hoy esta hermandad esencial quienes buscan “triunfar” sin comprometerse con nada que les ponga en juego la vida? ¿Cómo van a entender lo que es el compromiso si tienen terror de lo que llaman “quedar pegado”? No sé me ocurre cómo podría homenajearte alguien que no tiene un compromiso a muerte con la justicia y la dignidad de los oprimidos. ¿Qué intimidad podríamos tener con quien “hace política” bien remunerada cacareando sobre el pasado sin comprometerse para que nada cambie en el futuro? Lo más importante de tu ejemplo, Negro, es que los pibes comprendan lo valioso de un compromiso existencial con la justicia social y con la independencia económica de la Patria, de un compromiso del alma con la integración liberadora de la Patria Grande. Mi sencillo homenaje, Negro, es decirte que seguiré caminando junto a vos, como siempre. Mario Eduardo Firmenich, julio de 2006 Fuente: www.uniondeargentinosencatalunya.com |
- Una de las propuestas expresadas en el libro habla de "refundar la
república". ¿Cómo es esto?
Es necesario un contrato social explícito donde el sujeto social es la
Nación entera. Hay que refundar una Nación. La democracia representativa, la
partidocracia ya no va más, ya no es suficiente. No es una herramienta apta
para canalizar el consenso de un contrato social y una democracia
participativa. Creo que las organizaciones sociales, la sociedad civil en su
conjunto, deben participar en esto.
Instituciones gremiales, patronales, religiosas, cooperativas, mutuales,
incluso los sectores excluidos se han organizado y tienen sus representantes
válidos que hace cuatro años no los tenían. Entonces, creo hace falta que
alguien convoque a debatir.
-¿Quién debería convocar a este gran debate?
En mi opinión y por la cultura política de este país - presidencialista-, la
persona más indicada para hacerlo es el presidente. Cualquiera sea. Tiene la
autoridad institucional suficiente para convocar, en una misma mesa, y
generar una agenda de discusión. Y bueno, creo que hay que discutir casi
todo. Y luego iniciar un proceso participativo que no es la Asamblea
Constituyente de 1994 (Pacto de Olivos) que no ha servido para nada y que la
gente terminó rechazando y cuestionando el statu quo de la clase política en
2001 y 2002.
Por supuesto que habrá que darle un marco jurídico, una nueva constitución,
pero eso será al final de un proceso participativo donde los partidos
políticos solos no tienen la autoridad moral ni la representación social
para hacerlo. En cambio, hay muchas instancias de participación, de
organización de la sociedad donde están tanto excluidos como incluidos.
- Pero está la lista sábana, el clientelismo...
Tenemos una historia, una tradición de participación que va más allá de los
partidos políticos. Además no pueden tener el monopolio de la representación
social porque la gente no les delega esa función. A la democracia
participativa hay que ampliarla. Incluso hay algunos mecanismos legislados
que no se aplican como el plebiscito y el referéndum. Y otras instancias de
participación que no son ir a votar, sino a hablar, a discutir. No hace
falta ser diputado para proponer una idea. Las asambleas vecinales han
funcionado en ese sentido y muchísimas instancias de organización social
funcionan así. Somos un país de cabildo abierto que ha nacido con vocación
participativa. Tenemos una larga historia de pueblo en las plazas,
expresándose. Tenemos que abrir cauces institucionales nuevos y lograr un
contrato social por los siglos de los siglos.
- ¿La correlación de fuerzas, permite cristalizar este proyecto?
Creo que nadie, ningún presidente, ningún ejército, ninguna guerrilla,
ningún sindicalismo, ni ningún partido político tendrá la fuerza necesaria
para imponerlo. Se debe consensuar. La relación de fuerzas impone. Por
supuesto que hay circunstancias más propicias que otras para la concreción.
Pero hay algo previo que son las ideas. Tiene que existir la convicción de
que si no tenemos un contrato social de largo plazo, no somos una nación. Y
si no somos una nación no habrá gobierno estable. Como no lo ha habido. Y no
lo ha habido porque no hemos sido una Nación. Pensemos en políticas de
Estado seculares, en consensos de desarrollo social. Para eso, es
imprescindible sentarse a negociar y firmar todos algo.
- ¿Cuando decís todos, quiénes serían?
Todos los sectores interesados en un proyecto nacional basado en políticas
de Estado claras. El plazo depende de la voluntad política de los actores.
Europa lleva 60 años. El asunto es que el consenso de integración no tiene
alternativa. O somos una Nación o la correlación de fuerzas para
enfrentarnos no nos resuelve el problema. Ahora, si no tenemos intereses
comunes y no hay posibilidad de construirlos pues desapareceremos. Entonces,
la correlación de fuerzas pasa a ser un tema secundario. En todo caso sería
de ideas. Qué idea es más poderosa para producir esa aglomeración. Porque no
hay alternativa al consenso. Esta es la cuestión. Si no se logra, habrá
desintegración.
- ¿De acuerdo al actual mapa político; Venezuela, Uruguay, Brasil, Chile,
Argentina. Es posible articular una estrategia de integración
latinoamericana?
No conozco la estrategia. Hay un discurso de integración y tenemos una
oportunidad histórica cuando hay varios gobiernos que tienen el mismo
discurso de integración. Pero ¿cuál es la estrategia de integración? Qué le
proponemos nosotros a Uruguay. Está bien, apoyamos a Tabaré Vásquez, muy
bien, lo aplaudimos, somos compañeros. ¿Pero qué le dejamos producir en el
Mercosur? ¿O solamente están para que nos compren la industria Argentina y
de Brasil? ¿Qué le proponemos a Paraguay? Qué le ofrecemos a Bolivia para
que se integra al Mercosur. ¿Por qué lo va a hacer? Porque la patria grande,
los libertadores, ese es el discurso. Vamos a los hechos. Qué va a ganar
Bolivia en los próximos 40, 50 años, si se integra al Mercosur. ¿Va a ganar
algo o nada? Si no hay una estrategia de integración, el discurso pasará a
la feliz coyuntura política de coincidencias de gobiernos: de signos más o
menos parecidos, de distintos orígenes, más o menos nacionalistas,
democráticos, populares, que abarca desde Chávez hasta Lagos, pasando por
Tabaré, Lula, Kirchner y demás. Esta feliz coincidencia, al menos desde mi
punto de vista, necesita de una estrategia que por lo menos se concentre en
dos puntos. Podrían ser más, pero por lo menos estas dos. La integración
monetaria y la integración política en el parlamento latinoamericano.
La integración no se hace en reuniones de jefes de Estado, de tanto en
tanto. Eso es para ir avanzando en las negociaciones, pero hacen falta
instituciones permanentes.
- O sea que estamos en pañales en este tema...
Sí, esa es mi opinión. Estamos en pañales. tenemos una buena posibilidad una
buena perspectiva, una buena coyuntura. Y debemos aprovecharla para hacer un
cambio de estructuras. Si nosotros seguimos con los sistemas monetarios
fragmentados, vamos a seguir sometidos a las crisis financieras de
movimientos de capitales. Una vez golpeará a Brasil, otra en Argentina, en
Uruguay y en Venezuela. Europa ya demostró la experiencia para salir de esa
crisis especulativa financiera. Hay que avanzar en la integración monetaria
y eso es posible. No es una teoría. Es algo que está demostrado en la
realidad. Bueno, nosotros necesitamos plantear urgentemente como agenda de
integración económica: la integración monetaria. Para que las crisis
financieras de las movilidades de capitales en la globalización no destruyan
nuestra unidad.
Además necesitamos avanzar en una integración política. Va muy bien que haya
cumbres de jefes de Estado. Pero no alcanza. Hay que buscar estructuras
permanentes donde la estructura básica de una democracia continental sea un
parlamento latinoamericano.
El compromiso militante de Walsh
También fue posible evocar la figura de Rodolfo Walsh miembro de Montoneros
durante los años setenta. Ante el planteo de Prensared acerca de la figura
de Rodolfo Walsh quien desde lo periodístico y literario es valorado a
niveles superlativos pero negando u ocultando su identidad política,
Firmenich opinó:
"Para mí, fue un gran militante antes que periodista. Consagró gran parte de
su vida a luchar por un país más justo".
Recordó además que se juntaban en reuniones de discusión política.
"Participábamos todos en rueda y opinábamos sobre el discurso, los proyectos
de prensa, la línea editorial. Sobre todo durante la experiencia del diario
Noticias, mientras estábamos en la legalidad. Por supuesto nos juntábamos a
discutir la línea periodística, la línea editorial. Él era más grande que
nosotros y con toda su experiencia confluyó en la organización".
2005 - www.rodolfowalsh.org
[Imágen: Mario Firmenich y familia, 2004]
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Mario Montoto: entre
Massera y Firmenich
(por Viviana Gorbato) De tanto ir a cancillería para visitar a su amigo,
Rafael Bielsa, según la revista Poder, lo llaman "Marito". Pero cuando fue
secretario y guardaespaldas de Mario Firmenich, su nombre de guerra era
Pascualito.
Su apellido mueve a risa: Mario Montoto, pero su historia no. "Un hombre con
mi pasado nunca puede ser feliz" me confesó una vez en el Open Plaza
mientras yo hacía mi libro "Montoneros, soldados de Menem ¿soldados de
Duhalde?".
Feliz puede que no, pero rico y poderoso sí. "No se hagan la película con
Yabrán. Mario Montoto hizo sus negocios pidiendo de prestado de a mil pesos
a sus amigos" me explicó Carlos Bettini ex montonero, apoderado de Isabel
Perón , director de Aerolíneas y actual cuestionado futuro embajador
argentino en España.
La última actividad política de Mario Montoto fue representar al peronismo
revolucionario en la campaña electoral Menem Presidente, en la cual se
negoció el indulto de Mario Firmenich.
De a mil o cien mil, la cuestión es que Montoto dejó la política y se
convirtió en un hábil lobbysta. "Los primeros meses que pasé alejado de la
actividad política me sentía perdido, desorientado , casi
vacío. Experimentaba que mis dolores, angustias y principalmente mis afectos
me impedirían desarrollar otra actividad que no fuera la política. Estaba
recién casado y mi mujer no provenía de la actividad política" reflexionaba.
En 1994, junto a Sergio Taselli participó de la privatización de Yacimientos
Carboniferos Fiscales en Río Turbio, precisamente en la misma mina en la que
se ha producido recientemente el accidente que terminó con la vida de tantos
mineros.
En 1998, después de varios fracasos económicos, llegó a ser presidente de
Trainment Ciccone Systems, SA. Esta companía líderó la producción de
máquinas expendedoras de boletos de colectivo. Montoto aseguraba que Ciccone
Calcográfica, la empresa madre, nada tenía que ver con Yabrán como le
endilgaba Cavallo.
La relación con Taselli, sin embargo, continuó y llegó a ser director de la
empresa de ferrocarriles Metropolitano "En el Roca no hay ninguna ventanilla
rota " solía decirle a los periodistas cuando ellos le preguntaban acerca de
las quejas de los usuarios.
Pero hace poco Mario Montoto dejó de ser director del Metropolitano para
emprender un nuevo ambicioso negocio.Su contacto clave en la marina , según
la revista Poder, es su socio Hugo Darío Miguel , capitán de corbeta
retirado de la Armada que se dedica al negocio de Internet.
Quizás fue Miguel el que interesó a los hijos del almirante Massera en el
proyecto de una empresa de nombre rutilante "Corporación para la Defensa del
Sur" fundada el 20 de junio del 2003.Con su ánimo y habilidad de lobbysta,
que no se inmuta en hacer alianzas con los verdugos del ESMA, se dedica
ahora – entre otras cosas. "al desarrollo , implementación, operación y
comercialización de la infraestructura, servicios, sistema para la
seguridad, defensa civil y comercial". El "monto management", como lo
calificó la revista Poder.
No se arredra ante la "tecnología espacial" y la "ingenieria nuclear". La
misma revista Poder dice que "Montoto no perdió mucho tiempo. En noviembre
de 2003 inscribió su empresa en el registro de Proveedores del Estado, un
requisito indispensable para participar de las licitaciones y las compras
directas encargadas por el mayor comprador de la Argentina".
La pintura que hace de él el actual diputado Miguel Bonasso en su libro
"Recuerdos de la Muerte" no lo beneficia. "Bip-bip. Mario Montoto solía
comunicarse con los militantes montoneros en México utilizando un
radiollamada, toda una novedad en los 70". Bonasso lo describe "con una voz
castrense y juguetona" y que "con anteojos negros parecía una pelota".
Agrega que "era un gran pibe, pero lo convirtieron en policía. Claro que un
policía de los nuestros". Sin embargo, Bonasso no podría saber en ese
momento que Mario Montoto, llegaría a ser uno de los principales
representantes del "montomanagement" en la década del 90 y en la actualidad.
Fuente:
www.weblog.com.ar
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